
Vucub-Caquix
y sus hijos:
Condenados a Morir
Párrafo |
Popol Vuh – Recinos |
Pop Wuj – Chávez |
1 |
Éste es el principio de la derrota y de la ruina de la gloria de Vucub-Caquix por los dos muchachos, el primero de los cuales se llamaba Hunahpú y el segundo Ixbalanqué. Éstos eran dioses verdaderamente. Como veían el mal que hacia el soberbio, y que quería hacerlo en presencia del Corazón del Cielo, se dijeron los muchachos: |
Este es el antecedente de la derrota, mejor dicho, cuando le llegó su día al Nuestras Siete Vergüenzas por un hijo llamado Un Cerbatanero, Shbalanké era Dios. A causa de que vio mal la soberbia ante el Espíritu del Cielo, dijo entonces el hijo: |
2 |
—No está bien que esto sea así, cuando el hombre no vive todavía aquí sobre la tierra. Así, pues, probaremos a tirarle con la cerbatana cuando este comiendo; le tiraremos y le causaremos una enfermedad, y entonces se acabarán sus riquezas, sus piedras verdes, sus metales preciosos, sus esmeraldas, sus alhajas de que se enorgullece. Y así lo harán todos los hombres, porque no deben envanecerse por el poder ni la riqueza. —Así será, dijeron los muchachos, echándose cada uno su cerbatana al hombro. |
- No es bueno que exista porque no vivirán las gentes aquí sobre la tierra. Así es que me propondré a tirarle con cerbatana sobre su comida, aquí le tiraré y lo enfermaré; que se acabe su riqueza, sus amuletos, sus joyas y sus esmeraldas; se vislumbra motivo de su orgullo; lo sorprenderé atalayándolo y así lo haga toda la gente. ¿No fue por eso que apareció la ira? Solo por riqueza se envaneció –dijo el hijo-. Llevó su cerbatana sobre hombros. |
3 |
Ahora bien, este Vucub-Caquix tenía dos hijos: el primero se llamaba Zipacná, el segundo era Cabracán; y la madre de los dos se llamaba Chimalmat, la mujer de Vucub-Caquix. |
El Nuestras Siete Vergüenzas tenía dos hijos. Zipakná era el primer hijo, el segundo era "dos pies"; la madre se llamaba Chimalmat, mujer de Nuestras Siete Vergüenzas. |
4 |
Zipacná jugaba a la pelota con los grandes montes: el Chigag, Hunahpú, Pecul, Yaxcanul, Macamob y Huliznab. Éstos son los nombres de los montes que existían cuando amaneció y que fueron creados en una sola noche por Zipacná. |
Zipacná se entretenía en las grandes montañas: el Volcán de Fuego, el de Agua, el Zunil, el Shkanul, el Mekanob, Julisnab, así les decían a las montañas cuando se originaron al aclararse. Sólo en una noche las hizo Zipakná. |
5 |
Cabracán movía los montes y por él temblaban las montañas grandes y pequeñas. |
El Dos Pies mueve las montañas, mece pequeñas y grandes montañas. |
6 |
De esta manera proclamaban su orgullo los hijos de Vucub-Caquix: —¡Oíd! ¡Yo soy el sol!, decía Vucub-Caquix. —¡Yo soy el que hizo la tierra!, decía Zipacná. —¡Yo soy el que sacudo el cielo y conmuevo toda la tierra!, decía Cabracán. Así era como los hijos de Vucub-Caquix le disputaban a su padre la grandeza. Y esto les parecía muy mal a los muchachos. |
Lo hacían los hijos de Siete Vergüenzas para ensoberbecerse. Yo soy el Sol, dijo Nuestras Siete Vergüenzas. Yo soy, yo hago la tierra, dijo Zipakná. Yo entonces muevo, desmorono toda la tierra, dijo Dos Pies. Resultó que los hijos de Siete Vergüenzas tomaron ejemplo de la grandeza del padre, esto lo veía mal el hijo. |
7 |
Aún no había sido creada nuestra primera madre, ni nuestro primer padre. Por tanto, fue resuelta su muerte [de Vucub-Caquix y de sus hijos] y su destrucción, por los dos jóvenes. |
Todavía no se habían hecho nuestra primera madre, nuestro primer padre (de maíz). |

Muerte de
Vucub-Caquix
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Párrafo |
Popol Vuh – Recinos |
Pop Wuj – Chávez |
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1 |
Contaremos ahora el tiro de cerbatana que dispararon los dos muchachos contra Vucub-Caquix, y la destrucción de cada uno de los que se habían ensoberbecido. |
De cuando el Hijo tiró con cerbatana a Nuestras Siete Vergüenzas. Aquí relataremos la derrota de cada uno de los soberbios. |
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2 |
Vucub-Caquix tenía un gran árbol de nance, cuya fruta era la comida de Vucub-Caquix. Éste venia cada día junto al nance y se subía a la cima del árbol. Hunahpú e Ixbalanqué habían visto que ésa era su comida. Y habiéndose puesto en acecho de Vucub-Caquix al pie del árbol, escondidos entre las hojas, llegó Vucub-Caquix directamente a su comida de nances. |
El Nuestras Siete Vergüenzas comía en un gran árbol de nance, esta era la comida de Nuestras Siete Vergüenzas; por la fruta del nance se subía al árbol todos los días; Un Cerbatanero, Shbalanké vio la comida de Nuestras Siete Vergüenzas, entonces atalayó a Nuestras Siete Vergüenzas debajo del árbol, estaba escondido el hijo entre las hojas. Llegó entonces Nuestras Siete Vergüenzas fue derecho sobre su comida que era el nance, |
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3 |
En este momento fue herido por un tiro de cerbatana de Hun-Hunahpú, que le dio precisamente en la quijada, y dando gritos se vino derecho a tierra desde lo alto del árbol. |
(...) entonces Un Cerbatanero, Shbalanké le tiró con cerbatana, el bodoque fue derecho a la mandíbula, gritó y se vino del árbol, cayó al suelo; |
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4 |
Hun-Hunahpú corrió apresuradamente para apoderarse de él, pero Vucub-Caquix le arrancó el brazo a Hun-Hunahpú y tirando de él lo dobló desde la punta hasta el hombro. Así le arrancó [el brazo] Vucub-Caquix a Hun-Hunahpú. Ciertamente hicieron bien los muchachos no dejándose vencer primero por Vucub-Caquix. |
(...) cauteloso fue Un Cerbatanero, Shbalanké y rápido lo fue a prender; de veras, pero entonces Nuestras Siete Vergüenzas le cortó un brazo a Un Cerbatanero, Shbalanké cayó el brazo, lo cortó del hombro, entonces Un Cerbatanero, Shbalanké soltó al Nuestras Siete Vergüenzas, pero intencionalmente lo hizo, por eso no fue vencido por Nuestras Siete Vergüenzas. |
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5 |
Llevando el brazo de Hun-Hunahpú se fue Vucub- Caquix para su casa, a donde llegó sosteniéndose la quijada. |
Llevó pues el brazo de Un Cerbatanero, Shbalanké y se fue Nuestras Siete Vergüenzas a su casa, llegó deteniéndose la mandíbula. |
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6 |
—¡Qué os ha sucedido, Señor? —dijo Chimalmat, la mujer de Vucub-Caquix. |
-¿Quién os quería mataros allá? –le dijo Chimalmat, la mujer de Nuestras siete Vergüenzas. |
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7 |
