
Los desórdenes del estado de ánimo se encuentran entre los trastornos más frecuentes observados, tanto en la práctica psiquiátrica como en el ejercicio cotidiano del médico general. Las variaciones del estado de ánimo, patológicos en calidad y en intensidad, pueden ser desde la depresión profunda hasta la ilación maníaca, la distimia depresiva siendo mucho más frecuente que el estado anímico expansivo y eufórico de la manía. (anexo 1)
Entre los desórdenes de los estados de ánimo, la psicosis maníaco-depresiva es la única entidad bien individualizada; ella no es la más frecuente, representando más o menos 20% de los enfermos hospitalizados por trastornos tímicos. Aquí el trastorno del estado de ánimo es primario, fundamental, endógeno; todos los otros trastornos observados durante las crisis dentro de los dominios de la actividad psíquica, del comportamiento, de las funciones biológicas, son en correlación con la perturbación tímica y desaparecen con ella.
Los trastornos del estado de ánimo de origen psicógeno, extremadamente frecuentes, son únicamente del registro depresivo: elaboración depresiva de una neurosis, descompensación depresiva de una personalidad subnormal o patológica debido a un traumatismo afectivo mayor. La distimia se liga en esos casos, de una manera relativamente comprensible, a la historia personal del sujeto o a su problemática neurótica.
El trastorno de ánimo puede ser también sintomático de una afección psíquica caracterizada (esquizofrenia) o de un ataque cerebral orgánico (epilepsia, tumor cerebral, estado predemencial). El afecto depresivo es en este caso más frecuente que la excitación eufórica.
Se ha asistido en el transcurso de los últimos decenios a un fuerte incremento de la demanda de cuidados por depresión. Este fenómeno tiene una mejor relación con una detección médica y con una mejor información al público sobre las posibilidades terapéuticas actuales. ¿Es por otro lado un real incremento de frecuencia de la depresión, ligada a unos modos de vida patógenos? Ningún argumento permite resolverlo de manera decisiva. Es necesario tomar en cuenta el incremento de la longevidad, el riesgo de depresión siendo particularmente elevado en las personas de edad avanzada. Las encuestas epidemiológicas evalúan a 10% el riesgo de morbidad depresiva (life time expectancy) en la población en general, con una prevalecencia en un momento dado del orden de 2 a 3%. Alrededor de un depresivo sobre 5 es tratado por un médico, un deprimido sobre 50 es hospitalizado.
I. La Psicosis Maníaco-Depresiva
Ésta se caracteriza por la sobrevenida de perturbaciones cíclicas del estado de ánimo bajo formas de fases maníacas o de fases melancólicas, el enfermo reencuentra su estado normal en los intervalos de las diferentes fases.
Histórico
La manía y la melancolía fueron identificadas desde la antigüedad, pero los lazos estrechos que las unifican en una misma enfermedad fueron reconocidos solamente en la segunda mitad del siglo XIX. Baillarger (1854) la describe como la locura de doble forma, Falret (1854) como la locura circular, los autores alemanes estudian los trastornos periódicos del estado de ánimo. En 1889, Kraepelin unifica las psicosis tímicas descritas por sus predecesores locuras alternas, intermitentes, circulares, de doble forma, en una enfermedad única, la locura maníaco-depresiva a la cual le asigna una predisposición (constitucional, hereditaria) y reconoce un pronóstico favorable a pesar de la tendencia al regreso de las fases.
La unidad de las psicosis maníaca-depresiva fue admitida durante largo tiempo. Sin embargo, unos estudios clínicos y genéticos, mostrando la existencia de subgrupos a transmisión y a evolución diferentes, llevan a Léonhard (1959) seguido de Angst y Perris a proponer un primer recorte sobre la base de la polaridad: 1) psicosis bipolar, caracterizada por el surgimiento de crisis maníacas y de crisis melancólicas en el mismo sujeto; 2) psicosis unipolar, caracterizada por el surgimiento de crisis de un solo tipo, la melancolía recurrente. La existencia de sus variedades en el interior de esos dos grupos, bipolar y unipolar, está sugerido por las investigaciones de Winokur y Mendlewicz.
Estudio genético
La Fase Maníaca
La manía aguda es un estado de excitación caracterizado por:
Formas de inicio
En la mitad de los casos, la fase maníaca aparece después de una fase depresiva; con una fase melancólica verdadera; espontáneamente o en el transcurso del tratamiento se observa un viraje del estado de ánimo a menudo rápido; con un estado subdepresivo durante algunas semanas o algunos meses; poco a poco se instala una subexcitación con una irritabilidad y exaltación afectiva.
Cuando la fase maníaca se instala de manera radical, el inicio es brutal o progresivo; el sujeto se siente invadido por un sentimiento de euforia y de felicidad, tiene una necesidad imperiosa de hablar, de intervenir en todo momento. En poco tiempo la agitación crece, las noches disminuyen y desde el alba comienzan las actividades cada día más desorganizadas. Los mismos trastornos de comportamiento inauguran cada fase, advirtiendo el entorno de la recaída: gastos exagerados, extravagancias en el vestir, intensa actividad epistolar, modos intempestivos. La irritabilidad y la efusión de impulsión (desinhibición sexual, fases etílicas) junta con la excitación demuestran los frecuentes incidentes: escándalo nocturno, atentado en contra del pudor, escándalo sobre la vía publica. La hospitalización en un medio especializado, siempre necesaria, es a menudo difícil llevarla a cabo, el paciente desconoce la necesidad de cuidado a pesar de tener una conciencia parcial del carácter patológico de su estado.
Cuadro sintomatológico
1. Presentación
Los síntomas se exteriorizan espontáneamente en ese paciente voluble y jovial cuya excitación es evidente. Su rostro es animado, los ojos brillantes, la fisonomía excesiva, hipermímica. Causa sorpresa por el desorden en su recámara, por su figura desaliñada y llamativa. Su acogida es ruidosa, con una excesiva familiaridad. El verbo es arrogante, su actitud muy suelta, es gracioso o recrimina, mezclando sus palabras de advertencias cáusticas o de digresiones ociosas. De contacto fácil aunque superficial, el maníaco es sintonizo, agarrado del ambiente.
