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1-3. La vida religiosa:
Costa Rica antes de la creación de la Diócesis de San José contaba con una vivencia religiosa, que se puede afirmar, es una herencia de la época colonial, sobre todo de la regencia del Vicario Foráneo de Cartago. Una vivencia doctrinal. Costa Rica dependía del Obispo León (Nicaragua). El clero existente era mayoritariamente diocesano, ya que no existió un gran interés por parte de los religiosos de tener grandes obras, por dos cuestiones: A- la pobreza de la gente B- poca relevancia como centro de poder. Además la relación entre los obispos y los religiosos no eran las mejores durante Colonia y la etapa posterior a la Indepedencia. Algunos religiosos, franciscanos, vivían en Costa Rica en forma individual por razones personales. Por otra parte ya la legislación desde nuestra Independencia en 1821 consideraba que la "Religión Católica" era la del Estado, incluso se establece como "Oficial".
La división eclesiástica estaba demarcada por vicarias, con un sacerdote responsable o coordinador del grupo de parroquias a su cargo. El Vicario Foráneo residía en Cartago, con responsabilidades de Juez Delegado de Capellanías y Obras Pías. En 1830 la Curia de León estableció un Vicario General en Cartago con mayores responsabilidades.
Vicaria de Cartago:
El Carmen de Cartago 1563, con las filiales: Los Angeles, San Francisco, San Nicolás y La Soledad. Ujarráz 1575. Orosí 1556. Tres Ríos (1760 La Unión), Juan Viñas 1826. Cot 1847. Quircot, Tobosi y Tucurrique
Vicaria de San José:
El Carmen, 1736, (San José, La Merced y Guadalupe), La Inmaculada (Pacaca) 1575, San Luis Tolosa de Aserrí 1575, San Miguel de Escazú 1799, Curridabat, Puriscal, Santa Ana, Desamparados (San Antonio, San Juan de Dios y Dota), Alajuelita (1845), San Vicente de Moravia (1848).
Vicaria de Heredia:
San Bartolomé de Barva 1575. La Inmaculada de Heredia 1706. La Ermita de Santa Bárbara 1827. La Ermita de Santo Domingo en 1829.
Vicaria de Alajuela:
Villa en 1801, ratificada en 1814. El titular fue San Juan Nepomuceno. La Iglesia de La Agonía en 1848. Atenas (1846). Atenas 1836. La Ermita de Grecia en 1838.
Vicaria de Puntarenas:
La Iglesia se autorizó en 1845 y parroquia en 1850. Esparza 1574. Térraba y Boruca fueron administradas por el Cura de Esparza. Luego se añadiría San Mateo, que seria una doctrina regentada por los franciscanos. Posteriormente por el Cura de Esparza.
Vicaria de Guanacaste:
Nicoya 1544 con dos coadjutorías: Bagaces 1678 y Las Cañas 1800. Liberia 1790. Santa Cruz 1839.
Vicaria de Limón:
Matina dependía de franciscanos del Convento de San Francisco. Desde aquí se hacían misiones a Talamanca. Parroquia 1734. Fue abandonada cuando fue saqueada por piratas y desapareció como curato.
Estado del Clero en 1850
Provincia: Sacerdotes Sub-diáconos Manteístas
Cartago 17 2 7
San José 20 1 2
Heredia 9 2
Alajuela 11 2
Guanacaste 6
Total: 63 3 13
Habitantes 88.000 - promedio por sacerdote = 2.147 habitantes
2-1. Algunos antecedentes:
Desde nuestra independencia política, tanto el clero como las autoridades sintieron la necesidad de contar con un obispo propio para Costa Rica. En 1571 el cabildo de Cartago solicitó al Rey Felipe II el nombramiento del Padre Estrada Rávago como obispo. Don Florencio del Castillo en 1812 ante las Cortes de Cádiz volvió a presentar la solicitud y posteriormente Don José María Zamora en 1820.
"Después de la emancipación el gobierno de Juan Mora, siguiendo el ejemplo de San Salvador, decretó en 1825, la erección de un obispado, sin contar con el Papa, y por este motivo no tuvo efecto. Carrillo pretendió abrir negociaciones con la Curia Romana, pero los obispos de Nicaragua, por interés pecuniario, se opusieron en todo tiempo a la creación de la mitra tan deseada por los costarricenses, y no fue hasta el 1º de marzo de 1950, cuando don Felipe Molina, Ministro de Costa Rica ante la Santa Sede, obtuvo una bula de Pío IX para la erección de la diócesis de Costa Rica. En 1951 fue consagrado en Guatemala el primer obispo costarricense, Don Anselmo Llorente y Lafuente, natural de Cartago"
Bula "Christiane Religioni Auctor" de Erección del Obispado del 28 de febrero de 1950. Los datos bibliográficos de Mons. Anselmo Llorente y Lafuente se encuentran en un resumen de La Nación del 18-11-1982, pág. 2b de la Sra. Marta Castegnaro.
