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El Gran Chaco visto por investigadores y expedicionarios del Instituto Geográfico Argentino



     

    1. El Instituto
    Geográfico Argentino

    2. La navegación de
    los ríos Pilcomayo y Bermejo

    El
    Pilcomayo

    Una continuidad entre
    dos siglos

    El Bermejo. Otro
    río para el mismo fin

    3. La obra
    etnográfica

    4.
    Conclusiones

    Notas

     

    Introducción

    A fines del siglo XIX el Estado
    argentino inició un sostenido proceso de
    integración de los "territorios indios del
    norte" coincidentemente con la implementación de un
    modelo de
    país proveedor de materias primas a los países
    dominantes de Europa. Viajeros,
    científicos, misioneros y funcionarios militares y civiles
    se internaron en el Chaco con el fin de proporcionar
    conocimientos geográficos, económicos y
    socio-antropológicos que sirviesen de base
    científico-técnica para la política estatal. El
    objetivo de
    esta ponencia es reseñar, describir e interpretar varios
    de estos informes que
    fueron publicados en el Boletín del Instituto
    Geográfico Argentino.

     

    1. El Instituto
    Geográfico Argentino

    La organización institucional y
    política del Estado
    argentino y la prosperidad económica logradas en la
    segunda mitad del siglo XIX, marcaron el punto de partida de una
    intensa labor cultural, fruto de la cual fue el nacimiento de
    importantes instituciones
    científicas, educativas y culturales. (1)

    En este marco fue creado en 1879 el Instituto
    Geográfico Argentino. A iniciativa de Estanislao Severo
    Zeballos se reunió un grupo de
    "amigos de la geografía" en el
    salón de Redactores del diario La Prensa, el 6 de
    febrero de 1879, a fin de cambiar ideas sobre la fundación
    de una sociedad
    geográfica en Buenos Aires.
    Entre las dieciséis personas presentes se encontraban
    marinos, militares, ingenieros, profesores y exploradores.
    (2)

    Entre los objetivos que
    debería cumplir la sociedad, Zeballos mencionó la
    exploración y descripción de los territorios, costas,
    islas y mares adyacentes de la República Argentina; hacer
    conocer al país en el extranjero por medio de una revista; y
    escribir una geografía argentina. (3)

    Se encomendó entonces la redacción de un proyecto de bases
    y un reglamento general, que fue aprobado el 19 de febrero del
    mismo año, oportunidad en que se eligió una
    comisión directiva provisoria presidida por Zeballos. De
    este modo nació el Instituto Geográfico Argentino,
    noble institución que habría de realizar una
    destacada acción
    de promoción y difusión de los estudios
    geográficos durante medio siglo.

    En su larga trayectoria es posible establecer dos
    etapas: la primera desde su fundación hasta 1922; y la
    segunda de 1924 a 1930; cada una con sus momentos brillantes y
    otros de decadencia, provocados en gran medida por las
    contingencias políticas
    y económicas que atravesó el
    país.

    Estanislao Zeballos presidió el Instituto entre
    1879 y 1884, que fue la época más notable, en la
    cual promovió y apoyó exploraciones, primero a la
    Patagonia y
    luego al Chaco; se dictaron conferencias, se inició la
    gran obra que fue el Atlas y Mapa de la República
    Argentina y se publicaron artículos de sumo interés en
    las páginas de su Boletín. El número de
    socios aumentó considerablemente y el Instituto se
    relacionó con sociedades
    geográficas del mundo entero a través de congresos,
    correspondencia y canje de publicaciones. (4)

    Entre 1885 y 1888 el Instituto fue presidido por el
    ingeniero Luis Augusto Huergo, quien continuó con la labor
    desplegada por Zeballos. Respecto de las expediciones que
    patrocinó y de las descripciones que como resultado de
    ellas se publicaron en el Boletín, en un Informe sobre su
    labor puede leerse:

    "… El Instituto se halla empeñado en dar
    a conocer por todos los medios estas
    regiones, a fin de que el agricultor, el ganadero, el hombre de
    trabajo, en
    fin, vaya a ellas a llevar el contingente de su inteligencia
    y laboriosidad como elementos indispensables para formar
    núcleos de población." (5)

