"EL BIEN ES EL MAL DESTRUIDO
Y EL MAL ES EL BIEN QUE DESAPARECE;
QUE NO HAY MAL SIN BIEN, NI BIEN SIN MAL,
LA VIRTUD NACE DE LA MUERTE DEL VICIO
Y ESTE DE LA MUERTE DE LA VIRTUD,
EL MAL ES RELATIVAMENTE BIEN
Y EL BIEN ES RELATIVAMENTE MAL,
Y AMBAS NOCIONES COINCIDEN
EN EL FONDO DE LA ARMONÍA UNIVERSAL".
HERACLITO
La literatura es un arte, y como arte justifica muchas posibilidades; los mundos imaginarios son atractivos a partir del gran horizonte de sueños que estos nos presentan. Las estrategias narrativas son variadas, dependen en su gran mayoría del género que se quiera expresar y especialmente del narrador, hombre o mujer, que quiere exponer sus palabras ante un posible lector que en su oficio intimo de leer se hará cómplice de unos personajes que habitan el mundo de la ficción literaria.
Las posibilidades narrativas son ilimitadas al momento de concebir una obra literaria, esta enfrentará gran cantidad de críticas y comparaciones, pero esto se debe tomar como solo un proceso de aclimatación que requiere ser estudiado tenido en cuenta y en ningún momento vilipendiado por algún sector de la crítica como un desacierto.
Los tiempos cambian y las variantes en el ámbito social exigen nuevas propuestas narrativas, no se puede desconocer la dinámica que se plantea en los nuevos tiempos, estamos experimentando un nuevo siglo, un siglo tecnológico el cual focaliza nuevos lenguajes y nuevas perspectivas entorno al hombre de ciudad.
Latinoamérica y más particularmente Colombia participa de nuevas propuestas literarias de temáticas diversas, entre ellas la novela policiaca o de crimen por resolver, que ha sido mundialmente famosa y ha recibido la acogida de gran cantidad de público.
Al aproximarnos al tema de la literatura de género policiaco - detectivesco, indiscutiblemente nos remitimos a la narrativa que evoca espacios oscuros y lugares donde se ha cometido un crimen o asesinato premeditado.
En definitiva se ha transgredido una norma de convivencia, en una sociedad determinada, por lo tanto la oscuridad que reina y que oculta los propósitos validos para el ejecutante y no tan validos para la persona que desea esclarecer el caso - el investigador -, se hacen participes de la dinámica de la vida misma, la cual exalta el movimiento de las cosas para llegar a razones definitivas o con la posibilidad de encontrar un final que sea corroborado por la lógica.
Todo se justifica desde, la óptica de la causa y el efecto que remueven situaciones y plantea el problema universal que siempre ha aquejado al hombre a través de su historia, es la lucha constante entre el bien y el mal, en este caso con un enigma que resolver y una pista que seguir para descubrir el transgresor y su verdadero vinculo con la maldad. Asi mismo los motivos reales que lo llevaron a cometer los hechos por los que será juzgado.
La literatura desde la antigüedad ha querido vincular al hombre en una serie de situaciones que le generan incógnita, llevándolo por lo tanto a un conflicto interno que indica en él que debe realizar una acción de búsqueda para liberarse de la situación problema.
En la literatura policiaca o de crimen por resolver, vemos como la variante que implica el hacer algo para descubrir la posible fuente que causa la alteración en las actividades rutinarias y pacificas de una sociedad, vinculan necesariamente a una calidad de personajes muy particulares, que el escritor en un desborde de imaginación dota de una sagacidad y de una astucia que los orienta a envolver de nuevo la madeja para garantizar en el posible lector y en la intimidad entre éste y los personajes, que no ha quedado ninguna pista al azar y todo se ha logrado visualizar mediante una lógica sorprendente.
El género de novela policíaca que compete un interés de primer orden en la realización de esta aproximación conceptual, somete una exploración directa de nuestra sociedad y de la crisis de valores que esta genera en los individuos que la habitan. El crimen se convierte de esta forma en un efecto producido por una causa, que aunque pretendamos desconocer habita día a día en la rutina diaria de nuestras ciudades.
Es un tipo de novela que explora la gran ciudad (la urbe contemporánea) con todo su planteamiento social incluido, además confluye en un sitio determinado donde se establece un encuentro con los espacios abiertos y cerrados, con los ambientes propios donde se genera el intercambio de experiencias (la escuela de la calle), el ambiente se presenta en ocasiones propicio dada la confusión que se genera por gran cantidad de personas y caos constante, el victimario en ocasiones se mimetiza en la noche donde la oscuridad se presenta como cómplice condicional de una situación (el crimen), que en el día y dependiendo el objetivo sería más difícil cometer, todo esto sustentado en una treta o plan preconcebido.
Así la novela policíaca debe su concepción al mismo inconformismo del hombre, en rebeldía con una sociedad que dicta normas y leyes, que persiguen unificar condicionalmente, a consta de una aceptación social su pensamiento y la razón de conseguir lo que se quiere por los métodos más apropiados, aunque en ocasiones estos no sean lo mejores, ni los aprendidos en sus primeros años de infancia.
