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Estructura del poder (página 2)

Enviado por alarconflores



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LA ECONOMIA DE UNA SOCIEDAD

El término economía de una sociedad, se utiliza en economía y sociología para designar a aquellas organizaciones o estructuras productivas cuya estructura decisional se basa en el voto unitario (una persona = un voto, o regla democrática), contrariamente a lo que se produce empresas privadas típicas de carácter capitalista, donde impera el voto plural ponderado por la participación en el capital (una acción = un voto). El ejemplo típico de empresa democrática es la cooperativa, uno de cuyos Principios Cooperativos es precisamente el principio democrático de decisión.

LOS PREÁMBULOS CONSTITUCIONALES QUE RIGEN LA ESTRUCTURA DE UN PODER

A través de los tiempos ha sido costumbre preceder a las leyes y demás actos del poder público de una exposición previa que explicara los motivos y fines de dichos actos.

Esa introducción puede ser considerada como preámbulo (del latín preambulus: lo que va adelante), si bien este término ha sido reservado para los ordenamientos constitucionales a fin de distinguirlos de las exposiciones de motivos que preceden a las decisiones legislativas, de los considerando utilizados en el orden judicial y de los fundamentos administrativos.

En consecuencia, puede considerarse el preámbulo de la Constitución de 1993 como una expresión solemne de propósitos y anhelos de los constitucionalistas.

Preámbulo de la constitución peruana

El congreso constituyente democrático, invocando a dios todopoderoso, obedeciendo el mandato del pueblo peruano y recordando el sacrificio de todas las generaciones que nos han precedido en nuestra patria, ha resuelto dar la siguiente constitución…

Preámbulo de la Constitución Argentina

Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino: invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la Nación Argentina.

Preámbulo de la Constitución de los Estados Unidos de América

Nos, el pueblo de los Estados Unidos, con el objeto de formar una unión más perfecta, establecer la justicia, asegurar la tranquilidad interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros y para nuestra posteridad, ordenamos y establecemos esta Constitución para los Estados Unidos de América.

Preámbulo de la Constitución francesa de 1958

El pueblo francés proclama solemnemente su adhesión a los Derechos del Hombre y a los principios de la soberanía nacional tal como fueren definidas por la Declaración de 1789, confirmada y completada por el preámbulo de la Constitución de 1946.

En virtud de estos principios y del de la libre determinación de los pueblos, la República ofrece a los territorios de ultramar que manifiesten la voluntad de adherirse a ella, nuevas instituciones fundadas en el ideal común de libertad, igualdad y fraternidad y concebidas con miras a la evolución democrática de los mismos.

Preámbulo de la Constitución de Japón (noviembre de 1946)

Nos, el pueblo japonés, actuando por intermedio de los representantes debidamente elegidos de la Dieta Nacional, determinados a asegurar para nosotros y para nuestra posteridad los frutos de la cooperación pacífica con todas las naciones y los beneficios de la libertad para toda nuestra tierra, y resueltos a evitar los horrores de una nueva guerra como resultado de la acción del gobierno, proclamamos que el poder soberano reside en el pueblo y establecemos firmemente esta Constitución. El gobierno es un mandato sagrado del pueblo, de quien deriva su autoridad; sus poderes son ejercidos por los representantes del pueblo y sus beneficios son prerrogativas del pueblo. Éste es el principio universal de humanidad sobre el cual se basa esta Constitución; Rechazamos y revocamos todas las constituciones, ordenanzas y decretos imperiales que se opongan a la presente Constitución.

Nos, el pueblo japonés, deseamos una paz duradera y, profundamente conscientes de los altos ideales que controlan las relaciones humanas, hemos resuelto preservar nuestra seguridad y existencia, confiados en la justicia y la buena fe de los pueblos amantes de la paz. Deseamos ocupar un lugar digno en una sociedad internacional que lucha por la preservación de la paz y por la abolición definitiva en el mundo de la tiranía y la esclavitud, de la opresión y la intolerancia. Reconocemos que todos los pueblos de la tierra tienen el derecho de vivir en paz, libres del miedo y las necesidades.

Creemos que ninguna nación es responsable sólo ante sí misma, sino que las leyes de la moral política son universales y que la obediencia a esas leyes incumbe a todas las naciones que sustentan su propia soberanía y justifican sus relaciones soberanas con otras naciones.

Nos, el pueblo japonés, comprometemos nuestro honor nacional en el cumplimiento de estos altos ideales y propósitos con todos nuestros recursos.

Preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas

Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas, resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufriendo indecibles, a reafirmar la fe en los Derechos Fundamentales del Hombre, en la dignidad del valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas, a crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y otras fuentes del Derecho Internacional, a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad, con tales finalidades a practicar la tolerancia y convivir en paz como buenos vecinos a unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, a asegurar, mediante la aceptación de principios y la adopción de métodos, que no se usará la fuerza armada sino en servicio del interés común, y a emplear un mecanismo internacional para promover el progreso económico y social de todos los pueblos, hemos decidido...

EL neoliberalismo EN LAS ESTRUCTURAS DE LAS SOCIEDADES

En primer lugar, el neoliberalismo no es nuevo. América Latina ha experimentado estrategias económicas liberales durante la mayor parte de los últimos 500 años. Desde la mitad del siglo XIX hasta los años 30, la mayoría de América Latina siguió la estrategia liberal: economía abierta, especialización exportadora, propiedad privada (mayormente extranjera) de recursos básicos y dependencia de préstamos e inversiones extranjeras.

El análisis crítico de este sistema, tuvo lugar en los años '30, durante las crisis mundiales capitalistas. Las crisis del liberalismo condujeron a rebeliones populares en México y por toda América Latina. Estas rebeliones fueron provocadas por la extrema concentración de riqueza y poder y por el aumento masivo de la pobreza y el desempleo. Después, definieron una fase de desarrollo nacionalista-populista, tanto en las empresas públicas como en la protección del mercado doméstico, la industrialización nacional estimulada por el Estado y los programas socio-populistas.

El "neoliberalismo" contemporáneo, ha creado desigualdades socio- económicas parecidas a las del liberalismo del siglo XIX. Aunque la estructura de clase, los patrones demográficos y los sistemas económicos son distintos hoy en día, los resultados generales son similares. Es importante esta crítica perspectiva histórica para señalar el hecho de que el neoliberalismo no es el fin de la historia, sino una regresión, una vuelta atrás, hacia una doctrina que falló en el pasado. En segundo lugar, el neoliberalismo no es el producto del "progreso evolutivo", sino que es parte de un proceso cíclico. El neoliberalismo llegó al poder en el siglo XIX, se extendió, se deterioró y se reemplazó por un sistema distinto: en algunos casos por el populismo nacional, en otros por el socialismo.

