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Impacto socio ecológico en los sistemas contemporáneos de producción agrícola (página 2)




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En segundo lugar está el reciente desafío de promover un desarrollo agropecuario sostenible; es decir, la necesidad de adoptar alternativas tecnológicas que mantengan o recuperen la capacidad productiva de la tierra y que preserven los recursos naturales y el medio ambiente.

Por su parte de acuerdo con FAO (1995), en América Latina y el Caribe poscolonial, la agricultura campesina ha tenido un complejo desarrollo y comprende el segmento de la agricultura fundada en el trabajo familiar. Bajo este concepto, la familia es el núcleo esencial tanto en aspectos de consumo como en aquellos vinculados a la tecnología de producción.

En términos del desarrollo y la apropiación tecnológica de América Latina, existen corrientes principales que no son necesariamente antagónicas:

1) Una menos difundida, agroecológica, que promueve una agricultura natural y que toma en cuenta el conocimiento empírico generacionalmente adquirido por el pequeño agricultor y donde la experimentación está comenzando a diseñar un enfoque holístico pero muchas veces no todavía confirmado científicamente.

2) La tecnicista, que favorece la tecnificación global del agro, el uso amplio de insumos y monocultivos de exportación, donde el agricultor es el productor empresario que se dedica a dicha actividad y donde las políticas agrarias e investigaciones de alta tecnificación están destinadas a este tipo de productor (Radulovich, 1991; citado por FAO, 1995).

Somos del criterio que si bien la agricultura quimizada junto a otras prácticas de manejo inadecuado de los cultivos y suelos ha contribuido al desequilibrio ecológico, el empleo indiscriminado de productos biológicos de diferentes orígenes, pudiera también traducirse en un daño irreparable al medio ambiente si éstos no se aplican sobre bases científicas (Rodríguez, 2006).

Sin dudas, como parte de la Agricultura Orgánica o Biológica pueden y deben emplearse diferentes fuentes alternativas tanto de origen animal (estiércol, orina y subproductos), vegetal (restos de plantas, abonos verdes) o microbiano (metabolitos, biomasa) para la nutrición de las plantas; propiciando su uso combinado y evitando su agotamiento y empleo indiscriminado (Rodríguez, 2005).

Las fuentes orgánicas a emplearse estarán en dependencia de su abundancia y asequibilidad; pero deben conducirse experimentos sobre dosis, modo y momento de aplicación en dependencia del tipo de suelo y planta y acompañarse de estudios sobre impacto ecológico para corroborar sus efectos sobre las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo; así como la cuantía y calidad de las cosechas, pues también resulta de interés el valor nutritivo de los productos agrícolas y su inocuidad. En todos los casos deben observarse el valor de los productos orgánicos no sólo como biofertilizantes sino además, su posible acción bioestimulante y/o bioplaguicida; seleccionándose los de mayor espectro de acción (Rodríguez, 2006).

Como parte de la agricultura orgánica también juega un rol importante los programas de rotaciones o cultivos asociados, debiendo tenerse en cuenta: tipos de plantas, profundidad de las raíces y excreciones radicales, velocidad de crecimiento vegetal, plagas y enfermedades, demandas nutricionales e hídricas.

III. EL RECURSO SUELO, EL AMBIENTE EDÁFICO Y SU INTERACCIÓN CON LA SOCIEDAD

El suelo es el medio fundamental o imprescindible de la producción agropecuaria, es la base de las cosechas, la fuente eterna del bienestar del hombre, cuyo verdadero nivel de vida está determinado con frecuencia, por la calidad de los suelos, por la explotación que pase por elevar universalmente su fertilidad.

El suelo es un recurso natural no renovable, es un sistema biológico o ecosistema donde hay vida y se genera vida, hay entrada y salida de energía; bajo esta óptica cualquier introducción artificial no controlada, como los fertilizantes y plaguicidas químicos dentro del sistema pueden causar daños irreversibles en la salud del suelo, las plantas, los animales y el hombre.

Corresponde al hombre y a la mujer (de inmediato) ir al establecimiento de las medidas de todo tipo, para que las futuras generaciones no nos juzguen por descuidar tan importante actividad como es la conservación y el mejoramiento de los suelos. En este sentido, en nuestro país, se han dado pasos acertados y contamos con un apoyo legal como es la Ley de Protección del Medio Ambiente y el Uso Racional de los Recursos Naturales.

