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El concepto de sistema constituye una de las piedras angulares de la cibernética. Esta rama del saber humano se orienta a la búsqueda de las propiedades de los objetos que además de caracterizarlos, cumplen la condición de que no son observables en ninguna de sus partes, y por consiguiente, no pueden ser obtenidas por los métodos de la lógica, pues esta investiga a los objetos dividiéndolos en partes con el objetivo de simplificar su estudio.
Se entiende por sistema a un conjunto interrelacionado de elementos con el objetivo de cumplir una misión, que los elementos por separado no podrían alcanzar. Existen los más diversos ejemplos de sistema, entre los que se destacan: una jauría de lobos (orientados hacia la caza), la familia (orientada a la educación de las nuevas generaciones), la congregación de fe (orientada a la adoración a Dios), etc.
Los sistemas dejan de existir cuando pierde sentido la misión que constituye su razón de existencia. Por lo general la causa que da origen a la formación del sistema se extienden en el tiempo más allá de la vida física de los representantes del mismo, razón que induce el carácter trascendente del sistema respecto a sus representantes. Esta trascendencia del sistema conlleva a la conclusión de que los sistemas no son reuniones fortuitas y temporales de los elementos que los conforman, sino más bien agrupaciones estables y permanentes que rigen, e incluso inducen, la propia existencia de sus representantes.
Los elementos se configuran en sistema no para alcanzar cualquier cualidad, sino para lograr cualidades que son vitales para su supervivencia. De esto se infiere que si la única forma de alcanzar esas cualidades es a través de la constitución de sistemas, entonces estos deben existir mientras permanezca vigente la necesidad de tales cualidades, que dicho sea de paso, son vitales para los elementos y por tanto se hace imposible que prescindan de ellas a lo largo de toda su existencia.
La existencia de los sistemas más allá de la vida de sus representantes crea dificultades metodológicas que se hace necesario enfrentar.
Esto implica que la parte esencial del sistema, cuya manifestación se realiza a través de la actividad y presencia de sus representantes, permanece oculta y alejada del alcance de la percepción directa del hombre.
El hecho de que los sistemas estén dotados de una inteligencia perteneciente a un nivel jerárquico diferente al de sus representantes, implica que en lo más profundo del sistema se encuentra albergada un tipo muy específico de inteligencia, capaz de procesar la información que accesa al sistema, y por consiguiente existe una forma muy peculiar de pensamiento que propicia la toma de decisiones por parte del sistema. Obteniéndose así que en esa esencia oculta del sistema, donde existe inteligencia y pensamiento, debe refugiarse una forma muy específica de conciencia que denota el reflejo del contexto, y de sí mismo, por parte del sistema, esta vez constituido en sujeto.
Cuando Prigogine I. plantea que "Actualmente empieza a comprenderse que la vida es el resultado de una evolución que se dirige hacia sistemas cada vez más complejos" nosotros advertimos que esos complejísimos sistemas están presentes ya, y nos han acompañado a lo largo de toda la historia de la evolución de la que nosotros también somos producto.
Los animales que conforman una especie no actúan a su libre albedrío, sino que responden a intereses y necesidades mucho más importantes que su propia existencia. El sistema como un todo los necesita, les asigna roles y exige de ellos determinados comportamientos orientados a la preservación, desarrollo y difusión de la especie. Proceso este que se realiza bajo la hegemonía de un plan cuidadosamente elaborado por la inteligencia que le es inherente al sistema.
El único factor común a toda la evolución es el creciente incremento del dominio de la inteligencia sobre la energía. La inteligencia ha logrado crecer hasta límites insospechados por los humanos. Es necesidad de cada especie hacer que su inteligencia crezca más y más, dada la creciente complejidad del contexto en que ésta se desarrolla.
