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Sab, Francisco y Cecilia Valdés como modalidades del discurso novelado sobre la esclavitud en Cuba (página 2)




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EL COSTUMBRISMO EN LA LITERATURA CUBANA

En Cuba a lo largo de todo el siglo XIX el artículo o la narración costumbrista, (17), llega a constituir un género caudaloso. En el Papel Periódico, que fundó en 1790 el gobernador español Luís de las Casas, se encuentran pasajes bien elocuentes de ello. Los hay también en el capítulo de la obra de Félix de Arrate, Llave del Nuevo Mundo, una de las primeras obras históricas, donde habla este regidor de La Habana sobre El aseo y compostura de sus vecinos.

La estampa pintoresca, ya con satírica intención, ya simplemente narrativa, espejo de usos o imagen de vicios, tiene en las primeras décadas acento romántico por la vibración colorista, el movimiento o el sentido histórico y se enlaza con una tradición nacional: la novela picaresca, principalmente en su última etapa, cuando comienzan a sentirse en ella cierta amarga visión de los males patrios.

Unas veces, esa literatura costumbrista no tiene más profundas pretensiones que la de arrancar a la vida el aguafuerte de unas escenas; otras la de zaherir con el mohín de la burla nuestro carácter o la de dibujar, a través de algunos apuntes, un cuadro histórico general. Los periódicos y revistas cubanos de toda la centuria, El Faro Industrial, El Álbum, El Aguinaldo Habanero, El Siglo, llenan sus columnas con escenas y cuadros de costumbres.

A través de ellos percibimos la existencia de algunos cubanos de antaño en amplias y frescas casonas coloniales, sus paseos en quitrines y calesas, sus ingenuas reuniones de familia. Y chocamos, con dolor y con tristeza con el espectáculo repugnante de una sociedad apoyada en el trabajo esclavo, en los sufrimientos y en las vejaciones de miles de hombres.

Todas las zonas de nuestro país, los varios segmentos de la sociedad cubana colonial, las profesiones y los oficios, las costumbres urbanas y rurales, las figuras más pintorescas, acumulan su anacrónica estampa en estos cuadros. En la variedad de las observaciones costumbristas puede establecerse una clara división: las que centran sus temas en la vida del campo y las que se interesan por la vida de la ciudad. Pero pronto las sátiras y burlas a unas costumbres se transforman en un ataque a la realidad política colonial.

El gobierno metropolitano de España resultaba causante indirecto de estos ataques, ya que estos articulistas de costumbres, nacidos en su mayoría en Cuba y con ideas de independencia, no se limitaban a exponer objetivamente los hábitos del pueblo, sino que los defectos de toda índole, en la administración pública, en los usos sociales, etc., los consideraban producto de la arbitrariedad y de las erróneas medidas de los gobernadores que España enviaba a Cuba.

El costumbrismo se introduce también en la novela y le imprime esa peculiar fisonomía localista de nuestra novelística regional que en el comienzo del siglo XIX ofrece un curioso fenómeno de descentralización literaria. La novela de costumbres, es, además, síntesis de la intención realista posromántica y de todo el contenido sentimental del romanticismo que en la segunda mitad del siglo se fundirá a la influencia naturalista llegada de Francia.

La novela costumbrista y regional que se contempla desde las escuelas realista y naturalista fue cultivada por múltiples escritores de Hispanoamérica, y según entramos en el siglo XIX, paralelamente al crecimiento de la noción, todavía muy vaga de una patria, y a la aspiración a conseguir la libertad política que ya habían conquistado otros pueblos hispanoamericanos, se acrecienta extraordinariamente en Cuba el cultivo de esta modalidad literaria.

En la década de 1830 - 1840, la novela cubana ofrece un carácter particular, que vincula a su valor literario un gran valor histórico. Nuestra literatura se adelantó a la española en la novela costumbrista, aunque no puede negarse que de España vino la inspiración por medio de escritores que ofrecían, en relatos cortos la vida de la metrópoli.

En realidad podemos indicar que en la primera mitad del siglo XIX, los escritores cubanos prefieren dos géneros: poesía y narración, mientras que en la última mitad del siglo se inclinan hacia el periodismo, la crítica y la oratoria. El incremento de las luchas separatistas, según avanza el siglo, hace que los géneros funcionales (periodismo, crítica, oratoria) predominen sobre los géneros puros (poesía, narración) ya que los primeros sirven mejor para utilizarlos en la propaganda ideológica, política.

Indudablemente en algunos cuadros de costumbres publicados en el Papel Periódico advertimos genuino material novelesco. Pero solamente en plena etapa romántica, (1830 y 1840), comienzan a atraer a los criollos los géneros narrativos. Durante la etapa de relativa paz que transcurre entre el Pacto del Zanjón (1878) y el estallido de la segunda guerra de independencia en 1895, el cultivo de la novela y el cuento recibe un nuevo impulso. Estas obras narrativas se publican durante el auge del realismo y del naturalismo pero aún conservan muchos rezagos románticos.

Es de observar que entre ellas observamos un mejor cuidado por las técnicas narrativas, un cierto deseo de superar las deficiencias de estilo y los procedimientos algo flojos que predominaban entre los narradores de la época de Villaverde, Palma y Suárez y Romero. Pero la experiencia de la guerra de 1868 penetra en los temas de estos novelistas de la segunda mitad del siglo y su posición frente a la realidad colonial es más definida que la de sus predecesores.

Entre muchos cubanos había cundido el desaliento ante el fracaso de la revolución de 1868- 1878, y, aún más, porque los gobiernos españoles habían incumplido los acuerdos que pusieron fin a la Guerra de los diez Años. Mas los narradores no dejan por un momento de observar con mirada crítica la realidad que los rodea.

Estos años suponen una etapa de nuestra narrativa mucho más compleja que las anteriores, pues las temáticas y tendencias estilísticas que venían cultivándose desde antes se mantienen aún activas y a veces logran obras de madurez; pero también otras perspectivas históricas y nuevas influencias literarias se ponen de manifiesto.

Así, de las dos más importantes novelas del período, una es la culminación de una etapa del pasado: Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde, mientras que la otra se abre con perspectivas de futuro: Mi tío el empleado, de Ramón Meza. En el fondo hay una línea romántico - idealista que parece vertebrar la mayor parte de la producción, aunque ya hay acusados ejemplos de acercamientos naturalistas, y la misma vida cotidiana de la isla incita ciertos tonos caricaturescos que anticipan un incipiente expresionismo. El tema esclavista, por supuesto, continúa, cultivándose, ahora ya con la perspectiva que provoca la inminente abolición, y en mayor o menor medida está presente en muchas obras del momento.

CECILIA VALDÉS

Contexto histórico

Los diez años de lucha que libraron los cubanos de 1868 hasta 1878 sirvieron de catalizador al proceso de concentración de la industria azucarera, ya iniciado antes de la contienda como consecuencia inevitable de la competencia capitalista. En las regiones occidentales, no afectadas por la guerra, aumentó la producción total de azúcar a lo largo de los diez años heroicos, a tal punto que esa producción cubrió los gastos bélicos de España, lo que significa que los ingenios habían aumentado considerablemente su capacidad productiva y esto sólo era posible mediante la modernización de la técnica.

Como consecuencia de este proceso de modernización tecnológica y de competencia se arruinaron aquellos propietarios occidentales con menores recursos financieros para acometer la necesaria sustitución de los equipos, y sus propiedades pasaron a manos de los más ricos. La burguesía azucarera del centro y oriente de la isla, sobre todo esta última quedó totalmente arruinada.

La ruina de la burguesía azucarera y ganadera de las regiones oriental y central del país, determinó su desaparición como clase. La mayor parte de sus integrantes tendrán que arrendar a partir de 1878 sus tierras a comerciantes y prestamistas españoles, quienes se apoderan de ellas como botín de guerra; por lo que surgió de las cenizas de la burguesía nacional cubana una burguesía agraria, esta vez española.

