Este artículo pretende ser simplemente una revisión sobre lo que hasta la fecha se conoce sobre los factores implicados en el riesgo de suicidio en población joven. Se trata de una ecuación complicada, con múltiples factores implicados: nivel socioprofesional de los padres, sexo, el padecer una enfermedad mental, el nivel de estudios alcanzado, el tener problemas en el colegio, clima en el que se vive, y un largo etcétera.
Las anormalidades serotoninérgicas parecen jugar un papel importante en el riesgo de cometer suicidio.
Palabras clave: abusos sexuales, clima, colesterol, consumo de drogas, efecto Werther, enfermedad mental, figuras primarias de apoyo, nivel socioprofesional, problemas en el colegio, serotonina, tendencias sexuales.
He aquí algunos datos preocupantes obtenidos en USA3:
De otros países también se obtienen datos alarmantes6:
A la vista de estas cifras, parece que nos encontramos ante un problema de salud pública de primera magnitud, que pasa desapercibido para la opinión pública hasta que salta a los titulares de los medios de comunicación.
Para hacernos una idea aún más clara de la magnitud del problema, podemos decir que en USA4, produce más muertes en población joven que el cáncer o el SIDA. Vamos a analizar qué factores podrían estar implicados en este fenómeno.
En cuanto al sexo, los estudios de Berman y Jobes1 (1991) indican que los adolescentes varones cometen actos suicidas en una proporción cuatro veces mayor que las mujeres (18% y 4% respectivamente) en tanto que éstas intentan suicidarse sin lograrlo en una proporción más frecuente que los varones.
Las diferencias entre sexos se igualan en los países tercermundistas1.
El nivel socioprofesional de los padres no parece jugar un papel estadísticamente significativo, al igual que la presencia o ausencia de las madres en el hogar. La incidencia del trabajo de la madre en el exterior no parece significativo (Ajuriaguerra1, 1999).
En un estudio realizado en Dinamarca5, se observó que el riesgo de suicidio era mayor entre jóvenes con una historia parental de suicidio, ingreso por enfermedad mental, ser soltero, ser desempleado o beneficiario de ayudas sociales, con hermanos ingresados por enfermedad mental, cuya madre haya muerto o emigrado, y/o cuyo padre haya tenido una pobre educación o bajos ingresos.
El riesgo de los factores relacionados con la situación socioeconómica del padre era más fuerte que los relacionados con la de la madre, siempre y cuando no estén relacionados directamente con el estatus de la madre o con la enfermedad mental de ésta. Se encontró una relación inversa entre el riesgo de suicidio y la educación.
Según R. W. Blum2, de la Universidad de Minnesota, si hacemos predicciones basadas en el color de la piel, la situación económica de los padres o cómo viven con éstos, se acertará en un número pequeño ocasiones. Blum y sus colaboradores realizaron unas 12.000 entrevistas a adolescentes blancos, negros e hispanos, desde el séptimo hasta duodécimo grado, y sus padres. Encontraron que:
Algunos de los hallazgos más importantes de estos investigadores son:
Veamos los datos obtenidos en un estudio realizado en Perú por A.M. Castaceda Chang1, donde se tratan 48 casos de intento de suicidio comunicados en el Instituto de Salud del Niсo de Lima (Mуdulo de Atención al Maltratado en Salud, MAMIS) durante un periodo comprendido entre 1996 y 1999. Se encuentra que el 88% corresponde a chicas y el 12% a chicos. Las edades de mayor frecuencia se sitúan entre los 14 y 17 años. En su mayoría (56%) el origen del intento de suicidio fue por discusiones con las figuras primarias de apoyo o problemas en el grupo familiar, seguido de un 13% que contaba con un antecedente de abusos sexuales. Sólo se encontró un caso de una menor de 7 años (2%) con intención de suicidio. Parece confirmarse que la problemática familiar, unida a la crisis social y económica da lugar a situaciones de gran tensión que hacen muy difícil la comunicación.
A esto hay que sumar que los adolescentes carecen de la habilidades necesarias para afrontar determinados problemas, por lo que optan por el suicidio.
También se contempla la hipótesis del contagio. Gould7 y colaboradores encontraron que entre el 1 y el 5% de los suicidios entre jóvenes podrían ser explicados por contagio. Sería el llamado efecto Werther (por el relato de Goethe). En esta línea, Schmidtke and Häfner7 (1989) explicaron el efecto en la entonces Alemania Occidental de una serie de televisión de seis episodios que describía los problemas de un joven que terminaba arrojándose delante de un tren. Se produjo un incremento de suicidios de este tipo, sobre todo en jóvenes en situaciones similares a la del protagonista de la serie.
Algunos investigadores7 también contemplan la posibilidad de que hablar del tema frecuentemente podría hacer que las personas se sintieran más cómodas con la idea del suicidio. Mann, Waternaux, Haas y Malone10 proponen un modelo de diátesis-estrés, en el que la diátesis podría venir reflejada por tendencias a experimentar más ideaciones de suicidio y a ser más impulsivo.
El clima también parece tener su importancia. De hecho, existe una distribución asimétrica8 de suicidios a lo largo del año, produciéndose un pico en los meses de primavera. También parece haber una distribución desigual8 dependiendo de la latitud. En un estudio llevado a cabo en Italia8, se vio que había más suicidios en las regiones del norte del país. Se encuentran tres factores climáticos relevantes: el grado de humedad, la media de precipitaciones y la exposición solar. La mayor tasa de suicidios correspondía a lugares secos y menos expuestos al sol. Parece que el clima, al menos, podría contribuir al riesgo biológico.
Las personas que se suicidan podrían tener alterada la neuroquímica cerebral9 pero ésta parece no estar implicada en todos los casos9.
Los bajos niveles de serotonina podrían mediar en los problemas de comportamiento en el suicidio10. Se ha visto que algunos pacientes con bajos niveles14 de ácido 5-hidroxiindolacético (5-HIAA), que es un metabolito de la serotonina, tienen más predisposición a cometer suicidio.
Las anormalidades serotoninérgicas pueden provocar un aumento de la agresión impulsiva10. Este efecto se ha visto con modelos de ratones knockout 5-HT1B, pero el comportamiento suicida no se ha observado en dichos modelos10.
Siguiendo en esta línea, en el cerebro de los adolescentes suicidas aparecen más receptores 5-HT2A en el córtex prefrontal e hipocampo11. Asimismo, la buspirona13 y la gepirona se unen a las receptores 5-HT1A (las azapironas son agonistas parciales de la serotonina) presinápticos en el rafe dorsal y postsinápticos en el córtex e hipocampo. Estas sustancias han demostrado su eficacia en ensayos clínicos realizados en casos de ansiedad y depresión.
Incluso el colesterol podría estar implicado. En un estudio realizado por Strandberg12 et al, en el que se utilizaron drogas para reducir la concentración de colesterol en hombres hipercolesterolémicos, se encontró un descenso en los niveles de agresividad y hostilidad.
Podríamos concluir que para un sector de la población joven, con determinadas características psicológicas, sociales y biológicas, los problemas que plantea la sociedad actual resultan irresolubles, de forma que el suicidio se convierte en la única alternativa.
Huelga decir que se hace imprescindible seguir con la investigación de este fenómeno, pues las cifras de víctimas van en aumento.
También hemos de considerar la implantación de programas de prevención, y aumentar los recursos que la sanidad pública dedica al tema.
Por
M. Alonso Hoyas
Lcda. en Biología, especialidad de Neurobiología (U. Complutense, Madrid)
Estudiante de último curso de licenciatura en Psicología (UNED)
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