—¿Qué ha de ser, sino aquellos dos demonios que me tiraron con cerbatana y me desquiciaron la quijada? A causa de ello se me menean los dientes y me duelen mucho. Pero yo he traído [su brazo] para ponerlo sobre el fuego. Allí que se quede colgado y suspendido sobre el fuego, porque de seguro vendrán a buscarlo esos demonios. Así habló Vucub-Caquix mientras colgaba el brazo de Hun-Hunahpú. |
-¡Quién ha de ser!, un malhechor me tiró con cerbatana y se aflojó mi mandíbula, se enfermaron mis dientes, ya me duelen. ¿Acaso no me iba a matar primero?, que esté colgado (el brazo) sobre el fuego, colgadlo. A ver si lo quiere llevar de sobre el fuego. De veras es malhechor –dijo Nuestras Siete Vergüenzas- y colgó el brazo de Un Cerbatanero, Shbalanké. |
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8 |
Habiendo meditado Hun-Hunahpú e Ixbalanqué, se fueron a hablar con un viejo que tenía los cabellos completamente blancos y con una vieja, de verdad muy vieja y humilde, ambos doblados ya como gentes muy ancianas. Llamábase el viejo Zaqui-Nim-AC y la vieja Zaqui-Nimá-Tziis. Los muchachos les dijeron a la vieja y al viejo: |
Después Un Cerbatanero, Shbalanké meditó y le dijo a un abuelo, en verdad era de cabello cano el abuelo, y a una abuela, de veras abuela moribunda, eran encorvados de pura vejez. El abuelo se llamaba gran anciano y la abuela se llamaba Gran Blanca Pizote y les dijo a la abuela y al abuelo: |
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9 |
—Acompañadnos para ir a traer nuestro brazo a casa de Vucub-Caquix. Nosotros iremos detrás. "Éstos que nos acompañan son nuestros nietos; su madre y su padre ya son muertos; por esta razón ellos van a todas partes tras de nosotros, a donde nos dan limosna, pues lo único que nosotros sabemos hacer es sacar el gusano de las muelas." Así les diréis. De esta manera, Vucub-Caquix nos verá como a muchachos y nosotros también estaremos allí para aconsejaros, dijeron los dos jóvenes. —Está bien— contestaron los viejos. |
-Fuerais conmigo para ir a traer mi brazo de donde Nuestras Siete Vergüenzas, iré tras de vosotros: -Es nuestro nieto que nos acompaña, han muerto la madre y el padre, por eso nos sigue. Ojalá hubiera quien se hiciera cargo para regalarlo de una vez porque mi oficio es sólo extraer animalitos de los dientes –diréis- con eso me mira como niño el Nuestras Siete Vergüenzas. Eso es para aleccionarlos –dijo el hijo-. -Está bien –dijeron entonces y se fueron |
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10 |
A continuación se pusieron en camino para el lugar donde se encontraba Vucub-Caquix recostado en su trono. Caminaban la vieja y el viejo seguidos de los dos muchachos, que iban jugando tras ellos. Así llegaron al pie de la casa del Señor, quien estaba gritando a causa de las muelas. |
Estaba recostado Nuestras Siete Vergüenzas frente a su vivienda cuando pasó la abuela y el abuelo; el hijo jugaba tras del abuelo, al pasar debajo de la casa del señor, a causa de sus dientes gritaba Nuestras Siete Vergüenzas. |
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11 |
Al ver Vucub-Caquix al viejo y a la vieja y a los que los acompañaban, les preguntó el Señor: —¿De dónde venís, abuelos? —Andamos buscando de qué alimentarnos, respetable Señor, contestaron aquellos. —¿Y cuál es vuestra comida? ¿No son vuestros hijos éstos que os acompañan? —¡Oh, no, Señor! Son nuestros nietos; pero les tenemos Lástima, y lo que a nosotros nos dan lo compartimos con ellos, Señor, contestaron la vieja y el viejo. |
Nuestras siete vergüenzas vio de inmediato al abuelo y a la abuela que se acompañaban mutuamente. -¿De dónde venís abuelo? –dijo el señor-. -Solo buscamos para alimentarnos Usted señor –dijo entonces-. -¿Qué hacéis para alimentaros, es vuestro hijo quien os acompaña? -Nada de eso Usted señor, es nieto. Solo le tengo lástima a este adoptivo. Partimos en la noche lo que conseguimos, -dijo abuela y abuelo-. |
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12 |
Mientras tanto, se moría el Señor del dolor de muelas y sólo con gran dificultad podía hablar. |
Chillaba el señor del dolor de dientes, solo a grandes penas comía y hablaba. |
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13 |
-Yo os ruego encarecidamente que tengáis lástima de mi. ¿Qué podéis hacer? ¿Qué es lo que sabéis curar?, les preguntó el Señor. Y los viejos contestaron: |
-No me dejéis, tened lástima de mí ¿qué hacéis?, ¿qué curáis? –dijo el señor-. |
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14 |
—¡Oh, Señor, nosotros sólo sacamos el gusano de las muelas, curamos los ojos y ponemos los huesos en su lugar! |
-Sólo extraemos animalitos de los dientes; curamos el globo del ojo, remendamos huesos señor –dijeron entonces-. |
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15 |
—Está muy bien. Curadme los dientes, que verdaderamente me hacen sufrir día y noche, y a causa de ellos y de mis ojos no tengo sosiego y no puedo dormir. Todo esto se debe a que dos demonios me tiraron un bodocazo, y por eso no puedo comer. Así, pues, tened piedad de mí, apretadme los dientes con vuestras manos. |
-Está bien, curadme mies dientes, de veras me duelen todos los días; no me entra nada de sueño con mi ojo; es que me tiró con cerbatana un malhechor, desde entonces empezó, por eso ya no puedo comer. Ojalá me tuvierais lástima solo cortáis los dientes, que queden como dientes. |
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16 |
—Muy bien, Señor. Un gusano es el que os hace sufrir. Bastará con sacar esos dientes y poneros otros en su lugar. —No está bien que me saquéis los dientes, porque sólo así soy Señor y todo mi ornamento son mis dientes y mis ojos. -—Nosotros os pondremos otros en su lugar, hechos de hueso molido. Pero el hueso molido no eran más que granos de maíz blanco. |
-Está bien señor, la causa del dolor es un animal, solo hay que cambiar, quitar los suyos. -Tal vez no está bien que se extraigan, porque por ellos soy señor, mi poderío son mis dientes y mis ojos; sustituidlos pues por hueso molido. -El hueso molido es lo mismo que el maíz blanco. |
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17 |
-Está bien, sacadlos, venid a socorredme, replicó. -Sacáronle entonces los dientes a Vucub-Caquix; y en su lugar le pusieron solamente granos de maíz blanco, y estos granos de maíz le brillaban en la boca. Al instante decayeron sus facciones y ya no parecía Señor. Luego acabaron de sacarle los dientes que le brillaban en la boca corno perlas. Y por último le curaron los ojos a Vucub-Caquix reventándole las niñas de los ojos y acabaron de quitarle todas sus riquezas. |
