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Un Tribunal austríaco condenó el 20 de febrero 2006 al historiador británico David Irving a tres años de prisión por negar el holocausto y la política de exterminio nazi durante la IIª Guerra Mundial, un revisionista histórico que expone sus tesis medio siglo después y contrariamente a la evidencia histórica del asesinato sistemático del pueblo judio europeo entre 1939-45. Asimismo, las acusaciones vertidas por Daniel Goldhagen desde hace una década incurren en similar negación de la persecución ideológica que sufrió la Iglesia Católica en Europa durante la IIª Guerra Mundial, hasta el extremo de afirmar que también es co-responsable de los crimenes cometidos, cuando en realidad los obispos alemanes y los familiares de las víctimas no escatimaron esfuerzos en denunciar desde su inicio el genocidio en los hospitales psiquiátricos de Alemania.
Cabe recordar "La Rosa Blanca", grupo de resistencia contra el nazismo que utilizó su mejor arma, la palabra, para intentar abrir los ojos a la sociedad alemana sobre la barbarie del régimen nacionalsocialista; en seis octavillas lo denunciaban claramente, tomando posiciones contra las deportaciones de los judíos. Tres de ellos fueron decapitados el 22 de febrero de 1943 en la cárcel de Munich; otros dos fueron ejecutados el 13 de julio del mismo año; el último de ellos, el 12 de octubre. De los seis, cinco eran jóvenes estudiantes, de entre 20 y 25 años, y el sexto, uno de sus profesores. Mons. Helmut Moll, de la archidiócesis de Colonia, consultor teológico en la Congregación para las Causas de los Santos, señaló: "Si tuviera que proponer para la JMJ - Jornada Mundial de la Juventud de Colonia del 2005 un modelo de santidad, elegiría a los jóvenes de la "Rosa Blanca", estudiantes ortodoxos, protestantes y católicos de Munich que en 1942 lucharon para defender ante el nazismo la dignidad del hombre y de la religión" (…) "Eran jóvenes ricos en fe, con una profunda visión ecuménica…".
A la historia del grupo de estudiantes que fueron condenados a muerte por su oposición al régimen nacionalsocialista, hay que unir las personas que denunciaron los horrores del régimen de Hitler en la propia Alemania nazi, como el pastor protestante Dietrich Bonhoeffer, y Monseñor Clemens August von Galen, Obispo de Münster, más conocido como el "León de Münster", por la manera en que alzó su voz contra Hitler, que el 3 de abril de 1941, denunciaría los asesinatos sistemáticos cometidos en los hospitales psiquiátricos, revelando detalles sobre la manera en que eran asesinados los enfermos en casas especialmente preparadas para ello y la forma en que se comunicaban noticias falsas a sus seres queridos sobre su fallecimiento.
El obispo condenó con fuerza estos hechos, definiéndolos como auténticos delitos, y pidiendo que se castigara a sus responsables. La falta de respeto por la vida humana que denunció, llevaría a la eliminación física de todas las personas consideradas discapacitadas para el trabajo, como los enfermos graves, los ancianos, los soldados heridos que regresaban del frente; etc …
Esta denuncia fue también secundada por los Obispos de Fulda y Limburg. Las homilías causaron una profunda conmoción entre la población civil y entre los soldados alemanes que combatían en el frente. Los jefes nazis reaccionaron con violencia: algunos pidieron incluso que Monseñor von Galen fuera ahorcado, acusado de alta traición. Sin embargo, para no crear malestar entre la población civil de esa importante región ni entre los numerosos soldados católicos, Hitler decidió emitir una orden suya el mismo 3 de agosto de 1941 para bloquear oficialmente la ejecución del programa de eutanasia, aunque continuó de forma clandestina.
Hasta entonces, entre enero de 1940 y agosto de 1941, el programa había causado ya unos cien mil muertos entre los internos de establecimientos psiquiátricos alemanes; el número de víctimas correspondía aproximadamente al objetivo fijado por los organizadores en 1939: uno de cada diez pacientes de hospitales psiquiátricos debía ser "eliminado por la acción". En los años sucesivos, y por orden oficiosa de Hitler, se siguió aplicando a unos 30.000 pacientes más y aunque en algunas situaciones particulares el programa oficial no se reanudó permaneciendo cerrados algunos sanatorios, continuó de forma encubierta en la mayoría de sus operaciones. El Obispo de Münster, Monseñor von Galen, por sus esfuerzos a favor de la población civil alemana y judía fue nombrado Cardenal por el estado Vaticano, y recientemente fue beatificado el 9 de octubre de 2005 por el Papa Benedicto XVI.
Asimismo, cabe señalar que fue a partir del 24 de agosto de 1941, que Adolf Hitler decidió continuar con el programa de eutanasia que se había iniciado con la acción T4 (el lugar de la central, situada en el número 4 de la calle Tierganten de Berlín) y clave 14 f 13 por orden del Führer a 1 de septiembre de 1939, de modo que se aplicaran ejecuciones en masa en los campos de concentración y exterminio.
Se puede encontrar en detalle las operaciones en las estaciones de eutanasia (o centros de exterminio) con fecha 1 de septiembre de 1941 en el sumario T 1021, Rollo 18 del Tribunal de Nuremberg.
La eutanasia se debe condenar sin reservas porque es un asesinato, es la psicopatía de una civilización amenazada por si misma ... Psicopatía (psykhé: alma, que da vida, ...; pathos: enfermedad, ...) : transtorno de la afectividad, confusión entre el bien y el mal, ...
Sumario.
El 30 de enero de 1933, el Presidente Hindenburg nombra a Adolf Hitler, líder del NSDAP, Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei (Partido Obrero Alemán Nacional Socialista) Primer Ministro (en alemán: Canciller del Reich) de Alemania, en coalición con el Partido Católico de centro, hecho de una envergadura política y trascendencia social en el futuro de Europa que conducirá a la extendida concepción sobre la implicación de la Iglesia Católica en la subida al poder del movimiento nacionalsocialista en Alemania y su posterior desarrollo del régimen nazi, cuando en realidad meses después y sin utilizar los medios democráticos que habían permitido la subida al poder del partido nacionalsocialista se produce un golpe de estado interno en la conocida "noche de los cuchillos largos" (1934) en que se depuraron todos los mandos del sector izquierdista de las tropas de asalto o SA, hecho de gran significación política que es la que realmente explica el posterior desarrollo ya sin oposiciones del aparato ideológico interno que permitirá instaurar el régimen del terror en Alemania y al que se opone la Iglesia Católica de forma tajante y concreta.
