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Paraguay vs Triple Alianza 1865–1870




Partes: 1, 2, 3

  1. Biografía de los gobernantes de los países beligerantes
  2. Antecedentes y causas de la guerra
  3. Organización política de los países partícipes
  4. Las tres campañas expedicionarias
  5. Paso de patria e invasión aliada
  6. Campaña de Pykysyry
  7. Campaña de la cordillera
  8. Cerro Corá
  9. Conclusión
  10. Bibliografía
  11. Anexo

Introducción

El presente trabajo es una monografía realizada mediante la lectura de numeroso material disponible sobre la gran epopeya del pueblo paraguayo. Esta historia narra la travesía de un estratega militar, quien en defensa de su patria se enfrentó a tres grandes naciones, cuyo objetivo en el conflicto ni siquiera fue lo suficientemente claro.

Esta confrontación entre pueblos hermanos, terminó modificando toda la división política de Sudamérica. Recibe numerosos nombres; "Guerra Grande", "Guerra del Setenta", "Guerra contra la Triple Alianza" son los más conocidos. Sin embargo, existe un nombre simbólico, que probablemente pueda contener en sí mismo la esencia de esta hecatombe: "Un David contra Tres Goliat".

Esta travesía, fue protagonizada por el pueblo paraguayo y un ejército aliado de tres naciones: Brasil, Argentina y Uruguay. En ella, quedó plasmada de forma solemne aquel verso de la canción homenaje a la Batalla de Acosta Ñú: "…solo una cosa quedó en su puesto, la raza heroica del guaraní…". En esta frase, se describe el final de la guerra, que finalizó con el 70% de la población paraguaya exterminada, pero no sin antes demostrar el ímpetu y la valentía en defensa de la nación, ofreciendo al enemigo una feroz resistencia a pesar de la gigantesca desproporción numérica que le era desfavorable.

Sin lugar a dudas, para describir detalladamente esta contienda harían falta cientos de tomos, por lo cual en este trabajo, lejos de pretender ser la absoluta verdad, tiene por objetivo ofrecer al lector una recopilación de los más importantes momentos de entre los cinco años de larga duración del conflicto. Cada quien, deberá realizar sus propias conclusiones a través de la lectura del material.

Pues bien, hecha esta salvedad, corresponde iniciar el recorrido por la Guerra de la Triple Alianza, analizar sus posibles causas reales, su desarrollo, su término y porque no, sus consecuencias hasta nuestros días.

Biografía de los gobernantes de los países beligerantes

Francisco Solano López

Nació en Asunción el 24 de julio de 1.827, hijo de de Don Carlos Antonio López y Doña Pabla Carrillo. Aprendió a leer y escribir en su hogar, ya adelantado en conocimientos, se inscribió en la Academia Literaria teniendo como preceptores al Prelado Fidel Maíz y al maestro Juan Pedro Escalada, con quienes adquirió nociones de Filosofía y Matemáticas, luego viajó a Europa donde amplió su cultura con el aprendizaje de los idiomas Francés, Portugués e Inglés. Admirador de Napoleón de quién conoció toda la bibliografía existente en ésa época.

Desde joven su padre le había dispensado amplias prerrogativas, y cuando aún no había cumplido los 19 años de edad, le ascendió a Brigadier General, pasando a ocupar el Comando en Jefe del Ejército Paraguayo, a la edad en que la generalidad de los jóvenes revistaba como Cadete de las Academias Militares. Bajo su comando el ejército adquirió notable eficiencia y aumentó ostensiblemente su potencialidad en contingentes y pertrechos bélicos.

En 1.853 viajó a Europa con rango diplomático, donde permaneció durante 18 meses recorriendo Francia, Italia, España e Inglaterra.

A su regreso de Europa reasumió la cartera de Guerra y Marina .En 1.859 intervino en el conflicto argentino ya que en ésta nación desde 1952 se hallaban en conflicto los dos bandos, el de Urquiza y el de Mitre. A pesar de sus gestiones el 23 de octubre se desencadenó la guerra entre los dos bandos con un éxito indeciso a favor de Urquiza, lo que obligó a Solano López a acelerar y multiplicar sus gestiones, hasta lograr el acuerdo completo, no solo para la terminación de la guerra, sino también para el restablecimiento de la unidad argentina, mediante la incorporación de la Provincia de Buenos Aires a la Confederación y la aceptación de la Constitución de 1.853.

A la muerte de Don Carlos Antonio López (10 de setiembre de 1.862) lo reemplazó en su calidad de Vicepresidente y convocó al Congreso Nacional para la designación de un Presidente, por la muerte de su padre.

Reunido dicho Congreso el 16 de octubre de 1.862, fue proclamado por unanimidad, Presidente de la República por el periodo legal de 10 años, tenía 36 años.

En muchos sectores importantes se anhelaba la reforma de las instituciones para satisfacer los ideales cívicos del pueblo paraguayo tanto tiempo postergado. Se consideraba que la Constitución de 1.844 ya había cumplido su objetivo con el reconocimiento de la Independencia Nacional, y que debía dar lugar a otra de tinte liberal.

Solano López poseía una personalidad poco común, era el más ilustrado del Paraguay y el más experimentado en las cuestiones de Estado. Introdujo innovaciones fundamentales en la política exterior, hasta entonces el Paraguay se cuidaba de meterse en los asuntos del Río de la Plata, fiel a la doctrina de no intervención, pero para Solano López había llegado el momento de abandonar esa táctica cuando los conflictos interesaran los intereses fundamentales del Paraguay, sobre todo la conservación de su independencia. En consecuencia, el gobierno del Paraguay proclamó como norte de su política exterior el mantenimiento del equilibrio en el Río de la Plata y su propósito de impedir cualquier atentado contra el mismo. A fin de robustecer las relaciones con la Argentina y hacer aún más eficaces las notas de cancillería, Solano López mantenía una asidua correspondencia de carácter personal con Mitre y Urquiza. El deterioro de la situación del Río de la Plata, en coincidencia con el fenecimiento de los plazos para la solución de las cuestiones de límites con el Brasil y la Argentina llevó a una crisis grave que desembocó en la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, siendo comandante del ejército paraguayo hasta su muerte y fin de la guerra acaecida en Cerro Corá el 1 de marzo de 1.870

