Monografias.com > Computación > Internet
Descargar Imprimir Comentar Ver trabajos relacionados

La Web como memoria organizada: el hipocampo colectivo de la red




Enviado por Javier Candeira



     

     

    Este artículo -que sinDominio reproduce
    aquí con el amable permiso de su autor- apareció
    formando parte de la recopilación "Para poder pensar",
    publicado en la Revista de Occidente (Madrid), en
    marzo del 2001. La revista
    presentaba el siguiente
    Índice:

    Para poder pensar. Encuentro, creación y
    transmisión en la Red", por José Antonio
    Millán

    Cómo podríamos pensar", por
    Vannevar
    Bush

    "En el comienzo era el rumor", por Roberto
    Blatt

    "¿Muerte o
    transfiguración del lector?", por Roger
    Chartier

    "La Web como memoria organizada: el hipocampo colectivo
    de la red", por Javier
    Candeira

    Sobre los autores

    "La diferencia entre información y conocimiento
    es la siguiente:

    – información es cuando tienes el número
    de teléfono de Christie
    Turlington;

    – conocimiento es cuando tienes a Christie Turlington
    [1]

    P.J. O’RourkeAge and Guile Will Beat Youth,
    Innocence And A Bad Haircut

     

    Introducción: The
    Knowledge

    La primavera pasada, una noticia recogida por la BBC
    llamó mi atención. Científicos del London
    University College habían descubierto que los cerebros de
    los taxistas londinenses tenían el hipocampo más
    grande que los de las personas que no conducían taxis por
    Londres. No sólo lo tenían
    más grande (de media, que se dice en estos casos) como
    colectivo; el crecimiento del hipocampo era más acusado en
    aquellos profesionales que llevaban más tiempo en el
    oficio. Ser taxista en Londres hace que le crezca a uno el
    hipocampo, vaya.

    La causa de este crecimiento se atribuye al hecho de que
    para obtener la licencia, un taxista ha de conocer de memoria el
    intrincado callejero londinense, también conocido como The
    Knowledge [3] El
    Conocimiento, con K mayúscula. El Conocimiento por
    antonomasia. Extraer una primera conclusión es tan
    fácil como castizo: el saber sí que ocupa lugar,
    después de todo. Lo que los científicos
    británicos deducen es más complejo: el hipocampo,
    lugar del cerebro donde los
    neurólogos sospechan que puede residir la coordinación de la memoria,
    crece según aumenta la capacidad del individuo de
    navegar por su entorno.

    No se trata de una simple memoria literal; la capacidad
    de recordar está tan entrecruzada y relacionada como
    posibles rutas hay entre dos puntos cualesquiera de una
    metrópolis. Se diría que el nombre dado al
    callejero es especialmente apropiado, porque lo que almacenan los
    cerebros humanos no es información, sino conocimiento. Y
    el hipocampo es, según parece demostrar el experimento
    londinense, lo que nos hace capaz de recordar y navegar por
    nuestro entorno, gracias al conocimiento adquirido a
    través de la experiencia.

    En su libro El
    arte de la
    memoria, (Taurus, 1974), Frances Yates describe la
    mnemotécnica griega como una ciencia
    hermética, en la que cada idea o concepto se
    asocia a una habitación de un edificio, el Palacio de la
    Memoria. El origen de esta técnica se atribuye al poeta
    griego Simónides, pero su escuela se puede
    rastrear hasta el Renacimiento a
    través de Cicerón, Santo Tomás de
    Aquino y Giordano Bruno. Los novatos en este arte de recordar
    basaban sus palacios en edificios reales, pero los maestros
    podían inventar espacios artificiales, llenos de alcobas y
    nichos en los que depositar sus recuerdos. Que esta
    técnica, arte o ciencia de la memoria tenga una utilidad real es
    muy revelador: en el cerebro humano los recuerdos y la capacidad
    de visualización espacial están relacionados de una
    forma que permite recuperarlos a voluntad.

    El título de este artículo es una
    metáfora inspirada por el descubrimiento londinense. Pido
    de antemano disculpas a los neurofisiólogos que, con el
    vello del cogote erizado, estén en este momento dejando
    caer su ejemplar de la Revista de Occidente y corriendo hacia sus
    escritorios para componer una bien mesurada pero enérgica
    carta de
    protesta al editor. No sé si Internet se parece
    más al hipocampo que a la hipófisis, o al menos no
    estoy muy seguro. Pero
    estoy convencido de que Internet actúa como un sistema nervioso
    de orden superior, que interconecta y coordina operaciones en
    las que la voz de la colmena es más eficiente, más
    cierta, más afortunada que la voz de cada uno de sus
    individuos.

    Si el mundo está, como vislumbraba Teilhard de
    Chardin, recubierto de una noosfera, una capa de materia
    pensante con una conciencia
    propia, la Internet es el sistema nervioso
    artificial que nos permite pensar como una comunidad, con
    facultades que superan a la de cada una de sus partes, sea
    cualitativa o cuantitativamente. Esas partes que integran la
    noosfera somos nosotros, y la Web es nuestro hipocampo colectivo,
    la sede de nuestra común memoria y capacidad de
    asociación, navegación y filtrado. Teilhard de
    Chardin habría dicho que la evolución
    humana culmina en una evolución cultural y tecnológica,
    que se encarna en un órgano cerebral externo.

    Propuesta la tesis,
    entremos en la exposición

     

    Los weblogs o
    diarios de ideas

    Una forma muy conveniente de organizar la memoria es
    mediante las narrativas. Todos recurrimos a ellas en alguna
    ocasión: no encontramos las llaves y tratamos de
    recomponer la secuencia de acciones entre
    la entrada en la casa y el primer recuerdo consciente de haber
    extraviado el llavero. Esta es también una de las muchas
    funciones de
    los weblogs, o por lo menos una de sus utilidades.

