2) CRECIMIENTO Y DESARROLLO DEL NIÑO PEQUEÑO ( DE 1 A 3 AÑOS)
Seguidamente se presenta el crecimiento y desarrollo motor de un niño pequeño de un año de edad a tres años con la finalidad de conocer el desarrollo motor de un niño sano y así poder ver las diferencias con el de un niño con parálisis de la misma edad.
La principal habilidad motora grosera: locomoción:
3) CRECIMIENTO Y DESARROLLO DEL NIÑO EN EDAD PREESCOLAR ( DESDE LOS 3 AÑOS A LOS 6 AÑOS )
Seguidamente se presenta el crecimiento y desarrollo motor de un niño en edad preescolar desde los tres años de edad a los seis con la finalidad de conocer el desarrollo motor de un niño sano y así poder ver las diferencias con el de un niño con parálisis de la misma edad.
CAPÍTULO 4
1) VALORACIÓN CLÍNICA DEL NEURÓLOGO:
A continuación se expondrá la valoración clínica del neurólogo, con los principales signos de alerta, que pueden hacer pensar que un niño padece parálisis cerebral, y los métodos para diagnosticar la patología:
Aunque el resultado de una valoración neonatal pueda ser anormal, no es definitivo para un diagnóstico de lesión motriz de origen central o periférico.
El diagnóstico de los niños con lesión neuromotriz leve debería hacerse antes de los 8 meses, pero muchas veces no hay que esperar al diagnóstico para iniciar una intervención terapéutica porque el retraso en las adquisiciones psicomotrices es el que alerta a los padres.
En general, el neuropediatra determina si se trata de un niño con riesgo biológico, con trastorno del desarrollo o un problema neurológico. Para valorar el posible retraso psicomotor, existen una serie de tests de desarrollo que son orientativos para medir el grado de desarrollo psicomotor ya que pueden discrepar entre sí porque están diseñados sobre distintos grupos de población, y áreas geográficas y socioculturales distintas.
En todas las valoraciones se tiene en cuenta la motricidad fina, la gruesa y postural, las áreas personal-social, cognitiva y del lenguaje, así como también los aspectos sensoriales ya que cada una de estas áreas tiene un significado diferente, y la valoración del desarrollo psicomotor será incompleta si no se consideran todas ellas.
Es fundamental que el neuropediatra tenga en cuenta las variaciones fisiológicas del desarrollo y determinados factores genéticos y ambientales. Del mismo modo que hay niños lentos en el crecimiento, hay niños cuyo desarrollo psicomotor es lento ya que la maduración del SNC no se completa en el primer año de vida, la organización neuronal y la mielinización se producen entre el 6º mes gestacional y varios años después del nacimiento, el desarrollo estructural del sistema nervioso presenta una amplia variabilidad entre diferentes niños y en el desarrollo funcional, la variabilidad es aún mayor porque intervienen factores externos como el aprendizaje, el entorno familiar y el social. (84)
El neuropediatra suele complementar esta valoración con exámenes clínicos complementarios que ayudarán a orientar o establecer el diagnóstico, algunos de los cuales se indican para excluir patologías susceptibles de tratamiento, como hidrocefalia, epilepsia…algunas enfermedades metabólicas como fenilcetonuria o el hipotiroidismo, o que se asocien a un riesgo familiar como las enfermedades metabólicas o infecciosas.
Los exámenes complementarios más empleados son:
La ecografía, la TC y la resonancia magnética son técnicas que permiten ver las estructuras craneales e intracraneales. Son muy útiles para la identificación de alteraciones morfológicas importantes que pueden darse en diversas encefalopatías y que se asocian a alteraciones estructurales del SNC. Sin embargo, las alteraciones estructurales microscópicas no son identificables por medio de estas técnicas.
Su aplicación fundamental es el estudio del niño epiléptico. El EEG se usa normalmente en el estudio del niño con encefalopatía para evitar que pase inadvertida una epilepsia que en ocasiones puede justificar un retraso psicomotor.
El cariotipo convencional excluye las anomalías numéricas y las cromosómicas estructurales importantes y por tanto tiene un valor muy limitado cuando, debido al cuadro clínico y especialmente al fenotipo morfológico, no se sospechan estas alteraciones.
