LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DE 1999, TRAS 54 AÑOS DE HISTORIA NACIONAL
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1946 – 1955: En el gobierno |
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1955 – 1973. Reconstitución político-social del movimiento |
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La Resistencia. |
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Las Formaciones Especiales: Los Montoneros |
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CATEGORÍA: POLÍTICA
(PALABRAS CLAVES: PERONISMO – OLIGARQUIA - RESISTENCIA – FORMACIONES ESPECIALES – MONTONEROS – LIBERACIÓN)
Esta no es un estudio histórico que pretenda ser imparcial. Expresa un compromiso militante con uno de los polos –el popular, en contraposición al oligárquico-,de la contradicción que ha recorrido de distintas formas toda la historia nacional. Pretende ser un aporte a la reconstrucción del Movimiento Nacional de Liberación en la Argentina que, en conjunto con los demás pueblos de América Latina, detenga y derrote al modelo neoliberal que beneficia a unos pocos y profundiza una tragedia que nos aproxima aún más a la descomposición nacional. En este sentido desarrolla, haciendo hincapié en el aspecto electoral, el proceso de desarrollo del Movimiento Peronista desde sus orígenes, los sectores sociales y políticos que lo conforman, la alianza de clases con sentido nacional que gobierna durante 10 años, las motivaciones de su caída en 1955, El exilio y la resistencia, los movimientos resistentes, el origen y desarrollo de las Formaciones Especiales: Los Montoneros. El retorno al gobierno en 1973. El golpe de 1976. El comportamiento social y de los sectores políticos peronistas frente al golpe. El Justicialismo post 1983.
En el marco de una oligarquía debilitada, al no encontrar un proyecto alternativo al construido en torno al imperialismo inglés (que abandona su rol hegemónico en la zona), sumado al crecimiento de un empresariado nacional surgido del proceso de sustitución de importaciones (producto de la Segunda Guerra Mundial), y por ende la formación de una nueva clase obrera argentina (producto de las migraciones internas), surgirá el gobierno nacionalista y popular del entonces Cnel. Juan Domingo Perón. En el término de una década realizará profundas transformaciones económicas, que en cuatro décadas no pudieron ser enteramente revertidos, por los sucesivos gobiernos antipopulares que se sucedieron a partir de 1955, y logrará importantes avances sociales y políticos que constituirán los pilares de un poderoso movimiento de masas: El Peronismo. Impuesto pese a la resistencia oligárquica, por la presencia masiva y la lucha consecuente de la clase trabajadora, asentado en una importante alianza de naturaleza antioligárquica entre los trabajadores y el empresariado nacional; y respaldado por la conciencia nacionalista de importantes sectores de las Fuerzas Armadas (que al igual que el empresariado, entre otros sectores medios, se volcará progresivamente a la alianza antiperonista a partir del intento golpista de Menéndez Betty en 1951), su programa económico sentará las bases de nuestra independencia económica sustentado en la voluntad soberana de nuestro pueblo.
Estructuralmente, desde su formación y orígenes, el peronismo revela una fuerte tensión entre los sindicatos que son su primer núcleo movilizador y los sectores políticos que se aprestan a participar en la nueva alianza. Los afluentes que se encuentran en el origen de la experiencia peronista, pertenecían a grupos sindicales, sindicatos enteros y dirigentes individualmente considerados, que en los años anteriores desarrollaron experiencias en la tradición ‘sindicalista’, ‘anarco-sindicalista’ y ‘socialista’ del movimiento obrero. Estas experiencias sindicales privilegiaban formas de acción reivindicativas muy pragmáticas y acudían a una instancia de negociación donde intentaban inclinar el poder público a su favor. De ahí la larga vinculación con los espacios estatales, vistos de un modo arbitral, a fin de incidir en la distribución del ingreso y también por las mejoras básicas que coincidían con un programa en términos generales "antiimperialista" y de rechazo a la hegemonía de las clases tradicionales, favorecidas anteriormente: "la oligarquía terrateniente" y secundariamente, los grupos empresarios aliados a ella. Es de señalar las resistencias al carácter específicamente político que tenía la reivindicación obrera en 1945, particularmente durante los acontecimientos de octubre- por parte de los viejos gremios de servicios, como los ferroviarios. Acontecimientos posteriores llevan a la creación del Partido Laborista, moldeado bajo el estímulo del similar partido inglés, con el cual Perón gana las elecciones y del cual es afiliado individual. Se trataba de un partido reformista obrero, basado en sindicatos, y con un programa políticamente policlasista, neutralista, influido por el reformismo socialista de las etapas anteriores y por un estilo de presión-participación en la esfera estatal, económicamente distribucionista, desarrollado bajo la teoría keynesiana, generador del estado de bienestar, de pleno empleo, protección y aliento al mercado interno, etc., vigente hasta la década del ‘80 en el País, con su apogeo y crisis en la del ’70.
Socialmente, la alianza inicial que da origen al peronismo, está formada fundamentalmente por importantes sectores trabajadores - la ‘nueva clase obrera’ -, y sectores empresarios nacionales surgidos en el proceso de sustitución de importaciones de la década anterior, con simpatías en sectores ‘nacionalistas’ de las FF.AA.; y estructuralmente la alianza con la que Perón gana las elecciones de febrero del ’46 incluye a los grupos sindicales señalados en el apartado anterior y a múltiples desprendimientos político-ideológicos de todo el espectro público argentino. Hay un grupo de radicales: la Junta Reorganizadora, además de los que ya actuaban con la sigla "Forja", propagandizando un ‘resurgimiento nacional’. Existen sectores conservadores de la Provincia de Buenos Aires, núcleos comunistas (intelectuales y sindicalistas), no faltan algunos dirigentes de anterior experiencia en el contexto del trotskysmo y políticos tradicionales del nacionalismo católico. Se cuentan con simpatías en sectores del ejército y de la iglesia. Triunfante, Perón entiende limitada la configuración partidaria, el Partido Laborista, con la que se expresa electoralmente ese conjunto de fuerzas tan heterogéneas. Propone disolver el P.L. a favor de un partido más abarcador, que en principio se llamaría: Partido único de la revolución nacional.
