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Regionalización en el Perú

Enviado por ROYER Ñ. N



Partes: 1, 2

  1. El centralismo
  2. Regionalización ¿solución al centralismo?
  3. El proceso de conformación de regiones
  4. Conclusiones
  5. Bibliografía
  6. Anexos

INTRODUCCIÓN

Una característica estructural de la sociedad peruana es la concentración del poder político y económico, lo que ha generado un profundo desequilibrio entre Lima y las regiones. Se pone así en evidencia que la exclusión social y económica tiene también una dimensión territorial.

Las regiones tienen el rol de periferia subordinada a un bloque dominante, nacional y transnacional, que ha sido incapaz de construir un proyecto de desarrollo inclusivo durante nuestra historia republicana. La forma centralizada y autoritaria de ejercicio del poder ha facilitado la imposición de una estructura social con profundas inequidades y desequilibrios sociales.

La exigencia por transformar esta realidad está presente desde nuestra primera Constitución, en la cual se planteó el debate entre centralismo y federalismo. Desde entonces, los sectores dominantes han tenido la capacidad y, sobre todo, la fuerza para bloquear y frustrar los diversos intentos descentralistas, en el marco de la preservación de una sociedad muy excluyente.

Los desequilibrios territoriales se profundizaron en los años noventa, durante los cuales el fujimorismo aplicó el modelo neoliberal mediante un régimen político autoritario, que encontró las condiciones adecuadas para su desenvolvimiento luego del fracaso del gobierno aprista y la crisis general del sistema de partidos.

Para imponerse, el régimen impulsó una estrategia orientada a debilitar el rol del Estado, de las instituciones básicas de la democracia, del sistema de partidos y de las diversas formas de organización de la sociedad. La hiperconcentración del poder fue un aspecto sustancial del modelo autoritario.

El colapso del régimen fujimorista abrió una nueva posibilidad para institucionalizar la democracia en el Estado y la sociedad peruana. En ese marco favorable, la descentralización logró abrirse espacio y, junto con la participación, se constituyeron en componentes significativos del proceso político democrático. Los cuatro años de transición nos han mostrado los serios problemas que deben enfrentar nuestras sociedades para avanzar en la consolidación del régimen democrático. La incapacidad, la debilidad y la falta de liderazgo del gobierno toledista son sin duda algunos factores, pero son sólo parte del problema.

Continúan vigentes los ejes fundamentales del modelo económico del fujimorismo, con un crecimiento sostenido que es al mismo tiempo profundamente excluyente y generador de mayor pobreza y desigualdad. Continua vigente la necesidad de resolver el problema del centralismo de nuestro país.

CAPITULO I

EL CENTRALISMO

  1. ANTECEDENTES HISTORICOS DE LA REGIONALIZACIÓN

La historia de la división política del territorio peruano esta llena de creaciones, desmembraciones, recategorizaciones y redenominaciones, hechas sobre la base de la división político administrativa existente a fines de la colonia. Los criterios para dichos cambios no siempre han sido uniformes y de alguna manera han sido impulsados ya sea por intereses políticos o económicos regionales o no, por movimientos reivindicativos regionales, por razones geopolíticas o por razones de índole administrativa y fiscal.

Sin embargo, tal como se afirma: hay que considerar que los cuadros demarcatorios de carácter político que el país a tenido en las diversas épocas de su existencia, no siempre han correspondido a las reales exigencias de su geografía y desarrollo social; así tenemos:

DEMARCACIÓN COLONIAL

En 1782 el territorio nacional estaba dividido en seis intendencias: Lima, Cusco; Arequipa, Trujillo, Huancavelica, Huamanga, Tarma y más tarde Puno. Además las intendencias se dividían en partidos, en un total de 56. las luchas por la independencia trajeron consigo la necesidad de controlar el territorio por parte de los españoles. Vidaurre escribió 1810, "Que nunca se confiase a un individuo aislado mas poder que el necesario al fin para el cual su autoridad fue instituida; que a mayor poder hubiese menos tiempo de guerra y que estas fueran evitadas mediante el orden interno".

