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Trastornos alimenticios o psicopatologías alimentarias (página 2)

Enviado por Gisele Amaya Dal B



Partes: 1, 2, 3


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4.1.4.2. Consecuencias Psíquicas

  • Los anoréxicos tienen un riesgo aumentado de sufrir bulimarexia o bulimia.
  • Síntomas de ansiedad, depresión y obsesivos.
  • Depresión, tristeza, irritabilidad, aislamiento social. Relaciones afectivas conflictivas
  • Tendencias suicidas: se ha calculado que comprende la mitad de las defunciones en la anorexia. (Razonablemente se puede tomar la posición de que todos los casos de anorexia son intentos de suicidio.)

4.1.5. Estadísticas

En aproximadamente el 90% de los casos, las pacientes son mujeres de entre 10 y 29 años (en los países desarrollados, la anorexia nerviosa afecta aproximadamente a 1 de cada 200 ó 300 chicas de edades comprendidas entre los 12 y los 24 años).

La edad promedio de inicio de anorexia es de 17 años, aunque algunos datos sugieren la existencia de picos., bimodales a los 14 y a los 18 años.

Esta enfermedad es más frecuente en la mujer que en el varón en una proporción de 10 a 1, pero aunque actualmente las mujeres jóvenes siguen siendo el grupo más afectado, los varones, los niños / as menores de 12 años y las mujeres maduras comienzan a agregarse a la lista de víctimas de este trastorno, aunque es muy rara la aparición de este trastorno en las mujeres mayores de 40 años.

A pesar de que hay pocos estudios epidemiológicos realizados, pues muchos pacientes anoréxicos nunca acuden al médico, los expertos calculan que afecta a cerca del 1% de la población.

Las actitudes y pensamientos con el cuerpo, el peso y la alimentación, y la evolución de la enfermedad indican que después del diagnóstico, un 25% de las pacientes siguen siendo anoréxicas, un 40 % tiene síntomas depresivos y un 25% obsesivos.

Entre el 50 y el 60% de los casos se cura y el resto de pacientes cornifican la enfermedad. Tras doce años de evolución de la enfermedad en una persona la curación se considera prácticamente imposible.

La mortalidad por desnutrición se sitúa entre el 8 y el 10% pero cuando la enfermedad dura más de 30 años este dato se eleva al 18%.

4.1.6. Diagnóstico

Se considera que una persona padece de anorexia nerviosa cuando cumple los siguientes criterios:

  • Rechazo contundente a mantener el peso corporal por encima del valor mínimo normal considerando la edad y la talla. Por ejemplo, pérdida de peso hasta un 15% por debajo del peso teórico o fracaso para conseguir el aumento de peso esperado en el período de crecimiento, resultando un peso corporal un 15% por debajo del peso teórico.
  • Miedo intenso a ganar peso o a convertirse en obeso, incluso estando por debajo del peso normal. La pérdida de peso está originada por el propio enfermo a través de la evitación de consumo de alimentos que cree que "engordan" y por uno o más de uno de los síntomas siguientes:

* vómitos autoprovocados.

* purgas intestinales.

* ejercicio excesivo.

* consumo de fármacos anoréxicos o diuréticos.

Se puede considerar excesivo el ejercicio que interfiere de manera significativa las actividades importantes, cuando se produce en horas poco habituales, o en lugares poco apropiados, o cuando el individuo continúa realizándolo a pesar de estar lesionado o presenta alguna enfermedad.

  • Dismorfofobia, es decir, alteración en la percepción del peso, caracterizada por la persistencia, con el carácter de idea sobrevalorada, del pavor ante la gordura o flacidez de las formas corporales, de modo que el enfermo se impone a sí mismo el permanecer por debajo de un límite máximo de peso corporal.
  • En las mujeres, ausencia de por lo menos tres ciclos menstruales consecutivos (amenorrea primaria o secundaria). (Se considera que una mujer sufre amenorrea cuando sus menstruaciones aparecen únicamente con tratamientos hormonales; por ejemplo, con la administración de estrógenos.) En el varón, una pérdida del interés y de la potencia sexuales.
  • Si el inicio es anterior a la pubertad, se retrasa la secuencia de las manifestaciones de la pubertad, o incluso ésta se detiene (cesa el crecimiento; en las mujeres no se desarrollan las mamas y hay amenorrea primaria; en los varones persisten los genitales infantiles).

4.1.6.1. Diagnóstico de Subtipos

A pesar del intenso temor a engordar, aproximadamente la mitad de los enfermos de anorexia experimentan episodios bulímicos, generándose dos subtipos de la enfermedad:

a. Tipo restrictivo

Este subtipo describe cuadros clínicos en los que la perdida de peso se consigue haciendo dieta, ayunando o realizando ejercicio intenso. Durante los episodios de anorexia nerviosa estos individuos no recurren a atracones ni a purgas, pero pueden recurrir a diuréticos y/o píldoras de dieta (anoréxicos).

b. Tipo compulsivo / purgativo

Este subtipo, que también es denominado "bulimarexia", muestra características de la bulimia nerviosa, pues el individuo recurre regularmente a atracones (ingesta compulsiva de gran cantidad de alimentos de altas calorías). La mayoría de individuos que pasan por los episodios de atracones recurren a purgas, provocándose el vomito o utilizando diuréticos, laxantes o enemas de una manera excesiva. Existen incluso algunos casos en este subtipo en que no presenta atracones, pero suelen recurrir a purgas, incluso después de ingerir pequeñas cantidades de comida. Se cree que la mayoría de las personas pertenecientes a este subtipo recurren a conductas de esta clase al menos semanalmente, pero no hay suficiente información para poder determinar una frecuencia mínima.

4.1.7. Tratamiento

No existe un tratamiento universalmente aceptado para la anorexia nerviosa. En general el objetivo del tratamiento es detener los malos hábitos alimentarios, modificar los pensamientos erróneos del paciente y lograr la normalización. La psicoterapia y la terapia familiar a menudo son importantes.

La mitad de los pacientes se curan definitivamente, aunque a veces, la enfermedad acaba produciendo alteraciones metabólicas y hormonales que agravan el proceso puramente psíquico.

Para más información ver 7.

4.1.7.1. Temas relacionados con el Tratamiento

a. Aumento de peso.

Además del tratamiento inmediato de cualquier problema médico grave, la meta de la terapia para la persona anoréxica es aumentar de peso. La meta del peso es fijada estrictamente por el médico o profesional de la salud, por lo general, una a dos libras a la semana. Esta meta es absoluta sin importar cuan convincentemente el paciente (o inclusive los miembros de la familia) pueda argumentar para lograr una meta de peso inferior. Los pacientes que están severamente malnutridos deberán empezar con un recuento de calorías de sólo 1,500 calorías al día para reducir las posibilidades de dolor de estómago e inflamación, retención de líquidos e insuficiencia cardíaca. Con el tiempo, al paciente se le dan comidas que contienen hasta 3,500 calorías o más al día.

Los suplementos alimenticios no se recomiendan por lo general, ya que el paciente deberá reanudar cuanto antes los patrones de comer normales. Aunque comer es el problema, no se deben mantener charlas sobre el trastorno durante las comidas, pues estos son momentos para la interacción social relajada. La alimentación intravenosa o por tubos rara vez se necesita o recomienda a menos que la enfermedad del paciente sea potencialmente mortal.