En el transcurso de la entrevista le es imposible quedarse quieto, caminando en la habitación, haciendo garabatos o desplazando objetos. Si la entrevista se prolonga, el tono sube, la excitación crece, el desorden del pensamiento se vuelve más evidente.
2. Trastornos del estado de ánimo y de la vida instintiva
3. Trastornos de ideación
El pensamiento maníaco se caracteriza por el desorden, la precipitación, la improductividad. Los procesos psíquicos son exaltados y acelerados (taquipsiquia): imaginación desbordante, hipermnesia, afluencia de ideas y representaciones.
La fuga de ideas constituye el aspecto esencial de este pensamiento inconsistente, surgiendo en desorden, las palabras se apresuran en una logorrea interminable. El enfermo salta de una idea a otra sin que juegue los procesos normales de dirección y de elección; su atención se expende al capricho de solicitaciones exteriores volviendo imposible una reflexión y una síntesis. Juega con las palabras, asociando muy rápidamente de un modo superficial por asonancia o juegos verbales (chistes); unas anécdotas, una adquisiciones escolares (poemas aprendidos de memoria) son evocadas de manera automática y recitadas por el placer.
La exaltación de la imaginación se traduce a menudo por una fabulación pseudodelirante que la euforia fundamental orientada hacia temas de grandeza, de misión religiosa o humanitaria. La realidad es embellecida; el maníaco infla su importancia social: inventa procesos infalibles y pueriles para volverse rico o mejorar el futuro de la humanidad. Se trata más de una fantasía imaginativa, de un delirio verbal, que de un profundo trastorno de la personalidad; el maníaco no adhiere a esa turbación que parcialmente, puede reírse de si mismo. En algunos casos, el arrebato maníaco se acompaña de verdaderas experiencias delirantes y alucinatorias. Esta manía delirante puede comportar temas místicos o proféticos con ideas de influencia (<Dios me ordena y habla por mi boca>, <Yo soy la Virgen María>) o temas de persecución, de reivindicación, de erotomanía.
4. Trastornos de la actividad
El maníaco tiene una necesidad de actuar y su hiperactividad se manifiesta desde el inicio del arrebato por una multiplicidad de pasos, de cartas, de compras inconsideradas. En el transcurso de la fase , la agitación nunca hace falta; el maníaco vive con un ritmo acelerado, en el ruido y en el desorden. Ronda en la calle, gesticula, muda y manipula los objetos en su habitación.
Esta actividad incesante y dispersa tiene un carácter lúdico. El maníaco gusta disfrazarse, jugar papeles. Las visitas son a menudo la ocasión de un incremento de la agitación, de una exhibición o haciendo el payaso, el enfermo declama y canta. Este comportamiento lúdico no es solamente histrionismo, es para el enfermo maníaco una forma de vivir la realidad exterior transformándola a su capricho de fantasía optimista. Solo en su recámara, continua algunas veces bailando y riendo.
La grande agitación maníaca es el día de hoy excepcional: movimientos incesantes, gritos, rechazos a los alimentos, impulso a escupir y morder, insomnio completo, feroz brutalidad destructiva (furor maníaco). Ello evoluciona algunas veces hacia un estado de agotamiento y de un delirio agudo hipertímico.
5. Síntomas somáticos
El insomnio es constante, precoz, rebelde a los hipnóticos habituales, desapareciendo solamente con el fin de la fase maníaca. Es un insomnio que no es pesado, a pesar de la falta de descanso, el enfermo no siente ni cansancio, ni fatiga; su resistencia física parece incrementar.
La temperatura es normal, el pulso un tanto rápido, la presión arterial es a veces baja. El hambre y la sed son excesivos, a pesar de la voracidad, las digestiones se hacen sin dificultades. El adelgazamiento es habitual en la fase de agitación. El peso se normaliza en el fin del acceso.
Evolución
La evolución espontánea transcurre hacia la remisión en 5 ó 6 meses en promedio, con unos accesos muy cortos de algunas semanas y con accesos prolongados durante varios años. Esas fases prolongadas de forma continua o remitente se observan después de los 50 años.
Con la quimioterapia, la duración del acceso fue recortada: dos meses en promedio. El mejoramiento sobreviene paulatinamente; la fabulación delirante cede bastante rápido; la excitación disminuye; la logorrea y la dispersión de la actividad son más lentas en desparecer. La normalización del sueño es un buen criterio de curación. El tratamiento quimioterapéutico de mantenimiento debe proseguir durante varios meses. Una fase depresiva sucede a menudo después del acceso maníaco.
Formas clínicas
1. El acceso hipomaníaco
Forma menor del acceso maníaco, es a menudo más observado que la grande crisis de manía aguda. Su diagnóstico es fácil cuando sobreviene en un maníaco-depresivo conocido: equivalente espontáneamente atenuado de una crisis maníaca, u oscilación hipertímica reducida por la terapéutica como es el caso en algunos maníaco-depresivos incompletamente controlados por el Litio. El diagnóstico es más difícil cuando es una primera manifestación patológica. La sintomatología es aquella de un acceso maníaco atenuado.
El acceso hipomaníaco marca generalmente una neta rotura con la personalidad anterior del paciente. Sin embargo, llega a suceder que en sujetos ciclotímicos o de personalidad hipomaníaca, el carácter patológico del acceso sea desconocido del entorno visto que el rendimiento puede, al menos algún tiempo, parecer excelente. El insomnio tiene en esos casos, valor de síntoma de alarma.
El comportamiento maníaco tiene a menudo consecuencias molestas para el enfermo y sus parientes cercanos; la hiperactividad enreda, los caprichos, la astenia vindicativa son fuente de discordias y de perturbaciones. Para sus iniciativas arriesgadas, el hipomaníaco puede comprometer su situación profesional y material. Su falta de moderación y de escrúpulos pueden conllevarlo a actos delictuosos (delincuencia financiera).
