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Se dice que la teoría moral propugna y justifica todos los modelos de conducta humana y que la ética fiscaliza esa tarea. La moral, como conjunto de reglas históricas tiene por tanto, un aspecto coyuntural. Pero la ética no debe perder la referencia objetiva: antes de actuar, los hombres imaginan lo que van hacer con fines que han analizado previamente.
De hecho, los que valoran conductas ajenas lo hacen a partir de comparar sus conceptos con los que supone debe poseer quien ejercita una conducta moral. Por tanto, al hablar de esa conducta visible, se aborda el modelo ético que se supone existente en la conciencia ajena.
De ello concluimos que el objeto real de la ética es el modelo ideal de moral de los individuos, sus estructuras, sus mecanismos de funcionamiento y la propia validez de la reflexión ética, que incluye los fundamentos de la creación de un paradigma ético y los del aparato metodológico para la asimilación y enjuiciamiento del paradigma.
El decursar histórico nos revela que el modelo moral es diferente para los distintos pueblos y épocas. En las condiciones contemporáneas se han estabilizado sentimientos de nacionalidad, formas de organización familiar, económica, política y comunitaria, junto a tradiciones culturales.
La ética se refiere a la conducta humana ejemplar o ideal desde el punto de vista de persona, grupo, clase, sector o institución social. Sin embargo, hay quien considera que para concebir criterios, principios, valores o normas morales no es necesario recabar del concepto de ser humano ideal, sino que basta con la voluntad de contraer compromisos en beneficio mutuo. Sea como sea, las personas se comportan, alaban o censuran lo que hacen y lo que hacen los demás en dependencia de los criterios morales que asumen.
La dicotomía existente entre ética y ciencia se comienza a desdibujar de la Segunda Guerra Mundial; Según (Mitcham, p.191) resume la existencia de tres actitudes éticas respecto a la ciencia y a la tecnología en diferentes momentos históricos, de la siguiente forma:
Otros autores realizan diferentes análisis sobre la actitud ética de la tecnología, resumiéndose cuatro actitudes al respecto:
En esta clasificación en sentido general se asemeja a la de Mitcham, pero agrega una cuarta actitud que está relacionada con la actualización practica de los conocimientos científico-tecnológicos en el plano militar, en la explotación del medio ambiente y del propio hombre en el plano económico e ideológico, con la transformación "de la racionalidad teórica y práctica en racionalidad tecnológica, causa de la crisis ética de algunos representantes de la intelectualidad científica y del rechazo al progreso al progreso tecnológico por parte de la humanidad de nuestro siglo" (Pimentel, 1994, p.249)
La ingeniería es la profesión que utiliza todos los recursos al alcance del hombre, conociendo y perfeccionando las aptitudes y relaciones de los mismos, con el fin de producir y gerenciar, sistemas socio-técnicos que provean bienes y servicios, para satisfacer necesidades de la humanidad, elevar su calidad de vida, protegiendo el ambiente mediante un desarrollo sustentable, sobre bases éticas y económicas. Para ello crea con arte y ciencia aplicando conocimiento científico y tecnológicos y metodologías matemáticas experimentales e informáticas, partiendo de datos inciertos e incompletos.
El profesional de la ingeniería posee una cultura tecnológica que asume mayor importancia por sus funciones como encargado de la aplicación practica de los conocimientos a la sociedad, incluso hasta el desarrollo de la tecnología, por medio de estrategias y políticas.
Si bien dichas estrategias y políticas no surgen del ingeniero ni de los científicos, sino que se toman y se fundamentan, se explican, se difunden y se vuelven consenso social merced a la labor de las ciencias sociales y humanistas, los mismos está en la obligación de conocerlas porque no peden reflexionar sobre lo histórico y cultural y desarrollar adecuadamente sus tecnologías sin esos patrones en la mente. (Núñez, 2004, p.254)
A lo largo de las etapas humanas se crean valores científicos relacionales y éticos que brindan una determinada disposición y metodología para la acción social.
Pero también se perfeccionan los elementos del conocimiento que fundamentan las relaciones sociales.
Aunque estas ciencias no se caracterizan por su posibilidad de transformaciones inmediatas, si permiten desarrollar conocimientos y predicciones futuras que pueden convertirse en proyectos y acciones de carácter social. Todo esto cobra mayor importancia en el especialista de ingeniería, pues permitiría proyectarse en el nivel tecnológico a partir del comportamiento social.
