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Literatura universal (página 3)




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Marie-Joseph Sue, mas conocido como Eugene. nació en Paris en 1804. En 1831 publica su primera novela, Atar-Gull, de ambiente marinero; le suceden La Salamandra (1832) y Mathilde (1841), entre otras. Pero fue la novela por entregas la que engrosó su fortuna ya considerable; Los misterios de Paris, publicada durante 1842, y EI judío errante, que apareció entre los años 1844 y 1845, lo enriquecieron y cimentaron su fama como autor de folletines.

El otro escritor consagrado, Alejandro Dumas, nació en Villers-Cotterets en el año 1802. EI autor de Los Tres Mosqueteros y EI Conde de Montecristo fue el folletinista mejor pagado. No trabajó solo; estudios estadísticos han demostrado que contaba con cerca de setenta y tres empleados que firmaban con su nombre las obras que debía entregar, dia a dia.

Las letras inglesas tambien tuvieron un famoso cultor del folletin: Charles Dickens. La novela por entregas fue la forma elegida por el escritor nacido en 1802 para presentar un ambiente lúgubre en el que la niñez sufre maltratos y necesidades. A partir de las Memorias del Club Pickwick, publica todas sus obras por entregas, ya que "este estilo se adaptaba a su manera de escribir: sin rigurosa estructura narrativa, con escenas dramaticas fácilmente recordables y llena de digresiones desordenadas".

Manifestaciones argentinas del género

El folletín, que tuvo su apogeo a mediados del siglo XIX, llegó a nuestro continente, donde cautivó a miles de lectores ansiosos de vivir aventuras. AI respecto. debemos recordar la aclaración que hacen Wolf y Saccomano: aunque aparecieron en diarios y semanarios, y presentaban las características de sus antecedentes europeos, no eran aún una literatura de masas ni de escritores que pensaran en vivir de sus ingresos como periodistas.

Entre los primeros, mencionan EI Capitan de Patricios, de Juan Maria Gutierrez; Soledad, de Bartolome Mitre, y Juan Moreira, del principal folletinista argentino, Eduardo Gutierrez.

Curzio Malaparte: Italia en guerra

Curzio Malaparte, cuyo verdadero nombre era Kurt Erich Suckert, nació en Prato en 1898; falleció en Roma en 1957. Fue voluntario durante la Primera Guerra Mundial y luego se destacó en el periodismo, fundando el periodico fascista La conquista dello stato y dirigiendo el prestigioso diario turines La stampa en los años 1929 y 1931. Fue tambien codirector de Fiera letteraria.

Un biografo afirma que "en 1931, despues de un largo viaje por Europa, Africa y Asia, abandonó definitivamente el fascismo para vivir con mas independencia ideologica". Su actividad literaria se inicia con la publicacion de la novela Aventure di un capitano di sventura (1927) y del libelo Don Camaleon (1928), obras que consolidaron su prestigio como escritor, a criterio de este biografo.

Las noticias sobre su vida nos dicen que fue arrestado tras haber publicado en Paris Tecnica del golpe de estado (1931), y debió permanecer durante algún tiempo confinado en las Islas Lipari. Cumplida su condena, se establecio en Roma, donde fue enviado especial del Corriere delIa sera y fundador, en 1939, del periodico de oposicion Prospettive. En 1941 actuó como corresponsal de guerra en el frente aleman contra Rusia, "Y a esta epoca pertenecen sus mejores obras, entre ellas Kaputt (1945) y La pelle (1949), que han que dado como testimonios decisivos de la tragedia de los años 1939-1945". Nos referiremos a la ultima de estas obras.

EI testigo

Malaparte se presenta como protagonista en La piel. Junto a él caminaremos por las calles de Napoles, conoceremos sus miserias y los actos aberrantes que el escritor explica en dialogo con extranjeros, recordaremos el pasado y sabremos acerca de su producción literaria. Una contraposicion nos da la idea de la situacion por la que atravesaba Italia en ese momento. "Jack y yo -recuerda- nos encontrabamos limpios, lavados y bien nutridos, en medio de aquella muchedumbre de napolitanos escuálidos, sucios, hambrientos y vestidos de harapos".

Malaparte dice conocer la razon que ha llevado a Europa al estado en que se encuentra en el momento en que sucede la accion. El escritor afirma que no han sido el hambre, los bombardeos, los fusilamientos, las matanzas, la angustia, el terror, los campos de concentración, los que han llevado a los europeos a cometer vilezas. Sostiene que el motivo es otro: es la piel, "nuestra piel, esta maldita piel. No puede usted imaginarse siquiera de cuantas cosas es capaz un hombre, de qué heroismos y de que infamias, para salvar la piel. (...) Un dia se sufria hambre, tortura, sufrimiento, los dolores mas terribles, se mataba y se moria, se sufria y se hacia sufrir, para salvar el alma, para salvar el alma propia y las de los demas. Para salvar el alma se era capaz de todas las grandezas y de todas las infamias. No solamente la propia, sino las de los demas. Hoy se sufre y se hace sufrir, se mata y se muere, se realizan cosas maravillosas y cosas horrendas, no ya para salvar la propia alma sino para salvar la propia piel. Se cree luchar y sufrir por la propia alma, pero, en realidad, se lucha y se sufre por la piel, por la propia piel tan sólo. Todo lo demas no cuenta. Hoy se es heroe por una cosa bien pequeña".