La fase hipomaníaca es accesible a las mismas terapéuticas que la fase maníaca. El más difícil es de convencer al enfermo de la necesidad de curarse.
2. Los estados mixtos
En el curso del acceso, unos síntomas maníacos y unos síntomas melancólicos son estrechamente asociados. Esos estados mixtos son raros, de diagnóstico difícil, se observan principalmente en la mujer. De las seis variedades descritas por Kraepelin, retenemos algunos aspectos clínicos:
Diagnóstico
(anexo 5)
La Fase Melancólica
La melancolía es un estado de depresión caracterizado por:
Esta fase se desarrolla espontáneamente hacia la curación. Su pronóstico es casi únicamente condicionado por el riesgo de suicidio, el cual está presente a lo largo de la crisis y obliga a un cuidado atento.
Formas de inicio
La fase se constituye progresivamente con los primeros signos que son el insomnio y la fatiga. La sintomatología se precisa en algunas semanas o algunos meses: sentimientos de incapacidad y de desprecio; indecisiones crecientes; dificultad en interesarse a sus ocupaciones o en su entorno; rumiaciones ansiosas sobre su salud y su porvenir; ideas o gestos suicidas. El acceso melancólico sucede a veces a un acceso maníaco, el viraje del humor puede ser rápido.
En una cuarta parte de los casos, la sobrevenida de la fase melancólica parece surgir de una causa psicológica (duelo, jubilación, problemas financieros), o más raramente por una causa fisiológica (enfermedad infecciosa, intervención quirúrgica), o tóxica (quimioterapia, cortisona, etc.).
Cuadro sintomatológico
1. Presentación
El rostro es terroso, envejecido; los rasgos son poco movibles, caídos, la mirada fija, las cejas fruncidas; los pliegues de la frente dibuja a la raíz de la nariz el omega melancólico. El enfermo es inerte y postrado, su actividad espontánea es reducida al mínimo, sus gestos son lentos, inacabados, como penosos. Puede quedarse sentado horas, inmóvil, la cabeza caída, en una actitud de concentración dolorosa. Espontáneamente habla poco; interrogado contestará con lentitud, con monosílabas, en un tono apagado, monocorde; su conversación es entrecortada de suspiros y de gemidos. A menudo reticente, el melancólico puede tratar de esconder sus trastornos o de minimizarlos (depresión sonriente). En el curso de la melancolía ansiosa, la agitación es a veces en el primer plano del cuadro clínico.
2. La inhibición y la disminución
Son características de la melancolía (anexo 3):
3. El dolor moral
El enfermo ha perdido el gusto por la vida; su campo de conciencia es invadido por una tristeza profunda hecha a la vez de aburrimiento, de penas y de desesperanza. Es una tristeza profunda, permanente, independiente de las circunstancias exteriores; nada puede reconfortar al melancólico atrapado en su desgracia.
Hace el balance de sus insuficiencias, a menudo se acusa: <Yo soy el responsable de mi enfermedad la cual es debido a una falta de voluntad>, <es monstruoso no amar a mi familia>, confiesa unos errores o faltas pasadas de los cuales no se había percatado en el pasado incrementando su importancia. El porvenir le aparece inexorablemente tapado. Si se considera como un enfermo, tiene la certeza de ser incurable. Si se cree culpable, es seguro de tener un castigo irremediable: <No tengo solución y nadie puede hacer nada por mi>.
4. El deseo de la muerte; las conductas suicidas
La conciencia melancólica es dominada por la idea de la muerte, deseada <es mejor estar muerto que padecer esta tortura moral intolerable>; <sería mejor para mi familia que desapareciera>, buscada como una obligación, un castigo es necesario como la única solución posible.
En el melancólico, la autenticidad de una conducta suicida nunca se tiene que poner en duda. Una tentativa en apariencia menor, fracasando por precipitación en su realización, puede ser seguido algunas horas más tarde de un suicidio logrado. La búsqueda de <métodos eficaces> atestiguan de la determinación del enfermo que nada detiene en su búsqueda de la muerte, ni los lazos familiares, ni los sentimientos religiosos, ni el miedo al dolor físico.
A veces la realización es brutal en el curso de un acto impulsivo (estrangulación, ahogo, aventarse por la ventana). Sucede que una madre lleve sus hijos a la muerte por altruismo delirante (suicidio colectivo).
5. Los síntomas somáticos; los trastornos del ritmo nictemeral
El insomnio es constante, rebelde, pesado, de ritmo variable: algunas veces total, más a menudo inicial o sobretodo terminal, el enfermo despertándose al alba con la angustia del día por llegar. El registro EEG continuo llevado sobre un gran número de noches (un mes y más), muestra en los depresivos endógenos tres hechos: 1) el sueño es interrumpido más frecuentemente y se vuelve más ligero que en el sujeto normal; 2) la duración del cuarto estado del sueño (sueño profundo) con ondas delta es reducido; 3) se observa, entre los pacientes y también en cada enfermo, una gran variabilidad de ciclos del sueño y de la duración proporcional de las fases de sueño incluyendo el sueño paradoxal.
Los trastornos digestivos son habituales: anorexia, estado saburral de las vías digestivas, estreñimiento. El adelgazamiento es frecuente. Unos trastornos neuro-vegetativos, crisis sudorales, crisis de frío, pueden observarse. Hay generalmente una baja de la libido. La amenorrea es casi constante.
La sintomatología depresiva presenta muy frecuentemente unas variaciones espontáneas en el transcurso de la jornada. Se presenta una agravación matutina y un mejoramiento en la tarde. Este hecho junto a los trastornos del sueño invita a pensar que existe un trastorno del ritmo nictemeral de las funciones biológicas y que parece confirmar unos estudios sobre el ritmo de la eliminación de los electrolitos, sobre el índice de cortisol.
Evolución
La evolución espontánea evoluciona hacia la cura en 6 ó 7 meses en promedio, con unas fases cortas de algunas semanas y unas fases prolongadas durante varios años; las fases de larga duración puede ser de una sola presentación o remitentes sucediéndose sin intervalos libres notables.
