Vernant, guiándose por la lectura de la obra de Thomson Studies in ancient greek society, formula una objeción decisiva: "Es imposible establecer un lazo directo entre el pensamiento racional y el desarrollo técnico. En el plano de la técnica Grecia no ha inventado nada, no ha innovado cosa alguna. Tributaria del Oriente en este dominio, nunca lo ha superado realmente. Y Oriente, a pesar de su inteligencia técnica, no ha sabido desligarse del mito y construir una filosofía racional." En cambio, considera necesario hacer intervenir dos factores: la ausencia en Grecia de una monarquía de tipo oriental, y la formación, con la moneda, de una economía mercantil en la cual los objetos se despojan de su diversidad cualitativa (valor de uso) y ya no tienen sino la significación abstracta de una mercancía semejante a todas las otras (valor de cambio).

Sobre la primera cuestión, plantea que la separación que realizó la polis entre naturaleza y sociedad se tradujo al plano del pensamiento en el ejercicio del pensamiento racional a través del debate. El orden político se habría desligado de la organización cósmica para constituirse como una institución humana, y la filosofía surgiría para encontrar soluciones a los problemas causados por la economía mercantil y así lograr cierta armonía, equilibrio o unidad social. Con respecto a la institución económica de la moneda, sostiene que atestigua, en su desarrollo, transformaciones que no están desconectadas del pensamiento racional, y que habría generado una nueva noción, positiva, cuantificada y abstracta, del valor. Así pues, Thomson sugiere que existe un vínculo entre el Ser de Parménides y otros importantes conceptos filosóficos, y la forma abstracta de mercancía que presta la moneda a todas las cosas concretas del mercado.

Sin embargo, Vernant advierte que decir que la filosofía aplica a la noción del Ser imperecedero e invisible, heredada de la religión, una forma de reflexión racional y positiva, adquirida en la práctica de la moneda, sería demasiado simple. Además, sostiene, el Ser parmenídeo es Uno y la unicidad constituye uno de sus rasgos esenciales, mientras que la moneda no solo abarca la multiplicidad con igual razón que las cosas de la naturaleza, sino que incluso implica, en el principio, una posibilidad indefinida de multiplicación.

En realidad, el Ser de Parménides responde a la transformación de la vieja pregunta acerca de la formación del orden a partir del caos en la búsqueda de lo que permanece inmutable en la realidad. Es por esto que las nociones míticas que los jonios habían heredado de la religión, como el amor, el odio, la unión y la lucha de los contrarios, y que daban cuenta del devenir del mundo sensible, ya no respondieron a las necesidades filosóficas. Así pues, la doctrina de Parménides, al mismo tiempo que instaura la exigencia absoluta de no contradicción lógica, consagra la ruptura con la antigua lógica mítica de la ambivalencia.

La reflexión matemática jugó en este sentido un papel decisivo. Por su método de demostración y por el carácter ideal de sus objetos, adquirió valor de modelo. Esforzándose por aplicar el número a la extensión, se topó en su dominio con el problema de las relaciones de lo uno y lo múltiple, de lo idéntico y de lo diverso: lo ha planteado con rigor en términos lógicos. Ha conducido a denunciar la irracionalidad del movimiento y de la pluralidad, y a formular claramente las dificultades teóricas del juicio y de la atribución.

Los pitagóricos, luego de advertir que las modificaciones y las razones de las escalas musicales eran expresables en números, quisieron mostrar la estructura matemática de todos los fenómenos. De esta manera, fueron los primeros teorizadores que deliberadamente intentaron dar al conocimiento de la naturaleza un fundamento matemático cuantitativo. Esta circunstancia los coloca a la cabeza de lo que hubo de ser un acontecimiento nuevo de la mayor importancia para la ciencia. Esta búsqueda de razones numéricas resultó fructífera en campos como el del análisis de las armonías musicales y en el de la geometría. Sin embargo, también se destacaron en el campo de la cosmología: algunas fuentes postaristotélicas atribuyen a Filolao de Crotona, un pitagórico de fines del siglo V, una teoría según la cual el sistema cósmico no es geocéntrico, es decir, que habría intuido que la Tierra no es el centro del universo.