Para lograr un acercamiento conceptual a la literatura de género policíaco en Colombia en particular a la novela; " tres exóticas aventuras de Ray López - detective privado - ", del escritor colombiano Juan Carlos Rubiano Vargas; se considera importante lograr la aplicación y posterior análisis relacionado con la teoría de la recepción, que en literatura permite rastrear la relación autor- hechos narrados y lector, como también las razones que nos mueven a comprometernos con el texto escrito, inmiscuirnos en sus propósitos comunicativos y enriquecer nuestra información pragmática en cada lectura.
En esta propuesta narrativa se analizaran aspectos relevantes que comprometen situaciones de vida que se acercan a una realidad social del país, ubicada por el escritor en Bogotá, permitiendo una vinculación de juegos con el lenguaje y un buen estilo narrativo, intrincado con el humor y la fantasía, logrando pérmearlos y transformarlos en una nueva estética que vincula a nuestra literatura con visos evidentes de postmodernidad.
CRÓNICA DE OTRA CRÓNICA
Por Gabriel García Márquez

Los lectores de novelas policíacas - que somos muchos en el mundo- sabemos que el placer del enigma no es saber quién es el asesino, sino navegar por el archipiélago de las pistas y los despistes hasta descubrirlo en el momento justo en que lo previó el autor. La explicación no es tan tonta como parece y tiene mucho qué ver con la ética de la lectura. Saltar páginas para descifrar el final antes de tiempo es una debilidad moral que la propia conciencia se apresura a castigar. El cine policíaco parece estar un paso adelante: el espectador prefiere que lo hagan cómplice desde el principio y no que lo sorprendan en el minuto final con la revelación del misterio. Es decir: más que encontrar al muerto y a quien lo mató, lo que el espectador agradece es que lo lleven de la mano por los laberintos de la trama para participar en el descubrimiento del secreto.
CAPITULO I
LA NOVELA POLICÍACA Y SU CARÁCTER UNIVERSAL

Desde su creación el género literario denominado policial o detectivesco ha tenido buen recibo entre sus lectores, no tanto así entre ciertos críticos literarios que subvaloran su temática vinculando ésta a un tipo de narración que podríamos afirmar folletinesca; he ahí un caso particular, y más particular la forma en que lo admiten y tratan de hacer ver sus comentarios como valederos. Bien, cabe anotar que las generalizaciones siempre han sido dañinas en cuanto al manejo de las temáticas literarias, pues hay excepciones que desdibujan la especialidad del género y rebajan a categoría inferior lo interesante del mismo.
¿Por qué entonces podríamos admitir que existe un tipo de novela policíaca y de género detectivesco que no se inscribe dentro de los parámetros literarios?
Con esta pregunta y su posible respuesta se tratará de aclarar por qué el género policiaco inscrito dentro de la narrativa negra, y más que el género como tal, no es de buen recibo por algunas personas de la academia.
Según el escritor norteamericano Raymond Chandler (1896 – 1959):
" La novela policíaca es un género que nunca a decaído. Y a ello se debe el error de los que anuncian su decadencia y desaparición. Como su forma nunca ha sido mejorada, jamás ha llegado ser codificada. Los académicos no se han metido con ella. Sigue siendo demasiado fluida y variada como para admitir fácil clasificación, y su influencia sigue siendo aún muy extensa".1
El auge actual de la novela policiaca ha favorecido extraordinariamente el desbordamiento de los estrechos límites a que se veía sometida por la crítica literaria y por los estudiosos de la cultura de masas, pero es en el terreno literario, que ha sido a menudo infravalorada y despreciada, negándosele valores artísticos y excluyéndola de la autentica literatura.
Quizá esta opinión, ahora poco generalizada, entre la critica llamada "seria" y avanzada, haya generado la abundancia de seudónimos en los que se ocultan numerosos autores de novela criminal causando una proliferación del género que ha de determinar forzosamente la falta de valores literarios en algunas de sus obras; sin perjuicio, sin embargo, de que otras despreciadas simplemente por el género a que pertenecen, reúnan las cualidades necesarias para ser calificadas de grandes novelas.
Un narrador requiere lógicamente de cierta habilidad para contar una historia bien definida en acciones y situaciones, pero hay ciertos aspectos elementales que hacen que una obra sea considerada importante dentro del ámbito literario, puede decirse que es ese toque inusitado lo que hace que un lector identifique una obra como literaria
Con respecto a lo anterior se denota por qué muchos escritores que trabajan la temática policial inscrita en el género negro, no logran cautivar la atención de la crítica y caen en ocasiones en historias superfluas y limitadas, que hacen daño a los valores que cotejan la opción de esta literatura mundialmente conocida, como su forma de expresión y manera de llegar a cada lector sustentando todo esto en conceptos enteramente literarios.
La idea más sencilla y evidente de lo que pueda ser la novela policial o de crimen por resolver, aparece por el sentido literal de su denominación; como la novela policial es "prima faciae", un relato que se centra en alguna manifestación criminal.
