La política monetaria consiste en controlar la oferta de dinero y otros activos líquidos, para conseguir determinados objetivos de política económica. El más importante para esta política es la estabilidad de precios, pero también puede contribuir al logro de un crecimiento sostenido y a favor del equilibrio externo.
El artífice o agente encargado de aplicar la política monetaria de un país es, normalmente, el Banco Central.
El dinero lleva a cabo la función principal de ser instrumento de cambio y pago, pero también es utilizado como unidad de cuenta y es un depósito de valor que permite mantener la riqueza disponible para el consumo futuro. El dinero es , pues, un activo financiero que tiene la propiedad de ser completamente líquido, es decir, es el activo que permite a quien lo posee efectuar cambios directamente.
Al dinero, como elemento fundamental de esta política, lo distinguimos en :
Las funciones del dinero son:
Los bancos comerciales son las instituciones financieras que pueden crear dinero. Son instituciones financieras a las que la autoridad (Banco Central) les permite aceptar depósitos que se pueden movilizar por cheques y dar créditos a sus clientes.
Sus funciones son:
En el balance de estos bancos hay tres grupos de activos:
En cuanto a los pasivos hay que diferenciar:
La gestión de las diferentes partidas de activo y pasivo de los bancos comerciales constituye la esencia del problema bancario fundamental: la combinación de las partidas del balance para alcanzar un punto de equilibrio entre solvencia, liquidez y rentabilidad.
El Banco central es el agente principal del sistema financiero del país, quien ostenta la autoridad monetaria de la economía.
Las funciones ordinarias del Banco Central suelen diferenciarse entre:
El público demanda dinero por tres razones básicamente:
La cantidad depende del monto de las transacciones que estarán relacionadas a la renta. Esta renta real condiciona el volumen de transacciones: la demanda de dinero en saldos reales no se altera si aumentan los precios de los bienes, aunque aumenta la demanda nominal de dinero. También se ve afectado por el coste de oportunidades de poseer dinero en lugar de activos rentables como los bonos. Si mantenemos saldos en dinero dejamos de Percibir un interés; si este es alto tendremos menos volumen de saldos en dinero y demandaremos más bonos.
Otro factor son los costos de transacción y molestias: estar pendiente del tipo de interés y la necesidad de disponer de dinero en cada momento es molesto y acentúa la preferencia por la liquidez.
Y motivos relacionados con las instituciones económicas que afectan a la demanda de dinero por motivo de transacciones: hace referencia a determinadas formas que el sistema financiero ha creado para hacer frente a las transacciones sin necesidad de tener dinero en ese momento.
La oferta monetaria en saldos reales es la relación entre oferta nominal de medios de pago y el nivel de precios. La autoridad monetaria controla la oferta monetaria real a través de saldos nominales en el supuesto de que los precios sean constantes o conozca la variación de los mismos.
La oferta nominal depende de la voluntad de la autoridad monetaria que fija el stock de dinero en circulación según los objetivos de la política monetaria como reacción a perturbaciones exógenos al Banco Central o debido a alteraciones en las necesidades de liquidez del sistema financiero. Si un país tiene un sistema de tipo de cambio fijo, una demanda extranjera de divisas nacionales obligara al Banco Central a poner en circulación una mayor cantidad de billetes. Es lo que se denomina una perturbación exógena.
También la necesidad del sistema obliga a veces a la autoridad monetaria a crear dinero para satisfacer una mayor oferta temporal de dinero.
Para comprender el ajuste podemos partir de un mercado de activos en el que el tipo de interés sea muy elevado donde la demanda será baja. Para un interés elevado el coste de tener dinero es alto y el precio de los bonos bajo lo que anima al público a tener menos saldos líquidos y más activos rentables.
Al ser la oferta mayor que la demanda hay un exceso de liquidez. El público no quiere tener tanto dinero como hay en circulación; la alternativa ante este exceso es comprar más bonos, pero al aumentar la demanda de bonos, subirá el precio de los mismos y bajara el interés; esta bajada disminuye el coste de dinero y aumenta la demanda del mismo, reduciéndose en parte el exceso de liquidez. Así seguirá cayendo el tipo de interés en el que el stock de dinero en circulación coincida con la demanda de dinero, llegando a la situación de equilibrio.
