4.1.4.2. Consecuencias Psíquicas
4.1.5. Estadísticas
En aproximadamente el 90% de los casos, las pacientes son mujeres de entre 10 y 29 años (en los países desarrollados, la anorexia nerviosa afecta aproximadamente a 1 de cada 200 ó 300 chicas de edades comprendidas entre los 12 y los 24 años).
La edad promedio de inicio de anorexia es de 17 años, aunque algunos datos sugieren la existencia de picos., bimodales a los 14 y a los 18 años.
Esta enfermedad es más frecuente en la mujer que en el varón en una proporción de 10 a 1, pero aunque actualmente las mujeres jóvenes siguen siendo el grupo más afectado, los varones, los niños / as menores de 12 años y las mujeres maduras comienzan a agregarse a la lista de víctimas de este trastorno, aunque es muy rara la aparición de este trastorno en las mujeres mayores de 40 años.
A pesar de que hay pocos estudios epidemiológicos realizados, pues muchos pacientes anoréxicos nunca acuden al médico, los expertos calculan que afecta a cerca del 1% de la población.
Las actitudes y pensamientos con el cuerpo, el peso y la alimentación, y la evolución de la enfermedad indican que después del diagnóstico, un 25% de las pacientes siguen siendo anoréxicas, un 40 % tiene síntomas depresivos y un 25% obsesivos.
Entre el 50 y el 60% de los casos se cura y el resto de pacientes cornifican la enfermedad. Tras doce años de evolución de la enfermedad en una persona la curación se considera prácticamente imposible.
La mortalidad por desnutrición se sitúa entre el 8 y el 10% pero cuando la enfermedad dura más de 30 años este dato se eleva al 18%.
4.1.6. Diagnóstico
Se considera que una persona padece de anorexia nerviosa cuando cumple los siguientes criterios:
* vómitos autoprovocados.
* purgas intestinales.
* ejercicio excesivo.
* consumo de fármacos anoréxicos o diuréticos.
Se puede considerar excesivo el ejercicio que interfiere de manera significativa las actividades importantes, cuando se produce en horas poco habituales, o en lugares poco apropiados, o cuando el individuo continúa realizándolo a pesar de estar lesionado o presenta alguna enfermedad.
4.1.6.1. Diagnóstico de Subtipos
A pesar del intenso temor a engordar, aproximadamente la mitad de los enfermos de anorexia experimentan episodios bulímicos, generándose dos subtipos de la enfermedad:
a. Tipo restrictivo
Este subtipo describe cuadros clínicos en los que la perdida de peso se consigue haciendo dieta, ayunando o realizando ejercicio intenso. Durante los episodios de anorexia nerviosa estos individuos no recurren a atracones ni a purgas, pero pueden recurrir a diuréticos y/o píldoras de dieta (anoréxicos).
b. Tipo compulsivo / purgativo
Este subtipo, que también es denominado "bulimarexia", muestra características de la bulimia nerviosa, pues el individuo recurre regularmente a atracones (ingesta compulsiva de gran cantidad de alimentos de altas calorías). La mayoría de individuos que pasan por los episodios de atracones recurren a purgas, provocándose el vomito o utilizando diuréticos, laxantes o enemas de una manera excesiva. Existen incluso algunos casos en este subtipo en que no presenta atracones, pero suelen recurrir a purgas, incluso después de ingerir pequeñas cantidades de comida. Se cree que la mayoría de las personas pertenecientes a este subtipo recurren a conductas de esta clase al menos semanalmente, pero no hay suficiente información para poder determinar una frecuencia mínima.
4.1.7. Tratamiento
No existe un tratamiento universalmente aceptado para la anorexia nerviosa. En general el objetivo del tratamiento es detener los malos hábitos alimentarios, modificar los pensamientos erróneos del paciente y lograr la normalización. La psicoterapia y la terapia familiar a menudo son importantes.
La mitad de los pacientes se curan definitivamente, aunque a veces, la enfermedad acaba produciendo alteraciones metabólicas y hormonales que agravan el proceso puramente psíquico.
Para más información ver 7.
4.1.7.1. Temas relacionados con el Tratamiento
a. Aumento de peso.
Además del tratamiento inmediato de cualquier problema médico grave, la meta de la terapia para la persona anoréxica es aumentar de peso. La meta del peso es fijada estrictamente por el médico o profesional de la salud, por lo general, una a dos libras a la semana. Esta meta es absoluta sin importar cuan convincentemente el paciente (o inclusive los miembros de la familia) pueda argumentar para lograr una meta de peso inferior. Los pacientes que están severamente malnutridos deberán empezar con un recuento de calorías de sólo 1,500 calorías al día para reducir las posibilidades de dolor de estómago e inflamación, retención de líquidos e insuficiencia cardíaca. Con el tiempo, al paciente se le dan comidas que contienen hasta 3,500 calorías o más al día.
