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El Hallazgo

De La Pelota

Párrafo

Popol Vuh – Recinos

Pop Wuj – Chávez

1

Comenzaron entonces sus trabajos, para darse a conocer ante su abuela y ante su madre. Lo primero que harían era la milpa. Vamos a sembrar la milpa, abuela y madre nuestra, dijeron. No os aflijáis; aquí estamos nosotros, vuestros nietos, nosotros los que estamos en lugar de nuestros hermanos, dijeron Hunahpú e Ixbalanqué.

Empezó a hacer cosas buenas para demostrar su vocación ante la abuela, es decir ante la madre. Primero sembró milpa.

-Solamente cultivo milpa vos mi abuela, mi madre –dijo- no estéis triste, estoy yo, soy vuestro nieto, soy sustituto de mi hermano mayor –dijo Un Cerbatanero, Shbalanké.

2

En seguida tomaron sus hachas, sus piochas y sus azadas de palo y se fueron, llevando cada uno su cerbatana al hombro. Al salir de su casa, le encargaron a su abuela que les llevara su comida.

—A mediodía nos traeréis la comida, abuela, le dijeron.

—Está bien, nietos míos, contestó la vieja.

Tomó entonces su hacha y su macana, las llevó en la mano junto con su cerbatana al hombro cuando salió de la casa. Luego encargó a la abuela que le fuera a dejar su almuerzo.

-A medio día llevaréis mi almuerzo vos abuela –dijo-.

-Está bueno nieto –dijo la abuela-.

3

Poco después llegaron al lugar de la siembra. Y al hundir el azadón en la tierra, éste labraba la tierra, el azadón hacía el trabajo por si solo.

De la misma manera clavaban el hacha en el tronco de los árboles y en sus ramas y al punto caían y quedaban tendidos en el suelo todos los árboles y bejucos. Rápidamente caían los árboles, cortados de un solo hachazo.

Lo que había arrancado el azadón era mucho también. No se podían contar las zarzas ni las espinas que habían cortado con un solo golpe del azadón. Tampoco era posible calcular lo que habían arrancado y derribado en todos los montes grandes y pequeños.

Llegó al lugar de la milpa, hincó la macana en la tierra, y sólo ella empezó a labrar; el hacha la ensartó en la horqueta de los árboles, que si solo los árboles se talaban, se iban quebrando solos todos los árboles y bejucos.

Bien limpio estaba el corte que hizo una hacha sola. La macana hizo bastante picada, eran incontables los surcos y las zarzas que hacía solamente una macana, era incontable la picada de pequeños y grandes montes que se iban labrando.

4

Y habiendo aleccionado a un animal llamado Ixmucur, lo hicieron subir a la cima de un gran tronco y Hunahpú e Ixbalanqué le dijeron: —Observa cuando venga nuestra abuela a traernos la comida y al instante comienza a cantar y nosotros empuñaremos la azada y el hacha.

—Está bien, contestó Ixmucur.

Aleccionó entonces a un pájaro llamado torcaz, la puso sobre un gran tronco, dijo entonces Un Cerbatanero, Shbalanké:

-Sólo miras a mi abuela cuando venga a dejar mi almuerzo, entonces empiezas a cantar cuando se asome, entonces tomó la macana y el hacha.

-Bueno –dijo la torcaz-.

5

En seguida se pusieron a tirar con la cerbatana; ciertamente no hacían ningún trabajo de labranza.

Poco después cantó la paloma e inmediatamente corrió uno a coger la azada y el otro a coger el hacha. Y envolviéndose la cabeza, el uno se cubrió de tierra las manos intencionalmente y se ensució asimismo la cara como un verdadero labrador, y el otro adrede se echó astillas de madera sobre la cabeza como si efectivamente hubiera estado cortando los árboles.

Era una treta, porque en verdad no estaba cultivando milpa. De repente cantó la torcaz, entonces rápido tomó la macana y el hacha y se amarró la cabeza para arreglarse el pelo, se embarró de tierra las manos, se ensució la cara para hacer creer que estaba cultivando milpa. Sólo se estaba echando astillas de los árboles sobre la cabeza para hacer creer que era cortador de árboles,

6

Así fueron vistos por su abuela. En seguida comieron, pero realmente no habían hecho trabajo de labranza y sin merecerla les dieron su comida. Luego se fueron a su casa. —Estamos verdaderamente cansados, abuela, dijeron al llegar, estirando sin motivo las piernas y los brazos ante su abuela.

(...) así lo vio la abuela, por eso se puso a almorzar, pero no era cierto que estaba preparando la tierra para la milpa; nada más le llevaron almuerzo. Enseguida se fue a casa. -En verdad estoy cansado vos abuela –dijo cuando llegó. Sólo se sacudía el cuerpo, se estiraba los pies y los brazos ante la abuela.

7

Regresaron al día siguiente, y al llegar al campo encontraron que se habían vuelto a levantar todos los árboles y bejucos y que todas las zarzas y espinas se habían vuelto a unir y enlazar entre sí.

Al día siguiente se fue otra vez, llegó a la milpa, que si ya estaban levantados todos los árboles y bejucos, ya se habían unido a sus troncos, así mismo las zarzas y espinas cuando llegó.

8

—¿Quién nos ha hecho este engaño?, dijeron. Sin duda lo han hecho todos los animales pequeños y grandes, el león, el tigre, el venado, el conejo, el gato de monte, el coyote, el jabalí, el pisote, los pájaros chicos, los pájaros grandes; éstos fueron los que lo hicieron y en una sola noche lo ejecutaron.

-¿Quién será el que se está burlando de mí? –dijo entonces-. Los hechores habían sido los pequeños y grandes animales: tigres, leones, venados, conejos, gatos de monte, coyotes, coches de monte, pizotes; pequeños y grandes pájaros. Ellos fueron quienes hicieron esto en una sola noche.

9

En seguida comenzaron de nuevo a preparar el campo y a arreglar la tierra y los árboles cortados. Luego discurrieron acerca de lo que habían de hacer con los palos cortados y las hierbas arrancadas.

Luego empezó a sembrar la milpa, la tierra sola se trabajó, también los árboles ellos solos se cortaron; se puso a meditar entre los árboles talados, mejor dicho quebrados;

10

—Ahora velaremos nuestra milpa; tal vez podamos sorprender al que viene a hacer todo este daño, dijeron discurriendo entre si. Y a continuación regresaron a la casa.

-Tengo qué velar mi milpa, veré quién hace esto, debo darle la caída –dijo-. De una vez se fue a casa.

11

—¿Qué os parece, abuela, que se han burlado de nosotros? Nuestro campo que hablamos labrado se ha vuelto un gran pajonal y bosque espeso. Así lo hallamos cuando llegamos hace un rato, abuela, le dijeron a su abuela y a su madre. Pero volveremos allá y velaremos, porque no es justo que nos hagan tales cosas, dijeron.

Luego se vistieron y en seguida se fueron de nuevo a su campo de árboles cortados

-A saber quién se está burlando de mí, vos abuela ya era un gran pajonal, un gran bosque la milpa cuando llegué hace un rato, vos abuela. Le dijo entonces a la abuela, su madre: -Me voy, voy a velar, porque no está bueno lo que me hacen –dijo-. Después celebró ritos para Mono, en seguida caminó entre los árboles cortados.

12

(...) y allí se escondieron, recatándose en la sombra.

