Existen ciertas inseguridades en la aplicación de algunas normas de acentuación de la RAE, especialmente en el caso del uso de la llamada tilde diacrítica y en el de las normas especiales de acentuación de agudas y llanas que terminan en dos consonantes. En el trabajo se exponen estas inseguridades y se proponen variantes de solución correspondientes.
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INSEGURIDADES EN LAS NORMAS DE ACENTUACIÓN DE LA RAE
(Algunas observaciones sobre inseguridades de la RAE en la aplicación de las normas de acentuación ortográfica española a la luz de los preceptos de la propia Academia)
Ciertos criterios normativos que están vigentes en la Ortografía de la Lengua Española de la RAE adolecen de algunas inseguridades. Este aserto es válido para un grupo de palabras comprendidas en los temas siguientes:
La tilde diacrítica no debería de existir, sino solo la aplicación de reglas sistemáticas de acentuación; el deslinde que pretende establecer la tilde diacrítica, en algunos casos, se vuelve contra ella: porque no es sistemático.
La lengua castellana ha sobrevivido y sobrevive con la presencia de homónimos (y con ella, seguramente, todas las demás lenguas que han existido, existen o surjan); de modo que buscar una vía para distinguirlos es de una suspicacia algo puntillosa. Con todo y eso, hay que reconocer que la RAE no es consecuente en este aspecto. Expliquémonos.
Los preceptos establecidos nos indican que:
La tilde diacrítica es aquella que permite distinguir, por lo general, palabras pertenecientes a diferentes categorías gramaticales, que tienen, sin embargo, idéntica forma.
Por lo general se coloca la tilde, dentro del par (o trío) de homónimos, sobre aquel de ellos que sea tónico; ejemplo de ello es el par él (pronombre personal) - el (artículo determinado masculino). Pero es el caso que nuestro idioma está lleno de homónimos indistintos pertenecientes a categorías gramaticales diferentes con los que sus hablantes y, sobre todo, escribientes lidiamos perfectamente bien; anotemos a modo de ilustración algunos ejemplos de variada naturaleza. Véase primero un grupo de palabras bisílabas, todas ellas en el caso de los pares solo (adjetivo) – sólo (adverbio) o aquel (demostrativo en función adjetiva) – aquél (demostrativo en función pronominal):
También hay casos semejantes en palabras monosilábicas (del tipo él – el, sé – se, etc.):
Si se aplicaran normas consecuentes, en todos ellos debiera procederse, por lo menos, según se recomienda para sólo / solo en la citada Ortografía de 1999 (Epígrafe 4.6.4. Otros casos de tilde diacrítica), a saber, que el que escribe debe tildar uno determinado de los homónimos en caso de que "perciba riesgo de ambigüedad".
No obstante, parece más aconsejable (por sistemática y simple) la propuesta de que desaparezca por completo la tilde diacrítica en las palabras monosilábicas y que, en las demás en las que actualmente rige el criterio de la tilde diacrítica, se apliquen rigurosamente las reglas de acentuación vigentes: el contexto y el sentido propio de la frase se encargarán de establecer la distinción.
[De lo contrario, y para ser consecuentes, deberíamos, por ejemplo, tildar *éste cuando es el sustantivo referido al punto cardinal, o la forma verbal *pára (de parar) frente a la preposición para, o el sustantivo *víno, para diferenciarlo del verbo vino (de venir), etc.]
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