
Los puertorriqueños somos antillanos. Somos
caribeños. Somos latinoamericanos. Somos hijos de Nuestra
América. Los puertorriqueños compartimos con
numerosas naciones del Caribe y de Sur América una
historia
común. En nuestra tradición histórica de
lucha y de integración latinoamericana tiene
relevancia nuestra generosa solidaridad hacia
los hermanos caribeños y latinoamericanos que la han
reclamado de nosotros.
Eso no es de extrañar. La raíz de esa solidaridad está en la entretejida historia de quienes, en el continente americano, nos forjamos como nación partiendo de los mismos orígenes culturales, de la integración étnica, del lenguaje común; hemos compartido sufrimientos y pobreza como pueblos sometidos por los explotadores colonialistas o imperialistas tanto de Europa como del norte rapaz y expansionista.
Los efectos del colonialismo español
que afectó a todas las naciones de Nuestra América
se multiplican para los puertorriqueños debido a las
agresiones que nuestro pueblo ha sufrido a manos, no solo de la
metrópoli española, sino peor aún, de los
colonialistas imperialistas norteamericanos.
El entrelazamiento de esa historia, que como todo proceso
dialéctico parte de esa inexorable ley
físico-filosófica también aplic able a todo
el quehacer social y político, la ley de causa y efecto,
es particularmente evidente en lo que ha sido la formación
y luchas de todos los pueblos de Nuestra América y del
mundo, comenzando por los insurgentes indígenas como
Agüeybaná el Bravo, Guaicaipuro, Caonabo, Hatuey,
Túpac Amaru, y otros, tan numerosos que no es posible
detallar, y continuando con Simón Bolívar,
Antonio Valero, Antonio José de Sucre, Bernardo
O’Higgins, José de San Martín, Miguel
Hidalgo, Francisco Morazán, José Martí,
Ramón
Emeterio Betances, Gregorio Luperón, Juan Pablo Duarte,
Augusto César Sandino, Pedro Albizu Campos, Juan Antonio
Corretjer, José Carlos Mariátegui, Fidel Castro,
Camilo Torres Restrepo y Hugo Rafael Chávez, para
mencionar sólo algunos, de quienes han sido, en su
particular momento histórico, representantes de una
interminable cadena histórica de luchas generadas por los
pueblos. Todos han reflejado un intenso espíritu
humanitario y una dedicación inalterable en aras de lograr
justicia para
todos por igual.
La dedicación de cada uno de estos representantes del
verdadero género
humano, bien haya sido debido a una espiritual intuición
emanada de la más profunda sensibilidad, por un intelecto
privilegiado que sin premeditación o guiado por intereses
personales los ha conducido por caminos revolucionarios, ha hecho
historia precisamente por haber sabido comprender las necesidades
de los pueblos en cada período
histórico.
Ellos han representado las luchas y ansias de una humanidad que, en su marcha hacia la construcción de un mundo donde no existan las inequidades e injusticias, y unas relaciones y sistemas socioeconómicos y políticos orientados en la dirección de forjar ese mundo, ha aportado y logrado cambios, que aunque puedan identificarse como pequeñas batallas –que nunca lo son– siempre están encaminados en esa dirección revolucionaria.
Igualmente, por la naturaleza de lo que ellos han representado en sus respectivos períodos históricos, todos han sido parte del inevitable proceso generado por la humanidad conducente a superar sistemas de explotación del hombre por el hombre, que han sido impuestos a través de los siglos por las siniestras fuerzas del egoísmo; de ese mundo de "propietarios" que ha generado brutales sistemas económicos fundamentados en la propiedad privada sobre los medios de producción, pasando de unos a otros según las fuerzas reivindicativas revolucionarias fueran liquidando unos, y siempre estableciendo un sistema superior y más justo partiendo de los remanentes de los sistemas derrotados.
Así se fueron sucediendo, unos tras otros, los
sistemas feudales sobre la esclavitud, y
capitalista sobre los feudales.
Carlos Marx y
Federico Engels, genios investigadores de todo lo relacionado con
la dialéctica de los sistemas económicos que a su
vez generan relaciones sociales al servicio de
cada sistema; científicos que investigaron las
raíces del sistema capitalista y sus contradicciones
antagónicas irreconciliables y de cuyo seno se generan,
además de sus elementos de desintegración, las
nuevas fórmulas socioeconómicas que habrán
de sustituirlo; estos dos genios, filósofos, economistas, ideólogos
revolucionarios que hicieron las formulaciones claramente
definidas como socialistas colocan, en manos de la clase
productora que ha sido despojada por el capitalismo de
los medios de producción, todo el desarrollo de
nuevas normas
económicas y de relaciones sociales orientadas hacia la
creación de sistemas de igualdad
social. Son ésos los sistemas sustitutivos de
aquéllos que, como en el caso del capitalismo, llegan a su
tope evolutivo de desarrollo y se convierten en retranca para el
progreso de la humanidad generando desde sus propias relaciones
las contradicciones y condiciones para la instauración de
un sistema superior, que es el socialismo.
Marx y Engels
señalaron, igualmente, cómo los
históricamente explotados, se convierten en herederos de
los nuevos postulados y formulaciones orientadas hacia garantizar
los fundamentales derechos humanos
de todos los pueblos, comenzando por el derecho a la salud, a la alimentación, a la
educación,
a la vivienda decorosa, al trabajo, en
fin, a todos aquellos elementos que les dan verdadero contenido
humano a los derechos de los pueblos.
En Nuestra América, desde tiempos inmemoriales, ha
existido una estrecha vinculación solidaria entre las
fuerzas de avanzada involucradas en luchas de resistencia y
emancipadoras en el continente desde antes y después de
haberse creado las naciones latinoamericanas, al igual que
durante todos los períodos históricamente definidos
desde la invasión y conquista comenzada a finales del
siglo XV por los europeos. Esas luchas han formado parte de ese
proceso milenario de superación humana; de la constante
búsqueda por los explotados y los desposeídos para
lograr conquistas reivindicativas de esos derechos e impulsadas
en aras de mejorar la calidad de vida y
hacerla extensiva a todos y cada uno de los seres humanos. Han
sido luchas sociales que muy bien podrían ser
identificadas como " socialistas", aunque nunca se les coloque la
etiqueta como tal.
Nos aventuramos a afirmar que la historia de la humanidad toda ha
sido determinada por los esfuerzos de los sectores explotados y
desposeídos para superar la criminalidad inherente a
quienes han pretendido apropiarse del fruto de su trabajo
convirtiéndolo en fuente de enriquecimiento para beneficio
propio.
Así el sistema esclavista de explotación, por su naturaleza antihumana y criminal, engendra sus propias bases autodestructivas que dan al traste con su modo de producción y crea las condiciones para la instauración del sistema feudal. Éste, a su vez, al atravesar por las luchas de los productores artesanales para mejorar su condición y contra las imposiciones y normativas impuestas por las monarquías feudales, va originando las bases de un capitalismo cuyas normas de explotación, con el transcurrir de los siglos y con los constantes adelantos tecnológicos, se hacen mucho más sofisticadas y a su vez más contradictorias.
El capitalismo no destruye la explotación y mucho
menos la injusticia. En el sistema capitalista la propiedad
privada sobre los medios de producción se lleva a cabo con
mucha mayor rigurosidad; se amplían las fuentes de
explotación a nivel mundial y se generan contradicciones
irreconciliablemente antagónicas en las relaciones de
producción y sociales, profundizando la desigualdad y
miseria en la población y en la humanidad.
Bolívar y el
Socialismo
Podemos aseverar que el proceso
revolucionario llevado a cabo por Simón Bolívar
desde principios del
siglo XIX, entra, por su naturaleza de libertad e
independencia;
por sus proyecciones de igualdad; por sus conceptos de la
importancia dada a la educación para
todos los componentes del pueblo; por su interés de
garantizar alimentación para todos; por sus proyecciones
unificadoras y de libertad para todos los pueblos
latinoamericanos y del Caribe: como una parte integral de esos
procesos
ascendentes y orientados hacia la conquista de justicia social
para la humanidad. Todas esas luchas, aunque así no hayan
sido identificadas, han constituido, desde la perspectiva que
aquí exponemos, un paso ascendente hacia el socialismo. A
su vez, Bolívar combatió en todos los frentes
contra lo retrógrado y divisorio para los pueblos que
comenzaban a caer bajo las garras del sistema capitalista de
Estados
Unidos. Eran los años en los que se iba cuajando esa
nación
de Norteamérica en potencia
imperialista, cuya pretensión era establecer las bases
para el control militar y
económico de la América toda. Ése era el
proceso desarrollado por los más fuertes para someter y
explotar a los más débiles garantizando así
la supremacía del sistema capitalista y su culto a la
propiedad privada con todo lo que ello significa en inequidades,
hambre, sufrimientos y muerte para
las grandes mayorías de desposeídos.