Durante este período también desapareció la esclavitud en la isla y, por tanto, el esclavo como clase social. Como resultado directo de la Guerra de los Diez Años ganaron su libertad aquellos que al firmarse el Pacto del Zanjón militaban en las filas mambisas. Desde el punto de vista político era muy peligroso que mientras que los esclavos que se habían rebelado contra el régimen español eran libres, los que habían permanecido sumisos continuaran esclavizados.

Eso por una parte, y por la otra, el hecho económico irreversible de que la revolución tecnológica hacía imponderante el trabajo del esclavo, determinó que en 1880 se decretase la ley del patronato, mediante la cual España aparentaba liquidar la esclavitud sin tener que indemnizar a los antiguos esclavistas ni estos pagar salarios decorosos a sus nuevos trabajadores. En lo adelante los esclavos serían patrocinados y sus antiguos amos patronos. A cambio de su trabajo el patrono estaba en la obligación de alimentarlos, vestirlos y pagarles de uno a tres pesos mensuales, según la edad del interesado. Este sistema subsistió hasta 1886, cuando su esterilidad económica determinó la abolición total de la esclavitud y las grandes masas recién liberadas pasaron a engrosar las filas de la naciente clase obrera cubana que dio sus primeros pasos en la industria tabacalera.

Aunque en los años previos a la gesta de los Diez Años esa incipiente clase obrera presenta gérmenes de organización, con la fundación de sociedades de socorros mutuos y cooperativas de consumo, la misma no participa en la guerra por ser de origen español en su inmensa mayoría. Por otra parte los elementos con tendencias revolucionarias fueron perseguidos y obligados a emigrar, al tiempo que algunas fábricas, para huir de la guerra eran trasladadas a Tampa, Cayo Hueso y Nueva York, y tras ellas marchó un gran número de tabaqueros de Cuba. Circula también la prensa obrera y comienzan a debatirse en el seno de la clase las ideas sociales, entre las que prevalecen las anarcosindicalistas, preconizadas por el tabaquero Enrique Roig San Martín.

Estos primeros años concluyen en 1887 con el intento de Roig de crear una Federación de los Trabajadores de Cuba, cuyos estatutos acusaban una marcada tendencia anarquista. Ese mismo año se celebra el Primer Congreso Obrero con representantes de distintas regiones del país. Roig defendió la jornada de ocho horas, la propiedad colectiva de la tierra y la solidaridad obrera internacional. Posteriormente del 16 al 19 de enero de 1892 se celebró en Cuba un Congreso Regional Obrero, con la asistencia de delegados de toda la isla.

El mismo se pronunció partidario del socialismo revolucionario (anarquista), pues consideraba que tales ideas no resultaban un estorbo para la lucha independentista. De más está decir que las autoridades coloniales clausuraron el Congreso y detuvieron a los firmantes de la moción. Sin embargo, es necesario señalar que los trabajadores empleados en otros sectores de las provincias occidentales eran mayoritariamente españoles, por lo cual se mantuvieron al margen del conflicto o asumieron una actitud hostil hacia el mismo.

En cuanto a los esclavos recién liberados y convertidos en asalariados, aunque fervorosos de la independencia, tendrían que andar un largo trecho para desarrollar una conciencia proletaria. Los trabajadores se hallaban separados por diferencias culturales y hasta étnicas. Todavía la discriminación racial tenía gran influencia. La brevedad del lapso en que trabajaban juntos y su atraso cultural eran factores que les impedían organizarse para luchar por sus derechos.

A partir de 1878 se conceden a Cuba algunas libertades políticas y se modifica el régimen de facultades omnímodas, aunque sin suprimir por completo las prerrogativas extraordinarias y las extralimitaciones de los gobernadores generales. Entre las concesiones se encontraban el derecho a organizarse en partidos políticos, el de realizar propaganda política pacífica por medio de la prensa y la tribuna y el de elegir organismos locales de gobierno, es decir, ayuntamientos y diputados provinciales. Surge entonces por medio de la burguesía cubana un partido que en 1878 recibe el nombre de Partido Liberal y que es cambiado por Partido Liberal Autonomista en 1881. Su aspiración máxima era el logro de un gobierno autonómico para Cuba.

Los autonomistas fueron partidarios de la abolición de la esclavitud, aunque condicionaban la misma con el establecimiento de una inmigración exclusivamente blanca para mantener la supremacía racista blanca sobre los negros. Desde el punto de vista económico pedían la supresión de los derechos que tenían que pagar los productos cubanos que se exportaban a España, de los altos aranceles que pagaban los productos extranjeros en Cuba y la concertación de tratados de comercio entre España y las naciones extranjeras, especialmente los Estados Unidos, sobre la base de la igualdad arancelaria entre Cuba y éstas.

El rápido crecimiento económico de los Estados unidos después de la Guerra de Secesión propició el aumento extraordinario de las relaciones económicas, establecidas desde antaño con Cuba, mientras disminuían las que la isla sostenía con España. Es interesante que mientras la burguesía autonomista extraía de esta experiencia una conclusión anexionista, el pueblo cubano, encabezado por la pequeña burguesía se reafirmaba en la idea de que la solución a los problemas de la isla radicaba en la independencia. Manuel Sanguily y Juan Gualberto Gómez fueron destacados promotores de esta corriente de pensamiento social.

La actividad revolucionaria nunca cesó en Cuba. El Zanjón fue una tregua para que las tropas cubanas se organizaran bajo una nueva dirección. Este proceso de reorganización fue largo y tuvo que analizar y superar los errores de las fuerzas revolucionarias durante la gesta pasada. En él desarrolló un papel destacado José Martí.

Por otra parte Estados Unidos ambicionaba la posesión de Cuba. Esta y Puerto Rico eran los residuos del antaño poderoso imperio colonial español. España para entonces resultaba un país muy débil. El escenario estaba preparado para la primera guerra imperialista de la historia, por un nuevo reparto de un mundo ya repartido. La etapa que sigue al cese de las actividades bélicas iniciadas en 1868 debe verse fundamentalmente como un proceso de reencuentro y organización, que culminará con el nuevo y definitivo brote insurreccional de 1895.

Es una etapa compleja, en la que se manifiestan antagónicamente las tendencias que se venían gestando a través de todo el siglo XIX, hasta que la línea de la lucha armada independentista se impone de manera definitiva, la cual tiene su mejor representante en la figura de José Martí, que culturalmente también centraliza este período, que es de crisis y reflexión y donde parece ser la prosa el vehículo expresivo más idóneo, y así en la narrativa se produce la obra cumbre de nuestro siglo XIX, Cecilia Valdés.

En esta etapa el ensayo y la crítica son cultivados con abundancia y calidad, sin olvidar la oratoria y los testimonios sobre la contienda independentista que comienzan a aparecer por esta época. Predominan las publicaciones de corte independentista.

Análisis de la obra

Cuando la narrativa como género dio sus primeros y poco firmes pasos en nuestra literatura, el nombre de Cirilo Villaverde, (18), se encontraba entre sus cultivadores más asiduos. Esto fue lo que en un principio lo hacía destacarse del resto de los narradores de la época, Palma, Echeverría, Suárez y Romero, etc., que también cultivaban la poesía y a veces el teatro. Villaverde se concentraba en la prosa, ya fuese a través del artículo de costumbres, la crónica de viajes o, muy cercana a éstos, la narrativa (cuento, novela, noveleta, etc.), dentro de la que produjo más de veinte títulos entre 1837 y 1846.

Aunque sin librarse de muchos de los defectos de nuestros primeros narradores, donde falsos convencionalismos románticos se mal llevaban con el reflejo de una insoslayable realidad, Villaverde, ya con su producción de estos años, se situaba a la cabeza de ellos.