El reclamo neoliberal de que éste representa un producto de la revolución tecnológica, es falso, al menos en dos aspectos. Primero, el neoliberalismo tiene una historia de ascensos y descensos, con 500 años de historia, anteriores a cualquier revolución tecnológica. Muchos de los fundamentales cambios tecnológicos, como el ordenador y la automatización, precedieron al actual resurgimiento del neoliberalismo, y por lo tanto no se pueden atribuir al "mercado".

En tercer lugar, el argumento de que el neoliberalismo es producto de una elección racional y de la eficacia del mercado, contrasta con el hecho de que los orígenes del neoliberalismo en América Latina, se ubican en el período de las dictaduras militares de los '60 y '70, las cuales reprimieron "elecciones libres" y prohibieron el debate racional. Además, es difícil describir el neoliberalismo como un sistema "eficaz", en tanto aumenta el número de trabajadores subempleados y desempleados a un 60 por ciento de la fuerza laboral y la tierra no cultivada se concentra en pocas manos, al tiempo que se desplaza a los obreros rurales. Resulta claro que el ascenso del neoliberalismo no es el producto de la eficacia de la racionalidad.

El neoliberalismo es el resultado del poder político y de la lucha de clases. Las victorias militares y políticas de los capitalistas exportadores y financieros aliados con el imperialismo y el ejército, impusieron el neoliberalismo a la fuerza y sostienen el modelo a través del control del Estado. A modo de resumen, el neoliberalismo es esencialmente un proyecto político basado en una configuración de poder de capitalistas exportadores y financieros, que controlan el Estado. Desde esta base de poder en el Estado, la burguesía neoliberal dicta la política económica, contrata ideólogos y compra elecciones. Para cambiar la política neoliberal hace falta un cambio fundamental en la correlación de poder de clase dentro del Estado.

LaS luchaS de clases

La ascendencia del neoliberalismo no es el resultado de un debate doctrinal, sino el producto de las derrotas militares y políticas de la izquierda entre 1964 y 1967. En este período, la clase capitalista tomó el Estado y comenzó una guerra prolongada contra el avance social de las dos décadas previas: se eliminó la legislación laboral progresista, se privatizaron y desnacionalizaron las empresas públicas, se bajaron los sueldos, y se revirtieron los avances en materia de reforma agraria. Las derrotas político-militares de la Izquierda en Brasil (1964), Chile y Uruguay (1973), Argentina (1976), Bolivia (1971), etc., fueron seguidas por la implementación de las primeras etapas de programas neoliberales de "choque". Los aliados estratégicos de esta ofensiva política neoliberal fueron las multinacionales estadounidenses y el Estado imperial, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. La lección es clara: cualquier intento de reversión del neoliberalismo debe seguir la misma lógica que tomaron los capitalistas para establecer su sistema: la lucha de clases que conduce al poder del Estado, la renacionalización de la industria y la redistribución de tierra e ingresos. En resumen, los orígenes del neoliberalismo no son ni "tecnológicos" ni "económicos" sino, en el análisis final, político y social: las políticas neoliberales y las expresiones ideológicas siguieron a la toma del poder del Estado. Desde esta ventajosa perspectiva, podemos ahora examinar las consecuencias políticas del reinado del neoliberalismo.

LAS Consecuencias políticas del neoliberalismo

El neoliberalismo en el poder, ha transformado la naturaleza de las políticas y las propias relaciones políticas e interestatales. El hecho político fundamental es la aparición de un sistema político neoautoritario, bajo el disfraz del proceso electoral. Los regímenes recurren a un estilo autoritario de gobierno -característico de regímenes militares-, para poder implementar las políticas neoliberales antipopulares de privatización de empresas públicas, promover los intereses agro-industriales en desmedro de los campesinos y obreros rurales, e incrementar el número de desempleados para bajar los sueldos urbanos.

1.- Gobiernan por decreto: la privatización de las empresas públicas se decreta por el Ejecutivo sin consultar a la ciudadanía ni al Congreso.

2.- Las decisiones las toman organizaciones no electas por la ciudadanía, como las instituciones financieras extranjeras y domésticas.

3.- El aparato del Estado (judicatura, altos mandos militares, policía y agentes de inteligencia) permanece incambiado con respecto a la dictadura.

4.- El régimen promueve una cultura de miedo: se usan amenazas de fuerza e intimidación para inhibir la movilización de masas y la oposición pública.

5.- Las elecciones se controlan a través de la manipulación y el control de los medios de comunicación, vía fraude (como en México) o por la compra de diputados del Congreso (como en Brasil).

El neoliberalismo es compatible con las elecciones, pero depende de medidas autoritarias e instituciones para implementar su programa.

El proceso electoral en sí, se devalúa porque los políticos neoliberales nunca hacen campaña para su programa real e incluso prometen corregir los abusos del neoliberalismo. Una vez electos, proceden a profundizar y extender el proceso de privatización. Entonces hay un abismo profundo entre lo que ocurre durante la campaña electoral y lo que los neoliberales practican cuando llegan al poder. La carencia absoluta de correspondencia entre las campañas electorales y el gobierno elegido, alienta la apatía de los votantes, el cinismo hacia la política electoral y el giro hacia la política extra-parlamentaria.

Por ejemplo, cuando los políticos prometen reformas agrarias durante su campaña electoral y entonces, una vez elegidos, promueven los intereses de los exportadores de plantaciones a gran escala, los obreros rurales y los campesinos toman la acción por fuera del sistema electoral y al ocupar tierras legislan su propia reforma agraria.

La política neoliberal favorece a los capitalistas vinculados al mercado exportador, a los inversionistas extranjeros y a los que operan en el sector bancario, y frecuentemente excluyen al Congreso y a la oposición política de cualquier decisión importante. Los ejecutivos neoliberales buscan evitar cualquier debate público y la revelación pública de los ilícitos vinculados a la privatización de las empresas públicas lucrativas y -para evitar investigaciones- de las superganancias que obtienen. Lo mismo pasa con las violaciones de los derechos humanos por parte del Estado (como por ejemplo, con las masacres de campesinos).

Cuando los presidentes neoliberales no pueden convencer a los legisladores, frecuentemente recurren a chantajes y a la implementación de fondos especiales para proyectos locales, que les aseguren votos decisivos para legitimar sus políticas.

