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Agricultura y capitalismo en Colombia. La interpretación de las relaciones precapitalistas en las actividades agrícolas




Monografía destacada
  1. La integración de historias desde comunidades del Departamento del Atlántico
  2. Aproximaciones a la historia local
  3. La obligada complementariedad de la historia
  4. Origen y dinámica de oficios y grupos socioeconómicos. Abriendo nuevos senderos
  5. Situación socioeconómica en los oficios y actividades. Su posición frente a la producción

1. LA INTEGRACIÓN DE HISTORIAS DESDE COMUNIDADES DEL DEPARTAMENTO DEL ATLÁNTICO

"Las inteligencias son como los paracaídas: sólo funcionan

cuando están abiertos". (L. Pauwels y J. Bergier)

La última década del siglo XIX trae una serie de cambios que en materia agrícola se habían presentado a partir de la segunda mitad del siglo XVIII en la agricultura colonial, provocada por causas internas y externas, que van a determinar el desarrollo histórico del país durante el siglo XIX. Por ejemplo, como cambios internos - que fueron los primeros en presentarse-, la Mita Agraria establecida a principios del siglo XVII, empieza a perder importancia, al utilizar la Hacienda nuevas formas laborales a mediados del siglo XVIII, combinado con la decadencia de los Resguardos que eran los proveedores de fuerza de trabajo y alimento para los pequeños núcleos urbanos, afectados por la irrupción de la Mita, con la cual se había iniciado la disolución de las comunidades indígenas.

Sobre el particular, Fabio Zambrano Pantoja se muestra de acuerdo con lo que plantea Margarita González con respecto a la extinción de los Resguardos, cuando dice: "La producción de alimentos comenzó a ser realizada por la Hacienda, la que no sólo se beneficiaba del deterioro de la economía de los Resguardos sino que lo propiciaba.

En efecto, al ser desplazados los Resguardos, se traducía una buena parte en un engrosamiento de la población que residía en las Haciendas." (1982, 139). Por otro lado, al expandirse territorialmente la Hacienda, se presentaba la pérdida de bienes territoriales para los indios y el decrecimiento de la producción en los Resguardos como resultado de las normas de la Hacienda, la cual favorecía directamente, según Zambrano Pantoja, "el desarrollo de la productividad de éstas, vinculados a un comercio cada vez más extenso." (140).

También el proceso acelerado de mestizaje durante el siglo XVIII cambia la composición étnica de la población colonial y permite que la Hacienda incorpore recurriendo a nuevas formas de contratación, fuerza de trabajo diferente a la indígena o a la esclava. Por eso, al poco tiempo de desaparecer la Mita Minera, sucumbe la Agraria, y empieza a surgir el arrendamiento y con ello aparece el peonaje agrario como forma de trabajo libre. Las causas externas se pueden remitir a las reformas borbónicas planteadas a mediados del siglo XVIII con las que la Corona Española comienza a establecer nuevas relaciones con sus colonias, obligada por el querer recuperarse económicamente. Carlos III con una nueva visión del Estado español establece una relación con las colonias, distinta a las que rigieron en los dos siglos anteriores. Comenzó a estimular las economías coloniales para que éstas se convirtieran en proveedoras de productos primarios, a la vez que se convertían en mercado para las manufacturas españolas.

En el contexto colonial plantea el citado Zambrano, "estas transformaciones implicaban cambios internos en la economía colonial. Así, la tierra adquiere más importancia como factor productivo y comienza a convertirse en objeto de comercio, a ser poseída por propietarios privados con libertad para comprarla y venderla." (140).

La comercialización de la tierra en aras de la productividad, si se le independiza (como en efecto ocurrió para defender la escalada de usurpación masiva) de los fenómenos conexos que generó en contra de los propietarios naturales, constituyó una clara ruptura con las antiguas relaciones, y la aparente benévola política de protección de los derechos de los indígenas sobre la tierra comunitaria fue consolidando a través del establecimiento de la Real Cédula (del 2 de agosto de 1780) el dominio privado sobre la tierra. De todas estas transformaciones se fue gestando el aparecimiento del campesinado, de la fuerza laboral indígena que al decir de Orlando Fals Borda, "tomó cursos diferentes, con una parte permaneciendo libre o dispersa, otra organizándose en resguardos y otra fijándose a la Hacienda. Luego se añadieron los esclavos provenientes de Africa. Unos vinculados también a la Hacienda. Finalmente se sumaron otros grupos de labradores pobres provenientes de la misma España, o mestizos y otros desplazados de los pueblos de indios y de las parroquias de blancos recién fundadas". (1975, 52).

Al presentarse la propiedad individual sobre la tierra ? lo contrario de los Resguardos- de una clase de personas dispuestas a desarrollar la producción agropecuaria en beneficio de un mercado metropolitano (España), se quería justificar el sentido más racional de las reformas introducidas. En cierta medida, en la Costa Atlántica los hacendados se interesaron por impulsar una agricultura de exportación aprovechando las facilidades del transporte en comparación con las demás regiones del país, pero la expectativa por la vinculación al mercado mundial provoca o desata el apetito territorial. La consecuencia directa de esto último es la transformación de la gran masa rural en fuerza de trabajo disponible para la Hacienda.

A su vez, las reformas contaron con dos obstáculos: por un lado los terratenientes criollos, las comunidades indígenas y demás agregados, y de otro, la gran población desposeída de mestizos y blancos pobres.

Con el propósito de solucionar el conflicto, la Corona Española se inclinó por convertir a los hacendados criollos en los únicos propietarios posibles y les ofreció el mercado externo como alternativa para la acumulación de capital. Al respecto, se destacan por su importancia los planteamientos hechos por el citado Zambrano Pantoja con una clara exposición sobre el arrebato de tierras cuando dice que "la población desposeída, a la que se le impedía el acceso a las tierras libres, fue convertida en jornaleros o agregados." (141). Y se impuso el criterio como principio básico de considerar la gran propiedad individual como el único orden racional y natural.

En resumidas cuentas, las reformas borbónicas introducen cualitativamente un cambio, que es el más importante en la historia de la propiedad agraria colombiana. Importante porque la tierra comienza a transformarse en mercancía a la que tienen acceso sólo aquellos que la pueden comprar. Esto se da por el afán de la Corona de incentivar la agricultura de exportación, creando expectativas entre los propietarios criollos que aprovecharon las facilidades ofrecidas para ampliar sus propiedades en una forma acelerada. Es este el proceso que, iniciado por la Corona Española y acelerado por los criollos cuando asumieron el poder, se extiende durante todo el siglo XIX, hasta 1920 cuando adquirió nuevas características.

Para comienzos del siglo XIX existían en Colombia cuatro regiones socioeconómicas, basadas principalmente en el intercambio económico: la Región Central, la Región Caucana, la Región Antioqueña y la Región Costeña (177). En la Región Costeña, Cartagena era el centro, y estaba compuesta por Mompox, Santa Marta, Valledupar, Tenerife y Tolú. Su actividad económica fundamental era la ganadería acompañada por el cultivo de algodón y cacao.

Fue ésta una de las regiones más prósperas al finalizar la colonia, y con mayores posibilidades de crecimiento (era la segunda en volumen, con el 20.7% del total de la población del Virreinato; contaba con la segunda y tercera ciudad como eran Cartagena y Mompox, respectivamente); el aparecimiento de una burguesía comercial y el fomento del contrabando. A pesar de ser la ganadería su principal actividad productiva, con exportaciones de carnes y cueros hacia las Antillas, a partir de 1704, la salida de productos como algodón y cacao le dan incentivos al desarrollo agrícola en la Costa Atlántica.

Desde inicios de la Colonia, el control de la fuerza de trabajo se realizó a través de la vigilancia en el acceso a la tierra. Con la implantación de las reformas borbónicas y las nuevas posibilidades de desarrollo, este proceso se acelera. La gran mayoría de las tierras en la Nueva Granada permanecían en manos de una minoría bastante reducida. Los que iniciaban algunas actividades de colonización difícilmente obtenían la propiedad sobre sus mejoras, al resultar éstas adjudicadas a los hacendados terratenientes. Fue este estilo de control de la propiedad sobre la tierra el que constituyó el factor que determinó la estructura agraria en la Colonia y en el siglo XIX. De aquí resultaron las formas de contratación de la fuerza de trabajo: aparceros, agregados, colonos, jornaleros.