Sin embargo, es la situación previa la que se debe examinar para explicar
lo sucedido en etapas precedentes, tomando como punto de partida y factor detonante
la publicación tras la Iª Guerra Mundial de la monografía del
jurista, Karl Binding, y el psiquiatra, Alfred Hoche; "Die Freigabe der Vernichtung
lebensunwerten Lebens" (La liberación de una vida sin valor mediante
la aniquilación) , 1920, sobre la muerte dada intencionalmente, reputada
por medio de técnicas médicas, y que adoptaría la cúpula
de la cancillería como principio rector desde el momento de la proclamación
del IIIer. Reich (1933-45) que con la llegada del nazismo al poder, desencadenaría
en Alemania un debate público sobre la eutanasia; es en la revista "Ethik"
donde sus partidarios, se refieren frecuentemente a la "Tötung" de Karl
Binding (1841-1920) y Alfred Hoche (1865-1943). El mismo Dr. Hoche hasta 1943
en que se suicida interviene activa y personalmente en el debate seguido de
cerca por la Administración y el Estado nazi.
Klaudia Schank y Michel Schooyans, traductores del alemán del dossier
Binding-Hoche (Éditions Le Sarment, 2002. Paris) señalan que la
exigencia era liberalizar la destrucción de una vida indigna de ser vivida.
Podemos afirmar sin lugar a dudas que ambos autores prepararon a los burócratas,
a los médicos y psiquiatras no solamente para la aceptación, sino
también para la ejecución de las muertes en masa a partir de 1939,
e incluso antes, sin la intervención de la iglesia católica alemana
que a través de sus obispos de Münster, Fulda y Limburg se mostraría
contraria a los crimenes documentados en los informes del Tribunal Militar de
Nuremberg y procesos posteriores, en los que insistimos no aparecen acusados
o inculpados en ninguno de sus casos altos responsables eclesiásticos.
Por ello, partimos de los informes del Dr. Alexander Mitscherlich y los procesos
de Nuremberg, que fueron objeto de censura por los gremios médicos de
Alemania durante más de una década, es decir, de su análisis
sobre los fundamentos del comportamiento colectivo que condujeron en la práctica
a la planificación de crimenes en los hospitales psiquiátricos,
a la eutanasia y los campos de concentración y exterminio.
También partimos de las importantes tesis contrarias a Daniel Goldhagen, y que han sido defendidas durante décadas por el profesor emérito en Ciencias Políticas por la Univ. de Vermont (EE.UU.), fundador de la Cátedra de Estudios sobre el Holocausto, Raul Hilberg, autor del libro "La destrucción de los judíos europeos" (Yale, 1961), que apareció publicado inmediatamente al libro "Medicina sin Humanidad" del Dr. Alexander Mitscherlich (Frankfurt, 1960); coincidiendo ambos en el tiempo con el procesamiento del organizador del holocausto, Adolf Eichmann, entre los nazis mas célebres (cuya captura se debe a las investigaciones de Simón Wiesenthal), secuestrado en Argentina en mayo 1960 por los servicios secretos israelíes del Mossad y luego juzgado en Israel.
Desde los primeros años del régimen nazi circularon en Alemania rumores que afirmaban la existencia de planes de exterminio sistemático de la población "poco productiva". En octubre de 1939, en plena campaña de inicio de la IIª Guerra Mundial, Hitler ordenó las "matanzas de misericordia" de los enfermos y minusválidos; así se pasó de la esterilización compulsiva de discapacitados cuyos males se consideraban hereditarios -enfermos mentales, pero también ciegos, sordos, un vasto campo indefinido de "débiles mentales congénitos" y de "asociales"- a su eliminación.
Durante el verano de 1939, el médico privado de Adolf Hitler, Theo Morell –desde 1936 hasta su suicidio en 1945-, había redactado un informe en el mismo sentido, basándose en una encuesta realizada a principio de los años de la década de 1920 entre los padres de niños con discapacidades importantes, y que concluía que la mayoría de ellos aceptaban que "la vida de su hijo se abreviara sin sufrimiento". Algunos decían incluso preferir no decidir ellos mismos la suerte de su hijo: más valía que un médico tomara las decisiones necesarias. A partir de lo cual Morell preconizó, en caso de eutanasia, la renuncia al consentimiento explícito de la familia, el mayor disimulo posible del asesinato del enfermo y, en términos más generales, la utilización del "prefiero-no-saberlo". Las víctimas fueron pues rápidamente transferidas de un establecimiento a otro, con el fin de hacer más difíciles las búsquedas de allegados inquietos, y luego siendo asesinadas en los centros de ejecución. Las familias recibían entonces el anuncio del deceso, imputado a una causa inventada, así como se efectuaba la incineración del difunto para evitar posibles exhumaciones y autopsias que inculparan a sus ejecutores. Pese a estas precauciones, el secreto del asesinato de los enfermos se divulgó, en especial entre el personal de los asilos y en los alrededores de los lugares de ejecución.
Asimismo el Dr. Morell explicaba: "50.000 retardados mentales que cuestan (al Estado) 2.000 marcos por año, unos 100 millones anuales, al 5 por ciento de interés, esa suma implica una reserva de capital de 200 millones. Algo debe significar esto para quienes han perdido el sentido de los números por el periodo de inflación".
Bajo el código "Aktion T4", el programa de eutanasia diseñado para eliminar "vida indigna de vivir" se concentró en los recién nacidos y niños muy jóvenes; este asesinato masivo fue encubierto administrativamente y decretado secreto de Estado. Los médicos y comadronas fueron obligados a registrar a los niños hasta los tres años de edad que tuvieran síntomas de retardación mental, deformaciones físicas, u otros síntomas incluidos en un cuestionario del Ministerio de Salud.
Las decisiones sobre si un niño se consideraba digno de vivir, se hicieron por tres expertos médicos solamente en base a los cuestionarios rellenados. Ni se llevaron a cabo exámenes, ni se consultaron las historias clínicas. Cada uno de los expertos puso el símbolo "+" en color rojo, o el símbolo "-" en color azul en un formulario especial en la categoría denominada "tratamiento". El "+" rojo significaba la decisión de matar al niño, el "-" azul votaba en favor de dejarlo vivir. Con tres símbolos "+" rojos acumulados se tomó la decisión en favor de la eutanasia. El niño en cuestión era trasladado a un 'Departamento Especial de Niños', donde lo mataban por inyección tóxica o por inanición gradual. Las decisiones de los expertos se tuvieron que tomar de forma unánime. En los casos de falta de unanimidad se postergaba la decisión de matar al niño hasta llegar a una posterior decisión unánime que siempre llegaba.
