El Concepto de Trabajo

 

1. Introducción

2. Trabajo

§ 1. El hombre y la naturaleza, del sujeto al objeto y la actividad vital

§ 2. Proceso de trabajo y proceso de valorización.

 3. De la dialéctica del trabajo enajenado al Comunismo

§3. Del trabajo enajenado al fetichismo de la mercancía

§4. El pensamiento del joven Lukacs. De la crítica del trabajo enajenado al trabajo, de la crítica del trabajo a la actividad libre

§5. La catástrofe del Capital

6. Comunismo

§6 "Comunismo grosero" y Comunismo superador de la propiedad privada

7. Conclusión

§7. De las clausuras a la liberación

8. Bibliografía

 

 

1. Introducción

Este trabajo está dividido en secciones. La primera de ellas, es la presente introducción. En la segunda, denominada Trabajo se hace indispensable una sucinta exposición de la noción de hombre con la que Marx se maneja en los Manuscritos de 1844, noción que juega un papel fundamental tanto en su crítica a la filosofía hegeliana como en su análisis del trabajo enajenado, que a su vez es el fruto y el fundamento de su crítica a la economía política, en tanto ciencia del hombre enajenado. Del mismo modo también se hace fundamental exponer, al menos en algunos aspectos, la teoría de la ley del valor, para poder comprender cabalmente la forma que adopta el trabajo en el marco de la sociedad capitalista.

Por otro lado, la sección Dialéctica del trabajo enajenado se propone abordar algunos problemas de la relación entre los conceptos de trabajo y enajenación, que ya han sido expuestos separadamente, y pensarlos en relación con otros conceptos fundamentales de Marx, como el fetichismo de la mercancía. Así también se procurará una discusión (extremadamente general) con algunos aspectos del pensamiento de Lukacs expresado en Historia y conciencia de clase, sobre todo en relación al concepto de reificación o cosificación, que en la tradición marxista suele ser interpretado en la misma línea del concepto marxiano de enajenación. A su vez, se discutirá y se propondrá una interpretación acerca de si al concepto de enajenación le subyace, invariablemente, una noción de esencia humana que debe ser recuperada.

Posteriormente, en la sección Comunismo, se desarrollarán algunos tópicos de este concepto fundamental, ineludible cuando se problematizan las nociones de trabajo y enajenación.

Por último, se tratará una pequeña reflexión sobre la generalidad de lo trabajado, intentado ofrecer, en la medida de lo posible, una síntesis. A su vez, se intentará compartir algunas reflexiones sobre el fenómeno de las fábricas ocupadas.

 

2. TRABAJO

"Lo grandioso de la Fenomenología hegeliana y de su resultado final (la dialéctica de la negatividad como principio motor y generador) es, pues, en primer lugar, que Hegel concibe la autogeneración del hombre como un proceso, la objetivación como desobjetivación, como enajenación y supresión de esta enajenación, que capta la esencia del trabajo y concibe el hombre objetivo, verdadero porque real, como resultado de su propio trabajo."

Karl Marx, Tercer manuscrito.

 

§ 1. El hombre y la naturaleza, del sujeto al objeto y la actividad vital.

Para comprender el significado del trabajo en Marx en toda su profundidad, primeramente habrá que exponer el concepto de hombre con que Marx se maneja.

"El hombre es inmediatamente ser natural. Como ser natural, y como ser natural vivo, está, de una parte, dotado de fuerzas naturales, de fuerzas vitales, es un ser natural activo; estas fuerzas existen en él como talentos y capacidades, como impulsos; de otra parte, como ser natural, corpóreo, sensible, objetivo, es, como el animal y la planta, un ser paciente, condicionado y limitado; esto es, los objetos de sus impulsos existen fuera de él, en cuanto objetos independientes de él, pero estos objetos son objetos de su necesidad, indispensables y esenciales para su ejercicio y afirmación de fuerzas esenciales. El que el hombre sea un ser corpóreo, con fuerzas naturales, vivo, real, sensible, objetivo, significa que tiene como objeto de su ser, de su exteriorización vital, objetos reales, sensibles, o que solo en objetos reales, sensibles, puede exteriorizar su vida."

La determinación inmediata del hombre es su condición natural. Ésta, su vez, se presenta dualmente en el hombre: por un lado, el hombre es activo, exterioriza sus fuerzas vitales, se pone a sí mismo en movimiento; por el otro, el hombre es pasivo, en tanto los objetos a los que tienden sus fuerzas vitales son externos e independientes de él, tiene una existencia objetiva con respecto al hombre.

El hombre tiende naturalmente hacia el exterior, hacia lo que no es inmediatamente él. Su vitalidad misma consiste en estar arrojado hacia ese objeto exterior hacia el cual tienden sus fuerzas vitales.

Cualquier noción hipostasiada del hombre, que lo contemple de un modo acabado, cerrado, pretendería definir al hombre en sí mismo y por sí mismo. Esta concepción que ofrece Marx del hombre, si bien pareciera ser ahistórica, nosotros la entendemos en sentido diametralmente opuesto. Es esta concepción, abierta, de un hombre ontológicamente incompleto en sí mismo, que se satisface vitalmente en aquello que no es él, de un sujeto que necesita realizar su vida en objetos reales, es una concepción en lenguaje filosófico que abre el terreno para comprender al hombre históricamente. Esto es así, porque el carácter constitutivo del hombre es que se encuentra irrealizado. Pero tampoco hay que entender que esta apertura a la comprensión histórica es en el sentido de que la esencia humana recurre a la historia para realizarse. Introducimos a la historia para introducir la temporalidad, es decir, la temporalidad en el sentido de la dimensión que permite el devenir en el mundo espacial. El hombre es constantemente ese proceso de exteriorización, de realización de sus fuerzas vitales, por lo que la configuración que adquiere no es inmutable, acabada, realizada, sino un proceso en constante movimiento, proceso que se desarrolla en la historia.

