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Las crisis de los años veinte y su repercusión en la realidad económica venezolana (página 2)




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2. El período 1923-1929

Los años que transcurren de 1923 a 1929 evocan la idea de prosperidad. Cuando en la historia se habla de los felices años veinte nos referimos específicamente a este período.

Esta prosperidad se dejó ver en diversas facetas de la vida cotidiana. Tanto en Estados Unidos como en Europa y en ese orden, el automóvil se convirtió en el medio común de transporte; el radio, el teléfono, el refrigerador, la cocina eléctrica, el cine, los viajes de turismo, se hicieron algo habitual. En lo laboral se impuso la jornada de ocho horas diarias de trabajo y surge la Organización Internacional del Trabajo con la intención de extender los avances alcanzados a todos los trabajadores.

La sociedad del bienestar que comienza a imponerse en este período es consecuencia de un fenómeno desconocido hasta el momento y que tendrá un gran impacto. Nos referimos al consumo de masas, de allí que no se trataba sólo de la existencia de una oferta, sino que la misma podía ser demandada por amplios sectores de la sociedad. Esta situación se vio favorecida por la creciente ampliación de los sectores urbanos de la población.

La coyuntura favorable de la realidad económica, recuperó la confianza en el sistema capitalista y ocasionó todo un cambio social. La superficialidad sobre todo de los estratos más jóvenes de la población fue un fenómeno común, que se caracterizó por el rompimiento con las mores maiorum, que en el fondo significaba una relajación de los valores éticos hasta el momento bien arraigados.

La permisividad es otra característica resaltante de toda esta revolución social, en la cual el jazz, el charleston y las modas atrevidas no eran más que manifestaciones de la exaltación de la juventud. Valga decir sin embargo, que este fenómeno, tanto en Estados Unidos como en Europa, no traspasó el ámbito de las grandes ciudades, lo cual ahondó la brecha entre las formas de vida urbana y rural. Nada de esto hubiera sido posible sin los medios de comunicación de masas que coadyuvaron con la difusión de las nuevas formas.

Paralelamente, la intolerancia social y racial se hicieron sentir. Acudimos a medidas prohibitivas (el consumo de licor en Estados Unidos) y a la conformación de nacionalismos amorales que alcanzan su máxima expresión en los totalitarismos alemán e italiano (Morilla, 1984: 86).

Volviendo a los aspectos meramente económicos, no se puede exagerar en la consideración del fenómeno económico 1923-1929, ya que la prosperidad no fue uniforme en todos los países y ni siquiera dentro de un país en particular. En el caso de Estados Unidos que suele verse como el modelo, se produce una expansión del sector automovilístico, lo cual convivió con una crisis en las industrias ferrocarrileras, del carbón e hilaturas (Redondo, 1989: 243). Hubo movimientos de ascenso y de descenso que vaticinaban la crisis que se avecinaba. No obstante, por ser este período el de la superación de la crisis de 1921, hizo que estas fluctuaciones no llamaran profundamente la atención de propios y extraños.

3. La crisis de 1929

Cuando nos referimos a la crisis del año 1929, estamos considerando un fenómeno más amplio que se extendió con fuerza por lo menos hasta el año de 1935, cuando la economía mundial comenzó a dar síntomas de recuperación. Sin embargo, es el año de 1929 el que encierra ese significado de rompimiento con lo anterior, por coincidir con un suceso de dimensiones nunca vistas como fue la quiebra de la bolsa de valores de la ciudad de Nueva York.

Ese fenómeno, que se conoce como crash, no fue más que el resultado de toda una corriente especulativa, característica distintiva de los años de prosperidad que venimos estudiando.

La ola especulativa se hizo más intensa a partir de 1926. La gente contaba con caudales que no encontraban colocación en la producción directa, razón por la cual emigraron hacia el mercado bursátil. Sin embargo, esta postura no es unánime, ya que algunos autores consideran que los recursos colocados en la bolsa no provenían de amplios sectores de clase media, sino de un pequeño círculo financiero. Las investigaciones han revelado que ni siquiera el dos por ciento de la población participaba del milagro bursátil. (Galbraith, 1976: 65)

Por otra parte, en Estados Unidos, la industria ayudó a generar liquidez. La recuperación de la economía europea a partir de 1920, requería una respuesta de Estados Unidos, que se orientó a la modernización de su parque industrial, tanto en los aspectos técnicos como gerenciales, pero sin que esto implicara un aumento de capital, lo cual logró no repartiendo beneficios entre los accionistas. Esto trajo como consecuencia un aumento del valor de las acciones en manos de los tenedores.

Cuando las oportunidades de inversión se hicieron precarias, las empresas repartieron amplios dividendos, que al no encontrar colocación en el aparato productivo se orientaron al mercado bursátil. El fenómeno se agrava cuando las reservas de muchas empresas también se emplearon en la especulación.

Debemos agregar a todo lo anterior que Estados Unidos de América desarrolló a partir de 1924 una política económica expansionista, caracterizada por un fácil acceso al crédito, favorecido por unas tasas de interés bajas, propiciando que se tomaran créditos que a su vez eran invertidos en la bolsa, en la cual se obtendría de seguro suficiente para honrar la obligación y percibir una ganancia. Esta política "...supuso una prolongación artificial de la vivacidad de los negocios y respaldó el vertiginoso proceso de la especulación financiera: el dinero en Estados Unidos era barato y la ganancia pronta y fácil. A todo esto se sumó, muy de acuerdo con la mentalidad de una época en la que se soñaba volver a los viejos buenos tiempos de la preguerra, la pasividad de los gobernantes norteamericanos que vivieron rigurosamente el laissez-faire clave de la economía liberal más depurada"(Redondo, 1989: 243).

Los dineros colocados en el extranjero tendieron a repatriarse con la finalidad de aprovechar la coyuntura favorable que significaba invertirlos en la bolsa. Incluso se acudía a los intermediarios, de quienes se obtenían préstamos a muy corto plazo, que se garantizaban con los mismos títulos valores. Se creo la fantasía de que la inversión en la especulación bursátil era ganancia segura y que esa realidad nunca se iba a revertir..

No podemos dejar de mencionar el exceso de confianza que pusieron los países de la posguerra en el capitalismo. Este sistema había sido cuestionado durante la crisis de 1921, pero resurgía con nuevos bríos como el sistema garante de la felicidad de los ciudadanos. Cuando arranque la nueva crisis en 1929, será nuevamente blanco de crudos ataques, mas cuando el sistema socialista de la Unión Soviética lograba salir de las dificultades y mostraba los laureles de los primeros triunfos económicos (Rendondo, 1989: 247). "...entre 1929 y 1933 quedaría bien claro que los líderes del gran mundo de los negocios no comprendían o eran incapaces de controlar la gran máquina económica que proclamaban haber creado y que no sabían cómo hacer para que funcionase cada vez con mayor eficacia". (Brogan, 1986, 425) Esto sin duda fue un factor que influyó en la consolidación de los totalitarismos en países como Alemania, Italia y Japón.