Dos aspectos ulteriores de la obra de los pitagóricos arrojan luz sobre sus contribuciones a la ciencia griega primitiva: 1) los testimonios acerca de sus investigaciones empíricas, que incluyen la realización de experimentos; y 2) el desarrollo de métodos deductivos en matemáticas. En primer lugar, la información de las fuentes del siglo V o comienzos del IV describen cómo Pitágoras, a través de la medición de la longitud de las cuerdas que producen diferentes notas o de las columnas de aire en tubos, descubrió las proporciones en las armonías musicales. También Arquitas de Tarento, en particular, reunió diversas pruebas al intentar la formulación de su teoría acerca de la relación entre la tonalidad de una nota y su "velocidad": uno de sus ejemplos más simples se refiere a las notas producidas por los tubos de diferente longitud de una flauta.

En segundo lugar, a partir de mediados del siglo V, los pitagóricos se interesaron principalmente en ciertos aspectos de la teoría de los números. La clasificación de éstos en impares y pares data de ese período, como así también la asociación de ciertos números con figuras geométricas de diferentes clases; así 4 y 9 son números "cuadrados"; 6 y 12 "oblongos". Indudablemente a comienzos del siglo V estaban familiarizados con teoremas geométricos, incluso con el de Pitágoras, a saber: que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los otros dos lados. Sin embargo, se considera aún más sorprendente, que el descubrimiento del teorema, su demostración. Otra de las contribuciones características de los pitagóricos concierne al planteo de la irracionalidad de la raíz cuadrada del número 2; la circunstancia de que su valor no pueda expresarse mediante una proporción entre dos enteros, o expresándolo en términos geométricos, el hecho de que la diagonal de un cuadrado no es conmensurable con su lado. Finalmente, sabemos que Arquitas fue el primero en resolver el problema de la duplicación del cubo: dado un cubo determinado, ¿cómo construir otro del doble de su volumen? Se cree que la brillante construcción cinemática tridimensional que le permitió encontrar la solución, proporciona una prueba anticipada de los métodos que condujeron a una de las realizaciones más notables de la ciencia griega primitiva: el modelo astronómico de Eudoxio.

Exceptuando el trabajo de los pitagóricos, después de Parménides el pensamiento quedó escindido, como con hacha, de la realidad física: la razón no puede tener otro objeto que el ser, inmutable e idéntico. Pues bien, la tarea de la filosofía griega consistió en restablecer mediante una definición más precisa y más matizada del principio de no contradicción, el lazo entre el universo racional del discurso y el mundo sensible de la naturaleza.

Para dar cuenta del mundo sensible, tanto Empédocles de Acragas como Anaxágoras de Clazomenes suscribieron la afirmación de Parménides de que nada proviene de lo que no es y Leucipo y Demócrito postularon la existencia de átomos que poseen en común diversas características con el Ser de Parménides. No obstante, mientras éste último insistió en confiar sólo en la razón, Empédocles rehabilita los sentidos. Además, admite que nada puede provenir de lo que no es, pero restaura la noción del cambio al negar la singularidad de lo existente.

Para Empédocles el cambio resulta posible si se lo interpreta como mezcla y separación de las sustancias ya existentes. Desde el punto de vista de la historia de las teorías científicas son particularmente importantes dos aspectos del sistema de Empédocles: su concepción de los elementos físicos y su empleo de la idea de proporción. Expresó, con mayor claridad que cualquier otro escritor anterior, la idea de sustancias que son simultáneamente originales y simples; y estableció, sobre todo, una clara distinción entre los compuestos y sus componentes. También afirmó que las distintas sustancias están formadas por raíces en proporciones diferentes y evidentemente supuso que una sustancia particular está integrada por raíces combinadas en una proporción fija y definida. Es entonces evidente la contribución fundamental que sus ideas aportaron a la teoría química. La ley de las proporciones definidas establece que los compuestos químicos contienen a sus elementos constitutivos en proporciones fijas de peso invariable; pero mucho antes de que esta ley se verificara experimentalmente, Empédocles había arribado mediante conjeturas a un principio general parecido.

