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La expulsión de los Jesuitas de Sonora

Enviado por nacho_lagarda



  1. El noroeste de la Nueva España y las reformas borbónicas
  2. Antecedentes de la expulsión
  3. Causas de la expulsión
  4. La intriga
  5. La expulsión de Sonora
  6. Significado de la Expulsión
  7. Decreto de expulsión
  8. San Ignacio de Loyola
  9. Jesuitas o compañía de Jesús
  10. Fuentes consultadas

A finales del siglo XVIII, un decreto del rey cambió por completo las condiciones sociales, políticas y económicas de todas las provincias dominadas por el imperio español en América: La expulsión de los misioneros jesuitas que hasta entonces habían sido los responsables de la colonización espiritual de las tierras conquistadas, pero también habían sido ellos los que marcaron el rumbo social y político de las nuevas sociedades establecidas.

La provincia de Sonora no podía ser la excepción y la decisión también afectó enormemente a nuestro estado.

" El peor enemigo de una orden religiosa es otra orden religiosa"

Julio Montané Martí

Debido a las continuas guerras libradas durante todo el siglo XVII, el imperio español sufrió un agudo proceso de decadencia. Gobernaron durante ese siglo, los monarcas pertenecientes a la dinastía austriaca de los Habsburgo quienes además de relajar la política de concesiones, gastaban grandes cantidades de dinero en la vida dispendiosa que llevaban.

La situación llegó a su clímax a finales del siglo, durante el reinado de Carlos II, apodado "El Hechicero". El período de este rey se caracterizó por el debilitamiento de las instituciones de gobierno, las rivalidades y enfrentamientos entre los grupos cortesanos y un gran crecimiento de la deuda pública.

Carlos II no tuvo hijos y a la hora de su muerte y por influencia de Luis XIV; rey de Francia, nombró sucesor a su sobrino nieto, Felipe de Anjou, miembro de la estirpe de la Casa de Borbón, misma a la que pertenecían los reyes de Francia. Felipe de Anjou fue proclamado rey de España en mayo de 1701 con el nombre de Felipe V.

La influencia política e ideológica de la monarquía francesa pronto se dejó sentir en España, de donde se adoptaron nuevas formas de concebir las funciones del estado.

Entre otras medidas que se tomaron, una de ellas fue la de fortalecer el poder del estado, identificando al mismo con la figura del rey. Para lograrlo se tuvo que subordinar y someter al poder real a otros poderes como los de la nobleza y sobre todo los de la iglesia. Se instauró entonces lo que se conoce como absolutismo monárquico.

Otro factor que se implantó en España fue de carácter ideológico, el movimiento renovador conocido como La Ilustración, que en Francia tuvo grandes exponentes como Juan Jacobo Rousseau, Voltaire y el Barón de Montesquieu. Este movimiento se caracterizó por su lucha contra el oscurantismo, la ignorancia y sobre todo las tradicionales concepciones religiosas mismas que se consideraban irracionales.

El régimen de Felipe V se caracterizó por la aplicación de los principios políticos e ideológicos que mencionamos con anterioridad. Fernando VI su sucesor tuvo un actuar tibio en cuanto a este proceso de reformismo mientras que Carlos III su sucesor asumió una actitud dinámica y radical al respecto.

A partir de la llegada al trono de Carlos III, se empezaron a llevar a la práctica las mas importantes reformas llevadas a cabo por los reyes borbones. Al período de este rey y el de su sucesor Carlos IV, se le conoce como la época de las reformas borbónicas.

El noroeste de la Nueva España y las reformas borbónicas

No obstante su distanciamiento del centro del virreinato, las provincias de Sonora y Sinaloa, pronto se vieron también afectadas por las reformas borbónicas. Una de las preocupaciones de la monarquía era el de fomentar el desarrollo económico de las provincias, que hasta entonces no habían rendido buenos dividendos al imperio por no haber sido atendidas con eficiencia por las autoridades coloniales.

Se hablaba mucho de las riquezas mineras que estas provincias poseían, pero dicha riqueza no se reflejaba en las arcas de la autoridad. Para lograr el objetivo de que las provincias generaran riqueza, se hacía necesario resolver algunos problemas, entre ellos el de las invasiones de los apaches a las poblaciones y el antiguo y cada vez mas agudo conflicto entre el sistema misional establecido por los misioneros jesuitas y el de la colonización civil, que finalmente fue el problema mas apremiante por resolver.