Sobre el término de ingeniería se conocen dos orígenes:
Genie (del francés) que significa: aquel que mediante el ingenio desarrolla su actividad manual.
Engeneer (del ingles) aquel que construye u opera una maquina.
De ambas interpretaciones extraemos la conclusión de que la comprensión de dicha actividad (para no llamarla aún profesión) desde sus orígenes estuvo identificada con la del artesano, es decir, por medio de un conjunto de habilidades mecánicas, transmitidas por herencia de generación en generación. (Núñez, 2004, p.255)
El rasgo más antiguo de la ingeniería es tomado de la actividad artesanal, la cual consiste en ser un arte, lo que significa que crea obras al tomar la armonía del todo, con vista a poder brindar goce mediante la satisfacción de las necesidades.
La historia de la ingeniería está relacionada a la evolución de la técnica y más recientemente a la tecnología. Solo mediante el estudio de su desarrollo se comprende la dimensión social y ampliación de sus funciones.
Al hacer una breve historia el desarrollo de la ingeniería como tal comenzó con la revolución agrícola (año 8 000 a.C), cuando los hombres dejaron de ser nómadas y vivieron en un lugar fijo para poder cultivar sus productos y criar animales comestibles. Hacia los años 4 000 a.C., con los asentamientos alrededor de los ríos Nilo y Éufrates e indo se centralizó la población y se inició la civilización con escritura y gobierno, por lo que con el tiempo en esta civilización aparecería la ciencia.
Los primeros ingenieros fueron arquitectos, que construyeron muros para proteger las ciudades y construyeron los primeros edificios para lo cual utilizaron algunas habilidades de la ingeniería. Seguidos por especialistas de irrigación.
La primera disciplina de ingeniería fue la militar, se desarrollo para ayudar a satisfacer una necesidad básica de la supervivencia.
A partir de los siglos XVI y XVII se sistematiza la minería, se impulsa la creación de maquinas y se conforman lo que hoy conocemos como ingeniería civil, pues, con anterioridad (siglo XIV) la actividad ingenieril se comienza a separar de la artesanal a consecuencia de la empresa militar, proyectando fortificaciones, canales, armas, etc. Nace a la vez la ciencia experimental con nuevas formas de hacer, lo cual permite desarrollar la ingeniería como profesión. (Núñez, 2004, p.255)
No es hasta el siglo XVIII que se integra ya consolidada dicha enseñanza en las universidades.
Fue precisamente el descubrimiento de la electricidad lo que impulsó las ciencias técnicas, que evolucionaron de ciencias pragmáticas hacia el como usar la ciencias para la solución de problemas de la vida práctica, cambiando así los paradigmas que hasta entonces imperaban y conformándose la ingeniería como profesión.
La unión de la ciencia y la técnica, así como su conocimiento empírico y teórico elevó las potencialidades del hombre para incrementar su bienestar.
La ingeniaría, por ser una profesión tan cercana a la solución de problemas de la práctica, requiere de una formación académica más multidisciplinaria, integral, científica, práctica y social humanista.
Hoy existe un sinnúmero de opiniones y definiciones acerca de la ingeniería:
Según Nuñez J. pone de manifiesto otras definiciones donde incluye la actividad de administración y dirección:
Dos características importantes de la actividad ingenieril, es la creatividad y la innovación.
Algunos autores hacen referencia a diferentes definiciones:
Entre estas y otras opiniones es posible sintetizar los siguientes rasgos esenciales que deben caracterizar al ingeniero como profesional:
El ingeniero que suele contar con maestría técnica y económica debe tener muy en cuenta los factores sociales que lo rodean. Un elemento importante hoy es la manera en el que el nuevo producto contribuye y va en detrimento del equilibrio ecológico del planeta, ello dependerá del desarrollo cultural de este profesional para el ejercicio de su profesión.
Por lo que la preocupación por el cuidado, protección o conservación del medio ambiente obliga a reevaluar los criterios éticos que deberían servir de presupuestos a las actividades humanas como la agricultura, la industria y el turismo, que, como sabemos pueden acarrear impactos ambientales adversos. Estos presupuestos fundamentarían también la evaluación económica del impacto ambiental de estas actividades.