Como Empédocles, Anaxágoras de Clazomenes resuelve el principal problema suscitado por Parménides en su negación de la singularidad de lo existente, manteniendo el principio de que nada puede provenir de lo que no es. Sostiene que nada deviene o muere, sino que se mezcla y separa a partir de las cosas existentes. Además establece esta doctrina: "En todo existe una porción de todo", es decir, "todas las cosas participan de todas las cosas". Por otra parte, los atomistas Leucipo y Demócrito postularon que sólo los átomos y el vacío son reales. Como el Ser del Camino de la Verdad, cada átomo individual es increado e indestructible, inalterable, homogéneo, sólido e indivisible. Al considerar real el "no ser" o "lo que no es", el vacío, los atomistas reinstauran la pluralidad de entes, ya que los átomos colisionan y, si tienen formas compatibles, se unen formando diversos cuerpos compuestos.

Debemos considerar que estos pensadores posteriores a Parménides estuvieron consagrados, principalmente, no a programas de investigación, sino a discusiones de naturaleza sumamente abstracta, en las cuales los datos empíricos que podían aducirse en apoyo de la teoría, no contaban tanto como la economía y consistencia en los que esta se fundaba. Como consecuencia, es especialmente importante considerar la obra de Aristóteles, siendo que sus textos nos proporcionan el testimonio más extenso sobre los puntos de vista de un científico de la antigüedad relativos al valor, propósito y métodos de investigación de la naturaleza.

El método por el que Aristóteles aboga incluye no simplemente la observación, sino también la investigación deliberada, pero no recomienda la investigación "pura" en el sentido de la que se efectúa por amor a la búsqueda misma. El propósito y la justificación de las ciencias naturales es revelar las causas responsables de los fenómenos. En esta búsqueda de las causas, la rama de las ciencias naturales que mereció mayor atención por parte de Aristóteles fue la biología, y los tratados biológicos comprenden más de una quinta parte de su obra existente.

En oposición a los platónicos y a todos los que menospreciaban el empleo de la observación, insistió acerca del valor y la importancia de la investigación detallada en biología. Es notable la amplitud de sus investigaciones zoológicas: más de quinientas especies diferentes, que comprenden alrededor de ciento veinte clases de peces y sesenta insectos, de las que se hace referencia en sus obras biológicas. Para estos trabajos recogió sus datos en fuentes muy diversas; confió mucho en el testimonio de pescadores, cazadores, adiestradores de caballos, apicultores y gente afín, pero también investigó personalmente. Aún cuando no fue, por cierto, el primer biólogo que empleó el método de la disección, fue el primero que lo realizó en forma tan general.

Algunos de los descubrimientos que Aristóteles realizó o registró son justamente famosos. Uno de los más notables es su descripción de una especie de cazón, el llamado "tiburón liso". La especie en cuestión es externamente vivípara pero constituye una excepción el hecho de que el embrión está unido mediante un cordón umbilical a una estructura similar a una placenta, situada en el vientre de su progenitor hembra. La descripción de Aristóteles es clara y precisa, aunque generalmente se le acordaba poco crédito hasta que Johannes Müller publicó en 1842 los resultados de sus investigaciones sobre esta y otras especies relacionadas, que reivindicaron ampliamente la exactitud de la descripción de Aristóteles. Y no sólo por el descubrimiento de un fenómeno tan excepcional como éste se ha hecho acreedor al elogio de los naturalistas, sino también por sus minuciosas descripciones de las partes internas y externas de especies tan familiares como la langosta.

