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Sala de Jurados




  1. Sala de Jurados
  2. "Eso que llaman Justicia"
  3. El Novicio o Aprendiz de Abogado Penalista
  4. La Mosca teje una tela de araña
  5. Dooley era un guardián
  6. El Loco
  7. La Ley
  8. La Compasión
  9. Este es el hombre
  10. Asesinato en los apartamentos Beekman
  11. Dos damas del Sur
  12. Enemigo Público
  13. Uno para la silla eléctrica
  14. La Toga Negra
  15. Conclusiones
  16. Conclusión
  17. Bibliografía

Introducción

En este libro "Sala de Jurados" pretendo determinar el contenido de sus informaciones, espero me sirvan de gran ayuda para mi carrera de derecho, al punto de que puedan ofrecerme alternativas de cómo ser un buen abogado penalista. Pretendo suplir las necesidades y requerimientos de las técnicas que me sean necesarias para mi ayuda profesional.

Pretendo aprender como debe un abogado manejarse en una sala de jurado, con que características debe presentarse y como debe actuar en momentos indicados de presión y ante circunstancias difíciles que envuelvan casos complicados.

Sala de Jurados

El Libro "Sala de Jurados" es un libro como lo expresa su título adecuado e ideal para aquellos que recién incursionan en el ambiente legal de manera muy especial en los aspectos penales y criminales. Narra las experiencias de un versado y experimentado abogado que casi al ocaso de su carrera llegó a ser juez.

El juez y abogado Samuel Leibowitz no enseña técnicas de cómo dominar el escenario de una sala de jurado cuando ejecutamos el papel de abogado acusador o de la barra de la defensa. Expresa sus propias características como ejemplo nos enseña que debemos tener: Manos rápidas en la gesticulación, señalar con el índice acusador, apuntar la mirada fija a quien se tiene de frente, voz de gran alcance cuando sea necesario, pero también rítmica y modulada, llegan a un punto concreto donde el juez pueda tomarlo en consideración, mezclar violencia e ingenio a la vez si es necesario, pero con mucho tacto, machacar e insistir sobre un punto de un asunto, o bien dejarlo negligentemente de lado.

Nos enseña que debemos que ser como reza una célebre frase de Mohamet Alí "rápido como un abeja y astuto como una serpiente", en cuanto a dar y repostar, hasta aprovechar el mínimo dejo de flaqueza o debilidad del contrincante, de manera concreta nos enseña a conducir una defensa de lo que no se aprende en las universidades, pero si en una sala de juicio.

Capítulo 1.- "Eso Que Llaman Justicia"

En este capítulo nos enseña que debemos concederle gran importancia a la profesión de abogado penalista o en vano hemos estudiado la profesión de abogado.

Nos muestra con la experiencia del personaje Fitzgerald que hay que tener una fe inalterable en la decencia de la gente y que hay que hacer todo lo que se pueda encontrar algo favorable al hombre, que ha sido encontrado culpable y que está esperando sentencia. Nos enseña que debemos buscar todo tipo de testigo acercarnos a ellos, localizarlo en el lugar de los hechos, indagar, husmear hasta lo más profundo, hasta descubrir si el individuo es culpable o inocente o si hay circunstancias atenuantes.

Denate que los abogados deben ser agudos casi hasta tener un "sexto sentido", que en los juicios no debemos descartar cualquier circunstancias por más absurdas y ridículas que sea. El caso más ejemplificante es el de Ana Brewer, quien acusó al Sr. Galman de violación y estupro y estuvo a punto de pulgar una pena de 10 años en la cárcel. Fitgerald indago el pasado y presente de Ana Brewer y se pudo comprender que las circunstancias atenuante de la mala y desordenada vida sexual de Ana había arrastrado al Señor Galman a ser una víctima, acusando a Galman para proteger su trabajo de enfermera del hospital de Brooklyn, N.Y; las indagaciones de Fitgerald demostraron la inocencia del Sr. Galman.

