L'amour est la poésie des sens.
Honoré de Balzac
La escritora norteamericana Carson McCulers dice en su novela "La balada del café triste" que ante todo, el amor es una experiencia compartida por dos personas, aunque la experiencia no será, en esencia, la misma para cada una.
En su tesis coexisten el amante y el amado, dos seres que provienen de regiones distintas. Muchas veces la persona amada es sólo un estímulo para todo el amor dormido que se ha ido acumulando desde hace tiempo en el corazón del amante. Y de un modo u otro todo amante lo sabe. Siente en su alma que su amor es algo solitario. Conoce una nueva y extraña soledad, y este conocimiento le hace sufrir.
Así que el amante apenas puede hacer una cosa: cobijar su amor en su corazón lo mejor posible; debe crearse un mundo interior completamente nuevo, un mundo intenso y extraño, completo en sí mismo. Y hay que añadir que este amante no tiene que ser necesariamente un joven que esté ahorrando para comprar un anillo de boda: este amante puede ser hombre, mujer, niño; en efecto, cualquier criatura humana sobre esta tierra.
De esta manera, el amado también puede pertenecer a cualquier categoría. La persona más estrafalaria puede ser un estímulo para el amor. Un hombre puede ser un bisabuelo recalcitrante y seguir amando a una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles dos décadas atrás. Un predicador puede amar a una prostituta.
El amado puede ser traicionero, astuto o tener malas costumbres. Sí, y el amante puede verlo tan claramente como los demás, pero sin que ello afecte en absoluto la evolución de su amor. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor turbulento, extravagante y hermoso. Un buen hombre puede ser el estímulo para un amor violento y degradado, y un loco tartamudo puede despertar en el alma de alguien un cariño tierno y sencillo.
Por lo tanto, el valor y la calidad del amor están determinados únicamente por el propio amante. Por este motivo, la mayoría de nosotros preferimos amar que ser amados. Casi todo el mundo quiere ser el amante. Y la verdad a secas es que de un modo profundamente secreto, la condición de ser amado es, para muchos, intolerable. El amado teme y odia al amante, y con toda la razón. Pues el amante está tratando continuamente de desnudar al amado. El amante implora cualquier posible relación con el amado, incluso si esta experiencia sólo puede causarle dolor.
En esta sensible concepción del amor, Carson McCullers muestra literariamente una posible dinámica entre las dos concepciones de "conocimiento del amor" que expone la filósofa Martha Nussbaum. El objetivo del ensayo no es pues, ejercer diatribas o ditirambos contra una de las concepciones, sino localizar a través de la relación entre amante y amado, la incapacidad de aceptar definitivamente a una de las dos proposiciones.
Para comenzar, Nussbaum desarrolla en su texto la crítica que Proust hace al intelectualismo, crítica según la cual se afirma que conocer la condición del corazón cuando se trata de amor, no es trabajo del escrutinio intelectual, ni de la exactitud, imparcialidad y frialdad del método científico.
Afirma que la construcción intelectual para conocer dicho sentimiento culmina por convertirse en estratagema, y finalmente, que para sobreponerse a los obstáculos contra la verdad, se necesita de un instrumento "más sutil, más poderoso y más apropiado para comprender la verdad": el sufrimiento, instrumento que conduce a la impresión cataléptica.
Más adelante se pone de manifiesto que las impresiones deben ser descifradas debido a que pueden ser interpretas en múltiples sentidos, y a que corrientemente se le atribuye al dolor y al sufrimiento la función del criterio, aspecto por el cual se recurre a la reflexión.
En efecto, Proust afirma que aunque en el amante bulle el amor, éste se desarrolla únicamente en él, y que, como no puede conocer los sentimientos del otro, se sume en el escepticismo y consecutivamente en el solipsismo.
Esta actitud fatalista de amor en soledad, recuerda la concepción del "hombre solitario y taciturno" en el texto de Thomas Mann: Muerte en Venecia, "Los sentimientos y observaciones del hombre solitario son al mismo tiempo más confusos y más intensos que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y siempre tienen un matiz de tristeza. Imágenes y sensaciones que se esfumarían fácilmente con una mirada, con una risa, un cambio de opiniones, se aferran fuertemente en el ánimo del solitario, se ahondan en el silencio y se convierten en acontecimientos, aventuras, sentimientos importantes. La soledad engendra lo original, lo atrevido, y lo extraordinariamente bello, la poesía. Pero engendra también lo desagradable, lo inoportuno, absurdo e inadecuado."
En medio de la soledad y la reflexión, las impresiones catalépticas conforman la materia prima de leyes e ideas generales, en otras palabras, pensamos lo que antes hemos sentido, generando un vínculo que hace posible la expresión de la impresión del sufrimiento a través del arte. McCullers afirma en la novela que "La verdadera historia de amor es la que tiene lugar en el corazón de los amantes, y ésta nadie sino ellos pueden llegar a conocerla. El amor en todo caso es una experiencia en la que siempre conviven lo cómico y lo sublime."