Dos sucesos marcaron una serie de cambios radicales en las tradicionales formas de organización social imperantes hasta entonces en Sonora: una de ellas fue la presencia del Visitador General de la Nueva España José de Gálvez y otra fue la expulsión de los misioneros jesuitas.

Antecedentes de la expulsión.

Los primeros misioneros jesuitas llegaron a México en el año de 1572 y para 1632 iniciaron su incursión en lo que hoy es el estado de Sonora. Desde su llegada iniciaron la organización de los indígenas que vivían dispersos en los que los españoles llamaron rancherías.

Los jesuitas los organizaron bajo el sistema conocido como "de misión". Este sistema se basaba en el aprovechamiento de las mejores tierras agrícolas de los territorios conquistados, haciendo trabajar gratis a los indios cuatro días a la semana en esas tierras, dándoles derecho a trabajar dos días de la semana para ellos mismos en sus tierras.

Este sistema de economía agrícola les dio la oportunidad a los jesuitas de controlar mas de las dos terceras partes de la producción agrícola de la misión, lo que les dio a su vez, recursos para financiar el crecimientos de otras misiones a medida que avanzaban hacia el noroeste. Además de trabajar la tierra, los misioneros jesuitas, instruían a los indios en la religión católica, haciendo esto los domingos, en que estaba prohibido trabajar.

Además de la religión enseñaron a los indígenas el arte de la agricultura. tTajeron de España nuevas variedades de cereales y frutas, implementos y técnicas de labranza, etc. Por otra parte surtían de productos alimenticios e industriales como ganado, granos, cebo para las velas, a las minas, presidios y pueblos habitados por los colonos españoles.

Los jesuitas también desempeñaron un importante papel en la educación del México colonial, ya que en esencia el espíritu de su orden es el de la educación. Su dependencia directa del Papa les dio siempre independencia de la jerarquía de la iglesia y de los gobiernos virreinales.

El reconocimiento de los reyes españoles, por parte de la Santa Sede, como patronos de la iglesia en las indias, dio lugar a la institución del Real Patronato. Bajo esta institución, los reyes tenían como responsabilidad el que se cumpliera con exactitud el objetivo de la evangelización y apoyar la expansión de la iglesia en las posesiones del reinado en América.

Como compensación la santa sede otorgó a los reyes el derecho a proponer candidatos a obispos en las mismas tierras y a cobrar los diezmos que pagaban los feligreses en las indias .Esta intervención de la monarquía en los asuntos de la iglesia no fue considerada por la misma como una concesión sino mas bien como una acción que se explicaba por la soberanía que tenía el rey sobre sus dominios territoriales. A esta política se le conoce como el regalismo.

La implantación de un nuevo estado y la destrucción de las estructuras económicas feudales a través del regalismo chocó inmediatamente con los jesuitas, quienes tenían dependencia directa del papado lo que les daba a su vez una real independencia de la jerarquía católica y del rey. Esto no era posible que fuera admitido por el rey absolutista.

Por lo tanto no tardaron en aparecer una secuencia de calumnias e intrigas contra ellos con el fin de hacerlos expulsar de las tierras del reino. Finalmente la motivo real de su expulsión nunca sería dado a conocer ya que el asunto sería tratado como un secreto de estado.

Otras de las razones que se arguye para explicar las razones de la expulsión de los jesuitas, es la creencia de que eran inmensamente ricos; por su fama de trabajadores y buenos administradores, por lo que la expulsión y la consecuente incautación de sus bienes, ayudaría en mucho a resolver los problemas económicos que aquejaban al rey. Además de los ancestrales conflictos que habían tenido los jesuitas con las autoridades de la iglesia y virreinales y sobre todo con las otras ordenes religiosas y con las logias masónicas.

Causas de la expulsión

El éxito de los jesuitas en la educación, su supuesta riqueza y su independencia de las autoridades eclesiásticas, y los privilegios que solo ellos tenían, pronto despertó la envidia de las demás ordenes religiosas como los dominicos, y los franciscanos. Estas envidias tuvieron su mayor fuerza con el éxito obtenido por los jesuitas en su labor misional en China.