Rápidamente, el programa nazi de eutanasia empezó a incluir entre las primeras víctimas, a niños de hasta tres años que tuvieran síntomas de retardación mental o deformaciones físicas. Pronto incluyó a minusválidos adultos. Más tarde el Ministerio de Salud distribuyó cuestionarios en hospitales e instituciones para aplicar la eutanasia a los enfermos crónicos. Se indicaron los pacientes sufriendo bajo esquizofrenia, epilepsia, demencia senil, parálisis, enfermedades sifilíticas, retardación, encefalitis, u otras condiciones neurológicas. También se extendió a los mentalmente criminales, o los que no disponían de nacionalidad alemana o de sangre alemana, que incluían judíos, negros, y gitanos.
Asimismo, se aplicó a todos los enfermos que permanecieran más de cinco años en hospitales o instituciones psiquiátricas. Muchos hogares para la tercera edad fueron vaciados, otros ancianos y discapacitados fueron sencillamente sacados de sus casas y asesinados. Hitler aprobó un programa de eutanasia cuidadosamente preparado por los científicos nazis. La Universidad de Freiburg había publicado "El permiso para destruir la vida indigna", donde se defendía a los pacientes que "pedían ayuda de muerte", presentando la eutanasia como una solución compasiva a un problema doloroso. El ministerio nazi de Justicia definió el proyecto "como lo que haría posible para los médicos acabar con las torturas de pacientes incurables, en los intereses de verdadera humanidad". Y, sobre todo, "el dinero previamente consagrado al cuidado de la vida sin sentido, redundaría en personas alemanas, y ya no se tiraría con el inválido, el incurable y aquellos en el umbral de la vejez".
Un total de seis centros de matanza se establecieron en centros de tortura y asesinato, entre ellos la más conocida clínica psiquiátrica de Hadamar. Un miembro del SS, el Kommissar Christian Wirth y apodado "El Christian Salvaje", lideró el programa de eutanasia.
En el estado de Brandenburg una antigua prisión fue convertida en un centro de matanzas, donde los primeros gaseamientos nazis se experimentaron. Las cámaras de gas se camuflaron de duchas públicas. En realidad fueron cámaras herméticamente selladas, conectadas a cilindros de monóxido de carbono. En general, los pacientes se tranquilizaron antes de desnudarlos y llevarlos a las cámaras de gas. En cada uno de los centros de matanza había un crematorio para incinerar los cadáveres. A las familias de los muertos se les informaba falsamente de la causa de la defunción del paciente, es decir, su deceso por una enfermedad letal, como ataque al corazón o pneumonia. Pero el porcentaje elevado de los casos de muerte entre los minusválidos y los humos pestilentes y claramente visibles encima de los centros de matanza o mataderos de seres humanos evocó sospecha y espanto entre la población local. Se dice que los niños de las poblaciones aledañas de Hadamar saludaban a los "pacientes" nuevos en la estación de autocares con frases como "¡Aquí hay unos más para gasearlos!".
En 1941, en la Alemania nazi, la eutanasia se convirtió simplemente en "una rutina del hospital normal".
Por otra parte, desde 1933 los nazis empiezan a establecer campos de concentración en territorio alemán: Dachau cerca de Munich, seguido por Buchenwald cerca de Weimar, Sachsenhausen cerca de Berlín, y Ravensbrück para mujeres. Aunque en todos los campos de concentración que se convertirán en verdaderos centros de exterminación se hayan cometido atrocidades increíbles, el nombre de un lugar se ha quedado en la memoria de la gente de manera especial: Auschwitz, en el pueblo polaco de Oswiecim.
Los nazis utilizaban insignias triangulares para identificar a los reclusos de los campos de concentración. Los colores y los significados fueron los siguientes: Amarillo (judío), Marrón (gitano), Violeta (testigo de Jehová), Rosado (homosexual), Verde (criminal habitual), Rojo (prisionero político), Negro (antisocial), Azul (emigrante); la categoría "antisocial" incluía a prostitutas, vagabundos, asesinos, ladrones, lesbianas, y los que habían violado las leyes que prohibían las relaciones sexuales entre arios y judíos.
Los expertos en eutanasia, que antes elegían los pacientes a ser eliminados, desplazaron su actividad hacia otros grupos de víctimas: a partir de la primavera de 1941, seleccionaron prisioneros de los campos de concentración -sobre todo minusválidos y judíos- para ser llevados a las cámara de gas. Más adelante, los asesinos del "Aktion T4" operaron en los centros de exterminio de Belzec, Sobibor y Treblinka, cuyos comandantes sacaron provecho de su experiencia en materia de utilización de las cámaras de gas para el genocidio judío. Aparte de sus conocimientos prácticos y organizativos, los "T4" transfirieron de la eutanasia a la "solución final" su experiencia en el manejo de la opinión pública.
La liquidación de los enfermos mentales, en primera instancia, enseñó al régimen nazi algo esencial: ese genocidio no había quebrantado esencialmente la lealtad de la población. Por otra parte, las estructuras y el personal que había pasado la "prueba" del asesinato de los minusválidos participaron acto seguido del "holocausto" judío.
Las corrientes historicistas que han estudiado el holocausto contrastan desde
puntos de vista enfrentados el periodo en que se organizó y desarrolló
el genocidio de los judíos, con independencia de los revisionistas que
niegan toda evidencia histórica de la existencia de una política
dirigida a la exterminación total del pueblo judío en Europa durante
el IIIer. Reich (1933-45), los intencionalistas, se reafirman en la idea de
que el genocidio estaba presente en el programa político de Adolf Hitler,
desde la publicación de su libro "Mein Kampf" (Mi lucha) y que por tanto
tiene su origen en 1.919-20; y los funcionalistas, sostienen que el genocidio
se desarrolló en medio de la pugna entre sectores de poder del sistema
nazi que abarca tres periodos claramente definidos, 1º. 1920-33; 2ª. 1933-39;
3ª. 1939-45. A continuación, desarrollamos a partir de la bibliografía
de Dominique Natanson , "El Holocausto : un crimen contra la humanidad"
(Mémoire Juive et Education. Des textes, des témoignages, des
documents sur la Shoah. 2005, traducido por Pilar Rivero y Fernando Hernández),
los diferentes enfoques que han analizado el holocausto a través de la
historia.