Esta concepción última del hombre, la más profunda y fundamental, la más amplia y generalizada, des-centra al hombre, lo desplaza de ése lugar ahistórico y cosmológicamente central que suele ocupar.

"Tan pronto como yo tengo un objeto, este objeto me tiene a mí como objeto [...]. El hombre como ser objetivo sensible es por eso un ser paciente, y por ser un ser que siente su pasión es un ser apasionado. La pasión es la fuerza esencial del hombre que tiende hacia su objeto."

"Que la vida física y espiritual del hombre esta ligada con la naturaleza no tiene otro sentido que el de que la naturaleza está ligada consigo misma, pues el hombre es una parte de la naturaleza."

El hombre y la naturaleza son una unidad diferenciada. Hombre y naturaleza son dos elementos diferentes de una unidad, y en éste sentido puede comprenderse a fondo la relación entre estos.

Ésta cuestión es clave para la comprensión tanto del trabajo como del pensamiento de Marx en general. Los objetos que no son el hombre, en general, y la naturaleza en particular, son una existencia objetiva, irreductible al sujeto. Pero, por otro lado, tampoco hay que entender esto en el sentido de un materialismo metafísico.

"La Naturaleza tomada en abstracto, para sí, fijada en la separación respecto del hombre, no es nada para el hombre."

Tanto el hombre debe ser tomado en cuenta a su relación con la naturaleza, como la naturaleza en su relación con el hombre. Este punto es nodal para la futura comprensión del concepto de trabajo. Pero a su vez, en tanto hombre y naturaleza constituyen una unidad, también debemos comprender que son elementos de una relación que tiene sus diferencias y particularidades. El hecho de que el hombre sea un ser natural no agota el ser del hombre.

"El hombre, sin embargo, no es sólo ser natural, sino ser natural humano, es decir, un ser que es para sí, que por ello es ser genérico, que en cuanto tal tiene que afirmarse y confirmarse tanto en su ser como en su saber. Ni los objetos humanos son, pues, los objetos naturales tal como se ofrecen inmediatamente, ni el sentido humano, tal como inmediatamente es, tal como es objetivamente, es sensibilidad humana, objetividad humana. Ni objetiva ni subjetivamente existe la naturaleza inmediatamente ante el ser humano en forma adecuada; y como todo lo natural tiene que nacer, también el hombre tiene su acto de nacimiento, la historia, que, sin embargo, es para él una historia sabida y que, por tanto, como acto de nacimiento con conciencia, es acto de nacimiento que se supera a si mismo. La historia es la verdadera Historia Natural del hombre."

Sobre esta base de la relación del hombre con la naturaleza, podemos avanzar en la comprensión de la relación que el hombre entabla con los objetos a partir de su actividad. Comencemos, entonces, por aclarar los ejes que atraviesan y estructuran la noción de actividad.

Teniendo en cuenta lo anteriormente establecido, la actividad es un modo, un tipo de relación del hombre con el mundo. Nuestra intención es demostrar (si es que en este registro puede hablarse de "demostración") o, mejor aún, tomar posición, planteando que la actividad es la relación fundamental del hombre con respecto al mundo.

Marx dirá en sus famosas Tesis sobre Feuerbach:

"El defecto fundamental de todo el materialismo anterior -incluido el de Feuerbach- es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo. De aquí que el lado activo fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero sólo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal."

La naturaleza, los objetos, la materia, captada por la sensiblidad, debe ser comprendida desde la actividad del sujeto en su relación con el objeto. La relación más fundamental de cualquier sujeto físico con el mundo (la sensación), es una actividad. El hombre, en cuanto ser sensible, no es un mero receptor pasivo; incluso en ésta, la relación más fundamental con la naturaleza, es activo. El hombre está en constante relación con el mundo, y a su vez está en constante actividad con él. Desde esta base podemos comprender que

"Cada una de las relaciones humanas con el mundo (ver, oir, oler, gustar, sentir, pensar, observar, percibir, desear, actuar, amar) [...] son, en su comportamiento objetivo, en su comportamiento hacia el objeto, la apropiación de éste."

El hombre vive en un mundo sobre el cual esta arrojado a una constante actividad, y para realizar su vida, sus fuerzas vitales, se relaciona con el objeto apropiándoselo. El hombre, mediante su práctica de modificación del objeto, construye el objeto mismo en tanto tal. El hombre construye mediante su actividad un mundo objetivo, construye la objetividad de las cosas, objetiva su humanidad y humaniza los objetos. Y esto lo hace debido a la necesidad que tiene de exteriorizar, de realizar sus fuerzas esenciales. Pero esta no es una necesidad "instintiva" como lo es en cualquier tipo de actividad o práctica en el caso de los animales (incluso del "trabajo" como en el caso de las abejas o las hormigas). El hombre mediatiza su actividad con el mundo mediante su voluntad y conciencia, hace de su actividad objeto de voluntad y conciencia, y es en virtud de esta mediación que su actividad es libre, no instintiva. Y en tanto es conciente de su actividad vital es un ser genérico.

"La producción práctica de un mundo objetivo, la elaboración de la naturaleza inorgánica, es la afirmación del hombre como un ser genérico consciente, es decir, la afirmación de un ser que se relaciona con el género como con su propia esencia o que se relaciona consigo mismo como ser genérico [...]. El objeto del trabajo es por eso la objetivación de la vida genérica del hombre, pues éste se desdobla no sólo intelectualmente, como en la conciencia, sino activa y realmente, y se contempla a si mismo en un mundo creado por él."

 

La construcción del mundo objetivo es, por un lado, la afirmación del ser genérico del hombre, una determinación de un modo de las múltiples actividades que puede desarrollar en su relación con el mundo. En el modo de la actividad vital se manifiesta el carácter genérico de una especie. El hombre, construye en el mundo, mediante su actividad vital, que lo afirma como ser genérico, su hogar, un mundo humano.