Suele entenderse que la ética cumple una función meramente censoria, prohibitiva o punitiva, pero respecto a la problemática ambiental es necesario entender que el razonamiento ético debe tener una proyección heurística, no limitándose a decir lo que debemos o no hacer, sino también visualizar los medios adecuados para lograr la realización de nuestras más apreciadas convicciones morales.
Un grupo importante de esos criterios éticos que aquí nos interesan, tiene que ver con las siguientes preguntas interrelacionadas: ¿Debemos los seres humanos asumir responsabilidades morales con respecto al medio ambiente? Claro, la respuesta a esta pregunta sugiere una conducta diferente. Así tenemos que las respuestas negativas a estas preguntas condicionan una conducta negligente ante el medio ambiente.
Puede afirmarse que existe un amplio consenso en que una condición importante para resolver el problema ambiental es el cambio de las pautas éticas, comenzando precisamente con la necesidad de potenciar la voluntad de asumir responsabilidades morales con relación al medio ambiente.
Entre quienes así piensan, la cuestión que debemos dilucidar es si esa responsabilidad moral debe ser "indirecta" o "directa".
De un lado tenemos quienes plantean que no tenemos porque asumir responsabilidades directas para con las cosas o los seres vivos que no son seres humanos o personas. En correspondencia con este parecer, argumentan que sólo debemos atribuir valor moral en sí a los seres humanos personas y que en todo caso, el valor moral que pueda tener una montaña, un lago, un bosque, una planta o un animal, es más bien indirecto, es decir, en la medida de que su afectación perjudique a personas
Se trata de un punto de vista ético, que suele denominarse "antropocéntrico", "egocéntrico" o "homocéntrico", pues supone que el centro de la consideración moral es el ser humano.
De otro lado, tenemos quienes sugieren que los seres humanos debemos asumir responsabilidades directas respecto al medio ambiente, a las plantas, a los animales, y no sólo a los seres humanos. El punto de vista "egocéntrico" entiende que el ambiente tiene un valor primario respecto al bienestar humano particular y, por lo tanto, expresa esta opinión de una forma más resuelta.
Claro, no siempre es correcto etiquetar a las personas en uno u otro campo, pues a fin de cuentas existen matices diferentes no siempre posibles de distinguir. Por ejemplo, entre quienes asumen un criterio antropocéntrico tenemos quienes justifican la expoliación desmedida de la naturaleza en aras del progreso productivo y económico, pero también existen quienes alegan que precisamente bajo la condición céntrica del hombre es necesario considerar su responsabilidad moral para con los demás seres.
Del lado de los que se pudieran catalogar como ecocentristas, están quienes asumen que si bien la sostenibilidad ambiental es la prioridad moral fundamental, eso no significa sacrificar intereses humanos primarios y legítimos, pero también están los que son capaces de sugerir que por el bien del medio ambiente se puede justificar la disminución violenta del crecimiento demográfico.
En sí, ¿cuál de estos criterios es el presupuesto ético que debe fundamentar la evaluación económica del impacto ambiental? ¿Debemos apostar por el antropocentrismo o por el ecocentrismo? ¿Puede ser efectiva una evaluación económica del impacto ambiental que atribuya valor directo al ambiente, a los animales y las plantas o simplemente no queda más remedio que suponer que esa responsabilidad es indirecta?
Para contestar a las preguntas hay que tener en cuenta, en primer lugar, que los puntos de vistas morales se asumen en dependencia de la tradición cultural y no podríamos fácil e irreflexivamente definir que una moral es mejor que otra.
En segundo lugar hay que considerar que los puntos de vistas morales tienen su alcance y limitaciones. Así tenemos que un punto de vista antropocéntrico puede minimizar la labor de protección y conservación de la naturaleza silvestre que no tiene importancia práctica conocida para los seres humanos, mientras que el punto de vista ecocentrico pudiera sobredimensionar el bienestar ambiental y hacerlo valer por encima del bienestar humano.
En tercer lugar, la evaluación económica constituye un instrumento de análisis que puede servir a los más variados intereses. Una evaluación ambiental basada en un punto de vista ético ecocéntrico puede redimensionar métodos a los cuales el punto de vista antropocéntrico no le presta importancia. Por ejemplo, muchos de las informaciones valiosas hoy en día producidas por los ecologistas del Club de Roma estaban basados en posiciones ecocéntricas. En fin, las perspectivas éticas pueden proyectarse en tal o más cual sentido.