-Está bien, sacadlos, ayudadme –dijo- le sacaron entonces los dientes del Nuestras Siete Vergüenzas; los cambiaron por maíz blanco; bien brillaba el maíz en la boca, pero pronto le decayó el semblante, ya no pareció señor; terminaron de sacarle los dientes de esmeralda que le cuajaban en la boca. En seguida le curaron el globo del ojo a Nuestras Siete Vergüenzas, le aflojaron el ojo y terminaron de sacarle las escamas, no sintió dolor. |
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18 |
Pero nada sentía ya. Sólo se quedó mirando mientras por consejo de Hunahpú e Ixbalanqué acababan de despojarlo de las cosas de que se enorgullecía. |
Ya solo a tientas andaba cuando le quitaron el motivo de su orgullo. Era idea del Cerbatanero Shbalanké. |
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19 |
Así murió Vucub-Caquix. Luego recuperó su brazo Hunahpú. Y murió también Chimalmat, la mujer de Vucub-Caquix. |
Y murió Nuestras Siete Vergüenzas; fueron a recoger el brazo del Cerbatanero. Murió también Chimalmat, la mujer de Nuestras Siete Vergüenzas. |
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20 |
Así se perdieron las riquezas de Vucub-Caquix. El médico se apoderó de todas las esmeraldas y piedras preciosas que habían sido su orgullo aquí en la tierra. |
Así fue como se acabó la riqueza de Nuestras Siete Vergüenzas. |
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21 |
La vieja y el viejo que estas cosas hicieron eran seres maravillosos. Y habiendo recuperado el brazo, volvieron a ponerlo en su lugar y quedó bien otra vez. |
Así que era médico quien se apoderó de sus esmeraldas virtuosas que lo protegían aquí sobre la superficie de la tierra. El símbolo protector de la abuela y el símbolo protector del abuelo fueron quienes hicieron todo esto. Así que recogieron el brazo y se lo injertaron y resultó bien. |
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22 |
Solamente para lograr la muerte de Vucub-Caquix quisieron obrar de esta manera, porque les pareció mal que se enorgulleciera. |
Sólo para matar a Nuestras Siete Vergüenzas fue que hicieron esto; malo les pareció el enorgullecimiento de Nuestras Siete Vergüenzas. |
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23 |
Y en seguida se marcharon los dos muchachos. habiendo ejecutado así la orden del Corazón del Cielo. |
Se fue el hijo (Un Cerbatanero, Shbalanké). Fue únicamente por la Palabra del Espíritu del Cielo que él cumplió esto. |

Zipacná vence
a los Cuatrocientos Muchachos
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Párrafo |
Popol Vuh – Recinos |
Pop Wuj – Chávez |
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1 |
He aquí ahora los hechos de Zipacná, el primer hijo de Vucub-Caquix. —Yo soy el creador de las montañas, decía Zipacná. |
Lo que hizo Zipakná, primer hijo de Nuestras Siete Vergüenzas . "Yo hago Montañas", decía Zipakná. |
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2 |
Este Zipacná se estaba bañando a la orilla de un río cuando pasaron cuatrocientos muchachos, que llevaban arrastrando un árbol para sostén de su casa. Los cuatrocientos caminaban después de haber cortado un gran árbol para viga madre de su casa. |
Zipakná estaba bañándose a la orilla de un río cuando pasaron cuatrocientos hijos que arrastraban un palo, base para su rancho. Cuatrocientos eran para arrastrarlo; cortaron pues un palo grande, viga madre de su rancho, |
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3 |
Llegó entonces Zipacná y dirigiéndose hacia donde estaban los cuatrocientos muchachos, les dijo: -—¿Qué estáis haciendo, muchachos? —Sólo es este palo, respondieron, que no lo podemos levantar y llevar en hombros. —Yo lo llevaré. ¿A dónde ha de ir? ¿Para qué lo queréis? —Para viga madre de nuestra casa. —Está bien, contestó, y levantándolo se lo echó al hombro y lo llevó hacia la entrada de la casa de los cuatrocientos muchachos. —Ahora quédate con nosotros, muchacho, le dijeron. ¿Tienes madre o padre? —No tengo, contestó. —Entonces te ocuparemos mañana para preparar otro palo para sostén de nuestra casa. —Bueno, contestó. |
(...) luego se fue Zipakná, llegó a donde los cuatrocientos hijos. -¿Qué estáis haciendo vosotros hijos? -Es un palo que no podemos levantarlo. -Colocadlo sobre mis hombros. ¿A dónde se va?, ¿Para qué sirve, pensasteis? -Es para viga madre de nuestro rancho. -Está bien –dijo entonces-. Entonces luego lo arrastró y se lo llevó en hombros hacia la orilla del rancho de los cuatrocientos hijos. -¿Por qué no os quedáis con nosotros tú hijo?, ¿tenéis padre y madre? -No tengo –dijo entonces-. -Todavía no lo vamos a colocar, hasta mañana, tenemos qué componer un nuestro palo, horcón de nuestro rancho. -Está bien –dijo enseguida-. |
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4 |
Los cuatrocientos muchachos conferenciaron en seguida y dijeron: —¿Cómo haremos con este muchacho para matarlo? Porque no está bien lo que ha hecho levantando él solo el palo. Hagamos un gran hoyo y echémoslo para hacerlo caer en él. "Baja a sacar y traer tierra del hoyo", le diremos, y cuando se haya agachado para bajar a la excavación le dejaremos caer el palo grande y allí en el hoyo morirá. -Así dijeron los cuatrocientos muchachos y luego abrieron un gran hoyo muy profundo. En seguida llamaron a Zipacná. |
Mientras tanto pensaron los cuatrocientos hijos: Es que el muchacho, qué hacemos para matarlo, porque no sirve lo que hace. Sólo él levantó el palo. Abramos un gran hoyo aquí, luego lo hacemos bajar entre el hoyo. Vete a traer tierra del hoyo, que le dijéramos. Y cuando esté agachado entre el hoyo, le dejamos caer el gran palo encima, así entonces morirá entre el hoyo –dijeron los cuatrocientos hijos-. Se pusieron contentos. Abrieron un gran hoyo no muy hondo. Mandaron pues a Zipakná: |
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5 |
—Nosotros te queremos bien. Anda, ven a cavar la tierra porque nosotros ya no alcanzamos, le dijeron. —Está bien, contestó. En seguida, bajó al hoyo. Y llamándolo mientras estaba cavando la tierra, le dijeron: —¡Has bajado ya muy hondo? —Si, contestó, mientras comenzaba a abrir el hoyo, pero el hoyo que estaba haciendo era para librarse del peligro. Él sabia que lo querían matar; por eso, al abrir el hoyo, hizo, hacia un lado, una segunda excavación para librarse. —¿Hasta dónde vas?, gritaron hacia abajo los cuatrocientos muchachos. —Todavía estoy cavando; yo os llamaré allí arriba cuando esté terminada la excavación, dijo Zipacná desde el fondo del hoyo. Pero no estaba cavando su sepultura, sino que estaba abriendo otro hoyo para salvarse. |