En estas circunstancias, uno de los personajes le pregunta al escritor porqué no se embarca con el hacia America. Malaparte le contesta que no puede abandonar a sus muertos, pues ellos "no pueden pagarse un billete para America, son demasiado pobres. No sabran jamas lo que es la riqueza, la felicidad, la libertad. Han vivido siempre en la esclavitud; han sufrido siempre el hambre y el miedo. lncluso muertos seran siempre esclavos, sufriran hambre y miedo. Es su destino; Jimmy. Si supieses que Cristo yace entre ellos -agrega-, entre estos pobres muertos, ¿lo abandonarias?".

La Piel fue llevada a la pantalla grande; el film se vio en la Argentina. Quienes lean este libro accederan a una vision de la contienda emanada de un espiritu, que desde su personal posicion, refleja momentos tragicos con indudable talento.

Fernando Pessoa, poeta de lo efímero

En el año 1888 nacía en Portugal Fernando Pessoa, considerado por Roman Jakobson uno de los "grandes artistas mundiales nacidos durante los años ochenta". Pasó su adolescencia en Durban, Africa del Sur, donde escribió sus primeros poemas. Estas obras -señala Rodolfo Alonso- están redactadas en inglés, idioma que utilizaría durante mucho tiempo para la creación literaria. En Lisboa estudia letras durante un año, abandonando la carrera para emplearse como corresponsal extranjero en casas comerciales. De 1918 datan sus obras Antinous y 35 Sonnets, pero se lo conoce, fundamentalmente, por Mensagem, poema épico publicado en 1934, poco tiempo antes de su muerte. Por esa época, el futurismo ejercía gran influencia en Europa; Pessoa adhirió al movimiento publicando el manifiesto titulado "Ultimátum".

Al escribir en portugués, lo hace asumiendo la personalidad de cuatro poetas perfectamente diferenciados, como una forma peculiar de encarar los temas que les es característica. No son seudónimos, sino que cada uno de ellos constituye una faceta del creador. Pessoa consideraba que su obra tenía estructura dramática, pues los heterónimos eran para él personalísimas formas de sentir una misma realidad. Ellos eran Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Alvaro de Campos y el propio Pessoa. Sin embargo, aún en su aparente diversidad, un tópico aproxima a los personajes: la fugacidad de la vida, y la consecuente preocupación ante la finitud.

Un tema secular

La inquietud ante el paso del tiempo aparece ya en la poesìa latina. En su "Oda II, 14", Horacio exclama: "Ay, Póstumo, Póstumo, fugaces,/ se deslizan los años y la piedad no concederá/ retardo ni a las arrugas ni a la vejez inminente/ ni a la indomable muerte". La labor destructiva del futuro aparece como un límite ante cuanto el ser humano puede disfrutar; así lo siente Catulo en su poema V: "Los soles pueden ponerse y volver, / una vez que se ha puesto la breve vida,/ una sola noche perpetua hemos de dormir"*.

Este tópico aparece también en el Siglo de Oro español; a la felicidad del presente se contrapone un devenir inexorable, que destruirá toda la dicha. En el Soneto XXIII de Garcilaso encontramos la imagen del tiempo despiadado, cuando el poeta dice a su amada: "Marchitará la rosa el viento helado,/ todo lo mudará la edad ligera/ por no hacer mudanza en su costumbre".

El tema se evidencia en la obra de Pessoa, quien lo enfoca desde los múltiples puntos de vista de sus heterónimos; a través de ellos aborda desde cuatro ópticas diferentes una misma cuestión, un mismo planteo existencial.

En uno de sus poemas, traducido por Rodolfo Alonso- dice: "Amo las rosas del jardín de Adonis, / esas rápidas amo, Lidia, rosas, / que en el día en que nacen, en ese día mueren". Envidia a las flores su sapiencia, ya que no les preocupa pensar en su mañana, en su ayer; ésta es, a criterio de Pessoa, la postura filosófica más sabia. Pero el mísero mortal no puede acceder a ella.

Aparece en los poemas la preocupación ante el propio fin. Inmerso en su destino, el hombre capta momentos fugaces de felicidad, pero la misma se escurre de sus manos. La condición humana parece estar ligada al mítico Tántalo, que tiende a alcanzar cuanto desea, pero nunca lo logra verdaderamente.

Existencia y finitud

Ante esta circunstancia, cabrían dos alternativas: optar por un consuelo ultraterreno, por la esperanza en un más allá, o vivir en plenitud los mínimos instantes que preceden a la muerte. Pessoa se decide por esta última posibilidad, que también tiene una larga tradición. En el soneto que mencionamos, Garcilaso exhorta a su amada: "Coged de vuestra alegre primavera/ el dulce fruto antes de que el tiempo airado/ cubra de nieve la hermosa cumbre". Estos versos recuerdan el poema de Ronsard que dice "Cortad hoy las rosas de la vida". Pessoa recurre, al igual que estos creadores, a la comparación con una rosa, bella y efímera.

El escritor pide "Coronadme de rosas,/ coronadme en verdad/ de rosas./ ¡Rosas que se apagan/ en la frente apagándose/ tan pronto!". La flor aparece como el símbolo de la felicidad terrena; puede entenderse como una defensa ante la desventura. Si bien no puede detener el paso del tiempo, el poeta logrará, circundado de rosas, enfrentarlo con mayor valor. No se trata de negar el fin, sino de llegar a él habiendo vivido en plenitud las horas que lo preceden.