Para incursionar en el tema de la evolución desde la perspectiva que nos ofrece la cibernética educativa, se hace necesario compartir algunos aspectos fundamentales que intervienen en el nacimiento y desarrollo de un sistema educador:
Los elementos, inicialmente aislados, bajo el influjo de los constantes cambios contextuales, resultan inmersos en un proceso permanente de adaptación (equilibrio dinámico) que constituye la única vía para su supervivencia. Llega el momento en que la creciente complejidad del contexto, rebasa las posibilidades de los elementos aislados, reclamando de éstos cualidades, características y propiedades que sólo pueden ser alcanzadas bajo la acción simultánea y sincronizada de varios elementos. Es así como surgen ciertas agrupaciones de elementos que denominaremos agrupaciones presistémicas. Fue así como ciertos tipos de células accedieron a unirse conformando agrupaciones que les permitieran gozar de nuevas cualidades, que con el transcurso del tiempo se convertirían en imprescindibles para la vida de estos elementos.
El hecho de que estas propiedades sistémicas acompañen a los elementos a lo largo de toda su existencia induce necesariamente el carácter estable y permanente de tales agrupaciones. Las cuales llevan a cabo su actividad en un medio extremadamente dinámico, de manera que el equilibrio que induce la estabilidad de estas nacientes agrupaciones ha de ser también dinámico.
Los constantes e imprevisibles cambios contextuales oponen los más diversos obstáculos entrópicos a la existencia de estas agrupaciones, las cuales están obligadas permanentemente a velar por su homeostasis (por su integridad). Resulta pues imprescindible que entre las cualidades adquiridas por las congregaciones presistémicas se incluya una de la que no se puede prescindir: "la inteligencia" a ese nivel jerárquico
Podemos señalar que la adopción de inteligencia por parte de estas agrupación celulares presistémica, representa el paso de la vida unicelular a la vida metazoaria, o sea a los organismos pluricelulares. Si estas células inicialmente optaron por formar agrupaciones conformando a los sistemas, luego quedaron indisolublemente subordinadas a estos perdiendo su independencia e individualidades.
Pero la inteligencia conlleva consigo una serie de aspectos que no pueden ser ignorados, y que ya sea implícita o explícitamente han de estar presentes en la elección de eventos favorables por parte de los sistemas educadores.
Entre los componentes imprescindibles para el desarrollo de la inteligencia podemos señalar los siguientes:
Pero la evolución de la vida no quedó en los organismos pluricelulares y tal y como vaticinó Ilya Prigogine siguió su curso hacia sistemas más complejos: Los propios organismos pluricelulares se han visto necesitados de conformar agrupaciones bajo el influjo de necesidades análogas a las que obligaron a las células a conformar los organismos pluricelulares. Estas agrupaciones suprametazoarias también han requerido de homeostasis, de permanencia y de un equilibro dinámico que sólo puede ser suministrado por una inteligencia que rija la vida en este estrato del mundo viviente. Definitivamente tenemos que admitir la existencia no sólo de inteligencia, sino de un tipo jerárquicamente superior de consciencia a nivel de las especies, de ecosistemas y de la naturaleza en general.
El hombre es un ejemplo elocuente de lo planteado, millones de células de las más disímiles formas y estructuras se han reunido, regidas por un plan cuidadosamente elaborado por una inteligencia oculta a la vista del hombre, y a través de un verdadero acto de magia han dado como resultado a esa hermosísima criatura que constituye el ser humano.
Pero por su parte, los hombres se han reunido conformando a la especie humana, la cual viene evolucionando desde hace miles de años, regida por un plan meticulosamente concebido y ejecutado capaz de asombrar a los más geniales representantes de esta venerada y arrogante especie.
En términos cibernéticos se debe considerar la existencia de una categoría que contenga la parte trascendente del sistema, esa parte esencial y oculta a que se ha hecho referencia y que se denominará "sistema trascendente" Por otro lado se denomina "sistema concreto" a la forma espacio temporal de existencia del sistema, se está haciendo referencia a aquello que se encuentra al alcance de la percepción humana y que está directamente relacionada con la presencia y actividad de los representantes del sistema.