En enero de 1929 el proceso especulativo continuó in crecendo, la situación se tornaba alarmante, pero al parecer nadie estaba dispuesto a dar un paso al frente en la corrección de tal situación. Los dueños y presidentes de los grandes bancos norteamericanos, que tenían el poder suficiente para enmendar la desviación económica que tarde o temprano generaría consecuencias nefastas, eran de los principales partícipes de la ola especulativa. Los que sí albergaban el deseo de alertar sobre el peligro que se avecinaba, le temían al costo social que significaría el ser los desencadenadores de un pánico generalizado.

Los síntomas de una deflación galopante eran inocultables, otra cosa es que muchos no los quisieran ver o se encontraran embelesados por la ganancia sin fin que se logrado en el mercado bursátil. Pero el sector agrícola, que era la base del comercio internacional por aquellos años, evidenciaba desde 1928 los síntomas de la crisis. El descenso de los precios de los productos del agro y la limitación de los créditos pusieron al sector en jaque. En principio muchos países prefirieron comprar los productos estadounidenses que fabricarlos en virtud del abaratamiento de los precios, pero cuando esos países recortaron sus compras, la crisis del país del norte se profundizó.

En 1929 algunas empresas que se cotizaban en la bolsa comienzan a dar pérdida, lo cual incentivó el temor frente a una posible depresión. Esto se hizo más evidente por la baja que experimentaba la bolsa de Nueva York, convertida en el centro de la especulación bursátil y por tanto, en el centro de atención de la colectividad.

El crash de 1929 se inicia el 24 de octubre se ese año, pero se hace más crítico el 29 del mismo mes y año, cuando los intentos de sostenimiento de la bolsa no dan resultado. (). Es por esto que a esos días se les conoce respectivamente como jueves y martes negro. Sin embargo, no podemos apasionarnos y pensar que la crisis de 1929 fue ocasionada por el problema bursátil, hoy se reconoce con más precisión que este fenómeno sirvió para poner de relieve su carácter irreversible, pero la crisis venía incubándose desde el mismo año 1923. "Siete meses después de la toma de posesión de Hoover, los locos años veinte desembocaron en un final de locura. El 24 de octubre de 1929, la burbuja reventó, y la Bolsa se hundió. Se esfumaron unos 30.000 millones de dólares, y muchísimos norteamericanos rápidamente enriquecidos se convirtieron en ciudadanos rápidamente empobrecidos (Asimov, 1992: 750).

Los cinco representantes más importantes de la banca norteamericana trataron de absorber la mayor cantidad de títulos para evitar el desplome de la bolsa, sin embargo a mediados del mes de noviembre se dieron por vencidos, su reacción había sido tardía, la crisis era indetenible.

La quiebra de especuladores de todo tipo, de intermediarios y de un sin número de instituciones bancarias lo que sirvió fue para generar pánico, que sólo servía para agudizar la crisis (www.pastranec.net). Pocos que supieron ver en los retrocesos más o menos marcados del índice bursátil de Nueva York, situación que comenzó a hacerse patente desde el inicio del propio año 1929, lograron obtener beneficio de la especulación característica de los años veinte.

"El derrumbe del mercado de valores en otoño de 1929 estaba ya implícito en la especulación que le precedió. La única cuestión o lo único cuestionable en relación con esa especulación, era el tiempo que duraría. En algún momento, más pronto o más tarde, comenzaría a debilitarse la confianza en la precaria realidad del valor siempre creciente de las acciones ordinarias. Cuando esto sucediese, algunas personas empezarían a vender y esta acción destruiría la realidad de los valores en alza. En esas circunstancias, no tendrá ya sentido la tenencia de títulos en espera de un alza de su valor; la nueva realidad traería consigo precios decrecientes. A continuación se produciría una atropellada carrera para deshacerse de los títulos. Así habían terminado todas las orgías especulativas anteriores. Así terminó la de 1929 y así terminarán las que se desarrollen en el futuro". (Galbrait, 55: 1976)

El desencadenamiento de la crisis mostró otro de los problemas que había permanecido oculto, la estafa. Muchas fueron sus formas, pero la más común consistió en la apropiación por parte de empleados del dinero de las cajas de las compañías para las que trabajaban, con la intención de invertirlo en la bolsa y reintegrarlo, quedándose con las ganancias. La crisis se encargaría de descubrirlos.

"...la depresión de 1929 que, en una u otra forma y lógicamente cada vez menos intensa duró hasta 1940, fue mucho más `revolucionaria´ que cualquier crisis anterior. Provocó cambios en la vida económica y política norteamericana tan importantes como los causados por la guerra de secesión; más importantes que los debidos a la intervención norteamericana en la Primera Guerra Mundial e incluso que los resultantes de la segunda. En primer lugar, precipitó un desarrollo en la gestión gubernamental y en las relaciones estatales y federales que se habría producido igualmente pero más lentamente" (Brogan, 1986: 425)

Cuando lleguemos al año 1930 ya la onda expansiva había alcanzado a otros países. Se produce una caída de los precios de los productos, una interrupción de los créditos internacionales y el desarrollo de medidas proteccionistas que obstaculizaban el flujo comercial.

"...la crisis bursátil y bancaria no determinó, pero si se concretó en una profunda crisis del comercio y de la producción industrial y agravó la situación de la agricultura que aun en plena prosperidad promovía serias inquietudes. Las quiebras industriales y comerciales, el descenso general de los precios -30 por 100 en cuatro años en Estados Unidos-, sobre todo la dramática caída de los agrícolas -que sobrepasó el 50 por 100- fueron acompañados por una reducción importante de la producción, especialmente profunda en el terreno industrial: a escala mundial se había reducido en un 38 por 100 entre junio de 1929 y julio de 1932". (Rebérioux, 1971: 71)

En Francia la crisis se manifestó con fuerza a partir de 1931, poniendo de relieve que la afectación de Europa no ocurrió de manera uniforme, como también parece demostrarlo la no extensión del fascismo a todo el Viejo Continente. De hecho en algunos estados prenderá con gran virulencia, mientras que en otros no será más que una tímida amenaza, por lo menos hasta 1940. (Crouzet, 1986: 397)

En Gran Bretaña en impacto del crash fue de particular dureza, porque venía arrastrando una crisis laboral que mantenía desocupados a casi 1.500.000 de personas, cifra que en 1930 se incrementó a 2.500.000, para alcanzar en 1932 casi 4.000.000 de personas. (Crouzet, 1986: 397)

En ninguna parte el impacto fue más fuerte que en Alemania. En 1930 la cifra de desempleados alcanzaba 3.000.000 de personas. La repatriación de los capitales norteamericanos ocasionaron la quiebra del sistema bancario alemán, que carente de oro dependía de las divisas de Estados Unidos para su subsistencia.