Nunca deberán emplearse tales medidas invasoras de alimentación como una forma de castigo durante la terapia conductual. La investigación indica que en algunos casos la dieta severa puede causar que el metabolismo se adapte a la malnutrición y resista los efectos de sobre alimentación, de tal manera que algún paciente puede tener dificultad de aumentar de peso aun cuando esté siendo alimentado adecuadamente.

b. Ejercicio

Para las personas con anorexia, el ejercicio excesivo es a menudo un componente del trastorno original. Los estudios han reportado que los pacientes anoréxicos en general tienen un metabolismo más alto que los individuos normales, y se necesitan más calorías para aumentar de peso. Durante el programa de recuperación, pueden utilizarse regímenes de ejercicio muy controlados como recompensa por desarrollar buenos hábitos dietéticos y como manera de reducir la dificultad estomacal e intestinal que acompaña la recuperación. El ejercicio no debe realizarse si todavía existen problemas médicos severos y si el paciente no ha tenido un aumento de peso significativo.

4.1.8. Pronóstico

El pronóstico es variable según diversas estadísticas, pero en líneas generales un 40% de las personas anoréxicas se curan totalmente, del 1% al 10% fallecen por desnutrición, fallo cardíaco o suicidio, y las restantes no consiguen una curación total, evolucionando en mayor o menor grado hacia una cronificación.

La duración del tratamiento es variable, pudiendo oscilar entre 2 y 4 años, o más cuando a la anorexia se asocian otras perturbaciones tales como trastornos de personalidad, depresiones, obsesiones, fobias, etc.

4.2. Bulimia nerviosa

La Bulimia nerviosa es una enfermedad psiquiátrica, un trastorno del comportamiento alimentario que se puede considerar como una alteración por defecto de los hábitos y/o comportamientos involucrados en la alimentación. Su descripción se recoge en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud, como "Trastornos de la Conducta Alimentaria" (tomo "Trastornos Mentales y del Comportamiento"), y en la Clasificación de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica de los Estados Unidos.

Bulimia etimológicamente significa "hambre voraz", es decir, a diferencia de la anorexia, la persona bulímica tiene "deseo" de comer. Así, este desorden alimenticio, causado por la ansiedad y por una preocupación excesiva por el peso corporal y el aspecto físico, se caracteriza por:

  • Intenso temor a la obesidad.
  • Distorsión por parte del paciente de su esquema corporal (Dismorfofobia).
  • Episodios recurrentes de ingesta excesiva (atracón), que unen el descontrol y el placer, y definen a la enfermedad.
  • Empleo de conductas compensatorias inapropiadas (purgas) para pseudoaliviar la angustia y la culpa que el paciente siente luego de un atracón.

Los métodos purgativos, empleados con el objetivo de compensar el atracón y controlar el peso, son:

* vómitos, provocados luego de cada ingesta y luego automáticos.

* uso de laxantes, diuréticos o enemas, que pueden ser utilizados en exceso con daños a la salud, y a veces simultáneamente.

* dietas exageradas, o ayuno.

* consumo de anfetaminas.

* abuso de la actividad física.

A veces el comportamiento bulímico se observa en los enfermos de anorexia nerviosa o en personas que llevan a cabo dietas exageradas, pero la bulimia por sí misma no produce pérdidas importantes de peso.

Este prolongado desorden alimenticio, que no se asocia con ninguna otra enfermedad orgánica previa, alcanza a tornarse indomable; las preocupaciones por el alimento se hacen automáticamente obsesivas, llegando a ocupar el tema alimenticio el centro de la vida del paciente bulímico.

4. 2.1. Reseña Histórica de la Bulimia

La bulimia nerviosa data de épocas remotas. A continuación se revelan la evolución en cuanto a la comprensión de la enfermedad desde el término médico y algunos casos.

  • 131 – hacia 210 _ Galeno, célebre médico griego que ejercía su arte en Roma, describió la "kynos orexia" o hambre canina, como sinónimo de bulimia, considerándola como consecuencia de un estado de ánimo anormal.
  • Siglo XIX _ Aparece la descripción de la bulimia en diccionarios como curiosidad médica. En el Diccionario Médico de la ciudad de Londres se describe un cuadro bulímico y se indica: preocupación por la comida, ingestas voraces y períodos de ayuno.
  • DECADA DEL '60 _ Se presenta el primer caso de bulimia considerado como enfermedad, en Estados Unidos. Un bulímico recibe por primera vez en la historia atención a causa de su enfermedad, quedando informes de este hecho.
  • 1979 _ Russell emplea por primera, vez el término bulimia, como una variante de la anorexia nerviosa. La enfermedad es descripta y traducida como el síndrome de purga y atracones o bulimarexia.
  • 1980 _ La Sociedad Americana de Psiquiatría incluye a la bulimia en el Manual de Psiquiatría como una enfermedad diferente a la anorexia.
  • Se adopta el término de bulimia nerviosa.
  • DECADA DEL '90 _ Los aspectos relativos a la figura y los factores socioculturales se vuelven más influyentes, se incrementa la cantidad de trastornos bulímicos.
  • Actualmente los modelos de investigación están basados en modelos de tratamientos pluridisciplinares o muldisciplinarios y deben señalar los núcleos conflictivos de la bulimia: ingesta compulsiva, métodos purgativos, pensamientos distorsionados y temor a la obesidad.

4.2. 2. Síntomas de la Bulimia

Los síntomas que pueden indicar que una persona esta sufriendo esta psicopatología alimentaria pueden ser tanto cambios cognitivos y conductuales como indicios psíquicos y fisiológicos.

4.2.2.1. Cambios cognitivos

  • Sentimiento de una imperiosa necesidad de ingerir grandes cantidades de comida, generalmente de elevado contenido calórico.
  • Fuerte temor a no parar de ingerir voluntariamente y tener poca capacidad para controlar los impulsos.
  • Dificultad en reconocer los signos de hambre y saciedad. Sensación de perdida del autodominio durante los atracones de comida.
  • Sentimiento de culpa y autorrepulsión luego de la ingesta (que deriva en el empleo de métodos purgativos); sensación de haber traicionado su aspiración a un peso ideal.
  • Pavor ante la idea de aumentar de peso o engordar.
  • Desagrado ante el propio cuerpo.
  • Aumentada percepción de defectos físicos como la celulitis.
  • Preocupación constante y obsesiva por la comida (la mayoría de las conversaciones con el paciente se refieren al peso, la comida, las calorías, etc.).
  • Incapacidad de reconocer o aceptar los riesgos que implica su conducta alimenticia, a pesar de contar con información al respecto (o desinterés en cuanto a lo que pueda llegar a acontecer).

4.2.2.2. Cambios conductuales

a. Con respecto a lo relacionado a ingestas, alimentos y peso

  • Episodios recurrentes de pérdida de control sobre la ingesta y alimentación compulsiva (atracones), que ocurren generalmente en solitario y en secreto. Durante un atracón los bulímicos consumen comúnmente hidratos de carbono y grasas, de fácil ingesta; los alimentos ingeridos en general son dulces, ricos en calorías y pobres en proteínas, pudiendo llegar la cantidad de alimento que se ingiere hasta 20.000 calorías. El atracón ocurre en cortos períodos de tiempo, donde la comida es ingerida rápidamente, sin dar tiempo a saborearla.

La ingesta compulsiva termina debido al malestar abdominal, interrupción externa por aparición de otra persona, recuperación de control o sensación de sopor.

Entre atracón y atracón se reduce la ingesta calórica, siendo escogidos para el consumo alimentos de bajo contenido calórico, "dietéticos", a la vez que son evitados aquellos que engordan o pueden desencadenar un atracón. Los enfermos alteran etapas de control y de descontrol. Al principio, estos ciclos duran una semana, empezando la dieta todos los lunes. Pero luego los ciclos se hacen mas cortos; con el correr del tiempo ninguna comida puede mantenerse en el estomago y cada vez los enfermos comen mas compulsivamente, con desesperación.

