Partes: 1, 2, 3

3- Tipos de Eutanasia.

Francisconi y Goldim (10) destacan que actualmente la Eutanasia puede ser clasificada de varias formas, de acuerdo con el criterio considerado.

Según el tipo de acción: (intenciones).

  • Eutanasia activa o directa: el acto deliberado de provocar la muerte sin sufrimiento del paciente, por fines misericordiosos.
  • Eutanasia pasiva u indirecta: la muerte del paciente ocurre dentro de una situación de terminalidad, o porque no se inicia una acción médica o por la interrupción de una medida extraordinaria con el objetivo de aminorar el sufrimiento. Éste término ya está en desuso, ya que no se trata de una acción directa, y se conoce mas como suspensión de medidas de soporte vital, por lo tanto recordemos que no se habla de eutanasia, y es el principio que defienden desde los Cuidados Paliativos a pacientes en situación terminal comprobada.

  • Eutanasia de doble efecto se produce cuando la muerte es acelerada como una consecuencia indirecta de las acciones médicas, que son ejecutadas visando el alivio del sufrimiento de un paciente terminal.

Según el consentimiento del paciente: (voluntariedad).

  • Eutanasia voluntaria: cuando la muerte es provocada atendiendo a una

voluntad del paciente.

  • Eutanasia involuntaria: cuando la muerte es provocada contra la voluntad del paciente.

  • Eutanasia no voluntaria: cuando la muerte es provocada sin que el paciente haya manifestado su posición con relación a ella.

Esta clasificación según el consentimiento visa establecer la responsabilidad del agente, en el caso del médico. Esta discusión fue propuesta por Neukamp, en 1937.

Según sus medios:

  • Eutanasia positiva: es aquella en que el agente de manera directa y positiva actúa sobre la persona enferma provocándole la muerte.
  • Eutanasia negativa: el agente deja de hacer algo que permita proseguir con la vida del paciente.

Según su finalidad:

  • Eutanasia eugénica: por razones de "higiene racial", libera a la sociedad de los enfermos que son una carga.
  • Eutanasia piadosa: es la que se practica con el fin de aliviar los dolores y sufrimientos a un enfermo.

Estos autores (10) plantean además la clasificación propuesta en España, por Ricardo Royo-Villanova, en 1928:

  • Eutanasia súbita: muerte repentina.

  • Eutanasia natural: muerte natural o senil, resultante del proceso natural y progresivo del envejecimiento.

  • Eutanasia teológica: muerte en estado de gracia.

  • Eutanasia estoica: muerte obtenida con la exaltación de las virtudes del estoicismo.

  • Eutanasia terapéutica: facultad dada a los médicos para propiciar una muerte suave a los enfermos incurables y con dolor.

  • Eutanasia eugénica y económica: supresión de todos los seres degenerados o inútiles.
  • Eutanasia legal: aquellos procedimientos reglamentados o consentidos por la ley.

Añaden la realizada en Brasil, también en 1928, por el Prof. Ruy Santos, en Bahía que propuso que la Eutanasia fuese clasificada en tres tipos, de acuerdo con quien ejecuta la acción: Eutanasia homicidio: cuando alguien realiza un procedimiento para terminar con la vida de un paciente.

  • Eutanasia- homicidio realizada por médico.

  • Eutanasia- homicidio realizada por familiar.
  • Eutanasia - suicidio: cuando el propio paciente es el ejecutante. Esta tal vez sea la idea precursora del Suicidio Asistido.

Finalmente, analizan estos autores(10) la clasificación del Prof. Jiménez de Asúa en 1942, que propuso que existe, en rigor, apenas tres tipos:

  • Eutanasia libertadora, que es aquella realizada por solicitud de un paciente portador de una enfermedad incurable, sometido a grande sufrimiento.
  • Eutanasia eliminadora, cuando realizada en personas que aún no estando en condiciones próximas a la muerte, es portadora de disturbios mentales. Justificada por la "carga pesada que son para sus familias y para la sociedad".
  • Eutanasia económica, seria a realizada en personas que por motivos de enfermedad, quedan inconscientes y que podrían, al recobrar los sentidos sufrir en función de su enfermedad.

Estas ideas demuestran la ínterligación que había en esa época entre la Eutanasia y la Eugenia, esto es en la utilización de aquel procedimiento para la selección de individuos aún aptos o capaces y la eliminación de los deficientes y portadores de enfermedades incurables. (10, 11)

3.1- Conceptos relacionados. Autores como Vega (6), Cabral (12), la Enciclopedia Microsoft (13) y Yepes (14) plantean la relación que existe entre los distintos conceptos:

EUTANASIA (o eutanasia occisiva): acción (eutanasia activa) u omisión (eutanasia pasiva) encaminada a dar la muerte de una manera indolora a los enfermos incurables con la intención de poner fin a su sufrimiento.

DISTANASIA ("ensañamiento terapéutico" u "obstinación terapéutica"): adopción de medidas desproporcionadas para mantener las funciones vitales de un paciente moribundo, es decir, muerte dolorosa, con sufrimiento, por lo tanto es aquí donde hablamos de encarnizamiento terapéutico. Este término fue propuesto por Morache, en 1904 en su libro "Naisance et mort", publicado en París, por la editora Alcan.
ADISTANASIA: omisión o retirada de medios extraordinarios o desproporcionados para prolongar artificialmente la vida a un enfermo terminal. Consiste en dejar morir en paz (y como consecuencia de su enfermedad) al paciente que no tiene esperanzas de sobrevivir de un modo natural. Se contrapone a la distanasia (es decir: es el no tomar esas medidas desproporcionadas que alargan sin sentido la vida del moribundo).
EUTANASIA LENITIVA: es la situación en que la muerte del paciente sobreviene o se adelanta como consecuencia de las medidas adoptadas para mitigar sus sufrimientos y dolores.
ORTOTANASIA: es la muerte a su tiempo (sin acortar la vida ni alargarla artificialmente mediante medios extraordinarios o desproporcionados), es decir, la muerte natural (del griego orthós: normal, y thanatos: muerte).

