
Los puertorriqueños somos antillanos. Somos caribeños. Somos latinoamericanos.
Somos hijos de Nuestra América. Los puertorriqueños compartimos
con numerosas naciones del Caribe y de Sur América una historia común.
En nuestra tradición histórica de lucha y de integración
latinoamericana tiene relevancia nuestra generosa solidaridad hacia los hermanos
caribeños y latinoamericanos que la han reclamado de nosotros.
Eso no es de extrañar. La raíz de esa solidaridad está en la entretejida historia de quienes, en el continente americano, nos forjamos como nación partiendo de los mismos orígenes culturales, de la integración étnica, del lenguaje común; hemos compartido sufrimientos y pobreza como pueblos sometidos por los explotadores colonialistas o imperialistas tanto de Europa como del norte rapaz y expansionista.
Los efectos del colonialismo español que afectó a todas las naciones
de Nuestra América se multiplican para los puertorriqueños debido
a las agresiones que nuestro pueblo ha sufrido a manos, no solo de la metrópoli
española, sino peor aún, de los colonialistas imperialistas norteamericanos.
El entrelazamiento de esa historia, que como todo proceso dialéctico
parte de esa inexorable ley físico-filosófica también aplic
able a todo el quehacer social y político, la ley de causa y efecto,
es particularmente evidente en lo que ha sido la formación y luchas de
todos los pueblos de Nuestra América y del mundo, comenzando por los
insurgentes indígenas como Agüeybaná el Bravo, Guaicaipuro,
Caonabo, Hatuey, Túpac Amaru, y otros, tan numerosos que no es posible
detallar, y continuando con Simón Bolívar, Antonio Valero, Antonio
José de Sucre, Bernardo O’Higgins, José de San Martín,
Miguel Hidalgo, Francisco Morazán, José Martí, Ramón
Emeterio Betances, Gregorio Luperón, Juan Pablo Duarte, Augusto César
Sandino, Pedro Albizu Campos, Juan Antonio Corretjer, José Carlos Mariátegui,
Fidel Castro, Camilo Torres Restrepo y Hugo Rafael Chávez, para mencionar
sólo algunos, de quienes han sido, en su particular momento histórico,
representantes de una interminable cadena histórica de luchas generadas
por los pueblos. Todos han reflejado un intenso espíritu humanitario
y una dedicación inalterable en aras de lograr justicia para todos por
igual.
La dedicación de cada uno de estos representantes del verdadero género
humano, bien haya sido debido a una espiritual intuición emanada de la
más profunda sensibilidad, por un intelecto privilegiado que sin premeditación
o guiado por intereses personales los ha conducido por caminos revolucionarios,
ha hecho historia precisamente por haber sabido comprender las necesidades de
los pueblos en cada período histórico.
Ellos han representado las luchas y ansias de una humanidad que, en su marcha hacia la construcción de un mundo donde no existan las inequidades e injusticias, y unas relaciones y sistemas socioeconómicos y políticos orientados en la dirección de forjar ese mundo, ha aportado y logrado cambios, que aunque puedan identificarse como pequeñas batallas –que nunca lo son– siempre están encaminados en esa dirección revolucionaria.
Igualmente, por la naturaleza de lo que ellos han representado en sus respectivos períodos históricos, todos han sido parte del inevitable proceso generado por la humanidad conducente a superar sistemas de explotación del hombre por el hombre, que han sido impuestos a través de los siglos por las siniestras fuerzas del egoísmo; de ese mundo de "propietarios" que ha generado brutales sistemas económicos fundamentados en la propiedad privada sobre los medios de producción, pasando de unos a otros según las fuerzas reivindicativas revolucionarias fueran liquidando unos, y siempre estableciendo un sistema superior y más justo partiendo de los remanentes de los sistemas derrotados.
Así se fueron sucediendo, unos tras otros, los sistemas feudales sobre
la esclavitud, y capitalista sobre los feudales.
Carlos Marx y Federico Engels, genios investigadores de todo lo relacionado
con la dialéctica de los sistemas económicos que a su vez generan
relaciones sociales al servicio de cada sistema; científicos que investigaron
las raíces del sistema capitalista y sus contradicciones antagónicas
irreconciliables y de cuyo seno se generan, además de sus elementos de
desintegración, las nuevas fórmulas socioeconómicas que
habrán de sustituirlo; estos dos genios, filósofos, economistas,
ideólogos revolucionarios que hicieron las formulaciones claramente definidas
como socialistas colocan, en manos de la clase productora que ha sido despojada
por el capitalismo de los medios de producción, todo el desarrollo de
nuevas normas económicas y de relaciones sociales orientadas hacia la
creación de sistemas de igualdad social. Son ésos los sistemas
sustitutivos de aquéllos que, como en el caso del capitalismo, llegan
a su tope evolutivo de desarrollo y se convierten en retranca para el progreso
de la humanidad generando desde sus propias relaciones las contradicciones y
condiciones para la instauración de un sistema superior, que es el socialismo.
Marx y Engels señalaron, igualmente, cómo los históricamente
explotados, se convierten en herederos de los nuevos postulados y formulaciones
orientadas hacia garantizar los fundamentales derechos humanos de todos los
pueblos, comenzando por el derecho a la salud, a la alimentación, a la
educación, a la vivienda decorosa, al trabajo, en fin, a todos aquellos
elementos que les dan verdadero contenido humano a los derechos de los pueblos.
En Nuestra América, desde tiempos inmemoriales, ha existido una estrecha
vinculación solidaria entre las fuerzas de avanzada involucradas en luchas
de resistencia y emancipadoras en el continente desde antes y después
de haberse creado las naciones latinoamericanas, al igual que durante todos
los períodos históricamente definidos desde la invasión
y conquista comenzada a finales del siglo XV por los europeos. Esas luchas han
formado parte de ese proceso milenario de superación humana; de la constante
búsqueda por los explotados y los desposeídos para lograr conquistas
reivindicativas de esos derechos e impulsadas en aras de mejorar la calidad
de vida y hacerla extensiva a todos y cada uno de los seres humanos. Han sido
luchas sociales que muy bien podrían ser identificadas como " socialistas",
aunque nunca se les coloque la etiqueta como tal.
Nos aventuramos a afirmar que la historia de la humanidad toda ha sido determinada
por los esfuerzos de los sectores explotados y desposeídos para superar
la criminalidad inherente a quienes han pretendido apropiarse del fruto de su
trabajo convirtiéndolo en fuente de enriquecimiento para beneficio propio.
Así el sistema esclavista de explotación, por su naturaleza antihumana y criminal, engendra sus propias bases autodestructivas que dan al traste con su modo de producción y crea las condiciones para la instauración del sistema feudal. Éste, a su vez, al atravesar por las luchas de los productores artesanales para mejorar su condición y contra las imposiciones y normativas impuestas por las monarquías feudales, va originando las bases de un capitalismo cuyas normas de explotación, con el transcurrir de los siglos y con los constantes adelantos tecnológicos, se hacen mucho más sofisticadas y a su vez más contradictorias.
El capitalismo no destruye la explotación y mucho menos la injusticia.
En el sistema capitalista la propiedad privada sobre los medios de producción
se lleva a cabo con mucha mayor rigurosidad; se amplían las fuentes de
explotación a nivel mundial y se generan contradicciones irreconciliablemente
antagónicas en las relaciones de producción y sociales, profundizando
la desigualdad y miseria en la población y en la humanidad.
Bolívar y el Socialismo
Podemos aseverar que el proceso revolucionario llevado a cabo por Simón
Bolívar desde principios del siglo XIX, entra, por su naturaleza de libertad
e independencia; por sus proyecciones de igualdad; por sus conceptos de la importancia
dada a la educación para todos los componentes del pueblo; por su interés
de garantizar alimentación para todos; por sus proyecciones unificadoras
y de libertad para todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe: como una
parte integral de esos procesos ascendentes y orientados hacia la conquista
de justicia social para la humanidad. Todas esas luchas, aunque así no
hayan sido identificadas, han constituido, desde la perspectiva que aquí
exponemos, un paso ascendente hacia el socialismo. A su vez, Bolívar
combatió en todos los frentes contra lo retrógrado y divisorio
para los pueblos que comenzaban a caer bajo las garras del sistema capitalista
de Estados Unidos. Eran los años en los que se iba cuajando esa nación
de Norteamérica en potencia imperialista, cuya pretensión era
establecer las bases para el control militar y económico de la América
toda. Ése era el proceso desarrollado por los más fuertes para
someter y explotar a los más débiles garantizando así la
supremacía del sistema capitalista y su culto a la propiedad privada
con todo lo que ello significa en inequidades, hambre, sufrimientos y muerte
para las grandes mayorías de desposeídos.