Los bulímicos suelen evitar el desayuno o desayunar muy poco, lo que puede llevar a repetir el ciclo.

  • En ocasiones, ritualización de la compra de comida, hecho que suele producir en el bulímico al mismo tiempo excitación y ansiedad.
  • Mantenimiento del peso (en general normal, o ligeramente superior a lo estipulado para la edad o estatura) a pesar de la dieta que manifiestan llevar a cabo ante terceros.
  • Evitación de situaciones donde la comida se plantea como obligación o como tentación. Temor a verse obligado a comer en sociedad (fiestas, reuniones familiares).
  • Aumento de todo lo relacionado con la alimentación y el peso, como lecturas y conversaciones.
  • Conteo obsesivo del contenido calórico de los alimentos.
  • Preferencia por la comida a solas.
  • Preferencia por los alimentos lights.
  • Conducta adictiva respecto a los edulcorantes.
  • Adopción de estrategias que contrarresten los efectos engordantes de sus síntomas bulímicos, como vómitos (pueden llegan a vomitar 20 veces por día), ayuno o dieta (que suelen ser muy estrictas y durar uno o dos días), ejercicio extenuante, uso o abuso de laxantes, diuréticos y/o enemas, consumo de anabólicos, y empleo de cualquier producto adelgazante (fármacos, hierbas, pastillas, cremas, etc.).
  • Escondimiento de comida con el fin de evitar sentir tentación.
  • Desecho del alimento de manera anterior a su consumición, por ejemplo, tirándola a la basura o por el inodoro antes de la hora de la comida.
  • Adicción a las drogas; dependencia y abuso de sustancias como el alcohol y los estimulantes El consumo de sustancias estimulantes suele empezar en un intento por controlar el apetito y el peso.

b. Con respecto al comportamiento frente a terceros.

  • El paciente demuestra seguir regímenes rigurosos y rígidos.
  • Evitación del tema sexual, miedo a crecer y hacerse física y sexualmente maduro.
  • Miedo a verse gordo, salir a la calle y ser visto; en su temor por ser descubierto en su enfermedad, el bulímico cambia de amistades o se aísla.
  • Desaparición de la comida o la plata, en caso de que el paciente viva en familia.
  • Preferencia por las comidas a solas; el paciente puede comer en medio de la noche mientras todos duermen.
  • Resistencia a usar traje de baño para evitar la exposición de su cuerpo ante terceros.
  • Los pacientes acuden solos a las consultas médico.
  • Visitas al baño después de comer, con una radio encendida o bajo el pretexto de necesitar una ducha, con la intención de vomitar lo ingerido. En caso de no poder hacerlo en el baño, el paciente puede llegar hasta el extremo de guardar los vómitos en cualquier rincón, esperando la ocasión propicia para deshacerse de ellos.

4.2.2.3. Indicios psíquicos

  • Ocultación de los problemas, debido a la falta de confianza hacia los conocidos.
  • Relaciones familiares gravemente alteradas.
  • Fracaso en las relaciones sentimentales.
  • Sentimiento de rechazo o discriminación por parte del entorno.
  • Dificultad para la concentración en algunos casos.
  • Cambios rápidos de carácter y humor.
  • Sentimiento de desamparo, de ser diferente. El bulímico se siente atormentado por la soledad.
  • Sentimientos de culpa y autodesprecio luego de un atracón; la persona bulímica se atormenta por la sensación de pérdida de control.
  • Sentimientos depresivos. En ocasiones estas personas pueden presentar cuadros clínicos que cumplen los criterios de un Trastorno Depresivo Mayor.
  • Odio hacia sí mismo.
  • Severa autocrítica.
  • Necesidad de recibir aprobación de los demás respecto de su persona.
  • Cambio en la autoestima.
  • Irritabilidad, accesos de ira.
  • Ansiedad.
  • Tristeza, llanto frecuente.
  • Labilidad (fragilidad) emocional.
  • Decaimiento.
  • Sentimiento de incompetencia, inseguridad en cuanto a las propias capacidades.
  • Disminución del interés, de la práctica y del placer sexual. El interés sexual del paciente bulímico está disminuido o acumulado.
  • Conductas extravagantes, raras e incluso compulsivas. Tendencia a volverse obsesivo. Se han observado en estos enfermos características propias del trastorno obsesivo / compulsivo, ya sea en relación con la comida o no. La mayoría de personas con bulimia nerviosa están ocupadas en pensamientos relacionados con la comida.
  • Problemas de control con los impulsos, abuso del alcohol o de las drogas. Los individuos del tipo compulsivo/ purgativo tienen más probabilidades de presentar estos problemas que los del tipo restrictivo, así como de manifestar más labilidad emocional y de ser más activos sexualmente.
  • Ideas suicidas, recurrentes en casos extremos.

4.2.2.4. Indicios fisiológicos

  • Hinchazón de la cara, causada por la inflamación de las glándulas salivales y parótidas.
  • Pequeñas rupturas vasculares en la cara o bajo los ojos.
  • Inexplicable pérdida de piezas dentales.
  • Caries y erosión del esmalte dental por efecto del ácido gástrico que causa descalcificación y disolución del esmalte.
  • Oscilaciones de peso (5 ó 10 Kg, arriba o abajo) debido a la alternancia de episodios bulímicos con períodos de ayuno y/o ejercicio extenuante.
  • Peso normal o excesivo, muy raramente peso inferior al normal. Al contrario de lo que ocurre con la anorexia, el aspecto de los afectados de bulimia parece saludable.
  • Presencia del signo de Russell (callosidades en los nudillos de los dedos, por provocarse el vómito)
  • Anemia debido a la falta de hierro y proteínas.
  • Irregularidades menstruales.
  • Sensación de debilidad y fatiga.
  • Dolores musculares.
  • Mareos (por hipotensión arterial).
  • Dolor de cabeza.
  • Caída del cabello.
  • Piel amarillenta y arrugada por la deshidratación.
  • Estrías a causa del cambio de peso.
  • Diarrea o constipación.
  • Episodios de sudoración.
  • Luego del atracón, malestar abdominal, náuseas, dolor, letargo.
  • Trastornos a nivel del esófago y del tracto digestivo por la acción de los ácidos gástricos que concentra el vómito, como irritación crónica de la garganta y dolor de estómago, que se presentan cuando el contenido del ácido gástrico ha lesionado la mucosa esofágica, y vómitos de sangre, que aparecen cuando existe lesión esofágica sangrante secundaria a reiterados vómitos.

4.2.3. Curso de la Bulimia Nerviosa

4.2.3.1. Factores Predisponentes

Los factores que podrían predisponer a la aparición de la bulimia nerviosa son tanto personales, como familiares y socioculturales. Todos estos problemas están entrelazados; los trastornos vienen por pasar toda la vida en un entorno social y familiar particular.