Estas formas de contratación se dieron por la concentración de la propiedad, teniendo en cuenta la población rural que forzosamente dependía de las Haciendas, ya fuese viviendo en ellas como los aparceros, agregados o esclavos; o trabajando ocasionalmente en ellas como los jornaleros y colonos.

En todo caso, a pesar de la abundancia de tierras, en la frontera agraria el latifundio tiene acceso prioritario a ellas, en gracia al interés monopólico, con lo cual se genera otra dinámica: el latifundio siempre estará persiguiendo constantemente la frontera agraria. Precisamente, el acelerado interés por hegemonizar y ampliar el dominio sobre la tierra fue lo que propició los enfrentamientos agrarios a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Desde este punto de vista, el latifundio en una economía agraria permite una alta concentración del ingreso y del poder político que fue lo que facilitó la prolongación (durante el siglo XVIII y XIX) de los privilegios de la Encomienda y la Mita Agraria a través del monopolio sobre la tierra.

Las condiciones de crecimiento de la agricultura se dieron dentro de un marco tradicional, que a la vez respondía a los crecimientos de la demanda externa o interna, pero sin la incorporación de mejoras técnicas que la constante oferta permanente de tierra y la creciente oferta de fuerza de trabajo permitía, ayudado además por una legislación que facilitó el acaparamiento de la tierra. Al no responder esta agricultura tradicional con rapidez a la demanda interna de alimentos, comenzaría su modernización, algo no necesario antes, pues existía disposición de fuerza de trabajo que, aunque escasa, era económica, factor que determinaba los aumentos de la producción. La "modernización" en la agricultura sucedería después de 1920 con la decidida penetración del capital al campo.

La exportación de productos agrícolas sufrió un serio problema al entrar en decadencia la única fuente de inmigración como era la mano de obra esclava en el siglo XVIII. Al existir dificultades en la trata de esclavos, la Corona se inclinó por la utilización de la población nativa compuesta por mestizos, blancos pobres e indígenas, alternativa avivada por la Hacienda, la que legalmente se utilizaría como forma de contratación hasta que la entidad entró en decadencia. La más común de las modalidades de vinculación fue la aparcería y puede ser considerada como puente intermedio entre las dificultades de aumento de la esclavitud y la posibilidad de desarrollar el trabajo asalariado. La aparcería y los otros tipos fueron las formas de contratación mas expeditos y de menor riesgo para el dueño de la tierra, porque entre otras razones así el terrateniente no cargaba con todo el riesgo de la producción, sino que era compartido con el aparcero o colono, empleando jornaleros asalariados para trabajos específicos.

A pesar de que la mayor parte del trabajo de la población agrícola estaba destinado a producir los alimentos para subsistir, debido a la baja productividad, no se puede plantear que al finalizar la Colonia y a comienzos de la República, la agricultura era de subsistencia o una economía natural de auto-consumo. Cierto es, que en algunas regiones o comunidades se podría aludir a la existencia de este tipo de subsistencia pero que se acogía a la participación de las unidades productivas dirigidas en dos direcciones:

- La vinculada al mercado cerca a las ciudades que podía denominarse agricultura de exportación

- La de subsistencia, a la que se agrega la inmersión de la población en un sistema de autosuficiencia parcial que el acertado Zambrano define como "en el que, aunque la mayor parte producía su propia alimentación, también la suministraba, a través de la Hacienda, a la población no agrícola" (146).

Según Zambrano Pantoja, para mayor precisión se podría dividir en dos las unidades productivas. Una es la parcela de subsistencia como la unidad económica más importante, en la que recae la actividad productiva y en la que se encuentra la mayor parte de la población, extendida por todo el país, basada en la agricultura y la pecuaria, con técnicas rudimentarias, de productividad mínima y aunque se dispusiese de capital y técnicas más adecuadas, el producto de su trabajo tendría poco o ningún valor económico por la estrechez de los mercados regionales, sin que se diga que estaba parcialmente ligada a éste, por el contrario, el campesino de la parcela no estaba por fuera. Estaba ligado además a otra unidad productiva, La Hacienda, conformada por varias parcelas cuyos propietarios normalmente eran poseedores de la tierra. La hacienda fue la encargada de comercializar el pequeño excedente de las parcelas que la integraban.

Aunque la parcela de subsistencia es la unidad económica más importante, a largo plazo es más significativa la Hacienda, la más adecuada para desarrollar la acumulación de capital y establecer también la agricultura de exportación a partir de 1850. Desde el punto de vista social y político, la Hacienda como sistema de poder, hace que una pequeña parte de la población domine al resto, mediante y a través del control de las tierras como ya se había anotado antes.

En el conjunto de la historia nacional, la información que hace referencia a la vida colonial del departamento del Atlántico, en su gran mayoría se encuentra sepultada entre el polvo y el olvido, lo cual le hace aparecer en un inmenso y lamentable vacío.

Los estudios al respecto no dan cuenta sobre cómo a partir del poblamiento del Partido de Tierra Adentro o Departamento del Atlántico actual a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, se fue consolidando una serie de actividades y oficios que al evaluar la historia de las ocupaciones desde los tiempos de esplendor de Grecia y el Imperio Romano, ya representaban para la sociedad de la época un aporte significativo en el desarrollo de estas sociedades.

Se tiene conocimiento que desde el proceso de colonización por parte de España, y siguiendo la ruta empleada por Pedro de Heredia hacia Tierra Adentro, éstos eran territorios indígenas que fueron sufriendo transformaciones en la medida que se estableció el conquistador español. Se dieron traslados de tierras de indios hacia curatos o sitios libres como sucedió con Santa Ana de Baranoa (norte de Colombia). Por otro lado se destaca la extinción o la desocupación de algunos sitios de indios que posteriormente fueron ocupados por blancos pobres (españoles) y mestizos, en los cuales se establecieron e implantaron las formas de producción y las relaciones traídas desde la España feudalista.

Es bastante probable que al dejar de existir la Encomienda, dice José Agustín Blanco, "suprimidas por Decreto de 29 de noviembre de 1718, complementándose esas normas el 12 de julio de 1720 y el 11 de Agosto de 1721" (1976, 54), algunos pueblos de indios fueron trasladados hacia otros, o extinguidos y ocupados por vecinos libres. En esta forma algunos sitios del departamento del Atlántico actualmente aparecen sin rastro de indígenas, como si la población que ahora los habita hubiese estado desde su origen asentados en ese mismo lugar.

En su estudio sobre los Mocaná, el distinguido antropólogo atlánticense Aquiles Escalante Polo, se refiere a esta cultura y sus miembros como los primeros pobladores de la Costa Atlántica y Tierra Adentro antes de la llegada de los españoles. Descendientes de la gran familia de los Carib o Caribes; grandes y expertos marineros, los Mocaná fueron esencialmente pescadores que habían penetrado por todo el litoral Atlántico, después de haber pasado por las Costas Venezolanas en sus piraguas con fines comerciales o bélicos. Escalante dice que al llegar a la "región natural que se extiende al norte de Cartagena, sirviéndole de marco el Canal del Dique, el Río Grande de la Magdalena y el Mar de las Antillas, recibieron la denominación Mocaná y venían, según nos cuenta Fray Pedro Simón, de la región comprendida entre Maracapana y Caracas, vecina república de Venezuela" (1982, 37). Aunque todos estos naturales estaban denominados por un nombre común y todos se originaban de los que habían venido a poblar en canoas desde Maracapana, los mocanaes eran una tribu de los Malibú, pertenecieron a la gran familia de los Caribes. Complementa estas argumentaciones con lo señalado por Paúl Ribet y los descubrimientos de sitios arqueológicos de cuya existencia se encargó en divulgar el Instituto de Investigación Etnológica del Atlántico.

De acuerdo con los estudios de la referencia, los Mocaná estaban ubicados en todo el centro y el norte del departamento del Atlántico, sirviéndole de límite el Río Grande de la Magdalena por el este y por los pueblos del oeste en los límites con el departamento de Bolívar.