-Nosotros nos quedamos, no bajaremos a escarbar tierra, no la hallaremos –le dijeron-. -Está bien –dijo entonces-. Luego bajó al hoyo. -Llamáis cuando esté escarbada la tierra, no escarbéis muy hondo –le dijeron-. -Bueno –dijo luego-. Suspendió la escarbada del hoyo. Un su hoyo estaba escarbando para esconderse. Ya sabía que lo iban a matar. Escarbó pues un hoyo distinto, atravesó un segundo hoyo para salvarse. -¿Cuánto falta? –le dijeron los cuatrocientos hijos-. -Todavía estoy escarbando. Cuando os llame es porque ya está escarbado –dijo Zipakná desde el hoyo-. Pero no estaba escarbando el asiento del hoyo, su tumba; estaba escarbando en su hoyo para esconderse. |
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6 |
Por último los llamó Zipacná; pero cuando llamó ya se había puesto en salvo dentro del hoyo. —Venid a sacar y llevaros la tierra que he arrancado y está en el asiento del hoyo, porque en verdad lo he ahondado mucho. ¿No oís mi llamada? Y sin embargo, vuestros gritos, vuestras palabras, se repiten como un eco una y dos veces, y así oiga bien dónde estáis. Esto decía Zipacná desde el hoyo donde estaba escondido, gritando desde el fondo. |
De repente llamó Zipakná cuando ya estaba escondido en el hoyo: -Venid a traer la tierra, el asiento del hoyo. Ya está escarbado, de veras no lo hice muy hondo. ¿No oís mi llamada?. Pero su llamada era eco. -Parece una voz, dos voces donde estáis oigo yo –dijo Zipakná desde el hoyo, donde estaba quieto, escondido-. Llamó otra vez desde el hoyo. |
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7 |
Entonces los muchachos arrojaron violentamente su gran palo, que cayó en seguida con estruendo al fondo del hoyo. —¡Que nadie hable! Esperemos hasta oír sus gritos cuando muera, se dijeron entre sí, hablando en secreto y cubriéndose cada uno la cara, mientras caía el palo con estrépito. [Zipacná] habló entonces lanzando un grito, pero llamó una sola vez cuando cayó el palo en el fondo. |
Al momento fueron a arrastrar el gran palo los hijos, luego arrojaron el palo entre el hoyo. -Que nadie hable, oigamos cuando grite al estar muriendo –se dijeron entre sí-. Ya solo hablaban muy quedo, cada uno miraba silencioso cuando dejaron caer el palo. -¡Ya...! –dijo cuando gritó-. Sólo una vez llamó cuando cayó el palo. |
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8 |
—¡Qué bien nos ha salido lo que le hicimos! Ya murió, dijeron los jóvenes. Si desgraciadamente hubiera continuado lo que había comenzado a hacer, estaríamos perdidos, porque ya se había metido entre nosotros, los cuatrocientos muchachos. |
-¡Caramba!, ¿No estuvo bueno?. ¡Bien estuvo lo que hicimos!. ¿Quién lo mandó a hacer lo que hizo, lo que trabajó?, ¡Ahí él, primero él se metió con nosotros, es decir, entre nosotros los cuatrocientos hijos –dijeron enseguida-. |
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9 |
Y llenos de alegría dijeron: -—Ahora vamos a fabricar nuestra chicha durante estos tres días. Pasados estos tres días beberemos por la construcción de nuestra casa, nosotros los cuatrocientos muchachos. Luego dijeron: —Mañana veremos y pasado mañana veremos también si no vienen las hormigas entre la tierra cuando hieda y se pudra. En seguida se tranquilizará nuestro corazón y beberemos nuestra chicha, dijeron. |
Ya estaban contentos. -Tenemos nuestro sabroso de antes de ayer, es decir, nuestra chicha, regalo de nuestro rancho para nosotros cuatrocientos hijos –dijeron-. Mañana veremos, mejor pasado mañana veremos cuando salgan hormigas, cuando hieda, esté podrido, nos acordaremos de llevar nuestra chicha –dijeron entonces-. |
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10 |
Zipacná escuchaba desde el hoyo todo lo que hablaban los muchachos. Y luego, al segundo día, llegaron las hormigas en montón, yendo y viniendo y juntándose debajo del palo. Unas traían en la boca los cabellos y otras las uñas de Zipacná. |
Lo estaba oyendo Zipakná desde el hoyo lo que estaban haciendo los hijos, que hasta pasado mañana sería mejor. Aparecieron las hormigas en abundancia, caminaban, se revolvían y se amontonaron bajo el pelo; unas traían cabellos, otras partículas de uñas de Zipakná. |
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11 |
Cuando vieron esto los muchachos, dijeron: —¡Ya pereció aquel demonio! Mirad cómo se han juntado las hormigas, cómo han llegado por montones, trayendo unas los cabellos y otras las uñas. ¡Mirad lo que hemos hecho! Así hablaban entre sí. |
Lo vieron entonces los hijos: -Estuvo magnífico el castigo, ved las hormigas que han salido y han despedazado: unas traen cabellos en los dientes, otras señas de uñas, mirad lo que hemos hecho. ¡Caramba! –se dijeron-. |
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12 |
Sin embargo, Zipacná estaba bien vivo. Se había cortado los cabellos de la cabeza y se había roído las uñas con los dientes para dárselos a las hormigas. Y así los cuatrocientos muchachos creyeron que había muerto, |
Que si Zipakná estaba vivo, él mismo envió sus cabellos, se cortó las uñas y se lo daba a las hormigas para que lo creyeran muerto los cuatrocientos hijos. |
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13 |
(...) y al tercer día dieron principio a la orgía y se emborracharon todos los muchachos. Y estando ebrios los cuatrocientos muchachos, ya no sentían nada. En seguida Zipacná dejó caer la casa sobre sus cabezas y acabó de matarlos a todos. Ni siquiera uno, ni dos se salvaron de entre los cuatrocientos muchachos; muertos fueron por Zipacná, el hijo de Vucub-Caquix. |
Y entonces, al tercer día principió la bebida agradable y empezaron a beber todos los hijos hasta embriagarse, todos los cuatrocientos hijos se quedaron inconscientes; y les derribó Zipakná su rancho sobre ellos, todos fueron aporreados, ni uno, ni dos se salvaron de los cuatrocientos hijos; Zipakná, el hijo de Nuestras Siete Vergüenzas los mató. |
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14 |
Así fue la muerte de los cuatrocientos muchachos, y se cuenta que entraron en el grupo de estrellas que por ellos se llama Motz, aunque esto tal vez será mentira. |
Así fue pues la muerte de los cuatrocientos hijos; se dice que ellos se convirtieron en estrellas de "Las Pléyades", es pues una tradición. |

Zipacná:
Es Vencido