La idea es exacta pero excesivamente ambigua, y precisa una puntualización de sus términos. La primera expresión de su denominación indica ya que se trata de un género novelesco, basta con decir que la novela es narración en cuanto a su forma, y ficción en cuanto a su contenido; así pues, el género criminal supone como primera característica esencial la de relato de ficción. No puede negarse sin embargo el interés de varios escritos afines al género que constituyen valiosisimos documentos que pueden apoyar y fundamentar los relatos criminales, pero que no pertenecen al género por transcribir sucesos más o menos reales. Lo mismo ocurre con las crónicas periodísticas, forenses o con las recopilaciones de casos auténticos; es curioso observar como una gran parte de los aficionados a la novela criminal, de entusiastas lectores de novelas policiacas, pierden todo interés por esta clase de obras cuando se refieren a hechos que han ocurrido en la realidad y que no van complementados con los suficientes elementos de ficción como para quitarles lo que puedan tener de cotidiano y de normal.
Jorge Luis Borges afirma: Que el género policíaco, tal como lo establece Poe, se basa en "la idea de la literatura como un hecho intelectual, de considerar la literatura como una operación de la mente". La esencia original del género policial no radica en los misteriosos crímenes de sangre, sino en su fuerte contenido intelectual: "Poe no quería que el género policial fuera un género realista, quería que fuera un género intelectual, un género fantástico, pero un género fantástico de la inteligencia, no de la imaginación solamente; de ambas cosas desde luego, pero sobre todo de la inteligencia"2.
Jorge Luis Borges, es un escritor que ha logrado combinar armónicamente el valor estético y la profundidad intelectual de la literatura culta con los atractivos del género policíaco popular. A primera vista, esta combinación postmoderna, si se quiere, parece indicar que Borges ha querido renovar un arte de masas para transformarlo en una forma de literatura que no tiene que ser un subgénero de la literatura de ocio, sino una forma libre que permita los planteamientos más profundos de la interrogación del hombre.
Sin embargo, quizás sea más apropiado afirmar que Borges no pretende renovar el género policíaco, sino todo lo contrario. Si leemos los cuentos policiales de Borges a la luz de sus comentarios teóricos sobre el género, nos damos cuenta que el escritor argentino pretende devolver el relato detectivesco a su estado original, rescatando así la verdadera esencia de los textos fundadores de este género.
"El género policíaco tiene sus orígenes en la narrativa breve de Edgar Allan Poe, cuya obra debe ser el paradigma al cual aspira todo escritor que practique esta forma narrativa. De hecho, muchos escritores lamentan que el género policíaco se haya desviado del patrón establecido por el escritor norteamericano: "Es curioso observar que en su país de origen, el género progresivamente se aparta del modelo intelectual que proponen las páginas de Poe y tiende a las violencias de lo erótico y de lo sanguinario"3
En cuanto a lo anterior se aprecia, que el misterio y la revelación siempre han sido tema y materia de la literatura, y lo seguirá siendo en tanto el hombre continúe con su incontenible afán de búsqueda de la verdad. Así el relato policial, a diferencia de los otros relatos que hurgaban por las verdades humanas, lo que pretendió fue hallar la verdad más elemental. Más que un misterio sobrenatural, lo que había era un ocultamiento casero, una carta, una víctima, un diamante, un caballo de carreras favorito, y cuanto objeto tenga más un valor monetario que sentimental.
Los primeros intentos por definir el relato policial parten de los planteamientos de los relatos de Poe, en donde pretende, ante todo estimular la capacidad de análisis, y no sólo la del investigador, sino también la del lector, relatos que conjugan lo terrorífico con lo razonable. El miedo está presente porque la verdad no lo está. Es el conocimiento el que despeja los temores fundados e infundados que se habían visto en aumento por avivar conclusiones apresuradas.
La influencia de Poe fue inmediata, ya en 1886, en Francia, aparecían los folletines del escritor Gaboriau, con su personaje el señor Lecocq. Así antes que Gaboriau, resolvía misterios con su investigador Nick Carter en Estados Unidos. Estos personajes tuvieron cientos de aventuras que compartían con un número creciente de lectores ansiosos de misterio que propiciarían un auge en el relato policial que se consolidaría con la presencia de Sir Arthur Conan Doyle.
El apogeo del relato policial y su difusión se dio por medio de cuentos o relatos, y todavía no a través de la novela, salvo algunas excepciones, se requería aún del establecimiento de ciertos patrones que permitieran un proyecto de novela. Estos patrones maduraron con un escocés nacido en el condado de Nerdlothian en 1859, Arthur Conan Doyle, quien cansado de muchas aventuras decide crear un personaje con características de investigador, el cual decide llamar Sherlock Holmes y su ayudante Watson.
Según afirmaciones del propio Conan Doyle, el modelo Sherlock Holmes proviene de uno de sus profesores de la facultad de medicina, para quien el análisis y la deducción articulan todo tipo de razonamiento.