Reuniéronse entonces todos los animales, uno de cada especie se juntó con todos los demás animales chicos y animales grandes. Y era media noche en punto cuando llegaron hablando todos y diciendo así en sus lenguas: "¡Levantaos, árboles! ¡ Levantaos, bejucos!"

Por ahí se escondió; ahí cuando ya estaba oculto empezaron a juntarse todos los animales, solo en un lugar se echaron todos pequeños y grandes animales; cuando ya era media noche comenzaron a venir y gritando todos fueron llegando. Lo que gritaban era:

-¡Levántense árboles!, ¡Levántense bejucos!

13

Esto decían cuando llegaron y se agruparon bajo los árboles y bajo los bejucos y fueron acercándose hasta manifestarse ante sus ojos [de Hunahpú e Ixbalanqué].

(...) –decían a medida que venían-. Eran muchísimos bajo los árboles y los bejucos; cuando comenzaron a acercarse, fueron distinguiéndose,

14

Eran los primeros el león y el tigre, y quisieron cogerlos, pero no se dejaron. Luego se acercaron al venado y al conejo y sólo les pudieron coger las colas, solamente se las arrancaron. La cola del venado les quedó entre las manos y por esta razón el venado y el conejo llevan cortas las colas.

(...) los que venían adelante era el tigre y el león; quiso atraparlos, no se dejaron; luego se asomaron e venado y el conejo, logró cogerlos de la cola, pero se reventaron y le quedaron en la mano las colas; desde entonces el venado y el conejo tienen un pedazo de cola.

15

El gato de monte, el coyote, el jabalí y el pisote tampoco se entregaron. Todos los animales pasaron frente a Hunahpú e lxbalanqué, cuyos corazones ardían de cólera porque no los podían coger.

No se dejaron los gatos de monte, coyotes, coches de monte, los pizotes cuando pasaron todos los animales delante de Un Cerbatanero, Shbalanké. Se puso muy enojado porque no pudo cogerlos.

16

Pero, por último, llegó otro dando saltos al llegar, y a éste, que era el ratón, al instante lo atraparon y lo envolvieron en un paño. Y luego que lo cogieron le apretaron la cabeza y lo quisieron ahogar, y le quemaron la cola en el fuego, de donde viene que la cola del ratón no tiene pelo; y así también le quisieron pegar en los ojos los dos muchachos Hunahpú e Ixbalanqué.

En seguida vino otro llamado rata, venía saltando, lo atajó y lo envolvió en una chamarra a la rata, y así lo atrapó y lo amarró hacia atrás de la nuca; la apretó y le chamuscó la cola sobre el fuego, desde entonces la cola de la rata carece de pelo, así mismo el hijo de Un Cerbatanero, Shbalanké le saltó los ojos.

17

Y dijo el ratón: —Yo no debo morir a vuestras manos. Y vuestro oficio tampoco es el de sembrar milpa.

—¿Qué nos cuentas tú ahora?, le dijeron los muchachos al ratón.

—Soltadme un poco, que en mi pecho tengo algo que deciros y os lo diré en seguida, pero antes dadme algo de comer, dijo el ratón.

—Después te daremos tu comida, pero habla primero, le contestaron.

-No me matéis ¿Acaso no es vuestro oficio cultivar milpa?, tenéis lo que es vuestro –dijo la rata-.

-¿Dónde está lo que sólo es nuestro? dilo pues –dijo el hijo a la rata-.

-Si me soltáis, entonces tengo algo qué deciros a vos, pero antes dadme algo de comer –dijo la rata-.

-Después de daré de comer, primero tienes qué decirme qué es lo que es mío.

18

—Está bien. Sabréis, pues, que los bienes de vuestros padres Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú, así llamados, aquellos que murieron en Xibalbá, o sea los instrumentos con que jugaban. han quedado y están allí colgados en el techo de la casa: el anillo, los guantes y la pelota. Sin embargo, vuestra abuela no os los quiere enseñar porque a causa de ellos murieron, vuestros padres.

-Está bien, pues lo que era de vuestro padre quien se llamaba Cada Cerbatanero, Séptimo Un Cerbatanero y murió en el Infierno, ha dejado sus juguetes, están colgados sobre el tapanco: la lanza, los guantes y la pelota, es que vuestra abuela no os quiere mostraros, porque por los juguetes se murió vuestro padre.

19

—¿Lo sabes con certeza?, le dijeron los muchachos al ratón. Y sus corazones se alegraron grandemente cuando oyeron la noticia de la pelota de goma. Y como ya había hablado el ratón, le señalaron su comida al ratón.

-¿De veras los sabes? –dijo el hijo a la rata. Se puso muy contento cuando oyó el relato de la pelota que hizo a la rata. Luego destinó el alimento de la rata,

20

—Ésta será la comida: el maíz, las pepitas de chile, el frijol, el pataxte, el cacao: todo esto te pertenece, y si hay algo que esté guardado u olvidado, tuyo será también, ¡cómelo!, le fue dicho al ratón por Hunahpú e lxbalanqué.

—Magnifico, muchachos, dijo aquél; pero ¿qué le diré a vuestra abuela si me ve?

—No tengas pena, porque nosotros estamos aquí y sabremos lo que hay que decirle a nuestra abuela. ¡Vamos!, lleguemos pronto a esta esquina de la casa, llega pronto a donde están esas cosas colgadas; nosotros estaremos mirando al desván de la casa y atendiendo únicamente a nuestra comida, le dijeron al ratón.

(...) su comida fue el maíz, la pepita de chilacayote, chile, leguminosas, almendra, cacao: -Eso es lo tuyo, si no es suficiente, en los basureros hay algo escondido, lo roerás –dijo Un Cerbatanero, Shbalanké a la rata-.

-Está bien vos hijo, ¿qué comeré si me ve vuestra abuela? –dijo entonces-.

-No te preocupes, estoy yo; yo pienso, sé lo que voy a decir a mi abuela. Rápido te subo al costado de la casa cuando lleguemos, entonces luego te colocas donde está colgada la pelota; te miraré a través del hoyo del tapanco por medio del reflejo de mi chilmol –le dijo a la rata-.

21

Y habiéndolo dispuesto así durante la noche, después de consultarlo entre si, Hunahpú e Ixbalanqué llegaron a mediodía. Cuando llegaron llevaban consigo al ratón, pero no lo enseñaban; uno de ellos entró directamente a la casa y el otro se acerco a la esquina y de allí hizo subir al instante al ratón.

Bien la aconsejó, en una noche la aleccionó Un Cerbatanero, Shbalanké. Llegaron a medio día. No se veía la rata que llevaba cuando llegó, rápido colocó la rata a un lado de la casa.

22

En seguida pidieron su comida a su abuela. —Preparad nuestra comida, queremos un chilmol, abuela nuestra, dijeron. Y al punto les prepararon la comida y les pusieron delante un plato de caldo.

En seguida suplicó a su abuela que le hiciera su comida. -Sólo machacad lo que como, tengo armonía de chilmol vos mi abuela –dijo entonces. Al momento le prepararon su comida, una escudilla de chilmol le puso en la frente.

23

Pero esto era sólo para engañar a su abuela y su madre. Y habiendo hecho que se consumiera el agua que habla en la tinaja: —Verdaderamente nos estamos muriendo de sed; id a traernos de beber, le dijeron a su abuela. —Bueno, contestó ella y se fue.

¡Qué si preparó una treta para su abuela, es decir, para su madre!. Se secó el agua que estaba entre la tinaja.