Uno de los procesos más importantes iniciado por las intensas luchas
bolivarianas, fue la solidaridad activa generada en todos los pueblos latinoamericanos
y del Caribe en torno a ese movimiento revolucionario. Los valores humanitarios
y libertarios impulsados por el General Simón Bolívar –antes de
que las ansias de poder y la insidia tomaran posesión de algunos de quienes
fueron importantes militares bajo su mando– fueron aquellos que penetraron en
las conciencias de los seres humanos más sanos que formaban parte del
ejército bolivariano. Los dos siglos que han pasado y que, igualmente,
han fijado la figura de Simón Bolívar en las conciencias de los
luchadores provenientes de todos los pueblos de Nuestra América, demuestran
su grandeza y el alcance de su obra. Bolívar ha sido materia de inspiración
para todas las generaciones de revolucionarios que le han dado continuidad a
su pensamiento a través de los siglos, al igual que para los mejores
poetas, pintores y cantores de las naciones latinoamericanas, naturalmente,
incluyendo a nuestro Puerto Rico, que ha sido prolífico en la exaltación
de su figura.
Las campañas libertarias llevadas a cabo por Bolívar generaron
una intensa solidaridad, pero nada puede ser tan claramente demostrativo de
esa solidaridad, como lo fue el proceso de luchas libertarias que fue cobrando
cuerpo de rebeldía desde finales del siglo XVIII en la enorme mayoría
de las naciones de Nuestra América, hasta convertirse en un sólido
movimiento organizado, con Bolívar y numerosos patriotas identificados
con la causa de la independencia a la cabeza.
Esa causa libertaria tocó los corazones de todos aquellos seres humanos
apegados a la gran verdad humana, con visión y desprendimiento y quienes,
habiendo nacido en los que ya eran territorios geográfica y políticamente
definidos, presentían la importancia histórica de, por lo menos,
sembrar la semilla de una América Latina y Caribeña encaminadas
hacia su conversión en una gran nación unificada por un ideal
de libertad y justicia social. Bolívar fue el gran estratega de ese ideal.
Si bien el proyecto bolivariano tenía como objetivo central la conquista
de la independencia, y desarrollar la unidad latinoamericana, sus objetivos
de justicia social fueron claramente demarcados en lo que fueron sus pronunciamientos
de Angostura al igual que en la Carta de Jamaica y otros documentos de fundamental
importancia estratégica que exponían, como parte de sus principales
objetivos, la unificación de todas las naciones latinoamericanas y caribeñas
y su conversión en Patria Grande. De esa manera, El Libertador era, además,
El Unificador. Al decir de nuestro querido Eugenio María de Hostos, El
ciudadano de América, refiriéndose al significado de la victoria
de Ayacucho:
Ayacucho es, pues, más que una gloria de estos pueblos, más que
un servicio hecho al progreso, más que un hecho resultante de otros hechos,
más que un derecho conquistado, más que una promesa hecha a la
historia y a los contemporáneos de que los vencedores en el campo de
batalla eran la civilización contra el quietismo, la justicia contra
la fuerza, la libertad contra la tiranía, la república contra
la monarquía; Ayacucho es un compromiso contraído por toda la
América que dejó de ser española en aquel día.1
Los fundamentos bolivarianos respecto a la justicia social proporcionaban grandes
esperanzas y aspiraciones en las fuerzas profundamente progresistas de todos
los pueblos latinoamericanos y del Caribe cuyas necesidades libertarias eran
cónsonas con dichos ideales. Las ideas de Bolívar fueron capaces
de captar la imaginación creadora y revolucionaria de los más
destacados seres humanos de aquellos tiempos.
Esas tendencias habrían de constituir la inspiración para las proyecciones unitarias de Nuestra América adoptadas posteriormente por Martí, Betances y muchos otros a finales del siglo XIX, al igual que por Fidel Castro y Hugo Rafael Chávez y todos los que comulgamos con dichos ideales en la actualidad.
Los postulados bolivarianos, tanto políticos como sociales, pasados
de generación en generación como línea de pensamiento estratégico
de lucha fundamentada en el conocimiento y la profundización de nuestra
historia, son comparables a los que ahora son expuestos por los revolucionarios
de actualidad mencionados, bajo el nombre de socialismo.
No se trata de un socialismo esquemático, ni dogmático, sino de
la aplicación de la metodología marxista para el establecimiento
de proyecciones revolucionarias, que no son otra cosa que el bienestar del pueblo,
la verdadera igualdad de derechos y todo lo comprendido por el concepto de justicia
social, naturalmente, partiendo de las contradicciones antagónicas existentes
en todo sistema socioeconómico y descritas por Carlos Marx.
Esas contradicciones, al ser estudiadas con profundidad científica,
nos permiten estar en condiciones de establecer un sólido análisis
de la realidad, llegar a conclusiones con mayor objetividad, y establecer estrategias
y tácticas de lucha cuyo contenido es orientado hacia la reorganización
del sistema de producción, de la propiedad y de la distribución
de los bienes elaborados por la sociedad trabajadora. Al actuar por el bienestar
social y en contra de la explotación del hombre por el hombre, se actúa
por el socialismo. De eso trata en buena parte la Revolución Bolivariana.
Los seguidores del ideario de Bolívar se podrían contar por los
miles en toda nuestra América a través de los años. Sin
embargo, podemos afirmar de manera categórica que no ha existido un solo
dirigente patriota en la lucha de los boricuas por la independencia a través
de todas las décadas que han seguido a la epopeya bolivariana y precedido
el momento actual, al igual que los más importante poetas y pintores
de generaciones pasadas y presentes, para quienes Bolívar no haya sido
fuente de inspiración, quizás con la misma profundidad que lo
ha sido en su país de origen: Venezuela.
La contribución de profundo carácter bolivariano de los puertorriqueños,
comenzando con el General Antonio Valero hasta la actualidad, ha sido una constante
en el quehacer histórico de todos los luchadores boricuas. Los paradigmas
de la lucha por la independencia y de la libertad del pueblo puertorriqueño,
si los colocamos de manera generacional en nuestra historia de lucha, han sido
los siguientes: General Antonio Valero nacido en Fajardo, Puerto Rico en el
año 1790 y fallecido en 1863; los hermanos Andrés y Juan Vizcarrondo,
que lucharon por nuestra independencia durante los años de 1835 hasta
fines de la década de 1860, y que operaron también desde Venezuela;
Ramón Emeterio Betances, Segundo Ruiz Belvis y Eugenio María de
Hostos, que lucharon desde la década de 1860 hasta el final de sus días.
Ruiz Belvis murió de manera misteriosa en Chile en 1867, Betances falleció
en 1898 y Hostos en 1903; José de Diego, quien ocupó el liderato
independentista durante las primeras dos décadas del siglo XX, hasta
su fallecimiento en 1918; Pedro Albizu Campos, líder profundamente relevante
que encabezaba la lucha patriótica desde finales de la década
de los veinte hasta pasada la insurrección nacionalista, el ataque a
la Casa Blair y el ataque al Congreso de Estados Unidos en la década
del cincuenta, fallecido en 1965; Juan Antonio Corretjer, Revolucionario Socialista,
poeta de reconocimiento internacional y Comandante Honorario del Ejército
Popular Boricua – MACHETEROS, que ejerciera su liderato desde la década
del 1960 hasta su fallecimiento en el 1985; y finalmente, el Ejército
Popular Boricua, actual continuador, entre otros, de las ideas promulgadas por
todos nuestro patriotas revolucionarios.
Es, a los efectos de establecer la trascendencia de estos grandes puertorriqueños
que habremos de exponer lo que fueron las ideas bolivarianas y libertarias de
cada uno durante todas esas décadas de luchas forjadoras de nuestra histórica
tradición, al igual que de los postulados del Ejército Popular
Boricua.
General Antonio Valero (1790 - 1863)
Nuestro Antonio Valero fue, además de uno de los libertadores de
México y del Perú, uno de los fundadores de la República
de Venezuela. Entre sus nombramientos se encuentran los siguientes: Comandante
en Jefe de la 2da. División del ejército colombiano enviada al
Perú para auxiliar a Bolívar; nombrado por Bolívar Jefe
de Estado Mayor de las líneas sitiadoras del Callao; Jefe de Estado Mayor
del ejército de Colombia; Comandante Militar de los Valles de Aragua;
Gobernador Militar de Puerto Cabello; Comandante de Armas de la provincia de
Caracas y Ministro de Guerra y Marina de Venezuela.
Durante toda su existencia fue uno de los más fieles generales al servicio de la causa bolivariana. Sobre todo, además de haber sido un general con efectividad en el campo de batalla, también lo fue como inamovible puntal de apoyo al General Bolívar durante parte importante de su epopeya: en la grandeza de sus victorias, al igual que durante los momentos difíciles al final de su vida, que lo sometieron a las peores vicisitudes e ignominiosas agresiones tan bien descritas por Gabriel García Márquez en su magistral obra: El general en su laberinto.
