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"Una mirada sobre la prensa francesa en la Argentina no puede dejar de mencionar la trayectoria de "El Mosquito" que salió entre mayo de 1863 y julio del 93. Fue fundado por el alsaciano Henri Meyer pero alcanzó mayor notoriedad como su principal figura, el también francés Henri Stein . Era una publicación independiente, satírica y burlesca, que no dejó pasar ningún suceso del país o de la ciudad sin que la pluma o el lápiz de sus colaboradores lo reflejasen con humor y veracidad. Supo encontrar para todos los personajes destacados la caricatura que exaltaba el detalle físico o el aspecto de su personalidad que mejor lo representaba: la galera y el poncho de Urquiza, la naríz de Adofo Alsina, el cigarro de Mitre, la corta estatura de Avellaneda, el mentón de Sarmiento" (9).
Alberto Novión, autor teatral, nació en Bayona en 1881; falleció en Buenos Aires en 1937. "Maestro del género del sainete, entre sus obras sobresalen Facha tosta, El tango de la muerte y En un burro tres baturros. En 1919, la compañía teatral de Arata-Simari-Franco estrenó en el Teatro Nacional su obra El cabaret de Montmatre, cuyo rotundo éxito se tradujo en 328 representaciones. En 1956 el director Luis Mottura llevó al cine su obra Bendita seas. Escribió las letras de algunos temas que se cantaban en sus piezas teatrales, como Pavadas, que fue registrado dos veces por el dúo Gardel-Razzano: 1919 y 1931" (10).
"La producción teatral de Alberto Novión (1881-1937) es extensa y variada. Es autor de La chusma, La caravana, La familia de don Giacumín y Don Chicho, textos que corresponden al pasaje del sainete al grotesco criollo. Escribió también comedias y zarzuelas. A pesar de su importancia para el teatro argentino, últimamente fue poco representado. Novión nació en la ciudad de Bayona, en Francia. Se trasladó con su familia a Montevideo, luego se instaló en Buenos Aires y se nacionalizó argentino. Su primera obra se llamó Doña Rosario, en homenaje a su madre y en 1905 (en el Teatro Nacional) fue protagonizada por Orfilia Rico. Al año siguiente estrenó con José Podestá Jacinta. Ni siquiera intuiría entonces que iba a escribir casi cien obras de teatro" (11).
Un aviso publicado en la revista teatral La Escena N° 99 anuncia que en la temporada 1920, en el teatro Politeama, se presenta la compañía de Roberto Casaux todos los días con extraordinario éxito. Los actores interpretan El vasco de Olavaria (12), de Alberto Novión (1881-1937), obra que la publicación reproduce.
En el prólogo, don Joaquín de Vedia escribe sobre la personalidad de Novión, de quien dice que "es uno de los fuertes trabajadores del teatro argentino, porque es bueno, porque es alegre, porque ni la envidia lo devora ni la vanidad lo irrita". Acerca de la circunstancia en que el prologuista conoció al dramaturgo, leemos: "Lo conozco desde los primeros días de su carrera de autor: fue mi pobre y grande amigo Florencio Sánchez quien me llamó la atención hacia él, cuando el estreno de La cantina, un modelo de sainetes populares. Desde entonces, otras obras, de diversos géneros y de diferentes proporciones han popularizado el nombre y han afianzado los prestigios de Novión entre los que siguen la marcha, más o menos difícil, más o menos ocasionada a tropiezos y barquinazos, de este pensamiento de hacer un teatro nacional" (13).
El pintor Fernando Fader nace "en Burdeos, Francia, en la casa de su abuelo materno, Pedro Adolfo Bonneval, en la calle Nauville 10, el once de abril de 1882". Ignacio Gutiérrez Zaldívar escribe: "Fernando Fader en un reportaje que le realizara el recordado José León Pagano en la década del 20, manifiesta que es "mendocino", pese a que había nacido en Francia y en todos sus documentos y partida de casamiento, figura como nacido en Buenos Aires. Conoce Mendoza cuando contaba cuatro años y pese a vivir tan sólo doce años en Mendoza, su amor y cariño hacia la provincia le hacen manifestar que él es mendocino" (14).
En una entrevista realizada por Ana Da Costa en 2000, Juan Filloy evoca a sus padres. Acerca de su madre, Dominique Granje, relata: "Mi madre fue una francesa que vino en una de las promociones de inmigración del siglo pasado, en una inmigración de labriegos franceses que se afincaron en Pigüé, en la provincia de Buenos Aires.
