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El mercado del placer
Del latín prostituire (comerciar, traficar), prostituirse quiere decir ofrecer el cuerpo para fines sexuales, a cambio de dinero u otros bienes o servicios. La prostitución masculina es relativamente nueva, pero su presencia se ha tornado cada vez más importante no solamente por la mayor tolerancia a la homosexualidad, sino también porque la prostitución masculina heterosexual pone en evidencia los conflictos de muchas mujeres, que recurren a estos hombres ya sea porque están solas o bien porque se sienten insatisfechas en sus relaciones.
Comerciar, traficar, vender. ¿Cuál es el objeto de este singular negocio? ¿Qué se busca en ese encuentro entre un varón y una mujer en el que no media ninguna otra relación que no sea la establecida por los servicios prestados y por el dinero pagado? Probablemente, éste es el aspecto que pone en contradicción la sexualidad vivida en la pareja amorosa y la relación entre la prostituta y su cliente: la ternura y la reciprocidad del placer, que son reemplazadas por el acuerdo de servicios pagados.
Cuando el hombre está solo, cuando le es difícil o hasta imposible construir y sostener una relación entre dos, cuando se sabe que, con su pareja estructurada no puede dar pábulo a sus deseos que, quizás, bordean lo perverso; cuando la insatisfacción le tiene siempre mal, entonces alquila por unos momentos un cuerpo que le permita sentir placer.
Porque algo que caracteriza a mujeres y varones es su perenne búsqueda de lo gratificante y de lo placentero. Pese a la enfermedad y el sufrimiento, más allá de las calamidades, al ser humano le mueve el deseo de lograr el bienestar total y el goce absoluto. Sin lugar a dudas, cada mujer y cada varón viven múltiples situaciones y experiencias gratificantes y placenteras, que proveen de sentido a la vida. Pero la relación sexual suele representar la más gozosa de las experiencias.
El matrimonio o una vida de pareja estable y supuestamente armoniosa no garantizan, de modo alguno, el placer y la satisfacción de la pareja. A lo mejor, tanto el varón como la mujer poseen historias conflictivas en su sexualidad, que les impide vivirla con libertad y satisfacción. Existen mujeres frígidas, que no han legitimado un ejercicio placentero de la sexualidad o mujeres que se niegan a la libertad de gozar en la intimidad compartida de los cuerpos, las fantasías y los deseos; se transforman en malas compañeras sexuales, que crean compañeros o esposos insatisfechos. A ello se añade la situación social y religiosa de la sexualidad femenina. Pese a los cambios importantes que se han producido en las últimas décadas, la mujer sigue ocupando un segundo lugar, por obra del crónico sistema de exclusiones...
También cuentan los varones solos y
aquéllos a quienes resulta difícil o hasta
imposible construir y sostener una relación entre dos. Y
los que, por antiguas fallas en su sexualidad, se muestran
impotentes o eyaculadores precoces con su pareja y son lo
contrario con la prostituta. Existe el grupo de
quienes con sus esposas no pueden realizar ciertas
prácticas sexuales ya que ellas no se las permiten pues no
les agradan, porque atentan contra su pudor o porque, al ser casi
perversas, contradicen lo que la cultura
dispone para el ejercicio de la sexualidad.
La prostitución termina transformándose en una
suerte de supermercado al cual cualquiera puede acudir para
satisfacerse, llenar un vacío, realizar sus exigencias y
secretas fantasías. Desde las creencias sociales, la
prostituta es la gran maestra: ella sabe todo y es capaz de todo.
Tras el guiño de un ojo está la invitación
al encuentro. La apertura provocativa de un escote o la cortedad
de la falda aseguran el placer. Con sus labios rojos llama,
convoca, invita a un placer del cual ella se presenta como
dueña absoluta.
LOS ADOLESCENTES Y LA PROSTITUCIÓN
Más del 40% de adolescentes ecuatorianos confiesan haber tenido experiencias con prostitutas y el 26,5% afirma que conoce a chicas de su edad que ejercen la prostitución.