Ante la incertidumbre de cuanto nos aguarda –que no encuentra, ciertamente, en la poesía de Pessoa, una respuesta teológica-, recurre a un tópico literario de antigua y rica tradición; los latinos lo denominaban carpe diem (atrapa el día) y era una forma de conjurar el temor ante la inexorable finitud del hombre. Breve es nuestra existencia, mas hay una forma ideal de vivirla: disfrutar el momento y no pensar en nada más que el presente, pues el mañana nos precipitará, cruel, hacia el fin.

Blas Cubas, desde el más allá

Dentro de los parametros de la novela biográfica se desarrolla la accion de Memorias póstumas de Blas Cubas, obra maestra de Joaquin Maria Machado de Assis, considerado por la critica el mejor prosista brasileño del siglo XIX.

Machado de Assis nació en Rio de Janeiro en 1839, en el seno de una familia de mulatos de condicion muy humilde; habiendo comenzado a trabajar como corrector de pruebas, se destaca por su labor periodistica, en primera instancia, y, mas tarde, por sus narraciones. Fue tambien poeta, critico y dramaturgo; a su iniciativa se debe la fundación de la Academia Brasileña de Letras, en 1896, de la que fue el primer presidente.

En su trayectoria novelística podemos distinguir -a criterio de los estudiosos- dos etapas: la primera, en la que se advierte la influencia del Romanticismo, y una segunda fase, en la que se propone retratar con realismo la sociedad en que vive. A esta segunda etapa pertenecen las novelas de madurez, entre las que se destaca Memorias postumas de Blas Cubas.

En una original concepcion narrativa, las memorias de Blas comienzan por el final, es decir, por su vida de ultratumba; desde allí, el protagonista evoca los momentos capitales de su existencia terrena. Como biografla de ficción la caracterizan, segun M. Bajtin, la normalidad y cotidianeidad de los sucesos que se relatan, ya que "EI argumento de una forma biográfica, a diferencia de la de vagabundeo y la de pruebas, no se basa en las desviaciones del curso normal y tipico de una vida, sino en los momentos típicos y principales de cualquier vida".

Por otra parte, el tiempo en el que transcurre la existencia del protagonista ya no será un tiempo ajeno a la realidad, sino que se atiene a ella y le confiere sentido. Tan lejos de la mínima importancia del personaje vagabundo como de la idealizacion heroica que se evidencia en los protagonistas de las novelas de pruebas, el personaje principal de este tipo de obras se caracterizará por sus rasgos positivos y negativos. Esta dualidad, tan cercana a nuestro propio modo de concebir a nuestros semejantes y a nosotros mismos, confiere a los seres de ficcion una verosimilitud de la que carecen los protagonistas de otras narraciones. La novela biográfica, tal como la conocemos, abarca la vida o gran parte de la vida de un ser -de ficción o no y la recrea, tratando de atenerse en lo posible a los hechos y a su sucesión temporocausal.

EI autor comienza su relato con una dedicatoria en la que se evidencia su proverbial ironia; destina su obra "Al gusano que primero ha roido las frias carnes de mi cadáver", él será, curiosamente. el primer evocado. Lejos de echar de menos cuanto la muerte le ha arrebatado, BIas manifiesta sentirse cómodo en su última morada; no es un "autor" difunto -explicita-, sino un difunto autor, para quien el sepulcro es una cama mas".

Desde su fosa pasará revista a sus recuerdos; su infancia, su relacion con Virgilia, la amistad con Quincas Borba, motivarán páginas de tono melancólico. Entrelazadas con las remembranzas irán surgiendo, sutiles, las críticas a una sociedad superficial y vana. BIas Cubas ha vivido en su tiempo, ha experimentado alegrias y sufrido desengaños; al final del camino, un balance clarifica su situación ante el mundo que dejó; "Sumadas unas cosas a otras -afirma-, cualquier persona imaginará que no hubo mengua ni sobra, y, en consecuencia, que salí mano a mano con la vida. E imaginara mal, porque aI llegar a este otro lado del misterio, me encontré con un pequeño saldo, que es la postrer negativa de este capítulo de negativas: no tuve hijos, no transmití a ninguna criatura el legado de nuestra miseria.

En estas amargas palabras se encuentra resumida una postura filosófica; su decepción, disimulada tras la ironía, debe hacernos reflexionar.

Manuel Bandeira: una estética vital

Manuel Bandeira fue una de las voces más originales de la moderna literatura brasileña, a la que aportó su visón escéptica y, al mismo tiempo, esperanzada. Nacido en 1886 en Recife, Pernambuco, desde muy joven se vio agobiado por la tisis, que en esos tiempos era sumamente peligrosa. Por esta razón –comenta María Julieta Drummond de Andrade- fue internado en el sanatorio de Clavadel, localidad suiza. No obstante su mal, vivió una larga vida, plena de acontecimientos en los que su inteligencia y su iniciativa desempeñaron un papel preponderante.

Amigo de escritores de renombre, como Guimaraes Rosa, llevó una existencia activa, dedicada a la creación, la docencia en la Universidad de Brasil y la labor en la Academia de Letras de su país. Entre sus numerosas obras recordamos Libertinagem, A cinza das horas y 50 poemas escolhidos pelo autor, publicados –estos últimos- por el Ministerio de Educación y Cultura de Río de Janeiro en 1935.