Los dominicos los acusaron de permitir herejías en el culto, a lo que se unieron los capuchinos y los franciscanos de la India. Los grandes pensadores y escritores regalistas de la época, también consideraban que los jesuitas eran un obstáculo para la realización de sus fines.

En 1766 en Madrid y algunas otras ciudades españolas, se produjeron disturbios populares originadas por la carestía de productos de primera necesidad y por ciertas disposiciones dictadas por el Marqués de Esquilache, ministro del rey Carlos III, mismos que trajeron como consecuencia la caída del ministro. Pedro Rodríguez Campomanes nombrado procurador , llega a la conclusión de que la responsabilidad de los amotinamientos está en los jesuitas, quienes ; según el, intentan sojuzgar al trono.

Don Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda, Presidente del Consejo de Castilla, llega a las siguientes conclusiones: Los jesuitas han monopolizado el cargo de confesores del rey, que en el pasado han defendido la legitimidad del regicidio, que habían tratado de constituir un estado teocrático en Paraguay, no sometido a la autoridad del rey, que tenían acumulada una gran riqueza, que se negaban a pagar el diezmo por sus tierras, que tenían varias imprentas que podrían haber sido utilizadas para la impresión de literatura sediciosa y su oposición a la beatificación de Palafox, una figura entrañable del padre Eleta, confesor del rey.

Con todas las conclusiones anteriores solo faltaba a los enemigos de los jesuitas, armar la intriga necesario para que el soberano tomara la decisión de su expulsión

La intriga

Dos jesuitas miembros de la corte del rey viajaban a Roma y les pidieron que llevaran un sobre cerrado y lacrado con el sello del Nuncio Apostólico en España Monseñor Lázaro Opicio Pallavicini, para que se lo entregaran al Cardenal Torreggiani Secretario del Papa. En su camino a Roma los jesuitas fueron arrestados en Figueras y decomisadas sus pertenencias.

El sobre lacrado fue llevado inmediatamente ante el rey. El sobre contenía documentos diversos y un libro en el que se demostraba el origen bastardo del monarca. El libro, firmado por un jesuita fue leído personalmente por el rey y en él se decía que dado su origen , éste debía ser destronado por la confabulación del Secretario de Estado su Santidad y el Padre General de la Compañía de Jesús Lorenzo Ricci y nombrar en su lugar a su hermano.

La ira real no se hizo esperar, Campomanes fue comisionado para investigar el asunto y se llegó

a la conclusión de que el único medio de deshacerse de tan nefastos elementos era desterrándolos. El 27 de febrero de 1767 el rey firmó el decreto de expulsión de los jesuitas de las doce provincias jesuitas españolas: Castilla, Aragón, Andalucía, Toledo, México, Nuevo Reino de Granada, Quito, Perú, Chile, Paraguay y Cerdeña.

El Papa Clemente XIV; a quien los jesuitas habían jurado fidelidad, suprimió la existencia de la orden el 21 de julio de 1773, seguramente presionado por el rey de quien había recibido apoyo para ser nombrado Papa. La orden fue restaurada en 1814 por el Papa Pío VII.

La expulsión de Sonora

Una vez expedido el decreto de expulsión, mismo que llevaba un anexo con 29 instrucciones de cómo llevar a cabo el proceso de expulsión, salieron correos especiales a todos los rincones llevando consigo tan preciados documentos.

El 6 de junio de ese año partió de la Cd. De México un correo con destino a San Miguel de Horcacitas, llegando al Real de Los Álamos el 5 de julio, donde enfermó gravemente por lo que el Teniente Gobernador de la Provincia Judas Tadeo Padilla dispuso que los legajos fueran transportados con prontitud a su destino, llegando a San Miguel de Horcasitas el día 11 de julio, tres días después de lo programado.

En el documento se establecía que el sobre debería ser abierto el día 8 de julio con el mayor recato y secreto y con el cuidado, celo y fidelidad que del gobernador se esperaba. Como el sobre había llegado con retraso, el gobernador se apresuró a informar a sus superiores del hecho y al mismo tiempo, juró por su honor y su conciencia cumplir y ejecutar las órdenes allí establecidas.