3.2- Posiciones personales con relación a los diversos conceptos.

La Eutanasia es inaceptable desde todos los puntos de vista (ya que vulnera el imperativo universal de "no matar") pero es especialmente perverso que se pretenda encargar su práctica a los médicos, ya que el principio fundamental de su código deontológico es no dañar (y, por supuesto, no matar) a los pacientes.
La distanasia, actitud terca y visceral es rechazada por el sentido común y también por el código deontológico médico: se considera una mala praxis (ya que alarga la agonía del paciente pero no permite ni salvarle la vida ni mitigar su sufrimiento). La alternativa a la distanasia no es la eutanasia sino, sencillamente, la no-adopción de estas medidas extraordinarias y fútiles.

De estas cinco opciones, las dos primeras resultan inaceptables. La actitud médica debe tender a la ortotanasia y proporcionar en todo momento los cuidados paliativos pertinentes (muy especialmente el tratamiento del dolor) aunque éstos últimos puedan comprometer razonablemente la vida y la conciencia del enfermo terminal (eutanasia lenitiva).

Cualquier alternativa no es razonable Hoy por hoy, es posible (y obligado) tratar el dolor y evitar el ensañamiento terapéutico sin recurrir a la Eutanasia, de modo que me atrevo a tildar de malintencionadamente engañosos los argumentos que se utilizan para volver la opinión pública favorable a la Eutanasia. La alternativa a la distanasia es la adistanasia (pero NO la eutanasia); y la alternativa a no tratar adecuadamente el sufrimiento del enfermo terminal, son los cuidados paliativos (pero NO la eutanasia).

La dignidad ontológica de las personas humanas se desprende del mero hecho de ser lo que somos: seres humanos; esta dignidad es la misma para todos, en todos los momentos y circunstancias de nuestra vida, no podemos ni perderla ni ganarla, incrementarla o disminuirla y por supuesto, no está sujeta a las condiciones o la calidad de vida.

3.3- Concepto de dignidad humana.

Los autores (14, 15) plantean que la preocupación por la dignidad de la persona humana es hoy universal: las declaraciones de los Derechos Humanos la reconocen y tratan de protegerla e implantar el respeto que merece a lo largo y ancho del mundo. Los errores que pueda haber en la formulación de esos derechos no invalidan la aspiración fundamental que contienen: el reconocimiento de una verdad palmaria, la de que todo ser humano es digno por sí mismo, y debe ser reconocido como tal. El ordenamiento jurídico y la organización económica, política y social deben garantizar ese reconocimiento.

Cuanto más fijamos la mirada en la singular dignidad de la persona, más descubrimos el carácter irrepetible, incomunicable y subsistente de ese ser personal, un ser con nombre propio, dueño de una intimidad que sólo él conoce, capaz de crear, soñar y vivir una vida propia, un ser dotado del bien precioso de la libertad, de inteligencia, de capacidad de amar, de reír, de perdonar, de soñar y de crear una infinidad sorprendente de ciencias, artes, técnicas, símbolos y narraciones.

Por eso, dignidad, en general y en el caso del hombre, es una palabra que significa valor intrínseco, no dependiente de factores externos. Algo es digno cuando es valioso de por sí, y no sólo ni principalmente por su utilidad para esto o para lo otro. Esa utilidad es algo que se le añade a lo que ya es. Lo digno porque tiene valor, debe ser siempre respetado y bien tratado.

En el caso del hombre su dignidad reside en el hecho de que es, no un qué, sino un quién, un ser único, insustituible, dotado de intimidad, de inteligencia, voluntad, libertad, capacidad de amar y de abrirse a los demás.

Todos los seres humanos son personas por el mero hecho de ser seres humanos, puesto que estos últimos son siempre personas. La distinción entre ser humano y persona es falaz y resbaladiza hacia justificaciones que atentan contra la dignidad de toda persona humana. Pretender que hay un momento en el cual el embrión "se convierte" en persona es mantener una distinción sumamente arbitraria y que no tiene una justificación verdadera. El embrión es un ser humano en potencia y una persona "que está en camino", y ambas cosas vienen a ser lo mismos.

Desde aquí se pueden entender los reparos morales a la manipulación genética, a la eutanasia y al aborto. La base de esos reparos es la dignidad humana.

4- Aspectos jurídicos.

La Eutanasia está planteando un debate social que más allá de su dimensión sanitaria suscita interrogantes éticos, jurídicos y políticos.

Yepes(14) expresa que desde un punto de vista jurídico la Eutanasia es la muerte provocada por propia voluntad y sin sufrimiento físico, en un enfermo incurable, a fin de evitarle una muerte dolorosa, y la práctica consiste en administrar las drogas, fármacos u otras sustancias que alivien el dolor, aunque con ello se abrevie su vida. Caen fuera de este concepto las muertes causadas a enfermos ancianos, enfermos mentales y otros, que se estimará simples HOMICIDIOS e incluso asesinatos. Tampoco se considera Eutanasia el no aplicar al enfermo incurable un medio extraordinario de coste muy elevado o de sofisticada tecnología que puede procurar el alargamiento de la vida del paciente, pero no su curación.