Todo parece indicar que los Malibú se habían adentrado por gran parte del departamento de Bolívar y del interior del país. Las guerras internas entre ellos ?se recuerda la pugna entre Cambayo, cacique de los Mahates y la tribu de los Cipacuas- fue factor de importancia aprovechado por el conquistador español para reducirlos y someterlos.

La existencia de tribus que se dedicaban al rapto de las mujeres de otras congregaciones confirma el que hubiese cruce de naturales entre sí (la historia de la humanidad está llena de tantos encuentros, algunos complementarios de saberes entre hordas, otros impositivos y dominantes) y por lo tanto, el que algunos pueblos fueran quedando sin pobladores indígenas, abriendo la oportunidad posteriormente, durante el período de colonización y desalojo brutal por parte de los españoles hacia los naturales del territorio, convirtiendo esta parte del mundo (el Partido de Tierra Adentro) en asentamientos con el calificativo de vecinos libres, no evade la responsabilidad histórica que les compete con la despedida de las formas originales de producción y relaciones sociales, para instaurar de manera impositiva sus instituciones feudales. Estas razones dan paso a la propuesta del historiador Blanco en el sentido de situar asentamientos indígenas en el actual territorio del departamento del Atlántico, contra lo dispuesto en las informaciones básicas para el establecimiento de las reformas del Virrey Eslava en 1745.

El Mapa reelaborado por los investigadores y autores de Persistencia de Formas Precapitalistas en Santa Cruz, Atlántico (1984)*, es una ruptura con la información aceptada y difundida por la historia oficial lineal. La trashumancia cultural a la cual se hace referencia cuando Attali visiona al hombre de la modernidad en un nuevo re-corrido por el Planeta Tierra (1991, 55-65), auscultando líneas de horizontes ligadas a la vida humana y las expectativas del hombre por satisfacer sus necesidades, en medio de las amenazas y las incertidumbre que dominan el panorama mundial de la actual sociedad. Luego, la trashumancia no es un acto de movilización reciente. Esta indisolublemente ligada a la naturaleza misma de la humanidad, razones valederas para proponer que el hombre que habitó el antiguo Partido de Tierra Adentro, no dejó un palmo de territorio sin recorrer. Era su tierra y el sentido de propiedad que hacia ella sentían los nativos también incluía el amor, el afecto y el respeto.

PUEBLOS DE INDIOS EN EL DEPARTAMENTO DEL ATLÁNTICO*

Mapa del departamento del Atlántico. Es muy probable que mucho antes de la Reforma por orden del Virrey Eslava (1745), que convirtió a muchos pueblos indígenas en pueblos de vecinos libres, Santa Cruz ya fuese territorio habitado por blancos

pobres, que aprovecharon la no existencia de tribus para esa época o la convivencia pacífica con los que quedaron después de los traslados o extinción en los territorios vecinos como Luruaco, la cabecera municipal actualmente.

2. APROXIMACIONES A LA HISTORIA LOCAL.

Para los años 1744 ? 1745, Santa Cruz* (departamento del Atlántico, norte de Colombia) aparece como un sitio de vecinos libres y Luruaco, la cabecera municipal, como pueblo indio extinguido, cobijado dentro del área geográfica de un pueblo indio grande como el denominado Turipaná (el mapa propuesto por Blanco evidencia tal ubicación). Para esa misma fecha en la historia oficial aparecen los pueblos del centro-norte del departamento del Atlántico, considerados como de indios y sitios de libres reformados por orden del Virrey Eslava, cuya ubicación, precisa Blanco (51-52) en el croquis del territorio del antiguo partido de Tierra Adentro.

Es muy probable que, aprovechando las disposiciones de traslado establecidas por la Corona para algunos pueblos de indios que serían ocupados por vecinos libres, estos territorios de la parte sur del departamento del Atlántico, han podido estar desocupados debido a las guerras internas entre tribus o las libradas con los conquistadores en su ruta (sobre todo la de Heredia).

Sin embargo, la fuerte presencia de poblamiento por parte de representantes de la raza negra en el sur del Atlántico, contribuyó notablemente en los lazos de relación entre vecinos libres (blancos pobres) ya asentados y los llegados de pueblos cercanos en el departamento de Bolívar. No necesariamente se podría atribuir el origen de pueblos como producto de los asentamientos de población negra procedente de los Palenques (San Basilio, La Matuna, Chambacú, Galerazamba, Los Pendales), sin antes formular interrogantes como: ¿Los naturales del territorio atlanticense dejaron algunos sitios sin poblar o sin hacer la mínima presencia en ellos?, ¿se puede creer que mientras no apareció la población negra en Colombia, el Sur del Atlántico estuvo despoblado?, ¿qué importancia tiene la presencia de algunos vestigios de cultura indígena en pueblos como Luruaco, Santa Cruz, Repelón? ¿el nombre del cacique Uruaco ?vocablo de origen mocaná- no es un llamado de atención sobre la presencia indígena?

Las anteriores preocupaciones sugieren la posibilidad de considerar múltiples poblamientos en determinados períodos históricos, que la tradicional historia oficial ha desdeñado para no comprometerse con el intentar cambiar la teoría implantada, no obstante, los indicios divergentes. La fuerte presencia de un determinado grupo étnico en un período de vida de una población, no le atribuye el crédito absoluto de su origen, como tampoco le negaría su participación. ¿Cuántas veces fueron fundados estos lugares? Muchas. Tantas que, si por la tradición de los apellidos familiares se guiara el investigador, concluiría en que cada siglo tiene una fundación.

En esto se sugiere tener cuidado. La historia oficial suele atribuir veracidad a la información que se origina de quienes ostentan poder en las comunidades que con una tradición rural, sobreviven a los embates de la modernización y la asimilación de las costumbres citadinas.

La presencia de negros en comunidades o sitios del sur del departamento del Atlántico no evidencia que ellos hayan sido los fundadores. Tampoco lo serán los sometedores o esclavizadores. La trashumancia de los naturales que poblaron este territorio antes de la llegada de los españoles, confirma la permanente inauguración o el reconocimiento del paso de tribus por el lugar.

Decir que el 80% de una población en el departamento del Atlántico es de origen negro en primera instancia es una ceguera del conocimiento que desconoce la traslación de los aborígenes por esta tierra que ha sido de su propiedad.

En segundo lugar, responde la afirmación al culto a la historia oficial, lineal y ordenada del poblamiento por la vecindad geográfica, excluyendo la intencionalidad por las relaciones o por las posibilidades de aprovechamiento de "tanta tierra libre", que posteriormente se fortalecerían en la medida que las actividades y las ocupaciones serían compensadas con los buenos resultados generados por la propiedad.

Los poblamientos múltiples y permanentes fueron una ocasión propicia para los grupos de color que en búsqueda de sitios seguros que le garantizaran protegerse de la persecución del blanco depredador, levantaron bohíos, hicieron rozas y procrearon hasta formar una considerable población que luego se entremezcló con los que ya estaban de antes o los que llegaban después hasta diluir etnias, dando origen a nuevos grupos, nuevas ocupaciones, nuevas relaciones; dinámicas vitales muchas veces aprovechadas para satisfacer intereses particulares.

En el Suroccidente del departamento del Atlántico, en cuanto al poblamiento se pueden considerar dos aspectos: la combinación en la presencia de blancos pobres atraídos por la existencia de tierras libres ante el traslado de los aborígenes o la disminución de estas comunidades (Luruaco, Juan de Acosta); el aparecimiento de comunidades negras procedentes de los Palenques (Cartagena, La Matuna, Chambacú, Galerazamba, San Basilio), formando asentamientos únicos (Repelón) o compartiendo la estancia con los grupos existentes (Los Pendales, Santa Cruz). Frente a esta situación no se excluye el aumento importante de la población de origen negro, con relación a los otros grupos, pero ello no evidenciaría la exclusividad del poblamiento (a excepción de Repelón). Son entonces las actividades, las ocupaciones, los oficios, las costumbres y las relaciones de la actividad cotidiana las que propiciarían pistas sobre el origen, cuando los vestigios materiales o no existen, o no son suficientes para garantizar la certeza. Y es hora de hacer tales acercamientos que permitan correr el velo de la historia.

