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Donación de órganos en la legislación peruana




Partes: 1, 2, 3
Monografía destacada
  1. Resumen
  2. Introducción
  3. Antecedentes
  4. Una alternativa de solución.
  5. Ética y equidad de la donación de órganos
  6. Cuanto sabemos de la donación de órganos
  7. Desde el punto de vista de la iglesia católica
  8. Cadena de obtención de órganos y tejidos
  9. Preguntas más frecuentes
  10. La muerte cerebral
  11. ¿Quieres ser donante? Haz que todos lo sepan
  12. Legislación vigente
  13. Casos prácticos
  14. Conclusión
  15. Bibliografía
  16. Anexos

RESUMEN:

EN ESTE TRABAJO SE HA RECOGIDO TODA LA LEGISLACIÓN VIGENTE RESPECTO DE LA DONACIÓN DE ÓRGANOS EN EL TERRITORIO PERUANO.

1.- INTRODUCCION

Los trasplantes de órganos y tejidos constituyen un medio terapéutico eficaz en el tratamiento de múltiples enfermedades y en la rehabilitación de pacientes cuya única alternativa de curación es a través de esta intervención médica.

Los avances en la ciencia médica han hecho de los trasplantes, un procedimiento cada vez más seguro y de mejores resultados, brindando a pacientes antes condenados a muerte, la posibilidad de una vida no sólo más larga sino de excelente calidad.

En Nuevo León, desde 1967 se practican exitosamente los trasplantes. Desde entonces, el número de personas que lo requieren aumenta en forma considerable cada año, pero debido a la escasa disponibilidad de órganos, no todos los pacientes pueden ser trasplantados con la oportunidad que lo requieren. La falta de donación de órganos provoca que muchas vidas se pierden anualmente.

En las Instituciones de Salud, se realiza el registro de los pacientes que requieren de un trasplante, la asignación de los órganos disponibles para trasplantes terapéuticos con estricto apego a los criterios médicos, y además, se ofrece información a la población sobre el Programa de Trasplantes y del proceso de donación voluntaria.

La sociedad puede participar en la difusión y promoción de éste Programa a fin de fomentar una cultura de donación que contribuya a lograr que más personas tengan la oportunidad de recuperar un estado de vida saludable.

EL GRUPO DE TRABAJO

2.- ANTECEDENTES

2.1. EL PRIMER DONANTE HUMANO DE ÓRGANOS

En 1933, el ruso Voronoy realizó el primer trasplante renal a una joven en coma urémico a partir de un hombre de 60 años. Los riñones trasplantados funcionaron precariamente durante los dos primeros días; entonces, le sobrevino la muerte a la paciente.

Voronoy comunicó en 1949 otros cinco trasplantes de riñón de cadáver conservado realizados sin éxito alguno.

El primer trasplante renal entre humanos con resultado de supervivencia del receptor tuvo lugar en Boston en 1947. A una joven en coma profundo por uremia, en anuria desde hacía diez días tras shock séptico secundario a un aborto complicado, se le trasplantó el riñón de un cadáver. El implante se practicó a nivel del pliegue del codo, y se mantenía caliente con el foco de una lámpara. El riñón secretó orina el primer día, y dejó de funcionar al segundo día. Dos días después, se reanudó la diuresis natural y se producía la curación.

En 1950 en Chicago, se realizó en EE.UU. el primer trasplante renal con implantación intraabdominal a una mujer afectada de poliquistosis renal y con función precaria a la que se le extrajo uno de sus riñones poliquísticos y se le sustituyó por el riñón de un cadáver. A los dos meses se comprobó que el riñón tenía función.

A partir de 1950, diferentes equipos europeos y americanos procedieron con el trasplante renal en humanos procedentes de cadáveres humanos.....

2.2. EL PRIMER TRASPLANTE RENAL CON ÉXITO ABSOLUTO

En 1954 se realizó el primer trasplante renal con éxito total al trasplantar un riñón entre gemelos univitelinos.

Durante la década de los cincuenta se avanzó en la investigación inmunológica, siendo en 1958, en Boston, donde se realizó un trasplante utilizando dosis de inmunosupresores. El riñón sobrevivió pero la paciente murió a causa de las infecciones provocadas por la inmunosupresión...

2.3. EL PRIMER DONANTE EN MUERTE ENCEFÁLICA Y A CORAZÓN LATIENTE

En 1963, Guy Alexandre en Lovaina (Bruselas) realizó el primer trasplante renal a partir de un cadáver en situación de "muerte cerebral" y con corazón latiente. El receptor falleción un mes más tarde por una septicemia.

En 1964 realizó el segundo trasplante renal de estas características, el riñón funcionó durante más de seis años. Ese mismo año Hamburguer en París realizó el segundo trasplante renal con donante cadaver en "muerte cerebral".

Ventiséis años más tarde, el riñón trasplantado garantiza una vida completamente normal a su receptor....

2.4. EL PRIMER ÉXITO EN EL TRASPLANTE DE HÍGADO

En 1963 Thomas Starzl realizó el primer trasplante de hígado entre humanos. A un niño de tres años afecto de atresia biliar que se encontraba en un estado fisiológico desastroso le trasplantó el hígado de otro niño fallecido de un tumor cerebral. Cinco horas de supervivencia.

En el mismo año, dos meses más tarde, practicó su segundo trasplante hepático, esta vez entre adultos. El receptor, un varón de 48 años de edad afecto de un glioma primario de cerebro. El trasplante fué un éxito, el receptor murió 22 días más tarde de una embolia pulmonar...

2.5. EL PRIMER ÉXITO EN EL TRASPLANTE CARDÍACO

En 1967 en Ciudad del Cabo, Chritiaan Barnard realizó el primer trasplante cardíaco en el ser humano. La donante, una joven con politraumatismos tras un atropello, presentaba lesiones cerebrales muy graves con actividad cerebral mínima al ingreso. Barnard solicitó la donación del corazón al padre de la víctima. Después de unos minutos de reflexión, el padre de la víctima respondió a Barnard:"si ya no existe esperanza para mi hija, intente salvar a ese hombre". El receptor fue un varón de 54 años tenía una miocardiopatía isquémica en estado terminal. Se instalaron donante y receptor, respectivamente, en dos quirófanos adyacentes. Cuando cesó toda actividad cardíaca en el electrocardiograma del donante y se comprobó la ausencia de respiración espontánea y de todos los reflejos durante siete minutos, se declaró muerta a la donante y se procedió a la extracción cardíaca. El injerto se implantó y funcionó, y cuando se cerró el torax las constantes vitales del receptor eran correctas. A los diez días el receptor caminaba por la habitación. Una neumonía bilateral provocará su muerte cuatro días más tarde.

Un més más tarde, Barnard realizó su segundo trasplante cardíaco. El receptor vivió diecinueve meses y medio.

2.6. EL PRIMER TRASPLANTE DE MÉDULA ÓSEA

Los orígenes de este procedimiento se remontan al año de 1939, con el reporte de un paciente quien recibió 18 ml intravenosos de médula ósea proveniente de su hermano para el tratamiento de anemia aplásica. Posteriormente en la década de 1960 las investigaciones del Dr. E. Donall Thomas llevaron al primer trasplante exitoso de médula ósea, por lo que fue galardonado en ese entonces con el Premio Nobel de Medicina.

Debido a los resultados del Dr. Thomas se logró una mayor aceptación de este procedimiento en los años posteriores, lográndose al final de la década de 1970 éxito en el primer trasplante autólogo de médula ósea para el tratamiento de linfoma. En la actualidad el trasplante de médula ósea cada día tiene más indicaciones para el tratamiento de algunas neoplasias hematológicas, tumores sólidos y aplasia medular.

3.- CONTENIDO

3.1. UNA ALTERNATIVA DE SOLUCIÓN.

Es una investigación teórica basada en preceptos lógico-matemáticos. Se pretende demostrar que las técnicas hipotérmicas de conservación de órganos para trasplante agotaron sus posibilidades de progreso. En su reemplazo se propone un método inédito, la conservación activa de los órganos en normotermia, el que además de solucionar los problemas actuales generará importantes beneficios adicionales. El autor intenta entusiasmar a la comunidad científica para que diseñe un prototipo del Dispositivo de Conservación Normotérmica y verifique en la práctica la solución propuesta.