Este período formativo de la institucionalidad del peronismo, es considerado por algunos sindicalistas, como una "perdida de identidad y autonomía" del movimiento obrero, de esta forma viejos dirigentes laboristas pasan gradualmente a la oposición y caerán presos. La mayoría de los sindicalistas apoya la creación de una forma política capaz de albergar la diversidad de grupos e ideologías que fueron congregados por el proceso peronista en los orígenes. Ese paso permitió superar el ‘obrerismo’ gracias al surgimiento de un instrumento político cualitativamente diferente: el movimiento.
Así es como se impuso la forma movimiento, vinculada a la idea de conducción política con un centro arbitral que da sentido al todo y con ramas, alas y sectores que expresan diversos intereses sociales y estamentales. La idea laborista era la cristalización, en cambio, de una tradición sindical argentina, que provenía de un largo proceso de inserción sindical en la sociedad argentina. La forma movimiento, readecuaba técnicas de conducción militar a la esfera de acción política: La idea de objetivo general aglutinante, de superación del conflicto por una instancia superior laudadora, el principio de reunión de fuerzas, batalla con objetivos, que debían contar con todas las fuerzas disponibles en el mismo punto del espacio político, etc. La idea laborista, difería en cuanto a que actuaba más "tendencialmente", desde los sindicatos aunque con un amplio espectro de alianzas sociales. El triunfo de la concepción movimientista sobre la concepción laborista, además de implicar la nacionalización conceptual de la clase trabajadora, enmarcada en la lucha por la liberación nacional y antioligárquica, generaba un súper-partido político que dio un nuevo espacio a las relaciones entre políticos y sindicalistas en el peronismo, donde resolver las diferencias y contradicciones. Estas tensiones acompañaron todo el ciclo.
Se suele simplificar en identificar al período como una unidad, en tanto su primera etapa (hasta 1952), se plasma lo que podríamos denominar el primer peronismo: independencia económica, justa redistribución del ingreso, sustitución de importaciones, legislación pro-obrera, limitación de los beneficios de los sectores oligárquicos, fuerte activación de sectores políticos relegados. Ese cuadro puede coincidir con lo sucedido hasta la terminación del primer plan quinquenal y la muerte de Eva Perón. A partir de ahí (no sólo por esa muerte), realizó una política económica con matices de la ortodoxia liberal. La legislación social se frenó. Perón busca desarrollar un papel más arbitral, sin mucho éxito: no consiguió atraer adherentes y posiblemente entusiasmó menos a los que ya tenía. Aunque sin sufrir escisiones, ni profundos debates internos. La memoria colectiva (peronistas y antiperonistas) tendió a identificar al justicialismo con esa primera imagen que fue habitualmente el orgullo de los peronistas. Pocos defendieron la segunda etapa, entre ellos Arturo Jauretche, justificándola como una necesidad impuesta por las sequías de 1951 y 1952. Se la suele describir a esta etapa de ajuste y contención de las demandas, como una debilidad o una concesión temporaria. Para Di Tella esta etapa es una muestra de cómo el peronismo es apto para gobernar, no sólo en períodos de prosperidad. Lo real es que es la etapa de pérdida de poder de la alianza gobernante y de su decadencia, al no profundizar las transformaciones antioligárquicas en una dialéctica defensiva frente a la recomposición del frente político-social opositor. John W. Cooke fue de los pocos que se opuso a las concesiones que el gobierno comenzó a hacerle a empresas norteamericanas. Quizá Eva Perón, comprendiese el peligro que se avecinaba, al convocar a formar las milicias de los trabajadores, como respaldo del Estado popular. ¿Fueron las presiones, la relaciones de fuerza, la concepción?. Lo cierto es que la máxima autoridad del movimiento y el gobierno desestimó esta acción.
No hubo profundidad de análisis del proceso de esta segunda etapa que culminaría con la expulsión del peronismo del gobierno. Las diferencias internas se planteaban en el discurso justificativo, más que en los hechos. No hubo crítica firme ni mucho menos oposición peronista al gobierno de 1946 a 1955, salvo contadas excepciones. El peronismo se debió una autocrítica de esta etapa, para no reincidir en debilidades latentes que resaltarían en el proceso 1973/76.
Lo cierto es que la memoria colectiva asoció al peronismo con la autodeterminación política y económica de la Nación, activación política y social, la legislación social avanzada, la redistribución de ingresos y recorte de poder a la clase oligárquica.
En trazos gruesos, la Argentina siguió siendo un país con alto nivel de urbanización y ocupación. Crece la industrialización bajo el modelo monopólico-desarrollista impulsado por los grandes capitales norteamericanos en alianza con la burguesía industrial nacional en un primer momento, para pasar a absorber o liquidar a este segundo componente (al gran empresario nacional) a través del capital financiero. En esta etapa la oligarquía comienza a reconvertirse (diversificando las áreas en que actúa económicamente) y reestructura sus alianzas con el nuevo bloque dominante. Básicamente esta industrialización se mantiene principalmente, pese a los primeros impulsos de ‘aperturas’, orientada hacia el consumo interno, con un alto grado de intervencionismo estatal, manteniéndose una fuerte conciencia reivindicativa, a pesar del abierto proceso de persecución y represión.
La pertinaz exclusión política del peronismo, motivó un proceso que cambiará el perfil de sus adherentes. A diferencia con el período 1943/45, a partir de 1955 el peronismo aglutinó, representó y contuvo a todas las rebeldías y críticas contra el sistema social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor político excluido. El espectro político peronista tornóse muy amplio y variado. La habilidad conductiva de Perón, consistió en permitir incluir dentro de su Movimiento a todos los que criticaban al sistema político-social.
El primer peronismo, que contuvo partidarios de distintos orígenes ideológicos, en la práctica todos acataban las políticas gubernamentales, las diferencias se planteaban en el discurso justificativo, más que en los hechos.
Desde el exilio, Perón dirigió al Peronismo "estructurado" en ramas: política, sindical y femenina. Se puede inferir que esta división y la consiguiente asignación de cargos resuelta por Perón, hayan sido pensadas para recortar poder al sindicalismo. Por diversos factores, las distintas vertientes del mismo, sus conductas, su desarrollo heterogéneo respecto al proceso político-sindical en la Argentina y con relación a Perón, el sindicalismo llega a 1973 con un poder propio y experiencia en áreas de gobierno, por lo que su adhesión a Perón era mucho más limitada y condicionada que la de 1945. Además de la existencia menor, pero significativa de sindicatos no peronistas, altamente combativos.
