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Breve historia del vecinalismo en Río Cuarto

Enviado por Celia Basconzuelo



 

 

Un recorrido por cada uno de los treinta y seis barrios que componen el espacio urbano local nos pondría en contacto con su dirigencia barrial, socios, comisiones directivas, vecinos encargados de ejecutar los servicios descentralizados y participantes de las múltiples actividades socio-culturales que desde las asociaciones vecinales se emprenden cotidianamente. Pero la importancia de estas acciones colectivas no termina aquí. La existencia de una entidad que congrega a nivel nacional las distintas vecinales y sociedades de fomento provinciales, como lo es CO.VE.RA. y su aspiración de trasponer las fronteras del país y participar de las nuevas instancias de integración regional (MERCOSUR), dan cuenta de nuevos roles asumidos por estos actores sociales. Sin embargo, la experiencia del vecinalismo tanto en la dimensión local, como provincial y aún nacional es todavía una historia por construirse. Este artículo y los sucesivos pretenden ser una contribución inicial a este emprendimiento. La perspectiva escogida destaca la evolución de su dinámica institucional, los actores partícipes, los mecanismos participativos y electivos, y finalmente las propuestas y proyecciones actuales.

 

Los primeros esfuerzos asociativos

En las dos primeras décadas del siglo XX el mapa barrial se hallaba muy simplificado. Si hacia el norte, el espacio que antiguamente había servido como campos de pastoreo era ocupado por chacras y quintas, y de manera muy incipiente comenzaba a subdividirse en lotes y eran puestos a la venta para dar así inicio a un incipiente núcleo poblacional, fue en el este, también alejado de la zona céntrica, donde se había constituido un núcleo barrial importante a partir de la estación del Ferrocarril Andino. Era barrio Alberdi conocido a principios de siglo como Pueblo Almada cuando fue delineado y habitado por sus primeros vecinos, obreros y empleados ferroviarios. Allí existía desde 1913 la Unión Vecinal de Almada, bajo la conducción de J.G. Morales; pero se trató de un experimento de corta vida. Nos encontramos con un nuevo registro de la acción vecinal al fundarse la Unión Vecinal Propietarios Progreso y Cultura (21-4-1929), bajo la presidencia de Hercolano Bustos y Eduardo Bas como secretario, quienes gestionaron y obtuvieron el tendido del alumbrado público hacia ese núcleo poblacional, marcándose así la pauta que movilizaría a los primeros dirigentes, es decir, la preocupación por conseguir que la comuna extendiese servicios a los barrios. La existencia de dicha entidad culminó en 1932 al fusionarse con el Club Sportivo Alberdi y dar lugar al Centro Social y Cultural homónimo. Entonces, las intenciones asociacionistas se revitalizaron con la creación de la Comisión de Fomento de Pueblo Alberdi (26-9-1937) y Comisión Vecinal del Barrio Buena Vista, en ese mismo año; luego Comisión Vecinal de Fomento Banda Norte (19-8-1939) y una segunda en 1943. Más tarde se constituyeron otras vecinales, Bajada de Arena, Santa Teodora, Santa Rosa y Patricios, aunque pronto desaparecieron.

Tratase entonces de Uniones Vecinales o Comisiones de Fomento, según la nomenclatura adoptada, allí anidó la raíz del vecinalismo riocuartense. Nacía en los barrios, reforzaba la construcción de un espacio público cada vez más ampliado y revitalizaba prácticas asociacionistas. Y además introducía una substancial diferencia en relación con la modalidad hasta ese momento ejercida para tramitar las mejoras barriales, ya que eran los propios vecinos, independientemente de cualquier asociación intercesora, quienes encaraban ellos mismos los petitorios ante las autoridades comunales, en pos de requerir adelantos y progresos para el sector donde vivían.