La división y demarcación territorial del poder político militar incumbían en aquellos años a los españoles, en vista de lo cual:

"La Real orden del 31 de mayo de 1821, señala el ultimo intento de España por adoptar su organización a los nuevos tiempos. En dicha real orden se propugna la organización de juntas encargadas de un plan de división política del territorio, teniendo presente: primero, los limites naturales (ríos, montañas, etc. segundo, que haya proporción en la extensión y las distancias; tercero: que se distribuya equitativamente las riquezas en todas las ramas, haciendo discreta combinación".

Este ultimo intento de demarcación política del Perú por parte de los españoles parece coincidir con los planteamientos que hace Pulgar Vidal. Sin embargo dicha real orden no llego a concretarse pues ese año se proclamo la independencia.

La regionalización colonial tuvo un carácter administrativo tributario.

2.- DEMARCACION REPUBLICANA

En 1821 San Martín transformo las intendencias en departamentos y los partidos en provincias. Pero solo con la constitución de 1823 cambiaron los criterios y la legislación para la demarcación territorial. En esta constitución se adaptaron al Perú las juntas departamentales, ya vigentes en Europa, que dada su inspiración liberal otorgaban atribuciones mas o menos amplias a los organismos locales y Regionales.

A partir de entonces la historia de la regionalización del Perú, si existe alguna, será la de intentos de demarcación territorial a priori, creando y cambiando los limites y las instituciones regionales de control administrativo y político.

Hagamos una breve síntesis de los principales intentos de descentralización y de regionalización hechos por los diferentes gobiernos:

  1. La constitución de 1828, adopto un sistemas de juntas departamentales como gérmenes de futuros parlamentos federales, otorgándoles atribuciones de orden político administrativo, eclesiástico, y judiciales; Dentro de cada territorio departamental con el objeto de limitar la influencia del poder central, especialmente en lo administrativo. El intento se trunco dado que no sé previo una descentralización económica.
  2. Una ley de 1873 restableció los consejos departamentales y municipales, con algunas atribuciones para administrar la economía de los departamentos provincias y distritos.
  3. Después de la guerra con Chile y bajo la forma de una ley 1880, se trato de realizar una descentralización, sobre todo fiscal de manera tal que los impuestos recaudados en cada zona fueran utilizados en provecho de la misma zona.
  4. La constitución de 1919 crea los congresos regionales con el objeto de promover el desarrollo regional y local. Además promueve la división transversal del país aunque sin fundamentación practica.
  5. La constitución de 1923 establece nuevamente los consejos departamentales en los lugares que la ley señala reconociéndoles autonomía administrativa y económica.

Como se observa todos los cambios antes mencionados concuerdan con el largo debate sobre el centralismo y descentralismo, comprendido básicamente en sus aspectos administrativos. Las sucesivas transformaciones de juntas en consejos, en congresos departamentales, tuvieron como escenario territorial la demarcación y reconocimiento de los limites territoriales de cada departamento y sus respectivas sub. Divisiones como las que tenemos actualmente

La descentralización fue una oferta política que propusieron todos los partidos políticos y movimientos que participaron en las pasadas Elecciones Generales por lo cual el actual gobierno Constitucional tiene el compromiso ineludible e impostergable de impulsar este proceso en razón de importantes fines y objetivos que representan para el desarrollo y bienestar general de la Nación.

Cien años más tarde el problema no había cambiado en lo más mínimo, y, en todo caso, se había agravado. "Uno de los vicios de nuestra organización política es, ciertamente, su centralismo" –dijo con claridad meridiana José Carlos Mariátegui en la década del 20, en Regionalismo y Centralismo, el sexto de sus célebres 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana–.