Una vez más el sistema judicial había triunfado pero no que halla recibido ninguna ayuda por parte de los procedimientos legales, se demostró que la culpabilidad o inocencia había sido ineficaz y falto poca par que esa mujer mandara a un infeliz acusado a pudrirse diez años en prisión, siendo inocente.

El abogado es el único participante activo en un juicio penal para quien la ignorancia de la ley y la técnica aprendida son excusables.

Samuel Leibowitz nos enseña que estudiar derecho penal es fácil, sólo hay que saberse o estudiar el código penal y el código de procedimiento penal, pero la casa cambia cuando tenemos que aplicar los contenidos de los códigos con la ayuda y la pericia. Dicha pericia debe ponerse de manifiesto al momento de defender a un acusado, pues hay una máxima jurídica que expresa "Los inocentes jamás resultan convictos". El profesor de jurisprudencia de universidad de yale, escribió un libro "Haciendo corrupto al inocente", en el cual discutía de 65 casos que fueron encontrados culpables de delitos y cuya inocencia quedó mas tarde demostrada.

Capítulo 2.- El Novicio o Aprendiz de Abogado Penalista

Este capítulo trata de la familia de Samuel Leibowitz y sus comienzos como estudiante de la carrera de derecho en la Universidad de Carnwell.

Su primer caso fue defender a un señor llamado Patterson, acusado de haber entrado a una cantina para robar 7 dólares y un par de botellas. Estudió el caso para tratar de debatirle al fiscal, pues los libros de derechos no les servían para nada. Sabía que podía sufrir una derrota pero eso no estaba dispuesto a soportar, estudió el caso de concienzudamente y decidió arriesgarlo todo, pero ganó su primer caso que le abrieron la puerta a su éxito.

En sus primeros años consensuaba cualquier tipo de clientes. Había aprendido algo que muchos abogados mejor y experimentados nunca llegan a aprender: que no se puede perfeccionar la técnica permaneciendo como espectador. Muchos mejores juristas le habían recomendado que frecuentara las salas como espectador y que observara a los abogados veteranos en acción, considero que no era lo adecuado.

La única manera como se llega al dominio de una profesión es practicándola en forma activa, donde cada caso le acercaba al dominio de sus profesión. Después de sus actividades cotidianas en vez de dormir, estudiaba intentando frustrar los planes del fiscal en la corte, siempre pensaba dos enfoque, el del fiscal y el de la defensora así aprendió a anticipar cualquier táctica que su contrincante pudiera esgrimir, no se sorprendía ante los efectos psicológicos de los fiscales, tenía una destreza sobrenatural para descubrir las celdas de los fiscales. Cuando entraba a la sala de jurado era para combatir con todas las armas legales y dramáticas que había aprendido a usar.

Capítulo 3.- La Mosca Teje Una Tela de Araña

En los años de 1929 era el más espectacular de los abogados penalista de New York, podía ya escoger clientelas, pero luchó con otros y clientes por cada uno de sus representados. Cada caso le parece un desafío personal que lo llenara a las salas de jurado con el mismo estado de ánimo con el que otro cualquiera hubiese a la lana de un ring de bol. Iba al juicio tan bien entrenado y preparado como cualquier boxeador que sube al ring, saben bien contraatacar y sabía aprovechar los descuidos con feroces interrogatorios.

Con estos feroces interrogatorios, Leibowitz convenció al fiscal, al jurado y al juez de que el Señor Haffman era inocente del juicio por asesinato, expresó ante este caso la siguiente frase "cuando la prueba es principalmente circunstancial, debe no sólo ser consistente con al culpabilidad, sin que debe excluir, dentro de una certeza moral, toda razonable hipótesis de inocencia".