    A Huergo le sucedió Alejandro Sorondo a cuya
    labor tesonera se debe la supervivencia del Instituto en la
    época difícil de 1890 a 1896. Dada la crisis
    económica se suspendieron momentáneamente las
    expediciones pero no se abandonó el Atlas de la
    República ni se suspendió el Boletín. La
    situación económica del Instituto se mejoró
    durante la presidencia del Ingeniero Francisco Seguí
    (1896-1904) merced a un subsidio otorgado por el gobierno
    nacional. En 1897 se incorporaron al IGA todos los miembros de la
    extinguida Sociedad Geográfica Argentina, regresando con
    ellos el fundador de aquélla, el explorador Ramón
    Lista. Al mejorar el estado financiero, prosiguieron las
    exploraciones y la participación en congresos y se
    inició la formación de colecciones de vistas
    fotográficas del país. Debido a la valiosa y
    fecunda labor de Lafone Quevedo, Juan Bautista Ambrosetti y
    Adán Quiroga, el Instituto puso su acento, más que
    en la geografía, en la etnología, la
    ligüística y la arqueología. Al disminuirse la
    subvención oficial debió suspenderse el
    Boletín entre los años 1900 y 1902. En 1905
    volvió a ocupar la presidencia Alejandro Sorondo pero el
    Instituto continuó en crisis, agravado por el alejamiento
    de Ambrosetti y sus discípulos que pasaron a trabajar en
    el Museo Etnográfico. El Boletín dejó de
    aparecer con regularidad. En 1912 el Instituto entró en
    período de receso por diez años, y después
    de una breve presidencia de Ricardo Davel (1922-1914) fue
    reorganizado.

    En esta primera época, el Instituto
    publicó 25 tomos de su Boletín; manteniendo un
    ritmo regular de un tomo por año entre 1879 y 1899;
    posteriormente y hasta 1911 su aparición se tornó
    irregular. Se publicó sucesivamente por las imprentas:
    Establecimiento Tipográfico a vapor de La Prensa; Jacobo
    Peuser; Imprenta La
    Universidad;
    Imprenta de Martín Biedma; e Imprenta Roma.

    La segunda época se inició bajo la
    presidencia del Dr. Alejandro Hudson, quien se preocupó
    por sanear sus finanzas para
    lo cual obtuvo un subsidio extraordinario del Ministerio de
    Justicia e
    Instrucción Pública. En mayo de 1926
    reapareció el Boletín, cuyos trabajos adquirieron
    desde entonces un marcado carácter didáctico por la presencia
    de profesores de enseñanza secundaria en la dirección y redacción del mismo.
    Aparecieron en esta época ocho entregas cuatrimestrales,
    correspondientes a los años 1926-1928, publicadas por
    Fulgentia Siderata Vocant.

    El Instituto siguió funcionando con regularidad
    hasta diciembre de 1930, fecha en la que concluyó su
    fecunda labor. Sus bienes fueron
    pasados al Comité Nacional de Geografía (creado en
    1934) que luego se convirtió en la Dirección del
    Servicio
    Geográfico Nacional. (6)

     

    2. La navegación de
    los ríos Pilcomayo y Bermejo

    Uno de los temas más aludidos por el BIGA, fue el
    de las exploraciones de reconocimiento y descubrimiento del
    Chaco, principalmente en lo que concierne al río
    Pilcomayo, límite con la República del Paraguay y
    potencial vía de comunicación entre el
    eje-Paraná-Paraguay y las poblaciones salteñas y
    bolivianas. Igualmente, otra vía hídrica a la que
    se trataba o se pretendía utilizar con el mismo objeto fue
    la navegación del Bermejo, aunque en este caso, los
    trabajos impresos en el Boletín son escasos.

     

    El
    Pilcomayo

    Desde la época colonial, al río Pilcomayo
    se lo consideró como una posibilidad de atravesar
    transversalmente el Chaco, y así unir y establecer
    relaciones entre los pueblos y ciudades del este y del
    oeste.

    Justamente, en uno de los más completos trabajos
    publicados, como es el firmado por el explorador Ramón
    Lista, se realiza una recopilación de los viajes y
    expediciones realizadas entre 1638 y 1890. (7)

    Luego de recrear brevemente aquellas de mayor
    importancia y previo al inicio desde su viaje desde el oriente
    boliviano hasta el Paraguay, escribe un párrafo
    que resume la desesperanza de las expediciones y las
    características singulares del río.