Cooke pensaba un peronismo de "centroizquierda", respetuoso de la fase "nacional-burguesa", convencido de la necesidad de transformación de las estructuras de dominación, lo que lo hacía entrar en contradicción con los sectores conservadores del justicialismo, con quienes Perón mantenía una relación normal. Durante su gestión se realiza el pacto con Frondizi, por el cual el peronismo vota a la U.C.R.I. a cambio de ciertas concesiones en el ámbito sindical. No todos los peronistas siguen estas orientaciones, ni todas las franquicias sindicales son otorgadas; pero fueron las suficientes para rearmar el sindicalismo peronista en las "62 Organizaciones" y específicamente del vandorismo.
Por la falta de cumplimiento de otros puntos del Pacto Perón-Frondizi, recrudece la actividad reivindicativa y política de los sindicatos y del activismo juvenil. La respuesta gubernamental es el CONINTES con la participación militar en la represión. En 1959 se realiza la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre, en Mataderos, con participación del sindicato, que se oponía a su privatización, y con alto grado de intervención de la barriada –predominantemente- peronista. El dirigente de esa gesta fue Sebastián Borro, uno de los activistas sindicales del Frigorífico era Saúl Ubaldini.
Entre las contradicciones que Perón fue sumando a su relación con Cooke, fue las diferentes visiones de la Revolución Cubana. Cooke sostiene la conveniencia del traslado de Perón a La Habana, donde sería recibido "con los honores de jefe de la resistencia popular argentina". Esto nunca estuvo en los planes de Perón, aunque estimuló simpatías por la revolución cubana, manteniendo de esta forma, también, una suerte de "cookismo sin Cooke". Como parte de su dialéctica de alas, tal como lo concibe en el manual de conducción.
Cooke, en la década de 1960, impulsa la idea de construir un bloque nacional hegemonizado por los trabajadores, con el peronismo como parte substancial de ese bloque, que impedía el rearme del "régimen burgués", aunque sin lograr claridad para abrir paso a los trabajadores al poder. Esa peculiar situación la expresa con la frase: peronismo, hecho maldito del país burgués. Otra idea central de Cooke es la de crear una organización revolucionaria en el seno del peronismo para lograr que el gigante invertebrado y miope, sea no sólo el hecho maldito que no permite la consolidación del régimen, sino también tuviese la capacidad para construir su propio poder y consolidarlo en el gobierno. Con este objeto crea la Acción Revolucionaria Peronista (A.R.P.) Fue acérrimo enemigo del "integracionismo" como signo de los sectores que pactaban con los gobiernos militares, en particular la burocracia sindical que "participaba" del golpe de Onganía. En sus últimos años, Cooke es el nexo entre Perón y Guevara (nexo fracasado por las desconfianzas mutuas, quizás mayores las de Perón). Cooke el mediador, era miembro del ejército rebelde cubano (1960) y antes había sido delegado personal de Perón. Este lo recuerda en 1973 como uno de los "prohombres de nuestro movimiento".
Sus embriones tuvieron un objetivo fundamentalmente insurreccional, muy vinculada a los sindicatos y a las 62 Organizaciones. Si bien no hubo una estricta organización de la J.P., se fueron sucediendo diversos intentos de estructurarla.
El vandorismo, se inspira en el peso que tenía el ‘laborismo’ en los orígenes del peronismo, buscando la integración con los ‘factores de poder’ en una suerte de corporativismo en germen, que nunca cristaliza, ya que al mismo tiempo debe cabalgar en la contradicción que significa representar al gremio mejor organizado y con alto nivel de conciencia reivindicativa e histórica; manteniendo – contradictoriamente – las banderas del peronismo en lucha, ya que el gremio representa el "corazón místico" del movimiento nacional. Entre sus mártires se encuentra Felipe Vallese, quién pertenecía a los primeros grupos de la juventud peronista de la resistencia (grupo Rearte) y era a la vez afiliado a la U.O.M. Vallese es el "mártir oficial" del vandorismo y de todo el peronismo sindical. El salón central de la C.G.T. lleva su nombre.
Vandor enfrentó a Perón, creando una frase (digna de la pedagogía del líder): "para salvar a Perón, hay que estar contra Perón". Junto a políticos de extracción peronista busca ocupar los espacios legales de poder que dejaban los gobiernos de Frondizi e Illia. Perón entendía que si la legalidad no llegaba hasta él, esa disputa no era válida. Llevando casi hasta las últimas consecuencias acepta que el peronismo vaya a las elecciones de la Provincia de Buenos Aires en 1962, imponiendo Perón, su nombre en la fórmula a Vicegobernador, para reafirmar a Framini como cabeza del peronismo bonaerense en las elecciones. Se retira a último momento (evitando la proscripción del Justicialismo) y desnudando la realidad de esos ‘espacios legales’ que ansiaba el vandorismo, al ser anuladas las elecciones como consecuencia del triunfo peronista. En 1964, comprometió a Perón en un operativo retorno, que fue un fracaso, en gran parte, por su responsabilidad. En 1965 Perón envía a Isabel a enfrentarlo en diversas elecciones provinciales. En Mendoza se dio el enfrentamiento entre dos fórmulas peronistas: una vandorista (Serú García) y otra ‘leal’ (Corvalán Nanclares – Martinez Baca), en abril de 1965. Triunfa el Partido Demócrata (fruto de la división del voto peronista), aunque el candidato apoyado por Perón aplasta al de Vandor. En 1966 fue promotor del golpe de Onganía. Mientras Perón aconsejaba "desensillar hasta que aclare", Vandor simbolizó su adhesión y su interés de participar asistiendo a la jura presidencial.