El hombre vive en la tierra transformándola con su trabajo y a su vez se ha convertido en el transcurso de los años, en uno de los principales depredadores del medio ambiente, por lo que la causa principal de la contaminación no radica ni en la técnica ni en la tecnología, sino en el propio hombre. En consecuencia, en primer término, habría que hablar de la contaminación de la conciencia humana. El hombre es parte de la naturaleza. Por tanto nuestra actitud hacia ella, es también hacia nosotros mismos.

¿Por qué se llevan acabo programas en muchos países para la conservación de suelos, pese a que cuestan mucho trabajo y dinero?

La respuesta es que los suelos tardan muchos años en formarse, pero se pueden destruir en poquísimo tiempo. Con la pérdida del suelo se pierde la posibilidad que tiene el hombre de cultivar alimentos y criar ganado, de producir fibras y explotar bosques. No basta con decir que los suelos son la mayor fuente de riqueza de un país. Son mucho más que eso: son la vida misma del país. Y en nuestros tiempos, en un país tras otro, los suelos van desapareciendo, llevados por el agua o el viento.

La forma menos costosa de impedir que el suelo sea arrastrado por el agua o el viento es mantener la cubierta. En la mayoría de los lugares, la vegetación debe cubrir al menos el 70% de la superficie del suelo para protegerlo debidamente contra la erosión. Por desgracia, la peor erosión se produce en las tierras agrícolas en las épocas del año en que los suelos están desnudos o cuando los cultivos en hileras están despuntando. Lo que preocupa al agricultor en esa época del año es arrancar las malas hierbas.

En esa fase, una cubierta de plantas vivas puede ser un inconveniente, pero no así una cubierta de plantas muertas. Muchos cultivos producen cantidades apreciables de desechos, que se pueden mezclar con la tierra al ararla, dejarse sobre la superficie del suelo o mezclarse parcialmente con la capa superficial al preparar la tierra para la siembra siguiente. Usada en cantidad suficiente, esa cubierta de desechos y hojas muertas protege al suelo mucho más que si la tierra se hubiera limpiado.

El suelo cubre la mayor parte de la superficie terrestre con una capa delgada cuyo espesor varía de pocos centímetros a varios metros de profundidad. Están compuestos de partículas rocosas y minerales de tamaño diverso, mezcladas con agua, aire y organismos vivos de origen vegetal, animal, microbiano y de sus restos. Según el concepto del tiempo que tiene el hombre, la formación de los suelos es sumamente lenta.

En lugares en que el clima es húmedo y cálido, son menester miles de años para formar unos cuantos centímetros de suelo. En los climas fríos y secos, hace falta más tiempo aún e incluso es posible que no se formen suelos en absoluto. Si bien el suelo es un recurso renovable, su lenta formación lo hace casi irreemplazable (FAO; 1983-a).

Los suelos son una mezcla dinámica, siempre cambiante a medida de que las aguas llegan y se retiran y que los reinos vegetal y animal, y los microorganismos viven y mueren. Las partículas del suelo son desplazadas por el viento, el agua, el hielo y la gravedad, a veces lentamente y otras con rapidez.

Pero aún cuando el suelo cambie, las capas de suelo permanecen prácticamente constantes durante la vida de un ser humano, a menos que el hombre las desplace o levante ó are.

Todos los suelos tienen vida y los buenos la tienen abundante. Los organismos vegetales, animales y microbianos contribuyen a la fertilidad del suelo. Las raíces de las plantas se unen en el suelo y lo van rompiendo, al paso que las plantas en descomposición se convierten en humus. Los animales excabadores de madrigueras mezclan los suelos, y sus excrementos aportan nutrientes que mejoran la estructura del suelo.

A parte de los habitantes más evidentes del suelo, tales como roedores, insectos, ácaros, babosas y caracoles, arañas y lombrices de tierra, hay innumerables residentes microscópicos, algunos de los cuales son provechosos para el hombre y los cultivos y otros nocivos. Los microorganismos participan en las transformaciones enzimáticas básicas que propician el crecimiento a las plantas superiores, incluidos nuestros cultivos alimentarios.