La cuestión de los presupuestos éticos de la evaluación ambiental contempla también otro aspecto que es él referente a la responsabilidad para con las generaciones futuras de seres humanos.
Respecto a este asunto existen enconadas controversias. Hay quien dice que es arbitrario pensar en el bienestar de las personas futuras, pues no podríamos saber nunca el conjunto de sus expectativas, preferencias, prioridades o percepciones del bien y el mal, por lo tanto no hay posibilidad de realizar cálculos económicos que midan el impacto de nuestras actividades en beneficio o perjuicio de esas futuras personas.
Quienes piensan así terminan diciendo que pensar en el bienestar de las generaciones futuras es una petición formal, pues a fin de cuentas son los hombres actuales los que determinan la dosis de impacto ambiental tolerable e intolerable y a lo sumo proponen que la gente preste atención a su futuro, sin pensar en las generaciones futuras. A partir de este "velo de ignorancia" se garantizaría el bienestar de las generaciones futuras.
De todas formas, pensar en las generaciones futuras constituye una finalidad ética importante como acicate a acciones que van más allá del interés generacional inmediato, lo cual provocaría la necesidad de análisis económico del impacto ambiental en su correspondencia.
Claro, puede darse el dilema ético entre la necesidad de satisfacer las necesidades presentes y las futuras, de a corto y a largo plazo. Pero incluso en tales circunstancias, no hay porque perder las expectativas éticas de velar por el bienestar de las futuras personas e intentar obrar de modo tal que nuestras acciones comprometan en menor medida posible la base natural del bienestar de las mismas. La evaluación económica del impacto ambiental, en la medida que nos permita saber cómo valorar el futuro, puede ayudarnos mucho a resolver este dilema.
Se puedan dar también casos de conflictos como en el caso hipotético de una comunidad que vive de la tala de bosques y sus miembros están convencidos que hay árboles para todos o que no les interesa ni el bienestar planetario ni el de las generaciones futuras. ¿Es justo obligar por medios violentos a que esa comunidad cese de cortar árboles? ¿Hasta que punto podríamos tolerar que alguien dañe el medio ambiente?
Si de discutir cuáles deben ser los presupuestos éticos de la evaluación del impacto ambiental, podía faltar la reflexión sobre la vieja problemática de la justicia, una cuestión que tiene diversas aristas.
Una de ella tiene que ver con las cuestiones de justicia intergeneracional o diacrónica que mencionamos anteriormente.
Otra tiene que ver con las medidas que se toman para prevenir, contrarrestar, evitar, mitigar o paliar los daños ambientales. No sería justo, por ejemplo, establecer medidas de compensación económica igualitaria por conceptos daños ambientales, como en el caso de la aplicación irreflexiva del principio "quien contamina paga". A fin de cuentas a la hora de establecer cuotas de contaminación o de responsabilidades ambientales, es necesario valorar la situación de las personas y entidades implicadas.
El imperativo de resolver el problema ambiental pudiera acarrear desigualdades injustas y hacer que ciertos contaminadores sigan contaminando más el medio ambiente y se comprometa el bienestar de otros.
Con relación a la justicia ambiental podríamos hablar también de las instancias decisorias que debían estar moralmente encargadas de impartir justicia en cuanto a cuestiones ambientales se trata. ¿Debe esa justicia estar en manos del Estado, del mercado o de la sociedad civil? No se puede abordar correctamente este asunto, si antes no se valora la proyección moral de cada una de estas instancias de decisión.
Una última cuestión que debemos mencionar es la referente a los derechos de propiedad sobre el medio ambiente. ¿Privatizar o socializar el medio ambiente? ¿Qué régimen de propiedad daría más garantía de conservación y protección del medio ambiente? Para abordar esta cuestión resulta menester, por una parte, aprender de la historia y, por la otra de la lógica.
Así tenemos que el orden de privatización es más proclive a tolerar acciones arbitrarias en el medio ambiente, si lo comparamos con el ámbito donde la propiedad se socializa y estimula en virtud de ello a la participación y cooperación con vistas a la sostenibilidad ambiental.
La evaluación del impacto ambiental, es un instrumento que no es neutral o imparcial desde el punto de vista ético, pues, por una parte, se apoya en presupuestos morales y, por la otra, puede ayudar a resolver problemas morales que suscitan las actividades humanas que impactan el medio ambiente.
