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4.5 Mapa de Medios

4.6 Guía de episodios

4.6.1Primera temporada (2002)
4.6.2 Segunda temporada (2003)
5.1 En cuanto al Argumento
Brigada A
La serie, emitida entre 1983 y 1987, relataba las aventuras de cuatro veteranos de Vietnam prófugos. Una corte marcial los había sentenciado a prisión por un crimen que no habían cometido, pero ellos lograron escapar de la cárcel y se ganaban la vida ayudando a quienes enfrentaban problemas de difícil solución.
Brigada A era protagonizada por Mr. T como Mario Baracus, el fallecido en 1994 George Peppard como John "Aníbal" Smith, Dirk Benedict como "Fas" o Templenton Peck y Dwight Schultz como Howling "el loco" Murdock. Stephen J. Cannell, creador de la serie y coproductor de la versión cinematográfica.

Misión Imposible
Duración: 50 minutos.
Género: Aventuras
Música: Lalo Schiffrin
Producción: CBS (Estados
Unidos)
Su misión,
Jim, si decide aceptarla será... si usted o algunos de sus
miembros de Fuerza
Misión Imposible es capturado o muerto, el secretario
negará cualquier conocimiento
de sus acciones "este
mensaje se autodestruirá en cinco segundos" son parte de
la inolvidable introducción a las complicadas aventuras de
esta serie de finales de los sesenta un grupo secreto comandado
por James Phelps (Peter Graves) tiene como objetivo
desarrollar misiones muy arriesgadas y difíciles. Un
equipo que se completaba con Cinnamon Carter, Rollin Hand, Barney
Collier y Willie Armitage según los objetivos de
cada misión (si era necesario un especialista en electrónica, un musculoso que aportaba la
fuerza, un experto en disfraces o la agente femenina
versátil y hermosa).
Generalmente, ellos debían desarrollar planes secretos,
utilizando una serie de medios
increíbles para el español de entonces, para
desenmascarar criminales, rescatar rehenes y eliminar
algún poder
extranjero, casi siempre del otro lado del "Telón de
Acero" que
amenazaba al Mundo Libre.
Por los papeles protagonistas pasaron Peter Graves, Martín
Landau, Barbara Bain y Leonard Nimoy entre otros. La serie creada
por Bruce Geller y producida por Joseph Gantman para la CBS es un
verdadero clásico de la
televisión de finales de los 60.

Reparto
Peter Graves - James Phelps
Martín Landau - Rollin Hand
Barbara Bain - Cinnamon Carter
Leonard Nimo - Paris
Greg Morris - Barney Collier
Peter Lupus - Willie Armitage
En esta serie, emitida desde 1966 a 1973, un grupo secreto comandado por James Phelps tiene como objetivo desarrollar misiones muy riesgosas y difíciles. Un equipo que se completaba con Cinnamon Carter, Rollin Hand, Barney Collier y Willie Armitage según los objetivos de cada misión (si era necesario un especialista en electrónica, un musculoso que aportaba la fuerza, un experto en disfraces o la agente femenina versátil y hermosa).
Generalmente, ellos debían desarrollar planes secretos para desenmascarar criminales, rescatar rehenes y eliminar algún poder extranjero que amenazaba al Mundo Libre.
Por los papeles protagónicos pasaron Peter Graves, Martín Landau, Barbara Bain y Leonard Nimoy entre otros. La serie creada por Bruce Geller y producida por Joseph Gantman es un verdadero clásico televisivo que inspiró las películas del mismo nombre protagonizadas por Tom Cruise.
5.2 En cuanto a la estética y al espectador
Columbo:
Era una serie americana de la ficción TV del crimen creada por Richard Levinson y el acoplamiento de Guillermo. Una película experimental era difusión en 1968; la serie ventiló regularmente a partir la 1971 a 1978, y más adelante, esporádico a partir la 1989 a 2003. Starred a Peter Falk como teniente Columbo, detective del homicidio con el departamento del policía de Los Ángeles.
Columbo (inspirado en parte por el carácter del crimen y del castigo, Porfiry Petrovich) era detective lamentable, al parecer lento-witted del policía - aunque, como los criminales aprendieron eventual, los aspectos pueden engañar. Columbo utilizó su personaje deliberadamente respetuoso y distraído para calmar a sospechosos del criminal en un sentido falso de la seguridad; mientras tanto, él solucionó sus casos prestando la atención cercana a las inconsistencias minúsculas en la historia de un sospechoso y persiguiendo al sospechoso hasta que él o ella confesó. La técnica de la firma de Columbo era salir de la escena de una entrevista, parando invariable en el umbral o volviendo un momento más adelante para pedir "apenas una más cosa" de un sospechoso. La "una más cosa" trajo siempre a la luz la inconsistencia dominante.