Pero, surge una cuestión, el centro de esta sección, que no ha sido clarificada y que es central, y es la relación entre dos nociones: actividad vital y trabajo.

 

§ 2. Proceso de trabajo y proceso de valorización.

El hombre posee una actividad vital propia diferente de los animales, pero el problema reside en determinar el carácter de esta diferencia, si es una diferencia de "contenido" de la actividad, o si es formal, en el sentido del modo, la forma en que el hombre realiza sus actividades.

"El hombre mismo se diferencia de los animales a partir del momento en que comienza a producir sus medios de vida [...]. Al producir sus medios de vida, el hombre produce indirectamente su propia vida material.

El modo como los hombres producen sus medios de vida [...] es ya, más bien, un determinado modo de la actividad de estos hombres, un determinado modo de manifestar su vida, un determinado modo de vida de los mismos."

El trabajo es, entonces, la actividad vital del hombre. El trabajo es un modo de realización de las fuerzas esenciales del hombre. Pero, al parecer, es el modo fundamental o principal, distintivo del hombre, de las diversas actividades por medio de las cuales se relaciona con el mundo.

"El trabajo es, en primer lugar, un proceso entre el hombre y la naturaleza, un proceso en que el hombre media, regula y controla su metabolismo con la naturaleza. El hombre se enfrenta a la materia natural misma como un poder natural. Pone en movimiento las fuerzas naturales que pertenecen a su corporeidad, brazos y piernas, cabeza y manos, a fin de apoderarse de los materiales de la naturaleza bajo una forma útil para su propia vida. Al operar por medio de ese movimiento sobre la naturaleza exterior a él y transformarla, transforma a la vez su propia naturaleza. Desarrolla las potencias que dormitaban en ella y sujeta a su señorío el juego de fuerzas de la misma."

El trabajo es ese modo de la actividad mediante el cual el hombre se apropia de la naturaleza, de los objetos, para satisfacer sus necesidades. Utiliza su propia naturaleza para controlar a la naturaleza. Para ello, debe dar una forma que sea útil para el hombre a los objetos naturales. El trabajo, así, tiene esta característica fundamental de ser el productor de los objetos y medios necesarios para la vida, tanto material como espiritual, del hombre.

En el marco del trabajo enajenado,

"el trabajo, la actividad vital, la vida productiva misma, aparece ante el hombre sólo como un medio para la satisfacción de una necesidad, de la necesidad de mantener la existencia física. La vida productiva es, sin embargo, la vida genérica. Es la vida que crea vida."

El trabajo no es sólo la condición de posibilidad de la vida del hombre (en tanto es la actividad de modificar la naturaleza para proporcionar los medios de vida), sino que también es la afirmación de su ser genérico, del carácter libre de su actividad vital. Y esto puede entenderse dentro del marco de que todas las actividades del hombre con respecto al mundo operan en la construcción de un mundo objetivo, de un mundo para el hombre, más no todas las actividades del hombre con respecto al mundo se operan en el marco de la libertad, entendida esta en el sentido de tomar dicha actividad como objeto de la voluntad y de la conciencia.

El trabajo, entonces, debe ser entendido como medio para la reproducción de la vida material del hombre, así también como parte fundamental de la vida misma del hombre. Ahora bien, la importancia del trabajo en la vida del hombre, dejando de lado el que sea la actividad productora de los medios de vida para el hombre, no elimina, en ningún sentido, la importancia de las demás relaciones humanas con el mundo, de las otras formas de la actividad humana.

La descripción que hace Marx del proceso laboral, despojada de cualquier forma social, discrimina tres elementos:

-voluntad orientada a un fin.

-objeto del trabajo.

-medios de trabajo.

 

La voluntad orientada a un fin se manifiesta como atención del productor en el proceso laboral. El trabajador, en el proceso productivo, visualiza el objetivo que realiza en la actividad. La voluntad orientada a un fin se comprende en el marco de la mediación propia del trabajo como forma particular y determinada de la actividad humana. El objeto de trabajo es la naturaleza, la tierra y el agua, económicamente hablando. El hombre desliga los elementos, los distintos objetos de su medio natural, y les imprime su forma útil. Para esto, utiliza diversos medios, que a su vez también fueron, primariamente, otorgados por la naturaleza, pero estos objetos ya han recibido una forma dada por el hombre, una forma que es útil en vistas de la actividad productiva.

Todo proceso laboral, todo trabajo, es una actividad orientada a un fín, como dijimos. Todo trabajo es un tipo concreto de actividad, determinado, y que produce un objeto determinado y particular, que satisface necesidades determinadas y particulares del hombre. Esto es común a todas las formas que adquiere el trabajo a lo largo de la historia: el trabajo es trabajo útil, si no, no es considerado socialmente trabajo, es una actividad diferente.

Hasta aquí hemos expuesto el proceso laboral. Pasemos a la exposición del proceso de formación de valor y del proceso de valorización.

En la sociedad capitalista, el trabajo adquiere una forma particular. La riqueza se presenta en estas sociedades como un "enorme cúmulo de mercancías". Lo propio de las mercancías, que es la forma que adquieren los productos del trabajo en estas sociedades, es su capacidad y la finalidad de ser intercambiadas entre sí. El intercambio entre productos del trabajo que satisfacen necesidades diferentes, entre objetos cualitativamente diferentes, pone de manifiesto que esos objetos tiene un algo que es común. Este algo que es común, es su valor, expresado en el valor de cambio de las mercancías, cuya forma ulteriormente desarrollada es la forma de dinero. Ahora bien, lo que se está expresando en el valor de las mercancías, es que son productos del trabajo humano, del trabajo abstractamente humano.

