1. DATOS INTERNOS

2.1. Lectura total y comprensiva del cuento.

Historia: un hombre se muda a un lugar transitorio que pertenece a una mujer que está de viaje en París. Este hombre suele vomitar conejitos, acción que se vuelve más frecuente cuando se instala en el departamento prestado. En éste vive una empleada doméstica que tiene como tarea el mantener el excesivo orden imperante. Por esta razón, el hombre idea un plan para evitar que la conviviente descubra su padecer. Esconde los conejos en el armario y se ocupa de ellos durante la noche cuando aquella está durmiendo.

Sin embargo, este tiempo es suficiente para que los animales destrocen algunas pertenencias de la dueña, las que él intenta reparar. Finalmente, cuando vomita el conejito número once, la situación lo sobrepasa por lo cual decide matar a los conejos arrojándolos por el balcón de la casa y luego es él quien salta al vacío.

Discurso: La materialización de la historia se lleva a cabo por un narrador que escribe una carta, que puede considerarse una nota suicida del personaje, que está dirigida a la señorita que le prestó la casa, quien se encuentra circunstancialmente en Paris.

Esquema funcional

Funciones cardinales o núcleos:

  • mito del primer conejito durante la mudanza.
  • Concreción de la mudanza a una casa prestada.
  • Recepción del hombre por la empleada doméstica.
  • Descubrimiento del orden minucioso de la casa.
  • Ideación de un plan para conservar al conejo, fuera de la vista de la mucama y a su vez alejado de las pertenencias de la dueña de la casa; plan que luego se aplicará al resto de los conejos.
  • Vómito de nueve conejitos más.
  • Vómito del conejo número once.
  • Destrozo de elementos de la casa por los conejos.
  • Lanzamiento de los conejos por el balcón y suicidio del personaje.

Catálisis:

Ejemplos en el texto:

Descripciones:

Del orden inicial de la casa:

"…me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las más finas mallas del aire, esas que en su casa preservan la música de la lavanda, el aletear de un cisne con polvos, el juego del violín y la viola en el cuarteto de Rará. Me es amargo entrar en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteración visible de su alma, aquí los libros (de un lado en español, del otro en francés e inglés), allí los almohadones verdes, en este preciso sitio de la mesita el cenicero de cristal que parece el corte de una pompa de jabón, y siempre un perfume, un sonido, un crecer de plantas, una fotografía del amigo muerto, ritual de bandejas con té y tenacillas de azúcar..."

De la forma en que vomita un conejo:

Cuando siento que voy a vomitar un conejito me pongo dos dedos en la boca como una pinza abierta, y espero a sentir en la garganta la pelusa tibia que sube como una efervescencia de sal de frutas. Todo es veloz e higiénico, transcurre en un brevísimo instante. Saco los dedos de la boca, y en ellos traigo sujeto por las orejas a un conejito blanco.

El conejito parece contento, es un conejito normal y perfecto, sólo que muy pequeño, pequeño como un conejilo de chocolate pero blanco y enteramente un conejito. Me lo pongo en la palma de la mano, le alzo la pelusa con una caricia de los dedos, el conejito parece satisfecho de haber nacido y bulle y pega el hocico contra mi piel, moviéndolo con esa trituración silenciosa y cosquilleante del hocico de un conejo contra la piel de una mano.

Reflexiones del narrador:

"He cerrado tantas maletas en mi vida, me he pasado tantas horas haciendo equipajes que no llevaban a ninguna parte, que el jueves fue un día lleno de sombras y correas, porque cuando yo veo las correas de las valijas es como si viera sombras, elementos de un látigo que me azota indirectamente, de la manera más sutil y más horrible…"

"Las costumbres, Andrée, son formas concretas del ritmo, son la cuota del ritmo que nos ayuda a vivir. No era tan terrible vomitar conejitos una vez que se había entrado en el ciclo invariable, en el método."

Indicios:

Implicancia del orden y de la personalidad del personaje:

"Ah, querida Andrée, qué difícil oponerse, aun aceptándolo con entera sumisión del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana residencia. Cuán culpable tomar una tacita de metal y ponerla al otro extremo de la mesa (…) Y yo no puedo acercar los dedos a un libro, ceñir apenas el cono de luz de una lámpara, destapar la caja de música, sin que un sentimiento de ultraje y desafio me pase por los ojos como un bando de gorriones."

"Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha.(…) Me mudé el jueves pasado, a las cinco de la tarde, entre niebla y hastío."

Indicio del conflicto:

"yo tenía perfectamente resuelto el problema de los conejitos"

Indicios del desenlace:

"(…) para que seguir todo esto, para qué seguir esta carta que escribo entre teléfonos y entrevistas."

"Decirle que en este intervalo todo se ha roto…"

"En cuanto a mí, del diez al once hay como un hueco insuperable"

"(…) que la vida es un movimiento hacia arriba con un click final…"

Indicio del significado del conejo en el cuento:

"Entre el primero y segundo piso, Andrée, como un anuncio de lo que sería mi vida en su casa, supe que iba a vomitar un conejito. En seguida tuve miedo (¿o era extrañeza? No, miedo de la misma extrañeza, acaso)"

Informantes:

Elemento que permite justificar la muerte de los conejos y los personajes. Informante de la altura:

"Al cruzar el tercer piso el conejito se movía en mi mano abierta. Sara esperaba arriba…"

Finalmente, a partir del análisis de las funciones cardinales, catálisis, indicios e informantes, concluimos que, a pesar de que existen muchos indicios, éstos van resolviéndose a lo largo del texto, y nos van llevando a una trama que los confirma y hace explícitos los hechos sugeridos.

La secuencia

Estado de equilibrio (situación inicial)

La introducción se extiende desde "Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha…" hasta "Lo cerré en el botiquín vacío (…) no jabonándome las manos para sacarles una última convulsión"

Núcleos:

  • Vómito del primer conejito durante la mudanza.
  • Concreción de la mudanza a una casa prestada.
  • Recepción del hombre por la empleada doméstica.
  • Descubrimiento del orden minucioso de la casa.
  • Ideación de un plan para conservar al conejo, fuera de la vista de la mucama y a su vez alejado de las pertenencias de la dueña de la casa; plan que luego se aplicará al resto de los conejos.

Ruptura del estado de equilibrio (desarrollo del conflicto)

El desarrollo del convicto se extiende desde "Comprendí que no podía matarlo…" hasta "Usted ve: diez estaba bien, con un armario, trébol y esperanza, cuántas cosas pueden construirse. No ya con once, porque decir once es seguramente doce, Andrée, doce qu serán trece"

Núcleos:

  • Vómito de nueve conejitos más.
  • Vómito del conejo número once.
  • Destrozo de elementos de la casa por los conejos.

Equilibrio restituido o advenimiento de una nueva situación que pone fin a ese conflicto, en forma armónica o no (final)

El desenlace se extiende desde "Entonces está el amanecer y una fría soledad en la que caben la alegría, los recuerdos, usted y acaso tantos más" hasta el final del cuento.

Núcleo:

  • Lanzamiento de los conejos por el balcón y suicidio del personaje.

El título

El título, "Carta a una Señorita en Paris", no informa nada acerca del contenido del cuento, y si bien hace referencia a un género discursivo, como es la carta, no se adapta estrictamente a la estructura de dicho género, aunque utilizando muchos de esos elementos. No cumple otra función más que la de preparar al lector con respecto a la forma de contarse la historia.

Momentos de la trama

Distinguidos la introducción, nudo y desenlace, pasaremos a analizar particularmente el nudo:

  1. El conflicto: el vómito de los conejos y la incapacidad de librarse de ellos (matarlos).
  2. El clímax: el vómito del conejo número once.
  3. El clímax ascendente: aumento progresivo de número de conejos hasta el vómito del conejo número once.

    El clímax descendente: Tras el vómito del conejo número once, el personaje retoma la escritura de la carta y comienza a dar pautas de la solución drástica que va a implementar.

  4. El anticlímax: la resignación y la manifestación de su imposibilidad de reparar

las cosas.

Argumento: Un hombre, que vomita conejitos, se muda a una casa prestada, en la que el orden es minucioso. Sus vómitos se hacen frecuentes dentro de ella y, aunque intentará evitar que produzcan destrozos, la situación lo sobrepasa por lo que decide matarlos, y matarse.

Punto de vista o "focalizaciones":

El narrador es una primera persona no omnisciente. Todo el cuento es narrado desde el punto de vista del narrador (personaje).

Determinación del tema:

- Nuestra hipótesis de lectura.