El Gobernador Pineda se apresuró entonces a cumplir su cometido, no encontrando ninguna resistencia en la población por el decreto de expulsión. Primero les notificó la decisión a los padres visitadores.

Se acordó entonces citar a todos los padres con cualquier pretexto en Mátape para lo cual nombró a un encargado por cada rectorado o río: Capitán Bernardo Urrea para el río Altar, Capitán Juan Bautista de Anza del Presidio de Tubac, Lorenzo Cancio del Presidio de Buenavista, capitán Juan José Bergosa de la compañía volante y al Justicia Mayor de Sinaloa Sebastián Ascárraga.

Pineda los instruyó que actuaran con sigilo y prisa, y que en el citatorio a Mátape no se notara la verdadera intención de su concentración, que se hiciera un inventario de todo lo encontrado en las misiones, que recogieran papeles, archivos, libros; particularmente aquellos documentos donde se establecieran los bienes de la misión. Que se entregara a los padres solamente sus enseres personales y los de la liturgia y sobre todo les encargó que los padres fueran tratados con buena atención y decencia y sobre todo les dejó muy claro de que si algunos indios trataban de impedir la detención de los padres, no dudaran en usar la fuerza.

Una vez reunidos en Mátape, los misioneros fueron encerrados en una casa que inmediatamente fue rodeada por los soldados del capitán José Vergara, quien les leyó el decreto real y los puso bajo arresto domiciliario. Se les prohibió toda comunicación entre ellos y el exterior.

Al momento de la expulsión había en Sonora y Sinaloa, 52 misioneros, pero antes de ser reunidos para trasladarlos a Guaymas, murió Andrés Ignacio González en Bamoa, Sinaloa.

El 25 de agosto de 1767 salieron de Mátape rumbo a Guaymas donde fueron encerrados en una cárcel improvisada que en realidad era un conjunto de barracas en la que también se encerraban animales. Llegaron a Guaymas el 2 de septiembre, en total eran 51 misioneros, 31 de Sonora y 20 de Sinaloa, custodiados por 400 soldados. Las condiciones insalubres en que se encontraban los padres pronto hizo mella en su salud, a los tres meses todos estaban enfermos de escorbuto. El primero que murió fue el padre José I. Palomino, quien ante el reclamo de sus compañeros, fue trasladado a Belén para ser sepultado.

Después de casi nueve meses en Guaymas, los misioneros fueron embarcados el 20 de mayo de 1768, en el navío El Príncipe permaneciendo al garete en las aguas del Golfo de California hasta que el día 11 de junio , llegaron a Puerto Escondido en Baja California.

En ese lugar las condiciones no eran mejores que en Guaymas. Un oficial español llamado Placius Zomera, que tenía un hermano jesuita, les regaló pollos, carne de res, maíz, limones y toronjas, los limones les sirvieron de medicina ya que les ayudaban a mitigar las molestias del escorbuto.

El 18 de julio partieron rumbo a San Blas, llegando a Mazatlán el 2 de agosto y el 9 del mismo mes arribaron a su destino.

El 12 de agosto reiniciaron su camino internándose por tierra hacia Guaristema; un pequeño pueblito miserable, a donde llegaron después de sufrir las inclemencias de las torrenciales lluvias de la temporada. El día 14 llegaron a Tepic, donde pudieron comer y vestir ropa seca. En Tepic permanecieron seis días, siendo tratados con benevolencia por los españoles, a pesar de la reticencia de los soldados que los custodiaban. En Aguacatlán se quedaron Enriquw Kürtzel, Sebastián Cava y Vicente Rubio quienes estaban ya moribundos, quedando bajo el cuidado del padre Francisco Navarro. Llegaron a Ixtlán el día 23 donde murió Nicolás Perea. En los subsecuentes tres días murieron 22 jesuitas.

A finales de octubre llegaron a Guadalajara, siendo alojados en el convento de los Betlemitas donde fueron cuidados y lograron restablecerse. El 16 de enero de 1769 reanudaron su viaje rumbo a México, en donde solo asistieron a la Basílica de Guadalupe para luego partir a Veracruz a donde llegaron el 14 de febrero de ese año. El 8 de abril partieron rumbo a la Habana, desde donde se embarcaron rumbo a España el 26 de mayo de 1769, desde donde se distribuyeron a diferentes lugares, para morir finalmente en paz.