Detrás de estos índices, no pocas veces se
expresa una arraigada visión machista, que tiene el birdel
como un espacio casi obligado de iniciación sexual. Por
ejemplo, algunos paseos escolares pasan por la visita a la zona
roja.
Los jóvenes necesitan una orientación franca de
padres y educadores acerca del ejercicio responsable de su
sexualidad.
Hay mil nombres para llamarlas: prostituta, ramera.
meretriz, buscona, golfa, perra, fulana, perdida... En la
actualidad, se ha propuesto llamarlas trabajadoras sexuales, con
el ánimo de erradicar el oprobio social del cual son
víctimas que, por supuesto, no desaparece porque se cambie
el nombre.
Cada una de esas designaciones incluye dos aspectos
fundamentales: la venta de un
placer, que no es vendible, y la baja calaña de quien se
dedica a este negocio.
Nombres equívocos e insinuantes al mismo tiempo, quizás cualquiera de ellos es el más grave de los insultos dados a una mujer porque pretende indicar que la prostitución implica la degradación absoluta de la mujer que se vende, que entrega su cuerpo a todos quienes lo solicitan, que ha echado al basurero el sentido del honor, la privacidad y la intimidad.
Sin duda, el nombre más agresivo que se les ha dado es el de mujeres de la vida alegre. Un nombre que pretende tapar la verdadera realidad que se esconde en la inmensa mayoría de las mujeres que ejercen la prostitución. ¿Son, acaso, alegres porque salen a las calles, exhibiéndose de todas las formas posibles, con tal de conseguir un cliente que las provea del dinero para sobrevivir? ¿En dónde su alegría, cuando son víctimas de toda clase de violencias, oprobios, agresiones y explotaciones?
Mujeres de la vida alegre. ¿Acaso la vida de las otras, las de la casa, es triste y aburrida? La verdad es que no hay alegría en esas mujeres que, por lo general, saben muy poco o casi nada de lo que significa placer y de la alegría en una relación amorosa y tierna. El alquiler del cuerpo, en efecto, no suele incluir sino la pantomima de un goce que ellas no buscan en sus clientes.
Si no es alegre esa vida, ¿por qué se dedican a ella, por qué no buscan otros trabajos más honrados, más gratificantes, más aceptables? Estas y otras preguntas similares esconden siempre el rechazo social y, al mismo tiempo, pretenden desconocer las complejas razones que conducen a una mujer a la prostitución. Ni es cierto que para todas las mujeres existen las mismas oportunidades, ni tampoco que todas las que trabajan en el mundo de la prostitución lo hacen por decisión libre y personal.
Se ha investigado poco y ellas mismas prefieren callar.
Porque, detrás de esa supuesta vida alegre, existen
historias de violencia,
abuso sexual,
incesto, violación, engaño, presión,
chantaje.
Niñas prostituidas por su madre a los 10 - 11 años
de edad; obligadas por una tía o una abuela,
comúnmente también prostitutas, a recibir clientes
en casa o a irse con ellos, o vendidas a traficantes
internacionales o locales para los grandes
prostíbulos.
De hecho, existen redes internacionales de tráfico de mujeres de todos los países. O son llevadas a la fuerza, o con el engaño de lucrativos trabajos, que nada tienen que ver con la prostitución. Ya fuera de casa o del país, se las obliga, bajo amenaza, a trabajar en centros nocturnos a cambio de pagas, con frecuencia, miserables.
Ante el agravio del incesto o de la violación, algunas no encuentran otra vía de escape que la prostitución, porque, desde su imaginario, así pretenden vengarse de la sociedad y la familia. Una agresión que, desde luego, conlleva siempre una grave autoagresión.
Algunas fueron engañadas y seducidas por un hombre, que las llevó consigo bajo la promesa de tomarlas por esposas, al tiempo que les ofreció todo. Luego de un pequeño tiempo, fueron obligadas, con amenazas y maltratos, a trabajar en los prostíbulos o en la calle.