Varios autores (4,8,10,12,14) plantean que como no suelen existir previsiones específicas en los códigos penales, por lo general si la Eutanasia se practica sin el consentimiento de la persona, la mayoría de los ordenamientos la consideran delito de homicidio y si se lleva a cabo con consentimiento, delito de auxilio al suicidio. Con todo, un médico puede, sin embargo, decidir la no-prolongación de la vida de un paciente desahuciado, o la administración de una droga que le aliviará el sufrimiento, aunque le acorte la vida. El problema se suele plantear cuando la víctima se encuentra imposibilitada para prestar el consentimiento y no había manifestado nada al respecto con anterioridad.

Yepes(14) plantea que el debate sobre la licitud moral de la Eutanasia ha llegado a exacerbarse tanto en el siglo XX y XXI que se han creado no pocas asociaciones que claman por el reconocimiento de un legítimo derecho a morir con dignidad. El movimiento para la legalización de estas prácticas comenzó en Inglaterra en 1935, con la creación de la Asociación por la Legislación de la Eutanasia Voluntaria, que después se denominaría Asociación para la Eutanasia. Años después se fundó otra asociación con el mismo objeto en E.U.

4.1- Aspectos éticos.

Varios autores (16-21) plantean que son importantes en el análisis de la ética médica el Juramento de Fidelidad Profesional adoptado por la Asamblea General de la Asociación Médica Mundial establecido en Ginebra (1948) y enmendado por la XXII Asamblea Médica Mundial en Sydney (1968), así como el Código de Ética Médica adoptado por la III Asamblea General de la Asociación Médica Mundial en Londres (1949) y enmendado por la XXII Asamblea Médica Mundial de Sydney (1968) y la XXXV Asamblea Médica Mundial de Venecia (1983). En todos estos documentos se expresan los deberes de consagración médica, las características que deben primar en el ejercicio de la profesión, así como las conductas censurables por ser antiéticas.

Añaden estos autores que los derechos del paciente quedan bien establecidos en la Declaración de Lisboa adoptada por la XXXIV Asamblea Médica Mundial celebrada en Portugal (1981) y que por conceder la máxima importancia al análisis de aspectos bioéticos se realizó la 93 Conferencia Interparlamentaria de Madrid (1995), donde se adoptó la bioética como un reto internacional para proteger los derechos humanos.

Expresan ellos los planteamientos que la Asociación Médica Mundial (AMM) en su 46 Asamblea General celebrada en Estocolmo (1994) aprobó los cuales fueron; mantener las más altas normas de ética médica planteadas en sus declaraciones y la exhortación a los médicos a reafirmar sus actividades profesionales respetando escrupulosamente los principios enunciados. Todo lo antes expuesto evidencia la importancia concedida a la ética-bioética en la medicina por sus profesionales.

Uno de los objetivos de la Ética es que busca justificación para las reglas propuestas por la Moral y por el Derecho, argumentan que la Ética es diferente a ambos, pues no establece reglas y que es la reflexión sobre la acción humana lo que la caracteriza.

Goldim (17) expresa que la ética debe fundamentar el derecho, pero se trata de dos conceptos diferentes que aunque tengan mucho en común no se identifican. La ética se interroga sobre el juicio moral de una determinada conducta, mientras que las leyes se ocupan de garantizar el respeto de los derechos de los componentes de la sociedad en un clima de convivencia pacífica y de justicia. Desde el punto de vista ético respondemos ante nuestra conciencia y desde el punto de vista legal ante la autoridad competente, teniendo el Estado la posibilidad de intervenir según establezca la ley. Pero esta capacidad de intervención no actúa directamente a partir de un juicio moral, sino a partir de una valoración política. Dicho en otras palabras, lo que puede ser aceptado o rechazado desde la ética, no tiene porqué ser regulado, de manera automática, sin evaluar previamente y con seriedad las consecuencias sociales de dicha ley. Puede haber personas que acepten éticamente la Eutanasia en determinadas circunstancias extremas y estén a la vez en contra de su legalización por razones de carácter prudencial, en atención al previsible balance de consecuencias por considerar.

Herranz Gonzalo (22) plantea que la Eutanasia constituye un desafío desde el punto de vista ético y también desde lo legal ya que algunos enfermos desahuciados piden que los dejen morir con dignidad para que se acaben sus sufrimientos. Ahí se presenta todo un dilema para los médicos y familiares, quienes deben adoptar una decisión final.

Este autor hace un análisis sobre dignidad, plantea que se debe reconocer algo al ser humano, el derecho a que se le reconozca la posibilidad de disponer de su propia vida en situaciones especiales simplemente por la dignidad que éste puede tener, es respetar la humanidad del otro (su humanidad), es el respeto de la libertad y de la vida propia y esto nos ayuda a definir lo que es una vida digna, se puede argumentar desde este punto de vista, de la dignidad humana, la exigencia de instaurar la Eutanasia (bajo ciertas condiciones) como una lucha por el reconocimiento del derecho a la muerte digna, entendiendo por muerte indigna aquella que prolonga inmisericordemente la vida por medios artificiales, en la que la vida se escapa lentamente y se da un apego puramente al cuerpo físico.

Mirando al paciente cerca de la muerte se puede ver la dignidad del mismo desde ciertos puntos de vista:

1. El derecho a morir es más una exigencia ética que un derecho en toda la extensión de la palabra, y no se refiere al morir en sí, sino a la forma y razones de y para morir.

2. Los derechos del paciente son reconocidos por la ley y se pueden tomar como criterio moral de la ética del morir. Y el contenido que tiene esta resolución supone una serie de exigencias que han de ser realizadas por parte de la sociedad: atención al moribundo para aliviar el dolor y prolongarle la vida; estar verídicamente informado sobre su enfermedad; conocer y recibir explicaciones sobre costos de su tratamiento; derecho a que su voluntad personal sea respetada, todo a través de un comité de Ética Hospitalaria.