    Un weblog es, esencialmente, una colección de
    enlaces (URLs) anotados. Su nombre, traducido literalmente,
    significa "bitácora de la web", y de hecho gran
    número de webloggers de habla hispana llaman
    "bitácoras" a sus páginas. Existen muchos tipos de
    weblogs, pero en este artículo sólo nos ocuparemos
    de dos de sus acepciones más extremas. La primera es la
    definición que el estadounidense Peter Merholz hace de
    Peterme [5, su sitio personal en la
    red. Merholz opina que la principal función de
    una bitácora de red es servir de "diario de ideas"
    [6, una especie de autobiografía
    intelectual altamente informal y extemporánea, escrita con
    la doble intención de provocar el diálogo y
    servir de depósito para el pensamiento

    Los webloggers como Merholz son un ejemplo de lo que el
    visionario Vannevar Bush describió llamó trail
    blazers, literalmente "abridores de sendas". En su influyente
    artículo de 1945 As We May Think [que se reimprime en este
    mismo número, N. del Ed.], Bush describía una
    dispositivo mecánico similar al hipertexto actual, y
    predecía la existencia de personas cuya función
    sería bucear en los vastos océanos de
    información y enhebrar un documento con otro, dejando una
    estela de significado entre las olas de ruido,
    contradicción y redundancia. Merholz y los webloggers como
    él son estas personas; la lectura de
    peterme.com es más que recomendada para quienes se
    interesen por el diseño
    de interfaz orientado al usuario, la crítica
    de cómics, la teoría de
    sistemas, el origen etimológico de ciertos
    términos sexuales o la naturaleza de
    los propios weblogs, entre otros muchos temas

    La mejor forma de investigar en Internet sobre un tema
    es buscar alguien que ya lo haya hecho y publique la
    información al respecto. Los weblogs no pretenden ser
    directorios sistemáticos: se parecen más a un
    rastro de miguitas de pan dejado por una hormiga con suerte. Y la
    naturaleza temporal de los weblogs (el propio Merholz
    señala que "lo único se puede decir de todos los
    weblogs es que son cronológicos") hace que la memoria
    narrativa sea la mejor forma de recuperar una lectura medio
    recordada. "¿Dónde leí esto?", se pregunta
    uno rascándose la cabeza como hace cuando no logra
    encontrar las llaves. "Estaba antes de una cita sobre Sim City y
    después una referencia a los libros de
    ciencia cognitiva de la editorial del MIT. ¡Ah, sí!
    ¡En Peterme!". Nótese que ese "antes y
    después" puede referirse a la línea temporal del
    propio navegante de Internet, según sigue el rastro de
    enlaces. Pero esto no importa, al menos por ahora.

    Está claro que hay gente con una voz propia que
    nos produce confianza, y que podemos identificar claramente, y
    orientarnos en su narración según nuestra
    necesidad. Pero esto siempre ha sucedido, los individuos siempre
    han tenido su voz, y los individuos singulares a menudo han
    tenido su audiencia. Particularmente, me gusta la voz en la que
    Peter Merholz compone su weblog. Pero se da una curiosa
    paradoja

    Tomemos dos millones de americanos al azar, mejor que
    sean dos millones y medio para que se acerquen más al 1%
    aproximado de la población, y démosles acceso a
    Internet si aún no lo tienen, y enseñémosles
    a usarla. Es casi seguro que entre esos dos millones y medio de
    personas sepan más que Peter Merholz de casi cualquier
    tema, incluídos los temas en los que Merholz es
    especialista, sea por profesión o por afición. El
    problema es cómo se extrae una voz inteligible de esa
    multitud: dos millones y medio de personas no tienen una voz, lo
    que tienen es una barahúndaAquí es donde entra en
    juego lo que
    la jerga informática (animada y patrocinada por el
    espíritu del marketing)
    llama "filtrado colaborativo".

     

    El filtrado colaborativo: la
    voz de la colmena

    En los años 60 empezó a utilizarse por
    parte de gobiernos, instituciones
    internacionales y grandes empresas un
    método de
    prospectiva llamado "método Delphi", en
    referencia al oráculo griego de Delfos. Creado en 1953 por
    dos investigadores de la corporación RAND para dar
    solución a un problema de planificación militar, el método
    Delphi es el más popular de los sistemas para
    recabar y refinar las opiniones de un grupo de
    personas, normalmente un comité de expertos. El
    método Delphi, sin embargo, tiene un grave defecto: exige
    que los expertos estén informados del problema en
    cuestión, requiere que les sea repartido un cuestionario,
    y sólo es fiable si los expertos están dispuestos a
    colaborar.

    Nada nos hace pensar que nuestros dos millones y medio
    de personas elegidas al azar cumplan estas condiciones, pese a
    estar provistos de ese gran elemento socializador que es el
    acceso a Internet. No sólo no son expertos previamente
    seleccionados, sino que la información que emiten es
    producto tan
    sólo de la intersección entre sus necesidades, sus
    conocimientos y su libre albedrío. Algunos están
    locos. Otros mienten. Gran cantidad de ellos creen a pies
    juntillas en lugares comunes, mitos urbanos
    o "verdades" procedentes de la superstición o las
    creencias religiosas más disparatadas. Dada cualquier
    pregunta cuya respuesta no sea claramente obvia ("¿Hay
    luz durante el
    día?"), aproximadamente la mitad de nuestros seleccionados
    contradice a la otra mitad. De hecho, una mitad contradice a la
    otra de forma espontánea, sin que medie pregunta
    previa

    Y, sin embargo, sigo afirmando que estos dos millones y
    medio de personas no sólo saben más de casi
    cualquier tema que cualquier experto elegido arbitrariamente,
    sino que Internet nos provee de mecanismos para extraer
    conocimiento válido de esa grande y ruidosa
    confusión.

    El más notorio experimento de "filtrado
    colaborativo", y el que dio origen al término, es Firefly,
    el sistema de recomendaciones gestado en el Instituto
    Tecnológico de Massachusetts por Patti Maes [7]. Este sistema, que en sus principios
    todavía recibía el nombre de "agente de software", resolvía
    el problema de la falta de coordinación de la masa…
    coordinándola. Al registrarse, el usuario tenía que
    responder a una serie de preguntas sobre sus gustos musicales,
    comparando unos discos y artistas con otros y puntuándolos
    en una escala
    numérica. Tras ese primer "entrenamiento",
    el "agente" era capaz de recomendarnos nuevos discos
    basándose en los gustos de los demás usuarios del
    sistema.

    El sistema fue un fracaso comercial, y como "usuario"
    puedo decir que entiendo por qué. Firefly tenía una
    nefasta tendencia a dar datos sin aportar
    información. Lo cual, traducido al español
    que se habla en Occidente, significa que no contaba nada nuevo.
    Las recomendaciones eran siempre obvias, sin nada de la gracia
    que tiene cualquier desconocido que nos recomienda un disco tras
    una breve conversación. Y para ese viaje no hacen falta
    alforjas, que en este caso son el registro previo y
    el tercer grado inicial.

    Un sistema similar con mejores resultados es el que
    tienen los grandes almacenes online
    Amazon, antes conocidos como librería online Amazon
    [8].