Villaverde publicó en 1839 en La siempreviva un relato breve titulado Cecilia Valdés que fue núcleo de su novela. La primera redacción de la obra apareció publicada en la Imprenta Literaria de Lino Valdés a fines de ese año. Cuarenta y tres años más tarde apareció la segunda y definitiva edición de Cecilia Valdés o la Loma del Ángel. Esta obra puede ser clasificada como una novela costumbrista y está tan minuciosamente pintada la sociedad colonial que hoy podemos darle el título de novela histórico - costumbrista.

Es de interés conocer estos antecedentes para comprender algunas de las virtudes y limitaciones de esta novela, considerada por casi todos los críticos como la más importante de nuestro siglo XIX. Las primitivas versiones de Cecilia Valdés eran anécdotas amorosas ambientadas en forma costumbrista, al estilo de muchas otras que Villaverde escribió. Se le ve entusiasmado con el personaje protagónico, que al parecer copió de uno de carne y hueso, ya que incluso se ha hablado de la poca imaginación narrativa de Villaverde, que sólo logra convencer cuando contaba cosas que él personalmente conocía, como la familia de Cándido Gamboa que parece haber sido modelada sobre la de Cándido Rubio, amigo y condiscípulo del autor.

Más de una vez había utilizado en sus narraciones ese tipo de mulata hermosa y sensual, pero Cecilia aventaja a todas. Esto lo hace centrar su historia en el mundo habanero de los mulatos libres, al cual contrapone el de los blancos ricos a través de la familia Gamboa, cosa que se encuentra ya en las primeras versiones. Pero no es hasta la definitiva cuando Villaverde decide hacer un corte vertical en la sociedad cubana de la época para, en una u otra forma, presentar las capas que la componían, incluyendo a la más inferior, la de los más oprimidos esclavos, no sólo en la ciudad, sino también en el campo, en donde llegaba al máximo la brutalidad en su explotación.

Por supuesto, cuando se publica la última versión de la novela, la esclavitud ya no era el tema candente y peligroso que había sido en 1839. La guerra independentista del 68 y la gradual abolición de la esclavitud, ya aprobada, habían hecho variar el panorama.

Además, existían antecedentes narrativos conocidos en el tratamiento del tema, como La Cabaña del Tío Tom, de la norteamericana Harriet Beecher Stowe, de 1852, y los cubanos Sab (1841) de Gertrudis Gómez de Avellaneda, El negro Francisco (1875), de Antonio Zambrana y el Francisco de Anselmo Suárez y Romero, publicado en 1880 en Nueva York, más de cuarenta años después de escrito. Así que cuando Villaverde decide darle peso dentro de su novela al problema de la esclavitud, tenía modelos y perspectivas suficientes para ofrecer una visión más totalizadora.

Es por eso que si en cierta medida Cecilia Valdés culmina la narrativa cubana sobre el tema de la esclavitud, debe situarse aparte de los primeros intentos del género, más limitados en todos sus aspectos, pero avalorados por haberse producido en el momento en que más candente era su tratamiento.

La sociedad cubana hacia 1830 es pintada en la novela como una pirámide en cuya cúspide se encontraba el Capitán General y cuya base estaba formada por esclavos. Entre esos extremos existían varias capas intermedias, separadas por un límite racial al parecer infranqueable: blancos arriba, negros abajo. Sin embargo, en este preciso momento que capta la novela, las capas étnicas no están en la práctica tan delimitadas como en un principio pudiera creerse; y uno de los aspectos más importantes que se plasma en la novela es la captación del embrionario pero ya muy marcado nacimiento de la sociedad cubana como típicamente mulata.

La antinomia negro - blanco se ve permeada por otras, como las de cubano – español y explotado – explotador, sin que en esto último tengan que identificarse siempre sus elementos con los estrictamente raciales. Si analizamos bien la citada pirámide, veremos aspectos curiosos, como el que la nobleza nativa no tiene que identificarse tampoco con la clase más poderosa de criollos así como que la clase explotada no depende exclusivamente del color de la piel, ya que por esta época se va fortaleciendo una burguesía mulata o negra que hasta es propietaria de esclavos y contra la cual va a ser fundamentalmente dirigida la represión de La Escalera en 1844. El negro explotado puede estar también al lado de un blanco explotado, y ambos sentirse cubanos, (19).

Se está produciendo una tremenda simbiosis de la cual surgirá una Cuba Mulata; mulata como la propia protagonista de la novela, que no por gusto ha llegado a convertirse quizás en el único mito que nuestra literatura ha incorporado al pueblo cubano. Villaverde capta un momento de transición, de fermentos y de frustraciones, cuyos elementos fundamentales van a ser de gérmenes, no de plenitud.

Esta no es aún la época que encuentra sus héroes idóneos que lleven al país a una lucha independentista. Varela, Aponte, Heredia, parecen ser opciones en este último aspecto, pero ninguna llega a cumplirse. Posteriormente Villaverde tendrá la experiencia del anexionista Narciso López, a la cual estuvo muy ligado. Quizás por eso cuando vuelve su mirada hacia atrás, después de la Guerra del 68, no descubre, a la altura de 1830, una figura en la cual reflejar lo más positivo de la conciencia cubana, aún no plenamente desarrollada; y en ninguno de los personajes de la novela se puede encontrar un verdadero personaje positivo.

Como realista que trata de captar ese momento histórico se le ha reprochado la falta de un protagonista que tipifique los gérmenes más positivos de nuestra formación histórica. Hay algunos rasgos más vigorosos en las cotrafiguras, como José Dolores Pimienta (el Águedo Falcón de la primera versión) e Isabel Ilincheta (antes Isabel Rojas), que en los protagonistas de la anécdota amorosa, Leonardo Gamboa y Cecilia Valdés. E incluso mucho menos rasgos positivos se encuentran en un aparente personaje secundario, que bien analizado es quizás el que más peso y control tenga en toda la trama: la madre de Leonardo, doña Rosa Sandoval, la mejor encarnación del tipo de criolla adinerada que aparece en otros muchos relatos referidos a esa época, situada en el mismo centro de la clase explotadora.

Sucede que el método realista que Villaverde sigue lo lleva desde cierto punto de vista, a no centrarse en un personaje determinado (cuando no le salen retazos romanticoides), y por eso el verdadero protagonista de la novela es colectivo: esa masa dividida y subdividida, pero a su vez revuelta, entrecruzada y hasta fundida de las más diversas maneras, que llena toda la obra y hace en ocasiones moroso su desarrollo, al parecer perdido en anécdotas marginales (reprochadas por muchos críticos), pero que le confieren esa talla protagónica a todo el colectivo humano que la puebla y que en conjunto no podemos dudar de que tenga vida, fuerza y tipicidad suficientes como para permitir que esta épica del siglo XIX cubano, sin héroes, permanezca incólume como una de las lecturas preferidas de nuestro pueblo. No sólo después del peso de varias generaciones, sino hasta del cambio de régimen social.

Artísticamente se han hecho innumerables objeciones a Cecilia Valdés, comenzando por su estilo, calificado de desigual y hasta incorrecto en ocasiones. Se ha señalado la frecuente aparición de arcaísmos en su lenguaje, y esto puede provenir de la larga estancia del autor en los Estados Unidos. Tal congelación del habla pudo observarse también en un prosista de la calidad de Félix Varela. Igualmente pudo deberse a la influencia de sus primeras lecturas orientadas por Domingo Delmonte hacia los clásicos españoles.

Sin embargo, Villaverde es hábil en la captación de la expresión lingüística que caracteriza a cada capa social. A veces es inconsecuente y se encuentra más allá o acá algún tono falso o diálogos demasiado prolijos; pero el conjunto convence e inclusive sus arcaísmos le dan una especie de encanto añejo que hace más creíble el reflejo de aquella época. Al comparar las distintas versiones de Cecilia Valdés es obvio que Villaverde fue depurando su estilo haciéndolo más conciso y concreto.