Con la crisis se produce un derrumbamiento de la economía global y un fortalecimiento del nacionalismo económico, ya que cada país activó los mecanismos proteccionistas pertinentes para la salvaguarda de sus economías domésticas.

La crisis de 1929 tuvo una repercusión inmediata en los países hispanoamericanos, que ahora tenían un papel importante en el equilibrio económico mundial, pero paradójicamente eran mucho más vulnerables, ya que exportaban unos pocos productos básicos, de cuya comercialización dependía la adquisición de otros de vital importancia para su subsistencia. Por tal motivo, comienzan a aplicar paliativos a la crisis, mediante la devaluación de la moneda y otros artificios que únicamente aumentaban la inclinación de la pendiente depresiva. Pero como hemos tratado de destacar, el fenómeno encuentra peculiaridades dependiendo del país que estudiemos. Veamos cual fue el comportamiento venezolano frente a la realidad de las crisis de los años veinte.

Las crisis de los años veinte en Venezuela

4. La crisis de la reconversión de 1921

En Venezuela los años veinte se corresponden con un proceso de sustitución de la economía agrícola y pecuaria por la economía petrolera.

Como quedó expresado, a mediados de 1920 se suscita una crisis de efectos mundiales que ocasionó el desplome de los precios del café y del cacao, productos que constituían para el momento el principal ingreso de la economía venezolana.

Como suele ocurrir en la mayoría de las crisis, el año inmediato anterior (1919), se caracterizó por un aumento significativo de los ingresos del país. Las recaudaciones fiscales fueron suficientes para que el Estado, después de cubrir los gastos ordinarios, acometiera proyectos novedosos como fue la compra de aviones para la organización de la fuerza aérea venezolana.

Ciertamente, en 1919, las exportaciones de café y cacao alcanzaron las cantidades más elevadas de todos los tiempos. Pero esto, más que evidenciar un futuro promisorio, era revelador de la crisis que se avecinaba. Existía una gran cantidad de circulante en el mercado, que animaba una alta demanda de rubros suntuosos, distintos de los necesarios para la satisfacción de las necesidades básicas. Esto en parte explica el fenómeno inflacionario que se presenta por esos mismo años. (Fuenmayor, II, 1976: 155)

El inicio de la crisis a mediados de 1920 impactó negativamente al sector comercial, ya que a los problemas propios de la desaceleración de la economía mundial, se sumaba la necesidad de hacer importantes desembolsos de dinero, en virtud de la entrada al país de ingentes cantidades de productos de importación, adquiridos con antelación, pero que habían sufrido retrasos en virtud de la guerra. Los mismos arribaban en un momento en el cual su colocación en el mercado resultaba cuesta arriba. Los más beneficiados por todo esta situación eran los Estados Unidos de América, desde donde provenían los mayores volúmenes de productos importados.

En el sector agrícola, las exportaciones de café se redujeron en más de la mitad y las del cacao casi en un cien por ciento, circunstancia que en comparación con un año próspero como el de 1913, colocaba a los productores al borde de la quiebra (Fuenmayor, I, 1975: 320). Será después de 1921 cuando se produzca una recuperación del sector, pero siempre por debajo de los niveles alcanzados en 1913.

Frente a la situación agónica de la agricultura, el petróleo mitigó el impacto de la reducción de los ingresos fiscales, y aunque su aporte estaba muy por debajo de lo que tradicionalmente enteraba la agricultura, constituyó un factor de equilibrio de las cuentas en un momento difícil. Si a esto agregamos el fortalecimiento del dólar frente al bolívar, que ocurre por la misma época, la creciente actividad petrolera implicaba una mayor cantidad de bolívares para satisfacer las demandas del presupuesto nacional .

La importancia del sector hidrocarburos lleva a la sanción en el año 1920 de la primera Ley reguladora de esta actividad y que será reformada dos años después para adaptarla a las exigencias de las compañías extranjeras que se disputaban las ventajas que ofrecía Venezuela.

La conjunción de las circunstancias que hemos reseñado con antelación, determinan que a pesar de la crisis, se observe un incremento importante en la renta nacional, que no puede ser explicado sólo por los ingresos petroleros, sino por los derechos aduanales que se vieron multiplicados por los aportes del sector comercio que como explicamos recibieron con retraso cantidades de productos importados que habían sido comprados durante la guerra (Fuenmayor, I, 1975: 321). Este fenómeno se hace patente si observamos que para 1922 la disminución de la renta aduanera es de un cincuenta por ciento, lo cual confirma el fenómeno coyuntural que hemos reseñado.

En Venezuela, el período que se extiende desde el final de la crisis de la reconversión hasta 1929, se ve signado por la prosperidad, causada por una doble realidad: por una parte, la recuperación de la economía cafetalera que aporta importantes dividendos, y por la otra, la explotación petrolera creciente, que significará para el país ingresos como jamás había soñado (Pacheco; 1984: 94).

Juan Vicente Gómez, aprovecho la coyuntura para crear una fachada venezolana a la explotación de hidrocarburos. Es así como surge la Compañía Venezolana de Petróleo, cuya única función era la especulación en la negociación de las concesiones petroleras con las compañías trasnacionales, lo cual significó para el dictador el aumento de su caudal personal.

La primera guerra mundial había demostrado la importancia estratégica del recurso energético. Es por esto, que en los años inmediatos a la finalización del conflicto, acudimos a una disputa de los capitales norteamericanos y británicos por las concesiones petroleras venezolanas.

El desplazamiento a nivel mundial del capital británico por capital norteamericano, es un patrón que se repite en el caso del petróleo venezolano. A partir de 1924 las empresas estadounidenses copan el mercado nacional, situación que se profundiza a partir de 1929. Es el influjo del capital de las compañías procedentes del país del norte el que transformará a Venezuela en el primer exportador de petróleo a nivel mundial y en el segundo productor, por detrás de los Estados Unidos. (Fuenmayor, II, 1976: 123)

La profundización de la crisis de la economía agraria a partir de 1929, tendrá una influencia social decisiva. Se produce un incremento de la población urbana, con todo lo que esto significa en cuanto a estilo de vida.

De hecho, el año de 1929, emblemático por coincidir con el inició de la segunda y más profunda crisis de los años veinte, y cuyos efectos se prolongaron de una forma u otra hasta 1940, coincide con la última gran exportación de café y cacao venezolanos. La explotación petrolera alcanza niveles inusitados pasando a ser el contribuyente fundamental del producto interno bruto venezolano y de la renta nacional.