 

La expansión del vecinalismo

Ciertamente, un listado de otras asociaciones que nacieron al promediar los años ’50 nos permite a su vez inferir los sectores de la ciudad que habían alcanzado cierto grado de desarrollo habitacional y contaban con un grupo de vecinos capaces de peticionar ante las autoridades por demandas concretas. La primera asociación vecinal que se fundó, de acuerdo con el registro cronológico que efectuó en su libro testimonial Reynaldo Villarreal, fue Banda Norte (6-12-1956), luego Intendente Mójica (27-1-1957) y de inmediato Barrio Fénix (30-1-1957). Le siguieron Barrio Golf (8-6-1957), General Roca (15-7-1957), Barrio Las Ferias (3-10-1957), Santa Rosa (12-12-1957), Barrio General Paz (20-6-1958) y Tiro Federal (10-8-1958). Sin embargo, hubo otras anteriores a las mencionadas, de acuerdo con la investigación realizada por el historiador local Carlos Mayol Laferrére: Asociación Vecinal Barrio Las Ferias (3-10-1954), la Comisión Vecinal del Barrio Santa Teodora (28-8-1955), la Asociación Bajada de Arena (30-10-1955). Luego siguió la de Banda Norte, después la Asociación Vecinal de Barrio Las Lilas (¿-12-1956), la Intendente Mójica que tomó el nombre de Sociedad Vecinal Fomento Edilicio, luego Fénix y la Asociación Amigos de la Avenida Gral. Roca (8-4-1957).

Los orígenes de cada asociación nos ilustran acerca un pasaje bastante rápido de inquietudes primarias que cristalizaron en convocatorias informales. La vivienda particular ofició de núcleo aglutinante de vecinos inquietos por asegurar mejoras para el barrio, en otros casos fue desde el club o desde la parroquia. Así nacieron las asociaciones vecinales como organizaciones representativas de grupos de vecinos de un sector de la ciudad, dejando atrás aquellas primeras experiencias de las uniones vecinales y sociedades de fomento.

La documentación consultada refleja cómo sus impulsores tenían una preocupación por dotarlas de una organización más definida. Por eso, la importancia que concedieron primero a elaborar una declaración de principios, o en su lugar una carta de intención, y someterlas a la aprobación de los vecinos dejando bien expresa la idea de construir un vecinalismo autónomo en las tareas de gestión y ajeno a toda injerencia política. La necesidad de contar con un estatuto donde fijar los objetivos, establecer los deberes y derechos de sus miembros y estipular las reglas de funcionamiento democrático, aparecía como un imperativo de las voluntades asociadas. Si los examinamos presentan una estructura normativa dentro de la cual quedaban comprendidos los objetivos de la asociación, la dinámica interna de funcionamiento, los actores en juego, las instancias y los mecanismos electivos, a partir de los cuales cristalizan tanto el fenómeno de la participación ciudadana como la legitimación de los mandatos y por ende la construcción de las instancias representativas.

Conforme iban creciendo en número los barrios fueron expandiéndose también esas formas organizativas. Pero, mucho antes de que este proceso se consolidara se avanzó en el plan de concentrar en clave federativa al conjunto de las vecinales existentes, dando así forma a un movimiento vecinalista local cuya institucionalización en la primera Federación de Asociaciones Vecinales, F.A.V., (11-5-1957) denota un pasaje bastante rápido de la asociación a la integración vecinal. La explicación de esa celeridad asociacionista podría atribuirse a la convicción de que se podían lograr gestiones con mayor fuerza si en vez de las emprendidas por las asociaciones individuales se daba paso a una entidad de segundo grado que comprendiera a las de base. Un dato muy importante acerca de la F.A.V. es que su instalación en el espacio público estuvo acompañada, también muy rápidamente, de su interés por difundir en la opinión pública la labor vecinal, publicando desde 1958 la revista La Voz de los Barrios.

Desde el municipio ya se había avanzado en dictar la primera regulación normativa destinada a las organizaciones barriales. En 1953 se sanciona la ordenanza explicitando sus funciones mínimas y la relación con el municipio. ¿Hasta dónde podríamos sostener que esas Comisiones Vecinales actuaban con plena autonomía? Obviamente que sí en el plano decisorio, participativo y electivo y los controles estaban referidos al manejo contable, pero existía un Delegado Municipal que oficiaba de intermediario entre los planes de las comisiones y el gobierno municipal.