En resumen, el neoliberalismo corrompe el proceso legislativo, haciendo de los miembros del Congreso elegidos por los votantes, meros funcionarios del Ejecutivo. El nuevo autoritarismo de los neoliberales se manifiesta en su política hacia los trabajadores. Mientras los regímenes militares sencillamente reprimieron los derechos laborales, los neoautoritarios aprueban leyes laborales restrictivas, que facilitan el despido de los trabajadores, debilitan o derogan las regulaciones con respecto a la salud y al bienestar, y alientan a los patrones a intensificar la explotación a través de prácticas de "flexibilidad laboral" El crecimiento del desempleo y las nuevas leyes laborales, tienen el doble efecto de "fragmentar" los sindicatos tradicionales, debilitando su poder colectivo de negociación. En respuesta al declive de los sindicatos tradicionales, han surgido nuevos movimientos socio-políticos comprometidos en la acción directa. Por ejemplo, mientras las confederaciones laborales urbanas más importantes han perdido huelgas y han estado a la defensiva, los obreros rurales y los movimientos de campesinos de Brasil, Paraguay y México, Bolivia, Ecuador, etc., han tomado la ofensiva, ocupando la tierra y atacando las políticas liberales del régimen. Los regímenes neoliberales recurren a "tácticas de choque", combinando los aumentos dramáticos de los precios al consumidor, con cortes drásticos en los gastos sociales, en los sueldos y en el trabajo estable. Como resultado, los salarios han caído casi un 70 por ciento en México, 30 por ciento en Argentina, 60 por ciento en Bolivia, etc. Las llamadas "estrategias de supervivencia", despolitizan a los pobres y los confinan en proyectos locales a pequeña escala, dirigidos por organizaciones no gubernamentales y financiados por donantes extranjeros.

En muchos casos, los neoliberales combinan los programas macro- sociales que favorecen a los ricos, con programas "de pobreza" micro-sociales, diseñados para evitar que los pobres reaccionen políticamente en contra el régimen neoliberal.

En resumen, uno de los resultados claves del neoliberalismo, es el crecimiento de los gobiernos neoautoritarios, junto con la corrupción del proceso electoral y la de los diputados electos. Esto ha estimulado -como contra-respuesta-, el crecimiento de la acción directa extra-parlamentaria, especialmente la de los movimientos rurales. Los nuevos regímenes autoritarios, cuentan con el Estado represivo para implementar sus "políticas de choque" y con sus seudo programas anti-pobreza para evitar rebeliones populares. El efecto combinado está diseñado para fragmentar los movimientos de masas. El resultado, sin embargo, es el debilitamiento del proceso tradicional de negociación colectiva de los sindicatos urbanos y el fortalecimiento de los movimientos de acción directa en las zonas rurales.

EL PODER Y LAS POLITICAS DEL PODER

El poder ha caminado en paralelo a la historia del hombre. De ahí que en los estudios sobre la naturaleza gregaria del ser humano y de todas las formas de organización en que ha evolucionado la sociedad, las referencias directas o indirectas al poder, siempre han estado presentes. Un especialista comenta que el poder "ha sido un concepto permanente y acuciosamente examinado por los analistas de muy distintos campos del conocimiento. Desde los filósofos de la Grecia antigua hasta los estrategas militares de nuestros días y, en medio de ellos, toda una pléyade de expertos en psicología, sociología, economía, ciencia política y relaciones internacionales, entre otras disciplina".

El poder y sus políticas tienen un referente especial, que es la figura del Estado. "Según Maurice Duverger, la política, para algunos, es la ciencia del Estado, mientras que, para otros, es la ciencia del poder. Esta dicotomía para nosotros, no existe en forma nítida. El poder es inherente al Estado, a tal punto que el Estado no existe sin el poder."

Es importante subrayar al llegar a este punto, que el poder tiene leyes y características fundamentales, que le distinguen para fines de análisis histórico, de otras áreas de conocimiento social. Solamente por ellas se pueden explicar las razones por las cuales a lo largo de la historia de la humanidad, varias naciones han perdido su lugar de influencia y sus imperios.

"Los tres errores más importantes que se cometen al evaluar el poder de los estados: El primero es no recordar que siempre es relativo....el segundo es que el poder de un estado nunca es permanente, punto relacionado con el hecho de que lo puede ser preeminente en un momento dado puede no ser tan importante en otro. El tercero es la falacia de un solo factor, que atribuye demasiada importancia a un elemento de poder, como es el interés de Halford Mackinder en la geopolítica, o el de Alfred Mahan en la fuerza naval."

Según Tripp y Piedra, el profesor brasileño Figuereido Moreira Neto señala también dos "categorías" de leyes: las estáticas y las dinámicas. En la primera se encuentra la universalidad, la pluralidad, la integridad, la neutralidad y la interdependencia. Para las dinámicas se destaca la conservación, la expansión, la relatividad y la eficiencia.

El poder tiene dos caras o facetas. En lo interno, el poder se vincula al orden jurídico, a la separación de poderes y a las formas de organización política, territorial y de gobierno, desde una perspectiva plenamente autárquica y completamente soberana en cuanto a sus decisiones, razonamiento que también es compartido por Hans Morgenthau, al señalar que el poder político es el "conjunto de las mutuas relaciones entre los depositarios de la autoridad pública y entre estos últimos y la gente en general."

Otro autor destacado en la escuela del realismo político nos dice que "los grupos, como los individuos, disponen de dos procedimientos para obtener, en caso de oposición y conflicto, los objetivos codiciados: la acción directa y la acción política. Lo primero significa que el grupo actúa directamente sobre los individuos cuya colaboración es necesaria al logro del resultado apetecido. Lo segundo, que el grupo intenta triunfar mediante el ejercicio del poder coercitivo del Estado."

Heller afirma que toda organización social general poder, pero solamente cuando busca ascender a la dirección del Estado y al control de orden jurídico se diferencia de todas las otras formas de poder. "Todo poder político es poder jurídicamente organizado".

En este sentido, los componentes del poder nacional del Estado, factores cualitativos y cuantitativos de naturaleza económica, política, social y militar, interpretan al poder y al mismo Estado como una relación social dinámica, que necesariamente se interrelaciona con todas las facetas del comportamiento social.

La conjunción de estas ópticas multidisciplinarias valoran la historia y el presente de las naciones, ya que forman parte del tejido social e institucional del país que, bajo el depósito de los poderes del Estado en la figura gubernamental, delimita las políticas a seguir. Esta aseveración es de particular importancia ya que no se puede desvincular al poder interno del externo y, en muchos sentidos, la forma en que un Estado actúa tiene que ver con la imagen que tiene de sí mismo, la que proyecta al exterior y la que otros tienen de él.

De tal manera esquematizada, podemos coincidir en la afirmación de que el poder significa nacional e internacionalmente "...la facultad o capacidad que tienen los sujetos de la sociedad internacional de imponer su propia voluntad a los demás, con base en la preparación de su población, así como en la cantidad, calidad y aprovechamiento de los recursos de que disponen, como determinantes del grado de organización y desarrollo que han alcanzado en todos los órdenes: político, económico, jurídico, social, cultural, científico, técnico, militar, etc.; así como de los objetivos que persigue su política exterior; y sustentados en la habilidad de sus fuerzas armadas y la complejidad de sus armamentos. Por lo tanto, el poder es una facultad global y compleja que determina el peso específico de cada uno de los actores de la sociedad internacional contemporánea..."