Se debe señalar que la actividad inteligente del sistema se despliega en tres vertientes fundamentales:
Lo expresado con anterioridad puede ser ilustrado si se observa al hombre como sistema, su inteligencia parte de la actividad de su conciencia, pero a su vez esta se despliega en tres vertientes fundamentales:
Por su parte en la evolución de cada sistema, en su desarrollo, se requiere de una inteligencia capaz de dotar al sistema de la necesaria capacidad para evadir, resolver o atenuar los permanentes y más disímiles problemas que se anteponen en el cumplimiento de su misión. Pero para ello el sistema necesita tanto de proyecciones estratégicas (fundamentadas en una visión a largo plazo), como de proyecciones tácticas que le permitan regir el desarrollo del sistema en etapas espacio temporales concretas de su existencia.
El sistema trascendente es la única configuración sistémica capaz de concebir las proyecciones estratégicas del sistema, dado su carácter trascendente y por tanto es el único capaz de ocuparse del diseño inteligente de una especie como la observada en el "Trilobites" y en general en todas las especies existentes en la actualidad.
El sistema concreto, vinculado profundamente a las condiciones espacio temporales contextuales, se encuentra en condiciones óptimas para concebir, realizar y evaluar las proyecciones tácticas requeridas por el desarrollo del sistema. La inteligencia asociada al sistema concreto no debe ser identificada con las inteligencias individuales de los representantes del sistema. Se trata de la existencia de una inteligencia orgánica cualitativamente superior a la de los elementos que componen el sistema
Por lo expresado hasta ahora se pueden hacer las siguientes observaciones:
En conclusión se debe destacar que a través de la cibernética se percibe la presencia de una entidad inmaterial inteligente (sistema trascendente) que además de ser eterna (con respecto a nuestra exigua existencia) rige y gobierna la vida de sus representantes, para los cuales ha trazado un plan de existencia al que en principio no se tiene acceso. Esa entidad inmaterial a que se hace referencia es a su vez omnisciente, omnipotente, omnipresente y al mismo tiempo que los representantes forman parte de ella, esta también dentro de cada uno de sus representantes.
No es intención de esta obra incursionar en el ámbito teológico - filosófico, si lo expresado coincide con algo que el lector conoce o percibe, pues tómelo como una coincidencia y como una confirmación de que su fe no está errada.
La coexistencia de inteligencias transhumanas simultáneamente con el hombre abre un escenario de confrontación y negociación entre inteligencias de las más disímiles jerarquías y gradaciones, donde se conjuga la independencia de cada una de éstas, con una profunda y compleja interconexión que resulta extremadamente difícil de descifrar
Este escenario de negociación cultural, en que cada sistema expone sus conquistas tanto materiales como espirituales, sus fortalezas y debilidades; y donde trata de aprovechar sus oportunidades y evadir sus amenazas, constituye el medio en que viven los seres humanos, inmersos en un profundo sistema de contradicciones que en última instancia rige el comportamiento del hombre.
Hasta hace muy poco se consideraba que la fiebre provocada por ciertos tipos de virus que invaden al cuerpo humano, era una conquista evolutiva de esas especies invasoras. La conclusión era entonces trivial, "combatir la fiebre". Ahora se ha comprendido que en muchos casos la fiebre es más bien una conquista evolutiva de la especie humana, dado que cuando se aumenta la temperatura del cuerpo, muchos de estos virus no se sienten a gusto y optan por desistir de sus empeños y abandonar al cuerpo que habían tomado como hospedero.
Hace unos meses atrás unos hongos decidieron hospedarse, por su cuenta, en uno de mis pies. A partir de entonces he sido testigo de una guerra muy curiosa en la que se encuentran involucradas, al menos, tres inteligencias pertenecientes a niveles jerárquicos diferentes: Un ardor morboso me provocaba un deseo incontenible de rascarme hasta la saciedad, pero una duda invadió mi mente:
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En el hombre, y sus sistemas hospederos (sistemas que contienen al hombre y con los cuales este establece relaciones de pertenencia), se produce una contradicción básica generada por la relación entre su cultura tangible (aspectos materiales como edificaciones, obras, instrumentos y los propios seres humanos) y su cultura intangible (costumbres, tradiciones, modos de pensar y actuar e incluso la propia conciencia).
