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José Enrique Rodó Piñeyro




Enviado por miguelcevedo



    "Por encima de los afectos que hayan de vincularos
    individualmente a distintas aplicaciones y distintos modos de la
    vida, debe velar, en lo íntimo de vuestra alma, la
    conciencia de la
    unidad fundamental de nuestra naturaleza,
    que exige que cada individuo
    humano sea, ante todo y sobre toda otra cosa, un ejemplar no
    mutilado de la humanidad"

    José Enrique Rodó
    Piñeyro

    (1871-1917)

    José Enrique Rodó Piñeyro.

    Político, escritor, ensayista, profesor
    universitario de Literatura, hijo menor (de siete
    hermanos) del comerciante catalán (español)
    con muchos años en Uruguay
    José Rodó y de la uruguaya Rosario Piñeyro,
    nació el 15 de julio de 1871 en Montevideo (Uruguay),
    cursó estudios en el Colegio Elbio Fernández
    fundado por José Pedro Varela, y murió el 1° de
    mayo de 1917 en Palermo (Italia). Su
    familia era
    considerada como burguesa arruinada, por lo que desde niño
    con inmensas ganas de viajar, Rodó lo hace solamente en
    dos cortas oportunidades, una a Santiago de Chile y otra a
    Europa donde
    muere. Se le ha considerado junto a Ruben Darío como uno
    de los más importantes ensayistas del modernismo en
    América
    Latina formando parte de "la generación de
    1900"
    . Colaborador de "Los Primeros Albores" y
    fundó con Martínez Vigil y Pérez Petit en
    1895 la "Revista
    Nacional de Literatura y de Ciencias
    Sociales"
    entre 1895 y 1897. También lo hizo con
    el diario "La Nación" de Buenos Aires
    (Argentina). Fue director de la Biblioteca
    Nacional y diputado a las Cortes por el Partido Colorado en 1902
    y en 1907, viajando luego a Europa en 1916 donde fue corresponsal
    de "Caras y caretas".

    Entre sus principales obras tenemos: "La novela
    nueva"
    (en 1897); "El que vendrá" (en 1897);
    "Su última obra" (en 1899); "Ariel" (en
    1900, aquí propone un idealismo espiritualista como
    defensa de Hispanoamérica la tradición greco-latina
    ante el predominio cultural de los Estados Unidos dominado por el
    utilitarismo, produciendo esto los llamados "arielitos",
    que eran jóvenes que se identificaban con su
    filosofía); "Liberalismo y
    jacobinismo"
    (1906); "Motivos de Proteo" (obra de
    filosofía moral escrita
    en 1909); "El mirador de Próspero"
    (recopilación de ensayos de
    escritores latinoamericanos hecha en 1914); "El camino de
    Paros"
    (publicada póstumamente en 1918 sobre
    meditaciones y andanzas); "Nuevos motivos de Proteo"
    (igualmente publicada póstumamente en 1927).

    Constituye elemento importante dentro del pensamiento de
    Rodó el llamado "sermón laico", muy en boga
    en su tiempo dentro
    de la cultura
    rioplatense especialmente la uruguaya de mediados
    del Siglo XIX. Así nos lo recuerda Real de Azúa
    cuando nos trae estos comentarios: "De lo que a través
    del libro ha
    accedido hasta nosotros
    refiriéndose a
    Ariel puede presumirse que el género a
    que se hace referencia representaba un tipo
    literario-ideológico intensa y hasta severamente normado.
    Jules Simon, uno de los maestros de la Francia
    republicana, sostenía que los profesores de
    filosofía debían ser "predicadores laicos",
    siempre dispuestos a exaltar el valor del
    ideal, y del servicio
    devoto a la causa común, la grandeza del potencial
    juvenil, y el género profuso del "discours aux jeunes
    gens"
    * parece haber seguido, hasta con
    monotonía este guión…De "predicadores
    laicos"
    hablaba, como se dijo, este último y son
    muchas las razones que propiciaron en toda esta literatura de
    exhortación una modalidad de tono que fuerza a
    incluirla en lo que entonces el igualmente prestigioso Emile
    Faguet llamaría comentando Le devoir
    présent
    (1892), de Paul Desjardins una
    "literatura religiosa laica". **

    Tenía ciertamente, intensos determinantes en
    todo Occidente una postura comunicativa para-religiosa que
    no es ocioso recordarlo marcó en forma
    indeleble un planteo que, como el de Rodó, sería
    tempranamente abrumado por identificaciones del tipo de las de
    "sermón laico", "evangelio laico" y "breviario
    laico"
    .