Afirma Rodolfo Alonso: "Decididamente volcado a percibir y transcribir por pura fluidez, sin proponérselo- las vivencias y los modismos, la sangre y el lenguaje de la vida brasileña, su poesía (como la de todo el mejor modernismo) supo evadir los riesgos de un chauvinismo superficial para hacer manar también lo que tenía en común con las vertientes más valederas de la mejor poesía universal contemporánea".

Vocación por la existencia

Su emoción por estar vivo, por disfrutar de cuanto lo rodea, aparece en el poema titulado "Madrigal melancólico". Lejos de afirmar, como tantos poetas, que busca en la amada la belleza, ya que ella es frágil e incierta, tampoco admira la inteligencia ni la gracia pues su anhelo trasciende todas estas cualidades temporales y susceptibles de desvanecerse. Bandeira adora en la mujer la propia vida que, como un hálito supremo y fecundo, la vuelve capaz de abrigarlo y consolarlo de las iniquidades del mundo hostil.

La existencia no siempre es alegre; muchas veces puede connotar la idea de un encierro del que sólo nos liberará la muerte. Esto es lo que sucede con el cacto; en su soledad y contención recordaba a Laocoonte, evocaba el nordeste con su seco paisaje. Un día, un vendaval lo arranca de cuajo; es entonces cuando la planta, sin proponérselo, libera todas sus potencialidades. En ese momento -dice Bandeira- "era bello, áspero, intratable".

En otro de sus poemas –traducido, al igual que los mencionados, por Rodolfo Alonso- propone a su amada vivir en el nordeste. El afán de vivir plenamente encuentra una localización particular: el nordeste, con sus matorrales y sus palmeras. Allí, como en su ciudad, también hace mucho calor, pero hay brisa. El poeta ha simbolizado en esta brisa su concepción del arte: hay dolor en todas partes, como hace calor en todas las regiones, pero podemos encontrar algo que nos ayude a sobrellevarlos. Por eso, dice a su mujer: "Vamos a vivir de brisa, Anarina". La alusión –creemos- es clara.

Nueva poética

Bandeira presenta la vida como una sucesión de claros y oscuros, al estilo de una obra plástica. En ningún momento pretende mostrarla como una dimensión idílica -en el más puro sentido griego- ni tampoco como una comarca de desdichas de la que el hombre intentará en vano escapar. No hay afirmaciones categóricas: la vida está signada tanto por la felicidad como por el dolor, aunque, probablemente, considere mayor la proporción del segundo que la correspondiente a la primera. Por eso, postula una "nueva poética", destinada a cantar la realidad, y no las ensoñaciones de poetas que viven en sus propios mundos, ajenos a cuanto los circunda.

Presenta dos visiones del arte: la anterior y la que él propugna. Existe una idea tradicional de la poesía como algo bello en sí, que Bandeira compara al rocío; este tipo de creaciones –afirma- es "para las nenitas", para quienes no conocen la verdadera dimensión de la humanidad. La poesía que defiende, en cambio, será "como la mancha en el brin"; es una creación revulsiva, que pretende destruir los antiguos cimientos, los cánones considerados eternos, para poder edificar un nuevo mundo sobres bases ciertas y, fundamentalmente, relacionadas con la vida del hombre del siglo XX.

Su nueva concepción estética, profundamente vitalista, será la del "poeta sórdido", aquel que presenta en su poesía la marca sucia de la vida, vinculándonos a ella por medio del arte; en lugar de negar las circunstancias, propone una actitud de apertura, dispuesta a recibir cuanto pueden darnos de placentero. El poeta sórdido será entonces sencillamente el que enfoque la realidad con una imparcialidad absoluta; aquello que Bandeira llama "sórdido" no lo es, es simplemente lo que nos tocó en suerte.

Miguel de Unamuno: arte y eternidad

En 1912, Miguel de Unamuno escribió Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, una de sus obras mas importantes, la cual fue publicada un año después. Para esa fecha, el autor, nacido en Bilbao en 1864, se habia doctorado en Filosofia y Letras con la tesis crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca, había dictado la cátedra de Griego en la Universidad de Salamanca, primeramente, y luego había sido nombrado Rector de dicha casa de estudios. Había escrito En torno al casticismo (1895), Paz en la Guerra (1897) y Vida de Don Quijote y Sancho (1905), entre otras obras.

Guillermo Diaz-Plaja, Premio Nacional de Literatura de España en 1935 y miembro de la Real Academia Española, lo recuerda asi: «Curioso de saberes, poliglota consumado, tremendamente aislado en el peñon roquero de su personalidad vascongada, toda actitud que en él perfilemos tiene la virtud de destacarse por una recia decision de su voluntad. Incluso, cuando esa voluntad se contrapone a los movimientos mas instintivos y viscerales de su espiritu».

A criterio del hispanista Donald Shaw, «Dentro de la Generacion del 98, Unamuno ocupa una posicion especial, ( ... ) la importancia de Unamuno es innegable. (...) sus escritos, para unos irritantes, y para otros estimulantes, cumplen la intencion del autor, de inducir al lector a cuestiones y reexaminar sus presupuestos sobre la naturaleza de la vida y de la realidad».

«Todo el pensamiento de Unamuno está basado en dos hechos irreductibles, a los que la experiencia de la angustia obliga a enfrentarse al hombre: la conciencia de su propia existencia, y eI miedo a la no existencia -agrega Shaw-. Tan imposible es pensar en nosotros mismos como no existentes, como contemplar la total aniquilacion de nuestro ser. De ahi que la experiencia mas profunda del hombre sea el 'terror a la nada', y su mayor aspiracion, continuar existiendo eternamente».