Uno de los procesos más importantes iniciado por las
intensas luchas bolivarianas, fue la solidaridad activa generada
en todos los pueblos latinoamericanos y del Caribe en torno a ese
movimiento
revolucionario. Los valores
humanitarios y libertarios impulsados por el General Simón
Bolívar –antes de que las ansias de poder y la
insidia tomaran posesión de algunos de quienes fueron
importantes militares bajo su mando– fueron aquellos que
penetraron en las conciencias de los seres humanos más
sanos que formaban parte del ejército bolivariano. Los dos
siglos que han pasado y que, igualmente, han fijado la figura de
Simón Bolívar en las conciencias de los luchadores
provenientes de todos los pueblos de Nuestra América,
demuestran su grandeza y el alcance de su obra. Bolívar ha
sido materia de
inspiración para todas las generaciones de revolucionarios
que le han dado continuidad a su pensamiento a
través de los siglos, al igual que para los mejores
poetas, pintores y cantores de las naciones latinoamericanas,
naturalmente, incluyendo a nuestro Puerto Rico, que
ha sido prolífico en la exaltación de su
figura.
Las campañas libertarias llevadas a cabo por
Bolívar generaron una intensa solidaridad, pero nada puede
ser tan claramente demostrativo de esa solidaridad, como lo fue
el proceso de luchas libertarias que fue cobrando cuerpo de
rebeldía desde finales del siglo XVIII en la enorme
mayoría de las naciones de Nuestra América, hasta
convertirse en un sólido movimiento organizado, con
Bolívar y numerosos patriotas identificados con la causa
de la independencia a la cabeza.
Esa causa libertaria tocó los corazones de todos
aquellos seres humanos apegados a la gran verdad humana, con
visión y desprendimiento y quienes, habiendo nacido en los
que ya eran territorios geográfica y políticamente
definidos, presentían la importancia histórica de,
por lo menos, sembrar la semilla de una América
Latina y Caribeña encaminadas hacia su
conversión en una gran nación unificada por un
ideal de libertad y justicia social. Bolívar fue el gran
estratega de ese ideal.
Si bien el proyecto
bolivariano tenía como objetivo
central la conquista de la independencia, y desarrollar la unidad
latinoamericana, sus objetivos de
justicia social fueron claramente demarcados en lo que fueron sus
pronunciamientos de Angostura al igual que en la Carta de
Jamaica y otros documentos de
fundamental importancia estratégica que exponían,
como parte de sus principales objetivos, la unificación de
todas las naciones latinoamericanas y caribeñas y su
conversión en Patria Grande. De esa manera, El Libertador
era, además, El Unificador. Al decir de nuestro querido
Eugenio María de Hostos, El ciudadano de América,
refiriéndose al significado de la victoria de
Ayacucho:
Ayacucho es, pues, más que una gloria de estos pueblos,
más que un servicio hecho al progreso, más que un
hecho resultante de otros hechos, más que un derecho
conquistado, más que una promesa hecha a la historia y a
los contemporáneos de que los vencedores en el campo de
batalla eran la civilización contra el quietismo, la
justicia contra la fuerza, la
libertad contra la tiranía, la república contra la
monarquía; Ayacucho es un compromiso
contraído por toda la América que dejó de
ser española en aquel día.1
Los fundamentos bolivarianos respecto a la justicia social
proporcionaban grandes esperanzas y aspiraciones en las fuerzas
profundamente progresistas de todos los pueblos latinoamericanos
y del Caribe cuyas necesidades libertarias eran cónsonas
con dichos ideales. Las ideas de Bolívar fueron capaces de
captar la imaginación creadora y revolucionaria de los
más destacados seres humanos de aquellos
tiempos.
Esas tendencias habrían de constituir la inspiración para las proyecciones unitarias de Nuestra América adoptadas posteriormente por Martí, Betances y muchos otros a finales del siglo XIX, al igual que por Fidel Castro y Hugo Rafael Chávez y todos los que comulgamos con dichos ideales en la actualidad.
Los postulados bolivarianos, tanto políticos como
sociales, pasados de generación en generación como
línea de pensamiento estratégico de lucha
fundamentada en el
conocimiento y la profundización de nuestra historia,
son comparables a los que ahora son expuestos por los
revolucionarios de actualidad mencionados, bajo el nombre de
socialismo.
No se trata de un socialismo esquemático, ni
dogmático, sino de la aplicación de la metodología marxista para el
establecimiento de proyecciones revolucionarias, que no son otra
cosa que el bienestar del pueblo, la verdadera igualdad de
derechos y todo lo comprendido por el concepto de
justicia social, naturalmente, partiendo de las contradicciones
antagónicas existentes en todo sistema
socioeconómico y descritas por Carlos Marx.
Esas contradicciones, al ser estudiadas con profundidad
científica, nos permiten estar en condiciones de
establecer un sólido análisis de la realidad, llegar a
conclusiones con mayor objetividad, y establecer estrategias y
tácticas de lucha cuyo contenido es orientado hacia la
reorganización del sistema de producción, de la
propiedad y de la distribución de los bienes
elaborados por la sociedad
trabajadora. Al actuar por el bienestar social y en contra de la
explotación del hombre por el hombre, se actúa por
el socialismo. De eso trata en buena parte la Revolución
Bolivariana.
Los seguidores del ideario de Bolívar se podrían
contar por los miles en toda nuestra América a
través de los años. Sin embargo, podemos afirmar de
manera categórica que no ha existido un solo dirigente
patriota en la lucha de los boricuas por la independencia a
través de todas las décadas que han seguido a la
epopeya bolivariana y precedido el momento actual, al igual que
los más importante poetas y pintores de generaciones
pasadas y presentes, para quienes Bolívar no haya sido
fuente de inspiración, quizás con la misma
profundidad que lo ha sido en su país de origen: Venezuela.
La contribución de profundo carácter bolivariano de los
puertorriqueños, comenzando con el General Antonio Valero
hasta la actualidad, ha sido una constante en el quehacer
histórico de todos los luchadores boricuas. Los paradigmas de
la lucha por la independencia y de la libertad del pueblo
puertorriqueño, si los colocamos de manera generacional en
nuestra historia de lucha, han sido los siguientes: General
Antonio Valero nacido en Fajardo, Puerto Rico en el año
1790 y fallecido en 1863; los hermanos Andrés y Juan
Vizcarrondo, que lucharon por nuestra independencia durante los
años de 1835 hasta fines de la década de 1860, y
que operaron también desde Venezuela; Ramón
Emeterio Betances, Segundo Ruiz Belvis y Eugenio María de
Hostos, que lucharon desde la década de 1860 hasta el
final de sus días. Ruiz Belvis murió de manera
misteriosa en Chile en 1867, Betances falleció en 1898 y
Hostos en 1903; José de Diego, quien ocupó el
liderato independentista durante las primeras dos décadas
del siglo XX, hasta su fallecimiento en 1918; Pedro Albizu
Campos, líder
profundamente relevante que encabezaba la lucha patriótica
desde finales de la década de los veinte hasta pasada la
insurrección nacionalista, el ataque a la Casa Blair y el
ataque al Congreso de Estados Unidos en la década del
cincuenta, fallecido en 1965; Juan Antonio Corretjer,
Revolucionario Socialista, poeta de reconocimiento internacional
y Comandante Honorario del Ejército Popular Boricua
– MACHETEROS, que ejerciera su liderato desde la
década del 1960 hasta su fallecimiento en el 1985; y
finalmente, el Ejército Popular Boricua, actual
continuador, entre otros, de las ideas promulgadas por todos
nuestro patriotas revolucionarios.
Es, a los efectos de establecer la trascendencia de estos grandes
puertorriqueños que habremos de exponer lo que fueron las
ideas bolivarianas y libertarias de cada uno durante todas esas
décadas de luchas forjadoras de nuestra histórica
tradición, al igual que de los postulados del
Ejército Popular Boricua.
General Antonio Valero (1790 -
1863)
Nuestro Antonio Valero fue, además de
uno de los libertadores de México y
del Perú, uno de los fundadores de la República de
Venezuela. Entre sus nombramientos se encuentran los siguientes:
Comandante en Jefe de la 2da. División del ejército
colombiano enviada al Perú para auxiliar a Bolívar;
nombrado por Bolívar Jefe de Estado Mayor
de las líneas sitiadoras del Callao; Jefe de Estado Mayor
del ejército de Colombia;
Comandante Militar de los Valles de Aragua; Gobernador Militar de
Puerto Cabello; Comandante de Armas de la
provincia de Caracas y Ministro de Guerra y
Marina de Venezuela.
Durante toda su existencia fue uno de los más fieles generales al servicio de la causa bolivariana. Sobre todo, además de haber sido un general con efectividad en el campo de batalla, también lo fue como inamovible puntal de apoyo al General Bolívar durante parte importante de su epopeya: en la grandeza de sus victorias, al igual que durante los momentos difíciles al final de su vida, que lo sometieron a las peores vicisitudes e ignominiosas agresiones tan bien descritas por Gabriel García Márquez en su magistral obra: El general en su laberinto.