Los suplementos alimenticios no se recomiendan por lo general, ya que el paciente deberá reanudar cuanto antes los patrones de comer normales. Aunque comer es el problema, no se deben mantener charlas sobre el trastorno durante las comidas, pues estos son momentos para la interacción social relajada. La alimentación intravenosa o por tubos rara vez se necesita o recomienda a menos que la enfermedad del paciente sea potencialmente mortal.
Nunca deberán emplearse tales medidas invasoras de alimentación como una forma de castigo durante la terapia conductual. La investigación indica que en algunos casos la dieta severa puede causar que el metabolismo se adapte a la malnutrición y resista los efectos de sobre alimentación, de tal manera que algún paciente puede tener dificultad de aumentar de peso aun cuando esté siendo alimentado adecuadamente.
b. Ejercicio
Para las personas con anorexia, el ejercicio excesivo es a menudo un componente del trastorno original. Los estudios han reportado que los pacientes anoréxicos en general tienen un metabolismo más alto que los individuos normales, y se necesitan más calorías para aumentar de peso. Durante el programa de recuperación, pueden utilizarse regímenes de ejercicio muy controlados como recompensa por desarrollar buenos hábitos dietéticos y como manera de reducir la dificultad estomacal e intestinal que acompaña la recuperación. El ejercicio no debe realizarse si todavía existen problemas médicos severos y si el paciente no ha tenido un aumento de peso significativo.
4.1.8. Pronóstico
El pronóstico es variable según diversas estadísticas, pero en líneas generales un 40% de las personas anoréxicas se curan totalmente, del 1% al 10% fallecen por desnutrición, fallo cardíaco o suicidio, y las restantes no consiguen una curación total, evolucionando en mayor o menor grado hacia una cronificación.
La duración del tratamiento es variable, pudiendo oscilar entre 2 y 4 años, o más cuando a la anorexia se asocian otras perturbaciones tales como trastornos de personalidad, depresiones, obsesiones, fobias, etc.
4.2. Bulimia nerviosa
La Bulimia nerviosa es una enfermedad psiquiátrica, un trastorno del comportamiento alimentario que se puede considerar como una alteración por defecto de los hábitos y/o comportamientos involucrados en la alimentación. Su descripción se recoge en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud, como "Trastornos de la Conducta Alimentaria" (tomo "Trastornos Mentales y del Comportamiento"), y en la Clasificación de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica de los Estados Unidos.
Bulimia etimológicamente significa "hambre voraz", es decir, a diferencia de la anorexia, la persona bulímica tiene "deseo" de comer. Así, este desorden alimenticio, causado por la ansiedad y por una preocupación excesiva por el peso corporal y el aspecto físico, se caracteriza por:
Los métodos purgativos, empleados con el objetivo de compensar el atracón y controlar el peso, son:
* vómitos, provocados luego de cada ingesta y luego automáticos.
* uso de laxantes, diuréticos o enemas, que pueden ser utilizados en exceso con daños a la salud, y a veces simultáneamente.
* dietas exageradas, o ayuno.
* consumo de anfetaminas.
* abuso de la actividad física.
A veces el comportamiento bulímico se observa en los enfermos de anorexia nerviosa o en personas que llevan a cabo dietas exageradas, pero la bulimia por sí misma no produce pérdidas importantes de peso.
Este prolongado desorden alimenticio, que no se asocia con ninguna otra enfermedad orgánica previa, alcanza a tornarse indomable; las preocupaciones por el alimento se hacen automáticamente obsesivas, llegando a ocupar el tema alimenticio el centro de la vida del paciente bulímico.
4. 2.1. Reseña Histórica de la Bulimia
La bulimia nerviosa data de épocas remotas. A continuación se revelan la evolución en cuanto a la comprensión de la enfermedad desde el término médico y algunos casos.
4.2. 2. Síntomas de la Bulimia
Los síntomas que pueden indicar que una persona esta sufriendo esta psicopatología alimentaria pueden ser tanto cambios cognitivos y conductuales como indicios psíquicos y fisiológicos.
4.2.2.1. Cambios cognitivos
4.2.2.2. Cambios conductuales
a. Con respecto a lo relacionado a ingestas, alimentos y peso
La ingesta compulsiva termina debido al malestar abdominal, interrupción externa por aparición de otra persona, recuperación de control o sensación de sopor.