Obra compleja, Cecilia Valdés ha sido un poco maltratada por la crítica, a veces demasiado encandilada por sus externos elementos de folletín romántico como para poder descubrir otros aspectos internos, que han garantizado su permanente comunicación con el pueblo cubano. Esta comunicación es llevada a cabo hoy día con entusiasmo no sólo mediante sus páginas impresas, sino a través de su traslado a los medios masivos de comunicación, como la televisión o la radio, y a nuestros escenarios, en los cuales los personajes de Villaverde perduran.

En su larga vida de más de ocho décadas, mucho vio y sintió este hombre de indudable cubanía. Las mismas corrientes ideológicas en pugna durante su época en su país, fueron en algún momento las suyas: reformismo, anexionismo, independentismo, abolicionismo. Pero su evolución fue positiva, hacia las posturas más progresistas. Limitaciones tuvo que tener, pero en la Cecilia Valdés que publica en 1882 predomina la visión de un hombre que, consciente de las injusticias de la esclavitud y ansioso de la independencia de su patria, trata de captar una etapa de la formación de nuestra nacionalidad que él conocía bien.

Cecilia Valdés queda como el más ambicioso y logrado esfuerzo narrativo por presentar un panorama de la sociedad colonial cubana, y como tal aún es fuente inapreciable para el conocimiento de la época, sin dejar de ser lectura siempre renovada de nuestro pueblo, pues sus valores indudablemente no son sólo documentales, sino también artísticos.

Trama de la novela

Aunque la extensión del relato y la variedad de personajes y situaciones hacen imposible sintetizar toda la trama de la novela, el núcleo de su argumento está dado por el eje amoroso que impulsa la acción de la novela. Leonardo Gamboa, hijo de un comerciante español enriquecido en el comercio de esclavos, se enamora de una joven mulata, Cecilia Valdés. No sabe él que esta muchacha es hija ilegítima de los amores de su padre Cándido Gamboa, con la mestiza Charo Alarcón.

Poco después de nacer la niña fue entregada a la Casa Cuna, lo cual da al traste con la cordura de su madre. Allí recibe el nombre de Cecilia Valdés, quien llega a ser en su juventud la mayor atracción de los bailes de cuna que eran celebrados por la raza de color y a los que solían asistir jovencitos de alta sociedad.

La llamaban La Virgencita de bronce debido a su belleza y su color. Apasionado por ella está el sastre y músico José Dolores Pimienta, pero la joven se encuentra prendada de su medio hermano, que representa a su vez a la juventud pudiente de su época, adormecida en el vicio, deslumbrada por la fortuna, instigada por el egoísmo, desocupada e indiferente, sin más anhelo que el juego, el baile y la pasión salvaje; juventud que no respondió, por no entenderla, a la voz de otra juventud constructora y viril que se alzaba altiva, y a la que prestigiarían nombres tales como Heredia, Lemus, Teurbe Tolón, y otros.

Leonardo y Cecilia, que ignoran los lazos de sangre que los unen, se abandonan a la voluptuosidad de una vehemente pasión. Son vanos los esfuerzos de Cándido Gamboa y de Josefa, la abuela de Cecilia, para evitar estos amores. Leonardo les concede más seriedad cada día. Le ofrece a Cecilia un hogar y la hace su cortesana. Don Cándido denuncia el caso al alcalde quien decreta la reclusión de Cecilia en la Casa de Recogidas; pero Leonardo pone en práctica todos los medios posibles, y auxiliado por su propia madre, airada al enterarse del origen de la muchacha y ávida de vengar su afrenta, extrae a la joven de la reclusión y llevándola a la prometida morada, se consagra con ella a una luna de miel que le abstrae de todo.

El entusiasmo de los primeros meses va mitigándose paulatinamente por parte de Leonardo y sus visitas a casa de Cecilia son cada vez menos frecuentes. La ardiente muchacha, herida en lo más íntimo de sus sentimientos atrae a José Dolores Pimienta al enterarse de la boda de Leonardo con Isabel Ilincheta. Los celos la llevan a pactar con el mulato quien se dirige a la Iglesia del Ángel sintiendo como suyo el deseo de venganza de Cecilia y al llegar a la puerta clava su cuchillo en Leonardo que cae exánime. Como cómplice, Cecilia es internada en el Hospital de Paula, donde es reconocida por su madre, vuelta a la cordura poco antes de morir. Isabel ingresa en un convento.

No está en la trama sentimental el valor de la novela, sino en el cúmulo de personajes que viven en la acción, en el pensamiento y en el diálogo; en las situaciones y múltiples descripciones de la vida de la época. Villaverde dejó en sus páginas frescos colosales que evocan con poder incontrastable un período de nuestra historia colonial y el canto de exuberancia y belleza de la cultura criolla. Porque en Cecilia Valdés lo que importa no es el relato de los amores incestuosos entre Cecilia y Leonardo, sino la pintura total de la sociedad cubana en la primera mitad del siglo XIX, con la multitud de esclavos de la ciudad y del campo, los jóvenes pudientes de la época, la burguesía enriquecida, las fiestas y hábitos de aquellos tiempos.

Tratamiento de los personajes

Villaverde se destaca como un gran creador de personajes. Presenta un corte sensacional de la sociedad cubana, desde el Capitán General Vives, la aristocracia de la sangre, representada por el joven Fernando O’ Reilly, amigo de Leonardo, la burguesía adinerada, cuyo ejemplo mejor es Cándido Gamboa; la burguesía liberal, integrada por profesores, médicos, abogados y estudiantes, y debajo, los esclavos, verdadero protagonista colectivo. Esta división por clases acrece el valor social de la novela, pero no disminuye el gran mérito de la creación de personajes individuales.

Los dos protagonistas principales, Cecilia y Leonardo, están formados psicológicamente de la misma manera, ambos son superficiales, amigos del placer, caprichosos, poseídos por externas reacciones, son extravertidos. Cecilia está impulsada por un deseo de ascender en la escala social, mientras que el abúlico Leonardo no sabe decidir su vida entre la novia Isabel y la amante Cecilia. Isabel Ilincheta tiene rasgos de la mujer actual, es deportista, maneja los negocios del cafetal propiedad de su padre. Leonardo advierte que Isabel es superior a él en todos los sentidos.

Cándido Gamboa es un español de humilde origen que se ha enriquecido gracias a su laboriosidad y sobre todo por el tráfico de esclavos, (20). Es un verdadero hombre de empresa, con muy pocos matices; en su hijo se reflejan muchos rasgos de su carácter. Rosa de Sandoval, su esposa, mujer dominante, se deja llevar por los celos, y con Leonardo resulta demasiado complaciente, mimando con exceso a su hijo mayor. Las tres hermanas de Leonardo, Antonia, Carmen y Adela, no tienen mayor importancia.

Los tipos de clase media como el escribano, el picapleitos, no representan mucha profundidad, salvo el médico Montes de Oca y su esposa Águeda, que demuestra la predilección de Villaverde por los personajes dementes, por los enfermos mentales. De los personajes blancos peninsulares, el novelista ofrece un cuadro variado, desde el administrador de Gamboa, hasta los mayorales isleños.

Los negros y mestizos, libertos y esclavos, constituyen el cuerpo de la obra, desde la familia materna de Cecilia, su madre Charo, su abuela Chepilla, el sastre mestizo Uribe, con el cual Pimienta entabla una conversación interesantísima por los puntos de vista de los libertos que presenta. Los esclavos del ingenio La Tinaja, peor tratados que los de la ciudad o los del cafetal de la familia Ilincheta, sabe caracterizarlos Villaverde adecuadamente. La esclava María de Regla, nodriza de Adela, la hermana de Leonardo, es un tipo patético. Memesia, íntima amiga de Cecilia y hermana de Pimienta, se enamora de Leonardo y quiere atraer a Cecilia hacia el músico.