Aun cuando hubo momentos en los cuales, por insidia y envidia, a nuestro general
se le hicieron injustas acusaciones, la verdad se impuso y no titubeó
en su fidelidad ideológica a Bolívar hasta el día de su
muerte. Su dedicación, desempeño y acciones heroicas en la batalla
le merecieron condecoraciones como la medalla del Libertador, la medalla a los
sitiadores del Callao y la honrosa designación de un espacio en el Panteón
Nacional de Caracas, donde reposan los restos del Libertador y de los héroes
de la gran guerra unificadora de la Patria Grande y de Venezuela. Falleció
en el exilio, en Bogotá, esperanzado en regresar a sus queridas tierras
en el Estado de Aragua donde le esperaba ansiosa su familia. Sus restos nunca
han podido ser localizados para ser trasladados al Panteón Nacional donde,
para honor de los puertorriqueños, debe descansar.
Fue el primer héroe libertador puertorriqueño que, además
de luchar junto a Bolívar, hizo todo lo que estuvo a su alcance para
lograr la independencia de Puerto Rico. Valero se entrevista con Bolívar
en 1823 para solicitarle la liberación de Puerto Rico, la cual estaba
inherentemente ligada a la de Cuba, tanto así que es con un grupo de
cubanos que Valero acude a Bolívar. Valero prepara su Plan para la independencia
de Puerto Rico, el cual constaba de una parte política y otra militar.
En su parte política establece que el estado de Borinquen se constituirá
como dependiente de la República de Colombia.2 De Bolívar haber
vivido algunos años más, no nos cabe duda alguna de que lo hubiera
logrado. Esa semilla de profunda inspiración para todos los puertorriqueños
ha continuado germinando durante todos los períodos de convulsión
libertaria generados por nuestro pueblo patriota a través de su historia.
La continuidad del pensamiento libertario de Valero hacia Puerto Rico, que también
contaba con la participación en suelo puertorriqueño de María
de las Mercedes Barbudo, en cuya residencia se llevaban a cabo reuniones conspirativas
a favor de la lucha libertaria y unitaria desatada por Bolívar, cobró
vida unas décadas más tarde con los hermanos Andrés y Juan
Vizcarrondo.
Éstos levantaron nuevamente la bandera de la independencia durante las décadas de los años treinta y cuarenta del siglo XIX, dando seguimiento a esos pensamientos del Libertador y de nuestro pueblo en torno a la lucha por la independencia del pueblo puertorriqueño. Esa lucha libertaria tanto bolivariana como valeriana, ha sido pasada a todos los patriotas revolucionarios puertorriqueños generación tras generación hasta el presente, primero a los hermanos Vizcarrondo, luego a quien se convirtiera en el Padre de la Patria Puertorriqueña el Dr. Ramón Emeterio Betances, a Eugenio María de Hostos, y así históricamente continuada por José de Diego, Pedro Albizu Campos y Juan Antonio Corretjer.
En la actualidad los puertorriqueños contamos con numerosos hijos e
hijas que dan continuidad a esa tradición histórica de lucha impidiendo
que el pensamiento betancino sea destruido por proyectos reformistas. En nuestra
historia, aún desde los orígenes de nuestra lucha libertaria,
la tendencia reformista ha constituido un impedimento destructivo de esa tradición
e imperiosa necesidad de lucha enmarcada por esos valores ideológicos
que constituyen la salvación de nuestra patria y la conquista de nuestra
independencia, soberanía, y derechos como latinoamericanos.
Andrés Salvador y Juan Eugenio Vizcarrondo (1804
– 1897)
Durante la segunda mitad de la década del 1830, las Cortes españolas
privaron a los puertorriqueños de algunos beneficios reformistas logrados
a través de históricas luchas que tenían su raíz
en la guerra de emancipación al mando de Bolívar. Fueron cambios
generados en la propia España que, además de batirse durante décadas
debido a contradicciones internas, también confrontaba luchas libertarias
generadas en sus colonias americanas. Al retirar dichas reformas e imponer nuevamente
normas coloniales de mayor explotación y ausencia de libertades, los
hermanos Andrés Salvador y Juan Vizcarrondo Ortiz de Zárate, militares
de oficio, conjuntamente con Buenaventura Valentín Quiñones, contando
con "el respaldo de numerosos oficiales y soldados del Regimiento de Granada",3
y bajo la influencia ideológica de las luchas bolivarianas y valerianas
aún en proceso de difusión en toda Nuestra América, se
lanza lo que fuera denominado como La conspiración de los militares.
Los más importantes científicos de nuestra historia, como lo fue
nuestro gran historiador, Lidio Cruz Monclova, le confieren a dicho levantamiento
absoluta finalidad separatista. Aunque dicho esfuerzo fracasó debido
a una delación, la tendencia estaba diseminada a través de numerosas
regiones de nuestro territorio.
Alertados sobre la traición, los hermanos Vizcarrondo lograron escapar,
no así Buenaventura Quiñones al igual que un grupo de oficiales,
sargentos y soldados que fueron apresados y algunos sometidos a la pena capital
de garrote, otros fusilados y muchos encarcelados. Buenaventura Quiñones
fue asesinado en su celda en el Castillo del Morro; sus carceleros trataron
luego de hacer creer que se había suicidado, tal y como hicieron los
colonialistas yanquis con nuestro mártir de actualidad, Ángel
Rodríguez Cristóbal.4
El enlace continuador histórico queda relevantemente expuesto cuando
Ramón Emeterio Betances se refiere a Andrés Vizcarrondo como "el
primero de los precursores" y en otra ocasión como "el venerable
decano de los republicanos".5 Ese vínculo entre generaciones revolucionarias
y libertarias queda plenamente establecido cuando, en el 1865, las juntas separatistas
existentes en casi todos los pueblos de la Isla, le confían a Andrés
Vizcarrondo la organización de una expedición libertaria que habría
de partir desde Venezuela.
Dicha expedición no se llevó a cabo debido a lo que fuera la
enorme represión desatada tras el malogrado intento libertario en Lares,
el 23 de septiembre de 1868.
Dr. Ramón Emeterio Betances y Alacán
(1827 - 1898)
Ramón Emeterio Betances fue un patriota revolucionario integral consumado.
Su trayectoria patriótica puede ser trazada desde la década del
1840, hasta su fallecimiento en 1898. Nos dice el gran historiador puertorriqueño,
el Dr. Félix Ojeda, cuya vida ha dedicado casi en su totalidad a hacerle
justicia al Dr. Betances que: "El proyecto dirigido a enlazar en un curso
común a las islas del Caribe, trazado por el Doctor Betances entre 1848
y 1898, tiene profundas raíces en la épica bolivariana".6
Existen referencias que nos indican que durante las intensas luchas de la Revolución
de febrero de 1848, Betances era estudiante de medicina en la Universidad de
París.
Las luchas que se habían generado no sólo en París, sino en diversas capitales de Europa como consecuencia de las inmensas contradicciones producidas por lo que fuera la "Revolución Industrial" motivaron la participación solidaria de Betances. De igual manera, las mermas catastróficas en las cosechas agrícolas que tuvieron lugar a principios de esa década en toda Europa, crearon condiciones infrahumanas para todos los trabajadores generándose luchas muy intensas. Esas luchas contaban con la participación teórico-práctica de Carlos Marx y Federico Engels y se generaban comunas de completo contenido social. Betances, como estudiante, fue partícipe de esas luchas.
La influencia formativa generada en Betances a través de esas luchas
sociales y revolucionarias orientadas por consignas socialistas y comunistas,
fue muy intensa y permanente en su vida. Varios años después de
haberse proclamado la segunda República Francesa el 24 de febrero de
1848, Betances exclamaba:
…Yo soy también un viejo soldado de la República Francesa. En
1848 cumplí con mi deber. Cuando se trata de la libertad todos los pueblos
son solidarios…7
Betances regresó a nuestra patria en el año 1856 y de inmediato
se dedicó a actividades conspirativas, humanitarias y abolicionistas,
razón por la cual fue expulsado de su querida isla hacia tierras hermanas
de la República Dominicana, donde puso sus conocimientos profesionales
al servicio de ese hermano pueblo desde el año 1858. Es entonces cuando
el pueblo dominicano, habiendo perdido su soberanía a manos de los colonialistas
españoles, recomienza la lucha con lo que en la historia de la República
Dominicana es conocido como La Guerra de la Restauración. Betances apoya
de lleno esos patrióticos esfuerzos y por tal razón es expulsado
nuevamente, adoptando a Venezuela como residencia durante cinco meses para regresar
nuevamente a la República Dominicana al este pueblo triunfar nuevamente
sobre las fuerzas colonialistas de España.