La quimioterapia ha notablemente recortado la duración de las crisis (1 mes de hospitalización en promedio). El mejoramiento se hace generalmente de forma progresiva por reanudación de la actividad y del apetito, la normalización del humor siendo más tardío. El regreso del sueño, la recuperación de peso son signos fieles del mejoramiento.
Un enfermo puede ser considerado como curado cuando solamente ha vuelto a tener una felicidad de vivir; se desconfiaría de los mejoramientos incompletos, de las oscilaciones tímicas de la convalecencia en donde el riesgo suicida sigue importante. El tratamiento quimioterapéutico deberá ser continuado durante un tiempo suficiente, generalmente varios meses.
Formas clínicas
1. Melancolía simple
Forma menor, muy frecuentemente observada. La sintomatología es atenuada o sea espontáneamente, o sea bajo la influencia de unos tratamientos profilácticos a largo curso como el Litio. Los signos habituales son: astenia, el insomnio y la reducción de la actividad. El enfermo se siente cansado, indeciso, irritable; tiene conciencia de ser inferior a su tarea, evita las conversaciones, se aísla; todo le fatiga y lo aburre.
El dolor moral estando en segundo plano, la naturaleza depresiva de esos episodios es a menudo desconocida; sin embargo, el riesgo suicida existe, temible en un sujeto que ha guardado suficiente dinamismo para realizar eficazmente su proyecto.
2. Melancolía estuporosa
En este aspecto tardío de un acceso no tratado, la inhibición psicomotora está a su máximo. El enfermo está paralizado, inmóvil; la alimentación es muy difícil. Atrás de esa apariencia estuporosa, existe un intenso dolor moral expresándose por la mímica de la desesperación y de unos escasos gemidos.
3. Melancolía agitada
La angustia esta en primer plano: opresión, sofocación, cenestopatía múltiples, desborde emocional en la cual la apariencia, algunas veces teatral, no debe hacer subestimar el dolor moral auténtico. La agitación es incesante: gesticulaciones, deambulaciones, lamentaciones con quejas monótonas sobre los mismos temas de inquietud incluso sobre los mismos temas delirantes. Un acto es temible en unos paroxismos ansiosos: huidas, gesto suicida o automutilador.
4. Melancolía delirante
El dolor moral es vivido y expresado sobre un modo delirante. Unas interpretaciones erróneas, unas construcciones imaginativas alimentan ese delirio patético cuya elaboración intelectual sigue siendo pobre. Unas ilusiones perceptivas de errores de identificación se observan. Un visitante es tomado por un gendarme o un juez. El ruido de un claxon significa por el paciente la llegada de un camión lleno de policías encargados de su arresto. Algunas veces voces interiores lo acusan <tu padre está muerto por tu culpa> y lo empujan al suicidio <debes morir>. Un oneirismo nocturno terrorífico puede existir: visiones de ataúdes, escenas de ejecución.
El delirio melancólico es siempre de tonalidad dolorosa. Es monótono y fijo, el enfermo repite sin cesar las mismas ideas, nada puede quitarle su convicción. Ese delirio tiene un carácter centrífugo y extensivo, es del sujeto que viene el mal; su entorno es progresivamente englobado en su pesimismo delirante <yo soy el responsable de las desgracias de mis allegados; ellos van a perecer conmigo; nada bueno les puede suceder>.
El destino es sufrido pasivamente con agobio y desesperanza como una fatalidad inexorable que el melancólico acepta sin rebelión contra Dios, sin reivindicaciones con respeto al prójimo.
Los temas de la melancolía delirante son:
5. La depresión enmascarada
La distimia es recubierta por una sintomatología somática y el paciente expresa su afecto depresivo en términos de malestares físicos; en primer plano el insomnio y la fatiga. Algunas veces las quejas somáticas se focalizan: en la esfera digestiva; anorexia, gastralgia, pesadez abdominal dolorosa, estreñimiento pertinaz; en la esfera cardiorespiratoria; precordalgias, opresión, crisis disneicas, lipotimias; unos dolores a la vez atípicos y persistentes polarizan a menudo la atención del enfermo: cefaleas, algias de la esfera facial (glosodinas, odontalgias), lumbalgias, parestesias difusas. Las depresiones enmascaradas tienen el mismo curso evolutivo de fase que los accesos típicos con los cuales pueden alternarse. La evolución espontánea se prolonga a veces durante varios años. A pesar de que los tratamientos sintomáticos son sin efecto, las quimioterapias antidepresivas se demuestran muy eficaces.
Diagnóstico
El diagnóstico de un acceso melancólico verdadero tiene pocos problemas. Unos errores tienen que evitarse con las formas menores o atípicas.
1. No confundir ansiedad neurótica y depresión
La depresión se acompaña a menudo de angustia física (opresión, palpitaciones) y psíquicas (espera ansiosa de una desgracia), de reacciones de pánico frente a las tareas de la vida cotidiana. Esos síntomas pueden aparentar una angustia neurótica y ocasionar una terapéutica inadecuada. Un tratamiento ansiolítico no mejora la timia depresiva a pesar de atenuar algunos síntomas. Se tomará en cuenta la sintomatología actual, la cual, en el depresivo tiene siempre un aspecto deficitario global: pérdida de interés, bajo rendimiento, sentimiento de auto-depreciación, a pesar de que el ansioso tiene generalmente una historia neurótica más antigua, unas inhibiciones más localizadas, unas dudas y una inquietud más que tristeza.
2. No desconocer una depresión enmascarada por unos trastornos somáticos
Frente a un cuadro clínico hecho de quejas somáticas y de trastornos funcionales, algunos elementos hacen sospechar la depresión:
Es necesario saber que la depresión melancólica puede variar en su sintomatología de una cultura a otra. Los síntomas fundamentales encontrados en todos los países son: la alteración del humor, las perturbaciones de la iniciativa, los trastornos del sueño, del apetito y de la libido. Los síntomas con dependencia cultural son: los sentimientos de culpabilidad, las preocupaciones suicidas, las elaboraciones delirantes.
