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Colorantes naturales más utilizados en la industria alimenticia
E-100 Curcumina
Es el colorante de la cúrcuma, especia obtenida del rizoma de la planta del mismo nombre cultivada en la India.
En tecnología de alimentos se utiliza, además del colorante parcialmente purificado, la especia completa y la oleorresina; en estos casos su efecto es también el de aromatizante. La especia es un componente fundamental del curry, al que confiere su color amarillo intenso característico. Se utiliza también como colorante de mostazas, en preparados para sopas y caldos y en algunos productos cárnicos. Es también un colorante tradicional de derivados lácteos. Se puede utilizar sin más límite que la buena práctica de fabricación en muchas aplicaciones, con excepciones como las conservas de pescado, en las que el máximo legal es 200 mg/kg, las conservas vegetales y el yogur, en las que es 100 mg/kg, y en el queso fresco, en el que este máximo es sólo 27 mg/kg. (FAO/OMS, 1987)
E-101 Riboblavina
La riboflavina es una vitamina del grupo B,
concretamente la denominada B2. Es la substancia que da color
amarillo al suero de la leche,
alimento que es la principal fuente de aporte, junto con el
hígado. Industrialmente la riboflavina se obtiene por
síntesis química o por
métodos
biotecnológicos.
Como colorante tiene la ventaja de ser estable frente al
calentamiento, y el inconveniente de que, expuesta a la luz solar o a la
procedente de tubos fluorescentes es capaz de iniciar reacciones
que alteran el aroma y el sabor de los alimentos. Este efecto
puede ser importante por ejemplo en la leche esterilizada
envasada en botellas de vidrio.
Este aditivo es relativamente poco utilizado. Cuando se emplea como colorante no pueden hacerse indicaciones acerca del enriquecimiento vitamínico en la publicidad del alimento.
E-120, Cochinilla, ácido carmínico
El ácido carmínico, una substancia química compleja, se encuentra presente en las hembras con crías de ciertos insectos de la familia Coccidae , parásitos de algunas especies de cactus. Los insectos que producen esta substancia son muy pequeños, hasta tal punto que hacen falta unos 100.000 para obtener 1 Kg de producto, pero son muy ricos en colorante, alcanzando hasta el 20% de su peso seco. El colorante se forma en realidad al unirse la substancia extraída con agua caliente de los insectos, que por si misma no tiene color, con un metal como el aluminio, o el calcio y para algunas aplicaciones (bebidas especialmente) con el amoniaco. Es probablemente el colorante con mejores características tecnológicas de entre los naturales, pero se utiliza cada vez menos debido a su alto precio. Confiere a los alimentos a los que se añade un color rojo muy agradable, utilizándose en conservas vegetales y mermeladas (hasta 100 mg/kg), helados, productos cárnicos y lácteos, como el yogur y el queso fresco (20 mg/Kg de producto)y bebidas, tanto alcohólicas como no alcohólicas. No se conocen efectos adversos para la salud producidos por este colorante.(Francis, 1987)
E-140 Clorofilas
E-141 Complejos cúpricos de clorofilas y clorofilinas
Las clorofilas son los pigmentos responsables del color
verde de las hojas de los vegetales y de los frutos inmaduros.
Son piezas claves en la fotosíntesis, proceso que
permite transformar la energía
solar en energía química, y finalmente a partir
de ella producir alimentos para todos los seres vivos y mantener
el nivel de oxígeno
en la atmóstera. Por esta razón han sido
estudiadas muy extensamente. Se ha dicho de ellas que son las
substancias químicas mas importantes sobre la superficie
de la Tierra.
Las plantas
superiores tienen dos tipos de clorofila muy semejantes entre
ellas, denominadas a y b, siendo la primera la mayoritaria y la
que se degrada más facilmente.
El interés
por la clorofila en tecnología alimentaria no estriba
tanto en su uso como aditivo sino en evitar que se degrade
durante el procesado y almacenamiento la
que está presente en forma natural en los alimentos de
origen vegetal. El calentamiento hace que las clorofilas pierdan
el magnesio, transformándose en otras substancias llamadas
feofitinas y cambiando su color verde característico por
un color pardo oliváceo mucho menos atractivo. Este efecto
puede producirse en el escaldado de las verduras previo a su
congelación, en el enlatado, etc. También le afecta
el oxígeno, la luz y la acidez, resistiendo mal
además los periodos de almacenamiento prolongados.