3.1.1. INTRODUCCIÓN

Las técnicas actuales de conservación de órganos a ser trasplantados basadas en el enfriamiento, presentan problemas de difícil o imposible solución: poco tiempo de conservación; desecho de órganos disponibles; daños producidos por la isquemia; fallecimiento de pacientes en listas de espera por falta de órganos; rechazos inmunológicos; infecciones; períodos prolongados de hospitalización; costos muy elevados. Aplicando al estudio de cada una de las etapas involucradas el método de razonamiento indicado por el postulado del Límite Máximo de Optimización, se demuestra que a pesar de las mejoras que se incorporen a las técnicas hipotérmicas no se podrán alcanzar los resultados óptimos deseados. Según el postulado, para tener mejores resultados se deben realizar Cambios Conceptuales y Trascendentes: por esta razón, en oposición a las técnicas de conservación en frío y anulación de la circulación, se propone mantener los órganos a conservar funcionando en normotermia. Aplicando esta nueva técnica los órganos tendrán una suave transición desde el donador al receptor, sin interrumpir la circulación y manteniendo las condiciones de temperatura y funcionamiento propias del órgano. La isquemia será eliminada y dentro del Dispositivo de Conservación Normotérmica los órganos tendrán un período de conservación notablemente mayor. Antes de intentar el trasplante se realizará la adaptación del órgano dentro del Dispositivo de Conservación, para que los problemas de rechazo los sufra el injerto en lugar de sufrirlos el paciente-receptor. Será posible tener bancos con disponibilidad inmediata de órganos, se crearían nuevas industrias para la fabricación de los Dispositivos de Conservación y una nueva disciplina médica sería la de "especialista en conservación de órganos".

3.1.2. CARACTERÍSTICAS TEÓRICAS DEL DISPOSITIVO DE CONSERVACIÓN NORMOTÉRMICA

La aplicación de las técnicas normotérmicas se basa en el desarrollo de un Dispositivo de Conservación Normotérmica. El propósito del Dispositivo es simular el medio ambiente natural del órgano y posibilitar el flujo de la sangre y de otros líquidos. El objetivo final es lograr que el órgano no detecte diferencias entre el cuerpo del donante y el Dispositivo. Aunque cada tipo de órgano necesitará un Dispositivo distinto, existirán características comunes. En forma esquemática, el Dispositivo contaría con los elementos y las características siguientes:

  • Alojamiento para el órgano;
  • Mantenimiento del órgano en la oscuridad para evitar efectos indeseados de la luz;
  • Regulador de temperatura con sensores, para mantener la temperatura del conjunto igual a la temperatura normal del cuerpo;
  • Bombas que mantengan la presión adecuada de los fluidos y del órgano;
  • Oxigenador;
  • Recinto para la inspección, mantenimiento y agregado de los alimentos y medicamentos necesarios, extracción de muestras para análisis y reposición o reemplazo del volumen sanguíneo;
  • Marcapasos para mantener el ritmo cardíaco y, en otros órganos, reforzar los ritmos pulsátiles de circulación;
  • Detectores para monitoreo;
  • Elementos de conexión para conectarse primero al donante y luego al receptor;
  • Alimentación eléctrica desde la red y desde batería o generador diseñado para este propósito.

La mayoría de los elementos que se mencionan ya existen actualmente y su tamaño y peso se pueden modificar para adaptarlos a esta nueva aplicación, .

3.1.3. TÉCNICAS NORMOTÉRMICAS PROPUESTAS

La idea principal es lograr que el órgano a trasplantar haga una suave transición desde su extracción hasta su implantación. Si durante esta transición el órgano pudiera seguir funcionando normalmente sus lesiones se reducirían y mantendría sus reservas de energía dentro de límites razonables, sin necesidad de aportes externos o con necesidades mínimas. También se deberían eliminar los traumatismos que pudieran dañar la estructura del órgano o descompensar su funcionamiento. La circulación no se debe interrumpir y se deben mantener aproximadamente constantes la temperatura y los parámetros de funcionamiento propios de cada órgano: ej.: ajustar el ritmo cardíaco mediante marcapasos y mantener los gradientes de presión entre las aurículas y los ventrículos. Las técnicas normotérmicas harán posible la existencia de "bancos de órganos" a disposición permanente de los pacientes que los necesiten y tal vez no se usarían más las desesperanzadoras listas de espera. La obtención ilícita de órganos y su tráfico no serían un negocio lucrativo, por lo que este tema ya no preocuparía. Con el órgano funcionando normalmente dentro de un entorno que simule su hábitat, el período de conservación alcanzará niveles insospechados. La supresión total de la isquemia eliminará los daños relacionados y limitará la aplicación de drogas compensadoras. Al disponerse de más tiempo, se facilitarán los trámites legales. La adaptación del paciente al nuevo órgano tendrá aspectos inéditos pues se realizará, antes de intentar el trasplante, dentro del Dispositivo de Conservación: los problemas de rechazo los sufrirá el órgano en lugar de sufrirlos el paciente-receptor. Las infecciones del injerto se tratarán dentro del Dispositivo, sin afectar al futuro receptor. Las ventajas y las posibilidades futuras que abre este nuevo concepto son enormes: podría reducirse significativamente el tiempo de desactivación del sistema inmunológico del receptor y tal vez los estudios y experiencias podrían hacer innecesaria tal desactivación. Por tener al órgano dentro de un recinto manejable y controlable se podrían hacer experiencias tratando de encontrar los límites de su barrera inmunológica: quizás perturbando su equilibrio molecular con presiones y/o temperaturas y/o drogas y al mismo tiempo haciendo que la sangre del receptor circule por su interior, se podrían asemejar los parámetros del órgano a los del paciente-receptor... entonces, para el sistema inmunológico del receptor el injerto no sería extraño... También se le aplicarían al órgano las terapias genéticas necesarias para evitar el rechazo, sin riesgos para el paciente.

Disminuirían la gravedad de las infecciones y su cantidad, los efectos secundarios por aplicación de drogas y los períodos de hospitalización y recuperación. Al crecer la cantidad de receptores que tendrían acceso al trasplante de órganos para sobrevivir o para mejorar su calidad de vida, se produciría una disminución gradual de los costos.

El concepto del Dispositivo de Conservación es aplicable a todo órgano que pueda ser trasplantado. Por ejemplo, la atresia biliar en los niños se cura con trasplante de hígado, pero no hay donantes con la edad adecuada: la solución es la reducción hepática, separando un hígado compatible de adulto en 2 ó más fracciones y usándolo en más de un trasplante. Desde hace años se realizan experiencias con xenoinjertos.

El uso del Dispositivo de Conservación facilitaría los controles y los estudios para perfeccionar esta técnica. En el futuro, los órganos artificiales que se desarrollen podrían ser adaptados a cada usuario dentro del Dispositivo de Conservación.

3.1.4. SELECCIÓN DE DONANTES

Será menos exigente ya que al aumentar los períodos de conservación habrá tiempo para curar disfunciones del órgano, realizar estudios de histocompatibilidad cruzada, etc. Se usarán criterios menos limitativos que los actuales, incluyendo donantes de mayor edad y aún los que fallecen por alguna enfermedad que no afecte directa y definitivamente al órgano. Después de la declaración de muerte y cuando sea posible, se seguirán usando los sistemas de apoyo a la vida para conservar el funcionamiento de los órganos a trasplantar. Se tratará de incorporar rápidamente cada órgano a trasplantar dentro de su correspondiente Dispositivo de Conservación. El que los órganos se puedan mantener por largos períodos estimulará la promulgación de leyes regulando su obtención, lo que posibilitará que exista un stock de órganos capaz de satisfacer las demandas.

3.1.5. ABLACIÓN DE ÓRGANOS

Antes de la ablación se lo conectará al Dispositivo de Conservación forzando su funcionamiento a régimen normal. Se harán circular los fluidos por el Dispositivo y dependiendo del estado del órgano se agregarán anticoagulantes, medicamentos y todo elemento que pueda mejorar la sangre del donante. Cuando el órgano alcance su régimen de funcionamiento normal debido al aporte del Dispositivo de Conservación, se procederá a su ablación y se lo acomodará en forma conveniente dentro del Dispositivo.

3.1.6. CONSERVACIÓN DEL ÓRGANO EN EL DISPOSITIVO DE CONSERVACIÓN NORMOTÉRMICA

Con el órgano dentro del Dispositivo se harán los controles y estudios correspondientes y se aplicarán las medicaciones que el órgano necesite. Podría conservarse la sangre del donante, aunque el uso de sustitutos tendría algunas ventajas.