En comunidades a quienes la historia institucional, la tradición oral y los hallazgos materiales que aún se conservan como muestras fehacientes de su origen (norte, Noroccidente, centro y nororiente del departamento del Atlántico) indígena, evidencian similitudes en las ocupaciones, los oficios y las relaciones que ellas suscitaron antes de que perdieran sus características rurales, surgidas desde los intercambios y los contactos entre naturales y blancos pobres que, a la postre, derivaron en la disolución de los grupos desde la perspectiva étnica.

Este es otro elemento que aporta a los aspectos del poblamiento, pero que también genera de paso preguntas que, además de sugestivas, pueden ser sorprendentes o insolentes: ¿qué tanta influencia tendrían los ritos y la historia de los palenques negros, precedidos de magia africana y misterios, en el abandono de las tierras en el sur del Atlántico?, ¿los blancos que esclavizaron en sus haciendas mano de obra negra, fueron víctimas de sus hechizos, con los cuales cruzaron hasta los tipos raciales?, ¿cuánto tiempo perduró la presencia única del negro en el sur del Atlántico?, ¿fueron acaso obligados a salir del territorio, sometidos o reconquistados hasta la imposición, o convencidos de su inferioridad racial y/o étnica?.

Algunas respuestas se han dado, sólo que son simplistas y no trascienden la frontera de la historia lineal, la que algunas veces intenta reivindicar posiciones, dependiendo de quien la construye. Pero lo cierto es que, suministrar respuestas con mayor significado implica un viaje socio-cultural hacia el interior del Partido de Tierra Adentro, desde las ocupaciones y los oficios, es decir, una historia social de las actividades y sus relaciones profundas.

3. LA OBLIGADA COMPLEMENTARIEDAD DE LA HISTORIA.

Una propuesta de existencia de la comunidad de Santa Cruz a partir de 1890, se justifica metodológicamente por la dinámica de los acontecimientos de mayor impacto en su formación: los flujos migratorios, el decaimiento de algunas relaciones en la producción como La Hacienda y el aparecimiento de algunos tipos de cultivo que se fueron constituyendo en la base económica fundamental. Todo esto al lado de las primeras formas precapitalistas en la explotación de las principales actividades y en los primeros indicios de formaciones sociales en el campo de acuerdo a la participación en la producción. José Pérez, un campesino de Santa Cruz, con 73 años de edad, dice que cuando él empezó a darse cuenta de las cosas, la comunidad existía con ese nombre y los primeros habitantes eran personas que habían venido de Repelón, Villa Rosa y Sabanalarga.

La actividad fundamental era la agricultura en menor escala, casi de autoconsumo, aunque una pequeña cantidad la utilizaban para el comercio. Al principio, la propiedad sobre la tierra se basaba en la ocupación y utilización de la misma: "La gente se metía por cualquier parte y cultivaba"*.

A partir del incremento de la migración, el crecimiento de la población tanto geográfica como demográficamente fue planteando nuevas ocupaciones, nuevas fuentes de trabajo y una perspectiva económica que abriría las puertas del mercado nacional a la comunidad. De las formas tradicionales de producción campesina, es decir, la parcela de subsistencia, de la que dependía la población, se pasó a la producción capitalista que necesitó de las formas de contratación de la mano de obra propias de La Hacienda para ir arrancando poco a poco algunos pequeños parceleros de su fundo económico para vincularlos al trabajo asalariado de las fincas, en calidad de jornaleros, agregados o concertados.

Para que se diera este viraje, se necesitó de que algunos de los migrantes crearan, abrieran o fomentaran la necesidad de utilizar las tierras en poder de pequeños agricultores para algo más rentable en beneficio de la comunidad, de sus habitantes: era, según éstos, alternativas para crear más trabajo con el cual todos ganarían. La historia universal cuando se ocupa del origen del imperialismo romano hace referencia a estas formas de usurpar la tierra ajena, ¿la conocían los inmigrantes y advenedizos terratenientes de Santa Cruz?. "Después ?dice José Pérez- vinieron los Villas y comenzaron a comprar terrenos en los que regularmente sembraron plátano. Compraron grandes extensiones de tierra poco a poco; es decir, de una a tres cabuyas de tierra a razón de diez pesos"*. En el año 1916 se comenzó a desarrollar la siembra de algodón criollo, denominado también permanente, porque no necesitaba ser plantado nuevamente.

El cultivo del algodón abrió las puertas del mercado nacional a la comunidad: Se llevaba a Cartagena, que era el mercado más cercano y de más renombre, la plaza más conocida. A este cultivo estuvo vinculada la población de las pequeñas parcelas y lo alternaba con la producción netamente agrícola, lo que le mereció la característica de cultivo baluarte en la economía de la comunidad, de la gran mayoría. El algodón no creó fuentes de trabajo, porque siguió marcando las características de la producción de las parcelas, es decir, la pequeña economía campesina; asistido en forma rudimentaria y transportado en lomos de animal, fue motivo de un incremento en el nivel económico del campesino de la comunidad que ilusoriamente creyó haber encontrado su redención económica. No fue muy duradero. La ilusión quedó apocada con la cruda realidad, produciéndose una frustrante sensación de impotencia. Antes de salir de ella se dio inicio al galopante cultivo de caña de azúcar.

Algunos de los migrantes que se fueron convirtiendo en terratenientes mediante la compra a pequeños propietarios o mediante el trueque o cambio de productos primarios como yuca, ñame, maíz, etcétera., por productos elaborados, entre ellos, aceite, arroz, sal, azúcar, también aprovecharon las épocas de escasez para hacer el intercambio, ya no por materia prima, sino por tierra. Tal circunstancia ha sido validada en las conversaciones con grupos focales; de los diálogos sostenidos con quienes vivieron los detalles de los acontecimientos o indirectamente los recibieron (transferencia de información generacional), es oportuno citar el siguiente pasaje: "El endeudamiento de una persona llegaba a tal extremo ?dice Javier Reales- que no teniendo con qué pagar al dueño de la tienda, el deudor tenía que darle un pedazo de su tierra o venderle la cosecha siempre, aunque fuera a menos precio del verdadero"*.

A mediados de 1917, el cultivo del algodón estaba mermando por la abundancia de plagas y la no-existencia de medios adecuados por falta de capital en los pequeños propietarios, como equipos de fumigación, plaguicidas, herbicidas. Para ese mismo tiempo, el cultivo de caña se iniciaba en Santa Cruz y en algunos pueblos vecinos como Los Pendales e Ibacharo. Aquí el capital empieza a tener su participación y el cultivo de la caña al año siguiente va a comenzar a desplazar al algodón en todos los aspectos: En lo económico, en lo social, en lo laboral, en lo político.

Sobre el particular, con el uso de la técnica Memoria de Ancianos (diálogo con las personas de más edad en la comunidad de Santa cruz), se recogieron las versiones aportadas por Romualdo Franco y José Pérez (hombres que pertenecen a la generación que nace entre los años 1910 y 1915), quienes de forma sintética colocan al cultivo del algodón permanente como un gran impulsor de la economía campesina: Con su cultivo, el campesino de Santa Cruz vivió una época de oro. "Cuando el algodón ? se transcribe textualmente lo que reconoce José Pérez - corrió la moneda de oro" **.

En esta forma, trabajando de manera rudimentaria y en las peores tierras para cultivo*, el algodón fue decayendo en su producción hasta cuando quienes se dedicaban a su siembra desistieron y porque los sembradíos de caña venían incentivados por la gran oferta y la posibilidad de trabajo mejor remunerado. Es así como se tiene que para el año 1917, a mediados, la ocupación de la población estaba centrada en actividades netamente agrícolas: campesinos dedicados al cultivo del algodón en menor escala, combinado con la siembra de productos de autoconsumo; los pequeños propietarios, aparceros, dedicados a la explotación agrícola de autoconsumo en terrenos ajenos y vinculados en calidad de jornaleros a las fincas de caña cuyos propietarios lo eran a la vez de los cultivos de plátano, a los que se vinculaban personas en calidad de agregados y jornaleros. Como se puede apreciar, eran estas actividades netamente agrícolas que aún conservan rastros de las relaciones señoriales y serviles de la Colonia. Al lado de la gran finca y de la gran propiedad, existe la pequeña parcela de subsistencia que, a pesar de todo, no está desvinculada del mercado, pero sí se debate en una desigual lucha contra el latifundio que va rompiendo la frontera agraria y consolidando su dominio.