La prostitución y la trabajadora sexual han ingresado, desde sus orígenes, a esas formas ambiguas y equívocas de los discursos sociales en los cuales aparecen como la profesión y la profesional más antiguas del mundo. Este calificativo remite a una amplia serie de significaciones. En primer lugar, se trata de un trabajo socialmente legitimado, elevado al rango de profesión, y no cualquiera sino la más antigua entre todas. Y de a una profesional, es decir de una auténtica especialista que sabe del arte, que lo domina y que, además, lo transmite de generación en generación. El arte de brindar toda clase de placeres sexuales.
De esta antigüedad se desprenden su necesidad y su valor en la sociedad, al tiempo que resulta más difícil aún entenderla únicamente como una compra - venta de cuerpos y placeres. Probablemente, su origen se deba al carácter mítico y sagrado de la misma sexualidad humana. Sin embargo, en todo esto existe una suerte de ironía, que se ha evidenciando cada vez más por cuanto el ejercicio de la moral la ha condenado, mientras a la prostituta acude el padre con su hijo adolescente para que lo introduzca en el mundo de la sexualidad, del placer y del goce. Para que brinde a este muchacho el certificado de una heterosexualidad fuera de toda duda.
De la "hospitalidad sexual" que implicaba prestar una noche la mujer al huésped en señal de estima, se pasó a la comercialización del cuerpo de la mujer. En la época de Solón (64O- 558 ac), se habría establecido la primera casa de tolerancia con su respectivo reglamento.
La mujer que vende, por momentos, su cuerpo ausente de placer, debía diferenciarse de toda otra mujer que, supuestamente, no gozaba sino que cumplía con el derecho del esposo a poseerla como bien raíz.
En el Código
de las Siete Partidas, de Alfonso X, se normatiza el ejercicio de
la prostitución en España,
ejercicio al que se lo califica de "oficio a salario". Las
mujeres están obligadas a usar atuendos que se transformen
en indicadores
inequívocos de su condición, al tiempo que se
prohíbe a los sacerdotes recibir las ofrendas y
limosnas de las prostitutas. Porque, pese a la licencia real y a
la demanda
social, se tratará siempre de un dinero mal habido,
profano y pecaminoso.
Resulta difícil definir el concepto de
actividad económica cuando se trata de evaluar el trabajo de
la mujer. Ello determina que un porcentaje de las mujeres
aparezca, estadísticamente considerado, dentro de la
población inactiva, pese a que realiza un
sinnúmero de actividades de diferente índole. De
entre otras actividades, algunas están- destinadas a la
obtención de ingresos que
aseguren su subsistencia y la su familia. Esto se
evidencia más cuando se trata de ubicar la
prostitución dentro de lo productivo.
La sociedad exige explícita e implícitamente que cada una de las actividades que desarrollan sus miembros, por más sencillas e insignificantes que parezcan, posean su aval, que les confiere el sentido de legitimidad. Aquí radica lo contradictorio de la prostitución puesto que, por una parte, las leyes y reglamentos la autorizan y, por otra, su ejercicio es criticado y perseguido por muchos actores sociales. Es una "profesión" y, sin embargo, el dinero que adquiere la prostituta es calificado de mal habido y sucio. Esta doble y contradictoria posición social ubica a esta actividad en un callejón sin salida y la deja siempre al borde de lo delincuencial, que sirve para legitimar el abuso y la agresión que se ejercen contra las prostitutas.
Se trata de una forma de vida que permite la
supervivencia de muchísimas mujeres y sus familias. Un
trabajo sumamente conflictivo y de alto riesgo que, como
dicen ellas mismas, cubre parte del gran desempleo en el
que viven las mujeres de los estratos pobres y marginales de los
países en vías de desarrollo.
"Para el Estado
significa también una cómoda alternativa
al desempleo femenino, el mismo que se deriva de su propia
incapacidad para resolver las más apremiantes necesidades
de supervivencia de amplios sectores de la población. El
control y la
lucha contra la prostitución sólo significan,
entonces, represión contra la mujer que la misma sociedad
obliga o condena a prostituirse" (Asociación de
trabajadoras autónomas, 22 de junio", El Oro).