Contradictoriamente, a pesar de su profundo macartismo conceptual, mantuvo alianzas hacia grupos de la izquierda, particularmente grupos trotskistas (como el de Nahuel Moreno, en la época del ‘entrismo’). Esto expresa el particular juego de alianzas que mantuvo a través de toda su historia el vandorismo. El "jefe nacional-metalúrgico" buscaba efectuar la revolución nacional de corte industrialista desarrollista, con una gran capacidad de intervención en la gestión del Estado por los dirigentes sindicales educados en la experiencia peronista. Experiencia ésta (en la época de Vandor) ajena a las fuentes sindicalistas de los de 1945, que habían acompañado a Perón en la fundación del peronismo. Los jefes metalúrgicos Vandor, Rucci, Miguel, expresan en el movimiento obrero argentino a la "burocracia que luchó", que tiene ‘mártires’, son los impulsores de la integración sindicatos–estado, entablando para ello todo tipo de alianzas, incluso – por supuesto – con los militares; en 1983 se lo caracterizó como el "pacto militar-sindical". Son y fueron muchos los enemigos del vandorismo: desde Cooke, Guarida de Hierro, Montoneros de los orígenes, los sindicatos "combativos" de los 60, la "C.G.T. de los Argentinos", Rodolfo Walsh, etc.
En su relación con Perón, surge un aprovechamiento mutuo que duraría varios años. Perón atribuía a las organizaciones guerrilleras el carácter de formaciones especiales, es decir, integrantes del movimiento, que por su particular forma de actuar, no estaban atadas a las decisiones de las conducciones tácticas, aunque debieran operar haciendo coincidir los objetivos con los de la Conducción estratégica. Perón oculta sus diferencias conceptuales con los Montoneros, en tanto, estos aportan a su concepto de conducción integral. Montoneros, no se concebía como una formación especial, sino como una Organización político-militar en construcción de una vanguardia del movimiento nacional. Originalmente con tres ideas básicas: Peronismo, Socialismo y lucha armada. Concepciones que irá desarrollando a la par que crecía su práctica y su representatividad política y social. Como organización preponderantemente juvenil, de corta experiencia política en el movimiento, no percibe con claridad en sus primeros años, las contradicciones que se esconden con el líder, pero sí reconocen las amplias coincidencias de enfrentar a la dictadura y el pronto retorno a la democracia sin proscripciones con Perón como Presidente, y a una concepción nacional de la política, la economía, lo social, lo cultural. Esta relación beneficia por entonces a Perón y a los Montoneros.
Los Montoneros nacen como un grupo de matriz nacionalista y católica. Su propio nombre es cercano al imaginario nacionalista. Nacionalista en tanto entronca políticamente el movimiento nacional del siglo XIX con el del siglo XX, ya no en expresiones ideológicas sin contenido político popular, sino como expresión política con representatividad de masas. La argentina federal inconclusa por los intereses de la pampa húmeda, con la Argentina de Perón y sus tres banderas, expresada en los años ’70, con la reactualización doctrinaria, en la construcción nacional del Socialismo. Católica ya que varios de sus militantes fundadores iniciaron su militancia social en la Iglesia de los Pobres, la Iglesia tercermundista contenida en Medellín, contando con representativos líderes dentro de la Iglesia y como uno de los mártires de los nuevos tiempos a Camilo Torres, guerrillero muerto en Colombia. Popularizó, politizando, la teoría de la dependencia, frente a las concepciones dominantes del statu quo o de desarrollo – subdesarrollo. Teoría de la dependencia que se entronca en la cosmovisión tercermundista de las alineaciones internacionales. Y en lo interno, la contradicción Nación – imperialismo; Patria o colonia; y los componentes sociales enfrentados: Pueblo u oligarquía.
Montoneros desarrolla una actividad militar a la par de una acertada acción política de masas. Fruto de esta conjunción va ampliando su organización y la generación de numerosos organismos políticos de masas. En el lapso de tres años llega a ser el sector más movilizador del peronismo (denominado ‘tendendencia revolucionaria’). La organización político-militar queda como núcleo central. Durante su desarrollo se van incorporando diversos grupos peronistas a sus filas, en 1972 lo hace la organización Descamisados, donde militaban entre otros Dardo Cabo y Mendizábal. En 1973 se fusiona con otra organización de similares características: las Fuerzas Armadas Revolucionarias, manteniendo el nombre Montoneros, como reconocimiento a la preeminencia de éstos en el desarrollo político y de masas. Las F.A.R. nacieron a la luz pública en 1970, como un grupo marxista dispuesto a concurrir a la convocatoria del Che Guevara en Bolivia. Poco a poco fueron confluyendo con el peronismo, por ser éste el movimiento de los trabajadores. Por ser el peronismo la identidad de los obreros y el motor de las luchas sociales en la Argentina. Las F.A.R. sintetizaban su desarrollo con: "fuimos el ejército de Guevara, somos el ejército de Perón...". Y con posterioridad, se incorpora una escisión de las Fuerzas Armadas Peronistas, las F.A.P. "17 de Octubre".
Junto a la reivindicación histórica de la "línea nacional" argentina: Mayo, San Martín, Rosas, las Montoneras federales, Yrigoyen, Perón, la organización se entronca políticamente en la tradición revolucionaria del movimiento peronista: la encarnada por Evita, John Willian Cooke, Valle, la resistencia, el cordobazo, en rechazo y enfrentamiento a la otra: de ‘burócratas y traidores’, representada por buena parte de los políticos y por la burocracia sindical, en particular la vandorista. Presentándose como la culminación de la primera de estas dos tradiciones en su mayor nivel de conciencia y organización, y actuando en consecuencia para desempatar entre ambas: "apoyo a los leales, amasijo a los traidores".
El "Perón vuelve" y ‘luche y vuelve’ es la consigna para la acción. Y es precisamente Montoneros quien con mayor esfuerzo la impulsa en sus acciones armadas y en sus frentes políticos, fundamentalmente en la Juventud Peronista. Logrando aglutinar a toda la militancia peronista en general y en particular a la juvenil. En 1973, en alianza con sectores del peronismo político de viejo cuño pelean la ‘interna peronista’, frente al poder sindical. Perón alienta esta alianza, para debilitar el poder de la superestructura sindical que poco aportó a la derrota de la dictadura. Fruto de esta alianza (y transformado por ésta), surge Héctor Cámpora quien se asumió y fue asumido como representante de los sectores juveniles. Cámpora, tras la defenestración de Paladino "delegado de Lanusse ante Perón", fue primero Delegado Personal de Perón y miembro del Consejo Superior del Movimiento junto a Abal Medina (Secretario General del mismo, hermano de Fernando quien fuera miembro fundador de la Organización Montoneros recientemente muerto en Willian Morris) y Rodolfo Galimberti por la rama juvenil (integrante de un grupo juvenil minoritario –J.A.E.N.-, aunque clara expresión política de Montoneros en la Juventud Peronista). La campaña electoral de 1973 está teñida por el fervor y las consignas de ‘la tendencia’. Fruto de esa alianza, y por la proscripción de Perón, Cámpora es el candidato a Presidente, y como él, varios candidatos a gobernadores, representa a los sectores juveniles, quienes organizados como la Cuarta Rama del Movimiento obtuvieron una porción importante en las listas de candidatos a Diputados Nacionales, provinciales, Concejales, etc., además de otros espacios de poder cedidos por Perón, como la Universidad de Buenos Aires.