Entre atracón y atracón se reduce la ingesta calórica, siendo escogidos para el consumo alimentos de bajo contenido calórico, "dietéticos", a la vez que son evitados aquellos que engordan o pueden desencadenar un atracón. Los enfermos alteran etapas de control y de descontrol. Al principio, estos ciclos duran una semana, empezando la dieta todos los lunes. Pero luego los ciclos se hacen mas cortos; con el correr del tiempo ninguna comida puede mantenerse en el estomago y cada vez los enfermos comen mas compulsivamente, con desesperación.
Los bulímicos suelen evitar el desayuno o desayunar muy poco, lo que puede llevar a repetir el ciclo.
b. Con respecto al comportamiento frente a terceros.
4.2.2.3. Indicios psíquicos
4.2.2.4. Indicios fisiológicos
4.2.3. Curso de la Bulimia Nerviosa
4.2.3.1. Factores Predisponentes
Los factores que podrían predisponer a la aparición de la bulimia nerviosa son tanto personales, como familiares y socioculturales. Todos estos problemas están entrelazados; los trastornos vienen por pasar toda la vida en un entorno social y familiar particular.
4.2.3.1.1. Factores Personales
Los factores personales predisponentes que configurarían un grupo de riesgo serían uno o varios de los siguientes:
a. Pubertad temprana en el caso de las mujeres.
b. Sufrir previamente un problema de obesidad. Sobre todo en los hombres, influye haber padecido de obesidad en la niñez y haber sufrido burlas por parte de amigos de su misma edad o adultos. Frecuentemente, existe el hábito de comer en exceso
c. Poseer determinados rasgos del carácter, como por ejemplo no aceptarse como persona.
d. Tener tendencias depresivas o a sufrir trastornos de ansiedad. Poseer tendencia al padecimiento de trastornos de personalidad y conductas impulsivas / compulsivas.
e. Haber elegido una afición o una carrera que conceda gran importancia al peso.
f. Cumplimiento de la "Hipótesis de dependencia externa"
g. Ser mujer joven (14 a 25 años aproximadamente).
h. El desconocimiento de alternativas para adelgazar, fuera de la restricción de alimentos.
i. Los malos hábitos en relación con las comidas.
j. Haber padecido de un trastorno de la alimentación, como por ejemplo la anorexia.
a, b, c, d, e y f. Ver 2.1.
g. La aparición de estas enfermedades relacionadas con la alimentación se dan especialmente en la adolescencia y la juventud, aproximadamente entre los 14 y los 25 años, ya que en esta etapa el cuerpo del joven se está desarrollando y cambiando abruptamente y la imagen mental que se tiene del propio cuerpo es más lenta que su evolución biológica. La edad inicial suele ser más tardía que en la anorexia; el cuadro se inicia habitualmente a partir de los 20 años.
La bulimia nerviosa se manifiesta ligada al sexo femenino; se considera que en esta predisposición intervienen más los factores socioculturales que los de índole biológica.
h. El desconocimiento de alternativas para adelgazar es un factor predisponente importante. La restricción de alimentos es el peor método para adelgazar ya que es el que más propicia el trastorno patológico; es un factor de riesgo inmediato importante en el desarrollo de los atracones.
i. Los malos hábitos en relación con las comidas predisponen a la aparición de bulimia nerviosa. Se consideran malos hábitos a la hora de comer:
Estos hábitos son más frecuentes en adolescentes y jóvenes de enseñanzas medias y universitarios, es decir, la parte de la población de mayor riesgo para los trastornos en la alimentación. Es justo, en estas edades, donde se debe cuidar más la alimentación.
j. En el curso de una anorexia nerviosa; es sabido que un 50% aproximadamente de los casos de anorexia evolucionan hacia el padecimiento de una bulimia. En estos casos, la anteriormente excesiva restricción alimenticia conduce al deseo imperioso y patológico de ingerir grandes cantidades de comida.
4.2.3.1.2. Factores Familiares
Se puede asegurar que no hay un tipo de familia en particular que promueva trastornos como la bulimia y la anorexia; sin embargo, los factores negativos dentro de la familia, posiblemente tanto hereditarios como ambientales, desempeñan una función importante en la provocación y perpetuación de los trastornos del comer.