Influidas por el título de la obra a la que pertenece el cuento, Bestiario, y de un análisis del mismo consideramos que el personaje reconoce sus conflictos internos ya en los inicios de su nota al decir "yo no quería venirme a vivir a su departamento" y que la misma es el proceso que atraviesa el personaje hacia la toma de una decisión: vivir o morir. Los dos grandes momentos de la carta, que no cumple acabadamente con las características del género, marcan este pasaje. Ahora bien, el elemento fantástico introducido en la vida cotidiana del personaje es su costumbre de vomitar conejitos, lo cual nos conmueve a considerar la importancia del vómito como tal. En este sentido, vomitar es una acción involuntaria.

El personaje no puede solucionar su neurosis voluntariamente, y el vómito viene a aliviarlo para desprenderlo de ‘esas cosas que tuvo que comer y no quiso", lo que le permite arrojarlas violentamente hacia el exterior y desprenderse de ellas. El vómito de los conejos es su forma inconsciente de revelarse ante el orden, porque para él es "difícil oponerse, aún aceptándolo con entera sumisión del propio ser". Su cuerpo entonces toma partido y él vomita los conejos que sí pueden revelarse por su condición de animales naturalmente movedizos; logran desarticular de esta manera el orden impuesto en aquella casa. De ahí que al mudarse la frecuencia de los vómitos sea mayor.

Al personaje "le cae mal" ese orden, entonces vomita y se siente aliviado, como cuando escribe, particularmente una carta. Esa misma función parece cumplirla la escritura, que hace las veces de catarsis, aunque no logra colmarlo y convencerlo finalmente de no matarse. Lo libera en su transcurso de su neurosis y lo acerca a una cura psicológica momentánea, representada por el vómito de conejitos.

El personaje alcanzó un momento de su vida en el que no soporta nada que le moleste; sin embargo, realiza cosas aún en contra de su voluntad; de ahí que se produzcan los vómitos, para equilibrarlo, para darle el alivio que él no puede procurarse con sus actos voluntarios. La destinataria de su carta tiene todo bajo control, lo que se desprende del orden que impera en su casa; él, en cambio, no puede controlarlo todo: de vez en cuando vomita conejitos. El personaje siente que no tiene un lugar en el mundo y no lo puede hallar: "me he pasado tantas horas haciendo equipajes que no llevaban a ninguna parte". Sin embargo, su interior le da pautas de que es ahí donde debe buscarlo. Aunque el vómito de los conejos lo alivian, no puede matarlos, porque siente que es ese interior, vacío cada vez que vomita. Así también se reta y se habla en varios renglones de la "carta", expresando que el hecho de vomitar conejitos no es motivo para que "uno tenga que avergonzarse y estar aislado y andar callándose".

Sin embargo se habla a sí mismo, porque esta circunstancia lo alejó de su entorno; está buscando, en este proceso hacia la decisión de su vida o de su muerte, una excusa para continuar. Se acostumbró a la supervivencia, a vomitar conejitos porque "las costumbres (...) son formas concretas del ritmo, son la cuota del ritmo que nos ayuda a vivir". Finalmente, podemos decir que su carta es una nota suicida, en la que el personaje busca inicialmente motivos para vivir de esa manera y, en su segunda parte, cuando retoma la escritura siente que "todo se ha roto", porque sucedió el vómito del décimo primer conejito. El pase de la perfección (simbología del número diez) al abismo. El número once simboliza esta transición hacia el peligro, el conflicto y el martirio como su consecuencia. "Del diez al once hay como un hueco insuperable", la caída final, su muerte.

"Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha…" El cuento comienza "in medias res", dado que la "carta" se inicia indicando que el hombre ya se encontraba instalado en la casa con los conejos vomitados. Luego completa la información anterior al acontecimiento mostrado (mudanza concretada) a través de saltos a acontecimientos previos que explican su situación actual. En este sentido, se adelanta a posicionar a la casa y a su orden como una de las protagonistas del cuento, indicando su incomodidad frente al mismo: "(…) me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las más finas mallas del aire…", "(…) qué difícil oponerse, aún aceptándolo con entera sumisión del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana residencia."

Asimismo, el protagonista nos da pautas de que hace cosas en contra de su voluntad. Así nos dice "(…) Yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha.", "Me mudé el jueves pasado, a las cinco de la tarde, entre niebla y hastío. (…) cuando yo veo las correas de las valijas es como si viera sombras (…). Pero hice las maletas, avisé a la mucama que vendría a instalarme, y subí en el ascensor".