Ya en el gobierno, ‘la tendencia’, como inercia de la etapa que concluía, cae en la trampa de la provocación de los sectores representantes del anterior statu quo embozado y aliado a sectores internos del peronismo, desplazados del poder, o con ambiciones de mayor poder. Respondiendo con violencia a la violencia de la provocación, en pleno proceso democrático revolucionario. Así, a la emboscada y masacre ejecutada en Ezeiza el 20 de junio, se responde con la muerte de Rucci (hecho no reivindicado públicamente). Así Perón observa como ‘falta de colaboración de los Montoneros en el proceso que él encabeza en el territorio’. El cuestionamiento de éstos, a sectores del gobierno lleva a que el 1° de mayo de 1974, a este enfrentamiento, Perón busque resolverlo, cuando ante una multitud en buena parte encuadrada por la ‘tendencia’, descalificando a los Montoneros, llamándolos "estúpidos" e "imberbes" y alabando a la dirigencia sindical.
La represión desatada a partir de la muerte de Perón, lleva a Montoneros a volver ‘a la clandestinidad’ y a la lucha armada. Actitud ésta, posteriormente revisada como errónea, y asumida autocríticamente como tal, elaborando la teoría en la que postula que, en los marcos de los gobiernos democráticos, legales y legítimamente constituidos, la acción militar no es ni legal ni legítimamente justificable, ni deseable y por ende las herramientas de transformación válidas son las herramientas políticas.
Podemos definir, también, dos etapas en el tercer gobierno, pero la semejanza con el anterior es menor que las diferencias. A pesar de las profundas propuestas englobadas en las pautas programáticas del FREJULI, las reformas sociales, políticas y económicas del primer período lejos estuvieron de las ejecutadas en el período 1946/52. Perón buscó por todos los medios desactivar las acciones sociales y políticas, desmovilizando a una sociedad que le resultaba ingobernable.
A su vez la obra de gobierno era cuestionada por gruesos sectores del peronismo, al ver que de un planteo ofensivo frente al poder oligárquico-imperialista, progresivamente se va pasando a un plan defensivo, que desmovilizó al pueblo peronista y dio a la oligarquía y los monopolios la oportunidad de retomar la iniciativa. Saboteada, por medios encubiertos, por el enemigo. Los sectores juveniles criticaban el "reformismo" y falta de audacia. Varias organizaciones guerrilleras no aceptaron desarmarse, ni dejaron de utilizar la violencia. En forma solapada, también empresarios y sindicalistas obstaculizaban el Pacto Social, herramienta esencial del gobierno en esa etapa.
En poco más de un mes, Perón condenó a la Juventud (1° de mayo) y a los poderes corporativos (empresarios y sindicales) el 12 de junio de 1974. Lo hizo en la Plaza de Mayo, ante movilizaciones populares masivas. En ellas, Perón mostraba su representatividad superior a la de sus partidarios que le dificultaban su gobierno.
Como sucediera con la muerte de Eva Perón (en 1952), tras la muerte de Perón (el 1° de julio de 1974), cae el telón de la primera etapa del gobierno justicialista. Surge una nueva conducción, sectaria e intolerante, que no representa los mismos intereses de la anterior conducción.
No sólo hubo un cambio de conducción política, sino también cambia el rumbo económico. Vuelve el ‘estabilizador’ del ’52, Gómez Morales, quien al asumir expresó que encontraba una crisis más leve que la de 1952. Pero había una sociedad menos dispuesta a transigir para resolverla. La agudización de los distintos niveles de contradicciones no admitían que fuesen los sectores populares los que comenzaran cediendo. Tras este plan de ajuste ortodoxo, siguió otro con mayores ajustes, profundizando la recesión y hasta anulando los recientes Convenios Paritarios (largamente reclamados desde 1955, y conquistados recién a dos años de gobierno peronista). La C.G.T. enfrentó al gobierno con una huelga general logrando la renuncia del Ministro y la ida del Gobierno de López Rega. El sindicalismo logra hegemonizar el siguiente gabinete, pero también fracasa. Estos fracasos, generarían un ‘vacío de poder’, que por incapacidad sirvieron también, como precedentes del golpe de 1976.
Del peronismo gobernante en el período 1946 / 1955 puede discutirse hechos del proceso, pero fue eficaz, cumplió metas. No así del gobierno de 1973 / 1976, que tras la muerte de Perón careció de hegemonías de sentido nacional.
Reconvertida y con la definición de un proyecto de País, la oligarquía encabezó, en alianza con las FF.AA., el golpe de 1976. Como no ocurría en la Argentina posterior a 1945, la oligarquía se ubica como centro del proceso interno de acumulación, compartiendo con los sectores monopólicos extranjeros. Redefine su articulación con ellos y adecua el proyecto a las exigencias y márgenes que le imponen los países centrales. Se conforman como grupos económicos con el objetivo de concentrar capitales y diversificar sus inversiones en distintos sectores de la actividad económica y en otros países de la región. Los grupos económicos son una forma superior de organización empresarial que implica una redefinición de la unidad económica tomada como base para el desarrollo de los sectores dominantes. Se articulan entre sí, compartiendo intereses económicos y necesidades políticas, de esta forma constituyen ‘bloques empresariales de poder’. Estos grupos asimilan personal de las FF.AA. como funcionarios de sus empresas y es frecuente encontrar los de más alta graduación (como en el siglo pasado sucedió con el reparto de tierras, tras ‘la conquista del desierto’ de Roca), integrando los directorios de las empresas centrales del grupo (comprometiendo de esta forma a las FF.AA. en su proyecto, identificándolas con sus propios intereses económicos y dándoles participación en los beneficios obtenidos, retribuyéndole los servicios prestados, garantizando la estabilidad y seguridad para sus empresas).