Si no existe una sospecha clínica, su valor radica en la posible exclusión de determinadas patologías. Es obligatoria la exclusión de problemas subsidiarios de tratamiento, como el hipotiroidismo, la fenilcetonuria y otras enfermedades metabólicas o errores congénitos del metabolismo. (86)
Seguidamente se presenta la valoración del fisioterapeuta, con la finalidad de descartar o afirmar que un niño padece parálisis cerebral:
Después de conocer la primera impresión diagnóstica, es importante que el fisioterapeuta elabore su propia historia anotando los detalles relevantes de la información recibida: detalles del embarazo y parto, puntuación de Apgar, posible existencia de antecedentes familiares, desarrollo psicomotor del niño hasta la fecha, anomalías del desarrollo, así como las dificultades de los padres en el trato y crianza de su hijo.
En la entrevista se puede recoger mucha información acerca del movimiento y la postura del niño empezando por la observación de cómo la madre sostiene al niño, las dificultades que tiene en el manejo mientras lo desnuda, la conducta de la madre…
Según la edad cronológica del niño observaremos:
Cuando el niño ya no es un lactante y nos llega en una silla, hay una serie de observaciones adicionales que pueden dar información del niño en la misma.
Así pues, observaremos:
En el niño mayor con discapacidad motriz, que utiliza habitualmente silla de ruedas, se pueden valorar parámetros como:
Los niños con disfunciones menos graves del movimiento pueden haber adquirido la capacidad de andar. En este caso, es útil realizar una valoración del movimiento del niño ambulante, observando:
Los profesionales que usan la valoración de los reflejos pueden obtener información que sea indicadora de un déficit motor, como la parálisis cerebral, pero con poca información sobre la calidad del control y habilidad del movimiento.
Las teorías clásicas sugieren que los reflejos constituyen el sustrato para el control del movimiento normal. Así, los reflejos primitivos, presentes desde el nacimiento, desaparecen asociados con las respuestas posturales conjuntamente con la aparición del volteo, la sedestación autónoma, el gateo y la marcha. Esto significa que el control de la postura y el movimiento dependen de la aparición e integración de los reflejos. (88)
Los reflejos primitivos encuadran los reflejos cutáneos, los orofaciales y los extensores:
La valoración de las reacciones neuromotrices es una prueba que puede ser útil para valorar cómo el niño, desde pequeño, usa y adapta la información sensorial, la capacidad de adaptar su posición en el espacio y con relación a los diferentes segmentos de su cuerpo, a través de unos cambios posturales impuestos por el examinador.
Los estudios realizados por el fisioterapeuta profeso Le Métayer ( 1989-1994 ) demuestran que existen aptitudes motrices innatas o reacciones neuromotrices.
Un gran número de esquemas neuromotrices, necesarios para la organización motriz, están presentes en el nacimiento. Estos esquemas son específicos del ser humano, no desaparecen con la edad y son integrados y controlados durante la infancia. La normalidad está marcada por la persistencia de los mismos, no solamente en los primeros meses de vida, sino también durante la edad adulta.
Las estimulaciones propioceptivas se generan mediante las maniobras del examinador a lo largo de la evaluación clínica y en cada una se pueden valorar los siguientes factores:
El escaso potencial para desencadenar respuestas posturales se manifiesta generalmente de la siguiente forma:
Las maniobras deben estar efectuadas según una técnica concreta y son las siguientes:
Esta reacción se busca con muchas precauciones. La pelvis debe estar estrictamente en horizontal, el tronco se impulsa hacia atrás y se limita el tiempo de suspensión a 2-4 seg., para limitar el tiempo de apnea, antes de volver a colocar el niño en suspensión ventral. El examinador coloca siempre su otra mano por debajo del cuerpo del niño para frenar cualquier desequilibrio. (91)
Debe aparecer una respuesta simétrica, tanto en la cabeza como en las extremidades, que intentan contrarrestar la gravedad. A nivel cefálico, la musculatura anterior del cuello se contrae en flexión, al igual que los miembros inferiores que también son sensibles al movimiento impuesto externamente y se elevan simétricamente. (92)
Se coloca al niño en suspensión ventral sobre la mano del examinador:
La respuesta será:
La cabeza está por debajo del punto de apoyo ventral. En el momento de los enderezamientos, el eje del cuerpo y los miembros inferiores se extienden juntos.