5. La crisis de 1929

El año de 1927, las exportaciones agrícolas aunque no alcanzaban los niveles de 1919, constituían una cifra considerable dentro de la globalidad de los ingresos de la economía venezolana. Sin embargo, en el año de 1928 se produce una baja del 20%, circunstancia que generó una situación crítica de los terratenientes que apenas alcanzaban a cubrir los costos de producción.(Fuenmayor, II, 1976: 156)

El gobierno gomecista, para no darles excusa a las manifestaciones sociales que se presentaron ese año, decide el establecimiento del Banco Agrícola (1928), con la finalidad de soportar a los productores agrícolas y evitar que la crisis de este sector fuera utilizada como bandera política por los sectores de oposición, en especial los universitarios. Sin embargo, "Fueron pocos los agricultores y ganaderos que, sin tener el padrinazgo del General Gómez, obtuvieron crédito en ese instituto. En todo caso, la política de dicho Instituto no fue la de estimular la renovación de la tecnología y la modernización de los métodos de cultivo y procesamiento de los productos de la agricultura y la ganadería venezolana. Nada para prepararse para enfrentar los problemas que se estaban presentando con motivo del impacto del petróleo en toda la economía venezolana, sino que sencillamente el Banco se limitó a otorgar hipotecas a los solicitantes" (Carrillo, 73; 1992: XLVII)

Más que las medidas adoptadas, la situación internacional favoreció al régimen, y al bajón de 1928, siguió un incremento considerable en 1929, sólo superado por el de 1919, situación que suele ser común a los prolegómenos de toda crisis, pero que nadie pensó nunca estaba por venir. El país recibió casi 134 millones de bolívares en razón de las exportaciones de café, cantidad que cuadruplicaba lo recibido en 1909. Sin embargo, esa cantidad, respecto de la totalidad de los ingresos del país, no representaba ni un cuarto, lo cual permite medir la disminución de la importancia del café como rubro fundamental (Sullivan, 1976: 254).

El impulso económico de comienzos del año 1929 se ve reflejado en la prensa de la época. Las ediciones de El Universal de enero de ese año, dan noticia de la llegada a Caracas de una misión polaca, integrada por el doctor Casimir Radwan de Praglowski y el conde Alejandro de Ongonezyk-Wiesiolowski, con la intención de estrechar las relaciones culturales y comerciales entre Polonia y Venezuela (Molina, 1984: 84)

El mismo diario en las ediciones correspondientes al mes señalado reseña la llegada de una misión francesa encabezada por el exdiputado y oficial de la Legión de Honor, señor Paúl Bellamy. Coincidiendo con las anteriores se toma noticia de una misión norteamericana integrada por Mr. Erick King, Jefe de la División de Especialidades, y Mr. Edward Pickard, Jefe de la División de Textiles, lo cual pone de relieve la intención de los norteamericanos de no dejarse aventajar por los europeos (Molina, 1984: 84-85).

Venezuela es apreciada internacionalmente como el territorio de las oportunidades.

Sin embargo, el desencanto no tardaría en llegar. En el año 1930 presenciamos un desplome de la economía agrícola venezolana con sus secuelas: crecimiento desmedido del desempleo, como consecuencia de la ruina de los cosecheros, la merma de los salarios y por supuesto la reducción de los ingresos públicos.(Fuenmayor, II, 1976: 156).

Haciendo un balance se puede afirmar que:

"El año de 1929 no será malo para la exportaciones de café y cacao, las cuales en valor alcanzaron 185 millones de bolívares superando la baja que había ocurrido en 1928 pero en 1930 vendrá la debacle cuando bajaron estos rubros a 128 millones de bolívares, trayendo la ruina a muchos agricultores, junto con una baja generalizada en los salarios y en el nivel de empleo" (Esteves, 1995: 185)

Se iniciaban para Venezuela los efectos de la Gran Depresión, que coincide con los últimos cinco años del gobierno de Juan Vicente Gómez. Como es sabido, "... los efectos de la crisis se transmiten con cierto retardo en el resto del mundo, en el año 1929 prácticamente no se sintieron estos efectos en Venezuela. Empiezan a sentirse en el año 1930, más en 1931..." (Carrillo, 73, 1992: CII)

No obstante, la magnitud del cataclismo que parecía caer sobre Venezuela, su intensidad no fue tal en virtud nuevamente de la exportación petrolera. En 1929 alcanza la cifra más elevada conocida hasta la fecha, cantidad que a pesar de los vaivenes de los años posteriores hasta 1935, seguirá incrementándose (Rodríguez Gallad; 1985: 82).

"La acelerada expansión de las operaciones petroleras entre 1917 y 1936, apenas disminuida en los primeros años de la gran depresión, se explica por las excepcionales condiciones de Venezuela para la explotación del mencionado recurso por las compañías extranjeras, de modo tal que la reproductividad del capital ha debido alcanzar entre 1925 y 1936 un 50% o más; esto significa que cada dos años revertía al capital extranjero la totalidad de la inversión" (Maza, 1989: 165)

Continua diciendo Maza Zavala:

"El producto petrolero representaba para ese año (1930) el 33% del producto total del país, contra 21% de la agricultura, 16% de la industria, el artesanado y la construcción y 30% de los servicios. Si restringimos el concepto a la producción material (bienes únicamente), el producto petrolero significaba el 47% contra 30% de la agricultura y el 23% de las industrias manufactureras y el artesanado. Estas proporciones indican que para 1930 el sector económico principal del país era la explotación de petróleo..." (Maza; 1989: 147-148)

Ese mismo año Gumersindo Torres reasume el ministerio de fomento y se empeña en la aprobación del reglamento de la Ley de Hidrocarburos, con la finalidad de garantizar un seguimiento más cercano de la actuación de las compañías extranjeras. Su aprobación no fue pacífica y la oposición de las concesionarias llevó a la destitución de Torres y por supuesto a la desaplicación del reglamento. La repetición de episodios como el descrito ha llevado a muchos autores a afirmar que "...el interés de las compañías terminaba imponiéndose sobre las propias conveniencias nacionales y quedaba así de manifiesto que durante gran tiempo del régimen gomecista las empresas petroleras ejercían el poder, mientras que el caudillo rehabilitador apenas controlaba el Gobierno" (Rodríguez Gallad; 1985: 83).

A pesar de lo expuesto, no podemos sobreestimar el papel jugado por el petróleo en aquellos momentos. Venezuela estaba en una posición de ventaja respecto de otros países como Perú y Cuba. Compartía con ellos la condición de país altamente dependientes del mercado mundial, pero en el caso venezolano la deuda externa era mucho menor. No obstante, la crisis se sintió y la actividad petrolera, aunque continuó creciendo, tuvo que reducir su ritmo.