II. Aspectos Clínicos y Evolutivos de la Psicosis Maníaco-Depresiva
Formas Unipolares y Bipolares
A partir de los trabajos iniciales de Angst y de Perris (1966), numerosos estudios han confirmado el interés de una subdivisión de la psicosis maníaco-depresiva en dos grandes variedades (anexo 2):
El curso de la enfermedad
El curso de la enfermedad es irregular, variable de un paciente a otro y de una forma a otra. Algunos caracteres evolutivos se extraen, sin embargo, de los estudios realizados sobre un gran número de pacientes, el más importante siendo aquel de Angst (1973) sobre 1,027 pacientes (393 bipolares y 634 monopolares depresivos).
El Tratamiento Farmacológico y Psicoterapéutico del Trastorno Bipolar
En todo tratamiento farmacológico de trastornos afectivos (TA) hay que tener en cuenta una serie de consideraciones: el diagnóstico ha de ser correcto ya que en su contrario puede dar lugar a una falta de respuesta; el retraso en el inicio del tratamiento puede producir un empeoramiento del proceso una respuesta más lenta al tratamiento; en la elección del mejor fármaco es preciso un buen conocimiento de las dosis de manejo del fármaco y de su perfil de seguridad, tomar en cuenta el tiempo del tratamiento que a veces podrá ser de por vida, el grado de incumplimiento de los tratamientos farmacológicos es elevado en todos los pacientes afectivos, el médico debe asegurarse de que ello no ocurra especialmente en caso de falta de respuesta.
El Trastorno Bipolar
Existen diversas formas y subtipos dentro de la propia enfermedad que tienen una forma de presentación clínica característica y unas causas genéticas y biológicas que motivan que el tratamiento sea fundamentalmente farmacológico.
Tratamiento del Trastorno Bipolar
En el tratamiento de los trastornos bipolares se pueden distinguir dos fases fundamentales: la fase aguda (maníaca, hipomaníaca, depresiva o mixta) y la de mantenimiento. La enfermedad es un proceso longitudinal, no una mera crisis puntual. (anexo 13)
Tratamiento agudo
La manía
El principal problema en el tratamiento de la manía es establecer un diagnóstico correcto ya que muchos casos son difíciles de distinguir de una psicosis aguda sin síntomas afectivos. Aunque se ha dicho siempre, que el tratamiento de elección es el Litio, se trata de un fármaco de acción lenta y que la mayor parte de las veces no es suficiente para contener la importante inquietud psicomotriz del paciente maníaco, por lo menos durante las dos primeras semanas. Por ese motivo se debe añadir fármacos antipsicóticos, que deben darse a dosis bajas o moderadas y durante el menor tiempo posible, por el riesgo de favorecer un viraje hacia la depresión. (anexo 12)
Los antipsicóticos atípicos han demostrado su eficacia en la manía en estudios controlados, un perfil de efectos secundarios más benigno que los neurolépticos convencionales. Es preferible utilizar benzodiacepinas con acción antimaníaca, como el clonacepam, en el tratamiento de la agitación y el insomnio de estos pacientes. Para las determinaciones de la concentración sérica de Litio, (entre los 0.8 y los 1.2 mEq/l) es importante tener en cuenta la pauta de dosificación y dejar un intervalo mínimo de cinco días entre las modificaciones de la dosis y el análisis. En pacientes que no responden o lo hagan sólo parcialmente, la carbamacepina, el ácido valproico o la TEC son alternativas eficaces y pueden prescribirse de entrada en cicladores rápidos, sea en monoterapia o en combinación con Litio. Este fármaco ha demostrado su utilidad en el tratamiento de la manía en diversos ensayos clínicos con una eficacia comparable a la de los neurolépticos y no superior a la del Litio. Las dosis oscilan entre 800-1,200 mg/día, para obtener niveles comprendidos entre 6 y 15 ug/ml.
Para el valproato los niveles óptimos para obtener una respuesta terapéutica eficaz con los mínimos efectos adversos están comprendidos entre 45 y 125 ug/ml.
La clozapina, la risperidona, la olanzapina y la ziprasidona han demostrado su eficacia en el tratamiento de la manía. La clozapina es útil en caso de manía refractaria a dosis medias de 500 mg/día, la olanzapina a dosis de unos 15 mg/día y la ziprasidona a dosis de 80-160 mg/día.
La TEC es quizás el tratamiento más eficaz de la manía pero se usa poco en esta indicación, es el tratamiento de primera elección en el delirium maníaco, la manía catatónica y en pacientes embarazadas.
Referente a la actitud del terapeuta: debe evitar entrar en discusiones bizantinas, silencios pasivos o abandono de la entrevista, salvo en caso de manifestación agresiva por parte del paciente; debe adoptar una posición firme y decidida no autoritaria, asumiendo un papel activo en el establecimiento de los límites de la situación; y debe comunicar al paciente que comprende lo que está experimentado y que está dispuesto a ayudarle.
La Hipomanía
El principal problema terapéutico es el establecimiento de un diagnóstico preciso, que en este caso es especialmente difícil, por la fácil confusión con conductas voluntarias o caracteropáticas. El tratamiento ideal de la hipomanía son los eutimizantes, principalmente el Litio. En bipolares tipo 1 la hipomanía es con frecuencia, el preludio de una fase maníaca grave, por lo que puede estar indicado un antipsicótico a dosis moderadas por su rapidez de acción y un hipnótico. La risperidona a dosis medias de 3 mg/día se ha mostrado útil en pacientes hipomaníacos.
La depresión bipolar
El litio es un fármaco eficaz en el tratamiento de la depresión bipolar. En pacientes tratados, muchos estados depresivos de intensidad moderada responden fácilmente a un incremento de la dosis de Litio.