    "He reseñado brevemente la historia, puede decirse
    dramática del Pilcomayo desde 1638 hasta 1890
    ¡Cuántos varoniles esfuerzos y cuántos
    sacrificios estériles! Y el río del Chaco, tan
    salvaje e indómito como el
    indio Toba que vive en sus orillas, en el desenfreno feroz de
    sus instintos, sigue rodando sus aguas con giros
    engañosos, ora desbordado y terrible, ora encerrado en
    cauces desconocidos, siempre artero e implacable con
    quién intenta arrancarle sus secretos". (8)

    Desgraciadamente, en el número siguiente del BIGA
    en un informe redactado por Francisco Seguí, Presidente de
    la Comisión Directiva del Boletín, se relata
    la muerte de
    Lista y el fracaso de la nueva expedición. El avezado
    explorador se convirtió así en uno más de
    los tantos mártires que el río y su ambiente
    hicieron desaparecer junto a sus conocimientos y sus
    esperanzas.

    El autor del informe describe con maestría sobre
    la experiencia de Lista y los propósitos de la
    expedición.

    "Lista conoció todo y estudió todo. Su
    propósito era claro y definido. Jamás
    expedición anterior había sido preparada con
    tanta precaución y la Comisión del Instituto
    oyó el plan, lo
    discutió y lo sancionó, entrando de lleno a la
    tarea." (9)

    Por esas paradojas del destino, una de las expediciones
    más claramente explicitadas, mejor preparados, con el
    apoyo logístico y pecuniario necesario, y que más
    aportes lograría para el
    conocimiento de "la geografía, la ciencia en
    general, el comercio, y
    la
    comunicación entre Bolivia, las
    regiones del norte de la Argentina y las provincias que
    bañan los grandes ríos saque comunican con el
    Atlántico", llegaba a su ocaso casi en el mismo momento de
    sus inicios. (10)

    La muerte de
    Ramón Lista anunciada lacónicamente por un "parte"
    firmado por Manuel González, párroco de
    Orán, decía lo siguiente:

    "El explorador del Pilcomayo, señor
    Ramón Lista, estando perdido cinco días en los
    montes de Miraflores, acosado de sed, se suicidó."
    (11)

    Más allá de los interrogantes sobre las
    causas de su deceso que se plantearon las autoridades nacionales
    y de la Provincia de Salta así como los miembros de la
    Comisión Directiva del Instituto, la realidad
    superó todas las presunciones y daba un triste fin a uno
    de los más ordenados intentos de transitar el Chaco a
    través del Pilcomayo.

    Una continuidad entre dos
    siglos

    La fracasada expedición encabezada por
    Ramón Lista no fue el primero ni el último de los
    intentos de surcar el Pilcomayo. El interés de establecer
    una vía navegable, relativamente rápida y segura
    que atraviese el Chaco, fue una constante histórica hasta
    entrado el siglo XX. El BIGA lo refleja a través de una
    serie de informes, artículos y estudios publicados a lo
    largo de más de tres década y que incluyen
    además, problemas de
    límites
    con el Paraguay y de navegación del río
    Bermejo

    En este apartado trataremos de reseñar los
    más importantes, considerando como tales a los de
    extensión mediana y que aportan datos relevantes
    sobre sus respectivos temas. Algunos de ellos, son hitos
    insoslayables para comprender la problemática del Chaco de
    fines del siglo XIX y principios del
    XX.

    En 1887 el BIGA publica una conferencia
    leída el 18 de mayo por el Capitán de la Armada
    Nacional Sr. Federico W. Fernández, cuyo objetivo era el
    reconocimiento del río Aguaray-Guazú, supuestamente
    recorrido por Félix de Azara en sus expediciones.
    (12)

    Su interés se centraba en relevar los
    conocimientos geográficos y al mismo tiempo
    despertar la atención de los argentinos sobre ciertas
    cuestiones limítrofes.

    El 12 de junio de 1886 zarpó del puerto de
    Asunción en el vaporcito "Sucre" con siete tripulantes. El
    primer viaje fue sólo un reconocimiento del terreno. Unos
    meses más tarde volvió a partir con el mismo vapor,
    remolcando una chata de 18 toneladas de porte.

    Si bien el deseo de Fernández de alcanzar la
    confluencia del Aguaray-Guazú con el Pilcomayo no pudo
    lograrse debido a los condicionamientos del medio y del clima, su
    expedición tuvo el valor de
    transitar un camino no reconocido hasta el momento.