    En la obra "Ariel", Rodó personifica en
    sus personajes más que una individualidad, un concepto moral,
    ético o cultural. Por ejemplo, ve en Próspero al
    noble maestro, al mago de "La Tempestad" shakesperiana,
    que se reúne cada fin de año con sus jóvenes
    discípulos dentro de la serenidad de su salón
    biblioteca, Próspero simboliza el poder de la
    intelectualidad y de la sabiduría que choca abiertamente
    con Calibán quien es grosero, ignorante y luchador de
    aquellas sociedades que
    buscan igualarse, pero en su nivel más bajo de cultura.
    Ariel es un símbolo de lo más noble del
    espíritu humano, desinteresado, racional y espiritual al
    que invoca como su numen diciendo: "Quisiera
    para mi palabra la más suave y persuasiva unción
    que ella haya tenido jamás. Pienso que hablar a la
    juventud sobre
    nobles y elevados motivos, cualesquiera que sean, es un
    género de oratoria
    sagrada. Pienso también que el espíritu de la
    juventud es un terreno generoso donde la simiente de una palabra
    oportuna suele rendir, en corto tiempo, los frutos de una
    inmortal vegetación… Yo os digo con Renan: "La
    juventud es el descubrimiento de un horizonte inmenso que es la
    Vida".

    Más adelante, y nuevamente en voz de
    Próspero, Rodó analiza el mundo griego como
    imbuído de la gracia de la niñez y del optimismo de
    la juventud cuando relata: "Aquél que en Delfos
    contemplaba la apiñada muchedumbre de los jonios
    dice uno de los himnos homéricos se
    imagina que ellos no han de envejecer jamás". Grecia hizo
    grandes cosas porque tuvo, de la juventud, la alegría, que
    es el ambiente de la
    acción,
    y el entusiasmo, que es la palanca omnipotente. El sacerdote
    egipcio con quien Solón habló en el templo de
    Saís, decía al legislador ateniense, compadeciendo
    a los griegos por su volubilidad bulliciosa: ¡No sois
    sino unos niños!
    … Pero de aquel divino juego de
    niños sobre las playas del Archipiélago y a la
    sombra de los olivos, nacieron el arte, la
    filosofía, el pensamiento libre, la curiosidad de la
    investigación, la conciencia de la dignidad
    humana, todos esos estímulos de Dios que son aún
    nuestra inspiración y nuestro orgullo".

    Después de hacerle al cristianismo
    de los primeros siglos, las mismas loas que hizo de los griegos,
    piensa que éste triunfó con su encanto de juventud
    interior ante la severidad de los estoicos y a la decrepitud de
    los mundanos; al igual, que consideraba que en los
    diálogos platónicos, fue posible una breve
    primavera del mundo, concluyendo Rodó que la fuerza de
    corazón
    ha de probarse aceptando el reto de la Esfinge y no esquivando su
    interrogación formidable.

    Compara posteriormente, el tipo de actividad que deben
    realizar los jóvenes, no limitándola solamente a un
    solo aspecto, sino más bien, cada uno debe alcanzar la
    plenitud de su ser.

    Demuestra Rodó su afecto hacia la figura del
    Comte positivista cuando recuerda: "Augusto Comte
    ha señalado bien este peligro de las civilizaciones
    avanzadas. Un alto estado de
    perfeccionamiento social tiene para él un grave
    inconveniente en la facilidad con que suscita la aparición
    de espíritus deformados y estrechos; de espíritus
    "muy capaces bajo un aspecto único y monstruosamente
    ineptos bajo todos los otros". El empequeñecimiento de un
    cerebro humano
    por el comercio
    continuo de un solo género de ideas, por el ejercicio
    indefinido de un solo modo de actividad, es para Comte un
    resultado comparable a la mísera suerte del obrero a quien
    la división del trabajo del
    taller obliga a consumir en la invariable operación de un
    detalle mecánico todas las energías de su
    vida".