Sobre el particular apunta Manuel Caballero:

"La reducción de las actividades de la industria petrolera, sus despidos en masa, tuvieron consecuencias negativas: en 1931, había en Maracaibo 1.600 viviendas vacías al volverse los trabajadores, ahora desocupados, a sus lugares de origen. El sector inmobiliario, que había inflado sus precios especulativamente, se vino al suelo. En ese mismo año, un joven de 23 años escribía que si bien la dictadura había logrado evitar con tremenda buena suerte el proyecto de ley del senador Cooper, que proponía limitar por tres años la importación de petróleo crudo y prohibía la del petróleo refinado, no pudo hacerlo con el acuerdo privado entre los trusts petroleros yanquis para limitar la explotación de sus concesiones en el mundo, y cuyas consecuencias decía, (...) (sic) se están palpando" (Caballero; 1993: 329-330)

En este período acudimos al fenecimiento de la economía agrícola venezolana, que como es sabido constituía la base de nuestra economía desde el período colonial. La crisis de 1929 pone fin a una etapa histórica.

Los subsidios gratuitos aportados por el Estado, aunque aliviaron momentáneamente las cargas del sector agrícola, no pudieron impedir su ruina.

En la decadencia de la producción agrícola venezolana, muchos autores han sobrevalorado el impacto de la explotación petrolera, con la consiguiente inmigración del campo a la ciudad, lo cual significó un abandono progresivo de la economía agropecuaria. Sin embargo, un análisis de las cifras permite dimensionar la magnitud de este fenómeno. Para la época que estudiamos, la explotación petrolera se limitaba a la región zuliana, que en sus tiempos de mayor auge incorporó a la industria no más de setenta mil trabajadores. Si estimamos que los trabajadores del campo superaban los dos millones de personas, podemos concluir que el impacto petrolero, aunque significativo no podía determinar la ruina del campo en un plazo tan corto. Además, es conveniente significar que muchos de los que acudieron con sus familias para incorporarse a la actividad de explotación de hidrocarburos, no provenían de lugares caracterizados por la explotación agrícola y pecuaria.(Carrillo, 73, 1992: XCIII; Fuenmayor, II, 1976: 157-158) Algunas cifras pueden ser ilustrativas de lo señalado. Para el año 1922 los empleados directos de la industria petrolera eran 3.464, número que asciende en 1929 a 27.221 trabajadores (Soublette, 1976: 28-29)

Rómulo Betancourt se identifica con esta postura cuando afirma:

"Falso es también que gran número de brazos fueran sustraídos de la agricultura por los campamentos del oro negro. Ni el medio por ciento de la población económicamente activa encontró ocupación al pie de los taladros" (Carrillo, 77; 1992: XXI).

Sin embargo, no todos los autores comparten este punto de vista. Para algunos la explotación petrolera significó un aumento general de los salarios de los obreros, circunstancia que golpeó a la agricultura, sector que pagaba salarios bajo otros parámetros. Además, de tres bolívares por jornada diaria que se pagaba antes de la crisis en el sector café, se paso a tres reales en su momento más duro. La onda expansiva generó un aumento de los costos del campo, que favoreció que principalmente en la zona occidental del país muchas personas se desplazaran hacia los campos petroleros, conformándose un cinturón poblacional, formado por personas cuya intención no era incorporarse directamente a la actividad petrolera (Carrillo, 73; 1992: XXXVI)

Pensamos que no deben sobrestimarse los cambios que se suscitan durante el gobierno gomecista. Es innegable que se produce un desarrollo de las ciudades, pero colocar el nacimiento de la Venezuela moderna a partir de esta época no pasa de ser una exageración. Preferimos afirmar que hay una coexistencia de la vida urbana con la rural, que se mantiene en la medida en que un amplio sector de la población sigue dedicado a actividades de corte tradicional.

Otra explicación que suele darse es la poca importancia del grano de café para la subsistencia humana, lo cual traía como consecuencia que en épocas de crisis se dejara a un lado su consumo. Esto en el caso venezolano no es del todo cierto.

Debemos agregar la actitud de los cosecheros, quienes seguían explotando el café con técnicas coloniales y no hicieron lo esfuerzos pertinentes para lograr ahorros, razón por la cual dependían de las casas comerciales extranjeras, y sólo se ocuparon en ampliar las zonas de cultivo de sus haciendas, pensando en cantidad más que en calidad (Sullivan, 1976: 254). Muchos han pretendido justificar esta situación presentando una situación generalizada de atraso de la economía agropecuaria, pero esto no coincide con la realidad, ya que en lugares como Brasil se realizaba una importante labor investigativa con la finalidad de soportar la actividad agrícola (Carrillo, 73, 1992, XCIV).

Por otra parte, mientras en lugares como México se combatió el latifundio, en Venezuela el gobierno favoreció la concentración de la tierra en pocas manos, de allí que los cambios estructurales necesarios no se hicieron, lo cual colocaba al país en una situación de desventaja frente a todos los demás productores de café del continente. Esta situación es tan patente que "...fue al morir el general Gómez cuando se abrió una unidad de mejoramiento cafetero en el Ministerio de Agricultura y Cría, llegándose a constituir el Instituto Nacional del Café, y trayéndose un técnico colombiano, el doctor Jaime Henao Jaramillo, quien vino a Venezuela a implantar lo que hacía ya muchos años estaba haciendo nuestro vecino occidental" (Carrillo, 79, 1993: LXVII)

El propio Betancourt lo señala:

"Lo que sucedió fue que la avalancha de dólares y de libras esterlinas afluyó a un país que no había democratizado ni modernizados sus sistemas de producción; que en el siglo XX producía dentro de módulos del siglo XVIII y gobernado por una tiranía zafia y rapaz..." (Carrillo, 77; 1992: XXII)

"La gran depresión de 1929 hundió al café venezolano en una situación de grandes dificultades, de las que no recuperó, parcialmente, sino después de la Segunda Guerra Mundial" (Carrillo, 73, 1992, XCIII)

Es innegable que todas las situaciones internas que hemos analizado contribuyeron a la decadencia de nuestra agricultura de exportación, pero la agonía se hubiera prolongado por un tiempo más largo de no ser por la crisis mundial.

En el caso específico del café, desde el inicio de los años veinte venía manifestándose un fenómeno de sobreproducción importante. Entre 1920 y 1928 la producción mundial de café fue de 176 millones de sacos contra un consumo de 166,4 millones de sacos. Si tomamos por separado el período 1927-1928 el fenómeno es más significativo. La producción es de casi 36,5 millones de sacos, frente a un consumo que no supera los 24 millones de sacos. La crisis hizo palmaria una situación que venía incubandose desde épocas anteriores. En 1929 el café se cotizaba a 201,8 bolívares por cada cien kilogramos. Este valor se reduce a 114,30 en 1930 y a 57,50 en 1935 (Rodríguez Gallad; 1985: 86)

Hemos insistido en el tema del café, pero esta circunstancia puede extrapolarse al cacao; de 114, 40 bolívares que era el valor de los cien kilogramos en 1929, se reduce a 93 en 1930, hasta caer a los 45,50 bolívares en 1935 (Rodríguez Gallad; 1985: 86)

Lo señalado impacto la economía cafetalera y cacaotera, pero otra razón golpeó a la agricultura en general. No es otra que la baja cotización de la moneda norteamericana en nuestro mercado de divisas (Fuenmayor, II, 1976: 158). Como explicamos en la primera parte de esta investigación, durante la primera guerra mundial se produce un fortalecimiento del capital norteamericano, que desplaza a Gran Bretaña como principal potencia financiera mundial.