    • Si consultamos la ficha de un libro cualquiera, por
      ejemplo The Art of Memory, de Frances Yates, el sistema nos
      informa de otros libros que han comprado los clientes que se
      llevaron el título consultadoThe Memory Palace of Matteo
      Ricci by Jonathan D. Spence
    • Giordano Bruno and the Hermetic Tradition by Frances
      A. Yates
    • In the Palaces of Memory: How We Build the Worlds
      Inside Our Heads by George Johnson
    • The Rosicrucian Enlightenment by Frances A.
      Yates

    La selección
    parece bastante obvia, son dos libros más de la misma
    autora y dos libros con el mismo tema que el que provoca la
    búsqueda, hasta el punto de que comparten un par de
    palabras-clave (memory y palace). Este sistema no nos propone
    nada que no hubiéramos encontrado por cuenta propia, sin
    más que dar los pasos lógicos. Sin embargo el
    sistema de Amazon tiene ya una ventaja clara sobre el Firefly de
    Maes: trabaja con información implícita, y no
    requiere que sus clientes se sometan a cuestionarios.
    "Masajeando" la base de datos
    que contiene la información de sus clientes (y sin romper
    su anonimato), Amazon puede ofrecernos recomendaciones basadas en
    datos reales. Es posible engañar a un sistema ante
    preguntas que no requieren ningún compromiso, y los
    algoritmos de
    Firefly quizá confíen demasiado en que la gente no
    vaya a mentir al contestar a su cuestionario previo. En la
    expresión popular norteamericana, los clientes de Amazon
    "votan con su dinero", con
    lo que se supone que su compromiso con las decisiones que toman
    es más sincero

    Pero además Amazon parece funcionar mejor que
    Firefly. Podría ser una cuestión de mi
    imaginación, o puede que sea un efecto de cómo la
    acumulación de datos cuantitativos (Amazon es, con
    diferencia, el primer vendedor de productos
    culturales en la red) produce datos cualitativos. También
    podría ser que, pese a no haberlos inventado, los
    programadores de Amazon hayan sabido refinar mejor que Pattie
    Maes sus algoritmos de filtrado colaborativo. Existe una
    última posibilidad, y es que, por las
    características comerciales de los respectivos mercados o por la
    naturaleza de sus contenidos, los libros se presten más
    que la música a la
    selección automática este tipo de algoritmos. El
    caso es que, en ocasiones, Amazon nos sorprende con
    recomendaciones tan acertadas como inesperadas.

    Introduzcamos, por ejemplo, el título
    Systemantics: The Underground Text Of Systems Lore, un libro, por
    cierto, que viene muy bien recomendado por Peter Merholz. Estas
    son las sugerencias que hace Amazon, basadas en las compras de otros
    clientes·

    • The Logic of Failure by Dietrich Dorner, et
      al.
    • Living on the Fault Line : Managing for Shareholder
      Value in the Age of the Internet by Geoffrey A.
      Moore
    • Patterns of Software : Tales from the Software
      Community by Richard P. Gabriel
    • Humane Interface, The: New Directions for Designing
      Interactive Systems by Jef Raskin

    Interesante: uno de los libros viene firmado por Jef
    Raskin, iniciador del proyecto
    Macintosh en Apple. Otro de ellos es obra de Geoffrey Moore, un
    gran teórico sobre el desarrollo
    comercial de la tecnología. No
    conozco a los otros dos autores, pero los títulos me
    atraen, el primero (La lógica
    del fracaso/fallo) porque me sugiere que es una teoría
    general de "por qué las cosas no salen bien", algo que ha
    intrigado al alma humana
    desde el desgraciado incidente de la serpiente y el arbol
    plantado en el centro del Eden, y el segundo porque me parece
    interesante el posible enfoque antropológico, o de
    historia oral,
    del estudio de los patrones o pautas en la ingeniería del software. Sobre todo,
    ninguno de los títulos ni los autores, con la posible
    excepción de The Logic of Failure, habría aparecido
    en una búsqueda superficial por palabras-clave más
    o menos obvias. En cualquier caso, esta vez Amazon ha acertado
    conmigo, o yo con Amazon. Quizá fuera bueno que
    experimentaran ustedes, y llegaran a sus propias
    conclusiones.

    Pero recabar votaciones involuntarias o
    "implícitas" es mucho más fácil
    todavía, y mucho más útil de una manera
    cotidiana y prosaica. Un ejemplo concreto:
    ¿Cómo se escribe, Gutenberg o Gutemberg? Introduzco
    ambas variantes en Altavista[9], un
    buscador de texto
    completo, y me fabrico una concordancia instantánea en dos
    pasos:

    • Gutemberg: 4,315 pages found
    • Gutenberg: 119,275 pages found

    La votación no es menos arrasadora por
    implícita. Los autores de las 123.590 páginas
    indizadas por Altavista no están respondiendo a la
    pregunta "¿Cuál es la grafía correcta del
    nombre del inventor de la imprenta de
    tipo móvil?" más que de forma implícita,
    pero los resultados son igualmente válidos. Yo me dejo
    llevar por el consenso, y no creo que los 4.315 heterodoxos (o
    menos, algún autor puede haber confeccionado más de
    una página) sean de mucho fiar.

    Sería fácil escribir una pequeña
    aplicación que aceptara dos o más términos
    (ni siquiera tienen por que ser grafías alternativas de
    una misma palabra), comprobara su frecuencia de aparición
    en la base de datos de Altavista o cualquier otro buscador y
    ordenara los resultados en orden creciente o decreciente. Pero lo
    más importante es que, al igual que en el ejemplo de
    Amazon, la información se "cosecha" de entre los datos que
    voluntariamente hacen públicos sus emisores, sea al hacer
    sus compras o publicar sus páginas
    web. Nuestro proceso de
    recolección y refinamiento de la información no
    requiere esfuerzo extra por parte de sus emisores, no exige su
    atención.

    El economista Michael Goldhaber postula que en la era de
    la creación y transmisión digital de los canales y
    los contenidos que los llenan, el recurso escaso es nuestra
    atención. El contenido es multiplicable hasta el infinito,
    mientras que la atención es indivisible, y el tiempo del
    que disponemos es el auténtico recurso escaso. Esta
    escasez es la que
    crea una "nueva economía natural de
    la red", que Goldhaber llama "La Economía de la
    Atención" (nota)[10] según
    la definición que dice que la economía es el arte
    de la optimización de los recursos escasos,
    y valiosos, y que en la sociedad de la
    información la atención no sólo es escasa,
    sino valiosa en términos que se pueden
    contabilizar.

    Nuestros mecanismos de filtrado colaborativo, el de
    Amazon y el sistema casero de comprobación de ortografía, que les recomiendo que se tomen
    con una buena dosis de caveat emptor, tienen a su favor que, en
    términos de atención, son gratuitos para los
    proveedores de
    la información, y de muy bajo precio para
    los consumidores, en el caso de Amazon.