1. Los partidarios de David Irving y el revisionismo se reafirman en
la negación del genocidio judío y el holocausto.
Paul Rassinier (1950) en respuesta a las afirmaciones sobre la existencia de
cámaras de gas será apoyado por la extrema derecha, dando inicio
a los primeros revisionismos históricos que tienen en común la
absolución del régimen nazi, que traslucen en su abrumadora mayoría
y hacen patente con absoluta impunidad la negación del horror sobre el
exterminio judío y su especificidad, y ponen en evidencia el transtorno
mental que sufren aquellas personas que se atreven a atestiguar la realidad
del holocausto sin poner en duda su veracidad.
La falta de conciencia y penitencia de los historiadores revisionistas constata
una vez más la anestesia moral ante las atrocidades cometidas, como es
el caso del lingüista Noam Chomsky o del filósofo Jean Beaufret,
que asumieron la defensa de Robert Faurisson y de otros revisionistas posteriores,
que evidenciaron la incapacidad de la sociedad para juzgar los crímenes
contra la humanidad que aniquilaron entre cinco y seis millones de seres humanos
("Les redresseurs de morts", Nadine Fresco. Les Temps Modernes, 1980; L´Avenir
d´une negation, Alain Finkielkraut. Editions du Seuil, 1982; ...).
2. Los historiadores como Daniel Goldhagen y el intencionalismo, exponen
que el surgimiento de la solución final del problema judío tiene
origen en la retórica de Adolf Hitler que en diferentes periodos entre
1933-45, pone de manifiesto en sus discursos una linea de pensamiento dirigida
a la aniquilación del judaismo europeo.
Adolf Hitler es considerado por los intencionalistas como el único artífice
y estratega con autoridad que determinó el curso de la solución
final, el Fürher abonó el terreno para el exterminio masivo en septiembre
de 1.939, durante la invasión de Polonia. La aniquilación de los
judíos y la guerra en europa proporcionaron a Adolf Hitler la cobertura
necesaria para cometer los asesinatos en masa sin reglas de moral o códigos
de ética.
Asimismo, desde septiembre de 1.939 se desarrolló una guerra de conquista
por el control de materias primas y la construcción del IIIer. Reich;
con una confrontación decisiva contra los judíos y los pueblos
europeos que eran una amenaza para la consecución de sus planes.
El exterminio en masa a escala europea, a mediados de 1.941, es la confirmación
que deriva de las ideas de Adolf Hitler sobre los judíos que había
expresado en 1919-20 en su libro "Mein Kampf", ideario y programa político
dirigido a la aniquilación de los enemigos de Alemania tras la repartición
de la Iª Guerra Mundial. De este modo, formulados los planes y logrados sus
objetivos ideológicos, se inició la destrucción de los
judíos europeos.
Tomando la expresión del historiador británico Tim Mason, Chistopher
Browning fue el primero en calificar de intencionalista esta interpretación
que pone el acento sobre el papel desarrollado por Adolf Hitler en la puesta
en ejecución del principal objetivo de exterminio masivo (Michael Marrus:
L´Holocauste dans l´Histoire. Eshel, 1990).
3. Los historiadores como Raul Hilberg y los funcionalistas, enfrentados
a la corriente revisionista e intencionalista, marcan la evolución de
los objetivos nazis, en el compás de espera de los acontecimientos de
la política alemana que se suceden desde la subida al poder de Adolf
Hitler en 1933 hasta su suicidio en 1945, en función de las transformaciones
sociales, políticas, económicas del país, y el desarrollo
de sus mecanismos internos durante el IIIer Reich que propiciaron la persecución
ideológica contra los judíos y posteriormente su destrucción.
El enfoque funcionalista de Martin Broszat, Hans Mommsen y otros ponen en cuestión
la idea de que la evolución del IIIer Reich fuera el resultado de la
aplicación de un plan preestablecido en "Mein Kampf", enunciado y preparado
con minuciosidad durante el periodo previo a la toma del poder, en 1933. Por
esta razón, rechazan de hecho que el programa hubiera podido imponerse
sin causar estragos en la sociedad alemana, con amplios sectores contrarios
a los planes que se fueron sucediendo y que simultáneamente fueron siendo
apartados del poder o aniquilados como en "la noche de los cuchillos largos"
(1934).
El postulado de base de los intencionalistas que sostiene que Adolf Hitler
fue el factor determinante del sistema criminal puesto en funcionamiento por
los nazis, a través del uso de la violencia y la imposición de
su autoridad, que arranca de un hilo conductor desde 1919-20 y que alcanza su
apogeo entre 1933-45, se enfrenta a las tesis defendidas por los partidarios
del enfoque funcionalista que retoman y desarrollan una idea sugerida en 1942
por el sociólogo exiliado Franz Neumann, y que apunta a la idea de que
lejos de conformar un bloque, el régimen nazi estaba sometido a fuerzas
políticas que constituían su especificidad.
El aparato burocrático del partido nacionalsocialista, sus organizaciones
profesionales y culturales, el ejército y las fuerzas armadas, el potencial
económico de las empresas alemanas se unieron para constituir la organización
de una sociedad que escapaba al control del estado.
La interpretación funcionalista por una parte, afirma que el sistema
nazi se construyó sobre la dinámica del movimiento nacionalsocialista
y que la solución final no puede ser el punto de arranque de un análisis
retrospectivo como así ocurre en la corriente intencionalista, es necesario
un examen del IIIer. Reich sujeto a los cambios que se suceden producidos durante
la historia que se trata precisamente de analizar.
El nacionalsocialismo además de un sistema rígido y hermético,
experimentó la anarquía militar hasta la culminación del
intento de asesinato del Fürher; en transformación permanente y
con el revulsivo de fuertes rivalidades entre las diversas fuentes de poder,
la función principal de Adolf Hitler, era la de garantizar el sistema.
En conclusión, la voluntad personal de Adolf Hitler era un factor menos
determinante que el cargo que desempeñaba como Führer, apoyado en
un aparato de propaganda con el objetivo de movilizar a los diferentes estratos
nacionales y sociales mediante el terror, la persuasión y la exclusión
para legitimar un régimen cuyos mecanismos internos escapaban a sus dirigentes.