Este es el carácter fundamental del trabajo en la sociedad productora de mercancías: su carácter dual, el de ser, por un lado, un trabajo útil, determinado, y por el otro, trabajo abstractamente humano, trabajo humano en general.

Esta distinción de los aspectos del trabajo se expresa en la mercancía en su dualidad, en ser valor de uso y valor simultáneamente. El valor de uso está constituido por el cuerpo de las mercancías, es su capacidad de satisfacer una necesidad humana determinada, y representa al trabajo útil. El valor es la representación del trabajo abstractamente humano, y la magnitud del valor, que se expresa cuantitativamente en el valor de cambio de la mercancía, es el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción.

El valor de las mercancías, entonces, consiste en el tiempo de trabajo incorporado a las mismas.

Analicemos ahora, brevemente, la producción en la sociedad capitalista. La primera forma de manifestación del capital es el dinero que, recordemos, es la forma desarrollada del valor de cambio, que es la forma de expresión del valor, que es la representación del trabajo abstractamente humano. El capitalista tiene una determinada cantidad de dinero con el cual compra ciertas mercancías para producir nuevas mercancías. Adquiere materia prima, medios de producción y fuerza de trabajo. Tanto la materia prima como los medios de producción son productos del trabajo, y, por lo tanto, trabajo objetivado, trabajo muerto. Esto quiere decir que es trabajo solidificado, que no se encuentra en movimiento, es la actividad realizada que se ha detenido y objetivado. A su vez, estos objetos (materia prima y medios de producción) tiene un valor, es decir, tienen cierta cantidad de trabajo incorporado a ellas. Estos objetos constituyen los factores objetivos del proceso de producción. Por otro lado, el factor subjetivo está dado por la fuerza de trabajo, el trabajo vivo, la actividad en movimiento. La misma es, en la sociedad capitalista, una mercancía, que el trabajador vende al capitalista por su valor, es decir, por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción, lo cual no quiere decir otra cosa que el valor de la mercancía fuerza de trabajo por el lapso de una jornada laboral está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para mantener vivo al obrero durante un día, durante esa jornada.

Ahora bien, esta mercancía fuerza de trabajo, tiene la característica particular de que su valor de uso, la necesidad que satisface, e.g., su productividad, es el hecho de ser la creadora de valor.

Durante una jornada laboral, el aspecto útil del trabajo, transfiere el valor de los medios de producción y de las materias primas al nuevo producto. Revive al trabajo muerto. Pero, a su vez, cada minuto en que la fuerza de trabajo es empleada en la producción, se agrega un nuevo valor al mundo, al producto. El carácter capitalista de la producción depende de la duración de la jornada laboral, pero no es un sentido meramente cuantitativo, sino formal, estructural.

En la producción simple de mercancías, la duración de la jornada laboral no hace más que añadir al producto el mismo valor que contiene la fuerza de trabajo empleada. Es decir, si el valor de la fuerza de trabajo es de 5 horas, es decir, si el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de los medios de subsistencia (es decir, la satisfacción de las necesidades socialmente reconocidas) del trabajador para que viva durante un día es de 5 horas, la jornada laboral dura 5 horas; estamos ante un proceso simple de producción de mercancías. La mercancía producida se limita a contener el mismo valor que los elementos empleados para su producción, la jornada laboral se limita a reproducir el valor de la fuerza de trabajo. Hasta aquí hemos expuesto el proceso de formación de valor. Pasemos ahora al proceso de valorización.

En la sociedad capitalista, el valor de la fuerza de trabajo es menor que el tiempo que puede durar una jornada laboral. Es decir, que la fuerza de trabajo tiene un valor de 5 horas, pero el valor de uso de la fuerza de trabajo es utilizable durante, por ejemplo, 10 horas. Es decir, no se limita a reproducir el valor de la fuerza de trabajo, sino que es extiende más allá, y produce un plusvalor, y el capital adelantado (dinero) se valoriza.

"Como unidad del proceso laboral y del proceso de formación de valor, el proceso de producción es proceso de producción de mercancías; en cuanto unidad del proceso laboral y del proceso de valorización, es proceso de producción capitalista, forma capitalista de la producción de mercancías."

El trabajo vivo recupera el valor solidificado en los medios de producción (meidos y materia prima), e.g., del trabajo muerto. El trabajo vivo es quien pone en funcionamiento la maquinaria de la producción capitalista, cuya lógica es la lógica del valor que busca valorizarse. Y es gracias a la utilización del trabajo vivo, que el capital, cuya primera forma de manifestación es el dinero, es valoriza.

 

3. DE LA DIALÉCTICA DEL TRABAJO ENAJENADO AL COMUNISMO.

§ 3. Del trabajo enajenado al fetichismo de la mercancía.

El trabajo es la forma dominante que adquiere la actividad humana a lo largo de la historia. El trabajo es el tipo de actividad por la que el hombre mediatiza y domina su eterno metabolismo e intercambio con la naturaleza, para satisfacer sus necesidades, para producir su vida. El trabajo, en tanto actividad vital humana es, en palabras de Marx, la vida que crea vida. Pero el trabajo es trabajo enajenado. El hombre produce con su actividad vital vida y poderes hostiles.

En este sentido, si bien no son equivalentes, puede trazarse un puente conceptual entre el trabajo enajenado y la teoría del fetichismo de la mercancía.

El análisis del fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo ni bien asumen la forma de mercancías, aparece desarrollado por Marx como parte de su análisis del enigma del dinero, la forma más desarrollada de expresión del valor.

Lo misterioso de la forma de mercancías debe encontrarse en la forma misma. En este punto, el análisis de Marx es profundamente superior al de los economistas clásicos. Marx no busca el contenido oculto tras la forma, sino que se pregunta el porqué dicho contenido (el trabajo) adopta dicha forma, y que consecuencias acarrea. Esta dimensión del pensamiento marxiano demuestra una de sus capacidades intelectuales más profundas.