La proyección que pueda tomar una u otra determinada propuesta de evaluación económica del impacto ambiental depende en no menor medida de esos presupuestos éticos. Por ello pueden existir diferencias de énfasis, de orientación y de efectos entre el presupuesto.
No es lo mismo atribuirle valor moral al ambiente que no atribuirlo, considerar que es directo o indirecto, que hay que garantizar el bienestar futuro que negar que eso puede concebirse, etc.
La calidad de vida con que podemos contar en los días de hoy es fruto del desarrollo tecnológico incorporado a los bienes y servicios y para lo cual el ingeniero tiene un papel fundamental.
La ingeniería que debe ser entendida cómo una cultura, abierta para la sociedad, promoviendo su desarrollo, que auxilia esa misma sociedad a integrarse a la nueva mentalidad mundial, objetivando su mejor calidad de vida.
La practica ingenieril, en tanto actividad humana, no esta exenta de valoraciones y juicios de carácter éticos y, por tanto, de códigos que normen los principios esenciales sobre los cuales se sustenten la actividad laboral de los ingenieros y su conducta como profesionales.
Los códigos por si solos no pueden determinar la actuación de estos profesionales, es necesarios que sean comprendidos y asumidos de formas conciente.
En la actualidad existen en el mundo diferentes organizaciones de ingenieros con sus respectivos códigos éticos, caracterizados por su contenido clasista, normativo y educativo. En cuba se cuenta con un código, pero se limita a los arquitectos y a ingenieros de la construcción.
A partir de esta carencia se considera la necesidad de proponer un proyecto de código ético para ingenieros de carácter más general. Esta actitud tiene por principio que las concepciones éticas no pueden asumirse como resultado de la calificación profesional, sino como parte del proceso de formación del especialista. Es por ello que este trabajo aborda, esencialmente, el papel que desempeña el entorno universitario y el futuro ingeniero.
La división social del trabajo en el proceso de especialización de los individuos, en actividades concretas no solo dio origen a las profesiones, sino al establecimiento de un sistema de relaciones entre sus miembros que convencionalmente podemos considerar como ética de la profesión. Con este concepto se refleja, sobre todo, el grado de moralidad, o dicho de otro modo, la medida en que las nociones morales de determinado grupo de profesionales se corresponden con los juicios, valores y valoraciones morales de las masas.
La ética profesional implica:
Como imperativo histórico surge también la necesidad de regular la conducta de los individuos que conforman los grupos profesionales para garantizar sus intereses, interconexos con otros grupos de profesionales y con el organismo social en su conjunto. Nacen así los códigos éticos.
Por lo que analizaremos algunas definiciones que nos permitan comprender la naturaleza y alcance de los mismos:
Independiente de los elementos diferenciales, estas definiciones ponen de manifiesto el carácter normativo y su papel como orientación y guía del trabajo profesional.
La existencia de un código de ética en una profesión determinada no significa, desde luego, que todos los profesionales de ese sector cumplan con lo que se establece en los mismos; pero aunque algunos miembros violen las normas no dejaran de existir la ética de la profesión. Por otra parte, la no existencia de un código que hagan explicitas estas normas y principios morales no es sinónimo de ausencia de ética de una profesión.
Existen también exigencias morales que por su elevado nivel no pueden ser cumplidas por todos los miembros, contradicción manifiesta entre el ser y el debe ser, entre lo real y lo deseado, que estimula el perfeccionamiento moral del profesional.
En la actualidad existen en el mundo algunas asociaciones de ingenieros como la Federación Mundial de Organizaciones de Ingenieros (FMOI), la Unión Panamericana de Ingenieros (UPADI) y la Sociedad Nacional de Ingenieros de Estados Unidos, entre otras que cuentan con sus códigos de ética, en los cuales establecen las responsabilidades, regulan los derechos y señalan las normas de conductas que deben observar los ingenieros, tanto en el marco nacional como internacional, se han creado además comités de ética, que tiene como objetivo controlar su cumplimiento.
Para el ejercicio profesional resulta esencial la adecuada correlación entre los conocimientos y habilidades propios de la profesión y la capacidad para aplicarlos en la realización de trabajos de ingeniería, en la solución de problemas de la práctica en la satisfacción de necesidades sociales.
