Enviado por Andrés Martínez PardoPor lo común decimos que nuestra Lengua es "hija" del Griego y el Latín. Esta afirmación no dista mucho de la realidad, y por eso es menester hacer referencia primero al Griego. La Lengua Griega es la que hablaban los pueblos griegos posiblemente desde antes del siglo IX a. C., y que actualmente se emplea en Grecia.
El griego, sin embargo, no es tan antiguo como el Sánscrito y el Arameo. Pertenece a la denominada familia "Indoeuropea" de los idiomas, a la que también pertenecen el Dórico, el Jónico, el Ático y el Eólico, entre otros, que son llamados en general "Dialectos Griegos" –aunque son verdaderos idiomas–.
El Griego Clásico es el que se habló en Grecia entre los siglos IX y II a. C. Los antiguos filósofos ya lo utilizaban, junto con otros de los idiomas que hemos mencionado. Y es que cada idioma tiene su historia, y se constituye en un sistema unificado morfológicamente, fonética, sintáctica, semántica, etimológica y ortográficamente.
La Lengua Griega se extendió tanto en el mundo, cuanto alcanzó primero la expansión colonial del pueblo helénico, después el influjo militar de las conquistas de Alejandro Magno y, posteriormente, en todo el Imperio Romano. "GRAECIA VICTA FERUM VICTOREM CEPIT". Así que el griego siguió durante muchos años, siglos, como la lengua de los romanos de más exquisita cultura y de la aristocracia.
Ahora bien, el griego utiliza fonemas y grafemas y unidades léxicas distintas a las que llamamos del "alfabeto latino", siendo su ortografía completamente otra. El alfabeto griego es de origen fenicio, siendo distinto del Latín y del Castellano tanto en los grafemas como en la pronunciación. La mayor dificultad del griego sobre el Latín, se debe en parte a que no todas las letras se corresponden, y su pronunciación y escritura varía muchísimo más que en otras lenguas.
Pero el griego es, además, una extraordinaria fuente de contenido etimológico, como una suerte de matriz lingüística para muchos idiomas, como el Ruso y el Latín, y a través de este, de nuestro Castellano o Español. Cientos y miles de palabras de nuestro léxico corriente vienen del griego: Andrés, aristócrata, antropólogo, aritmética, física, filosofía, filólogo, fotografía, fotosíntesis, geométrico, geología, lógica, luz, política, psicología, etc. Así que puede verse que el Castellano o Español tiene como papá al Latín y como Mamá al Griego, aunque también muchísimo de Árabe.
De manera que estos idiomas clásicos siguen vivos en sus descendientes, que son las Lenguas Romances (más o menos, podría decirse con verdad, el cuarenta por ciento del castellano viene del griego). Muchas otras palabras de uso común u ordinario en castellano vienen del griego: Música, estética, sinfonía, eufonía, cacofonía, disfonía, eucaristía… en fin.
Por otra parte, el griego es una lengua de unos treinta y cinco (¡!) siglos de antigüedad y, siendo tan antigua, es natural que a lo largo del tiempo haya ido modificándose, por la interacción entre los distintos pueblos, las relaciones comerciales, las guerras e invasiones y demás fenómenos históricos que constituyen el llamado ‘comercio o tráfico cultural’.
En las antiguas Polis griegas, como dijimos, se hablaban distintos dialectos, tales como el Eólico, el Dórico, el Jónico y el Ático, pero los viejos dialectos fueron olvidándose, aunque quizá el que más perduró fue el Ático, que se habló especialmente en el Siglo de Pericles, que conocemos como "Edad de Oro" de Atenas. Finalmente, con el advenimiento del Cristianismo, el griego se generalizó, llamándose entonces (‘koiné glótta’), literalmente "lengua de la comunidad" o griego común, que a su vez se fue modificando con el paso de los siglos hasta transformarse en el griego moderno de hoy en día.
Ya vimos que la Lengua Griega se hablaba en la antigua Grecia y en sus colonias. Hay que añadir que los monumentos más antiguos que de ella poseemos son los celebérrimos "Poemas Homéricos", de fecha incierta, pero anteriores al siglo VII a. C. Pero es necesario detenerse ahora para estudiar su situación y parentesco lingüísticos. A este respecto sabemos que el griego pertenece a una gran familia de lenguas derivadas de una lengua primitiva común o primigenia, llamada "Indogermánico" o "Indoeuropeo".
Constituyen esta gran familia lingüística, como lenguas hermanas oriundas de la misma lengua madre o matriz, el Sánscrito, el Persa, el Armenio, el Albanés, el Griego, el Latín, el Celta, el Germano y el Baltoeslavo. Todas ellas, si no han desaparecido enteramente, poco a poco se han ido cubriendo con el oscuro velo del olvido, y en cualquier caso están prácticamente extintas si no es al interior de las academias más tradicionales.