Ya en esa época el crecimiento de la capital era el centro de encendidos debates y serias preocupaciones; no obstante, el censo de 1920, había reportado una población que "apenas" llegaba a 230 000 habitantes es decir, tenía el tamaño y población de uno de los distritos más chicos de la Lima actual . En el debate de entonces, los más optimistas es decir, los más "centralistas", los más ilusos, los más equivocados, auguraban a la ciudad un fantástico porvenir. No se equivocó en cambio Mariátegui, que, apoyado en sólidos razonamientos y contrastaciones, advirtió las debilidades intrínsecas de Lima y  del centralismo. Ni se equivocaron todos aquellos que en las décadas siguientes volvieron a insistir en las debilidades de la ciudad

1.2 CENTRALISMO HISTORICO EN EL PERÚ

Al observar detenidamente la historia contemporánea del Perú se puede vislumbrar distintos intentos fallidos por descentralizar o desconcentrar el poder político y económico. Cabe anotar que existen diferencias entre descentralizar y desconcentrar, el primero alude al hecho de realizar una reforma profunda mediante un proceso de devolución de poderes políticos, administrativos y económicos del gobierno central a las entidades subnacionales de gobierno. Mientras que el segundo, tal como su nombre lo dice, radica en la delegación del ejercicio de las competencias desde el nivel de gobierno central hacia los niveles de gobierno subnacionales. En el Perú se apunta hacia un proceso de descentralización, que sea permanente, se realice por etapas y que tenga como objetivo fundamental el desarrollo integral del país (texto modificado del Capítulo XIV de la Constitución Política del Perú).

El Estado peruano es unitario y, al igual que la mayoría de naciones latinoamericanas, se ha caracterizado por ser centralista. Esto significa que todas las decisiones que afectaban a los distintos departamentos del país eran tomadas por el Gobierno Central desde Lima, la capital. El centralismo político, administrativo y económico, lo arrastramos desde la época colonial, cuando el Virrey concentró el poder político y económico en la capital, en cuanto recaudación de impuestos y decisiones de gobierno.

El centralismo político dio paso al centralismo económico, favoreciendo el crecimiento urbano y costeño, en desmedro de las economías regionales o locales. De este modo, el país ha oscilado entre el centralismo e intentos de descentralización sin mucho éxito. Recién en el 2001, se tomó una decisión concreta y de consenso nacional, de iniciar un proceso de descentralización en el país. Decisión que se vio plasmada en la Reforma Constitucional del Capítulo XIV del Título IV, sobre Descentralización.

La descentralización es un proceso de largo plazo y una forma democrática de organizar nuestro país. Con la descentralización las regiones podrán elegir su propio plan de desarrollo, priorizando sus necesidades.

La descentralización busca hacer frente a los problemas -y sus consecuencias- generados por el centralismo, como por ejemplo:

  • Que más de la mitad de la industria se encuentre en Lima
  • Que uno de cada tres peruanos viva en Lima
  • Que más del 90% de los ingresos esta en manos del gobierno central
  • Que más del 80% de los gastos estén en manos del gobierno central

La descentralización es, por eso, una oportunidad para un desarrollo más justo.

Por eso, la descentralización no es la realización de una o más obras en los lugares apartados de nuestro país, ni la satisfacción inmediata de las demandas que hoy existen, tampoco la simple transferencia de recursos.

1.3 CIFRAS CONCLUYENTES DE LA CENTRALIZACIÓN

¿Puede alguien demostrar que otro pueblo del mundo adolece de tan graves evidencias de centralismo como las que exhibe el Perú?

Los hombres y mujeres del Perú, es decir, por lo menos nosotros, los peruanos, debemos tener absoluta conciencia de que el área metropolitana Lima–Callao, respecto del total del país, concentra:

  • 32 % de la población,
  • 33 % de las universidades
  • 35 % de la población estudiantil
  • 40 % de los maestros
  • 46 % de la energía hidráulica producida
  • 50 % de la capacidad de consumo
  • 51 % de los trabajadores estatales,
  • 55 % del Producto Bruto Interno,
  • 55 % de los médicos,
  • 57 % de los estudiantes universitarios,
  • 63 % de los abonados telefónicos,
  • 70 % de los profesionales de la salud,
  • 75 % del Producto Bruto Industrial,
  • 80 % de la inversión privada,
  • 80 % de los préstamos de la banca comercial,
  • 80 % de las clínicas,
  • 85 % de los establecimientos industriales,
  • 85 % de la generación de impuestos,
  • 85 % de la inversión pública se decide en Lima,
  • 87 % de los consultorios,
  • 90 % de los servicios comerciales,
  • 90 % de los servicios financieros,
  • 96 % de la recaudación de impuestos,
  • 97 % de los gastos estatales se deciden en Lima.