Al regresar a nuestra patria, funda la Logia Masónica Yagüez estableciendo
una sólida base revolucionaria orientada hacia la organización
nacional de lo que el 23 de septiembre de 1868 fuera conocido como El Grito
de Lares, fecha que marca la consolidación de nuestra nación,
consagrando al Dr. Ramón Emeterio Betances ante el mundo como El Padre
de la Patria Puertorriqueña. En Lares se percibe un gran ejemplo de integración
latinoamericana con la participación de los hermanos Rojas Luzardo, venezolanos
por nacimiento, puertorriqueños por adopción. Manuel Rojas fue
el comandante en jefe de las fuerzas revolucionarias, quien junto a su hermano
Miguel eran miembros de la Junta Revolucionaria Centro Bravo Número 2.
También se destacan mujeres puertorriqueñas como Mariana Bracetti,
mejor conocida como Brazo de Oro, quien ayuda con energía y talento en
los planes revolucionarios8 y es conocida como la bordadora de la bandera revolucionaria
de Lares.
Betances fue un extraordinario revolucionario. Quizás nada lo exprese
mejor que sus propias palabras:
La Revolución Francesa de febrero de 1848 es la Revolución Cubana
de febrero de 1895 descendiendo de la misma madre, y si ellas no son enteramente
hermanas, son por lo menos primas hermanas. 9
Nuestro pueblo no logró triunfar militarmente en la insurrección
del 23 de septiembre de 1868. No obstante, Betances continuó la lucha
muy intensa promoviendo apoyo material y económico a favor del pueblo
cubano, al igual que su continuación en la conspiración revolucionaria
para promover nuestra lucha por la independencia de la Patria, creando en la
Isla una organización a la vez clandestina y de apoyo a la lucha cubana.
Al igual que José Martí fue el más emotivo promotor de
la Federación de las Antillas, y de la vinculación de nuestro
pueblo a Nuestra América. El destacado y querido Dr. José Ferrer
Canales, conocedor como pocos de la vida de Betances, Martí, Hostos,
y de nuestros patriotas más queridos de los pasados siglos, ha escrito
un maravilloso trabajo dedicado a Betances y a José Martí estableciendo
un paralelismo en lo que fue el pensamiento y práctica de ambos a fines
del siglo XIX. En el mismo cita a José Martí cuando éste
expresa:
Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país
y por mi deber... de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan
por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza sobre nuestras
tierras de América. Añade don José Ferrer Canales: "Las
Antillas libres salvarán la independencia de nuestra América",
es un leitmotiv martiano. Las tres islas antillanas, mayores, son, para él,
"tres tajos de un mismo corazón sangriento", y Cuba y Puerto
Rico, "islas complementarias..., dos tierras que son una sola dicha y un
solo corazón". Juntas, las islas de este archipiélago, sabemos,
se salvarán.
Ese antillanismo lo vive, lo encarna noble y apasionadamente también
Betances, quien fundará, como otros, en París, la Unión
Latinoamericana, y quien publicará artículos con el seudónimo
El Antillano.
Más adelante cita a Betances cuando éste expresa que los americanos
se encuentran en República Dominicana:
Ya están los americanos en Samaná… No puede figurarse el dolor
que me causa este hecho tan fatal para la realización del gran proyecto
de Confederación, que haría de todas nuestras islas una gran nación...
El destacado historiador Paul Estrade nos confirma la importancia que para Betances
tiene la República Dominicana como parte integral de la Confederación
Antillana. En carta a su amiga, la revolucionaria Lola Rodríguez de Tió,
Betances le expresa:
Salvar la República Dominicana de la garra yanqui e introducir en las
Antillas una industria que les dé prosperidad y por consiguiente deseos
de progreso, son empresas dignas de ocupar la vida del hombre.11
Las ideas bolivarianas eran parte de la inmensa formación político-ideológica
de Betances. Fueron muchos sus pronunciamientos exaltando no sólo la
importancia moral del Libertador de América, sino la importancia ideológica
y estratégica del pensamiento y lucha del General Simón Bolívar,
concepciones por él aplicadas en la formación de los revolucionarios
puertorriqueños.
Esa formación tenía su fundamento en la creación de la
Patria Grande que Martí llamaba Nuestra América, y que incluía
en su seno a las Antillas caribeñas. Enmarcado por esos conceptos desarrolló
la propuesta para la creación de la Federación Antillana. Tanto
José Martí, como Antonio Maceo, Máximo Gómez, Gregorio
Luperón y muchos otros destacados patriotas caribeños estaban
vinculados a esa idea y la apoyaban, aunque no pudo llevarse a efecto debido
a la intervención del emergente imperialismo yanqui en nuestras islas.
Paralelamente a Betances, surgía como gran pensador, filósofo
y educador el puertorriqueño Eugenio María de Hostos, también
admirador de las ideas bolivarianas, y de total adhesión a los conceptos
betancinos orientados hacia la creación de la Confederación de
las Antillas.
Eugenio María de Hostos (1839 -1903)
Hostos fue un extraordinario ser humano que llevaba en su corazón
no sólo la libertad de nuestro terruño, sino también un
ideario de fecundos sentimientos de humanismo revolucionario. Sus tendencias
y proyecciones estaban centradas en garantizar los derechos humanos de todo
hombre y mujer no únicamente puertorriqueños, sino de Nuestra
América toda. Dedicó gran parte de su vida a establecer sistemas
de enseñanza en diversas naciones hermanas y de manera muy particular
en República Dominicana, donde reposan sus restos. Profesaba, en unión
a Betances y Martí, la unificación de las Antillas en una confederación
y, naturalmente, la independencia de Puerto Rico como antesala a la Confederación
de las Antillas.
Hostos fue el intelectual puertorriqueño multifacético de mayor
relevancia en la época que le tocó vivir y de mucho reconocimiento
en toda América Latina. Su obra fue muy extensa y abarcadora. Fue un
excelente escritor y crítico literario –como quedó demostrado
a través de sus muy reconocidas críticas a la obra Hamlet de Shakespeare,
al igual que a la del poeta cubano Plácido–.
Su identificación ideológica, y sus esfuerzos educativos siempre
estuvieron orientados por su interés de hacer extensiva la enseñanza
a la población general de todas las naciones en las cuales sus servicios
pedagógicos fueron requeridos, Para ello diseñó sistemas,
escribió obras como Moral Social, y dedicó muchos esfuerzos para
favorecer y defender los derechos de la mujer. Su identificación con
la causa de la independencia para Puerto Rico constituyó un objetivo
a través de su vida y, sobre todo, fue un gran amigo y admirador de José
Martí, de Ramón Emeterio Betances, y en unión a ellos,
propulsor de la Federación de las Antillas.
Hostos colaboró con numerosas naciones de Nuestra América, y fue
un profundo conocedor del pensamiento y la vida del General Simón Bolívar.
Como fuera explicado por el Señor Vinicio Romero, Cónsul de Venezuela
en Puerto Rico, en una actividad conmemorativa del natalicio de Eugenio María
de Hostos, en la ciudad de Mayagüez, el pasado mes de enero de 2005:
La idea de federación de Hostos es bolivariana.
En 1874 Hostos dice: "El tiempo de la federación de las provincias
españolas entre sí ha llegado, el tiempo de la federación
de las Antillas con España ha pasado. España es Europa. Las Antillas
son América. América y Europa, dentro del destino común
de la humanidad, tienen fines diversos".
Y aquí viene una predicción: "Fedérense los europeos
para cumplir los (fines) suyos; federémonos los americanos para cumplir
los nuestros". 12
Estas ideas expresadas por Hostos, al igual que sus maravillosos escritos referentes
a Bolívar y de manera muy particular su escrito titulado Ayacucho dejan
meridianamente claro su adhesión a lo que ha sido un pensamiento revolucionario
que ha sido capaz de mantenerse vigente a través de todas las generaciones
de patriotas puertorriqueños. La tradición bolivariana fue recogida
varios años después por el patriota puertorriqueño que
mantuvo viva la lucha y la defensa de nuestra cultura y, admirador de Betances
y de Hostos, al igual que de Bolívar, como una concepción fundamental
para así mantener viva la idea de la libertad de nuestra patria: José
de Diego.
José de Diego (1866 - 1918)
El antillanismo en José de Diego, que es la extensión de las
ideas bolivarianas en el Caribe, ha sido expresado, no sólo en su obra
política, sino también en su obra poética. Esas expresiones
no pueden ser separadas de lo que fue su labor libertaria que, a su vez, constituía
una sólida voz denunciatoria del colonialismo, especialmente en el período
de su radicalización durante los últimos años de su vida.
Ante la debilidad y temores del pueblo boricua, debilidad que fue premeditadamente
proyectada por el gobierno de Estados Unidos, y ante la carencia de un liderato
que estuviera en capacidad de organizar al pueblo y levantar su espíritu
de lucha libertaria, José de Diego, al igual que Rosendo Matienzo Cintrón
y otros, asumió su rol como continuador ideológico de la lucha
patriótica cuyos antecesores fundamentales fueron Betances y Hostos.