    En el año 1891 el Boletín reproduce el
    libro completo
    del Capitán Fernández, en el cual se incluye un
    capítulo -el V-, en el que reproduce su informe de la
    expedición al Aguaray-Guazú realizada unos
    años antes. (13)

    Otro de los informes sobre exploraciones del Pilcomayo
    publicadas en el BIGA fue la del Ingeniero Hidrográfico
    Nacional Olaf J, Storn, en el año 1890. (14)

    La expedición estuvo formada por 22 hombres y
    compuesta por el vapor "Exploraer", dos canoas y un
    pequeño bote, habiendo zarpado el nueve de enero de
    1890.

    El relato y los acontecimientos vividos se hicieron
    cronológicamente, día por día, hasta el 17
    de junio, momento en que concluyó la exploración.
    Es una de las mejores descripciones del Pilcomayo bajo y medio, y
    sus conclusiones son definitorias:

    "La verdad incontestable es que el Pilcomayo no tiene
    grandes crecientes periódicas y en vano me dirán
    que se podrá hacer navegable durante una parte del
    año por medio de dragaje y canalización cuando le
    falta la condición principal: el agua."
    (15)

    En 1899 el BIGA reproduce el informe realizado por el
    Capitán de Fragata José Montero, comisionado por el
    Ministerio del Interior con el fin de socorrer la fallida
    expedición del Ingeniero Enrique Ibarreta, que
    había partido en mayo de 1898 desde Tarija,
    Bolivia.

    La expedición Montero, como se la
    denominó, concluye en un fracaso, tal como lo reconoce
    dignamente su conductor:

    "En resumen,…diré que la
    expedición de mi mando, si bien ha sido ineficaz para el
    objeto inmediato que se tuvo en vista, no lo es bajo el punto
    de vista del conocimiento
    que se ha adquirido de esas apartadas regiones…"
    (16)

    Entrado ya el siglo XX la "cuestión" del
    Pilcomayo seguía siendo confusa. Si bien la idea de su
    navegabilidad, desde Bolivia hasta el río Paraguay se
    había desvanecido como resultado de los fracasos de las
    distintas expediciones, quedaba aún por resolver la traza
    del límite definitivo entre Paraguay y Argentina. En 1906
    y 1907 Adalberto Schmied (hijo), decide recorrer el Pilcomayo
    hasta la zona de los grandes esteros con el fin de observar "la
    forma en que se distribuían las aguas." (17)

    La expedición se realizó por tierra y ya en
    el interior del gran estero, se realizaron viajes de
    reconocimiento a caballo o en canoas aborígenes. La
    publicación acompañada de interesantes
    relevamientos cartográficos, afirma en sus conclusiones
    haber llegado a buen término, habiéndose completado
    "los datos que faltaban sobre esa región hasta entonces
    desconocida".

     

    El Bermejo. Otro río
    para el mismo fin

    Así como el reconocimiento y probable
    navegación del Pilcomayo mereció la atención
    preponderante del Boletín del Instituto, el río
    Bermejo y las exploraciones que lo recorrieron o intentaron
    recorrer, fueron recogidas en sus páginas.

    En el año 1886, el Boletín incluye un
    reportaje al Señor Natalio Roldán, quién,
    como integrante de la Compañía de Navegación
    del Río Bermejo, fue el encargado de dirigir la
    expedición que partió de Buenos Aires en junio de
    1880. El objetivo era llevar mercaderías hasta la colonia
    Rivadavia, situada en el corazón
    del Chaco Salteño.(18)

    A pesar del fracaso de la empresa que
    concluyó con el hundimiento de los tres vapores
    utilizados, la perspectiva y esperanza del pionero no se
    extinguieron, al expresar que "los resultados obtenidos dejaban
    entrever la navegación del Bermejo durante ocho o nueve
    meses del año".

    La ruta del Bermejo continuaba siendo, en el
    espíritu de muchos productores y comerciantes, una
    solución asequible para grandes zonas de Salta y del sur
    boliviano.

    En 1899 se describe la travesía del Bermejo
    realizada por un grupo de industriales y hacendados de la
    Provincia de Jujuy, en su mayoría de origen inglés.
    Los objetivos se repetían: la posibilidad de navegar un
    río por el que se pueda transportar la producción y comerciar desde el Chaco
    serrano.