En general, los factores familiares predisponentes a la aparición de una psicopatología alimentaria son los siguientes:
a. Tener familiares obesos o que padezcan algún desorden alimentario. Tener antecedentes familiares de trastornos depresivos, obsesivos o alcoholismo.
b. Haber sido abusado sexualmente
c. Convivir con personas que le den mucha importancia al peso y a la apariencia física.
d. Perjuicios y mala transmisión de valores.
e. Sentimiento de abandono
a, b, c, y d. Ver 2.2
e. Algunos estudios han encontrado que las madres de los bulímicos son críticas y distantes. Los pacientes no pueden manifestar o demostrar los afectos hacia el grupo familiar, son tímidos, con cierta lasitud y labilidad emocional. Casi todos manifiestan sentirse exigidos y presionados por la familia, con muchas prohibiciones y un control excesivo.
4.2.3.1.3. Factores Socioculturales
Los factores socioculturales predisponentes que podrían influenciar e incluso desencadenar el curso de la enfermedad son, en general, la presión y los estereotipos sociales, que se demuestran en:
a. Los trastornos culturales, representados por la cultura de la delgadez y concesión de importancia al "Mito de la Belleza".
b. La discriminación y el rechazo social hacia los obesos.
b1. Discriminación en general.
b2. Discriminación laboral.
b3. Discriminación en cuanto al mundo de la moda.
c. La manipulación.
c1. Coacción publicitaria.
c2. Mercado del adelgazamiento.
c3. Difusión del cuerpo delgado de los modelos como estereotipo.
c4. Difusión de páginas pro–anorexia a través de Internet.
a, b y c. Ver 2.3.
4.2.3.2. Factores Desencadenantes de la Bulimia Nerviosa
Ver 3.
4.2.3.2.1. Factores Desencadenantes y Curso del Atracón
Los atracones suelen empezar después o durante un periodo de régimen dietético, pues son un resorte normal del organismo para compensar la falta de nutrientes; cuando alguien tiene un peso inferior al que le determina su biología o se está alimentando con una dieta restrictiva, el desencadenante del atracón suele ser el hambre. Con el tiempo, el atracón se generaliza como recurso para aliviar transitoriamente el malestar emocional que puede tener distintos orígenes: desde el aburrimiento hasta la depresión, pasando por la ansiedad o el enojo.
El individuo puede estar en un estado de excitación cuando se atraca de comida, especialmente en el inicio de la enfermedad. Algunos enfermos describen síntomas de la naturaleza disociativa durante y después de los atracones. A medida que la enfermedad progresa los atracones ya no se caracterizan por una perdida de falta de control, sino por conductas de alteración del control, como la dificultad para evitar los atracones o dificultad para acabarlos.
4.2.3.3. Factores de Mantenimiento de la Bulimia Nerviosa
Los estudios sobre el comportamiento animal y los prisioneros de guerra sugieren que la restricción crónica de comida (el someterse a una dieta severa) a menudo conduce a un patrón de comer excesivo que persiste aún décadas después de restaurados suministros regulares de comida. Los factores biológicos pueden ser responsables de este ciclo insidioso.
Algunos expertos creen que el metabolismo se adapta al ciclo bulímico de comer excesivo y purgación, y que se incrementa el riesgo de aumento de peso inclusive sólo a través de la ingestión normal de calorías, lo cual exigiría como respuesta psíquica en el paciente el empleo de métodos purgativos. El proceso de vomitar y el uso de laxantes puede estimular la producción- de opioides - narcóticos en el cerebro, lo cual causa una adicción al ciclo bulímico.
Durante la etapa de dieta entre los períodos de comer excesivo, las personas se tornan a menudo irritables, deprimidas, y pueden tener una tendencia mayor a expresar trastornos de personalidad. Los sentimientos positivos tan sólo pueden ser restaurados con otro período de comer excesivo; y así sigue el patrón. El comer dulces también aumenta la serotonina, un producto químico en el cerebro que reduce la depresión y el estrés.
4.2.4. Consecuencias de la Bulimia Nerviosa
4.2.4.1. Consecuencias Físicas
Los bulímicos suelen sufrir problemas cardíacos como bradicardia, cambios en la presión arterial (hipotensión arterial), taquicardia, prolapso de la válvula mitral, y arritmia, con riesgo de muerte. Estas alteraciones pueden ser producidas por los vómitos y el uso de laxantes y/o diuréticos.
Los minerales como el potasio, el calcio, el magnesio y el fosfato se disuelven normalmente en el líquido del cuerpo. El calcio y el potasio son particularmente críticos para el mantenimiento de las corrientes eléctricas que causan que el corazón lata regularmente. La deshidratación y niveles de potasio bajos causados por el proceso de comer excesivo y purgación pueden reducir los niveles de líquido y contenido mineral, una enfermedad conocida como desajustes de electrolito, que puede ser muy grave a menos que los líquidos y los minerales se reemplacen, y puede producir paro cardíaco.