Al equilibrarse el mercado de dinero se equilibra también el mercado de bonos a un precio en el que la oferta de bonos coincide con la demanda.
El interés de una de las variables que incide sobre la inversión y en menor medida sobre el consumo.
La política monetaria actúa más rápida y flexible que la política fiscal. Consiste en controlar la oferta monetaria para alterar el tipo de interés e incidir en la demanda agregada y en la producción, empleo y precios.
El precio que se paga por un préstamo es la tasa de interés; como todo precio, si la oferta monetaria aumenta la tasa de interés descenderá. Esta situación se producirá siempre que los bancos deseen prestar mas dinero, ya que tendrá que bajar las tasa de interés a fin de animar al los clientes a pedir prestado.
Por otro lado, si la oferta monetaria se reduce la tasa de interés se elevara, puesto que al escasear el dinero, los demandantes estarán dispuestos a pagar una tasa de interés elevada por el dinero disponible.
Teniendo en cuenta esta dependencia entre oferta monetaria y tasa de interés, resultará que cuando el Banco Central fije límites al crecimiento de la oferta monetaria automáticamente estará condicionando las tasas de interés.
Como ya vimos anteriormente, la política monetaria consiste en controlar la oferta de dinero y otros activos líquidos, para conseguir determinados objetivos de política económica
El Banco Central no puede influir directamente sobre la tasa de interés ni sobre la cantidad de dinero, sino que lo hace a través de los siguientes instrumentos:
La política monetaria restrictiva engloba un conjunto de medidas tendientes a reducir el crecimiento de la cantidad de dinero y a encarecer los prestamos (elevar la tasa de interés).
La política monetaria expansiva esta formada por aquellas medidas tendientes a acelerar el crecimiento de la cantidad de dinero y a abaratar los préstamos (bajar las tasas de interés). Los efectos positivos de este tipo pueden ser:
Sus probables efectos negativos pueden ser:
Efectos sobre:
En el año 1989 confluyeron dos hechos inéditos en la historia argentina:
Según Gerchunoff y Llach, la experiencia hiperinflacionaria fue sin duda definitoria para moldear lo que se pensaba y se decía sobre la economía argentina. Si en 1983 el mandato popular había sido antes que nada de naturaleza institucional, el que recibía Menem era ante todo económico: había que salir de la inflación.
Durante varias décadas, la inexistencia de un mercado de capitales desarrollado hizo que la forma más común de financiamiento de los desequilibrios presupuestarios del sector público fuese la emisión monetaria.
Durante la década de 1980, el sistema financiero bajo el control del Banco central redujo sus actividades en forma significativa y concentró su accionar en la recepción de depósitos transaccionales de plazos muy reducidos (siete días), asignando tales recursos al cumplimiento de los requisitos de liquidez y a un reducido monto de préstamos de cortísimo plazo.
Basándose en la premisa de que la hiperinflación era la consecuencia de una profunda crisis del estado, el gobierno de Menem formuló una política de reforma de estado, que pasaba a ser una condición necesaria para la estabilización.
En el área específica de la estabilización de precios el avance fue mínimo. Un primer período de tipo de cambio fijo duró apenas unos meses, y acabó en un segundo episodio antiinflacionario en el verano de 1989-1990. Durante 1990, la política antiinflacionario siguió la tradición monetarista más clásica, bajo un régimen de flotación cambiaria
Previo a ello, la desconfianza en el sistema financiero y la deteriorada situación fiscal hicieron que durante 1989 se intensificara la salida de depósitos de los bancos, lo que derivo en la implementación del denominado "Plan Bonex". Este se basó en el canje obligatorio de los depósitos a plazo fijo, en dólares por bonos del sector público denominados en la misma moneda y con un plazo de diez años. Este instrumento perjudico inicialmente a los ahorristas; sin embargo, el marco de estabilidad macroeconómica y las reformas estructurales consiguieron restablecer la confianza en el sistema financiero local, las tasas de interés pasivas en pesos disminuyeron desde niveles mayores al ciento por ciento en 1991 a tasas menores al diez por ciento a fines de 1994.