Sería interesante señalar todos los personajes: tipos colocados en lo más bajo de la sociedad, los esclavos de la casa como el calesero, Caimán el guardiero del ingenio, Tondá, el negro protegido de Vives, etc. Todos los personajes tienen vida propia, aún aquellos que pasan apresuradamente por alguna página de la novela. Cirilo Villaverde se revela, ante todo como un gran creador de personajes vivos, individualizados.

Influencias y valoración de la novela

La trama de Cecilia Valdés está concebida dentro del molde romántico, no obstante la fuerte tendencia realista de mediados del siglo XIX que en ella se manifiesta al describir las costumbres. En el prólogo, fechado en Nueva York, Villaverde confiesa dos influencias, la de Walter Scott, el novelista histórico escocés, y la de Alejandro Manzoni, el novelista romántico italiano. Pero a esas dos podrían añadirse otras, por ejemplo, la novela realista española está presente en Cecilia Valdés y una indudable influencia de Cervantes se observa en Villaverde. Podrían señalarse otros influjos más particulares como, por ejemplo, el tipo de Cecilia que en ciertos aspectos parece inspirado en la Esmeralda de Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo.

La prosa novelesca de Villaverde no es muy correcta, se aprecian ene ella muchos arcaísmos. Pero el novelista supo acertadamente captar el lenguaje de los personajes de su obra: el lenguaje de los esclavos, las peculiaridades del habla de los guajiros, la de los blancos peninsulares como los isleños y catalanes, etc. Esa reproducción del lenguaje típico de cada clase resulta uno de los méritos de la novela.

Lo cierto es que Cecilia Valdés puede compararse con las grandes novelas hispanoamericanas del siglo XIX y colocarse al lado de Amalia de José Mármol, tanto como de María de Jorge Isaacs. Sus méritos consisten en la profundidad y variedad de la mirada observadora de su autor, su capacidad para crear personajes y para reproducir escenas y costumbres de la vida colonial, así como para representar nítidamente una serie enorme de esclavos y libertos.

Hoy podemos estimar a Cecilia Valdés no sólo como un alegato contra la esclavitud, aunque este no fuera el propósito deliberado del autor, sino también como una gran novela histórica que recoge la sociedad colonial con todos sus estratos y todos sus conflictos. Cierto es que en esta obra no predominan los valores de estilo, pero es indudable el hondo sentido novelesco que preside sus peripecias y sus observaciones. Cecilia Valdés es el único mito literario que han conseguido crear nuestros novelistas, una figura de ficción tan singularmente arraigada en nuestras gentes que muchos la conocen sin haberse acercado nunca a las páginas de Villaverde.

Cecilia Valdés fue calificada desde su aparición como la mejor novela cubana escrita hasta entonces, por su admirable reconstrucción de la vida y las costumbres de todo un período histórico. Ningún historiador ha podido igualar a Villaverde para dar a conocer aquella época. Nadie ha descrito con mayor seguridad ni más honda emoción humana la vida del esclavo en el ingenio, ni las diferencias sociales entre la privilegiada clase de los amos y de los desheredados libertos, relegados al más bajo peldaño de la sociedad porque fueron esclavos y eran descendientes de esclavos.

CONCLUSIONES

Como modalidades del discurso novelado sobre la esclavitud en Cuba Sab, Francisco y Cecilia Valdés presentan ciertas similitudes que a continuación se enumeran:

  • Pertenecen al romanticismo como corriente literaria.
  • Sus autores pertenecían a familias esclavistas.
  • Figuran entre los primeros documentos antiesclavistas escritos en Cuba.
  • Fueron escritas en el mismo contexto histórico social y por tanto lo reflejan.
  • La trama de las novelas termina trágicamente.
  • Se manifiesta de una u otra forma la atracción romántica entre blancos, negros esclavos y mulatos libres.
  • Exponen las gradaciones internas de los esclavos.
  • Se resaltan las costumbres y el lenguaje de la época.
  • Existen numerosos cuadros descriptivos de nuestra naturaleza y del trópico.

A su vez, entre estas novelas hay ciertas diferencias:

  • Aunque pertenecen al romanticismo como corriente literaria, Sab se encuentra matizado por una visión idealista, subjetiva, con predominio de temas sentimentales y exóticos.
  • Por su parte Francisco y Cecilia Valdés se encuentran bajo la influencia de un romanticismo realista, destinado a observar y a reflejar la realidad, las costumbres, el contorno social. En el caso específico de Cecilia Valdés se le considera como una novela de corte histórico – costumbrista que recoge la sociedad colonial con todos sus estratos y conflictos.
  • Francisco fue escrita por encargo con el objetivo específico de denunciar la esclavitud.
  • Sab fue escrita sin esa intención y aunque logra ese mismo propósito, el tema principal parece estar fundamentado en las tesis feministas de liberación de la autora.
  • Cecilia Valdés es considerada como un alegato contra la esclavitud, aunque este no fuera el propósito deliberado del autor.
  • Francisco se publicó mucho después de la muerte de su autor.
  • Sab y Cecilia Valdés fueron publicadas en vida de sus respectivos autores.
  • Sab y Francisco no pudieron circular en Cuba a causa de la censura existente en su época. Para el tiempo en que se publica la versión definitiva de Cecilia Valdés la esclavitud ya no era el tema candente y peligroso que había sido en 1839, aunque ya desde entonces la obra circulaba en el país.
  • En Sab y Francisco se pinta excelentemente la vida del ingenio con todas sus particularidades. Cecilia Valdés se centra más en describir la vida citadina de la época.
  • En Sab y Francisco los personajes negros manifiestan cualidades excepcionales, propias del hombre blanco de la época ya que son tratados de acuerdo a la concepción humanística. Cecilia Valdés, por su parte centra su historia en el mundo habanero de los mulatos libres, el cual contrapone al de los blancos ricos.
  • En Sab y Francisco la historia se centra en los personajes protagonistas. Cecilia Valdés no se centra en un personaje determinado y por eso el verdadero protagonista de la novela es el colectivo.
  • En Sab y Francisco los personajes negros que no componen la trama central son tratados de forma muy superficial, sin acercárseles mucho, como cuadro de sombras despersonificadas, lo que no sucede con Cecilia Valdés donde los negros y mestizos, libertos y esclavos, constituyen el cuerpo de la obra.
  • La producción de Francisco y Cecilia Valdés estuvo vinculada al círculo literario de Domingo Delmonte. Fueron escritas en Cuba, aunque la versión definitiva de Cecilia Valdés se editó finalmente en Nueva York.
  • Por otra parte Sab fue escrita fuera de Cuba y la Avellaneda no tuvo ningún contacto con las tertulias delmontinas.
  • Uno de los aspectos más importantes que se plasma en Cecilia Valdés es la captación del embrionario pero ya muy marcado nacimiento de la sociedad cubana como típicamente mulata, cosa que no ocurre en Sab y Francisco.
  • En Cecilia Valdés se capta el lenguaje de los esclavos, las peculiaridades del habla de los guajiros y las de los blancos peninsulares. Esa reproducción del lenguaje típico de cada clase resulta uno de los méritos de la novela. En Sab y en Francisco si bien se recogen muchos modismos y cubanismos, no se llega a plasmar esto con tanta claridad.
  • En Cecilia Valdés la antinomia negro - blanco se ve permeada por otras, como las de cubano – español y explotado – explotador, sin que en esto último tengan que identificarse siempre sus elementos con los estrictamente raciales. El negro explotado puede estar también al lado de un blanco explotado, y ambos sentirse cubanos. Esto no se verifica ni en Sab ni en Francisco.
  • En Cecilia Valdés se ofrece una visión más totalizadora con respecto al tema de la esclavitud que en Sab y en Francisco.
  • Francisco ha sido aceptado por su contenido como una novela antiesclavista y abolicionista.
  • Sab no ha gozado de la misma aceptación en todas las épocas.