En muchísimos aspectos, pues, el Perú está casi íntegramente concentrado en Lima.

O, mejor, muchísimos de los intereses de los peruanos están casi totalmente reunidos en la capital. Conste, sin embargo, que el área Lima– Callao abarca sólo el 0.3 % del territorio del país.

En ese inaudito contexto, cómo extrañarnos entonces de que en las manos de sólo cuatro personas (los ministros de Economía, de la Presidencia, Interior y Defensa) esté el 72 % del presupuesto del país.

El centralismo del Perú, pues, por donde se mire, ha adquirido ya dimensiones inauditas.

¿Cuál es el problema? ¿Por qué es un problema? Quizá la expresión más ostensible del centralismo sea la abrumadora concentración de la población de un país en su capital. En el caso del Perú –como está dicho– en Lima se ha reunido el 32 % de los peruanos. Complementariamente, una información muy reciente revela que el 46 % de la población peruana habita en "60 kilómetros cuadrados". Es decir, ¡en el 0.005 % del territorio!

Hacia 1700, escasamente el 3 % de los pobladores de lo que hoy es el Perú habitaban en la ciudad de Lima. En 1830, sin embargo, esa cifra ya se había elevado a 5 %. Es decir, se había dado un muy significativo incremento de casi 70 %. En 1940, esto es, en un plazo históricamente muy breve, ese porcentaje prácticamente se había duplicado: alcanzaba ya el 9 %. De allí en adelante, el fenómeno de concentración urbana en Lima siguió produciéndose, pero a un ritmo absolutamente vertiginoso.

Sucesivamente alcanzó 18, 27 y 32 % de la población del país en 1961, 1981 y 1998, respectivamente . Esa concentración poblacional en Lima no resulta asombrosa por sí sola. Causa asombro por comparación. Es decir, al cabo de constatar que, en esos mismos tres siglos, en ninguna capital de Europa ni en EEUU –nuestros referentes más socorridos– ha ocurrido nada que remotamente pueda parecérsele.

Así, París reúne al 16 % de la población de Francia, Londres al 12 % de los británicos, Berlín escasamente al 4 % de los germanos y Washigton apenas el 0.6 % de los estadounidenses. Resulta pues raro, inusitado y digno de observación, el fenómeno que se ha presentado en el Perú.

Mas lo inusual y extraordinario no tiene necesariamente tampoco por qué constituir un problema. Y, en este caso, ni siquiera por el hecho de que el explosivo crecimiento urbano ha significado cubrir con asfalto y cemento miles de hectáreas de arenales y laderas y más de 15 000 hectáreas agrícolas en los valles de Lima que bien podían recuperarse ampliando la frontera agrícola en otros lados del territorio del país .

El explosivo crecimiento poblacional de Lima asomó como un serio y gravísimo problema sólo cuando se tuvo conciencia de que:

1) Era el resultado de una aluviónica migración de pobrísimos campesinos y de no menos pobres y desocupados jóvenes de pequeños pueblos, villorrios y caseríos andinos, que llegaban a la capital en busca de las oportunidades que total y absolutamente les venía negando la República en su propio lugar de nacimiento;

2) La ciudad genera nuevas frustraciones, de las expectativas –contexto de vida nuevo y moderno, castellanización, y mayores posibilidades de esparcimiento, por ejemplo– con que llegan los recién migrados;