Por lo tanto el ingeniero mecanizador debe:
La ingeniería es hoy campo de acción no de ingenieros aislados, sino de grandes colectivos. Su carácter interdisciplinario exige cooperación en la solución de los problemas.
Por lo que el ingeniero mecanizador debe:
La práctica ingenieril debe conjugar armónicamente los intereses individuales con los de la sociedad en su conjunto. La sociedad demanda del ingeniero soluciones técnicas adecuadas a sus necesidades, a los recursos disponibles y al momento histórico de que se trate. Esta relación es esencial porque sirve de base a las restantes relaciones y permite evaluar la dimensión humanista de la ingeniería.
Por tanto el ingeniero mecanizador debe:
La ética de la actual era tecnológica exige tener en cuenta no solo las relaciones entre hombres, sino también los efectos que sus acciones puedan producir al medio ambiente.
En consecuencia el ingeniero mecanizador deberá:
A continuación relacionaremos un conjunto de valores que proponemos a consideración de la comunidad de profesionales de la ingeniería los cuales recogen de manera general el comportamiento que se debe seguir.
Valores:
Como el compromiso de la ingeniería está con el ser humano y con la sociedad, no podemos dejar a la libre elección ciertos comportamientos los cuales son nocivos para la salud del desarrollo económico de nuestro país y que son discordantes con nuestros principios.
Por lo que de manera general se puede concluir que la ética actual del ingeniero en mecanización se debe resumir por un grupo de peculiaridades donde personifica el profesional que vele por los intereses de nuestra revolución.
Ejemplo de ello se puede mostrar cuando se aprecia un mecanizador que vela por la explotación de manera racional los recursos puestos a su disposición ; se puede tener la experiencia de mecanizadores que haciendo uso del cargo han desviado recursos como un tractor que debe estar produciendo en el campo en una preparación de tierra está prestándole servicio a un campesino dueños de tierras particulares; este es uno de los muchos ejemplos donde no siempre los recursos puestos por el estado para producir bienes y servicios a la sociedad son explotados racionalmente.
Otro de los muchos ejemplos lo podemos apreciar con el uso de los recursos energéticos, donde el país hace grandes esfuerzos invirtiendo grandes sumas para adquirir combustible diecel y sus derivados para garantizar la producción agrícola, pero existen muchas realidades donde hay situaciones en que el control y explotación de estos recursos, depende de la subjetividad de las personas que dirigen el proceso, haciendo una programación incorrecta de estos recursos energéticos tan necesarios para la economía de cualquier país.
Existen casos donde a veces la subjetividad nos juega una mala pasada; hay momentos en que la mujer por su preparación y formación se ha ganado un espacio como directiva al frente de un grupo de hombres; los cuales dentro de su idiosincrasia no siempre aprecian con un buen juicio las potencialidades de la misma, solo por ser femenina y lidiar con problemas complicados como los que puede apreciarse en la vida práctica.
En nuestro país la mujer se ha ganado el espacio con excelentes resultados gracias a una larga lucha por sus derechos; a veces no se corresponden con nuestros juicios, porque siempre queda el recelo de una parte de nuestra generación con prejuicios de machismo, por lo que recomendamos aquellas personas que si algún momento de su vida laboral tienen la posibilidad de estar junto a alguna mujer, la respete no solo por su sexo sino por su capacidad como profesional y le den la misma atención como si fuera un hombre.
Una de las cosas por la que el mecanizador debe velar es por el uso óptimo de la maquinaria; desde su cuidado y conservación, su explotación y sus costos de reparación manteniendo actualizada correctamente la depreciación de dicho activo fijo.
En estas cuestiones el mecanizador debe estar claro de cómo usar correctamente una determinada máquina, como parar en el momento justo para realizarle una reparación a la misma, velar por un adecuado control de los mantenimientos para que se pueda alargar la vida útil, además de velar por no caer en el fenómeno del "canibalismo" que no es mas que quitarle a la maquina que está en espera de reparación cualquier elemento para ponérselo a otra; a través de estos ejemplos de situaciones se pone en juicio la ética y el profesionalismo del ingeniero mecanizador.
Autor:
Leonardo Armas González
Ing. Mecanización Agropecuaria
Profesor Instructor de Mecanización.
Universidad de Pinar del Río, Cuba.
leoarmas[arroba]sum.upr.edu.cu
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