El estudio de estas obras nos permite apreciar los horrores de una institución tan antigua como la historia de la humanidad, en el contexto de una Cuba colonial en la que empiezan a manifestarse los primeros brotes de cubanía. Los escritores cubanos de las primeras décadas del siglo XIX no fueron inmunes a esta problemática y la reflejaron consciente o inconscientemente, siendo este el caso de La Avellaneda, en sus textos.

Hoy, en Cuba socialista predomina en el pueblo una concepción científica del mundo y, de acuerdo con nuestra propia ideología, valoramos dialécticamente cada uno de los aportes de los pueblos, su valentía, su poesía, sus mitos, su fuerza de trabajo y su amor, nunca desmedidos a la libertad. Los muchos esclavos traídos desde África en el transcurso de varios siglos nos legaron antecedentes imprescindibles de nuestra cultura nacional, el escudo más seguro para resistir cualquier embate del enemigo que ose destruir al pueblo que se formó a sí mismo en los palenques de los montes de Cuba libre.

NOTAS Y CITAS BIBLIOGRÁFICAS

1- Gertrudis Gómez de Avellaneda nació en Puerto Príncipe, hoy Camagüey, el 23 de marzo de 1814. Fue una niña precoz que escribía versos desde muy temprana edad. Su madre queda viuda y se vuelve a casar con el Teniente Coronel Isidoro de Escalada, no siendo buenas sus relaciones con su padrastro. Era de temperamento fogoso y vivo. Un amor adolescente le hizo conocer muy pronto tristezas y desengaños. Su viaje a España en 1836, a pesar de su dolor de partida fue para ella una llamada a más amplios horizontes. Publica sus primeros versos en Cádiz bajo el seudónimo: "La Peregrina".

En 1840 se instala en Madrid. En 1844 lleva a escena su drama Munio Alfonso. Fue propuesta como candidato a un puesto en la Real Academia Española, pero su condición de mujer se lo impide. En 1839 conoce a Ignacio Cepeda con quien tiene amores tormentosos. En 1846 se casó con Pedro Sabater y tras la muerte de este al poco tiempo pasa un período recluida en un convento de Burdeos. En 1855 se casa de nuevo con Domingo Verdugo con quien regresa a la isla de Cuba en 1859.

El Liceo de La Habana le ofrece un gran homenaje y Luisa Pérez de Zambrana coloca en sus sienes una corona de Laurel. Colaboró en varios periódicos. Fundó la revista Álbum Cubano de lo Bello y de lo Bueno y publica su novela El artista Barquero. Tras la muerte de su madre regresa a España en mayo de 1864. Visita nueva York, Londres y París. Se instala en Sevilla donde se dedica a revisar sus trabajos literarios. Murió en Madrid el 1 de febrero de 1873, pasando su muerte casi desapercibida.

Cuando se publicaron sus cartas amorosas se pudo saber que en ella no había solamente aquella extremidad de sus poesías, sino un genuino espíritu que se revelaba con toda su integridad, con todo su desasosiego. Poseyó una interesante y avasalladora personalidad. Su carácter apasionado, recio, se palpa en toda su obra, singularmente en sus poesías eróticas, sus dramas y sus cartas.

Su obra literaria puede ser dividida en dos grandes campos: poesía y prosa. Dentro de la primera encontramos su lírica y su dramática. En su prosa encontramos sus novelas, cuentos. Leyendas, impresiones de viajes, artículos periodísticos, su autobiografía y numerosas cartas. A diferencia de los poetas cubanos del siglo XIX La Avellaneda pudo desarrollar a plenitud su obra literaria. Su poesía posee un tono ampuloso, retórico, en buena parte de su producción que la aleja de nuestro gusto y sensibilidad actuales. El dominio que ejercía sobre sus versos les quita espontaneidad. Sin embargo, en sus poesías de mayor calidad lírica supera todos esos rasgos negativos. No fue una poetisa romántica, sino neoclásica. La avasalladora fuerza de su personalidad otorga a sus versos esa majestuosidad, esa grandeza que está por sobre las variaciones del gusto. Estas cualidades se reiteran en las mejores piezas de su teatro y en las acongojadas páginas de su epistolario.

En buen número de sus obras se refiere a Cuba para engrandecer sus bellezas naturales. Otros temas recurrentes en su producción literaria son el de la libertad y el amor y algunos temas de inspiración religiosa.

2- Harriet Beecher Stowe, (1811- 1896), nació en Connecticut y en 1832 fue a vivir a Cincinnati, ciudad separada de las tierras de los esclavos por el río Ohio. Sus primeros bocetos y cuentos, reunidos en 1843 en un volumen titulado The Mayflower tratan en su mayor parte de recuerdos de su antiguo hogar, expuestos con el cariño de quien se ha alejado de él.

En 1850 regresó a Nueva Inglaterra porque su esposo Calvin E. Stowe, había aceptado una cátedra en el Bowdoin College. Allí, profundamente emocionada con la Ley del Esclavo Fugitivo, desafío y grito de alarma y de guerra para todos los norteños conscientes, empezó a escribir La Cabaña del Tío Tom que cuando se publicó en 1852 tuvo una acogida popular que hasta entonces no había encontrado ninguna novela. Se vendieron millones de ejemplares. Más de quinientas mil mujeres inglesas firmaron un escrito de gracias a la autora. En Escocia se recaudaron mil libras esterlinas, penique a penique, entre la gente más pobre, para ayudar a la liberación de los esclavos.

En Francia y en Alemania se leyó y se discutió el libro en todas partes; a consecuencias de la compasión que inspiraba, algunos propietarios rusos emanciparon a sus siervos. Es Estados Unidos, gracias en parte al teatro, pues ya en 1852 se representaba una versión teatral, la obra pertenece no sólo a la literatura sino al folklore. La Cabaña del Tío Tom ocupa un puesto más elevado en la historia de la reforma de la esclavitud que en el de la novela.

3- Romanticismo: En la literatura alemana, donde nació la escuela, predomina una organización medular, filosófica, surgida de una visión estética nueva y autóctona. Es España, Italia y Francia el romanticismo llegó a ser un arma de combate contra los preceptos del neoclasicismo que dominaba tiránicamente en las literaturas de estos pueblos. Para ellos el romanticismo fue lo opuesto a lo clásico.

Se caracterizó por la libertad de formas, anulación del principio de las unidades clásicas, espíritu nacionalista, choque de pasiones, arrebatos líricos, idealismo trascendental y retorno a tradiciones populares. En la literatura cubana, la influencia romántica se operó como es lógico por medio de las obras de los escritores españoles: Esponceda, Zorrilla, García Gutiérrez, así como de algunos escritores alemanes: Heine, Korner, Ossian, Ruckert; franceses: Musset y Dumas; el novelista inglés Walter Scott, así como Lord Byron; y los poetas italianos: Leopardi, Rosmini, Alfieri, Grossi y el novelista Manzoni. Dentro de los escritores cubanos románticos encontramos a Plácido, La Avellaneda, Suárez y Romero, Ramón de Palma, Tanco, Orgaz y otros.

4- Gómez de Avellaneda, Gertrudis. Sab. La Habana: Ed. Arte y Literatura, 1920. p. 5.

5- Remos y Rubio, Juan J. Historia de la literatura cubana.1945. T II. p. 150.

6- Bueno, Salvador. Historia de la literatura cubana. La Habana: Ed. Nacional de Cuba, 1963. pp. 140-141.