3) La ciudad es incapaz de resolver la demanda más acuciante de los migrantes: trabajo digno y bien remunerado;

4) En ausencia de alternativa, los migrantes informalizan total y absolutamente la ciudad, "calcutizándola", invaden y bloquean pistas y veredas;

5) El país no ha sido aún capaz de sustituir, con nuevos terrenos agrícolas o con mayor productividad, las tierras urbanizadas, acrecentándose así la demanda externa de alimentos, y la inflación de precios de la producción interna;

6) La ciudad es incapaz de ofrecer a los migrantes, en cantidad y calidad, los servicios urbanos que tradicionalmente venía prestando a sus antiguos pobladores –pistas, parques, agua y desagüe, electricidad, recolección de desechos, etc.–;

7) Al no crecer proporcionalmente la oferta de servicios, los limeños, pero en particular los sectores medios, han visto resentida seriamente la calidad de los que venían recibiendo, pero, muy especial y significativamente, el de la seguridad, en la vivienda y en las calles.

El fenómeno, no obstante, generaba simultáneamente otra gravísima manifestación: el resto del territorio del país, en lugar de verse cada vez más poblado, físicamente más y mejor ocupado, y racionalmente mejor explotado, quedaba, por el contrario, cada vez más deshabitado, abandonado y deplorablemente trabajado y explotado. Todo ello, en el área andina, en la Amazonía, y en las zonas de frontera, acusaba niveles dramáticos.

Así, el centralismo, cobraba un altísimo costo de oportunidad –por producción no obtenida– por sobre todo, en la agricultura, ganadería y minería. Pero también un altísimo costo en términos de seguridad nacional: a más espacios desocupados, mayor vulnerabilidad y mayores costos en Defensa.

Es decir, el centralismo, en uno y otro lado de la cuestión –en el centro y en la periferia–, se presenta como un problema de mayúsculas proporciones, y de trascendentes repercusiones, algunas de las cuales –como se verá– aún no se ponen del todo de manifiesto y otras quizá son incluso insospechadas.

CAPITULO II

REGIONALIZACIÓN ¿SOLUCIÓN AL CENTRALISMO?

2.1 REGIONALIZACIÓN

Desde tiempo atrás, los estados que imperaron en el Perú buscaron la descentralización y para ello dividieron el territorio en regiones, con miras a organizar mejor el espacio territorial; y que esto a su vez permita un desarrollo integral. En razón a ello se han planteado en la actualidad varios modelos de regionalización, basado en criterios geográficos, económicos, políticos, históricos y geopolíticos. Lo que se debe tener en cuenta es que el modelo que se asuma debe ser producto de un enfoque multidisciplinario y que cada región goce de autonomía en beneficio de su propio desarrollo. Se define como región a las unidades territoriales geoeconómicas, con diversidad de recursos naturales, sociales e institucionales, integradas, histórica, económica, administrativa, ambiental y culturalmente, que comportan distintos niveles de desarrollo, especialización y competitividad productiva, sobre cuyas circunscripciones se constituyen y organizan gobiernos regionales (Ley de Bases de la Descentralización n° 27783).

2.2 MODELOS DE REGIONALIZACIÓN

2.2.1 Regionalización transversal

Propuesto por Javier Pulgar Vidal, con el objetivo de que cada región pueda contar con recursos naturales de las tres regiones Costa, Sierra y Selva). Bajo este planteamiento surgen un total de nueve regiones político-administrativas. Posteriormente, en 1987, Pulgar Vidal presentó un nuevo proyecto de regionalización transversal, pero esta vez consideró %la existencia de solo cinco regiones. Para consolidar este modelo de regionalización, se hace necesario que se integre el territorio nacional con carreteras de penetración; pero este proceso tendría grandes dificultades por la presencia de los Andes.

2.2.2 Regionalización geopolítica

Planteado por Edgardo Mercado Jarrín, quien considera la conformación de cinco núcleos de cohesión, bajo los criterios geoeconómicos, geohistóricos y geoestratégicos. Los cinco núcleos propuestos, son las áreas más desarrolladas en lo amplio del territorio nacional, permitiendo que estos núcleos generen influencias hacia el resto del territorio (espacio de crecimiento).