Y cuanto más se agrava la crisis
económica, tanto mayores son las alternativas para la
prostitución, que aparece como una carta más
del naipe que la sociedad, y también la feminidad, poseen
para enfrentar la pobreza. Las
nuevas exigencias sociales obligan a que ingresen adolescentes y
pre-adolescentes al mercado de la prostitución porque son
las preferidas. Así habla una joven mujer-trabajadora
informal: "Ahora la prostitución es muy grande. Antes se
veía poquita gente, pero ahora en las calles y en los
cabarets se ven chicas muy jovencitas. Hay niñas de 11
años, que son prostitutas a quienes sus mamás les
dan clientes, Yo conozco muchas jovencitas. En este sector; por
ejemplo, hay una niña que tiene hasta menos de 16
años".
En el afán de comprender los modos de inserción de
la mujer en la economía informal y
su participación tan significativa en las estrategias de
sobrevivencia de la familia, se ha afirmado que la mujer tiene
éxito
porque prolonga fuera de casa lo que realiza dentro de ella. Si
este principio fuese cierto, la opción de la
prostitución, como estrategia de
sobrevivencia, no requería más explicaciones. Si
dentro de casa le corresponde el tránsito de la sexualidad
en la pareja, ser objeto de goce del otro, al ofrecerse como
meretriz, no haría sino sacar al mercado lo que posee y lo
que sabe hacer. Esta explicación es demasiado pobre y
fatalista.
La mujer se prostituye porque éste es uno de los riesgos no sólo de la marginalidad en sí, sino de la calle que moldea, de manera casi amorfa, y en donde crecen muchas niñas. La calle es un lugar abierto, perennemente expuesto y en el cual se dan cita los múltiples acontecimientos de la urbe y de los sujetos.
La irrupción del otro en el cuerpo de la prostituta será siempre un misterio. Desde el machismo que ha regulado la sexualidad dejando fuera a las mujeres, ¿cómo la niña, la adolescente, la adulta prostituidas recibirán una y otra vez una demanda que las deja siempre al margen?, ¿cómo esas niñas organizarán su feminidad y su deseo de mujer frente a cada cliente que viene a ella con una demanda, casi exclusivamente física, y sin que ella pueda formular nada, más allá de extender la mano y recibir lo pactado?
Seguramente, quedarán estructurándose siempre con heridas que nadie verá, pero que ellas sentirán y por las cuales atravesarán la maternidad, la ternura, el amor y el odio, la frustración y el éxito. Señaladas con el dedo de la culpa ajena, saben que sus vidas están vacías por dentro y por fuera. "Nosotras estamos por el trabajo, no por el placer. Para eso (el placer) tenemos nuestro compañero. Con el cliente, no hay placer, es sólo un trabajo".
Desde luego que la prostitución propaga las enfermedades de transmisión genital, y ésta es otra de las razones de su persecución. La epidemia del sida las ha estigmatizado aún más, pues se la considera como una de las vías importantes de transmisión de esta enfermedad incurable Pero, antes que nada, las prostitutas son sus primeras víctimas; con estas enfermedades viven y mueren, numerosas veces, sin saberlo porque en la mujer muchas de estas enfermedades son asintomáticas.
Una invasión por las pistas electrónicas
Prostitución y pornografía no son lo mismo aunque, en
general, se hallan íntimamente ligadas en cuanto quienes
se dedican a la pornografía suelen ejercer la
prostitución. Pero no al revés. De hecho, entre una
y otra existe una relación etimológica porque
pornografía proviene del griego porne que significa
prostituta, y grafo, describir. Lo que caracteriza lo
pornográfico es el carácter obsceno de ciertos
escritos, obras, representaciones y relaciones que presentan la
sexualidad con toda crudeza, buscando la excitación del
lector o espectador.