En el inicio de la carta el personaje manifiesta su represión frente al orden y, a su vez, enmarca al acto de vomitar conejos como un hecho natural, al que está habituado, y no reniega de que le suceda, e intenta autoconvencerse de que no es un impedimento para que lleve una vida normal. "Y yo no puedo acercar los dedos a un libro, ceñir apenas el cono de luz de una lámpara, destapar la caja de música, sin que un sentimiento de ultraje y desafío me pase por los ojos como un bando de gorriones" y "(…)naturalmente uno no va a ponerse a explicarle a la gente que de cuando en cuando vomita un conejito", "no me lo reproche (…), no es razón para que uno tenga que avergonzarse y estar aislado y estar callándose" y "no era tan terrible vomitar conejitos una vez que se había entrado en el ciclo invariable, en el método".

Concretada la mudanza, la frecuencia de los vómitos se acrecienta; como si el "nacimiento de los conejos" fuera una revelación frente al orden impuesto, dado que voluntariamente el personaje reprime toda trasgresión. Así " (…) antes de dejar mi casa, sólo dos días antes, había vomitado un conejito y estaba seguro por un mes, por cinco semanas, tal vez seis con un poco de suerte", "Comprendí que no podía matarlo. Pero esa misma noche vomité un conejito negro. Y dos días después uno blanco. Y a la cuarta noche un conejito gris.(…) Hay diez." , "Así es que saltan por la alfombra, a las sillas, diez manchas livianas se trasladan como una moviente constelación de una parte a otra, mientras yo quisiera verlos quietos, verlos a mis pies y quietos (…)" , "Hago lo que puedo para que no destrocen sus cosas."

El vómito de los conejos lo alivian, expulsando al mundo exterior todas sus represiones. "Cuando siento que voy a vomitar un conejito me pongo dos dedos en la boca como una pinza abierta, y espero a sentir en la garganta la pelusa tibia que sube como una efervescencia de sal de frutas.(…) El conejito parece contento (…) parece satisfecho de haber nacido"

El personaje se encuentra habituado a implementar su plan de acción con los diez conejitos. Sin embargo, el nacimiento del conejo número once lo determina a una decisión y a un sinceramiento tanto frente a la destinataria de la carta como con él mismo. Cuando retoma la escritura es más franco a la hora de confesar los destrozos provocados y ya no está dispuesto a autoconvencerse de la naturalidad del hecho de vomitar conejitos de vez en cuando. Simbólicamente el diez representa la perfección, por eso no es casual el viraje del personaje frente al vómito del décimo primer conejito, dado que once simboliza el conflicto. Como si el personaje por primera vez tomara conciencia de la magnitud de su problema. Así, "Decirle que en ese intervalo todo se ha roto (…) no continúa la calma con que venía yo escribiéndole" , "En cuanto a mí, del diez al once hay como un hueco insuperable. Usted ve, diez estaba bien (…) no ya con once, porque decir once es seguramente doce, Andrée, doce que serán trece", "Rompieron las cortinas, las telas de los sillones, el borde del autorretrato de Augusto Torres, llenaron de pelos la alfombra y también gritaron…"

Consecuentemente se resigna, pierde toda esperanza, descubre los daños que ocasionó y su irremediable costumbre de vomitar conejos. Hay un cambio en su visión de la vida a partir del vómito del conejo número once. Así "He querido en vano sacar los pelos que estropean la alfombra, alisar el borde de la tela roída, encerrarlos de nuevo en el armario.(…) Es casi extraño que no me importe verlos brincar en busca de juguetes" y "Usted ve: diez estaba bien, con un armario, trébol y esperanza, cuántas cosas pueden construirse"

Finalmente, la decisión de matar a los conejos y matarse es su única salida. Sin esperanza, sin posibilidad de curarse, decide producir ese "click final" en su vida.

  1. LA REALIDAD REPRESENTADA

  2. Referencias temporales

    La circunstancia de que el cuento adquiera el formato de una carta, aunque con

    algunas carencias de forma, facilita la producción de imprecisiones temporales y saltos en el tiempo, propios de la oralidad. No puede distinguirse un único momento "T", a partir del cual localizar las referencias temporales, dado que hay más de una instancia enunciativa, producto de que el personaje escribe la carta en diferentes momentos.