La pertenencia a cada comunidad vecinal permitió definir y precisar desde el plano operativo los intereses del barrio, y en este sentido abrió instancias para generar una construcción de identidades primero con base en la propia asociación y luego extendidas para conformar un verdadero movimiento vecinalista. En su transcurso no sólo se multiplicaron como vimos las organizaciones de base, sino además se desplegaron prácticas que fueron constituyendo a sus propios actores en sujetos de referencia de una identidad donde la interacción con el otro, el trabajo cooperativo y la sociabilidad primaria resaltaron como los valores movilizantes.

 

El activismo barrial en los ‘60

En las dos décadas siguientes a la conformación del vecinalismo riocuartense, años ’60 y ’70, las dirigencias barriales continuaron mostrándose muy activas en la solicitud de extensión de servicios para cada una de sus jurisdicciones de base. Por esa época eran las cloacas, el pavimento, la línea de transporte local de pasajeros, el arreglo y mantenimiento de las calles, la recolección de residuos domiciliarios, la seguridad mediante la instalación de instrumentos de radiocomunicación con la policía, la construcción de refugios, el alumbrado público, el agua corriente, etc. También se buscó cubrir el área educativa mediante la creación de centros de alfabetización y de apoyo escolar para adultos, como por otra parte la asistencia social y sanitaria con tareas como reparto de leche, centros de atención pediátrica y guarderías infantiles. Como en otras épocas, se revitalizaron ámbitos de sociabilidad cultural y recreativa cuando desde algunas asociaciones vecinales se fundaron bibliotecas y clubes deportivos. Otras prácticas resultaban propiamente ilustrativas del clima reinante en la época. Es decir, una fuerte actividad inclinada a fomentar lazos de sociabilidad vecinal a través de frecuentes bailes, organización de rifas, espectáculos culturales populares, los famosos festejos barriales como los de Pueblo Alberdi y los corsos de carnaval, realizados conjuntamente con los clubes. Detrás de la diagramación de esos eventos estaban las comisiones directivas y los socios que iban al encuentro de comercios, empresas e instituciones oficiales en la búsqueda del patrocinio. Gran parte de ellos servían además para enlazar a las familias riocuartenses en una sociabilidad extendida, práctica hoy ya inexistente.

La fusión del vecinalismo con una tendencia en boga como lo era el cooperativismo también fue posible en Río Cuarto cuando a iniciativa de la Federación de Asociaciones Vecinales e impulsada sobre todo por uno de los pioneros del movimiento, Alfredo Palandri, se creó la primera Caja de Créditos (28-11-1965), luego transformada en Banco Cooperativo. La mencionada entidad inició sus actividades recién al año siguiente con el propósito de conceder préstamos a los ciudadanos a través de la gestión vecinal. Así se dio vida al único experimento en el país donde una cooperativa de crédito nacía gracias al impulso del vecinalismo.

 

De la movilización al silencio ciudadano

A comienzos de los años ’70 y en el marco de una sociedad que había descubierto desde el Cordobazo el potencial de las movilizaciones, las protestas y las reivindicaciones sociales, diversas formas organizativas se irían gestando junto a grados de acción cada vez más combativos.

En ese marco cristalizó otra experiencia vecinalista más en Río Cuarto: Barrio Industrial (1973). Fue la única por esos convulsionados y conflictivos años donde el grado de politización era muy intenso, los ciudadanos manifestaban una creciente actitud participativa y la vida política retornaba su cauce democrático, aunque la sociedad se encaminaba hacia una fuerte polarización ideológica entre derecha e izquierda. La actividad asociativa prosiguió pero con una dinámica que ya no exhibía ni exhibirá la de los años precedentes.

Siguieron los años del llamado Proceso de Reorganización Nacional con el nuevo golpe militar del 24 de marzo de 1976. Precisamente, de esta época no hay ningún registro asociativo vecinalista. Cabe recordar también que el Concejo Deliberante y el Tribunal de Cuentas dejaron de sesionar y en todas las áreas de la administración municipal estuvieron al frente de su conducción personal militar. Por otra parte, la F.A.V. se disolvió, mientras los dirigentes barriales eran investigados por la Policía Federal y controlados en sus actividades.