4.2.3.1.1. Factores Personales

Los factores personales predisponentes que configurarían un grupo de riesgo serían uno o varios de los siguientes:

a. Pubertad temprana en el caso de las mujeres.

b. Sufrir previamente un problema de obesidad. Sobre todo en los hombres, influye haber padecido de obesidad en la niñez y haber sufrido burlas por parte de amigos de su misma edad o adultos. Frecuentemente, existe el hábito de comer en exceso

c. Poseer determinados rasgos del carácter, como por ejemplo no aceptarse como persona.

d. Tener tendencias depresivas o a sufrir trastornos de ansiedad. Poseer tendencia al padecimiento de trastornos de personalidad y conductas impulsivas / compulsivas.

e. Haber elegido una afición o una carrera que conceda gran importancia al peso.

f. Cumplimiento de la "Hipótesis de dependencia externa"

g. Ser mujer joven (14 a 25 años aproximadamente).

h. El desconocimiento de alternativas para adelgazar, fuera de la restricción de alimentos.

i. Los malos hábitos en relación con las comidas.

j. Haber padecido de un trastorno de la alimentación, como por ejemplo la anorexia.

a, b, c, d, e y f. Ver 2.1.

g. La aparición de estas enfermedades relacionadas con la alimentación se dan especialmente en la adolescencia y la juventud, aproximadamente entre los 14 y los 25 años, ya que en esta etapa el cuerpo del joven se está desarrollando y cambiando abruptamente y la imagen mental que se tiene del propio cuerpo es más lenta que su evolución biológica. La edad inicial suele ser más tardía que en la anorexia; el cuadro se inicia habitualmente a partir de los 20 años.

La bulimia nerviosa se manifiesta ligada al sexo femenino; se considera que en esta predisposición intervienen más los factores socioculturales que los de índole biológica.

h. El desconocimiento de alternativas para adelgazar es un factor predisponente importante. La restricción de alimentos es el peor método para adelgazar ya que es el que más propicia el trastorno patológico; es un factor de riesgo inmediato importante en el desarrollo de los atracones.

i. Los malos hábitos en relación con las comidas predisponen a la aparición de bulimia nerviosa. Se consideran malos hábitos a la hora de comer:

  • Preferir las comidas rápidas, como bocadillos y hamburguesas, a modo de sustituto de la tradicional comida con dos platos y postre.
  • Preparar comidas escasas, sin saber bien cuáles son sus contenidos.
  • Comer con prisas.
  • Realizar las comidas por separado del resto de la familia y lejos del hogar.
  • No tener un horario medianamente establecido.

Estos hábitos son más frecuentes en adolescentes y jóvenes de enseñanzas medias y universitarios, es decir, la parte de la población de mayor riesgo para los trastornos en la alimentación. Es justo, en estas edades, donde se debe cuidar más la alimentación.

j. En el curso de una anorexia nerviosa; es sabido que un 50% aproximadamente de los casos de anorexia evolucionan hacia el padecimiento de una bulimia. En estos casos, la anteriormente excesiva restricción alimenticia conduce al deseo imperioso y patológico de ingerir grandes cantidades de comida.

4.2.3.1.2. Factores Familiares

Se puede asegurar que no hay un tipo de familia en particular que promueva trastornos como la bulimia y la anorexia; sin embargo, los factores negativos dentro de la familia, posiblemente tanto hereditarios como ambientales, desempeñan una función importante en la provocación y perpetuación de los trastornos del comer.

En general, los factores familiares predisponentes a la aparición de una psicopatología alimentaria son los siguientes:

a. Tener familiares obesos o que padezcan algún desorden alimentario. Tener antecedentes familiares de trastornos depresivos, obsesivos o alcoholismo.

b. Haber sido abusado sexualmente

c. Convivir con personas que le den mucha importancia al peso y a la apariencia física.

d. Perjuicios y mala transmisión de valores.

e. Sentimiento de abandono

a, b, c, y d. Ver 2.2

e. Algunos estudios han encontrado que las madres de los bulímicos son críticas y distantes. Los pacientes no pueden manifestar o demostrar los afectos hacia el grupo familiar, son tímidos, con cierta lasitud y labilidad emocional. Casi todos manifiestan sentirse exigidos y presionados por la familia, con muchas prohibiciones y un control excesivo.

4.2.3.1.3. Factores Socioculturales

Los factores socioculturales predisponentes que podrían influenciar e incluso desencadenar el curso de la enfermedad son, en general, la presión y los estereotipos sociales, que se demuestran en:

a. Los trastornos culturales, representados por la cultura de la delgadez y concesión de importancia al "Mito de la Belleza".

b. La discriminación y el rechazo social hacia los obesos.

b1. Discriminación en general.

b2. Discriminación laboral.

b3. Discriminación en cuanto al mundo de la moda.

c. La manipulación.

c1. Coacción publicitaria.

c2. Mercado del adelgazamiento.

c3. Difusión del cuerpo delgado de los modelos como estereotipo.

c4. Difusión de páginas pro–anorexia a través de Internet.

a, b y c. Ver 2.3.

4.2.3.2. Factores Desencadenantes de la Bulimia Nerviosa

Ver 3.

4.2.3.2.1. Factores Desencadenantes y Curso del Atracón

Los atracones suelen empezar después o durante un periodo de régimen dietético, pues son un resorte normal del organismo para compensar la falta de nutrientes; cuando alguien tiene un peso inferior al que le determina su biología o se está alimentando con una dieta restrictiva, el desencadenante del atracón suele ser el hambre. Con el tiempo, el atracón se generaliza como recurso para aliviar transitoriamente el malestar emocional que puede tener distintos orígenes: desde el aburrimiento hasta la depresión, pasando por la ansiedad o el enojo.

El individuo puede estar en un estado de excitación cuando se atraca de comida, especialmente en el inicio de la enfermedad. Algunos enfermos describen síntomas de la naturaleza disociativa durante y después de los atracones. A medida que la enfermedad progresa los atracones ya no se caracterizan por una perdida de falta de control, sino por conductas de alteración del control, como la dificultad para evitar los atracones o dificultad para acabarlos.

4.2.3.3. Factores de Mantenimiento de la Bulimia Nerviosa

Los estudios sobre el comportamiento animal y los prisioneros de guerra sugieren que la restricción crónica de comida (el someterse a una dieta severa) a menudo conduce a un patrón de comer excesivo que persiste aún décadas después de restaurados suministros regulares de comida. Los factores biológicos pueden ser responsables de este ciclo insidioso.

Algunos expertos creen que el metabolismo se adapta al ciclo bulímico de comer excesivo y purgación, y que se incrementa el riesgo de aumento de peso inclusive sólo a través de la ingestión normal de calorías, lo cual exigiría como respuesta psíquica en el paciente el empleo de métodos purgativos. El proceso de vomitar y el uso de laxantes puede estimular la producción- de opioides - narcóticos en el cerebro, lo cual causa una adicción al ciclo bulímico.

Durante la etapa de dieta entre los períodos de comer excesivo, las personas se tornan a menudo irritables, deprimidas, y pueden tener una tendencia mayor a expresar trastornos de personalidad. Los sentimientos positivos tan sólo pueden ser restaurados con otro período de comer excesivo; y así sigue el patrón. El comer dulces también aumenta la serotonina, un producto químico en el cerebro que reduce la depresión y el estrés.

4.2.4. Consecuencias de la Bulimia Nerviosa

4.2.4.1. Consecuencias Físicas

  • Cardiopatía.

Los bulímicos suelen sufrir problemas cardíacos como bradicardia, cambios en la presión arterial (hipotensión arterial), taquicardia, prolapso de la válvula mitral, y arritmia, con riesgo de muerte. Estas alteraciones pueden ser producidas por los vómitos y el uso de laxantes y/o diuréticos.

  • Desajustes de Electrolito.