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Párrafo |
Popol Vuh – Recinos |
Pop Wuj – Chávez |
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1 |
Contaremos ahora la derrota de Zipacná por los dos muchachos Hunahpú e Ixbalanqué. |
Ahora diremos el vencimiento de Zipakná por Un Hijo Un Cerbatanero, Shbalanké. |
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2 |
Ahora sigue la derrota y muerte de Zipacná, cuando fue vencido por los dos muchachos Hunahpú e Ixbalanqué. |
Vencimiento y muerte de Zipakná. Fue vencido pues por un hijo, un Cerbatanero, Shbalanké. |
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3 |
El corazón de los dos jóvenes estaba lleno de rencor porque los cuatrocientos muchachos habían sido muertos por Zipacná. Y éste sólo buscaba pescados y cangrejos a la orilla de los ríos, que ésta era su comida de cada día. Durante el día se paseaba buscando su comida y de noche se echaba los cerros a cuestas. |
El hijo sintió mucho la muerte de los cuatrocientos hijos que mató Zipakná. El alimento de Zipakná era pescado, cangrejo que buscaba a la orilla de los ríos, era su alimento de todos los días. De día salía a pasear para buscar su alimento y de noche se cargaba las montañas. |
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4 |
En seguida Hunahpú e Ixbalanqué hicieron una figura a imitación de un cangrejo muy grande, y le dieron la apariencia de tal con una hoja de pie de gallo, del que se encuentra en los bosques. Así hicieron la parte inferior del cangrejo; de pahac le hicieron las patas y le pusieron una concha de piedra que le cubrió la espalda al cangrejo. Luego pusieron esta (especie de) tortuga, al pie de un gran cerro llamado Meauán, donde lo iban a vencer (a Zipacná). |
Entonces Un Cerbatanero, Shbalanké falsificó un gran cangrejo, le puso por ojo el pie de gallo, gran parásita que hay en los bosques, por eso de denominó "pito de cangrejo"; de doblador le hizo las extremidades, de piedra laja le hizo la concha; tuvo apariencia ahuecada. Lo fue a meter debajo de una peña de una gran montaña llamada "Meawán" donde fue vencido. |
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5 |
A continuación se fueron los muchachos a hacerle encuentro a Zipacná a la orilla de un río. |
Luego vino el hijo y encontró a Zipakná a la orilla de un río. |
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6 |
—¿A dónde vas, muchacho?, le preguntaron a Zipacná. —No voy a ninguna parte, sólo ando buscando mi comida, muchachos, contestó Zipacná. —¿Y cuál es tu comida? —Pescado y cangrejos, pero aquí no los hay y no he hallado ninguno; desde anteayer no he comido y ya no aguanto el hambre, dijo Zipacná a Hunahpú e Ixbalanqué. |
-¿A dónde vais hijo? –dijo a Zipakná-. -No voy a ninguna parte, nada más estoy buscando mi comida tú hijo –dijo Zipakná-. -¿Qué es vuestra comida? -Solamente pez y cangrejo, pero no he encontrado, desde antes de ayer estoy sin comida, ya no aguanto el hambre –dijo Zipakná a Un Cerbatanero, Shbalanké-. |
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7 |
—Allá en el fondo del barranco está un cangrejo, verdaderamente un gran cangrejo y ¡bien que te lo comieras! Sólo que nos mordió cuando lo quisimos coger y por eso le tenemos miedo. Por nada iríamos a cogerlo, dijeron Hunahpú e Ixbalanqué. -¡Tened lástima de mi! Venid y enseñádmelo, muchachos, dijo Zipacná. —No queremos. Anda tú solo, que no te perderás. Sigue por la vega del río y llegarás al pie de un gran cerro, allí está haciendo ruido en el fondo del barranco. Sólo tienes que llegar allá, le dijeron Hunahpú e Ixbalanqué. |
-Hay un gran cangrejo allá debajo del barranco, de veras es un gran cangrejo, tal vez no aguantas a comértelo; me muerde y no se deja atrapar, me da miedo, ¿Por qué no vais a atraparlo? –dijo Un Cerbatanero, Shbalanké- -Tenedme lástima ¿Por qué no vais a enseñarme tú hijo? –dijo Zipakná-. -No quiero, ¿Por qué no vais? No es de perderse, vais siguiendo el río y derecho llegaréis debajo de una gran montaña, ahí está tendido abajo del barranco, sólo te encaminas hacia allá –dijo Un Cerbatanero, Shbalanké-. |
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8 |
—¡Ay, desgraciado de mi! ¿No lo podéis encontrar vosotros, pues, muchachos? Venid a enseñármelo. Hay muchos pájaros que podéis tirar con la cerbatana, y yo sé dónde se encuentran, dijo Zipacná. |
-¡Ay, lástima de mí!, yo no lo encontraré tú hijo; tenéis que ir a enseñarme, hay abundancia de pájaros, fuerais a cerbatanearlos, yo sé donde hay –dijo enseguida Zipakná-. Ante el hijo entró bajo la laja. |
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9 |
Su humildad convenció a los muchachos. Y éstos le dijeron: —Pero ¿de veras lo podrás coger? Porque sólo por causa tuya volveremos; nosotros ya no lo intentaremos porque nos mordió cuando íbamos entrando boca abajo. Luego tuvimos miedo al entrar arrastrándonos, pero en poco estuvo que lo cogiéramos. Así, pues, es bueno que tú entres arrastrándote, le dijeron. |
-Si no logras atraparlo, entonces me voy, me regreso por tu culpa; no pude comerlo porque bien muerde cuando entra boca abajo. Pero se asusta cuando uno entra boca arriba, por un poquito lo atrapo; entonces es bueno que entres boca arriba –le dijo-. |
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10 |
—Está bien, dijo Zipacná, y entonces se fue en su compañía. Llegaron al fondo del barranco, y allí, tendido sobre el costado, estaba el cangrejo mostrando su concha colorada. Y allí también, en el fondo del barranco, estaba el engaño de los muchachos. |
-Está bien –dijo Zipakná-. Al momento se fue, ya iba acompañado Zipakná y llegaron abajo del barranco. Estaba atravesado el cangrejo, le relumbraba de rojo el cefalotórax bajo el barranco. -Ahora debes atraparlo. |
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11 |
—¡Qué bueno!, dijo entonces Zipacná con alegría. ¡Quisiera tenerlo ya en la boca! Y era que verdaderamente se estaba muriendo de hambre. Quiso probar a ponerse de bruces, quiso entrar, pero el cangrejo iba subiendo. Salióse en seguida y los muchachos le preguntaron: |
-Está bien –dijo-. Se puso contento Zipakná, ya quería tenerlo en la boca porque estaba muy apetitoso. Para comerlo quiso entrar boca abajo, pero el cangrejo subió boca arriba. Al rato salió. |
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12 |
—¿No lo cogiste? —No, contestó, porque se fue para arriba y poco me faltó para cogerlo. Pero tal vez seria bueno que yo entrara para arriba, agregó. Y luego entró de nuevo hacia arriba, pero cuando ya casi habla acabado de entrar y sólo mostraba la punta de los pies, se derrumbó el gran cerro y le cayó lentamente sobre el pecho. |