Bartolomé Mitre

Nació el 26 de junio de 1821 en Buenos Aires. Sus padres no aprobaban su vocación literaria por lo que le enviaron a la estancia de Gervasio Rosas, para que se convirtiera en un hombre de campo. Se granjeó con sus escritos la enemistad del dictador argentino Juan Manuel de Rosas. Tuvo que exiliarse en Chile, Bolivia y Perú. De regreso a Argentina en el año 1852 participa en el derrocamiento de Rosas, liderado por el general Justo José de Urquiza. En 1853 es nombrado ministro de Guerra del gobierno provincial de Buenos Aires, y trata de oponerse al plan de Urquiza que pretendía que la provincia pasara a formar parte de la recién proclamada República Argentina. En 1859, las tropas de Mitre fueron derrotadas por Urquiza en la batalla de Cepeda, por lo que Buenos Aires pasó a formar parte de la federación. Fue gobernador de la provincia de Buenos Aires en 1860 y vence a Urquiza en la batalla de Pavón (1861). Elegido presidente de la República en 1862 para un mandato de seis años. Durante su presidencia, Argentina, aliada con Brasil y Uruguay contra Paraguay, participó en la guerra de la Triple Alianza (1865-1870). En 1868 pierde las elecciones presidenciales ante Domingo Faustino Sarmiento; volvió a presentarse otra vez como candidato en 1891 pero fracasó. Ocupó cargos de ministro y diplomático para el nuevo presidente.

Venancio Flores

Nació en Porongos. En 1836 se unió al movimiento de José Fructuoso Rivera contra Manuel Oribe. Tomó parte en la Guerra Grande (1842-1851), tras lo que fue nombrado ministro de Guerra y Marina en el gobierno del presidente Juan Francisco Giró (1852-1853), formó un triunvirato con Juan Antonio Lavalleja y Rivera. Tras la muerte de éstos, Flores fue elegido presidente en marzo de 1854. Un año después estalló una revuelta conservadora, que le obligó a dimitir y se trasladó a Argentina. Desde allí invadió Uruguay en abril de 1863 dando comienzo a una revolución que duró casi dos años, resultando vencedor merced al apoyo militar de Brasil y Argentina. En marzo de 1865 asumió la presidencia y el Partido Colorado volvió al poder. Dos años después, ganó las elecciones que había convocado. Fue asesinado el 19 de febrero de 1868 en las calles de Montevideo.

Pedro II

Nació el 2 de noviembre de 1825. Su padre fue Pedro I (de Brasil y IV de Portugal) y su madre Leopoldina de Austria (hija a su vez del emperador germánico Francisco I), llegó al trono cuando contaba cinco años de edad, tras la abdicación de su padre, aunque en Brasil gobernó un consejo de regencia hasta que alcanzó la mayoría de edad en 1840. En el año 1843 contrajo matrimonio con Teresa Cristina, hija del rey Francisco I de las Dos Sicilias. Como rey tuvo que hacer frente a las rebeliones que se produjeron en diferentes partes del país. Interesado por las ciencias, fue mecenas de las artes. Luchó por el progreso económico de Brasil y se opuso de forma decidida a la esclavitud: prohibió el tráfico de esclavos en 1850, inició un proceso de emancipación en 1871 y, finalmente, declaró abolida la esclavitud en 1888. Brasil se alió con Argentina y Uruguay contra Paraguay durante la guerra de la Triple Alianza (1864-1870), y la victoria le proporcionó nuevos territorios. En 1889, el Ejército y los republicanos, encabezados por Manuel Deodoro da Fonseca, se unieron con el fin de destronarle y Pedro se vio obligado a exiliarse en Europa. Falleció en París.

ANTECEDENTES y CAUSAS DE LA GUERRA

Organización Política de los países partícipes

Paraguay

El Paraguay logra independizarse y romper el yugo español en mayo de 1811. A partir de ese entonces, atravesaría profundos cambios en su sistema político.

Posterior a este acontecimiento se constituye el primer gobierno de la era independiente. Este fue un Triunvirato integrado por: el depuesto Bernardo de Velazco, el español Juan Valeriano de Zeballos y el criollo Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia. Este último ideólogo de la causa emancipadora y reconocido por numerosos historiadores como forjador de la identidad nacional. Pero este sistema cayo en crisis, razón por la cual se reunió el Congreso General de la Nación y en fecha 17 de junio se integra la Junta Gobernativa, presidida por Fulgencio Yegros e integrada por José Gaspar Rodríguez de Francia, Pedro Juan Caballero, Francisco Javier Bogarín y Fernando de la Mora. En enero de 1812, Francia se retiró del gobierno molesto por la ingerencia de los militares en el mismo. Luego regresa a la actividad política en julio del año siguiente.

La figura del Dr. Francia iba enalteciéndose cada vez más, puesto que tomaba casi todas las decisiones. De allí, que el Congreso reunido el 3 de octubre de 1814 lo designase como Dictador Supremo de la República por el término de 5 años y posteriormente fue proclamado Dictador Perpetuo de la República por el Congreso del 1 de julio de 1816, gobernando así hasta el día de su muerte, acaecida el 20 de septiembre de 1840.

Durante el gobierno de Francia, las fronteras fueron cerradas, iniciándose así una política de autoabastecimiento que enriqueció al país. La seguridad dentro del territorio nacional era encomiable. Tampoco se conocía de funcionarios gubernamentales corruptos. Este aislamiento, no fue por capricho del Supremo Dictador, mas bien, era una medida para mantener el equilibrio político de la República. En los países de la región, en ese tiempo se sucedió un sinfín de problemas políticos culminados inclusive en guerras civiles. Sin embargo, esta misma medida, impidió un relacionamiento armonioso con nuestros vecinos. El Paraguay, tenía problemas para exportar sus productos, debiendo utilizar el puerto de Buenos Aires, pagando de esta manera impuestos usureros.

Muerto Francia, el poder político pasó por una anarquía debido a que no había disposiciones legales sobre sucesión. Se intentó una nueva dictadura, impedida por los comandantes militares. La Junta militar intentó apoderarse del gobierno pero fue desplazada con una revolución. Surgió un Triunvirato con el objetivo de convocar a un Congreso, pero fue derrocado antes de hacerlo. Luego, asume el gobierno el Subteniente Mariano Roque Alonso. Convocó a un Congreso, y éste, el 12 de marzo de 1841 decide regresar al consulado como forma de gobierno, designando para tal efecto al mismo Alonso y a Don Carlos Antonio López. Durante este gobierno, la figura de Alonso fue quedando atrás, asumiendo un rol más protagónico López.