Su liderato puede considerarse uno de transición que pudo garantizar
la supervivencia de las concepciones de independencia de la generación
que lo precedió. Su condición de clase no le permitió comprender
la naturaleza de la inhumana explotación a que los trabajadores puertorriqueños
eran sometidos, pero no perdió de vista la importancia de la nacionalidad,
de la puertorriqueñidad y de los valores culturales a cuya defensa dedicó
sus esfuerzos, particularmente durante los últimos años de su
existencia.
El peligro de genocidio cultural que se intentaba institucionalizar por los
colonialistas yanquis, fue enfrentado por de Diego con su férrea defensa
de la cultura puertorriqueña, de nuestro idioma y de nuestros valores
idiosincrásicos. Supo ejercer un fuerte liderato político orientado
por las ideas betancinas y martianas al fomentar la independencia y la unidad
antillanas. Ante ello, tomaba como línea de defensa fundamental para
los puertorriqueños la masificación de la educación. Nada
mejor para demostrar esos valores bolivarianos y betancinos, que sus propias
palabras, tanto poética como políticamente:
Cosas prácticas, cosas de realidad que irán concibiendo y encaminando
el ensueño magnífico de Martí, Gómez, Hostos y Betances;
irradiación que vive en mis ojos y contemplo en todas partes…
¡Bandera cubana! ¡Lábaro dominicano! ¡Estandarte puertorriqueño!
¡Rosas de las Antillas! ¡Constelación naciente del divino ideal!13
Políticamente, daba continuidad a esa aspiración antillana lanzada
por Betances, Martí, Luperón, Gómez y tantos otros patriotas
de aquella trascendental generación que promovían, como hoy ha
sido retomado por el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela,
Hugo Chávez Frías, al igual que por el Presidente de la República
(Martiana) de Cuba, Fidel Castro Ruz, la unidad latinoamericana y antillana.
Ya a finales de 1915, José de Diego en unión a otros antillanos,
fundó la Unión Antillana. Ferrer Canales cita la Base Primera
del Primer Título:
–Constitúyese la "Unión Antillana" con el carácter
de una institución favorecedora del estrechamiento de relaciones entre
las Islas del Mar Caribe, principalmente de aquéllas unidas por su origen
étnico y por la comunidad de su historia, con el propósito de
sostener la plena soberanía y de fortalecer la dignidad, la libertad
y la felicidad de los pueblos antillanos, en un amplio horizonte que alcance
el supremo ideal de su futura confederación política. 14
Las ideas revolucionarias comenzadas con Valero fueron consecuentemente continuadas
por los hermanos Vizcarrondo, por Betances, Hostos, Ruiz Belvis y muchos otros.
José de Diego mantuvo viva la bandera de la confederación y unidad
latinoamericanas y es en la figura de quien fuera uno de los más grandes
patriotas representativos de las ansias libertarias del pueblo puertorriqueño,
Pedro Albizu Campos, que se solidifica el pensamiento revolucionario de nuestros
héroes.
Pedro Albizu Campos (1891 - 1965)
Pedro Albizu Campos es el máximo exponente de la lucha de los puertorriqueños
por su libertad durante de siglo XX. Recogió con profunda fidelidad el
pensamiento revolucionario histórico que no es otra cosa que la tradición
de lucha de nuestro pueblo. Igualmente, supo interpretar y llevar a la práctica
el legado de los postulados bolivarianos que orientaban hacia la unidad latinoamericana
y caribeña, ideas que formaban parte de los objetivos patrióticos
ya traducidos en práctica por las generaciones de Betances y de Diego.
No podemos afirmar que Pedro Albizu Campos fuera un marxista de formación.
No lo fue. Fue nacionalista revolucionario, cuya trayectoria patriótica,
sin lugar a dudas, estuvo enmarcada por tendencias claramente marxistas y socialistas,
sin autoproclamarse como tal. Él no fue marxista, fundamentalmente, debido
a su profunda fe religiosa la cual concibió como parte de la resistencia
cultural al proceso de desculturización instigado por la invasión
norteamericana de 1898. No aceptaba las tendencias ateas propulsadas por el
marxismo dogmático que ha existido durante muchas décadas.
Sin embargo, su práctica libertaria fue de recio contenido revolucionario,
y varios de sus principales colaboradores fueron, como Juan Antonio Corretjer,
personas de clara identificación ideológica marxista. Demás
está decir que fue apoyado militantemente por los marxistas organizados
en la patria y, sobre todo, en los momentos de mayor represión durante
las décadas de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado,
por el Partido Comunista de Estados Unidos.
El marxismo, filosóficamente, rechaza la existencia de Dios. No obstante,
por su propia esencia científica para analizar los sistemas socioeconómicos
y políticos, no puede rechazar los procesos revolucionarios y lo que
para esos procesos significan las luchas libertarias. Las luchas por la justicia
social y la igualdad constituyen objetivos de las normas socialistas; han sido
tendencias que han determinado el progreso humano, y por ende, parte integral
de la metodología marxista de análisis. ¿Podemos acaso negar la
enorme importancia que para las luchas de justicia social y libertaria de los
pueblos tienen las formulaciones enmarcadas por la Teología de Liberación,
o por las luchas de los indígenas por sus derechos, como es la representada
en la actualidad por el revolucionario y socialista boliviano Evo Morales? Eso
sí sería antimarxista.
Pedro Albizu Campos fue un nacionalista revolucionario creyente, y, sobre
todo, totalmente comprometido con toda reivindicación social y de avanzada
en favor de los trabajadores y de todo el pueblo puertorriqueño, comenzando
con su indiscutible compromiso con la independencia de la patria y con la unidad
de todas las naciones caribeñas y latinoamericanas, fiel a la tradición
histórica de todos nuestro próceres y mártires.
Nuestros más objetivos y respetados historiadores coinciden en esa valorización
histórica respecto a Pedro Albizu Campos. Nos dice la historiadora Marisa
Rosado:
Para Albizu tenía prioridad, sobre cualquier otra consideración,
la conservación de las cualidades de excelencia de la personalidad puertorriqueña
en sus múltiples facetas: aprecio por las gestas de hombres y mujeres
de valía, el idioma, las costumbres, la unidad del pueblo, la educación
desde el punto de vista nacional, el antirracismo [sic], el respeto a la mujer,
la capacitación del país para gobernarse y dirigir su destino
hacia lo que le conviene en su desarrollo como nación caribeña
y latinoamericana y el orgullo de ser poseedor de una de las culturas más
homogéneas, en comparación, claro está, con la cultura
anglosajona.15
Igualmente, nos señala:
Albizu expuso desde sus primeros pasos en la política la tesis de que
la independencia de Puerto Rico era una necesidad de la lucha antimperrialista
[sic] iberoamericana y antillana. Llamó a estudiar la penetración
norteamericana en el continente según ésta se manifestaba, a través
de las intervenciones militares, económicas, culturales y religiosas.16
De igual importancia son las ideas expuestas por el Profesor José Manuel
Torres Santiago, quien se ha destacado por sus importantes investigaciones relacionadas
con la vida de Albizu:
No hay duda de que el pensamiento anticolonial y antimperrialista [sic] de Albizu
Campos no sólo sigue vivo en las condiciones políticas vigentes
en Puerto Rico sino también en las del Caribe y la América Latina.
Su denuncia anticolonial y antimperrialista [sic] fue visionaria. … De ahí
que también denunciara vehementemente las pretensiones de Estados Unidos
de "adueñarse de las Antillas, convertir el Caribe en un lago yanqui,
y así ejercer una influencia estratégica sobre México,
Centro y Sur América", la política de colonización
y neocolonización de las repúblicas latinas con el pretexto de
defenderse de la agresión foránea; y la penetración cultural.17
El 23 de septiembre de 1933, Pedro Albizu Campos dejaba muy claro su pensamiento
estratégico de lucha: dar continuación a las ideas de Betances,
Martí, Máximo Gómez y Hostos, entre otros. Tenía
como fundamento los valores y objetivos establecidos por Simón Bolívar
con relación a América Latina, la cual veía como una gran
nación y Patria Grande, al decir del Presidente Hugo Chávez Frías
en la actualidad. Para Albizu Campos, "Lares es la repercusión bolivariana
de Ayacucho en las Antillas".
Junto al deber y al derecho a rendir homenaje a los mártires de Lares,
tenemos el de rendir homenaje a la memoria del Libertador. Él pensó
en hacer con su espada forjadora de pueblos, la independencia de Cuba y Puerto
Rico… Pero entonces intervino Estados Unidos ofreciendo su flota a España
para que retuviese sus provincias antillanas. Así interrumpió
el imperio yanqui el plan libertador de Bolívar.18
Albizu retomó y actualizó no sólo el pensamiento bolivariano
articulado por Betances, sino también las ideas, concepciones y práctica
de lucha armada que han dado cuerpo a nuestra tradición de lucha libertaria.
