
A partir de 1959, con el triunfo de la Revolución, cambian las cosas en Cuba, también en el terreno literario. Se arrinconan los supuestos de independencia estética que habían animado la poesía pura, y que, de forma distinta, habían sido puestos en práctica por el grupo de Orígenes.
Estos poetas, tildados de "trascendentalitas", eran poco afines con la poesía social, el intimismo existencial y el "coloquialismo" de esos años. Sin embargo, los origenistas no abandonaron la escena. Lezama publica Dador en 1960; Eliseo Diego, Oscuro Esplendor en 1966; Cintio Vitier ya había publicado, escrito y cantando en 1959. No interrumpirán su labor literaria, a pesar de posteriores dificultades o incidentes (como la breve retirada de las librerías de Paradiso, de Lezama Lima).
En términos estrictos, no se puede hablar de grupo una vez desaparecida la revista, que fue el lazo de unión entre personas de diferentes edades y condiciones. Por otra parte, la situación de los origenistas después de 1959 presenta considerables diferencias individuales. Todo parece indicar que se trató más bien de un cambio general en el ambiente cultural, promovido desde luego por una revolución política. En realidad, siempre han sido fuente inagotable de inspiración. Y lo siguen siendo.
Por razones principalmente históricas, no es raro que aparezcan esos momentos de pausa en la poesía cubana.
La era llamada "poesía de la diáspora" es registrada en nuestra
antología. Iniciada en 1959 y conocida con nombres
tan diversos y polémicos como exilio, emigración o
destierro posrevolucionario, dicha diáspora, aún
vigente, cuenta con un vasto corpus poético que en
ningún sentido permite concebirse como una entidad
cerrada, uniforme y unifocal, ya que constituye un corpus
dinámico y multiforme en temas y estilos, con
múltiples focos de producción dispersos por el mundo (Estados Unidos,
España,
México,
Francia,
Venezuela,
Chile, República Dominicana, Puerto Rico,
Colombia, Suiza,
Sudáfrica, Inglaterra,
Suecia), un corpus que desde los años 60 vive en constante
renovación y enriquecimiento producto de
las sucesivas emigraciones de poetas ya formados en la Isla y de
los también sucesivos brotes de autores
"autóctonos", es decir, formados literariamente fuera del
país o que publican sus primeros libros una vez
en el destierro.
Durante este exilio de los años 60, donde predomina una
poesía política y patriótica de muy escasos
valores
literarios. Sólo resultan ser notorios unos aislados
poemarios de Gastón Baquero, Rita Geada, Rolando Campins e
Isel Rivero. Esto lleva a Carlos Espinosa Domínguez a
afirmar que no es hasta la década siguiente que la
poesía de la diáspora logra "su etapa de
despegue".
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