El 13 de marzo de 1844 se convoca a un nuevo Congreso, el cual durante sus sesiones sanciona una nueva Constitución. En ella se crea la Presidencia de la Nación, siendo electo como primer Presidente constitucional Don Carlos Antonio López.

Durante su gobierno, López decide reabrir las fronteras, así como numerosas escuelas y el Real Seminario de San Carlos, clausurado durante el gobierno dictatorial de Francia. Las obras de gobierno de Don Carlos son incontables, entre ellas se puede citar la inauguración del primer ferrocarril de la región.

Don Carlos también se había preocupado del ejército, razón por la cual encarga a su hijo Francisco Solano López la reorganización del mismo. Así, fue uno de los gobiernos más prósperos para la floreciente República del Paraguay hasta su muerte, acecina el 10 de septiembre de 1862.

Posteriormente, asume la primera magistratura de la nación el entonces General Francisco Solano López, en su calidad de vicepresidente de la República, convocando a un Congreso Nacional para la designación de un nuevo presidente titular. En efecto, este Congreso se inauguró el 16 de octubre de 1862.

Ese mismo día, fue designado en reemplazo del fallecido Don Carlos, el Gral. F. S. López, quien luego de prestar juramento ante el obispo diocesano constituyó su primer gabinete de la siguiente manera: José Berges, Ministro de Relaciones Exteriores; Francisco Sánchez, Ministro de Gobierno y Presidente del Consejo; Mariano González, Ministro de Hacienda; y el Coronel Venancio López, Ministro de Guerra y Marina.

Durante su gobierno, el ejército adquirió un poder inmenso, aumentando sus efectivos a 28000 hombres y teniendo una línea telegráfica de Asunción a Paso de Patria, sobre una distancia de 260 millas, para mejorar el control de la Defensa nacional. Sus propios hijos, a su corta edad, contaban con jerarquía militar: Juan Francisco, a los 15 años fue Coronel; Enrique, a los 11, Teniente, y Leopoldo, a los 7, Sargento. Todo el pueblo fue instruido militarmente en campamentos castrenses como Cerro León o Encarnación.

Argentina

Desde su independencia, la Argentina no constituía un país unificado. Más bien, la Argentina era un conjunto de provincias agrupadas en la llamada Confederación Argentina. Justamente, fue el General Francisco Solano López, quien brindó su mediación diplomática para evitar una completa segregación argentina, lo cual permitió su unificación. Esto se inscribía dentro del plan estratégico del Presidente López para garantizar el equilibrio de poderes del Plata.

Brasil

En tiempos del conflicto y previamente al mismo, la forma de gobierno del Brasil era el Imperio, siendo el Emperador regente, Pedro II.

Existía una agrupación liberal de jóvenes dirigidos por Teófilo Ottoni, formados para competir con los "velhos", quienes se encontraban del lado del Emperador.

El Brasil tenía numerosos intereses, por sobre todo, económicos para iniciar la guerra contra el Paraguay. Su economía se hallaba bastante debilitada, lo cual ocasionaba un descontento de la población hacia la política imperial. Los empréstitos ingleses que recibió durante el período de conflicto y previo a éste, sirvieron como un balón de oxígeno. Aunque, en contraparte, el combate no contaba con el apoyo popular, convirtiéndose posteriormente en una de las causas de la caída del imperio.

Uruguay

En tiempos de los sucesos inmediatamente previos a la contienda se encontraba gobernado por Bernardo Berro, del Partido Blanco y marcada tendencia nacionalista. Gobernó hasta el año 1864, siendo sucedido por Atanasio Aguirre. El Partido Blanco es derrocado del poder por un golpe militar encabezado por el caudillo del Partido Colorado, el General Venancio Flores, quien recibía apoyo bélico y financiero de la Argentina y del Imperio del Brasil.

Problemas Limítrofes

Paraguay – Argentina

En el año 1.852, el director provisorio de la Confederación Argentina, general Don Justo José de Urquiza despachó al Dr. Don Santiago Derqui ante el Gobierno paraguayo con suficientes poderes para la resolución de todas las cuestiones pendientes entre ambos Estados. Así el 15 de julio de 1.852 se firmó un tratado de límites, que dejaba resuelta las tres más graves cuestiones que entre los dos países había. Por ése Tratado se reconocía que el Paraguay era una nación soberana e independiente de todo poder extraño, declarándose la libre navegabilidad de los ríos Paraná Y Paraguay así como sus afluentes para los pabellones paraguayo y argentino. Por ése mismo Tratado el Gobierno del Paraguay cedía al Gobierno de la Confederación Argentina el territorio que tenía sobre la margen izquierda del río Paraná, en la frontera sur de la República. Dicha cesión fue compensada con el reconocimiento de que el río Paraguay pertenecía de costa a costa, hasta la confluencia con el río Paraná a ésta nación.

Pero, antes de concluirse la retirada de las tropas paraguayas de aquellos territorios estalló un movimiento revolucionario en la ciudad de Buenos Aires contra el director provisorio y, en precaución de los resultados que pudiera tener aquellos sucesos, se resolvió mantener la ocupación militar de dichos puntos.

El 8 de agosto de 1.853, el director provisorio de la Confederación Argentina envió al Gobierno del Paraguay una nota en la que reclamaba la entrega de las Misiones, consideradas argentinas, desentendiéndose del precitado Tratado del 15 de Julio de 1.852, así como de su aprobación por el Congreso. El 18 de Octubre de ése año, Don Carlos Antonio López contestó la nota, manifestando que pronto estaba la entrega del territorio reclamado en respuesta a la aprobación del Tratado del 15 de julio por los Congresos paraguayo y argentino. Así se mantuvieron los arreglos de límites entre la República del Paraguay y Argentina.

Paraguay – Brasil

En mayo de 1.850, en plena paz con el Brasil, el gobierno del Paraguay recibió aviso del comandante de la villa del Divino Salvador, de que había bajado desde Matto Grosso una fuerza de artillería e infantería brasileña, que desembarcó en el Cerro Pan de Azúcar, arriba de la confluencia del río Apa con la margen izquierda del río Paraguay, donde estaban levantando algunas trincheras. Carlos Antonio López, entonces Presidente de la República del Paraguay quiso solucionar a través del agente diplomático brasileño, don Pedro Alcántara Bellegarde, pero desgraciadamente no se consiguió el retiro de las tropas brasileñas y fue necesario el empleo de las armas, con una flotilla bajo el mando del capitán de artillería, don Simón Antonio Villamayor, quien después de un reñido combate consiguió desalojar, en completa derrota, a las fuerza brasileñas.