En la mayoría de los episodios de Columbo, la audiencia ve el crimen revelar al principio y sabe exactamente quién lo hicieron y él fue hecho. Esto permite que la historia revelen más desde el punto de vista del criminal, más bien que la de Columbo mismo; de hecho, en algunos episodios, Columbo incluso no aparece hasta tan atrasado como 30 minutos en la historia, el tiempo precedente que es tomado representando la naturaleza a menudo-compleja del crimen.
Comparándolo con simuladores en donde se resalta el carácter de artificio, dan por descontada la participación y la complicidad del espectador para dejarse arrastrar e introducirse en el terreno de la ficción. Federico D´Elía sostiene que "la serie tiene mucho humor porque el espectador es cómplice de lo que va ocurriendo en el programa. Al no dejarlo afuera, las simulaciones se convierten en algo muy gracioso".
Szifrón afirmó en un entrevista realizada a la página Fotograma.com el día 26/08/2003 que "el cierre de 'Los simuladores" tendrá que ver con la génesis del grupo y cierta cosa relacionada con el pasado de ellos. Estoy haciendo esfuerzos inhumanos para llevarlo hacia el lado del western con una idea visual muy cercana al cine de Sergio Leone, algo que no será muy sencillo", añadió.
Para Damián, "hay un punto en común entre la película y la serie que es el cruce de la vida y el cine. Al igual que en la serie, el planteo dramático del filme es realista, pero tiene una solución relacionada con el mundo de la aventura, la acción y el género policial. Ahí empieza a irrumpir un poco la comedia, porque el cruce entre esos dos mundos -la realidad y la ficción- provoca risas".
Fuente: http://www.fotograma.com/notas/yodirector/3254.shtml
Western

El western está considerado uno de los géneros cinematográficos fundamentales, sobre todo en el contexto del cine clásico y del cine estadounidense. En ocasiones se ha argumentado que es el único género originario del séptimo arte, puesto que el resto en mayor o menor medida ya existían en la literatura.
La palabra "western", originariamente un adjetivo derivado de "west" y cuyo significado es "relativo al oeste", se sustantivó para hacer referencia a las obras (fundamentalmente cinematográficas, aunque también existen en la literatura) que estuviesen ambientadas en el antiguo oeste americano. En castellano, "western" es un anglicismo, y no existe ninguna otra voz para hacer referencia al concepto que representa, por lo que habitualmente se usa la expresión "película del oeste" o "película de vaqueros".
Así pues, en principio una película se incluiría en este género simplemente por estar situada su acción en un contexto determinado: la exploración y el desarrollo del territorio occidental de Estados Unidos durante el siglo XIX. Sin embargo, con el tiempo las características de dicho contexto histórico se fueron extendiendo a los personajes de esas historias, condicionando su modo de vida y definiendo su idiosincrasia.

Sergio Leone
El primer director de este subgénero fue Sergio Leone con "Per un pugno di dollari" en la que hacía aparición por primera vez Clint Eastwood. Se caracteriza por una estética sucia a la vez que estilizada y por unos personajes aparentemente carentes de moral, rudos y duros, haciéndose servir de los clichés clásicos del Western Americano para crear un estilo propio sirviéndose del mito.

5.3 En cuanto a los personajes:
Lamponne (Alejandro Fiore) juega una suerte de Tom Cruise en Misión: imposible 2, casi siempre contactado en situaciones de deportes extremos y Macgyver, en el aspecto de técnica y movilidad. Medina (Martín Seefeld) inunda la pantalla de excesivo romanticismo, y llega al punto de poner en peligro un operativo debido a sus principios. Ravenna es un seductor, una especie de "Charlie" rodeado de ángeles pulposos, que puede estar en plena meditación trascendental o saltando en picada a una pileta olímpica.
Macgyver
(MacGyver
1985)
Duración:
50 minutos.
Género: Aventuras
Producción: ABC
La serie fue un clásico de los ´80.
Televisión Española la
estrenó en 1987 y fue un éxito
en pantalla, manteniéndose en antena durante siete
temporadas.
El protagonista era un investigador recio y guapo que
tenía la rara habilidad de fabricar armas poderosas a
partir de clips para papel o barras de caramelo.
MacGyver, que así se llamaba, era un ex agente de las
Fuerzas Especiales que ahora trabajaba para la Fundación
Phoenix, una entidad dedicada a "corregir males" y luchar contra
los criminales y villanos de todo el mundo.
MacGyver era un tipo sencillo que de pronto tomaba un clip y lo
convertía en un corto circuito para un misil nuclear, o
usaba un caramelo para parar una pérdida de ácido,
todo justo en el último minuto antes de la
catástrofe.
Como muchos héroes de la TV (Columbo, Quincy, Petrocelli)
MacGyver no tiene nombre hasta que en la última temporada
de la serie se reveló la incógnita. Henry Winkler,
el actor que hacía de Fonzie en Los días Felices,
fue el coproductor de esta serie de acción y
aventuras.
En el último episodio Macgyver descubrió que
tenía un hijo del que él desconocia su existencia.
Ambos terminan la serie marchandose juntos en sus
motocicletas.