Las clorofilas, que en los vegetales se encuentran dentro de
ciertos orgánulos, son insolubles en agua pero solubles en
alcohol, con
el que pueden extraerse. Las clorofilinas son derivados algo
más sencillos obtenidos por rotura parcial de las
clorofilas. La substitución del magnesio por cobre da lugar
al colorante E-141, cuyo color es mucho más
estable.
Las clorofilas se utilizan poco como aditivos
alimentarios, solo ocasionalmente en aceites, chicle, helados y
bebidas refrescantes, en sopas preparadas y en productos
lácteos. Su empleo
está limitado, en el queso a 600 mg/Kg, solo el E-140, y
en algunas conservas vegetales y yogures a 100 mg/Kg.
Estos colorantes se absorben muy poco en el tubo digestivo. No se
ha establecido un límite máximo a la
ingestión diaria de la clorofila utilizada como aditivo,
ya que esta cantidad es despreciable frente a la ingerida a
partir de fuentes
naturales. La ingestión admisible del colorante E-141 es
de hasta 15 mg/Kg de peso y día, debido a su contenido en
cobre (4-6% del peso de colorante). Una cantidad elevada de cobre
puede ser muy tóxica. Sin embargo, las dietas occidentales
habituales son usualmente deficitarias más que
excedentarias en cobre, por lo que la pequeña cantidad que
puede aportar este colorante en un uso normal sería
probablemente más beneficiosa que perjudicial. (Schwartz,
1990)
E.150 Caramelo
El caramelo es un material colorante de
composición compleja y químicamente no bien
definido, obtenido por calentamiento de un azúcar
comestible (sacarosa y otros) bien solo o bien mezclado con
determinadas substancias químicas. Según las
substancias de que se trate, se distinguen cuatro tipos:
I. Obtenido calentando el azúcar sin más adiciones
o bien añadiendo también ácido
acético, cítrico, fosfórico o
sulfúrico, o hidróxido o carbonato sódico o
potásico. A este producto se le conoce como caramelo
vulgar o caústico.
II. Obtenido calentando el azúcar con anhídrido
sulfuroso o sulfito sódico o potásico.
III. Obtenido calentando el azúcar con amoniaco o con una
de sus sales (sulfato, carbonato o fosfato
amónico)
IV. Obtenido calentando el azúcar con sulfito amónico o con una mezcla de anhídrido sulfuroso y amoniaco.
El caramelo se produce de forma natural al calentar productor ricos en azúcares, por ejemplo en el horneado de los productos de bollería y galletas, fabricación de guirlaches, etc. El tipo I es asimilable al azúcar quemado obtenido de forma doméstica para uso en repostería.
En España, el caramelo tiene la consideración legal de colorante natural y por tanto no está sometido en general a más limitaciones que las de la buena práctica de fabricación, con algunas excepciones como los yogures, en los que solo se aceptan 159 mg/kg de producto.
Es el colorante típico de las bebidas de cola, así como de muchas bebidas alcohólicas, como ron, coñac, etc. También se utiliza en repostería, en la elaboración del pan de centeno, en la fabricación de caramelos, de cerveza, helados, postres, sopas preparadas, conservas y diversos productos cárnicos. Es con mucho el colorante más utilizado en alimentación, representando más del 90% del total de todos los añadidos.
Al ser un producto no definido químicamente, su composición depende del método preciso de fabricación. La legislación exige que la presencia de algunas substancias potencialmente nocivas quede por debajo de cierto límite. Los tipos I y II son considerados perfectamente seguros, y la OMS no ha especificado una ingestión diaria admisible. En el caso de los tipos III y IV la situación es algo distinta, ya que la presencia de amoniaco en el proceso de elaboración hace que se produzca una sustancia, el 2-acetil-4-(5)-tetrahidroxibutilimidazol, que puede afectar al sistema inmune. También se producen otras substancias capaces de producir, a grandes dosis, convulsiones en animales. Por esta razón el comité FAO/OMS para aditivos alimentarios fija la ingestión diaria admisible en 200 mg/kg de peso para estos dos tipos.