Después de aquella derrota, el gobierno del Brasil manifestó al gobierno del Paraguay sus intenciones pacíficas, reprobando la invasión mencionada, que fuera ordenada por el Presidente de Matto Grosso, y dejando todo en el estado en que se hallaba hasta un arreglo definitivo de límites, sin que ocasione rompimiento de buenas relaciones entre ambos países.

En 1.852, en vista de éstas buenas relaciones el Gobierno del Paraguay envió una misión a la corte del Imperio del Brasil, proponiendo un acuerdo de límites, con la base de que quedara neutral la zona comprendida entre los ríos Apa y Blanco, para servir de separación entre ambos estados, quedando definitivamente tranzada la cuestión de límites, en la frontera norte de la República con el Imperio. El Brasil se rehusó terminantemente a aceptar dicha propuesta y a partir del 1.853 quedaron rotas las negociaciones entre ambos estados. En mayo de 1.853 el encargado de negocios del Gobierno del Brasil, Don Felipe Pereira Leal presentó al Gobierno del Paraguay un proyecto de navegación y conjuntamente con él, un tratado de límites, que contenía el ultimátum, de que el Paraguay reconociese al Brasil la margen derecha del río Apa, frontera norte de la República. Ante ésta inesperada imposición, el Gobierno del Paraguay envió su pasaporte al referido señor Leal y el 12 de agosto del año 1.853 comunicó oficialmente al Gobierno del Brasil.

El gobierno del Brasil no respondió a ésta nota, pero al principio del año 1.854 envió a don Pedro Oliveira como ministro plenipotenciario, y con una escuadra numerosa arribó hasta las Tres Bocas, aguas paraguayas y desde allí solicitó entrar en negociaciones definitivas de límites y navegación. El gobierno del Paraguay respondió que entraría en negociación si el ministro llegara a Asunción con un solo vapor, dejando la escuadra en las Tres Bocas. Don Pedro Oliveira aceptó la propuesta y fue recibido con las formalidades de estilo por el gobierno del Paraguay, entró en conferencia con el plenipotenciario paraguayo, general Francisco Solano López, y convinieron en la navegación del Alto Paraguay hasta Matto Grosso, por buques brasileños, dejando aplazados por 10 años los arreglos definitivos de límites. Posteriormente se supo que el gobierno de Brasil había desaprobado la conducta de su plenipotenciario a quien sometieron a un consejo de guerra, pero a pesar de esto y demás disposiciones tomadas por el Brasil, aquellos tratados quedaron subsistentes, y el conflicto desapareció entonces quedando la cuestión de límites aplazada hasta el año 1.864

Los Capitales Ingleses

La política británica respecto a los países de la región era mantener en cada uno de ellos a gobiernos que sirviesen a sus intereses. Esto culminaba en conflictos, internos o internacionales, que reclamaban el aporte del capital inglés.

En ese esquema económico, el Paraguay constituía un eslabón fuera de la cadena tan minuciosamente elaborada por los británicos. Esto se debe a que uno de los legados del gobierno del Dr. Francia fue el autoabastecimiento nacional, por tanto, el país negociaba sus excedentes de producción de la manera más conveniente a sus intereses.

En este ambiente ya bastante caldeado entre ambas naciones, surge la figura de Mr. Eduardo Thornton, diplomático y ministro inglés. Este hombre fue el verdadero artífice de la alianza entre la Argentina y el Brasil para derrocar al Partido Blanco del Uruguay, sabiendo que el Paraguay intervendría a favor de la República Oriental. Así surge el tratado del 18 de junio de 1864.

Otro aspecto que demuestra el interés económico de la potencia europea es la intervención del banquero brasileño Irineo Evangelista de Souza, más conocido como Barón de Mauá, quien tenía intereses fuertemente ligados al capital inglés. Este señor, al ver una guerra ya inevitable se trasladó a Argentina para establecer una sucursal de su entidad bancaria (la más grande de Sudamérica).

EMPRÉSTITOS INGLESES

PAÍS

AÑOS

EMPRÉSTITO (en libras)

BANCO

BRASIL

1825 a

1865

11.000.000

ROTHSCHILD

1865 a 1870

20.000.000

ROTHSCHILD

ARGENTINA

Hasta 1875

27.000.000

--------------------

URUGUAY

-----------

3.500.000

BARING

Sin embargo, también es importante resaltar que las maniobras de la banca londinense fue la más acertada. El Paraguay era una nación que contaba con poco más de 1200000 habitantes, enfrentándose a 3 países aliados (dos de ellas grandes potencias). Por tanto, con miras a recuperar los empréstitos concedidos, los aliados eran receptores mucho más viables que el Paraguay.

Posición de la República del Paraguay respecto al Uruguay

Durante el gobierno de Don Carlos Antonio López, el Paraguay había tenido una política de no intervenir en los sucesos y conflictos del Plata, no más allá de la diplomacia.

A su muerte, Francisco Solano López adopta una nueva política. Su visión era bastante clara; para mantener la soberanía patria y garantizar la seguridad de la República es de suma importancia un equilibrio de poderes en la región.

Con dicha visión, el Presidente López, advierte en un ultimátum al Brasil que cualquier ocupación temporal o permanente de territorio uruguayo sería considerada como un atentado al equilibrio de poderes del Plata, que interesa al Paraguay como garantía de su seguridad, y por tanto, sería considerado como causa de guerra.

Ocupación del Territorio Uruguayo

El Ministro consejero del Brasil, José Antonio Saraiva, presenta un ultimátum al gobierno de la República Oriental del Uruguay. El Ministro de Relaciones Exteriores de este país rechaza las reclamaciones brasileras y devuelve la nota. Por tanto, el consejero Saraiva replica anunciando al gobierno de Montevideo que las fuerzas navales y terrestres del Imperio van a dar comienzo a las represalias anunciadas en el ultimátum del día 4 de agosto de 1864.