En el suelo se producen reacciones químicas a raíz del intercambio de iones positivos o cationes. En los suelos arcillosos se producen más intercambios que en los demás tipos de suelos. Esas reacciones químicas también son esenciales para el desarrollo vegetal y son buen indicio de la fertilidad del suelo.

De los tres requisitos fundamentales para que prospere una civilización -suelos fértiles, abastecimiento de agua seguro y terrenos relativamente llanos dotados de precipitaciones suficientes y que no cauce erosión- es muy probable que el tercer factor sea el más importante. En los países ribereños del Mediterráneo la despoblación forestal de las laderas y la consiguiente erosión han creado desiertos artificiales en tierras que fueron productivas (FAO, 1983-a).

La materia orgánica del suelo puede absorber y almacenar mucha más agua que las partes inorgánicas. Actúa como una esponja, empapándose de agua y soltándola a medida que las plantas la necesiten. También contribuye a consolidar las partículas de suelo en conglomerados más grandes, o sea terrones. Los suelos que poseen esta estructura son muy resistentes a la erosión. Y a la inversa, casi todos los suelos que contienen poca o ninguna materia orgánica son solamente susceptibles a la erosión.

No hace falta que el suelo sea arrastrado por el agua o el viento para que disminuya la productividad de la tierra. La mala explotación del suelo y el agua puede modificar las propiedades de la tierra, reduciendo gravemente su fertilidad o acabando con ella. El laboreo excesivo de la tierra, por ejemplo, puede destruir la estructura de algunos suelos, haciendo que no puedan retener suficiente humedad para que las plantas crezcan.

La salinización, que es la acumulación de sales en la capa superficial del suelo, puede tener repercusiones nocivas para la productividad del suelo y el rendimiento de los cultivos. En casos extremos, son tan grandes los daños causados por la salinización que técnicamente es imposible invertir el proceso e incluso es totalmente antieconómico. En todos los continentes hay suelos afectados por la salinidad.

Los suelos encharcados obstaculizan la agricultura en muchos países, incluso en regiones del mundo en las que el exceso de agua no suele ser considerado un problema.

La compactación del suelo es otro factor destructivo. A veces es consecuencia del paso repetido de maquinaria pesada sobre un mismo terreno, especialmente cuando la tierra está mojada, pero puede deberse también al ganado, cuando se concentra en una misma zona con demasiada frecuencia.

Los suelos pueden degradarse así mismo, por la pérdida de nutrientes -sobre todo nitrógeno, fósforo y potasio- si no se reponen para mantener la fertilidad del suelo.

Aparte de las pérdidas debidas a la erosión, los mismos cultivos van agotando paulatinamente los nutrientes del suelo, especialmente si se siembra el mismo cultivo año tras año en la misma tierra (monocultivo). Por otra parte, en los trópicos húmedos se produce lixiviación de nutrientes durante los recios aguaceros tropicales, sobre todo en las tierras desprovistas de cubierta vegetal. No cabe duda de que la explotación agrícola, en el mundo entero, está sacando de los suelos más nutrientes que los que se le devuelven.

Hay otras formas de degradación de los suelos que se encuentran sobre todo en los países más desarrollados. No sólo se pavimentan tierras agrícolas, debido a la urbanización, sino que, a veces, se envenenan con sustancias químicas. Aunque se sospecha que en algunos casos los plaguicidas, incluso los fertilizantes, son perjudiciales para el suelo, tales daños no suelen ser permanentes.

En varios países altamente industrializados existe un problema más serio. La descarga indiscriminada de desechos o residuos químicos, algunos de ellos sumamente tóxicos para las plantas, animales y el hombre y el creciente empleo de cienos cloacales, que a veces contienen metales pesados peligrosos que pueden ser absorbidos por las plantas. Sin embargo, para una nación en desarrollo, esos problemas son insignificantes comparados con la amenaza creciente que representan para su productividad agrícola, la erosión, la salinización, el anegamiento y la pérdida general de la fertilidad del suelo.