Pero ella se independizó ocupándose del servicio doméstico en la Capital Federal, especialmente en el barrio de San Telmo, el barrio Sur de Buenos Aires. Mi madre era francesa, natural de Toulouse, de un pueblo que se llama Gourdan, que está cerca de la línea férrea que liga Toulouse con Lourdes. De modo que ella estaba ahí, en ese pueblo, junto a una localidad que se llama Montesquieu, un lugar famoso en la antigüedad por unas aguas termales, a las cuales asistían muchas figuras próceres de la literatura mundial. Mi madre se casó aquí, en la Argentina, con un español nativo de Galicia y formaron un hogar en el cual fuimos cuatro hermanos. Pero mi madre había tenido primero relaciones matrimoniales con un belga que la abandonó con tres hijos, los cuales fueron acogidos por mi padre. Los siete crecimos y fuimos educados aquí, en la ciudad de Córdoba. Papá y mamá se conocieron en Tandil, cerca de la Piedra Movediza, que es una figura que se hizo sumamente popular en casa, porque mi padre tuvo dos hijos en las proximidades de la Piedra Movediza. Mi madre fue una persona muy vivaz, de genio muy alegre, pero absolutamente analfabeta.
Leí un artículo sobre Delich, que apareció en La Nación, en el cual confiesa que su madre fue analfabeta; bueno, yo digo lo mismo: mi mamá fue analfabeta. Nació en Francia el mismo día en que nació el Delfín, vale decir, el hijo de Napoleón III y la Reina de Francia. Por esa razón mi madre tenía derecho a una educación gratuita, tanto para la escuela primaria, como la secundaria y la superior. Pero mamá tuvo que venir al país, de modo que no aprendió jamás a leer. Era una mujer muy inteligente, con toda la inteligencia de los instintos. En el negocio de mi padre atendía una sección de la tienda en la cual ella se manejaba con total exactitud en los cálculos de los efectos que vendía. Por ejemplo, pongamos por caso que un cliente compra siete metros de satén, o de guipure, cuyo precio era $1,75; mamá no necesitaba un lápiz de ninguna especie, ella, mentalmente, en el acto, decía cuánto era. Tenía una capacidad matemática que es muy particular de muchas personas en Francia" (15).
A su abuelo recordó en un reportaje Abelardo Arias. El escritor nació en Córdoba, aunque él hubiera preferido ver la luz en San Rafael, Mendoza, "en la finca de mi abuela materna, donde pasé casi todos los veranos de mi niñez y adolescencia, en todo caso los más memorables (...) Una criolla casona cerca del Río Diamante y del viejo fortín con foso y puente levadizo que construyó mi abuelo francés, el ingeniero astrónomo Julio Balloffet, el único injerto gringo en cientos de años de criolledad".
Mauro Apicella señala que "Tras la muerte de Gardel se conocieron el testamento –hasta entonces guardado en una caja de seguridad del Banco de Boston-, su nombre verdadero, Charles Romuald Gardes, la fecha y el lugar de su nacimiento. Con la investigación que de allí se desprende se descubre en Toulouse su certificado de bautismo y en el Hospital de la Greve su partida de nacimiento" (16).
En una entrevista (17) que le realicé, la investigadora Jorgelina Corbatta se refirió al mito Gardel:
- ¿Qué podríamos decir de Gardel como fenómeno en Buenos Aires y Gardel en Medellín, tema de un trabajo tuyo?
- Gardel en Buenos Aires consiste en un fenómeno propio (a pesar de las reiteradas y míticas dudas acerca de su origen francés o uruguayo), legítimo, modelo de conducta y motivo de orgullo para todos los argentinos. Gardel, en MedeIlín, es el objeto de un fenómeno de apropiación -de transculturación, define Angel Rama-. Se lo adopta deliberadamente, no sólo por el hecho fortuito de que Gardel murió en Medellín, sino sobre todo porque Gardel, y el tango que él canta, encarnan lo porteño (lo argentino), que constituye la meca de Latinoamérica en esos años, así como Paris ha constituído por tan largo tiempo la de los argentinos. Gardel es, entonces, un mito en Argentina, y un mito doble en Colombia, en la medida en que proviene de ámbitos fabulosos "per se".
- ¿Cuál es la relación existente entre imaginario colectivo y trasposición literaria, vinculada a este asunto?
- Imaginario colectivo es esa suma de fantasías, deseos, miedos, tabúes, que se tejen en una comunidad y van tramando las conductas colectivas e individuales. Transposicion literaria es la formulación de ese imaginario en una obra escrita; por ejempIo, volviendo a Medellín, la existencia de un libro titulado Aire de tango, de Manuel Mejia Vallejo, donde se nos narra acerca de Guayaquil -el barrio tanguero por excelencia-, donde el protagonista se cree el doble Gardel.
- ¿Qué simboliza Gardel?
- Jairo-Gardel es la encarnación literaria de una ilusión deI habitante de Medellín de esa época, o al menos de un pequeño grupo que aspira a tener una cultura tanguera y urbana heredada de los argentinos. Encarna también el desdén por la propia vida, el culto del coraje y cierta camaradería masculina, que son rasgos eminentemente argentinos traspuestos a un ambiente diferente.