Ante esta delicada situación, el Ministro de Relaciones Exteriores del Paraguay, José Berges, protesta ante la actitud imperial, sin embargo, esta protesta no tiene eco en el gobierno del Pedro II. Ante esta indiferencia, la Cancillería paraguaya confirma la nota protesta al ministro residente del Brasil, César Sauvan Vianna de Lima, pero tampoco recibe respuesta.

Alianza Argentina – Brasil

En fecha 11 de julio de 1864 el comisionado brasilero a la Argentina, José Antonio Saraiva, llegó a un compromiso verbal con el General Bartolomé Mitre, según el cual el presidente argentino observaría con indiferencia la ocupación del territorio uruguayo por fuerzas brasileñas.

Este acuerdo fue formalizado el 22 de agosto de 1864, fecha en que los plenipotenciarios de ambos países, reunidos en Buenos Aires firmaron un protocolo preliminar que decía:

"Reunidos en la Secretaría del Ministerio de Relaciones Exteriores S.E. el señor Ministro y Secretario de Estado de dicho Departamento don Rufino de Elizalde y S.E. el señor Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Su Majestad el Emperador del Brasil cerca del Gobierno Argentino Consejero José Antonio Saraiva, a fin de conferencia acerca de las eventualidades posibles en el Río de la Plata por la causa de la cuestión oriental, concordaron en protocolizar las siguientes declaraciones en nombre de sus respectivos gobiernos, los cuales, en virtud de los tratados vigentes, tienen el deber y el interés de mantener la independencia, la integridad del territorio y la soberanía de la República Oriental del Uruguay.

1º - Reconocen que la paz de la República Oriental del Uruguay es la condición indispensable para la solución completa y satisfactoria de sus cuestiones y dificultades internacionales con la misma República; y que auxiliando y promoviendo esa paz siempre que sea compatible con el decoro de sus respectivos países y con la Soberanía de la República Oriental del Uruguay, juzgan realiza un acto provechoso no solamente a esa República, sino también a los países limítrofes que tienen con ella relaciones muy especiales;

2º - Tanto la República Argentina como el Imperio del Brasil en la plenitud de su soberanía como Estados independientes, pueden, en sus relaciones con la República Oriental del Uruguay, igualmente Soberana e Independiente, proceder en los casos de desinteligencia, como proceden todas las naciones, sirviéndose para extinguirlos de los medios que se conocen como lícitos por el derecho de gentes, con la única limitación de que cualquiera que sea el resultado que el empleo de estos medios produzca, serán siempre respetados los tratados que garantizan la Independencia, la Integridad del territorio y la Soberanía de la misma República;

Los gobiernos argentino y de S.M. el Emperador del Brasil tratarán del ajuste de sus respectivas cuestiones con el gobierno oriental, auxiliándose mutuamente por medios amistosos, como una prueba de su sincero deseo de ver terminada la situación actual que perturba la paz del Río de la Plata".

Esta alianza, por el momento bilateral, se tornaría pronto en el documento que dio origen formalmente a la cruenta guerra: El Tratado Secreto de la Triple Alianza contra el Paraguay.

Se denota claramente, la intromisión brasileña en la situación política del Uruguay ante la actitud indiferente que asumiría el Gral. Mitre. Todo esto, se actuó con pleno conocimiento del ultimátum vertido por el gobierno paraguayo sobre una eventual ocupación del territorio oriental.

Se puede deducir entonces, que la intervención en el Uruguay no fue más que una provocación al Paraguay para obligarlo a entrar en guerra, y por otro lado, asegurarse que con el Gral. Flores al frente del gobierno uruguayo, este último se convertiría en aliado del Brasil y la Argentina, retribuyendo así la ayuda prestada por estas naciones.

Quiebre del relacionamiento con el Brasil

En nota dirigida al representante diplomático del Imperio en Asunción, la Cancillería declara rotas las relaciones con el Imperio y expresa que el gobierno nacional, al no haber recibido respuesta por la protesta presentada ni por la confirmación de la misma, se ve obligado a utilizar los medios mencionados en dicha protesta.

Apoyo de la población asuncena

Al tomar conocimiento público la actitud asumida por el gobierno para con el Imperio del Brasil, se organiza una manifestación popular encabezada por los hombres más representativos de la ciudad. Llegaron hasta la casa de gobierno y entregaron al Presidente López, un manifiesto firmado por conocidos ciudadanos, quienes ofrecían sus bienes y personas para sostener la lucha por la que pronto atravesaría la nación.

Captura del Marqués de Olinda

El buque Tacuarí captura a 200 millas al norte de Asunción, al Marqués de Olinda, perteneciente a una empresa brasileña de vapores. Viajaba en este buque, el Coronel Federico Carneiro de Campos, recientemente nombrado Presidente de Mato Grosso, quien es detenido en calidad de prisionero. Con este acto se iniciaban las hostilidades con el Brasil.

Tratado Secreto de la Triple Alianza

Una vez que se produjo la ocupación del Uruguay por tropas brasileñas, el Presidente de dicha nación, urge ayuda al Gral. López, para que en cumplimiento del ultimátum envíe tropas en defensa de la soberanía de su país.

López, sin embargo, no quiso entrar inmediatamente en hostilidades, pero ante la insistencia del enviado plenipotenciario del Uruguay, el presidente paraguayo inicia la movilización de tropas, solicitando para tal efecto permiso al gobierno argentino para que permita el paso por su territorio de fuerzas paraguayas que irían en defensa del gobierno legítimamente constituido del Uruguay. Pero obviamente, en cumplimiento de la alianza con el Brasil, Mitre negó la petición al Paraguay, razón por la cual el Congreso de la Nación declara la guerra a la Argentina, produciéndose la ocupación de Corrientes en fecha 14 de abril de 1865.

Posteriormente, el 1 de mayo del mismo año, si firma el Tratado Secreto de la Triple Alianza que textualmente dice:

Art. 1. La República Oriental del Uruguay, Su Majestad el Emperador del Brasil, y la República Argentina contraen alianza ofensiva y defensiva en la guerra provocada por el gobierno del Paraguay.

Art. 2. Los aliados concurrirán con todos los medios de que puedan disponer, por tierra o por los ríos, según fuese necesario.