Aun cuando hubo momentos en los cuales, por insidia y
envidia, a nuestro general se le hicieron injustas acusaciones,
la verdad se impuso y no titubeó en su fidelidad
ideológica a Bolívar hasta el día de su
muerte. Su dedicación, desempeño y acciones
heroicas en la batalla le merecieron condecoraciones como la
medalla del Libertador, la medalla a los sitiadores del Callao y
la honrosa designación de un espacio en el Panteón
Nacional de Caracas, donde reposan los restos del Libertador y de
los héroes de la gran guerra unificadora de la Patria
Grande y de Venezuela. Falleció en el exilio, en
Bogotá, esperanzado en regresar a sus queridas tierras en
el Estado de
Aragua donde le esperaba ansiosa su familia. Sus
restos nunca han podido ser localizados para ser trasladados al
Panteón Nacional donde, para honor de los
puertorriqueños, debe descansar.
Fue el primer héroe libertador puertorriqueño que,
además de luchar junto a Bolívar, hizo todo lo que
estuvo a su alcance para lograr la independencia de Puerto Rico.
Valero se entrevista con
Bolívar en 1823 para solicitarle la liberación de
Puerto Rico, la cual estaba inherentemente ligada a la de
Cuba, tanto
así que es con un grupo de
cubanos que Valero acude a Bolívar. Valero prepara su
Plan para la
independencia de Puerto Rico, el cual constaba de una parte
política y
otra militar.
En su parte política establece que el estado de
Borinquen se constituirá como dependiente de la
República de Colombia.2 De Bolívar haber vivido
algunos años más, no nos cabe duda alguna de que lo
hubiera logrado. Esa semilla de profunda inspiración para
todos los puertorriqueños ha continuado germinando durante
todos los períodos de convulsión libertaria
generados por nuestro pueblo patriota a través de su
historia.
La continuidad del pensamiento libertario de Valero hacia Puerto
Rico, que también contaba con la participación en
suelo
puertorriqueño de María de las Mercedes Barbudo, en
cuya residencia se llevaban a cabo reuniones conspirativas a
favor de la lucha libertaria y unitaria desatada por
Bolívar, cobró vida unas décadas más
tarde con los hermanos Andrés y Juan
Vizcarrondo.
Éstos levantaron nuevamente la bandera de la independencia durante las décadas de los años treinta y cuarenta del siglo XIX, dando seguimiento a esos pensamientos del Libertador y de nuestro pueblo en torno a la lucha por la independencia del pueblo puertorriqueño. Esa lucha libertaria tanto bolivariana como valeriana, ha sido pasada a todos los patriotas revolucionarios puertorriqueños generación tras generación hasta el presente, primero a los hermanos Vizcarrondo, luego a quien se convirtiera en el Padre de la Patria Puertorriqueña el Dr. Ramón Emeterio Betances, a Eugenio María de Hostos, y así históricamente continuada por José de Diego, Pedro Albizu Campos y Juan Antonio Corretjer.
En la actualidad los puertorriqueños contamos con
numerosos hijos e hijas que dan continuidad a esa
tradición histórica de lucha impidiendo que el
pensamiento betancino sea destruido por proyectos
reformistas. En nuestra historia, aún desde los
orígenes de nuestra lucha libertaria, la tendencia
reformista ha constituido un impedimento destructivo de esa
tradición e imperiosa necesidad de lucha enmarcada por
esos valores
ideológicos que constituyen la salvación de nuestra
patria y la conquista de nuestra independencia, soberanía, y derechos como
latinoamericanos.
Andrés Salvador y Juan
Eugenio Vizcarrondo (1804 – 1897)
Durante la
segunda mitad de la década del 1830, las Cortes
españolas privaron a los puertorriqueños de algunos
beneficios reformistas logrados a través de
históricas luchas que tenían su raíz en la
guerra de emancipación al mando de Bolívar. Fueron
cambios generados en la propia España
que, además de batirse durante décadas debido a
contradicciones internas, también confrontaba luchas
libertarias generadas en sus colonias americanas. Al retirar
dichas reformas e imponer nuevamente normas coloniales de mayor
explotación y ausencia de libertades, los hermanos
Andrés Salvador y Juan Vizcarrondo Ortiz de Zárate,
militares de oficio, conjuntamente con Buenaventura
Valentín Quiñones, contando con "el respaldo de
numerosos oficiales y soldados del Regimiento de Granada",3 y
bajo la influencia ideológica de las luchas bolivarianas y
valerianas aún en proceso de difusión en toda
Nuestra América, se lanza lo que fuera denominado como La
conspiración de los militares. Los más importantes
científicos de nuestra historia, como lo fue nuestro gran
historiador, Lidio Cruz Monclova, le confieren a dicho
levantamiento absoluta finalidad separatista. Aunque dicho
esfuerzo fracasó debido a una delación, la
tendencia estaba diseminada a través de numerosas regiones
de nuestro territorio.
Alertados sobre la traición, los hermanos Vizcarrondo
lograron escapar, no así Buenaventura Quiñones al
igual que un grupo de oficiales, sargentos y soldados que fueron
apresados y algunos sometidos a la pena capital de
garrote, otros fusilados y muchos encarcelados. Buenaventura
Quiñones fue asesinado en su celda en el Castillo del
Morro; sus carceleros trataron luego de hacer creer que se
había suicidado, tal y como hicieron los colonialistas
yanquis con nuestro mártir de actualidad, Ángel
Rodríguez Cristóbal.4
El enlace continuador histórico queda relevantemente
expuesto cuando Ramón Emeterio Betances se refiere a
Andrés Vizcarrondo como "el primero de los precursores" y
en otra ocasión como "el venerable decano de los
republicanos".5 Ese vínculo entre generaciones
revolucionarias y libertarias queda plenamente establecido
cuando, en el 1865, las juntas separatistas existentes en casi
todos los pueblos de la Isla, le confían a Andrés
Vizcarrondo la
organización de una expedición libertaria que
habría de partir desde Venezuela.
Dicha expedición no se llevó a cabo debido
a lo que fuera la enorme represión desatada tras el
malogrado intento libertario en Lares, el 23 de septiembre de
1868.
Dr. Ramón Emeterio Betances
y Alacán (1827 - 1898)
Ramón
Emeterio Betances fue un patriota revolucionario integral
consumado. Su trayectoria patriótica puede ser trazada
desde la década del 1840, hasta su fallecimiento en 1898.
Nos dice el gran historiador puertorriqueño, el Dr.
Félix Ojeda, cuya vida ha dedicado casi en su totalidad a
hacerle justicia al Dr. Betances que: "El proyecto dirigido a
enlazar en un curso común a las islas del Caribe, trazado
por el Doctor Betances entre 1848 y 1898, tiene profundas
raíces en la épica bolivariana".6 Existen
referencias que nos indican que durante las intensas luchas de la
Revolución de febrero de 1848, Betances era estudiante de
medicina en la
Universidad de
París.
Las luchas que se habían generado no sólo en París, sino en diversas capitales de Europa como consecuencia de las inmensas contradicciones producidas por lo que fuera la "Revolución Industrial" motivaron la participación solidaria de Betances. De igual manera, las mermas catastróficas en las cosechas agrícolas que tuvieron lugar a principios de esa década en toda Europa, crearon condiciones infrahumanas para todos los trabajadores generándose luchas muy intensas. Esas luchas contaban con la participación teórico-práctica de Carlos Marx y Federico Engels y se generaban comunas de completo contenido social. Betances, como estudiante, fue partícipe de esas luchas.
La influencia formativa generada en Betances a
través de esas luchas sociales y revolucionarias
orientadas por consignas socialistas y comunistas, fue muy
intensa y permanente en su vida. Varios años
después de haberse proclamado la segunda República
Francesa el 24 de febrero de 1848, Betances exclamaba:
…Yo soy también un viejo soldado de la
República Francesa. En 1848 cumplí con mi deber.
Cuando se trata de la libertad todos los pueblos son
solidarios…7
Betances regresó a nuestra patria en el año 1856 y
de inmediato se dedicó a actividades conspirativas,
humanitarias y abolicionistas, razón por la cual fue
expulsado de su querida isla hacia tierras hermanas de la
República Dominicana, donde puso sus conocimientos
profesionales al servicio de ese hermano pueblo desde el
año 1858. Es entonces cuando el pueblo dominicano,
habiendo perdido su soberanía a manos de los colonialistas
españoles, recomienza la lucha con lo que en la historia
de la República Dominicana es conocido como La Guerra de
la Restauración. Betances apoya de lleno esos
patrióticos esfuerzos y por tal razón es expulsado
nuevamente, adoptando a Venezuela como residencia durante cinco
meses para regresar nuevamente a la República Dominicana
al este pueblo triunfar nuevamente sobre las fuerzas
colonialistas de España.
Al regresar a nuestra patria, funda la Logia Masónica
Yagüez estableciendo una sólida base revolucionaria
orientada hacia la organización nacional de lo que el 23 de
septiembre de 1868 fuera conocido como El Grito de Lares, fecha
que marca la
consolidación de nuestra nación, consagrando al Dr.