Parte de la degradación acelerada del suelo en el mundo entero se debe a la destrucción continuada de los montes. En los países en desarrollo en los que la leña constituye el combustible principal para cocinar y para calefacción, la demanda supera con creces el crecimiento de nuevos arbolitos. Los campesinos de algunos países se ven obligados a quemar el estiércol seco de vacunos para combustible, práctica que priva a los suelos de abonos orgánicos y nutrientes esenciales. El desmonte de las laderas provoca también erosión del suelo e inundaciones destructivas.

La erosión del suelo causada por el pastoreo excesivo constituye uno de los problemas ambientales más importantes del mundo en desarrollo. Los pastizales de los países en desarrollo sustentan por término medio, tres veces más ganado que los del mundo desarrollado.

La destrucción de las tierras de pastoreo sigue una secuencia archi conocida. El pastoreo excesivo de vacunos reduce la cubierta vegetal eliminando primero las especies más útiles para forrajes. Eso deja la tierra expuesta a la invasión de malezas, matorrales y árboles perniciosos y lleva a un aumento de la erosión y una disminución de la fertilidad. La tierra se hace cada vez menos productiva.

Al disminuir la posibilidad de forrajes productivos, algunos ganaderos reaccionan aumentando el número de cabezas de vacunos, para compensar la pérdida de peso de los animales. En otros casos, el ganado ovino sustituye al vacuno cuando empeoran los forrajes y, a la postre, los ovinos son reemplazados por caprinos, que se lo comen todo, incluso los arbolitos. Al final las tierras quedan yermas y llegan las tempestades de viento, la erosión y las inundaciones.

Hay dos problemas que están amenazando seriamente a los países en desarrollo y son: la menor eficacia de la agricultura migratoria tradicional y el creciente avance del desierto en tierras que fueron agrícolas. Ambos problemas requieren igual atención. La agricultura migratoria es un sistema tradicional de explotación agrícola que funciona bien en los lugares donde es favorable la relación proporcional tierra - habitante. La desertificación no es un proceso de degradación de la tierra como la erosión y el pastoreo excesivo. Es, más bien, un producto final.

Los ecosistemas forestales aseguran, principalmente mediante el ciclo biogeoquímico, sus necesidades de elementos nutritivos. En un bosque natural, sin acusada acción antropogénica, los elementos nutritivos se mantienen a un nivel adecuado gracias a un equilibrio dinámico (Duchaufor, 1983 citado por Medina, 1996); pero pudiera pasar también, que la acumulación de desfronde fuera mayor debido a una menor descomposición edáfica, trayendo como consecuencia una disminución progresiva de la productividad (Martín et al., 1993). La incorporación anual de materia orgánica y bioelementos al suelo representados por la caída de la hojarasca, es un condicionamiento para el reciclaje de los sistemas de matorral, la renovación de los elementos dentro de los ecosistemas vegetales caracterizan la consecución de los ciclos de nutrientes y controlan parte importante de la actividad biológica, constituyendo uno de los fenómenos ecológicos esenciales de las biocenosis naturales (Lavado et al., 1989; Santa Regina y Gallardo, 1989).

Se ha determinado que el principal factor limitante de la sostenibilidad de la producción de altos rendimientos de los suelos tropicales y subtropicales es la degradación del suelo. Se ha declarado a la degradación del suelo como "La Crisis Silenciosa" y este fenómeno representa en la actualidad la más seria limitación para la producción de alimentos. La degradación del suelo no es otra cosa que la reducción de la calidad del suelo para mantener una productividad sostenida. Este es un fenómeno complejo en el cual factores naturales y humanos contribuyen a la pérdida de la capacidad de producción de suelos (Brady, 1986; Benites et al., 1990).

Las proyecciones del potencial de producción en los trópicos no se han cumplido en muchos casos porque se han ignorado los efectos de la degradación del suelo en la producción sostenida de cultivos (Benites et al., 1990).

Los procesos de degradación del suelo se manifiestan en la mayoría de los casos a través de problemas de compactación, encostramiento y sellado superficial, salinización, sodificación y erosión hídrica y eólica (Benites et al., 1990).