Lo enigmático de la forma-mercancía que adoptan los productos del trabajo, está en esa forma misma.

 

"Lo misterioso de la forma mercantil consiste sencillamente, pues, en que la misma refleja ante los hombres el carácter social de su propio trabajo como caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajo, como propiedades sociales naturales de dichas cosas, y, por ende, en que también refleja la relación social que media entre los productores y el trabajo global, como una relación social entre los objetos, existente al margen de los productores."

Lo propio de la producción de mercancías es que, por un lado, son productos de trabajos privados independientes los unos de los otros. Por otro lado, en tanto valores de uso, las mercancías son producidas para otro, para el intercambio, la mercancía satisface necesidades sociales. Ahora bien, recordemos que el intercambio se realiza a través del valor de las mercancías, y el valor no es más que el tiempo de trabajo socialmente necesario. El trabajo productor de mercancías es necesariamente social, puesto que su determinación fundamental (el trabajo abstracto) es una determinación social.

Ahora bien, el carácter social de los productos del trabajo sólo se manifiesta en las relaciones sociales establecidas entre las mercancías, es decir, a través del intercambio. Es a través del intercambio que los trabajos se realizan como partes del trabajo social global. A través de dichas relaciones de intercambio entre los productos, se relacionan los productores. Esta mediación provoca que las relaciones entre los trabajos se manifiesten, a los ojos de los productores, como relaciones sociales entre las cosas y relaciones de cosas entre las personas, y no como relaciones entre las personas mismas.

En esto consiste el fetichismo de la mercancía. Con el desarrollo del intercambio mercantil, deviene un poder "cuasi natural" sobre los individuos, ajeno a su control, que obedece a su propia lógica.

Ahora bien, recordemos que este análisis aparece como el subproducto (aunque ni por asomo ponemos en duda que es uno de los logros teóricos mas logrados de Marx) del análisis del enigma del dinero, equivalente general de todas las mercancías, vehículo para la expresión del valor de todas las mercancías que se arrojan al intercambio.

"La forma de dinero no es más que el reflejo, adherido a una mercancía, de las relaciones entre todas las demás mercancías."

El dinero es, entonces, el reflejo del reflejo, el fetiche del fetiche. Es el poder dominante extrañado potenciado. Y, contra quienes hablan de "ruptura epistemológica" entre "el joven Marx" y el "Marx científico", esta idea del dinero ya aparecía en los Manuscritos:

"La inversión y confusión de todas las cualidades humanes y naturales, la conjugación de las imposibilidades; la fuerza divina del dinero radica en su esencia en tanto que esencia genérica extrañada, enajenante y autoenajenante del hombre. Es el poder enajenado de la humanidad."

El dinero es la poder externo que realiza, a cada momento, la inversión de las cualidades humanas. Es la potencia enemiga de la realización humana. Es una fuerza que opera por sí misma, ya bajo su misma lógica. Por otro lado, no hay que olvidar que el dinero es la primera forma de manifestación del capital. El dinero, en tanto expresión del valor, es un sujeto automático, opuesto a los intereses del hombre.

Pero no hay que perder que el dinero es la forma desarrollada de expresión del valor de las mercancías, que no son más que productos del trabajo humano, y el valor mismo, trabajo genérico humano. En este proceso queda iluminado como los mecanismos de enajenación operan estructuralmente en la sociedad y organizan la vida de los individuos.

 

§ 4. El pensamiento del joven Lukacs. De la crítica del trabajo enajenado al trabajo, de la crítica del trabajo a la actividad libre.

En este sentido, es muy recurrente la lectura de Georg Lukacs. Cuando escribió su obra más renombrada, Historia y conciencia de clase, los Manuscritos de 1844 aún no estaba publicados. Lukacs construyó el concepto de reificación. Este concepto es un subproducto del análisis del fetichismo de la mercancía, con su proceso de cosificación de las relaciones sociales, pero aplicado a todas las manifestaciones vitales de la sociedad humana. El análisis y desarrollo del concepto de reificación, lo llevo a desarrollar temáticas que tienen puntos de contacto con el concepto de enajenación de Marx. Los conceptos centrales de Lukacs son reificación y objetificación. La objetificación es una forma insuperable de la manifestación humana, como el mismo lo dirá el Prólogo de 1967.

La cosificación se manifiesta en múltiples ámbitos, pero podemos discernir un plano objetivo y otro subjetivo: en el objetivo, adopta la forma de leyes del mercado, cosificadas, extrañas y superiores al hombres, en el subjetivo, frente al trabajador su capacidad creativa, su actividad vital, adopta la forma de fuerza de trabajo, de mercancía, de algo que se posee y es enajenable.

El desarrollo de la cosificación va acompañado por la imposición del principio de calculabilidad. El mismo, de raigambre analítica, se origina en el proceso de trabajo, mediante la división cada vez mayor de las tareas, para disminuir los tiempos de producción, lo cual provoca, en el plano social, la descomposición del objeto, y el desgarramiento cada vez mayor del sujeto.

Pero, a diferencia de Lukacs, si bien estos procesos afirmamos que son procesos de enajenación, no creemos que estén esencialmente ligados con lo que él llama objetificación. La manifestación de la actividad humana toma, necesariamente, una forma objetiva. Pero, creemos, que afirmar que toda objetivación es una enajenación, elimina la posibilidad de crítica para con las formas concretas de enajenación existentes. Además, impide desvincular (al menos teóricamente) a la actividad humana de su forma trabajo, cerrando así el paso a una forma superadora, cerrando el paso a la dialéctica.

 

§ 5. La catástrofe del Capital.