Durante el año 1918 se asiste a las últimas recogidas de algodón, aunque Javier Reales dice que ya acabado oficialmente, él recogió el "último poquito en 1940 y todavía conserva unos palos que ya no producen"**. De 1918 en adelante la producción de caña abarca todos los estamentos de la población; aglutina a la gran mayoría alrededor de las fincas; hasta los niños a edad temprana (12 años) se vincularon a la producción: había todo tipo de actividades dentro de las fincas de caña, era la división del trabajo que en muchas ocasiones por ser livianas las faenas no tenían remuneración. Esta era la situación laboral en la comunidad. De fuera vino mucha gente que se quedó, por eso es que José Pérez puntualiza: "En el pueblo no había vagos, desde pequeños se llevaban a los pelaos para las fincas a arrear bueyes con perreros"***.

La agricultura tradicional, sobre todo la que ejerce la gran mayoría de la población, seguía pegada a la sombra del cultivo de caña y las personas fueron ubicándose socialmente de acuerdo a lo que cultivaban: el cultivo de caña y plátano en gran escala para los ricos y pudientes, el cultivo de algodón permanente para los pobres, combinado con los cultivos de yuca, maíz, ñame, para el consumo local.

Según testimonio de la época, la ganadería apareció vinculada al cultivo de la caña, por la necesidad de los finqueros de ganado vacuno (bueyes) para tirar de las carretas cargadas de caña, y de los trapiches para molerla, hasta cuando los señores Villa (las estrategias que utilizaron para apropiarse de la tierra de los que llegaron antes, se puede comparar con la implementada por Marco Craso en la época de las revoluciones del sur de Italia, durante el siglo I antes de Cristo) trajeron los primeros trapiches con motores de A.C.P.M.

En esta forma, los iniciados ganaderos fueron los dueños de fincas que ya tenían otro renglón económico para sentirse poderosos. Mientras que algunos pocos se hacían más ricos, la gran mayoría se iba empobreciendo, y la tierra que antes no tenía división (lo que facilitaba a la gente su ubicación en cualquier parte), ahora presentaba el sello de propiedad legal de aquellos que la adquirieron mediante las formas anotadas antes. Los terratenientes explotaron simultáneamente los cultivos de plátano en gran escala, caña de azúcar combinada con una incipiente ganadería (alguna parte para la venta local y otra parte para el mercado de otros sitios) y a las personas que se colocaron en calidad de sus trabajadores.

El período 1930-1940 mostró la economía de la comunidad centrada y dependiente, fundamentalmente de dos tipos de cultivo, en su orden: la caña y el plátano. Este último poco a poco se incrementaba a medida que los pequeños propietarios cultivadores de algodón, decidieron abandonarlo y se dedicaron a sembrar plátano, de tal forma que la parcela de subsistencia fue quedando en un segundo plano sin que perdiera su importancia.

El planteamiento de Karl Marx con relación a que la agricultura, al igual que la industria, se hallaba dominada por el régimen capitalista de producción, o sea, explotada por inversionistas que se distinguían de los otros por el elemento de que es objeto la utilización de su capital, sobre el cual recae el esfuerzo del asalariado y que el dinero pone en acción, estaba dando a entender que en el mismo momento que la tierra se destina para la producción con fines diferentes al de la explotación campesina clásica, se está pasando a una forma distinta de trabajo, no importa que ella lleve en su interior algunos elementos de la anterior, han sido validados por la experiencia que se dio en el Departamento del Atlántico, sobre el particular.

En este caso, el capitalista disfrazado de campesino cambió el valor de uso de la tierra por el valor comercial; cambió la modalidad de los días prestados por el pago de jornal, bajo sus condiciones. Puso a producir la tierra que acababa de adquirir para un "beneficio general de la comunidad" que llevaba oculto un beneficio particular. Y en la medida que fue adquiriendo más tierra, se fue apoderando del destino de la comunidad y del de sus habitantes, convirtiéndola en algo así como su finca y a los residentes en sus siervos. De este tipo servil de relaciones hasta hace dos décadas se fue soltando la comunidad, y eso ocurrió cuando las fuerzas productivas aumentaron y comenzaron a emerger con fortaleza e interdependencia las antiguas formas de ocupación, con el dolor de quienes las querían sostener como algo absoluto, es decir, cuando surgieron del interior de las relaciones de iniquidad, nuevas ocupaciones, nuevos oficios, alternativas diferentes de marcar las diferencias o ampliar los horizontes del dominio.

A partir de 1940 la producción agrícola aumentó en comparación con años anteriores, de tal forma que el consumo local era poco con relación a lo que se producía. El excedente de la producción fue considerable y para evitar su deterioro, se llevaba a los centros de consumo con mejor plaza para la venta: Barranquilla, Cartagena.

Esta producción se sacaba a lomo de animales hasta las carreteras que conducían hacia los centros en mención, ante la inexistencia de vías carreteables en Santa Cruz. Lo importante de este excedente está sintetizado en dos aspectos: por un lado, proporcionó un ingreso a los pequeños productores que se tradujo en la obtención de artículos procesados y por otro lado, vinculó a un grupo de personas ?que no siendo de la comunidad- quienes se beneficiaron con una actividad que surgió del interior de la necesidad de mano de obra.

Al desaparecer el cultivo del algodón como ya se había anotado, las tierras que antes se utilizaron para la siembra, fueron "preparadas para las rozas de maíz, yuca, ñame (tierras de lomas), cedidas por los propietarios a los que no la poseían, bajo la condición de entregarlas sembradas en pasto, es lo que se conoce como el terraje, modalidad que estuvo vigente hasta hace unos dos o tres años", según lo expresado por Cayetano Jiménez*, en los diálogos sostenidos con uno de los Grupos Focales conformados.

Se había anotado además, que el excedente en la producción se venía dando desde cuando la parcela familiar constituía la unidad económica fundamental, pero que este excedente se utilizaba para el intercambio o trueque. De 1930 en adelante el aumento de la producción fue notable lo que originó que para 1940 se hiciese necesario abrir "trochas" que facilitaran el acceso de los carros de carga al pueblo y transportar la producción hacia los centros de consumo, sobre todo en verano, ya que en el invierno se hacía difícil por lo pesado del terreno. Entonces se tenía que sacar hasta la carretera central, actualmente La Cordialidad, en lomo de animales. Aparejado al aumento de la producción agrícola, en la que de todas formas participó la clase terrateniente local, impulsándola con su inversión, surgió la actividad del bultaje. Más tarde, cuando la producción se fue ensanchando, surgieron los acaparadores, compradores de la mercancía agrícola (hoy son los llamados negociantes).

En una secuencia dialéctica, es decir, con causas particulares fueron naciendo las demás actividades que giraron (actualmente giran) en torno a la compra venta de la producción agrícola; dicho mejor, de la circulación de la mercancía. Los individuos que se dedicaron a estas actividades, de alguna manera fueron sus explotadores recíprocos, alentados por el capital que las impulsó como una necesidad de sus intenciones en la que el campesino productor sólo tenía participación en dos momentos: en la producción de la materia prima y en su venta. Después no sabía de las direcciones que tomaba la mercancía por él producida hasta cuando nuevamente retornaba a sus manos procesada, excesivamente costosa, desconocida hasta los límites del rechazo o la resignación de no acceder a ella.