-De verdad tengo sed, id a traed nuestra agua –le dijo a su abuela-. -Bueno –dijo-. De una vez se fue.

24

Pusiéronse entonces a comer, pero la verdad es que no tenían hambre; sólo era un engaño lo que hacían. Vieron entonces en su plato de chile cómo el ratón se dirigía rápidamente hacia la pelota que estaba colgada del techo de la casa. Al ver esto en su chilmol, despacharon a cierto Xan, el animal llamado Xan, que es como un mosquito, el cual fue al río y perforó la pared del cántaro de la abuela, y aunque ella trató de contener el agua que se salía, no pudo cerrar la picadura hecha en el cántaro.

Hizo como que se quedaba comiendo, no era cierto que tenía hambre. Nada más lo hizo. Vio entonces la rata en el reflejo del chilmol. La rata estaba reposada sobre la pelota que estaba colgada en la techumbre, así la vio por el reflejo del chilmol. Envió a la fuente a un animal zancudo que parece mosco, éste perforó la tinaja de la abuela, de pronto saltó un chorro de agua; trató de tapar el hoyo, no se cerraba el hoyo de la tinaja.

25

—¿Qué le pasa a nuestra abuela? Tenemos la boca seca por falta de agua, nos estamos muriendo de sed, le dijeron a su madre y la mandaron fuera. En seguida fue el ratón a cortar [la cuerda que sostenía] la pelota, la cual cayó del techo de la casa junto con el anillo, los guantes y los cueros. Se apoderaron de ellos los muchachos y corrieron al instante a esconderlos en el camino que conducía al juego de la pelota.

-¿Qué le habrá pasado a mi abuela?. Me desespero por agua. Me quejo de la sed –le dijo otra vez a su madre cuando la mandó.

En esto la rata royó la colgadura de la pelota, cayó a través del hoyo del tapanco juntamente con la lanza, los guantes, rodela de cuero.

Rápido los recogió y los fue a esconder el camino del patio de juego;

26

Después de esto se encaminaron al río, a reunirse con su abuela y su madre, que estaban atareadas tratando de tapar el agujero del cántaro. Y llegando cada uno con su cerbatana, dijeron cuando llegaron al río: —Qué estáis haciendo? Nos cansamos [de esperar] y nos vinimos, les dijeron.

(...) después se fue a donde la abuela hacia la fuente. Estaba la abuela, la madre, tratando de tapar el orificio de la tinaja; llegó con su cerbatana a la fuente.

-¿Qué os pasó?, me cansé de esperar, por eso me vine –dijo-.

27

—Mirad el agujero de mi cántaro que no se puede tapar, dijo la abuela. Al instante lo taparon y juntos regresaron, marchando ellos delante de su abuela.

-Mira mi tinaja, no se tapa el orificio -dijo su abuela-. Inmediatamente taparon el hoyo de la tinaja; y se vinieron ya juntos, él venía delante de la abuela.

28

Y así fue el hallazgo de la pelota.

Así se recuperó pues la pelota.

El Recado

de Xibalbá

Párrafo

Popol Vuh – Recinos

Pop Wuj – Chávez

1

Muy contentos se fueron a jugar al patio del juego de pelota; estuvieron jugando solos largo tiempo y limpiaron el patio donde jugaban sus padres.

Y oyéndolos, los Señores de Xibalbá dijeron:

—¿Quiénes son esos que vuelven a jugar sobre nuestras cabezas y que nos molestan con el tropel que hacen? ¿Acaso no murieron Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú, aquellos que se quisieron engrandecer ante nosotros? ¡Id a llamarlos al instante!

Se puso contento y se fue a jugar al patio de juegos, poco jugó solo; barrió el patio de juegos de su padre, pero lo oyeron los señores del Infierno.

-¿Quién será quien empezó a jugar sobre nosotros?, ¿No tiene vergüenza de hacer ruido?, ¿A caso no murió Un Cerbatanero, Siete Cerbataneros quien quiso engrandecerse ante nosotros?. Id a llamarlo otra vez –dijo Una Muerte, Siete Muertes.

2

Así dijeron Hun-Camé, Vucub-Camé y todos los Señores. Y enviándolos a llamar dijeron a sus mensajeros: —Id y decidles cuando lleguéis allá: ‘Que vengan, han dicho los Señores; aquí deseamos jugar a la pelota con ellos, dentro de siete días queremos jugar: así dijeron los Señores, decidles cuando lleguéis", fue la orden que dieron a los mensajeros. Y éstos vinieron entonces por el camino ancho de los muchachos que conducía directamente a su casa; por él llegaron los mensajeros directamente ante la abuela de aquellos. Comiendo estaba cuando llegaron los mensajeros de Xibalbá.

Todos los señores del Infierno mandaron a llamar. Dijeron entonces a sus mandaderos: -Decid cuando lleguéis: "Que venga dicen los señores, ojalá jugáramos aquí con él, entre una semana jugaremos, dicen los señores decís cuando lleguéis" –les dijeron a los mandaderos-. Pronto se fueron, era grande el camino hacia la casa del hijo. Llegaron a la casa, derecho entraron los mandaderos a donde su abuela; estaba comiendo cuando llegaron los mensajeros del Infierno.

3

—Que vengan, con seguridad, dicen los Señores, dijeron los mensajeros de Xibalbá. Y señalaron el día los mensajeros de Xibalbá: —Dentro de siete días los esperan, le dijeron a Ixmucané.

-De cierto, que venga dicen los señores –dijeron entonces los mensajeros del Infierno-. De una vez dejaron fijado el día los mensajeros del Infierno.

-Entre una semana regresará –dejaron dicho a Shmukané.

4

—Está bien, mensajeros, ellos llegarán, respondió la vieja. Y los mensajeros se fueron de regreso.

Entonces se llenó de angustia el corazón de la vieja. ¿A quién mandaré que vaya a llamar a mis nietos? ¿No fue de esta misma manera como vinieron los mensajeros de Xibalbá en ocasión pasada, cuando vinieron a llevarse a sus padres?, dijo su abuela, entrando sola y afligida a su casa.

-Está bien, irán a llamarlo, vosotros mensajeros –dijo la abuela-. Se fueron entonces los mensajeros de regreso. Se fastidió la abuela.

-¿A quién buscaré para llamar a mi nieto? ¿No iba a ser cierto lo del Infierno?, asó fue la venida de los mensajeros antiguamente cuando fue a morir su padre –dijo la abuela y entró en su casa sola-.

5

Y en seguida le cayó un piojo en la falda. Lo cogió y se lo puso en la palma de la mano, y el piojo se meneó y echó a andar.

—Hijo mío, ¿te gustaría que te mandara a que fueras a llamar a mis nietos al juego de pelota?, le dijo al piojo. "Han llegado mensajeros ante vuestra abuela", dirás; "que vengan dentro de siete días, que vengan, dicen los mensajeros de Xibalbá; así lo manda decir vuestra abuela", le dijo ésta al piojo.

Al punto se fue el piojo contoneándose.

Repentinamente le cayó un piojo en la coronilla, luego lo atrapó y lo puso en la palma de su mano, caminó corriendo el piojo.

-Tú nieto: ¿Quisieras ayudarme?, fueras a llamar a mi nieto quien está en el patio de juegos –le dijo al piojo-, vino citador, mensajero a donde vuestra abuela, le decís cuando llegues; entre siete días llegarás dijo el mensajero del Infierno dice vuestra abuela, dices –le dijo al piojo-. Al momento se fue corriendo.