IV. LOS RESIDUOS ORGÁNICOS, SU RECICLAJE COMO MÉTODO DE DESCONTAMINACIÓN Y LA RELACIÓN AMBIENTE, TECNOLOGÍA Y SOCIEDAD

El medio natural es una condición imprescindible y fuente de origen de la vida del hombre y la producción social. La creciente carga industrial que recae sobre el medio natural y los rápidos cambios que este experimenta inquietan al hombre, surgiéndole la pregunta ¿qué ocurrirá con este medio dentro de varios decenios y sobre todo dentro de uno o dos siglos? (Cruz et al., 2005)

En las condiciones en que la producción mundial ha alcanzado proporciones gigantescas, se requiere poner un máximo de cuidado en la explotación de los recursos naturales y en la contaminación del medio ambiente para no alterar el móvil equilibrio relativo de los procesos naturales en la esfera geográfica (Cruz et al., 2005)

En la tierra se encuentra una gran cantidad de ecosistemas, los cuales a su vez están compuestos por elementos bióticos y abióticos que están en constante interacción. Cuando estos ecosistemas son intervenidos por el hombre y reemplazados por cultivos de plantas domesticadas, pasan a ser agroecosistemas con sus respectivos subsistemas, conservándose la interacción entre lo biótico y lo abiótico (Ramírez, 1998).

La incorporación de residuos orgánicos al suelo es una práctica milenaria dejada de lado con el surgimiento de los fertilizantes sintéticos, sin embargo ha resurgido debido a las múltiples evidencias de su efecto benéfico sobre el suelo (Rivas y Arends, 1990; Rivero y Paolini, 1995).

Según Arens (1983) alrededor de los años 1850 Lubwig demostró que las plantas utilizaban elementos inorgánicos principalmente NPK; este hecho fomentó el desarrollo de la industria de fertilizantes químicos, dando inicio entonces a problemas de desechos y residuos que afectan actualmente al ecosistema; pero ahora, señala Claverón (1996), en los últimos 25 años se observa un gran incremento de la práctica orgánica en la agricultura, no sólo por el deterioro ambiental, sino también por los daños en la salud humana.

Con la marginación y el desplazamiento progresivo de los abonos orgánicos, en favor de los abonos químicos, entró el problema del manejo de los desechos y residuos. Poco a poco éstos se convirtieron más bien en un peligro ambiental que en un recurso.

La quema de las basuras, de los residuos y desechos entró como una práctica normal para deshacerse de esta carga.

Sin embargo, todas las materias orgánicas siguen en realidad siendo una fuente de vida nueva para los suelos, una fuente de energía y de renovación. Ultimamente se puede observar un cambio fundamental en el pensamiento con respecto a los residuos y desechos. Más que una carga, los desechos orgánicos son un recurso. El gran valor de este recurso se evidencia con el reciclaje bien manejado.

El reciclaje de materias orgánicas es la reutilización de éstos, previa una conservación biológica o no, para sostener o mejorar la productividad de las tierras y está recuperando un gran impulso con el alza de los precios de los abonos químicos y con la búsqueda de alternativas viables de fuentes de energía.

En el mundo de hoy, tanto en los países en vías de desarrollo como en los países desarrollados, no hay otra alternativa que la utilización de todos los residuos orgánicos disponibles. La quema de las cosechas y residuos es una doble pérdida: se quema un recurso utilizable con otro recurso en vía de agotamiento (petróleo).

Después de una larga historia de separación y falta de interacción entre agrónomos y ecólogos, hoy en día tienen prioridad las investigaciones relacionadas con la ecología de sistemas agrícolas. Como resultado de esto, se ha comenzado a desarrollar el campo de la Agroecología, y con ello discusiones importantes con respecto a cuáles métodos de investigación son los más apropiados de aplicar, de tal forma que, los resultados tengan significación ecológica y aplicabilidad agrícola. Una cosa es la ganancia obtenida al entender las bases ecológicas del funcionamiento de un agroecosistema; otra cosa es aplicar tal conocimiento para resolver los problemas que enfrentan los agricultores (Gliessman, 1991).

Aún cuando se han obtenido excelentes respuestas y se ha demostrado la utilidad del uso de altas dosis de fertilizantes para obtener rendimientos altos, la producción comercial en campos de agricultores decrece con el tiempo, en algunos casos sustancialmente. Esto indica que no existe productividad sostenida y que en este momento son otros los factores limitantes de la producción, más allá del uso adecuado de fertilizantes, que deben ser identificados y entendidos.