 

El resurgimiento asociativo de los ‘80

Con el advenimiento de la democracia no sólo las estructuras institucionales recibirían aires nuevos. Una renovada valoración de la política, de la participación ciudadana y del sentido de hacer efectivas las libertades públicas y privadas recuperadas, dio margen para que también la república se afianzara en los espacios comunales y lógicamente en las unidades vecinales. Una pieza clave en ese clima de recuperación de las prácticas democráticas fue el esmero puesto en actualizar los marcos jurídicos. Al respecto, la reforma constitucional en Córdoba (1987) dedicó un capítulo a las asociaciones y sociedades intermedias, dejando explícito que disponían de todas las facilidades para su creación y desenvolvimiento de sus actividades y, asimismo, gozaban del derecho de peticionar a las autoridades. Otro consenso importante fue en la sección dedicada a las municipalidades, prescribiendo como uno de los requisitos de las cartas orgánicas la de reconocer las Comisiones de Vecinos, permitiéndoles la participación en la gestión municipal y en la preservación del régimen representativo y republicano.

Por eso y por el clima de época volvieron a prosperar en Río Cuarto las iniciativas barriales y entonces las asociaciones crecieron geométricamente. Paralelamente se expandía notablemente la periferia urbana. De allí que si establecemos un marco comparativo con los años ’60 el registro asociativo de los ’80 fue dos veces mayor. En la transición a la nueva institucionalidad argentina nacieron Buena Vista (1982) y Casanovas (1982). En los albores de la construcción de una ciudadanía democrática, Leandro Alem (1983), Ex Cuarteles (1984) y Villa Dálcar (1984). En medio de la crisis económica que derivó en el inicialmente exitoso Plan Austral, se asociaron Barrio Parque Bimaco (1985), Indio Felipe Rosas (1985), San José Calasanz (1985), San Eduardo (1986) y 11 de Noviembre (1986). A punto de aproximarse la crisis institucional que vivió el radicalismo alfonsinista, como consecuencia de los alzamientos militares y los déficits de la política económica, nacieron aquí las vecinales Alberdi Norte (1987), Lomitas de Oro (1987) y San Antonio de Padua (1987), Barrio Jardín (1988), Güemes (1988), Las Quintas (1988) y Nueva Argentina (1988). Hacia el fin del gobierno radical, con el marco de la hiperinflación y la ingobernabilidad nuevas vecinales se organizaron con los nombres de Dr. Carlos Mayer (1989), Quintitas Golf (1989) y San Pablo (1989).

Mientras tanto, en la ciudad quedaba organizado hacia 1981 el Círculo Vecinal, entidad sucesoria de aquella Federación de Asociaciones Vecinales. Dicha entidad prolonga su rol hasta la actualidad agrupando en segundo grado a las entidades de base, ejerciendo por eso mismo la coordinación del accionar de las mismas y promoviendo el vecinalismo participativo con sus actividades distintivas. Su actual presidente es el Sr. Hugo Díaz.

Es cierto que por un lado se registra una continuidad en las prácticas adquiridas. Pero, los ’80 supusieron nuevos aprendizajes y en este sentido, un paso muy importante se dio cuando los dirigentes locales proyectaron el movimiento riocuartense al conjunto de la provincia. Y así a iniciativa de Alfredo Palandri, autoridad del Círculo Vecinal, y con el apoyo de la intendencia por entonces conducida por el Dr. Miguel Angel Abella se dio vida a la Confederación de Vecinales de la Provincia de Córdoba (24-8-1985).

Un dato nuevo lo constituía no sólo el clima participativo que en todos los órdenes de la vida social se registraba por entonces y además cómo la dirigencia y los vecinos encontraban legitimación en estos espacios barriales de participación. También la mujer retomaba con creciente protagonismo su presencia en el escenario público. Y así encontramos los nombres de activas dirigentes como A.M. de Tommasy y M.B. de Ortiz.