La problemática abordada en Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos excede los alcances de esta nota, por ese motivo nos referiremos solamente al tratamiento que el escritor da al tema de la inmortalidad en relación con el arte. EI ser humano busca perpetuarse, y lo logra a través de !a memoria: "La memoria es la base de la personalidad individual, así como la tradición lo es de la personalidad colectiva de un pueblo –afirma-. Se vive en el recuerdo y por el recuerdo, y nuestra vida espiritual no es, en el fondo, sino el esfuerzo de nuestro recuerdo por perseverar, por hacerse esperanza, el esfuerzo de nuestro pasado por hacerse porvenir».

En el tercer capitulo del libro, que lleva por titulo «El hambre de inmortalidad", se refiere a la cuestión, vinculándola con el pensamiento griego: «Parémonos en esto del inmortal anhelo de inmortalidad, aunque los gnosticos e intelectuales puedan decir que es retórica lo que sigue y no filosofia. Tambien el divino Platón, al disertar en su Fedón sobre la inmortalidad del alma, dijo que conviene hacer sobre ella leyendas ( ... )".

Diversas son las posibilidades entre las que puede optar el ser humano: «Ante este terrible misterio de la inmortalidad, cara a cara de la esfinge, el hombre adopta distintas actitudes y busca por varios modos consolarse de haber nacido. Y ya se le ocurre tomarlo a juego, y se dice con Renan, que este universo es un espectáculo que Dios se da a si mismo, y que debemos servir las intenciones del gran Corega, contribuyendo a hacer el espectaculo lo mas brillante y lo mas variado posible. Y han hecho del arte una religión y un remedio para el mal metafisico, y han inventado la monserga del arte por el arte».

Combate a quienes niegan que buscan la inmortalidad a traves del arte: «El que os diga que escribe, pinta, esculpe o canta para su propio recreo, si da al publico lo que hace, miente; miente si firma su escrito, pintura, estatua o canto. Quiere, cuando menos, dejar una sombra de su espiritu, algo que le sobreviva. Si la lmitacion de Cristo es anonima, es porque su autor, buscando la eternidad del alma, no se inquietaba de la del nombre. Literato que os diga que desprecia la gloria, miente como un bellaco".

Encuentra lógica el ansia de perdurar: «Una vez satisfecha al hambre, y ésta se satisface pronto, surge la vanidad, la necesidad -que lo es- de imponerse y sobrevivir en otros. El hombre suele entregar la vida por la bolsa, pero entrega la bolsa por la vanidad».

Mas adelante se ocupa asimismo del plagio, al que evalúa con benevolencia, pues cree que marca el momento en el que una obra ha ingresado al acervo popular: «¿Que significa esa irritacion cuando creemos que nos roban una frase, o un pensamiento, o una imagen que creíamos nuestra, cuando nos plagian? ¿Robar? ¿Es que acaso es nuestra, una vez que al publico se la dimos? Sólo por nuestra la queremos, y mas encariñados vivimos de la moneda falsa que conserva nuestro cuño, que no de la pieza de oro puro de donde se ha borrado nuestra efigie y nuestra leyenda. Sucede muy comunmente que cuando no se pronuncia ya el nombre de un escritor es cuando mas influye en su pueblo desparramado y enfusado su espiritu en los espiritus de los que le leyeron, mientras que se le citaba cuando sus dichos y pensamientos, por chocar con los corrientes, necesitaban garantia de nombre. Lo suyo es ya de todos y él en todos vive».

Aunque a veces, algunos creadores no se den cuenta de que esto debe elogiarlos. El escritor «en si mismo vive triste y lacio y se cree en derrota. No oye ya los aplausos ni tampoco el latir silencioso de los corazones de los que le siguen leyendo. Preguntad a cualquier artista sincero qué prefiere, que se hunda su obra y sobreviva su memoria, o que hundida ésta persista aquella, y veréis, si es de veras sincero, lo que os dice. Cuando el hombre no trabaja para vivir, e irlo pasando, trabaja para sobrevivir. Obrar por la obra misma es juego y no trabajo».

Desconfía, por otra parte, de quienes aseguran estar mas allá del reconocimiento del publico: «EI que desprecia el aplauso de la muchedumbre de hoy, es que gusta sobrevivir en renovadas minorías durante generaciones. (...) Sacrifica el artista la extensión de su fama a su duración; ansía mas durar por siempre en un rinconcito, a no brillar un segundo en el universo todo; quiere ser mas átomo eterno y consciente de sí mismo que momentánea conciencia del universo todo; sacrifica la infinidad a la eternidad».

Décadas después, el pensamiento de Unamuno sigue vigente. Sus reflexiones acerca de la inmortalidad, y del arte como una forma de acceder a ella, hallan eco en el espíritu de los creadores de nuestro tiempo, quienes encuentran en estas páginas e! punto de partida para la meditación de una cuestión siempre palpitante.

Unamuno ha logrado inmortalizarse en nosotros, lectores tan distantes.


América, vista por Ortega y Gasset

Paulino Garagorri, prologuista de la edición realizada en Barcelona por Planeta De Agostini en 1984, señala que en 1926, Ortega y Gasset comenzó a publicar en el periódico El Sol una serie de articulos que luego, en 1930, reunidos, formarian el volumen titulado La rebelión de las masas. Desde entonces, la difusión de este libro, en España y en el extranjero, fue altisima (el propio Ortega estimaba en 1951 que se habrian vendido mas de medio millón de ejemplares) Y en la actualidad es, sin duda, la obra mas famosa de este filósofo madrileño.