La enajenación, afirmamos, es una forma histórica que adopta el trabajo humano. El preguntarse por qué el trabajo humano adopta esa forma, parece ser una pregunta sin respuesta. Incluso Marx se formuló esa pregunta, dejándola sin respuesta. La inteligencia humana aún no ha podido develar ese secreto, pero lo que si sabemos es que no es una forma necesaria del trabajo. Marx expone en su noción de comunismo cómo la actividad humana se despoja de la forma de trabajo enajenado.

Incluso el trabajo es una forma impuesta a la actividad humana:

"La relación de la propiedad privada contiene latente en sí la relación de la propiedad privada como trabajo, así como la relación de la propiedad privada como capital, y la conexión de estas dos expresiones entre sí. Es, de una parte, la producción de la actividad humana como trabajo [...]. Es, por otro parte, la producción del objeto de la actividad humana como capital."

La propiedad privada, el producto del trabajo enajenado, obliga, constriñe a la actividad humana a tomar la forma de trabajo, y se apropia del producto del trabajo y lo transforma en capital. Y esto es explicable porque la producción económica, la producción en el capitalismo, que se orienta al valor y a su valorización, necesariamente debe apoyar el valor en el valor de uso de un producto, incluso debe expresarlo en el valor de uso de un producto. Por eso la actividad humana es compelida a adoptar al forma de trabajo, es obligada a exteriorizar sus fuerzas vitales en un objeto que sea util, consumible, intercambiable por otro valor. Para liberar a las fuerzas vitales del hombre de la forma de trabajo, para liberar al hombre del trabajo, y, en última instancia, para liberar al hombre del hombre, que está históricamente determinado por su actividad vital bajo la forma de trabajo, es necesario suprimir revolucionariamente la propiedad privada, mediante la actuación "práctico-crítica".

La catástrofe del capital es el cambio violento de forma, la destrucción de la forma que constriñe el desarrollo del hombre, de su libertad, de su productividad, del trabajo vivo, de la libre creatividad, de la actividad humana, de las relaciones humanas con el mundo.

Este proceso tiene que encarar la modificación radical de las estructuras sociales. Sólo en este sentido serían posibles la superación de la enajenación y las distintas formas que adquiere el dominio sobre el hombre. En este sentido, se vuelve fundamental, nuevamente, la categoría de totalidad, ya que es ésta la que debe ser modificada, para poder lograr una cambio existencial en la vida del hombre.

 

6. COMUNISMO

"Para nosotros, el comunismo no es un estado que deba implantarse, un ideal al que hay de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual."

Karl Marx, La ideología alemana.

"El comunismo es la destrucción de la explotación y la liberación del trabajo vivo. Eso es todo. Simplemente."

Antonio Negri, Marx más allá de Marx.

 

§ 6. "Comunismo grosero" y Comunismo superador de la propiedad privada.

Marx trata la cuestión del comunismo en diversas obras. A su vez, distingue entre dos ramas que puede adquirir la supresión de la propiedad privada. La primera, a la que llama comunismo grosero, no es, en última instancia, otra cosa que la generalización de la lógica de la propiedad privada, puesto que no se trata de la liberación de la actividad humana, sino que se basa en generalizar la condición de trabajador a toda la sociedad, eliminando ese otro ajeno que se apropiaba de la actividad y el producto del trabajador.

Este comunismo grosero sólo piensa en función de la satisfacción de necesidades materiales, continúa con su sensibilidad social enajenada "heredada" de la sociedad enajenada:

"La propiedad privada nos ha hecho tan estúpidos y unilaterales que un objeto sólo es nuestro cuando lo tenemos o cuando es inmediatamente poseído, comido, bebido, vestido, habitado, en resumen, utilizado por nosotros."

Por otro lado, el comunismo, ya no el grosero, sino como superación positiva de la propiedad privada, no puede sino liberar a la actividad del hombre de la forma de trabajo. Y esto es posible a partir del alto desarrollo de la capacidad productiva del hombre, gracias a la tecnología. Dadas las condiciones del desarrollo de las fuerzas productivas, se hace posible que con una mínima porción (cada vez menor) del tiempo social, el hombre se apropie racional y concientemente del producto, del intercambio y de la distribución, y ésta no sea una mera fuerza extraña y hostil, separada y por encima de los hombres. De esta manera, el hombre se apropia de sus relaciones con el mundo, es la liberación de todos los sentidos, es la superación de todos los antagonismos propios de la sociedad de clases.

Es un humanismo-naturalismo, ya que el hombre no ve en la naturaleza algo exterior y ajeno como cuando, mediante el trabajo enajenado, su objetividad genérica plasmada en la naturaleza le era arrancada, despojándolo de los medios de realización de sus fuerzas vitales y de los medios de subsistencia.

En el estado social, como también lo denomina Marx,

"subjetivismo y objetivismo, espiritualismo y materialismo, actividad y pasividad, dejan de ser contrarios y pierden con ello su existencia como tales contrarios; se ve cómo la solución de las mismas oposiciones teóricas sólo es posible de modo práctico sólo es posible mediante la energía práctica del hombre y que, por ello, esta solución no es, en modo alguno, tarea exclusiva del conocimiento, sino una verdadera tarea vital que la Filosofía no pudo resolver precisamente porque la entendía únicamente como tarea teórica."

Otro antagonismo superado es el del individuo extrañado de su género, ya que al socializarse la producción, el intercambio y la distribución, y eliminarse la propiedad privada (fuente de la objetivación egoísta del para sí), los intereses entre los hombres ya no son contrapuestos. El hombre no se ve forzado a crear imágenes supraterrenales para protegerse ideológicamente de las amenazas de los otros hombres, el hombre supera las condiciones históricas de la enajenación ideológica.