    Más allá de que el viaje tuvo
    características más de aventura que de investigación, pueden rescatarse algunas
    informaciones valederas a tener en cuenta. Para el autor del
    impreso y para quienes lo acompañaron fue el preludio "de
    un magno proyecto de canalización en el Chaco, que ha sido
    presentado ya al gobierno por los señores Raffelgen y
    Cía., consultando las necesidades y los más
    exigentes intereses de comunicación económica de
    aquella riquísima región." (19)

    Como corolario de esta breve reseña destinada a
    enumerar las principales exploraciones, viajes y expediciones
    realizadas e los ríos Bermejo y Pilcomayo, recordaremos
    que en un trabajo publicado en 1892 por un integrante de una de
    las expediciones del Capitán de Fragata Juan Page,
    realizada a partir de 1889, se logra una síntesis,
    de corta extensión, pero de gran valor por la real
    utilización de los conocimientos del Chaco que se
    habían alcanzado a través de tantos exploradores
    cuya mayor esperanza era encontrar una vía de
    comunicación definitiva entre el naciente y el poniente
    del Gran Chaco. (20)

     

    3. La obra
    etnográfica

    Las descripciones de los aborígenes
    chaqueños se inician en las páginas del
    Boletín del Instituto Geográfico Argentino en 1889
    por medio de una conferencia del capitán Amadeo Baldrich
    en la que expuso un fragmento de un capítulo de su libro
    "Las comarcas vírgenes. El Chaco Central Norte", que
    estaba por editarse.(21) El tema abordado por este distinguido
    militar fue la descripción de los indios mataguayos, a los
    que conoció cumpliendo sus funciones de
    militar. Desde la concepción de la superioridad cultural
    del blanco, no duda en calificar al Mataco como "salvaje,
    infeliz, miserable y atrasado", para luego describir sus
    características físicas, nomadismo, vivienda,
    alimentación, vestimenta, trabajo del
    hombre y de
    la mujer,
    religión y
    medicina,
    señalando siempre juicios críticos acerca de la
    forma de vida de estos aborígenes. (22)

    La crisis de 1890 y las consiguientes perturbaciones en
    el Museo de La Plata impidieron la publicación de los
    trabajos de Samuel Lafone Quevedo y sus colaboradores en la
    Revista de aquella institución, hasta que en 1893 Juan
    Bautista Ambrosetti les ofreció las páginas del
    Boletín del Instituto Geográfico Argentino para que
    dieran a conocer sus artículos sobre las
    características culturales y las lenguas de los diferentes
    grupos
    aborígenes argentinos.

    De este modo, en 1894 Lafone Quevedo publicó tres
    trabajos sobre los Lule Vilelas y su lengua, y uno
    más al año siguiente.(23)

    En 1895 inició una serie de trabajos sobre los
    aborígenes wichis y su lengua, publicando ese año
    los Apuntes del padre Inocencio Massei. (24 Hasta entonces era
    muy poco lo que se conocía del idioma de estos pueblos,
    pues tanto Hervás en su "Catálogo de las Lenguas" y
    como Adelung en su "Mithridates" no pudieron hacer más que
    nombrar al lengua, como para hacer notar que sabían que
    existía, pero se lamentaban de no haber podido conseguir
    ni un solo dato, ni siquiera un Pater Noster con que
    ilustrar su escasísima noticia sobre el
    particular.