Art. 3. Debiendo las hostilidades comenzar en el territorio de la República Argentina o en la parte colindante del territorio paraguayo, el mando en jefe y la dirección de los ejércitos aliados quedará a cargo del Presidente de la República. Argentina y general en jefe de su ejército, Brigadier don Bartolomé Mitre. Las fuerzas navales de los aliados estarán a las inmediatas órdenes del Vice Almirante Vizconde de Tamandaré, comandante en jefe de la escuadra de S.M. el Emperador del Brasil. Las fuerzas terrestres de S.M. el Emperador del Brasil formarán un ejército a las órdenes de su general en jefe, el brigadier don Manuel Luis Osorio. A pesar de que las altas partes contratantes están conformes en no cambiar el teatro de las operaciones de guerra, con todo, a fin de conservar los derechos soberanos de las tres naciones, ellas convienen desde ahora en observar el principio de la reciprocidad respecto al mando en jefe, para el caso de que esas operaciones tuviesen que pasar al territorio oriental o brasileño.

Art. 4. El orden interior y la economía de las tropas quedan a cargo exclusivamente de sus jefes respectivos. El sueldo, provisiones, municiones de guerra, armas, vestuarios, equipo y medios de transporte de las tropas aliadas serán por cuenta de los respectivos Estados.

Art. 5. Las altas partes contratantes se facilitarán mutuamente los auxilios que tengan y los que necesiten, en la forma que se acuerde.

Art. 6. Los aliados se obligan solemnemente a no deponer las armas sino de común acuerdo, y mientras no hayan derrocado al actual gobierno del Paraguay, así como a no tratar separadamente, ni firmar ningún tratado de paz, tregua, armisticio, cualquiera que ponga fin o suspenda la guerra, sino por perfecta conformidad de todos.

Art. 7. No siendo la guerra contra el pueblo paraguayo sino contra su gobierno, los aliados podrán admitir en una legión paraguaya a todos los ciudadanos de esa nación que quisieran concurrir al derrocamiento de dicho gobierno, y les proporcionarán los elementos que necesiten, en la forma y condiciones que se convenga.

Art. 8. Los Aliados se obligan a respetar la independencia, soberanía e integridad territorial de la República del Paraguay. En consecuencia el pueblo paraguayo podrá elegir el gobierno y las instituciones que le convengan, no incorporándose ni pidiendo el protectorado de ninguno de los aliados, como resultado de la guerra.

Art. 9. La independencia, soberanía e integridad territorial de la República, serán garantizadas colectivamente, de conformidad con el artículo precedente, por las altas partes contratantes, por el término de cinco años.

Art. 10. Queda convenido entre las altas partes contratantes que las exenciones, privilegios o concesiones que obtengan del gobierno del Paraguay serán comunes a todas ellas, gratuitamente si fuesen gratuitas, y con la misma compensación si fuesen condicionales.

Art. 11. Derrocado que sea el gobierno del Paraguay, los aliados procederán a hacer los arreglos necesarios con las autoridades constituidas, para asegurar la libre navegación de los ríos Paraná y Paraguay, de manera que los reglamentos o leyes de aquella República no obsten, impidan o graven el tránsito y navegación directa de los buques mercantes o de guerra de los Estados Aliados, que se dirijan a sus respectivos territorios o dominios que no pertenezcan al Paraguay, y tomarán las garantías convenientes para la efectividad de dichos arreglos, bajo la base de que esos reglamentos de política fluvial, bien sean para los dichos dos ríos o también para el Uruguay, se dictarán de común acuerdo entre los aliados y cualesquiera otros estados ribereños que, dentro del término que se convenga por los aliados, acepten la invitación que se les haga.

Art. 12. Los aliados se reservan concertar las medidas más convenientes a fin de garantizar la paz con la República del Paraguay después del derrocamiento del actual gobierno.

Art. 13. Los aliados nombrarán oportunamente los plenipotenciarios que han de celebrar los arreglos, convenciones o tratados a que hubiese lugar, con el gobierno que se establezca en el Paraguay.

Art. 14. Los aliados exigirán de aquel gobierno el pago de los gastos de la guerra que se han visto obligados a aceptar, así como la reparación e indemnización de los daños y perjuicios causados a sus propiedades públicas y particulares y a las personas de sus ciudadanos, sin expresa declaración de guerra, y por los daños y perjuicios causados subsiguientemente en violación de los principios que gobiernan las leyes de la guerra. La República .Oriental del Uruguay exigirá también una indemnización proporcionada a los daños y perjuicios que le ha causado el gobierno del Paraguay por la guerra a que la ha forzado a entrar, en defensa de su seguridad amenazada por aquel gobierno.

Art. 15. En una convención especial se determinará el modo y forma para la liquidación y pago de la deuda procedente de las causas antedichas.

Art. l6. A fin de evitar discusiones y guerras que las cuestiones de límites envuelven, queda establecido que los aliados exigirán del gobierno del Paraguay que celebre tratados definitivos de límites con los respectivos gobiernos bajo las siguientes bases: La República Argentina quedará dividida de la República del Paraguay, por los ríos Paraná y Paraguay, hasta encontrar los límites del Imperio del Brasil, siendo éstos, en la ribera derecha del Río Paraguay, la Bahía Negra. El Imperio del Brasil quedará dividido de la República del Paraguay, en la parte del Paraná, por el primer río después del Salto de las Siete Caídas que, según el reciente mapa de Mouchez, es el Igurey, y desde la boca del Igurey y su curso superior hasta llegar a su nacimiento. En la parte de la ribera izquierda del Paraguay, por el Río Apa, desde su embocadura hasta su nacimiento. En el interior, desde la cumbre de la sierra de Mbaracayú, las vertientes del Este perteneciendo al Brasil y las del Oeste al Paraguay, y tirando líneas, tan rectas como se pueda, de dicha sierra al nacimiento del Apa y del Igurey.

Art. 17. Los aliados se garantizan recíprocamente el fiel cumplimiento de los acuerdos, arreglos y tratados que hayan de celebrarse con el gobierno que se establecerá en el Paraguay, en virtud de lo convenido en este tratado de alianza, el que permanecerá siempre en plena fuerza y vigor, al efecto de que estas estipulaciones serán respetadas por la República del Paraguay. A fin de obtener este resultado, ellas convienen en que, en caso de que una de las altas partes contratantes no pudiese obtener del gobierno del Paraguay el cumplimiento de lo acordado, o de que este gobierno intentase anular las estipulaciones ajustadas con los aliados, las otras emplearán activamente sus esfuerzos para que sean respetadas. Si esos esfuerzos fuesen inútiles, los aliados concurrirán con todos sus medios, a fin de hacer efectiva la ejecución de lo estipulado.