A partir de 1991, el gobierno dispuso una serie de medidas destinadas a lograr el crecimiento económico sobre la base de la estabilidad de los precios. Este crecimiento se instrumento a través de:
Dentro del sector bancario las principales medidas adoptadas fueron:
Desde el año 1991 hasta el 1994 se realizaron reformas importantes en materia de regulación y supervisión, las que sumadas a las reformas económicas e institucionales establecieron los pilares para el desarrollo de un sistema financiero competitivo y eficiente.
Después de varias décadas de inestabilidad macroeconómica e inflación crónica, la argentina alcanzó alguna estabilidad adoptando un tipo de cambio fijo en 1991. El sistema puso un "corsé" al desequilibrio fiscal, justamente porque el nuevo sistema no permitía recurrir a la emisión monetaria para financiar el déficit fiscal, como se había hecho en los años anteriores.
La mayor diferencia de este tipo de cambio con un programa tradicional de tipo de cambio fijo, estaba en la obligación impuesta al BCRA de mantener reservas en divisas capaces de comprar toda la base monetaria, al tipo de cambio que establecía la ley ( 10000 australes por dólar).
La convertibilidad, que fue acompañada con otras reformas estructurales (privatizaciones, desregulaciones, reforma del sistema de jubilaciones y pensiones, etc.), creó un escenario que permitió transformar a la argentina en un país estable y previsible.
Esas expectativas alentaron una fuerte entrada de capitales (tanto de repatriación de los argentinos como de inversores externos) que estimuló la economía. Tanto la mejora de las expectativas, como la privatización y la desregulación de importantes industrias incentivaron fuertemente el consumo y la inversión.
Con este círculo virtuoso, la economía creció fuertemente. El PBI aumentó 11% en 1991, 10% en 1992 y 6% en 1993. Entre 1990 y 1994, el consumo creció el 46% y la inversión el 140%.
Esta estabilidad se vio azotada por el primer shock de desconfianza significativo, llamado Crisis del tequilla, generados por la devaluación del peso mexicano en diciembre de 1994 y por la incertidumbre de las elecciones presidenciales del 95.
Ante la magnitud de la crisis en México, muchos pensaron que la Argentina seguiría el mismo camino y, ante el temor a la devaluación, se desató un violento proceso de salida de capitales. Esto originó la caída de los precios de los títulos argentinos, lo cual afecto la solvencia de aquellas entidades bancarias que tenían una alta participación de bonos públicos sobre sus activos, sus reservas de liquidez eran bajas, lo que agudizó la desconfianza y el retiro de depósitos, llamada "corrida bancaria".
Se registro una aumento importante en el riesgo país (más de 2000 puntos básicos), el cual solo pudo ser contrarestado con la firma de un acuerdo con el FMI, BM y BID.
Sin embargo en lugar de ceder, las autoridades redoblaron la apuesta de que iban a conservar el rumbo y, usando una combinación de ayuda interna y externa y austeridad fiscal, rápidamente convencieron a los mercados y a los propios argentinos de que el régimen cambiario se mantendría. Ayudó a esta situación que el BCRA mostrara gran convicción en la convertibilidad.
Cuando la tormenta se disipó, comenzaron a llover los capitales extranjeros y la economía se recuperó rápidamente.
Esta crisis sirvió como instrumento para incrementar la concentración del sistema financiero y liquidar, fusionar o reconvertir aquellas entidades consideradas "débiles". Lo cual incentivó la inversión extranjera en el sector bancario argentino.
En 1997, mientras la economía se recuperaba se produjo otra crisis, esta vez en Asia. Varios países asiáticos sufrieron fuertes ataques especulativos contra sus monedas, y en cada caso el FMI contribuyó con importantes paquetes de ayuda.
En un primer momento pareció que estas crisis no afectaban a la Argentina cada vez más consolidada, sin embargo después de esta crisis todos los países latinoamericanos tuvieron épocas de recensión.