    De esta forma, el discurso de
    Rodó se transfenomenaliza al pasar de una teorética
    exhaltación que animaba a los jóvenes a mirar en el
    horizonte, en una fenoménica y pragmática crítica
    frente al utilitarismo reinante en la vida moderna. Trata de
    alertar, de prevenir a los jóvenes en torno al sistema
    capitalista reinante al señalar: "Cuando el sistema de
    la utilidad material
    y el bienestar domina en el carácter de las sociedades humanas con la
    energía que tiene en lo presente, los resultados del
    espíritu estrecho y la cultura unilateral son
    particularmente funestos a la difusión de aquellas
    preocupaciones puramente ideales que siendo objeto de amor para
    quienes les consagran las energías más nobles y
    perseverantes de su vida, se convierten en una remota y
    quizá no sospechada región, para una inmensa parte
    de los otros. Todo género de meditación
    desinteresada, de contemplación ideal, de tregua
    íntima, en la que los diarios afanes por la utilidad cedan
    transitoriamente su imperio a una mirada noble y serena tendida
    de lo alto de la razón sobre las cosas, permanece
    ignorado, en el estado
    actual de las sociedades humanas, para millones de almas
    civilizadas y cultas, a quienes la influencia de la educación o la
    costumbre reduce al automatismo de una actividad, en definitiva
    material".

    Continúa Rodó en su "Ariel" con una
    comparación entre lo feo y lo hermoso, lo vulgar y lo
    delicado, para traspolar estos conceptos al de lo malo y de lo
    bueno, en donde considera que una vez identificado el concepto de
    lo estético, se ha cubierto la mitad del camino que
    conduce hacia la moral. El
    buen gusto y el sentimiento moral para
    Rodó son la misma cosa en el espíritu de
    los individuos que en el espíritu de las sociedades. Por
    ello, coincide con Rosenkranz cuando este afirmaba que
    existía una relación entre la libertad y el
    orden moral, por una parte; y por la otra, se demostraba el hecho
    de que la belleza de las formas humanas se evidenciaba en el
    desarrollo de
    las razas en el tiempo.

    Y ahora, dentro de este concepto de "lo bello",
    "lo delicado", "lo bueno" y "lo moral",
    encuentra Rodó nuevamente motivos para atacar al
    utilitarismo cuando señala: "A la concepción de
    la vida racional que se funda en el libre y armonioso
    desenvolvimiento de nuestra naturaleza e incluye, por lo tanto,
    entre sus fines esenciales, el que se satisface con la
    contemplación sentida de lo hermoso, se opone como
    norma de conducta
    humana la concepción utilitaria, por lo
    cual nuestra actividad, toda entera, se orienta en
    relación a la inmediata finalidad del interés".
    Y dentro de esta arremetida
    antiutilitaria y antidemocrática, Rodó sostiene;
    "Toda igualdad de
    condiciones es en el orden de las sociedades, como toda
    homogeneidad en el de la Naturaleza, un equilibrio
    inestable".

    Rodó plantea –y coincidimos plenamente con
    él–, que existe una superioridad por la cual, las
    personas pueden y deben llegar a través del intelecto, y
    no sustentándose, en una igualdad identificada con la
    vulgaridad y la chabacanería. Para él, la
    vulgaridad como paradigma de
    igualdad carece de valores
    auténticos; mientras, que la superioridad se manifiesta
    por el cultivo de la instrucción y la apreciación
    de las ideas superiores.

    Ve en la democracia la
    masificación de la cultura, lo que denominamos hoy en
    nuestras latitudes como masificación de la
    educación
    , la cual no solo impide la elevación
    de la misma, sino que, la vulgariza. Por ello dice acertadamente:
    "El presuroso crecimiento de nuestras democracias… nos
    expone en el porvenir a los peligros de la degeneración
    democrática, que ahoga bajo la fuerza ciega del
    número toda noción de calidad; que
    desvanece en la conciencia de las sociedades todo justo
    sentimiento del orden; y que, librando su ordenación
    jerárquica a la torpeza del acaso, conduce forzosamente a
    hacer triunfar las más injustificadas e innobles de las
    supremacías".