Una última cuestión, que esperamos dejar zanjada, es con respecto a la esencia humana que se realiza en el comunismo. Esta esencia no está oculta, tras la enajenación, la enajenación no es una pérdida de la esencia humana. La enajenación es un proceso histórico, la enajenación es la producción de formas de vida que reproduce la dominación del hombre sobre el hombre. No hay una esencia humana que liberar. La liberación de las relaciones humanas con el mundo, no puede entenderse en términos esencialistas. Lo que sucede es que los procesos de enajenación obligan a los hombres a negar los mismos procesos que sostienen la explotación, condicionan y determinan la sensibilidad, la conciencia y la vida de los hombres para que funcionen de acuerdo a la maquinaria de explotación que en ese momento de la historia está funcionando. La enajenación obliga al hombre a no mirar ciertas cosas, cosas sobre la que se apoya la enajenación del trabajo, y la enajenación de la actividad humana, que no es otra cosa que la forma que adquiere la vida humana. El considerar que hay una esencia humana enajenada, que debe recuperarse de ese proceso histórico de extrañamiento, forzosamente, debería concebir el comunismo, la superación de la extrañación y de la propiedad privada, como la síntesis o finalidad del desarrollo humano. Por el contrario, no es el pensamiento de Marx ni el nuestro:

"El comunismo es la posición como negación de la negación, y por eso el momento real necesario, en la evolución histórica inmediata, de la emancipación y recuperación humana. El comunismo es la forma necesaria y el principio dinámico del próximo futuro, pero el comunismo en si no es la finalidad del desarrollo humano, la forma de la sociedad humana."

El carácter "necesario" del comunismo, pasa, siguiendo el epígrafe de esta sección, porque ofrece la solución y la superación de los problemas y los procesos de enajenación que afectan al hombre.

El comunismo, en tanto liberación de las potencialidades de relación del hombre con el hombre, del hombre con el mundo, implica a su vez, la negación del hombre. El hombre estuvo históricamente determinado por su carácter enajenado. El proletariado, como explica Marx en La ideología Alemana, es la clase deshumanizada, sufre todas los males de la sociedad sin gozar de su beneficios, su vida misma significa la negación de la vida del hombre. Para poder vivir, esta clase, la negación de las clases, debe revolucionar completamente los cimientos materiales de producción y reproducción de la sociedad.

 

"Así pues, mientras que los siervos fugitivos sólo querían desarrollar libremente y hacer valer sus condiciones de vida ya existentes, razón por la cual llegaron, en fin de cuentas, al trabajo libre, los proletarios, para hacerse valer personalmente, necesitan acabar con su propia condición de existencia anterior, que es al mismo tiempo la de toda la anterior sociedad, con el trabajo."

Marx, y el comunismo, lejos de plantear una determinación a priori, planetan la liberación mayor posible pensable, dentro de las condiciones materiales existentes, de las determinaciones bajo las que existe el hombre.

 

7. CONCLUSIÓN

§ 7. De las clausuras al cambio.

Hemos intentado dar una exposición básica y ofrecer una interpretación sobre dos conceptos centrales del pensamiento de Marx. Hemos buscado profundizar del concepto de trabajo enajenado al concepto de trabajo, y del concepto de trabajo al de actividad, para intentar comprender al hombre y las formas desde determinaciones generales, amplias, que permitan una reflexión sobre sus desarrollos vitales dentro de la historicidad que lo constituye.

Otra de las ideas silenciadas por la intelectualidad es la idea de la revolución social, del cambio radical en la organización de la sociedad. Consideramos que se hace necesario comenzar a reflexionar en la vigencia ( pues nosotros opinamos que la tiene) o no de tal horizonte de la práctica social, y también acerca de las causas y las consecuencias que ya ha tenido el abandono de dicha perspectiva. Consideramos que la reflexión y la práctica política es el paso necesario para seguir siendo fiel al espíritu de esta investigación.

Por otro lado, si bien es claro que la búsqueda comunista es liberar al hombre del trabajo, y por tanto, en última instancia, del hombre como lo conocemos, se hace inevitable la búsqueda de reflexión sobre prácticas políticas y sociales relacionadas con el trabajo. Incluso, son reflexiones inevitables, en la búsqueda de la superación del trabajo, de la liberación de las relaciones humanas con el mundo.

En estos momentos, los obreros de Zanón están acampando en la plaza Congreso, pidiendo la estatización de la fábrica, que se encuentra bajo su control desde hace dos años. Tuve la oportunidad de conocer Zanón el año pasado, en ocasión del Congreso Nacional de Filosofía, que se realizó en Neuquén. Los obreros de Zanón ocuparon la fábrica inicialmente, ante el progresivo vaciamiento de la empresa por parte de sus patrones, temerosos de perder sus fuentes de trabajo, sus medios de mantener su existencia física y la de sus familias. Por claridad estratégica, o empujados por la circunstancias, pusieron a producir la fábrica bajo su control. En poco más de dos, pusieron a funcionar la fábrica, crearon nuevos productos y produjeron casi 200 puestos nuevos de trabajo, ocupando a desempleados de la zona, cobrando sueldos que rondan los mil pesos. Los ritmos y las condiciones laborales son muy diferentes a las de cualquier fábrica de la Argentina, y en general, podría decirse del mundo.

Claro está que sería idealizante plantear una superación de la enajenación, ya que éste es un fenómeno estructural, social. Por otro lado, los obreros de Zanón, al menos hasta hoy, producen mercancías como cualquier fábrica. Al menos hasta hoy, porque su búsqueda en el plano político es lograr la estatización, para no destinar la producción al mercado, sino destinar la producción de la fábrica (una de las más grandes de Latinoamérica) para fines sociales, como escuelas, hospitales, rutas. Ellos piden estatización y plan de obrar públicas, para que el destinatario de la actividad, de la realización de las fuerzas vitales de los obreros neuquinos, se realicen en el mejoramiento de las condiciones de la sociedad.