6

Y estaba sentado en el camino un muchacho llamado Tamazul, o sea el sapo.

—¿A dónde vas?, le dijo el sapo al piojo.

—Llevo un mandado en mi vientre, voy a buscar a los muchachos, le contestó el piojo al Tamazul.

—Está bien, pero veo que no te das prisa, le dijo el sapo al piojo. ¿No quieres que te trague? Ya verás cómo corro yo, y así llegaremos rápidamente.

—Muy bien, le contestó el piojo al sapo.

En el camino estaba sentado un hijo llamado "Tamasul", era un sapo.

-¿A dónde vas? –dijo el sapo al piojo.

-Llevo un mandado en mi estómago, voy a donde Un hijo –dijo el piojo a Tamasul.

-Pero yo miro que no vas ligero –dijo el sapo al piojo-. ¿Quieres que te trague?, mira: yo soy ligero, así llegaremos pronto.

-Está bueno –dijo el piojo al sapo-.

7

En seguida se lo tragó el sapo. Y el sapo caminó mucho tiempo, pero sin apresurarse. Luego encontró a su vez una gran culebra, que se llamaba Zaquicaz.

—¿A dónde vas, joven Tamazul?, díjole al sapo Zaquicaz.

—Voy de mensajero, llevo un mandado en mi vientre, le dijo el sapo a la culebra.

—Veo que no caminas aprisa. ¿No llegaré yo más pronto?, le dijo la culebra al sapo. —¡Ven acá!, contestó.

Luego se lo tragó el sapo y se fueron lejos. El sapo se fue pero no se apuraba. Encontraron una gran culebra enroscada que se llamaba "Sakikás".

-¿A dónde vas tú hijo Tamasul? –dijo Sakikás al sapo-.

-Soy mensajero, llevo un mandado entre mi estómago –dijo el sapo a la culebra-.

-Pero yo miro que no vas ligero, si yo fuera llegaría pronto –dijo la culebra al sapo-. Yo te como –le dijo-

8

En seguida Zaquicaz se tragó al sapo. Y desde entonces fue ésta la comida de las culebras, que todavía hoy se tragan a los sapos.

(...) y rápido se tragó al sapo Sakikás. Y desde entonces el alimento de la culebra es el sapo, por eso hoy día se traga sapos.

9

Iba caminando aprisa la culebra y habiéndola encontrado el Vac que es un pájaro grande, al instante se tragó el gavilán a la culebra. Poco después llegó al juego de pelota. Desde entonces fue ésta la comida de los gavilanes, que devoran a las culebras en los campos.

Se fue pues, rápido la culebra. En seguida un águila encontró a la culebra, el águila era un gran pájaro, se tragó la culebra y luego se fue sobre la galera del patio de juegos. Desde entonces la culebra fue su alimento para siempre, por eso comen culebras en los montes.

10

Y al llegar el gavilán, se paró sobre la cornisa del juego de pelota, donde Hunahpú e Ixbalanqué se divertían jugando a la pelota. Al llegar, el gavilán se puso a gritar: ¡Vac-có! ¡Vac-có! (¡Aquí está el gavilán!), decía en su graznido. ¡Aquí está el gavilán!

Llegó pues el águila, se posó sobre la galera del patio de juegos.

Se puso muy contento Un Cerbatanero, Shbalanké. Estaba jugando cuando llegó el águila, entró el águila ¡Wak!, ¡Wak! Fue el grito del águila.

11

—¿Quién está gritando? Vengan nuestras cerbatanas!, exclamaron. Y disparándole en seguida al gavilán, le dirigieron el bodoque a la niña del ojo, y dando vueltas se vino al suelo. Corrieron a recogerlo y le preguntaron: —¿Qué vienes a hacer aquí?, le dijeron al gavilán.

—Traigo un mensaje en mi vientre. Curadme primero el ojo y después os diré, contestó el gavilán.

—Muy bien, dijeron ellos, y sacando un poco de la goma de la pelota con que jugaban, se la pusieron en el ojo al gavilán. Lotzquic le llamaron ellos y al instante quedé curada perfectamente por ellos la vista del gavilán.

-¿Qué es lo que grita?, venga mi cerbatana –dijo-.

Y luego le tiró con cerbatana al águila, derecho pegó el bodoque el bodoque en el ojo, cayó revoloteando y pronto lo atrapó. En seguida le preguntó:

-¿De dónde vienes? –le dijo al águila-.

-Traigo un mensaje en mi estómago, cúrame mi ojo primero, entonces lo digo –dijo el águila-.

-Está bien –dijo entonces-. Al momento quitó un pedazo de la envoltura de la pelota de juego, y se lo aplicó en el ojo del águila, desde entonces se llamó "Hule de Ceguera" por él; bien se lo lavó, se curó la vista del águila para siempre.

12

—Habla, pues, dijeron al gavilán. Y en seguida vomitó una gran culebra.

—Habla tú, le dijeron a la culebra.

—Bueno, dijo ésta y vomitó al sapo.

—¿Dónde está tu mandado que anunciabas?, le dijeron al sapo.

—Aquí está el mandado en mi vientre, contestó el sapo.

-Dilo pues –le dijo al águila-. Al momento vomitó una gran culebra.

-Vomita –le dijo enseguida a la culebra.

-Está bien –dijo-. Al instante vomitó al sapo.

-¿Qué es tu mandado?, -habla- le dijo al sapo.

-Tengo mi mandado en mi estómago –dijo el sapo-.

13

Y en seguida hizo esfuerzos, pero no pudo vomitar; solamente se le llenaba la boca como de baba, y no le venia el vómito. Los muchachos ya quedan pegarle.

—Eres un mentiroso, le dijeron, dándole de puntapiés en el trasero, y el hueso del anca le bajó a las piernas. Probó de nuevo, pero sólo la baba le llenaba la boca. Entonces le abrieron la boca al sapo los muchachos y una vez abierta, buscaron dentro de la boca.

Al momento se puso a vomitar, no arrojó nada; solo baba tenía ya en la boca; volvió a vomitar con fuerza, pero no arrojó nada. Entonces el hijo quiso pegarle:

-Tú eres grosero –le dijo-. Luego le golpeó el trasero con el pie, le quebró el hueso del trasero con el pie. Volvió a luchar, ya sólo saliva era su boca. De repente le rasgó la boca al sapo, le quedó rasgada la boca por el hijo. Se puso a buscar en la boca.

14

El piojo estaba pegado a los dientes del sapo; en la boca se había quedado, no lo habla tragado, sólo había hecho como que se lo tragaba. Así quedó burlado el sapo, y no se conoce la clase de comida que le dan; no puede correr y se volvió comida de culebras.

Estaba prendido el piojo entre los dientes del sapo, se había quedado prendido en la boca, no lo había tragado; en vano vomitó.

Así fue como se ganó al sapo para siempre. No se sabe qué le destinaron para comer, tampoco grita, sólo se hizo hermano menor de la culebra.

15

—¡Habla!, le dijeron al piojo, y entonces dijo el mandado: —Ha dicho vuestra abuela, muchachos:

"Anda a llamarlos; han venido mensajeros de Hun-Camé y Vucub-Camé para que vayan a Xibalbá, diciendo: "Que vengan acá dentro de siete días para jugar a la pelota con nosotros, que traigan también sus instrumentos de juego, la pelota, los anillos, los guantes, los cueros, para que se diviertan aquí", dicen los Señores. "De veras han venido", dice vuestra abuela. Por eso he venido yo. Porque de verdad dice esto vuestra abuela y llora y se lamenta vuestra abuela, por eso he venido.