El morir dignamente sería entonces el morir libre de dolor, con los analgésicos y tranquilizantes necesarios para el desasosiego y con el suministro de medicamentos que se requieran contra las incomodidades que se puedan presentar siendo respetado y tratado como ser humano, es que se respete la dignidad del moribundo. Existen procesos de fallecimiento en que las medidas de encarnización médica entran en conflicto con la dignidad de la persona, no se debe entonces, anteponer el tratamiento médico a la dignidad de la persona, por lo cual estas medidas ya no conservan un ser humano, sino lo que hemos llamado mejor: una piltrafa humana. Lo que debe preservar el médico es al ser humano integral y no solamente una mera existencia vegetativa (4, 14, 22, 23).

Existen además otra serie de cuestiones éticas sobre la Eutanasia, como son:

* ¿ Cuándo se retiran las medidas de soporte vital?

* Problemas éticos de los Cuidados Paliativos donde a veces puede quedar amparado el término de suicidio asistido (aunque los profesionales que trabajan en este campo cuentan con recursos para hacer frente a este tipo de situaciones).

* Distinción entre el homicidio (hemos visto que sería el caso de la eutanasia activa involuntaria) y el "dejar morir" (o retirada de medidas de soporte vital).

* El derecho a morir con dignidad, evitando el encarnizamiento terapéutico (a veces incluso demandado por los familiares de los enfermos o por los profesionales que los atienden).

* Tomar en cuenta el proceso de lo que se llama el consentimiento informado, que no es más que tener en cuenta la opinión del paciente con todas las dificultades que esto conlleva.

* Responsabilidad y obligación del equipo de profesionales que atienden a estos enfermos. Sería interesante conocer hasta qué punto el paciente cuenta con apoyo de su equipo, hasta qué punto el profesional ha trabajado una relación de confianza, donde haya espacio para la comunicación con el paciente y donde exista una posibilidad para el alivio de aquellos síntomas que puedan desesperarlo hasta el punto de solicitar que acaben con su vida.

Herranz (24) plantea que el debate moral y jurídico sobre la Eutanasia dista de estar cerrado en la civilización occidental. El suicidio asistido, o el asesinato consentido, de una pareja británica en una clínica Suiza lo reaviva de nuevo. Esta disparidad legislativa promueve un siniestro turismo de la muerte que, a la vez, constituye un lucrativo negocio funeral para algunas

clínicas que no dudan en curar las enfermedades mediante el drástico expediente de la muerte consentida de los pacientes.

4.2 - La unanimidad deontológica del respeto a la vida terminal.

Expresa Herranz (24) que de acuerdo con la deontología profesional del médico, la Eutanasia y la ayuda médica al suicidio son incompatible con la ética médica, y añade que esto es el parecer universal consolidado por la Asociación Médica Mundial en sus Declaraciones de Madrid (1988) y Marbella (1992).
En artículos y programas hablados se emplean con frecuencia las expresiones "ayuda a morir" o "muerte digna". Tales expresiones son confusas pues aunque tienen una apariencia aceptable, esconden frecuentemente actitudes contrarias a la Ética Médica.

La asistencia médica al moribundo es uno de los más importantes y nobles deberes profesionales del médico, mientras que la Eutanasia es la destrucción deliberada de una vida humana y aunque se realizara a petición de la víctima o por motivos de piedad en el que la ejecuta, no deja de ser un crimen que repugna profundamente a la vocación médica sincera.
Explica que a tenor de lo que se establece en los artículos 116 y 117 del Código de Deontología Médica Española, el médico está obligado a desempeñar su genuina función de ayudar y atender al morir de sus pacientes por medio de un tratamiento competente del dolor y de la angustia. Ha de empeñarse en procurar el mayor bienestar material; ha de favorecer según las circunstancias, la asistencia espiritual y el consuelo humano al moribundo; prestará también su apoyo a los allegados de éste.

El médico también dignifica la muerte y la ayuda cuando se abstiene de tratamientos dolorosos e injustificados y cuando los suspende porque ya no son útiles.

Pero el médico traicionaría su vocación de sanador y de protector de la vida humana si acabara con un enfermo o colaborara a su suicidio voluntario. Nunca puede el médico provocar deliberadamente la muerte: la Medicina no está para eso. Aunque alguna Ley lo permitiera, jamás el médico podrá usar el poder y lar prerrogativas que la sociedad le ha concedido para ejecutar una pena capital ordenada por un tribunal de justicia, o para suprimir la vida de un enfermo, aunque se lo solicitase él, o su familia, o un comité de cuidados hospitalarios.
Un médico es culpable de una grave infracción deontológica si se niega a prestar a un moribundo una asistencia médica competente y, sobre todo, si se arroga el poder desorbitado de destruir voluntariamente una vida humana. (21-24)

4.3- Rechazo médico:

Herranz Gonzalo (24) en el 2002 revisó lo expresado sobre los cuatro grandes problemas de la ética del fin de la vida (Eutanasia, ayuda médica al suicidio, encarnizamiento terapéutico y atención paliativa) los Códigos de Ética y Deontología médica de 39 países (22 de Europa y 17 de América) en más de un centenar de ediciones diferentes.

Los resultados encontrados fueron que: 3 no tratan de la materia; 10 aluden marginalmente a ella; 11 la tratan de modo explícito, pero no se definen sobre los cuatro aspectos específicos analizados y 15 ofrecen de ellos una exposición detallada.