En 1999, como consecuencia casi inmediata de la crisis de Rusia el año anterior, Brasil sufrió un ataque especulativo y decidió devaluar, lo cual repercutió fuertemente en la Argentina. Brasil al devaluar, había reducido sus costos fuertemente y por consiguiente estaba "chupando" inversión argentina: las empresas decidían invertir en aquel país aprovechando los menores costos.
En la Argentina comenzó entonces un proceso en el que muchas inversiones que se orientaban al MERCOSUR se reubicaron en Brasil. Obviamente, sin entrada de capitales y con la inversión moviéndosé al país vecino, la economía argentina se estancó.
A estas crisis se le sumó otra complicación adicional cuyos orígenes daban de principios de década. Cuando la argentina renegoció su deuda a principio de los años 90, había cambiado por bonos las obligaciones que tenía con los bancos en un programa que se conoció como Plan Brady. Una característica del Brady es que consistía en que la deuda tenía tasas de interés muy bajas al principio y que después de algunos años empezaban a subir.
Para cuando comenzaba el gobierno de De La Rua, las tasas ya habían subido mucho, y eso obligaba al estado a ahorrar cada vez más para hacer frente a los mayores intereses. Como éstos eran crecientes, si la economía estaba estancada no había margen para mejorar los recursos del estado con crecimiento, con lo que ningún ajuste fiscal parecía suficiente. Se ajustaban las cuentas y, a los 6 meses, los mayores intereses requerían un ajuste fiscal adicional. El ciclo de un ajuste fiscal tras otro sólo consiguió que la sociedad y los inversores se volvieran aún más pesimistas.
En el 2000, la mayoría de los países se recuperaron, pero Argentina seguía estancada, la deuda crecía, la salida de capitales se aceleraba, se desinfló la economía, el riesgo país explotó y se estaba al borde del default. El Ministro de Economía, José Luis Machinea, apostó al "Blindaje", un aporte de recursos del FMI, como intento de tranquilizar al mercado.
En 2001 la economía no se levantaba y Argentina perdía credibilidad para obtener recursos en el mercado. Enfrentaba importantes vencimientos de deudas (el blindaje no había cubierto todas las necesidades financieras del año), el programa fiscal se descompenso y el déficit aumentó. Por ello, renunció el ministro de economía.
Ingresa en su reemplazo, López Murphy al gabinete, el cual pondría la situación fiscal nuevamente en cauce, disminuiría la necesidad de financiamiento. Así se generaron señales que permitieron recuperar la credibilidad. Para ello decidió hacer un paquete de medidas destinadas a que el ajuste del gasto no se hacía en las jubilaciones. A las provincias se les corta el Fondo de Incentivo Docente, para racionalizar el gasto provincial. Las diferentes presiones por las consecuencias de estas medidas, implicaron la renuncia del ministro.
El reemplazante fue Domingo Cavallo, que para atacar el problema fiscal aumento los impuestos, en lugar de disminuir los gastos. Con esto se seguía secando de recursos al sector privado. Ya en marzo de 2001 se produce la primera corrida bancaria del año. La llegada de Cavallo había logrado estabilizarla, pero la decisión de modificar la ley de convertibilidad para incorporar al Euro como moneda de paridad y la remoción de Pedro Pou como presidente del BCRA, generaron bastante ruido y abortaron el incipiente cambio de expectativas.
El "megacanje", que era un canje voluntario de deuda que buscó extender los plazos de la deuda pública para reducir las necesidades financieras de corto plazo, no fue considerado como una solución a los problemas de fondo.
Se produce una nueva corrida bancaria y Cavallo para atacarla crea la Ley de Déficit Cero: sino se contaba con los recursos había que ajustar automáticamente a lo recaudado los sueldos (del sector público), jubilaciones y pensiones. La ley licuaba los salarios. Sin embargo se aplicaban únicamente a los sueldos del sector público, que eran los únicos que no se habían ajustado los años previos. Pero el FMI estaba convencido que la argentina no tenía salida y tenia que devaluar. Pero en el gobierno no se pretendía devaluar, ni entrar en default.