Capítulo 4.- Dooley Era Un Guardián

En este capítulo Leibowitz frente a un grupo de estudiantes de derecho de la universidad de New Cork, expresó que no hay ningún criminal nato, nos dice que los hombres abrazan la carrera criminal por varias razones, algunos por pobreza, algunos porque sienten que trabajan para vivir es de tanto, algunos por alguna enfermedad mental, todo de esto le quita el concepto del bien y el mal. El lugar de estos últimos no es el hospital, no la prisión. Las circunstancias empujan a mucho a la carrera criminal.

Nos presenta la historia de una gendarme llamado Daaley, tímido con complejo de inferioridad al graduarse de policía, al perder unas elecciones internas con el alcalde pistola en mano le mató, al no resistir la frustración.

Leibawitz aceptó ser abogado y defenderle declaró que Saaley estaba loco, lleno de furia y esclavo de los efectos del alcohol al momento de cometer el hecho, y tan abandonado de la razón que al cometer el hecho no se daba cuenta que obraba mal, que todo lo que hizo presa de una fuerza demoníaca furiosa y que ante la ley este hecho él no podía ser acusado de responsable. El juicio se llevó a cabo y mediante pruebas científicas y técnica logran ganar el caso.

Capítulo 5.- El Loco

En este capítulo presenta a una persona acusado de homicidio y de ser un homisidamente loco. Expresa que el individuo ha tenido siempre un gran temor hacia la locura y como la colectividad reacciona usualmente en la misma forma que el individuo, este temor se ha expresado siempre en forma de odio.

Capítulo 6.- La Ley

Trata de homicidio que se acusaba a Roberto Irewin. Este personaje mató a una señora en grave estado de locura dice "mate a la señora Gedeón porque me encontraba enfurecido". Lo hice sin darme cuenta.

Una causa condicionante le había enfurecido. Estela su amante le había abandonado, este afecto su vida más que ha nadie había conocido.

Leibowitz demostró que irewin estaba más loco que una pulga al momento de cometer el hecho, le libró de la silla eléctrica, para ser recluido al manicomio.

Capítulo 7.- La Compasión.

Leibowitz explica que hay muchas razones por las cuales un ciudadano decente y respetuoso de las leyes, comete repentinamente un acto de violencia, un acto que no tiene relación con su vida normal y que niega todos los impulsos e instintos decentes de su carácter. A veces una abrumadora presión angustiosa, es lo que las personas profanan en llamar locura "celos". Ocasionalmente el estímulo que se origina es el mecanismo mental de confusión, como una característica física, que lleva personas a cometer delitos algunas veces inexplicables.

Hay casos que por la ley de la naturaleza humana a los acusados de violar la ley hace que tanto el juez, como los abogados defensores tengan compasión de las personas acusadas. Hay casos de enfermedades físicas que no se perciben por el momento y que solo contribuyen a causar desajustes mentales que conducen a un homicidio, y que es difícil planear una defensa.

Seria muy fácil convencer a un jurado de psiquiatras que un acusado no es responsable de un acto cometido, mientras sufre una tensión mental abrumadora, que excluye toda meditación racional, pero lamentablemente los jurados no están compuestos por doctores, por lo que hay que considerar su estado de salud física y mental demostrándola para poder condicionar al juez a la absolución de un acusado.

Capítulo 8.- Este es el Hombre

En este capítulo se demuestra como una débil y sencilla mentira da al traste con la acusación de una persona por medio de testigos que no dicen la verdad real de los hechos, pues la constitución está para proteger al ciudadano común, como al criminal y al inocente. Cuando un testigo cree identificar a un acusado la pasión puede inducirle a cometer errores "la identificación negligente es por supuesto más frecuente que la deshonesta.

Esto hace que los hombres estén desde luego muchas veces equivocados. Los ojos de los hombres son útiles pero no infalibles órganos. No es solamente posible identificar a otro en forma honesta, pero errónea, sino que es posible a 20 hombres identificar de manera equivocada a un acusado, por estas razones las debilidades de las apariencias visuales acusamos de manera común y equivocada. Además hay que considerar el elemento de la sugestión, pues la misma puede ejercer una poderosa influencia sobre la mente de presuntos testigos.