    En este orden de ideas, Rodó al comentar la frase
    de un publicista americano con ocasión a la baja población del continente, y a su necesidad
    de aumentar sus asentamientos humanos cuando proclamó que
    gobernar es poblar, respondió que era necesario
    aparte de la asimilación que se haga de estos nuevos
    poblados, que los mismos sean educados y seleccionados; es decir,
    se manifestaba en pro de lo que hoy conocemos como
    migración selectiva. Ya que para Rodó, la
    multitud, la masa anónima, no es nada por sí misma,
    lo que por lo tanto, podría considerarse esta multitud
    como un instrumento de barbarie o de civilización,
    según carezca o no del coeficiente de una alta dirección moral. A lo que afirma
    Rodó que: "La civilización de un pueblo
    adquiere su carácter, no de las manifestaciones de su
    prosperidad o de su grandeza material, sino de las superiores
    maneras de pensar y de sentir que dentro de ella son
    posibles".
    Y dentro de esta proposición, Rodó
    quien sabe distinguir los conceptos de libertad y de democracia,
    y sabe como esta última se opone a la primera dentro de un
    esquema liberal utilitario, nos trae nuevamente como
    sustentación de sus ideas a Augusto Comte cuando refiere:
    "…y ya observaba Comte, para mostrar como en cuestiones de
    intelectualidad, de moralidad, de
    sentimiento, sería insensato pretender que la calidad
    pueda ser sustituida en ningún caso por el número,
    que ni de la acumulación de muchos espíritus
    vulgares se obtendrá jamás el equivalente de un
    cerebro de genio, ni de la acumulación de muchas virtudes
    mediocres, el equivalente de un rasgo de abnegación o de
    heroísmo. Al instituir nuestra democracia la
    universalidad y la igualdad de derechos,
    sancionaría, pues, el predominio innoble del
    número, si no cuidase de mantener muy en alto la
    noción de las legítimas superioridades humanas, y
    de hacer, de la autoridad
    vinculada al voto popular, no la expresión del sofisma de
    la igualdad absoluta, sino, según las palabras que
    recuerdo de un joven publicista francés, "la
    consagración de la jerarquía, emanando de la
    libertad"
    .

    De este heroísmo, que ya con anterioridad
    había hablado Juan Bautista Vico,
    Rodó lo recoge de Carlyle cuando señala: "La
    gran voz de Carlyle había predicado ya contra toda
    niveladora irreverencia, la veneración del
    heroísmo, entendiendo por tal el culto de cualquier
    noble superioridad".

    Aquí es donde Rodó exhaltado de una nueva
    forma de democracia ajena a la utilitarista y a la cual llama
    positivista aunque preferiríamos referirnos como
    más precisa y encajada al pensamiento rodosiano la llamada
    democracia corporativa, pero, estamos claros
    también, que esta última, por haber surgido
    posteriormente a la vida de Rodó, era imposible que
    éste, pudiera tener alguna impresión o afecto por
    la misma, encontramos como una manifestación de la
    elevación que se va produciendo de la idea rodosiana en su
    obra cuando éste arguye: "Ibsen desarrolla la altiva
    arenga de su Stockmann alrededor de la afirmación de que
    "las mayorías compactas son el enemigo más
    peligroso de la libertad y la verdad"
    ; y el formidable
    Nietzsche
    opone al ideal de una humanidad mediatizada la apoteosis de las
    almas que se yerguen sobre el nivel de la humanidad como una viva
    marea".

    Sin embargo, más adelante Rodó parece
    reconciliarse con la democracia cuando dice: "La democracia y
    la ciencia
    son, en efecto, los dos insustituibles soportes sobre los que
    nuestra civilización descansa; o expresándolo con
    una frase de Bourget, las dos "obreras" de nuestros
    destinos futuros. "En ellas somos, vivimos y nos
    movemos""
    Pero entonces pensamos, ¿será
    acaso que Rodó se contradice cuando al referirse de nuevo
    a la democracia se retracta de tal manera? ¿O será,
    que está pensando en el modelo de
    democracia positivista que antes nos asomó y no, en el de
    la democracia utilitarista liberal al cual reiteradamente ha
    manifestado una clara y absoluta abyección?