La cabeza se mantiene en el eje del tronco enderezada hasta la horizontal.
La cabeza pasa cada vez más por encima de la horizontal, los movimientos individualizados de los cuatro miembros son visibles, mientras se mantiene el enderezamiento.
El enderezamiento es completo y sostenido, y los miembros pueden ser utilizados para prensión o para tomar apoyo si se acerca el niño a la mesa de examen.
Colocado en apoyo lateral sobre la mano del examinador las respuestas motrices que se han de observar son las siguientes: el muslo se separa simultáneamente con el eje del cuerpo que reacciona a la inclinación lateral.
La respuesta sólo puede interpretarse si el mantenimiento de la cabeza, en inclinación lateral, es suficiente, lo que no ocurre siempre, sino únicamente a partir de 4 a 8 semanas.
La cabeza se mantiene automática y sólidamente. El muslo situado por encima se separa claramente y el tronco se endereza.
El tronco se incuria claramente hacia arriba y el niño puede coger objetos. Los miembros inferiores se extienden mejor.
Los miembros inferiores se extienden totalmente, muslos incluidos, y se separan en clara abducción, mientras que la pelvis está colocada estrictamente en el plano vertical. Los miembros situados por debajo pueden tomar contacto o apoyo en el suelo cuando se baja al niño, como ocurre con los niños mayores o el adulto. (93)
El niño asegura el mantenimiento de su cuerpo a través de las manos del examinador, que le sostienen a nivel del tronco, manteniendo una simetría postural en los diferentes segmentos. Los miembros inferiores tienden al pedaleo, pero en un niño hipertónico o espástico permanecen estirados o rígidos.
El cuerpo del niño reacciona contra la gravedad y en todos los grados de rotación en el espacio. Los niños sanos son capaces de adaptarse a la postura impuesta por el giro en suspensión en función de la velocidad introducida en la maniobra. (94)
Mantenido con las dos manos del examinador, se coloca al niño sucesivamente en suspensión ventral, lateral, dorsal, lateral y acaba en ventral. (95)
El niño necrológicamente sano, a medida que va desarrollando fuerza en sus músculos y un control progresivo de los diferentes segmentos del cuerpo, intentará vencer la gravedad alineando las diferentes partes del cuerpo. En cambio, en un niño con lesión neuromotriz las maniobras en suspensión demostrarán la incapacidad de responder al movimiento impuesto externamente y en contra de la gravedad, ya sea por debilidad muscular o por hipertonía.
A lo largo de la rotación la cabeza gira activamente y se anticipa sobre las respuestas del eje del cuerpo. (96)
Mantenido bajo las axilas, el niño asegura sólida y simétricamente su propio sostenimiento más de 5-10 seg.
El niño está sostenido a la altura de la pelvis y apoyado contra el abdomen del examinador.
Inclinado hacia delante, el eje del cuerpo se endereza y los miembros inferiores se extienden; los talones se apoyan sobre el abdomen del examinador.
Inclinado lateralmente, el eje del cuerpo reacciona impidiendo la incurvación en el sentido de la inclinación. A partir de las 6-8 semanas el tronco se incuria en sentido contrario, y el muslo se separa claramente y se flexiona. El muslo se separa en clara abducción hacia los 8-10 meses.
Inclinado hacia atrás, el eje del cuerpo se flexiona y los pies se dirigen hacia delante.
Las respuestas motrices observadas en estas maniobras deben aproximarse a las respuestas obtenidas en suspensión.
Esta prueba es más fácil de ejecutar, y por ello es muy útil para evaluar la reacción de un niño, cuyo mantenimiento de la cabeza es todavía débil, o bien para valorar la potencialidad de un niño afectado cerebralmente. Por el contrario, las pruebas en suspensión ponen mejor en evidencia alteraciones más ligeras debidas a lesiones más moderadas. (97)
Colocando al niño en posición sentado, el examinador hace pivotar ligeramente su tronco, a través de los hombros, sobre la nalga de soporte. La reacción se valora positivamente cuando el miembro inferior opuesto al soporte se eleva en balanceo, mientras que si permanece anclado en el suelo se valora negativamente. (98) La rodilla se extiende cada vez más según la edad, extendiéndose totalmente entre los 8 y 12 meses. (99)
Partiendo de la posición de sentado, se gira lentamente la cabeza del niño unos 90º hacia un lado.