Si resulta insuficiente, suele ser necesario añadir un antidepresivo, pero no es conveniente tratar fases depresivas leves o moderadas con estos fármacos, ya que existe un cierto riesgo de acelerar el curso de la enfermedad por inducción de manía o hipomanía fármacogena.
En el tratamiento de la depresión bipolar debe evitarse tanto caer en el sobretratamiento de depresiones leves como en el uso excesivamente restringido de antidepresivos, por temor a precipitar virajes. La depresión bipolar responde favorablemente tanto a tricíclicos como a IMAO y a ISRS, sobre todo en combinación con Litio. Los fármacos útiles en el tratamiento de las depresiones no bipolares son también eficaces en éstas, pero en pacientes bipolares debe tenerse en cuanta el riesgo de precipitar un viraje hacia la manía o la inducción de ciclación rápida. Las hipomanías fármacogenas inducidas por IMAO o bupropion eran menos graves que las inducidas por tricíclicos o inhibidores selectivos de la recapacitación de serotina.
Sería preferible evitar los triciclos en pacientes bipolares deprimidos, salvo en casos de resistencia a otros fármacos o en casos graves, asociándolos siempre a eutimizantes. El valproato y la carbamacepina parecen bastante más eficaces como antimaníacos que como antidepresivos. Los nuevos antiepilépticos, en cambio, podrían resultar útiles: un ensayo clínico mostró la eficacia de la lamotrigina en la depresión bipolar y estudios abiertos han apoyado la utilidad de la gabapentina y del topiramato.
Los estados mixtos
El tratamiento de estos cuadros es especialmente complejo. El tratamiento será también más parecido al de la manía que al de la depresión, aunque con algunos matices. El mayor énfasis debe ponerse en los eutimizantes, combinando 2 ó 3 de ellos si es necesario. El Litio se ha demostrado claramente menos eficaz en estos pacientes, pero superior al placebo, por lo que su uso no debe desestimarse, pero en general este tipo de cuadros parece responder mejor a la carbamacepina o al valproato. Los antipsicóticos pueden ser útiles, pero a dosis no muy elevadas por el riesgo de empeorar la sintomatología depresiva. Los antipsicóticos atípicos como la clozapina, la risperidona, o la olanzapina entre otros, que parece tener menor potencial depresógeno, parecen especialmente eficaces en estos casos. La utilización de antidepresivos es desaconsejable, ya que acostumbran a empeorar los síntomas, incluso en caso de verdadero predominio de los síntomas depresivos, como las depresiones agitadas. Por su elevado riesgo autolítico, los estados mixtos deben ser tratados en instituciones hospitalarias en la mayor parte de los casos.
La TEC es un tratamiento muy válido en este tipo de pacientes, e incluso podría considerarse de elección, a pesar de algunas incógnitas que puede generar el tratamiento de mantenimiento ulterior.
Tratamiento de mantenimiento
Puesto que el curso del trastorno bipolar se caracteriza fundamentalmente por ser recidivante, el tratamiento de mantenimiento o profiláctico es fundamental. Conviene tener en cuenta la edad del paciente, su situación personal. Su conciencia de enfermedad, la gravedad del episodio previo, etc.
En cualquier caso, la retirada debe ser gradual y el paciente debe ser avisado de la altísima probabilidad de presentar un nuevo episodio en el futuro, con el fin de que reanude a tiempo el tratamiento psiquiátrico si se da dicha circunstancia.
Tratamiento de los trastornos bipolares I y II
La principal arma para el tratamiento de la enfermedad es todavía el Litio, puesto que su eficacia para reducir el riesgo de recaídas ha sido demostrada. La supresión del tratamiento con Litio, sin embargo, parece precipitar en mayor medida una recaída que si el paciente no lo ha recibido, especialmente si la supresión es brusca. La supresión lenta, en cambio, podría ser más segura. La decisión de interrumpir el tratamiento preventivo debe ser meditada, ya que se han descrito resistencias al Litio aparecidas tras la interrupción del mismo.
Las litemias deben realizarse después de cada modificación de la dosis, y una vez ajustadas, cada 4-6 meses aproximadamente. La mayor eficacia profiláctica se obtiene con unos niveles plasmáticos de Litio comprendidos entre 0.8 y 1.0 mmol/l. (anexo 14)
Uno de los principales problemas del tratamiento es la gran reticencia de los pacientes a seguirlo tomando cuando ya están bien. Los pacientes con muchas recaídas y, especialmente, con cicladores rápidos, se benefician en mayor medida del tratamiento con carbamacepina o ácido valproico asociados o no al carbonato de Litio. La combinación de Litio y antidepresivos no supone una mayor eficacia profiláctica, por lo menos en bipolares tipo I, pero podría tener ventajas en bipolares tipo II, en los que una alternativa podría ser la lamotrigina. El riesgo de viraje maníaco tras la instauración de tratamiento antidepresivo hace que sea preferible evitar el uso de triciclos, y retirar siempre que sea posible estos fármacos tras la remisión de la depresión, salvo pacientes muchos más propensos a ésta que a la manía, o en bipolares tipo II con hipomanías suaves pero depresiones graves.
La terapia electroconvulsiva de mantenimiento podría ser un tratamiento eutimizante eficaz en algunos casos y, probablemente, es un recurso infrautilizado por razones extracientíficas. Consiste en la administración de una sesión cada 2-6 semanas de forma ambulatoria. No se ha descrito secuelas por uso continuado de la TEC.
Tratamiento de cicladores rápidos
El tratamiento de la ciclación rápida tiene algunos puntos en común con los estados mixtos, pero no es exactamente igual. Un objetivo básico es mitigar la intensidad de los síntomas al tiempo que se reduce la frecuencia de los ciclos, por lo que no se recomiendan tratamientos con alto potencial de viraje, como antidepresivos tricíclicos o antipsicóticos potentes a dosis elevadas.