Sergio Pujol se refiere a las inmigrantes engañadas que observa en el tango: "muchas de las mujeres del imaginario tanguero enfermaban al errar el camino y dejarse tentar por las luces del centro. Un imaginario de la muerte como castigo ejemplar dejaba entrever, a su vez, una gama de posiciones. Estaban las mujeres engañadas por el sistema (como las francesitas que llegaban a Buenos Aires mal informadas o las provincianas que rodaban ‘una noche en el Maipú’), pero también estaban las pecadoras por voluntad propia" (18).
"El ‘Tortoni’ –señala Carlos Szwarcer- lleva el nombre del famoso café parisino homónimo y fue inaugurado en 1858 por el francés Jean Touan. Hacia 1879 se lo vendió a su familiar y compatriota, Monsieur Celestino Curutchet Este singular hombre, favorecedor de eventos culturales, era quien lo regenteaba hacia 1920, cuando ingresó a trabajar "el turco" Alboger, aunque en virtud de la avanzada edad del empresario (noventa y dos años), la dirección del local fue recayendo en sus hijos mayores: Mauricio y Pedro Alejo. En 1925 falleció Celestino y un año después se produjo la inesperada muerte de Mauricio, detrás del mostrador, hechos que influyeron para que la familia tomara la decisión de vender el café a la firma Rey Hnos. y Pego (19).
Félix Luna explica en un reportaje el origen de la intolerancia: "Se había soñado con una inmigración ideal: anglosajona, o franceses de clase más o menos alta, casos que fueron excepcionales. En cambio, los que vinieron fueron en su inmensa mayoría inmigrantes pobres, personas provenientes de zonas más atrasadas de Europa, de España e Italia, fundamentalmente, que huían de la miseria. Por eso, el tipo de inmigración provocó alguna resistencia y, diría, determinados rezongos en gente como Sarmiento, que en algún momento se manifestó con criterios antisemitas" (20).
La cocina francesa "fue simplificada en el cruce transatlántico, y fórmulas de simple estima se incorporaron al menú argentino, como los huevos poche o la versión de una omelette de espárragos. La famosa masa de hojaldre conservó su carácter complejo y se utiliza aún hoy como masa básica de las medilunas y en la confección de platos dulces o salados. Otro tanto pasó con la soupe a l’onion que se reserva para los fríos días de invierno" (21)
A la Argentina –escribe Graciela Montes-, "fueron llegando los inmigrantes. Solteros y muy jòvenes, algunos casi niños, venìan a ‘hacer la Amèrica’. Provenìan de España, de Italia, de Turquìa, de Rusia, de Francia, de Polonia, de Yugoslavia, en general eran muy pobres y estaban dispuestos a trabajar duro... Algunos regresaron a sus pagos, pero la mayorìa, màs de un millòn, se quedò. Para esos inmigrantes, los hijos eran valiosos. El triunfo de esos hijos en la vida era la certificaciòn de su propio èxito" (22).
"Cada primero de agosto –escribe Alejandro Stilman, a partir de un informe de Pablo Bizón y Diana Pazos-, en Colonia Esperanza, conmemoran el aniversario de la Federación Helvética, la fiesta patria suiza y, dos semanas más tarde, el nacimiento de la Asociación Suiza Guillermo Tell. (...) Esta ‘pequeña Europa’, integrada además por alemanes, franceses y belgas, a los que se sumaron italianos, españoles, polacos, rusos, checos, judíos y árabes, se fundó en 1856. La llaman ‘la primera colonia agrícola organizada del país’ " (23).
En la colonia Pigüe, fundada por cuarenta familias francesas, se festeja "el 14 de julio, la fecha patria, que es comienzo de la gran Semana de Francia" (24).
"Mientras las estrofas del Himno Nacional conmovían el corazón de los judíos de Rajil, otro grupo de inmigrantes arraigados a 130 km al norte de Bahía Blanca ensayaba una versión a su manera: ‘Entendez mortels le cri sacré/ Liberté, liberté, liberté...’ Sólo que allí se cantaba todos los 14 de Julio en conmemoración de la toma de la Bastilla y era seguido por las notas de la Marsellesa. Con desfiles, cañonazos, discursos y premios artísticos, los franceses celebraban solemnemente su fecha patria en Pigüé, un pueblito barroso de la pampa donde todavía se agitaba el fantasma de las chuza indias" (25).
Amaban la música quienes se establecieron en la Colonia San José, en Entre Ríos. Eran franceses, suizos, alemanes y piamonteses. "No todos tenían gran preparación intelectual –dice Celia Vernaz. Si bien vinieron médicos, bachilleres y gente que tenía escuela y que pudo dedicarse a enseñar, otros solamente sabían trabajar, aunque algo que llama la atención es que la mayoría conocía música y formaban parte de la Banda" (26).