    En 1896 este estudioso logró reunir, ordenar y
    publicar otros tres interesantes estudios de extraordinario valor
    sobre esta misma temática. En primer lugar fueron
    difundidos los apuntes del sabio viajero francés Alcides
    D´Orbigny sobre el dialecto vejoz, que incluyen un corto
    aunque útil vocabulario vejoz-castellano y
    castellano-vejoz (25) . Estos apuntes habían sido llevados
    a Francia por
    D´Orbigny y permanecieron allí perdidos entre los
    papeles de aquel autor hasta que los encontró el
    señor Luciano Adam, quien se los remitió a Lafone
    Quevedo a su residencia de Pilciao, en Andalgalá de
    Catamarca. Luego fue reeditada la preciosa monografía del padre franciscano
    Joaquín Remedi, del Colegio apostólico de Salta,
    sobre los indios matacos y su lengua, obra que había visto
    luz
    pública en la provincia de Salta, pero era de
    difícil adquisición. (26) Al publicar nuevamente la
    obra de este fraile, Lafone Quevedo expresó que "se trata
    de hacer conocer las lenguas del grupo Mataco Mataguayo por
    primera vez, y justo es que se incluya (este) concienzudo
    trabajo", al que sólo le introdujo dos mejoras: la
    reducción del vocabulario al orden alfabético, y la
    inversión al Mataco-Castellano. Finalmente,
    después de varias demoras provocadas por las correcciones
    que se le hicieron y por otras diversas causas, fue publicado
    el trabajo del
    ingeniero Juan Pelleschi, quien ya se había ocupado de la
    cuestión en su libro "Otto mesi nel Gran Ciacco"
    impreso en Florencia en 1881, aunque no había sido
    traducido al español, y
    en consecuencia, permaneció entre las curiosidades de los
    bibliófilos. (27)

    Para la realización de su obra (que se inicia con
    referencias históricas basadas en los escritos de los
    padres jesuitas)
    Pelleschi manifiesta que se desnudó de toda idea
    preconcebida acerca de las reglas gramaticales y apuntó
    miles de veces lo que oyó, hasta darse cuenta a qué
    parte de la oración, según nuestro modo de pensar,
    pertenecía el vocablo y sus accidentes.
    Lafone Quevedo comprendió que al Ensayo
    Gramatical de los últimos capítulos del libro "Ocho
    Meses…" le faltaba un vocabulario que le sirviese de base y
    complemento, y esto es lo que se le agregó en este
    trabajo, además de diversas ampliaciones y
    reordenamientos.

    En 1897 Guido Boggiani publicó unos breves
    "Apuntes sueltos de la lengua caduceos del Chaco Paraguayo.
    (28)

    Por último, en las páginas del
    Boletín del IGA fueron publicados los trabajos del padre
    franciscano Zacarías Ducci sobre los Tobas y su lengua, en
    base a los datos recogidos por el mismo en la misión San
    Francisco Solano de Tacaaglé, ubicada en el Territorio
    Nacional de Formosa, en cercanías del Pilcomayo.
    (29)

     

    4.
    Conclusiones

    Hemos recorrido, sintéticamente, el enorme aporte
    realizado por el Boletín del Instituto Geográfico
    Argentino tendiente a proyectar la obra de diferentes viajeros,
    exploradores y estudiosos del Gran Chaco. Nos hemos detenido,
    brevemente, en reseñar los principales artículos
    referidos a esa gran región poco conocida en la
    época, centrando la atención en las expediciones
    que pretendieron concretar una vía de comunicación
    ágil y segura a través de la navegación de
    los ríos Pilcomayo y Bermejo.

    Los artículos, que enlazan los siglos XIX y XX,
    justamente en un período en que la República
    Argentina impulsaba el poblamiento, la colonización y la
    ocupación efectiva de todo su territorio soberano,
    generalmente superan los objetivos explicitados y se convierten
    en interesantes relaciones sobre el clima, la edafología,
    la flora, la fauna, las
    potencialidades agropecuarias y las características de los
    habitantes aborígenes del Chaco.

    Los aborígenes chaqueños fueron objetos de
    interesantes debates en el ámbito nacional en el marco de
    la política del Estado tendiente a la conquista y
    colonización de los ricos territorios del norte argentino.
    Superada la etapa de la guerra de
    conquista –después de la campaña del general
    Victorica en 1884- se inició la "pacificación" del
    Chaco y se trazaron planes para la aculturación de los
    aborígenes. Informes de militares actuantes en la
    región, memorias de
    gobernadores, comentarios de viajeros, exploradores y
    técnicos fueron algunas de las fuentes para
    conocer la cultura de las
    diferentes etnias y proyectar su "civilización". Algunos
    de estos documentos
    encontraron en las páginas del Boletín del I.G.A.
    un canal de comunicación, sirviendo al doble objeto de
    ampliar los conocimientos científicos y de servir de base
    para programas de
    acciones
    concretas.