Aunque no se conoce con mucha precisión, parece que los otros componentes específicos del caramelo se absorben poco en el intestino. Dosis de hasta 18 g/día en voluntarios humanos no producen más problemas que un ligero efecto laxante. Los experimentos realizados para estudiar el posible efecto sobre los genes de este colorante han dado en general resultados negativos, aunque en algunos casos, debido a la indefinición del producto, los resultados fueran equívocos (FAO/OMS, 1987)
E-153 Carbón medicinal vegetal
Este producto se obtiene, como su nombre indica, por la
carbonización de materias vegetales en condiciones
controladas. El proceso de fabricación debe garantizar la
ausencia de ciertos hidrocarburos
que podrían formarse durante el proceso de
carbonización y que son cancerígenos. Por ello debe cumplir unas
normas de
calidad muy
estrictas, las que exige su uso para aplicaciones
farmacéuticas. En la legislación española
tiene la consideración de colorante natural. Como
colorante tiene muy poca importancia, pero un producto semejante,
el carbón activo, es fundamental como auxiliar
tecnológico para decolorar parcialmente mostos, vinos y
vinagres, desodorizar aceites y otros usos. Este producto se
elimina por filtración en la industria después de
su actuación, y no se encuentra en el producto que llega
al consumidor.
E-160 CAROTENOIDES
E-160 a Alfa, beta y gamma caroteno
E-160 b Bixina, norbixina (Rocou, Annato)
E-160 c Capsantina, capsorrubina
E-160 d Licopeno
E-160 e Beta-apo-8'-carotenal
E-160 f Ester etílico del ácido beta-apo-8'-carotenoico
Los carotenoides y las xantofilas (E-161) son un amplio grupo de pigmentos vegetales y animales, del que forman parte más de 450 sustancias diferentes, descubriéndose otras nuevas con cierta frecuencia. Se ha calculado que la naturaleza fabrica cada año alrededor de 100 millones de toneladas, distribuidas especialmente en las algas y en las partes verdes de los vegetales superiores. Alrededor del 10% de los diferentes carotenoides conocidos tiene actividad como vitamina A en mayor o menor extensión. Alrededor del 10% de los diferentes carotenoides conocidos tiene mayor o menor actividad como vitamina A.
Los carotenoides utilizados en la fabricación de alimentos se pueden obtener extrayéndolos de los vegetales que los contienen (el aceite de palma, por ejemplo, contiene un 0,1%, que puede recuperarse en el refinado) o, en el caso del beta-caroteno, beta-apo-8'-carotenal y ester etílico al ácido beta-apo-8'-carotenoico, por síntesis química.
Los dos últimos no existen en la naturaleza.
La bixina y la norbixina se obtienen de extractos de la planta
conocida como bija, roccou o annato (Bixa orellana). Son
compuestos algo diferentes químicamente entre ellos,
siendo la bixina soluble en las grasas e
insoluble en agua y la norbixina a la inversa. Se han utilziado
desde hace muchos años para colorear productos
lácteos, y su color amarillo puede aclararse por
calentamiento, lo que facilita la obtención del tono
adecuado. La capsantina es el colorante típico del
pimiento rojo y del pimentón, siendo España el
principal productor mundial. Sus aplicaciones en la
fabricación de embutidos son de sobra conocidas. El
licopeno es el colorante rojo del tomate y los
carotenos están distribuidos muy ampliamente entre los
vegetales, especialmente el beta-caroteno, que es también
el colorante natural de la mantequilla.
No son muy solubles en las grasas, y, con la excepción de
la norbixina, prácticamente nada en agua. Cuando se
utilizan para colorear bebidas refrescantes (el beta-caroteno
especialmente, para las bebidas de naranja), es en forma de
suspensiones desarrolladas específicamente con este fin.
Tienen la ventaja de no verse afectados, como otros colorantes,
por la presencia de ácido ascórbico, el
calentamiento y la congelación, así como su gran
potencia
colorante, que ya resulta sensible a niveles de una parte por
millón en el alimento.
Sus principales inconvenientes son que son caros y que
presentan problemas técnicos durante su utilización
industrial, ya que son relativamente difíciles de manejar
por su lentitud de disolución y por la facilidad con que
se alteran en presencia de oxígeno. Pierden color
facilmente en productos deshidratados, pero en cambio
resisten bien el enlatado.