La capacidad y voluntad de ejercerlo (al poder) reflejan el grado de cohesión y dirección en las políticas nacionales y que tienen expresión concreta en el ámbito internacional. En esta perspectiva se ubica la conceptualización de Raymond Aron "acción exterior no es sólo la diplomacia, en el sentido más restringido del término..., sino también las influencias o presiones, voluntarias o no, ejercidas por el país sobre otros países, tanto en razón de lo que es, como en razón de lo que hace, y tanto por sus sociedades multinacionales como por sus diplomáticos."

En síntesis, el "Poder Nacional refleja posibilidades y limitaciones de los medios que lo integran. Del Poder Nacional fluye el poder estatal, cuyo ejercicio la nación delega al Estado, el cual tiene la facultad de establecer y poner en ejecución el proceso político-jurídico. Así, el Estado, como monopolizador del uso de la fuerza, evita la violencia anárquica entre los individuos y le confiere al gobierno los medios para imponer el orden institucional... el carácter integral del Poder Nacional es el resultado de la aglutinación de todos los medios de que dispone la nación: políticos, económicos, sociales (psicosociales) y militares... el Poder Nacional sirve a la política interna y externa... en lo externo es instrumento afianzador de la soberanía, orientado a conquistar y preservar los objetivos nacionales referentes a las relaciones internacionales."

Por lo que se refiere a la faceta externa del poder, éste se disemina entre los otros actores políticos de la sociedad internacional –en el sentido plasmado por Manuel Medina- y es cuando entra en competencia con otros poderes, ya que en esta óptica el poder no es totalmente soberano, en el sentido absoluto del término. Es la llamada independencia soberana de los estados, la ausencia de un poder superior, el desligamiento de todo freno externo, lo que da a las relaciones entre los estados su peculiar sentido de anarquía."

Desde Tucídides "aceptamos un imperio... y nos resistimos a liquidarlo movidos por tres poderosos imperativos: el prestigio, el temor y el interés, ya que es ley natural que el débil sea dominado por el fuerte," el poder ha formado parte indisoluble del estudio de las relaciones interestatales y de las formas en que el poder se constituyo en el principal factor catalizador de la evolución en las formas de organización política.

Sin explicar el poder, no se explica la evolución histórica de la comunidad social agrupada en lo político, desde la comuna primitiva hasta los esquemas supranacionales de nuestros días. De ahí que al uso del poder en las relaciones entre Estados se le analice también como un sinónimo de las "políticas de poder", generalmente bajo la óptica del realismo político. "El poder en las relaciones internacionales es la capacidad que tiene una nación para usar sus recursos tangibles e intangibles, de modo tal que puedan afectar el comportamiento de otras naciones".

Conforme a una descripción más especializada, las políticas del poder son específicamente "un sistema de relaciones internacionales en que los grupos se consideran a sí mismos como los fines últimos; emplean, al menos con propósitos vitales, los medios más efectivos a su disposición y son medidos de acuerdo con su peso en caso de conflicto".

Las políticas del poder generalmente se interpretan desde la óptica interestatal y tienen como fuentes del poder las propias condiciones internas de las cuales deviene su capacidad. De ahí que Poder Nacional, Política Exterior y Políticas de Poder encuentren como vasos comunicantes las fuentes del poder y su capacidad.

Así podríamos sintetizar estas políticas de poder como medios para lograr los fines de la nación, y también visualizarles en las políticas internas (ó domésticas), y en las de política exterior, ya que en todas ellas está como motor de la acción política la búsqueda por el poder.

La eficacia del poder y la trascendencia de sus políticas consisten en la medición y valoración adecuada del poder, interpretada mediante bases objetivas de delimitación y cuantificación multidisciplinarias o multisectoriales; es decir, en el uso eficaz y eficiente del poder nacional. En tanto el poder es una cuestión relativa, las capacidades no lo son.

"Frecuentemente se indica que el poder de una nación es simplemente la suma total de sus capacidades...aunque el poder conlleve siempre capacidades, también se relaciona con otras dimensiones. Y es más trascendente que, mientras las capacidades se pueden delimitar objetivamente, el poder debe ser evaluado en cada caso en términos psicológicos y de relación más sutiles."

En esta misma dirección, Kissinger dice que "la mayor parte de la historia ha mostrado una síntesis de fuerza militar, política y económica, que en general ha demostrado ser simétrica." Thiago Cintra señala que "la pura voluntad no es suficiente para la satisfacción de los intereses, se necesita la capacidad para ello. En esto se sintetiza la génesis del poder: al priorizar la satisfacción de sus intereses, el hombre necesita utilizar medios y recursos disponibles y adecuados para que pueda imponer su voluntad, de tal forma que pueda asegurar el dominio sobre los obstáculos que se interpongan al logro de sus intereses... reflejando las posibilidades y limitaciones del Poder Nacional."

Tan es importante la capacidad que a finales del presente siglo y milenio, una institución financiera acusada de la defensa a ultranza de los principios del neoliberalismo y del monetarismo surgidos de la escuela de Chicago en los ochenta, el Banco Mundial, revalora la función del Estado y se pone el acento en la plena utilización de las capacidades estatales, bajo el signo de la eficacia.

"Un Estado eficaz es imprescindible para poder contar con los bienes y servicios – y las normas e instituciones- que hacen posible que los mercados prosperen y que las personas tengan una vida más saludable y feliz....Lo que la experiencia nos ha enseñado ..Es que el Estado es fundamental para el proceso de desarrollo económico y social, pero no en cuanto agente directo del crecimiento sino como socio, elemento catalizador e impulsor de este proceso. El mundo está cambiando y con él cambian también nuestras ideas sobre el papel del Estado en el desarrollo económico y social...

En esta dimensión se inscriben las políticas del Estado y la gestión pública –que se analizará con mayor detalle en páginas ulteriores-. Sólo se puede dotar de contenido a los referentes históricos de la acción estatal dentro o fuera de sus fronteras: los intereses y objetivos nacionales, cuando el sentido fundamental del análisis es la política.

LA POLITICA COMO PODER EXTERIOR

La política exterior tiene claramente delimitados sus objetivos permanentes y es la síntesis del ejercicio del poder del Estado, en el ámbito de las relaciones internacionales. Esto es válido para todas las naciones y constituye, cómo se observó en el capítulo precedente, la guía del interés nacional para todos los Estados. En la seguridad, supervivencia y bienestar se sintetizan los intereses primordiales e incuestionables de la existencia y desarrollo del Estado-Nación. Los objetivos también se asumen como reflejo fiel de la realidad nacional.