Capítulo 9.- Asesinato En Los Apartamentos Beekman.

Este capítulo nos habla de los fenómenos de las muertes violentas. Muchas personas son víctimas de homicidios pasionales. Damas, caballeros, esposas, novios, amantes, están constantemente matándose con pistola, puñales u otros instrumentos.

Leibowitz presenta casos como el del apartamento Beekman, en la que Gebhardt con un lenguaje sutil y conquistador se enamoró de Laura Parr. La policía encontró las cartas de amor enviadas, y como mayor testigo acusó a Laura de haber cometido el crimen. Al empezar el juicio la muchacha declaró que el la amaba, hasta proponer el matrimonio, la muchacha luego se dio cuenta de que el era casado y le exigió que se casara con ella. Ella no sabía tanto de su pasado y que el señor Genhardt era un sádico militante nazi de la época. La invitó a su habitación y la violó de manera anal y oral, ella se resistió y ante tanto forcejeo e intento de estrangulación no tubo más remedio que defenderse, tomo la pistola y le disparó causándole la muerte.

Capítulo 10.- Dos Damas Del Sur.

Este capítulo habla de los problemas raciales que muchas veces las salas de jurados se ven envueltas, como es el caso de algún juez de color que se encuentra delante a un acusado o aun abogado de test blanca. Leibowitz tuvo que enfrentar muchos casos parecidos, pues el mismo tuvo que sufrir el antisemitismo racial.

Capítulo 11.- Enemigo Público

Siempre se tiene pensado la imagen del chico malo que algunas personas tienden a caracterizar a otras. Un buen abogado no debe prescindir de cooperar en la defensa de cualquier persona por más culpable o inocente que sea. Los periódicos sensacionalistas muchas veces empañan las imágenes o crean algunas nuevas poniendo los acusados semejantes a monstruo y que no merecen ninguna compasión humana o ningún perdón. Reza la máxima jurídica "toda persona es inocente hasta que no se demuestre lo contrario".

Leibowitz llegó a ser abogado defensor de alcapones en caso de asesinatos en Brooklyn, en la cual evidenció una duda razonable y fue absuelto. Hay casos en que el abogado debe ser justo con su cliente y en caso de no haber duda razonable que pueda convencer al fiscal, al juez o al abogado de la banda contraria; se le debe indicar al cliente que no tiene más remedio que decir la verdad para no cometer actos de injurias.

Este es el caso de alcapones nunca fue acusado por ningún delito de asesinato ni de extorsión, pero cuando fue acusado de evadir impuesto Leibowitz le recomendó que tenía que decir la verdad.

Capítulo 12.- Uno Para La Silla Eléctrica.

Leibowitz nos presenta casos en que el tuvo que ser el abogado defensor de personas acusadas por la pena máxima en el estado de Brooklyn, New York, aquí nos enseña diversas técnicas de la importancia de interrogar. El expresa que el interrogatorio es como una bomba atómica en la sala de jurado y que puede destruir a cualquier testigo o guerrero abogado de la banda contraria. En otras palabras se pierden más casos por culpa del interrogatorio de los que se gana.

Cuando tiene uno al frente un testigo hostil, de quien tiene uno la seguridad que está mintiendo, la única arma para combatir a esos mentirosos es el interrogatorio. El interrogatorio es la mejor alma contra una acusación incierta, si un testigo ha sido intimidado por la policía o el fiscal, o si ha sido prometido la inmunidad en pago de testimonio favorable no se puede sacar eso a luz, sino por medio del interrogatorio.

El objeto del interrogatorio es doble: primero sacar a reducir más verdades que favorezcan el lado que se defiende; y segundo, denunciar al testigo. El interrogatorio como objeto de denunciar a un testigo puede ser contraproducente si no se lleva con sumo cuidado.