    Pensamos, que se refiere a la de su afecto y parecer, ya
    que al proseguir su obra y referirnos el tema de la educación, nos
    advierte de la obligación que tiene el Estado de darle a
    todos sus miembros las condiciones que les lleven a su
    perfeccionamiento y a la revelación de las superioridades
    humanas dondequiera que existan.

    De esta manera, Rodó establece que:
    "Racionalmente concebida, la democracia admite siempre un
    imprescriptible elemento aristocrático, que consiste en
    establecer la superioridad de los mejores, asegurándola
    sobre el consentimiento libre de los asociados".

    Pero, nuevamente Rodó pareciera rectificar, peor
    aún, contrariar sus anteriores argumentos, y lo hace ahora
    en contra de Friederich Nietzsche, a quien en páginas
    anteriores no dudó en calificar "el formidable
    Nietzsche"
    . Ahora, como que si se tratara de otra persona relata lo
    siguiente: "El anti-igualitarismo de Nietzsche…ha llevado a
    su poderosa reivindicación de los derechos que él
    considera implícitos en las superioridades humanas, un
    abominable, un reaccionario espíritu; puesto que, negando
    toda fraternidad, toda piedad, pone en el corazón del
    superhombre a quien endiosa, un menosprecio
    satánico para los desheredados y los débiles;
    legitima en los privilegios de la voluntad y de la fuerza el
    ministerio del verdugo; y con lógica
    resolución llega, en último término, a
    afirmar que "la sociedad no
    existe para sí sino para sus elegidos"
    .

    Este "estremecimiento" antinietzscheano que
    padece Rodó, logra el milagro de apartarlo de su
    "discurso laico" para atreverse a afirmar: "¡Por
    fortuna, mientras exista en el mundo la posibilidad de disponer
    dos trozos de madera en
    forma de cruz, es decir: siempre, la humanidad
    seguirá creyendo que es el amor el
    fundamento de todo orden estable y que la superioridad
    jerárquica en el orden no debe ser sino una superioridad
    capaz de amar!"
    Nos pareciera con esto, que realmente
    Rodó acababa de leer a "Drácula" de Bram
    Stoker, y no, a un importantísimo filósofo como
    Friederich Nietzsche a quien en pocas líneas antes
    como lo vimos, lo llamó "el
    formidable"
    .

    En otro orden de ideas, Rodó en su comentada obra
    "Ariel", analiza a Inglaterra como
    verbo del espíritu inglés,
    y a los Estados Unidos, como verbo del espíritu
    utilitarista; denunciando que existe en algunas personas de
    Hispanoamérica de deslatinizar nuestra cultura, a lo que
    no ve ni la gloria ni el propósito de desnaturalizar el
    carácter en estos pueblos. Lo siente como una cosa
    innoble, un género de snobismo político, que
    permite que quienes actuando por abdicación servil, se
    sientan encadenados frente a sus vencedores. De ahí que
    llegue a asentar: "…tenemos los americanos
    latinos una herencia de raza,
    una gran tradición étnica que mantener, un
    vínculo sagrado que nos une a inmortales páginas de
    la historia,
    confiando a nuestro honor su continuación en lo
    futuro".

    Sin embargo, Rodó haciendo aparte de toda
    mezquindad, prefiere antes de desconocer defectos, no negar
    cualidades. Y es por ello, que hace un elogio del desarrollo de
    la América
    anglosajona, la cual según el, no ama pero si admira; y
    les admira, por su formidable capacidad de querer; e
    inclusive, se inclina ante su escuela de
    "voluntad y trabajo". Aunque cuando Rodó nos habla
    de esa "formidable" capacidad de "querer" de los
    estadounidenses, no sabemos pero creemos haber escuchado algo
    similar sobre Nietzsche anteriormente. Pero peor aún
    cuando dice: "Su historia es, toda ella, el arrebato de una
    actividad viril. Su personaje representativo se llama Yo
    quiero
    , como el superhombre de Nietzsche".