Ya la historia en todo el mundo había demostrado que las colonias no
logran su libertad debido a una inexistente "generosidad" de las metrópolis,
sino gracias a la lucha más decidida generada por los pueblos en aras
de la conquista de sus derechos usurpados. Betances nunca formó parte
del reformismo conciliador que tanto daño le ha hecho al proceso de lucha
libertaria de los puertorriqueños. Por el contrario, combatió
sin tregua dicha tendencia y al fallecer dejó plasmada su concepción
patriótica y revolucionaria al expresar: "¿Qué hacen los
puertorriqueños que no se rebelan?".
El nacionalismo revolucionario puertorriqueño ha dado ejemplos de hermoso
heroísmo al mundo. Hombres y mujeres, bajo esa bandera albizuista y siguiendo
los postulados de lucha patriótica y por la justicia social, actuaron
con valor incomparable al atacar directamente la guarida del monstruo. Rafael
Cancel Miranda, Oscar Collazo, Andrés Figueroa Cordero, Irvin Flores,
Lolita Lebrón, Griselio Torresola y centenares de hombres y mujeres ofrecieron
sus vidas en aras de esos ideales betancinos y albizuistas, profundizando esa
tradición de lucha y regando con su sangre la semilla germinada de todos
los revolucionarios, tanto de esa gloriosa generación, al igual que de
los que hemos continuado por ese camino señalado.
En ese proceso de gloriosa lucha de los puertorriqueños encabezada por
Pedro Albizu Campos, surgió de sus propias filas el continuador inmediato
de la misma: Juan Antonio Corretjer.
Juan Antonio Corretjer Montes (1908 - 1985)
Juan Antonio Corretjer fue un ser humano extraordinario: siendo nacionalista,
era bolivariano, siendo bolivariano, era socialista, siendo socialista era marxista,
siendo marxista era un revolucionario, y siendo revolucionario, era poeta. Fue
ideólogo y maestro, organizador unitario y de práctica consecuente,
sin oportunismos, con principios irrefutables y profusos de amor hacia su pueblo
y hacia la humanidad toda.
Su entendimiento de lo que era un nacionalismo revolucionario lo llevó
a militar desde muy joven en las filas del Partido Nacionalista dirigido por
Pedro Albizu Campos. Su obra poética hoy llega no sólo a los puertorriqueños,
sino a toda la América Nuestra.
Su obra política aún llena los corazones de todos quienes lo
conocimos y compartíamos sus sueños. Después de lo que
fuera la intensa represión a que fuera sometido el Partido Nacionalista
durante las décadas de 1930 al 1950, y luego de compartir cárcel
con quien es conocido en Puerto Rico como El Maestro, Pedro Albizu Campos, una
vez El Maestro fuera encarcelado y torturado, Juan Antonio comienza a desarrollar
los fundamentos para la creación de lo que fue la Liga Socialista Puertorriqueña.
La cultura política de Juan Antonio marcha a la par con su gigantesca
cultura literaria y en todas las artes. Su sensibilidad humana la pudo proyectar
a través de su sensibilidad poética y política, como genuino
revolucionario. Su guía, su orientación, su vida, siempre fue
canalizada por ideas fijas, inquebrantables en su alma, infranqueables en su
concepción que siempre fue, aunque la más difícil de llevar
a cabo, la más honesta, directa y valiente. Era incorruptible.
El 22 de mayo de 1935, tras Albizu haber enviado a Juan Antonio como delegado
a Cuba para gestionar apoyo a la causa libertaria del nacionalismo y del pueblo
puertorriqueño, y por razón de Corretjer haber sido arrestado
y encarcelado en el Castillo del Príncipe, Albizu escribe al entonces
Presidente de la República de Cuba, el señor Carlos Mendieta,
solicitando la excarcelación del patriota puertorriqueño. Al dirigirse
a Mendieta, que era en realidad un incondicional del dictador Fulgencio Batista,
Albizu le recuerda los sacrificios de los puertorriqueños durante las
diversas guerras llevadas a cabo por el hermano pueblo para lograr su independencia:
... El juramento que juntó para la eternidad a Martí y de Hostos,
Maceo y Rius Rivera, Estrada Palma y Betances, está por cumplirse por
los cubanos, quienes saben que Puerto Rico pagó con su esclavitud el
precio de la independencia de Cuba. Más de dos mil puertorriqueños
murieron en los campos de batalla de Cuba para fundar esa República.
Sabemos que los cubanos quieren hacer válido aquel juramento ante su
posteridad y nos hemos apresurado a enviar ante ellos a un hombre que representa
las vinculaciones inviolables entre las dos naciones antillanas. 19
Sin lugar a dudas, la concepción de unidad caribeña y latinoamericana
continuaba sin tregua como responsabilidad históricamente legada por
nuestra tradición libertaria y revolucionaria. Albizu enviaba a Corretjer
a Cuba para estrechar esos vínculos y procurar que unas promesas que
consideraba indisolubles, fueran cumplidas por parte de quienes tenían
la obligación de hacerlo. En ésos momentos, los que gobernaban
a Cuba no representaban esos compromisos, pero sí quienes combatían
a esos que ya habían vendido su alma al monstruo norteño. Pero
Albizu sí estaba inmerso en el compromiso contraído y sellado
con sangre por patriotas boricuas en la manigua cubana.
Los cubanos más solidarios de entonces eran, sin lugar a dudas, socialistas,
marxistas muy definidos y comprometidos. Esa oposición compuesta por
revolucionarios e intelectuales de enorme valía, entre ellos Antonio
Guiteras, Juan Marinello, Blas Roca, Pablo de la Torriente Brau, Emilio Roig
de Leuchsenring, Nicolás Guillén y decenas de revolucionarios
cubanos que también amaban a Puerto Rico, era la que apoyaba a Corretjer
cumpliendo el compromiso reclamado por Pedro Albizu Campos. Allí también
se fue consolidando en nuestro Corretjer un pensamiento altamente progresista
que lo condujo hacia la definición de un nacionalismo revolucionario
en oposición al nacionalismo chauvinista y reaccionario que caracteriza
a las burguesías nacionales.
El nacionalismo revolucionario albizuista de Corretjer es el nacionalismo de
todos los patriotas puertorriqueños de la actualidad. Es el nacionalismo
de la puertorriqueñidad.
Corretjer mantuvo durante toda su vida el compromiso fundamental de dos aspectos
de una misma lucha: la independencia nacional para la nación puertorriqueña,
y la instauración de un sistema social fundamentado en la justicia, en
la igualdad, y en los medios de producción en manos de quienes producen,
o sea, un sistema político y social ideológicamente y estructuralmente
socialista.
Pero Corretjer, sobre todo, fue un ser humano de profunda cultura y conocimientos
de la teoría marxista y revolucionaria. Tal y como su práctica
ha demostrado, sus conocimientos de la historia de nuestra nación, del
Caribe y de Nuestra América, fueron en todos sus aspectos, muy profundos.
Por tal razón supo conjugar de manera dialéctica todos los elementos
de la realidad nacional y reconocer el marco internacional en el cual nuestra
lucha se desarrolla. Con su profunda sensibilidad supo valorar la trascendencia
histórica de Simón Bolívar, de sus valores ideológicos
y sus objetivos políticos de unidad latinoamericana y caribeña.
Quizás nada lo demuestre con tanto refinamiento intelectual como la siguiente
poesía:
El tiempo no acaba
"Un tiempo que nunca acaba.
150 años se harán miles de siglos.
Y el corcel iluminará con sus chispas piafantes
sobre la piedra inmemorial
el mañana sin fin, nutrirá el sol que no se pone.
Brota la libertad en donde pisa.
Mil Orinocos se multiplicarán por mil,
por millones y millones. Romperán todas
las fluviales computadoras. Las aguas
quedarán lisas y claras pulidas por
el galope incesante.
Como una suave rampa de espuma y terciopelo
será para su paso de potro audaz el bárbaro
Raudal de Santa Bárbara.
Todo quedará nuevo, reluciente.
Jamás habrá noche porque sus ojos miran.
América y el mundo brillarán
porque reflejan aquel fulgor
que eternamente habla
con delirante luz
en Chimborazo romántico.
Ayacucho se llamará Chipote.
Junín se llamará Stalingrado.
Vietnam se llamará Bolívar.
Bajo el jinete de esmeralda
el caballo con alas volará de siglo en siglo,
de Ayacucho en Ayacucho,
de Chipote en Chipote,
de Junín en Junín,
de Vietnam en Bolívar,
de Bolívar en Bolívar.
Y nuevas libertades brotarán como yerbas
dondequiera que el caballo llanero ponga
sus mágicos cascos sembradores.
Porque el tiempo del pueblo nunca acaba.
El pueblo nunca acaba.