-¿No lo atrapaste?. -Para nada, subió boca arriba, primero por poco lo atrapo. Tal vez es mejor que entre boca arriba –dijo-. Luego entró boca arriba, terminó de entrar todo, ya solo se veía la rodilla. Entró totalmente, en eso se derrumbó la gran montaña cayéndole sobre el pecho, |
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13 |
Nunca más volvió Zipacná y fue convertido en piedra. Así fue vencido Zipacná por los muchachos Hunahpú e Ixbalanqué; aquel que, según la antigua tradición, hacía las montañas, el hijo primogénito de Vucub-Caquix. |
(...) ya no pudo voltearse y se volvió piedra Zipakná, así fue como fue vencido Zipakná por el hijo Un Cerbatanero, Shbalanké. El "Fabricador e montañas" le decían en la antigüedad al primer hijo de Nuestras Siete Vergüenzas; |
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14 |
Al pie del cerro llamado Meauán fue vencido. Sólo por un prodigio fue vencido el segundo de los soberbios. Quedaba otro, cuya historia contaremos ahora. |
(...) debajo de la montaña llamada "Mewán" fue vencido de esa manera. Solamente por el Arcano fue vencido el segundo orgulloso. Ahora diremos otro relato. |

Intoxicado y Vencido
muere Cabracán:
"El tercero de los soberbios"
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Párrafo |
Popol Vuh – Recinos |
Pop Wuj – Chávez |
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1 |
El Tercero de los soberbios era el segundo hijo de Vucub-Caquix, que se llamaba Cabracán. —¡Yo derribo las montañas!, decía. Pero Hunahpú e Ixbalanqué vencieron también a Cabracán. |
El tercer orgulloso es el segundo hijo de Nuestras Siete Vergüenzas llamado "Dos pies". Yo derribo montañas, decía, pero un Cerbatanero, Shbalanké venció "Dos pies". |
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2 |
Huracán, Chipi-Caculhá y Raxa-Caculhá hablaron y dijeron a Hunahpú e Ixbalanqué: —Que el segundo hijo de Vucub-Caquix sea también vencido. Ésta es nuestra voluntad. Porque no está bien lo que hace sobre la tierra, exaltando su gloria, su grandeza y su poder, y no debe ser así. Llevadle con halagos allá donde nace el sol, les dijo Huracán a los dos jóvenes. —Muy bien, respetable Señor, contestaron éstos, porque no es justo lo que vemos. ¿Acaso no existes tú, tú que eres la paz, tú, Corazón del Cielo?, dijeron los muchachos mientras escuchaban la orden de Huracán. |
Dijo Un Pie, Último Rayo, Verdadero Rayo y le dijo a Un Cerbatanero Shbalanké: -Al segundo hijo de Nuestras Siete Vergüenzas, hay que vencerlo, es mi decisión, porque su oficio no es bueno sobre la tierra, se hacen fuertes criaturas, pero no fueron creadas para eso. Llévelo con buen modo allá hacia el oriente –dijo Un Pie al hijo-. -Muy bien Señor. Tiene que comer; también a mí no me parece bueno lo que hacen, ¿Acaso no está Usted?, ¿Acaso no está levantado? Usted es el Espíritu del Cielo –dijo el hijo- y acató la decisión de Un Pie. |
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3 |
Entre tanto, Cabracán se ocupaba en sacudir las montañas. Al más pequeño golpe de sus pies sobre la tierra, se abrían las montañas grandes y pequeñas. Así lo encontraron los muchachos, quienes preguntaron a Cabracán: —¿A dónde vas, muchacho? —A ninguna parte, contestó. Aquí estoy moviendo las montañas y las estaré derribando para siempre, dijo en respuesta. |
Pero estaba temblando, derribando montañas, solo era un pequeño, pero estaba derribando grandes y pequeñas montañas. Al punto lo encontró el hijo. -¿A dónde vas hijo? –le dijo a Dos Pies-. -No voy a ninguna parte, solo estoy derribando montañas, yo las muevo de día y al amanecer dijo, de una vez hablo. |
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4 |
A continuación les preguntó Cabracán a Hunahpú e Ixbalanqué. —¿Qué venís a hacer aquí? No conozco vuestras caras. ¿Cómo os llamáis?, dijo Cabracán. —No tenemos nombre, contestaron aquéllos. No somos más que tiradores con cerbatana y cazadores con liga en los montes. Somos pobres y no tenemos nada que nos pertenezca, muchacho. Solamente caminamos por los montes pequeños y grandes, muchacho. Y precisamente hemos visto una gran montaña, allá donde se enrojece el cielo. Verdaderamente se levanta muy alto y domina la cima de todos los cerros. Así es que no hemos podido coger ni uno ni dos pájaros en ella, muchacho. Pero ¿es verdad que tú puedes derribar todas las montañas, muchacho?, le dijeron Hunahpú e Ixbalanqué a Cabracán. |
Dijo entonces Dos Pies a Un Cerbatanero, Shbalanké: -¿De dónde vienes?. Yo no te conozco, ¿cómo te llamas? –dijo Dos Pies-. -No tengo nombre, solo soy un muchacho, más bien pongo trampas en las montañas, soy pobre, no poseo nada tú hijo; solo voy a las montañas pequeñas, a las grandes montañas voy hijo. Vi una gran montaña, pequeña crecía, de veras no era muy alta, pero se levanta y crece sobre las demás montañas, por eso no pude cazar ahí ni uno, ni dos pájaros, tú hijo... ¿Y es cierto que derribas toda montaña, tú hijo? –dijo Un Cerbatanero, Shbalanké a Dos Pies-. |
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5 |
—De veras habéis visto esa montaña que decís? ¿En dónde está? En cuanto yo la vea la echaré abajo. ¿Dónde la visteis? —Por allá está, donde nace el sol, dijeron Hunahpú e lxbalanqué. —Está bien, enseñadme el camino, les dijo a los dos jóvenes. —¡Oh, no!, contestaron éstos. Tenemos que llevarte en medio de nosotros: uno irá a tu mano izquierda y otro a tu mano derecha, porque tenemos nuestras cerbatanas, y si hubiere pájaros les tiraremos. |
-¿Es cierto que viste la montaña que dices? ¿En dónde está?, iré a verla y la derribaré, ¿dónde la viste? -Allá está, hacia el oriente –dijo Un Cerbatanero, Shbalanké. -Ve adelante para guiarme –le dijo el hijo-. -No, tu vas a mi lado izquierdo porque yo llevo a la derecha mi cerbatana, pudiera ser que haya pájaros y tengo que cazar con mi cerbatana –dijo-. |
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6 |
Y así iban alegres, probando sus cerbatanas; pero cuando tiraban con ellas, no usaban el bodoque de barro en el tubo de sus cerbatanas, sino que sólo con el soplo derribaban a los pájaros cuando les tiraban, de lo cual se admiraba grandemente Cabracán. |
Estaba contento disimulando estar tirando con Cerbatana. Resulta que cuando tiraba con cerbatana, no eran bodoques sino solamente soplaba la cerbatana y caían los pájaros. Esto lo elogió Dos Pies. |