Los rendimientos altos obtenidos inicialmente declinan rápidamente y la aplicación de dosis altas de fertilizantes no produce el efecto esperado llevando a la errónea conclusión de que no es necesaria la utilización de fertilizantes en dosis adecuadas, aún cuando es evidente que los rendimientos son bajos.

De acuerdo con FAO (1983), en el informe de la reunión-taller latinoamericana sobre reciclaje de materias orgánicas en la agricultura, celebrado en San José de Costa Rica del 7-17 de julio de 1980 por aquel entonces se concluyó respecto a los países de América Latina:

  • Situación por países sobre la disponibilidad de distintos tipos de residuos que están o podrían ser aprovechados en el reciclaje de la materia orgánica con fines agrícolas. Se reconoció que este aprovechamiento, además de constituir una fuente de mejoramiento de la calidad de los suelos, contribuye al control de la contaminación ambiental.
  • Se pasó revista a la situación existente en los siguientes subproductos: residuos urbanos, aguas negras, subproductos de caña, café, cacao, coco y otros, estiércol ovino, bovino, equino, gallinaza y otros, residuos de cosecha, abonos verdes.
  • De esta información pudieron deducirse las siguientes conclusiones respecto al uso de estos residuos:
  1. Salvo excepciones, la gran mayoría de los países no cuentan con programas de aprovechamiento de basuras ni de aguas negras. La disponibilidad de estos desechos son importantes como para pensar en su aprovechamiento. La contaminación ambiental derivada de la falta de tratamiento de estos desechos llega a ser muy elevada en algunas ciudades incluyendo capitales de países.
  2. Los subproductos agroindustriales han recibido en general una mayor atención en cuanto a su aprovechamiento. Existen programas desarrollados y en desarrollo sobre todo para desechos de caña de azúcar y café. El potencial futuro de estos desechos como recursos para el reciclaje orgánico puede alcanzar volúmenes muy considerables en la región.
  3. Los estiércoles se aprovechan como abonos orgánicos, aunque en forma poco eficiente. La tecnología del biogás recién se está introduciendo en algunos países en forma experimental.
  4. En cuanto a los residuos de cosecha, hay tecnología disponible en varios países que los aprovechan en forma completa para un mejor manejo y conservación de los suelos. Esta tecnología podría ser fácilmente incorporada a los países de la región que aún no la aplican. La misma consideración se puede formular con relación al uso de los abonos verdes.
  • En cuanto a factores limitantes se mencionó en primer lugar para uso integral de los residuos orgánicos, la falta de conocimiento tecnológico sobre reciclaje, su poca divulgación a nivel de agricultor y el desconocimiento de su importancia económica.

En algunos casos, se mencionó también el costo demasiado elevado de la maquinaria y del transporte y otros elementos que exige una tecnología apropiada para reciclaje orgánico integral, sobre todo en el procedimiento de grandes volúmenes de desechos.

Como ya hemos apuntado, son variadas las fuentes a partir de las cuales el hombre puede adquirir residuos orgánicos, ya sean de origen vegetal como restos de plantas, serrín, cenizas, compost, vermicompost, abonos verdes, algas, turbas y los desechos animales, urbanos y domésticos.

La materia nutritiva de los abonos orgánicos y de los fertilizantes minerales que se aplican en cantidad equivalente, es en la mayoría de los casos de igual valor para la cosecha de los cultivos agrícolas.

Altas cosechas de cultivos agrícolas se pueden obtener lo mismo aplicando fertilizantes minerales solos, que abonos orgánicos solos. Sin embargo, con su correcta combinación se liquidan las desventajas específicas de las dos clases de abonos, creándose así las condiciones de su aprovechamiento más racional (Yágodin, 1986).

Señala además este autor, que es necesario tener en cuenta que gran parte de las sustancias nutritivas de los fertilizantes orgánicos se hace asimilable para las plantas sólo a medida de su mineralización. Debido a esto, con el empleo solamente de abonos orgánicos es difícil satisfacer las necesidades de las plantas en elementos nutritivos, en particular, en el período de vegetación y en el período de máximo consumo de sustancias nutritivas.