Si bien Conan Doyle generó la premisa en la que el escritor imagina simultáneamente el misterio y la investigación, creando la estrategia del relato policial; este mismo autor dio pie a lo que se conocería luego como la novela problema. Novela ésta que genera un caos en las situaciones que se presentan, y que basado en ese desequilibrio el escritor pretende formular una causalidad que permita por lo tanto mediante una estrategia creíble la aparición de un personaje (héroe) que hará las veces de restaurador del equilibrio social, liquidando el problema mediante una resolución asertiva.
Se ha de tener en cuenta que las situaciones problemáticas surgirán nuevamente liberando los conflictos internos de cada individuo que se vea afectado. Si se genera el caos se debe buscar una solución y más aun un personaje que sepa cómo llegar hasta las raíces de lo que generó el caos para combatirlo, liberando el consabido proceso de causa- efecto, universalmente manejado, proceso que se recrea constantemente en la literatura de este género.
Una situación problema no resuelta genera nuevas estrategias que permitirán ganar la atención y el condicionamiento asertivo de un posible lector. Sin caos o desequilibrio social no existiría detective o personaje héroe que se permitiera el honor de salvar una situación mediante unas estrategias, pues como cualquier lector lo puede percibir no se justificaría su existencia.
Ahora, situando la historia, para el escritor de género negro S.S. Van Dine:
"La novela policial es un juego de inteligencia; más aun es de algún modo una competencia deportiva en la que el autor debe medirse lealmente con el lector".4
Después de observar detenidamente la anterior aseveración de lo que la novela policial implica para el escritor y su estrategia narrativa, debemos tener en cuenta que el valor que asume el posible lector implica una tarea conjunta en la cual prima la teoría de la recepción, teoría en la cual el lector se hace pieza vital en el engranaje de un proceso comunicativo, en este caso de narrativa policial o detectivesca, hecho que suscita una inversión de análisis tanto por parte del personaje encargado de una misión determinada, como por la recolección de datos que tanto este mismo personaje en complicidad con el lector van recogiendo para elaborar asertivamente el rompecabezas.
En este tipo de literatura la participación activa del lector se hace necesaria en cada momento dado que mediante la descripción se generan unas pautas de búsqueda y mediante el dinamismo que se recrea en cada una de las situaciones, el lector debe estar muy atento para no perder el hilo narrativo.
Para destacar el hecho narrativo es importante reconocer la función misma de la novela policial o detectivesca desde sus orígenes, y el hecho de justificar su presencia como fenómeno que acapara la atención a un numero ilimitado de lectores en todo el mundo. Aquí el hecho social y el tratamiento de su desequilibrio, es de cierta manera el rasgo que identifica su función, teniendo en cuenta el gran valor que posee y que permite de alguna u otra manera lograr una identificación entre los personajes y los hechos cotidianos de una ciudad, con cada uno de los individuos que habitan el espacio suburbano.
Remontándonos en la historia y haciendo relación directa entre el tipo de temática que maneja y la forma de representar sus situaciones, debemos estar atentos a ciertos aspectos fundacionales generadores de esta novelística.
En el periodo de entre guerras, los franceses crearon, ante una nueva novela policial denominada "novela dura". Una colección a la que llamaron Série Noire, la serie negra; y justamente esta serie consiguió imponerse a otras, pues publicó a las mejores de este tipo "duro". Más bien, después de este tipo de novela dura, los escritores tomaron elementos de la romántica "novela negra" de Walpole para lo que sería la futura "novela de suspenso" o "Thriller. La confusión fue total, dado que las novelas duras, más conocidas como novelas criminales, de ahora en adelante y para evitar más confusiones, se llamaran "novelas policiacas negras".
La novela policial clásica seguía teniendo vigencia como modelo en Europa en las décadas del 30' y 40'; sin embargo, los valores humanos de finales del siglo pasado ya no eran los mismos después de la primera guerra; el individualismo empezó a marcar al hombre europeo. Pero esta situación fue más clara en los Estados Unidos; allí la sociedad vivía un estado de incertidumbre. Luego de la primera guerra, se vieron convertidos en una potencia mundial y gran parte de su auge económico provino de la industria de la guerra. La bonanza estaba por todos lados y la sensibilidad de esa gente era otra.
La desgracia hubo de llegar con la baja imparable de la bolsa de Wall Street y su consecuencia: el crack del 29'. La miseria se generalizo, la angustia colectiva generó veinte mil suicidios y las personas que sobrevivieron sufrieron el racionamiento y el desempleo. La delincuencia del mercado negro aumentó notablemente por esos años. La ley seca propicio el tráfico de licor y la consecuente composición de mafias que acumularon riquezas, primero, y posteriormente alcanzaron poder. Toda la sociedad se minaba y esto se reflejo en la nueva vertiente de la novela policial.
Pero fue con la dirección de Joseph Thompson Shaw, y su revista Black Mask que se impulsó el género negro, en ella publicó relatos un detective retirado llamado Dashiell Hammett. Sus cuentos más que vincularse a Dupin, Sherlock Holmes o a cualquier otro de la novela problema, presenta un personaje con rasgos de personalidad característicos, conflictos internos llevados a límite, y cuyo acercamiento a la realidad y su cuestionamiento son materia viva para Hammett.