Significado de la Expulsión

La expulsión de los jesuitas marcó un parteaguas en la historia regional de Sonora. El trabajo realizado por ellos en todos los sentidos, marcó el rumbo político, económico y social del noroeste de México. Su sustitución por otros religiosos y la aplicación de otras políticas oficiales, iniciaron un nuevo período de cambios radicales en la forma de vida de los sonorenses.

Las autoridades borbónicas pudieron entonces llevar a cabo sus reformas., Los grupos de colonos pudieron al fin llevar a cabo los cambios a favor de sus interese sin que hubiera nadie que se opusiera, dando origen así a las oligarquías locales. Después de los jesuitas, la vida ya no sería igual.

DECRETO DE EXPULSIÓN

Habiéndome conformado con el parecer de los de mi Consejo Real... y de lo que me han expuesto personas del más elevado carácter, estimulado de gravísimas causas relativas a la obligación en que me hallo constituido de mantener en subordinación, tranquilidad y justicia mis pueblos, y [de] otras urgentes, justas y necesarias que reservo en mi real ánimo; usando de la suprema autoridad económica que el Todopoderoso ha depositado en mis manos para la protección de mis vasallos y respeto de mi corona, he venido a mandar se extrañen de todos mis dominios de España e Indias, Islas Filipinas y demás adyacentes, a los religiosos de la Compañía, así sacerdotes, como coadjutores y legos que hayan hecho la primera profesión, y a los novicios que quisieren seguirles, y que se ocupen todas las temporalidades de la Compañía de mis dominios. Y para su ejecución uniforme en todos ellos os doy plena y privativa autoridad, y para que forméis las instrucciones y órdenes necesarias, según lo tenéis entendido y estimareis para el más efectivo, pronto y tranquilo cumplimiento. Y quiero que no sólo las justicias y tribunales superiores de estos reinos ejecuten puntualmente vuestros mandatos, sino que lo mismo se entienda con los que dirigiereis a los virreyes, presidentes, audiencias, gobernadores, corregidores, alcaldes mayores y otras cualesquiera justicias de aquellos reinos y provincias, y que, en virtud de sus respectivos requerimientos, cualesquiera tropas, milicias o paisanaje den el auxilio necesario sin retardo ni tergiversación alguna, so pena de caer, el que fuere omiso, en mi real indignación. Y encargo a los padres provinciales, prepósitos, rectores y demás superiores de la Compañía de Jesús se conformen de su parte a lo que se les prevenga puntualmente, y que se les tratará en la ejecución con la mayor decencia, atención, humanidad y asistencia, de modo que en todo se proceda conforme a mis soberanas intenciones....

Yo, el rey

El Pardo, 27 de febrero de 1767.

Fuente: Historia de Sonora, Tomo II. Pag. 203

N o m b r e

Misión

O r i g e n

Alejandro Rapicani

Batuc

Bremen, Alemania.

Alonso Espinosa

San Javier del Bac

Islas Canarias.

Andrés Michel

Ures

Bohemia.

Antonio Castro

Onapa

Córdova, España.

Antonio Ventura

Mochicahui

Cádiz, España.

Bartolomé Sáenz

Sahuaripa

Córdoba, España.

Benito Antonio Romeo

Cumuripa

Navarra, España.

Bernando Middendorf

Movas

Westfalia, Alemania

Carlos de Rojas

Arizpe

Ciudad de México.

Custodio Ximeno

Caborca

Valdelinares, España.

Diego José Barreda

Santa María de Soanaca

Puebla, México

Enrique Kürtzel

Onavas

Wanglia, Alemania

Fernando Berra

Bacubirito

Guanajuato, México.

Francisco Halawa

Mocorito

Praga, Bohemia, Checoslovaquia.

Francisco Ita

Batacosa

Puebla, México.

Francisco Javier Anaya

 

Jiquilpan, Michoacán, México

Francisco Javier González

Tecoripa

Puebla, México.

Francisco Javier Pascua

Bavispe

Oaxaca, México.

Francisco Javier Paver

San Ignacio

Coruña, España.

Francisco Javier Villarroya

Banámichi

Zaragoza, España.