3.1.7. ADAPTACIÓN DEL ÓRGANO AL PACIENTE RECEPTOR

Se reemplazará la sangre del donante o sustitutos en forma parcial por la sangre del paciente-receptor. Se deja que circule el tiempo necesario para permitir la adaptación del órgano y se agregará más sangre del receptor hasta reemplazar totalmente a los líquidos originales. Se deberá controlar el estado del órgano para detectar síntomas de rechazo. Por breves períodos podría desactivarse el sistema inmunológico del órgano y es en esta etapa donde se harían las maniobras tendientes a igualar los parámetros inmunológicos del órgano a los del paciente-receptor. El funcionamiento del órgano con la sangre del receptor debería mantenerse hasta lograr su estabilidad.

3.1.8. IMPLANTACIÓN DEL ÓRGANO

Se conecta en paralelo el órgano donado con el órgano a reemplazar, sin desconectarlo del Dispositivo de Conservación. La conexión se debería mantener hasta verificar que no existe rechazo agudo irreversible.

3.2. ÉTICA Y EQUIDAD DE LA DONACIÓN DE ÓRGANOS.

Más de 25.000 jóvenes chilenos afirmaron su voluntad de ser donantes de órganos, comprometiendo gratuitamente y a futuro su cuerpo, aquello más propio y personal de cada uno. Lo hicieron en un clima natural donde tradiciones y doctrinas sufren erosiones difíciles de frenar, en tanto las políticas públicas de un estado benefactor o social están en retirada. El individuo queda entregado a sus propias decisiones éticas, a los avatares y riesgos de un proyecto de vida convocado a respetar el bien común a pesar de que se jibariza la malla de servicios sociales.

La donación de órganos busca establecerse en un medio donde la convivencia depende cada vez más de la voluntad propia y menos de programas institucionales y de estructuras sociales protectoras y solidarias. De allí lo admirable del compromiso de los jóvenes reclutados y la necesidad de otorgarles apoyo para validar y hacer respetar su decisión valorando, más allá de los órganos comprometidos y que ojalá no sean utilizados, el espíritu de comunidad ciudadana que los inspira.

La ética se nutre del doble vector de actuar en libertad y responsabilidad, y posee una asimismo doble proyección: en fomento del proyecto existencial propio y en respeto del bien común. Toda política pública en torno a los trasplantes será proba en tanto sea leal a los intereses individuales de los afectados a tiempo que cultiva los valores de la comunidad toda.

Racionalmente, la donación de órganos se valida por el mero hecho que un bien indispensable - el órgano de quien fallece- es indispensable para el receptor afectado de una enfermedad grave. Ningún argumento puede cuestionar el traspaso de un bien excedente, o que se ha vuelto inútil para su natural poseedor, hacia quien lo requiere en forma impostergable. Para que este traspaso sea moralmente inmaculado, se requiere una reglamentación adicional que evite los abusos y las discriminaciones indebidas, mas estas dificultades nunca son tantas como algunos han argumentado a objeto de restringir la donación.

Esta simple e irrefutable argumentación no es la única que apoya una postura facilitadora de la obtención de órganos. Diversas actitudes y valores, que no requieren ni se prestan a justificación por una lógica formal, intentan gestar un clima de probidad, tal vez hasta de excelencia cívica. Desde Rousseau hasta el necontractualismo contemporáneo de Rawls, las relacione sociales parecerían regirse por acuerdos de simetría bilateral basada en la presunta igualdad de todos los ciudadanos, condición que sin embargo no se cumple, llevando a impurificar los acuerdos contractuales, distorsionándolos y dándoles mayor o menor carácter de leoninos. La ética social no puede confiar en la contractualidad, por lo cual es importante destacar que también hay interacciones personales donde se abstrae de todo criterio de intercambio o traspaso, para preferir el compromiso pactado. El pacto es una vinculación donde la promesa ética sobrepasa el cálculo de la transacción.

De similar factura moral es el obsequio, gran ausente de las relaciones sociales que prefieren dar para recibir, conceder para ganar y privilegiar la retribución por sobre la contribución. Obsequiar es donar gratuitamente y la donación de órganos ciertamente exige, tanto legal como moralmente, que el órgano sea una dádiva, jamás un bien transable.

Rasgo medular de la modernidad ha sido que el predominio y la expansión de la tecnociencia han generado una hegemonía del artificio por sobre lo natural, por cuanto el control de la naturaleza es no sólo una pérdida estética, también significa una dispensabilidad de lo natural y una pérdida de respeto por lo que es, en tanto se adora aquello que se hace.

Dentro de la alta complejidad técnica de la medicina del reemplazo de órganos, es la trasplantación de la menos artificial si se la compara con diálisis, prótesis, órtesis y, más recientemente, clonación y cultivo de órganos. En la medida que sea encomiable respetar la naturaleza, será razonable generar espacios de amplia utilización de trasplantes de órganos por sobre formas más artificiales y más complejas de hacer medicina. El retorno a la valoración de lo natural por sobre el artefacto constituye, asimismo, una enseñanza importante para la juventud que ingresa a un mundo donde se comienza a cuestionar si los logros instrumentales son tan dignos de encomio como para justificar costos biológicos y aún políticos de creciente y en parte ya intolerable magnitud.

Para los escépticos frente a políticas que generosamente procuran órganos, vale la pena recordar que con toda probabilidad la gran mayoría de los ciudadanos están dispuestos a recibir un órgano si su enfermedad, o la de un allegado cercano, así lo requiriese. ¿Por qué, entonces, no desplegar una generosidad igualmente universal, haciendo simétrica la disposición de dar y de recibir? Si las compañías de seguros no se hubiesen apropiado del término con fines estratégicos, podría hablarse de una solidaridad social vinculada por la universalidad de ofrecer o recibir órganos.

Desde que las encíclicas sociales decimonónicas desarrollaron su invitación a la solidaridad, logrando constituirla en el gran tema de los discursos sociales, se ha erosionado el concepto hasta ser en la actualildad palabra hueca para la política y fuertemente metalizada para los calculadores de riesgos. El desgaste del término se acompaña de una opacificación de sus significados, de modo que se ha perdido gran parte de su poder de convocatoria. En su lugar, puede resultar más fructífero fomentar la estimulación del imaginario individual a fin de ampliar las sensibilidades más allá de las vivencias cotidianas. La imaginación es la facultad de presentar a la mente situaciones que no han sido directamente vividas. Enriquece el acervo de lo vivenciado y de lo recordable.

La imaginación personal debe ser ampliada para plantearse la propia biografía en diversas situaciones vitales, generando escenarios hipotéticos en que cada uno podría ser el protagonista o el testigo cercano de un requerimiento de órganos. La disposición a ser donante se afirma desde la comprensión virtual de lo que significa para la propia existencia estar en situación vulnerable y dependiente de la generosidad desinteresada de los otros.

La otra vertiente del imaginario consiste en recrear un elemento considerado clave en la maduración psicosocial de los individuos : ponerse en el lugar del otro y adoptar su perspectiva, es decir, imaginarse empáticamente lo que están viviendo y padeciendo individuos actualmente enfermos y discapacitados, sometidos a tratamientos provisorios de alto costo, marcada morbilidad y letalidad. Al estimularse la sensibilidad mediante una expansión del imaginario, se obtiene un acercamiento a las vivencias de otros, una compenetración con sus necesidades y una mayor disposición a facilitar la obtención de órganos.

Diversas disciplinas han ido concordando en la importancia de la narrativa como medio para acercarse al mundo interior del otro. De entre ellas, la literatura ha sido destacada como una de las más atractivas y eficientes formas de presentar narrativas. El fomento del humanismo, tanto en la educación como en la convivencia cívica, viene a ser más que mero deseo de excelencia moral convirtiéndose en un eficaz medio para enriquecer la sensibilidad de la ciudadanía contemporánea e inclinarla hacia una interacción cooperativa que, en el caso que nos ocupa, se traduce en una general facilitación en la procura de órganos para trasplantes. Es alentador que nuestra sociedad civil se vea moralmente enriquecida por el gesto solidario de su juventud.

3.2.1. LA ÉTICA EN LOS TRASPLANTES DE ÓRGANOS

El complejo proceso médico que supone la realización de un trasplante, con un relativamente elevado número de personas afectadas, implica la aceptación y seguimiento de una serie de principios éticos. La autonomía de la persona, la justicia y el no hacer daño y hacer el bien, son principios éticos que deben de ser respetados en cualquier trasplante.

La palabra ética, muy de moda en la actualidad, engloba los principios morales, circunscritos estos a determinados grupos, respeta los criterios deontológicos y acata los pronunciamientos jurídicos; genéricamente incluye "el sentido común", parafraseando lo de que "lo que no quieras para ti, no lo hagas a tu semejante", o bien "lo que quieras que te hicieran a ti, hazlo con los de más".