    Sin embargo hay casos en los que los proveedores de la
    información son también sus consumidores, y como
    tales están dispuestos a "gastar" un poco de su
    atención para mejorar la calidad de la
    información que consumen. Esta calidad se mide en algo
    que, por analogía con la ingeniería de telecomunicaciones, llamaremos
    "señal/ruido". Entre otros términos.

     

    Dos millones y medio de
    tecno-freaks, todos opinando al mismo tiempo

    Slashdot[11] es un sitio de
    noticias sobre
    software
    libre, ciencia, política digital y
    derechos civiles,
    tecnología y hardware, Linux y Unix en
    general, Legos, Star Wars… la lista exhaustiva de temas es
    demasiado larga para este artículo. El sitio se autodefine
    con el lema News for Nerds. Stuff that Matters, lo que traducido
    libremente viene a decir algo así como "Noticias para
    empollones. Cosas que importan".[12]

    Slashdot es un weblog colaborativo y automoderado, en el
    que los lectores son los que proponen y escriben la mayor parte
    de las "historias" o noticias, y también pueden
    comentarlas mediante un sistema que no sonará a nuevo a
    quienes ya estén familiarizados con este tipo de foros
    electrónicos. El lector que desee hacer un comentario
    puede introducirlo en el sistema, sea como respuesta a la noticia
    principal, o como glosa a otro comentario anterior. El resultado
    es una estructura
    arborescente de comentarios a comentarios a comentarios, que
    dirían Gertrude Stein o Jonathan Swift. Las líneas
    de discusión que unen una secuencia de comentarios a
    comentarios se llaman "hilos" o "threads", y terminan (o, mejor
    dicho, empiezan) necesariamente en una noticia. (nota)[13]

    Hemos dicho que Slashdot es un weblog colaborativo y
    automoderado.Veamos qué significa eso. Si un weblog es,
    según nuestra anterior definición, una lista
    cronológica de enlaces comentados, el aspecto colaborativo
    de Slashdot lo aporta el hecho de que cualquier lector puede
    proponer su enlace junto con su comentario. En este sentido los
    autores de Slashdot son sus lectores desde la primera iniciativa.
    Pero si esto fuera todo, Slashdot y los sitios de su mismo estilo
    no se diferenciarían en nada de un tablón de corcho
    en la pared de un instituto, o en las paredes de un urinario
    público.

    Cualquiera puede proponer una noticia mediante el
    formulario habilitado al efecto, y hacerlo anónimamente
    (protegido si quiere por un apodo autoescogido). Pero la portada
    de Slashdot o de cualquiera de sus secciones se compone de una
    selección de las noticias propuestas. Los encargados de
    esta selección son los llamados editores, que lo son en el
    sentido que en el mundo de la edición
    anglosajona recibe la palabra editor: seleccionan, refinan,
    corrigen, comentan y (en ocasiones) recortan las noticias
    propuestas antes de publicarlas.

    Hasta aquí el proceso es similar al de
    publicación en las cartas al
    director de un periódico.
    Pero en este momento es donde entra en funcionamiento el
    verdadero corazón de
    Slashdot. Los lectores empiezan a poner sus comentarios. Al
    contrario que en la mayor parte de los foros albergados por
    medios de
    comunicación tradicionales, aquí los temas han
    sido propuestos por los propios lectores. Al contrario que en las
    cartas al director de los medios
    impresos, en los que el único que responde al lector es,
    en ocasiones, el redactor jefe, aquí todos se pueden
    responder entre sí. La calidad de los comentarios es
    fundamental. Entre los usuarios de Barrapunto [14], el sitio inspirado en Slashdot que
    co-mantengo, existe el consenso de que el valor de un
    sitio como Slashdot no reside en las noticias, sino en los
    comentarios de sus usuarios [15].

    El resultado es una estupenda cacofonía
    libertaria de opiniones y contra-opiniones, datos informativos,
    mentiras y rumores, chistes,
    momentos de inspiración, comentarios que no vienen al
    caso, flames y trolls. Estos tres últimos tipos merecen su
    explicación aparte, pues son el motivo histórico
    que dio origen al sistema de moderación. Un flame es un
    insulto, una diatriba que se sale del tono de la discusión
    sin contribuir al debate. Los
    foros de discusión online aceptan bien la ironía, e
    incluso el sarcasmo, pero el insulto personal o el desbarre
    fóbico están muy mal vistos. Un troll es un
    comentario provocador, a menudo en busca de que alguien responda
    con un flame. Un comentario que no viene al caso es simplemente
    eso, y los tres ejemplos, trolls, flames y offtopics tienden a
    generar ruido en la discusión. En los términos de
    la metáfora telemática antes citada, la relación
    señal/ruido empeora, y el debate es menos
    fructífero, o menos inteligible.

    Históricamente, Slashdot empezó como una
    página personal. Su creador Rob Malda, alias "CmdrTaco" y
    un amigo llamado Jeff Bates, alias "hemos", colgaban en su web
    las noticias que les interesaban, y abrían el foro al debate público.
    Pronto Slashdot se hizo popular entre universitarios aficionados
    a la informática sobre Linux y a la política del
    Software
    Libre. Demasiado popular, incluso, y pronto los debates
    estaban llenos de comentarios como "First Post!" (¡Primer
    comentario!") o "Quiero untar a Natalie Portman de gachas
    calientes etc…". Incluso los comentarios que iban al grano
    se repetían, mejorando la relación
    señal/ruido en términos estadísticos, pero
    disminuyendo la concentración de información
    disponible. Este último ejemplo es comparable a las
    ocasiones en que dictamos un número de teléfono dos
    veces en un contestador. En este caso la redundancia ayuda a
    la
    comunicación, pero la concentración de
    información por unidad de tiempo es menor.

    La historia de cómo Malda fue experimentando con
    distintos modelos de
    moderación está muy bien contada por él
    mismo[16]. Nosotros nos contentaremos con
    describir la moderación en su estado actual
    (octubre de 2000).

    Como ya hemos dicho, cualquier lector puede proponer una
    noticia. Para que esta noticia aparezca en la portada, es
    necesario que un editor la publique. Una vez publicada una
    noticia, cualquier lector puede añadir su comentario.
    Hasta aquí, todo es sencillo.

    Malda añadió al sistema un mecanismo
    cualitativo y cuantitativo de puntuación de comentarios.
    Cada comentario puede tener entre -1 y 5 puntos, y una
    calificación adjetiva (interesante, offtopic, gracioso,
    troll, informativo, sobrevalorado). El lector de Slashdot puede
    elegir qué comentarios lee seleccionando el umbral de
    corte. Quien quiera saber lo que es un troll no tiene más
    que leer Slashdot con la moderación a -1. Quien quiere
    leer sobre un tema y no tiene mucho tiempo puede hacerlo con el
    umbral puesto a 5, con lo cual sólo leerá los
    mejores comentarios, aquellos que han alcanzado la
    puntuación más alta. Pero lo interesante no es
    cómo los lectores usan el resultado de la
    moderación, sino cómo la ejecutan sin ningún
    tipo de supervisión por parte de los
    editores.