Para el pensador -agrega el prologuista- "los tiempos actuales son tiempos de decadencia, un dramatico interregno entre la vieja cultura agonizante y un nuevo orden que bien podria ser el de la barbarie". Ubica geográficamente esta decadencia: "Los signos de este nuevo orden Ortega los ve trazados ya en varios paises del mundo. En America, 'en cierto modo, el paraiso de las masas'; en la Italia de Mussolini, pues el fascismo constituye 'un tipico movimiento de hombres-masa'; y en la Rusia soviética, donde ha triunfado 'el comunismo eslavo'".

Nos remitiremos en esta nota a los pasajes en los que el filósofo se refiere a America, cuando la inmigración de origen español la veia como un destino promisorio.

En mayo de 1937, en Holanda, Ortega escribe el prólogo para la edición francesa de su libro, del que dice que "se trata simplemente de una serie de articulos publicados en un diario madrileño de gran circulación. Como casi todo lo que he escrito -señala-, fueron estas paginas para unos cuantos españoles que el destino me habia puesto delante".

Once años despues de publicado el primer articulo, el filósofo pide al publico francés que se ubique en la circunstancia en la que vio la luz su obra. La cronologia elaborada por Garagorri enumera los sucesos mas importantes: En 1921, mas de ocho mil soldados españoles pierden la vida en el desastre de Annual, en Marruecos. Ese mismo año se funda el Partido Comunista de España. En septiembre de 1923, tiene lugar el golpe de estado del general Primo de Rivera. En 1926, finaliza la guerra de Marruecos. En enero de ese año dimite Primo de Rivera. Ortega, junto con Perez de Ayala, Gregorio Marañon y otros intelectuales, funda la Agrupación al Servicio de la Republica.

Dice Ortega: «La piel del tiempo ha cambiado. EI lector debería, al leerlos retrotraerse a los años 1926-1928. Ya ha comenzado la crisis en Europa, pero aún parece una de tantas. Todavia se sienten las gentes en plena seguridad. Todavia gozan de los lujos de la inflación. Y, sobre todo, se pensaba: ¡ahí está América! Era la América de la fabulosa prosperity».

Se congratula por no haber caido en el mismo error de apreciación que sus contemporaneos: «Lo unico de cuanto va dicho en estas páginas que me inspira algun orgullo es no haber padecido el inconcebible error de óptica que entonces sufrieron casi todos los europeos, incluso los mismos economistas. Porque no conviene olvidar que entonces se pensaba muy en serio que los americanos habian descubierto otra organización de la vida que anulaba para siempre las perpetuas plagas humanas que son las crisis. A mi me sonrojaba que los europeos, inventores de lo más alto que hasta ahora se ha inventado -el sentido histórico-, mostrasen en aquella ocasión carecer de el por completo".

Sostiene que «EI viejo lugar común de que America es el porvenir habia nublado un momento su perspicacia». Y destaca su papel en esta situación: «Tuve entonces el coraje de oponerme a semejante desliz, sosteniendo que America, lejos de ser el porvenir era, en realidad, un remoto pasado, porque era primitivismo. Y tambien, contra lo que se cree, lo era y lo es mucho mas America del Norte que la America del Sur, la hispánica».

En la primera parte de la obra afirma: «Desde siempre se entreveia oscuramente por los europeos que el nivel medio de la vida era mas alto en America que en el viejo continente. La intuición, poco analítica, pero evidente de este hecho, dio origen a la idea, siempre aceptada, nunca puesta en duda, de que America era el porvenir. Se comprenderá que idea tan amplia y tan arraigada no podia venir del viento, como dicen que las orquideas se crían en el aire, sin raices. EI fundamento era aquella entrevisión de un nivel mas elevado en la vida media de Ultramar, que contrastaba con el nivel inferior de las minorias mejores de America comparadas con las europeas. Pero la historia, como la agricultura, se nutre de los valles y no de las cimas, de la altitud media social y no de las eminencias».

Se dirigiría Ortega y Gasset a quienes, como el personaje de Benavente en La comida de las fieras, expresaban: «¿Por qué vivimos en Europa? En America el hombre significa algo; es una fuerza, una garantia...; se lucha, sí, con primitiva fiereza; cae uno y puede volver a levantarse pero en esta sociedad vieja, la posición es todo, el hombre, nada..., vencido una vez, es inutil volver a luchar. Aqui la riqueza es un fin, no un medio para realizar empresas. La riqueza es el ocio; allí es la actividad. Por eso alli el dinero da triunfos... y aquí desastres... Pueblos de historia, de tradición; tierras viejas donde solo cabe, como en las ciudades sepultadas de la antigüedad, la excavación, no las plantaciones de nueva vegetación y savia vigorosa».

León Felipe, nunista

El año 1927 marcó un momento fundamental para un grupo de jóvenes artistas españoles, tal es así que los conocemos bajo la denominación de "Generación de 1927". En esa fecha, España conmemoraba, en su tercer centenario, la muerte de don Luis de Góngora y Argote, poeta relegado por los hombres de su tierra en lo que iba del siglo. Los jóvenes se reúnen con el propósito de mostrar a sus compatriotas la real valía del autor de las Soledades y propiciar, de este modo, la difusión y justa apreciación de sus obras.