Los atracones seguidos de purgas pueden causar ocasionalmente debilidad extrema y casi parálisis; esto se revierte cuando se administra potasio. Los niveles peligrosamente bajos de potasio pueden resultar en ritmos cardíacos peligrosos y a veces mortales.
Son frecuentes alteraciones causadas a causa de cambios hormonales el crecimiento anormal del vello, la caída del cabello; las irregularidades menstruales y amenorrea; no está del todo claro si estas dos últimas alteraciones se relacionan con la fluctuación de peso, déficit nutritivos o estrés emocional.
Muy bajo rendimiento intelectual.
Hipocalemia (bajos niveles de potasio en la sangre que pueden producir debilidad muscular, temblores, arritmias y, en casos extremos, fallo cardíaco) y anemia en algunos pacientes bulímicos.
Las alteraciones a este nivel son severas y frecuentes. Un 50 % de las pacientes las presenta.
El esófago sufre con frecuencia las consecuencias de los vómitos. El contenido ácido del estómago, en contacto con la pared esofágica, es altamente lesivo. Puede producir esofagitis, erosiones, úlceras y sangrado frecuente (vómitos de sangre). La perforación esofágica puede llevar al riesgo mortal.
A nivel estomacal se pueden producir gastritis, vómitos de sangre, reflujo y ardores, dilatación y rotura gástrica y úlcera estomacal. La dilatación aguda del estómago y el duodeno es otra complicación con riesgo de muerte.
A nivel intestinal puede producirse colon irritable, megacolon, reflujo gastrointestinal y diarreas incontrolables. Otras afecciones gastrointestinales son hernia hiatal y pancreatitis.
Los individuos que toman exceso de laxantes de manera crónica (para estimular la mortalidad intestinal) pueden acabar presentando diarreas, constipación, dolores de abdomen, dependencia a este tipo fármacos y en casos extremos parálisis intestinal. Además, puede presentarse mala absorción de ciertos nutrientes.
En contadas ocasiones, las paredes del recto pueden debilitarse tanto debido a la purgación que llegan a salirse por el ano; ésta es una condición grave que requiere de cirugía.
Los bulímicos suelen sufrir nefropatías como infecciones urinarias, retención de líquidos, la difusión renal, daños en el riñón a causa de la deshidratación, pérdida de potasio y empleo de diuréticos.
Las microaspiraciones que a veces acompañan a los vómitos pueden causar espasmo bronquial y neumonitis.
Los vómitos recurrentes pueden dar lugar a una pérdida significativa y permanente del esmalte dental, especialmente de la superficie posterior de los incisivos. Estos dientes pueden resquebrajarse y parecer rotos o carcomidos; pueden haber asimismo muchas cavidades en la superficie de los dientes. En algunos individuos las glándulas salivales, sobre todo la glándula parótida, se encuentran aumentadas de tamaño.
Entre el 5% y el 20% por ciento de los casos de bulimia nerviosa son mortales. La mortalidad es superior a la de la anorexia, falleciendo por complicaciones médicas derivadas de los "atracones", vómitos y uso de laxantes, o por suicidio. También puede darse por inanición y por descompensación electrolítica (descenso del nivel del potasio), que provoca un paro cardíaco.
4.2.4.2. Consecuencias Psíquicas
4.2.5. Estadísticas
En aproximadamente el 90% de los casos, las pacientes son mujeres de entre 10 y 29 años (en los países desarrollados, su frecuencia en la población juvenil femenina varía entre el 3% y el 10%)
La edad promedio de inicio de anorexia es de 20 años, muy especialmente tras haber padecido una anorexia nerviosa o haber hecho regímenes de adelgazamiento.
Al igual que la anorexia nerviosa, es más frecuente en la mujer que en el varón, en una proporción de 10 a 1; algunos datos sugieren que en los varones con bulimia nerviosa hay una prevalencia más alta de obesidad premórbida que en las mujeres.
Este método de purga más utilizado en la bulimia es el vómito; lo emplean el 80 - 90% de los sujetos que acuden a centros clínicos para recibir tratamiento. Aproximadamente un tercio de las personas con este trastorno toman laxantes después de los atracones, y muy de vez en cuando los enfermos emplean enemas, que constituyen el único método compensatorio utilizado. Los individuos con este trastorno pueden estar sin comer uno a mas días y realizar ejercicio físico intenso. Excepcionalmente, los individuos con este trastorno toman hormonas tiroideas con el fin de no ganar peso. Los sujetos diabéticos con bulimia nerviosa pueden suprimir o disminuir la dosis de insulina para reducir el metabolismo de los alimentos ingeridos durante los atracones.