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7 |
En seguida hicieron un fuego los muchachos y pusieron a asar los pájaros en el fuego, pero untaron uno de los pájaros con tizate, lo cubrieron de una tierra blanca. |
El hijo juntó fuego y se puso a asar pájaros sobre el fuego. Tomó un pájaro y lo untó con tizate, tierra blanca empleó. |
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8 |
—Esto le daremos, dijeron, para que se le abra el apetito con el olor que despide. Este nuestro pájaro será su perdición. Así como la tierra cubre este pájaro por obra nuestra, así daremos con él en tierra y en tierra lo sepultaremos. |
-Este es el que le daré para que se ahogue cuando sienta el olor de pájaro, caerá en el engaño. La tierra que le unté será su perdición y así mismo en la tierra lo enterraré. |
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9 |
—Grande será la sabiduría de un ser creado, de un ser formado, cuando amanezca, cuando aclare, dijeron los muchachos. —Como el deseo de comer un bocado es natural en el hombre, el corazón de Cabracán está ansioso, decían entre si Hunahpú e Ixbalanqué. |
¡Gran Sabio! ¡Una Construcción! ¡Una Formación, hablad, iluminad! –dijo el hijo-. Porque sólo se mantiene antojando, su preocupación es comer y masticar. Es lo que desea Dos Pies, se dijo entre sí Un Cerbatanero, Shbalanké. |
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10 |
Mientras estaban asando los pájaros, éstos se iban dorando al cocerse, y la grasa y el jugo que de ellos se escapaban despedían el olor más apetitoso. Cabracán sentía grandes ganas de comérselos; se le hacia agua la boca, bostezaba y la baba y la saliva le corrían a causa del olor excitante de los pájaros. |
Al punto asó un pájaro. Se asó, estaba bien dorado, brillaba y chorreaba de pringue el cuerpo del pájaro, trascendía el agradable olor. Dos Pies ya quería comérselo, se le hacía agua en la boca y se mantenía deglutiendo, se le escurría la saliva, mejor dicho la baba por el olor agradable del pájaro. |
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11 |
Luego les preguntó: —¿Qué es esa vuestra comida? Verdaderamente es agradable el olor que siento. Dadme un pedacito, les dijo. |
Suplicó entonces: -¿Cuál es mi comida?, de veras siento el olor, siquiera me dieras un pedacito –dijo entonces-. |
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12 |
Diéronle entonces un pájaro a Cabracán, el pájaro que seria su ruina. Y en cuanto acabó de comerlo se pusieron en camino y llegaron al oriente, adonde estaba la gran montaña. Pero ya entonces se le habían aflojado las piernas y las manos a Cabracán, ya no tenía fuerzas a causa de la tierra con que habían untado el pájaro que se comió, y ya no pudo hacerles nada a las montañas, ni le fue posible derribarlas. |
De una vez le dio el pájaro entero a Dos Pies, eso era para vencerlo. Y luego se acabó el pájaro, continuaron su camino hacia el Oriente donde estaba la gran montaña. Pero Dos Pies ya sólo estiradas tenía las piernas y los brazos ya no se movían a causa de la debilidad que le causó la tierra blanca untada en el pájaro que se comió, ya no pudo hacer nada a las montañas, ya no las pudo derribar. |
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13 |
En seguida lo amarraron los muchachos. Atáronle los brazos detrás de la espalda y le ataron también el cuello y los pies juntos. Luego lo botaron al suelo, y allí mismo lo enterraron. |
Luego lo amarró el hijo, le ató hacia atrás las manos, bien amarradas las manos por el hijo, así mismo le amarró los dos pies por los tobillos, en seguida lo dejó dentro de su tumba y lo enterró. |
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14 |
De esta manera fue vencido Cabracán tan sólo por obra de Hunahpú e lxbalanqué. No sería posible enumerar todas las cosas que éstos hicieron aquí en la tierra. |
Así fue vencido Dos Pies, eran incontables los hechos de Un Cerbatanero, Shbalanké, aquí sobre la tierra. |
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15 |
Ahora contaremos el nacimiento de Hunahpú e Ixbalanqué, habiendo relatado primeramente la destrucción de Vucub-Caquix con la de Zipacná y la de Cabracán aquí sobre la tierra. |
Ahora diremos el nacimiento de Un Cerbatanero, Shbalanké. Primero referimos la derrota de Nuestras Siete Vergüenzas, de Zipakná y de Dos Pies aquí sobre la tierra. |
SEGUNDA PARTE
EL JUEGO DE PELOTA




El Sonido del Juego de Pelota
llega hasta el Infierno
Párrafo |
Popol Vuh – Recinos |
Pop Wuj – Chávez |
1 |
Ahora diremos también el nombre del padre de Hunahpú e Ixbalanqué. Dejaremos en la sombra su origen, y dejaremos en la oscuridad el relato y la historia del nacimiento de Hunahpú e Ixbalanqué. Sólo diremos la mitad, una parte solamente de la historia de su padre. |
Ahora diremos el nacimiento de un Cerbatanero, Shbalanké. Primero referimos la derrota de nuestras siete vergüenzas, de Zipacná y de Dos pies aquí sobre la tierra. |
2 |
He aquí la historia. He aquí el nombre de Hun- Hunahpú, así llamado. Sus padres eran Ixpiyacoc e Ixmucané. De ellos nacieron, durante la noche, Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú, de Ixpiyacoc e Ixmucané. |
Contaremos ahora los nombres de los padres de un Cerbatanero, es Shbalanké; es muy obscuro, muy vago relatar el nacimiento de un Cerbatanero es Shbalanké, sólo una parte diremos, sólo un fragmento contaremos referencia sus padres. Eso que decimos por primera vez, son los nombres de "cada Cerbatanero" les decían; sus padres eran pues es Shpiyakok, Shmukané. En la obscuridad, durante la noche fue engendrado cada Cerbatanero, Siete Cerbataneros por Shpiyakok, Shmukané. |
3 |
Ahora bien, Hun-Hunahpú habla engendrado y tenía dos hijos, el primero se llamaba Hunbatz y el segundo Hunchouchén. La madre de éstos se llamaba Ixbaquiyalo, así se llamaba la mujer de Hun-Hunahpú. Y el otro Vucub Hunahpú no tenía mujer, era soltero. |
Sucede que cada Cerbatanero, siete Cerbatanero engendró un hijo llamado Juan Bâz, Juan Chowén, la madre se llamaba Shbakiyaló, así decían a la esposa de cada Cerbatanero, siete Cerbataneros; |
4 |
Estos dos hijos, por su naturaleza, eran grandes sabios y grande era su sabiduría; eran adivinos aquí en la tierra, de buena índole y buenas costumbres. Todas las artes les fueron enseñadas a Hunbatz y Hunchouén, los hijos de Hun-Hunahpú. Eran flautistas, cantores, tiradores con cerbatana, pintores, escultores, joyeros, plateros: esto eran Hunbatz y Hunchouén. |