"Conviene tomar en cuenta la carga de crítica social que suele trasuntar estos relatos, encaminados a denunciar los conflictos que desencadena un sistema competitivo e individualista en el que se identifican dinero, poder y prestigio, sin que resulte posible deslindar claramente los sectores que se consideran respetables de los profesionales del crimen, sumergidos todos por igual en una desesperada lucha por el codiciado predominio"5

Con Hammett, el héroe, detective o criminal, es falible: a él le ocurren cosas, se ve afectado por el enemigo. El héroe Hammetiano, como lo será el de Raymond Chandler, siempre está bajo presiones sociales y siempre encontrará el momento de revelar verdades, no solo las circunstanciales, sino las humanas.
Se convierte entonces la novela negra en espejo de parte de la sociedad actual es su interior por tanto, un elemento de testimonio e incluso de psicología humana extraordinariamente poderoso. Es así como el lector vuelve a encontrarse en el corazón de algunos de los problemas contemporáneos.
Retomando el carácter histórico de la novela policiaca se puede decir que es a partir de las novelas de Hammett, que el género policiaco recobra su nivel de "novela seria" importante. Y esto no sólo por el contenido crítico a la sociedad, sino también por los aspectos formales. Hammett presenta diálogos magistrales. Y es a través de estos que los personajes se convierten en la base de la historia y los diversos caracteres humanos reflejan el patetismo de la época.
El escritor Dashiell Hammett tuvo un período muy corto de creación. Todos sus libros los escribió durante diez años, luego se silenció debido a su alcoholismo, ataque y presiones contra su persona, pero si bien Hammett no continuó escribiendo, su presencia dejó profunda huella entre los narradores de la década de los cuarenta. Como Raymond Chandler y su prosa singular de hombre maduro, fué un admirador de Hammett y de las literaturas griega y latina.
Para Raymond Chandler, fue fácil descubrir lo apasionante que resultaban estas historias de gran contenido social y realista, su buena formación intelectual, el conocimiento de la literatura en todo su esplendor y por lo tanto lo variado de sus lecturas permitieron a este asimilar rápidamente las técnicas narrativas contemporáneas y los mecanismos de la novela dura; es más, este gran narrador desarrolló una estética de la novela detectivesca "dura" y hasta elaboró un decálogo del cuento policial. Su estética fue de tal calidad y generó tal reconocimiento por la producción de las novelas que vendrían en el futuro. Es así como conviene citar las palabras del propio Raymond Chandler cuando se refería a la función misma de su narrativa:
"Mi teoría es que los lectores sólo se imaginen que les interesa únicamente la acción, que en realidad aunque ellos no lo sepan, la acción les preocupa muy poco. Lo que realmente les gusta, igual que a mí, es la creación de emociones a través de la descripción y el diálogo.
Las cosas que se recuerdan, lo que los obsesiona, no eran, por ejemplo que un hombre fuera asesinado, sino que en el momento de su muerte estuviera tratando de alcanzar un cortaplumas de la reluciente superficie de una mesa, y el cortaplumas se alejaba de él cada vez más, de modo que en su rostro había una expresión tensa y sus labios se abrían en una especie de mueca atormentada, y lo último en que se le ocurría pensar era en la muerte. Ni siquiera oirá a la muerte llamar a la puerta. Aquel maldito cortaplumas seguirá escapándosele de los dedos"6
El propósito mismo del narrador implica que mediante una estrategia coherente y una sagacidad descriptiva permita visualizar todo un mundo implícito en una obra literaria, mundo que apenas en parte imaginamos, pues aunque en ocasiones llame la atención la acción y el dinamismo de la trama, lo que realmente llena de satisfacción es encontrar situaciones sorpresa que identifiquen la condición misma implicada en los saberes previos y hagan sentir al lector una gran satisfacción, en cuanto al manejo dramático de los temas.
Es bueno llenarse de regocijo y hasta en ocasiones, porque no admitirlo, de una emoción que hace erizar la piel al contemplar la belleza de la literatura en todo su esplendor y el valor de un escritor que sabe lo que quiere; contar una historia, enalteciendo el arte de la palabra, muchas veces explorando situaciones cotidianas y quizás insignificantes, a las cuales en la vida diaria no se les pone mucha atención, ni se les dota de interés, pero que por el contrario un buen escritor enaltece mediante el propósito implícito del narrador, que enaltece mediante un buen manejo la estética del lenguaje.
Por otro lado y sin desconocer el auge que en formas paralelas han tenido los medios de comunicación se hace importante reconocer la función que ha destacado a un medio en particular, se está hablando de un lenguaje por excelencia audiovisual, conocido como el séptimo arte y más exactamente referenciado como el cine, que evidencia otro tipo de lenguaje en el cual su función es contar historias basadas en imágenes, diálogos y situaciones bien descritas, sustentando todo esto en el dinamismo que le exige llevar a los ojos de los espectadores, todo en menos de dos horas, limitante esta que exige variaciones que dejan a este tipo de medio en deuda con el espectador.