Los historiadores de la corriente funcionalista se han mostrado con lógica
y coherencia para estudiar la génesis de la solución final, convirtiendo
este enfoque en el más apropiado para explicar los procesos de decisión
y los complejos sistemas de aplicación en la disyuntiva sobre la exterminación
del pueblo judío.
El papel desempeñado por Adolf Hitler se debe examinar en función
de otras instancias de decisión centrales o locales, que determinaron
la influencia decisiva de su política entre 1933-45.
El factor determinante una vez efectuada la deportación y la concentración
a gran escala de las poblaciones judías del este, y en particular de
los judíos polacos, los responsables nazis, especialmente los de la Polonia
ocupada, se encontraron ante una situación que la invasión de
la URSS, agravó en junio de 1.941, y que el avance de las tropas alemanas
en el frente oriental volvió aún más crítica.
La decisión de exterminar en masa a los judíos, sería el
resultado de una conjunción de factores: el discurso ideológico
de Adolf Hitler desde 1919-20, las divergencias de los aparatos burocráticos
que permiten alcanzar el poder al nacionalsocialismo en 1933, las pujanzas radicales
resultantes que provocan la eclosión de la IIª Guerra Mundial en 1939,
y la anarquía militar en una situación que escaparía a
su control y llegaría a su fin en 1945 (Henry Rousso, prefacio a Norbert
Frei, L´Etat hitlerien et la société allemande. Le Seuil, 1994)
cuando se suicida Adolf Hitler en el bunker de Berlin ante la inminente derrota
de las tropas alemanas.
En conclusión, siempre hay un cronista, incluso en los tiempos de oscuridad,
y si el periodo más oscuro de la historia reciente es el que vió
el auge y caída del IIIer Reich alemán, su cronista tiene el nombre
de Viktor Klemperer que en su libro autobiográfico expone a través
de un glosario de términos la concepción del lenguaje del IIIer.
Reich, que junto al enfoque funcional de Raul Hilberg (enfrentado a la corriente
intencional de Daniel Goldhagen y revisionista de David Irving), tiene su traducción
en la Tötung de Binding-Hoche, una de las explicaciones de la "anestesia
moral" que diagnóstico Víctor von Weizsäcker en los
inculpados durante los procesos de Nuremberg que fue determinante en el pueblo
alemán durante el IIIer. Reich (1933 - 45) y que podemos afirmar sin
lugar a dudas que arranca de la monografía publicada por ambos autores
en 1920 y constituyó el principio rector de la Cancillería del
Führer a partir de 1933.
Se trata pues de una alteración psicológica individual que tiene
su origen en el debate sobre la concepción de la eutanasia o el asesinato
por medio de técnicas médicas, que arranca en 1920 con la Tötung
de Binding-Hoche y que adquiere carácter de delirio colectivo a partir
de 1933 cuando se instaura en la ética del poder y a través de
su acción política ejerce influencia sobre las masas sociales
que incorporan de forma paulatina el discurso de sus líderes políticos
sobre la necesidad de destrucción hasta la eclosión de la IIª
Guerra Mundial en 1939, existe pues una intención genocida inicial que
llega a tener su fuerza, su lógica y su inevitabilidad por medio de un
proceso social en el que juega un papel fundamental por supuesto el lenguaje
de los verdugos con un salto cualitativo capital cuando la sociedad en general
asume como propia su función principal de aniquilación, que durante
la IIª Guerra Mundial no se sentirá responsable de sus actos y se limitará
al deber de cumplir con las órdenes recibidas, y que buscará el
reconocimiento por su labor sin culpabilizarse de las atrocidades cometidas,
abonando el terreno para la "anestesia moral" y la perpetración
de uno de los mayores crimenes contra la humanidad del siglo XX, citando al
Dr. Alexander Mitscherlich, la falta de sentimiento de culpa y arrepentimiento
tras de los sucesos acaecidos.
1. Informe del Dr. Alexander Mitscherlich sobre los procesos de Nuremberg.
En el Informe del Dr. Alexander Mitscherlich sobre los procesos de Nuremberg se constata la participación e intervención de grupos de planificación de los crímenes (Alexander Mitscherlich/Fred Mielke (eds.): Medizin ohne Menschlichkeit. Dokumente des Nürnberger Ärzteprozesses, Frankfurt 1960, p. 19, 183 y 375), tal como constata Rainer Huhle en su documento "Los Médicos Contra La Humanidad" aparecido en el Seminario Internacional: "Impunidad y sus Efectos en los Procesos Democráticos" (Santiago de Chile, 14 de diciembre de 1996), 50 años después del holocausto judío.
En su contexto histórico y gracias a la iniciativa de Víctor von Weizsäcker, se fundó la Psychomatischen Universitälsklink (clínica universitaria de la Universidad de Heidelberg) en Alemania Federal, bajo la dirección del Dr. Alexander Mitscherlich, profesor y director de la misma y quien más tarde sería conocido como autor de libros importantes como "La incapacidad del duelo", "Los fundamentos del comportamiento colectivo", etc ... quien había recibido poco tiempo antes y por parte de la Asociación de los gremios médicos de Alemania el encargo de observar el proceso de los médicos en Nuremberg. Luego, el Dr. Alexander Mitscherlich, junto con su asistente, redactó un informe amplio que entregó a la Asociación en cuyo nombre había asistido a las sesiones del juicio.
En sus escuetos comentarios, se mostró asombrado por la dimensión
de los hechos aberrantes que habían sido cometidos por personas de alto
rango y prestigio sobre quienes nadie hubiera sospechado que hubieran podido
ser capaces de tales crímenes. Lo que aún le asombraba más,
era la falta de conciencia y de penitencia después de los hechos.
El Tribunal Militar Internacional (TMI) desarrolló su orden de sesiones
entre el 18 de octubre de 1945 y el 1 de octubre de 1946, y el primero de los
12 procesos posteriores fue el juicio de doctores en Nuremberg, se desarrolló
del 9 de diciembre de 1946 al 20 de agosto de 1947, hasta en las últimas
ediciones de su documentación sobre el juicio penal condenatorio de Nuremberg,
no sólo los acusados, sino también el mismo gremio profesional
por cuyo mandato había escrito su informe el Dr. Alexander Mitscherlich,
en la práctica lo desconoció. Ante la reticencia de buena parte
de los médicos asociados, y la negación abierta de los terribles
hechos revelados en el juicio por algunos profesionales, la asociación
silenció su propio informe. Los 10.000 ejemplares impresos desaparecieron
de manera misteriosa.