Así, a partir de 1960 es cuando el bultaje adquiere su real dimensión como actividad remunerada, a pesar de que ya existía en estado embrionario a finales del siglo XIX no sólo en la comunidad de Santa Cruz, sino en las comunidades vecinas y las del resto del departamento con facilidades de transporte: Los Penales, Sabanalarga, Baranoa, Galapa, Luruaco, Arroyo de Piedra, Santa Catalina (todas ellas sobre la carretera La Cordialidad). Aquellas personas que ayudaban a cargar los bultos de algodón, los bultos de panela, cuando éstos eran los productos generados por los cultivos predominantes, aunque no fueron considerados como practicantes de una actividad fija, eran utilizados para esta faena. Hasta antes de que entrara el primer vehículo para transportar carga, esta faena era compartida entre hombres y animales, pero la historia no registra el que se les halla llamado bulteros o ayudantes: eran los mismos jornaleros cuya actividad concluía con este oficio. La actividad de bultero se fue despegando de la jornada agrícola a medida que la producción aumentó y la mayoría de jornaleros libres (hombres que trabajaban exclusivamente como tales) se vincularon a ella en calidad de "enganchados" para cargar los carros.

4. ORIGEN Y DINÁMICA DE OFICIOS Y GRUPOS SOCIOECONÓMICOS. ABRIENDO NUEVOS SENDEROS

La expresión sistematizada desde la interpretación de los integrantes del colectivo Memoria de Ancianos sobre la existencia de tierras libres para cultivar por doquier, representa una etapa en los antiguos pueblos, desde los inicios de la humanidad consciente, es decir, desde cuando el hombre asumió su papel como generador de trabajo.

Al respecto, Héctor Polanco Díaz reconoce la acertada interpretación de Karl Marx quien planteó lo siguiente: "La forma de la libre propiedad parcelaria de campesinos que cultivan la tierra por su cuenta, como forma predominante, normal, constituía la base económica de la sociedad en los mejores tiempos de la antigüedad y la encontramos también entre los pueblos modernos como una de las formas que surgen al disolver el régimen feudal de propiedad de la tierra" (1980, 79).

Tal situación se pudo evidenciar al hacer referencia a la existencia de la economía de las parcelas o la producción de subsistencia y la producción de las Haciendas. Lo importante por ahora es destacar el nexo constante de la formación campesina con otras formas, una de ellas que actúa como dominante en una formación social (es decir, tomando como generalidad la comunidad), y presentar las consecuencias más importantes de esta ligazón que facilitaría la comprensión del aparecimiento de las actividades y la relación que guardan entre sí.

La forma campesina asume papeles secundarios en todas las formaciones sociales, aunque en algunas históricamente quizás se puede encontrar que lo campesino jugó un papel importante, primordial, pero que al hacer la generalización en cada una de ellas, como dice Polanco, "el sector campesino asume económicamente un papel subordinado, el modo de producción campesino, pues es un modo de producción secundario y subordinado" (82). En la comunidad de Santa Cruz al igual que en otras comunidades del departamento del Atlántico, el nexo orgánico de la forma campesina con la sociedad global se establece a través de unas relaciones de explotación que es su característica.

En efecto, el nexo implica unas relaciones de explotación manifiestas en los términos de intercambio económico que se produce entre la forma campesina y la sociedad global, es decir, en la transferencia constante de excedentes que tienen lugar de la forma campesina hacia la sociedad.

Al partir del papel importante que la forma campesina ha podido jugar históricamente, se puede ubicar la comunidad de Santa Cruz dentro de un sistema predominantemente campesino en sus inicios, en el cual las actividades eran netamente agrícolas, con poca división y remuneración del trabajo. Con el inicio de la comercialización del excedente de los productos del agro ?mejor dicho, intercambio- producidos en alguna roza*, por los producidos en otra, se estaban dando las bases a una modalidad que después se hizo comercial. En otros términos, un intercambio económico que se inició a medida que la población fue creciendo; dinamizado el proceso por los flujos migratorios, que introdujeron en forma simultánea una fuerte natalidad (algunos migrantes contaron con el favor de ser preferidos) alrededor de las primeras décadas del siglo XX*. El intercambio comenzó siendo local y con fines de abastecimiento, después se hizo con otras comunidades con propósitos comerciales, hasta que aparecieron los intermediarios de la producción, los que actualmente son conocidos como negociantes.

El negociante actual es una especie de émulo del que al principio cambiaba una producción por otra, o un artículo por otro. En la medida que las relaciones de intercambio fueron avanzando, es decir, fueron más abiertas, éstas se hicieron de tipo comercial. Surgió la compraventa de productos agrícolas y desde luego, nuevas relaciones entre actividades que sería interesante estudiar con más detalle y profundidad.

De acuerdo con las afirmaciones de Marx (1972, 43), históricamente las actividades estaban adscritas a la economía campesina, a la producción de subsistencia, al trabajo de la familia sin que existiese una división más que la elemental, por edad o sexo que pudiera determinar la presencia de una comercialización de excedentes y estas actividades eran por su forma natural funciones sociales, ya que estaban institucionalizadas en la familia, en cuyo seno reinaba una división propia y elemental del trabajo, ni más ni menos que en la producción de mercancías.

A pesar del gasto individual de las fuerzas de trabajo, graduada por la duración o por el tiempo empleado en determinada actividad, éste reviste la forma lógica de un trabajo determinado socialmente, ya que estas fuerzas individuales actúan de por sí sólo como órganos de la fuerza colectiva de la familia. En las comunidades fundamentadas en la agricultura, la forma de "los días prestados" es un claro ejemplo del carácter del trabajo tratado no como mercancía, sino como un intercambio de valor de uso, cuya contraprestación equivale al pago de un día de trabajo asistido.

La figura simbólica de contraprestación a los días prestados no fue exclusiva de las comunidades en la Costa Norte de Colombia. En el Oriente del país el equivalente a la modalidad citada estaba representado (aún lo está) por el convite, una estrategia de compromisos conscientes de apoyo laboral entre campesinos vecinos que se ponían de acuerdo para limpiar o recoger maíz en la roza del uno hoy, en la del otro mañana y así sucesivamente hasta culminar en la satisfacción de todos los comprometidos. Hoy se le podría denominar trabajo comunitario en un medio urbano, cuya extensión ha tocado al ámbito cuasi-rural.

Bajo esta modalidad, de acuerdo con la interpretación del Grupo Focal conformado por los agricultores y campesinos cuyos nombres aparecen en el Cuadro 1, se erigieron las primeras organizaciones en Santa Cruz para el trabajo, y después para todas las actividades, bajo la forma de ayuda mutua*. Esta modalidad fue desapareciendo a medida que la propiedad parcelaria de los campesinos se vino a menos, estableciéndose la propiedad individual sobre la tierra en manos de unos pocos que la comenzaron a usufructuar, dándole ya no valor de uso sino el comercial.

La propiedad comercial e individual también dinamizó y estableció el pago del jornal, del día de trabajo, que hicieron añicos todas las relaciones de ayuda mutua, hasta tal punto que la tierra fue depositaria de un poder hechizante, al cual se refirió en una entrevista Manuel Yaya, un campesino de origen indígena, nacido y residente en la comunidad de Sibarco (Baranoa, centro del departamento del Atlántico). La tierra se tornó codiciada y generó enfrentamientos en Santa Cruz como el de 1973, cuyos recuerdos aún perduran entre quienes fueron sus protagonistas y víctimas.

La agricultura en los inicios de la comunidad de Santa Cruz fue de subsistencia: abastecimiento del consumo local de acuerdo a la población existente. El intercambio del excedente con otras comunidades con fines de consumo propuso las bases incipientes del comercio con fines económicos.

Con la introducción del cultivo del algodón permanente (a principios del Siglo XX) a través de una cooperativa con sede en Cartagena, producido bajo la forma establecida por la unidad familiar, se inicia la primera forma de adquisición de divisas, pero la responsabilidad limitada de la unidad familiar, no permitió la generación de empleo, asignándosele la categoría de poco rentable por las bajas aspiraciones económicas de la unidad, aunque, al campesino, este ingreso le reportara cierta y relativa utilidad. Ello es evidente en las respuestas de los integrantes de los colectivos grupales que han convenido en que esta fue una época de oro.

El cultivo del algodón no fue una necesidad exclusiva de la economía de Santa Cruz, fue más bien una necesidad exterior motivada por la demanda de procesos de industrialización en el país, bajo la presión del capital extranjero que necesitaba materia prima semiprocesada. En conclusión, no fue rentable el cultivo ya que se hacia en las peores tierras y con técnicas demasiado rústicas.