Los artistas a quienes nos referimos son Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Federico García Lorca y León Felipe, entre otros. Los caracteriza un elevado nivel cultural y el haber tenido como guía espiritual a Juan Ramón Jiménez. Recibieron influencias de Machado, Unamuno, Bécquer y -obviamente- de Góngora; la tradición popular los influenció -comentan los críticos Joaquín González Muela y Juan Manuel Rozas- a través de los testimonios orales y mediante la lectura de los Cancioneros.

Leòn Felipe, nacido en Zamora en 1884, se dedicò desde muy joven al teatro, ocupaciòn que le permitiò recorrer toda España. En 1938, se exilia en Mèxico, donde muere treinta años màs tarde. Guillermo de Torre, autor de numerosos trabajos crìticos sobre el poeta, lo define como "nunista", calificativo que apunta al carácter de sus creaciones, estrechamente relacionadas con el momento en que surgieron. La poesìa nunista –grequismo derivado de ahora- es una poesìa ìntimamente vinculada a la propia circunstancia vital y a sus infortunios. En Leòn Felipe, el motivo fundamental y recurrente es el del desarraigo, idea que se vincula a su particular condiciòn de desterrado por causas políticas, de exiliado en Amèrica.

La experiencia personales tan ùtil para el arte como las màs abstractas condiciones metafìsicas; asì nos lo dice en su "Poètica": "Y todo lo que hay en el mundo es mìo y valedero para entrar en un poema, para alimentar una fogata". Este fuego supremo de la creaciòn, esta hoguera prometeica y sublime tiene un propòsito: el de lograr que el poeta –que el hombre, en fin- no muera del todo, no desaparezca definitivamente. "La poesìa no es màs que un sistema luminoso de señales –afirma-, de luces que atraeràn la mirada de Dios hacia nuestra desprotegida existencia".

Un tema se reitera a lo largo de su producción literaria; la preocupación por el eterno fluir de la vida. Este fluir no implica avance; es sólo un infecundo transcurrir del tiempo. Nada surge de las ruinas del pasado; nada aparta a la humanidad del cauce trazado por la costumbre, por la tradición. Frente a esto, deambular implica la liberación de la angustia infinita, consustancial a la condición humana; supone, quizás, una tregua al dolor. El poeta plantea, por otra parte, una actitud cosmopolita; es lógico, pues para el romero la tierra es un lugar de transición, la verdadera morada no pertenece a este mundo. Entonces, todas las comarcas, son las comarcas del poeta; todas las emociones, las suyas.

En otros poemas, León Felipe deja de lado al simbólico peregrino para recurrir a la comparación de su persona con un guijarro de la carretera. Como éste, el hombre está sujeto al capricho de las circunstancias; como él, pasa momentos aciagos "en días de tormentas". Una última semejanza los aproxima aún más: ni la piedra ni el poeta han nacido para destinos solemnes; se encuentran signados por la inquietud, por la inconstancia. Su existencia será cotidiana y fugaz.

En una de sus composiciones más conocidas, el poeta desarraigado quiere marcharse junto al Caballero de la Triste Figura; le pide, junto a él, ser pastor. Vemos cómo, en la búsqueda de la felicidad, evoca diferentes símbolos -el viento, Don Quijote- y su anhelo está signado por un rasgo constante: el dolor.

En sus poemas, León Felipe nos muestra su "ahora": vaga por la tierra, añorando un lugar donde el sufrimiento no le dé alcance; vagará por el firmamento, una vez que su espíritu abandone la pesada carnadura. Este es su sino: peregrinar aún después de la muerte.

Los tràgicos momentos vividos por un hombre obligado a ser espectador de luchas fratricidas lo llevan a la convicciòn de que lo ùnico importante –y a veces, la ùnica salida posible- es caminar, aunque tambièn el camino deje amargas huellas en el cuerpo y en el alma: "Hay saìn en la cinta de mi sombrero, / mi bastòn se ha doblado/ y en la suela de mis zapatos llevo sangre,/ llanto y tierra de muchos cementerios".

Rafael Alberti: Las -facetas del arte

Obras como Marinero en Tierra, Cal y Canto y Sobre los ángeles muestran a Rafael Alberti en su real dimensión creadora. Pero no fue en la efusión lirica donde el gaditano encontró su primer medio de expresión. Sus memorias, escritas en gran parte en nuestro país, nos ilustran acerca de la adolescencia del poeta, años en los que se cimentaría una vocación ya definitiva.

La arboleda perdida es el titulo de este interesante libro. A la manera tradicional, se inicia con la descripción de la familia y los primeros años del pequeño Rafael, en el Puerto de Santa Maria, en Cadiz; en 1917, instalados ya en Madrid, el protagonista siente el despertar de la primera de sus vocaciones artisticas: la pintura. Consternados. los padres ven que eI adolescente se niega a seguir los estudios secundarios; tal es su aficion a la plastica. EI padre, pensando que Iogrará disuadirlo, le anuncia que no dispondrá de dinero para lápices y otros elementos indispensables; Alberti le contesta que no lo precisa, y se marcha a la buena de Dios, a recorrer el Museo del Prado y el Casón, palacio del rey Felipe IV frente a los jardines del Buen Retiro.