Algunos de ellos (el beta-caroteno y el beta-apo-8'-carotenal,
especialmente y, mucho menos, el E-160 f) tienen actividad como
vitamina A, en la que se pueden transformar en el organismo. La
ingestión de cantidades muy elevadas de esta vitamina
puede causar intoxicaciones
graves. Sin embargo, las dosis necesarias para originar este
efecto quedan muy por encima de las que podrían formarse a
partir de los carotenoides concebiblemente presentes como aditivo
alimentario. La ingestión diaria admisible según el
comité FAO/OMS es de hasta 0,065 mg/kg de peso en el caso
del E-160 B y de 5 mg/kg de peso en los E-160 e y E-160 f. Se han
descrito algunos casos, raros, de alergia al extracto de
bija.
La legislación española autoriza el uso
del caroteno sin límites
para colorear la mantequilla y la margarina, 0,1 g/kg en el
yogur, 200 mg/kg en conservas de pescado, 300 mg/kg en los
productos derivados de huevos, conservas vegetales y mermeladas,
y hasta 600 mg/kg en quesos. En sus aplicaciones en bebidas
refrescantes, helados y productos cárnicos no tiene
limitaciones. En Estados Unidos
solo se limita el uso del E-160 e (0,015 g/libra).
Los carotenoides son cada vez más usados en
tecnología alimentaria a pesar de los problemas que se han
indicado, especialmente ante las presiones ciudadanas contra los
colorantes artificiales. Esto es especialmente notable en el caso
de las bebidas refrescantes. También se está
extendiendo en otros países la utilización del
colorante del pimentón y de la propia especia.
Desde hace algunos años se ha planteada la hipótesis de que el beta-caroteno, o mejor,
los alimentos que lo contienen, pueden tener un efecto protector
frente a ciertos tipos de cáncer. Los datos
epidemiológicos parecen apoyarla, pero la complejidad del
problema hace que aún no se puedan indicar unas
conclusiones claras, ni mucho menos recomendar la
ingestión de dosis farmacológicas de esta sustancia
(Gordon, 1982; Peto, 1981) .
E-161 a Flavoxantina
E-161 b Luteína
E-161 c Criptoxantina
E-161 d Rubixantina
E-161 e Violoxantina
E-161 f Rodoxantina
E-161 g Cantaxantina
Las xantofilas son derivados oxigenados de los
carotenoides, usualmente sin ninguna actividad como vitamina A.
La criptoxantina es una excepción, ya que tiene una
actividad como vitamina A algo superior a la mitad que la del
beta-caroteno. Abundan en los vegetales, siendo responsables de
sus coloraciones amarillas y anaranjadas, aunque muchas veces
éstas estén enmascaradas por el color verde de la
clorofila. También se encuentran las xantofilas en el
reino animal, como pigmentos de la yema del huevo
(luteína) o de la carne de salmón y concha de
crustáceos (cantaxantina). Esta última, cuando se
encuentra en los crustáceos, tiene a veces colores azulados
o verdes al estar unida a una proteína. El calentamiento
rompe la unión, lo que explica el cambio de color que
experimentan algunos crustáceos al cocerlos. La
cantaxantina utilizada como aditivo alimentario se obtiene
usualmente por síntesis química.
La cantaxantina era el componente básico de ciertos tipos
de píldoras utilizadas para conseguir un bronceado
rápido. La utilización de grandes cantidades de
estas píldoras dio lugar a la aparición de
problemas oculares en algunos casos, por lo que, con esta
experiencia del efecto de dosis altas, se tiende en algunos
apieses a limitar las cantidades de este producto que pueden
añadirse a los alimentos. Por ejemplo, en Estados Unidos
el límite es de 30 mg/libra. .
Estos colorantes tienen poca importancia como aditivos
alimentarios directos. Únicamente la cantaxantina, de
color rojo semejante al del pimentón, se utiliza a veces
debido a su mayor estabilidad. Son en cambio muy importantes como
aditivos en el alimento suministrado a las truchas o salmones
criados en piscifactorías, y también en el
suministrado a las gallinas. El objetivo es
conseguir que la carne de los peces o la
yema de los huevos tenga un color más intenso. El
colorante utilizado en cada caso concreto
depende de la especie animal de que se trate, y suele aportarse
en forma de levaduras del género
Rhodatorula o como algas Spirulina , más que como
substancia química aislada (Simpson, 1982).