Dentro de los debates éticos en la profesión médica como ya hemos expresado la eutanasia goza de una singular actualidad. Después de años, una gran literatura médica ha sido publicada a favor y en contra. La discusión gira alrededor de la tensión entre los imperativos éticos para aliviar el sufrimiento, particularmente en pacientes terminales quienes toman una decisión consciente de finalizar sus vidas, y la proscripción contra la participación del médico y otros profesionales de la salud en el control de una vida.

Herranz Gonzalo (24) encontró además que aunque los Códigos son muy variados en contenido y estilo, no se detecta ninguna fisura en la común tradición de rechazo de la Eutanasia y de la ayuda médica al suicidio.

Es también general la condena de la obstinación terapéutica, lo mismo que el mandato positivo de aliviar el sufrimiento y de aplicar los remedios paliativos.

Expresa este autor en su análisis que aunque no sea por imperativos morales que no están de moda, los médicos consideran intangible la vida humana. Esta rara unanimidad en el tiempo y en el espacio sobre la intangibilidad de la vida humana que se acaba tiene que hacernos pensar.

Por muy diferentes caminos (por argumentos utilitaristas, por vocación sanadora, por imperativo moral, por adhesión a las tradiciones) se llega en las diferentes áreas culturales a la misma y firme prohibición de la Eutanasia. El respeto a la vida terminal pertenece al mínimo ético que define el núcleo de la profesión médica: es una afirmación basada en pruebas. (22-24).

4.4 - Intentos de fundamentar la legitimidad de la Eutanasia.
El supuesto derecho a una "vida digna" y los intentos de garantizarla, han llevado a que se defiende la Eutanasia como sinónimo de "muerte digna" y se plantea ésta última como un derecho que el Estado debe garantizar.

A consideración de las autoras y de otros autores (4,16,22,25) este supuesto "derecho a una muerte digna" arranca del también "supuesto" derecho a una vida digna. Y decimos "supuestos derechos" de un modo insistente porque no es riguroso afirmar que la vida, la vida digna, la salud o la muerte digna sean derechos. Cuando hablamos del "derecho a la vida" en realidad deberíamos decir "derecho a que nadie atente contra nuestra vida o nos la arrebate". En el caso del "derecho a una vida digna" deberíamos hablar del "derecho a que nadie atente contra nuestra integridad física, psicológica y moral o nos someta a unas condiciones de vida indignas"; en el caso del derecho a una "muerte digna" deberíamos hablar más bien del derecho a ser atendidos y cuidados como personas humanas en el momento de la última agonía.

Calificar la Eutanasia llamándola activa o pasiva, directa o indirecta, voluntaria o involuntaria, o suicidio asistido sólo logra confundir.

La gran contribución de Hipócrates que pasó a la era Cristiana y guió la profesión del médico durante los siguientes dos milenios, fue la de separar la función de curar y la de matar del médico. A partir de entonces, el médico solo curaría. Con el aborto y el apresuramiento para legalizar la Eutanasia, los médicos, trágicamente, han vuelto a asumir esa doble función.

Los partidarios de la Eutanasia no dudan en acusar a los médicos de no permitir al paciente morir en paz.

Los pacientes terminales, acaban muriendo. Aunque los partidarios de la Eutanasia hablan constantemente sobre esos casos, no son su verdadero objetivo. Son más bien aquellos que se piensa que deben morir, pero que no mueren… los biológicamente tenaces. Por lo general, tales personas no sufren dolor y sus vidas no dependen de aparatos terapéuticos, pero son, según el juicio de muchos, una carga para la sociedad. Se trata de las personas con derrames cerebrales, esclerosis múltiple, enfermedad de Lou Gehrig, daños cerebrales, tetraplejía, etc. (4, 25-28)

Escohotado(25), Veloso(27), Galan(28) plantean que hay personas que a favor de la Eutanasia enfatizan continuamente el dolor constante, imposible de aliviar, insoportable, agonizante… Salvo raras excepciones, el dolor físico se puede controlar. Es infantil querer vivir una vida libre de dolor, ansiedad, limitaciones. "El reclamo de que el dolor físico agudo es una razón válida para matar a un paciente no tiene fundamento".

El segundo tipo de dolor que constituye la razón principal por la cual hay algunas personas que pueden llegar a sentir deseos de ser eliminadas, es el dolor emocional, la desesperación, la pérdida de la esperanza, la falta de amor, la angustia, la soledad, la pérdida de la dignidad, cansarse de la vida y no querer depender de otros.

Estos autores argumentan que el simplismo con que suele plantearse a la opinión pública un tema tan complejo, lleva a dudar del valor real de las abundantes encuestas a favor de la Eutanasia que esgrimen sus partidarios, y cuyo objetivo es crear la falsa imagen de una "amplia demanda social". Como la terminología empleada es muy confusa, incluso para los entendidos, hay fundadas sospechas de que el encuestado contesta muchas preguntas tal como el encuestador pretendía. Nos preguntamos si no estaremos ante una campaña de marketing tendiente a crear una opinión pública favorable, técnica que en países, llámense desarrollados, ha sido muy útil en las campañas pro-aborto.

Montero(29), al igual que como explica el Informe sobre Eutanasia de Noviembre del 2000(30) los requisitos que exigen sus defensores para su justificación son: el consentimiento del paciente, la incurabilidad del enfermo, el diagnóstico médico favorable, el dolor insufrible y el móvil compasivo(suprimir ese dolor).

Los argumentos esgrimidos para su legalización son:

1) La razón de la libertad o autonomía: cada persona tendría derecho a controlar su cuerpo y su vida incluso su muerte.