(...) era gran sabio, es decir, era grande su sabiduría, era adivino aquí sobre la tierra. Era de nacimiento noble, es decir, de gran aparecimiento; le enseñó lo bueno Juan Bâz, Juan Chowén, hijo de cada Cerbatanero, Siete Cerbataneros; eran músicos, oradores, Cerbataneros, escritores. En cincelador, escultor, platero se convirtió Juan Bâz, Juan Chowén. |
5 |
Ahora bien, Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú se ocupaban solamente de jugar a los dados y a la pelota todos los días; y de dos en dos se disputaban los cuatro cuando se reunían en el juego de pelota. |
Sucedió que cada Cerbatanero, Siete Cerbataneros sólo tirando con arco, sólo jugando se mantenía todos los días el patio de juegos. |
6 |
Allí venía a observarlos el Voc, el mensajero de Huracán, de Chipi-Caculhá, de Raxa-Caculhá; pero este Voc no se quedaba lejos de la tierra, ni lejos de Xibalbá;‘ y en un instante subía al cielo al lado de Huracán. Estaban todavía aquí en la tierra cuando murió la madre de Hunbatz y Hunchouén. |
Vino el águila a observarlo, era mensajero de Un Pie, Último Rayo, Verdadero Rayo; el águila real no estaba lejos de aquí sobre la tierra, tampoco estaba lejos del infierno. Entonces se fue rápidamente el cielo a donde Un Pie; y vinieron aquí sobre la tierra, pero ya había muerto la madre de Juan Bâz, Juan Chowén. |
7 |
Y habiendo ido a jugar a la pelota en el camino de Xibalbá, los oyeron Hun-Camé y Vucub-Camé, los Señores de Xibalbá. |
Resulta que en el camino hacia el infierno estaba jugando Cada Cerbatanero, Siete Un Cerbatanero y lo oyeron Una Muerte, Siete Muertes, señores del infierno. |
8 |
—¿Qué están haciendo sobre la tierra? ¿Quiénes son los que la hacen temblar y hacen tanto mido? ¡Que vayan a llamarlos! ¡Que vengan a jugar aquí a la pelota, donde los venceremos! Ya no somos respetados por ellos, ya no tienen consideración ni miedo a nuestra categoría, y hasta se ponen a pelear sobre nuestras cabezas, dijeron todos los de Xibalbá. |
-¿Qué es que se oye sobre la tierra? Parece que corren brincando, zumbando; que vayan a llamarnos, que vengan aquí a jugar, y los ganaremos, es que no respetan, no tienen a quién respetar mejor dicho no tienen sosiego; que vayan a jalarlos de sobre nosotros, -dijeron todos los del infierno-. |
9 |
En seguida entraron todos en consejo. Los llamados Hun-Camé y Vucub-Camé eran los jueces supremos. A todos los Señores les señalaban sus funciones Hun-Camé y Vucub-Camé y a cada uno le señalaban sus atribuciones. |
Se pusieron a pensar todos, Una Muerte, Siete Muertes, grandes investigadores. Y todos los señores tenían cada quien su autoridad, dadas por Una Muerte, siete muertes. |
10 |
Xiquiripat y Cuchumaquic, eran los Señores de estos nombres. Éstos son los que causan los derrames de sangre de los hombres. |
Shikiripat, Sangre Carcomida; su oficio era enfermar la sangre; |
11 |
Otros se llamaban Ahalpuh y Ahalganá, también Señores. Y el oficio de éstos era hinchar a los hombres, hacerles brotar pus de las piernas y teñirles de amarillo la cara, lo que se llama Chuganal. Tal era el oficio de Ahalpuh y Ahalganá. |
(...) Ajalpuj Ajal eran la autoridad de la hinchazón que supura pus en los pies y brota aguadija hedionda, es pues la autoridad del pus y de la agudiza; |
12 |
Otros eran el Señor Chamiabac y el Señor Chamiaholom, alguaciles de Xibalbá, cuyas varas eran de hueso. La ocupación de éstos era enflaquecer a los hombres hasta que los volvían sólo huesos y calaveras y se morían y se los llevaban con el vientre y los huesos estirados. Tal era el oficio de Chamiabac y Chamiaholom, así llamados. |
(...) había el señor de bastón de hueso y bastón de la calavera, eran los alguaciles del infierno, eran de hueso sus bastones; éstos eran los que enflaquecían a la gente, de veras pura calavera eran sus cabezas cuando morían, caían esqueléticos. Esta era la tarea de Bastón de hueso y Bastón de Calavera. |
13 |
Otros se llamaban el Señor Ahalmez y el Señor Ahaltocob. El oficio de éstos era hacer que a los hombres les sucediera alguna desgracia, ya cuando iban para la casa, o frente a ella, y que los encontraran heridos, tendidos boca arriba en el suelo y muertos. Tal era el oficio de Ahalmez y Ahaltocob, como les llamaban. |
Había otros llamados: el de la Basura, el que Puya, cuyos oficios era vigilar a la gente pura basura tiradas atrás de las casas en los patios, se mantenían el atalayándolas para espetarlas e ir a embrocarles para que se murieran, era la autoridad de El de la basura y de El del Puyador, así les decían. |
14 |
Venían en seguida otros Señores llamados Xic y Patán, cuyo oficio era causar la muerte a los hombres en los caminos, lo que se llama muerte repentina, haciéndoles llegar la sangre a la boca hasta que morían vomitando sangre. El oficio de cada uno de estos Señores era cargar con ellos, oprimirles la garganta y el pecho para que los hombres murieran en los caminos, haciéndoles llegar [la sangre] a la garganta cuando caminaban. Éste era el oficio de Xic y Patán. |
Ahora el oficio del Gavilán y el Del Mecapal, eran la autoridad de la gente que muere en el camino, muerte natural les decían; les sale sangre de la boca y se mueren vomitando hedionda sangre; era cada oficio que tenían, golpear la tranquilidad de la gente y así morían el camino, este era el padecimiento ya sea caminando sentados, este era el oficio del Gavilán y Del Mecapal. |
15 |
Y habiéndose reunido en consejo, trataron de la manera de atormentar y castigar a Hun-Hunahpú y a Vucub-Hunahpú. Lo que deseaban los de Xibalbá eran los instrumentos de juego de Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú, sus cueros, sus anillos, sus guantes, la corona y la máscara, que eran los adornos de Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú. |
Luego trataron ponerse de acuerdo para aprender e interrogar a cada Cerbatanero, Siete Un Cerbatanero. Lo que ambicionaban los del infierno eran los juguetes de Cada Cerbatanero, Siete Un Cerbatanero: sus cueros, sus lanzas, sus guantes, sus caretas, más bien la argolla de piedra y los remedios de Cada Cerbatanero, Siete Un Cerbatanero. |
16 |
Ahora contaremos su ida a Xibalbá y cómo dejaron tras de ellos a los hijos de Hun-Hunahpú. Hunbatz y Chouén, cuya madre había muerto. |
Diremos ahora los nombres de los señores del Infierno. Dejaremos a Un Mono hijo de Cada Cerbatanero; ya había muerto la madre. |
17 |
Luego diremos cómo Hunbatz y Hunchouén fueron vencidos por Hunahpú e Ixbalanqué. |
Es otro asunto el vencimiento de Un Mono, por Un Cerbatanero, Shbalanké. |
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