Como último punto de una larga cadena de intentos por reencauzar la situación, cavallo llega a la conclusión que la única solución era reestructurar la deuda, bajando su costa para el país y para el sector público. La idea era reestructurarla de manera "cuasi" voluntaria. Pero esa estrategia tenía el riesgos de acelerar una corrida bancaria.
Como los bancos poseían alrededor del 40% de sus activos en títulos públicos, cuando el gobierno anunció que esos bonos no se pagarían o que devengarían retornos muy inferiores a los estipulados, fue natural que la gente temiera por sus depósitos en un banco al que estaban a punto de reducirle el valor de una parte importante de sus activos.. Esta combinación produjo en noviembre una corrida bancaria sobre el sector financiero que desembocó en la imposición del "corralito"
Se establece el Corralito, secó la plaza de liquidez para la economía informal, generó problemas en los niveles más pobres de la población y rompió la cadena de pagos. El BCRA perdía reservas, por el exceso de demanda de dólares. El FMI retira su apoyo. Renuncia el presidente y el ministro de economía.
El presidente provisorio Adolfo Rodríguez Saa anuncia el default de toda la deuda argentina. y la cesación de pago a los bonistas, deuda que rondaba los 135 mil millones de dólares. El Default fue total, incluso sobre títulos que por muchos años no implicaban pagos para la República.
La Argentina tenia unos 135.000 millones de dólares en deuda. De ese total aproximadamente una 60.000 millones eran con bancos locales, AFJP y el Banco Central, es decir, deuda interna. Los acreedores eran los depositantes, los futuros jubilados o el propio gobierno a través del BCRA. En definitiva, los argentinos poseían la mitad de la deuda.
Pero rápidamente el presidente renuncia y el gobierno decidió seguir cumpliendo con los organismos internacionales y con los préstamos garantizados.
Según la opinión de Sturzenegger, si no se paga la deuda, se origina una salida de capitales, la economía se contrae y se puede terminar con menos recursos que cuando se pagaba. En el caso argentino, el default fue el mayor causante de la salida de capitales y la crisis económica del 2002. Como esta salida de capitales estimuló la demanda por dólares, generó una dramática depreciación del peso, y al extraer recursos de la economía, introdujo un colapso de la actividad económica.
En el 2002, en la presidencia de Duhalde, se produce la pasificación del sistema bancario. Ante la magnitud de la devaluación, los créditos se habían hecho impagables y por eso había que mantenerlo sen pesos, lo cual obligaba a hacer lo mismo con los depósitos.
La pasificación sirvió para proteger a los bancos de la devaluación, ya que de habre mantenido los depósitos y préstamos en dólares hubiera sido muy difícil recuperar los créditos en volumen suficiente para honrar los depósitos.
El sistema financiero enfrentó tres serios problemas durante el 2002, anticipatorios de quiebras generalizadas:
A partir de julio, las principales variables del sistema financiero comenzaron a estabilizarse y en el período agosto-diciembre mostraron una tendencia positiva. Las entidades financieras recompusieron sus niveles de liquidez e incrementaron su demanda de títulos de corto plazo emitidos por el BCRA (LEBACs), lo que generó disminución de las tasas de interés y un incremento en el stock y el plazo promedio de colocación de plazos fijos con fondos libres.
Como consecuencia del incremento en la demanda de activos en moneda nacional, con una oferta de base monetaria sin cambios, el BCRA intervino comprando divisas en el mercado de cambios y recompuso el stock de reservas.
Los siguientes factores ayudaron a la estabilización del sistema:
La disminución de la confianza en las instituciones y en el sistema financiero hizo difícil el retorno de los depósitos perdidos y la expansión del crédito. Al contraerse el crédito, se reduce la demanda agregada interna, la producción, el empleo y la recaudación tributaria.
La devaluación no produjo inicialmente los beneficios fiscales esperados. Esta falta de capacidad de endeudamiento por parte del sector público se reflejó en una mayor emisión de base monetaria y de bonos, lo que se manifestó en la cotización del tipo de cambio libre, la tasa de inflación y la disminución de la demanda de activos financieros denominados en moneda nacional.