La década de los ’90 significó para la sociedad argentina protagonizar la más profunda de las reformas estructurales. Una conciencia cada vez mayor acerca del no retorno del Estado de Bienestar hizo que la sociedad civil demostrase en las últimas década un fuerte dinamismo descubriendo la potencialidad que encierran nuevas prácticas sociales y estrategias de acción colectiva, todavía más si son desplegadas desde el espacio local. Consecuencia de ello ha sido la aparición de nuevos actores sociales, el crecimiento de acciones movimientistas y asociacionistas, la proliferación de organizaciones no gubernamentales y agrupamientos que reivindican la salud, el medio ambiente, la autogestión de la vivienda, los derechos homosexuales, etc. Como nuevas expresiones del descontento social pueden considerarse también a las asambleas barriales, particularmente en el Gran Buenos Aires, y al movimiento de piqueteros proyectándose en todo el país. En consecuencia, asistimos a la coexistencia de escenarios que responden a una lógica contrapuesta y asimétrica. Por un lado, se afirma la imagen de una aldea global y por el otro cobran fuerza los actores territoriales, en nuestro caso las asociaciones vecinales.

 

Nueva expansión barrial y formas organizativas

Si nos detenemos a contemplar las actuales asociaciones vecinales comprobaremos que gran parte de las iniciales han permanecido. Otras desaparecieron. Las existentes suman cuarenta y seis y su sola mención ilustra bien la multiplicación de un mapa barrial, inclusive la complejidad interna de algunos de ellos que ha merecido la formación de más de una asociación, coexistiendo e interactuando con las de antigua data y las que en las últimas décadas se han expandido por los diversos puntos cardinales de la traza urbana. Las expresiones vigentes del movimiento vecinalista riocuartense son, pues, las siguientes asociaciones: 11 de Noviembre, Alberdi Norte, Alto Privado Norte, Banda Norte, Barrio Paraíso, Barrio Casanovas, Barrio Fénix, Barrio Golf, Barrio Industrial, Barrio Jardín, Barrio Parque Bimaco, Barrio Peirano, Barrio San Martín, Barrio Valacco, Buena Vista, Carlos Mayer, Centro Pueblo Alberdi, Ex Cuarteles, General Paz, General Roca, Gúemes, Indio Felipe Rosas, Ingeniero Manuel Pizarro, Intendente Mójica, Jardín Norte, José y Mariano Cabral, Juan Martín de Pueyrredón, La Agustina, Las Delicias, Las Ferias, Las Quintas, Leandro Alem, Lomitas de Oro, Nueva Argentina, Pueblo Nuevo, Quintitas Golf, Residencial Norte, Roque Sáenz Peña, San Antonio de Padua, San Eduardo, San José de Calasanz, San Pablo, Santa Rosa, Santa Teodora, Tiro Federal, Villa Dálcar.

Si dirigimos la mirada hacia su interior, las asociaciones vecinales riocuartenses se autoadministran a través de una comisión directiva, las cuales presentan una singular combinación entre una estructura organizativa que a nivel de su conducción privilegia un criterio verticalista —la mayoría cuentan con un presidente, un vice, secretario, tesorero y la figura de los vocales— y una dinámica de funcionamiento que permite construir relaciones desde la horizontalidad. Existe además una comisión revisora de cuentas con las funciones inherentes.

 

Los socios y los vecinos: la cuestión de la participación

En cada vecinal, los socios juegan un papel importantísimo. Su rol se amplía a la hora de la participación electoral para renovar autoridades. Tienen derecho a participar de las reuniones semanales y asambleas electivas y con su aporte mensual sostienen parte de los gastos ordinarios de las asociaciones a las que pertenecen. Pero el número de ellos es muy variable. Hay entidades que registran 90, otras 150, 200, 500 socios. Algunas, ni siquiera cuentan con ellos. La cuota societaria oscila entre 1$ y 2,50$. Por otra parte, están el resto de los vecinos quienes no siempre mantienen una actitud participativa fuerte. Excepción hecha de algunas vecinales que exhiben capacidad para difundir sus tareas entre el conjunto de habitantes del propio barrio, respecto de otras tantas sólo los vecinos más cercanos a la sede vecinal conocen realmente las actividades encaradas y las proyectadas. Y esto incide naturalmente en el grado de relevancia de unas y otras, su capacidad gestora y su proyección en la comunidad barrial. En realidad cuando un problema barrial se presenta y puede afectar a todos, encuentran sí un móvil para acercarse e integrarse de algún modo en el encuentro de soluciones.