Pero si en el numeral anterior (1) habíamos hecho mención de los diversos dialectos griegos, fue porque no todos los griegos hablaban en la antigüedad la misma lengua, puesto que cada región tenía su propio dialecto o idioma. Los dialectos griegos comprenden, pues, cuatro grupos principales, a saber:
Justamente fue en el dialecto Ático en el que escribieron los más reconocidos autores de la literatura griega: los poetas trágicos Esquilo, Sófocles y Eurípides; el poeta cómico Aristófanes; los historiadores Tucídides y Jenofonte; los oradores Lisias, Demóstenes y Esquines y, naturalmente, Platón.
Posteriormente sería el Ático el dialecto griego de mayor preeminencia. Así que lo que estudiamos en la facultad de Filosofía y Humanidades en la cátedra de Griego Clásico (I, II, III y IV) será el Griego Ático. Posteriormente, ya después de Aristóteles y de la unificación de Grecia bajo el reinado de Filipo de Macedonia, el dialecto Ático, ligeramente alterado en contacto con los demás dialectos, se impuso como lengua literaria por excelencia en toda Grecia, y se extendió a todo el oriente con las conquistas de Alejandro Magno, pasando a ser ahora (el dialecto de la comunidad), o simplemente (la lengua común).
En esta lengua común escribieron, entre otros, el filósofo por antonomasia, Aristóteles, así como Polibio y Plutarco; y constituyó, en últimas, el fondo del griego bíblico, así del Antiguo como del Nuevo Testamento. Luégo, durante el período Bizantino, la Lengua Griega fue perdiendo paulatinamente su antigua carácter, y con el paso de los siglos se ha ido transformando hasta lo que llamamos Griego Moderno.
"Si preguntamos por curiosidad a cualquier persona culta de España o de Hispanoamérica sobre cuál es el origen de la lengua española, sin duda no va a respondernos que es España o que es Castilla. Nos dirá, indudablemente, que el origen de nuestra lengua es el Latín. Igual respuesta nos dirá un francés de París, un marsellés, un portugués y un rumano, con respecto a ñas lenguas de ellos, porque éstas, según la filología comparada, proceden también del Latín, que es parte del llamado grupo itálico, o grupo de lenguas itálicas".
Hoy decimos del Latín, siguiendo la terminología que usan en las investigaciones lingüísticas y arqueológicas, que se trata de una lengua "indoeuropea", es decir, que sus orígenes se remontan a la India, en Asia, y que su mayor desarrollo fue muy posterior y en Europa.
Ciertos eruditos sitúan la conformación del Latín Arcaico entre el 753 y el 240 a. C., y explican que empezó a conformarse a partir del establecimiento de los grupos arios (de origen indogermánico) que se mezclaron con otros pueblos originarios de la península italiana, como los oscos, los umbros y otros de nombres extraños, que fueron enriqueciendo sus dialectos mutuamente hasta dar ese resultado lingüístico.
La historia del Latín empieza unos cinco mil años antes de Cristo (5.000 a. C., aprox.), entre los habitantes de la región de Armenia, estratégicamente situada entre los continentes, cerca de Asia, Asia Menor y Europa. Entre otros grupos allí al sur de Rusia, se venía desarrollando el pueblo de los arios, que fue migrando hasta concentrarse en Ariana (de donde viene su nombre), más conocida como Persia o el moderno Irán. Los arios se mezclaron ya hacia los 3.000 años a. C. con los grupos allí existentes y asimilaron elementos lingüísticos del "Zendo" y del "Iraniano".
Luego continuaron su migración hacia lo que conocemos como Afganistán, y más al sur, hacia la India, donde siguieron entrando en contacto con otros grupos, especialmente con el de los Vedas (grupo religioso que hablaba el Sánscrito).
El Sánscrito influyó muchísimo en la estructura lingüística de los arios, dándole más forma y solidez.
El predominio de los arios hizo que siguieran migrando hacia Europa, donde fue imponiéndose paulatinamente su impronta cultural a otros pueblos, especialmente desde el idioma, mezclándose con ellos y apropiándose de elementos lingüísticos y culturales en una simbiosis que generó el desarrollo de las diversas familias lingüísticas europeas, dentro de los rasgos comunes que los arios iban legando del Sánscrito.
Aunque muchos recibieron la influencia del Sánscrito a través de la migración de los arios, los más importantes fueron los siguientes grupos:
Nótese como la Lengua Griega y la Latina, aunque de idéntico origen ario, fueron desarrollándose de manera muy distinta e independiente; de manera que el Griego no es, como suele escucharse a menudo, el padre del Latín. A lo sumo podría considerárselos idiomas hermanos, por provenir del mismo tronco.