Fue franco-canadiense la esposa de Atahualpa Yupanqui: "En 1948 marchó a Francia, confiando en encontrar más facilidades para su arte. Tuvo la oportunidad de conocer la intelectualidad francesa, y a raíz de aquello, la música de Atahualpa Yupanqui comenzó a escucharse en Europa, y también en el estado español, aunque sufrió la censura de Franco que no le dejó actuar en el territorio. Vivió casi veinte años en París, pero de vez en cuando encontraba un hueco para volver a Argentina, sobre todo cuando la situación política le era favorable. Se casó con la franco-canadiense Paule Antoinette "Nenette" Pepin Fitzpatrick, y la pareja fue un nudo importante de creación artística: Cerca de cuarenta obras del repertorio del Maestro son de la autoría de Pablo del Cerro, pseudónimo que utilizaba la esposa" (27).
La decisión de María (28) es el libro que escribieron María Carmen Merbilhaa del Frate y Amalia María Calandra Merbilhaa. "Las autoras, al encontrar las cartas de su abuela, hija de inmigrantes bearneses que se establecieron en el campo a mediados del siglo XIX, descubren interesantes testimonios de vida en el pueblo de General Belgrano y en la ciudad de La Plata a principios del siglo XX. Ellas agregan comentarios y anécdotas propias o transferidas por sus familiares. Pretenden homenajear a su querida abuela y contar a sus descendientes, con un toque de humor, vivencias de la infancia que compartieron" (29).
A los 101 años, María Trepicchio de Danna recuerda: "Ah, la Primera Guerra se sufrió mucho porque todos los inmigrantes tenían a sus familiares en Europa". La ayuda a los damnificados no se hizo esperar: "Con el Círculo de Damas Francesas tejí para los soldados partidarios de De Gaulle". Cuando la guerra llega a su fin, también en la Argentina festejan: "la paz se celebró con locura, en casa entonamos La Marsellesa aquel día, con la bandera desplegada en el living" (30).
Margarita Marc de Soto es hija de franceses afincados en Alberdi. Acerca de ella escribe Carolina Muzi: "La cocina fue una constante en su vida y las perdices en escabeche, una de las especialidades más celebradas por familiares y amigos. Pero Margarita no sólo las cocinaba: también las cazaba" (31).
En Villa General Belgrano, Còrdoba, vive Pierre Cottereau. En una carta fechada en 1997, manifestó: "si bien soy extranjero, no soy un inmigrante. Lleguè a este paìs en calidad de turista para conocer a unos familiares emigrados en 1889, entre ellos mi abuelo materno que retornò a Francia en 1900 y que no he conocido. Me quedè por pura casualidad, el haber encontrado un trabajo provisorio que me lanzò hasta independizarme; llegaba con el bagaje de òptico tècnico industrial" (32).
"Todo empezó el 3 de octubre de 1964 –escribe Mónica Beltrán-. El presidente argentino Arturo Illia y su par de la República Francesa, general Charles De Gaulle, firmaron en Buenos Aires un acuerdo de cooperación cultural, científico y técnico. Dos días después, el jefe de Estado francés, en visita oficial al país, colocó en un terreno de más de una hectárea la piedra fundamental de lo que hoy es el Liceo Franco Argentino Jean Mermoz, en el barrio de Belgrano. (...) La última semana los casi 1.600 alumnos del Liceo organizaron diversas actividades para festejar los 30 años: los chicos de jardín y preescolar soltaron en el patio cientos de globos con los colores de la bandera francesa; los de primaria bailaron el pericón y los más grandes exhibieron sus investigaciones sobre la vida del piloto Jean Mermoz, que prestó su nombre a la escuela".
Daniel Fédou, rector general de la institución, expresó: "Fue una buena iniciativa porque los chicos no conocen demasiado a Mermoz, un hombre muy importante para la relación entre los europeos y los americanos. Abrió numerosas rutas aéreas en América del Sur, que llegaron, incluso, hasta Río Gallegos" (33).
En una entrevista, Tini de Bocourt afirmó: "me crié en una familia para la que lo externo no contaba para nada. Los valores eran otros. Ojo, no es que fueran intelectuales. Pero mi mamá era húngara y mi papá francés, y ponían el foco en todo aquello que no fuera lo exterior. Y ésa fue mi salvación y mi ancla" (34).
Claudia Lapacó desciende de franceses. Ella afirmó: "Todas las noches rezo el Padrenuesto en francés sólo para agradecer lo que tengo" (35). Su origen se evidencia en su arte: "La canción no es una novedad para esta actriz que se fogueó en temas franceses. ‘En 1985 hice tangos en francés con Virgilio Expósito y, en 1987, junto con Elena Mignaquy. Fue mi última actuación en la canción’ " (36).