El orgullo inglés no iba a aceptar esta circunstancia sin pelear, y cuando su economía, finalizada la crisis de 1921, comienza un período de cierta recuperación, tratan de tomar medidas que le permitan reasumir el rol protagónico. Es por esto, que dejando a un lado su orgullo, proceden a la devaluación de la libra esterlina, lo cual implicaba un fortalecimiento del bolívar que pasaba de Bs. 30 a Bs. 10 por libra esterlina (Redondo, 1984: 251). Sin embargo, esta medida que abarataba en un tercio los productos británicos, no trajo para ese país los beneficios esperados, ya que los Estados Unidos, compelidos por la crisis iniciada en 1929, procedieron a una medida similar de devaluación, pasando la moneda norteamericana de un máximo de Bs. 5,20 a Bs. 2,50 por dólar (Esteves, 1995: 186; Carrillo, 73; 1992: XLV)

Con estas medidas los agricultores venezolanos vieron descender sus ingresos a la mitad, ya que las divisas extranjeras que recibían por la venta de sus productos, frente a un bolívar fortalecido, representaban un ingreso menor. Muchos productores agrícolas, se vieron en la circunstancia de no poder honrar las obligaciones que tenían con las instituciones financieras, las cuales no tuvieron otra alternativa que ejecutar las hipotecas y adueñarse de las haciendas. Pero siendo haciendas perdidosas, más que un activo, constituían una carga para los bancos y casas comerciales que no lograban colocarlas en el mercado.

"Durante el período 1909-1913, Venezuela ocupaba el segundo puesto entre los exportadores de café, contribuyendo con el 4,6% de las exportaciones mundiales. En 1933, Venezuela ocupó el séptimo puesto, y sus exportaciones sólo compusieron el 3,8% aproximadamente, del total mundial..." (Adriani; 1984: 336-337. En: Carrillo, 73; 1992: XLVI)

El Estado, para evitar una caída en cadena de la actividad agrícola, introdujo un convenio cambiario, por el cual los dólares se compraban a Bs. 3,33 y se vendían a 3,35. Sin duda era un alivio para algunos agricultores, pero si tomamos en cuenta que la moneda norteamericana en épocas pasadas llegó a cotizarse a Bs. 12, y su precio habitual rondó los Bs. 6, 00, el control impuesto por el Estado no era suficiente para revertir la merma del sector agrícola (Fuenmayor, II, 1976: 159)

Para la época, el Banco de Venezuela, que por contrato con el ejecutivo nacional, estaba obligado como Banco Auxiliar de la Tesorería a la regulación de la circulación monetaria del país, por medio de su presidente se reúne con el gerente del Banco Caracas y con las compañías petroleras. La intención era acordar un convenio que permitiera un alza de la cotización del dólar (Estéves, 1995: 186)

Este acuerdo que se conoce con el nombre de Convenio Tinoco, por ser impulsado por el Dr. Pedro Rafael Tinoco, permitía la estabilización del tipo de cambio y evitaba las variaciones bruscas que tanto daño hacían a la economía. Este sistema se mantuvo hasta el año 1960, cuando frente a la crisis cambiaria de noviembre de ese año se fijo un control de cambio moderado, y hasta 1964 cuando el bolívar fue devaluado en un 30%. Para las compañías petroleras el convenio significaba una ventaja ya que tenían que traer menos dólares para cubrir sus obligaciones en el país en moneda nacional.

"Este convenio trajo consecuencias importantísimas para Venezuela, en primer lugar, nuestro país no devaluó en la misma proporción en que lo había hecho el Gobierno norteamericano, jamás se regresó a un tipo alto de dólar a Bs. 5,6 o 7 como prevalecía en la década de los veinte, para quedarse en un tipo fijo y único de cambio a Bs. 3,93 el cual representó un subsidio para importar de todo en el país, y posteriormente dificultaría la instalación de industrias, obligando a las autoridades a implantar elevados aranceles. Por otra parte, algunos piensan que este tipo de cambio había que imponerlo para obligar a las petroleras a gastar más en Venezuela por sus operaciones" (Estéves, 1995: 187).

Sin embargo, lo relativo al tipo de cambio no se asumió de manera pacífica. Para la época implicó un gran debate entre los que consideraban que debía realizarse una devolución de la moneda, incluso del cien por ciento, contra los que pensaban que el camino acertado era el contrario.

No se trataba de una discusión estéril. Los partidarios de la devaluación pensaban en la reflotación del sector agrícola. Por su parte los que defendían el mantenimiento de un bolívar fuerte alegaban que las empresas extranjeras debían pagar sus derechos en bolívares, en consecuencia una devolución implicaba un beneficio. No obstante, la postura venezolana es atípica en relación con la realidad de otras naciones, la mayoría de las cuales tomaron el camino de la devaluación (Caballero; 1993: 331; Redondo, 1989: 248)

Sobre el particular comenta Uslar Pietro:

"El establecimiento de un sistema de cambios diferenciales, que fue lo que se llamó `Convenio Tinoco´, porque, ante la plétora de dólares que la actividad petrolera lanzaba sobre el país y la incapacidad de la economía venezolana de absorberlos, se corría el riesgo de que el bolívar se fuera valorizando cada vez más frente al dólar hasta llegar a unos niveles que harían totalmente imposible las exportaciones tradicionales. Se hizo el primer convenio por el cual no ingresaba al mercado de divisas del país sino la parte que la actividad normal podía absorber y el resto se esterilizaba en el Tesoro nacional en forma de oro" (Uslar, 1991: 41)

Pese a todo lo dicho, nos parece que el establecimiento del convenio tendrá sus consecuencias negativas, ya que "...dará un resultado espléndido en el corto plazo, y según criterios de la más primaria economía: al morir Gómez, dejará como herencia la moneda acaso más sólida del mundo. Pero en el largo plazo, aun dentro de los moldes de la más ortodoxa economía, el resultado será catastrófico: Venezuela acentuará su condición no sólo mono-exportadora, sino poli-importadora" (Caballero; 1993: 331-332)