7- Gómez de Avellaneda, Gertrudis. Sab. La Habana: Ed. Pueblo y Educación, 1963. p. 2.

8- Henríquez Ureña, Max. Panorama histórico de la literatura cubana. La Habana: Editorial Arte y literatura, 1978.T. I. p.273.

9- Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba. Perfil histórico de las letras cubanas desde los orígenes hasta 1898. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 1983. p. 231.

10- Anselmo Suárez y Romero nació en La Habana el 21 de abril de 1818. Inició sus estudios con los religiosos dominicos y pasó luego al colegio que primero dirigió el presbítero José Benito Ortigueira y después Francisco González Santos. Alumno del Seminario de San Carlos estudió filosofía y derecho. Se gradúo en 1837 en la Real y Pontificia Universidad de La Habana, de bachiller en leyes. Sin embargo, las dificultades familiares surgidas en 1838 con motivo de cierta acusación de que fue objeto su padre José Idelfonso Suárez, amigo y asesor legal del capitán general Miguel Tacón, lo obligaron a interrumpir los estudios.

El 11 de mayo de 1838 su padre partió para Europa y Anselmo en compañía de su madre Lutgarda Romero y de sus seis hermanos fueron a vivir a Puentes Grandes. Al cabo de un año se trasladó con su familia al ingenio Surinam ubicado en Güines. Su padre, tras intensos esfuerzos por obtener su rehabilitación en España, arruinado y enfermo, falleció en Sevilla el 30 de enero de 1843.

De este forcejeo dramático con la vida, de esta penosísima etapa de su juventud, hubo de salir al cabo gracias a la intervención oportuna y casi providencial de uno de sus amigos, José Zacarías González del Valle quien urgido por la necesidad inaplazable de ir a España para graduarse de licenciado en leyes, le instó animosamente para que en su ausencia, lo sustituyera en las clases de latinidad, gramática general y literatura que profesaba en el colegio de Santa Teresa de Jesús.

No sin oposición y ciertas reservas, Suárez y Romero entraba de lleno por primera vez en la ardua labor de la enseñanza, a la que habría de consagrar para siempre sus mejores esfuerzos y sus más elevados entusiasmos. En 1841 concurrió a las clases de economía política que daban Antonio Bachiller y Morales y Ramón de Armas, asistió al curso que explicó José Antonio Cintra en el Liceo y practicó en los bufetes de José Calixto Bernal, Isidro Carbonell y Padilla y Ramón de Armas.

De allí en adelante comienza a desarrollarse su carrera como pedagogo. Su dedicación al magisterio fue constante y activa. Se gradúo de licenciado en derecho el 30 de abril de 1866, aunque no ejerció la labor de abogado sino para defender sus propios asuntos. Publicó muchos trabajos, reunidos en 1859 en un volumen titulado: Colección de Artículos, importantes por las observaciones de la naturaleza y el cuidado de su estilo. Escribió dos novelas: Carlota Valdés, publicada en El Álbum, (1838) y Francisco que apareció en Nueva York muchos años después (1880). Publicó además artículos de carácter pedagógico, jurídico y de crítica literaria. Murió en La Habana el 7 de enero de 1878.

11- Suárez y Romero, Anselmo. Francisco. El ingenio o las delicias del campo. La Habana: Ed. Arte y literatura, 1974. pp. 49-51.

12- Suárez y Romero, Anselmo. Francisco. El ingenio o las delicias del campo. La Habana: Ed. Arte y literatura, 1974. p. 193.

13- Remos y Rubio, Juan J. Historia de la literatura cubana.1945. T II. p. 135.

14- Bueno, Salvador. Historia de la literatura cubana. La Habana Ed. Nacional de Cuba, 1963. p. 180.

15- Henríquez Ureña, Max. Panorama histórico de la literatura cubana. La Habana: Ed. Arte y Literatura, 1978.T. I. pp. 291-293.

16- Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba. Perfil histórico de las letras cubanas desde los orígenes hasta 1898. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 1983. pp. 228-230.

17- Costumbrismo: Forma de la literatura realista característica de la burguesía en ascenso, que se preocupa por retratar y describir los tipos representativos de esa misma clase. Según Salvador Bueno el costumbrismo pone un dique a los excesos de los románticos, apunta un objetivo de la realidad y se impone la obligación de reproducir seres, cosas y hábitos con ceñida pluma, sin vuelos emotivos, sin sentimentales impulsos.

Los artículos de costumbres constituyen un eficaz medio de conocimiento de aquella sociedad. Durante la etapa de 1844 a 1878 el costumbrismo alcanza su consagración como medio capaz de reflejar la realidad circundante en sus disímiles facetas, tanto para criticar los rasgos negativos como para resaltar los aspectos que van conformando la nacionalidad. Se manifestó a través de diversas formas literarias: la poesía, el teatro, la narrativa y el artículo, género que aunque se venía cultivando desde hacía tiempo adquiere ahora su mayor relevancia.

18- Cirilo Villaverde nació en el ingenio Santiago cerca de San Diego de Núñez (Pinar del Río), el 28 de octubre de 1812. Se trasladó a la capital y en 1820 comienza a estudiar en el Seminario de San Carlos. Graduado en leyes se dedica al periodismo y a la enseñanza. Es profesor en colegios de La Habana y Matanzas. Amigo de Narciso López, es apresado cuando el general venezolano es perseguido por las autoridades españolas. Escapa de prisión y se instala en los Estados Unidos donde trabajará como maestro, escribirá en diversos periódicos y revistas y continuará su labor separatista.

En 1858 volvió a Cuba, pero pronto tuvo que regresar al exilio, se había casado con Emilia Casanova, una de las mujeres que más incrementaron la propaganda separatista. Murió el 28 de octubre de 1894. José Martí le dedicó un artículo fúnebre muy valioso en las páginas del periódico Patria.

En su obra se destacan varios cuentos y sobresalen las novelas Cecilia Valdés, La joven de la flecha de oro, El guajiro, Dos amores y El penitente. Está todavía bajo el signo romántico e idealista en sus cuentos y relatos breves y solamente en su novela mayor, Cecilia Valdés supo vencer las incitaciones de su época. Entre sus cuentos encontramos: El ave muerta y La peña blanca. Ambas son leyendas románticas, quiméricas y convencionales, así como El perjurio y La cueva de Taganana, aparecidas igual que las anteriores en Miscelánea de lo útil y agradable recreo (1837). En El Álbum publicó durante el año siguiente dos narraciones flojas y sin ninguna importancia. El espetón de oro y Engañar con la verdad.

Algún valor tiene un cuento que apareció en 1839 en Obsequio de las damas titulado Lola y su periquito, al cual se le atribuye por ciertos críticos gran fascinación, encanto y naturalidad en la narración, aunque su argumento y el desarrollo de los caracteres posean poco mérito. Teresa y Una cruz negra son, igualmente, cuentos que no sobresalen por ninguna cualidad, fondo o forma.

Después de la edición en 1839 de la primera redacción de Cecilia Valdés el novelista incidió de nuevo en el cuento. Se le encuentran casi todos publicados en El faro industrial. Entre otros hallamos: El ciego y su perro, Declaración de un marinero náufrago, y Generosidad fatal. Un poco más extensa es La peineta calada, floja historia sobre el poeta Plácido. La tejedora de sombreros de yarey, Comunidad de nombres y apellidos y El misionero de Caroni aparecen entre 1844 y 1846.

Otras muchas obras en prosa escribió Villaverde, entre las que debemos destacar: Excursión a la Vuelta Abajo publicada en El faro industrial en 1843 y 1844, llena de apuntes interesantísimos sobre su región natal. El penitente es una novela histórico - legendaria. Se desarrolla en La Habana hacia 1780 y los rasgos realistas y románticos están mezclados en esta obra. Por otra parte Dos amores cabe perfectamente dentro de la modalidad del romanticismo idealista. Villaverde la escribió para defenderse de quienes lo estimaban más novelista que escritor. Cuidó su estilo, mas no mejoró los méritos de la trama ni la escasa calidad psicológica de sus personajes.