En la pornografía existe una intencionalidad clara de
demostrar de manera excesivamente cruda y explícita la
sexualidad, sacándola de su intimidad y privacidad para
transformarla en vergonzosa. Rompe el misterio del placer y del
goce con la pretensión de volverlos obvios y tangibles; se
deteriora lo erótico y sensual del cuerpo al convertirlos
en elementos de indecencia y violencia en tanto rompen con
ciertos principios
culturales que gobiernan la sexualidad.
El material obsceno despoja a la sexualidad de sus elementos
tiernos y la viste de una violencia francamente ofensiva, con la
intención de destruir los valores
personales y sociales.
Aunque su presencia en el mundo es casi tan antigua como la prostitución, sin embargo su edad de oro, si vale la expresión, es ésta, la segunda mitad del presente siglo.
Los adelantos tecnológicos en las comunicaciones han facilitado la extensión de la pornografía, la mayor producción de inimaginables materiales pornográficos. Por ejemplo, en las ciudades de los Estados Unidos existen más centros de venta y distribución de material pornográfico que restaurantes McDonald's.
Se ha producido una explicitación de la ornografía, aparentemente legitimada por los cambios importantes que se han dado respecto a la sexualidad. Existen radioemisoras que incluyen mensajes claramente indecentes e inclusive obscenos. Se han construido redes internacionales de teléfonos a los que las personas llaman para recibir mensajes obscenos. En todos los países, vía TV-cable, se exhiben películas llamadas de mayores y que son pornográficas. A esto se ha unido la utilización del Internet para el tráfico de programas y mensajes pornográficos.
Las leyes condenan la pornografía destinada a menores de 18 años. Si embargo, en todos los países de occidente, son precisamente los muchachos de 12 a 17 años los mayores consumidores de la pornografía. Para este grupo, la pornografía posee dos destinos fundamentales-: la información y la excitación. De hecho, a partir de los dos últimos años de primaria, tanto las chicas como los muchachos llevan revistas pornográficas como elemento informativo sobre sexualidad. Y tanto más lo hacen cuanto más el sistema educativo se resiste a hablar sobre la sexualidad. Pero no sobre una sexualidad que se agota en la anatomía y fisiología, sino una sexualidad que tome en cuenta sus aspectos lúdicos, placenteros y culturales.
Probablemente, lo más grave de la presencia masiva de la pornografía es la inclusión de los niñas y las niñas. En primer lugar, pese a las persecuciones legales, cada vez más se los utiliza para la producción de material pornográfico. Como este material prohibido posee una gran demanda, se han establecidos redes internacionales de producción y tráfico similares a las de las drogas. En todos los países, pero de manera muy particular en los países de Indochina, se compra o se rapta a niñas y niños para luego destinarlos a producción pornográfica y a la prostitución.
El acceso de niños y niñas a cualquier clase de material pornográfico es ofensivo a su identidad. De alguna manera, se trata de una auténtica violación puesto que se atenta contra la realidad de su vida sexual que no es comprable a la de los adolescentes o adultos; se les deja sin las expectativas de su sexualidad infantil y, sobre todo, se destruye su mundo imaginario y mágico en el cual crece y se desarrolla su sexualidad.
La verdad es que cada día aumenta el número de niñas y niños expuestos de manera directa a lo pornográfico, ya sea porque los adultos permiten hacerlo o bien porque ellos mismos lo hacen utilizando la televisión y el Internet.
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PERCEPCIONES COLECTIVAS La encuesta fue realizada entre un grupo de
ecuatorianos y extranjeros. En cada caso, la barra de la
izquierda representa el punto de vista de los
ecuatorianos; la de la derecha, la de los
extranjeros. Otras encuestas, en cambio, muestran frente al homosexualismo una actitud más intolerante de los ecuatorianos que de los extranjeros. ¿Piensas que la prostitución debería ser ilegal? Ecuatorianos Extranjeros SI 26.74% 29.63% Probablemente SI 12.79% 11.11% No sé 12.79% Probablemente NO 10.47% 9.26% NO 33.72% 18.52% |
Del trabajo doméstico a la prostitución
En todos los sectores, incluyendo los marginales, se han producido importantes movimientos orientados a rescatar el papel y los derechos de la mujer en la familia y la sociedad. La mujer busca recuperar su autonomía, la capacidad de decisión y de elección.