2) Se estima que la vida del paciente puede carecer de valor según criterios objetivos: dolores insoportables, estado terminal, como irreversible, senilidad avanzada, situación de grave postración física o psíquica. Aquí la elección del paciente puede ser una confirmación del juicio objetivo, pero en el caso de que no expresara su parecer el médico o los familiares pueden interpretar en vez del paciente su supuesto deseo de no permanecer vivo en tales condiciones.

Por tanto, lo que justifica aquí el homicidio por piedad no es la voluntad autónoma del paciente, sino, el presunto amor compasivo del médico.

Estas actitudes corresponden a dos visiones de la ética médica muy difundidas actualmente: la escuela de la compasión y la escuela de la autonomía. A pesar de sus diferencias, ambas coinciden en negar que la Medicina sea intrínsecamente una profesión moral con principios que puedan poner límites a lo que los médicos o enfermos consideran subjetivamente más conveniente. (4, 26-31).

La consecuencias de la legitimación de la eutanasia puede ser una pendiente resbaladiza según Altisent, et al (19) donde existan situaciones que no se hayan analizado de forma ni ética ni adecuada, y el enfermo no cuente con juicio claro para elegir.

Según Vázquez (4) y Montero (29) la legalización de la eutanasia no es una cuestión de ética personal sino que depende sin duda de la ética socio-política. Es por tanto perfectamente concebible su prohibición --sin contradecir el pluralismo característico de las democracias modernas-- con el fin de proteger los intereses públicos superiores, y concretamente para:

1° proteger todos los enfermos de la sociedad: Existe el peligro de que el paciente, lejos de sentirse plenamente libre y autónomo en sus decisiones, se incline más a ceder ante la presión ejercida por su entorno. ¿No existe el riesgo de que se sienta culpable por la carga que supone para los demás, por gravar económicamente a la sociedad... porque se obstina en vivir y se niega a hacer valer su derecho a la Eutanasia? ¿Este derecho no será percibido, en muchos casos, como un (cruel) deber? Puesto que además, el paciente no podrá contar ya con el amparo de la ley para protegerse?

2° proteger la integridad moral de la profesión médica: la legalización de la Eutanasia corre el riesgo de volverse también contra los médicos al inducir, en aquellos que la practican, una costumbre y una trivialización. Amenaza con acabar con la relación de confianza y el diálogo existentes entre médico y paciente.

3° proteger las personas vulnerables a los abusos, negligencias, errores y evitar la derivación hacia formas de Eutanasia no solicitadas:
por encima de todo esto y teniendo en cuenta el papel simbólico de la ley, es evidente que todo el mundo está afectado por el levantamiento de una prohibición tan importante que conlleva un debilitamiento general del respeto a la vida. El reconocimiento legal --o bajo cualquier otra forma-- de la Eutanasia pondría en entredicho el valor de algunas vidas en la conciencia colectiva.

4.5 - Eutanasia: ¿Existe un derecho a morir?

Vale preguntarse: ¿La sociedad ha cambiado tanto como para perder esa actitud de respeto ante la vida y la muerte? , ¿cuál será el nuevo código de ética por el que jurarán nuestros graduados? ; ¿por qué se exalta la dignidad humana y en los hechos se le denigra? ; ¿es éticamente neutra la profesión médica?

Según Herranz(22) en la primera escuela la Medicina es moralmente neutral y sólo se usa bien cuando se adapta a los deseos del paciente. Según la segunda escuela lo que hace éticamente buenas las acciones del médico no es la voluntad del paciente, sino, el motivo filantrópico y compasivo del doctor, no en cuanto profesional sino en cuanto ser humano.

Una muerte digna encuentra respuesta no en la legalización de la Eutanasia, sino, en el desarrollo y difusión de cuidados paliativos, tratando de eliminar el sufrimiento y no al ser humano que sufre, compartiendo sus temores e incertidumbres, en la actitud solidaria de sus familias hasta sus últimos momentos.

Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie, además, puede pedir ese gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad, ni puede consentirlo explícitamente o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo. Se trata de una ofensa a la dignidad de la persona humana, de un crimen contra la vida.

Por eso, tomando la argumentación de que el derecho a la vida lo es en tanto en cuanto se trata de una vida digna de hombre, podemos afirmar que el derecho a morir existe pero no como derecho a morir de cualquier modo, sino como derecho a morir con dignidad. Es el propio derecho a la vida el que asume con la vida limitada como es la muerte que la extingue. El derecho a una vida digna lo es por ello, a una muerte digna, es decir, a un término natural y no artificial de la vida humana. El ejercicio de un supuesto derecho a matarse y la concesión de este derecho a otro para que me mate no parece que sea un modo digno de morir. Entre el derecho a morir con dignidad y el derecho a morir matándose hay sin duda una enorme y radical diferencia. La autonomía de la persona no es razón suficiente para desproteger las vidas vulnerables mediante la despenalización de la cooperación al suicidio asistido. (29, 31).

4.6 - La Eutanasia y la Ley.

Según autores como Gómez, Ruiz, Ogallar, Rico (32) cada día surgen más voces que están pidiendo una legalización de la Eutanasia. Hasta ahora se ha conseguido en algunos países algo que éticamente es aceptable. Se ha reconocido el derecho del enfermo a rechazar tratamientos extraordinarios y poder morir en paz y con dignidad.

Evidentemente, para varias de las asociaciones favorables a la Eutanasia, se trata de un primer paso hacia una situación en la que también se admita la Eutanasia positiva con aquellos pacientes que solicitan que se ponga fin a su vida.