Ramón Emeterio Betances ante el mundo como El Padre de la
Patria Puertorriqueña. En Lares se percibe un gran ejemplo
de integración latinoamericana con la participación
de los hermanos Rojas Luzardo, venezolanos por nacimiento,
puertorriqueños por adopción.
Manuel Rojas fue el comandante en jefe de las fuerzas
revolucionarias, quien junto a su hermano Miguel eran miembros de
la Junta Revolucionaria Centro Bravo Número 2.
También se destacan mujeres puertorriqueñas como
Mariana Bracetti, mejor conocida como Brazo de Oro, quien
ayuda con energía y talento en los planes revolucionarios8
y es conocida como la bordadora de la bandera revolucionaria de
Lares.
Betances fue un extraordinario revolucionario. Quizás nada
lo exprese mejor que sus propias palabras:
La Revolución
Francesa de febrero de 1848 es la Revolución
Cubana de febrero de 1895 descendiendo de la misma madre, y
si ellas no son enteramente hermanas, son por lo menos primas
hermanas. 9
Nuestro pueblo no logró triunfar militarmente en la
insurrección del 23 de septiembre de 1868. No obstante,
Betances continuó la lucha muy intensa promoviendo apoyo
material y económico a favor del pueblo cubano, al igual
que su continuación en la conspiración
revolucionaria para promover nuestra lucha por la independencia
de la Patria, creando en la Isla una organización a la vez
clandestina y de apoyo a la lucha cubana.
Al igual que José Martí fue el más
emotivo promotor de la Federación de las Antillas, y de la
vinculación de nuestro pueblo a Nuestra América. El
destacado y querido Dr. José Ferrer Canales, conocedor
como pocos de la vida de Betances, Martí, Hostos, y de
nuestros patriotas más queridos de los pasados siglos, ha
escrito un maravilloso trabajo dedicado a Betances y a
José Martí estableciendo un paralelismo en lo que
fue el pensamiento y práctica de ambos a fines del siglo
XIX. En el mismo cita a José Martí cuando
éste expresa:
Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi
país y por mi deber... de impedir a tiempo con la
independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los
Estados Unidos y caigan, con esa fuerza sobre nuestras tierras de
América. Añade don José Ferrer Canales: "Las
Antillas libres salvarán la independencia de nuestra
América", es un leitmotiv martiano. Las tres islas
antillanas, mayores, son, para él, "tres tajos de un mismo
corazón
sangriento", y Cuba y Puerto Rico, "islas complementarias..., dos
tierras que son una sola dicha y un solo corazón". Juntas,
las islas de este archipiélago, sabemos, se
salvarán.
Ese antillanismo lo vive, lo encarna noble y apasionadamente
también Betances, quien fundará, como otros, en
París, la Unión Latinoamericana, y quien
publicará artículos con el seudónimo El
Antillano.
Más adelante cita a Betances cuando éste expresa
que los americanos se encuentran en República
Dominicana:
Ya están los americanos en Samaná… No puede
figurarse el dolor que me causa este hecho tan fatal para la
realización del gran proyecto de Confederación, que
haría de todas nuestras islas una gran
nación...
El destacado historiador Paul Estrade nos confirma la importancia
que para Betances tiene la República Dominicana como parte
integral de la Confederación Antillana. En carta a su amiga,
la revolucionaria Lola Rodríguez de Tió, Betances
le expresa:
Salvar la República Dominicana de la garra yanqui e
introducir en las Antillas una industria que
les dé prosperidad y por consiguiente deseos de progreso,
son empresas dignas
de ocupar la vida del hombre.11
Las ideas bolivarianas eran parte de la inmensa formación
político-ideológica de Betances. Fueron muchos sus
pronunciamientos exaltando no sólo la importancia moral del
Libertador de América, sino la importancia
ideológica y estratégica del pensamiento y lucha
del General Simón Bolívar, concepciones por
él aplicadas en la formación de los revolucionarios
puertorriqueños.
Esa formación tenía su fundamento en la
creación de la Patria Grande que Martí llamaba
Nuestra América, y que incluía en su seno a las
Antillas caribeñas. Enmarcado por esos conceptos
desarrolló la propuesta para la creación de la
Federación Antillana. Tanto José Martí, como
Antonio Maceo, Máximo Gómez, Gregorio
Luperón y muchos otros destacados patriotas
caribeños estaban vinculados a esa idea y la apoyaban,
aunque no pudo llevarse a efecto debido a la intervención
del emergente imperialismo
yanqui en nuestras islas. Paralelamente a Betances, surgía
como gran pensador, filósofo y educador el
puertorriqueño Eugenio María de Hostos,
también admirador de las ideas bolivarianas, y de total
adhesión a los conceptos betancinos orientados hacia la
creación de la Confederación de las Antillas.
Eugenio María de Hostos
(1839 -1903)
Hostos fue un extraordinario ser humano
que llevaba en su corazón no sólo la libertad de
nuestro terruño, sino también un ideario de
fecundos sentimientos de humanismo
revolucionario. Sus tendencias y proyecciones estaban centradas
en garantizar los derechos humanos de todo hombre y mujer no
únicamente puertorriqueños, sino de Nuestra
América toda. Dedicó gran parte de su vida a
establecer sistemas de enseñanza en diversas naciones hermanas y
de manera muy particular en República Dominicana, donde
reposan sus restos. Profesaba, en unión a Betances y
Martí, la unificación de las Antillas en una
confederación y, naturalmente, la independencia de Puerto
Rico como antesala a la Confederación de las Antillas.
Hostos fue el intelectual puertorriqueño
multifacético de mayor relevancia en la época que
le tocó vivir y de mucho reconocimiento en toda
América Latina. Su obra fue muy extensa y abarcadora. Fue
un excelente escritor y crítico literario –como
quedó demostrado a través de sus muy reconocidas
críticas a la obra Hamlet de
Shakespeare,
al igual que a la del poeta cubano
Plácido–.
Su identificación ideológica, y sus
esfuerzos educativos siempre estuvieron orientados por su
interés de hacer extensiva la enseñanza a la
población general de todas las naciones en las cuales sus
servicios
pedagógicos fueron requeridos, Para ello
diseñó sistemas, escribió obras como Moral
Social, y dedicó muchos esfuerzos para favorecer y
defender los derechos de la
mujer. Su identificación con la causa de la
independencia para Puerto Rico constituyó un objetivo a
través de su vida y, sobre todo, fue un gran amigo y
admirador de José Martí, de Ramón Emeterio
Betances, y en unión a ellos, propulsor de la
Federación de las Antillas.
Hostos colaboró con numerosas naciones de Nuestra
América, y fue un profundo conocedor del pensamiento y la
vida del General Simón Bolívar. Como fuera
explicado por el Señor Vinicio Romero, Cónsul de
Venezuela en Puerto Rico, en una actividad conmemorativa del
natalicio de Eugenio María de Hostos, en la ciudad de
Mayagüez, el pasado mes de enero de 2005:
La idea de federación de Hostos es bolivariana.
En 1874 Hostos dice: "El tiempo de la federación
de las provincias españolas entre sí ha llegado, el
tiempo de la federación de las Antillas con España
ha pasado. España es Europa. Las Antillas son
América. América y Europa, dentro del destino
común de la humanidad, tienen fines diversos".
Y aquí viene una predicción: "Fedérense los
europeos para cumplir los (fines) suyos; federémonos los
americanos para cumplir los nuestros". 12
Estas ideas expresadas por Hostos, al igual que sus maravillosos
escritos referentes a Bolívar y de manera muy particular
su escrito titulado Ayacucho dejan meridianamente claro su
adhesión a lo que ha sido un pensamiento revolucionario
que ha sido capaz de mantenerse vigente a través de todas
las generaciones de patriotas puertorriqueños. La
tradición bolivariana fue recogida varios años
después por el patriota puertorriqueño que mantuvo
viva la lucha y la defensa de nuestra cultura y,
admirador de Betances y de Hostos, al igual que de
Bolívar, como una concepción fundamental para
así mantener viva la idea de la libertad de nuestra
patria: José de Diego.
José de Diego (1866 -
1918)
El antillanismo en José de Diego, que es
la extensión de las ideas bolivarianas en el Caribe, ha
sido expresado, no sólo en su obra política, sino
también en su obra poética. Esas expresiones no
pueden ser separadas de lo que fue su labor libertaria que, a su
vez, constituía una sólida voz denunciatoria del
colonialismo, especialmente en el período de su
radicalización durante los últimos años de
su vida. Ante la debilidad y temores del pueblo boricua,
debilidad que fue premeditadamente proyectada por el gobierno de
Estados Unidos, y ante la carencia de un liderato que estuviera
en capacidad de organizar al pueblo y levantar su espíritu
de lucha libertaria, José de Diego, al igual que Rosendo
Matienzo Cintrón y otros, asumió su rol como
continuador ideológico de la lucha patriótica cuyos
antecesores fundamentales fueron Betances y Hostos.