Entre cultura tangible y cultura intangible se manifiesta la contradicción filosófica que se da entre contenido y forma. El carácter dinámico de la cultura tangible provoca que periódicamente se rompa la correspondencia de ésta con la cultura intangible, la cual cambia muy lentamente. Este conflicto induce las necesarias transformaciones a la cultura intangible, describiendo así el sistema un salto cualitativo de desarrollo.
La dialéctica cultura tangible – cultura intangible en los seres humanos se encuentra en un creciente e inminente peligro. La humanidad ya recoge los primeros frutos: el desarrollo y utilización indiscriminada de las técnicas de información y comunicaciones están generando una cultura intangible uniforme para todos los habitantes del planeta, que corresponde con el nivel de los más ricos. Los jóvenes de los países pobres, por sólo poner un ejemplo, han comenzado a pensar, actuar y comportarse como si vivieran en un país rico, ¡la catástrofe es impredecible!
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Pero incluso en el caso en que la contradicción cultura tangible – cultura intangible se desarrolle espontáneamente, el hombre puede caer en una nueva celada. La dinámica generada por esta contradicción ofrece un rumbo, y por consiguiente un sentido (o pseudosentido) a la vida del hombre que en principio se torna contradictorio con la misión de los sistemas hospederos que le dieron la vida. Si el hombre modula su comportamiento en correspondencia con los recursos, por lo general crecientes, de los que va disponiendo. Llega el momento en que se puede perder la perspectiva de aquellos sistemas hospederos (la familia, la comunidad, la patria, la humanidad, la naturaleza, etc.) que lo han generado y a los cuales debe su existencia. La tentación que ofrece el egoísmo, la riqueza y el poder se torna dominante si el hombre no logra conciliar sus intereses individuales, con los compromisos sistémicos que les son inherentes, los que en última instancia determinan el sentido de su vida. Considérese además, que los sistemas hospederos cuentan con mecanismos homeostáticos que adquieren manifestación en inteligencia a su nivel jerárquico. Inteligencia que de una forma u otra sanciona, combate o evade todo aquello que represente problemas u obstáculos para su desarrollo.
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Una nueva celada emerge del sistema de contradicciones en que habita el ser humano: Los sistemas trascendentes que rigen la evolución de cada especie han diseñado planes estratégicos que se vienen desarrollando hace miles e incluso millones de años. La especie humana no es una excepción y ha venido evolucionando desde la prehistoria por un camino exquisitamente elaborado. La extraordinaria perfección humana está lejos de ser explicada por el conocimiento del hombre, ¡lo que si es indudable es que es una realidad! Tenemos mucho que agradecer a todo lo que ha hecho nuestra especie para que hoy seamos quienes somos, resultado que no ha dependido en nada de las voluntades individuales.
El hombre no tiene acceso al plan que actualmente rige su desarrollo como especie, pero irónicamente está dotado de capacidad para trasformarlo, tal vez esta sea una de las pocas diferencias sustanciales entre el hombre y el resto del mundo animal.
Esto es observable en cuestiones tan simples como la nutrición: las sociedades pobres están obligadas a nutrirse según el plan que les han reservado los sistemas hospederos correspondientes, y están obligados entonces a ingerir los frutos y productos alimenticios locales de las estaciones correspondientes. Los países ricos cuentan con recursos que permiten al hombre nutrirse según sus criterios, gustos e intereses individuales, deviniendo en sociedades enfermas con un alto índice de diabetes, enfermedades cardiovasculares, obesidad, neuropatologías, etc.
Lo más agravante es que el hombre no sólo cuenta con los recursos necesarios para modificar el curso de su desarrollo como especie, sino que está capacitado además, para transformar los planes evolutivos (a los cuales tampoco tiene acceso) de aquellas especies que coexisten con él, pudiendo provocar una catástrofe de dimensiones inigualables.
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Por otro lado debemos señalar que incluso los hombres más sensatos y comprometidos se encuentran con una contradicción que en principio resulta ser antagónica o irreconciliable. Nosotros no asumimos la definición de hombre como ser biosocial, por considerarla demasiado amplia, desde la perspectiva de la cibernética educativa se define al hombre como un ser biosistémico, definición que enfatiza en la integración del hombre a la familia, a la comunidad, a la humanidad e incluso a la naturaleza con la que tiene compromisos ineludibles, y que se escapa de una concepción social.