    El cumplimiento del formato del género carta, permitiría tomar la fecha de escritura de la misma como referencia a partir de la cual ubicar las menciones temporales del texto. Entonces, nos encontraremos con deícticos que refieren a un primer momento enunciativo (el tiempo de escritura de la parte correspondiente de la carta) y deícticos que refieren a una segunda instancia de la enunciación. Por esta razón, es muy difícil recuperar los referentes de dichos deícticos. Ejemplos en el texto: "Me mudé el jueves pasado, a las cinco de la tarde…" y "Son las tres de la tarde.(…) Ahora me llaman por teléfono" .

    Asimismo, el tiempo cumple un rol rígido para el personaje con respecto al plan secreto que lleva a cabo. Así "(Cuando arregla el dormitorio de nueve a diez, hago ruido en el salón…", "A las cinco de la mañana (…) los pongo en el armario y hago la limpieza"

    Los conejos adquieren una importancia tal para el personaje que éste último referencia el tiempo en función del tiempo de los conejos. Así, "Le escribo de noche. Son las tres de la tarde, pero le escribo en la noche de ellos." y "Su día principia a esa hora que sigue a la cena (…) y de pronto estoy yo solo, solo con el armario condenado, solo con mi deber y mi tristeza".

    Referencias espaciales

    El escenario del cuento es el departamento; dentro de éste adquieren importancia el living y el armario, lugares donde transcurren la mayor parte de las acciones; a su vez representativos del orden imperante. Las funciones de este espacio son: 1) la clave del cuento, 2) un personaje y 3) el tema del cuento.

    El personaje principal, quien escribe la carta, tiene un conflicto con el espacio; particularmente, con el orden, al que considera excesivo. Sin embargo, el espacio representa a la destinataria de la carta, a partir de lo cual concluimos que el personaje tiene un conflicto con ella.

    Así, "Usted se ha ido a París, y yo me quedé con el departamento de la calle Suipacha, elaboramos un simple y satisfactorio plan de mutua convivencia…" y "Me es amargo entrar en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteración visible de su alma."

    Los personajes

    Esquema actancial

    Sujeto: El hombre que escribe la carta. Su proyecto es trabajar, leer libros, y descansar.

    Objeto: mediación entre el orden (casa) y el desorden (conejos). Tiende a la armonía.

    Destinador: no existe, lo que facilita el desenlace del cuento.

    Destinatario: es el sujeto y la supuesta destinataria de la carta.

    El ayudante: no existe.

    El oponente: conejos y Sara.

    PERSONAJES PRINCIPALES:

    El hombre: es quien escribe la carta de la que se desprende un problema con el cual pudo lidiar hasta el momento de la mudanza; momento en que éste se agrava al convivir con un orden cerrado, representativo del alma de la dueña.

    Es una persona con alto nivel intelectual, amante de la música y de la escritura. No tiene una residencia fija; sin embargo, no es de su agrado esta situación.

    La relación particular que tiene con los conejos permite intuir un entendimiento especial hacia ellos que se acerca más al que se siente por un progenitor que al que suele unir a los hombres con un animal. Hay en el texto signos de que le atribuye al vómito de los conejos la cualidad de un nacimiento, lo que explica que no pueda desprenderse de ellos.

    Es una persona excesivamente responsable, lo cual pudimos mostrar a través de la descripción de los tiempos rígidos que manejaba con respecto al cuidado de los conejos. Incluso antes de morir el hombre está preocupado por quien recogerá los cuerpos muertos, e intuye la rapidez con la que sacarán de la vista el suyo, ante el paso de los colegiales.

    Finalmente, podemos considerar que la figura del hombre representa un personaje atípico dadas sus características.

    La casa y el orden:

    Se transforman en un personaje principal dado que son determinantes del conflicto y presionan a los demás personajes a lo largo del cuento hasta provocar el desenlace fatal. A su vez, cubren la ausencia de la dueña, representando su alma.

    Asimismo, tienen la capacidad de generar condicionamientos para el hombre y para la naturaleza de los conejos, que intentan combatirlos.

    La casa y el orden van a ejercer una resistencia ante el accionar natural de los conejos hasta el final del cuento, de tal manera que adquieren la categoría de personaje. Hasta es posible imaginar que el orden provoca el desenfreno de los conejos y que la muerte de estos últimos fue el resultado de una lucha entre el caos y el cosmos.