En los estratos marginales, estas nuevas actitudes se revelan, por ejemplo, en la crítica a ciertas ocupaciones y oficios antiguamente típicos de la mujer y que, para ciertos grupos, se presentaban como casi la única y mejor alternativa. Hay un proceso de revalorarse a sí mismas a través de sus oficios y trabajos.
Por ejemplo, las adolescentes y mujeres jóvenes de los sectores pobres, campesinos y marginales ya no consideran, como antes, al trabajo doméstico como la mejor fuente de ingresos porque lo califican de esclavizante. Prefiere, por ejemplo, el trabajo en las fábricas.
En cambio, cuando fallan otras alternativas, pueden optar por la prostitución que, aunque no se la ejerza de manera permanente, produce más dinero y ofrece más libertad. Este es el testimonio de una vendedora ambulante: "Una se da cuenta de que esas niñas ya no están trabajando en una casa, cuando se las ve todas pintarrajeadas y con vestiditos muy altos. Entonces ellas se han ido a trabajar o en bares o en casas de citas. Allá ellas ganan más que haciendo otras cosas".
Rodrigo Tenorio A. Estrategias de sobrevivencia de la mujer marginal
Niñas y adolescentes son
víctimas del abuso sexual; muchas de
ellas son prostituidas
El siguiente es el testimonio de una joven prostituta que da cuenta cómo crece el número de niñas y adolescentes en el trabajo de la prostitución y cómo son explotadas por otras mujeres.
"La mayoría son muchachas, así jóvenes. Y les amenazan que les van a decir al papá o a la mamá o a los hermanos. Hay mujeres que están en el ambiente desde los once y doce años. Me contó una amiga que aquí, en esta semana, en Santa Rosa, en los cabarets hay una niña, y dice que hasta las lágrimas se le iban, y dice que es una chica a la que le han llevado ahí a la fuerza.
Le dan de tomar. Y como es chiquita, es parte del show del cabaret. Saben que apareció con una tal Liliana. Esa mujer es la explotadora, ya que hay hombres que a una le han pagado y dicen que le traiga una chica joven, una carne fresca. 'Tráeme una muchachita que sea virgo', piden. Hay trata de blancas, bastante. Hay chicas trabajando, ni los senos les salen todavía".
Rosa Manzo, et al. Nosotras, las señoras alegres
Niños, Internet y prostitución
Riesgos y precauciones
Dos son los mayores riesgos de los niños y el Internet
2. La paidofilia accede fácilmente a los niños.
Algunos consejos para proteger su hogar y a los menores:
- Dedique tiempo, cualitativamente bueno, para estar
con sus hijos e hijas y conversar sobre los programas que
ofrece la computación.
- Mantenga el computador
en un área pública de la casa, y no en el
dormitorio de los niños o niñas.
- Tómese tiempo para instruirse sobre las
condiciones, cualidades y alcances del computador que utiliza
su hijos y sobre lo que el internet le ofrece.
- Si su hijo o hija recibe una revista de
computación, revísela con él y discuta
sobre cuáles serían los programas adecuados e
inadecuados y por qué.
- Si usted encuentra a su hija o hijo con material
cuestionable, no le regañe. Aproveche la oportunidad
para hablar, discutir y enseñar. No destruya el material
bibliográfico.
- Chequee cuánto tiempo dedica su hijo o hija
al uso del Internet.
- Si su computador posee un servicio de
programas de mayores, sería mejor que considere su
cancelación.
- No permita que sus hijos tengan acceso a los programas "chat" o "CB" en los cuales ciertas personas anónimas conducen, de manea simultánea, discusiones sobre temas aparentemente inofensivos.
- Jamás permita que su hija o hijo den
información personal por medio del internet-: su nombre
real, dirección de la casa, número
telefónico.
- Enséñele a que comente con el papá o la
mamá, si encuentra material raro o desnudos en el
internet.