    Un reconocimiento especial en la difusión de los
    escritos de los misioneros franciscanos merece la labor del
    estudioso Samuel Lafone Quevedo, quien reunió,
    ordenó y prologó las monografías de los
    frailes Massei y Remedi; y los apuntes de D´Orbigny,
    referidos a una lengua casi desconocida como era la de los
    wichis. A ellos se sumó el extenso artículo
    preparado por el ingeniero Pelleschi, también a instancias
    de Lafone Quevedo. Otros tomos del Boletín recogieron
    trabajos igualmente valiosos sobre las parcialidades Lule-Vilelas
    y Tobas y sus respectivas lenguas. El criterio para hablar sobre
    el indio se basaba en el enciclopedismo y en la referencia al
    trato directo con el "objeto". En todos los casos se trataba de
    conocimientos adquiridos en la observación y la experiencia, elementos en
    los cuales la filosofía positivista fundaba la ciencia y la
    construcción planificada del orden
    social.

     

    Notas

    (*) Trabajo presentado como ponencia en el X: Congreso
    Interclaustros de Historia, 2005, Facultad de Humanidades de
    Rosario.

    1. A los ya existentes museos de Paraná y Buenos
      Aires se sumaron el Observatorio Astronómico de
      Córdoba en 1871, la Sociedad Científica Argentina
      en 1872, la Academia de Ciencias de
      Córdoba en 1873 y la Oficina
      Topográfica Militar en 1879.
    2. Los marinos presentes eran Martín Guerrico,
      Manuel José de Olascoaga, Clodomiro Urtubei, Rafael
      Lobos y Martín Rivadavia; el director de la Escuela
      Militar general Julio de Vedia (quien fuera el primer
      gobernador del Chaco); los militares Francisco Host y
      Jordán Wisocki; el explorador Ramón Lista; el
      ingeniero y profesor
      Emilio Rosetti; y los señores Faustino Jorge, Mario
      Bigg, Pedro Pico, Clemente Fregeiro y Benjamín
      Aráoz. Helga Nilda Goicoechea. "El Instituto
      Geográfico Argentino" Historia e Índice de su
      Boletín (1879-1911; 1926-1928). Resistencia;
      Instituto de Historia, Facultad de Humanidades, Universidad
      Nacional del Nordeste, 1970, 96 pp.
    3. Instituto Geográfico Argentino. Boletín
      del Instituto Geográfico Argentino, Tomo I, Cuaderno I,
      1879, pp. 79-83. (En adelante: B.I.G.A.)
    4. Entre los expedicionarios a la Patagonia,
      Martín Guerrico, Francisco Host, Luis Piedrabuena,
      Edelmiro Correa, Carlos María Moyano, Hortensio Thaites,
      Ramón Lista y Estanislao Zeballos. Una expedición
      al Polo Sur fue realizada por el marino italiano Giaccomo Bove
      a quien acompañaron los argentinos Luis Piedrabuena,
      Edelmiro Correa y Carlos M. Moyano y oficiales y alumnos de la
      Escuela Naval. A partir de 1882 fue el Chaco el centro de
      atención del Instituto. A este lejano territorio del
      norte fueron las expediciones de Juan Amadeo Baldrich, Ceferino
      Ramírez, Manuel Domecq García, el mayor Feilberg,
      Federico W. Fernández, Jules Crevaux, y Ramón
      Lista.
    5. BIGA, tomo XVI, set-dic 1893, pp. 616-617
    6. Helga Nilda Goicoechea. Op. Cit.
    7. Ellos son: El Pilcomayo según el Padre Lozano,
      Diario del Padre Patiño (1721), Viaje del Padre
      Castañares (1740), Reconocimiento de Azara (1785),
      Navegación de Magariños (1843), Reconocimiento de
      Van Nivel (1844), Excursión de Giannelly (1863),
      Expedición de Crevaux (1882), Expediciones militares de
      Rivas e Ibazeta, Viaje de Fontana (1882), Primera
      expedición de Thouar (1883), Expedición de
      Feilberg (1884), Segunda expedición de Thouar (1885),
      Expedición de Page (1890), Expedición de Store
      (1890) y Expediciones de G. y A. Sol.
    8. Ramón Lista. El Pilcomayo o río de los
      Pillcus. BIGA, Tomo XVIII, 1897, pp. 600.
    9. Francisco Seguí. Ramón Lista, su muerte
      y el fracaso de la nueva expedición exploradora del
      río Pilcomayo. BIGA, Tomo XVIII, 1897, pág.
      603.
    10. Ibídem. Pág. 604.
    11. Ibídem.
    12. Federico Fernández. Exploración del
      río AguarayGuazú. BIGA, Tomo VIII, 1887, pp.
      151-171.
    13. BIGA. El libro del Señor Fernández.
      Tomo XII, 1891, Cuadernos IX y X, pp. 219-267 y Cuadernos XI y
      XII, pp. 365-442.
    14. Olaf J. Store. Exploración del Pilcomayo.
      BIGA, Tomo XII, 1891, Cuadernos V y VI, pp. 83-117; Cuadernos
      VII y VIII, pp. 175-196; Cuadernos IX y X, pp.
      302-325.
    15. Ibídem. pág. 315.
    16. José Montero. Expedición Ibarreta al
      Pilcomayo. BIGA, Tomo XX, 1899, pp. 208-239.
    17. Adalberto y Arnaldo Schmied. Expedición a la
      región de los ríos Pilcomayo y Confuso en los
      años 1906 y 1907. BIGA, Tomo XXIII, 1908, pp.
      58-85.
    18. Natalio Roldán (reportaje). Natalio
      Roldán en el Bermejo. La expedición de 1880.
      BIGA, Tomo VII, 1886, pp. 25-40.
    19. F. W. Clunie. La comunicación fluvial entre el
      Chaco occidental y el río Paraguay. BIGA, Tomo XX, 1899,
      pp. 188-207.
    20. J. Graham Herr. El Gran Chaco. BIGA, Tomo XIII, 1892,
      pp. 59-81.
    21. Amadeo Baldrich. Las comarcas vírgenes. El
      Chaco Central Norte. Buenos Aires, Peuser, 1889, 292
      pp.
    22. Amadeo Baldrich. Los indios Mataguayos. BIGA, Tomo X,
      año 1889, pp. 214-233.