Art. 18. Este tratado quedará secreto hasta que el objeto principal de la alianza se haya obtenido.

Art. 19. Las estipulaciones de este tratado que no requieran autorización legislativa para su ratificación, empezarán a tener efecto tan pronto como sean aprobadas por los gobiernos respectivos, y las otras desde el cambio de las ratificaciones, que tendrá lugar dentro del término de cuarenta días desde la fecha de dicho tratado, o antes si fuese posible.

En testimonio de lo cual los abajo firmados, plenipotenciarios de S.E. el Presidente de la República Argentina, de S.M. el Emperador del Brasil y de S.E. el Gobernador Provisorio de la República Oriental, en virtud de nuestros plenos poderes, firmamos este tratado y le hacemos poner nuestros sellos en la Ciudad de Buenos Aires, el 1º de Mayo del año de Nuestro Señor de 1.865.

ORGANIZACION DE LAS UNIDADES DE LOS PAISES BELIGERANTES

PARAGUAY

INFANTERÍA: la mayor unidad era el batallón, que se componía de seis compañías con un efectivo de 100 a 110 hombres cada una.

CABALLERIA: constituida por regimientos compuestos de cuatro escuadrones con un efectivo de 100 a 120 hombres cada uno.

ARTILLERIA: organizada en regimientos de cuatro a seis escuadrones o baterías, y cada uno de éstos contaban con 90 a 100 hombres. También disponía de batallones de artillería pesada.

ARMAMENTOS: la Infantería contaba con fusil de chispa, la Caballería, dotada de algunos regimientos con carabina lisa de chispa y otros tan solos de sable o lanza. La Artillería, era de sistema de avancarga con cañones de ánima lisa y el calibre variaba entre seis a quince centímetros. Los proyectiles eran balas esféricas y tarros de metralla. La Ingeniería contaba con dos compañías de bogavantes con la misión de construir y conducir canoas.

LOS ALIADOS

INFANTERIA: los batallones argentinos y uruguayos se componían de seis compañías y los brasileros de ocho. Las compañías tenían una dotación de 100 a 120 hombres.

CABALLERIA: los regimientos argentino contaban con cuatro escuadrones, los uruguayos con dos y con seis los brasileños. Cada escuadrón estaba compuesto de 100 a 120 hombres.

ARTILLERIA: los regimientos argentinos y uruguayos tenían cuatro y dos escuadrones respectivamente y los brasileños tenían cuatro a seis. Éstos, se componían de 90 a 110 hombres. Argentina y Brasil también tenían batallones de artillería pesada.

ARMAMENTOS: Infantería: Casi la totalidad de las unidades brasileñas contaban con fusiles rayados y también gran parte del ejército argentino y uruguayo. Caballería: Todos los regimientos se hallaban armados de carabina rayada, con lanza y sable. Artillería: Casi todas sus piezas eran de ánima rayada y el calibre entre seis a quince centímetros.

FUERZAS NAVALES

PARAGUAY: tenía una estructura naval de 15 vapores armados. Eran barcos mercantes artillados y solo el "Tacuarí", podría ser considerado como barco de guerra.

ALIADOS: Argentina: tenía una escuadra con un centenar de barcos armados y transportes. Brasil: tenía una flota compuesta de 17 acorazados con 103 cañones, 5 monitores y una escuadra de madera compuesta de casi un centenar de barcos de distintos tonelajes. Uruguay: no contaba con fuerzas navales.

Las Tres Campañas Expedicionarias

Como plan estratégico, el entonces todavía General Francisco Solano López delinea tres campañas para cumplir con los objetivos fijados:

Campaña de Mato Grosso: destinada a asestar un golpe paralizador al Brasil, como medida de previsión, cubriendo de esa manera nuestras espaldas para luego enfocar las fuerzas en dirección Sur.

Campaña de Uruguayana: destinada a cruzar por el Sur la franja colindante con el territorio argentino, con una tropa poderosa, para luego llegar al Río Uruguay, en la Región de San Borja (Río Grande do Sul) y atacar a las fuerzas brasileñas invasoras del país oriental.

Campaña de Corrientes: dirigida a la ocupación de esta provincia argentina de manera a desplegar luego las tropas hacia Entre Ríos, para luego tomar contacto con el operativo montado en el Estado de Río Grande.

Campaña de Mato Grosso

El 23 de diciembre de 1864, López, pasó revista a las tropas que al día siguiente iban a salir rumbo a Mato Grosso, con el fin de capturar las principales posiciones de dicho Estado. Se encargarían de dicha misión los Batallones 6º, 7º,10º y 30º, bajo el mando del entonces Coronel Vicente Barrios, y componiéndose de unos 3000 hombres.

Al día siguiente, el 24, partieron los expedicionarios a bordo de las siguientes embarcaciones: "Tacuarí", "Ygurey", "Paraguari", "Marqués de Olinda" (buque brasileño capturado) e "Ypora". Seguidos además del "Humaitá" y el "Coimbra" que eran artillados. Toda la escuadrilla fue reforzada por el "Jejuí" y el "Río Apa" que se encontraban en comisión al Norte.

El 26 del mismo mes, partía de Villa Concepción (actual Ciudad de Concepción), un contingente de alrededor de 3500 hombres, mayormente pertenecientes a la caballería, bajo el mando del Coronel Francisco Isidoro Resquín, con la misión de ocupar los territorios comprendidos entre los ríos Apa y Blanco. En este grupo iba el entonces sargento Bernardino Caballero, quien después llegaría a ser uno de los generales más brillantes del ejército de López.

Esta columna marchaba por tierra y estaba destinada a apoyar a la expedición naval al mando de Barrios, cuya escuadrilla bajo su mando, desembarcaba esa misma noche. Los cañoneros tomaron posición para bombardear la fortaleza enemiga y los cuerpos de infantería se aprestaban para el ataque.

El plan ideado por López era una excelente estrategia, pues aparte de reforzar y apoyar a las tropas dirigidas por Barrios, la columna bajo el mando de Resquín, también estaba destinada a frustrar posibles desbordes y tentativas de tropas enemigas.

Así pues, el 27 de diciembre, terminados los preparativos para el bombardeo y ataque al fuerte de Coimbra, Barrios envía un ultimátum al comandante de distrito, Teniente Coronel Hermenegildo de Albuquerque Porto-Carreiro, intimándolo a que se rinda en el plazo de una hora, caso contrario tomaría el fuerte por la fuerza.