Estos autores plantean que existe una serie de objeciones muy importantes en contra de la legalización de la Eutanasia las cuales se dividen en tres apartados: Desde el punto de vista de los médicos, del enfermo y de la sociedad:

a) Por parte del médico: Es muy importante el grave deterioro que puede seguirse en la imagen social del médico como consecuencia de la admisión de la Eutanasia que lógicamente sería realizada por medios "médicos". La vocación del médico se ha entendido siempre como un servicio a favor de la vida; si se admitiese legalmente la Eutanasia se convertiría, en determinados casos, en un "agente de muerte". ¿Cómo sería la relación médico-enfermo si éste es consciente que está tratando con una persona que puede poner fin a la vida de los pacientes?

b) Por parte del enfermo: Ante una petición de eutanasia siempre habrá que preguntarse si el paciente recibe la atención que debería prestársele. Se ha llegado a afirmar que la "Eutanasia es una práctica pasada de moda" dadas las posibilidades de aliviar los sufrimientos de los enfermos mediante una administración racional de los analgésicos de que se dispone hoy. Una hipotética legalización de la Eutanasia solicitada por el enfermo, puede actuar en forma de coacción moral sobre él mismo. Éste podría verse forzado a pedir una eutanasia que no desea interiormente, pero que se resigna a solicitar ante las dificultades que su enfermedad ocasiona entre las personas que le rodean. En una situación en que la "salida" de la eutanasia es posible, resulta fácil que el enfermo se sienta coaccionado para pedir que se ponga fin a su vida, aunque no sea ésta su auténtica voluntad.

c) Por parte de la sociedad. En primer lugar no se ve fácil una ley que regule la Eutanasia y que evite los abusos que pudieran seguirse de ello. Hay que reconocer que no es sencillo una hipotética legalización de la Eutanasia que tenga en cuenta esta complejidad de matices y que evite los abusos que se pueden seguir.

Los que defienden la legalización de la Eutanasia afirman que se refieren únicamente a aquellos casos en que el propio enfermo pide insistente y conscientemente que se ponga fin a su vida y a sus sufrimientos. Sin embargo, creemos que no se puede infravalorar el peligro de pasar de una muerte a petición a una sin petición; de la Eutanasia aplicada a personas que lo solicitan a la impuesta a enfermos inconscientes.

Subrayemos además que los mayores esfuerzos para exigir la legalización de la Eutanasia se hacen en países técnicamente desarrollados, donde se asiste aun importante y creciente envejecimiento de la población: donde los ancianos no encuentran su puesto en la sociedad y se da, para muchos de ellos, una muerte social que precede a su muerte física. El riesgo de una Eutanasia aplicada coactivamente a las personas ancianas puede ser una consecuencia importante de una legalización de esa práctica. (4, 31-33)

4.6.1 - Algunos aspectos a tener en cuenta para su posible aprobación.

Si se aprobara la Eutanasia por parte de un Estado, se deberían tener en cuenta aspectos como los siguientes:

  1. El testamento en Vida o testamento vital (anexo 2): documento en el que el interesado expresa su voluntad sobre las atenciones médicas que desea recibir caso de padecer una enfermedad irreversible o terminal que le haya llevado a un estado que le impida expresarse por sí mismo.
  2. De este tipo de documentos existen muy variadas versiones y fundaciones en muchos países que asesoran a cualquier persona sobre este aspecto, de acuerdo con las leyes vigentes en cada país.

    Los argumentos que podrían estar a favor de ello pueden ser: el promedio de esperanza de vida ha aumentado enormemente en los países más prósperos. (y aún en países menos prósperos, como el nuestro) Ello nos beneficia mientras gozamos de un buen estado de salud. Pero los avances médicos, que han supuesto una gran mejora para la salud, pueden servir también para alargar el proceso de la muerte. Hay quien pasa meses, incluso años, con una calidad de vida tan pobre que llega a desear vehementemente morir. Lo que la mayoría de la gente desea en todos aquellos lugares en que se han realizado encuestas, es que se debería permitir que los médicos pudiesen ayudar a morir a un paciente incurable si el paciente lo solicita.

  3. Tener en cuenta el derecho a la libre disposición del cuerpo, como lo reconoce el derecho consuetudinario y reconocerle así mismo, la posibilidad de la autonomía sobre su vida al ser humano.
  4. Deben tenerse en cuenta o aplicarse los mismos principios a un paciente mentalmente capacitado que a otro afectado de muerte cerebral, en estado vegetativo persistente, o en estado grave e irreversible de demencia? Debe valorarse correctamente esa situación porque podría caerse a través de esto en una "Eutanasia social" donde los desechables pueden ser eliminados muy suavemente, sin condenas morales y desconociéndoles de alguna manera sus más elementales derechos.
  5. La aplicación continuada de medios extraordinarios para alargar la vida (o la agonía?) es una violación de los derechos constitucionales del paciente (o quien lo represente) sería ir contra la dignidad de la persona y contra su intimidad.
  6. Si se hablase de pacientes mentalmente incapacitados para tomar una decisión de este tipo, ésta debe apoyarse en el principio de subrogación para proteger los derechos de autodeterminación y el bienestar del afectado directamente. Sin embargo, aquí podría caerse en el horroroso camino de decidir quién y cómo vive alguien al poder plantear la ley que si una persona no puede volver a tener una existencia "normal" consciente, íntegra y útil (en los mejores términos del utilitarismo), significaría que sólo una vida "normal, íntegra y útil" es digna de protección legal. Se debe tener en cuenta el interés del paciente cuando éste no haya decidido algo en condiciones de vida normales anteriores, en el interés del paciente se hallarían implícitos aspectos como la calidad de la vida y la edad.
  7. Sería aconsejable que los hospitales tuviesen comisiones éticas a la hora de tener que tomar decisiones de ésta índole para aconsejar a los pacientes, si se puede, a los familiares y a los médicos y puedan establecer directrices hospitalarias sobre el trato a los moribundos. Idealmente, sería aconsejable que estas comisiones fueran interdisciplinarias, con médicos, abogados, psicólogos, enfermeras y sacerdotes entre otros.
  8. Al prolongarse inútilmente la agonía de una persona, se pone a la familia en situaciones que podrían llamarse inhumanas, estos gastos dan, por lo general, al traste con la economía familiar en la atención de quien irremediablemente iba a morir.
  9. En muchos casos se alude que mantener una persona "que de todas formas se iba a morir" supondría una carga social y económica para la sociedad mantener con vida a esos seres tan deficientes.