La incidencia de la bulimia nerviosa es 4 veces mayor que la de la anorexia, habiendo aumentado en los últimos años el número de pacientes anoréxicos con síntomas bulímicos. En general, las perspectivas son mejores para la bulimia que para la anorexia, sin embargo, estudios demostraron que después de seis años la tasa de mortalidad de las mujeres en terapia es del 1%.
Entre el 50 y el 60% de los casos se cura y el resto de pacientes cronifican la enfermedad. En el 20% de los casos de bulimia los pacientes siguen luchando contra el trastorno después de diez años de iniciado el tratamiento.
Entre el 5% y el 20% por ciento de los casos de bulimia nerviosa son mortales.
4.2.6. Diagnóstico
Se considera que una persona padece de bulimia nerviosa cuando cumple los siguientes criterios:
4.2.6.1. Diagnóstico de Subtipos
Se pueden emplear los siguientes subtipos para determinar la presencia o ausencia del uso regular de métodos de purga con el fin de compensar la ingestión de alimento durante los atracones
a. Tipo Purgativo
Este subtipo describe cuadros clínicos en los que el enfermo se ha provocado el vómito y ha hecho mal uso del laxantes, diuréticos y enemas durante el episodio.
b. Tipo no Purgativo
Este subtipo, también denominado "bulimarexia", describe cuadros clínicos en los que el enfermo ha empleado otras técnicas compensatorias inapropiadas, como ayudar o practicar ejercicio intenso, pero no se ha provocado el vómito ni ha hecho mal uso de laxantes, diuréticos o enemas durante el episodio.
4.2.7. Tratamiento
En general, el tratamiento de la bulimia busca interrumpir el vómito, corregir las anomalías metabólicas y normalizar la alimentación. Frecuentemente la bulimia se asocia con depresión y baja autoestima, por lo que los pacientes suelen mejorar con antidepresivos. En los últimos años, se ha demostrado experimentalmente que determinados fármacos antidepresivos son muy eficaces en el tratamiento de la bulimia.
La psicoterapia y la terapia familiar a menudo son importantes.
Para más información ver 7.
4.2.8. Pronóstico
El pronóstico es variable, pero en líneas generales un 40%- 50% de los casos alcanzan la curación, del 1% al 20% fallecen por complicaciones relacionadas con el trastorno, un 1% de los pacientes se suicida y el resto cronifica la enfermedad.
Frecuentemente, el curso de la enfermedad es crónico e intermitente a lo largo de varios años, especialmente si la bulimia se asocia a otros trastornos psiquiátricos.
4.3. Otros Trastornos del Comer
La bulimia y la anorexia son las psicopatologías alimentarias más conocidas, sin embargo, existen otros trastornos alimentarios.
4.3.1. Trastorno del Comer no Especificado
El trastorno del comer no especificado abarca los trastornos del comer no definidos específicamente como bulimia o anorexia, pero que presentan comportamientos con síntomas semejantes a los presentados por bulímicos y anoréxicos.
Los trastornos del comer no especificados presentan las siguientes características:
4.3.2. Vigorexia
La vigorexia es trastorno mental distinto de la mayoría de los trastornos alimenticios, pues no es estrictamente alimentario, pero se considera una psicopatología alimentaria porque comparte la patología de la preocupación obsesiva por la figura y una distorsión del esquema corporal(dismorfofobia).
Esta enfermedad, que fue diagnosticada por G. Pope, consiste en una adicción a la musculación que aparece normalmente en hombres que se obsesionan por conseguir un cuerpo más musculoso mediante el ejercicio físico excesivo.
Los vigoréxicos poseen una dieta poco equilibrada, donde el consumo de grasas ha sido reducido drásticamente, y el de proteínas e hidratos de carbono aumentado en forma excesiva, favoreciendo así el aumento de la masa muscular y causando problemas metabólicos importantes. Además, los vigoréxicos suelen incluir en su dieta esteroides y anabolizantes.
Los enfermos presentan una obsesión por el peso, razón por la cual se pesan varias veces al día y presentan un cuadro de distorsión del esquema corporal que hace que se vean y sientan enclenques, lo cual los impulsa a exceder las horas de entrenamiento en el gimnasio y los aleja del ámbito familiar (aislamiento social).
Aunque existen explicaciones biológicas a estos trastornos (desequilibrio en los niveles de serotonina y otros neurotransmisores del cerebro) los factores sociales y educativos influyen enormemente. Se puede decir que las características de la vigorexia están asociadas con la baja autoestima y el rechazo de su imagen corporal.