- Dé importancia y valor cuando su hija o hijo comenta estas cosas. Permítale explicitar sus opiniones
Entre erotismo y pornografía media un abismo. En la última se expresan la sexualidad y el placer subordinadados al negocio; el punto de vista estético y lo lúdico se reducen a una mercadería. Lo pornográfico mutila lo humano y, por ello, es una experiencia que enajena y deforma. La experiencia erótica valoriza la belleza de los cuerpos y la gratuidad de los gestos; es indagación en el instinto, exaltación del placer y los sentidos, asedio a la totalidad humana. Gracias a una determinada configuración sociocultural, acciones, objetos y representaciones son susceptibles de provocar una respuesta sexual.
Estas acciones no necesariamente tienen que ser directa e inmediatamente físicas. Lo erótico está vinculado a la cultura y es una de las vetas del arte y la literatura, a lo largo de la historia. Reproducimos las respuestas de dos de los periodistas ecuatorianos más leídos a quienes se les planteó el tema de las diferencias entre lo erótico y lo pornográfico.
1. ¿Cuál es la diferencia entre erotismo y pornografía?
2. ¿Qué manifestaciones de éstos
observa en la actual sociedad ecuatoriana?
"Los besos pornográficos"
Primo Carnera atacaba casi a ciegas. Ambos eran
boxeadores.
"El Viti" marcaba con perfección los tiempos antes de
ejecutar el volapié.
"El Cordovez" se lanzaba sobre el morrillo. Ambos eran
matadores de toros.
"El Ministro" Lecaro salía jugando la pelota, tras
dominarla. Alfonso Quijano la reventaba. Ambos eran
defensas.
El erotismo tiene unas calidades que sugieren, que va
más allá del hecho mismo. La pornografía
no: es como un trompón de Primo Carnera. A lo bestia.
Sirve para derribar lo que se pone adelante. Y lo que se pone
adelante es el misterio, elemento fundamental del erotismo.
¿Está claro? ¿No? ¡Mejor!
2. El erotismo está en todo. O casi. La moda ¿no es erótica? ¿Y el baile? ¿Y el saludo con un beso, cuando las mejillas apenas se rozan? ¿Esa escena en que a Marilyn, parada sobre una chimenea del subway, se le alza su vestido blanco? En cambio, esos besos que se dan en las telenovelas venezolanas, son pornografía pura. Y los discursos de la mayoría de los diputados, también.
"Entre la sabiduría y la inocencia"
La preocupación por el placer, sin embargo, no caracteriza a la sociedad ecuatoriana ocupada en no morir. Esa es la gran diferencia de calidad con los brasileños, que sobreviven y gozan. La sociedad ecuatoriana tiene que encontrar la inocencia y el goce de vivir.
En Latinoamérica, el tráfico de niños y mujeres continúa pero aún se desconoce la magnitud y gravedad del problema; a nivel internacional este tráfico ha tomado nuevos matices que impiden identificarlo con claridad para poder aplicar leyes buscando proteger a las víctimas.
Es necesario fomentar en América Latina, a través del apoyo internacional, la creación de organizaciones que permitan establecer un diagnóstico de la situación en los países con mayor incidencia en el tráfico de mujeres. Al mismo tiempo se deben elaborar programas de rehabilitación social, psicológica y laboral para las víctimas y apoyar campañas de información y prevención a nivel nacional e internacional, como una forma de alertar a las posibles víctimas de los traficantes.
Después de haber realizado este trabajo pienso que se debería crear una red a nivel andino para el trabajo de protección a la mujer, tomando en cuenta las iniciativas nacionales en torno a los acuerdos internacionales incluyendo la especificidad de mujeres migrantes y refugiadas.
Diario EL HOY
ECUAVISA
Teresa C. Ulloa Ziaurriz. Coordinadora General de Defensoras Populares
Autora:
Vanessa Elizabeth Malte Chiles
COLEGIO EXPERIMENTAL
"CARLOS ZAMBRANO"
Quito, 07 de Junio del 2006
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