Notas
Amadeo Jacques nació en París en 1813 y falleció en Buenos Aires en 1865. "En Francia, estudió en el Liceo de Borbón y en la Escuela Normal de París; dictó clases en Amiens y Versalles y, a los 24 años, obtuvo el doctorado en Letras en La Sorbona. Poco después se graduó como Licenciado en Ciencias Naturales en la Universidad de París. Luego de ejercer la docencia en otras instituciones francesas, en 1852 se trasladó a Montevideo, Uruguay, y más tarde se estableció en Entre Ríos, donde se dedicó a la daguerrotipia y a la agrimensura.
En 1858 fue nombrado director del Colegio de San Miguel de Tucumán, donde desarrolló una obra renovadora de los sistemas pedagógicos. En 1860 se dedicó al periodismo, publicando proyectos de reglamentos sobre instrucción pública en diarios de la provincia de Tucumán. Por ofrecimiento del vicepresidente de la República, Marcos Paz, fue director y, años más tarde, rector del Colegio Nacional de Buenos Aires. En esa función transformó la enseñanza, introduciendo las nuevas ideas cientificistas que provenían de Europa y planeó la educación primaria, secundaria y universitaria. Fue un renovador de la enseñanza en la Argentina" (1).
Miguel Canè nos ha dejado en Juvenilia (2) testimonio de su admiración por Jacques. A las figuras del grotesco enfermero italiano y los temibles quinteros vascos, contrapone la grandiosidad del profesor, sìmbolo de la inmigraciòn anhelada por los hombres del 80. Destaca su loable acciòn académica: "El estado de los estudios en el Colegio era deplorable, hasta que tomó su dirección el hombre más sabio gue hasta el dia haya pisado tierra argentina. Sin documentos a la vista para rehacer su biografia de una manera exacta, me veo forzado a acudir simplemente a mis recuerdos, que, por otra parte, bastan a mi objeto. Amedèe Jacques pertenecìa a la generaciòn que al llegar a la juventud encontrò a la Francia en plena reacciòn filosòfica, cientìfica y literaria. La filosofía se había renovado bajo el espíritu liberal del siglo, que, dando acogida imparcial a todos los sistemas, al lado del cartesianismo estudiaba a Bacon, a Espinosa; a Hobbes, Gassendi y Condillac, como a Leibnitz y a Hegel, a Kant y a Fichte, como a Reid y Dugal-Stewart".
"De ahí había nacido el eclecticismo ilustrado por Cousin, sistema cuya vaguedad misma, cuya falta de doctrina fundamental, respondía maravillosamente a las vacilaciones intelectuales de la época. Jouffroy había abierto un surco profundo con sus estudios sobre el destino humano, algunas de cuyas páginas están impregnadas de un sentimiento de desesperanza, de una desolación más profunda, alta y sincera que las paradojas de Schopenhauer o los sistemas fríamente construidos de Hartmann. Maine de Biran dejaba aquellas observaciones sobre nuestra naturaleza moral, que admirarán siempre como los grandes caracteres de Shakespeare. Villemain hacía cuadros inimitables de estilo y erudición; Guizot enseñaba la historia que Thiers escribía; la pléyade hacia versos, dramas y novelas; Delacroix, Scheffer y Gérome, pintura; Clésinger y Pradier, estatuaria; Lamartine, Berryer, Thiers, etcétera, discursos; Rossini, Méyerbeer, Halévy, música, y Arago, Ampere, Gay-Lussac, C. Bernard, Chevreuil, daban, a la ciencia vida, movimiento y alas. Amédée Jacques habíá crecido bajo esa atmósfera intelectual, y la curiosidad de su espíritu le llevaba al enciclopedismo. A los treinta y cinco años era profesor de filosofía en la Escuela Normal y había escrito, bajo el molde ecléctico, la psicología más admirable que se haya publicado en Europa. El estilo es claro, vigoroso, de una marcha viva y elegante; el pensamiento sereno, Ia lógica inflexible y el método perfecto. Hay en ese manual, que corre en todas las manos de los estudiantes, páginas de una belleza literaria de primer orden, y aún hoy, quince años después de haberlo leído, recuerdo con emoción los capítulos sobre el método y la asociación de ideas".
"Al mismo tiempo, el joven profesor se ocupaba en las ediciones de las obras filosóficas de Fenelón, Clarke, etcétera, únicas que hoy tienen curso en el mundo científico".