Ignacio Pffefferkorn

Cucurpe

Mannheim, Colonia, Alemania.

Jacobo Sedelmayer

Mátape

Inhausen, Baviera, Alemania.

Jorge Freideneg

Santa Cruz del Río Mayo

Grants, Alemania.

José Garfías

Villa de Sinaloa

Ciudad de México.

José Garrucho

Oposura

Cerdeña, Italia.

José Liébana

Bacadéhuachi

Andalucía, España.

José Lorenzo García

Tórim

Ciudad de México.

José Neve

 

Calpulalpan, Tlaxcala, México.

José Pío Laguna

Bacerac

Chiapas, Audiencia de Guatemala.

José Roldán

Arivechi

Oaxaca, México.

José Rondero

Camoa

Puebla, México.

José Wazet

Yécora

Sadek, Bohemia.

Juan Antonio Sedano

Chicorato

Jalisco, México.

Juan Francisco Acuña

Toro

Tlalpujahua, Michoacán, México.

Juan Lorenzo Salgado

Huírivis

Sinaloa, México.

Juan Mariano Blanco

Rahum

Ciudad de México.

Juan Nentvig

Huásabas

Glatz, Bohemia.

Julián Salazar

Bácum

Tabasco, México.

Lucas Atanasio Merino

Navojoa

Lugo, España.

Luis Vivas

Tubutama

Noguerela, España.

Manuel de Aguirre

Bacadéhuachi

Pamplona, España

Maximiliano LeRoy

Belem

Cambray, Francia.

Miguel de Almeda

Opodepe

Castellón de la Plana, España.

Miguel Fernández Somera

Ocoroni

Tlalpujahua, Michoacán, México.

Miguel Gestner

Sáric

Würzburg, Alemania.

Nicolás Perea

Aconchi

Zacatlán, Puebla, México

Pedro Rafael Díez

Güevavi

Ciudad de México.

Ramón Sánchez

Huásabas

Navarra, España.

Sebastián Cava

 

Valladolid, España

Vicente Rubio

Conicarit

Zaragoza, España.

Fuente de la Tabla: Almada (1990) Pág. 235 y Del Río (1985) Pág. 206

SAN IGNACIO DE LOYOLA

(1491-1556)

Sacerdote español fundador de la Compañía de Jesús, orden religiosa de la Iglesia católica más conocida por el nombre de jesuitas que reciben sus miembros.

Íñigo de Óñez y Loyola (a veces llamado por error Íñigo López de Recalde) nació en el castillo ancestral que su familia tenía en Azpeitia (Guipúzcoa) y de joven fue paje en la corte de Fernando el Católico. Hizo la milicia a las órdenes de Antonio Manrique de Lara, duque de Nájera, y participó en la represión de la revuelta de las Comunidades, resultando herido en una pierna, en 1521, durante la defensa de Pamplona ante los ataques franceses. Mientras se recuperaba leyó varios libros religiosos que le llevaron a consagrarse a la vida espiritual. Después de hacer confesión en el monasterio de Montserrat, en 1522, se retiró a una cueva cerca de Manresa, donde vivió y rezó durante 10 meses con una gran austeridad, tras lo cual emprendió un viaje de peregrinación a Jerusalén.

Regresó a España en 1524 y estudió en las universidades de Barcelona, Alcalá de Henares y Salamanca. En 1528 marchó a París, en cuya universidad se licenció en artes y, al año siguiente, fundó una fraternidad piadosa que, más tarde, terminaría por convertirse en la Compañía de Jesús. En 1537 los miembros de la fraternidad se dirigieron a Roma, donde Loyola fue ordenado sacerdote (1538), y recibieron el permiso oral del papa Pablo III, quien emitió la confirmación oficial de la orden en 1540. Por la bula Mare magnum, la Compañía fue declarada exenta de jurisdicción episcopal, de tributación y de tener a su cuidado la dirección espiritual de religiosas. Un año después, Loyola fue elegido primer general de la orden y, además de administrar los asuntos de la Compañía, se dedicó a completar la redacción de sus Ejercicios espirituales (manual para las necesarias meditaciones sobre el sentido de la vida y sobre el perfeccionamiento de una forma de vivir, divididas en cuatro periodos o semanas) y a escribir las Constituciones de la orden, terminadas después de su muerte, el 31 de julio de 1556, que, en lo sustancial, nunca han sido modificadas. En Roma fundó los colegios Romano y Germánico.