-Habla- le dijo en seguida al piojo. Al momento dijo el mandado:

-Tú hijo, dijo vuestra abuela: vete a llamarlo, vino citador de él, vino del Infierno, era mensajero de Una Muerte, Siete Muertes; que venga entre siete días, aquí competiremos decididamente; vengan sus juguetes: la pelota, la lanza, guantes, rodela; y entonces aquí escarmentará dicen los señores, vino citación de ellos dijo vuestra abuela; por eso luego me vine, es cierto dijo vuestra abuela llorando, llamaba vuestra abuela cuando me vine.

16

—¿Será cierto?, dijeron los muchachos para sus adentros, cuando oyeron esto. Y yéndose al instante llegaron al lado de su abuela; sólo fueron a despedirse de su abuela.

—Nos vamos, abuela, solamente venimos a despedimos. Pero ahí queda la señal que dejamos de nuestra suerte: cada uno de nosotros sembraremos una caña, en medio de nuestra casa la sembraremos: si se secan, esa será la señal de nuestra muerte. ¡Muertos son!, diréis, si llegan a secarse. Pero si retoñan: ¡Están vivos!, diréis, ¡oh abuela nuestra! Y vos, madre, no lloréis, que ahí os dejamos la señal de nuestra suerte, dijeron.

Y antes de irse, sembró una [caña] Hunahpú y otra Ixbalanqué; las sembraron en la casa y no en el campo, ni tampoco en tierra húmeda, sino en tierra seca; en medio de su casa las dejaron sembradas.

-¿Cómo no ha de ser cierto? –se dijo entre sí el hijo (Shbalanké) –cuando oyó el aviso. Pronto se vino y llegó a donde su abuela para aconsejarla.

-Tengo que irme abuela, sólo he venido para aconsejaros, esta es la señal de mi destino que voy a dejar; sembraré una caña veral en medio de nuestra vivienda, ahí la siembro es signo de mi muerte. Si se seca, ¡Ya se murió! Diréis cuando se marchite; pero si retoña, ¡Entonces está vivo! diréis vos abuela, es decir vos madre, pero no lloraréis, por eso he dejado con vos señal de mi noticia –dijo cuando se fue-.

La sembró Un Cerbatanero, Shbalanké en el patio, no en el monte ni en terreno húmedo sino en tierra seca, en medio del solar la dejó sembrada.

Los del Infierno

Confiesan Sus Nombres

Párrafo

Popol Vuh – Recinos

Pop Wuj – Chávez

1

Marcharon entonces, llevando cada uno su cerbatana, y fueron bajando en dirección a Xibalbá. Bajaron rápidamente los escalones y pasaron entre vados ríos y barrancas. Pasaron entre unos pájaros y estos pájaros llamábanse Molay.

Se fue pues, llevaba la cerbatana y bajó al infierno, bajó sobre el mero muro; pasó por un barranco que parecía casa, pasó entre unos pájaros llamados Pijijes.

2

Pasaron también por un río de podre y por un río de sangre, donde debían ser destruidos según pensaban los de Xibalbá; pero no los tocaron con sus pies, sino que los atravesaron sobre sus cerbatanas.

Pasó enseguida por un río de pus, un río de sangre; era para vencerlo, pensaban los del infierno, pero no lo valdeó, sino pasó sobre su cerbatana a manera de puente.

3

Salieron de allí y llegaron a una encrucijada de cuatro caminos. Ellos sabían muy bien cuáles eran los caminos de Xibalbá: el camino negro, el Camino blanco, el camino rojo y el camino verde. Así, pues, despacharon a un animal llamado Xan. Éste debía ir a recoger las noticias que lo enviaban a buscar.

Salió a la otra orilla y llegó a una cruz de camino; él sabía los caminos del Infierno: eran camino negro, camino blanco, camino rojo y camino verde. Aquí fue donde envió un animal llamado zancudo, lo envió para observar y le dijo:

4

—Pícalos uno por uno; primero pica al que está sentado en primer término y acaba picándolos a todos, pues ésa es la parte que te corresponde, chupar la sangre de los hombres en los caminos, le dijeron al mosquito.

-A cada uno picas; primero picas al que está sentado primero; los atormentas a picaduras a todos; tu destina será pues, siempre chuparás la sangre de la gente en los caminos –le dijo el zancudo-.

5

—Muy bien, contestó el mosquito. Y en seguida se internó por el camino negro y se fue directamente hacia los muñecos de palo que estaban sentados primero y cubiertos de adornos. Picó al primero, pero éste no habló: luego picó al otro, picó al segundo que estaba sentado, pero éste tampoco habló.

-Está bien- dijo el zancudo-. Luego se fue por el camino negro, derecho fue a dar sobre el manikí de madera labrada, era el primero de los que estaban sentados; estaban quietos. Fue el primero que picó, no se quejó; volvió a picar, picó al segundo sentado, tampoco habló.

6

Picó después al tercero; el tercero de los que estaban sentados era Hun-Camé. — ¡Ay!, dijo cuando lo picaron.

Picó al tercero, hasta el tercer sentado estaba Una Muerte.

-¡Ay! –dijo entonces Una Muerte cuando lo picó-.

7

—¿Qué es eso, Hun-Carné? ¿Qué es lo que os ha picado? ¿No sabéis quién os ha picado?, dijo el cuarto de los Señores que estaban sentados.

—¿Qué hay, Vucub-Camé? ¿Qué os ha picado?, dijo el quinto sentado.

—¡Ay! ¡Ay!, dijo entonces Xiquiripat. Y Vucub-Camé le preguntó: —¿Qué os ha picado? Y dijo cuando lo picaron, el sexto que estaba sentado: -¡Ay!

-¿Qué es Una Muerte?. ¿Qué te picó?.

-¿Qué será lo que me picó? –dijo el cuarto de los sentados.

-¡Ay!, ¡Ay! –dijo-.

-¿Qué es Shikiripat? –dijo siete muertes-.

-A saber qué fue lo que me picó. Picó al sexto sentado: -¡Ay!.

8

—¿Qué es eso, Cuchumaquic?, le dijo Xiquiripat. ¿Qué es lo que os ha picado? Y dijo el séptimo sentado cuando lo picaron: —¡Ay!

—¿Qué hay, Ahalpuh?, le dijo Cuchumaquic. ¿Qué os ha picado? Y dijo, cuando lo picaron, el octavo de los sentados: —¡Ay!

—¿Qué es eso, Chamiabac?, le dijo Ahalcaná. ¿Qué ha picado? Y dijo, cuando lo picaron, el noveno de los sentados: —¡Ay!

-¿Qué es Kuchumakik? –le dijo Shikiripat-.

-A saber qué me picó –dijo luego-. En seguida picó al séptimo sentado:

-¡Ay! –dijo al momento-.

-¿Qué es Señor del Pus? –le dijo Kuchumakik-.

-A saber qué me picó –dijo-. En seguida picó al octavo sentado:

-¡Ay! –dijo luego-.

-¿Qué te picó Señor Aguadija? –dijo el Señor del Pus-.

-A saber qué me picó –dijo-. Picó al noveno sentado: -¡Ay! –dijo-.