"Pero Jacques no era uno de esos espíritus frios, estériles para la acción, que viven metidos en la especulación pura, sin prestar oído a los ruidos del mundo y sin apartar su pensamiento del problema, como Kant, en su cueva de Koenigsberg, levantando un momento la cabeza para ver la caída de la Bastilla, y volviéndola a hundir en la profundidad de sus meditacioncs, como el fakir hindú que, perdido en la contemplación de Brahma y susurrando su eterno e inefable monosílabo, ignora si son los tártaros o los mongoles, Tamerlán o Clive, los que pasan como un huracán sobre las llanuras regadas por el río sagrado Jacques era un hombre y tenía una patria que amaba; quería que; como el espíritu individual se emancipa por la ciencia y el estudio, el espíritu colectivo de la Francia se emancipara por la libertad. Hasta el último momento, al frente de su revista La libertad de pensar, como al pie de la última bandera que flamea en el combate, luchó con un coraje sin igual".
"El 2 de diciembre, como a Tocquevillc, como a Quinet, como a Hugo, lo arrojó al extranjero, pobre, con el alma herida de muerte y con la visión horrible de su porvenir abismado para siempre en aquella bacanal".
Evoca el exilio del francés: "Tomó el camino del destierro y llegó a Montevideo, desconocido y sin ningún recurso mecánico de profesión; lo sabía todo, pero le faltaba un diploma de abogado o de médico para poder subsistir".
"Abrió una clase libre de física experimental, dándole el atractivo del fenómeno producido en el acto; aquello llamó un momento la atención".
"Pero se necesitaba un gabinete de física completo, y los instrumentos eran caros".
"Jacques los reemplazaba con una exposición luminosa y por trazados gráficos; fue inútil. La gente que allí iba quería ver la bala caer al mismo tiempo que la pluma en el aparato de Hood, sentir en sus manos la corriente de una pila, hacer sonar los instrumentos acústicos y deleitarse en los cambiantes del espectro, sin importarle un ápice la causa de los fenómenos. Dejaban la razón en casa y sólo llevaban ojos y oídos a la conferencia".
"Un momento Jacques fue retratista, uniéndose a Masoni, un pariente político mío, de cuyos labios tengo estos detalles. Florecía entonces la daguerrotipia, que, con razón, pasaba por una maravilla. Fue en ese época que llegó, en un diario europeo, una noticia muy sucinta sobre la fotografia, que Niepce acababa de inventar, siguiendo indicaciones de Talbot. Jacques se puso a la obra inmediatamente, y al cabo de un mes de tanteos, pruebas y ensayos, Masoni, que dirigía el aparato como más práctico, lleno de júbilo mostró a Jacques, que servía de objetivo, sus propios cuellos blancos, única imagen que la luz caprichosa había dejado en el papel. Pero ni la fotografía, que más tarde perfeccionaron, ni la daguerrotipia, que lc cedía el paso, como el telégrafo de señales al de electricidad, daban medios de vivir".
"Jacques se dirigió a la República Argentina, se hundió en el interior, casóse en Santiago del Estero, emprendió veinte oficios diferentes, llegando hasta fabricar pan, y por fin tuvo el Colegio Nacional de Tucuman el honor de contarlo entre sus profesores. Fueron sus discípulos los doctores Gallo, Uriburu, Nougués y tantos otros hombres distinguidos hoy, que han conservado por él una veneración profunda, como todos los que hemos gozado de la luz de su espíritu".
"Llamado a Buenos Aires por el Gobierno del General Mitre, tomó la dirección de los estudios en el Colegio Nacional, al mismo tiempo que dictaba una cátedra de física en la Universidad. Su influencia se hizo sentir inmediatamente entre nosotros. Formuló un programa completo de bachillerato en ciencias y letras, defectuoso tal vez en un solo punto: su demasiada extensión. Pero M. Jacques, habituado a los estudios fuertes, sostenía que la inteligencia de los jóvenes argentinos es más viva que entre los franceses de la misma edad y que por consiguiente podíamos aprender con menor esfuerzo".
"Era exigente, porque él mismo no se economizaba; rara vez faltó a sus clases y muchas, como diré más adelante, tomó sobre sus hombros robustos la tarea de los demás".
"Mis recuerdos, vivos y claros, en todo lo que al maestro querido se refiere, me lo representan con su estatura elevada, su gran corpulencia, su andar lento, un tanto descuidado, su eterno traje negro y aquellos amplios y enormes cuellos abiertos, rodeando un vigoroso pescuezo de gladiador".
"La cabeza era soberbia; grande, blanca, luminosa, de rasgos acentuados. La calvicie le tomaba casi todo el cráneo, que se unía, en una curva severa y perfecta, con la frente ancha y espaciosa, surcada de arrugas profundas y descansando como sobre dos arcadas poderosas, en las cejas tupidas que sombreaban los ojos hundidos y claros, de mirar un tanto duro y de una intensidad insostenible; la nariz casi recta, pero ligeramente abultada en la extremidad, era de aquel corte enérgico que denota inconmovible fuerza de voluntad".