El comportamiento de los distintos sectores del peronismo frente a la dictadura fue dispar. Mayoritariamente confuso y sin conducción, no generó una respuesta única y coherente.
Un sector del activismo nucleado previamente alrededor de las 3 A de López Rega, mantuvo su política colaboracionista, estrechamente ligado con las acciones más oscuras de la "guerra sucia", integrándose ideológica y militarmente a la ‘guerra contra el comunismo y su infiltración en las instituciones nacionales’. También se alinearon junto a la alianza oligárquico-monopólico, sectores gremiales, quienes denunciaban al activismo enrolado en las acciones de resistencia, en una interesada interpretación de ‘eliminación de la competencia’ en la tarea sindical, buscando su justificativo ideológico en la lucha contra la infiltración sindical y el terrorismo fabril.
Otros sectores aceptaron resignadamente el golpe y ‘desensillaron’ hasta 1982; cuando no abandonaron definitivamente la actividad política. El "yo me borro" fue la expresión mayoritaria en el peronismo político y en algún sector – minoritario – gremial.
La clase trabajadora, mayoritariamente, inicialmente se repliega en la defensa de lo más elemental, la vida, su integridad y la fuente de trabajo; iniciando una acción de resistencia por métodos encubiertos, ‘trabajo a tristeza’, sabotaje. En abril de 1979 un sector de la dirigencia sindical "los 25", con Ubaldini (C.G.T. Brasil) como referente, efectúa el primer paro general. La importancia de esta acción, más que en la efectividad del movimiento, está en la decisión de este sector sindical de buscar encabezar la resistencia obrera a la dictadura a pesar de la represión. El otro sector sindical, la C.N.T., en el que sobresale Triaca entre otros, optan por continuar la "negociación" con el poder oligárquico-militar. Estas posiciones se mantendrían hasta el final de la dictadura. Vale recordar que el 30 de marzo de 1982, dos días antes de la ‘toma’ de Malvinas, Ubaldini encabeza otra huelga general con movilización. En Mendoza, en la marcha efectuada es asesinado el compañero Benedicto Ortiz. En noviembre de 1982 se convoca a una nueva huelga general, por primera vez con el acuerdo de las dos cúpulas cegetistas. El acatamiento fue masivo. Pocos días después la multipartidaria explotando los espacios políticos abiertos a la dictadura, por la resistencia político-militar, sindical y la derrota de Malvinas, expresan su oposición a la dictadura con una masiva movilización popular, el 16 de diciembre, en donde es asesinado Dalmiro Flores. A pesar de estar en plena retirada, la dictadura continúa con su política de desapariciones. En estos días es secuestrado el Dirigente Montonero, sobreviviente de la masacre de Trelew, René Haidar Esta movilización tuvo desbordes de importantes manifestantes, principalmente de jóvenes, que podían expresar por primera vez su repudio abierto al proceso dictatorial. Esta violencia, generó inquietud en los tiranos del momento, pero igual o más preocupación llevó a la dirigencia política, que por todos sus medios iniciaron una política de represión y aislamiento a los sectores más radicalizados del espectro político, fundamentalmente al peronismo intransigente; repudiando y equiparando las violencias oligárquicas con las populares.
La dirigencia, militancia y activismo sindical formado en la C.G.T. de Argentinos, en la década del ’70, en la Juventud Trabajadora Peronista, el Bloque Sindical del Peronismo Auténtico y Peronismo Montonero, y en las corrientes clasistas de la izquierda, unos pocos logran el exilio, otros son detenidos (antes del golpe), otros fusilados y muertos en enfrentamientos, y la mayoría detenidos-desaparecidos.. Llegaron a formar estructuras sindicales en lucha, como las "Coordinadoras zonales" y la C.G.T. en la Resistencia, fundamentalmente en los cordones industriales del Gran Buenos Aires y de Rosario. Este sector es quien en las primeras horas del golpe resiste abiertamente por todos los medios a su alcance. Frente al poderío del bloque oligárquico-militar, junto a la Juventud y el Peronismo Montonero, fueron prácticamente la única acción de resistencia. Esta abierta y heroica resistencia no fue la única razón de su masiva represión, en esta colaboraron los listados elaborados por las patronales y algunos sindicalistas, como ya dijéramos más arriba.
La polarización electoral. Sin entrar en la vieja (y europeísta) discusión de reformistas o revolucionarias medidas del gobierno de 1946 / 55, lo real es que el peronismo en 40 años polarizó crudamente cada elección. Una visión europeísta, racionalista, no alcanza a entender el porqué de estos antagonismos tras un ‘partido’ apenas reformista; donde las reformas peronistas fueron apenas similares a las gestionadas por los partidos laboristas o socialdemócratas en Europa sin despertar allí los niveles de aceptación-negación registrados en nuestro País. En la Argentina produjeron antagonismos extremos, pasiones descontroladas y, fueron justificadas o atacadas mediante un lenguaje flamígero o descalificador. De allí que para el pensamiento "racionalista" peronista o no, estas polarizaciones significan la ‘falta de cultura política’ de la sociedad, ‘fruto del subdesarrollo cultural argentino’; ‘escasa práctica política resultante de los golpes militares’, etc., sin considerarla como la expresión político-electoral de los sectores sociales en lucha, las propuestas que estos propugnan y sus representaciones políticas. El peronismo en el gobierno de la década del ’50 fue revolucionario por las transformaciones políticas, económicas y sociales producidas, avanzó en la resolución de la contradicción central de su etapa y por esos avances fue enfrentado por el otro polo de la contradicción y derrocado. Quedando trunca la revolución, lo que no invalida, como revolucionaria, la gestión desarrollada. El imaginario social así lo entendió correctamente, y así las dos generaciones de argentinos se polarizaron en su torno. La ‘intolerancia’ recíproca fue la manifestación ideológica de la dureza del enfrentamiento entre los polos de la contradicción: pueblo – oligarquía.