El género de novela policiaca o detectivesca, se presta más que otro género literario para su adaptación cinematográfica, dado el alto grado de dinamismo implícito que deambula al interior de la obra, tanto así como su misma estructura narrativa, que se desborda en ocasiones con imágenes muy representativas que se confabulan con el sentir del espectador. Mientras el lenguaje del cine todo lo da, en este otro tipo de lenguaje, el de las letras, las cosas son a otro precio; en la obra literaria el lector hace una abstracción de cada una de las situaciones y libera su imaginación hacia posibilidades ilimitadas, generándose en él una satisfacción constante, al descubrir en cada página algo nuevo, que en ultimas se verá como orgullosa recompensa, con el buen manejo y la puesta en práctica que hace un escritor conciente de su oficio, de lo que se podría llamar el arte de la narratología.
Es importante reconocer que las formas se agotaron ante tanta producción que sólo mantuvo los aspectos más superficiales del género duro. Por otro lado, el cine se aprovechó favorablemente de la novela negra. A diferencia de las novelas- problemas, donde el ingenio y el razonamiento primaban, y su adaptación a la pantalla era más dificultosa, surge la novela policial negra con descripciones eminentemente visuales.
Los hechos violentos, el crimen, la aventura tormentosa del detective, sorprenden al espectador de cine y lo mantienen en suspenso dado que a este tipo de lenguaje se le exige muestras eficaces en un menor tiempo (de cien minutos a ciento veinte minutos, aproximadamente) debe de obtenerse el máximo de afectación a través de todo efecto visual y sonoro. Como es obvio se resalta el hecho que el cine, por tanto, también alteró este desarrollo novelístico y la novela competiría con el cine. Y la literatura vería como en forma desleal otro tipo de lenguaje mediante opciones más fáciles ganaría un tipo de adeptos condicionados por un guión.
Se hace relevante que dos expresiones que basan su nivel de asimilación en el discurso entren en disputa y que una de ellas, tal como ocurre en una trama novelística, lógicamente, sería la ganadora. Y esa ganadora obviamente fue la obra literaria, por sobradas razones estéticas y estilísticas, e identidad propia basada en su originalidad.
1.1 LA NOVELA POLICÍACA-DETECTIVESCA UN HECHO LITERARIO POR RESCATAR

Sin duda alguna uno de los géneros literarios más cuestionados por la crítica ha sido la novela negra, y el manejo que se le da dentro de ésta a un hecho eminentemente social, como lo es el crimen u otro suceso desequilibrante de un estatuto normativo, regido por unas reglas de convivencia entre los miembros de una urbe.
Reiterativamente los cuestionamientos vienen de personas que en el fondo desconocen la importancia de tratar el delito, con una forma estética que genere en la narración impacto e incertidumbre, componentes clásicamente literarios que este género posee, y es allí donde más se destacan. Además de esto en ocasiones se menosprecia la estructura narrativa por presentar similitud con el lenguaje audiovisual. He ahí el gran error, aunque sin duda alguna la acción está presente desde el inicio o puesta en escena de una obra narrativa, el suspenso le genera dinamismo implicando la atención misma del lector. Podríamos decir que la secuencialidad hace en este tipo de novela uno de sus aspectos más importantes, así como la relación asertiva con el lector, quien se hace cómplice de las situaciones mismas que al interior de la obra se suceden.
El terreno literario es un terreno vasto, presenta muchas alternativas y una de ellas desde hace muchos años ha sido la novela negra de corte policial, esta novelística ha sido ha menudo infravalorada y despreciada, negándosele valores artísticos y excluyéndola del canon literario o de lo que algunos puristas en un afán por destacarse la tachan de falta de autenticidad literaria. Quizá esta opinión generalizada entre la critica llamada "seria" le haya hecho tanto daño a la literatura, como a los escritores y lectores que en ocasiones por comentarios amañados dan por sentado una opinión de otros sin sentar justicia por mano propia, o por qué no decirlo, mejor, por una lectura propia.
No debemos desconocer que grandes escritores canonizados han dedicado espacios narrativos al cultivo de este género y lo han logrado con maestría. Dando paso al nacimiento de nuevos valores de las letras que se inclinan por esta temática, y más hoy en una sociedad que brilla por las crisis que el hombre tiene que enfrentar en ella, claro sin desconocer los conflictos de identidad, que en ocasiones vulneran los sentidos y permean actos delictivos en contra de una sociedad que recrimina el accionar de ciertas políticas individuales que permiten poseer lo que se quiere a como dé lugar sin importar el camino o alternativa que haya que tomar.
En los últimos años se han abierto nuevos horizontes, horizontes permitidos en la modernidad y por qué no decirlo en la postmodernidad. Sin embargo, es de tener en cuenta que se asiste a un proceso de dignificación de la novela criminal que afecta, por una parte a los clásicos victorianos y, por otra, al realismo critico americano, consecuencia sin duda del descubrimiento de nuevos valores sociales que ambas escuelas comportan y de la generalizada valoración de las manifestaciones de la cultura popular y más concretamente de una literatura desestimada por su temática, a la que se reconocen ahora posibilidades artísticas inequívocas especialmente si se profundiza en diversos niveles de lectura y se tiene por lo tanto un especial interes por la relación con el lector (teoría de la recepción).