Cabe aclarar que a pesar de haber demostrado su habilidad como observador en sucesivos pasajes de sus tratados biológicos, su principal motivo para estudiar a los animales era, no la descripción, sino la explicación. Sus disquisiciones tienen por lo menos dos métodos considerables: primero, la claridad con que se plantean los problemas; y segundo, el ingenio y agudeza con que se desarrollan y analizan los argumentos de cada parte.

Las investigaciones emprendidas por Aristóteles y sus colegas y discípulos sobrepasaron en mucho a cuanto se había realizado anteriormente. En primer lugar, hubo una serie de historias de diferentes ramas del pensamiento especulativo; éstas pueden considerarse como un desarrollo natural a partir de la exposición esquemática de las opiniones de sus predecesores, que el mismo Aristóteles expone en tratados como el primer libro de la Metafísica. Así, Teofrasto historió las principales doctrinas físicas y las teorías acerca de la sensación y percepción en el pensamiento primitivo; Menón escribió la historia de la medicina, y Eudemo las de la geometría y astronomía. El segundo lugar lo ocupó la investigación de las ciencias sociales. En este campo, la obra más notable fue la serie de 158 estudios constitucionales, de los cuales la Constitución de Atenas es el único ejemplo que ha subsistido. Aunque Aristóteles planeó dicha serie en conjunto, probablemente escribió sólo una proporción relativamente corta de estos estudios. El tercer lugar lo ocupan los trabajos sobre ciencias naturales. Los propios tratados de Aristóteles representan en cierta extensión, por cierto grande en el caso de la Investigación acerca de los animales, los resultados de un esfuerzo de conjunto en la investigación.

Estos estudios zoológicos fueron complementados por los tratados botánicos, igualmente completos, de Teofrasto, Las causas de las plantas y la Investigación acerca de las plantas; luego, el estudio acerca de la constitución de las sustancias naturales, en el cuarto libro de la Meteorología, fue seguido por una detallada investigación de los minerales, obra también de Teofrasto, el tratado Sobre las piedras. Finalmente, en el terreno de la dinámica, la propia exposición no sistemática de Aristóteles sobre el movimiento y el peso, en la Física y Sobre el cielo, fue seguida por la obra de Estratón, quien, según Simplicio, emprendió ciertas indagaciones relacionadas particularmente con el fenómeno de la aceleración.

La escala en que la investigación se llevó a cabo en el Liceo no tuvo precedentes, ni fue un hecho meramente fortuito, sino el resultado de la aplicación de los propios principios metodológicos de Aristóteles y, en particular, de su insistencia acerca de la verificación de los "datos" y de las "opiniones comunes", tendientes ambos a descubrir los problemas y como primer paso hacia su solución. La existencia y los avances del Liceo de Aristóteles y de la escuela de Mileto pueden parecernos inexplicables, pero podemos entender mejor si analizamos el período que va desde el siglo VII al IV a. de C.

¿Hasta dónde podemos determinar los motivos que impulsaron a algunos hombres de la Grecia antigua a dedicarse a las investigaciones científicas? Seguramente, nunca sabremos porqué la razón surgió en la escuela de Mileto, pero podemos estar seguros de que las ideas de los físicos jonios, aunque ciertamente proporcionan una primera forma de racionalidad, no constituyen un milagro. No debemos creer que hubo una inmaculada concepción de la razón. El advenimiento de la filosofía, es un hecho de historia, enraizado en el pasado, formándose a partir de él al mismo tiempo que contra él. La mutación mental que se produjo aparece dependiente de las transformaciones que se dieron, entre los siglos VII y VI, en todos los niveles de las sociedades griegas: en las instituciones políticas, en el derecho, en la medicina, en la educación, en la economía mercantil, en la institución de la moneda, en la prosperidad económica, etc.