      ———————————– Calepino
      Lule-Castellano, Vademecum para el Arte y
      vocabulario del Padre Antonio Machoni, S. J. por… BIGA,
      Tomo XV, año 1894, pp. 305-365; 398-500.

      ————————————- Oraciones y
      catecismo del lule. Traducidos literalmente con notas. BIGA,
      Tomo XV, año 1894, pp. 366-385.

      ————————————– La lengua
      vilela o chulupí. Estudio de filología
      chaco-argentina fundado sobre los trabajos de Hervás,
      Adelung y Pelleschi por … BIGA, Tomo XVI, año 1895,
      pp. 37-124.

    23. Samuel A. Lafone Quevedo. Los Lules, BIGA, Tomo XV,
      año 1894, pp. 185-246.
    24. Samuel Lafone Quevedo. Lenguas argentinas. Grupo
      Mataco-mataguayo del Chaco. Dialecto Nocten. "Pater noster" y
      apuntes por el P. Inocencio Massei, Or. Seráfica, con
      introducción y notas por …BIGA, Tomo
      XVI, año 1895, pp. 343-390.
    25. Samuel Lafone Quevedo. Lenguas argentinas. Grupo
      mataco-mataguayo del Chaco. Dialecto Vejoz Vocabulario y
      Apuntes de M. S. D´Orbigny, con introducción y
      notas por … BIGA, Tomo XVII, año 1896, pp.
      121-176.
    26. Samuel Lafone Quevedo. Los indios matacos y su lengua
      por el P. Joaquín Remedi Ord. Seraf. Misionero
      apostólico con vocabularios ordenados por… BIGA, Tomo
      XVII, año 1896, pp. 331-362.
    27. Juan Pelleschi. Los indios matacos y su lengua.
      Introducción por Samuel A. Lafone Quevedo. BIGA, Tomo
      XVII, año 1896 pp. 559-622 y Tomo XVIII, año
      1897, pp. 173-350.
    28. En BIGA, Tomo XVIII, año 1897, pp.
      367-371.
    29. Zacarías Ducci, Fray. Los tobas y su lengua.
      BIGA, Tomo XXI, pp. 165-214.
    30. Vocabulario toba-castellano recogido y ordenado
      por… BIGA, Tomo XXII, año 1905, pp. 68-88 (2ª
      entrega) y Tomo XXIII, pp. 23-53 (paginación
      independiente incluida después de la p.
      312).

     

     

    Héctor Rubén Borrini

    Hugo Humberto Beck

    Conicet – UNAF- UNNE

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