Votar al peronismo, no era votar a ‘un partido más’. No lo sintieron así los peronistas y no peronistas. Salvo en 1951 que, además, fue de reafirmación del proceso en marcha, fue el voto antisistema, el voto contra el statu quo. En él confluyeron, especialmente luego de 1966, todas las rebeldías y críticas contra la sociedad argentina. La polarización fue la lucha entre quienes defendían un sistema y quienes lo impugnaban desde diversas perspectivas.
Nació como fuerza mayoritaria, expresando en las urnas, los sucesos de octubre de 1945. En febrero del ’46 obtuvo el 56% de los votos. En noviembre de 1951, con el voto femenino incluido, 62,4%. En ambas ocasiones el candidato presidencial era Perón. Tras la ‘libertadora’ los partidos del régimen y la dictadura pensaban que la potencia electoral peronista bajaría o desaparecería, por la proscripción, persecución y maniobras políticas desarrolladas.
En 1957, en las elecciones para constituyentes Perón ordena el voto en blanco, a pesar de la difícil difusión de su mandato, obtiene el 25% (votos en blanco), frente al 24% de la U.C.R.P. y el 21,2% de la U.C.R.I.
Antes de las elecciones presidenciales de 1958 Frondizi pacta con Perón. Sectores del peronismo negaron la existencia del pacto e incluso algunos lo cuestionaron, pero la mayoría de los peronistas apoyó el pacto, votando a Frondizi. Así la U.C.R.I. llega al 43,8%, doblegando a la U.C.R.P. con el 27,7% de los sufragios.
En 1962 hubo elecciones para gobernadores en 14 Provincias, para cargos legislativos y para diputados en Capital Federal. Con diferentes nombres (ya que estaba prohibido los términos peronismo o justicialismo) el peronismo se presenta en 13 y en Capital. Es difícil cuantificar con precisión una media nacional, ya que proliferaron partidos neoperonistas, pero se puede estimar en un promedio nacional del 32%, contra el 25,2% de la U.C.R.I. y el 17,8% de la U.C.R.P. Este alto nivel de adhesión del peronismo, como el triunfo en la Provincia de Buenos Aires de Andrés Framini a la gobernación, resultaba intolerable para los sectores políticos, económicos y militares del sistema, deponiendo a Frondizi.
En las presidenciales de 1963, el peronismo – todavía proscripto – votó en blanco y obtuvo el 17,5%, frente al 22% de la U.C.R.P., el 16,5% de la U.C.R.I. de Alende. En estas elecciones se presenta Pedro Aramburu con su nuevo partido UDELPA. La propaganda del régimen daba como ganador a UDELPA; por ello se puede inferir que votos peronistas hayan ido a engrosar las otras alternativas positivas de voto (a la U.C.R.P. y a la U.C.R.I.)
En marzo de 1965, se efectuaron elecciones de renovación parcial de diputados. El peronismo pudo participar con el nombre de Unión Popular, además de muchos partidos peronistas provinciales. La Unión Popular obtuvo el 29,6% en el ámbito nacional (sin computar a los provinciales), contra el 28,4 de la U.C.R.P. La U.C.R.I. se había dividido, conservaba la sigla Oscar Alende, quien lograba el 5,7% y el M.I.D. de Frondizi con el 6,3% de los votos.
Con el peronismo proscripto total o parcialmente en todas estas elecciones, sin poder utilizar su nombre, ni Perón ser su candidato; o en aquellas donde concurrió, lo hizo bajo distintas siglas y fragmentado, lo que dificulta calcular su caudal electoral en este período con precisión. Podemos inferir que sin Perón como candidato, rondaba el 35% de los votos, suponemos un 5% de pérdida de votos sin su candidatura. En este análisis, hacemos abstracción de la situación política, social y económica. Nos sumergimos en los números, en forma casi fría y absoluta.
Desde esta perspectiva observamos un importante crecimiento electoral entre 1957 y 1973. En las elecciones, con Cámpora como candidato orilló el 50%. En setiembre, con Perón como candidato, logró el 62,5% de los sufragios. Este crecimiento es revelador de la ampliación de su base social. Fue constituyéndose en el partido antisistema, en el más legítimo cuestionador de una sociedad injusta.
Mora y Araujo sostiene que el apoyo electoral peronista es obrero en las grandes ciudades y policlasista en el interior. En estas elecciones de 1973, los apoyos se ampliaron, fundamentalmente de sectores de clase media, tradicionalmente ajenos al peronismo.
En marzo de 1973 el peronismo concurrió unido y con el apoyo explícito de Perón a sus candidatos, "Cámpora al gobierno, Perón al Poder", logrando el 50% de los votos. Aglutinando a todo el voto cuestionador del statu quo. En seis meses logra un aumento espectacular de votos, llegando al 62%, seguramente mantuvo el voto de marzo y sumó el de aquellos que lo veían como eventual freno y neutralizador de los sectores más revulsivos (como la ‘tendencia revolucionaria’) del peronismo, al ‘león herbívoro’; es decir, el voto por el cambio y el orden al mismo tiempo.
Al margen de los datos y los números, siempre se tuvo al peronismo como la ‘mitad más uno’, e imbatible electoralmente. Realmente lo fue, por márgenes muchas veces estrecho y también por la división de sus contrincantes. Es por ello, entonces, que el sistema "ballotage" ideado por el radical Mor Roig, durante la dictadura de Lanusse, era razonable para impedir la victoria electoral del peronismo, tomando en cuenta los antecedentes electorales desde 1957 a 1965. Lo que no lograron observar fue el crecimiento del ‘partido antisistema’, al polarizar el peronismo la sociedad. La dictadura militar deseaba la derrota peronista; seguramente esta certeza incrementó las adhesiones.
En síntesis, desde 1955 el peronismo sin Perón no llegó nunca al 35% de los votos. El peronismo superó este techo con Perón y la máxima radicalización de su discurso político.
Siguiendo este análisis consideramos al porcentaje logrado por la fórmula justicialista en 1983 (41%) como aceptable en términos comparativos. Hubiese triunfado en cualquier otro momento histórico, pero en esta oportunidad el candidato no peronista consiguió lo que no habían logrado los otros: convocar a todo el electorado no peronista. Obteniendo la captación del voto de rechazo al justicialismo y de credibilidad en sus propuestas. Entre 1973 y 1983 el peronismo perdió entre un 10% y un 22% de los votos. Cuales fueron las razones: en primer lugar (en lo cronológico) la frustrante experiencia gubernamental de 1973-76 y la muerte de Perón.