Su liderato puede considerarse uno de transición que pudo
garantizar la supervivencia de las concepciones de independencia
de la generación que lo precedió. Su
condición de clase no le permitió comprender la
naturaleza de la inhumana explotación a que los
trabajadores puertorriqueños eran sometidos, pero no
perdió de vista la importancia de la nacionalidad,
de la puertorriqueñidad y de los valores culturales a cuya
defensa dedicó sus esfuerzos, particularmente durante los
últimos años de su existencia.
El peligro de genocidio cultural que se intentaba
institucionalizar por los colonialistas yanquis, fue enfrentado
por de Diego con su férrea defensa de la cultura
puertorriqueña, de nuestro idioma y de nuestros valores
idiosincrásicos. Supo ejercer un fuerte liderato
político orientado por las ideas betancinas y martianas al
fomentar la independencia y la unidad antillanas. Ante ello,
tomaba como línea de defensa fundamental para los
puertorriqueños la masificación de la
educación. Nada mejor para demostrar esos valores
bolivarianos y betancinos, que sus propias palabras, tanto
poética como políticamente:
Cosas prácticas, cosas de realidad que irán
concibiendo y encaminando el ensueño magnífico de
Martí, Gómez, Hostos y Betances; irradiación
que vive en mis ojos y contemplo en todas partes…
¡Bandera cubana! ¡Lábaro dominicano!
¡Estandarte puertorriqueño! ¡Rosas de las
Antillas! ¡Constelación naciente del divino
ideal!13
Políticamente, daba continuidad a esa aspiración
antillana lanzada por Betances, Martí, Luperón,
Gómez y tantos otros patriotas de aquella trascendental
generación que promovían, como hoy ha sido retomado
por el Presidente de la República Bolivariana de
Venezuela, Hugo
Chávez Frías, al igual que por el Presidente de
la República (Martiana) de Cuba, Fidel Castro Ruz, la
unidad latinoamericana y antillana. Ya a finales de 1915,
José de Diego en unión a otros antillanos,
fundó la Unión Antillana. Ferrer Canales cita la
Base Primera del Primer Título:
–Constitúyese la "Unión Antillana" con el
carácter de una institución favorecedora del
estrechamiento de relaciones entre las Islas del Mar Caribe,
principalmente de aquéllas unidas por su origen
étnico y por la comunidad de su
historia, con el propósito de sostener la plena
soberanía y de fortalecer la dignidad, la
libertad y la felicidad de los pueblos antillanos, en un amplio
horizonte que alcance el supremo ideal de su futura
confederación política. 14
Las ideas revolucionarias comenzadas con Valero fueron
consecuentemente continuadas por los hermanos Vizcarrondo, por
Betances, Hostos, Ruiz Belvis y muchos otros. José de
Diego mantuvo viva la bandera de la confederación y unidad
latinoamericanas y es en la figura de quien fuera uno de los
más grandes patriotas representativos de las ansias
libertarias del pueblo puertorriqueño, Pedro Albizu
Campos, que se solidifica el pensamiento revolucionario de
nuestros héroes.
Pedro Albizu Campos (1891 -
1965)
Pedro Albizu Campos es el máximo
exponente de la lucha de los puertorriqueños por su
libertad durante de siglo XX. Recogió con profunda
fidelidad el pensamiento revolucionario histórico que no
es otra cosa que la tradición de lucha de nuestro pueblo.
Igualmente, supo interpretar y llevar a la práctica el
legado de los postulados bolivarianos que orientaban hacia la
unidad latinoamericana y caribeña, ideas que formaban
parte de los objetivos patrióticos ya traducidos en
práctica por las generaciones de Betances y de Diego.
No podemos afirmar que Pedro Albizu Campos fuera un marxista de
formación. No lo fue. Fue nacionalista revolucionario,
cuya trayectoria patriótica, sin lugar a dudas, estuvo
enmarcada por tendencias claramente marxistas y socialistas, sin
autoproclamarse como tal. Él no fue marxista,
fundamentalmente, debido a su profunda fe religiosa la cual
concibió como parte de la resistencia cultural al proceso
de desculturización instigado por la invasión
norteamericana de 1898. No aceptaba las tendencias ateas
propulsadas por el marxismo
dogmático que ha existido durante muchas
décadas.
Sin embargo, su práctica libertaria fue de recio
contenido revolucionario, y varios de sus principales
colaboradores fueron, como Juan Antonio Corretjer, personas de
clara identificación ideológica marxista.
Demás está decir que fue apoyado militantemente por
los marxistas organizados en la patria y, sobre todo, en los
momentos de mayor represión durante las décadas de
los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, por el
Partido Comunista de Estados Unidos.
El marxismo, filosóficamente, rechaza la existencia de
Dios. No obstante, por su propia esencia científica para
analizar los sistemas socioeconómicos y políticos,
no puede rechazar los procesos revolucionarios y lo que para esos
procesos significan las luchas libertarias. Las luchas por la
justicia social y la igualdad constituyen objetivos de las normas
socialistas; han sido tendencias que han determinado el progreso
humano, y por ende, parte integral de la metodología
marxista de análisis. ¿Podemos acaso negar la
enorme importancia que para las luchas de justicia social y
libertaria de los pueblos tienen las formulaciones enmarcadas por
la Teología de Liberación, o por las luchas de los
indígenas por sus derechos, como es la representada en la
actualidad por el revolucionario y socialista boliviano Evo
Morales? Eso sí sería antimarxista.
Pedro Albizu Campos fue un nacionalista revolucionario
creyente, y, sobre todo, totalmente comprometido con toda
reivindicación social y de avanzada en favor de los
trabajadores y de todo el pueblo puertorriqueño,
comenzando con su indiscutible compromiso con la independencia de
la patria y con la unidad de todas las naciones caribeñas
y latinoamericanas, fiel a la tradición histórica
de todos nuestro próceres y mártires.
Nuestros más objetivos y respetados historiadores
coinciden en esa valorización histórica respecto a
Pedro Albizu Campos. Nos dice la historiadora Marisa Rosado:
Para Albizu tenía prioridad, sobre cualquier otra
consideración, la conservación de las cualidades de
excelencia de la
personalidad puertorriqueña en sus múltiples
facetas: aprecio por las gestas de hombres y mujeres de
valía, el idioma, las costumbres, la unidad del pueblo, la
educación desde el punto de vista nacional, el
antirracismo [sic], el respeto a
la mujer, la
capacitación del país para
gobernarse y dirigir su destino hacia lo que le conviene en su
desarrollo como nación caribeña y latinoamericana y
el orgullo de ser poseedor de una de las culturas más
homogéneas, en comparación, claro está, con
la cultura anglosajona.15
Igualmente, nos señala:
Albizu expuso desde sus primeros pasos en la política la
tesis de que
la independencia de Puerto Rico era una necesidad de la lucha
antimperrialista [sic] iberoamericana y antillana. Llamó a
estudiar la penetración norteamericana en el continente
según ésta se manifestaba, a través de las
intervenciones militares, económicas, culturales y
religiosas.16
De igual importancia son las ideas expuestas por el Profesor
José Manuel Torres Santiago, quien se ha destacado por sus
importantes investigaciones
relacionadas con la vida de Albizu:
No hay duda de que el pensamiento anticolonial y antimperrialista
[sic] de Albizu Campos no sólo sigue vivo en las
condiciones políticas
vigentes en Puerto Rico sino también en las del Caribe y
la América Latina.
Su denuncia anticolonial y antimperrialista [sic] fue
visionaria. … De ahí que también denunciara
vehementemente las pretensiones de Estados Unidos de
"adueñarse de las Antillas, convertir el Caribe en un lago
yanqui, y así ejercer una influencia estratégica
sobre México, Centro y Sur América", la
política de colonización y neocolonización
de las repúblicas latinas con el pretexto de defenderse de
la agresión foránea; y la penetración
cultural.17
El 23 de septiembre de 1933, Pedro Albizu Campos dejaba muy claro
su pensamiento estratégico de lucha: dar
continuación a las ideas de Betances, Martí,
Máximo Gómez y Hostos, entre otros. Tenía
como fundamento los valores y objetivos establecidos por
Simón Bolívar con relación a América
Latina, la cual veía como una gran nación y Patria
Grande, al decir del Presidente Hugo Chávez Frías
en la actualidad. Para Albizu Campos, "Lares es la
repercusión bolivariana de Ayacucho en las Antillas".