Por el contrario, el cultivo de la caña que se había iniciado poco después como una necesidad del capital para su circulación y poner a producir las tierras adquiridas bajo las modalidades ya establecidas anteriormente al tener como incentivo o estímulo económico, la remuneración del trabajo, condicionó a que los ya desvinculados de la propiedad sobre la tierra se colocaron como jornaleros asalariados unos, como agregados los que eran trabajadores permanentes de las fincas de caña o cuidadores de las fincas de plátano o de ganado, cuyo trabajo era pagado en dinero o en especie o se les daba la oportunidad de sembrar en una pequeña porción de tierra para su subsistencia familiar, para no correr con el riesgo de una competencia interna. La división del trabajo al interior de una actividad como la siembra de caña, si adquirió las proporciones de relaciones capitalistas en el campo, puesto que las fuerzas individuales del trabajo ya no estaban reguladas por la fuerza colectiva de la unidad familiar y porque ya no se trataba de una actividad al interior del modo de producción campesino. Estas actividades fueron: trapicheo, cortador, arreador, aguatero, emburrador, tractorista.

Aunque las relaciones de trabajo, las formas de contratación de la mano de obra conservaron ?todavía conservan- resagos de las formas anteriores y los agricultores se disfrazaron de campesinos es clara y manifiesta la presencia omnipotente del capital que fue imponiéndose a las relaciones de la economía campesina, sin que las hiciera desaparecer definitivamente.

En tales condiciones se produjo una lucha socioeconómica entre la producción campesina (cultivo de algodón y pequeña producción para el consumo: yuca, maíz, ñame, etcétera.) y la producción capitalista (cultivo de caña, cultivo de plátano, ganadería), no como competencia para el dominio por parte de la primera, sino como posibilidad de subsistir al interior de la que dominaba. Para el año 1918, los cultivos de caña y plátano son los que predominaban en el panorama económico de la comunidad, privilegio exclusivo de terratenientes que, comparado con los cultivos de algodón, plátano, yuca, maíz, ñame, etcétera., de los pequeños agricultores, evidenciaba el papel secundario de la producción campesina.

Hasta aquí son tres los elementos que constituyeron de base para el aparecimiento de las actividades que hasta ahora se han señalado. A medida que fue desapareciendo el cultivo del algodón a expensas de la consolidación del dominio de la caña y los grandes cultivos de plátano para la venta exterior, y la ganadería, los campesinos fueron bajando de las lomas en busca de mejores tierras para otro tipo de cultivos que les diera resultados económicos. Como quiera que las tierras bajas estaban ocupadas por los cultivos de caña y plátano, algunos campesinos se convirtieron en jornaleros de las fincas ?de caña o plátano- a la vez que trataban de mantener en asistencia su roza; otros se dedicaron a ser única y exclusivamente jornaleros.

Con la disminución posterior de la producción de caña, algunas extensiones de tierra fueron quedando inactivas o destinadas a la improductividad. De estas tierras, un 30% sin actividad fue cedida a campesinos para que hicieran cultivos rápidos como yuca, ñame, maíz, etcétera, con la condición de entregarla sembrada en pasto; otra parte en calidad de aparcería, llamada también "en condueño", con la condición de repartir la cosecha, dándole un gran impulso a la agricultura, sobre todo a la siembra de plátano y yuca, debido a la fuerte inversión del capital. En esta forma, el capitalista terrateniente también hizo recaer la fuerza de su dinero en algo que hasta ahora parecía trabajo de campesinos.

Bajo el auspicio del estímulo del capital surgieron nuevas actividades y la comunidad fue estableciendo nuevos tipos de comercialización, a la vez que la agricultura toma un auge considerable. La producción fue vinculando a otras personas en forma indirecta a participar en ella, de tal forma que de su esplendor fueron surgiendo otras actividades que se convirtieron en formas de obtener ingresos por parte de los que a ellas se dedicaron.

Pero también se ha de decir que el estímulo del capital fue creando obreros libres, es decir, carentes totalmente de propiedad que no fuera su fuerza de trabajo, que se inició con el despojo de propiedades, luego con el condicionamiento de los sitios de trabajo, hasta llegar a incidir en los instrumentos y medios de producción, una especie de imposición de las condiciones objetivas de la ocupación; de la tierra y de la mano de obra campesina. Entonces el campesino y el agricultor en condiciones de pobreza fue lanzado hacia otras esferas de explotación, es decir, convertido en obrero libre.

Los tipos de relaciones bajo las cuales la tierra fue pasando de unas manos a otras, ha permitido trazar un esquema histórico sobre la renta del suelo, hasta llegar a los momentos actuales, los de la explotación capitalista de la tierra, a la cual hizo referencia Marx en sus trabajos sobre la génesis de la renta capitalista del suelo, basado en las características más generales de la evolución de la renta en Europa. Según el esquema aludido, la manifestación más primitiva de la renta es la que se da en trabajo; le sigue la renta en producto, que surge de la primera y después la renta en dinero, sin que se quiera decir que este proceso ha de encontrarse en cualquier circunstancia o situación histórica, sino que éste dependerá y estará condicionado por las particulares condiciones históricas en que se desenvuelva.

En la primera mitad del siglo XX (1950), la agricultura en Santa Cruz se acogió a un ritmo acelerado en su crecimiento, impulsada por el dinamismo de comercialización de los productos agrícolas en los centros urbanos de tal forma que el comercio adquirió una dinámica que obligó a reemplazar el transporte de tracción animal por el motorizado. Esta necesidad condicionó la apertura de caminos carreteables para el paso de vehículos.

Las ocupaciones se diversificaron al quedar prácticamente sin uso la ayuda mutua: la construcción de vivienda adquiere un carácter remunerativo; el cercado de terrenos con alambre de púas, es trabajo pago y generó cierta especialización en el oficio; la construcción o apertura de canales de riego o pozas artificiales para abrevadero de animales, ya no fue función de los días prestados. Con la llegada de los vehículos para transportar la carga, la actividad del bultaje adquiere sus características definidas al interdependizarse de la faena agrícola.

Fue tal el papel que asumió como actividad que hoy día conforma uno de los oficios que se mantiene activo durante el transcurso de todo el año, y en el cual se vislumbra un potencial humano que podría dar iniciativa a una cualificación en cuanto a organización. Pero la inestabilidad de las actividades cuyas características se estudiarán en otro aparte, ha sido el factor negativo para su organización, oscilamiento de los que a ellas se dedican, como causa directa de la situación actual de la agricultura.

5. SITUACIÓN SOCIOECONÓMICA EN LOS OFICIOS Y ACTIVIDADES. SU POSICIÓN FRENTE A LA PRODUCCIÓN

En una comunidad ya conformada, aunque no definida en cuanto a su formación social por la convergencia de relaciones que tratan de adaptarse e imponerse unas y/o de conservarse otras, aparentemente se manifiesta un estado socio-económico general que dependerá de la situación agrícola del momento. Una posible claridad queda en su mayor parte cubierta por las respuestas de la mayoría de personas que vivieron épocas históricas pasadas de la comunidad como "mejores que ahora".

Pero dentro de la respuesta "antes se vivía mejor que ahora", se esconde la falta de identificación de las verdaderas intenciones de los que actuaban "de buena fe", y en beneficio de la comunidad, que es lo que se manifiesta ahora en estos tiempos difíciles. En todo caso, no es la intención esconder, que si bien es cierto, se pudo gozar de una buena situación, ésta estaba oculta por lo que posteriormente llamó la atención a todos los miembros de la comunidad.

Romualdo Franco, campesino de muchas jornadas de agro dice: "De pronto nos encontramos que antes las tierras las cogía uno sin pedirlas a nadie, pero ahora tiene que mendigarse el pedacito para hacer la roza"*. Esta argumentación ha sido validada por el

grupo y ella es punto de partida para caracterizar en el departamento del Atlántico y en la comunidad de Santa Cruz dos etapas históricas. La primera netamente de tipo campesino como lo predominante ?para no dejar por fuera algunos aspectos que están en formación dentro de esta forma campesina -, con una participación considerable de la mayoría de los integrantes en la producción. Con poca o ninguna división del trabajo diferente a la natural. La otra, la que se gestó al interior de la economía campesina como la dominante, que se articuló con ella y sirvió a la vez de vehículo para la integración de las demás instancias a las cuales se condicionaron sus características, haciéndolas dependientes, pero que no logró derrumbar. Es la de los momentos actuales, la que caracteriza y a la vez define la participación de las personas de acuerdo a la actividad que ejecutan y también establece su situación económica, social, política, cultural, etcétera.