Primero se creó la diócesis 28 de febrero de 1850 y luego el Papa IX nombró al Primer Obispo el 10 de abril de 1851.
2.3. Las tareas del Padre del Campo fueron las siguientes:
3-1. Mons. Llorente tomó posesión el 8-2-1952. La tarea que se propuso fue organizar la diócesis de forma eficiente, llamando a su servicio a clérigos y laicos idóneos y mantener las mejores relaciones posibles con el Gobierno.
Las siguientes son las principales obras impulsadas por Mons. Llorente:
Algunos detalles sobre su vida se apuntan en el artículo de La Nación que hemos hecho referencia.
Presbítero Anselmo Llorente y Lafuente 1800 – 1871
Recopilado: Marta Castegnaro

Anselmo Llorente y Lafuente, el primer Obispo de Costa Rica, fue un varón prudente, de clara inteligencia y muy buen conocedor de las ciencias eclesiásticas. Nació en Cartago, en el seno de una ilustre familia.
Tuvo la desgracia de perder a su padre a muy temprana edad. Desde niño dio muestras de su gran inteligencia y deseo de estudiar. Impulsado por este anhelo, en 1818 viajó a Guatemala, donde, bajo los auspicios de Fray Anselmo Ortiz, hizo los correspondientes cursos de filosofía, en cuya facultad obtuvo, en 1822, el grado de bachiller. Seguidamente se dedicó al estudio del Derecho Civil y Canónico, y en 1825 se graduó en ambos. Un año antes se había ordenado sacerdote. Realizó estudios profundos de Teología. A su cargo tuvo, en Guatemala, la organización de varios curatos. En 1847 fue nombrado rector del Colegio Seminario, cargo que ejerció hasta el 7 de setiembre de 1851, fecha en que fue consagrado Obispo de Costa Rica.
En 1848 se le había elegido Diputado a la Asamblea Constituyente de Guatemala, y en el desempeño de ese cargo mostró tanta energía como rectitud de principios políticos. Allí se hizo notar, principalmente, por su oposición firme y razonada a las medidas de hostilidad propuestas contra el partido vencido entonces.
Ya consagrado Obispo, regresó a Costa Rica. El trabajo de organizar la nueva diócesis lo llevó a cabo con prontitud y diligencia. Según el doctor Castro Madriz "El principio de no intervención en los actos del poder civil que no afectan los intereses de la Iglesia fue guardado estrictamente por monseñor Llorente". Y continúa "Jamás las autoridades laicas encontraron en la de éste, ni resistencia ni rémora a las providencias de naturaleza profana, aun en las de carácter mixto que no estimase contrarias a la disciplina eclesiástica.
Tan laudable conducta de parte del Obispo contribuyó a conservar la armonía que, con excepción de una sola vez, siempre hubo entre ambos poderes". Se refiere aquí el doctor Castro a la difícil situación que se dio en 1858, cuando el Obispo pretendió establecer el impuesto del diezmo sobre la producción de café, proyecto que fue resueltamente combatido por el presidente de entonces, don Juan Rafael Mora, quien celebró con el Papa un concordato, en virtud del cual quedaron totalmente abolidos los diezmos en Costa Rica. Más tarde, y con motivo de una pequeña contribución decretada sobre 1o beneficios de ciertos curatos para el sostenimiento del Lazareto, el Obispo se declaró en abierta lucha contra el poder civil, y el presidente Mora lo expulsó del país. Se trasladó a Guatemala y fue llamado nuevamente a Costa Rica en 1859, ‘cuando cayó el gobierno de don Juan Rafael.
Preocupación constante del episcopado de monseñor Llorente fue la formación del clero, al cual dedicó lo mejor de su interés. Fundó el Seminario Tridentino, cuya construcción empezó en 1854, y a la que contribuyó personalmente con dinero y trabajando en la fabricación de ladrillos, ya que era hombre hábil para la mecánica, y solía descansar de la labor intelectual, efectuando algún trabajo físico. Favoreció también la construcción y la organización del hospital San Juan de Dios. Falleció en San José.
Prof. Oscar Lobo Oconitrillo
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