Por esta razón los tratamientos a los enfermos de vigorexia tienen que ser multidisciplinares y combinar la farmacología con terapias cognitivo- conductuales.
4.3.2.1. Ventajas y Riesgos del Ejercicio Físico
La actividad física practicada con regularidad y moderación es muy recomendable desde el punto de vista médico, ya que puede ayudar a mejorarse de muchas enfermedades. Varios estudios realizados entre adolescentes coinciden en que desde el punto de vista psicopedagógico la actividad física ayuda a controlar estados emocionales como depresión, estrés y ansiedad.
Hay una estrecha relación entre el ejercicio físico y la depresión porque a mayor ejercicio menor depresión. Este fenómeno se puede explicar desde dos puntos de vista:
El ejercicio físico, por lo tanto, otorga la ventaja de que aumenta la autoestima, ya que se consigue una imagen corporal positiva. Sin embargo, también tiene sus riesgos, como la dependencia a la actividad física. Se propusieron los siguientes signos de alarma:
El ejercicio físico practicado de manera obsesiva por razones de peso, tono muscular, atractivo personal, está directamente relacionado con trastornos alimentarios y con insatisfacción de la imagen corporal. Esto supone que al suspender bruscamente la actividad física se produce la recuperación del peso.
En cambio, una práctica regular y moderada del ejercicio físico con el fin de mantenerse en forma y no de adelgazar obsesivamente es muy beneficioso tanto psíquica como físicamente.
4.3.3. Ortorexia
La palabra ortorexia proviene del griego orthos (justo, recto) y exía (apetencia), con lo que podría definirse como apetito justo o correcto. La ortorexia es la obsesión patológica por consumir solamente comida sana, que puede llegar a transformarse en enfermedad si no se ingieren carnes, pescado u otros alimentos necesarios y se producen carencias nutricionales.
La ortorexia se define como la obsesión patológica por consumir sólo comida de cierto tipo: orgánica, vegetal, sin conservantes, sin grasas, sin carnes, o sólo frutas, o sólo alimentos crudos. La forma de preparación - verduras cortadas de determinada manera— y los materiales utilizados - sólo cerámica o sólo madera, etc.— también son parte del ritual obsesivo.
Las personas ortoréxicas recorren kilómetros para adquirir los alimentos que desean pagando por ellos hasta diez veces más que por los ordinarios -un kilo de peras a salvo de plaguicidas supera los seis euros-; si no los encuentran o dudan de su inmaculado origen, prefieren ayunar; huyen de los restaurantes y rehúsan invitaciones para comer en casa de los amigos por no saber qué les van a ofrecer. Cuando incumplen sus propósitos, les embarga un sentimiento de culpa que desemboca en estrictas dietas o ayunos.
La ortorexia suele manifestarse en personas con comportamientos obsesivo- compulsivos y predispuestas genéticamente a ello. Se ha observado también, que muchos pacientes que han sufrido anorexia nerviosa, al recuperarse optan por introducir en su dieta sólo alimentos de origen natural, probiótico, cultivados ecológicamente, sin grasa o sin sustancias artificiales que puedan causarles algún daño. Paradójicamente, este comportamiento en vez de evitar el trastorno, llega a provocarlo.
Las características más visibles de un ortoréxico son:
Esta patología puede tener graves efectos sobre la salud. Por ejemplo, la supresión de grasas puede comprometer la ingesta de vitaminas liposolubles y ácidos grasos, ambos imprescindibles para el organismo. Sin carne, son los niveles de hierro los que se desploman y, aunque los vegetales también aportan proteínas, son de inferior calidad.
También puede acarrear carencias nutricionales si el ortoréxico no sustituye los alimentos que rechaza por otros que puedan aportarle los mismos complementos nutricionales. Esto se traduce en anemia, carencias vitamínicas (hipovitaminosis) o de oligoelementos o falta de energía, que pueden derivar en dolencias más graves como hipotensión y osteoporosis así como, en fases avanzadas, trastornos obsesivos- compulsivos relacionados con la alimentación o enfermedades psiquiátricas tales como depresión, ansiedad e hipocondriasis.
Aunque todavía no están lo suficientemente contrastados, ya existen algunos criterios diagnósticos para la ortorexia:
4.3.4. Bulimarexia
Este trastorno de la alimentación, que a veces es considerado como un subtipo de la anorexia o de la bulimia, es en realidad una psicopatología que combina manifestaciones anoréxicas con fenómenos bulímicos. Esta combinación de rasgos bulímicos y anoréxicos en un mismo cuadro suele ser la más común, pues con frecuencia ninguna de las dos enfermedades aparece en un estado puro.