Los minerales como el potasio, el calcio, el magnesio y el fosfato se disuelven normalmente en el líquido del cuerpo. El calcio y el potasio son particularmente críticos para el mantenimiento de las corrientes eléctricas que causan que el corazón lata regularmente. La deshidratación y niveles de potasio bajos causados por el proceso de comer excesivo y purgación pueden reducir los niveles de líquido y contenido mineral, una enfermedad conocida como desajustes de electrolito, que puede ser muy grave a menos que los líquidos y los minerales se reemplacen, y puede producir paro cardíaco.

Los atracones seguidos de purgas pueden causar ocasionalmente debilidad extrema y casi parálisis; esto se revierte cuando se administra potasio. Los niveles peligrosamente bajos de potasio pueden resultar en ritmos cardíacos peligrosos y a veces mortales.

  • Anormalidades reproductivas y hormonales.

Son frecuentes alteraciones causadas a causa de cambios hormonales el crecimiento anormal del vello, la caída del cabello; las irregularidades menstruales y amenorrea; no está del todo claro si estas dos últimas alteraciones se relacionan con la fluctuación de peso, déficit nutritivos o estrés emocional.

  • Problemas neurológicos.

Muy bajo rendimiento intelectual.

  • Problemas sanguíneos.

Hipocalemia (bajos niveles de potasio en la sangre que pueden producir debilidad muscular, temblores, arritmias y, en casos extremos, fallo cardíaco) y anemia en algunos pacientes bulímicos.

  • Problemas gastrointestinales

Las alteraciones a este nivel son severas y frecuentes. Un 50 % de las pacientes las presenta.

El esófago sufre con frecuencia las consecuencias de los vómitos. El contenido ácido del estómago, en contacto con la pared esofágica, es altamente lesivo. Puede producir esofagitis, erosiones, úlceras y sangrado frecuente (vómitos de sangre). La perforación esofágica puede llevar al riesgo mortal.

A nivel estomacal se pueden producir gastritis, vómitos de sangre, reflujo y ardores, dilatación y rotura gástrica y úlcera estomacal. La dilatación aguda del estómago y el duodeno es otra complicación con riesgo de muerte.

A nivel intestinal puede producirse colon irritable, megacolon, reflujo gastrointestinal y diarreas incontrolables. Otras afecciones gastrointestinales son hernia hiatal y pancreatitis.

Los individuos que toman exceso de laxantes de manera crónica (para estimular la mortalidad intestinal) pueden acabar presentando diarreas, constipación, dolores de abdomen, dependencia a este tipo fármacos y en casos extremos parálisis intestinal. Además, puede presentarse mala absorción de ciertos nutrientes.

En contadas ocasiones, las paredes del recto pueden debilitarse tanto debido a la purgación que llegan a salirse por el ano; ésta es una condición grave que requiere de cirugía.

  • Problemas urinarios.

Los bulímicos suelen sufrir nefropatías como infecciones urinarias, retención de líquidos, la difusión renal, daños en el riñón a causa de la deshidratación, pérdida de potasio y empleo de diuréticos.

  • Problemas pulmonares.

Las microaspiraciones que a veces acompañan a los vómitos pueden causar espasmo bronquial y neumonitis.

  • Problemas bucales.

Los vómitos recurrentes pueden dar lugar a una pérdida significativa y permanente del esmalte dental, especialmente de la superficie posterior de los incisivos. Estos dientes pueden resquebrajarse y parecer rotos o carcomidos; pueden haber asimismo muchas cavidades en la superficie de los dientes. En algunos individuos las glándulas salivales, sobre todo la glándula parótida, se encuentran aumentadas de tamaño.

  • Riesgo de muerte.

Entre el 5% y el 20% por ciento de los casos de bulimia nerviosa son mortales. La mortalidad es superior a la de la anorexia, falleciendo por complicaciones médicas derivadas de los "atracones", vómitos y uso de laxantes, o por suicidio. También puede darse por inanición y por descompensación electrolítica (descenso del nivel del potasio), que provoca un paro cardíaco.

4.2.4.2. Consecuencias Psíquicas

  • Comportamiento autodestructor, como el abuso estupefacientes y alcohol y el auto-cortado, entre otros.
  • Peligro de comportamientos impulsivos peligrosos, como promiscuidad sexual y cleptomanía, los cuales se han reportado en la mitad de las personas con bulimia.
  • Tendencias suicidas.
  • Obsesión por la comida.
  • Fuerte temor a no parar de ingerir de voluntariamente y tener poca capacidad para controlar los impulsos, lo que a veces puede acarrear problemas con el alcohol, las drogas y la conducta sexual. En un estudio de mujeres bulímicas no anoréxicas, el 33% abusaban el alcohol y el 28% abusaban las drogas, con un 18% con sobredosis repetidamente. La cocaína y las anfetaminas fueron las drogas con mayor frecuencia abusadas.
  • Falta de autoestima.
  • Depresión.
  • Aislamiento social.
  • Relaciones afectivas conflictivas.
  • Dificultadas para relacionarse sexualmente.

4.2.5. Estadísticas

En aproximadamente el 90% de los casos, las pacientes son mujeres de entre 10 y 29 años (en los países desarrollados, su frecuencia en la población juvenil femenina varía entre el 3% y el 10%)

La edad promedio de inicio de anorexia es de 20 años, muy especialmente tras haber padecido una anorexia nerviosa o haber hecho regímenes de adelgazamiento.

Al igual que la anorexia nerviosa, es más frecuente en la mujer que en el varón, en una proporción de 10 a 1; algunos datos sugieren que en los varones con bulimia nerviosa hay una prevalencia más alta de obesidad premórbida que en las mujeres.

Este método de purga más utilizado en la bulimia es el vómito; lo emplean el 80 - 90% de los sujetos que acuden a centros clínicos para recibir tratamiento. Aproximadamente un tercio de las personas con este trastorno toman laxantes después de los atracones, y muy de vez en cuando los enfermos emplean enemas, que constituyen el único método compensatorio utilizado. Los individuos con este trastorno pueden estar sin comer uno a mas días y realizar ejercicio físico intenso. Excepcionalmente, los individuos con este trastorno toman hormonas tiroideas con el fin de no ganar peso. Los sujetos diabéticos con bulimia nerviosa pueden suprimir o disminuir la dosis de insulina para reducir el metabolismo de los alimentos ingeridos durante los atracones.

La incidencia de la bulimia nerviosa es 4 veces mayor que la de la anorexia, habiendo aumentado en los últimos años el número de pacientes anoréxicos con síntomas bulímicos. En general, las perspectivas son mejores para la bulimia que para la anorexia, sin embargo, estudios demostraron que después de seis años la tasa de mortalidad de las mujeres en terapia es del 1%.

Entre el 50 y el 60% de los casos se cura y el resto de pacientes cronifican la enfermedad. En el 20% de los casos de bulimia los pacientes siguen luchando contra el trastorno después de diez años de iniciado el tratamiento.

Entre el 5% y el 20% por ciento de los casos de bulimia nerviosa son mortales.

4.2.6. Diagnóstico

Se considera que una persona padece de bulimia nerviosa cuando cumple los siguientes criterios:

  • Episodios recurrentes de ingesta voraz o atracón. (Se define atracón el consumo rápido de una gran cantidad de comida en un período discreto de tiempo, generalmente inferior a dos horas. No se considera atracón ir picando pequeñas cantidades de comida a lo largo del día.). Estos episodios ocurren generalmente a escondidas o lo más disimuladamente posible.
  • Sentimiento de falta de control sobre la conducta alimentaria durante los episodios de voracidad, expresado por la sensación de no poder para de comer o no poder controlar el tipo o la cantidad de comida que se está ingiriendo.
  • Realización de conductas compensatorias inapropiadas, de manera repetida, para evitar la ganancia de peso, como vómitos autoprovocados, fármacos laxantes y diuréticos, enemas, dietas estrictas o ayunos, ejercicio excesivo, etc.
  • Un promedio mínimo de dos episodios de voracidad a la semana por lo menos durante tres meses.
  • Preocupación persistente por la silueta y el peso, poniendo el paciente bulímico demasiado énfasis en esos factores al autoevaluarse, y siendo los defectos físicos los más importantes a la hora de determinar su autoestima.
  • La alteración no aparece en el transcurso de la anorexia nerviosa.