Jorge Luis Borges planteaba que la esencia del género policiaco-detectivesco radica íntegramente en la puesta en marcha de estrategias de lógica intelectual, desestimando por lo tanto los sucesos oscuros y sanguinarios, la violencia y el sexo como apéndices apenas perceptibles y que se podrían obviar. Por el contrario y sin desconocer la lógica y la secuencia investigativa, para muchos escritores modernos, los acontecimientos violentos son lo que en ocasiones muchos definen como llamativas a los ojos del lector y plantean que tanto trabajo de cuadrícula matemática desestimula la función misma de la obra narrativa, llevándola más a otro nivel como el filosófico y relegándola del aspecto social, que en definitiva es el que identifica al hombre de ciudad en su acontecer cotidiano.
¿Qué hacer ante estos planteamientos por demás validos?.
Lo mejor es reconocerlos como fuentes de sabia opinión y acumulación de ideas de un valor intrínsecamente generoso.
Pero es bueno tomar distancia y contextualizar la época misma que enfrenta el escritor con la temática que éste debe narrar. Por lo tanto, lo mejor es respetar las dos tendencias, pero sin llegar a los extremos: tanto es valioso el escrutinio de los hechos por la lógica intelectual y la consecuencia que esta desencadena para satisfacer una posible solución, como el mismo realce que de la violencia y de los hechos de los cuales se percata y hace evidente el desequilibrio social, fundan la causa de la cual se desencadena una investigación; sea esta una violación, trafico de drogas, desequilibrio mental, incomprensión social o pasión por el dinero y ansias de poder.
En sus orígenes, como descendiente mas o menos directa del folletín o novela por entrega, parece indudable entonces que este tipo de novela fuera leída por gran cantidad de personas dado la facilidad que representaba adquirir los fascículos o folletines y algo importante que no se ha tenido en cuenta, la popularización se lograba por el buen manejo narrativo que presentaban estas obras. Además de entretenidas, eran amenas, acsequibles por su costo, de temáticas sociales variadas y divertidas por las situaciones que ellas manejaban y que acercaban al lector a una conciliación con los temas tratados. Esta característica se prolongó durante mucho tiempo como el único medio de narrar historias de ficción por medio de la escritura, edificando placenteramente el hábito de leer, que en definitiva era uno de los pocos placeres que se podían obtener como edificantes dando así libertad a diversas expresiones y facilitando el goce imaginativo.
Las novelas por entregas prolongaron su lenta agonía hasta los años treinta de este siglo, después las novelas de corte policiaco realizadas en Norteamérica, y alguno que otro semanario en Inglaterra iniciaron su manifestación en los últimos años del siglo XIX. Todos ellos divulgaron el subgénero de aventuras criminales a niveles de fascinación y entretenimiento, acsequibles desde todo punto de vista.
Después, cuando las revistas literarias y de temáticas diversas se apoderaron del cuento policiaco- detectivesco, la novela criminal rige otro espacio, exige pues un mínimo de cultura (bueno se espera que no sea tan mínimo) y de reflexión interpretativa por parte del lector, es de entender, su público ya no es el mismo; no son sólo jóvenes amantes de la aventura y la acción los que la han de leer. Es de esta forma como la novela criminal entonces pasa a ser patrimonio de las clases medias, ascendiendo un peldaño en la escala social y cultural. Pronto los intelectuales (era de esperarse), ciertos intelectuales de notorio prestigio, pregonan sin avergonzarse su afición a la novela de género negro de temática policiaco-detectivesca, como entretenimiento capaz de distraer sus ocios y dar rienda suelta a sus más fieros instintos. En principio esta confesión no dejaba de interpretarse como una excentricidad más de quienes están por encima de modas y opiniones. Ah! y que gran ventaja esta, pues ello mismo permitió llevar a la novela negra de temática policiaco - detectivesca a un nuevo público, según se dice más culturizado (se entiende que tuvo éxito la estrategia de un género que se nutre del desequilibrio social y se aventaja con los sentimientos y resentimientos más recónditos de la mente humana)que comparte desde entonces con las clases medias su aceptación, su afición e incluso su mitología.
Cabe resaltar que la novela negra de temática policiaca-detectivesca es exclusiva y diferente a otros géneros; y esto se debe a la estrategia narrativa de forma, la que ha permitido un contacto directo con el lector y hasta un amparo del mismo con la obra; en parte la aglutinación se debe a lo llamativo del género, y es que éste desde su nacimiento ha creado héroes fijos (detectives privados y no tan privados), personajes estos que aparecen reiteradamente en los relatos del mismo autor, creando zagas, poniendo en juego unas dotes y una personalidad que se va perfilando a lo largo de una serie de historias. Ejemplo: las novelas de Manuel Vasquez Montalban y su personaje el detective Pepe Carvalho, las novelas de Georges Simenon y su detective Maigret, etc.