Esta es la noción incontrastable de la política y el interés de una sociedad hacia el exterior. Ninguna política exterior irá en contra del interés propio de subsistir o mantener seguras sus fronteras, territorio o forma de gobierno, y no irá en contra del bienestar de su propia población.

Las razones descritas explican claramente el porqué la materia de seguridad nacional generalmente se circunscribe al área de la política exterior. Al predominar el enfoque de defensa en la interpretación de la realidad –lo que llevó inclusive a desarrollar la tesis del enemigo interno en la escuela o corriente de la seguridad nacional sudamericana-, la propia realidad internacional adquirió un sentido defensivo, desde la óptica de aprehensión cognoscitiva de los analistas y en la toma de decisiones en la política exterior.

La propia naturaleza de la realidad nacional e internacional, la dinámica y complejidad social, así como el poder que emana de esta constante evolución, hacen que se transformen y modifiquen constantemente los supuestos básicos del proceso de planeación y ejecución estratégica de la política exterior, al impulso de actos o fenómenos políticos, económicos, sociales y culturales de origen estatal y no gubernamental, cuyas manifestaciones son muchas de las veces muy difíciles de controlar y/o predecir.

La política exterior es un proceso político y social que consiste en la aplicación repetida de una serie de criterios relativamente constantes, a un molde infinitamente variable de factores de situación, y un ajuste subsiguiente de la conducta del Estado, como resultado de las conclusiones alcanzadas de tal aplicación. Así, "el método de análisis de la política exterior contiene los siguientes elementos: 1) Un criterio de medición (Interés nacional); 2) Los factores de situación que chocan contra el Estado y sus fines permanentes y estratégicos; 3) La conducta adoptada por el Estado en la interacción de los componentes que conviene utilizar para la consecución de diversos fines, establece y valora las formas de conducta a adoptar."

Otro autor coincide con esta apreciación al señalar que la política exterior consiste en el "conjunto de decisiones y acciones por las que cada sujeto de la sociedad internacional define su conducta y establece metas y cursos de acción, en todos los campos que trascienden sus fronteras; así como las medidas y acciones emprendidas en su realización".

En estos términos es importante subrayar el carácter político –de polis- de la política exterior (en el sentido amplio del concepto aristotélico) "La política exterior es ante todo y más allá de las formas, política. .. En un mundo regido por intereses lo que cuenta es la capacidad real para defender principios y cumplir objetivos. Una política internacional eficaz requiere programas, estrategias y medios proporcionados a las metas que se persiguen y a las dificultades para alcanzarlas."

Una vez delimitada la política exterior como proceso político y social que privilegia el enfoque estatal, la actividad que desarrolla el Estado en el ámbito de la sociedad internacional mantiene una connotación mucho más amplia y que se vincula, en el terreno del derecho internacional, con el ámbito público y privado.

La estrategia, en el proceso descrito para la política exterior, toma en cuenta para su definición y operatividad varios factores relacionados con la interpretación del poder nacional y su capacidad. Las vías de acción que puede adoptar una estrategia son muy variadas, pero en el sentido de este documento es importante resaltar que la metodología utilizada generalmente en su elaboración, toma en cuenta de manera primordial la capacidad y los tiempos apropiados para la optimización de la eficacia del instrumento de política aplicado.

La actividad del Estado en el exterior tiene vías e instrumentos de acción apropiados cada uno de ellos a la estrategia seleccionada y, a su vez, ésta es diseñada en función a los objetivos y a los factores de situación nacionales e internacionales, mismos que son evaluados en términos de capacidad, oportunidad y maximización/minimización de los riesgos, y buenos resultados.

En este contexto se inscribe el intervencionismo, que es la "práctica seguida por los gobiernos de algunos Estados de interferir, en diversas formas, en los asuntos internos de otros Estados, para alterar la actitud o la conducta de sus gobiernos."

Tradicionalmente, desde la perspectiva de los estudiosos de la política exterior provenientes de los países en desarrollo, las políticas y prácticas de intervención corresponden al ejercicio más descarado del poder de las potencias.

Las relaciones de dominación entre centro y periferia, por citar un ejemplo, establecen las formas en que los países capitalistas anudan sus propios intereses en el seno de los países dominados, a través de los grupos de poder y en el poder, anulando las aspiraciones democráticas y soberanas de los pueblos.

Sin embargo, del otro grupo de estudiosos del poder y la opinión de algunos de los más importantes actores en el sistema político norteamericano, los dirigentes soviéticos intervinieron sistemáticamente en los asuntos internos de los partidos políticos de Europa Oriental, a fin de consolidar la sovietización mediante la afiliación forzosa a los partidos comunistas, los únicos que permanecían después de la intervención soviética.

Como se denota de lo anterior, el acento sobre el análisis de las intervenciones se ha puesto, en la época reciente (los últimos 50 años) en las historias de la guerra fría y en las formas en que cada bloque forjó sus alianzas, con el consentimiento del otro país hegemónico.

Empero, también es interesante señalar que la historia de la guerra muestra las formas y modalidades bajo las cuales los países imperialistas han intervenido en los países dominados, con o sin la voluntad de los gobiernos instalados.

De la intervención militar abierta a los grupos lobbystas contemporáneos, pasando por las actividades de inteligencia y contrainteligencia, la intervención se ubica en las estrategias propias de la política exterior de los Estados.

De ahí que señalemos que la intervención es consustancial a la política exterior y las formas en que cada país defiende sus intereses varía de una época a otra, pero no se desdice jamás su intención de influir en las decisiones de otro país o actor importante de la sociedad internacional.

Este punto es importante señalarlo, sobre todo al considerar que los grupos y organizaciones no gubernamentales -empresas privadas, iglesias, derechos humanos, ecologistas, etc.- han hecho del cabildeo legislativo -y del Ejecutivo en otros países- un importante ejercicio de las políticas del poder contemporáneo.

Al efecto, nada mejor para ilustrar una política "descarada" de intervención que la norteamericana. "Nuestro objetivo, en primer lugar, es apoyar nuestros intereses... con una sana política exterior....No intervenimos en el mundo porque tengamos compromisos; tenemos compromisos porque intervenimos. Nuestros intereses deben dar forma a nuestros compromisos, y no a la inversa."

Estados Unidos es un país que ha merecido la condena y las simpatías universales a lo largo de su historia. Es desde otra perspectiva, la nación que mejor ha utilizado las políticas del poder durante su existencia. A su carácter controvertido se da un hecho objetivo en la historia moderna. Es, sin duda, la nación hegemónica de esta época, bisagra entre nuevo siglo y milenio.

Marcados por el espíritu de las Trece Colonias y del sentido de superioridad que les atribuye su destino, desde su fundación los gobiernos de los Estados Unidos están marcados por el Destino Manifiesto. Esto les ha llevado a considerarse a sí mismos como verdaderos cruzados o misioneros de los valores de la democracia, el libre mercado y el "american style".