    Los conejos:

    Son una extensión ‘natural’ del personaje principal, su espacio interior materializado. Son los representantes de su represión liberada, una fuerza oculta que, frente al orden, no puede evitar hacerse explícita. Su evolución está emparentada con el estado exterior y los sentimientos del hombre. De esta manera, paulatinamente los conejos, condicionados por el ambiente artificial, se tornan seres salvajes, y el hombre muestra signos de dejadez y abandono.

    Haciendo un paralelo con la escritura y la importancia de ésta para el personaje, podemos decir que los conejos cumplen la misma función que las palabras, y que el acto de vomitar representa el acto de escribir o de decir. De hecho la muerte de los conejos es inmediatamente posterior al fin de la escritura del cuento (carta).

    PERSONAJES SECUNDARIOS:

    Sara: Es el único personaje que tiene nombre, pero su existencia prácticamente fantasmal en el cuento impide una caracterización. Además del orden y del alma, que cumplen una función de autoridad implícita, la presencia física de la mucama funciona como la representación del poder y el control de ese orden. De las pocas intervenciones que se le da en el cuento, siempre callada, intuimos que este personaje sólo existe en la mente del hombre como una advertencia que el mismo se da para no romper con la armonía del lugar. Por ejemplo: "(…) porque Sara ha de ser así, con camisón".

  3. RECURSOS ESTILÍSTICOS

Alegoría: los conejos representan las palabras, la respuesta frente al orden y la trasgresión. El orden representa a la mujer ausente y a lo impuesto por el entorno del hombre.

Anáforas: "Pero no le escribo por eso" ("le" referencia a "Andrée" mencionada anteriormente en el texto). "Nunca se lo había explicado" ("se" refiere a "Andrée y "lo" a vomitar un conejito). "Comprendí que no podía matarlo" ("lo" refiere al conejo vomitado).

Apóstofres: "Ah, querida Andrée…", "mire usted, yo tenía perfectamente resuelto el problema de los conejitos".

Asíndeton: "Son diez. Casi todos blancos. Alzan la tibia cabeza hacia las lámparas…" En este caso, la ausencia de conjunciones contribuyen a dar mayor importancia a los datos.

Elipse: "(…) cuando sospechaba que de un momento a otro…entonces regalaba el conejo ya crecido" , "(…) y mis respuestas a una señora lejana que estará preguntándose ya si…para que seguir todo esto"

Hipérbole: "me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya en las más finas mallas del aire", "mover una tacita vale por un horrible rojo inesperado en medio de una modulación de Ozenfant, como si de golpe las cuerdas de todos los contrabajos se rompieran al mismo tiempo con el mismo espantoso chicotazo en el instante más callado de una sinfonía de Mozart"

Interrogación retórica: "(¿es Antinoo, verdad, ese muchacho que mira ciegamente")", "¿Sabe usted que la misericordia permite matar instantáneamente a un conejito dándole a beber una cucharada de alcohol?"

Ironía: "¡Qué alivio esta oficina cubierta de gritos, órdenes, máquinas Royal, vicepresidentes y mimeógrafos!"

Metáforas: "Miran su triple sol y están contentos", "(…) la creciente calma con que franqueo de vuelta los rígidos cielos del primero y el segundo piso", "En su cúbica noche sin tristeza duermen once conejitos"

Metonimia: "yo viviría cuatro meses en su casa: cuatro –quizá, con suerte, tres- cucharadas de alcohol en el hocico"

Sinécdoque: "salpicados sobre los adoquines" Los adoquines son una parte del todo (la calle).

Comparación: "(..) y me va calcinando por dentro y endureciendo como esa estrella de mar que ha puesto usted sobre la bañera y que a cada baño parece llenarle a uno el cuerpo de sal y azotes de sol y grandes rumores de la profundidad"

Oxímoron: "su diurna noche"

Antonomasia: "la señora de Molina" (reemplazo del nombre apelativo por el propio)

Bibliografía

http://www.literatura.org/Cortazar/Cortazar.html

http://www.mcye.gov.ar/efeme/cortazar/1938_1948.html

http://tesina.galleus.com/cortazar/fantastico.html

Diccionario de Símbolos, Juan Eduardo Cirlot, Barcelona, Editorial Labor, 1992

Bestiario

Diccionario de la Real Academia Española www.rae.es

 

Por

Gisela Vanesa Mancuso

giselamancuso[arroba]yahoo.com.ar

Marina Sanz



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