En la realidad el hombre no se siente comprometido con la sociedad en general, sino con sus sistemas hospederos, o sea con aquellos sistemas sociales que lo contienen y con los cuales establece relaciones de pertenencia. Tal vez ese haya sido uno de los errores básicos de las sociedades comunistas, donde se supuso al hombre un ser social en detrimento de su pertenencia a los sistemas de menor jerarquía como la familia, círculo de amigos, organizaciones informales y no gubernamentales, etc.
La contradicción a que se está haciendo referencia estriba en que incluso en el caso que el hombre decida sacrificar todos sus intereses individuales en función de los sistemas con los que establece relaciones de pertenencia, se le hace prácticamente imposible elegir un comportamiento que satisfaga todos y cada uno de las exigencias establecidas por los diferentes sistemas hospederos, dado el carácter contradictorio, y hasta excluyente, de las misiones u objetivos que presiden la existencia de los mismos.
Por sólo poner un ejemplo, veamos lo que ocurre con cada uno de nosotros con mucha frecuencia: resulta un verdadero rompecabezas si nos proponemos asumir un comportamiento que satisfaga simultáneamente las exigencias de todos los sistemas hospederos que nos corresponden, como por ejemplo: la familia restringida (esposa e hijos), la familia ampliada (abuelos, tíos suegros sobrinos, etc.), el colectivo de amigos, el colectivo de trabajo, la comunidad, etc. Sobre todo en estos tiempos que se vive bajo una tensión y un estrés inusitados.
Es por ello que se puede afirmar que cualquier comportamiento que se asuma, entrará necesariamente en contradicción con alguno, o algunos de nuestros sistemas hospederos. Esta es una de las encrucijadas más complicadas que antepone la vida al comportamiento humano, requiriéndose de mucha inteligencia para salir lo mejor posible de este acertijo propio de la misma existencia humana.
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También ocurre que incluso en la mejor de las situaciones, en el caso que podamos cumplir con todos y cada uno de nuestros compromisos sistémicos, la vida nos puede tener reservadas sorpresas negativas que desde nuestra perspectiva no comprendemos. "¡Que mal yo habré hecho para merecer tal castigo!" o "¿Por qué a muchas personas que hacen daño la vida les sonríe y a mí, que cumplo con todas mis obligaciones, me va tan mal?" son algunas de las frases que manifiestan nuestra incomprensión.
Para explicarnos estas interrogantes se debe partir de las siguientes premisas:
La última premisa expuesta le permite al hombre orientar su comportamiento, a pesar de la incertidumbre implícita en las dos primeras: Las probabilidades de ser bien retribuidos haciendo el bien, son mucho mayores que cuando se hace el mal (de no ser así quedaría muy entredichos la inteligencia humana). Debe pues, hacerse el bien a cambio de nada, sin esperar una recompensa por nuestras acciones: una ley matemática, la ley de los Grandes Números, se encargará de guiarnos hacia el éxito y la realización, toda vez que expresa que en grandes números de ocurrencias la realidad se comporta como la probabilidad.
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Sobre la sinuosidad de la vida cabe señalar que incluso en la propia realización de las decisiones que el hombre toma, se manifiesta una contradicción que se encuentra estrechamente relacionada con sus estados anímicos y que con frecuencia influye en el éxito que pueda o no tener.
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Las contradicciones señaladas no deben ser vistas como desgracias que gravitan sobre nuestra especie, pues podemos decir que a ellas debemos nuestro desarrollo. Si la inteligencia puede ser tomada como capacidad para resolver problemas, entonces éstos no pueden ser percibidos como otra cosa que como oportunidades para nuestro desarrollo y él de nuestros sistemas hospederos.
No hemos pretendido agotar el tema de las contradicciones del comportamiento humano desde la perspectiva cibernética en este artículo, sólo hemos querido esbozar lo que será el artículo "Dialéctica del comportamiento humano" que será publicado próximamente.