    Para ser moderador es necesario ser usuario registrado.
    Esta condición es evidente, puesto que la idea de la
    moderación es que entre todos los lectores de Slashdot
    extraigamos la voz comunal del sitio, y la navegación
    anónima no permite saber si un visitante forma o no parte
    de la comunidad. Así que los "Anonymous Cowards" o
    "Pendejos sin Nombre" (terminología de Barrapunto), apodo
    que reciben los contribuyentes anónimos, pueden proponer
    noticias para su aprobación por un editor y comentar
    libremente las que pasan ese primer filtro, pero no tienen la
    capacidad de moderar. Podemos decir que poner comentarios es un
    derecho, pero moderarlos es un privilegio acordado sólo a
    ciertos miembros de la comunidad.

    Periódicamente, el sistema informático que
    genera las páginas HTML de Slashdot
    y controla su base de datos ejecuta un programa que
    cuenta el número de noticias y comentarios, y
    evalúa el número de puntos de moderación
    necesarios para calificarlos. Una lotería reparte esos
    puntos (en lotes de 5) entre los usuarios registrados que visitan
    el sitio, según un baremo especial. Los visitantes poco
    asiduos están descontados, porque se supone que no conocen
    lo bastante bien el espíritu del sitio, y no lo pueden
    representar. Los visitantes más frecuentes son gente que
    tiene "demasiado tiempo libre", y Malda no los considera fiables:
    el moderador ideal está en el punto medio.

    Existen más mecanismos de control que
    aseguran que la moderación escoja los mejores comentarios.
    Para evitar que alguien pueda "ahorrar" sus puntos hasta que se
    toque un tema en el que esté personalmente involucrado, y
    modere arrimando el ascua a su sardina en lugar de elegir los
    comentarios que más contribuyen al debate, los puntos
    caducan a los tres días. Si no se usan, se pierden.
    También es imposible moderar comentarios de una noticia
    que uno mismo haya comentado. O se comenta, o se modera, pero no
    se pueden hacer las dos cosas en la misma noticia. De este modo
    se evita que alguen pueda darle sus puntos a su propio
    comentario, o a un comentario con el que simplemente esté
    de acuerdo, sin importarle la calidad que pueda aportar al
    discurso.

    Cada acto de moderación tiene también,
    como hemos dicho, un componente cualitativo. No sólo
    otorgamos o restamos un punto al comentario, también
    decimos por qué lo hacemos. Si decimos que un comentario
    es gracioso, interesante, informativo o infravalorado en
    relación con los demás, le añadiremos un
    punto que se restará de nuestra cuenta. Si nuestra
    calificación es de redundante, troll, sobrevalorado o
    fuera del tema, le restaremos un punto de los que tenemos para
    moderar. Ningún comentario puede tener más de 5
    puntos, ni menos de -1. No tiene sentido moderar hacia arriba un
    comentario calificado con un 5, ni hacia abajo un -1
    troll.

    Esto funciona especialmente bien a la hora de usar los
    parámetros de moderación como lector. Un troll es
    un troll en cualquier forma en que aparezca, y a no ser que uno
    tenga un sentido del humor particularmente inmaduro, leer
    Slashdot asignando -1 al umbral de moderación es un acto
    que oscila entre la curiosidad malsana y el puro
    masoquismo.

    Los comentarios ya nacen con un valor de
    moderación. Si quien los aporta es un usuario registrado,
    su valor es automáticamente igual a 1. Si son aportaciones
    anónimas (uno de los mayores contribuyentes a Slashdot se
    llama A. Nonymous y se apellida Coward) su valor inicial de
    moderación es cero. Esto incentiva la participación
    y el registro, y también da por hecho que la calidad de
    los comentarios es proporcional a la responsabilidad que uno sobre sus palabras. Es una
    lástima que en esta asignación de ceros puedan caer
    algunos justos con los pecadores (mucha gente considera necesario
    contribuir anónimamente, por lo común por razones
    laborales), pero en general el sistema incentiva el esfuerzo en
    redactar una nota que se ajuste al tema, sea informativa, no sea
    redundante y, a ser posible tenga algo de espíritu
    original.

    ¿Saben lo curioso? El sistema funciona. Un
    reciente estudio realizado por el holandés Johan Pouwelse
    con vistas a su doctorado en la Universidad de
    Delft calcula que el sistema de moderación identifica un
    comentario inspirado (insightful) en tan sólo 37
    minutos[17]. Lo interesante del sistema
    es que cada moderador independiente dedica a la moderación
    mucho menos tiempo. De hecho, el acto de moderar está
    asociado a la lectura de los comentarios del sitio (algo que los
    moderadores hacen frecuentemente de todas formas, o el algoritmo de
    Malda no les adjudicaría los puntos de moderación),
    así que para un lector de Slashdot, el coste de moderar
    es, en términos de economía de la atención,
    prácticamente cero. Sin embargo, la suma (o debería
    decir mejor la integración, pues los elementos sumados se
    acercan a cero) de todos esos actos de moderación
    individuales produce un efecto macroscópico imposible de
    lograr por una sola persona.

    Un individuo podría realizar esa
    moderación, pero a) tardaría más y b)
    moderaría menos cantidad de comentarios. La
    moderación de Slashdot se realiza en paralelo, y durante
    los 37 minutos que Powelse ha calculado que se tarda en que
    emerja un comentario inspirado, muchos otros comentarios flotan a
    la superficie por informativos, interesantes o graciosos, y otros
    tantos se hunden en los abismos del -1 por redundantes, alejados
    de la cuestión, insultones o simplemente por idiotas. El
    corazón de Slashdot funciona como un sistema nervioso de
    orden superior, que coordina todos estos minúsculos
    esfuerzos intelectuales
    (minúsculos cuando la métrica que aplicamos es la
    Economía de la Atención) para extraer de ellos
    opiniones colectivas, la voz de la comunidad de lectores de
    Slashdot.