Capítulo 13.- La Toga Negra

En toda sala de jurado hay dos puertas. Una que lleva a la libertad; y la otra a la prisión y a veces a la muerte. Este capítulo trata del peso moral que resulta ser un buen juez, pues ante una situación de deliberación el juez es soberano al deplorar sentencia que puede dar con la conducción de un inocente a la cárcel o que se pudra en la pena máxima.

Los días de sentencia, los acusados ya convictos permanecen de pie ante el sitial y el juez tiene que decidir que puerta usará el acusado cuando salga de la sala. Es tremendo el poder que le ha sido ortigado. Solo en raras ocasiones la decisión del juez hace mandataria la sentencia, por lo regular el juez dispone de amplia latitud. Se hace así mismo una sola pregunta: "¿Qué es lo justo en este caso?", y dicta lo que dispone su soberana conciencia.

Las naciones han considerado el castigo como la vía más corta hacia la reforma, prisión, tortura y muerte constituyen un tribunal bajo cuya protección la sociedad podría sentirse segura. Las naciones han confiado en los embargos, la degradación, las mutilaciones, los azotes y las marcas candentes. Las cadenas perpetuas tan exigidas por la población, pero no garantizada por la constitución, parecen ser un instrumento que apagaría la sed de justicia de la población, pero es penoso y curioso, el hecho de que no importa que tan doloroso y tan penoso sea el castigo, "los crímenes aumentan".

Leibowitz habla de una manera acertada opinando que el castigo no disuade al criminal; y lo asume como una gran verdad. La sociedad ha reconocido esto en pequeño grado pero lo ve como la mejor vía de compensación judicial. La toga negra que representa el símbolo de aplicación de justicia y del mejor aliado para garantizar la armonía entre los hombres. El juez tiene en sus manos como los abogados el poder de la vida y de la muerte de hombres y mujeres, acusados, inocentes y culpables.

Capítulo 14.- Conclusiones

En este capítulo Leibowitz pone en duda la perfección absoluta de la sociedad y de las instituciones, pues dice que esta están en las manos de hombres imperfectos e infalibles, por eso en la sala de jurado, tanto los jueces como los abogados pueden cometer errores.

El reconoce el caso de que es muy raro ver a grandes abogados penalistas hacerse cargo de acusados pobres, pues en grado de justicia los grandes juristas toman casos grandes con acusados con grades poderes económicos. Leibowitz recomienda tomar caso sin importar su orden social para cualquier abogado principiante que desee dedicarse a ser un buen abogado penalista, pues en este ambiente puede hacerse cargo de defensa de cualquier acusado y poner en práctica todos los conocimientos adquiridos en las escuelas de derecho y que puede hacer de los abogados penalistas, buenos abogados de calidad.

Conclusión

Corroboro lo que opina Leibowitz no valdrá la pena ocuparse de la carrera de un abogado penalista, sino se le concede importancia a la profesión. Expresa que la filosofía legal de un abogado defensor es ser honrado, que ni el fiscal, ni el juez, ni el público tienen ningún derecho a prejuzgar acerca de un acusado. Que ante cualquier situación se deben buscar las circunstancias atenuantes que lleven a un acusado a cometer algún delito un homicidio.

El abogado debe investigar hasta lo más profundo la situación que llevaron a sus clientes a cometer el hecho y que ni siquiera debe uno especular acerca de la inocencia y culpabilidad de un individuo.

En las calles de hoy día hay más culpables de delito que lo que están presos en las cárceles, muchos purgando condenadas siendo inocentes, mientras que en la calle hay muchos sueltos, viviendo su vida en libertad siendo culpables. La condición del abogado penalista no es demostrar la culpabilidad o inocencia de su cliente, sino aminorar las penas, si es culpable y si es inocente procurar su libertad.

Bibliografía

*Sala de Jurados

*Samuel Leibowitz

*Edición 1923

Estelin Antonio Alcántara Castillo


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