Este fragmento solo puede tenerse en cuenta cuando el amante jamás expresa su amor al amado. En este sentido, se estanca en el solipsismo de Proust. El amor no es simplemente una experiencia repetida sino un rasgo estructural permanente de nuestra alma. De hecho, puede que parezca más afín con ella, pero se debe tomar en cuenta otra circunstancia, en la que ambas personas llegan a vincularse: aunque el amor surge con más fuerza en el amante, el amado hace parte del contrato (tácito o no) al aceptar dicho sentimiento, allí se genera un vinculo del cual él también es responsable y conciente, y que al haber aceptado descubre que lo desea, pues resultaría poco sensato aceptar libremente una relación cuando se repudia a la persona.
De esta manera, y retomando la importancia que Nussbaum le atribuye a la "historia de amor", se pude proponer sin demasiados conflictos, que en el amado también existe otra historia que contar, una historia no menos fuerte y conflictiva, una historia sincera, en ocasiones cruel y siempre humana, pues no es atrevido afirmar que no existen humanos destinados exclusivamente a tomar una de las pociones: amante o amado.
En "El Ser y la Nada", Sastre afirma que la realidad humana no es sólo "ser-para-sí", sino que es también "para-sí" en tanto que es "para-otro". Esto plantea la problemática de la intersubjetividad, de la existencia del otro. Descripción de la corporalidad como medio o vehículo de comunicación intersubjetiva. Análisis de las relaciones con el otro.
En la conducta amorosa según Sastre, el acto de mirar conlleva una posesión en tanto que mi ser modela el ser del otro cosificándolo, o es modelado por el otro cuando es mirado por éste.
A través de la mirada mi ser se me escapa y entonces yo reivindico mi ser y mi libertad y en este sentido puedo definirme como un proyecto de recuperación de mi ser. En este proyecto de recuperación de mi ser adopto en primera instancia una actitud, la del "amor", por la cual trato de recuperar mi ser apoderándome de la libertad del otro. De ahí que la relación amorosa sea, en última instancia, una relación conflictiva y esté inevitablemente abocada al fracaso. Dans l´amour, chaque conscience cherche à mettre son être-pour-autrui à l´abri dans la liberté de l´autre. Con ello no se trata de suprimir mi ser-para-otro, ni de arrancarle al otro su carácter de otro-para-mí, sino que guardo mi ser para otro en la libertad del otro al cual reconozco como libertad y lo adopto como el fiel reflejo de mi forma de ser.
Así el otro aparece como modelo y aquél por el cual las cosas llegan a ser para mí. Pero eso exige, en cierto modo, una contrapartida y, ésta, no es otra que la de que el amado haga del amante una elección absoluta.
Sin embargo, tal exigencia de elección absoluta es el principio mismo del conflicto entre el amante y el amado desde el momento en que éste, en quien "me miro como en un espejo" es, a su vez, "mirada" y, en él, cabe la posibilidad de "no querer amar", es decir, de no querer responder a la exigencia del amante. En ese momento, su acción respecto del amante es básicamente cosificadora: "es el que me mira haciéndome ser" en un sentido claramente distinto del anterior; es "el otro que mira", "que objetiva mi ser" haciendo de mi posibilidad una mortiposibilidad, de forma que mi ser carece de sentido. La posibilidad de este rechazo del amado al amante hace a su vez posible una nueva actitud, no alejada del amor aunque no pueda realmente ser identificada con él, del amante respecto del amado: "la seducción".
La seducción no es, propiamente y de forma directa, un rebajamiento del ser del otro, sino una autoposición de mi ser-objeto-para-el-otro de forma y manera que, ante él, aparezca bajo el "carácter de objet précieux à posséder" y que ocasione en el otro la conciencia de su nihilidad frente al objeto seductor. Por la seducción, "apunto a constituirme como una plenitud de ser y a hacerme "reconocer como tal".
Para ello me constituyo en objeto significante, me propongo como intrascendible."Pero ahí radica también su propio fracaso, ya que esta proposición de mi ser como intrascendible no tiene valor "sin el consentimiento y la libertad del otro que debe cautivarse reconociéndose como nada frente a mi plenitud absoluta de ser". Pero aquí entra en juego, nuevamente el círculo del ser-mirante-ser-mirado, y vuelta a empezar.
En "Aprender a Caer" se propone que el conocimiento del amor no puede ser de manera alguna un estado o función de la persona solitaria sino por el contrario, una manera compleja de ser, sentir e interactuar con la otra persona. Nussbaum arguye que a través del relato de Ann Beattie no solo se aprende a caer sino que se invita a la confianza y la comunión amorosa, aspecto que en la filosofía no ocurre, puesto que la posición que se asume en una lectura filosófica es de escepticismo y evaluación, en efecto, una lectura concienzuda.