Tal como él mismo afirmó : "En ninguna parte se dió a
conocer el libro, no hubo ninguna reseña, ninguna carta de lector; entre
las personas que conocimos en los diez años siguientes no hubo ni una
que sabía del libro - era un misterio, como si jamás se hubiera
publicado el informe," esto lo escribió años más tarde
él mismo en la presentación de la primera edición de bolsillo
que finalmente, en 1960 llegó a un público amplio.
Pero no fueron aquellos médicos que habían mantenido intacta su
conciencia humana y la vigencia de las normas éticas de su profesión,
quienes dominaron el discurso profesional después de la derrota del nacionalsocialismo,
ni mucho menos llegaron a posiciones claves en sus gremios respectivos. Mientras
fue callado el informe sobre el proceso de Nuremberg - marcado de una búsqueda
de comprender lo que había pasado -, entre la gran mayoría de
los médicos reinaba un compañerismo y un espíritu de cuerpo
en que la ética y la justicia no tenían lugar, y menos la conciencia
y la consideración de las víctimas.
La postura del Dr. Alexander Mitscherlich en su informe "Medicina sin Humanidad"
(Medizin ohne Menschlichkeit) aludiendo precisamente a la medicina del IIIer.
Reich, coincide con la argumentación sobre la "anestesia moral"
frente a los sufrimientos de las víctimas de la eutanasía que
Víctor von Weizsäcker diagnosticó en 1947, para los médicos
que colaboraban con los nazis, y que emplea cuando, enfrentado a comentar el
juicio de Nuremberg sostiene que en el banquillo de los acusados no se acoge
a personas sino a una forma de medicina que había olvidado y ahogado
la relevancia moral (y que se perpetuó después de la guerra a
través de la complicidad con los culpables, inclusive con algunos criminales
de primer rango).
Al mismo tiempo que se ocultaba la verdad sobre la vergonzosa participación
activa de importantes miembros de la profesión médica en los crímenes
nazis, a los pocos años de la fundación de la República
Federal de Alemania, varios médicos involucrados con el régimen
fascista y partícipes de algunos de sus crímenes más atroces
llegaron nuevamente a puestos claves del sistema de salud y de sus gremios.
La negación de la verdad tuvo como consecuencia inevitable el olvido
y la impunidad.
En los años sesenta y setenta, y en buena parte bajo el impacto del informe
del Dr. Alexander Mitscherlich ya publicado, una minoría de los profesionales
médicos tomó conciencia de la culpabilidad de sus colegas y de
la responsabilidad especial de su profesión, y como resultado en la actualidad
se dispone de una amplia bibliografía de investigación sobre el
rol de los profesionales del sector salud durante el nazismo, por eso merece
destacar la obra "La destrucción de los judíos europeos" de Raul
Hilberg publicado por la Universidad de Yale (USA) en 1961 porque es el primer
ejemplo claro que rompió con ese silencio, y después de decenas
de miles de publicaciones sobre la cuestión, es el libro de referencia
por excelencia. La bibliografía acumulada en los últimos años
sobre el tema es impresionante. Y no quedaron solo en la investigación
del pasado. Buscaron sacar las enseñanzas de las culpas para el presente.
La memoria de las atrocidades de los nazis fue un incentivo para enfrentar los
crímenes de la actualidad, no sólo para la generación de
los sobrevivientes. Y una nueva generación de médicos, inspirada
por personas excepcionales de la vieja generación, Richter y otros, se
dedicó al estudio sistemático de la complicidad médica
con los crímenes nazis.
En definitiva, fue un comité de especialistas médicos el que decidió sobre la técnica más eficiente del asesinato: la cámara de gas, y lo hicieron voluntariamente. Adolf Hitler, había asegurado las acciones de la campaña siniestra de "eutanasia" (Ernst Klee: "'Den Hahn aufzudrehen war ja keine große Sache. Vergasungsärzte während der NS-Zeit und danach", en: Dachauer Hefte 4, München 1988, pág. 5) y los grupos de planificación de los crímenes (Horst-Eberhard Richter: Medizin und Gewissen, discurso de apertura en el congreso : "Medizin und Gewissen", Nuremberg 25 de octubre, 1996, p. 6 del manuscrito).
En los procesos de Nuremberg es especialmente significativa la Declaración
del Dr. Konrad Morgen (19 de julio de 1946, SS (A) - 65 y 67), un oficial
de las SS que conoció muy bien la fase exterminadora del proceso de destrucción;
y por la que se deduce que las "estaciones de eutanasia" fueron una prefiguración
conceptual así como tecnológica y administrativa de la "solución
final" en los campos de concentración y exterminio, lo que se puede decir
que demuestra con evidencias que la monografía: "Die Freigabe der Vernichtung
lebensunwerten Lebens" (La liberación de una vida sin valor mediante
la aniquilación), 1920-22; de Karl Binding, abogado, y Alfred Hoche,
psiquiatra, publicada tras la sacudida de la Iª Guerra Mundial se podía
interpretar como una sugerencia de destrucción.
Sin embargo, hay que considerar que no es hasta el estallido de la IIª Guerra
Mundial, que Adolf Hitler firma una orden en la que otorgaba al jefe de la Cancillería
del Führer, Reichsleiter Bouhler (Orden de Hitler, 1 de septiembre de 1939,
PS-630) y a su propio médico personal, el Dr. Brandt, competencias ...
El acusado Karl Brandt testificó durante el juicio de doctores en Nuremberg,
constatando la intención de aplicar la directiva sobre "estaciones de
eutanasia" a los alemanes con afecciones mentales en los hospitales psiquiátricos.
Según los informes, en el verano de 1941, Himmler consultó con
el médico jefe de las SS (Reichsarzt-SS und Polizei), Gruppenführer
Dr. Grawitz, cuál sería la mejor forma de abordar la operación
de exterminación masiva, y Grawitz aconsejó el uso de cámaras
de gas ... La organización administrativa de este holocausto psiquiátrico
estaba en manos de la Cancillería del Führer, al mando de Bouhler.
El hombre encargado del programa era un subordinado de Bouhler, el Reichsamtsleiter
Brack ... Para los aspectos técnicos del proyecto, el Reichsamtsleiter
se procuró los servicios del Kriminalkommissar Wirth, jefe de la oficina
de la Policía Penal de Stuttgart ... El examinador psiquiátrico
jefe de los sanatorios era un médico de las SS, el profesor Werner Heyde.