Hay quienes consideran que el frente político generado por el peronismo en 1973 (empresarios nacionales, obreros, capas medias urbanas y bajas rurales) ya era inviable en vida de Perón e irrealizable tras su muerte; por ello y a partir de esa experiencia frustrante, dejó de ser creible.
Otras razones se encuentran en las consecuencias del golpe de 1976. Algunos de carácter estructural: la disminución de obreros industrializados (clara base electoral del peronismo), promoviendo la tercerización y el cuentapropismo (generadoras de tendencias individuales más proclives a otras identidades políticas). La existencia en 1983 de 2.500.000 de exiliados políticos y económicos. A los pocos días del triunfo alfonsinista, Juan Alemann explica en un artículo periodístico de Ámbito Financiero titulado "De nada Raúl": que el triunfo de Alfonsín – al que saluda alborozado – se debía a los cambios socioeconómicos impulsados por el gobierno de las Fuerzas Armadas.
Hubo también, cambios importantes en el imaginario político argentino. Estos acentuaron las posibilidades del ‘aggiornado’ partido radical. Algunos aspectos específicos del ideario peronista: la justicia social, la mejora distributiva, la no-alineación ante los bloques hegemónicos internacionales; fueron hechas suyas (con variantes, según los casos, por partidos nacionales y populares como la U.C.R. y el P.I. de Oscar Alende). El peronismo dejó de ser abanderado exclusivo de esas propuestas.
Un planteo histórico del peronismo, como el "nacionalismo" estaba en crisis. Si bien un amplio espectro político esgrime en la retórica expresiones nacionalistas, es el peronismo el que le había dado contenido propio, al enlazarla con la movilización y ascenso social de los sectores populares; Jauretche decía: ‘no hay nación sin pueblo’ (en contraposición a las expresiones de las derechas aristocratizantes y antidemocráticas (emergentes de la década del ’30) y ‘ni pueblo sin nación’ (con relación al clasismo de las izquierdas). Posiciones verosímiles ya que eran visibles a través de la política interna y externa del primer peronismo. Una vez derrocado, enarboló con más fuerza el antiimperialismo y el nacionalismo fue ampliando sus significados hasta convertirlo en una crítica hacia todo el sistema político social. Ese discurso no pudo plasmarse en hechos en el período 73/76. Los logros nacionalistas obtenidos durante la gestión Gelbard fueron vistos como insuficientes por vastos sectores, incluso del peronismo. A partir de la muerte de Perón, el abandono del Plan Gelbard y la política global de Isabel condujeron a una mayor inserción dentro del mundo ‘occidental’: con préstamos del F.M.I., discursos de la Presidenta alabando a las empresas multinacionales, al mismo tiempo de una retórica semioficial nacionalista, cuando no xenófoba, lo que la hacía incomprensible y contraproducente. Con la dictadura se aumentó el aislamiento político del país. La lucha por los derechos humanos contó un marcado apoyo internacional, especialmente de los países del ‘centro del mundo’. Este apoyo fue reclamado por los organismos de derechos humanos (que arrebataron al peronismo su habitual primacía en el campo de la lucha antirrepresiva), también fue reclamado por el radicalismo (igualmente aislacionista) e inclusive por el propio peronismo (que no dudó en acudir por vía de su máxima expresión legal: el escribano Deolindo Bittel, a solicitar el apoyo de la Comisión de Derechos Humanos de la O.E.A.). A su vez el sindicalismo peronista (muerto Perón) abandonó su tradición aislacionista y aceptó formar parte de la C.I.O.L.S.. Utilizó a la O.I.T. como ámbito de sus denuncias, aunque mantuvo su retórica nacionalista; sin elaborar un discurso coherente a esta aparente contradicción, lo que mermó su credibilidad. Estas aparentes y reales contradicciones entre discurso y práctica, en ésta como en otras temáticas, perjudicó al peronismo.
Simultáneamente luego de la derrota de Malvinas en 1982, en la campaña desmalvinizadora que sobrevino a la rendición, el nacionalismo fue puesto en cuestión ante la opinión pública, no sin haber llegado a su máxima ‘exaltación’ alimentado por los medios de difusión de la dictadura militar. Conmovida por su raíz patriótica, la dirigencia política en vuelo gallináceo y con alto grado de oportunismo, en particular la dirigencia peronista, la condujo a acoplarse a los aspectos delirantes de Galtieri, en la acción Malvinas. El costo de la derrota, fue poner en tela de juicio al nacionalismo, visto como una forma de irracionalidad de raíz emocional que conduce a la derrota. Tal es el mensaje alfonsinista, sustentado solapadamente en su campaña electoral y que luego sería sustentado desembozadamente en vinculación con el problema de la deuda externa. El nacionalismo es percibido como declamatorio e inviable (tanto como el peronismo).
Otro aspecto con el que se identificaba al peronismo, descalificándolo por ello, es el "autoritarismo peronista". Si bien el peronismo reclamó para sí la condición democrática, en razón de la forma en que distribuía los bienes económicos y el poder, y restituía la dignidad de los sectores más humildes; no enfatizó la condición democrática por la forma en que ejercía el gobierno. En ocasiones fue elogiado y en otras visto como el mal menor que debía soportarse para alcanzar el superior objetivo de producir cambios sociales significativos, en una sociedad cuya superestructura cultural es significativamente reacia a tales transformaciones. No se puede dejar de lado el discurso y la acción de Perón, que habían sido absorbidos por sus partidarios e incorporados a una suerte de ‘tradición picaresca’ inherente al peronismo. El último Perón de 1973/74 defendió la pluralidad y la necesidad de un sistema político estable. Este último Perón casi no fue escuchado por la realidad política del período, en buena medida como consecuencia de la acción del propio Perón, que mantenía una inercia, que tornaba escasamente audible el nuevo discurso de Perón. Muy pocas veces fue pensado por el peronismo, como un defecto descalificatorio. Y fue utilizado por el alfonsinismo, abanderado de la ‘estética de los sectores medios’ sensibilizados por la reciente experiencia autoritaria llevada al extremo por la dictadura.
La violencia sindical era vista igualmente como la contracara no deseable de su eficacia. El sindicalismo se mostraba apto en la obtención de reivindicaciones para su