Cuando la ética se aplica a la medicina se le llama bioética, y sus principios son de aplicación en todos los procesos médicos, en las tomas de decisiones y particularmente en los trasplantes, debido a la complejidad del acto y al número de personas que afecta el proceso.

Los principios básicos son: autonomía de la persona en la toma de decisiones; no maleficencia: no hacer daño; justicia: distribución equitativa, y beneficencia: procurando hacer el bien.

Autonomía. Significa el respeto absoluto a la voluntad del individuo como persona: el respeto al ser humano en sí mismo y a las decisiones que haya tomado. En los trasplantes se documenta la voluntad, tanto en el momento de donar órganos como a1 someterse a un trasplante. Particular importancia tiene la manifestación de voluntad cuando una persona fallecida tiene que donar sus órganos, ya que una gran mayoría no; se ha manifestado en vida respecto a la donación de órganos, por lo tanto para constatar su voluntad en caso de fallecimiento se recurre a las personas más allegadas. Son momentos muy duros en los que se acaba de perder un ser querido pero, siendo conscientes de la situación, debemos intentar conocer la voluntad del fallecido con el fin de respetar su autonomía y las decisiones que hubiera podido tomar en vida, sin dejar de valorar la importancia que tiene la donación, ya que es la única posibilidad de que se realice un trasplante. Seré, pues, la familia la que nos documente que no hay manifestación en contra, demostrando de esta forma que se esté a favor de la donaci6n, en el único proceso médico generado por la sociedad, al donar los órganos de personas fallecidas para que otras personas se beneficien, cumpliendo así otro de los principios éticos.

No maleficencia. Es uno e los principios éticos más históricos y preceptivo en todas las actuaciones médicas. La aplicación a la persona fallecida se reconoce en que en su diagnóstico de muerte es independiente de si va a ser donante; es un acto médico, el certificar que una persona ha fallecido, y en el caso del donante de órganos el certificado lo firman tres médicos que no forman parte del equipo de trasplantes. El tratamiento al cadáver es el mismo que el de una intervención quirúrgica reglada, ya que el trasplante comienza con la obtención del órgano.

Justicia. A1 margen de que el proceso conlleva un cumplimiento legal, interesa destacar la forma de actuación ética, en cuanto a la distribución de los órganos o a quién se va a trasplantar, para lo cual se necesita que la adjudicación sea con arreglo a criterios médicos de máxima efectividad del trasplante y siguiendo protocolos que sean siempre verificables y que demuestren el porqué se ha trasplantado a un paciente y no a otro, teniendo en cuenta que la escasez de órganos es el verdadero factor limitante del número de trasplantes. Justicia equitativa sin más elementos condicionantes que los médicos.

Beneficencia. Principio último y finalidad a conseguir con el proceso. El hacer el bien a otras personas, que puede variar desde el seguir viviendo ante la necesidad de un órgano vital, corazón, hígado ó pulmones, hasta cambiarle su vida con un trasplante renal. El beneficio va implícito en la acción, pues para ello se procede al trasplante.

El beneficiario, o en este caso la persona que se va a trasplantar, debe ser informada de los beneficios que puede obtener con el trasplante y de los inconvenientes que pudieran surgir, todo ello documentado con lo que se conoce como Consentimiento informado, documento que se firmará tras una explicación completa, detallada y comprensible del proceso a que va a ser sometido, con la particularidad de que podrá renunciar a lo firmado en cualquier momento, cerrando así el proceso y respetando los criterios bioéticos que nos han ocupado en el proceso, respetando el de autonomía de las personas en la toma de decisiones ante los procedimientos que se van a llevar a cabo, y aplicable a todo proceso médico.

3.3. CUANTO SABEMOS DE LA DONACIÓN DE ÓRGANOS.

Todos podemos ser donantes de órganos para después de la muerte. Llegado ese momento los médicos determinarán cuáles son los órganos o tejidos que podrán ser utilizados para transplante.

Toda persona que necesita un transplante, no importa cual sea su condición social o económica puede recibir un órgano o tejido.

3.3.1. LA DONACIÓN SE HACE POR AMOR Y POR SOLIDARIDAD

La donación de órganos es una expresión de voluntad solidaria que toda persona puede hacer.

La voluntad de la donación se puede expresar de diversas formas: Contestando que sí ante la consulta de las autoridades de los Registros Civiles en cualquier trámite relacionado con el DNI o simplemente informando y compartiendo la decisión con los familiares y amigos más cercanos para que en el momento de la muerte se respete la voluntad en vida del donante.

3.3.2. ASPECTOS MEDICOS:

Un transplante puede salvar a aquellas personas en las que un órgano vital ha dejado de funcionar, o mejorar la calidad de vida de quienes están sometidos a tratamientos largos y penosos como la hemodiálisis. La Ley establece que sólo se puede ablacionar los órganos de una persona que ha muerto.

Una vez producido el fallecimiento, el médico que realizó el diagnóstico de muerte lo comunica al organismo apropiado, y éste concurre al lugar donde se encuentra la persona fallecida. Allí vuelve a certificar la muerte, siguiendo cuidadosamente los pasos y los tiempos establecidos por la Ley de Transplantes.

3.3.3. ASPECTOS LEGALES:

La donación de órganos para después de la muerte es un acto voluntario cuyo único requisito legal consiste en ser una persona capaz y mayor de 18 años.

La donación es gratuita. Todo tipo de especulación económica con los transplantes es castigado de forma muy severa por la Ley. De todos modos, la infraestructura de un operativo y la sofisticación de los quirófanos e instrumentales requeridos para una procuración e implante, hacen que cualquier práctica ilegal se vuelva imposible.

Juan Pablo II en la Carta Encíclica Evangelium Vitae, sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana dice:

86. "... En este contexto, rico en humanidad y amor, es dónde surgen también los gestos heroicos. Estos son la celebración más solemne del Evangelio de la Vida, porque lo proclaman con la entrega total de sí mismos; son la elocuente manifestación del grado más elevado del amor, que es dar la vida por la persona amada; son la participación en el misterio de la Cruz, en la que Jesús revela cuánto vale para Él la vida de cada hombre y cómo ésta se realiza plenamente en la entrega sincera de sí mismo. Más allá de casos clamorosos, está el heroísmo cotidiano, hecho de pequeños o grandes gestos de solidaridad que alimentan una auténtica cultura de la vida. Entre ellos merece especial reconocimiento la donación de órganos, realizada según criterios éticamente aceptables, para ofrecer una posibilidad de curación e incluso de vida, a enfermos tal vez sin esperanzas".

3.4. DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA IGLESIA CATÓLICA.

La Iglesia enseña que "el don gratuito de órganos después de la muerte es legítimo y puede ser meritorio".

La finalidad del texto anterior, pretende hacer ver a nuestros lectores que lo referente a la donación post-mortem es un asunto muy serio y que, en la práctica -por desgracia-, no siempre ni en todos los lugares, se observan las debidas cautelas en relación con la verificación de la muerte.

Además: "ofrecer en vida una parte del propio cuerpo, ofrecimiento que se hará efectivo después de la muerte, es ya en muchos casos un acto de gran amor, amor que da la vida por los demás".

Para la licitud de la obtención de órganos post-mortem es necesario, ante todo, que exista certeza médica del fallecimiento de la persona.

Por lo que se refiere a la separación del alma y del cuerpo -que es en lo que consiste, en realidad, la muerte del ser humano-, no resulta humanamente posible conocer con certeza el momento preciso en que se produce. Sin embargo, hay señales que permiten establecer al equipo médico un diagnóstico clínico de la muerte. En este sentido, el Papa Pío XII ha señalado que pertenece a la ciencia médica "dar una definición clara y precisa de la "muerte" y del "momento de la muerte". Por lo que se refiere a la constatación del hecho en los casos particulares, la respuesta no puede deducirse de ningún principio religioso o moral, y, bajo este aspecto, no pertenece a la competencia de la Iglesia".

En octubre de 1985, la Academia Pontificia de las Ciencias, publicó un documento sobre la prolongación artificial de la vida y la determinación exacta del momento de la muerte, como fruto del trabajo de un grupo de expertos. La conclusión del documento es que "la muerte cerebral es el verdadero criterio de la muerte".

En otros documento posterior, de 1992, ha precisado más exactamente que "el establecimiento de la pérdida total e irreversible de todas las funciones cerebrales, es el verdadero criterio médico de la muerte".