La ruina del sector agrícola no implicó para la economía venezolana una carencia de recursos. Para 1930 la producción petrolera alcanzaba los 136 millones de barriles. Mientras, el café caía de los 133,7 millones de bolívares que produjo en 1929 a 68 millones de bolívares para 1930, fenómeno ocasionado por una coincidente disminución de la exportación y de los precios. Para 1931 el volumen exportado sube, pero la debacle en los precios hace que el ingreso por este rubro apenas sume 65,4 millones de bolívares. En cuanto al cacao también se produce una disminución de la exportación y de los precios, en consecuencia de 24,1 millones de bolívares en 1929 se pasa a 17,2 millones. En 1931, aunque el nivel de exportación se mantiene, el descenso de los precios hace que el ingreso monte 15 millones de bolívares (Carrillo, 73; 1992: XLIII-XLIV)

Ese año 1931 para conmemorar los primeros cien años de la muerte del Libertador, el gobierno se planteó el pago de la deuda externa. Esta erogación afianzaba al gobierno gomecista en el plano internacional, ya que coincide con una moratoria generalizada de los países hispanoamericanos, en virtud del rigor de la crisis que los afecta (Esteves, 1995: 188)

Tomás Polanco Alcántara nos transmite una anécdota que pone de relieve la postura de Gómez en estos asuntos:

"Cuando se supo del mensaje de Gómez al Presidente, el Dr. José Gil Fortoul, en una conversación privada tenida en Maracay con el General Gómez, le hizo ver que si la suma que sería utilizada en pagar la deuda externa, en vez de destinarla a ese fin, se colocaba en el mercado mundial, podría obtenerse un beneficio para la República, pues era posible recibir un provecho de 8% mientras que Venezuela solamente estaba pagando por sus deudas 3%. La respuesta de Gómez fue categórica: `Doctor Gil, usted tiene razón, pero pobre no debe´" (Polanco; 1990: 403)

Sin embargo, las erogaciones por la conmemoración del centenario, específicamente lo destinado al pago de la deuda, impactaron el presupuesto de la nación, al punto que el ejercicio económico 1930-1931 cerró con el mayor déficit que se haya registrado hasta la fecha (Veloz; 1984: 369).

Para los años 1932-1933 la crisis del sector agrícola continua agudizándose y muchos cosecheros mantenían en depósito inmensas cantidades de café al cual era imposible darle salida. Ni siquiera la incineración de grandes cantidades de sacos, como la ocurrida en Brasil, ayudó a detener la decadencia del sector. Se estima que para 1934 el consumo de café había disminuido en un 12%, y aunque hemos señalado que no era la única causa de la crisis, sin duda influyó en el agravamiento de la situación. El poder adquisitivo se había reducido de manera tal que el café era casi que un producto de lujo (Adriani, 1984: 233-234)

Los años 1932-1933 se caracterizaron por una baja sensible de los precios en los mercados internacionales, realidad que repercutió en la economía venezolana. Los años siguientes no fueron distintos. 1933-1934, asistimos a una crisis del sector bancario que no llegó a los niveles de desastre financiero por la intervención del Gobierno que sacó a flote el Banco Mercantil y Agrícola, inyectándole ocho millones de bolívares (Veloz; 1984: 376-378) Esta institución había concedido créditos a la agricultura, especialmente al cacao, pero también al café, en la época de la bonanza, pero sobrevenida la crisis los cosecheros se encontraron imposibilitados para cumplir con sus obligaciones.

Cabe destacar que para el momento que historiamos, sólo el Estado tenía la capacidad para reflotar una institución financiera, y el Doctor Pedro Tinoco logró la indispensable aprobación del benemérito para hacerlo. Sin duda la medida fue acertada y evitó una profundización de la crisis.

Los años 1934 y 1935, últimos del general Gómez, no sólo el café, sino la producción tradicional en general, continua deprimida por efecto de la crisis. Más allá de algunos repuntes puntuales, la disminución tanto en exportación como en precios es notoria.

Específicamente en 1934 el gobierno establece entre otras cosas una política de subsidios para los productores de café y cacao. Se repartieron diez millones de bolívares que constituyeron un alivio, pero los males eran profundos. Arturo Uslar Pietri al considerar este fenómeno señala:

"Venezuela había vivido del café y del cacao toda su vida, y esa era la primera vez que el café y el cacao no sostenían a Venezuela, sino que el Gobierno de Venezuela sostenía al café y al cacao" (Uslar, 1991: 41)

En esos mismos años, las casas comerciales tenían como política la concesión de créditos a los agricultores, garantizados sobre la cosecha futura. Cuando este esquema se quiebra como consecuencia de la situación económica crítica, se produce una reacción en cadena, ya que el colapso de las casas comerciales genera el colapso de sus dependientes. Recordemos que para la época el sistema financiero era reducido y muchas de estas casas funcionan como instituciones de intermediación financiera. Además, muchos de sus activos eran haciendas de café y de cacao que habían quedado en sus manos, cuando los cosecheros no honraban sus compromisos, circunstancia que las afectaba doblemente (Carrillo; 1993: XCVII)

El 17 de diciembre de 1935 morirá el general Juan Vicente Gómez, con quien también muere una etapa política, en la que la conformación de un estado nacional centralizado es la característica más resaltante. Pero también se cierra este período de crisis económicas, ya que coincidencialmente, el año 1935 marca el inicio de un proceso de desarrollo económico, de signo petrolero, que abrirá las puertas de la modernización a Venezuela.

Consideraciones finales

En conclusión, las crisis de la economía mundial que se presentan en los comienzos de los años veinte y al final de esta década con extensión hacia la siguiente, tuvieron un impacto significativo en la realidad venezolana. Sólo el desarrollo de la actividad petrolera apartará a Venezuela del camino de la catástrofe económica, sin embargo, el costo de todo este proceso fue el fenecimiento de la economía agrícola a la que la crisis sorprendió con una deficiencias estructurales que impidieron que pudiera sobrevivir al impacto de la crisis.

Notas

Deflación. Concepto opuesto al de inflación; pues, mientras esta representa la existencia excesiva de numerario o de poder adquisitivo en manos de los consumidores en relación con la oferta de mercaderías, así como la existencia de grandes cantidades de dinero inactivo en los depósitos de los bancos (Serra Moret), la deflación se produce cuando las circunstancias se encuentran invertidas; es decir, cuando la oferta de mercaderías supera al numerario o al poder adquisitivo de los consumidores. (Manuel Ossorio, Diccionario de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales, página 207)

"Económicamente la guerra supuso un fuerte aunque pasajero trauma para Hispanoamérica. El río de capitales y de inmigrantes europeos cesó repentinamente. Las exportaciones a Europa se redujeron también temporalmente a causa del destino de los barcos mercantes a otras misiones. Pero estas exportaciones se recuperarían rápidamente debido a la urgente necesidad que tenían los aliados de productos alimenticios y de materias primas" (Parry, 444)

La prosperidad hispanoamericana no fue uniforme, ya que la disminución de la demanda de los nitratos chilenos y de la carne de Argentina y Uruguay, generó una dura situación económica para estos países.

Significa estallido, golpazo, estruendo, choque, fracaso, quiebra, bancarrota (Castillo, 1987: 319).