1) Núcleo norte (secundario) comprende las ciudades de Chimbote, Trujillo y Chiclayo. Este núcleo ejercería influencia hacia Cajamarca, Tumbes, Piura, Amazonas, San Martín y Huánuco (.lado occidental).

2) Núcleo centro oriental (primario) tiene como sede a Lima Metropolitana, el cual llegará a tener influencia hacia Pasco, Junín, Pucallpa, Ica y Huancavelica.

  1. Núcleo sur medio oriental (terciario) la ciudad que asume el papel de mayor desarrollo es Cusco y este ejercerá influencia hacia el sur de lca, Ayacucho, Apurímac y Madre de Dios.

4 Núcleo Sur (secundario) tiene como sede a la ciudad de Arequipa y su área de influencia comprende Moquegua, Tacna y Puno.

5) Núcleo Amazónico (terciario). El centro de¡ núcleo se ubica en Iquitos, el cual ejercerá influencia a todo el departamento de Loreto.

2.2.3 Propuesta de Regionalización del Ejecutivo

Proceso que tuvo como objetivo principal lograr la descentralización político administrativa, pero debido a la falta de una adecuada planificación así como por intereses de los gobiernos de turno tanto local como nacional fue desestimada, teniendo tan solo una vigencia limitada. Para su ejecución se contó con un marco legal como es la Ley de Bases de Regionalización No 24650 que fue publicado el 11 de febrero de 1 988. Durante el proceso de regionalización no se llegó a crear la región Lima, pues existían serias pugnas con la Provincia Constitucional del Callao. A partir de 1990 se restauró el sistema departamental - creando las CTAR (Consejo Transitorio de Administración Regional), que administran los 24 departamentos. Las CTAR terminaron sus funciones el 1 de enero del 2003. En esta fecha el Perú se dividió políticamente en 25 regiones administrativas, excepto a Lima-Metropolitana que no integra ninguna región, razón por la cual la ley orgánica de regionalización debe difundir con claridad las funciones y competencias de cada gobierno regional. La sede de cada gobierno es la capital del departamento respectivo.

Estructura del gobierno regional

(Ley de Bases de Gobiernos regionales - 27867)

Presidencia Regional

Organo ejecutivo del gobierno regional.

Representa a la región legalmente.

Convoca sesiones.

Promulga normas.

Dicta decretos y resoluciones.

Formula el plan de desarrollo.

Administra el patrimonio regional.

El gobierno regional se renueva cada 4 años.

Consejo Regional

Organo normativo y fiscalizador del gobierno regional.

Conformado por el presidente y el vicepresidente regional, además de los consejeros de las provincias de cada región.

Se reúne 2 veces al mes

Aprueba normas que regulen las labores del gobierno.

Gerencia Regional

Tiene la función administrativa, mediante un Gerente Regional.

Son responsables legal y administrativamente por sus actos.

Son nombrados por el Presidente Regional.

Funciones generales del gobierno regional

Planifica y promueve el desarrollo y economía regional.

Busca fuentes de financiamiento para el logro de sus objetivos.

Realiza un manejo sostenible de los recursos naturales, culturales y ambientales.

Presidentes Regionales elegidos el 2002

Después de ser elegidos mediante elecciones, muchos de ellos contarán con el respaldo de su mayoría en cada consejo regional, lo que significa una gran ventaja para poder aprobar sus propuestas. Pero los gobiernos regionales deben coordinar con el gobierno central, con miras a lograr la unidad política, económica. Los actuales presidentes regionales gobernaron hasta el 2006.