Junto al deber y al derecho a rendir homenaje a los
mártires de Lares, tenemos el de rendir homenaje a
la memoria del
Libertador. Él pensó en hacer con su espada
forjadora de pueblos, la independencia de Cuba y Puerto
Rico… Pero entonces intervino Estados Unidos ofreciendo su
flota a España para que retuviese sus provincias
antillanas. Así interrumpió el imperio yanqui el
plan libertador de Bolívar.18
Albizu retomó y actualizó no sólo el
pensamiento bolivariano articulado por Betances, sino
también las ideas, concepciones y práctica de lucha
armada que han dado cuerpo a nuestra tradición de lucha
libertaria. Ya la historia en todo el mundo había
demostrado que las colonias no logran su libertad debido a una
inexistente "generosidad" de las metrópolis, sino gracias
a la lucha más decidida generada por los pueblos en aras
de la conquista de sus derechos usurpados. Betances nunca
formó parte del reformismo conciliador que tanto daño le
ha hecho al proceso de lucha libertaria de los
puertorriqueños. Por el contrario, combatió sin
tregua dicha tendencia y al fallecer dejó plasmada su
concepción patriótica y revolucionaria al expresar:
"¿Qué hacen los puertorriqueños que no se
rebelan?".
El nacionalismo
revolucionario puertorriqueño ha dado ejemplos de hermoso
heroísmo al mundo. Hombres y mujeres, bajo esa bandera
albizuista y siguiendo los postulados de lucha patriótica
y por la justicia social, actuaron con valor
incomparable al atacar directamente la guarida del monstruo.
Rafael Cancel Miranda, Oscar Collazo, Andrés Figueroa
Cordero, Irvin Flores, Lolita Lebrón, Griselio Torresola y
centenares de hombres y mujeres ofrecieron sus vidas en aras de
esos ideales betancinos y albizuistas, profundizando esa
tradición de lucha y regando con su sangre la semilla
germinada de todos los revolucionarios, tanto de esa gloriosa
generación, al igual que de los que hemos continuado por
ese camino señalado.
En ese proceso de gloriosa lucha de los puertorriqueños
encabezada por Pedro Albizu Campos, surgió de sus propias
filas el continuador inmediato de la misma: Juan Antonio
Corretjer.
Juan Antonio Corretjer Montes (1908 -
1985)
Juan Antonio Corretjer fue un ser humano
extraordinario: siendo nacionalista, era bolivariano, siendo
bolivariano, era socialista, siendo socialista era marxista,
siendo marxista era un revolucionario, y siendo revolucionario,
era poeta. Fue ideólogo y maestro, organizador unitario y
de práctica consecuente, sin oportunismos, con principios
irrefutables y profusos de amor hacia su
pueblo y hacia la humanidad toda.
Su entendimiento de lo que era un nacionalismo revolucionario lo
llevó a militar desde muy joven en las filas del Partido
Nacionalista dirigido por Pedro Albizu Campos. Su obra
poética hoy llega no sólo a los
puertorriqueños, sino a toda la América
Nuestra.
Su obra política aún llena los corazones
de todos quienes lo conocimos y compartíamos sus
sueños. Después de lo que fuera la intensa
represión a que fuera sometido el Partido Nacionalista
durante las décadas de 1930 al 1950, y luego de compartir
cárcel con quien es conocido en Puerto Rico como El
Maestro, Pedro Albizu Campos, una vez El Maestro fuera
encarcelado y torturado, Juan Antonio comienza a desarrollar los
fundamentos para la creación de lo que fue la Liga
Socialista Puertorriqueña.
La cultura política de Juan Antonio marcha a la par con su
gigantesca cultura literaria y en todas las artes. Su
sensibilidad humana la pudo proyectar a través de su
sensibilidad poética y política, como genuino
revolucionario. Su guía, su orientación, su vida,
siempre fue canalizada por ideas fijas, inquebrantables en su
alma,
infranqueables en su concepción que siempre fue, aunque la
más difícil de llevar a cabo, la más
honesta, directa y valiente. Era incorruptible.
El 22 de mayo de 1935, tras Albizu haber enviado a Juan Antonio
como delegado a Cuba para gestionar apoyo a la causa libertaria
del nacionalismo y del pueblo puertorriqueño, y por
razón de Corretjer haber sido arrestado y encarcelado en
el Castillo del Príncipe, Albizu escribe al entonces
Presidente de la República de Cuba, el señor Carlos
Mendieta, solicitando la excarcelación del patriota
puertorriqueño. Al dirigirse a Mendieta, que era en
realidad un incondicional del dictador Fulgencio Batista, Albizu
le recuerda los sacrificios de los puertorriqueños durante
las diversas guerras
llevadas a cabo por el hermano pueblo para lograr su
independencia:
... El juramento que juntó para la eternidad a
Martí y de Hostos, Maceo y Rius Rivera, Estrada Palma y
Betances, está por cumplirse por los cubanos, quienes
saben que Puerto Rico pagó con su esclavitud el precio de la
independencia de Cuba. Más de dos mil
puertorriqueños murieron en los campos de batalla de Cuba
para fundar esa República. Sabemos que los cubanos quieren
hacer válido aquel juramento ante su posteridad y nos
hemos apresurado a enviar ante ellos a un hombre que representa
las vinculaciones inviolables entre las dos naciones antillanas.
19
Sin lugar a dudas, la concepción de unidad caribeña
y latinoamericana continuaba sin tregua como responsabilidad históricamente legada por
nuestra tradición libertaria y revolucionaria. Albizu
enviaba a Corretjer a Cuba para estrechar esos vínculos y
procurar que unas promesas que consideraba indisolubles, fueran
cumplidas por parte de quienes tenían la obligación
de hacerlo. En ésos momentos, los que gobernaban a Cuba no
representaban esos compromisos, pero sí quienes
combatían a esos que ya habían vendido su alma al
monstruo norteño. Pero Albizu sí estaba inmerso en
el compromiso contraído y sellado con sangre por patriotas
boricuas en la manigua cubana.
Los cubanos más solidarios de entonces eran, sin
lugar a dudas, socialistas, marxistas muy definidos y
comprometidos. Esa oposición compuesta por revolucionarios
e intelectuales
de enorme valía, entre ellos Antonio Guiteras, Juan
Marinello, Blas Roca, Pablo de la Torriente Brau, Emilio Roig de
Leuchsenring, Nicolás Guillén y decenas de
revolucionarios cubanos que también amaban a Puerto Rico,
era la que apoyaba a Corretjer cumpliendo el compromiso reclamado
por Pedro Albizu Campos. Allí también se fue
consolidando en nuestro Corretjer un pensamiento altamente
progresista que lo condujo hacia la definición de un
nacionalismo revolucionario en oposición al nacionalismo
chauvinista y reaccionario que caracteriza a las
burguesías nacionales.
El nacionalismo revolucionario albizuista de Corretjer es el
nacionalismo de todos los patriotas puertorriqueños de la
actualidad. Es el nacionalismo de la
puertorriqueñidad.
Corretjer mantuvo durante toda su vida el compromiso fundamental
de dos aspectos de una misma lucha: la independencia nacional
para la nación puertorriqueña, y la
instauración de un sistema social fundamentado en la
justicia, en la igualdad, y en los medios de producción en
manos de quienes producen, o sea, un sistema
político y social ideológicamente y
estructuralmente socialista.
Pero Corretjer, sobre todo, fue un ser humano de profunda cultura
y conocimientos de la teoría
marxista y revolucionaria. Tal y como su práctica ha
demostrado, sus conocimientos de la historia de nuestra
nación, del Caribe y de Nuestra América, fueron en
todos sus aspectos, muy profundos. Por tal razón supo
conjugar de manera dialéctica todos los elementos de la
realidad nacional y reconocer el marco internacional en el cual
nuestra lucha se desarrolla. Con su profunda sensibilidad supo
valorar la trascendencia histórica de Simón
Bolívar, de sus valores ideológicos y sus objetivos
políticos de unidad latinoamericana y caribeña.
Quizás nada lo demuestre con tanto refinamiento
intelectual como la siguiente poesía:
El tiempo no acaba
"Un tiempo que nunca acaba.
150 años se harán miles de siglos.
Y el corcel iluminará con sus chispas piafantes
sobre la piedra inmemorial
el mañana sin fin, nutrirá el sol que no
se pone.
Brota la libertad en donde pisa.
Mil Orinocos se multiplicarán por mil,
por millones y millones. Romperán todas
las fluviales computadoras. Las aguas
quedarán lisas y claras pulidas por
el galope incesante.
Como una suave rampa de espuma y terciopelo
será para su paso de potro audaz el bárbaro
Raudal de Santa Bárbara.
Todo quedará nuevo, reluciente.
Jamás habrá noche porque sus ojos miran.
América y el mundo brillarán
porque reflejan aquel fulgor
que eternamente habla
con delirante luz
en Chimborazo romántico.
Ayacucho se llamará Chipote.
Junín se llamará Stalingrado.
Vietnam se llamará Bolívar.
Bajo el jinete de esmeralda
el caballo con alas volará de siglo en siglo,
de Ayacucho en Ayacucho,
de Chipote en Chipote,
de Junín en Junín,
de Vietnam en Bolívar,
de Bolívar en Bolívar.
Y nuevas libertades brotarán como yerbas
dondequiera que el caballo llanero ponga
sus mágicos cascos sembradores.
Porque el tiempo del pueblo nunca acaba.
El pueblo nunca acaba.