    Si consideramos que Slashdot es un repositorio de
    información y opinión (un análogo de la
    memoria externa), el sistema de moderación es un filtro
    distribuido, que en vez de residir en un solo programa
    está repartido por los ordenadores coloidales que cada
    lector guarda en su cabeza. Los comentarios moderados se
    almacenan en Slashdot, que a partir de este momento deja de
    almacenar mera información para convertirse en un
    repositorio de conocimiento, el resultado de una
    elaboración comunal de teorías, información, opiniones o
    narrativas. Un hipocampo colectivo, si me permite decirlo el
    único neurofisiólogo que todavía sigue
    leyendo

    El sistema de moderación, sin embargo, tiene sus
    fallos. Los usuarios más activos (dentro
    de un orden) adquieren el privilegio de la moderación con
    mayor frecuencia, y tienen más mano en la evolución
    temática de cada debate, y por tanto pueden sesgar la
    identidad de
    Slashdot hacia su ideología. Por esa razón existe un
    sistema de meta-moderación.

     

    Quid moderat ipsos
    moderatores?

    La cibernética es la moderna ciencia del
    control en sistemas complejos, más concretamente del
    autocontrol en sistemas autoregulados. En 1948, cuando Norbert
    Wiener formuló su teoría, lo hizo basado en
    investigaciones de Arturo Rosenbluth,
    cardiólogo mexicano con el que colaboraba en el Instituto
    Nacional de Cardiología [18]. El
    descubrimiento de Wiener y Rosenbluth es que el corazón no
    está guiado por el sistema nervioso
    central, sino que se alimenta de las señales
    nerviosas que él mismo genera, en un proceso de
    realimentación o feedback. Así, mediante la
    realimentación, es como se autoregulan los sistemas
    complejos.

    En Slashdot la realimentación se produce por un
    sistema llamado Meta-Moderación. A cada usuario registrado
    se le ofrece diariamente la posibilidad de juzgar una lista de
    diez decisiones de moderación, marcándolas como
    "justas" o "injustas" ("fair" y "unfair", respectivamente), o
    declarar la abstención. Lo que se juzga no es el
    comentario, sino el acto de moderar, y con ello y de forma
    implícita, la capacidad de cada moderador. Un
    meta-moderador puede encontrarse con varios comentarios repetidos
    (un comentario puede haber sido moderado por más de una
    persona), y juzgar cada decisión de moderación
    independientemente de si está de acuerdo con el comentario
    o no. Lo importante es declarar si este comentario contribuye a
    mejorar la calidad del debate.

    Los moderadores que sistemáticamente reciban
    meta-moderaciones de "injusto" pueden perder la posibilidad de
    adquirir el estátus de moderación. Los moderadores
    que sistemáticamente reciben meta-moderaciones de
    "justo’ ganan unos puntos que Malda ha bautizado "Karma".
    Los usuarios con elevado Karma tienen más probabilidades
    de ganar la lotería de la moderación, además
    de un privilegio añadido: sus comentarios entran
    automáticamente con dos puntos, uno más que el que
    reciben los usuarios sin Karma.

    Recapitulando, en Slashdot tenemos:

    • Propuestas de noticias, que cualquier visitante del
      sitio puede hacer, esté o no registrado.
    • Noticias, que son escritas por los editores, o
      seleccionadas de entre el corpus de propuestas enviadas por los
      contribuyentes.
    • Comentarios, que de nuevo puede poner cualquiera,
      pero que en el caso de los usuarios registrados que se
      identifican ante el sistema reciben de entrada el nivel 1 de
      interés.
    • Actos de moderación de comentarios, que son
      realizados por los usuarios registrados que reciben
      irregularmente el estátus de moderador.
    • Actos de meta-moderación, en los que cualquier
      usuario registrado puede juzgar diariamente diez decisiones
      realizadas por otros moderadores.

    Apartándonos por un momento del tema de este
    artículo, la metáfora biológica-ciborg de
    Internet como cerebro colectivo, y utilizando un análisis
    político, podemos ver que el sistema de propuestas,
    noticias, comentarios, moderaciones y meta-moderaciones es un
    sistema jerárquico de democracias de distintos
    tipos:

    • Propuestas: libertad de
      expresión igual para todos, usuarios registrados o
      no.
    • Noticias: las noticias se deciden individualmente por
      miembros de una aristocracia, los editores, entre los que
      existe un consenso de opinión pero también una
      jerarquía, ya que algunos de los editores son los
      dueños del garito.
    • Comentarios: democracia
      asamblearia, libertad
      total de palabra. Es importante hacer notar que el sistema de
      moderación de Slashdot logra extraer el debate
      interesante del discurso caótico sin perjudicar el
      derecho a la libre expresión de sus contribuyentes.
      Cualquiera que lea Slashdot con la moderación a -1
      verá que nada se borra ni se suprime. Lo que la
      moderación genera es un filtro, que los lectores pueden
      usar si así lo desean. Los gritos de "¡Censura!",
      cada vez más infrecuentes, son sólo pataletas sin
      justificación.
    • Moderación: es una democracia censataria
      (sólo pueden moderar los usuarios registrados que
      cumplen unas condiciones adicionales), modulada por una especie
      de "Lotería de Babilonia" de la que nos hablaba Borges.
    • Meta-Moderación: democracia censataria pura
      (todos los usuarios registrados pueden votar, sin ninguna
      condición adicional, con sólo
      identificarse).
    • Karma: concebido como una medida cuantitativa del
      valor de un individuo para la comunidad, el Karma puede
      interpretarse como un reconocimiento de prestigio. El sistema
      de Karma es una forma de meritocracia, en la que este prestigio
      se adquiere mediante el trabajo
      realizado en la comunidad (cuentan la cantidad y la calidad de
      los comentarios, moderaciones y meta-moderaciones). Este
      prestigio no sólo es cuantitativo, también se
      puede instrumentalizar; dado que el elevado Karma confiere una
      mayor probabilidad de
      acceder al estátus de moderador, este ciclo se
      realimenta positivamente, con lo que existen individuos con una
      gran cantidad de Karma que no deja de crecer.

    Dejo a los lectores de Revista de Occidente aficionados
    a la política (o quizá me reserve yo para otro
    ensayo), el
    paralelismo entre el sistema de control editorial de Slashdot y
    el parlamentarismo bicameral con separación entre los
    poderes legislativo, ejecutivo y judicial.