Actualmente parece claro que la ciclación rápida es un estado bastante parecido, en concepto, al estatus epiléptico, tanto por su reversibilidad como su respuesta terapéutica preferente a anticonvulsionantes. Los predictores de respuesta al valproato en cicladores rápidos serían la ausencia de síntomas psicóticos, una frecuencia regular de episodios y ausencia de trastorno límite de la personalidad concomitante, pero no el número de episodios. La levotiroxina ha sido propuesta como eutimizante a partir de la observación de una elevada frecuencia de hipertiroidismo subclínico en pacientes bipolares especialmente en cicladores rápidos, y de una buena respuesta de éstos a su administración. Las dosis son elevadas, entre 150 y 400 ug al día, pero puede ser suficiente con 100 ug/día en muchos casos.
Tratamiento durante el embarazo
Las pacientes bipolares embarazadas corren el riesgo de presentar malformaciones fetales si están en tratamiento profiláctico. Se ha descrito teratogenia por Litio, espina bífida por el uso de carbamacepina y por valproato, de modo que es conveniente una adecuada planificación familiar. Generalmente, la paciente suele mantenerse eutímica durante el embarazo. De no ser así, se tratará la recaída con antidepresivos o antipsicóticos de probada seguridad, hasta superar al primer trimestre.
Avances en psicoterapia y rehabilitación
Es necesario realizar estudios metodológicamente rigurosos que determinen la eficacia de las intervenciones psicológicas en esta enfermedad. Sólo el método científico avalará o descartará de forma objetiva la aplicación de técnicas psicológicas como complemento del tratamiento farmacológico de los trastornos bipolares. También deberán realizarse estudios controlados de eficacia de diversas psicoterapias en el tratamiento de la depresión bipolar leve y moderada, especialmente si no se consigue encontrar un antidepresivo con baja capacidad inductora de viraje. Los pacientes bien informados, con una buena autoestima, bien entrenados para la detección precoz de síntomas de recaída y conscientes de la necesidad del tratamiento farmacológico tienen mejor pronóstico a largo plazo.
El rol desempeñado por la psicoterapia en el abordaje de los trastornos bipolares a lo largo de la historia presenta un curso similar al de un paciente bipolar tipo I: de la euforia inicial en que se pretendía lograr la curación de este tipo de pacientes mediante el uso de la palabra, se pasó a una "fase depresiva" una vez hecha la constatación de la inutilidad de la psicoterapia como método de curación para los trastornos bipolares. El progreso de la psicofarmacología, especialmente patente en esta enfermedad, ha conllevado, en los últimos años, un cierto desinterés hacia las posibilidades de complementar el tratamiento farmacológico con una ayuda psicológica. Pero, afortunadamente, en la actualidad todos los expertos coinciden en la necesidad de un apoyo psicológico como tratamiento coadyuvante para algunos pacientes bipolares. (anexo 15)
La pretensión de un abordaje psicoterapéutico de los trastornos mentales graves debe partir siempre de la consideración de que su ámbito de trabajo se halla muy limitado, lo cual no quita que la aportación de la psicoterapia resulte, para muchos pacientes, crucial en su evolución. A pesar de ello, el papel de la psicoterapia en esta enfermedad es un tema polémico y en constante evolución. De jugar un papel central y casi exclusivo, se ha pasado a una situación en que se le confiere una función marginal o mínimamente complementaria.
Lamentablemente, la investigación aplicada en psicoterapia realizada hasta la fecha adolece de graves defectos metodológicos que dificultan la extracción de conclusiones objetivas. En la mayor parte de los trabajos resulta difícil distinguir las conclusiones derivadas de la personalidad de base del sujeto de las que se desprenden de los propios síntomas de la enfermedad.
La mayoría de estudios de personalidad del paciente bipolar hechos hasta la fecha no relatan diferencias significativas en cuanto a neuroticismo entre pacientes bipolares eutímicos y sujetos control o entre bipolares y grupos de pacientes con depresión unipolar. Puesto que no parece existir un patrón de personalidad específico para el enfermo bipolar, la psicoterapia debería dirigirse a tratar síntomas (o las consecuencias de éstos) y no a modificar la personalidad del sujeto.
Psicoanálisis
Por las propias características del modelo psicoanalítico, que fundamenta el abordaje del paciente más en el diagnóstico dinámico que en el diagnóstico clínico, apenas hay trabajos que no sean meras descripciones de casos aislados. A pesar de no haberse demostrado su eficacia, algunos autores defienden el uso de psicoterapias de base psicoanalítica para mejorar el funcionamiento interepisódico del paciente y reducir la frecuencia de futuros episodios. Al contrario, la mayoría de las veces, el resultado de la psicoterapia analítica suele ser la culpabilización del paciente acerca de sus síntomas y una cierta confusión acerca de la causa de la enfermedad que puede repercutir negativamente en la adhesión terapéutica de estos pacientes que, ya de por sí, suele ser bastante baja.
Terapia de grupo
Los pacientes bipolares han sido contemplados tradicionalmente como poco aptos para participar en grupos terapéuticos. Afortunadamente, en los últimos diez o quince años, y gracias a iniciativas como las de la National Depressive and Manic-Depressive Association de Estados Unidos, se está volviendo a la creación de grupos terapéuticos para bipolares como método de apoyo al cumplimiento del tratamiento farmacológico, resolución de problemas relacionados con la enfermedad, información sobre la enfermedad y desestigmatización; es decir, se trata de grupos fundamentalmente psicoeducativos y de apoyo.
Aunque no existe por ahora el suficiente soporte científico para afirmarlo, la combinación de terapia de grupo y enfoque psicoeducativo constituiría el enfoque óptimo para conseguir un buen manejo de la enfermedad y sus consecuencias por parte del propio paciente, mejorar la adaptación interpersonal y sociolaboral, y rentabilizar al máximo la intervención. Para ello, es fundamental que uno de los objetivos primordiales del grupo sea mejorar el cumplimiento de la medicación.
Psicoeducación
La psicoeducación parte esencialmente de un modelo médico del trastorno mental, e intenta proporcionar al paciente un marco teórico y práctico en el cual pueda comprender y afrontar las consecuencias de la enfermedad, colaborando activamente con el médico en el tratamiento.