La generalización del concepto de cultura hacia los sistemas educadores, permitió la generalización del concepto de educación más allá de la perspectiva humana abarcando a todo el reino biológico. Este enfoque abre la posibilidad de revelar regularidades muy importantes de los complicados procesos educativos desarrollados por la naturaleza, lo que constituye uno de los principales aportes teóricos derivados de esta obra, toda vez que a partir de ella el hombre puede conceptualizar y perfeccionar su educación aprendiendo de la naturaleza, cuestión de la que estaba privado hasta entonces, por haber considerado a la educación patrimonio exclusivo de los seres humanos.
El hecho de considerar a la educación como el acto de depositar la cultura del sistema en sus representantes, reveló que no sólo se transfieren los aspectos "espirituales", sino también las conquistas materiales de la especie, en las que se incluyen las características biológicas necesarias para la preservación, desarrollo y difusión de la misma. De ahí que la evolución constituya una parte integrante del objeto de la cibernética educativa.
La desmistificación del concepto de inteligencia y el estudio de los principales planteamientos de la Teoría de Evolución, a la luz de una nueva definición cibernética de "inteligencia" (como procesamiento de lo infinito), reveló la inconsistencia de esta teoría si se excluye la acción de un componente inteligente en la evolución del mundo biológico.
Del enfoque de inteligencia como procesamiento de lo infinito se derivó además, que "el tanteo" (evolución basada en la generación de variedad azarosa) y "los procesamientos inteligentes" (evolución basada en una capacidad innata de los sistemas que evolucionan para orientarse en la determinación de comportamientos favorables) son contrarios dialécticos; y que la absolutización de cualquiera de ellos conlleva a resultados inconsistentes que obstaculizan la percepción de los complejísimos procesos evolutivos desarrollados por la naturaleza.
Sin entrar en disquisiciones filosóficas se llegó a la conclusión no sólo de que a los sistemas que evolucionan les es innata un tipo muy específico de inteligencia, sino también que ésta está conformada por ciertos componentes entre los cuales se encuentran: la memoria, el componente heurístico y la visualización. Lo que significa que en los sistemas educadores se ha de producir un tipo muy singular de reflejo, tanto de su interior como del contexto en que se desarrollan, de manera que en estos sistemas se alberga un tipo, muy singular también, de conciencia.
El profundizar en la categoría "sistema" aportó nuevos elementos teóricos que se hace necesario destacar. El hecho de que los sistemas constituyan organizaciones estables y trascendentes que gozan de un equilibrio dinámico advierte sobre su carácter inteligente, contando además con las siguientes características:
Lo que significa que la parte esencial del sistema, cuya manifestación se realiza a través de la actividad y presencia de sus representantes, permanece oculta y alejada del alcance de la percepción directa del hombre. Es por ello que cuando Prigogine plantea: "…Actualmente empieza a comprenderse que la vida es el resultado de una evolución que se dirige hacia sistemas cada vez más complejos"; en esta obra se revela que esos complejísimos sistemas están presentes ya, y han acompañado a la vida a lo largo de toda su evolución. Es por ello que se hizo necesario considerar la existencia de una categoría cibernética que contenga la parte trascendente del sistema, esa parte esencial y oculta que fue denominada "sistema trascendente". Al mismo tiempo se denominó "sistema concreto" a la forma espacio temporal de existencia del sistema, haciéndose referencia a aquello que se encuentra al alcance de la percepción humana y que está directamente relacionada con la presencia y actividad de los representantes del sistema.
La creciente complejización del contexto obligó a elementos, inicialmente aislados, a hacerse portadores de propiedades que sólo se podían lograr bajo la acción mancomunada de varios elementos. El hecho de que las propiedades referidas resultaran ser vitales para la existencia de los elementos, indujo el carácter permanente de dichas agrupaciones, en tanto que el carácter cambiante del contexto exigió de ellas una estabilidad y equilibrio dinámico. Estas agrupaciones fueron convirtiéndose gradualmente en sistemas, sistemas cibernéticos, sistemas dinámicos, deviniendo finalmente en sistemas inteligentes y sistemas educadores.