    ¿Reconciliación con Nietzsche o qué? Por
    ello no cae raro, que así cuando aludimos a Bram Stoker,
    Rodó nos relate posteriormente varias líneas nada
    menos que del señor Edgar Allan Poe,
    diciendo sobre el mismo, que había simbolizado en la
    luz
    inextinguible de sus ojos, el himno de triunfo de la voluntad
    sobre la
    muerte.

    Rodó fue el primero en su época en
    denunciar el peligro del materialismo
    económico de los Estados Unidos de
    América ante el pesimismo de muchos hispanoamericanos, a
    los cuales exhortó a unirse en la "Magna
    América"
    , que combatiría la decadencia con la
    regeneración del renacimiento
    humanista. Pensaba que se podían conjugar el pragmatismo
    con la espiritualidad para lograr el progreso económico y
    social de los pueblos del sub continente hispanoamericano. Fue
    reconocido en su época como el "Maestro de
    América"
    , de ahí que otro no menos gran maestro
    americano como fue el dominicano Pedro Henríquez
    Ureña nos dijera sobre Rodó lo siguiente: "no
    vacilemos ya en nombrar a José Enrique Rodó entre
    los maestros de América. Rodó es el maestro que
    educa con sus libros, el
    primero, quizás, que entre nosotros influye con sola la
    palabra escrita".
    El escritor latinoamericano Carlos Fuentes nos
    comenta agradablemente este criterio suyo sobre Rodó en la
    siguiente forma: "…es nuestro tío uruguayo, sentado
    en la esquina del retrato de nuestra familia.  Es aquel que
    nos permite ser quienes debemos ser, a la vez que lo empujamos
    hacia la sombra, para luego reconocer que aún tiene algo
    que decir".

    Pero ante todo Rodó va a representar una de las
    figuras más emblemáticas del americanismo literario
    de todos los tiempos, que a pesar de proclamarse como liberal, no
    hace causa común con el liberalismo económico,
    representado en este caso en Rodó, por los Estados Unidos
    de América.

    Este pensamiento rodosiano que marca linderos
    con los Estados Unidos como amenaza del liberalismo utilitarista
    de deslatinizar a nuestra América se manifiesta claramente
    cuando nos dice: "la concepción utilitaria, como idea
    del destino humano, y la igualdad en lo mediocre, como norma de
    la proporción social, componen, íntimamente
    relacionadas, la fórmula de lo que solido llamarse en
    Europa, el espíritu de americanismo. Es imposible meditar
    sobre ambas inspiraciones de la conducta y la
    sociabilidad y compararlas con las que le son opuestas, sin que
    la asociación traiga, con insistencia,  a la mente,
    la imagen de esa
    democracia formidable y fecunda que, allá, en el Norte,
    ostenta las manifestaciones de su prosperidad y su poder como una
    deslumbradora prueba que abona a favor de la eficacia de sus
    instituciones
    y de la dirección de sus ideas.

    Si ha podido decirse del utilitarismo que es el verbo
    del espíritu inglés, los Estados Unidos pueden ser
    considerados la encarnación del verbo utilitario. Y el
    Evangelio de este verbo se difunde por todas partes a favor de
    los milagros materiales del
    triunfo. Hispano-América ya no es enteramente calificable,
    con relación a él, de tierra de
    gentiles. La
    poderosa federación va realizando entre nosotros una
    suerte de conquista moral… Es así como la visión
    de una América deslatinizada por propia voluntad, sin la
    extorsión de la conquista, y regenerada luego a imagen y
    semejanza del arquetipo del Norte, flota ya sobre los
    sueños de muchos sinceros interesados por nuestro
    porvenir, inspira la fruición con que ellos formulan a
    cada paso los más sugestivos paralelos, y se manifiesta
    por constantes propósitos de innovación y de reforma. Tenemos nuestra
    nordomanía. Es necesario oponerle los límites de
    la razón y del sentimiento señalan de
    consuno".

    Frases de José Enrique Rodó
    Piñeyro:

    "Tenemos – los americanos latinos –
    una herencia de raza, una gran tradición étnica que
    mantener, un vínculo sagrado que nos une a inmortales
    páginas de la historia, confiando a  nuestro honor su
    continuación en lo futuro. El cosmopolitismo, que hemos de
    acatar como una irresistible necesidad de nuestra
    formación, no excluye, ni ese sentimiento de fidelidad a
    lo pasado, ni la fuerza directriz y plasmante con que debe el
    genio de la raza imponerse en la refundición de los
    elementos que constituirán al americano definitivo del
    futuro".