"En la boca, de labios correctos, había algo de sensualismo; no usaba más que una ligera patilla que se unia bajo la barba acentuada y fuerte, como las que se ven en algunas viejas medallas romanas".
"M. Jacques era áspero, duro de carácter, de una irascibilidad nerviosa, que se traducía en acción con la rapidez del rayo, que no daba tiempo a la razón para ejercer su influencia moderadora. "No puedo con mi temperamento", decía él mismo, y más de una amargura de su vida provino de sus arrebatos irreflexivos. No conseguía detener su mano, y entre todos los profesores fue el unico al que admitíamos usara hacia nosotros gestos demasiado expresivos. Un profesor se había permitido un día dar un bofetón a uno de nosotros, a Julio Landivar, si mal no recuerdo, y éste lo tendió a lo largo de un puñetazo de la familia de aquel con que Maubreil obsequió a M. de Talleyrand; otra vez desmayamos de un tinterazo en la frente a otro magister que creyó agradable aplicarnos el antiguo precepto escolar; pero jamás nadie tuvo la idea sacrílega de rebelarse contra Jacques. Bajo el golpe inmediato solíamos protestar, arriesgando algunas ideas sobre nuestro carácter de hombres libres, etcétera. Pero una vez pasado el chubasco, nos decíamos unos a otros, los maltratados, para levantarnos un poco el ánimo. ‘Si no fuera Jacques!’... ;Pero era Jacques!".
Alfredo Cossón nació en París en 1820 y falleció en Buenos Aires en 1881. "Tras residir en Bolivia, llegó a la Argentina en 1854, con una máquina de daguerrotipo (primer proceso fotográfico de aplicación comercial). Vivió en Salta, Tucumán y Buenos Aires y dictó cursos de Historia y Geografía en el Colegio Nacional de Tucumán, que dirigía Amadeo Jacques. El 5 de octubre de 1871, el presidente Domingo F. Sarmiento lo designó miembro de la Comisión Nacional de Escuelas y participó activamente en el desarrollo de los planes de reforma educacional. Su Curso completo de Geografía fisica, politica e histórica de la República Argentina se convirtió en libro de texto obligatorio en los colegios. Precursor de la fotografía en el país, Cossón fue pionero del uso del daguerrotipo en Salta, técnica que había aprendido con Amadeo Jacques. Fue, además, rector del Colegio Nacional de Buenos Aires durante 16 años" (3).
Cané relata el recuerdo que un condiscípulo tiene de Cosson: "No hace mucho tiempo, al entrar en una oficina secundaria de la administración nacional, vi a un humilde escribiente cuyo cabello empezaba a encanecer, gravemente ocupado en trazar rayas equidistantes en un pliego de papel. Como tuve que esperar, pude observarle. Cada vez que concluía una línea dejaba la regla a un lado, sujetándola para que no rodara, con un pan de goma; levantaba la pluma, e inclinando la cabeza como el pintor que después de un golpe de pincel se aleja para ver el efecto, sonreía con satisfacción. Luego, como fascinado por el paralelismo de sus rayas, tomaba de nuevo la regla, la pasaba por la manga de una levita raída, cuyo tejido osteológico recibía con agrado ese apunte de negrura, la colocaba sobre el papel y con una presión de mano, serena e igual, trazaba una nueva paralela con idéntico éxito. Ese hombre, allá en los años de colegio, me había un día asombrado por la precisión de claridad con que expuso, tiza en mano, el binomio de Newton. Había repetido tantas veces su explicación a los compañeros más débiles en matemáticas que al fin perdió su nombre para no responder sino al apodo de ‘Binomio’. Le contemplé un momento, hasta que levantando e su vez le cabeza, naturalmente después de una paralela ‘réussie’, me reconoció. Se puso de pie, en una actitud indecisa; no sabía la acogida que recibiría de mi parte. Yo había sido nombrado ministro, no sé dónde!, !y él!... Me enterneció y lancé un: !!Binomio!! abriendo los brazos, que habría contentado a Orestes en labios de Pílades. Me abrazó de buena gana y nos pusimos a charlar".
"-¿Y qué tal, "Binomio", cómo va la vida?".
"-Bien; estuve,cinco años empleado en la aduana del Rosario, tres en la policía, y como mi suegro, con quien vivo, se vino a Buenos Aires, busqué aquí un empleo y en él me encuentro desde que llegamos".
"-¿Y las matemáticas? ¿Cómo no te hiciste ingeniero o algo así? Tú tenías disposiciones.."
"-Sí, pero no sabía historia".
"-Pero no veo, ‘Binomio’, la necesidad de saber si Carlos X de Francia era o no hijo de Carlos IX para hacer un plano".
"-Desengáñate, el que no sabe historia no hace camino. Tú eras también bastante fuerte en matemáticas; dime, cuantas veces, desde que saliste del colegio, has resuelto una ecuación o has pronunciado solamente la palabra "coseno"?