Comprender esta misión y trasladarle a la arena de la praxis política solamente puede interpretarse a la luz de las políticas del poder, por dos razones fundamentales.

El respeto que confiere la democracia estadounidense a su Constitución y, en general al Estado de Derecho que de ella emana, conforma la columna vertebral de su poder y poderes en lo interno.

Los poderes están legal y legítimamente fundados por la voluntad soberana del pueblo norteamericano y su división guarda a la fecha su equilibrio y garantiza el sistema de pesos y contrapesos que, desde su génesis, constituyó el perfil básico de la democracia norteamericana.

Esta congruencia entre legalidad y legitimidad es el principal bastión de su poder nacional. De ahí que su proyección al ámbito internacional a través de las relaciones interestatales y de sus intereses económicos públicos y privados, hubiese sido un paso natural desde la óptica del poder.

Los norteamericanos se ven y se sienten fuertes. Se sienten sólidos y se sienten y reconocen democráticos. Por esa razón quieren e impulsan la visión especial de su democracia en los principios de su política exterior.

Así, hurgar en su conceptualización del mundo y del poder es atisbar una historia muy especial –y fascinante- de moralidad y pragmatismo a ultranza. La doble moral entre el discurso y la acción política. Justificar lo injustificable sin que existan resquemores morales o el menor asomo de culpabilidad.

Solamente desde la historia del poder y de la forma en que se conciben a sí mismos los estadounidenses es posible comprender a la Doctrina Monroe, las dos guerras de las Malvinas entre Argentina y el Reino Unido de este siglo, así como la posición mantenida respecto a Cuba en los últimos 40 años de la historia.

Los Estados Unidos tienen tres fases históricas o ciclos claramente marcados en su experiencia de poder.

El expansionismo continental (la guerra con México, la de Secesión y la compra de territorios a Francia, Rusia y México); las intervenciones directas en las Guerras Mundiales y las indirectas en Turquía, América Latina, África y Asia, sin dejar de lado por supuesto al Oriente Medio; las actividades de sus organismos de inteligencia; la rotación de su política de poder al amparo de la Comisión Trilateral y el retorno a la ortodoxia del Estado en los albores del siglo XXI, con la opinión del Banco Mundial, los nuevos gobiernos latinoamericanos y la tercera vía que proclama la Unión Europea, que sin lugar a dudas perfilan para los Estados Unidos nuevos retos, pero de ninguna forma harán que renuncie a su papel intervencionista.

Un ejemplo claro de las formas en que se asumió la intervención en las políticas estadounidenses desde 1962, al amparo de las políticas de la Comisión Trilateral y de su significado en la tendencia y escenarios de globalización que rigen actualmente sobre el escenario internacional, se encuentra en el estudio de Jaime Duarte Martínez.

"Desde entonces.. (La promulgación de la Doctrina Monroe), las acciones intervencionistas norteamericanas en la región (de América Latina) se han efectuado al amparo de su pretendida doctrina, que se ha visto institucionalizada a través del panamericanismo y actualmente del interamericanismo; Así como también lo fue por el Pacto de la Sociedad de Naciones".

Estas aseveraciones se encuentran ligadas al hecho real y objetivo de que a cada época y circunstancias históricas específicas, la política exterior estadounidense traza y ejecuta la estrategia más adecuada a sus intereses y capacidades.

Lo anterior nos conduce al escenario contemporáneo. El umbral del siglo XXI y la revisión de los paradigmas teóricos y conceptuales con que la sociedad internacional se caracterizó por más de 50 años.

EL ESTADO Y SOBERANIA FRENTE A LA ESTRUCTURA DEL PODER

En el terreno teórico, la revisión de los estudios interpretativos del ámbito internacional "ha propiciado respuestas tan divergentes que van desde las conservadoras conductistas a las iconoclastas posmodernas..."

Como respuesta a esa maraña de teorías Mendoza plantea como tesis que "la óptica específica (de aproximación teórica y conceptual) deberá ser operativa, depender de los fines perseguidos, de los medios utilizados, del momento histórico y aún del fenómeno social objeto de estudio."

La lucha por el poder ya no era el paradigma que permitía interpretar, en opinión de algunos autores, la realidad de los procesos y problemas nacionales, ni los propios del ámbito internacional.

"Por 45 años los debates académicos y políticos sobre seguridad han tenido como referentes los supuestos, percepciones e intereses de funcionarios y académicos estadounidenses inmersos en las teorías 'realistas' del poder y preocupados por las rivalidades entre Estados Unidos y la Unión Soviética... (pero no han) dedicado mucha atención a las preocupaciones centrales de las empobrecidas mayorías del sur: reducción del hambre y la miseria; distribución equitativa de los beneficios del crecimiento económico; mejorías en salud, educación y seguridad social; defensa de los derechos humanos; consolidación de la democracia; control de la degradación ambiental, y respeto a los principios de autodeterminación, no intervención y soberanía nacional. Es entonces natural el desprestigio de los estudios de seguridad entre aquellos intelectuales del mundo en desarrollo preocupados por el bienestar de su sociedad. Es igualmente lógico el rechazo y la suspicacia cuando se habla de seguridad"

Las tendencias estructurales del cambio y la transformación social internacional ocasionaron, junto al derrumbe del muro de Berlín y las economías planificadas centralmente, el unipolarismo en la esfera político-militar, el multipolarismo en lo económico, el surgimiento de polos de poder distintos al gubernamental. La sociedad internacional, era ya muy distinta a la prevaleciente durante casi 40 años y, en consecuencia, el realismo político comenzó a perder adeptos en los círculos académicos y de poder.

Los nuevos temas de la agenda internacional ya no permitían una interpretación lineal de los hechos como la que ofrecía la época del bipolarismo y que permitía explicar, mediante la óptica Este - Oeste, los conflictos ocurridos en la segunda parte del siglo. "Las paradojas del mundo contemporáneo - comenta James Petras - se enraízan en contradicciones reales: las contradicciones entre aspiraciones democráticas de la mayoría y las restricciones elitistas de los principales actores del mercado; el divorcio de los símbolos de igualdad cultural frente a las premisas socioeconómicas; las inequidades del poder que transforma el libre comercio en grandes desigualdades regionales de orden socioeconómico"

La lucha entre capitalismo y socialismo aparentemente se finiquitaba con la caída del "oso oriental". Los acuerdos de desarme de Helsinki y el apoyo norteamericano al gobierno de Boris Yeltsin para dejar en manos de Rusia el control del armamento nuclear instalado en las antiguas repúblicas soviéticas, únicamente vino a ratificar las tendencias de multipolarización económica y política que estaban presentes desde la década de los setenta, en que el esquema bipolar comenzó a trasladarse a un sistema multipolar.