Otra cosa es que, durante el período de predominio cultural griego, y a través de su literatura, el griego haya influenciado grandemente la lengua, las letras y la cultura latinas.
El Latín (etimológicamente "[lengua del] Lacio", de Latus, -a, -um. Nótese cómo en ésta etimología se sintetiza el afán católico, es decir, de universalidad o conquista, de la Lengua, característica que se repite también en la nuestra castellana) vino a imponerse sobre prácticamente todos los dialectos existentes y se convirtió en la lengua oficial del Imperio Romano, extendiéndose así a sus dominios en toda Europa, y parte de Asia y África, al paso arrollador de las legiones y las águilas imperiales.
Como se dijo arriba, España estaba habitada originalmente por pueblos muy diversos, reunidos bajo el nombre de Íberos o Celtíberos (los antiguos pueblos "españoles" que se fundieron con los invasores celtas).
Estos pueblos se fundieron con los fenicios (hacia el 1.100 a.C.) y con pueblos griegos que inmigraron tras la caída de la hegemonía de Grecia en el Mediterráneo. Precisamente fueron los griegos los que le dieron el nombre de Iberia a la península, aproximadamente desde el siglo VI a.C., aunque los romanos siempre la llamaron Hispania.
Los historiadores han construido ya de mucho tiempo acá un largo y denso relato que cuenta cómo el Imperio Romano se apoderó de España. Baste decir que para el siglo III d. C. ya Hispania era provincia romana, y empezaba a organizarse políticamente según las pautas imperiales, a pesar de las muchas guerras e insurrecciones (sobre todo de los pueblos del interior). Para el año 409 se imponía definitivamente la Lengua Latina y, todo ese territorio, donde "no se había producido ninguna cosecha intelectual alguna, se convirtió –por obra de la civilización latina– en un semillero de personalidades eminentes", en palabras de Nicolás Bayona Posada.
Para hacer el cuento corto: desde el s. II a.C. hasta el siglo V d.C. España hizo parte del Imperio Romano, pero cuando éste cayó toda la península fue invadida por los bárbaros (visigodos). Empero, éstos adoptaron también la Lengua Latina, enriqueciéndola. Después vino la invasión de los árabes y los judíos, desde el 711 hasta el año de 1492. Durante esos siglos el latín llegó naturalmente a su decadencia, y a medida que España se iba convirtiendo en una nación, y luégo en un Estado, así mismo fue evolucionando la lengua.
Menéndez Pidal indica que, ya desde el s. VIII de nuestra era, había en España un deseo de escribir y hablar con independencia del Latín. Claro que el Latín seguía vivo: el vulgar era el que se hablaba normalmente, era la lengua del pueblo y la que dio pie a la evolución idiomática, por ser flexible y abierto; el latín culto era el de las clases altas, principalmente del clero, y seguía el modelo de los oradores romanos clásicos, era el que se emulaba de César y Cicerón, y por tanto mucho más estable y cerrado.
El nombre de la lengua procede de la tierra de castillos que la configuró, Castilla, y antes del siglo X no puede hablarse de ella. Por entonces existían cuatro grandes dominios lingüísticos en la Península: castellano, leonés, aragonés y mozárabe.
El castellano fue tan innovador en la evolución del latín como lo fueron los habitantes de Castilla en lo político. A esta época pertenecen las Glosas silenses y las Glosas emilianenses, del siglo X, que son anotaciones en romance a los textos en latín: contienen palabras y construcciones que no se entendían ya. Las primeras se escribieron en el monasterio benedictino de Silos, donde para aclarar el texto de un penitencial puede leerse "quod: por ke", "ignorante: non sapiendo"; las Glosas emilianenses se escriben en el monasterio de San Millán de la Cogolla o de Suso.
Los estudios latinos recobraron fuerza y ayudaron a dar forma a este romance español, al Castellano en formación. Predominó entonces la lengua española por sobre todos los dialectos, idiomas y argots que se extendían por España.
El español del siglo XII ya era la lengua de los documentos notariales y de la Biblia que mandó traducir Alfonso X. Pero no fue sino hasta la aparición de Antonio de Lebrija (o Nebrija) en el siglo XV que se dieran unas reglas concretas y empezara la Gramática Española. La publicación de la primera gramática castellana de Elio Antonio de Nebrija en 1492, fecha del descubrimiento de América y de la toma de Granada por los Reyes Católicos, establece el inicio del Castellano Moderno.
Posteriormente vino la conquista de América y la Lengua Española se adoptó por gracia de Dios en todas las indias, en toda Latinoamérica, especialmente merced a la evangelización de los misioneros españoles. Cabe anotar aquí que algunos de ellos también procuraron redactar gramáticas indígenas, algunas de las que se conservan todavía hoy. El resto es historia.
Andrés Martínez Pardo
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