Ignacio de Loyola fue canonizado por el papa Gregorio XV en 1622 y, debido a su obra Ejercicios espirituales, que ha servido como modelo para la mayoría de las misiones y retiros católicos, es patrón de los retiros espirituales. Su festividad se conmemora el 31 de julio.

"Loyola, San Ignacio de," Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2000. © 1993-1999 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

Este grabado retrata a san Ignacio de Loyola, religioso español que pasó a la historia por fundar una de las órdenes religiosas cuyo apostolado alcanzó mayor implantación en España y América, la Compañía de Jesús. Su espíritu quedaba bien claro en su emblema: "Ad majorem Dei gloriam" ("A la mayor gloria de Dios").

Goursat/RAPHO

JESUITAS O COMPAÑÍA DE JESÚS,

1. INTRODUCCIÓN Instituto religioso de clérigos regulares de la Iglesia católica. Fundada por san Ignacio de Loyola en 1534, la Compañía de Jesús fue confirmada oficialmente por el Papa Pablo III en 1540. La frase emblemática de la orden es Ad majorem Dei gloriam (en latín, ‘A la mayor gloria de Dios’) y su objetivo es el de difundir la fe católica por medio de la predicación y la educación, así como trabajar en lugares y momentos en que así lo requiera con urgencia la Iglesia. Desde los primeros momentos de su historia, la enseñanza ha sido la principal actividad de la orden. En este campo, sus aportaciones han sido notables, tanto en el ámbito de la teología como en el de distintas disciplinas seculares.

2. CONDICIONES DE INGRESO  
La preparación que requiere todo aspirante a la orden, especialmente si quiere ser sacerdote más que hermano (coadjutor), es bastante más larga que la necesitada para el sacerdocio secular o para ingresar en otra orden religiosa. Después de permanecer dos años como novicio, alejado del mundo y dedicado a la oración, el candidato emite los votos simples de pobreza, castidad y obediencia, y se convierte en escolástico. Posteriormente, debe estudiar materias clásicas (durante dos años) y filosofía, matemáticas y ciencias físicas (durante tres). Terminado dicho ciclo, debe dedicar varios años a la enseñanza, seguidos por otros tres años de estudios teológicos, tras los cuales puede ser finalmente ordenado sacerdote. Después de cuatro años más de estudios teológicos, y de un año de retiro y oración, el candidato recibe su titulación, convirtiéndose en coadjutor o en profeso perpetuo. Los últimos votos de los coadjutores son simples, de pobreza, castidad y obediencia, pero para los profesos estos votos son solemnes, a los que agregan uno más, que es el aceptar ir al lugar que decida el papa. Más tarde, los profesos emiten cinco votos simples, entre los que se incluye la renuncia a todo oficio eclesiástico ajeno a su orden, a menos que lo determine la autoridad de la Compañía.

3. ORGANIZACIÓN Y ESTRUCTURA  
La Compañía de Jesús se estructura en provincias (agrupadas en asistencias). En la actualidad, existen 65 provincias en el mundo, cada una de las cuales está bajo el mando de un padre provincial. La máxima autoridad de la orden recae en un superior general, cargo que tiene carácter vitalicio. El superior general, residente en Roma, es elegido por la Congregación General (integrada por la totalidad de los provinciales y dos diputados por provincia) y asesorado por los asistentes.

4. HISTORIA  
Cuando fundó la Compañía, Ignacio de Loyola pretendía organizar peregrinaciones a Tierra Santa para convertir a los musulmanes. Sin embargo, con el estallido de la guerra contra los turcos otomanos, todos los planes para la peregrinación a Tierra Santa se desvanecieron. En cambio, los jesuitas solicitaron al Papa una constitución que les permitiera realizar misiones a lugares que él mismo decidiera. Una vez aprobada la constitución, eligieron a Ignacio de Loyola como primer superior general.