En cuanto a esta última, en la obra Vidas de los filósofos Diógenes Laercio nos habla de la riqueza de algunos primeros filósofos como Heráclito, Parménides, Anaxágoras y Empédocles. La idea de que el ocio y la abundancia material son las precondiciones del interés por la filosofía o las ciencias naturales ya había sido expresada frecuentemente en el siglo IV por autores como Isócrates y Aristóteles, y lo que Diógenes registra es, por lo menos, compatible con lo que se sabe acerca de las condiciones económicas generales del mundo griego durante los siglos V y IV a. de C. Gran número de ciudadanos de las ciudades-estados más grandes se hallaban, evidentemente, lo suficientemente libres de penurias financieras inmediatas para poder dedicar mucho tiempo y energías a gran variedad de actividades relativamente improductivas y aún contraproducentes, como las intrigas políticas, los pleitos y también muchas otras actividades culturales, además de las investigaciones acerca de la naturaleza.

Dejando de lado las causas históricas, podemos decir que el nacimiento de la filosofía tiene que ver con dos grandes transformaciones mentales. En primer lugar, un pensamiento positivo, que excluye toda forma de sobrenatural y que rechaza la asimilación implícita establecida por el mito entre fenómenos físicos y agentes divinos.

En el segundo, un pensamiento abstracto, que despoja a la realidad de este poder de mutación que le prestaba el mito, y que rehúsa la vieja imagen de la unión de los contrarios en provecho de una formulación categórica del principio de identidad. La filosofía de la Magna Grecia complementa, en su contraste, la "física" jónica. Puso el acento, no ya sobre la unidad de la Physis, sino sobre la dualidad del hombre: hay un alma humana diferente del cuerpo, y que le gobierna al igual que la divinidad hace con la naturaleza. Detrás de la naturaleza se reconstituyó una realidad invisible más verdadera y, en apariencia, el pensamiento racional regresó al mito. Sin embargo, el "desdoblamiento" de la Physis y la distinción de los varios niveles de realidad, resaltan esta separación de la naturaleza, de los dioses, del hombre, que es la condición primera del pensamiento racional. A través de estas dos tendencias contradictorias se produjo una decisiva ruptura con el mito y el pensamiento racional se comprometió, de sistema en sistema, en una dialéctica cuyo movimiento engendra la historia de la filosofía griega.

Por otra parte, es obvio que los hombres cuyas ideas hemos considerado no constituían un grupo netamente definido de "científicos". Quienes las formularon eran conocidos por sus contemporáneos no como científicos, sino como filósofos, y aún en este grupo existen importantes diferencias entre las actitudes de los distintos individuos con respecto a la investigación a que estaban consagrados. En efecto, si bien es cierto que se puede tomar a los presocráticos, y a los milesios en particular, como punto de partida de la reflexión filosófica, estaban muy lejos del pensamiento científico tal como se constituyó en la modernidad. En el período comprendido entre Tales y Aristóteles las teorías que podrían reunirse bajo la denominación de "ciencia griega" son muy diversas. La ciencia, entendida como comprensión, descripción o explicación ordenada y sistemática de los fenómenos naturales, que se vale de herramientas como la lógica y las matemáticas, no apareció en un punto particular del espacio y del tiempo, sino que se fue gestando sistema tras sistema.

Vernant sostiene que la razón griega no es todavía nuestra razón, la razón experimental de la ciencia contemporánea, orientada hacia los hechos y su sistematización teórica. Declara "se ha apoyado poco sobre la realidad sensible; no ha tomado mucho de la observación de los fenómenos naturales; no ha hecho experiencias. La misma noción de experimentación le ha permanecido extraña. […] Ella ha edificado una matemática, primera formalización de la experiencia sensible; pero precisamente, no ha intentado utilizarla en la exploración de la realidad física.

Entre la matemática y la física, el cálculo y la experiencia, ha faltado la conexión; la matemática ha persistido solidaria de la lógica. Para el pensamiento griego, la naturaleza representa el dominio de lo más o menos, al cual no se aplican ni exacta medida, ni razonamientos rigurosos. La razón no se descubre en la naturaleza, está inmanente en el lenguaje. No se forma a través de las técnicas que operan sobre las cosas; se constituye por la puesta a punto y el análisis de los diversos medios de acción sobre los hombres, de todas las técnicas de las que el lenguaje es el instrumento común: el arte del abogado, del maestro, del orador, del hombre político. La razón griega es la que permite actuar de forma positiva, reflexiva, metódica, sobre los hombres, no de transformar la naturaleza. En sus límites, al igual que en sus innovaciones, aparece como hija de la ciudad".