La respuesta es que el tronco girará en un movimiento helicoidal, mientras que los miembros inferiores, concretamente las rodillas, giran hacia el mismo sentido. Esta respuesta activa hace que un pie se coloque en supinación y el otro, en pronación.
La maniobra se considera negativa cuando los miembros inferiores no son sensibles al giro impuesto por la cabeza. (100)
Colocado en posición agachada, en apoyo simétrico sobre los dos pies, el niño se sostiene sólidamente y durante bastante tiempo el peso de su cuerpo.
Reacciona también a los movimientos laterales, hacia delante y hacia atrás que se imprimen a su pelvis, mediante reacciones muy visibles en los pies.
Los dedos de los pies reaccionan flexionándose. (101)
Los pies reaccionan con una extensión. En los primeros meses de vida, se observa la extensión con flexión de los dedos, y posteriormente con extensión de los mismos. El examinador también puede percibir contracciones en la musculatura flexora de la rodilla y el tronco. Esta maniobra muestra que el sistema es sensible a los cambios de postura desencadenados en la base de soporte.
En los niños con lesión neurológica, los pies suelen anclarse en el suelo, no se observa su extensión activa y parece que los diferentes segmentos del cuerpo no son sensibles al desplazamiento impuesto por el examinador.
Se podrá observar que, en condiciones normales, los músculos de los pies se contraen automáticamente adaptándose a la dirección impuesta por el examinador. El pie sobre el que se realiza el desplazamiento hace un soporte sobre el borde externo y gira activamente en inversión, mientras que el pie contrario gira en eversión con soporte del borde interno.
Se intenta levantar al niño de decúbito supino a la sedestación, dejando que apoye lateralmente un brazo. Al principio de la maniobra, debe observarse cómo el codo hace de base de soporte e intenta colaborar en al maniobra. El miembro inferior se separa del eje del cuerpo y en eversión. (102)
Estando el niño acostado de espaldas, el examinador guía y coloca al mismo tiempo un miembro en flexión y el otro en extensión, imprimiendo progresivamente un movimiento de rotación orientado en la misma dirección. Deben observarse dos tiempos en la respuesta motriz global:
Estando el niño acostado de espaldas, el examinador le gira lentamente la cabeza unos 90º, ejerciendo al mismo tiempo una ayuda sobre el hombro que debe pasar por encima de la cabeza.
En una respuesta motriz global y encadenada, los miembros inferiores giran juntos hacia el lado de rotación; el miembro que se debe pasar por encima se flexiona y va a tomar contacto sobre el plano de apoyo al mismo tiempo que la pelvis gira, provocada por la respuesta en torsión del eje del cuerpo.
Cuando el examinador desplaza la cabeza un poco más lejos en la misma dirección, el niño toma apoyo sobre el codo del miembro superior, que ha pasado por encima, y se endereza, mientras que el miembro inferior, que también ha pasado por encima, se extiende deslizándose sobre el plano de apoyo.
Se coloca al niño en decúbito ventral. El examinador imprime a la cabeza del niño un desplazamiento lateral para colocarla por encima de un codo y girarla ligeramente en sentido opuesto. Se desarrolla activamente un esquema postural asimétrico mediante una incurvación del tronco, acompañada de una rotación de los miembros inferiores, seguida de la triple flexión del miembro del lado hacia el que la cabeza está vuelta. El niño se estabiliza en esta postura.
Hacia la edad de 3-4 meses, la rodilla del miembro que permanece alargado se flexiona aisladamente, el niño bate o golpea con el pie sobre el plano de apoyo sin flexión de cadera.