Hacia "academias"; copiaba la "Victoria de Samotracia", la "Venus de Milo" y el "Discóbolo" de Mirón, genuinamente convencido de que la pintura era su vocación y su porvenir. Estos recuerdos de años idos dan pie al autor para expresar sus consideraciones acerca de la plástica de su tierra, de la que tenia una idea equivocada: "No sé por qué -afirma-, acostumbrado únicamente en mi pueblo andaluz a las malas reproducciones en colores y a ciertos paisajes de escuela velazqueña vistos en casa de mis abuelos, yo pensaba que la pintura antigua sería toda de sombra, de pardas terrosidades, incapaz de los azules, los rojos, los rosas, los oros. los verdes y los blancos que se me revelaban de súbito en Velázquez, Tiziano, Tintoretto, Rubens, Zurbarán, Goya...".

Opera y ballet

Otras expresiones estéticas concitaron tambien la atención del joven. Celestino Espinosa, uno de sus amigos, lo invita a presenciar por primera vez un concierto; a partir de ese momento, en que contaba diecisiete años, la musica será una de las pasiones del poeta. Gluck y Debussy dejan en eI espiritu de Alberti profundas huellas, a !as que se sumará la fascinación ejercida por la opera, en tiempos en que España admiraba las creaciones de Puccini.

Por esa época, asiste a las actuaciones del ballet ruso de Diaghilev; la musica de Manuel de Falla se le presenta como un grato descubrimiento, que luego se transformará en emoción profunda cuando el maestro le proponga componer melodías para algunos de sus poemas. Así también tres jóvenes compositores, Gustavo Duran y Rodolfo y Ernesto Halffter, musicalizaron canciones del andaluz; "La Corza Blanca", "Cinema" y "Salinero" trascendían la página para transformarse en composiciones que se han cantado repetidamente, Ernesto Halffter –recuerda Alberti- había captado a la perfección el espíritu de los poemas, creando melodias con el estilo antiguo y a la vez nuevo de las letras.

Surge el poeta

Una circunstancia dolorosa suscitó en Alberti la necesidad de plasmar sus emociones por medio de la palabra. Hasta ese triste momento, en que muere su padre, el adolescente pintaba; dedicado por completo a la plástica; no había considerado la posibilidad de convertirse en escritor, "Así, a los pies de la muerte -asevera-, en una atmósfera tan fúnebre como romántica", escribe su primer poema, destinado a cantar el amor por un padre que tan poco había conocido, pues creía que tenía tiempo de sobra para dedicarle en un futuro.

Renegando de su pasado como pintor, Alberti se ofende si alguien se lo recuerda; desde ese momento, sólo quiere ser poeta. Envia sus primeros versos a dos revistas las que, para su sorpresa, los publican sin dilación; Horizonte y Alfar sirvieron de acicate para la ya firme voluntad poética del joven, que aún no lIegaba a los veinte años.

Poco después, Claudio de la Torre le sugiere una idea que aI joven escritor le resulta descabellada: le propone presentarse como concursante aI Premio Nacional de Literatura. Era sólo una tentativa. que a Alberti pareció insensata. La idea no fue puesta en práctica de inmediato; carecía el poeta de la seguridad necesaria para llevarla a cabo. EI jurado inspiraba sumo respeto, pues lo formaban Antonio Machado, Gabriel Miró, Menéndez Pidal, Arniches, Gabriel Maura y Moreno Villa.

Pocos dias antes de cumplirse el plazo estipulado, el joven envía sus trabajos, los que no llegan a tiempo; una mano amiga, sin embargo, hace que ese obstáculo sea superado. Poco después, un telegrama anuncia al atónito escritor que había sido galardonado; un largo y difícil camino se abría ante él. Su itinerario poético iba a queda marcado por siempre por la influencia gongorina, tan entusiastamente homenajeada en 1927.

Música, pintura y literatura confluyeron en la adolescencia de Alberti, reclamando para cada una de ellas las mas finas condiciones del artista. De las tres, prevaleció la vocación poética, que resume en sí !as otras facetas del arte; la musicalidad y las imágenes serán una nota distintiva de la poesía del andaluz, que nunca olvidó sus intuiciones estéticas de los primeros años.

Carmen Conde: Seis décadas de poesía

Carmen Conde Abellán fue poeta, novelista, autora de estudios críticos, cuentos y teatro infantil. En el año 1978 ingresó a la Real Academia Española; contestó su discurso don Guillermo Díaz-Plaja. Conde simbolizaba así una gran conquista femenina: por primera vez, desde 1714, año en que Felipe V fundara la institución; una mujer era incluida entre sus integrantes. Dos años despues, Marguerite Yourcenar era recibida en la Academia Francesa.

La escritora nació en Cartagena, puerto mediterráneo, el dia de la Asunción de la Virgen; 15 de agosto de 1907; falleció en Madrid en 1996. Descendía, por su padre, de gallegos de Orense; su madre era hija de murcianos y lorquinos. Hija unica, pasó su infancia entre Cartagena y Melilla, ciudad a la que se trasladan en 1914. Sus vivencias de entonces han quedado en el libro Júbilos (1934), en el que evoca una niñez dulce y despreocupada; los moros con que ella compartió sus horas infantiles han formado parte de este conjunto de prosas poéticas, escritas mientras esperaba el nacimiento de su hija. Una de estas prosas, titulada "Javiva", evoca a una amiga de la autora: "La morita era fina, cual el agua rizada del viento. Corria yo junto a ella encantada de oír la greguería de sus collares de oro, de sus sartas de monedas, de sus ajorcas talladas".

El amor, la guerra

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