E-162 Rojo de remolacha, betanina, betalaína
Este colorante consiste en el extracto acuoso de la raíz de la remolacha roja (Beta vulgaris ). Como tal extracto, es una mezcla muy compleja de la que aún no se conocen todos sus componentes. A veces se deja fermentar el zumo de la remolacha para eliminar el azúcar presente, pero también se utiliza sin más modificación, simplemente desecado.
Aunque este colorante resiste bien las condiciones
ácidas, se altera fácilmente con el calentamiento,
especialmente en presencia de aire, pasando su
color a marrón. El mecanismo de este fenómeno, que
es parcialmente reversible, no se conoce con precisión. Se
absorbe poco en el tubo digestivo. La mayor parte del colorante
absorbido se destruye en el organismo, aunque en un cierto
porcentaje de las personas se elimina sin cambios en la
orina.
Ante la preocupación del público por el uso de
colorantes artificiales, el rojo de remolacha está ganando
aceptación, especialmente en productos de
repostería, helados y derivados lácteos dirigidos
al público infantil. En España se utiliza en
bebidas refrescantes, conservas vegetales y mermeladas
(300mg/kg), conservas de pescado (200mg/kg), en yogures (hasta 18
mg/kg )y en preparados a base de queso fresco, hasta 250
mg/kg.
No se conocen efectos nocivos de este colorante y la OMS no ha
fijado un límite a la dosis diaria admisible.
E-163 Antocianos
Son un grupo amplio de substancias naturales, bastante complejas, formadas por un azúcar unido a la estructura química directamente responsable del color. Son las substancias responsables de los colores rojos, azulados o violetas de la mayoría de las frutas y flores. Usualmente cada vegetal tiene de 4 a 6 distintos, pero algunos tienen prácticamente uno solo (la zarzamora, por ejemplo) o hasta 15. No existe una relación directa entre el parentesco filogenético de dos plantas y sus antocianos.
Los antocianos utilizados como colorante alimentario
deben obtenerse de vegetales comestibles. La fuente más
importante a nivel industrial son los subproductos (hollejos,
etc.) de la fabricación del vino. Los antocianos son los
colorantes naturales del vino tinto, y en algunos casos permiten
distinguir químicamente el tipo de uva utilizado. Son,
evidentemente, solubles en medio acuoso. El material extraido de
los subproductos de la industria vinícola, denominado a
veces "enocianina", se comercializa desde 1879, y es
relativamente barato. Los otros antocianos, en estado puro,
son muy caros.
Los antocianos son substancias relativamente inestables, teniendo
un comportamiento
aceptable únicamente en medio ácido. Se degradan,
cambiando el color, durante el almacenamiento, tanto más
cuanto más elevada sea la temperatura.
También les afecta la luz, la presencia de sulfitos (E-220
y siguientes), de ácido ascórbico y el
calentamiento a alta temperatura en presencia de oxígeno.
El efecto del sulfito es especialmente importante en el caso de
los antocianos naturales de las frutas que se conservan para
utilizarlas en la fabricación de mermeladas.
Se utilizan relativamente poco, solamente en algunos
derivados lácteos, helados, caramelos, productos de
pastelería y conservas vegetales (hasta 300 mg/kg), aunque
están también autorizados en conservas de pescado
(200 mg/kg), productos cárnicos, licores, sopas y bebidas
refrescantes. Como los demás colorantes naturales, en
bastantes casos no tienen más limitación legal a su
uso que la buena práctica de fabricación, aunque
esta situación tiende a cambiar progresivamente. Cuando se
ingieren, los antocianos son destruídos en parte por la
flora intestinal. Los absorbidos se eliminan en la orina, muy
poco, y fundamentalmente en la bilis, previas ciertas
transformaciones. En este momento son substancias no del todo
conocidas, entre otras razones por su gran variedad, siendo
objeto actualmente de muchos estudios.
La ingestión diaria de estas substancias, procedentes en
su inmensa mayoría de fuentes naturales, puede estimarse
en unos 200 mg por persona
(Hrazdina, 1982; Francis, 1989).