    Las actividades de meta-moderación sí que
    requieren un esfuerzo voluntario, y en ese sentido son más
    "caras" (siempre en término de economía de la
    atención) que las meras moderaciones. Los usuarios que
    meta-moderamos en Slashdot (porque me incluyo) lo hacemos con la
    idea de que así ayudamos a la calidad del discurso que
    recibimos, y que dado que el bien que producimos lo disftutamos
    todos, no hay una relación de proporción entre el
    esfuerzo y la recompensa. Un pequeño esfuerzo distribuido
    entre todos (la
    meta-moderación) produce una recompensa que todos
    compartimos (un sistema de moderación más justo, y
    con él una mayor calidad editorial del sitio) .[19]

    No es casual que uno de los temas centrales de Slashdot
    sea el Software Libre. Esta dinámica económica de reparto de los
    esfuerzos y compartición de los resultados es una
    característica del desarrollo informático en el
    ámbito del software libre. En el campo de lo material
    sucede al revés, ya que el esfuerzo se puede compartir o
    repartir, pero la recompensa siempre se reparte. Pensemos en
    cuatro de amigos hambrientos una tarde de sábado. Da lo
    mismo que vayan todos juntos a comprar comida y que todos la
    cocinen, o que cada uno se encargue de una cosa. Ya se compartan
    o se repartan las tareas, el resultado siempre se
    repartirá, pues es imposible que los cuatro se coman un
    pollo entero si sólo hay un pollo. Esta interesante
    digresión podría dar lugar a todo un
    artículo sobre la economía del Software Libre, pero
    en realidad es una forma de pasar a nuestro siguiente
    punto.

     

    Algo
    a
    cambio de casi
    nada: el filtro recursivo de votaciones
    implícitas

    El mejor buscador de Internet que hay en este momento,
    sin ninguna duda, es Google.[20]  Esta aseveración, que no
    sé si es una verdad objetiva o simplemente un consenso
    entre mis amigos y colegas, es decididamente mi opinión
    personal, adquirida tras cuatro años de pasar la tercera
    parte de mi horario laboral leyendo
    resultados de un buscador u otro.

    El sistema que emplea Google para refinar sus
    búsquedas no es otro que nuestro viejo amigo el filtrado
    colaborativo, extraído de una información que los
    autores de los sitios web publican de forma implícita en
    sus páginas: los enlaces hipertextuales. Si en nuestro
    ejemplo de uso de Altavista como consejero ortográfico
    cada palabra es un voto por esa variante ortográfica, en
    Google cada enlace es una voto por la página a la que
    apunta. Este sistema no pillará por sorpresa a los
    lectores que conozcan el mundo académico, donde una de las
    métricas de calidad del trabajo que se
    realiza es el famoso y temible "citation index", el repertorio de
    citas que unos científicos hacen del trabajo de los
    demás, pero ordenado por receptores. Cada cita en un
    trabajo académico es un tributo, un respaldo al trabajo de
    un colega.

    Un enlace, un voto. En esa gran votación
    constante que es la masa de hipertexo que compone la Web, cada
    decisión de enlazar es realizada por un humano que, enlace
    por enlace hipertextual, va expresando una opinión sobre
    la calidad de la información de destino. Esto no es nada
    nuevo como concepto: otros buscadores
    como Excite ya clasificaban las páginas web por un
    prodecimiento similar similar, pero se ve que lo hacían
    peor, porque los resultados de Google son espectacularmente
    más pertinentes. Según lo poco que revelan acerca
    de sus algoritmos los técnicos y directivos de la
    compañía, Google refina el método mediante
    un sistema de recursividad.

    Las páginas que se consideran más valiosas
    son las más enlazadas, y Google concede distinto valor al
    texto que hay en el propio enlace y al texto que lo rodea. Pero
    un enlace que provenga de una página más valiosa es
    a su vez más valioso, en un bucle de realimentación
    positiva que refina los resultados. En cierto sentido, Google
    realiza el recorrido de seguir un enlace a otro, calculando el
    valor de cada bucle (A enlaza a B enlaza a C enlaza de nuevo a A)
    y realizando el mismo proceso que un esfuerzo de la memoria
    narrativa por seguir el discurso hipertextual.

    En este proceso recursivo Google no sólo le
    ahorra esfuerzo al receptor de la información, a la
    persona que la busca; tampoco requiere del emisor que la publica
    ningún tipo de manipulación extra, ni la
    asignación de categorías temáticas como
    hacen los sistemas de recuperación documental por campos y
    claves. Quien hace una página web
    sólo tiene que enlazar a la página que le interese,
    y procurar ser lo bastante interesante y publicitarse bien para
    ser, a su vez, receptor de enlaces hipertextuales. En la
    maraña de referencias resultante, Google se encarga del
    resto.

    Como en el ejemplo del software libre, cada uno aporta
    su poquito de información, su trozo de la maraña, y
    sin embargo todos disfrutamos del total. Se reparte el trabajo y
    se comparten sus frutos. Compárese con los directorios
    como Yahoo, donde cada sitio es evaluado por una persona para
    decidir en qué categoría hay que incluirlo, o cada
    editor ha de proponer la lista de palabras claves y
    categorías en las que quiere que aparezcan sus
    páginas.

    Desde su lanzamiento sin pompa ni boato, Google ha ido
    capturando la atención de usuarios, analistas, inversores
    y empresarios. El último golpe de efecto ha sido la
    adopción
    de la tecnología Google por parte de Yahoo!, que al
    integrarlo en su sitio le dio el último espaldarazo que
    necesitaba. En España, el
    buscador Ariadna y el sistema interno de búsquedas del
    diario El Mundo también funcionan sobre Google, y la
    calidad de los resultados avala el buen nombre que tiene el
    buscador californiano.

    Pero el argumento de autoridad del
    mercado no es lo
    que nos ocupa. Hay grandes éxitos empresariales basados en
    productos que son llanamente inadecuados. Google funciona porque
    incorpora la gran cantidad de conocimiento y experiencia
    expresados en los enlaces hipertextuales, y los manipula como
    tales, usando esa meta-información (información
    acerca de la propia información que almacena en su base de
    datos) para buscar más "inteligentemente" y dar mejores
    resultados. Por el contrario, Altavista no utiliza la
    información que su base de datos contiene sobre esa propia
    información, y el resultado es sólo
    información. Es el usuario el que tiene que hacer el
    esfuerzo mental de selección, y en ocasiones recorrer un
    número mayor de resultados para encontrar el dato
    buscado.

    En este sentido Google tiene un gradiente de
    concentración de información: devuelve el mismo
    número de resultados que Altavista, pero los mejores
    están más cerca del principio de la tabla. Para
    robar otra metáfora, esta vez de las matemáticas, es como si Google elevara la
    información al cuadrado, aplicándosela a sí
    misma, y así extrayera migajas de conocimiento. Por
    retomar la cita que abre este ensayo, Altavista nos devuelve el
    número de teléfono de la información que
    estamos buscando, mientras que Google nos entrega directamente el
    objeto de nuestra búsqueda.