Por "muerte cerebral" se debe entender la muerte no solo del cerebro o corteza cerebral, sino la de todo el tejido encefálico. En opinión de J. Colomo, el concepto correcto de muerte cerebral es el de la destrucción de todo el tejido encefálico, "por garantizar la irreversibilidad del proceso y por causar la pérdida de las bases anatómicas que permiten expresar la racionalidad y de la coordinación funcional de todo el organismo".

Para establecer la muerte cerebral existen diversos métodos, pero no se ha formulado aún un criterio universalmente aceptado. Además del coma profundo, y de la ausencia de respiración espontánea y de reflejos dependientes del tronco encefálico, hay varios requisitos más, que son comunes en diversos protocolos: electroencefalograma plano, demostración de la ausencia de flujo sanguíneo encefálico, y otros.

Hay algunos que niegan la licitud de la explantación de órganos después de la muerte cerebral, mientras no se hayan manifestado los signos clásicos de muerte en el resto del cuerpo: cese completo de la circulación sanguínea, enfriamiento, inicio de la descomposición, etc. Según esto, serían ilícitos muchos trasplantes que se realizan en la actualidad. Sin embargo, esta postura no parece justificada.

No hay documentos del Magisterio de la Iglesia que hayan censurado los transplantes post-mortem tal como se llevan a cabo, por ejemplo, en bastantes hospitales cuya orientación moral depende de la Jerarquía eclesiástica; y existen, en cambio, afirmaciones en sentido contrario: "Cuando la muerte cerebral ha sido constatada con certeza, es decir después de las oportunas verificaciones, es lícito proceder a la obtención de órganos".

3.4.1. DONACIÓN DE ÓRGANOS SÍ; CLONACIÓN NO: S.S. JUAN PABLO II

VATICANO, 30 Ago. 00

Al recibir a los participantes del XVIII Congreso Internacional de la Sociedad de Trasplantes, el Papa Juan Pablo II defendió la donación de órganos, pero señaló enérgicamente que la clonación para esos efectos es totalmente inaceptable desde el punto de vista moral.

En un discurso pronunciado en inglés, el Pontífice señaló que "los intentos de clonación humana con el fin de obtener órganos para trasplantar, en cuanto implican manipulación y destrucción de embriones humanos, no son moralmente aceptables, a pesar de que su fin sea bueno en sí mismo"

El Papa recordó que "la ciencia prevé otras formas de intervención terapéutica que no suponen ni la clonación ni el uso de células embrionales, bastando para ello la utilización de células estaminales de organismos adultos"; y destacó que la medicina de los trasplantes, "mientras ofrece esperanza de salud y de vida a tanta gente, también presenta algunos puntos críticos, que requieren ser examinados a la luz de una atenta reflexión antropológica y ética".

"También en esta materia, el criterio fundamental de valoración debe ser la defensa y la promoción del bien integral de la persona humana, según su peculiar dignidad", agregó.

3.4.1.1. DONACIÓN DE ÓRGANOS: ACTO DE AMOR

Tras calificar la donación de órganos como "un auténtico acto de amor", el Papa puso de relieve que el cuerpo humano "no puede ser considerado únicamente como un complejo de tejidos, órganos y funciones, sino que es parte constitutiva de la persona".

Por eso, dijo el Papa "toda tendencia a comercializar los órganos humanos o a considerarlos como unidades de intercambio o de venta, resulta moralmente inaceptable, porque a través de la utilización del cuerpo como 'objeto', se viola la misma dignidad de la persona".

Juan Pablo II destacó también la importancia de que la persona que done los órganos sea adecuadamente informada, de modo que decida libremente y en caso de imposibilidad, se requiere "un eventual consenso por parte de los parientes".

3.4.1.2. ¿CUÁNDO ESTÁ MUERTO EL SER HUMANO?

Los órganos vitales sólo se pueden extraer del cuerpo de un individuo "ciertamente muerto". Aquí nace, dijo, "una de las cuestiones más debatidas en los círculos bioéticos actuales", el problema de "la constatación de la muerte". En este sentido, añadió el Santo Padre, "es oportuno recordar que existe una sola 'muerte de la persona', consistente en la total desintegración de aquel complejo unitario e integrado que es la persona en sí misma".

"La muerte de la persona entendida en este sentido radical es un evento que no puede ser directamente verificado por ninguna técnica científica ni metódica empírica. Pero, la experiencia humana enseña también que la muerte de un individuo produce inevitablemente signos biológicos".

El reciente criterio de constatación de la muerte, el de la "cesación total e irreversible de toda actividad encefálica, si es aplicado escrupulosamente, no aparece en contraste con los elementos esenciales de una correcta concepción antropológica", dijo el Pontífice; y señaló que "sólo cuando existe esta certeza es moralmente legítimo iniciar los procedimientos técnicos para extraer los órganos que hay que trasplantar, previo consenso del donante o de sus legítimos representantes".

3.4.1.3. "LISTA DE ESPERA" DE ÓRGANOS

El Papa comentó otro problema, el de "la atribución de los órganos donados mediante las listas de espera o la asignación de prioridades". El Pontífice destacó que desde el punto de vista moral, un principio de justicia obvio exige que estos criterios "no sean discriminatorios o utilitaristas. Para determinar quién tiene la precedencia en la recepción de órganos hay que atenerse a valoraciones inmunológicas y clínicas".

El último problema que afrontó en su discurso fue el de los llamados "xenotrasplantes", es decir, los trasplantes de órganos procedentes de especies animales. A este respecto, recordó lo que dijo en 1956 el Papa Pío XII: "La licitud de un 'xenotrasplante' requiere por una parte que el órgano trasplantado no incida en la integridad de la identidad psicológica o genética de la persona que lo recibe; por otra, que exista la probada posibilidad biológica de efectuar con éxito este trasplante, sin exponer a excesivos riesgos al que lo recibe".

3.4.1.4. CLONACIÓN, NO

Juan Pablo II manifestó el deseo de que la investigación científico-tecnológica en el campo de los trasplantes "progrese ulteriormente, extendiéndose también a la experimentación de nuevas terapias alternativas al trasplante de órganos"; "Sin embargo -recordó-, hay que evitar siempre aquellos métodos que no respeten la dignidad y el valor de la persona; pienso en particular en los eventuales proyectos o intentos de clonación humana con el objetivo de obtener órganos para trasplantar", concluyó.

3.4.2. «DONAR LOS ORGANOS ES UN GESTO DE AMOR»

CARDENAL RATZINGER

ROMA, 4 feb. (Zenit).- «Donar los propios órganos es un gesto de amor moralmente lícito siempre que sea un acto libre y espontáneo». Con estas palabras, el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, recuerda la línea mantenida por la Iglesia en este tema, cuando se acaba de aprobar ayer una ley en Italia para agilizar la donación de órganos y, por tanto, la realización de transplantes. La ley, como otras del entorno europeo, presupone que una persona es potencial donante si no se opone expresamente. Es decir, quien calla otorga.

Por primera vez, el cardenal confiesa que forma parte de una asociación de donantes de órganos, mientras subraya la contrariedad de la Iglesia ante cualquier forma de procreación artificial --el Parlamento italiano debate un polémico proyecto de ley sobre fecundación «in vitro»--: «Poner a disposición, espontáneamente, partes del propio cuerpo para ayudar a quien tiene necesidad es un gesto de gran amor. No es así, en cambio, el caso de la fecundación artificial de los embriones, que no prevé el acto de amor entre cónyuges. Sobre estos aspectos, es siempre válido lo que está escrito en la «Instrucción sobre el respeto de la vida humana por nacer y la dignidad de procreación», la «Donum vitae», publicada en 1987. Aquel documento, después de doce años, sigue siendo actualísimo», recuerda el cardenal.

P.- Cardenal Ratzinger, ¿es siempre moralmente lícito donar los propios órganos?

R.- Cierto que es lícito incorporarse, espontáneamente y con plena consciencia, a la cultura de los transplantes y de la donación de órganos. Por mi parte, sólo puedo decir que he ofrecido toda mi disponibilidad a dar, eventualmente, mis órganos a quien tiene necesidad.

P.- ¿Esto quiere decir que está incluso inscrito en una asociación de donantes?

R.- Sí, hace años que me inscribí en la asociación y llevo siempre conmigo este documento en el que, además de mis datos personales, está escrito que estoy dispuesto, si se da el caso, a ofrecer mis órganos para ayudar a cualquiera que tenga necesidad: es simplemente un acto de amor.