El bravo pueblo nunca acaba.
Porque el tiempo Ayacucho nunca acaba.
Si terminara todo acabaría.
No tendríamos sentido de proporción.
Seríamos muy desgraciados.
Ignoraríamos que la libertad crece y crece.
Porque hay un tiempo infinito.
El tiempo triunfador.
Tiempo Bolívar que no acaba."20
El legado de Juan Antonio Corretjer, su
armonización revolucionaria entre nación, patria,
pueblo, justicia social, socialismo, es tan grande como lo es su
poesía. Su corazón era pueblo, humanidad. Entre el
Juan Antonio revolucionario y el Juan Antonio poeta no existe
contradicción o prioridad; ambos marcharon paralelamente
hacia la conquista del ideal simbiótico que para él
lo fue: patria libre y soberana, patria justa y socialista. Se
complementaban.
Juan Antonio desarrolló una intensa lucha
ideológica para hacerles frente a las tendencias
reformistas aplicadas por algunos sectores independentistas, al
igual que a aquellos que participaban en el proceso electoral
colonial el cual él consideraba les hacía el
juego a los
enemigos de nuestro pueblo. Reclamó como un derecho
legítimo de los revolucionarios el recurrir a la lucha
armada como medio para lograr nuestra independencia.
Fue bolivariano activo. Nada mejor que, además de su obra
poética, sus concepciones políticas y sobre todo,
sus análisis e interpretaciones históricas. Si algo
refleja esta tendencia bolivariana que fue expuesta en decenas de
documentos y poesías, son las palabras que,
refiriéndose a Albizu Campos escribiera en el año
1963:
Cuatro puntos fundamentales dan base a la orientación
antillanista del líder de la independencia de Puerto Rico
Pedro Albizu Campos: (1) independencia de Puerto Rico; (2)
Confederación Antillana; (3) Unión Latinoamericana;
(4) Hegemonía espiritual de las naciones latinoamericanas.
Es su trabajo sobre el segundo el que tratamos en esta nota.
En vísperas de su viaje por las Antillas en 1927, Albizu
Campos dice a Luis Antonio Miranda: —"El
archipiélago antillano ocupa una posición
privilegiada en la geografía mundial. Se
hace imprescindible arrojar de sus territorios a Estados Unidos y
consolidarlos bajo una confederación con suficiente poder
naval para resistir cualquier revancha. Porque no me cabe duda de
la decisión que habría de tener cualquier guerra
(en el Caribe). Esto no terminará hasta reducir a la
impotencia al imperialismo norteamericano.21
Estas palabras las escribe Juan Antonio poco antes del
fallecimiento de nuestro Albizu. Las mismas denotan,
además del pensamiento bolivariano de Albizu, la profunda
convicción propia que como legado histórico
reforzó con su práctica revolucionaria y supo pasar
a las generaciones revolucionarias quienes, como Los Macheteros,
recogemos el estandarte de todas esas ideas revolucionarias y las
ejecutamos consecuentemente en aras de nuestra libertad, de la
justicia social y de la igualdad.
A Juan Antonio, aún siendo Secretario General de la Liga
Socialista Puertorriqueña, organización que siempre
estuvo hermanada al Ejército Popular Boricua - MACHETEROS,
le fue otorgado el rango de Comandante Honorario de Los
Macheteros. Nos hemos sentido muy honrados por la
aceptación públicamente expresada por Juan Antonio
al momento de recibir nuestro nombramiento.
Ejército Popular
Boricua
– MACHETEROS (década de 1970
– al presente)
Desde el momento en que el Coronel Hugo Chávez
Frías fue elegido a la presidencia del gobierno de
Venezuela en el año 1998, y comenzara lo que ha sido su
clara política de integración latinoamericana y
caribeña, nuevos espacios y esperanzas se han abierto para
todas nuestras naciones y pueblos al igual que para los que, en
Puerto Rico, aún luchamos por una patria libre y una
hermandad caribeña y latinoamericana fiel al pensamiento
de nuestros más destacados próceres
revolucionarios.
El sueño betancino, martiano y de tantos otros
próceres caribeños, sin embargo, tiene que ser
precedido por lo que es una precisa e imprescindible conquista
para poder marchar en esa dirección: la independencia de
la nación puertorriqueña y el ejercicio de total
soberanía del pueblo boricua sobre su destino.
El Ejército Popular Boricua – MACHETEROS, durante
décadas, ha luchado por la independencia de nuestra patria
dando fiel seguimiento a esa tradición de lucha que, como
ya hemos expresado, es el legado y continuidad histórica
de todos los grandes revolucionarios boricuas que durante siglos
nos han precedido.
El colonialismo yanqui, la total ausencia de
soberanía, y la existencia de una burguesía
compradora y lumpen que está en dependencia de la
metrópoli colonial, constituyen los elementos
básicos que los puertorriqueños tenemos que
derrotar. Los objetivos de la aplicación de las
políticas coloniales con relación a la economía nacional
puertorriqueña, la educación, y de control sobre
todos los medios de
comunicación, les ha permitido, además de
apoderarse criminalmente de todo lo que nuestro pueblo es capaz
de producir, aplicar políticas destructivas de todo
sentido de puertorriqueñidad, y de manera muy particular,
afectar la psiquis de los puertorriqueños creando inseguridad
tanto individual como colectiva en nuestra población. Si
alguna nación del mundo pudiera servir como
comprobación de las teorías
de Frantz Fanon, ése lo es nuestro pueblo. Decía
Fanon:
El colono hace la historia y sabe que la hace. Y como se refiere
constantemente a la historia de la metrópoli, indica
claramente que está aquí como prolongación
de esa metrópoli. La historia que escribe no es, pues, la
historia del país al que despoja, sino la historia de su
nación en tanto que ésta piratea, viola y hambrea.
La inmovilidad a que está condenado el colonizado no puede
ser impugnada sino cuando el colonizado decide poner
término a la historia de la colonización, a la
historia del pillaje, para hacer existir la historia de la
nación, la historia de la descolonización. 22
Las explicaciones de Fanon están orientadas a demostrar lo
que es la violencia del
colonizado como fuerza liberadora; violencia que, en ocasiones,
ha sido llevada a cabo sin contemplaciones ni remordimientos por
los pueblos colonizados que así se han expresado, tanto en
África como en América. El imperialismo
colonialista norteamericano, por su aplicación de
políticas genocidas y destructivas de la personalidad
de pueblo de los puertorriqueños, al día de hoy ha
logrado crear a un puertorriqueño con una profunda dosis
de violencia reprimida cuya explosión, al darse,
sería completamente incontenible.
Nuestro pueblo no es diferente a ningún otro pueblo del
mundo. La reacción de otros pueblos, si fueran sometidos a
condiciones similares a las nuestras, habrían de ser las
mismas que los puertorriqueños demostramos. Sin embargo,
las condiciones aplicadas por los colonialistas yanquis en Puerto
Rico han sido muy diferentes a lo que ha sido la experiencia de
explotación en la casi totalidad de naciones coloniales
que han existido.
En nuestro país, el objetivo ha sido, por un
lado, lograr la desaparición de la resistencia mediante la
aplicación de políticas orientadas hacia el
genocidio cultural, que es sinónimo de la
destrucción de la personalidad del pueblo
puertorriqueño como tal, y por el otro, crear un estado
total de dependencia económica y psicológica para,
dadas las circunstancias, poder sobrevivir.
El comienzo de dicha política genocida fue en el momento
en el cual los colonialistas yanquis demostraron su enorme
poderío militar, aplicando una política puramente
terrorista orientada hacia la intimidación más
brutal de nuestra población. Esa fue una invasión
ejecutada en contra de un pueblo que ya tenía arraigada
las tendencias coloniales en su conciencia,
gracias a casi 400 años de colonialismo español y,
por ende, todos los padecimientos inherentes a los pueblos
sometidos a la barbarie del colonialismo, particularmente cuando
su población indígena fuera totalmente
eliminada.
Todas las políticas yanquis impuestas por la fuerza sobre
nuestro pueblo llevaban esa línea de orientación
genocida. Es por eso que, además de destruir toda la
economía boricua tendiente a lograr una autosuficiencia
para la supervivencia y, en su lugar, institucionalizar una
economía totalmente dependiente y en manos de los
capitalistas yanquis, hicieron todo lo posible por destruir
nuestras raíces culturales imponiendo una educación
orientada hacia la eliminación del idioma español y
su suplantación por el inglés.
Eliminaron e imposibilitaron la enseñanza de
nuestra verdadera historia, que contenía sólidos
ejemplos de orientación libertaria, y la sustituyeron con
la historia de Estados Unidos al igual que la introducción forzada y metódica de
las costumbres y los estilos de vida pertenecientes al pueblo de
Estados Unidos. Aplicaron una política de
emigración forzada, ya desde principios del siglo XX,
política que condujo a miles de boricuas no sólo
hacia el territorio de la metrópoli para hacer los
trabajos más duros y menos remunerados, sino
también a lugares tan distantes como Hawai e Islas
Filipinas. Eliminaron todos los mecanismos de gobierno que, con
la autonomía lograda por los puertorriqueños poco
antes de su invasión, colocaba en manos
puertorriqueñas importantes renglones de la
administración militar del país, para imponer
una copia colonial de los mecanismos de gobierno yanquis, bajo la
fachada de democracia.