Cada estación de eutanasia tenía su propio director médico.
El término "holocausto psiquiátrico", lo acuñó Peter Roger Breggin, "The Psychiatric Holocaust" (1979), ... Leo Alexander, "Medical Science under Dictatorship", New England Journal of Medicine 24 (1949), pp. 39-47, ya llamó a las estaciones de eutanasia, "killing centers" (centros de exterminio).
Transcribimos los datos reseñados en la exposición sobre "Auschwitz : objetivo final, el exterminio" organizada y realizada de diciembre de 1994 a enero de 1995 en la Universidad Johannes Kepler de Linz (su itinerario continuó en más lugares como por ejemplo en Mauthausen, en el monasterio de Seitenstetten, etc ...) cuyo preámbulo fue firmado y presentado por Simón Wiesenthal.
En el Expediente del Dr. Horst Schumann, el Reichsamtsleiter Viktor
Brack, el jefe de la oficina de la acción T 4 (en la que se practicaba
la eutanasia de los enfermos mentales, los enfermos crónicos, los judíos
y los así llamados asociales) pidió en 1939 al Dr. Horst Schumann
que participara como médico en esta acción de eutanasia, a lo
que Schumann accedió poco después. En enero de 1940 fue nombrado
jefe de la clínica de eutanasia de Grafeneck en Wurtemberg; allí
la eutanasia consistía en asesinar a las personas mediante gases de escape.
En el verano de 1940 fue nombrado director de la clínica Sonnenstein
cerca de Pirna en Sajonia.
Después de que Hitler hubiera ordenado oficialmente la aniquilación
de los así llamados "enfermos incurables", extendiéndola bajo
el nombre en clave "14 f 13" también a los presos de los campos de concentración,
Schumann formó parte de las comisiones de médicos que seleccionaban
a los presos incapacitados para trabajar así como a los presos extremadamente
débiles en los campos de concentración de Auschwitz, Buchenwald,
Dachau, Flossenburg, Groß-Rosen, Mauthausen, Neuengamme y Niederhangen,
para ser transportados a las clínicas de eutanasia, donde eran gaseados.
El 28 de julio de 1941 Schumann llegó por primera vez a Auschwitz, donde
seleccionó a 575 presos que fueron transportados a la clínica
de eutanasia de Sonnenstein cerca de Pirna, donde fueron asesinados. A partir
de agosto de 1941, las SS prosiguieron con su acción "14 f 13", ahora
a los presos enfermos se les inyectaba fenol directamente en el corazón.
Un año y medio más tarde, Schumann volvió a Auschwitz para
poner a prueba un método "económico y rápido" en el mismo
campo de exterminio (las cámaras de gas y hornos crematorios), ...
El "Dossier Binding-Hoche" sobre la obra del jurista, Karl
Binding, y el psiquiatra, Alfred Hoche; "Die Freigabe der Vernichtung lebensunwerten
Lebens", tuvo una edición en 1920; y otra en 1922. El Dr. Binding, nació
en Francfort-an-Main (1841), fue profesor de derecho y murió en 1920.
El coautor, Dr. Hoche, nació en Wildenhain (1865), fue profesor de psiquiatría,
y se suicidó en 1943.
Klaudia Schank y Michel Schooyans, traductores del alemán del dossier
Binding-Hoche como hemos señalado, además de confirmar la exigencia
de Binding y Hoche de liberalizar la destrucción de una vida indigna
de ser vivida, apuntan también que se otorgaron el derecho de juzgar
el valor de un ser humano y de relativizar su dignidad.
Según el jurista Binding, el hombre es el soberano de su vida. De donde
proviene la legitimación moral y jurídica del suicidio, lo que,
según Binding, conduce lógicamente a la liberalización
de la eutanasia. Esta liberalización, debe en primer lugar aplicarse
a la "eutanasia pura", que reemplaza simplemente la causa de una muerte por
otra, luego a la eutanasia de los enfermos incurables que piden con insistencia
ser librados de sus sufrimientos, y finalmente a la eutanasia de los deficientes
mentales. La decisión de proceder a la destrucción, tomada por
un Comité de Liberalización, se funda en un deber legal de compasión.
La eventualidad de una decisión tomada por error, casi no preocupa a
los autores. Hay tanta gente que muere por error que una persona más
o menos no pesa en el balance...
El psiquiatra Hoche, por su parte, desarrolla toda una argumentación
dirigida principalmente a justificar medicinalmente el homicidio de discapacitados
mentales. Para ello coloca a estos últimos en el mismo nivel que los
seres irracionales. Según Hoche, los discapacitados mentales no pueden
consecuentemente atribuirse un derecho subjetivo a la vida, y los caracteriza
sin dudar de faltos de existencia y de seres vacíos que representan una
carga para el Estado y deben ser eliminados.
La responsabilidad directa de estos universitarios en la elaboración y puesta en ejecución de los programas de exterminación de discapacitados, adultos y niños, no deja ninguna duda. De esta manera, abrieron ampliamente la vía al holocausto y a la banalización del "don de la muerte" por motivos políticos o ideológicos.
Con la llegada del nazismo al poder, se desencadena en Alemania el mencionado debate público sobre la eutanasia en la revista Ethik donde los diferentes protagonistas toman la palabra. Los partidarios de la eutanasia -entre los cuales destaca un teólogo llamado Rose-, se refieren frecuentemente a la obra de Binding y Hoche. El mismo Hoche interviene reiteradamente en la discusión hasta en sus mínimos detalles que la Administración y el Estado nazi asumen sin recelo prepararando a los burócratas, a los médicos y psiquiatras no solamente para la aceptación, sino también para la ejecución de las muertes en masa a partir de 1939, cuya concepción de la eutanasia, muerte dada intencionalmente reputada por medio de técnicas médicas (Sterbehilfe), tienen su origen y desarrollo sin lugar a dudas en la Tötung de Binding-Hoche, entre otras acepciones del vocablo utilizadas por los nazis en innumerables ocasiones.
Ofrecemos en extracto una breve descripción de "Los olvidados del nacionalsocialismo",
de José Antº García Marcos, Psicólogo clínico, XXXV
Premio de Historia de la Medicina (Fundación Uriach. Barcelona. España)
: La medicina sin rostro humano: "eutanasia" y experimentos
médicos durante el Tercer Reich (Medicina & Historia, nº 1, 2005,
cuarta época), que a esas víctimas olvidadas, que no tienen voz
va dedicado este artículo en el día de la memoria del genocidio
judío (27 enero 2006).