P.- ¿Qué significa para un cristiano ofrecer el propio cuerpo para transplantes?

R.- Significa tantas cosas juntas. Pero, sobre todo, significa cumplir, repito, un gesto de altísimo amor hacia quien tiene necesidad, hacia un hermano en dificultad. Es un acto gratuito de afecto, de disponibilidad, que cada persona de buena voluntad puede realizar en cualquier momento y por cualquier hermano. Esto es todo.

P.- Un acto que, ahora en Italia, se codifica con una ley. ¿Qué piensa de esta ley?

R.- En mi situación, no me permito juzgar ninguna ley de ningún Estado. No juzgo las leyes. Digo sólo que donar los órganos para transplantes, espontáneamente, en plena consciencia y en pleno conocimiento, significa dar vida a un verdadero, profundo, acto de amor hacia el prójimo.

P.- Y, sin embargo, en torno a este «acto de amor» se polemiza: en especial sobre el silencio-asentimiento informado. ¿Qué opinión se ha hecho sobre esto?

R.- No, no respondo. Son aspectos legislativos sobre los que no puedo absolutamente pronunciarme. Incluso porque aún no conozco suficientemente todos los términos de las normas en cuestión. Pero sobre las leyes no expreso juicios, más allá del hecho de que la donación es un gesto de gratuidad fraterna y afectiva.

P.- ¿Nada que decir sobre la fecundación asistida?

R.- Sobre la fecundación es siempre válida la Instrucción «Donum vitae», contraria a toda forma de manipulación y a cualquier acto procreativo fuera del amor conyugal.

3.5. CADENA DE OBTENCIÓN DE ÓRGANOS Y TEJIDOS.

3.5.1. PESQUISA Y AVISO DE DONANTE POTENCIAL A NIVEL DE TODO EL PAÍS.

El Paciente ingresa con daño cerebral grave a cualquier centro de urgencia.

Se da aviso a un coordinador de la Corporación del Trasplante.

Los teléfonos de los coordinadores se encuentran en todos los centros de urgencia y unidades de cuidado intensivo.

Los trasplantes de órganos sólo podrán realizarse con fines terapéuticos.

3.5.2. EVALUACIÓN MÉDICA INICIAL DEL DONANTE POTENCIAL.

Es realizada por el médico tratante de la UTI y/o Urgencia quien acude, a su vez, a la evaluación de un neurólogo o neurocirujano, quienes pueden solicitar exámenes complementarios si lo consideran necesario.

3.5.3. CERTIFICACIÓN DE LA MUERTE ENCEFÁLICA POR ESPECIALISTA.

Es La pérdida total e irreversible de todas las funciones del cerebro. Entre otras se pierde irreversiblemente la capacidad de respirar y el cuerpo de la persona sólo puede ser mantenido en forma artificial por algunas horas. De acuerdo a la ley de Trasplantes el diagnóstico de muerte encefálica solo es hecho por un neurólogo o neurocirujano especialista. Está basado en una serie de condiciones clínicas y de laboratorio muy precisas y estrictas. Se repite la evaluación varias veces. El especialista no está relacionado con los equipos de trasplante. Solo el 1-4 por ciento de las muertes producidas al año en un recinto hospitalario se encuentran en la categoría de muerte encefálica. La principal causa de muerte encefálica es el trauma encéfalocraneano.

3.5.4. SOLUCIÓN A PROBLEMAS MÉDICO-LEGALES.

Concurrencia médico legista según lo establece la ley.

Si la muerte es por causa desconocida o se presume la participación de terceros es el médico legista quien autoriza la extracción de los órganos junto a la autorización familiar.

3.5.5. CONTACTO CON LA FAMILIA, SOLICITUD DE DONACIÓN.

Lo hace el coordinador local del centro asistencial o el coordinador de la Corporación del Trasplante. Se solicita las autorizaciones necesarias para la extracción de órganos. Solo el 40 - 50 por ciento se convierte en donante efectivo. La negativa familiar es la principal causa de falla en este proceso.

3.5.6. TRANSPORTE DE MUESTRAS DE SANGRE Y LINFONODOS AL INSTITUTO DE SALUD PUBLICA.

Se realizan exámenes especializados para determinar la compatibilidad entre los tejidos del donante y el registro nacional de posibles receptores. Actualmente hay 800 adultos y 200 niños en la lista de espera.

3.5.7. ACTIVIDADES PARA EXTRACCIÓN DE ÓRGANOS.

La Corporación del Trasplante coordina el traslado de los equipos médicos para la extracción de los órganos y tejidos en cualquier punto del país y para el traslado de éstos. El orden de una extracción multiorgánica es la siguiente: Pulmón, Corazón, Hígado, Páncreas, Riñones, Válvulas Cardíacas, Córneas huesos y piel . Los órganos se conservan en soluciones especiales a 4 grados de temperatura hasta el momento del trasplante.

3.5.8. ASIGNACIÓN, TRASLADO Y TRASPLANTE DE ÓRGANOS.

Una vez efectuada la extracción de órganos la Corporación del Trasplante coordina el traslado de los órganos y de los equipos médicos al hospital donde se realizará el trasplante. Es esencial la ayuda de Carabineros de Chile, la Fuerza Aérea de Chile y otros.

La asignación de órganos está dada por el Instituto de Salud Pública de Chile, de acuerdo a criterios técnicos estrictos que son revisados periodicamente por la Comisión Integrada de Trasplante.

3.5.9. REGISTROS: DE DONANTES, RECEPTORES, PROCEDIMIENTOS MÉDICOS Y MÉDICO-LEGALES QUE ASEGUREN CALIDAD, SEGURIDAD Y TRANSPARENCIA.

La Corporación mantiene una estadística diaria de los potenciales donantes producidos en el país como el total de donantes efectivos y los destinos de esos órganos. Se analizan los problemas existentes y se proponen soluciones. Una vez al año se entrega una memoria final donde se resumen todas las actividades del período.

3.6. PREGUNTAS MÁS FRECUENTES.

3.6.1. PREGUNTA 01

¿En qué momento se efectúa la donación?

De acuerdo con la Ley General de Salud, los órganos pueden ser tomados cuando los médicos determinen la pérdida de la vida, siendo estos médicos ajenos y distintos a los que realizan los trasplantes y al médico a cargo de la persona que ha fallecido.

3.6.2. PREGUNTA 02

Si deseo donar los órganos de algún familiar que haya fallecido, ¿qué debo hacer?

Informar a los médicos que lo atendieron dentro de instituciones autorizadas por la Secretaría de Salubridad y Asistencia.

3.6.3. PREGUNTA 03

¿La Iglesia Católica se opone a la donación de órganos o los trasplantes de órganos y tejidos?

No. Inclusive el Papa Juan Pablo II, expresó el 21 de junio de 1991:

"Debemos alegrarnos de que la medicina en su servicio por la vida, y con el advenimiento de los trasplantes de órganos, nos reta a que amemos a nuestro prójimo, en términos evangélicos, a amar hasta el final". "Los médicos no tienen obligación de continuar el uso de medidas extraordinarias para mantener con vida al sujeto irrecuperable".

3.6.4. PREGUNTA 04

¿Está legislada la donación de órganos y tejidos?

Sí. La Ley 23415, estipula en el control sanitario de la disposición de órganos, tejidos y cadáveres de seres humanos.

3.6.5. PREGUNTA 05

¿Qué se piensa acerca de la donación y trasplantes de órganos y tejidos en general?

Altruistas de todo el mundo consideran las donaciones, expresiones altamente humanitarias.

La entrega de un órgano o tejido esencial para la vida de otro ser humano es consistente con los más altos principios éticos y religiosos.

3.6.6. PREGUNTA 06

Si yo necesito un órgano para mí o para algún familiar. ¿A dónde debo acudir?

Puede acudir al hospital que atiende el caso y los médicos le informarán de los requisitos y trámites a realizar.

3.6.7. PREGUNTA 07

¿Cómo puedo contribuir a la donación de órganos?

Hable con otras personas sobre los beneficios que representa para muchos pacientes la donación de órganos. Invítelos a adquirir y llenar su credencial de donador, y que al igual que usted, comuniquen su decisión a familiares y amigos. A mayor número de donadores, mayor será la cantidad de personas beneficiadas.

3.7. LA MUERTE CEREBRAL.

La técnica médica actual permite conocer en qué momento se pierde completamente y para siempre la capacidad de conciencia del paciente, y se da por tanto, la muerte cerebral, aunque no se haya producido la parada cardiorespiratoria.