Los sistemas trascendentes, manifiestos a través de los sistemas concretos, dotados de inteligencia a su nivel jerárquico, han asumido comportamientos que han guiado a las correspondientes especies hasta los niveles evolutivos observados en la actualidad, contando incuestionablemente con una proyección hacia el futuro. En la base de los comportamientos seguidos por los diferentes sistemas trascendentes se observa una dialéctica en la que intervienen: el tanteo (muy bien descrito por los mecanismos de la selección natural) y los procesamientos inteligentes (que orientan al sistema a la determinación de comportamientos favorables). "Para progresar no basta actuar, hay que saber en que sentido actuar"
Sin bien el enfoque que se sustenta en esta obra describe el paso de la vida zoaria (unicelular) a la vida metazoaria (pluricelular), se debe destacar que no se advierte ninguna condición que se oponga, o limite, al paso de la vida metazoaria a la vida suprametazoaria (las especies, ecosistemas, etc.) siguiendo el mismo camino.
El sistema trascendente es la única configuración sistémica capaz de concebir las proyecciones estratégicas del sistema, dado su carácter trascendente y por tanto es el único capaz de ocuparse del diseño inteligente de una especie como la observada en el "Trilobites" y en general en todas las especies existentes en la actualidad.
El sistema concreto, vinculado profundamente a las condiciones espacio temporales contextuales, se encuentra en condiciones óptimas para concebir, realizar y evaluar las proyecciones tácticas requeridas por el desarrollo del sistema.
Como síntesis se debe señalar que los representantes no son más que una concreción de la entidad inmaterial que constituye el sistema trascendente. Este a su vez cuenta con un plan estratégico que rige la existencia y comportamiento de sus representantes, es trascendente, omnisciente, omnipresente, omnipotente y a la vez que es el todo, se encuentra dentro de cada una de las partes. La determinación de la naturaleza filosófica de ese ente se escapa del objeto de la cibernética y por consiguiente esta fuera del alcance de esta obra.
El hecho de haber enfocado a la evolución desde la perspectiva del desarrollo en un sistema educador genérico, permite revelar regularidades inherentes al progreso en un extenso diapasón que va desde un organismo unicelular, pasando por los organismos más complejos como: las especies, ecosistemas, etc. hasta llegar al propio comportamiento humano. Los mecanismos seguidos por las especies en búsqueda del progreso, el desarrollo y la evolución, pueden y deben ser aplicados para orientar al hombre por el camino del éxito, el crecimiento y la autorrealización. Sería desastroso imaginar a un hombre, o cualquier otro animal que "se encuentre en sus cabales", comportándose sobre la base de la generación de diversidad aleatoria y exámenes correspondientes. Sin embargo los mecanismos derivados del enfoque de evolución inteligente que se propone revelan contradicciones fundamentales del comportamiento humano, cuyas soluciones permiten el perfeccionamiento de la actividad del hombre.
Finalmente consideramos oportuno destacar los principales aportes derivados de esta obra:
Sin caer en eclecticismos se propone y fundamenta en esta obra un enfoque que expresa un equilibrio entre el papel jugado por el tanteo y el papel jugado por la inteligencia en el progreso de las diferentes especies, de manera que se trata de una especie de evolución inteligente que, en definitiva, es quien ha regido el desarrollo en el mundo biológico que hoy observamos.
En nuestros estudios hemos excluido el problema relativo a los orígenes, pues siguiendo los cánones de formación de las diferentes ciencias naturales, somos del criterio que cualquier ciencia que incluya en sus dominios al origen más profundo de su objeto, caerá inexorablemente en aspectos relacionados con la misma formación del universo.
Datos de los autores:
Marcelino González Maitland,
Doctor en Ciencias Pedagógicas,
Valarie G. Williamson Cuthbert,
Master en Administración de Empresas de Servicios,
vwilliamson1960[arroba]yahoo.com
Jaime De León,
Reverendo,
Línea temática: Educación.
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