Por otro lado, el peso de las empresas transnacionales sobre las economías nacionales y su influencia en el contexto económico internacional, empujaron a las teorías sociales a un debate sobre el rol político del Estado en el desarrollo. El componente de poder de estos ejes mostró la influencia cada vez mayor de ingredientes económicos, en detrimento del componente militar.

Como consecuencia del nuevo perfil del poder y el surgimiento de polos de influencia y poder a escala internacional ajenos a las estructuras de gobierno, el papel del Estado-Nación comenzó a ser cuestionado severamente desde varios ángulos. El apego a la soberanía política encontraba serias dificultades para sustentarse en el ejercicio de la soberanía económica. El resultado fue el inicio de una intensa serie de cuestionamientos al papel del Estado en el desarrollo.

Esta crítica comenzó a mostrarse en el campo de la ideología económica y se extendió rápidamente al terreno de la geometría política. Las tendencias monetaristas de la escuela de Chicago encontraron buena recepción en los sectores conservadores y la función tutelar del Estado -inmersa en una enorme crisis financiera - comenzó a dar marcha atrás al rol asumido durante varias décadas al impulso de las teorías keynesianas.

En este contexto, el peso específico y relativo del Estado como actor fundamental de la sociedad internacional, disminuyo.

La crisis del sistema monetario y financiero, el surgimiento de nuevos entes nacionales y el relajamiento de la disciplina férrea de los bloques de poder en el terreno político - militar, cuestionaban la preponderancia del Estado.

La nueva estratificación tecnológica y productiva de amplios sectores de la economía internacional se vinculó al acelerado desarrollo de nuevos centros financieros y de producción y crearon las condiciones necesarias para que la revalorización de la teoría económica se llevara a cabo a costa de las teorías políticas. La globalización se convirtió rápidamente en la nueva ideología gubernamental. La formación de bloques regionales y la inserción en las nuevas corrientes de la economía mundial se convirtieron en objetivos de gobierno.

Como ya se dijo, la escuela del realismo entró en un proceso de franca transformación. Los procesos económicos regionales mostraban clara y rápidamente que los flujos productivos y financieros predominantes en su interior, así como sus nexos con la dinámica externa, involucraban retos teóricos y prácticos que ya no podían ser fácilmente asimilados mediante la aplicación tradicional y a ultranza de los conceptos militaristas del poder nacional.

En función a los nuevos requerimientos externos y a las condicionantes imperantes en el exterior, los conceptos de la globalización, interdependencia, soberanía e intersoberanía pasaron a ocupar el centro de los estudios interpretativos de las sociedades nacionales y de las relaciones internacionales.

Ya ningún país podía ejercer la soberanía bajo la visión autárquica que predomino a lo largo de la historia moderna del Estado. Ahora todos los países del orbe son dependientes entre sí, sea a la luz de la visión económica de la globalización o de los esquemas interdependistas de poder.

Un problema estructural relevante es la interpretación estadounidense sobre soberanía. En la definición de sus líneas de políticas y estrategias hacia el exterior, la óptica estadounidense justifica y legitima la imposición de su perspectiva sobre la soberanía de otras naciones, avalando con ello el uso de toda la gama de instrumentos que posee y puede desplegar su poder. Ya que la visión norteamericana responde a su formación histórica y cultural y expresa claramente su proclividad a actuar mediante la imposición unilateral de su perspectiva, visión y capacidades.

La transnacionalización de los conflictos sociales, económicos y políticos en el orbe confiere a los retos de seguridad nacional y soberanía nuevos perfiles. El mismo sentido de las amenazas se viene revisando periódicamente en esta década.

Como anota Peter Smith, "... el concepto clásico de soberanía se enfrenta a varios retos. Desde arriba, aquellos que afectan por encima al Estado-Nación, como el tráfico de drogas, la contaminación y el terrorismo; mismos que tienen que solucionarse de manera conjunta, no aislada, en pleno respeto de la soberanía de un Estado. Desde abajo, los que no respetan ni reconocen el papel del Estado-Nación, como los movimientos religiosos, étnicos y sociales, mismos que buscan establecer entidades subnacionales, localistas"

Además, temas como el narcotráfico y crimen organizado, medio ambiente y derechos humanos, emergieron poderosamente en los foros internacionales a causa de su enorme influencia entre lo nacional y lo internacional, sin distinción de fronteras, condicionando el ejercicio de la soberanía en su sentido tradicional. Todo ello influyó en la revisión de los paradigmas de la seguridad.

CONCLUSIONES GENERALES

Las conclusiones surgen de las experiencias reales y del análisis de una realidad concreta. Las utopías son el opio de los intelectuales. Lo que es fundamental a cualquier alternativa es la cuestión del Estado. A pesar de lo que las sociedades arguyen, el Estado es central a la promoción y defensa de las políticas y a la perpetuación de las desigualdades.

La cuestión básica es la relación entre los movimientos revolucionarios y el Estado. La tarea estratégica fundamental es establecer un Estado democrático y socialista, que responda a los movimientos populares democráticos. Esta meta estratégica, sin embargo, es el producto de una lucha prolongada y acompañada por luchas que dan soluciones de corto a mediano plazo a los problemas básicos que existen. Los revolucionarios tienen que centrar su esfuerzo, en ganar el control de los medios de producción, de comunicación y de distribución, a nivel local, regional y nacional. Los movimientos deben describir sus papeles en relación al sistema económico, como clases y no en términos de la distinción legal de ciudadanos en el sistema electoral. Son ciudadanos-campesinos, ciudadanos-obreros. En segundo lugar, los movimientos deben identificar las divisiones de clases y la explotación que definen la "sociedad civil" y rechazar la ideología que homogeniza todas las clases como miembros de la llamada sociedad civil.

En breve, deberemos profundizar nuestra comprensión de clase, del Estado y de la sociedad. En tercer lugar, debemos comprender que las clases no son homogéneas, que son diferenciadas internamente, que debemos luchar por la igualdad de género, de raza y de etnia dentro de la clase y por las exigencias culturales de grupos étnicos específicos dentro de la clase. Ese reconocimiento, no obstante, debe tomar lugar dentro de la unidad de la clase, dentro del marco de la perspectiva de lucha de la clase. La integración entre las unidades económicas populares, atravesando las fronteras nacionales, es un imperativo creciente para enfrentar la "integración desde arriba". Las cooperativas rurales y los complejos industriales urbanos que vinculan la producción y el consumo, se deben desarrollar para apoyar la lucha política y para crear los mercados alternativos.