El bravo pueblo nunca acaba.
Porque el tiempo Ayacucho nunca acaba.
Si terminara todo acabaría.
No tendríamos sentido de proporción.
Seríamos muy desgraciados.
Ignoraríamos que la libertad crece y crece.
Porque hay un tiempo infinito.
El tiempo triunfador.
Tiempo Bolívar que no acaba."20
El legado de Juan Antonio Corretjer, su armonización revolucionaria
entre nación, patria, pueblo, justicia social, socialismo, es tan grande
como lo es su poesía. Su corazón era pueblo, humanidad. Entre
el Juan Antonio revolucionario y el Juan Antonio poeta no existe contradicción
o prioridad; ambos marcharon paralelamente hacia la conquista del ideal simbiótico
que para él lo fue: patria libre y soberana, patria justa y socialista.
Se complementaban.
Juan Antonio desarrolló una intensa lucha ideológica para hacerles
frente a las tendencias reformistas aplicadas por algunos sectores independentistas,
al igual que a aquellos que participaban en el proceso electoral colonial el
cual él consideraba les hacía el juego a los enemigos de nuestro
pueblo. Reclamó como un derecho legítimo de los revolucionarios
el recurrir a la lucha armada como medio para lograr nuestra independencia.
Fue bolivariano activo. Nada mejor que, además de su obra poética,
sus concepciones políticas y sobre todo, sus análisis e interpretaciones
históricas. Si algo refleja esta tendencia bolivariana que fue expuesta
en decenas de documentos y poesías, son las palabras que, refiriéndose
a Albizu Campos escribiera en el año 1963:
Cuatro puntos fundamentales dan base a la orientación antillanista del
líder de la independencia de Puerto Rico Pedro Albizu Campos: (1) independencia
de Puerto Rico; (2) Confederación Antillana; (3) Unión Latinoamericana;
(4) Hegemonía espiritual de las naciones latinoamericanas. Es su trabajo
sobre el segundo el que tratamos en esta nota.
En vísperas de su viaje por las Antillas en 1927, Albizu Campos dice
a Luis Antonio Miranda: —"El archipiélago antillano ocupa una posición
privilegiada en la geografía mundial. Se hace imprescindible arrojar
de sus territorios a Estados Unidos y consolidarlos bajo una confederación
con suficiente poder naval para resistir cualquier revancha. Porque no me cabe
duda de la decisión que habría de tener cualquier guerra (en el
Caribe). Esto no terminará hasta reducir a la impotencia al imperialismo
norteamericano.21
Estas palabras las escribe Juan Antonio poco antes del fallecimiento de nuestro
Albizu. Las mismas denotan, además del pensamiento bolivariano de Albizu,
la profunda convicción propia que como legado histórico reforzó
con su práctica revolucionaria y supo pasar a las generaciones revolucionarias
quienes, como Los Macheteros, recogemos el estandarte de todas esas ideas revolucionarias
y las ejecutamos consecuentemente en aras de nuestra libertad, de la justicia
social y de la igualdad.
A Juan Antonio, aún siendo Secretario General de la Liga Socialista Puertorriqueña,
organización que siempre estuvo hermanada al Ejército Popular
Boricua - MACHETEROS, le fue otorgado el rango de Comandante Honorario de Los
Macheteros. Nos hemos sentido muy honrados por la aceptación públicamente
expresada por Juan Antonio al momento de recibir nuestro nombramiento.
Ejército Popular Boricua
– MACHETEROS (década de 1970 – al presente)
Desde el momento en que el Coronel Hugo Chávez Frías fue elegido
a la presidencia del gobierno de Venezuela en el año 1998, y comenzara
lo que ha sido su clara política de integración latinoamericana
y caribeña, nuevos espacios y esperanzas se han abierto para todas nuestras
naciones y pueblos al igual que para los que, en Puerto Rico, aún luchamos
por una patria libre y una hermandad caribeña y latinoamericana fiel
al pensamiento de nuestros más destacados próceres revolucionarios.
El sueño betancino, martiano y de tantos otros próceres caribeños,
sin embargo, tiene que ser precedido por lo que es una precisa e imprescindible
conquista para poder marchar en esa dirección: la independencia de la
nación puertorriqueña y el ejercicio de total soberanía
del pueblo boricua sobre su destino.
El Ejército Popular Boricua – MACHETEROS, durante décadas, ha
luchado por la independencia de nuestra patria dando fiel seguimiento a esa
tradición de lucha que, como ya hemos expresado, es el legado y continuidad
histórica de todos los grandes revolucionarios boricuas que durante siglos
nos han precedido.
El colonialismo yanqui, la total ausencia de soberanía, y la existencia
de una burguesía compradora y lumpen que está en dependencia de
la metrópoli colonial, constituyen los elementos básicos que los
puertorriqueños tenemos que derrotar. Los objetivos de la aplicación
de las políticas coloniales con relación a la economía
nacional puertorriqueña, la educación, y de control sobre todos
los medios de comunicación, les ha permitido, además de apoderarse
criminalmente de todo lo que nuestro pueblo es capaz de producir, aplicar políticas
destructivas de todo sentido de puertorriqueñidad, y de manera muy particular,
afectar la psiquis de los puertorriqueños creando inseguridad tanto individual
como colectiva en nuestra población. Si alguna nación del mundo
pudiera servir como comprobación de las teorías de Frantz Fanon,
ése lo es nuestro pueblo. Decía Fanon:
El colono hace la historia y sabe que la hace. Y como se refiere constantemente
a la historia de la metrópoli, indica claramente que está aquí
como prolongación de esa metrópoli. La historia que escribe no
es, pues, la historia del país al que despoja, sino la historia de su
nación en tanto que ésta piratea, viola y hambrea. La inmovilidad
a que está condenado el colonizado no puede ser impugnada sino cuando
el colonizado decide poner término a la historia de la colonización,
a la historia del pillaje, para hacer existir la historia de la nación,
la historia de la descolonización. 22
Las explicaciones de Fanon están orientadas a demostrar lo que es la
violencia del colonizado como fuerza liberadora; violencia que, en ocasiones,
ha sido llevada a cabo sin contemplaciones ni remordimientos por los pueblos
colonizados que así se han expresado, tanto en África como en
América. El imperialismo colonialista norteamericano, por su aplicación
de políticas genocidas y destructivas de la personalidad de pueblo de
los puertorriqueños, al día de hoy ha logrado crear a un puertorriqueño
con una profunda dosis de violencia reprimida cuya explosión, al darse,
sería completamente incontenible.
Nuestro pueblo no es diferente a ningún otro pueblo del mundo. La reacción
de otros pueblos, si fueran sometidos a condiciones similares a las nuestras,
habrían de ser las mismas que los puertorriqueños demostramos.
Sin embargo, las condiciones aplicadas por los colonialistas yanquis en Puerto
Rico han sido muy diferentes a lo que ha sido la experiencia de explotación
en la casi totalidad de naciones coloniales que han existido.
En nuestro país, el objetivo ha sido, por un lado, lograr la desaparición
de la resistencia mediante la aplicación de políticas orientadas
hacia el genocidio cultural, que es sinónimo de la destrucción
de la personalidad del pueblo puertorriqueño como tal, y por el otro,
crear un estado total de dependencia económica y psicológica para,
dadas las circunstancias, poder sobrevivir.
El comienzo de dicha política genocida fue en el momento en el cual los
colonialistas yanquis demostraron su enorme poderío militar, aplicando
una política puramente terrorista orientada hacia la intimidación
más brutal de nuestra población. Esa fue una invasión ejecutada
en contra de un pueblo que ya tenía arraigada las tendencias coloniales
en su conciencia, gracias a casi 400 años de colonialismo español
y, por ende, todos los padecimientos inherentes a los pueblos sometidos a la
barbarie del colonialismo, particularmente cuando su población indígena
fuera totalmente eliminada.
Todas las políticas yanquis impuestas por la fuerza sobre nuestro pueblo
llevaban esa línea de orientación genocida. Es por eso que, además
de destruir toda la economía boricua tendiente a lograr una autosuficiencia
para la supervivencia y, en su lugar, institucionalizar una economía
totalmente dependiente y en manos de los capitalistas yanquis, hicieron todo
lo posible por destruir nuestras raíces culturales imponiendo una educación
orientada hacia la eliminación del idioma español y su suplantación
por el inglés.
Eliminaron e imposibilitaron la enseñanza de nuestra verdadera historia,
que contenía sólidos ejemplos de orientación libertaria,
y la sustituyeron con la historia de Estados Unidos al igual que la introducción
forzada y metódica de las costumbres y los estilos de vida pertenecientes
al pueblo de Estados Unidos. Aplicaron una política de emigración
forzada, ya desde principios del siglo XX, política que condujo a miles
de boricuas no sólo hacia el territorio de la metrópoli para hacer
los trabajos más duros y menos remunerados, sino también a lugares
tan distantes como Hawai e Islas Filipinas. Eliminaron todos los mecanismos
de gobierno que, con la autonomía lograda por los puertorriqueños
poco antes de su invasión, colocaba en manos puertorriqueñas importantes
renglones de la administración militar del país, para imponer
una copia colonial de los mecanismos de gobierno yanquis, bajo la fachada de
democracia.