A diferencia de los fertilizantes orgánicos, muchos abonos minerales accionan instantáneamente. Los nutrientes que ellos contengan pueden ser aprovechados por las plantas desde el mismo momento de su aplicación al suelo.

Con ayuda de los abonos minerales es más fácil satisfacer la necesidad variable de las plantas en alimentos durante toda la vegetación.

Con el empleo sólo de fertilizantes orgánicos la correlación entre los nutrientes en ellos, puede no ser la que se necesita para el crecimiento y desarrollo normal de las plantas. La introducción de fertilizantes minerales o en combinación con los orgánicos puede crear cualquier correlación de elementos nutritivos requerida para las plantas.

Sin embargo, con el empleo solamente de fertilizantes minerales no es raro que empeoren algunas propiedades de los suelos. Así, con el uso sistemático de abonos fisiológicamente ácidos en suelos dernovopodsólicos (podsoles de césped) aumenta la acidez, el contenido de aluminio móvil y se refuerza la fijación química de los fosfatos. Al mismo tiempo la inclusión de abonos orgánicos, eleva la capacidad buffer de los suelos, disminuye la movilidad del hierro y del aluminio y debilita la fijación del fósforo del superfosfato en el suelo.

Con el empleo de fertilizantes minerales solos la probabilidad de formación de concentración de solución de suelo perjudicial para las plantas es mucho mayor que con la combinación de abonos minerales y orgánicos. Tal peligro es sobre todo grande en suelos ligeros de poca capacidad buffer cuando se introducen altas normas de fertilizantes minerales y para cultivos como el pepino y maíz.

Plantea finalmente este autor, que la correcta combinación de abonos orgánicos y minerales no significa que deben obligatoriamente aplicarse conjuntamente al suelo. En la práctica a menudo conviene introducir el abono orgánico bajo cultivos que han ocupado el barbecho, mientras que los abonos minerales conviene aplicarlos bajo cultivos invernales en barbecho semillado, o aplicar los abonos orgánicos y minerales bajo cultivos de entrecavado (entre surcos), y los cultivos sucesores abonarlos con fertilizantes minerales solos.

La Agricultura y el medio rural de América son un asunto estratégico por constituirse en un medio vital para millones de personas que trabajan y viven de ello. Sin embargo, en la mayoría de los países, particularmente de América Latina y el Caribe (ALC), los habitantes del medio rural padecen de una crónica y mayoritaria desigualdad de acceso a los recursos, los medios y los ingresos, la que determina una situación de heterogeneidad estructural y de empobrecimiento de amplios sectores de la sociedad rural en magnitudes considerables (IICA, 1999).

La capacitación y la educación revisten una de las mayores importancias para lograr la sostenibilidad de la agricultura y el medio rural sobre bases equitativas, competitivas y de gerenciamiento agroempresarial y de los recursos naturales y el medio ambiente (IICA, 1999).

Ante los enormes retos del siglo XXI, es imprescindible situar el conocimiento, la ciencia y la tecnología en lo más alto de la escala del saber y la inteligencia. En esta era conocida como de "la nueva economía", las tecnologías de la información y de la comunicación, y la biotecnología, son las infraestructuras claves. Sin embargo, éstas por sí solas no son suficientes. Es preciso disponer también de un amplio número de usuarios activos, informados y críticos, y no sólo en el ámbito de la empresa o de la economía, sino en general de toda la sociedad, para poder difundir el conocimiento práctico de cómo usar estas nuevas tecnologías. Las investigaciones científicas deberían estar respaldadas por un marco legal adecuado al nivel nacional e internacional… Las universidades deberían asegurar que sus programas en todos los campos de la ciencia se centren en la educación y la investigación, así como en las sinergias existentes entre ellas, e introducir la investigación como parte del estudio de la ciencia. Las habilidades de comunicación y el contacto con las ciencias sociales también deben ser parte de la educación de los científicos (Science Agenda, 1999; citado por Castro, 2003).