Estando el niño acostado enfrente del examinador, este coge el muslo izquierdo con su mano izquierda e introduce el pulgar derecho en la mano izquierda del niño para que sea agarrado automáticamente. El examinador gira entonces el muslo del niño en rotación interna, lo que produce una respuesta motriz automática en rotación de la cabeza y de todo el eje del cuerpo. El examinador continúa con su movimiento de rotación del muslo. La respuesta continúa desarrollándose: el niño se endereza entonces sobre el hombro derecho y luego sobre el codo.
En el momento del tiempo de enderezamiento sobre el codo, el muslo izquierdo se separa activamente, al mismo tiempo que el pie se coloca en eversión.
Con su mano derecha, agarrada desde el principio por la mano izquierda del niño, el examinador acompaña los desplazamientos sin ejercer jamás tracción sobre el miembro superior porque si lo hiciera se produciría una respuesta en flexión activa de ese miembro, interrumpiendo así la reacción de enderezamiento sobre el lado opuesto.
A partir de las 8 semanas como media, cuando el examinador efectúa una ligera rotación hacia fuera del muslo izquierdo, este movimiento desequilibra al niño hacia atrás, lo que provoca la apertura de la mano y movimientos individualizados de los dedos.
Transcurridas de 8 a 10 semanas, es posible provocar el enderezamiento hasta la mano que se abre totalmente. (103)
Esta valoración es útil para reconocer los déficit en el control postural y del movimiento a partir de las posturas espontáneas y los cambios posturales que pueden no desarrollarse dentro de los parámetros normales, así como para poder establecer el plan y los objetivos del tratamiento fisioterapéutico.
Ante todo hay que observar no sólo qué movimientos puede realizar el niño, sino también la posición que adopta y cómo se mueve.
La rotación sobre el eje corporal en decúbito normalmente precede al rastreo o al gateo. El lactante en decúbito supino puede rotar hacia el decúbito ventral antes de los 9 meses de edad. La rotación unilateral puede deberse a una debilidad de un hemicuerpo, a un impulso sensorial inadecuado, a la inhabilidad para cambiar el peso del cuerpo o a la incapacidad para elevar ligeramente la cabeza y el tronco, debido a una debilidad bilateral.
Algunos signos que pueden denotar anormalidad en decúbito supino son:
En decúbito prono, aproximadamente a los 9 meses y cuando el lactante ha practicado enderezamientos de la cabeza con soporte de brazos, los estímulos que le proporciona el entorno le llevarán hacia la propulsión en forma de rastreo. Esta conducta locomotriz aparece justamente después de haber iniciado los movimientos rotacionales del cuerpo o volteo.
Los signos que pueden denotar anormalidad en decúbito prono son:
La capacidad para mantener alineada la cabeza encima del tronco y la práctica de los cambios posturales en decúbito permiten al niño descubrir la posibilidad de erguirse hasta la posición de sentado.
Muchos niños se desplazarán culeando, conducta motriz denominada shuf-fling, ya que en sedestación hay propulsión con las piernas flexionadas, a menudo usando una o ambas manos para el soporte, mientras mueve el cuerpo hacia delante. Esta forma de desplazamiento en sedestación puede ser escogida por algunos niños antes de la marcha; es anormal si persiste como única forma de desplazamiento más allá del período en el que el niño debería adquirir bipedestación con soporte.
Sin embargo, en la posición de sentado se debe valorar la existencia de déficit posturales como:
Algunos niños se desplazan en forma de gateo de conejo o bunny hopping, usando los brazos en completa extensión para el soporte seguido del arrastre de rodillas, que permanecen flexionadas bajo el cuerpo. Algunos niños pueden adoptar esta forma de desplazamiento de vez en cuando, sin que ello signifique una conducta anormal, mientras lo use durante un período corto de tiempo para hacer luego la transición a la bipedestación. Se considera desplazamiento anormal si persiste como único modo de locomoción más allá de los 18 meses sin que el niño haga ningún esfuerzo para conseguir una bipedestación autónoma.
Esta forma de desplazamiento puede deberse a una limitación de la movilidad de cadera asociada a la W sitting como única forma de sedestación, o a la falta de habilidad para disociar las piernas debido al alto tono de la musculatura de piernas y cadera con ausencia de coordinación.
