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El positivismo biológico en ?La sociedad y el delito? (1947) de José Belbey




Partes: 1, 2

  1. La Óptica del Positivismo Biológico
  2. El contexto de la Criminología Argentina
  3. Biografía del Autor: José Belbey (1894 – 1960)
  4. La Obra ‘La Sociedad y el Delito’ (1947)
  5. Factores Exógenos o Mesólogicos
  6. Tratamiento y Prevención
  7. Delincuencia de los Débiles Mentales
  8. Delincuencia Femenina
  9. Delincuencia Infanto Juvenil
  10. Conclusiones
  11. Bibliografía

La Óptica del Positivismo Biológico

En la Criminología Clásica, fundada en el espíritu del Iluminismo europeo por Cesare Beccaria, los hombres viven en sociedad de acuerdo a un Contrato Social por el cual cada individuo suscribe libremente su adhesión a la comunidad que le provee seguridad y orden. Este ente social castigara aquellos que realicen conductas contrarias a ese orden establecido, que da equilibrio y estabilidad al grupo humano.

Este individuo, que por medio de su conducta desviada perjudica a la comunidad, será estudiado por la Criminología que dará los tipos penales que sancionaran conductas jurídicamente reprochables. Esta concepción de control social, es observada por Michel Foucault como una disputa de razas entre los que se encuentran por un lado, los que ostentan el poder, y por el otro los que atentan contra el elemento biológico.

La Escuela Positiva nace como una reacción a la Escuela Clásica. De origen italiana, acusa a los clásicos de descuidar a la figura del delincuente por realizar solo una conceptualización dogmática y lógica, puramente basada en el Derecho. Esta nueva visión provocó un cambio de método en el estudio del delincuente, el medio, el delito y de las posibles soluciones que podían aportar los avances científicos del momento, que tenían como base las ideas evolucionistas.

Cesare Lombroso con su concepción del ‘Hombre Criminal’ (1876) da los fundamentos del Positivismo Biológico, en el contexto del evolucionismo y de la Ciencia del Crimen. Lombroso consideraba al delito determinado por causas biológicas, originadas principalmente, en razones hereditarias, luego Garofalo en su obra ‘Criminología’ (1905) pondrá el acento en el aspecto psicológico, mientras que Ferri lo hará en el sociológico en ‘Sociología Criminal’ (1900).

Charles Darwin con su obra ‘El Origen de las Especies’ rompe con las teorías creacionistas que reconocían un origen Divino al Universo y a la vida animal. El Hombre, hasta el momento centro de la creación, pasa a ser una especie mas dentro de la cadena biológica que permite a los organismos evolucionar y mutar, en contradicción con la estática creacionista.

El colonialismo de las grandes potencias en los siglos XVIII y XIX permitió el contacto con otros pueblos que se presentaban como ‘salvajes’ para la cultura europea. Estas comunidades salvajes eran, desde la concepción darwiniana, eslabones en el proceso evolutivo de las sociedades.

Para Alessandro Baratta "El delito era así reconducido por la escuela positiva a una concepción determinista de la realidad en la que el hombre resulta inserto y de la cual, en fin de cuentas, es expresión todo su comportamiento".

En esta concepción el sistema penal se va a centrar en el autor del delito y sus tipologías y no tanto en el delito y las acciones punibles. La anomalía del autor será la fuente del delito, por lo tanto no se va a retribuir con la pena una acción libre reprochable moralmente, sino a remediar y reeducar un comportamiento contrario a la seguridad de la sociedad. El tiempo de la pena va a ser indeterminado ya que dependerá de las características del sujeto y no del hecho imputado.

El delito, para los positivistas, como hecho actual y real esta dentro de los hechos naturales. La base moral que se requería del ciudadano (Escuela Clásica) pasa a un plano secundario ante la responsabilidad social de los individuos, que serán penados y no sancionados, por el tiempo que sea necesario para que el delincuente deje de ser un peligro (tiempo indeterminado) luego de ser tratado con métodos científicos de protección social, que buscan combatir la criminalidad y sus diferentes tipologías determinadas por los estudios psicobiologicos.