"-Creo que muy pocas, ‘Binomio’ ".
"-Y, en cambio (¡oh! !yo te he seguido!), en artículos de diario, en discursos, en polémicas, en libros, creo, has hecho flamear la historia. Si hasta una cátedra has tenido con sueldo, no es así?"
"-Si, ‘Binomio’ ".
"- Con que placer te oigo! ¡Ya nadie me dice ‘Binomio’ ! Y, sabes quien tuvo la culpa de que yo no supiera historia? Cosson, tu amigo Cosson, quien tenía la ocurrencia de enseñarnos la historia en francés".
"-No seas injusto, ‘Binomio’: era para hacernos practicar".
"-Convenido, pero no practica sino el que algo sabe, y yo no sabía una palabra de francés. Así, la primera vez que me preguntó en clase, se trataba de un rey cuyo nombre sirvió mas tarde de apodo a un correntino que para decirlo estiraba los labios una vara. Era muy difícil".
"-Ya me acuerdo: Tulius Hostilius".
"-Eso es:. quise pronunciarlo, la clase se rió, creo que con razón, porque, a pesar de habértelo oído, no me atrevería a repetirlo; yo me enojé, no contesté nunca y por consiguiente no estudié historia. ¡Animal! Así, mi hijo, que tiene seis años, empieza a deletrear un Duruy. No hay como la historia, y sino, mira a todos los compañeros que han hecho carrera" (4).
"En esa época –afirma Carlos Ibarguren en La historia que he vivido- aparecían millonarios que pocos años antes habían llegado al país sin un centavo en el bolsillo o con muy poco capital. Era el caso de Carlos Casado del Alisal, español; de Pedro Luro, vasco francés; de Ramón Santamarina, vasco español; de Eduardo Casey, irlandés, propietarios todos ellos de enormes extensiones de campo; o de Nicolás Mihanovich, dálmata, que empezó como botero y ya era dueño de varias empresas de transporte fluvial, algunas con sede en Londres; o de Antonio De Voto, italiano, fundador de un barrio en Buenos Aires, al igual que Rafael Calzada, español, o de Francisco Soldati, italiano y muchísimos más cuyos apellidos hoy figuran en los rangos de la más alta sociedad" (5).
"El 24 de septiembre de 1940, en ocasión de cumplir los ochenta años, el Sr. Bernardo Lalanne hacía conocer sus memorias de primitivo poblador de nuestra zona: "Nací e1 24 de septiembre de 1860 en la parroquia de Préchacque Josbaig, situada en los Bajos Pirineos (Francia). Alli pemanecí hasta la edad de doce años y nueve meses, de los cuales, tres en la escuela. En 1870 entró en guerra Francia con Alemania y en esa contienda falleci6 mi padre, que se llamaba Francisco.
En aquella oportunidad tambien Francia perdió la guerra y debió capitular. Napoleón III se entregó con sus ejercitos de acuerdo con sus generales Macmahon y Bassena y desde entonces es República.
En el año 1873 me vine a este hermoso pais, la Argentina, con otros parientes del mismo pueblo, viajando bajo el cuidado de ellos hasta Buenos Aires. Aqui permanecieron ellos y yo me trasladé al pueblo de Azul, donde tenia un tio de nombre Bartolo Bayle. En aquel tiempo el ferrocarril del Sud llegaba hasta Las Flores y desde alli se venia en galera hasta Azul.
El Azul. El Azul, en aquel entonces, era una población muy chica, de unos dos mil habitantes cristianos y estaba rodeada de las indiadas de los caciques Catriel - Cipriano y Juan Jose - y otros capitanejos más que tenian sus tolderias a ambas margenes del arroyo Nievas y en Sierra Chica, en la laguna Burgos. Un cacique importante tambien en aquel tiempo era Manuel Grande, el que tenía mucha indiada a su mando.
Las ocupaciones de los indios. Las principales ocupaciones a que se dedicaban los indios eran las de bolear avestruces y acarrear sal desde las Salinas Grandes, la que conducían en bolsas de cuero que ellos mismos confeccionaban, sobre los lomos de las grandes tropillas de caballos que arreaban hasta llegar al Azul, donde la vendian a los comerciantes por poco mas que nada. Tambien se dedicaban a juntar maiz, a esquilar cuando era la epoca de las ovejas, que existían en poca cantidad, y a matar mulitas y perdices para vender.
También vendian matras y ponchos que las chinas tejian en telares que ellos mismos hacían. Eran tejidos muy bien hechos y los teñian con yuyos que ellas mismas preparaban con los que sabían efectuar bellos dibujos. Estos colores eran de una firmeza y duracion extraordinaria, no perdiendo jamás su brillo y su apariencia vistosa" (6).
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