La estudiante de sociología Collado, Adriana (citada en la bibliografía, dejamos la ponencia a disposición), plantea que si bien en Zanón se producen mercancías, no se produce capital, puesto que el motor de la producción no está en la búsqueda de la valorización, sino en aquello que tanto la economía política burguesa como el racionalismo denunciado por Lukacs dejan de lado: el valor de uso, lo concreto, lo particular. Los obreros comenzaron a producir para poder seguir percibiendo salarios y mantenerse, hoy plantean poner su producción al servicio de la sociedad.

Los obreros de Zanón, además, se han convertido en un referente político a nivel nacional e internacional, pese al silenciamiento de los medios de comunicación, y al olvido de las instituciones sociales que producen conocimiento, como nuestra ilustre academia.

Esperamos que triunfe su lucha, y que sea el comienzo de experiencias que avancen en la configuración de un sujeto que punte a cambiar cualitativamente las relaciones sociales en las que vive el hombre, y, de una vez, terminar con la explotación.

 

Ramiro Ernesto Cárdenes

ramirocardenes[arroba]yahoo.com.ar

 

8. BIBLIOGRAFÍA

Bibliografía Primaria

* Marx, Karl, El capital. El proceso de producción de capital, v.1, Sección primera: "Mercancía y Dinero", Sección Segunda: "La transformación del dinero en capital", Sección tercera los capítulos 5º "Proceso de trabajo y proceso de valorización " y 6º "Capital constante y capital variable"; Siglo XXI editores argentina, Buenos Aires, 2002.

* Marx, Karl, La cuestión judía, Quadrata, Buenos Aires, 2003.

* Marx, Karl, "Feuerbach, contraposición entre la concepción materialista y la idealista", "La construcción hegeliana de la fenomenología" y "La sociedad burguesa y la revolución comunista", en La ideología alemana, Cid Ediciones, México.

* Marx, Karl; Manuscritos: economía y filosofía, Altaya, Barcelona, 1997.

* Marx, Karl, Tesis sobre Feuerbach.

Disponible en internet: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/45-feuer.htm.

 

 

Bibliografía Secundaria

* Astrada, Carlos; "Hegel y Marx", en Astrada, Carlos, y Korn, Alejandro, Hegel y Marx, Quadrata, Buenos Aires, 2004.

* Bensaïd, Daniel; Cap. 8 "En la búsqueda del sujeto perdido" en Les discordances des temps. Essais sur les crises, les classes, l’histoire; Les editions de la pasión, París, 1995.

* Chingo, Juan, y Sorel, Julio, "Rifkin y Gorz o el embauque de la sociedad post industrial" en "¿Crisis del trabajo o crisis del capitalismo?", en Estrategia Internacional, Nº11/12, publicación de la Fracción Trotskysta, abril/mayo de 1999.

Disponible en internet: http://www.ft.org.ar/estrategia.htm.

* Collado, Adriana; "¿Por qué hablamos de protestas sociales y no de lucha de clases?.Zanon bajo control obrero, germen de socialismo", ponencia expuesta el 23/10 en las Jornadas de Sociología.

* Diaz, Ariane; "Las ‘contingencias’ del ‘determinismo’ marxista", en Lucha de Clases. Revista marxista de teoría y política Nª1, noviembre de 2002. Publicación de la agrupación estudiantil universitaria En Clave Roja.

* Diaz, Ariane; "Introducción", en Trotsky, León, Escritos filosóficos, CEIP León Trotsky Ediciones, Buenos Aires, 2004.

* Feuerbach, Ludwig; capítulos 1 "La esencia del hombre" y 2 "La esencia de la religión" en La esencia del cristianismo, Trotta, Madrid.

* Godoy, Raúl, "La lucha de Zanon es un aporte inmenso a la experiencia obrera en Argentina",

entrevista de Elio Brat, disponible en internet:

www.rebelion.org

* Holloway, John; "Capítulo 4: El fetichismo" en Cómo cambiar el mundo sin tomar el Poder.

* Lenin, Vladimir Illich; "Sobre el problema de la dialéctica" en Cuadernos filosóficos, Ediciones Estudio, Buenos Aires, 1972.

* Lukacs, Georg; "Prólogo de 1967", "Prólogo a la primera edición", "¿Qué es el marxismo ortodoxo" y "La cosificación y la conciencia del proletariado" (en particular, el apartado 1º intitulado "El fenómeno de la cosificación", pp. 90-120) en Historia y Conciencia de clase, Obras completas, v. III, Grijalbo, México DF, 1969.

* Marcuse, Herbert; Razón y revolución, las secciones I.4 "La fenomenología del espíritu" (especialmente las pp. 114 a 123, sobre la dialéctica del siervo y el señor), II.4 "Marx: el trabajo alienado", II.5 "La abolición del trabajo", II.6 "Análisis del proceso de trabajo" y II.7 ""La dialéctica marxista"; Altaya, Barcelona, 1997.

* Martinez, Josefina, "Fábricas ocupadas y gestión obrera directa. Apuntes para una reflexión histórica y teórica", en Lucha de clases. Revista marxista de teoría y política Nº1, noviembre de 2002. Publicación de la agrupación estudiantil universitaria En Clave Roja.

* Trotsky, León; "Cuadernos de Trotsky, 1933-1935. Escritos sobre Lenin, dialéctica y evolucionismo" en Escritos filosóficos, CEIP León Trotsky Ediciones, Buenos Aires, 2004.

* Vranicki, Predrog; "El socialismo y el problema de la alineación" en Erich Fromm y otros, Humanismo Socialista, Paidos, Bs. As., 1966.

* Zelenay, Mariela y Blengino, Luis; Autogestión obrera y construcción del poder, monografía realizada en el marco del seminario "Sujeto, racionalidad y poder" dictado por el profesor Rubén Dri, Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, 2º cuatrimestre de 2002.

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