9

—¿Qué es eso, Chamiabac?, le dijo Ahalcaná. ¿Qué os ha picado? Y dijo, cuando lo picaron, el décimo de los sentados: —¡Ay!

—¿Qué pasa, Chamiaholom?, dijo Chamiabac. ¿Qué os ha picado? Y dijo el undécimo sentado cuando lo picaron: —¡Ay!

—¿Qué sucede?, le dijo Chamiaholom. ¿Qué os ha picado? Y dijo el duodécimo de los sentados cuando lo picaron: -¡Ay!

—¿Qué es eso, Patán?, le dijeron. ¿Qué os ha picado? Y dijo el decimotercero de los sentados cuando lo picaron: —¡Ay!

-¿Qué es Bastón de Hueso? –le dijo el Señor Aguadija.

-A saber qué lo que me picó-. Picó al décimo sentado: -¡Ay!.

-¿Qué es Bastón de Calavera? –dijo Bastón de Hueso-.

-A saber qué me picó. Picó al undécimo sentado:

-¡Ay! –dijo luego-.

-¿Qué es? –le dijo Bastón de Calavera-.

-A saber qué me picó –dijo-. A continuación picó al duodécimo sentado: -¡Ay! –dijo-.

-¿Qué es Mekapal? –le dijo-.

-A saber qué me picó –dijo-. Picó al décimo tercero sentado: -¡Ay!.

10

—¿Qué pasa, Quicxic?, le dijo Patán. ¿Qué os ha picado? Y dijo el decimocuarto de los sentados cuando a su vez lo picaron: —¡Ay!

—¿Qué os ha picado, Quicrixcac?, le dijo Quicré.

-¿Qué es Sangre de Gavilán? –le dijo el Mekapal-.

-A saber qué me picó –dijo-. Picó al décimo cuarto sentado: -¡Ay!.

-¿Qué te picó Sangre de Fuego? –le dijo su propia sangre.

11

Así fue la declaración de sus nombres, que fueron diciéndose todos los unos a los otros; así se dieron a conocer al declarar sus nombres, llamándose uno a uno cada jefe. Y de esta manera dijo su nombre cada uno de los que estaban sentados en su rincón. Ni un solo de los nombres se perdió.

Así fue como revelaron ellos mismos sus nombres, todos dieron a conocer sus nombres, cabeza por cabeza fueron diciendo sus nombres; el que decía el nombre, era el que estaba sentado a su lado, de ninguno se le escapó su nombre

12

Todos acabaron de decir su nombre cuando los picó un pelo de la pierna de Hunahpú que éste se arrancó. En realidad, no era un mosquito el que los picó y fue a oír los nombres de todos de parte de Hunahpú e Ixbalanqué.

(...) cuando terminaron de decir los nombres de todos. Fueron picados por el pelo de Un Cerbatanero, Shbalanké, que se arrancó de las espinillas y lo envió; no fue pues verdadero zancudo el que fue a picar y fue a oír los nombres de todos por Un Cerbatanero Shbalanké.

13

Continuaron su camino [los muchachos] y llegaron a donde estaban los de Xibalbá.

—Saludad al Señor, al que está sentado, les dijo uno para engañarlos.

—Ése no es Señor, no es más que un muñeco de palo, dijeron, y siguieron adelante.

Luego se fue Un Cerbatanero Shbalanké y llegó donde estaban los del Infierno.

-Saludad al Señor –dijo uno de los sentados, quien lo obligó-.

-Ese no es Señor, es un Manikí labrado –dijo luego cuando llegó-.

14

En seguida comenzaron a saludar:

—¡Salud, Hun-Camé! ¡Salud, Vucub-Camé! ¡Salud, Xiquiripat! Salud, Cuchumaquic ¡Salud, Ahalpuh! ¡Salud, Ahalcaná! ¡Salud, Chamiabac! ¡Salud, Chamiaholom! ¡Salud, Quicxic! ¡Salud, Patán! ¡Salud Quicré! ¡ Salud, Quicrixcac!, dijeron llegando ante ellos. Y enseñando todos la cara les dijeron sus nombres a todos, sin que se les escapara el nombre de uno solo.

Pero lo que éstos deseaban era que no descubrieran sus nombres.

Y cuando los distinguió dijo: -¡Buenos días Una Muerte!, ¡Buenos días Siete Muertes!, ¡Buenos días Shikiripat!, ¡Buenos días Sangre Carcomida!, ¡Buenos días Señor del Pus!, ¡Buenos días Señor Aguadija!, ¡Buenos días Vara de Hueso!, ¡Buenos días Vara de Calavera!, ¡Buenos días Señor Gavilán!, ¡Buenos días Señor Mekapal!, ¡Buenos días Sangre de él!, ¡Buenos días Sangre de Fiebre!. Así saludó cuando llegó. A todos terminó de reconocerlos, les dijo sus nombres a todos, no se le escapó ni un nombre.

Hubieran querido los del Infierno que a ninguno los conociera.

15

—Sentaos aquí, les dijeron, esperando que se sentaran en el asiento [que les indicaban].

-Sentaos –le dijeron-, deseaban que se sentara. Pero no quiso.

16

—Éste no es asiento para nosotros, es sólo una piedra ardiente, dijeron Hunahpú e Ixbalanqué, y no pudieron vencerlos.

-Ese no es mi asiento, eso es piedra candente –dijo Un Cerbatanero, Shbalanké-. No pudieron engañarlo.

17

—Está bien, id a aquella casa, les dijeron. Y a continuación entraron en la Casa Oscura. Y allí tampoco fueron vencidos.

-Está bien, pero tenéis que ir a una casa –le dijeron-. Entonces entró en una casa obscura, tampoco lo engañaron aquí.

Xibalbá

es Burlado Una y Otra Vez

Párrafo

Popol Vuh – Recinos

Pop Wuj – Chávez

1

Ésta era la primera prueba de Xibalbá. Al entrar allí [los muchachos], pensaban los de Xibalbá que sería el principio de su derrota. Entraron desde luego en la Casa Oscura; en seguida fueron a llevarles sus rajas de pino encendidas y los mensajeros de Hun-Camé le llevaron también a cada uno su cigarro.

Ésta era la primera mortificación del Infierno; decidido entró y creyeron los del Infierno que había principiado la derrota de él. Primero pues, entró a la casa obscura, le fueron a dejar su ocote, llegó relumbrante, además un puro que le llevó el mensajero de Una Muerte.

2

—Éstas son sus rajas de pino, dijo el Señor; que devuelvan este ocote mañana al amanecer junto con los cigarros, y que los traigan enteros, dice el Señor. Así hablaron los mensajeros cuando llegaron.

-Este ocote, dice el Señor, lo tenéis que devolver al amanecer, así como el puro; los tenéis que presentar, dice el Señor, -dijo el mandadero cuando llegó-.

3

—Muy bien contestaron ellos. Pero, en realidad, no [encendieron] la raja de ocote, sino que pusieron una cosa roja en su lugar, o sea unas plumas de la cola de la guacamaya, que a los veladores les pareció que era ocote encendido. Y en cuanto a los cigarros, les pusieron luciérnagas en la punta a los cigarros.

Toda la noche los dieron por vencidos.

-Está bien –dijo-. Pero no encendió el ocote sino un aparente fuego. Puso por sustituto plumas de la cola de guacamaya y a los vigilantes les pareció verdadero ocote; para disimular el puro encendido adaptó una gran luciérnaga en el extremo del puro, en la noche parecían que estaban encendidos.