Como se observa la estrategia del escritor es fijar en la mente del lector el nombre, la personalidad y las características que hacen distinguir al héroe detectivesco, de otros héroes que manejan otros escritores, para así definir de una vez por todas su función actancial, y la misión que tiene que llevar a cabo en cada nueva obra literaria, de tipo seriada o por sagas.
Es de esta característica donde se desprende el hecho novelesco y determinante que vincula al lector y su interés implícito por la obra de un escritor determinado. Se puede afirmar que en contadas ocasiones el detective, el investigador o el aventurero se ha limitado a una sola aparición en público. Es de apreciar que las innovaciones de los últimos tiempos constituyen una parcial excepción, pues existen obras literarias donde el detective muere en su primera misión o por qué no decirlo, cambia de bando y se convierte en criminal, dando como resultado la cancelación de la misión.
Cuando la novela negra criminal se convierte en la novela de la víctima (víctima del criminal de la sociedad o de sí misma) deviene como obvia la imposibilidad de una reaparición del protagonista, pero ello no invalida la regla general, quizá menos general últimamente, sobre todo en el aspecto social actual.
Esta característica, que se hace extraña a otros géneros novelescos, aproxima la novela criminal a las largas sagas de las novelas - río.
Sin embargo su diferencia es muy evidente. Mientras la novela - río divide un solo tema personal o familiar en distintos episodios temporales que se autoconcluyen para mejorar la penetración en los ambientes y circunstancias de cada momento, conservando la unidad temática o existencial que se prolonga en el tiempo, las novelas de género negro criminal de un mismo personaje se hallan vinculadas entre si únicamente por esta circunstancia, constituyendo a lo sumo una serie de historias independientes. Y es que en estos casos, el personaje de la novela negra policial - detectivesca, el héroe, el detective o el aventurero, es ajeno a la historia, interviene en ella desde fuera, mientras en la novela - río, el personaje está viviendo "su propia historia".
1.2 LA NOVELA POLICÍACA-DETECTIVESCA AMERITA UNA INVESTIGACIÓN, CUANDO SE INFRINGE UNA NORMA.

Una gran ciudad en la cual no existieran normas llamaría reiteradamente al caos, y este dios del desorden y la anarquía, sin dudarlo un solo minuto pasaría a dar a conocer sus propósitos. Las ciudades contemporáneas o urbes modernas son definidas como ciudades conflicto, por sus dimensiones las crisis que afronta derivan desequilibrio en toda una sociedad, desequilibrio del cual su mejor caldo de cultivo es el delito y es el criminal, quien aprovecha el desorden, implantando nuevas reglas desde su lógica personal infringiendo unas normas establecidas por un estatuto social. Pero serán los habitantes de una sociedad determinada los que velarán porque los estamentos reglamentados que salvaguardan la seguridad y combaten el caos y sus derivados, se desplieguen y hagan justicia.
Si en determinado momento estos estamentos creados para salvaguardar los bienes y la honra de los ciudadanos no son eficaces en proporción a los hechos cometidos, y son limitados por el mismo establecimiento que representan, no queda más remedio que acudir a una persona que cubra el caso en forma individual y más asertiva. Esa persona es el detective - héroe, individuo encargado de someter a consideración los hechos por los cuales el infractor es juzgado.
El detective se convierte en un intermediario entre los afectados y persona que infringe la norma, y como tal es un ser que navega entre el bien y el mal, es en principio la dualidad la que él observa y hace suya, dualidad que permite enfrentar unos principios que el establecimiento le ha dejado como un legado (casi siempre el detective es un policía retirado, un estudioso de la criminalística un aficionado sagaz y astuto para el cual, el mal nunca es tan malo, ni el bien es tan bueno, lo que importa es reconocer que se tiene una misión, se debe enfrentar, capturar al agresor si así se permite, o en definitiva volver a poner orden en el caos que se sucedió por la situación conflicto que se permitió por la vulneración de una norma social.
El investigador (detective - héroe), casi siempre es un personaje astuto y sagaz, el cual aborda cada misión con la experiencia misma que ha ganado en tareas anteriores, y de la escuela social, de las enseñanzas de la calle, y de las estrategias mismas del hampa y de los individuos que están del otro lado de las normas establecidas. Casi siempre este investigador conoce a alguien del bajo mundo, o en ocasiones ha infiltrado organizaciones criminales para conocer su proceder y de allí mismo experimentar nuevas estrategias para enfrentar la rivalidad. Nada mejor que conocer muy bien a tu enemigo para saber cómo actúa. Así como el detective héroe no tiene limitantes para esclarecer un hecho criminal, pues mediante estrategias que permiten su metaformización puede infiltrar la delincuencia, y de una forma particular acercarse al criminal e indagar sus propósitos sin ser descubierto.
excelenciaviky | 2006-11-25 09:49:09
Me parece una critica muy agradable porque así compruebo muchas cosas del como nació y del como surgió este estilo de novelas. Me fascinan las novelas en las que actúan los detectives y policías.
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