Durante siglos, las culturas primitivas asociaron la muerte a la simple ausencia de movimiento. Estaba muerto lo que no se movía. Mucho más tarde, algunas sociedades precientíficas, relacionaron la muerte con la ausencia de respiración, llegando a asociar el aliento exhalado con la fuente de la vida. Morir era, para estas culturas, dejar de respirar. Otras sociedades, sin embargo, llegaron a asociar el fin de la vida con la interrupción del latido cardíaco. El hombre moría cuando el corazón se detenía. Se llegó, incluso, a situar el alma en el corazón, de tal manera que cuando este dejaba de latir, aquella abandonaba el cuerpo.

El desarrollo de la ciencia fue confirmando estas intuiciones. De esta manera se fue asentando durante años la creencia científica de que las funciones cardiaca y respiratoria eran el elemento constitutivo y esencial de la vida humana, y que su finalización equivalía, por lo tanto a la muerte. Dos descubrimientos científicos, ocurridos en la mitad del siglo XX, vinieron a poner en duda estas falsas certezas.

En primer lugar, el descubrimiento de la reversibilidad de las paradas cardiorespiratorias. Efectivamente, hoy sabemos que la interrupción de las funciones cardiaca y respiratoria puede ser reversible. La medicina está hoy en condiciones de recuperar el latido cardiaco y la reaspiración, hasta varias horas después de su detención: siempre que las maniobras de reanimación se inicien pronto. Es la conocida resucitación cardiopulmonar.

Este descubrimiento, aparte de salvar muchas vidas, sirvió para poner en crisis la relación entre el paro cardiorrespiratorio y la muerte. Si podemos recuperar el latido del corazón y la respiración, y el enfermo sale vivo del trance, resulta evidente que no llegó a estar muerto, puesto que la muerte, por definición, es un pro- ceso irreversible. E1 descubrimiento de la reversibilidad de la parada cardiorrespiratoria, y la extensión de las prácticas de resucitación cardiopulmonar, pusieron, además, en evidencia que existía un elemento determinante que condicionaba la irrecuperabilidad del enfermo para la vida: las lesiones cerebrales irreversibles, deriva- das de la ausencia de flujo sanguíneo al sistema nervioso central.

En segundo lugar, el nacimiento de la medicina intensiva que permitió, progresivamente, avanzar en el desarrollo de técnicas de sustitución de las funciones orgánicas deterioradas o perdidas: la respiración, el trabajo cardiaco, la alimentación, la función renal... Efectivamente, hoy la medicina es capaz de mantener artificialmente de forma prolongada, entre otras, las funciones respiratoria y cardiaca, lo que refuerza la evidencia de que no se asienta en ellas, la esencia de la vida humana.

El mantenimiento artificial de las funciones cardiaca y respiratoria, las desplazó, definitivamente, de la definición de muerte, por lo que se hizo imprescindible encontrar nuevos criterios que determinaran cuándo un ser humano había dejado de existir, para evitar su mantenimiento indefinido e innecesario, una vez muerto.

La respuesta a todas las preguntas que estos dos descubrimientos científicos provocaron, estaba en la neurología. Si algo define al ser humano es su capacidad de conciencia. Su capacidad de percibir, de sentir, de aprender, de recordar, de imaginar, de soñar... Su capacidad para reconocerse y para relacionarse. Su capacidad para saber que existe, para saber que esté en el mundo y para, desde ambas certezas, interaccionar con su entorno. Cuando se pierde de forma completa y permanente cualquier capacidad de conciencia, el ser humano ha dejado de existir, ha muerto.

Esta definición ya aceptada, completamente y sin reservas, por la ciencia médica y progresivamente por la sociedad. ¿O alguien puede pensar que sigue vivo un accidentado que ha perdido la masa cerebral como consecuencia del traumatismo, si conseguimos mantener, artificialmente, el latido cardiaco y su respiración?

La función de la conciencia asienta, como todas las funciones somáticas, en un órgano. Es e encéfalo, particularmente en dos de sus estructuras: la corteza cerebral y el tronco encefálico. Hoy estamos en condiciones de medir, a través de una serie de exploraciones y técnicas, las funciones de la corteza cerebral y del tronco y de conocer en qué momento ambas han cesado total y definitivamente. La exploración más conocida y utilizada es el electroencefalograma, pero existen muchas otras. Esta medición nos permite saber en qué momento se pierde completamente y para siempre la capacidad de conciencia del paciente, y por lo tanto determinar su muerte. Es la denominada muerte cerebral o mas apropiadamente muerte encefálica.

La muerte del cerebro es la muerte del individuo. Esta es una realidad científica que poco a poco vamos integrando en nuestro substrato cultural y psicológico. Si la vida nos enfrenta a la difícil experiencia de ver morir a un familiar en estas condiciones, podremos, en un gesto de infinita generosidad, dar a otros la vida que nuestro ser querido ha perdido. Ojalá nadie deje de hacerlo.

Normalmente, la mal denominada muerte somática y la muerte cerebral, van unidas. Ambas se provocan una a la otra. La muerte somática produce en pocos minutos la muerte encefálica y viceversa. Sin embargo, en ciertas situaciones, se produce la muerte encefálica, previamente a la somática, y con ciertas técnicas médicas, estamos en condiciones de mantener durante unas horas las constantes cardiaca y respiratoria, y secundariamente el funcionamiento de los principales órganos. Es durante estas horas de oro, cuando se puede realizar una donación de órganos. El enfermo ha muerto pero artificialmente mantenemos en funcionamiento sus principales órganos, que se pueden convertir en un preciado regalo para otro paciente.

3.8. ¿QUIERES SER DONANTE? HAZ QUE TODOS LO SEPAN.

Desde el punto de vista personal, el momento más difícil y delicado del proceso de donación y trasplante es la entrevista en la que se solicita los órganos a los familiares. Conocer de antemano la voluntad del fallecido, porque ya en vida ya había manifestado su intención de ser donante, aligera de forma sustancial los difíciles momentos por los que atraviesan los familiares cuando han de tomar la decisión.

Desde hace varios años, España ocupa un lugar de liderazgo mundial en cuanto a donación y trasplante de órganos y tejidos. Esto ha hecho posible que miles de enfermos de riñón, corazón, hígado o pulmón, para los que no existe tratamiento efectivo, puedan salvar la vida gracias a un trasplante y reintegrarse a su vida familiar y social con una normalidad casi absoluta, consiguiendo mejorar su calidad de vida de una forma muy ostensible.

Los continuos avances científicos en la medicina, la mayor experiencia y la mejor preparación de los equipos profesionales implicados en los trasplantes, junto con otros factores de tipo organizativo, de infraestructuras, etc., han hecho que la garantía de éxito en este tipo de intervenciones sea cada vez mayor. Esto conlleva el aumento del número de pacientes que pueden beneficiarse de esta terapéutica, lo que significa que, a pesar de la gran actividad desarrollada y los indudables éxitos conseguidos, las listas de espera siguen creciendo y son miles los pacientes que esperan un 6rgano que les pueda salvar la vida o liberarlo de la dependencia de una máquina.

La cruda realidad de las listas de espera nos lleva a plantearnos cuál es el obstáculo que impide que se realicen más trasplantes, y la conclusión no es otra que la escasez de órganos. Hay una frase muy difundida entre los profesionales que trabajamos en este campo y que resume perfectamente esta situación: Sin donantes no hay trasplantes, por lo que hay que plantearse cuáles son las circunstancias que impiden que aumente el número de donaciones, para poder ofrecer más oportunidades a aquellos enfermos que esperan un órgano.

E1 acto de la donación de órganos es un acto fundamentalmente generoso y solidario ya que significa entregar algo a otra persona sin esperar nada a cambio. La sociedad española ha demostrado en sobradas ocasiones que es una sociedad profunda- mente solidaria, y la donación de órganos no es una excepción a esta regla. Si España es el primer país del mundo en índices de donación, se debe fundamentalmente a que el sentimiento mayoritario de nuestra sociedad es favorable a la misma.

Este sentimiento mayoritario de la sociedad española tiene su reflejo en nuestra legislación en materia de trasplantes, que en el aspecto concreto de la donación, se basa en el principio del consentimiento presunto. Esto significa que podría ser donante toda aquella persona fallecida que no hubiese expresado en vida su voluntad contraria. A su vez, y como no podría ser de otra manera, establece el respeto escrupuloso de la voluntad del fallecido. Esto obliga a los profesionales responsables a que, cuando se produce un fallecimiento con posibilidad de donación, averigüen cual era la voluntad del paciente, lo que implica invariablemente, plantear esta cuestión a la familia y personas más cercanas, solicitando su consentimiento.