En la posición cuadrúpeda podemos observar algunos déficit de movimiento como:
Es normal cuando el niño inicia la marcha, y está totalmente asociado a la marcha lateral y a la marcha inicial. Sin embargo, cuando existe debilidad muscular y laxitud del tejido conjuntivo, puede ser una forma exagerada para compensar la inestabilidad percibida en bipedestación. Es una forma de estabilizar la rodilla en extensión o la alineación del tobillo.
A menudo va asociado a una retroversión femoral e inadecuada alineación del calcáneo. En algunos casos, la rotación externa puede ser beneficiosa si contribuye a la estabilidad de la cadera, siempre que los tobillos se mantengan bien alineados.
El período típico de anteversión en los niños físicamente normales ocurre entre la edad de 1 y 3 años. La corrección espontánea se produce normalmente a partir de los 8 años de edad.
Se considera una postura anormal cuando, además, existe debilidad muscular o falta de equilibrio en el tono muscular, que causa una rotación interna de las caderas, aumentando la anteversión femoral y el riesgo de subluxación y luxación de las caderas
La rotación del eje medio de las rodillas puede deberse a debilidad o laxitud ligamentosa, torsión tibial media, pie varo, pronación del pie o supinación y elevación del talo e inversión o eversión calcánea. (106)
El estudio debe incluir una valoración en sedestación en la silla habitual del niño, sentado en el suelo o en un taburete y en decúbito.
El fisioterapeuta debe valorar las posturas habituales que el niño adopta, como por ejemplo si tiene tendencia a inclinarse hacia delante, si está sentado en posición erecta, si tiene la espalda contra el respaldo continuamente, si el tronco está inclinado hacia la derecha o hacia la izquierda o si usa los brazos como soporte.
Se valoran estos parámetros en conexión con la posición espontánea, cuando está activo con sus brazos y cuando descansa.
En general, no hay problemas si el niño es capaz de cambiarse de posición, pero si presenta una movilidad restringida para cambiar de posición, se incrementará la posibilidad de que desarrolle contracturas y escoliosis.
Muchos niños con discapacidad grave pueden tener alteraciones en sedestación en los 2 planos del espacio y un mal equilibrio en sedestación.
Es importante observar la posible existencia de una oblicuidad pélvica que puede conducir hacia una escoliosis dorsolumbar. Algunos factores que contribuyen a esta asimetría en la carga del peso en sedestación pueden ser:
- Persistencia de un tono postural asimétrico.
- Debilidad o espasticidad en los aductores de cadera.
- Asimetrías en el tono muscular.
- Contractura en extensión de cadera.
Estos factores provocan una base de soporte estrecha e insegura, originando dificultades en la sedestación activa y una mala adaptación con el entorno.
Es importante observar la existencia de una inclinación posterior de la pelvis, con cifosis y posible hiperextensión de la columna cervical. Estos niños tienden a inclinarse en la silla adoptando finalmente una sedestación sacra.
Algunos factores biomecánicos que predisponen al niño a la inclinación posterior pélvica son:
- Persistencia de un tono postural simétrico.
- Espasticidad en los isquiotibiales.
- Debilidad o hipotonía axial.
- Carencia de control postural en las caderas.
Se puede observar la existencia de una rotación pélvica en presencia de una displasia unilateral de cadera.
El niño también debe ser valorado fuera de su silla habitual. Si es posible se le sentará en un asiento sin respaldo para valorar si existe algún grado de inclinación posterior o anterior de la pelvis o si se mantiene en una posición pélvica neutra. Se valorará, al mismo tiempo, el nivel de estabilidad que le falta para obtener seguridad y poder ser más activo en sedestación. Por ejemplo, si el niño tiende a cargar más sobre una hemipelvis, provocando una inclinación del tronco hacia ese mismo lado, el fisioterapeuta puede observar que, conteniendo manualmente la pelvis e intentando nivelarla, el tronco ya no tiende a inclinarse y puede estar más recto.
En este caso podría estar indicado un asiento pélvico moldeado que proporcione una simetría pélvica o un cojín de diferentes densidades para hacer que la hemipelvis que carga más no se hunda tanto en relación con la otra. Además, es importante ver si existen otras contracturas que puedan interferir con una sedestación óptima y cuál de ellas debe tenerse en cuenta cuando se confeccione una adaptación o se proponga una silla nueva.