Su aplicación en enfermedades crónicas como la diabetes mellitus, el asma o la hipertensión se ha demostrado eficaz para disminuir la intensidad, la frecuencia y el impacto de las crisis, mejorando sustancialmente la calidad de vida del paciente y de su familia. Sólo exige un conocimiento exhaustivo de la enfermedad y su manejo, facilidad de comunicación y empatía, y conocimientos básicos de psicoterapia. Esto tiene la especial virtud, aplicada a los trastornos bipolares, de enfocar el trastorno como una enfermedad biológica y de focalizar el tratamiento, paradójicamente, en las medidas farmacológicas, que hasta la fecha son las que han demostrado una mayor eficacia para mejorar el curso de la enfermedad.
Aunque probablemente el enfoque psicoeducativo viene siendo practicado por muchos médicos desde hace décadas, no ha sido hasta los años noventa que han aparecido los primeros trabajos sobre su eficacia. Previamente, algunos estudios intentaron analizar los motivos por los cuales los pacientes abandonaban el tratamiento farmacológico.
El conocimiento de que muchas veces los motivos eran prejuicios, temores irracionales e ignorancia, más que los propios efectos secundarios, señalaron la necesidad de complementar dicho tratamiento con la psicoeducación.
Terapia cognitivo-conductual
Hay poca literatura sobre el uso de la terapia cognitiva en el tratamiento del trastorno bipolar, y la mayor parte de las veces se le cita como instrumento para mejorar el cumplimiento del tratamiento farmacológico. Pero, más allá de este uso, podría ser útil también para tratar la disforia postepisódica, en la que el paciente puede sentirse culpable de las cosas que ha hecho cuando estaba maníaco y de las que ha dejado de hacer estando deprimido.
Por lo que se refiere a terapia conductual, se propone el uso del método de registro para facilitar la identificación de estresores psicosociales específicos y recurrentes con especial sentido para el paciente, que suelen asociarse a los episodios. Esta jerarquización permitiría la utilización de técnicas como la desensibilización sistemática. La terapia de conducta podría ser útil en pacientes con un tono depresivo o distímico predominante, o en la depresión leve post-maníaca, en que es frecuente que el paciente se muestre abúlico, desmotivado e hipoactivo; en estos casos el tratamiento farmacológico antidepresivo puede ser contraproducente, ya que existe el riesgo potencial de inducir un viraje o acelerar los ciclos. Técnicas de autocontrol, manejo e inoculación del estrés, exposición y afrontamiento podrían ser útiles para abordar problemas específicos derivados de la enfermedad.
Resumen sobre las Psicoterapias
Desde las primeras descripciones de la enfermedad se han ensayado todo tipo de enfoques psicoterapéuticos en estos pacientes, pero hay escasos datos acerca de la eficacia de dichas intervenciones. Los estudios que han referidos mejorías significativas en estos parámetros lo han hecho siempre a través de la mejoría del cumplimiento de la medicación. Por ese motivo se ha ido imponiendo el abordaje psicoeducativo. Las terapias individuales inspiradas en el psicoanálisis, las terapias familiares y algunas técnicas cognitivo-conductuales se han mostrado útiles en la mejora de aspectos más subjetivos, como autoestima, autoconocimiento, relaciones interpersonales, capacidad de afrontamiento, etc.
No se debe olvidar que la mayor ayuda para el paciente es mantenerlo asintomático. El modelo psicoeducativo está inspirado en el modelo médico, e intenta mejorar el cumplimiento farmacológico, facilitar la identificación precoz de síntomas de recaída, afrontar las consecuencias psicosociales de los episodios previos y prevenirlas de los futuros, dotando, en definitiva, a los pacientes y a sus familiares de habilidades en el manejo de la enfermedad, con el objetivo de mejorar su curso.
Resumiendo, a pesar de que la evidencia sobre su eficacia todavía es escasa, la psicoterapia se va afianzando día a día como una técnica útil en el abordaje de los trastornos bipolares; su campo de acción debe ser prioritariamente el abordaje de la baja adhesión terapéutica, la conciencia de enfermedad y las variables carácteriales y temperamentales que pueden empeorar el curso del trastorno afectivo. La consideración de todo ello ha llevado a la actual integración del abordaje psicoterapéutico –básicamente la psicoeducación- como tratamiento coadyuvante al farmacológico. Esta integración, tan compleja y polémica como necesaria en la práctica clínica sitúa a la psicología en una nueva fase de su particular curso ciclotímico.
Excelenterodoloza | 2007-07-04 02:48:47
Sin desperdicios. Amplitud en la justa medida, precisión en los conceptos, claridad para el entendimiento de cualquiera, ordenamiento adecuado.
Depresion pos-traumaticaSJY | 2007-07-31 10:16:02
Muchas gracias, ha sido una gran experiencia contar con el articulo y las recomendaciones al final del capitulo. Hace cuatro años padeci severamente una depresion post-traumatica y consecuentemente reconocí que solamente yo regeneraba mi mal estado de salud por lo que reconsideré indagar más sobre los temas relaconados con la psicologia aplicada y descubrí que solo TODO LO QUE PIENSES ASÍ SERA... tema al cual le estoy en deuda y escribo un libro al respecto; además, considero que 9 de cada diez camas en un hospital estan ocupadas innecesariamente por razones alarmantes que solo son el resultado de una sociedad destruida por los pensamientos subconcientes destructivos y el no contar con herramientas me llevó a escribir un material el cual aplicó consciensudamente en apoyo al bienestar de la sociedad denominado I:E:E. para fortalecer las relaciones socio-afectivas dentro de los desordenes P:S:S. que alteran a la comunidad internacional. Actualmente, es un garan placer proyectar mis expectactivas a su grupo y la necesidad de fortalecer la vision independiente de especialistas en la materia. atte. Orlando Pernia Alviarez. Tachira, Venezuela. 0414-7101850
Los trastornos del animoisa22 | 2008-02-21 14:23:24
Es maravilloso, contiene la informacion suficiente.
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