Un fenómeno que tuvo honda repercusión en la crisis fue la especulación a crédito. El particular acudía a un tercero (agente de bolsa). Obtenía de este un crédito y compraba los títulos de la bolsa, que pasaban a garantizar la obligación. El agente por su parte obtenía su capital de un banco privado, depositando los títulos en la entidad como garantía. Este banco, carente de suficiente capital, recurría a los banco de la Reserva Federal para obtener dinero, que se iba encareciendo a medida que se avanzaba en la cadena. Vemos como se montaba una estructura de naipes, que cualquier corriente de aire podía derrumbar.

"El 18 de octubre comenzaron a predominar las ventas. El sábado, 19, el índice Times cedió 12 puntos, pero la prensa se encargo de tranquilizar a los inversores: era una contracción pasajera del mercado. El lunes 21 las ventas afectaron ya a más de seis millones de títulos. El miércoles, 23, se produjeron nuevas pérdidas: el índice times bajó 31 puntos, de 415 a 384. Y llegó el `jueves negro´, 24 de octubre de 1929. Fue la primera sesión de pánico real. Se transfirieron 12.894.650 acciones, muchas de ellas a precios irrisorios. En esta sesión se perdieron 13.000 millones de dólares. El lunes, 28, cesaron los préstamos norteamericanos a Europa: la crisis pasó a ser mundial. Se había abierto una era de depresión y desempleo. El martes, 29, fue el golpe definitivo: se perdieron ese día más de 16.000 millones de dólares".(Redondo, 1989: 245)

Diversos autores han presentado los suicidios en masa como una de las consecuencias de la caída de la bolsa de Nueva York. Sin embargo, aunque es innegable su ocurrencia, autores como Galbraith que el fenómeno no fue tan extendido y que en el mismo año 1929, cuando los negocios eran todavía fructíferos, se pueden encontrar tasas de suicidios más elevadas.

"En efecto, en ese año (1919), nuestras exportaciones de café subieron a una cantidad no superada ni antes, ni después, que fue de Bs. 151.428.568,43. Igualmente, el cacao nos suministró una cantidad de dinero que tampoco antes conocimos ni volvimos más tarde a recibir. Se trataba de la cantidad de Bs. 39.086.569,90. Para entonces, el petróleo no representaba gran cosa en la economía nacional, pues la explotación alcanzó solamente a Bs. 892.197,75 que, comparado con el café y el cacao, resultaba verdaderamente irrisoria". (Fuenmayor, 155)

"...ya en el año 28 aparecen en las páginas de El Universal ciertos síntomas que interpretamos como repercusión de la crisis del capitalismo en la economía nacional. Veamos: El Juzgado de Comercio del Distrito Federal publica en enero un edicto sobre la quiebra de José Manuel D´Andrea, cuyo establecimiento `Casino Americano´ ha quebrado. El mismo juzgado publica el 8-1-28 un cartel fechado en diciembre de 1927, por el cual hace saber de la quiebra de la firma Charles Torbay y Hno" (Molina, 1984: 229-230). Así como éstas son muchos los edictos o carteles informando la quiebra de empresarios.

"El 13 de septiembre de 1931 la libra esterlina es devaluada, produciéndose de facto una revaluación del resto de las monedas. El Gobierno norteamericano buscando desquitarse de este golpe monetario, mediante la enmienda Thomas procede a embargar el oro amonedado, y a devaluar el dólar rebajando su contenido de oro fino. Esto provoca que la paridad del bolívar suba a 3,06 y la cotización del dólar descienda a Bs. 3,17 en febrero de 1934. Ante esta situación los exportadores de café y cacao no encuentran como obtener beneficios sin rebajar sus ya deteriorados precios" (Estéves, 1995: 186)

El informe de la firma marabina Ríbboli pone de relieve como los empréstitos concedidos a Brasil estimulaban su industria cafetalera, realidad que iba en detrimento de la venezolana. Dicho informe reza entre otras cosas lo siguiente: "Cuando recientemente se confirmó la noticia de haber conseguido Brasil un empréstito de 2.000.000 de libras esterlinas, entre nosotros causó cierta sorpresa que el mercado, en lugar de afirmarse siquiera, continuara registrando bajas importantes; pero sobre el particular la última correspondencia llegada del exterior nos refiere que ese préstamo concedido por un grupo de banqueros europeos y americanos y garantizado con 2.000.000 de sacos de café, servirá para ser aplicado al cubrimiento de un empréstito viejo y vencido"

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Páginas web

www.pastranec.net

www.artehistoria.com

 

Résmil Eduardo Chacón Santana

FORMACIÓN

2005 - UCV, Universidad Central de Venezuela (Caracas, Venezuela)

Especialidad en Derecho Mercantil (En curso)

Asignaturas cursadas:

Derecho Mercantil Profundizado I

Derecho Mercantil Profundizado II

Derecho Mercantil Profundizado III

La empresa Mercantil

Títulos Valores

Atraso y quiebra

Comercio electrónico

Mercado de Capitales

Seguros

1999 - 2004 UCV, Universidad Central de Venezuela (Caracas, Venezuela)

Abogado. Mención de Honor Suma Cum Laude (19 puntos de promedio)

1995 UCAB, Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela)

Magíster Scienciarum en Historia de Venezuela Mención de Hornor Cum Laude (18 puntos de promedio)

Tesis: "Aproximación a la Historia Colonial de Caucagua en el siglo XVIII" Calificada con 20 puntos y derecho a publicación

1983 - 1988 UCAB, Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela)

Licenciado en Educación mención Ciencias Sociales Mención de Honor Cum Laude (18 puntos de promedio)

EXPERIENCIA LABORAL

2004 - actual Abogado litigante libre ejercicio en materia civil y mercantil.

2004 - actual Instituto de Creatividad y Comunicación, ICREA (Caracas, Venezuela) Gerente General

1998 - actual UMA, Universidad Monteávila (Caracas, Venezuela).

Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas:

Profesor de Metodología de la Investigación, Venezuela y su circunstancia, Asistente de la asignatura Instituciones de Derecho Procesal II

Facultad de Ciencias de la Educación:

Profesor de Historia de la Cultura e Historia de Venezuela

1999 - 2004 UMA, Universidad Monteávila (Caracas, Venezuela) Decano de la Facultad de Ciencias de la Educación

1990 - 2000 UCAB, Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela) Profesor de Historia de Venezuela e Historia de la Civilización

1990 - 1998 Liceo Los Arcos (Caracas, Venezuela) Director Académico

1986 - 1990 Liceo Los Arcos (Caracas, Venezuela) Profesor de Educación Básica, Media y Coordinador

1989 - 1992 Liceo Alonso Andrea de Ledesma (Guarenas, Venezuela) Profesor de Historia y Geografía

Venezuela, Caracas, 2006

 


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