Se deben crear nuevos modelos de empresas públicas que se controlen democráticamente, que sean innovadoras y abiertas a nuevas ideas y tecnologías. No podemos tumbar al neoliberalismo repitiendo los errores del pasado. A partir de los movimientos democráticos y autónomos, las nuevas alternativas deben vincular abiertamente sus luchas sectoriales a una visión nueva de la sociedad socialista democrática, en la cual la propiedad colectiva, sea un medio para procurar una mayor libertad individual, mayor ocio y atención a las demandas afectivas.

La liberación cultural significa la creación de medios de comunicación alternativos, la promoción de escritores, poetas y músicos locales; significa luchar contra la saturación de mercancías culturales imperialistas, al crear actividades culturales significantes y divertidas.

No hay fórmulas culturales prefabricadas, y cualquier intento de imponer la conformidad a un estilo, está destinado a fracasar. Las alternativas a nivel político, se basan en los micromodelos, en los movimientos, asambleas, en la consulta y en los líderes representativos. Las alternativas están presentes en las prácticas, y las prácticas tienen que ser teorizadas y proyectadas a nivel nacional. En el análisis final, el estado condena a la gente a una vida vacía. La alternativa revolucionaria da sentido a la vida. Luchamos, luego, existimos. El nuevo estado es un sistema moribundo, pero no caerá solo. La sociedad revolucionaria está luchando para nacer. Solamente la intervención popular directa, puede hacer que eso suceda.

RECOMENDACIONES

El poder, en los tiempos actuales, constituye una vez más el hilo conductor para descifrar las incógnitas que presenta el escenario internacional y las perspectivas que se avizoran en las relaciones internacionales de nuestros días. Es evidente que las transformaciones sociales, económicas, políticas, culturales y tecnológicas de las últimas décadas han puesto sobre el tapete de las discusiones teóricas cual será el perfil que asuma la sociedad internacional del futuro.

A las tendencias integradoras y desintegradoras de la globalización y la interdependencia, se acumulan los efectos de la acción global de organizaciones políticas no gubernamentales que tienden, en aparente contradicción, a minar el carácter tradicional de la soberanía, elemento sine qua non en la existencia del Estado-nación.

A pesar de que, curiosamente, tanto el marxismo como el neoliberalismo propuesto por la Comisión Trilateral –sin olvidar a Milton y Rosa Friedman- apuntaron sus dardos hacia el final del Estado y a la desaparición de los límites territoriales y políticos de las fronteras, se está prediciendo un final al cual, en mi opinión, todavía le resta por llegar mucho tiempo.

El Estado continúa siendo el principal actor de las relaciones internacionales, en todos los ámbitos. A pesar de los niveles de influencia y participación privada multinacional en el renglón de las transacciones económicas mundiales, la organización estatal tiene el papel rector fundamental en la construcción de los escenarios futuros.

La existencia de las instituciones del Estado moderno para procurar condiciones de seguridad, en todos los órdenes de la vida social, política y económica, continúa siendo vigente y necesaria.

Como es evidente, el sentido de Estado, gobierno, sociedad e individuo es distinto al de hace 50 años. La pluralidad de actores e intereses al interior de un país y la influencia de otros actores e intereses externos al interior de un sistema político, hacen más complejo y dinámico el ejercicio esencial del estadista: conciliar los intereses parciales en aras del interés común.

En opinión de Fernando del Villar, "Implica observar con detenimiento las eventualidades que podrían generarse como consecuencia de la implantación de un modelo de desarrollo. Es decir, el resultado de los procesos de retroalimentación que se suscitan cuando el sistema responde a las demandas de los diferentes actores, y la modificación o alteración de algunos de los factores estáticos, entre los que se encuentran los aspectos geográfico (relieve, clima, etc.); geopolíticos (ubicación hemisférica, regional y bilateral); jurídicos (marco jurídico vigente) y organizativo - administrativos (forma y régimen de gobierno)."

Ante tales tendencias, un concepto de seguridad nacional incluyente, renovado y distinto al perfil de confrontación y conflicto que le caracterizó durante el período de la guerra fría, puede asumirse como el factor de interpretación político y del poder que permita al Estado enfrentar con mayor bagaje instrumental el escenario actual.

Considero que la dirección de las tendencias irá en la optimización del paquete de herramientas y procedimientos técnicos que vincularán en mejores términos la teoría y praxis de la seguridad nacional, mediante el uso estratégico de los propios recursos de poder nacional.

Esa es desde mi punto de vista la revisión más importante que se está efectuando a los criterios tradicionales de soberanía y seguridad, en el propio contexto del Estado moderno. La traducción de los intereses nacionales en objetivos precisos que den tanto marco de referencia al inicio y al horizonte del proceso de planeación de las políticas estatales y a la evaluación de la acción política, permitirá un mejor aprovechamiento de la capacidad global del Estado, en los cuatro campos del poder en que metodológica y convencionalmente puede analizarse esta materia.

En cuanto al terreno teórico de mi hipótesis principal, considero que el enfoque realista del poder persiste porqué a pesar de que el poder es en sí mismo un concepto de difícil prueba según los criterios científicos tradicionales, para mí no se puede concebir el ejercicio de la política sin el poder del Estado. Tampoco creo que la realidad internacional pueda interpretarse adecuadamente desde otro enfoque que no sea el de la Teoría del Estado y el realismo político.

La escuela neorealista que se abordó en este documento coadyuva a probar también mis hipótesis secundarias.

Fortalece la perspectiva del poder y apoya la dirección metodológica en la definición de políticas y estrategias. A su vez, los procesos de planeación estratégica nos auxiliarán a comprender en mejores términos aquellos factores de situación nacional e internacional, no solamente estatales, que inciden en la definición de políticas, estrategias y evaluación de resultados.

Ese es desde mi punto de vista la nueva conceptualización de las políticas de poder, que gravitará de manera directa en los esquemas de política exterior y acciones internacionales, incluidas las de intervención, que caracterizaran el escenario de la realidad internacional en los años próximos.

BIBLIOGRAFIAS

Doctrina Monroe (Intervención y violación), de Salvador Mata Borja, tesis de licenciatura en Relaciones Internacionales, Enep Acatlán, UNAM, México, 1989.

Sherman Kent; Inteligencia Estratégica

Kissinger; La Diplomacia

Vasquez, John; El poder de la política del poder, Editorial Gernika, México, 1992

Tomashevski; Las ideas leninistas y las relaciones internacionales contemporáneas. Editorial Progreso, Moscú, 1974.

Stoessingewr, John; El poderío de las naciones; Ediciones Gernika, México, 1980

Morgenthau, Hans J; Política entre las naciones. La lucha por el poder y la paz. Grupo Editor Latinoamericano; Buenos Aires, 1986.

ANEXOS

Constituciones peruanas: 1933, 1979, 1933

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Luis Alfredo Alarcón Flores

Partes: 1, 2


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