En sus primeras obras se había caracterizado por un romanticismo sentimentaloide, artificial en su reiteración de recursos truculentos y melodramáticos. Mas sus dotes agudas de observación lo hacen ir captando, intercalados en relatos de convencional anécdota, trozos realistas, particularmente tomados de los escenarios habaneros y vueltabajeros que él conocía bien. Toda la variedad de títulos que va acumulando parecen vertebrarse en líneas bastante precisas que culminarán en la amplia versión de Cecilia Valdés, publicada de forma completa en Nueva York en 1882.

19- Según Fernando Ortiz los negros debieron sentir, no con más intensidad pero quizás más pronto que los blancos, la emoción y la conciencia de cubanía. Fueron muy raros los casos de retorno de negros al África. El negro africano tuvo que perder muy pronto la esperanza de volver a sus lares y en su nostalgia no pudo pensar en una repatriación como retiro al acabar su vida. El negro criollo jamás pensó en ser sino cubano. El blanco poblador, en cambio, aun antes de arribar a Cuba, ya pensaba en su regreso. Si vino fue para regresar rico y ennoblecido por gracia real.

El mismo blanco criollo tenía por padres y familiares conexiones con la península y se sintió por mucho tiempo ligado a ellos como un español insular. Nativos blancos de Cuba fueron en ultramar, generales, almirantes, obispos y potentados, y hasta hubo catedráticos habaneros en la Universidad de Salamanca. Nada de eso pudo lograr ni apetecer el criollo negro, ni siquiera el mulato, salvo los pocos casos de hijos pardos de nobles blancos que obtuvieron privilegio de pase transparencial y real cédula de blancura.

En la capa baja de los blancos desheredados y sin privilegios, también debió chispear la cubanía, que es conciencia, voluntad y raíz de patria, surgió primero entre las gentes aquí nacidas y crecidas, sin retorno ni retiro, con el alma arraigada a la tierra. La cubanía fue brotada desde abajo y no llovida desde arriba.

Hubo que llegar al ocaso del siglo XVIII y al del XIX, para que los requerimientos económicos de esta sociedad, ansiosa de intercambio libre con los demás pueblos, hicieran que la clase hacendada adquiriera conciencia de sus discrepancias geográficas, económicas y sociales con la península y oyera con agrado, aun entonces pecaminoso, las tendencias de patria, libertad y democracia que nos venían de Norteamérica independiente y de Francia revolucionaria.

20- En su libro Nuestra América, Antonio Núñez Jiménez explica como una importante fuente para la investigación de los horrores de la esclavitud en Cuba y otros países de América la constituyen los anuncios clasificados publicados en los periódicos, mediante los cuales se ve la impudicia de los esclavistas y otros datos muy útiles para la investigación histórica. En esos anuncios vemos no sólo cómo se venden los esclavos, sino también por qué se cambian a veces, la etnia a que pertenecen, su vestimenta y, entre otros datos si se han fugado de sus amos.

En el Papel Periódico de La Habana del 14 de noviembre de 1790 aparece un ejemplo de venta: "Se vende una negra de casta mandinga como de edad de 30 años; con su cría de 6 meses, sabe guisar más que regular: se da en precio de 325 pesos libres de todos los derechos. Darán razón en la imprenta."

En la misma publicación del 7 de agosto de 1791 vemos la venta de un niño: "Un negrito de dos años y medio; también se cambia por otro que sea como de 14 a 16, ó, de 16 a 18 años, dando encima lo que fuere necesario hasta el completo de su cantidad. Quien lo tuviere y quisiera entrar en dicho cambio o venta, acuda a esta imprenta y se le dará razón del sujeto que lo propone."

Uno de los crímenes más grandes dentro del gran crimen de la esclavitud consistía, durante la captura y venta de los esclavos en África, en separar a la madre del hijo, al hombre de la mujer, para después volver a sufrir igual disolución familiar en América, tal vez para siempre.

En otro clasificado se propone la venta de la madre y la hija, o del matrimonio y su vástago, y si esto no es posible por el adquiriente, se vende sola a la madre o al crío. Generalmente se hace alusión en esos anuncios a la abundante leche de la madre negra, pues como factor económico, sobre todo para las amas que utilizarían aquella leche para alimentar a sus hijos.

El 28 de noviembre de 1790 el mencionado periódico anuncia: "Una negra embarazada de algunos meses, casta Arará de edad de 26 a 28 años con dos hijos criollos de edad, el uno cuatro años y medio, y el otro cerca de tres, en cantidad de 675 pesos libres en que fueron tasados por el corredor de Lonja el 29 de julio del corriente año. Es muy buena cocinera, ágil, lava, plancha y cose regular; el que quisiera comprarla acuda a la imprenta donde le darán razón de su amo."

Los esclavos no sólo se venden, también se alquilan. En el Diario de La Habana correspondiente al 4 de diciembre de 1852 vemos este anuncio: "Se alquila en 6 pesos al mes un negrito propio para criado de mano. Calle de la Estrella esquina el rayo." Igualmente los esclavos se cambian por mercancías o animales. Un ejemplo de ello aparece en el periódico habanero El Aviso, del 16 de julio de 1794: "Otra esclava buena lavandera y cocinera, coartada en 240, y un negro su hijo de seis años en 250, y también se cambia por mulas caleseras, sanas y sin resabios."

Las terribles condiciones en que viajaban los esclavos hacia América las describe de manera magistral y bien breve el negrero inglés Falcombridge al decir en 1778, que el espacio que ocupan aquellos es el de un cadáver en su ataúd. Los viajes de África a América, de acuerdo a los vientos o la ausencia de los mismos, demoraban en aquellos veleros cargados de piezas africanas, como se les llamaba entonces, hasta ochenta días.

Existen testimonios de los horrores del hacinamiento de las negradas en aquellas travesías: falta de aire, de comida, llenos de excrementos y orines, en el caso de las mujeres con menstruación sus fluidos corporales, enfermedades y todo género de sufrimientos. En el Ministerio de Colonias de París se encuentra el testimonio de un capitán que al escasear los víveres en medio del Atlántico "tomó la resolución de matar a parte de sus negros para alimentar con sus carnes al resto del armazón".

En otros casos, cuando se desataban epidemias o el barco podía ser capturado, simplemente echaban al agua a aquellos infelices para que murieran ahogados. Innumerables testimonios históricos indican la crueldad infinita de aquella trata. Se sabe que cuando la nave El intrépido llega a La Habana en 1828, había salido de África con 342 esclavos y durante la travesía murieron 208. Hubo barcos norteamericanos como el Waren que en un solo viaje transportó hasta La Habana 718 esclavos de los que 106 eran mujeres y 612 niños. Su capitán Nathaniel Gordon fue ajusticiado el 12 de febrero de 1812, siendo el único caso de un negrero sentenciado a la máxima pena en la historia de la esclavitud norteamericana.

Entre las principales etnias africanas de los esclavos traídos a Cuba y a América en general se encuentran los mandingas, yolofes, fulaces, gangaes, longobáes, maní, quisí, mina, lucumíes, carabalíes, suamos, bibí, brícamos, congos, motembos, musundis, mombasas, macuaes, mondongos, luangos, mumbonas, mumbalas, masingas, banguelas, achantis, dahomeyanos, fantís, ararás, entre otros.

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Autor:

Antonio O. Tarajano Roselló

Técnico en Bibliotecología y Ciencias de la Información

Alumno de 4 to año. Licenciatura en Estudios Socioculturales

Universidad de Camagüey, Cuba.

Año: 2005.

Categoría: Literatura

Partes: 1, 2


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