¿Están justificadas semejantes críticas a la razón griega? Creemos, con Lloyd, que no. Afirmar que los griegos nunca experimentaron es manifiestamente falso, teniendo en cuenta los experimentos de acústica de los pitagóricos y los realizados por Aristóteles y los autores hipocráticos. Estos últimos realizaron importantes contribuciones al pensamiento científico griego, no solo a las ciencias biológicas sino también a la dilucidación de problemas más generales en física, cosmología y metodología de la ciencia. Además, debemos considerar que: 1) la ciencia no constituía una profesión, 2) no existieron grandes incentivos financieros para las investigaciones científicas, 3) la justificación más común, tanto de la filosofía como de la historia natural, era que el conocimiento es valioso por sí mismo, 4) el ideal de los filósofos era una vida ociosa dedicada a la "contemplación".

Es cierto que los experimentos más completos, sistemáticos y fructíferos de la ciencia griega datan de mucho después del período que hemos considerado, pero esto se debe a que el experimento, en muchos de los problemas que interesaron a los antiguos, es simplemente inadecuado. Entre las especulaciones de los primeros filósofos naturales figuran en forma prominente la astronomía y la meteorología, pero en ninguno de ambos campos les era posible aplicar la experimentación directa. Por otra parte, el método experimental fue solo de utilidad muy limitada en el problema fundamental de la física: el de los últimos constituyentes de la materia. Aunque experimentos muy sencillos habrían proporcionado informaciones útiles sobre la naturaleza de ciertos compuestos, la controversia giraba en torno a la clase de explicación que se intentaba y no se podría haber apelado a observaciones o experimentos.

Bibliografía:

* Farrington, Benjamin, Ciencia y filosofía en la Antigüedad (Science in Antiquity, Oxford University Press, 1969). Trad.: P. Marset y E. Ramos, rev.: J. M. López Piñero. Ediciones Airel (Ariel quincenal), Barcelona, 1971, 225 pp.

* Heiberg, J.[ohan] L.[udwig], La ciencia natural y matemática en la antigüedad clásica. (Naturwissenschaft und Mathematik im klassischen Altertum) Trad.: Ernesto Lustig. (Col. Infinito Núm. 402 (extra), Serie 4-Historia de la Ciencia-vol. 2*), Ibero-Americana, Buenos Aires, 1948, 189 pp.

* Rey, Abel, La madurez del pensamiento científico en Grecia. (La maturité de la pensée scientifique en Grèce, Éditions albin Michel, Paris.) Trad.: José Almoina. [Prólogo de Henri Berr.] La evolución de la humanidad. Síntesis colectiva. Dirigida por Henri Berr. Serie Complementaria La ciencia en la antigüedad. Tomo CLXIII.- Unión tipográfica Editorial Hispano Americana (UTEHA), México, 1961, XXI + 378 pp.

* Lloyd, G. E. R., De Tales a Aristóteles (Early Greek Science: Thale to Aristotle, Chatto & Windus Ltd., London, 1970.) Trad.: Carlos Enrique Gondell. Eudeba (col. Lectores), Buenos Aires, 19772, 229 pp.

 

Autor:

Joel Muñoz de Agüimes,

nacido en Lima (Perú)

Julian Magdalena

jm32962949[arroba]hotmail.com

Biografía: Publicista peruano. Licenciado en Filosofía por la Universidad del CEMA. Doctorado en Epistemología y metodología de la investigación. Hombre de 51 años de edad. Padre de dos hijos.

Fecha: Mayo de 2005. Buenos Aires (Argentina)



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