La Compañía creció rápidamente y sus miembros tuvieron una actividad decisiva durante la Contrarreforma, especialmente en el transcurso del Concilio de Trento, así como fundando escuelas y centros de estudios superiores en toda Europa. Durante 150 años dirigieron los más importantes centros educativos europeos y, hacia 1640, contaban con más de 500 centros de estudios superiores repartidos por todo el continente. Aproximadamente un siglo después, esta cifra alcanzaba ya los 650; además, la orden tenía a su cargo, en forma total o parcial, la dirección de 24 universidades. También establecieron más de 200 seminarios y casas de estudios para sus miembros. Durante el periodo de la Contrarreforma, la educación jesuítica se enfocó principalmente a fortalecer la fe católica frente a la expansión del protestantismo. Si bien la educación jesuítica para laicos estaba dirigida principalmente a la nobleza europea y a estudiantes pudientes, también tenían a su cargo escuelas profesionales y, en los territorios donde trabajaban en misiones, escuelas para los pobres.

Por lo que respecta a su aspecto misionero, la actividad de los jesuitas en este sentido tuvo también mucho éxito. Especialmente importante fue la emprendida por san Francisco Javier en India y Japón. La Compañía de Jesús se expandió más tarde por el interior de China y por las costas de África. Las cartas que escribieron los misioneros jesuitas que trabajaban en Canadá, en las que enviaban información de tipo etnológico, histórico y científico, fueron publicadas con el nombre de Relaciones Jesuíticas, formando una única y muy valiosa fuente de información referente a los nativos de ese país. Sin embargo, el trabajo de las misiones jesuíticas más conocido del Nuevo Mundo fue la fundación de las reducciones, siendo las más famosas las de Paraguay. Eran comunidades de indígenas, gobernadas por los jesuitas. Allí, y durante casi 200 años, los jesuitas dirigieron un enorme grupo de indígenas, logrando fundar 32 poblados, con una población de aproximadamente 160.000 personas. Enseñaban métodos agrícolas siguiendo las tradiciones autóctonas, artes mecánicas y favorecían el desarrollo del comercio.

La historia de la Compañía de Jesús estuvo marcada por una constante oposición a su labor, especialmente en los países católicos. La devoción que los jesuitas tenían por el Papado les costó una fuerte oposición por parte de los dirigentes de diversos estados. Igualmente, y debido al gran entusiasmo que ponían los jesuitas en todo lo que significaran reformas eclesiásticas, se ganaron la enemistad del clero. La Compañía fue expulsada de diferentes países europeos (en España, por Carlos III, en 1767) hasta que, el 21 de julio de 1773, el Papa Clemente XIV publicó la bula Dominus ac Redemptor en la que ordenaba la supresión de la Compañía. El rey de Prusia, Federico II el Grande, y la emperatriz de Rusia, Catalina II la Grande, grandes admiradores de la labor educativa y del conocimiento de los jesuitas, se negaron a aceptar el documento y hacer efectiva la publicación del mismo. En estos países la orden se mantuvo hasta 1814, año en el que el Papa Pío VII restauró canónicamente la Compañía. Ante este hecho, también volvieron a cobrar fuerza los grupos religiosos y políticos que estaban en su contra.

"Jesuitas," Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2000. © 1993-1999 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

FUENTES CONSULTADAS

Almada, R. Francisco (1990) Diccionario de Historia, Geografía y Biografía Sonorenses. Hermosillo, Sonora, México. Instituto Sonorense de Cultura. Gobierno del Estado de Sonora. Págs. 233 - 235

Del Río, Ignacio (1985) El Noroeste Novo hispano y la Nueva Política Imperial Española. Hermosillo, Sonora México. Historia General de Sonora. Tomo II. De la conquista al estado libre y soberano de Sonora. Gobierno del Estado de Sonora Págs. 193 – 208

Montané Martí, Julio César (1999) La Expulsión de los Jesuitas de Sonora. Colección Sonorense Letras de Arena. Hermosillo Sonora México. Ediciones, Promociones y distribuciones Contrapunto Catorce.

Pradeau, Francisco Alberto. (1959) La expulsión de los Jesuitas de las Provincias de Sonora, Ostimuri y Sinaloa en 1767. México D.F. Biblioteca Histórica Mexicana de Obras Inéditas # 24. Antigua Librería Robledo de José Porrúa e Hijos, Sucs.

Por:

Ignacio Lagarda Lagarda


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