El terror, constantemente ejecutado mediante políticas
represivas cuyos propósitos han sido los de impedir y
eliminar toda tendencia libertaria de nuestra nación y de
verdadera justicia social, ha sido una constante desde el mismo
momento en que invadieron nuestro suelo, hasta el
presente.
El hecho de implantar en la conciencia y subconciencia
de los puertorriqueños la idea de que sin los yanquis
todos nos moriríamos de hambre es terrorismo
psicológico cuya ejecución fue premeditadamente
planificada; terrorismo es el infundir miedo a ser reprimido y
encarcelado por el mero hecho de ser poseedor de una bandera
puertorriqueña en tu hogar; terrorismo es el desarraigar a
los puertorriqueños de lo que es su esencia como seres
humanos, de su historia, de la hermandad de quienes como
tú comparten tu entorno geográfico e historia
común; terrorismo es el obligar a los niños a
estudiar en un idioma extraño, y a su vez humillar a
quienes rechazaban esa criminal tendencia; terrorismo es obligar
a una juventud
puertorriqueña a pelear en guerras contra pueblos
inocentes que ningún daño han hecho a los
puertorriqueños; terrorismo es controlar y decidir sobre
quién entra o no a Puerto Rico, la imposición de
una Corte Federal que se impone sobre la local, decidir
quién puede o no establecer una estación radial o
televisiva, o prensa y, a su
vez definir su contenido; terrorismo es convertir a nuestro
pueblo en conejillo de Indias para experimentar con medicamentos
cuyos efectos son desconocidos, lanzar sobre nuestras
montañas agentes químicos, como el agente naranja,
para luego utilizarlos contra otros pueblos indefensos;
terrorismo es convertir a nuestra isla de Vieques en un centro de
entrenamiento
para la Marina de Guerra yanqui y utilizarla como polígono
de tiro al blanco sin tomar en consideración a nuestra
población allí residente.
La lista sobre acciones terroristas cometidas contra nuestro
pueblo es interminable. Todas han tenido un efecto extremadamente
nocivo sobre la calidad de
vida de los puertorriqueños, y muy particularmente,
con relación a los daños psicológicos. Es
por eso que la cifra de puertorriqueños que sufre de
algún tipo de desorden mental o enfermedad se encuentra
entre los niveles más elevados del mundo. Sin embargo,
ninguno de los crímenes cometidos contra nosotros han
podido disuadir a nuestro pueblo de aprender una historia que,
para todos los elementos prácticos ha sido difundida casi
clandestinamente, pues en ningún momento el oficialismo ha
hecho esfuerzos para que nuestra juventud tenga conocimiento
pleno de nuestra herencia
cultural, de nuestra tradición de lucha.
Centenares de hombres y mujeres ubicados en todas las esferas
sociales y organizaciones
patrióticas y libertarias que se han generado en nuestra
nación, a través de toda nuestra vida como pueblo,
han actuado como propagadores de nuestra verdadera historia
opacando el esfuerzo destructivo que los colonialistas han
llevado a cabo como política.
Podrán haber sido organizaciones pequeñas, y en numerosas ocasiones, personas quienes, a nivel individual, se han tomado la responsabilidad de estudiar y diseminar con esfuerzos propios nuestra historia y herencia cultural verdadera. Igualmente, los estudios e investigaciones realizadas por los más destacados intelectuales puertorriqueños, recurriendo a archivos de numerosas naciones como Cuba, República Dominicana, Haití, Venezuela y España, han mantenido registradas muchas de las gestas de los puertorriqueños a través de los siglos y han sido difundidas casi de manera clandestina a nuestra población.
Ésa ha sido la forma mediante la cual nuestro
pueblo ha podido mantener viva en la memoria la
verdadera historia de nuestros luchadores y nuestro pueblo. No
han sido las instituciones
del colonialismo español, o las de Estados Unidos quienes
han propagado nuestra historia real, sino esa intelectualidad
patriótica de puertorriqueños la que ha garantizado
que esos esfuerzos jamás se perdieran y que, en el fondo,
sirvieran para mantener viva la esperanza, la convicción,
la nacionalidad,
nuestra cultura, y propagar lo que el enemigo de nuestro pueblo
es incapaz de derrotar o de eliminar: la conciencia nacional y
personalidad de pueblo de los puertorriqueños.
Las ideas bolivarianas, ésas que hoy se propagan con una
fuerza indetenible, las hemos conocido a través de esos
seres humanos que las han mantenido vivas. Los Macheteros hemos
tomado esas banderas: la bandera de la libertad, independencia y
soberanía total para nuestro pueblo; la bandera de la
integración de las Antillas en una gloriosa
Confederación Antillana; la idea de una unidad entre todas
las naciones de Nuestra América hasta la creación
de la Patria Grande, que fue el sueño de Bolívar,
al igual que fue el sueño de todos los más
comprometidos próceres y mártires caribeños
y de América Latina.
La independencia de la nación puertorriqueña
representa un paso de importancia estratégica en el
proceso de total liberación e independencia de toda la
América nuestra. Un Puerto Rico sometido al brutal
colonialismo yanqui, no es sino una amenaza a la soberanía
de nuestros pueblos hermanos debido a la utilización que
ellos hacen de nuestro territorio. Para los colonialistas
yanquis, Puerto Rico ha sido utilizado como bastión
militar desde donde han sido lanzadas invasiones y agresiones
dirigidas a los pueblos de Centro y Sur América. Tropas
yanquis han salido de bases yanquis en territorio
puertorriqueño para agredir a nuestros hermanos de la
República Dominicana, al igual que a Cuba, Granada,
Nicaragua, Panamá;
han utilizado nuestro territorio para el lanzamiento de
siniestros operativos encubiertos por la CIA contra Venezuela,
Colombia y otras naciones hermanas. Ya había sido
advertido por nuestro querido Pedro Albizu Campos cuando dijo que
mientras Puerto Rico fuera colonia yanqui, América Latina
no podría ser libre.
El Ejército Popular Boricua no es sino continuador de la
inspiración bolivariana convertida en tradición de
lucha por nuestros insignes patriotas y revolucionarios. El
gobierno de Estados Unidos les declaró la guerra a los
puertorriqueños el 25 de julio de 1898 al bombardearnos,
invadirnos y ocupar militarmente nuestro territorio nacional. Han
convertido a nuestro pueblo en esclavo, no solamente en los
aspectos que tienen que ver con la producción material
como obreros asalariados, sino además en esclavo de sus
políticas sanguinarias de guerras y ocupación de
tierras lejanas cuyos pueblos en nada han ofendido al nuestro, y
han obligado a nuestra juventud a servir en sus fuerzas de
agresión. Sin embargo, ya esa tradición
histórica de lucha estaba en desarrollo cuando se gestaban
esfuerzos emancipadores y contra el coloniaje español,
tradición que ha continuado hasta el día de
hoy.
Bolívar es, para los puertorriqueños,
símbolo de libertad; es unidad latinoamericana; es
igualdad y ha sido el hilo conductor que ha generado una
tradición histórica de lucha y de libertad para,
con ella, vincularnos al proceso de creación de la Patria
Grande.
Los Macheteros habremos de ser consecuentes con esa
tradición de lucha; con esos principios bolivarianos
unitarios para Nuestra América que, naturalmente, incluye
a nuestras Antillas. Luchamos por una patria libre, soberana y a
favor de esa unificación latinoamericana propulsada a
través de la Alternativa Bolivariana para las
Américas (ALBA), que se
convertirá en garantía de integración
económica, y de futuro justo y equitativo para todos
nuestros pueblos. Es el sueño bolivariano, es el
sueño de todos los puertorriqueños amantes de la
libertad. Recordemos las palabras pronunciadas por Betances, con
motivo de la inauguración de la Biblioteca
Bolívar en París, cuando invitó a los
latinoamericanos
"a hacer en nuestros países, a la sombra del nombre
venerado de Bolívar, la guerra a la guerra para establecer
para siempre la solidaridad más vigorosa entre las
naciones suramericanas".23
* 5 de julio de 2005. El autor fue, hasta el 23 de septiembre,
Responsable General del Ejército Popular Boricua –
MACHETEROS. Ese día, tras ser herido por un francotirador
en una confrontación con decenas de agentes represivos de
Estados Unidos en el municipio de Hormigueros, Puerto Rico,
murió desangrado cuando estos no le proveyeron asistencia
médica.
A don José Ferrer Canales,
Con el mayor de los agradecimientos
y aún mayor admiración y
afecto.
Autor:
Filiberto Ojeda Ríos
EXCLUSIVO DE CLARIDAD
Enviado por:
José A. Santos Ortíz
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