En 2003 y 2004, en la presidencia (electo democráticamente) de Nestor Kirchner, ha habido una creciente recuperación de confianza interna y externa, reflejada en la Balanza de Pagos, con una entrada neta de capital, generando un superávit. La recuperación del crecimiento, el empleo, la consolidación de un marco macroeconómico sustentable y exitosa reestructuración de la deuda pública han sido las causas principales de este cambio de tendencia.
El gobierno decidió disminuir sus necesidades financieras mediante la imposición de retenciones "temporarias" a las exportaciones, lo cual permitirá incrementar los recursos fiscales en el corto plazo.
El ministro Lavagna también impulsó una serie de medidas, como la de la suba de los encajes bancarios, con lo que recomienda al directorio del BCRA aplicar este instrumento para absorber sin costos la liquidez excedente y volcar esos montos en planes de financiación de mediano plazo, el ministro esperaba que con menor cantidad de dinero en plaza hay menor riesgo de inflación.
La flamante Ministra de Economía, Felisa Miceli, menos ortodoxa, apeló a los acuerdos con los formadores de precios (supermercadistas y sector de lácteos), y la suba de las retenciones al sector de las carnes, para disminuir los precios y combatir la inflación. Por otro lado alienta la inversión productiva y la suba de salarios.
Durante 2005, a través de una política monetaria prudente, previsible y estable, más una adecuada regulación y supervisión de las entidades financieras, el BCRA contribuyó a la normalización y crecimiento del sistema monetario, financiero y crediticio, coadyuvando a la consolidación del programa económico.
En línea con los objetivos trazados a fines de 2004, cuatro resultados visibles (dos en el plano monetario y dos en la esfera financiera) sintetizan el desempeño del BCRA en el año que termina:
El año 2005 marca el saneamiento del sistema financiero y la sostenida recuperación del crédito, acompañada por los adecuados incentivos regulatorios destinados a extender los plazos y a ejercer un manejo prudente de los riesgos asociados.
Al ritmo del incremento en la bancarización de la economía, las entidades financieras continuarán focalizándose en brindar crédito y servicios al sector privado. Estos comportamientos de corto y mediano plazo estarán estrechamente ligados a la continuidad del buen desempeño macroeconómico local, influyendo tanto en la calidad de los activos bancarios como en la posibilidad de expandir su actividad.
En esta línea, el BCRA continuará actuando proactivamente, tomando medidas que faciliten el acceso al crédito a los distintos agentes (especialmente a las pequeñas y medianas empresas y a las familias) y el alargamiento de plazos sin descuidar la puesta en práctica de estrategias prudenciales para fortalecer la estabilidad financiera y monetaria.
En 2005 las reservas internacionales de la Argentina se triplicaron desde aquel mínimo registrado a principios de 2003. En primer término, esta política resulta útil para ampliar los márgenes de acción a la hora de diseñar la política económica, considerando al stock de deuda neta como un indicador de vulnerabilidad y dependencia de una economía. La acumulación de reservas cumple un rol importante en términos de la consecución del objetivo de mantener una política económica autónoma.
En este contexto, el costo de la decisión de cancelar anticipadamente de la deuda con el Fondo Monetario Internacional en términos de una menor disponibilidad de recursos para hacer frente a eventuales cambios abruptos en las condiciones financieras externas es mínimo. Argentina comenzará el 2006 con un nivel similar de reservas con relación a principios de 2005, cuando aún no había finalizado el proceso de reestructuración de la deuda pública y existía incertidumbre al respecto.
Además, la economía argentina en su conjunto está mejor preparada para enfrentar shocks a partir de una serie de factores:
Los tres primeros factores permitirán una rápida recomposición de reservas a partir de la oferta de divisas proyectada para los próximos años. Los restantes, por su parte, descansan en un nivel de respaldo adecuado en función del tamaño del sistema financiero argentino.
Por último, este es un buen momento del ciclo económico para consolidar el proceso de desendeudamiento externo. Tanto el ciclo económico local como el internacional están en un momento de auge. Como indica la teoría, es el momento óptimo para desendeudarse.
María Cecilia Viejo
Fac. Ciencias políticas y sociales
Universidad Nacional de Cuyo
Mendoza Argentina
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