Al volver al análisis de los grupos socioeconómicos actuales, se ha de estar alertas a no juzgar su condición o situación económica de acuerdo a su posición o participación en la producción. La participación va a estar dirigida en varias direcciones, que van determinando su situación económica. Ante tales circunstancias es de suma importancia la propuesta de caracterizar los grupos existentes en la comunidad de Santa Cruz, ligados a la actividad que cada uno realiza, la forma como la ejecuta y alguna aproximación a la interpretación que han hecho éstos de su participación en la vida comunitaria.

El Cuadro que a continuación se muestra está elaborado sobre la base de la ocupación de los grupos existentes, enfatizando en las diferentes direcciones que genera su participación*. Al momento de recolectar la información existía un debate en la comunidad de Santa Cruz, al interior de los grupos productivos y las diferentes ocupaciones que realizaban, relacionada con la posibilidad de constituir una cooperativa que se encargara de comercializar los productos de la agricultura: todos eran agricultores campesinos.

Similar situación también se pudo evidenciar en otros lugares del departamento del Atlántico, a los cuales por extensión de la ocupación de los bulteros, se dirigió la intención y la atención de este estudio.

Cuadro 1. Participación de los grupos de acuerdo a las ocupaciones.

 

GRUPOS

ACTIVIDAD FUNDAMENTAL

PARTIC

%.

TOTAL

%

IMPLEMENTOS E INVERSIÓN

Campesinos

Agricultura

22.32

22.32

Trabajo rústico. Unidad Familiar

Propietarios de carros para transporte

Agricultura

3.57

8.04

Capital. Contrato mano de obra

Capital. Contrato mano de obra

Transporte de carga

4.47

Terratenientes

Agricultura. Ganadería

4.47

4.47

Capital. Contrato mano de obra

Jornaleros libres

Cualquiera del agro

22.32

22.32

Fuerza de trabajo por salario

Bulteros

Trabajo en carros

8.93

24.10

Fuerza de trabajo por salario

Pequeña producción familiar

Agricultura

13.93

Albañilería

1.24

9.28

Fuerza de trabajo por salario

Choferes

Trabajo en los camiones

8.04

Albañiles

Construcción

1.78

6.25

Contrato

Producción familiar

Agricultura

4.47

Corraleros

En las haciendas. Ganadería.

4.46

4.46

Trabajo por salario

TOTALES

100.00

100.00

 

FUENTE: Encuestas a una muestra intencional de trabajadores en Santa Cruz, Atlántico. Mayo ? Junio 1982.

El porcentaje de la participación de los choferes está referido a los que trabajan en los carros dedicados al transporte de carga para los centros de consumo, no obstante haber tomado la muestra del universo de estos trabajadores, es decir, incluidos quienes cubren la ruta Santa Cruz- Barranquilla con el transporte de pasajeros y carga generada por la agricultura.

Al observar los porcentajes registrados por participación, aparentemente ésta debería indicar una mejor posición económica tanto para campesinos, como para jornaleros libres y bulteros. No está demás decir que la simple observación de los datos podría conducir a errores, pero la forma en que se tiene participación en la producción es la que establece claridad del por qué una mínima participación produce más ganancia, mejor situación económica. Mientras que la agricultura tradicional ?la de la unidad familiar- es practicada en forma rudimentaria y en las tierras de lomas o laderas aunque vinculada al mercado, está bien lejos de competir con la agricultura comercial ?sin que se haga la separación entre dos tipos de agricultura -; ésta última tiene la ventaja del capital que se invierte y que por lo tanto suelta un poco las amarras de las relaciones en el campo. Jesús Antonio Bejarano, economista colombiano, en su ponencia sobre Contribución al debate sobre el problema agrario presentada en el Primer Seminario Nacional de Desarrollo Rural en 1976, anotaba al respecto de esta desigualdad competitiva lo siguiente: "Lo que cabría preguntar ?y este es el problema que nos parece esencial- es cómo ante estas condiciones, la agricultura tradicional puede subsistir al lado de la gran explotación capitalista porque, ante el notable avance de la agricultura comercial, el subsector tradicional resiste a la descomposición a despecho de su evidente desventaja; cuáles son, en fin, los factores que bloquean la penetración de la agricultura comercial en el área de especialización de la agricultura tradicional" (1977, 81).

Bejarano responde por lo que ya Kausky había indicado como una respuesta en donde la persistencia de la pequeña explotación no estaría dada por su capacidad para sostener la competencia a la gran explotación, sino por el contrario, cesa de hacer la competencia y de tener importancia como vendedora de productos que la grande produce al lado de ella. Estos es, la pequeña explotación ya no vende cuando se desarrolla a su lado la gran explotación capitalista, se convierte de vendedora en compradora del excedente de los productos de la gran explotación y la mercancía que ella produce en exceso es precisamente el medio de producción que necesita la gran explotación: la fuerza de trabajo.

El citado Bejarano retoma textualmente los siguientes planteamientos de Kausky: "En esta forma, ambas explotaciones no se excluyen en la agricultura, sino que conviven como el capitalista y el proletario, aunque el pequeño campesino adquiera cada vez más el carácter de este último" (82). Para el autor que se viene referenciando esto es una parte del problema y seguramente la menor, lo más importante es quizás la integración de los pequeños agricultores minifundistas al mercado de productos, que es lo que garantiza la supervivencia de la agricultura tradicional. Luego esta especie de supervivencia es contribuyente en una participación directa mayoritaria en el proceso productivo con una baja participación económica de los beneficios que es lo que le da el carácter de no competitiva, ante la poca participación de capital que no alcanza sino para utilizar una técnica rudimentaria.

Aún más, aquí se encuentran las fuentes para el oscilamiento de las actividades que de la agricultura dependen, destacando que éstas no fungen ser condicionadas o determinadas por la existencia de una agricultura comercial, más bien, son generadas por la articulación de estos dos tipos de agricultura que en la comunidad se dan.

Al incluir en el análisis la participación del grupo de bulteros en la circulación de los productos agrícolas frente a sus ingresos económicos referidos a un año se observa que a mayor participación, menor ingreso económico. Mientras que la participación del grupo en la totalidad es de 22.32% (una participación individual de 0.89%) sus ingresos individuales están en un porcentaje de 0.01%. Si esto ocurre para un grupo que tiene una sobresaliente participación, es necesario explicar el por qué del fenómeno.

Ahora bien, al revisar la participación del grupo de los propietarios de carros, por ejemplo, aunque éste es minoritario con relación al anterior, sus ingresos económicos están por encima en términos de porcentaje a su participación (ver Cuadro 1), pero si se persiste en una observación a otros grupos mayoritarios en participación, los bulteros, por ejemplo, ésta tiene la característica de ser también doble. La razón de esta situación está en la inversión de cada grupo, los medios de que dispone para la participación en el proceso.

En todo caso, si la participación es mínima en el proceso, y se dispone de bajos elementos para vincularse en él, la situación económica es baja y si a esto se agrega una sola dirección en la participación (el grupo de los corraleros), las condiciones económicas y la calidad de vida van en deterioro cada vez más. Para el caso específico de los bulteros, no sólo de Santa Cruz, sino del departamento del Atlántico, el retiro de la actividad como bien lo había dicho un trabajador del grupo con más de 20 años de servicio ininterrumpido, "es doloroso porque uno siente que sale con las manos vacías, enfermo y sin quien responda: sin mucha oportunidad de volver a ser agricultor, ya que las fuerzas no alcanzan. Al igual que a mí y mis compañeros en el pueblo, también le ocurre a los de Luruaco, Repelón, Sabanalarga, con quienes hemos hablado a ver si nos organizamos para vivir mejor"*.

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Por:

Rosario Joaquín Reales Vega

Sociólogo colombiano residente en Barranquilla.

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