4.2.6.1. Diagnóstico de Subtipos

Se pueden emplear los siguientes subtipos para determinar la presencia o ausencia del uso regular de métodos de purga con el fin de compensar la ingestión de alimento durante los atracones

a. Tipo Purgativo

Este subtipo describe cuadros clínicos en los que el enfermo se ha provocado el vómito y ha hecho mal uso del laxantes, diuréticos y enemas durante el episodio.

b. Tipo no Purgativo

Este subtipo, también denominado "bulimarexia", describe cuadros clínicos en los que el enfermo ha empleado otras técnicas compensatorias inapropiadas, como ayudar o practicar ejercicio intenso, pero no se ha provocado el vómito ni ha hecho mal uso de laxantes, diuréticos o enemas durante el episodio.

4.2.7. Tratamiento

En general, el tratamiento de la bulimia busca interrumpir el vómito, corregir las anomalías metabólicas y normalizar la alimentación. Frecuentemente la bulimia se asocia con depresión y baja autoestima, por lo que los pacientes suelen mejorar con antidepresivos. En los últimos años, se ha demostrado experimentalmente que determinados fármacos antidepresivos son muy eficaces en el tratamiento de la bulimia.

La psicoterapia y la terapia familiar a menudo son importantes.

Para más información ver 7.

4.2.8. Pronóstico

El pronóstico es variable, pero en líneas generales un 40%- 50% de los casos alcanzan la curación, del 1% al 20% fallecen por complicaciones relacionadas con el trastorno, un 1% de los pacientes se suicida y el resto cronifica la enfermedad.

Frecuentemente, el curso de la enfermedad es crónico e intermitente a lo largo de varios años, especialmente si la bulimia se asocia a otros trastornos psiquiátricos.

4.3. Otros Trastornos del Comer

La bulimia y la anorexia son las psicopatologías alimentarias más conocidas, sin embargo, existen otros trastornos alimentarios.

4.3.1. Trastorno del Comer no Especificado

El trastorno del comer no especificado abarca los trastornos del comer no definidos específicamente como bulimia o anorexia, pero que presentan comportamientos con síntomas semejantes a los presentados por bulímicos y anoréxicos.

Los trastornos del comer no especificados presentan las siguientes características:

  1. En las mujeres, se cumplen todos los criterios diagnósticos para la anorexia nerviosa, pero las menstruaciones son regulares.
  2. Se cumplen todos los criterios diagnósticos para la anorexia nerviosa excepto que, a pesar de existir una pedida de peso significativa, el peso del individuo se encuentra dentro de los límites de lo normal.
  3. Se cumplen todos los criterios diagnósticos para la bulimia nerviosa, con la excepción de que los atracones y las conductas compensatorias inapropiadas aparecen menos de 2 veces por semana o durante menos de 3 meses.
  4. Empleo regular de conductas compensatorias inapropiadas después de ingerir pequeñas cantidades de comida por partes de un individuo de peso normal; ejemplo, provocación del vómito después de haber comido dos galletas.
  5. Masticar y expulsar, pero no tragar, cantidades importantes de comida.
  6. Trastorno por atracón: Se caracteriza por atracones recurrentes en ausencia de la conducta compensatoria inapropiada típica de la bulimia nerviosa.

4.3.2. Vigorexia

La vigorexia es trastorno mental distinto de la mayoría de los trastornos alimenticios, pues no es estrictamente alimentario, pero se considera una psicopatología alimentaria porque comparte la patología de la preocupación obsesiva por la figura y una distorsión del esquema corporal(dismorfofobia).

Esta enfermedad, que fue diagnosticada por G. Pope, consiste en una adicción a la musculación que aparece normalmente en hombres que se obsesionan por conseguir un cuerpo más musculoso mediante el ejercicio físico excesivo.

Los vigoréxicos poseen una dieta poco equilibrada, donde el consumo de grasas ha sido reducido drásticamente, y el de proteínas e hidratos de carbono aumentado en forma excesiva, favoreciendo así el aumento de la masa muscular y causando problemas metabólicos importantes. Además, los vigoréxicos suelen incluir en su dieta esteroides y anabolizantes.

Los enfermos presentan una obsesión por el peso, razón por la cual se pesan varias veces al día y presentan un cuadro de distorsión del esquema corporal que hace que se vean y sientan enclenques, lo cual los impulsa a exceder las horas de entrenamiento en el gimnasio y los aleja del ámbito familiar (aislamiento social).

Aunque existen explicaciones biológicas a estos trastornos (desequilibrio en los niveles de serotonina y otros neurotransmisores del cerebro) los factores sociales y educativos influyen enormemente. Se puede decir que las características de la vigorexia están asociadas con la baja autoestima y el rechazo de su imagen corporal.

Por esta razón los tratamientos a los enfermos de vigorexia tienen que ser multidisciplinares y combinar la farmacología con terapias cognitivo- conductuales.

4.3.2.1. Ventajas y Riesgos del Ejercicio Físico

La actividad física practicada con regularidad y moderación es muy recomendable desde el punto de vista médico, ya que puede ayudar a mejorarse de muchas enfermedades. Varios estudios realizados entre adolescentes coinciden en que desde el punto de vista psicopedagógico la actividad física ayuda a controlar estados emocionales como depresión, estrés y ansiedad.

Hay una estrecha relación entre el ejercicio físico y la depresión porque a mayor ejercicio menor depresión. Este fenómeno se puede explicar desde dos puntos de vista:

  • Médico: ya que ayuda a mejorar los problemas de salud.
  • Psicológico: el ejercicio físico requiere concentración, lo cual impide pensamientos causantes de reacciones negativas.

El ejercicio físico, por lo tanto, otorga la ventaja de que aumenta la autoestima, ya que se consigue una imagen corporal positiva. Sin embargo, también tiene sus riesgos, como la dependencia a la actividad física. Se propusieron los siguientes signos de alarma:

  • Insistencia en practicar ejercicio físico como una obligación.
  • Experimentación de síntomas de "abstinencia" como irritabilidad, ansiedad y depresión cuando se imposibilita el ejercicio.
  • Mantenimiento del ejercicio físico a pesar de la prohibición médica.

El ejercicio físico practicado de manera obsesiva por razones de peso, tono muscular, atractivo personal, está directamente relacionado con trastornos alimentarios y con insatisfacción de la imagen corporal. Esto supone que al suspender bruscamente la actividad física se produce la recuperación del peso.

En cambio, una práctica regular y moderada del ejercicio físico con el fin de mantenerse en forma y no de adelgazar obsesivamente es muy beneficioso tanto psíquica como físicamente.

4.3.3. Ortorexia

La palabra ortorexia proviene del griego orthos (justo, recto) y exía (apetencia), con lo que podría definirse como apetito justo o correcto. La ortorexia es la obsesión patológica por consumir solamente comida sana, que puede llegar a transformarse en enfermedad si no se ingieren carnes, pescado u otros alimentos necesarios y se producen carencias nutricionales.