 

Los roles del nuevo vecinalismo

Nuevos roles se despliegan a partir de los cambios operados en la articulación con el municipio desde mediados de los’80, profundizándose esta tendencia en los ’90 y acentuado en estos últimos años. Esa articulación es indisociable de las instancias abiertas a partir de la descentralización de los servicios mediante ordenanza municipal, una decisión puesta en marcha durante el primer desempeño al frente del Palacio de Mójica del actual mandatario Cr. Benigno Antonio Rins, quien partía del supuesto de considerar las vecinales como un movimiento fundamental para el funcionamiento de la ciudad.

Si en las primeras etapas del vecinalismo las pautas de accionar consistían en demandar ante las autoridades municipales, la tarea principal de los representantes barriales es hoy tratar de impulsar un modo de gestionar más complejo. Es un vecinalismo co-gestor de la acción municipal y ello no sólo en la provisión de los servicios. De acuerdo con un proyecto actual en estudio, se intenta trabajar en áreas que son de competencia municipal pero que a juicio de los vecinalistas podrían ser más eficientemente ejecutadas desde la iniciativa comunitaria, tales como las demandas ciudadanas de seguridad, control de la delincuencia, expendio de bebidas alcohólicas y defensa civil. El carácter de un vecinalismo empresarial se afirma fuertemente en algunas asociaciones y es la novedad que plantea la experiencia asociativa. Es decir, se busca la integración al mercado y una firme apuesta a propender el desarrollo local.

Es un vecinalismo en expansión de acuerdo con el carácter que los nuevos tiempos imprimen a toda gestión. Por eso resulta funcional la construcción de redes asociativas inter-institucionales. Es lo que explica, por ejemplo, el convenio celebrado con ANSES en 2003 para el dictado de un curso de capacitación orientado a la formación de asesores vecinales en materia de jubilaciones. Desde la misma perspectiva se explican las redes intervecinales que se han construido a nivel supranacional para integrarse al Mercosur, con la pretensión de tener voz en la institucionalidad que este mercado regional ha generado en el área sudamericana. Pero es importante aclarar otra vez que estos nuevos roles y las prácticas que ellos refieren no se hallan extendidos al conjunto de las asociaciones vecinalistas riocuartenses. Las diferenciaciones son notables. Por otro lado, desde los ’90 se ha avanzado es la asociación intervecinal a nivel nacional, perspectiva que nos permite situar a CO.VE.RA., (Confederación Vecinalista y Fomentista de la República Argentina), la entidad que representa a todas las federaciones existentes en la mayoría de las provincias. Actualmente aglutina alrededor de 3.500 asociaciones vecinalistas. Desde la gestión de esta entidad se ha promovido el intercambio de experiencias mediante sus asambleas frecuentes y los congresos nacionales, y la trascendencia de Río Cuarto, declarada en uno de esos encuentros Capital Nacional del Vecinalismo (2-11-1996).

La descentralización opera sobre la base de la Carta Orgánica Municipal (1996) y cuenta a nivel de la estructura organizativa municipal con una entidad desde donde se realiza la articulación interinstitucional, a cargo actualmente de Hipólito Ontivero encargada de atender los temas comunes del vecinalismo. Allí se firman los convenios, se controlan las actividades vecinales y se canalizan las gestiones ante la intendencia. Este es otro rasgo del vecinalismo local que no se encuentra en las administraciones municipales del país.

En síntesis, alrededor de las asociaciones vecinales se presenta, sin embargo, una clave para superar el neoliberalismo. Porque se trata de potenciar escenarios alternativos en el marco de la sociedad civil desde donde revitalizar una conciencia de identidad, con un abanico cada vez mayor de necesidades que no encuentran la respuesta del Estado en su inmediatez, de proyectos que sirven al bien común y donde puede resignificarse mejor la noción de una ciudadanía participativa e inclusiva.

 

Celia Basconzuelo (*)

(*) Dra. en Historia. UNRC. Conicet


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