V. CONCLUSIONES

Cuando se evalúa a nivel de Cuba, el impacto social y ambiental de la producción agrícola contemporánea puede decirse entre otras cosas, que se encamina hacia una agricultura ecológica, sostenible, donde se minimice el empleo de quimioproductos con la consecuente protección de los agroecosistemas. La agricultura convencional se mantiene pese a la escasez de recursos. Se han introducido y generalizado algunos resultados en el campo de la biotecnología. Se dan los primeros pasos en aspectos relativos a la agricultura de precisión. Se diversifica la producción agropecuaria a través del movimiento de la agricultura urbana con innumerables ventajas sociales, económicas y ecológicas; aunque aún debe lograrse la racionalización de los precios en los agromercados. A través de la universalización de la enseñanza en la Tarea "Alvaro Reynoso" se cursa en numerosas Empresas Azucareras del país, la Carrera de Ingeniería Agropecuaria; no solamente a través del estudio como empleo, sino también como estudio y trabajo; con el objetivo fundamental de formar un ingeniero agropecuario de perfil amplio, capaz de enfrentar y resolver las complejas tareas que entraña la producción agrícola en su entorno.

VI. BIBLIOGRAFÍA

  1. Arens, P. (1983). Introducción al reciclaje de materia orgánica. Boletín de Suelos de la FAO. (51), 250.
  2. Brady, M. C. (1986). Soil and world food supplies. Proceedings of the 13th International Soil Science Congress, Hamburg-Germany. 1: 61-79.
  3. Benites, J. R.; Pla Samtis, I. y Couto, W. (1990). Manejo de Tierras en Latino América y el Caribe. Problemas Técnicos y Prioridades. Memorias del XI Congreso Latinoamericano de la Ciencia del Suelo. La Habana. En Prensa.
  4. Castro Díaz-Balar, F. (2003). Ciencia, Tecnología y Sociedad "Hacia un desarrollo sostenible en la Era de la Globalización". Editorial Científico-Técnica, Cuba
  5. Cedeño G., B. (1999). Diseño curricular con alternativas profesionales en la Carrera de Agronomía. Tesis en opción al grado de Doctor, Cuba
  6. Claverón, R. (1996). Perspectivas de la investigación para la producción orgánica. I Forum Nacional de Agricultura Orgánica. p: 1-4. Cuba.
  7. Cruz, O. ; Marrero, P. Herrera, M. ; García, L. (2005). Selección de textos sobre Ecología.
  8. Diéguez B., Raquel (2001). Un modelo del proceso de solución de problemas matemáticos contextualizados en la matemática básica para la carrera de agronomía. Tesis en opción al grado de Doctor, Cuba
  9. FAO. Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (1983). El Reciclaje de Materias Orgánicas en la Agricultura de América Latina. 253 p.
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  11. FAO (1993). Educación Agrícola Superior: La urgencia del cambio. Serie Desarrollo Rural No. 10. 98 p.
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  17. *Ramírez C., R. (1998). La agricultura hacia el siglo XXI en el marco de la crisis ambiental. Universidad de los Llanos Orientales, Villavicencio-Meta, Colombia
  18. Rivas, L. A. C. y E. Arends (1990). Biomasa y contenido de nutrientes del Brosimum alicastrum y Pooteria anibaefolia en la reserva forestal de Caparo, Estado de Barinas. Revista Forestal Venezolana. 14(34): 29-44.
  19. Rivero, Carmen y J. Paolini (1995). Efecto de la incorporación de residuos orgánicos sobre la evolución del CO2 de los suelos venezolanos. Rev. de la Facultad de Agronomía. 21 (1-2): 37-49.
  20. Rodríguez F. Pedro (2005). Edafología y Agrobiología. Diplomado en soporte digital. UO, Santiago de Cuba.
  21. Rodríguez F. Pedro (2006). Evaluación del Impacto Ambiental en la Producción Agrícola. Diplomado en soporte digital. UO, Santiago de Cuba.
  22. Santa Regina, I. y J. K. Gallardo (1989). Ciclos biogeoquímicos en bosques de la Sierra de Bejar (Salamanca-España). Options Mediterranéennes. Serie Seminaires. 3: 147-149.
  23. Van der Weid, J. M. (1994). Agroecología y Agricultura Sustentable. Agroecología y Desarrollo. (7): 9-10.

 

 

 

Autor:

Dr. C. Pedro Antonio Rodríguez Fernández

Departamento Agropecuario, Facultad de Ingeniería Química

Universidad de Oriente, Santiago de Cuba, CUBA


Partes: 1, 2


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