La ortorexia se define como la obsesión patológica por consumir sólo comida de cierto tipo: orgánica, vegetal, sin conservantes, sin grasas, sin carnes, o sólo frutas, o sólo alimentos crudos. La forma de preparación - verduras cortadas de determinada manera— y los materiales utilizados - sólo cerámica o sólo madera, etc.— también son parte del ritual obsesivo.

Las personas ortoréxicas recorren kilómetros para adquirir los alimentos que desean pagando por ellos hasta diez veces más que por los ordinarios -un kilo de peras a salvo de plaguicidas supera los seis euros-; si no los encuentran o dudan de su inmaculado origen, prefieren ayunar; huyen de los restaurantes y rehúsan invitaciones para comer en casa de los amigos por no saber qué les van a ofrecer. Cuando incumplen sus propósitos, les embarga un sentimiento de culpa que desemboca en estrictas dietas o ayunos.

La ortorexia suele manifestarse en personas con comportamientos obsesivo- compulsivos y predispuestas genéticamente a ello. Se ha observado también, que muchos pacientes que han sufrido anorexia nerviosa, al recuperarse optan por introducir en su dieta sólo alimentos de origen natural, probiótico, cultivados ecológicamente, sin grasa o sin sustancias artificiales que puedan causarles algún daño. Paradójicamente, este comportamiento en vez de evitar el trastorno, llega a provocarlo.

Las características más visibles de un ortoréxico son:

  • Obsesión desordenada para comer alimentos sanos (naturales).
  • Exclusión de carne, grasas y alimentos tratados con herbicidas o pesticidas en la alimentación.
  • Carencias nutricionales.
  • Presentación por oscilaciones cíclicas extremas (todo o nada).
  • Rituales obsesivos en la preparación de comida.
  • Carencia de conciencia de la enfermedad.
  • Patrones de comportamiento anormales durante bastante tiempo.
  • Separación y aislamiento social. (Los ortoréxicos nunca se saltan su dieta, ni siquiera en ocasiones especiales.)

Esta patología puede tener graves efectos sobre la salud. Por ejemplo, la supresión de grasas puede comprometer la ingesta de vitaminas liposolubles y ácidos grasos, ambos imprescindibles para el organismo. Sin carne, son los niveles de hierro los que se desploman y, aunque los vegetales también aportan proteínas, son de inferior calidad.

También puede acarrear carencias nutricionales si el ortoréxico no sustituye los alimentos que rechaza por otros que puedan aportarle los mismos complementos nutricionales. Esto se traduce en anemia, carencias vitamínicas (hipovitaminosis) o de oligoelementos o falta de energía, que pueden derivar en dolencias más graves como hipotensión y osteoporosis así como, en fases avanzadas, trastornos obsesivos- compulsivos relacionados con la alimentación o enfermedades psiquiátricas tales como depresión, ansiedad e hipocondriasis.

Aunque todavía no están lo suficientemente contrastados, ya existen algunos criterios diagnósticos para la ortorexia:

  • Dedicar más de 3 horas al día a pensar en su dieta sana.
  • Preocuparse más por la calidad de los alimentos que del placer de consumirlos.
  • Disminución de su calidad de vida conforme aumenta la pseudocalidad de su alimentación.
  • Sentimientos de culpabilidad cuando no cumple con sus convicciones dietéticas.
  • Planificación excesiva de lo que comerá al día siguiente.
  • Aislamiento social provocado por su tipo de alimentación.

4.3.4. Bulimarexia

Este trastorno de la alimentación, que a veces es considerado como un subtipo de la anorexia o de la bulimia, es en realidad una psicopatología que combina manifestaciones anoréxicas con fenómenos bulímicos. Esta combinación de rasgos bulímicos y anoréxicos en un mismo cuadro suele ser la más común, pues con frecuencia ninguna de las dos enfermedades aparece en un estado puro.

La bulimarexia se caracteriza por la presencia de episodios anoréxicos (restricción extrema a ingerir alimentos, hiperactividad) con episodios bulímicos (atracones y purgas). Presenta muchos de los síntomas de la anorexia y la bulimia, pero se diferencia principalmente de la primera a causa de la presencia de atracones (nos anoréxicos no ingieren compulsivamente), y de la segunda por el hecho de que los bulimaréxicos pueden experimentar una pérdida significativa de peso.

Al igual que en la mayoría de los trastornos alimenticios, las mujeres jóvenes son el grupo más afectado por esta enfermedad.

Las consecuencias de la bulimarexia son las que suscitan tanto la anorexia como la bulimia en el cuerpo del enfermo.

Un ejemplo histórico de bulimarexia es el ofrecido por Isabel de Austria (1837-1898), mejor conocida como la emperatriz Sissi, quien comienza a obsesionarse a los 25 años con su figura, la cual quería mantener perfecta. Con el enfermizo fin de mantener su peso de 50 kilos (repartidos en una estatura de 1,72), y de guardar su cintura de tan sólo 47 centímetros, Sissi creó una serie de dietas de adelgazamiento y hábitos alimenticios para compensar sus atracones de dulces. Así, su dieta se componía por una mezcla de carne de ternera, pollo, venado y perdiz; carne fría, sangre de buey cruda, leche, tartas, pasteles y helado. La emperatriz austriaca prescindió durante casi toda su vida adulta de verduras y de fruta, a excepción de las naranjas.

Isabel de Austria sufrió reuma, neuritis y edemas por todo el cuerpo, causados por su ayuno flagelante. Desde los 44 años sufrió casi permanentemente dolores de ciática y acumulación de líquido en las piernas. A partir de los 50, el cutis de Sissi estaba muy deteriorado, motivo por el cual siempre llevaba velo. Las últimas fotos o cuadros que se hicieron de la emperatriz datan de cuando tenía 30 años.

Las torturas a las que sometió su cuerpo grácil no solo atentaron contra su salud, sino que, además, aumentaron su irritabilidad y le provocaron insomnio. Además, Isabel de Austria consumía morfina y cocaína.

 

 

5. Prevención de los Trastornos Alimenticios o Psicopatologías Alimentarías

5.1. Prevención Personal

ALUBA (asociación de lucha contra la bulimia y la anorexia), una institución dedicada a la prevención y tratamiento de trastornos alimenticios, brinda los siguientes NO y SÍ de la prevención:

No a comer en soledad.

No al mal humor y al capricho.

No al aislamiento y a la soledad.

No a la agresividad.

No a los escándalos familiares.

No a la condescendencia.

No a la doble personalidad.

No a la autoexigencia exagerada.

No al perfeccionamiento absurdo.

No a la comida, al cuerpo y a las calorías como tema de conversación.

No a la hiperactividad.

No al uso de diuréticos, laxantes o pastillas para adelgazar.

No a la automedicación.

No a los productos dietéticos y edulcorantes.

No al abuso de café.

No al cigarrillo.

No al alcohol.

No a los caprichos con la comida.

No al ayuno.

Sí a un proyecto de vida saludable.

Sí a la comida como acto social.

Sí a las actividades programadas.

Sí al respeto mutuo, a la colaboración y a la integración grupal.

Sí al compromiso mutuo o grupal.

Sí a los límites.

Sí al diálogo y la comunicación.

Sí al respeto a la familia.

Sí al buen modo y a la cordialidad.

Sí al buen humor.

Sí a la productividad y la creatividad.

Sí al orden y cuidado de nuestro cuarto y de los espacios comunes de la casa.

Sí a la puntualidad.

Sí al progreso.

Sí a la comida en familia.

Sí a la sobremesa.

Sí a la constancia y al esfuerzo diario.