4

—Perdidos son, decían los guardianes. Pero el ocote no se había acabado y tenía la misma apariencia, y los cigarros no los habían encendido y tenían el mismo aspecto.

Fueron a dar parte a los Señores.

—¿Cómo ha sido esto? ¿De dónde han venido? ¿Quién los engendró? ¿Quién los dio a luz? En verdad hacen arder de ira nuestros corazones, porque no está bien lo que nos hacen. Sus caras son extrañas y extraña su manera de conducirse, decían ellos entre si.

-¡Ya lo ganamos! –dijeron los veladores-. De manera que no se consumió el ocote, solo fue simulado, el puro tampoco lo fumó, también fue simulado; fueron a mostrarlos ante los señores.

-¿Quién es él?, ¿De dónde viene?, ¿Quiénes lo engendraron?. En verdad nos está irritando porque no es bueno lo que nos está haciendo, es extraño, es rara su existencia –se dieron entre ellos-;

5

Luego los mandaron a llamar todos los Señores.

-¡Ea! ¡Vamos a jugar a la pelota, muchachos!, les dijeron; Al mismo tiempo fueron interrogados por Hun-Camé y Vucub-Camé.

—¿De dónde venís? ¡Contadnos, muchachos!, les dijeron los de Xibalbá.

-¡Quién sabe de dónde venimos! Nosotros lo ignoramos, dijeron únicamente, y no hablaron más.

(...) que vayan a llamar a todos los señores.

-Vamos a competir vos hijo.

Una Muerte, Siete Muertes lo puso en confesión: ¿De dónde venís?, decidlo vos –le dijo el infierno-.

-A saber de dónde vengo, no lo sé –sólo eso dijo- no descubrió su origen.

6

—Está bien. Vamos a jugar a la pelota, muchachos, les dijeron los de Xibalbá.

—Bueno, contestaron.

—Usaremos esta nuestra pelota, dijeron los de Xibalbá.

—De ninguna manera usaréis esa, sino la nuestra, contestaron los muchachos.

—Ésa no, sino la nuestra será la que usaremos, dijeron los de Xibalbá.

—Está bien, dijeron los muchachos.

—Vaya por un gusano chil, dijeron los de Xibalbá.

—Eso no, sino que hablará la cabeza del león, dijeron los muchachos.

—Eso no, dijeron los de Xibalbá.

—Está bien, dijo Hunahpú.

-Está bien, vamos a competir vos hijo –lo retaron los del infierno-.

-¡Bueno! –dijo-.

-Pero emplearemos nuestra pelota –dijeron los del Infierno-.

-¿Entonces no vamos a emplear la mía? –dijo el hijo-.

-De ninguna manera, es la nuestra la que emplearemos –dijeron los del Infierno-.

-Está bien –dijo el hijo-.

-Iremos solo en un momento –dijeron los del Infierno-.

-Traed pues lo que es cabeza de tigre –dijo el hijo-.

-De ninguna manera –dijeron los del Infierno-.

-Está bien –dijo Un Cerbatanero, Shbalanké-.

7

Entonces los de Xibalbá arrojaron la pelota, la lanzaron directamente al anillo de Hunahpú. En seguida, mientras los de Xibalbá echaban mano del cuchillo de pedernal, la pelota rebotó y se fue saltando por todo el suelo del juego de pelota.

En eso tiró Infierno y derecho fue a dar al bastón de Un Cerbatanero, Shbalanké. Se sorprendieron los del Infierno cuando vieron que salió dentro de la pelota un cuarzo blanco, y se fue brincando sobre el patio de juego.

8

—¿Qué es esto?, exclamaron Hunahpú e Ixbalanqué. ¿Nos queréis dar la muerte? ¿Acaso no nos mandasteis llamar? ¿Y no vinieron vuestros propios mensajeros? En verdad, ¡desgraciados de nosotros! Nos marcharemos al punto, les dijeron los muchachos.

Eso era precisamente lo que querían que les pasara a los muchachos, que murieran inmediatamente y allí mismo en el juego de pelota y que así fueran vencidos. Poro no fue así, y fueron los de Xibalbá los que salieron vencidos por los muchachos.

-¿Qué es eso? –dijo Un Cerbatanero, Shbalanké- vosotros queréis matarme. ¿Acaso no mandasteis a llamarme?, de veras, lástima de mí. Yo me iré –les dijo el hijo-. Pero no le aceptaron al hijo; deseosos estaban que muriera en la lucha. No lo vencieron, no resultó así, al contrario, el hijo venció a los del Infierno.

9

—No os marchéis, muchachos, sigamos jugando a la pelota, pero usaremos la vuestra, les dijeron a los muchachos.

—Está bien, contestaron, y entonces metieron la pelota [en el anillo de Xibalbá], con lo cual terminó la partida.

-No os vayáis hijo, todavía tenemos que luchar y emplearemos vuestra pelota –le dijeron al hijo.

-Está bien –dijo luego-. Tomaron la pelota de él y así aceptó luchar. En seguida se pusieron a cortar los premios.

10

Y lastimados por sus derrotas dijeron en seguida los de Xibalbá:

—¿Cómo haremos para vencerlos? Y dirigiéndose a los muchachos les dijeron: —Id a juntar y a traernos temprano cuatro jícaras de flores. Así dijeron los de Xibalbá a los muchachos.

—Muy bien. ¿Y qué clase de flores?, les preguntaron los muchachos a los de Xibalbá.

—Un ramo de chipilín colorado, un ramo de chipilín blanco, un ramo de chipilín amarillo y un ramo de Carinimac, dijeron los de Xibalbá.

—Está bien, dijeron los muchachos.

Así terminó la plática; igualmente fuertes y enérgicas eran las palabras de los muchachos. Y sus corazones estaban tranquilos cuando se entregaron los muchachos para que los vencieran.

-¿Qué tenemos qué ganar? –le dijeron los del Infierno-.

-¡Es verdad pues! –dijo el hijo-.

-Tenemos que ganar cuatro recipientes de flores –dijeron los del Infierno-.

-Está bien, pero ¿Qué clase de flores? –dijo el hijo a los del Infierno-.

-Un manojo de muchij rojas, un manojo de muchij blancas, un manojo de muchij amarillas y un manojo de las grades –dijeron los del Infierno-.

-Está bien –dijo el hijo-. Luego empezó la lucha, eran iguales las fuerzas, pero sobre pasó la del hijo; por su nobleza intencionalmente se dejó vencer.

11

Los de Xibalbá estaban felices pensando que ya los hablan vencido.

—Esto nos ha salido bien. Primero tienen que cortarlas, dijeron los de Xibalbá. —¿A dónde irán a traer las flores?, decían en sus adentros.

—Con seguridad nos daréis mañana temprano nuestras flores; id, pues, a cortarlas, les dijeron a Hunahpú e Ixbalanqué los de Xibalbá.

—Está bien, contestaron. De madrugada jugaremos de nuevo a la pelota, dijeron y se despidieron.

Se pusieron contentos los del Infierno cuando lo ganaron.

-¿No estuvo bien lo que hicimos?. Primero no pudimos vencerlo –dijeron los del Infierno. -¿Dónde irá a traer las flores? –se dijeron entre sí.

-De cierto, muy temprano traeréis nuestras flores que ganamos –dijeron los del Infierno al hijo Un Cerbatanero, Shbalanké.