En este orden de idas e interpretando el trabajo de McCullers a través del estudio de Nussbaum, es oportuno afirmar que en el trabajo de la filósofa no parece tenerse la intención de realizar el estudio de dos aspectos fundamentalmente diferentes. Mientras que mediante Proust se enfatiza en el amante, en "Aprender a Caer" se hace hincapié en el amado, que a su vez, juega también el papel de amante, cuando la actitud pasiva es transformada en activa al permitirse al el otro, dejarse caer. Nussbaum, a pesar de ser profesora de filosofía, parece depositar más responsabilidad moralizadora en la literatura, en las narraciones cortas, que permiten luminosidad respecto a temas que a la filosofía le costaría trabajo, puesto emitirlo filosóficamente impide una cercanía con el lector, un dejarse llevar.
Sin embargo, es en este punto donde se generan los interrogantes: ¿No es posible que al endilgarle una responsabilidad moral a la literatura se mutila su libertad? En El retrato de Doryan Gray, Wilde escribió en el prefacio que "Un libro no es de ningún modo moral o inmoral. Los libros están bien o mal escritos. Eso es todo (…) La vida moral del hombre es parte del tema para el artista; pero la moralidad del arte consiste en uso perfecto de un medio imperfecto. Nunca el artista desea comprobar nada. Hasta las cosas ciertas pueden ser comprobadas. Nunca es morboso ningún artista. El artista puede expresarlo todo (…) Para el artista, vicio y virtud son materiales de una arte."
Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos —una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer— con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Navokov.
Existe sin embargo una escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los hábitos de la experimentación o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. Al final, Nussbaum acepta que la filosofía terapéutica o, en sí, la reflexión, es fundamental para la asimilación de las historias, en este sentido, existe una clara articulación entre la filosofía y la literatura, pero pretender establecer un listado de libros que, como la autora afirma, sean textos que sirvan como vehiculo al conocimiento es una labor poco profesional y pretenciosa.
Leyendo, como ejemplo, a William Burroughs, quizás puede comprenderse que la intención del autor no es, en este caso, la de describir situaciones que permitan una auto-exploración y un conocimiento en sí; en el Almuerzo al desnudo, Burroughs describe una sucia rutina de drogadictos, homosexuales, y excéntricos artistas de la época cuyo valor es relativamente vago y espinoso.
Para finalizar, considero que indudablemente existe una relación funcional entre filosofía y literatura; existen aspectos de la vida que a la filosofía le es parcialmente difícil de abordar, y que, en el campo literario, se ajusta a la medida. La articulación entre ambos cuerpos debería realizarse en búsqueda de la claridad, pero mantener la rigurosidad de una y la belleza y libertad de la otra es vital e imperativo.
Bibliografía.
Revista: Estudios de Filosofía
Universidad de Antioquia
Medellín.
La balada del café triste
Carson McCullers
Editorial Seix-Barral
Muerte en Venecia
Thomas Mann
Editorial Edhasa
El Ser y La Nada
Jean Paul Sastre
Editorial Losada
El Retrato de Dorian Gray
Oscar Wilde
Editorial Bruguera S.A.
Autor:
Orlando Echeverri Benedetti
Estudiante de Filosofía, Universidad de Cartagena.
Sinergiafvp | 2006-12-26 06:19:00
Felicitaciones al autor de este artículo. Estoy totalmente de acuerdo con él: en una relación amorosa, uno ama y el otro se deja amar, y ambos son felices. Asi de sencillo.
¡Si q es dinamico el amor!Yaf | 2007-05-29 12:13:21
Me gustaría enviar mis mas sinceras felicitaciones al autor del trabajo. Considero refiere múltiples fuentes informativas para argumentarlo descrito sobre este tema, que a mi parecer es bastante enigmático y así interesante. Por otro lado, humildemente a lo que mi reflexión alcanza a contemplar sobre el amor me lleva a decir que el amante objetiza a su amado, pero pienso antes que amar necesita que lo amen; el amante elige a quien canalizar el amor, pero profundamente desea ansiosamente que lo amen, podrá así justificar su sentimiento consumandolo en satisfacción por aquel alguien que escogió.
excelentetol | 2007-06-01 11:15:12
Hola, recién leí su artículo, me parece muy bien el planteamiento sobre el amor, pues desde el punto de vista de cada uno de los profesionales que a lo largo del tiempo han abordado el tema, está muy bien estructurada su comentario y estudio, en realidad a muchas personas nos cae como peral este artículo, en lo personal estoy de acuerdo en lo del concepto de amado y amante que al final de cuentas, se encuentran en posiciones diferentes y desiguales. Maritza Sandoval Estudiante de Licenciatura en Pedagogía y Administración Educativa USAC, Guatemala
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