Sí al programa alimentario con responsabilidad.

5.2. Prevención o Detección Precoz por parte de la Familia

La anorexia nerviosa y la bulimia, así como otros trastornos de la conducta alimentaria, pueden prevenirse o detectarse precozmente. Para ello, se deben aplicar varias (o mejor todas) de las siguientes medidas:

  • Se debe enseñar a los niños y jóvenes, en la familia y en los centros escolares, a llevar una vida saludable inculcándoles conocimientos y hábitos de alimentación sana y de actividad física adecuada a sus facultades.
  • Se les debe ayudar con nuestra comprensión y confianza a conocer su propia realidad biológica y psíquica, sus capacidades y sus limitaciones, infundiéndoles seguridad en sus propios valores de forma que puedan sentirse a gusto consigo mismos y se acepten como realmente son. Pero para ello, el tutor debe primero aceptarse a sí mismo y dar el ejemplo.
  • Se debe evitar proponerles metas académicas, deportivas o estéticas inalcanzables con arreglo a su capacidad mental, sensibilidad o constitución física, ya que ello podría producir una disminución de su autoestima y llevarles a experimentar sentimientos profundos de frustración, que podrían intentar compensar por cauces patológicos como es perder peso para estar físicamente más atractivo, o comer en exceso para "consolarse".
  • Se debe proporcionar a la gente joven un grado adecuado pero no ilimitado de libertad, autonomía y capacidad de decisión. Necesitan crear sus propias vidas y valores, pero también necesitan orientación y supervisión en su salud y en sus actividades.
  • Se debe hacer lo posible por detectar las épocas de crisis en sus vidas (situaciones de aislamiento, soledad, estrés escolar o profesional, etc.), en las que frecuentemente se inician estos trastornos, para proporcionarles apoyo y ayuda.
  • Se debe vigilar especialmente a la denominada "población de alto riesgo" para el padecimiento de estos trastornos: bailarinas, gimnastas, atletas, deportistas, modelos profesionales... En estos grupos la dieta y el control del peso tienen gran importancia, y ello podría llevarles a situaciones patológicas.
  • Se debe tratar de contrarrestar la presión de los medios de comunicación social (prensa, radio, televisión...) en torno a las dietas, el adelgazamiento y los cuerpos perfectos, inculcando a la gente joven que sus valores fundamentales y los de las personas con que se relacionan radican en sus cualidades, valores y comportamientos, más que en su aspecto físico.
  • Es muy conveniente realizar las comidas en familia, a ser posible nunca en solitario, aprovechándolas de paso para una verdadera comunicación y contacto entre las personas que la forman. Deben evitarse las comidas rápidas.
  • Si una persona joven o adolescente precisa perder peso por razones de salud, debe hacerlo siempre bajo un estricto control médico.
  • Si una persona joven o adolescente manifiesta su deseo de perder peso innecesariamente o comienza a reducir su alimentación, se le debe vigilar estrechamente, y ante la más mínima sospecha de pérdida excesiva de peso o reducción anómala de su alimentación, se le debe llevar al médico especialista de inmediato.
  • No se debe premiar o castigar a los hijos con comida, ni siquiera cuando son pequeños.
  • Se debe recordar siempre que el diagnóstico y el tratamiento precoces mejoran el pronóstico.

 

6. Ayuda hacia la Persona con un Trastorno Alimentario

Estas son algunas de las líneas principales que deben seguirse a la hora de tratar con una persona de la que se sospecha que padece trastornos alimentarios.

6.1. Ayuda por parte de la Familia

  • Educarse y educar a la familia sobre los trastornos alimentarios.
  • Ayudar al paciente a encontrar sus propios valores, ideales y objetivos sin dejarse influenciar por el entorno.
  • Hacer lo necesario para fomentar la iniciativa, independencia y autoestima del enfermo. No negar a los hijos la guía paterna, pero recordar siempre que necesitan desarrollar sus habilidades como futuros adultos.
  • No negar la situación cuando aparecen síntomas relacionados con psicopatologías alimentarias.
  • Mantener un registro escrito del comportamiento problemático.
  • Acudir a un grupo de apoyo. Buscar consejo de psicólogos, trabajadores sociales y personas de confianza.
  • Demostrar responsabilidad, autoridad y sabiduría a la hora de obtener tratamiento para menores.
  • Recordar que la familia, por si sola, no puede curar los trastornos alimentarios.
  • Reunir información, conseguir datos sobre el tratamiento en un centro de salud o preguntando al personal educativo. Obtener ayuda voluntaria; no rechazar la ayuda de otras personas que hayan observado el comportamiento problemático.
  • No hablar de las preocupaciones con la víctima antes de ser capaz de recomendar una salida o tratamiento.
  • Comunicarle a la víctima, con claridad, la preocupación que se siente por ella, la convicción de que necesita tratamiento, y la voluntad de proporcionarle apoyo emocional, financiero o de cualquier otro tipo.
  • No esperar que la víctima acepte de primera que tiene un problema. Lo más normal es que la persona se sienta terriblemente asustada ante la perspectiva de tener que dejar el comportamiento anómalo, y responda negativamente, asegurando tener un perfecto estado de salud. Es necesario que la familia se mantenga firme en la convicción de que a pesar de lo que la enferma diga o niegue, necesita ayuda.
  • Evitar concentrarse en su aspecto. Comentarios como "¡ya estás demasiado delgado!" o "¡qué dices, con lo bien que estás!" no hacen otra cosa que aumentar las obsesiones con el aspecto corporal.
  • Cuando el paciente comience el tratamiento, ser natural y cariñoso.
  • No obligar a la víctima a que coma; no observarlo ni discutir con ella acerca de su peso, la comida o sus actitudes; conforme el tratamiento progrese, el propio paciente modificará sus conductas de forma natural.
  • No comparar al enfermo con compañeros o amigos de éxito.
  • No permitir a la víctima que altere toda la vida de la familia a través de la manipulación, las discusiones, las amenazas, las acusaciones, la culpabilidad, el chantaje emocional o el resentimiento.
  • No manipular, amenazar, acusar, culpar, chantajear emocionalmente o expresar resentimiento hacia la víctima.
  • Tener extrema paciencia; la recuperación es un proceso gradual, a veces muy largo.
  • Darse cuenta de que el tratamiento debe afectar a todas las dimensiones de la vida de la víctima; eso incluye las físicas, psicológicas, conductuales, educacionales, sociales y culturales, y aceptar los cambios a pesar de que resulten desagradables.
  • No temer la separación del paciente si se recomienda alejarlo temporariamente.
  • No oponerse a la terapia familiar. En ocasiones, es una parte importante del tratamiento. Es posible que todos los integrantes del grupo familiar necesiten ayuda.
  • No dejar de lado a la pareja o a los otros hijos. Asegurarse que las propias necesidades de la familia son satisfechas.
  • No dejar que las influencias negativas influyan en la propia vida. Amar a la familia y los amigos por sí mismos, no por su apariencia, peso o éxito.
  • No culparse o deprimirse. Se puede ayudar a la recuperación con una actitud positiva y haciendo lo necesario.
  1. Ayuda por parte de los Amigos o Conocidos
  • De manera cariñosa y sin hacer juicios de valor, decirle a la persona lo que puede observarse y sugerirle que busque consejo médico y psicológico.
  • Si es un menor, hablar de lo que se observa con sus padres
  • Si la persona afectada o sus padres no quieren reconocer que hay un problema, consultar con educadores, supervisores, psicólogos, la asistencia social, asociaciones de apoyo, etc.

 

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