Región

Presidente

Partido político

1) Ucayali

2) Tumbes

3) Tacna

4) S. Martín

5) Puno

6) Piura

7) Pasco

8) Moquegua

9) M. de Dios

10) Loreto

11) Lima

12) Lambayeque

13) La Libertad

14) Junín

15) lca

16) Huánuco

17) Huancavelica

18) Cusco

19) Cajamarca

20) Ayacucho

21) Arequipa

22) Apurímac

23) Ancash

24) Amazonas

25) Callao

Edwin Vásquez López

Iris Medina Feijoó

Julio A. Alva Centurión

Max Ramírez García

Daniel Jiménez Sardón

César Trelles Lara

Víctor R. Espinoza Soto

María Cristala Constantínides

Rafael Ríos López

Robinson Rivadeneira Reátegui

Miguel Ángel Mufarech

Yehude Simón Munaro

Homero Burgos Oliveros

Manuel Duarte Velarde

Manuel Tello Céspedes

Luzmila Templo Condezo

Salvador Espinoza Huarocc

Carlos Cuaresma Sánchez

Luis Pita Gastelumendi

Werner Omar Quezada Martínez

Daniel Vera Balión

Luis Beltrán Barra Pacheco

Freddy Ghilardi Álvarez

Miguel Reyes Contreras

Rogelio Canchez Guzmán

Independiente

APRA

APRA

APRA

Independiente

APRA

Independiente

Somos Perú

Nueva Izquierda

Independiente

APRA

Independiente

APRA

Independiente

APRA

Independiente

Independiente

FIM

APRA

APRA

APRA

Independiente

APRA

APRA

Perú Posible

2.3 EL RETROCESO DE LA DESCENTRALIZACIÓN EN EL GOBIERNO DE ALBERTO FUJIMORI

Alberto Fujimori destruyó la descentralización formando un Estado hipercentralista mencionando a Manuel Dammert Ego Aguirre. Según este importante sociólogo Peruano, el Gobierno central de ese entonces anula las 11 regiones creadas en el Gobierno Aprista reemplazándolas por los Consejos Transitorios de administración Regional (CTAR) asumiendo las mismas funciones de los Gobiernos eliminados hasta que se elijan a nuevas autoridades.

Con la creación del Ministerio de la Presidencia (MIPRE) en el año 1992, los CTARES toman más poder debido a que el MIPRE se convierte en el ente coordinador con las regiones proporcionándoles más recursos. Según la constitución aprobada en 1993, las autoridades de los CTARES debían ser elegidas en el año 1995. Esto no se dio por razones autoritarias y centralistas admitiendo más bien la creación de 12 CTARES más de las 12 ya existentes. Vale decir que todos los departamentos del Perú debían ser convertidos en regiones administradas por el Poder Central.

El presidente Regional era elegido por el Presidente de la República y esta autoridad acordaba con un Consejo de Coordinación conformada por los alcaldes provinciales. De este modo, se eliminaba al Gobierno Regional como el segundo nivel del Gobierno dando cabida a un Estado centralista instalado en la hipercefálica Lima.

Con respecto a los Gobiernos Locales (entes Provinciales y municipales), el régimen corrupto buscaba subordinar a las municipalidades quitándoles responsabilidades y entregándoles programas asistenciales buscando así la dependencia de ellas alrededor del Centro Nacional. Estos programas son:

- El Instituto Nacional de Fomento Educativo (INFES)

  • Programa Nacional de Asistencia Alimentaria (PRONAA).
  • Programa Nacional de Agua Potable (PRONAP)
  • Fondo Nacional de Compensación y Desarrollo Social (FONCODES).

De este modo, estas funciones que eran de responsabilidad de los Gobiernos Locales pasan a manos del Gobierno Central desmantelando en sus funciones a los municipios. Quiero añadir que estas políticas se hicieron para que los habitantes de las provincias se convirtieran en sujetos pasivos dependientes para que a raíz de todo lo que haga el Ejecutivo, voten nuevamente por el Gobernante por las funciones que este estaba realizando a favor de estas provincias. Con ello se mantenía la legitimidad del Poder y las Autoridades elegidas simplemente iban a servir de pantalla formándose así las clientelas y prebendas que tanto daño hacen al país.

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