Por esta razón debemos dejar de lado el miedo o el pudor a hablar de estas cuestiones, comentarlas con nuestros amigos y familiares, y si nuestra intención es la de ser donantes y ofrecer algo a los demás, cuando ya nada se pueda hacer por nosotros, hay que decirlo, hacerlo publico, que todos sepan que queremos serlo, contribuyendo de este modo a aumentar las oportunidades de aquellos que necesitan un trasplante para seguir viviendo.

Éste es, sin duda, uno de los momentos más duros que nos toca vivir a todos los profesionales que trabajamos en trasplantes, ya que tenemos que actuar inmediatamente después de una muerte, la mayor parte de las veces inesperada, cuando la familia todavía no ha asumido la pérdida. Desgraciadamente, el tiempo es fundamental y de la rapidez con que se inicie todo el proceso puede depender el éxito del futuro trasplante.

Nuestra experiencia nos indica que, el hecho de conocer de antemano cual era la voluntad del fallecido, facilita enormemente este trámite y disminuye la ansiedad de las familias que no tienen que tomar una decisión propia, desconociendo la opinión de su ser querido, sino que en todo momento tienen la seguridad de cumplir con su voluntad, lo que, en cierta medida, puede reconfortarles en esos momentos tan difíciles.

Por el contrario, el desconocimiento de esa voluntad crea desasosiego y ansiedad en la familia, que debe tomar una decisión en un momento de gran tensión y sin la opinión que más podría importar en este caso. No son pocas las veces que por este motivo no se autoriza la donación, escuchándose frases como "yo soy donante, pero no puedo autorizar la donación porque desconozco cual era su opinión'' o "no conozco su voluntad, porque nunca hemos hablado de este tema'' Este es el motivo de que un número no despreciable de posibles donaciones no lleguen a buen término, impidiéndose de esta manera el acceso al trasplante de muchos enfermos

4.- LEGISLACIÓN VIGENTE

4.1. CONSTITUCIÓN POLÍTICA Art. 2 inc. 7

"Toda persona tiene derecho a: ...

7. Al honor y a la buena reputación, a la intimidad personal y familiar, así como a la voz y a la imagen propias.

Toda persona afectada por afirmaciones inexactas o agraviada en cualquier medio de comunicación social tiene derecho a que éste se rectifique en forma gratuita, inmediata y proporcional, sin perjuicio de las responsabilidades de ley".

4.2. CONSTITUCIÓN POLÍTICA Art. 7

"Todos tienen derecho a la protección de su salud, la del medio familiar y la de la comunidad, así como el deber de contribuir a su promoción y defensa. La persona incapacitada para velar por si misma a causa de una deficiencia física o mental, tiene derecho al respeto de su dignidad y a un régimen legal de protección, atención, readaptación y seguridad".

4.3. C.C. Art. 6

"Los actos de disposición del propio cuerpo están prohibidos cuando ocasionen una disminución permanente de la integridad física o cuando de alguna manera sean contrarios al orden público o a las buenas costumbres. Empero, son válidos si su exigencia corresponde a un estado de necesidad, de orden médico o quirúrgico, o si están inspirados por motivos humanitarios.

Los actos de disposición o de utilización de órganos y tejidos de seres humanos son regulados por la ley de la materia".

4.4. C.C. Art. 7

"La donación de partes del cuerpo o de órganos o tejidos que no se regeneran no debe perjudicar gravemente la salud o reducir sensiblemente el tiempo de vida del donante. Tal disposición está sujeta a consentimiento expreso y escrito del donante".

4.5. LEY N° 23415:

Artículo 1.-

Están regidos por la presente Ley los transplantes de órganos y tejidos de cadáveres. Asimismo, los transplantes de órganos y tejidos de personas vivas.

Artículo 2.-

Al ocurrir la muerte, los restos mortales de la persona humana se convierten en objeto, se conservan y respetan de acuerdo a ley.

Pueden usarse en defensa y cuidado de la salud de otras personas según lo establecido por esta Ley.

Artículo 3.-

Todo órgano o tejido de un cadáver puede ser utilizado para la prolongación o conservación de la vida humana o con fines de investigación científica.

Artículo 4.-

Toda persona que reciba tratamiento en un establecimiento de salud, que desee que después de su fallecimiento sus órganos o tejidos sean usados para transplantes, deberá manifestarlo expresamente. En su defecto y por razones de imposibilidad material, podrán otorgar dicha autorización, los padres, hijos o el cónyuge.

Artículo 5.-

Para efectos de la presente ley, se considera muerte, a la cesación definitiva e irreversible de la actividad cerebral.

Su constatación es de responsabilidad del médico que la certifica.

Artículo 6.-

Para declarar la muerte de una persona, por cesacióndefinitiva e irreversible de la actividad cerebral o de la función cardio-respiratoria, se requerirá el acuerdo unánime de una junta integrada por: el Director o representante de la Clínica u Hospital en que se encuentre el paciente, el médico tratatante y un especialista neurólogo, acuerdo que constará en acta firmada para tal efecto.

Artículo 7.-

Para los transplantes de órganos y tejidos, de una persona viva a otra, se requiere:

a) La necesidad para el receptor, como la mejor alternativa, del transplante o el tejido u órgano lesionado por otro similar.

b) El consentimiento expreso del donante.

Artículo 8.-

En los casos de accidente, en que la muerte de una persona se produzca en un Centro Asistencial Público o Privado, como consecuencia del cese irreversible de la función cerebral, es permisible la ablación de sus órganos con fines de transplante, sin que para tal efecto se requiera del consentimiento de los parientes, referido en el artículo 4 de esta Ley y concordante con el artículo 13 del Códgo Civil. Dichos órganos son del Banco de Oragnos y Tejidos para Transplantes, para su uso gratuito.

La ablación de órganos y tejidos, a que se refiere el presente artículo, no es aplicable, si la persona en vida, hubiera dejado constancia expresa de su oposición, en el registro Nacional de Donantes de Organo y Tejidos, que se crea por esta ley.

Artículo 9.-

En los casos de accidente de tránsito, en que la persona pierda el conocimiento, ésta podrá ser levantada y trasladada a un Centro Asistencial para su inmediata atención o certificación de la muerte, por cualquier profesional médico.

Artículo 10.-

Créase el registro Nacional de Donantes de Organos y Tejidos, con el carácter de obligatorio y de libre determinación, dirigido y organizado por el Ministerio de Salud.

Este Registro será implementado con el carácter multisectorial, en el término de 180 días a partir de la promulgación de la presente ley.

El Ministerio de Salud, el Instituto Peruano de Seguridad Social y los Hospitales de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Policiales, contarán en sus respectivos Cenntros Asistenciales y Consultorios externos, con el registro actualizado de Donantes de Organos y Tejidos.

Artículo 12.-

Créase el Banco de Organos y Tejidos para Transplantes, con la finalidad de atender en forma oportuna y eficiente, los requerimientos de los pacientes.

El Ministerio de Salud, el Instituto Peruano de Seguridad Social y los Organos Directivos de los Hospitales de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas Policiales, quedan encargados de su implementación en un plazo no mayor de 180 días de la promulgación de esta Ley.

4.6. LEY N°. 26454.

Artículo 3°.-

El Programa Nacional de Hemoterapia y Bancos de Sangre, como órgano competente del Ministerio de Salud, estará conformado por dos niveles: El normativo y el operativo, éste último constituído por los diferentes Centros de Hemoterapia y Bancos de Sangre públicos y privados, organizados en una Red. Su organización y funciones será materia del Reglamento.

Artículo 9°.-

La donación de sangre humana, es un acto voluntario y gratuito, realizado con fines terapéuticos o de investigación científica.

Queda prohibido el lucro con la sangre humana.

Artículo 15°.-

Los Bancos de Sangre que conforman la Red Nacional están obligados a mantener una reserva estratégica, permanente y renovable del listado de personas, insumos, sangre y componentes sanguíneos para atender una demanda inusitada en situaciones de catástrofe o emergencia nacional en coordinación con el Sistema Nacional de Defensa Civil.

4.7. LEY N° 26626.

Artículo 4°.-

Las pruebas para diagnosticar el VIH/SIDA son voluntarias y se realizan previa consejería. Se consideran casos de excepción:

El de los donantes de sangre y órganos; y,

Los demás contemplados en el Reglamento de la presente Ley.

El Reglamento establecerá las sanciones para las personas o instituciones que contravengan lo dispuesto en este artículo.

 

 

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