    Apenas estamos comenzando a vislumbrar el potencial de
    estas tecnologías. Podemos ver la Web de dos formas, como
    en estas imágenes
    en las que el fondo y la figura se invierten, y lo mismo nos
    parece un ánfora o una copa que un par de caras
    enfrentadas vistas de perfil. Al igual que la escritura
    tiene un significado distinto para el emisario que para el
    archivero, para Gutenberg que para Platón,
    la Web tiene dos caras. Por un lado, la Web es un medio de
    comunicación [21], por otro lado
    es un repositorio de información y datos, un sistema de
    memoria exenta.

    Cuando ambas figuras se mezclan en una sola, lo que
    vemos es un sistema inteligente de memoria, una memoria
    autoorganizada y navegable. La Web que emerge de experiencias de
    moderación colectiva como Slashdot, buscadores que extraen
    la información implícita en los enlaces como Google
    y sistemas de filtrado colaborativo como el mecanismo de
    recomendaciones de Amazon es una memoria colectiva e
    inter-relacionada, el hipocampo cibernético de nuestra
    noosfera.

     

    Notas al
    pie

    [1] Los lectores de Revista de Occidente que
    también lo sean de Vogue sabrán reconocer
    en Christie Turlington a la famosa modelo de
    portada [2]
    http://news.bbc.co.uk/hi/english/static/avantgo/newsid_677000/677048.htm

    [3] http://www.taxiknowledge.co.uk/
    [4] Sobre Teilhard de Chardin y la relación de sus
    teorías con las de McLuhan y con la explosión de
    Internet, puede consultarse el artículo de Jennifer Cobb
    Kreisler publicado en Wired y titulado "A Globe,
    Clothing Itself With A Brain": http://www.wired.com/wired/archive/3.06/teilhard.html

    [5] http://www.peterme.com/

    [6] La definición de Merholz de
    "¿Qué es un weblog? puede encontrarse en su
    respuesta a la pregunta de otro insigne weblogger, Derek
    Powazek: http://www.powazek.com/wtf/post/index.009

    [7] Las investigaciones de Pattie Maes están
    descritas por ella (pero en tercera persona, como si fuera
    César o un futbolista pillado a traición por un
    reportero radiofónico) misma en su página web en el
    MIT: http://pattie.www.media.mit.edu/people/pattie/
    Para leer una crítica tan ácida como apenas
    velada de Pattie Maes y el valor real de sus sistemas de
    "filtrado colaborativo" por Philip Greenspun, a la sazón
    estudiante de doctorado en el MIT, échenle un vistazo a
    este breve comentario, que no tiene desperdicio: https://www.monkey.org/geeks/archive/0002/msg00018.htm

    [8] http://www.amazon.com/

    [9] http://www.altavista.com/,
    20 de octubre de 2000, 01:38 h

    [10] The Attention Economy. The Natural Economy of the
    Net. Michael Goldhaber, First Monday, número 4,
    segundo año: http://www.firstmonday.dk/issues/issue2_4/goldhaber/

    [11] http://slashdot.org/

    [12] Sobre la traducción y significado de la palabra
    "nerd" y su relación con "geek", vease Barrapunto (sitio
    web en español inspirado por Slashdot): http://barrapunto.com/lengua/100/09/23/0919211
    [13] Para entender de verdad Slashdot es imprescindible
    leerlo y usarlo, contribuir y moderar. Quien no pueda hacerlo y
    no se conforme con este artículo puede leer un análisis de por qué Slashdot es
    fiable escrito por Matthew Priestley y publicada en First
    Monday
    :
    http://www.firstmonday.dk/issues/issue4_8/priestley/index.html

    [14] http://barrapunto.com/

    [15] "Lo mejor de Barrapunto son sus comentarios".
    Léase el debate suscitado por la pregunta
    "¿Qué temas son "los de Barrapunto"?, en particular
    la aportación de José Luis de Vicente,
    "Trystero":
    http://www.barrapunto.com/features/100/02/11/1120257

    [16] La mejor fuente para entender cómo funciona
    la moderación de Slashdot es, por supuesto, el propio
    Slashdot: http://slashdot.org/moderation

    [17] Proyecto de tesis que mide la fiabilidad de la
    moderación de Slashdot: http://slashcode.com/article.pl?sid=00/09/22/1445211

    [18] Agradezco a Rafael Lozano-Hemmer que me haya
    relatado la historia del nacimiento de la cibernética en
    Ciudad de México.
    Lozano-Hemmer es un artista Mexicano-Canadiense galardonado con
    el premio Golden Nica, y cuyo trabajo Alzado Vectorial incluye
    entre su documentación una breve reseña sobre
    el nacimiento de la cibernética: http://www.alzado.net/referencia.html

    [19] Compartir y repartir: a los efectos de estos
    párrafos, compartir y repartir no son sinónimos.
    Compartir implica que todas las personas que comparten disfrutan
    del todo: se comparte un apellido, la visión de una
    película en el cine, la
    experiencia de un viaje inolvidable o el resultado de un
    desarrollo de software libre. Nótese que todos los
    ejemplos son inmateriales, están compuestos sólo de
    información. Repartir implica que las personas que se
    reparten algo disfrutan sólo de una fracción del
    todo: se reparte el botín de un robo, se reparten hostias
    en las peleas de barrio y en las comuniones de las iglesias, se
    reparten caramelos entre los otros niños
    cuando se llega por primera vez a una escuela. Nótese que
    todos los ejemplos son materiales, o
    bien son objetos físicos o acciones
    físicas.

    [20] http://www.google.com/

    [21] Aprovecho cada ocasión que tengo para
    puntualizarlo: Internet no es un medio, es un canal. Los
    distintos medios que utilizan internet como canal son la Web, el
    correo
    electrónico, el telnet e incluso
    la
    televisión y la radio. Expongo
    este análisis de modo algo más prolijo en mi
    participación ante el I Congreso Nacional de Periodismo
    Digital, accesible en:
    http://www.barrapunto.com/features/100/01/20/1343236

     

     

    Javier Candeira

    El artículo es © de su autor y se publica en
    sinDominio con el permiso de su autor y de su editor.
    Última versión, 20 de agosto del 2001

    Nota al lector: es posible que esta página no contenga todos los componentes del trabajo original (pies de página, avanzadas formulas matemáticas, esquemas o tablas complejas, etc.). Recuerde que para ver el trabajo en su versión original completa, puede descargarlo desde el menú superior.

    Todos los documentos disponibles en este sitio expresan los puntos de vista de sus respectivos autores y no de Monografias.com. El objetivo de Monografias.com es poner el conocimiento a disposición de toda su comunidad. Queda bajo la responsabilidad de cada lector el eventual uso que se le de a esta información. Asimismo, es obligatoria la cita del autor del contenido y de Monografias.com como fuentes de información.

    Categorias
    Newsletter