La contestación al ultimátum no satisfizo a Barrios, y quince minutos después abrió fuego sobre la fortaleza enemiga hasta la noche. La misma, se encontraba defendida por 400 hombres, 11 piezas montadas en batería, más otros 20 que se hallaban almacenadas. La guarnición se hallaba formada por guardias nacionales, indios y presos. La defensa de la fortaleza era apoyada por la cañonera "Anhambaí" (2 cañones, 34 hombres), bajo el mando del Teniente 1º Balduino de Aguiar.

El día 28, prosiguiendo el bombardeo, el Sargento Mayor Antonio Luis González, al frente del 6º Batallón, avanza sobre la posición enemiga con una tropa de reconocimiento. En esta acción, las bajas paraguayas llegaron a 200, debido a que no se contaba con los elementos para penetrar el fuerte. Esto, sirvió al Coronel Barrios para preparar una nueva estrategia de ataque para el día 29. Sin embargo, la noche antes, Porto-Carreiro reúne un consejo que decide abandonar el fuerte, trasladándose los enemigos para Corumbá.

El 29 entonces, los paraguayos tomaron Coimbra y una vez establecidas las nuevas posiciones, el Coronel Barrios avanzó sobre las guarniciones de Albuquerque y Corumbá. Por disposición del comandante, los vapores brasileños en huída fueron perseguidos por el "Ypora" y el "Río Apa", bajo del mando del Teniente Andrés Herrero, consiguiendo esta expedición dar alcance a la flota enemiga y batir a unos vapores, hundiendo y apresando otros.

Ese mismo día el Capitán Martín Urbieta, al frente de 220 paraguayos desprendidos de la columna al mando del Coronel Resquín, ataca la guarnición brasileña asentada en la colonia El Dorado, en la frontera de Mato Grosso. El destacamento fue derrotado tras un breve combate en que resultó muerto, el Teniente Antonio Juan Ribeiro, comandante de la guarnición.

El 31 del mismo mes y año, las fuerzas victoriosas de Coimbra, arriban a Albuquerque en persecución de las tropas del Teniente Porto-Carreiro. Al encontrar las plazas desiertas, Barrios tomó posesión de todas ellas.

El 1 de Enero de 1865, las tropas brasileñas, al mando del Coronel Augusto de Oliveira guarnecían Corumbá y al ser informadas del avance de las tropas del Coronel Barrios, abandonan dicho puerto a bordo de la cañonera "Jacobina".

El día 2, las tropas de barrios ocupan la plaza de Corumbá y él, despacha al "Río Apa" e "Yporá", en persecución de los fugitivos de dicho puerto. Ese mismo día, las fuerzas comandadas por el Coronel Resquín, ocupan la población brasileña de Nioac, en Mato Grosso, sin encontrar resistencia alguna.

El 6 de enero, es apresada la cañonera "Anhambahí" que posteriormente pasa a engrosar la fuerza naval paraguaya con el nombre traducido de "Amambai". Horas antes, los mismos barcos paraguayos capturan el barco "Jacobina", que en ese momento transportaba gran cantidad de municiones y víveres.

El 10 de ese mismo mes, muere en El Dorado, el Teniente Andrés Herrero, quien se había quedado en ese lugar mientras transportaban a los buques paraguayos las municiones encontradas en dicho fuerte.

Se solicita a la Argentina paso por su territorio

El 6 de febrero, el señor Luis Caminos, mensajero especial de la Cancillería paraguaya, entrega al Ministro Elizalde, nota del gobierno de López, solicitando paso de sus tropas por el territorio de Corrientes.

Convocatoria a un Congreso

En virtud de los acontecimientos internacionales que estaban en progreso, el Presidente de la República, General Francisco Solano López, dicta un decreto convocando al Soberano Congreso a fin de que este cuerpo se abocase al estudio de la situación reinante en la región. En efecto, este Congreso inicia sus deliberaciones en fecha 15 de marzo del año 1865.

El 18 de marzo, culminan las deliberaciones del Congreso convocado por López, aprobándose los actos del Poder Ejecutivo contra el Imperio del Brasil; declara la guerra al gobierno argentino; autoriza la emisión de papel moneda en la cantidad que se estime necesaria para solventar los gastos de guerra; autoriza la contratación de un empréstito europeo por valor de cinco millones de libras esterlinas y confiere al General López, el grado de Mariscal de Campo y le faculta a promover a seis brigadieres y tres generales de división.

Campaña de Uruguayana

Esta campaña fue lanzada con posterioridad a la de Mato Grosso, pero la organización del ejército que se encargaría de llevar a cabo la misión fue organizada muchos meses antes que dicha campaña.

En los comienzos de abril de 1864, el Gral. López encargó esa misión al Sargento Mayor Pedro Duarte. Así, a mediados de ese mismo mes, este jefe partió rumbo al sur, con el mandato de organizar en la Villa Encarnación (hoy Ciudad de Encarnación), un ejército que se componga de 10.000 hombres y adiestrarlo en el manejo de las tres armas.

A su llegada al destino señalado, Duarte ordenó a las autoridades de la zona a que se presenten todos los ciudadanos hábiles para prestar el servicio militar. Respondieron a este llamado los pueblos de Encarnación, San Cosme, Bobí, San Pedro y Carmen del Paraná, Jesús y Trinidad.

El 27 de abril de 1865, el Teniente Coronel Antonio de la Cruz Estigarribia se hace cargo del ejército destinado a cumplir la misión de Uruguayana, pasando el Sargento Mayor Pedro Duarte a ocupar el puesto de segundo comandante.

Una semana después de ocurrido el cambio de comandante, aquellos 10.000 hombres iniciaron marcha hacia el río Uruguay, llevando consigo cinco piezas de artillería de calibre 3 y 5, veinte canoas y treinta carretas con víveres y provisiones diversas. Llegaron unos días después, sosteniendo algunas batallas con tropas enemigas a cuyo frente se encontraban los Coroneles argentinos Paiva y Reguera, siendo estos últimos derrotados por el ejército paraguayo. Contrariando la orden del Mariscal de cruzar el río por el paso llamado Los Garruchos, el Teniente Coronel Estigarribia realizó el cruce por el paso hormigueros.

Partes: 1, 2, 3

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