    "La índole del libro (si tal puede
    llamársele) consiente, en torno de un pensamiento capital, tan
    vasta ramificación de ideas y motivos, que nada se opone a
    que haga de él lo que quiero que sea: un libro en perpetuo
    «devenir», un libro abierto sobre una perspectiva
    indefinida".

    "Ya no se profesa el culto de una misma Ley y la
    ambición de una labor colectiva, sino la fe del
    temperamento propio y la teoría
    de la propia genialidad… Las voces que concitan se pierden en
    la indiferencia. Los esfuerzos de clasificación resultan
    vanos o engañosos. Los imanes de las escuelas han perdido
    su fuerza de atracción, y son hoy hierro vulgar
    que se trabaja en el laboratorio de
    la crítica. Los cenáculos, como legiones sin
    armas, se
    disuelven; los maestros como los dioses, se
    van…".

    "…aún aquellos que no somos socialistas, ni
    anarquistas, ni nada de eso, en la esfera de la acción ni
    en la doctrina, llevamos dentro del alma un fondo, más o
    menos consciente, de protesta, de descontento, de
    inadaptación, contra tanta injusticia brutal, contra tanta
    hipócrita mentira, contra tanta vulgaridad entronizada y
    odiosa, como entretejidas en su urdimbre este orden social
    trasmitido al siglo que comienza por el siglo de advenimiento
    burgués y de la democracia utilitarista".

    "Nuestra América,
    la Patria Grande, tiene en nosotros como en los otros, contenido
    y continente, sentido y proyección: apertura al mundo. A
    un mundo que necesita de nuestra concepción de vida: la
    brasileña, la venezolana, la argentina, la paraguaya como
    la colombiana, la boliviana como la paraguaya, y así
    sucesivamente.
    Pero también, todas y cada una la de las propias y
    diferentes etnias que cruzan cualesquiera de las nacionalidades
    que la componen, porque tanto las preceden como la sobrevuelan al
    tener en sí y para con la vida, otra visión de la
    existencia que no sólo complementa la primera sino que
    tienen tanto color, o colores, nuestras
    pigmentaciones, como también hacen de la propia vida de
    todo ser vivo, algo trascendente. Tal aporte, entre otros, en
    consecuencia, precisa el mundo sea compartido. Por ello nuestra
    identidad
    americana es y será una identidad abierta al otro, nunca
    cerrada al diferente como al desconocido". 

    "A medida que la humanidad avance, se
    concebirá más claramente la ley moral como una
    estética de la conducta. Se huirá
    del mal y del error como de una disonancia; se buscará lo
    bueno como el placer de una armonía".

    "La civilización de un pueblo adquiere su
    carácter, no de las manifestaciones de su prosperidad o de
    su grandeza material, sino de las superiores maneras de pensar y
    de sentir que dentro de ella son posibles"

    "Atenas supo engrandecer a la vez el sentido de lo
    ideal y el de lo real, la razón y el instinto, las fuerzas
    del espíritu y las del cuerpo. Cinceló las cuatro
    fases del alma".

    "No tratéis de justificar por la
    absorción del trabajo o el combate, la esclavitud de
    vuestro espíritu".

    "Sobre la democracia pesa la acusación de
    guiar a la humanidad mediocrizándola, a un Sacro Imperio
    del utilitarismo".

    "Todos los pesimismos son vanos. Lo mismo los que se
    fundan en la razón que lops que parten de la
    experiencia".

    "Cuando Grecia nació, los dioses le regalaron
    el secreto de juventud inextinguible. Grecia es el alma
    joven".

    "Cuando el dolor enerva; cuando el dolor es la
    irresistible pendiente que conduce al marasmo o el consejero
    pérfido que mueve a la abdicación de la voluntad,
    la filosofía que le lleva en sus entrañas es cosa
    indigna de almas jóvenes".

    Miguel Cevedo

    Abogado y Filósofo

    Profesor y Jefe de cátedra de la asignatura
    Filosofía del Derecho en la Universidad Santa
    María en Caracas, Venezuela

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