Si se legisla sobre la Eutanasia (cosa no fácil de lograr), ésta legislación debe ser lo suficientemente amplia y clara para que quepa la posibilidad de que cada caso (por ejemplo el de la persona que padece una enfermedad incurable, dolorosa e irreversible; o el del cuadripléjico lucido a quien ya no le importa vivir) presenta sus propias y peculiares dificultades. Por otro lado, el estado "debe alentar a los individuos para que tomen decisiones con respecto a su futuro por sí mismos y de la mejor manera que puedan" (para que éstos decidan autónomamente).

Los debates que se llevan a cabo sobre la Eutanasia generalmente terminan enredados por prejuicios morales, religiosos, emocionales, etc. Pero en realidad, sin cuestionar los diferentes puntos de vista, la pregunta que se hacen las personas que piden su legalización es que hacer si: ¿ Una persona que se siente completamente mal, siente que su vida no es suficiente razón para vivir el dolor intratable, la pérdida de dignidad o la pérdida de algunas facultades, pide repetidamente ayuda para un suicidio, está consciente y no está en capacidad de fingir una depresión se le puede aplicar la Eutanasia o asesorarla en su suicidio?

En los debates ellos consideran que no se debe discutir:

- Si un enfermo terminal debe pedir la Eutanasia, lo que siempre es una decisión personal, sino, si la gente en general debiese darse la elección para pedir su aplicación.
- Si se debiese permitir el suicidio. - Si a una persona saludable que está sufriendo un período de depresión se le debe dar ayuda para el suicidio.
- Si se debe permitir que una persona de la familia pida la aplicación de la eutanasia, (una petición así debe venir del enfermo terminal).

Por último, la Eutanasia es una pregunta de elección: ¿Se debe facultar a la gente para tener control sobre sus propios cuerpos?

Vázquez (4) plantea que los grupos que se oponen al aborto son generalmente los que se oponen también a la Eutanasia, entre ellos se encuentran: los grupos religiosos conservadores, quienes se oponen a la libertad personal de elección en muchas áreas de la vida, las asociaciones médicas que se dedican a salvar y alargar la vida y se sienten incómodos ayudando a la gente a terminar sus vidas y los grupos de incapacitados que tienen miedo de que la Eutanasia sea el primer paso hacia la inclinación de terminar, sin su voluntad, con las vidas de la gente incapacitada.

4.6.2- Algunos puntos a favor y en contra de la Eutanasia.

Se encuentran, a través de toda la argumentación presentada ciertos puntos a favor y en contra de la Eutanasia, se pueden mencionar entre los puntos en contra de la Eutanasia los siguientes:

  • La vida como un derecho inalienable, al optar por la eutanasia, estoy entregando mi libertad y al mismo tiempo acabando con ella, cuestión aún sin resolver.
  • Los límites de la Eutanasia: ¿Bajo qué circunstancias se debe aplicar? ¿Cómo legislarla? Aunque aquí se plantean ciertos límites, aún no es claro cómo aprobarla, bajo qué límites.
  • Existe una dificultad de toma de posición en el caso de los enfermos mentales.
  • Las expectativas: ¿Cómo sé si aquella persona que hizo su testamento en vida autorizando ésa práctica no se arrepintió en el último momento?
  • "Mientras hay vida hay esperanza" dice un adagio popular, sin embargo, hay que analizar y desentrañar aún más el verdadero significado de esta frase, alguien podría decir, y si al otro día se encuentra la cura contra ésta enfermedad?
  • Podrían aumentar el número de eliminaciones a débiles y personas subnormales, así mismo, aumentarían las presiones sobre el ejecutante (medico?) del acto por parte de la familia.
  • Los mismos ejecutantes podrían ser tomados como verdugos, lo que puede implicar una pérdida de confianza en la persona tratante de la enfermedad.
  • Podrían aumentar el número de homicidios con máscara de Eutanasia, con el sólo fin de cobrar jugosas herencias.
  • Podría aplicarse la Eutanasia sólo para surtir el jugoso negocio del tráfico de órganos, lo que muestra que podrían existir intereses económicos y políticos tras su aprobación.
  • Podrían disminuir los recursos destinados a la cura de una enfermedad, ya que podría salir más económico dejar morir a las personas y con ello se disminuye así mismo el esfuerzo de investigación en la Medicina.
  • Se puede perder la esperanza de vivir, si como viejos las personas son dejados de lado, aisladas en asilos, como enfermos pueden ser eliminados simplemente.
  • Deber cívico de permanecer vivo.
  • La decisión que conlleve al acto, es del todo irreversible.
Partes: 1, 2, 3


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Comentarios

  • ¿Debe ser aceptada o no la Eutanasia por el personal médico?
    Muy interesante su trabajo sobre la Eutanasia. Este es un tema muy delicado. Sobre todo personas que tienen la mente clara y ven como su organismo de destruye lentamente. Aunque siempre hay que tener mente positiva ante todos los problemas. Es mejor luchar por la vida hasta el ultimo aliento, porque la muerte siempre esta garantizada tarde o temprano. Santovenia
    santovenia  |  2008-08-21 12:36:33

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