Colorantes artificiales más utilizados en la industria alimenticia
Como ya se ha indicado, el coloreado artificial de los alimentos es una práctica que data de la antigüedad, pero alcanzó su apogeo con el desarrollo en el siglo XIX de la industria de los colorantes orgánicos de síntesis; ya en 1860 se coloreaba el vino en Francia con fucsina; más adelante se colorearon los macarrones y la mantequilla con dinitrocresol, etc. En los últimos años la preocupación por la seguridad de los alimentos, y la presión del público, ha llevado a muchas empresas a revisar la formulación de sus productos y sustituir cuando es tecnológicamente factible los colorantes artificiales por otros naturales. Además, aunque en general son más resistentes que los colorantes naturales, los colorantes sintéticos presentan también problemas en su uso; por ejemplo, en muchos casos se decoloran por acción del ácido ascórbico, efecto importante en el caso de las bebidas refrescantes, en que esta sustancia se utiliza como antioxidante. Los colorantes artificiales pueden utilizarse en forma soluble, como sales de sodio y potasio, y a veces amonio, en forma insoluble como sales de calcio o aluminio, o bien adsorbidos sobre hidróxido de aluminio formando lo que se conoce como una laca. La utilización de un colorante soluble o insoluble depende de la forma en que se va a llevar a cabo la dispersión en el alimento.
Precisamente la preocupación por su seguridad ha hecho que los colorantes artificiales hayan sido estudiados en forma exhaustiva por lo que respecta a su efecto sobre la salud, mucho más que la mayoría de los colorantes naturales. Ello ha llevado a reducir cada vez más el número de colorantes utilizables, aunque al contrario de lo que sucede en los otros grupos de aditivos, existan grandes variaciones de un país a otro. Por ejemplo, en los Países Nórdicos están prohibidos prácticamente todos los artificiales, mientras que en Estados Unidos no están autorizados algunos de los que se usan en Europa.
En España la cantidad total de colorantes
artificiales está limitada, en general, a entre 100 y 300
mg/Kg en cualquier producto alimentario sólido,
dependiendo de cual sea, y a 70 mg/l en bebidas refrescantes.
Además cada colorante tiene por sí mismo un
límite que varía según la substancia de que
se trate y del alimento en el que se utilice. La tendencia actual
es a limitar mas aún tanto los productos utilizables como
las cantidades que pueden añadirse (Noonan, 1980).
Colorantes azoicos
Estos colorantes forman parte de una familia de substancias orgánicas caracterizadas por la presencia de un grupo peculiar que contiene nitrógeno unido a anillos aromáticos. Todos se obtienen por síntesis química, no existiendo ninguno de ellos en la naturaleza. El número de los colorantes de este grupo autorizados actualmente es pequeño en comparación con los existentes, muchos de los cuales se utilizaron antiguamente y luego se prohibieron por su efecto potencialmente perjudicial para la salud. Este hecho es importante sobre todo en los colorantes para grasas, siendo un ejemplo típico el denominado "amarillo mantequilla", utilizado hace tiempo para colorear este alimento. En 1918 se introdujo en Estados Unidos, pero se prohibió el mismo año al afectar a los obreros que lo manejaban. En otros países, especialmente en Japón, se utilizó hasta los años 40, cuando se demostraron incuestionablemente sus propiedades como agente carcinógeno. Este colorante se absorbe en una gran proporción y se metaboliza en el hígado. No existen datos que permitan sospechar que lo mismo suceda en el caso de los que se utilizan actualmente, que tienen como característica general la de absorberse muy poco en el intestino, siendo destruidos en su mayoría por la flora bacteriana intestinal. Los fragmentos de colorante que si son asimilados se eliminan por vía urinaria y/o biliar.
Se les ha acusado de ser capaces de producir reacciones de sensibilidad en personas alérgicas a la aspirina, aunque esto solo se ha demostrado, en algunos casos, para uno de ellos, la tartrazina. También se les ha acusado sin demasiado fundamento de provocar alteraciones en el comportamiento y aprendizaje en los niños, especialmente también a la tartrazina (Comber, 1982)
Chais Esvety Calana Gonzalez
Lic. Alina Romero Rams
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