Auschwitz se ha convertido en el símbolo de la barbarie. Una fábrica
diseñada para que las SS hitlerianas, que llegaron a controlar el poder
del Estado por medios democráticos, exterminaran a todo un pueblo. Los
conocimientos científicos, industriales, organizativos, ideológicos,
propagandísticos, burocráticos, de transporte, etc ... se pusieron
al servicio del objetivo de hacer desaparecer al pueblo judío.
Los crímenes cometidos en Auschwitz, por su magnitud, no son actos de
barbarie que atañen solo al pueblo judío, sino que afectan a la
humanidad en su conjunto. Por eso, organizaciones internacionales como la ONU
o la Unión Europea han declarado el 27 de enero, aniversario de la liberación
de Auschwitz, el Día Internacional de la Memoria del Holocausto y la
Prevención de los Crímenes contra la Humanidad.
En la Alemania nazi, antes de que se produjera el holocausto judío, hubo
un plan minuciosamente elaborado para el exterminio de los enfermos mentales
que los psiquiatras consideraban que no tenían posibilidad de curación,
la practica de la "eutanasia" en cámaras de gas; el llamado
"Programa Gnadentod", "Muerte Compasiva" o "Muerte
Dulce", la aplicación de la eutanasia, ideado por Hitler a partir
de 1933 y aplicado mayormente de 1939 a 1941, y en años posteriores antes
del fin de la IIª Guerra Mundial con el fin de eliminar a discapacitados, "vidas
sin valor" (unlebenswertes Leben), en Alemania y sus territorios anexados.
Dichas vidas sin valor eran aquellos "enfermos insanables" (unheilbar
Kranken), es decir, entre otros, minusválidos, disminuidos psíquicos
y enfermos mentales. Este programa fue llevado a cabo por la Comisión
para la Curación y el Cuidado del Reich organizada por Heinrich Himler
y supervisado por el Reichsleiter Philip Bouhler, director de la Cancillería,
y el doctor Karl Brandt.
Adolf Hitler legitimó el programa de "eutanasia" autorizando
el genocidio judío mediante un breve texto que fechó con el inicio
de la IIª Guerra Mundial, el 1de septiembre de1939, contra los enfermos mentales
incurables.
El holocausto judío, fue perpetrado por las temibles SS, y el programa
de "eutanasia", fue pensado y ejecutado por catedráticos de
psiquiatría, por directores de manicomios y por médicos que tenían
la misión de abrir la llave del gas mortífero. Adolf Hitler insistió
en que la "Gnadentod" debía ser aplicada por médicos
y en instituciones sanitarias. Seis manicomios estatales vieron transformarse
sus salas de curas en cámaras de gas y de aquí los cadáveres
eran llevados a hornos crematorios. El manicomio de Hadamar, una pequeña
ciudad cerca de Fráncfort del Meno, representa para los enfermos mentales
lo que Auschwitz para los judíos, asesinatos en masa y exterminio de
los considerados indeseables ("Erbfeinde").
Con la "Aktion" T4, nombre encubierto que recibió el programa de "eutanasia",
se facilitó que el personal sanitario y los instrumentos de la matanza
(cámaras de gas y hornos crematorios), se instalaran en los campos donde
comenzaría el exterminio de gitanos y judíos.
Si Auschwitz debe ser transmitido a las nuevas generaciones para evitar su repetición,
Hadamar debería formar parte de las enseñanzas que reciben los
futuros médicos en las facultades de medicina. Ningún pueblo como
el germánico, incluyendo también a Austria con el nazismo, mostró
tanta insaciable brutalidad contra judíos y enfermos mentales. De este
modo, los psiquiatras alemanes justificaron el exterminio de los enfermos mentales
del cuerpo de nación ("Volkskörper").
Documentación.
En este apartado desarrollamos el estudio basado en la bibliografía de
"La exterminación de los enfermos mentales y disminuidos : las primeras
cámaras de gas" ("L'extermination des malades mentaux et des handicapés:
les premières chambres à gaz") de Dominique Natanson que en "El
Holocausto : un crimen contra la humanidad" (Mémoire Juive et Education.
Des textes, des témoignages, des documents sur la Shoah. 2005), nos ha
servido para describir las corrientes que estudian el holocausto a través
de la historia más reciente y que ahora nos permite describir el horror
en los frenopáticos alemanes.
En Alemania entre la Iª y IIª Guerra Mundial, como hemos dicho en repetidas
ocasiones, el jurista Karl Binding y el psiquiatra Alfred Hoche desarrollaron
las ideas que iban a conducir a justificar la destrucción de vidas sin
valor para la sociedad. Esta concepción, que se inspiró en la
eugenesia de Francis Galton y el darwinismo social condujo a la exterminación
de alcohólicos, epilépticos, psicópatas, enfermos inválidos
e incurables.
A través de los medios de comunicación de la época, la
radio y prensa escrita, los nazis sugirieron a los alemanes concebir y admitir
la eutanasia, justificando la muerte de personas incapaces de desarrollar un
trabajo y que consumían los recursos de la nación, situación
que se hizo insostenible cuando la Alemania del IIIer. Reich entró en
guerra.
Los cálculos estadísticos en que basaban sus afirmaciones se referían
a que un enfermo mental costaba diariamente al Estado unos 4 marcos, un criminal
3,5 marcos, etc ... (H.J. Gamm, Der braune Kult, Hamburg, Rútten una
Loening, 1962). La solución final fue empezar a eliminar los costes mediante
la aniquilación de los enfermos mentales y los epilépticos.
Una circular del ministerio del interior alemán con fecha 18 de agosto
de 1939 obligaba a los médicos y a las comadronas a declarar los niños
que nacían con deformidades. A éstos se les mataría mediante
inyecciones de morfina o de escopolamina. Se creó un comité para
el estudio científico de las enfermedades graves, hereditarias y congénitas
para analizar los modos de aplicación de la eutanasia reputada por técnicas
médicas (recordemos que fue a partir de la orden de 1 de septiembre de
1939 firmada por Adolf Hitler, que se autorizó a los médicos a
proporcionar la muerte de los enfermos incurables, según su apreciación
y que dicha operación de eliminación de internos de los hospitales,
manicomios y frenopáticos que comenzó con el nombre en código
de la acción T4, acróstico de la calle Tierganten, núm.
4 de la central en Berlín).
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