Desde este momento surgirá la necesidad de mantener el control de la sociedad a través de la profilaxis de los biológicamente degenerados, que son titulares de acciones desviadas, cuestión que requiere de una acción terapéutica para normalizar a estos seres enfermos.

Esta acción se realizara por medio de la evaluación ‘objetiva’ del comportamiento humano y de los hechos sociales, por medio de recursos científicos que utilizan las ciencias naturales. Uno de los principales instrumentos de evaluación será la estadística que buscara cuantificar el comportamiento y extraer los principios generales que motivan las acciones de los hombres.

Su principal característica se encuentra en la búsqueda de una unidad del método científico, ya que "Las premisas e instrumentos que se consideraban eficaces para el estudio del mundo físico tienen igual validez y utilidad para el estudio de la sociedad y el hombre".

El criminal es un ser que desde la antropología criminal habría involucionado a etapas inferiores, un análogo físico del hombre salvaje y por lo tanto miembro de una especie humanoide. Su conducta desviada nace con el individuo, que se distingue del resto por características físicas evidentes que determinarían si una persona es un asesino, un ladrón, etc.

Desde este momento el delito estará determinado por las cualidades animales del individuo delincuente y no por la sociedad de la cual surge el mismo. Este criminal que se encontraba en grados biológicamente inferiores, era el que realizaba acciones desviadas, propias de un ser anormal.

Esta mixtura entre biología y crimen crea una antropología criminal que tendrá para Di Tullio dos momentos: 1) La fase lombrosiana, y 2) La fase postlombrosiana.

Tiegui considera que:

"En la fase lombrosiana predominan las indagaciones morfológicas y fisiognomicas; en la fase postlombrosiana a los aportes netamente antropométricos se añaden: 1) los de las correcciones biotipológicas; 2) los de la endocrinología, y 3) los de la biopsicopatologia".

Por otra parte, la Escuela Clásica presentaba una metafísica del libre albedrío que el Positivismo buscó eliminar, para que sea reemplazada la Criminología por una actividad de erradicación del delito. Los clásicos creían que los principios morales son vulnerados por los seres malvados que atentan contra el contrato social, mientras que los positivistas afirman que existen fuerzas naturales que el ser humano no controla y por lo tanto, esta carente de responsabilidad ya que sus posibles motivaciones están mas allá de la conciencia del individuo.

Del anterior análisis del Positivismo se desprende, como dice Scimé, que:

"El libre arbitrio es una ilusión; los hechos psíquicos están sometidos al principio de causalidad"..."El delincuente es siempre, psicológicamente, un defectuoso, temporaria o permanentemente, es decir, que las causas psíquicas por las cuales él delinque, consisten en condiciones irregulares en que se desarrollan sus hechos psíquicos".

El contexto de la Criminología Argentina.

A finales del siglo XIX y hasta la mitad del siglo XX, la Criminología en la Argentina era considera por los positivistas como un arma de lucha biológica contra el delito, por parte de la sociedad ‘normal’ contra los seres patológicos desviados.

Gracias a la actividad agro exportadora de la Argentina, se formó una elite económica e intelectual que a su vez debió contener el flujo de inmigrantes y de nuevos problemas sociales ante el crecimiento urbano y la desigualdad social. Esta situación, hizo que la elite debiera apoyar una teoría criminologica que mantuviera el control social sobre las capas mas pobres y justificara esa desigualdad y jerarquización social. Para ello, la teoría mas adecuada seria la escuela de la Criminología Positiva.

En este contexto José Ingenieros tiene una vital ingerencia. Ingenieros es uno de los intelectuales que más influencia tuvo en la sociedad argentina de su tiempo. Formado en Medicina, Psicología y Sociología, se desempeño como director de los Archivos de Psiquiatría y Criminología entre los años 1902-1913. Profundo pensador, preocupado por el hombre y la sociedad de la época, se encuentran entre sus obras: ‘Al margen de la ciencia (1908); ‘Sicología genética’ (1911); ‘Hacia una moral sin dogmas’ (1912); ‘El hombre mediocre’ (1913); ‘Criminología’ (1913); ‘Proposiciones relativas al porvenir de la filosofía’ (1918); ‘Evolución de las ideas argentinas’ (1918); ‘La simulación en la lucha por la vida’ (1922).


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