El terror, constantemente ejecutado mediante políticas represivas cuyos
propósitos han sido los de impedir y eliminar toda tendencia libertaria
de nuestra nación y de verdadera justicia social, ha sido una constante
desde el mismo momento en que invadieron nuestro suelo, hasta el presente.
El hecho de implantar en la conciencia y subconciencia de los puertorriqueños
la idea de que sin los yanquis todos nos moriríamos de hambre es terrorismo
psicológico cuya ejecución fue premeditadamente planificada; terrorismo
es el infundir miedo a ser reprimido y encarcelado por el mero hecho de ser
poseedor de una bandera puertorriqueña en tu hogar; terrorismo es el
desarraigar a los puertorriqueños de lo que es su esencia como seres
humanos, de su historia, de la hermandad de quienes como tú comparten
tu entorno geográfico e historia común; terrorismo es el obligar
a los niños a estudiar en un idioma extraño, y a su vez humillar
a quienes rechazaban esa criminal tendencia; terrorismo es obligar a una juventud
puertorriqueña a pelear en guerras contra pueblos inocentes que ningún
daño han hecho a los puertorriqueños; terrorismo es controlar
y decidir sobre quién entra o no a Puerto Rico, la imposición
de una Corte Federal que se impone sobre la local, decidir quién puede
o no establecer una estación radial o televisiva, o prensa y, a su vez
definir su contenido; terrorismo es convertir a nuestro pueblo en conejillo
de Indias para experimentar con medicamentos cuyos efectos son desconocidos,
lanzar sobre nuestras montañas agentes químicos, como el agente
naranja, para luego utilizarlos contra otros pueblos indefensos; terrorismo
es convertir a nuestra isla de Vieques en un centro de entrenamiento para la
Marina de Guerra yanqui y utilizarla como polígono de tiro al blanco
sin tomar en consideración a nuestra población allí residente.
La lista sobre acciones terroristas cometidas contra nuestro pueblo es interminable.
Todas han tenido un efecto extremadamente nocivo sobre la calidad de vida de
los puertorriqueños, y muy particularmente, con relación a los
daños psicológicos. Es por eso que la cifra de puertorriqueños
que sufre de algún tipo de desorden mental o enfermedad se encuentra
entre los niveles más elevados del mundo. Sin embargo, ninguno de los
crímenes cometidos contra nosotros han podido disuadir a nuestro pueblo
de aprender una historia que, para todos los elementos prácticos ha sido
difundida casi clandestinamente, pues en ningún momento el oficialismo
ha hecho esfuerzos para que nuestra juventud tenga conocimiento pleno de nuestra
herencia cultural, de nuestra tradición de lucha.
Centenares de hombres y mujeres ubicados en todas las esferas sociales y organizaciones
patrióticas y libertarias que se han generado en nuestra nación,
a través de toda nuestra vida como pueblo, han actuado como propagadores
de nuestra verdadera historia opacando el esfuerzo destructivo que los colonialistas
han llevado a cabo como política.
Podrán haber sido organizaciones pequeñas, y en numerosas ocasiones, personas quienes, a nivel individual, se han tomado la responsabilidad de estudiar y diseminar con esfuerzos propios nuestra historia y herencia cultural verdadera. Igualmente, los estudios e investigaciones realizadas por los más destacados intelectuales puertorriqueños, recurriendo a archivos de numerosas naciones como Cuba, República Dominicana, Haití, Venezuela y España, han mantenido registradas muchas de las gestas de los puertorriqueños a través de los siglos y han sido difundidas casi de manera clandestina a nuestra población.
Ésa ha sido la forma mediante la cual nuestro pueblo ha podido mantener
viva en la memoria la verdadera historia de nuestros luchadores y nuestro pueblo.
No han sido las instituciones del colonialismo español, o las de Estados
Unidos quienes han propagado nuestra historia real, sino esa intelectualidad
patriótica de puertorriqueños la que ha garantizado que esos esfuerzos
jamás se perdieran y que, en el fondo, sirvieran para mantener viva la
esperanza, la convicción, la nacionalidad, nuestra cultura, y propagar
lo que el enemigo de nuestro pueblo es incapaz de derrotar o de eliminar: la
conciencia nacional y personalidad de pueblo de los puertorriqueños.
Las ideas bolivarianas, ésas que hoy se propagan con una fuerza indetenible,
las hemos conocido a través de esos seres humanos que las han mantenido
vivas. Los Macheteros hemos tomado esas banderas: la bandera de la libertad,
independencia y soberanía total para nuestro pueblo; la bandera de la
integración de las Antillas en una gloriosa Confederación Antillana;
la idea de una unidad entre todas las naciones de Nuestra América hasta
la creación de la Patria Grande, que fue el sueño de Bolívar,
al igual que fue el sueño de todos los más comprometidos próceres
y mártires caribeños y de América Latina.
La independencia de la nación puertorriqueña representa un paso
de importancia estratégica en el proceso de total liberación e
independencia de toda la América nuestra. Un Puerto Rico sometido al
brutal colonialismo yanqui, no es sino una amenaza a la soberanía de
nuestros pueblos hermanos debido a la utilización que ellos hacen de
nuestro territorio. Para los colonialistas yanquis, Puerto Rico ha sido utilizado
como bastión militar desde donde han sido lanzadas invasiones y agresiones
dirigidas a los pueblos de Centro y Sur América. Tropas yanquis han salido
de bases yanquis en territorio puertorriqueño para agredir a nuestros
hermanos de la República Dominicana, al igual que a Cuba, Granada, Nicaragua,
Panamá; han utilizado nuestro territorio para el lanzamiento de siniestros
operativos encubiertos por la CIA contra Venezuela, Colombia y otras naciones
hermanas. Ya había sido advertido por nuestro querido Pedro Albizu Campos
cuando dijo que mientras Puerto Rico fuera colonia yanqui, América Latina
no podría ser libre.
El Ejército Popular Boricua no es sino continuador de la inspiración
bolivariana convertida en tradición de lucha por nuestros insignes patriotas
y revolucionarios. El gobierno de Estados Unidos les declaró la guerra
a los puertorriqueños el 25 de julio de 1898 al bombardearnos, invadirnos
y ocupar militarmente nuestro territorio nacional. Han convertido a nuestro
pueblo en esclavo, no solamente en los aspectos que tienen que ver con la producción
material como obreros asalariados, sino además en esclavo de sus políticas
sanguinarias de guerras y ocupación de tierras lejanas cuyos pueblos
en nada han ofendido al nuestro, y han obligado a nuestra juventud a servir
en sus fuerzas de agresión. Sin embargo, ya esa tradición histórica
de lucha estaba en desarrollo cuando se gestaban esfuerzos emancipadores y contra
el coloniaje español, tradición que ha continuado hasta el día
de hoy.
Bolívar es, para los puertorriqueños, símbolo de libertad;
es unidad latinoamericana; es igualdad y ha sido el hilo conductor que ha generado
una tradición histórica de lucha y de libertad para, con ella,
vincularnos al proceso de creación de la Patria Grande.
Los Macheteros habremos de ser consecuentes con esa tradición de lucha;
con esos principios bolivarianos unitarios para Nuestra América que,
naturalmente, incluye a nuestras Antillas. Luchamos por una patria libre, soberana
y a favor de esa unificación latinoamericana propulsada a través
de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), que se convertirá
en garantía de integración económica, y de futuro justo
y equitativo para todos nuestros pueblos. Es el sueño bolivariano, es
el sueño de todos los puertorriqueños amantes de la libertad.
Recordemos las palabras pronunciadas por Betances, con motivo de la inauguración
de la Biblioteca Bolívar en París, cuando invitó a los
latinoamericanos
"a hacer en nuestros países, a la sombra del nombre venerado de
Bolívar, la guerra a la guerra para establecer para siempre la solidaridad
más vigorosa entre las naciones suramericanas".23
* 5 de julio de 2005. El autor fue, hasta el 23 de septiembre, Responsable
General del Ejército Popular Boricua – MACHETEROS. Ese día, tras
ser herido por un francotirador en una confrontación con decenas de agentes
represivos de Estados Unidos en el municipio de Hormigueros, Puerto Rico, murió
desangrado cuando estos no le proveyeron asistencia médica.
A don José Ferrer Canales,
Con el mayor de los agradecimientos
y aún mayor admiración y afecto.
Autor:
Filiberto Ojeda Ríos
EXCLUSIVO DE CLARIDAD
Enviado por:
José A. Santos Ortíz
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