Los niños con discapacidad grave que no aprenden a desarrollar los ajustes posturales en sedestación tienen el riesgo de desarrollar deformidades musculoesqueléticas. Las asimetrías posturales, el acortamiento de los tejidos blandos y las conductas adaptativas y estereotipadas suponen, con el crecimiento, un potencial para la deformidad, así como contracturas y escoliosis.
La debilidad muscular, la asimetría en el tono muscular y la carencia de equilibrio y reacciones de enderezamiento en sedestación pueden contribuir al desarrollo de posturas compensadoras anormales las cuales pueden evolucionar hacia curvas cifóticas, escolióticas o lordóticas de la columna, y desarrollar finalmente deformidades estructurales fijas.
Las posturas compensadoras anormales a menudo interfieren con las actividades funcionales, como las de alcanzar y manipular. Por tanto, es crucial prevenir las alteraciones posturales en sedestación y proporcionar un alineamiento correcto para una adecuada calidad de ajustes posturales y movilidad de extremidades. El tratamiento fisioterapéutico consiste en actividades para mejorar las respuestas posturales, asistir al niño en el desarrollo de una postura funcional en sedestación y programas de control postural para evitar los efectos nocivos de la inmovilización. Además, un sistema adecuado para la sedestación ayudará a mantener la mejor alineación postural posible. Antes de introducir una adaptación, se hace necesario valorar los factores que alteran la sedestación no controlada. (107)
En niños que andan es útil también observar la marcha espontánea. Si el niño no se percata de que es observado mientras anda, el paso será más espontáneo y representará su forma habitual de andar.
Los parámetros que deben observarse en el paso son la velocidad, la longitud, el paso en tijera, una posible cojera, el paso calcáneo o en equino, en flexo de rodillas, incoordinación, balanceo de brazos, extensión o flexión de caderas…
La valoración formal del paso se realiza en el laboratorio de análisis. Esta valoración incluye análisis del movimiento con vídeo, análisis de la fuerza en los platos del paso y análisis electromiográfico con electrodos superficiales. El análisis del laboratorio del paso es especialmente útil para evaluar pacientes con deformidades del pie y tobillo, para evaluar el efecto de la espasticidad de determinados grupos musculares en la marcha, cuando se propone algún tipo de cirugía o transferencias musculares, para valorar pacientes con patrones atípicos de la marcha y para valorar los efectos de los procedimientos terapéuticos, ortésicos y quirúrgicos.
El niño preparado para la deambulación irá adquiriendo posturas antigravitatorios en el cuello, el tronco y las extremidades, ya sea en decúbito prono, en supino o en posiciones laterales.
Hasta los 3 años de edad el patrón del paso del niño continuará cambiando hasta adquirir los componentes de madurez de la marcha.
En un niño físicamente capacitado, el patrón del paso en fase precoz de adquisición de la marcha se suele caracterizar por los siguientes rasgos:
- Longitud desigual del paso.
- Excesiva flexión de la cadera y las rodillas durante la fase de balanceo.
- Inmovilidad de la pelvis sin inclinación ni rotación de ella.
- Abducción y rotación externa de la pelvis en la fase de balanceo.
- Base de soporte ancha, según las dimensiones laterales del tronco.
- Pronación de los pies como consecuencia de la amplitud de la base.
- Contacto con el suelo hecho con el pie plano.
- Extensión de las rodillas en bipedestación.
- Extremidades superiores en posición de vanguardia alta, media o baja.
Cuando un niño inicia sus primeros pasos, todavía con poca estabilidad en el tronco y la pelvis, mantiene ciertos grados de aducción escapular, ya sea bilateral o unilateral.
La posición de vanguardia alta consiste en una aducción de la escápula, con extensión, abducción y rotación externa de los hombros y flexión de los codos la cual permite la máxima estabilidad manteniendo una máxima aducción escapular que conlleva una fuerte extensión de tronco y una pelvis inmóvil.
La posición de vanguardia media reduce el grado de aducción escapular, los hombros continúan en extensión, abducción y rotación externa, y los codos están flexionados, con los antebrazos pronados.
La posición de vanguardia baja consiste en una aducción con los brazos a los lados del cuerpo.
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