-Está bien, pero temprano tendremos que volver a luchar –dijo entonces-. De una vez se pusieron de acuerdo.

12

Y en seguida entraron los muchachos en la Casa de las Navajas, el segundo lugar de tormento de Xibalbá. Y lo que deseaban los Señores era que fuesen despedazados por las navajas, y fueran muertos rápidamente; así lo deseaban sus corazones.

Pero no murieron. Les hablaron en seguida a las navajas y les advirtieron:

—Vuestras serán las carnes de todos los animales, les dijeron a los cuchillos. Y no se movieron más, sino que estuvieron quietas todas las navajas.

Así pasaron la noche en la Casa de las Navajas,

Después entró el hijo en una casa de obsidianas, segunda prueba de los del Infierno; lo que querían era que fuera herido por los chayes (obsidianas), y luego se muriera, pensaron ellos, pero no se murió por las obsidianas. Les dijo a las obsidianas, de una vez les destinó:

-Lo que es de vosotros es carne de todos los animales –les dijo a las obsidianas-. Ya nunca se movieron; cayeron en una privación todas las obsidianas, eran las que estaban en la casa de las obsidianas esa noche.

13

(...)y llamando a todas las hormigas, les dijeron:

—Hormigas cortadoras, zompopos, ¡venid e inmediatamente id todas a traemos todas las clases de flores que hay que cortar para los Señores!

—Muy bien, dijeron ellas, y se fueron todas las hormigas a traer las flores de los jardines de Hun-Camé y Vucub-Camé.

Luego llamó a todas las hormigas:

-¡Hormigas arrieras, hormigas comejenes!, venid, os necesito a todas, me iréis a cortar todas las flores que han ganado los señores.

-Está bien –contestaron entonces-. Se fueron todas las hormigas acarreadoras de flores cultivadas por Una Muerte, Siete Muertes.

14

Previamente les habían advertido [los Señores] a los guardianes de las flores de Xibalbá: —Tened cuidado con nuestras flores, no os las dejéis robar por los muchachos que las irán a cortar. Aunque, ¿cómo podrían ser vistas y cortadas por ellos? De ninguna manera. Velad, pues, toda la noche!

—Está bien, contestaron. Pero nada sintieron los guardianes del jardín. Inútilmente lanzaban sus gritos subidos en las ramas de los árboles del jardín. Allí estuvieron toda la noche, repitiendo sus mismos gritos y cantos.

—¡Ixpurpuvec! ¡Ixpurpuvec!, decía el uno en su grito.

—¡Puhuyú! ¡Puhuyú!, decía en su grito el llamado Puhuyú.

Pero antes habían aleccionado a los guardianes de las flores del Infierno:

-Cuidad nuestras flores, no permitáis que las roben, porque hemos ganado al hijo, ¡a saber dónde irá a traer las flores que le hemos ganado!. Ni un momento os durmáis durante toda la noche.

-Está bien –contestaron-; pero no sintieron los cuidadores del cultivo. Sólo cantaban nada más sobre las ramas de los árboles cultivados, iban a posarse ahí; uno cantó el canto del cuerpo ruin: ¡Cuerpo Ruin!. Luego cantó el pijuy: ¡Pijuy!, ¡pijuy! Contestó el que se llama pijuy;

15

Dos eran los guardianes del jardín de Hun-Camé y Vucub-Camé. Pero no sentían a las hormigas que les robaban lo que estaban cuidando, dando vueltas y moviéndose cortando las flores, subiendo sobre los árboles a cortar las flores y recogiéndolas del suelo al pie de los árboles.

Entre tanto los guardias seguían dando gritos, y no sentían los dientes que les cortaban las colas y las alas.

(...) eran dos que estaban posados en el cultivo, cultivo de Una Muerte, Siete Muertes. No sentían a las hormigas, ladronas de lo que estaban cuidando; se amontonaban las hormigas, trajinaban afanosamente las acarreadoras de flores; las que iban a cortarlas sobre los árboles, eran las que pepenaban a la vez debajo de los árboles. Nada más cantaban los cuidadores, no sentían que les estaban royendo también sus colas y las plumas.

16

Y así acarreaban entre los dientes las flores que bajaban, y recogiéndolas se marchaban llevándolas con los dientes.

Pronto llenaron las cuatro jícaras de flores, y estaban húmedas [de rocío] cuando amaneció. En seguida llegaron los mensajeros para recogerlas. —Que vengan, ha dicho el Señor, y que traigan acá al instante lo que han cortado, les dijeron a los muchachos.

—Muy bien, contestaron. Y llevando las flores en las cuatro jícaras, se fueron, y cuando llegaron a presencia del Señor y los demás Señores, daba gusto ver las flores que traían. Y de esta manera fueron vencidos los de Xibalbá.

Sólo a las hormigas habían enviado los muchachos [a cortar las flores], y en una noche las hormigas las cogieron y las pusieron en las jícaras.

Cuando aumentaban las flores se caían, las pepenaban y volvían a cortar, de allí que se llenaron cuatro recipientes y las pararon cuando amaneció. Llegó el mensajero citador y le dijo al hijo:

-Que venga, dice el Señor, que traiga lo que hemos ganado –le dijeron al hijo-.

-Está bien, -contestó- y se fue llevando levantados los cuatro recipientes de flores. Llegó ante el Señor, ante los Señores llevando las flores muy frescas. Así fueron vencidos los del Infierno. Sólo hormigas ocupó el hijo y solo en una noche cortaron las flores y las colocaron en los recipientes,

17

Al punto palidecieron todos los de Xibalbá y se les pusieron lívidas las caras a causa de las flores. Luego mandaron llamar a los guardianes de las flores. —¿Por qué os habéis dejado robar nuestras flores? Éstas que aquí vemos son nuestras flores, les dijeron a los guardianes.

—No sentimos nada, Señor. Nuestras colas también han sufrido, contestaron. Y luego les rasgaron la boca en castigo de haberse dejado robar lo que estaba bajo su custodia.

(...) fue así como escarmentó a todos los del Infierno, palidecieron al ver las flores.

Pronto mandaron a llamar a los guardianes.

-¿Por qué se dejaron robar nuestras flores?. Vemos que esas son nuestras flores –les dijeron a los guardianes-.

-No lo sentimos tú Señor. Aunque no sentimos que nos masticaron nuestras colas –dijeron-. Al momento les rasgaron el pico como castigo porque se dejaron robar lo que estaban cuidando.

18

Así fueron vencidos Hun-Camé y Vucub-Camé por Hunahpú e Ixbalanqué. Y éste fue el principio de sus obras.

Así fue como venció Un Cerbatanero Shbalanké a Una Muerte, Siete Muertes, esto fue muy antiquísimo;

19

Desde entonces trae partida la boca el mochuelo, y así hendida la tiene hoy.

(...)también desde entonces tienen tendido el pico los cuerporuines como hoy.

20

En seguida bajaron a jugar a la pelota y jugaron también tantos iguales.

Inmediatamente se pusieron a luchar, pero luchaban iguales;

21

Luego acabaron de jugar y quedaron convenidos para la madrugada siguiente. Así dijeron los de Xibalbá.

—Está bien, dijeron los muchachos al terminar.

(...) al fin terminó la lucha. Luego se pusieron de acuerdo.

-Entonces hasta mañana otra vez –dijo el del Infierno-.

-Muy bien –dijo el hijo cuando concluyeron-.

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