La bulimarexia se caracteriza por la presencia de episodios anoréxicos (restricción extrema a ingerir alimentos, hiperactividad) con episodios bulímicos (atracones y purgas). Presenta muchos de los síntomas de la anorexia y la bulimia, pero se diferencia principalmente de la primera a causa de la presencia de atracones (nos anoréxicos no ingieren compulsivamente), y de la segunda por el hecho de que los bulimaréxicos pueden experimentar una pérdida significativa de peso.
Al igual que en la mayoría de los trastornos alimenticios, las mujeres jóvenes son el grupo más afectado por esta enfermedad.
Las consecuencias de la bulimarexia son las que suscitan tanto la anorexia como la bulimia en el cuerpo del enfermo.
Un ejemplo histórico de bulimarexia es el ofrecido por Isabel de Austria (1837-1898), mejor conocida como la emperatriz Sissi, quien comienza a obsesionarse a los 25 años con su figura, la cual quería mantener perfecta. Con el enfermizo fin de mantener su peso de 50 kilos (repartidos en una estatura de 1,72), y de guardar su cintura de tan sólo 47 centímetros, Sissi creó una serie de dietas de adelgazamiento y hábitos alimenticios para compensar sus atracones de dulces. Así, su dieta se componía por una mezcla de carne de ternera, pollo, venado y perdiz; carne fría, sangre de buey cruda, leche, tartas, pasteles y helado. La emperatriz austriaca prescindió durante casi toda su vida adulta de verduras y de fruta, a excepción de las naranjas.
Isabel de Austria sufrió reuma, neuritis y edemas por todo el cuerpo, causados por su ayuno flagelante. Desde los 44 años sufrió casi permanentemente dolores de ciática y acumulación de líquido en las piernas. A partir de los 50, el cutis de Sissi estaba muy deteriorado, motivo por el cual siempre llevaba velo. Las últimas fotos o cuadros que se hicieron de la emperatriz datan de cuando tenía 30 años.
Las torturas a las que sometió su cuerpo grácil no solo atentaron contra su salud, sino que, además, aumentaron su irritabilidad y le provocaron insomnio. Además, Isabel de Austria consumía morfina y cocaína.
5. Prevención de los Trastornos Alimenticios o Psicopatologías Alimentarías
5.1. Prevención Personal
ALUBA (asociación de lucha contra la bulimia y la anorexia), una institución dedicada a la prevención y tratamiento de trastornos alimenticios, brinda los siguientes NO y SÍ de la prevención:
No a comer en soledad.
No al mal humor y al capricho.
No al aislamiento y a la soledad.
No a la agresividad.
No a los escándalos familiares.
No a la condescendencia.
No a la doble personalidad.
No a la autoexigencia exagerada.
No al perfeccionamiento absurdo.
No a la comida, al cuerpo y a las calorías como tema de conversación.
No a la hiperactividad.
No al uso de diuréticos, laxantes o pastillas para adelgazar.
No a la automedicación.
No a los productos dietéticos y edulcorantes.
No al abuso de café.
No al cigarrillo.
No al alcohol.
No a los caprichos con la comida.
No al ayuno.
Sí a un proyecto de vida saludable.
Sí a la comida como acto social.
Sí a las actividades programadas.
Sí al respeto mutuo, a la colaboración y a la integración grupal.
Sí al compromiso mutuo o grupal.
Sí a los límites.
Sí al diálogo y la comunicación.
Sí al respeto a la familia.
Sí al buen modo y a la cordialidad.
Sí al buen humor.
Sí a la productividad y la creatividad.
Sí al orden y cuidado de nuestro cuarto y de los espacios comunes de la casa.
Sí a la puntualidad.
Sí al progreso.
Sí a la comida en familia.
Sí a la sobremesa.
Sí a la constancia y al esfuerzo diario.
Sí al programa alimentario con responsabilidad.
5.2. Prevención o Detección Precoz por parte de la Familia
La anorexia nerviosa y la bulimia, así como otros trastornos de la conducta alimentaria, pueden prevenirse o detectarse precozmente. Para ello, se deben aplicar varias (o mejor todas) de las siguientes medidas:
6. Ayuda hacia la Persona con un Trastorno Alimentario
Estas son algunas de las líneas principales que deben seguirse a la hora de tratar con una persona de la que se sospecha que padece trastornos alimentarios.
6.1. Ayuda por parte de la Familia
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