El Diccionario de la Real Academia Española define el término siniestro a través de unas siete acepciones, de las cuales sólo tres pueden ser utilizadas para este tema:
2. Avieso y malintencionado.
3. Infeliz, funesto o aciago.
5. Propensión o inclinación a lo malo; resabio, vicio o dañada costumbre que tiene el hombre o la bestia. U. m. en pl.
Sin embargo, existe un contenido profundo dentro de esta palabra que va más allá de la relación con lo angustioso, funesto o maligno, y así lo manifiesta Sigmund Freud en su ensayo Lo siniestro, definiendo el término desde un punto de vista relativo a las consideraciones de orden estético: lo siniestro "sería aquella suerte de espantoso que afecta las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás". En el momento de exponer el significado y la evolución del término unheimlich (siniestro), llama particularmente su atención una nota de Schelling en la que lo siniestro es definido como aquello que, debiendo permanecer oculto, secreto, se ha manifestado.
Teniendo en cuenta el étimo del término en nuestra lengua llegamos a la palabra latina sinister, cuyas definiciones, en las acepciones que nos competen, deambulan entre lo aciago o funesto, y lo feliz o favorable. Esta contraposición nos recuerda inevitablemente a la conclusión a la que llega Freud en su ensayo con respecto a la palabra alemana unheimlich: ... "heimlich (hogareño, familiar) es una voz cuya acepción evoluciona hacia la ambivalencia, hasta que termina por coincidir con la de su antítesis, unheimlich (siniestro, no-conocido). Unheimlich es, de una manera cualquiera, una especie de heimlich". Recordemos que durante la exposición de las diversas acepciones de la palabra, encuentra a su raíz, heimlich, tanto como familiar y conocido, así como secreto y oculto.
El puente entre las dos definiciones podría tratarse a través de la siguiente evolución: familiar y conocido, propio, de uno o de nosotros, que a su vez es algo personal y no conocido por otros, algo desconocido, algo incierto y misterioso. Desde ese punto no es difícil llegar a la actual concepción que se tiene tanto del término unheimlich como del de su versión castellana.
Teniendo en cuenta, entonces, estas acepciones del término siniestro, presentaremos su relación y tratamiento en un cuento del escritor romántico español Gustavo Adolfo Bécquer: La ajorca de oro, recopilado en sus Leyendas. Además, expondremos el original y novedoso papel que juega lo sobrenatural en la obra del escritor.
Durante aquel romanticismo que surgió de manera tan temprana y productiva en Inglaterra y Alemania, se realizó una poderosa revalorización de las tradiciones antiguas sobrevivientes en las baladas y canciones populares. Al retomar temas de corte medieval y fantástico, lo siniestro jugó un papel destacado. Ejemplos de ello son la novela gótica inglesa o los Märchen alemanes, siendo ambos géneros maestros en lo unheimlich, ricos en apariciones sobrenaturales, ambientes sórdidos y oscuros, misterios lúgubres y personajes abominables.
Sin embargo, así como en estos países el romanticismo trajo consigo estos elementos, en otros lugares el nuevo movimiento hizo una incursión tardía y diversa, fermentado de manera acorde a las necesidades de cada nación: íntimamente ligada al nacionalismo y a la unidad histórica y lingüística en Italia (el llamado Risorgimento), así como estrechamente relacionada al incipiente liberalismo económico en la España de la decadencia borbónica.
Particularmente en el caso de España, el género narrativo del romanticismo que más relación compartió con las tendencias posteriores, y mayor difusión tuvo, fue la prosa de costumbres. A través de ésta, la narrativa española ingresaría a la novela costumbrista, puente entre el romanticismo y el realismo.
A pesar de que, además de la prosa de costumbres (como la de Larra o Mesonero Romanos), el teatro y la novela histórica también tuvieron un gran desarrollo, notamos que durante el romanticismo español, las narraciones fantásticas y metafísicas, al estilo de las baladas y cuentos alemanes, son verdaderamente escasas y poco características de la evolución literaria del país. Muestra clara de esta afirmación puede encontrarse en este extracto de La gaviota de Fernán Caballero, antecedente romántico de la novela realista:
"- Entonces- dijo Stein- escribid una novela fantástica.
- De ningún modo- dijo Rafael-, eso es bueno para vosotros los alemanes, no para nosotros. Una novela fantástica sería una afectación insoportable.
- Pues bien- continuó Stein-, una novela heroica o lúgubre.
- ¡Dios nos libre y nos defienda!- exclamó Rafael...
- Una novela sentimental.
- Sólo de oírlo- prosiguió Rafael- me horripilo. No hay género que menos convenga a la índole española que el llorón. El sentimentalismo es tan opuesto a nuestro carácter como la jerga sentimental al habla de Castilla.
- Pues entonces- dijo la condesa-, ¿qué es lo que vamos hacer?
- Hay dos géneros que, a mi corto entender, nos convienen: la novela histórica, que dejaremos a los escritores sabios, y la novela de costumbres, que es justamente la que nos peta a los medias cucharas como nosotros... Es la novela por excelencia; útil y agradable. Cada nación debe escribirse las suyas. Escritas con exactitud y verdadero espíritu de observación, ayudarían para el estudio de la humanidad, de la historia, de la moral práctica, para el conocimiento de las localidades, de las épocas. Si yo fuera la reina, mandaría escribir una novela de costumbres en cada provincia, sin dejar nada por referir y analizar.
- Sería por cierto una nueva especie de geógrafa- dijo Stein riéndose-. ¿Y los escritores?
- No faltarían si se buscaran..."
Siendo entonces que el género fantástico no fue un componente tradicional del romanticismo español, es natural que el elemento de lo siniestro no se haya presentado con la profundidad con que lo hizo en Alemania o Inglaterra. Sólo contamos con algunos ejemplos en que el terror gótico y sobrenatural deja sentir su influencia en España: en Don Juan Tenorio, y en algunas leyendas, de José Zorrilla, en El estudiante de Salamanca de José de Espronceda, y algunos pocos ejemplos más. Sin embargo, ya en el ocaso del romanticismo, contemporáneo a los grandes realistas españoles, realizó su aparición la figura de Bécquer, heredero en sus narraciones de un estilo sobrenatural, ingrávido y subjetivo que jamás se había presentado anteriormente en la narrativa española.
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