Reparto
Richard Dean Anderson MacGyver
Dana Elcar Peter Thornton
Bruce Macgill Jack Dalton
Elyssa Dávalos Nikki Carperter
Michael Des Barres Murdoc
Mayin Bialik Lisa
Los Angeles de Charlie
(Charlie´s Angels
1976)
Duración:
50 minutos.
Género: Policiaca
Producción: ABC
Se trataba de tres muchachitas que fueron a la academia
de policía. Así empezaba la presentación de
esta serie que fue muy popular a finales de los años
70 en nuestro país. Las chicas se hicieron muy famosas
como el caso de Farrah Fawcett, un verdadero Boom que llenaba las
habitaciones de los chicos con posters y fotografías.
La agencia de detectives de Charlie Townsend es una de las pocas
en el mundo que reúne competencia,
eficiencia y
belleza. Sí, mucha belleza. Como ex-agente de las Fuerzas
Armadas de los Estados Unidos, Charlie (en la voz de John
Forsythe) sabe que mucha gente precisa ayuda y puede pagar por
ello. Así nació la idea de crear una agencia de
detectives, en la que sus agentes son mujeres habilidosas con las
armas y en la defensa personal y, también, en el arte de
la seducción.
El primer equipo de detectives está formado por las
ex-policías de Los Ángeles, Kelly, Jill y Sabrina,
todas coordinadas por John Bosley, el contacto entre los
ángeles y el propio Charlie, el jefe que nunca muestra la cara
en la agencia. Enfrentando todo tipo de peligro, los
ángeles de Charlie saben como lidiar con situaciones
difíciles. Y para eso no dudan en usar su más
poderosa arma - sus encantos. Además de Kelly, Jill y
Sabrina, la agencia de Charlie también cuenta con la ayuda
de otros ángeles como Tiffany, Kris, hermana de Jill, y
Julie. Todas ellas dispuestas a todo para resolver un
caso.

Reparto
Farrah Fawcett - Jill Munroe
Kate Jackson - Sabrina Duncan
Jaclyn Smith - Kelly Garrett
Shelley Hack - Tiffany Welles
Cherryl Ladd - Kris Munroe
Tanya Roberts - Julie Rogers
David Doyle - John Bosley
John Forsythe La voz de Charlie en la versión original
5.4 Otra de las influencias son las series policíacas de los 70` y 80`. Solo hace falta mirar un ratito la señal "Retro" y vamos a empezar a ver miles de semejanzas con series de aquella época como la Serie "Petrocelli" (1974/1976) - Maggie Petrocelli (empezando por el uso de los pilotos como indumentaria característica).
6.1 La televisión
6.1.1 Televisión antigua
La aparición de la televisión desplazó rápidamente la radio del salón al dormitorio, el cuarto de baño o la cocina. Este equipo de audiovisuales, presentado por Decca en la 19ª Feria Nacional de Radio y Televisión en Londres en 1952, combinaba la radio y la televisión en un solo mueble. El tamaño de la pantalla permitía a grupos numerosos presenciar programas de éxito.
6.1.2 La Televisión argentina
El primer canal de televisión porteño se lo debemos a Eva Perón, quien los albores de la década de los cincuenta contacta a Jaime Yankelevich, para que rápidamente dotara al país de ese novedoso medio de comunicación. El pope de radio Belgrano, notable empresario radial en su origen, marchó a EEUU y se trajo unos equipos suficientes para complacer la ansiedad activa de la primera dama.
Un transmisor de 42kilovatios, cinco metros de antena y siete mil televisores fueron puntapié inicial de la TV Argentina. La primera imagen fue la de evita con la conocidísima foto de la sonrisa, el rodete y el prendedor. Formalmente su nacimiento se produjo el 17 de Octubre de1951 con un programa muy especial: el acto por el día de la lealtad en Plaza de Mayo, presidido por el general Perón.
Muchos espacios fueron prácticamente loteados y cedidos anunciantes con poder de decisión sobre los mismos. El estado mantenía la titularidad del servicio, pero en su seno comenzaban a desarrollarse importantes movimientos privados autónomos.
Concebida mediante el decreto 15.460 del 25 de noviembre de 1957, durante el gobierno de Pedro Aramburu, nació la TV privada. En Bs. As la primera emisora de estas características -canal 9- surgió el 09 de junio de 1960.
El avance de la cultura audiovisual sobre las costumbres recibió un fuerte espaldarazo, entrado los años 90, con la masificación del cable, que cambia radicalmente la manera de ver TV. Anteriormente, con escasos cuatro canales y sin control remoto a mano se veía televisión de manera mas o menos lineal. Se elegía un programa y se lo observaba de principio a fin.
La TV abierta comienza a mutar, se descentraliza aceleradamente la programación, la programación deja de ser un valor estable. Se mueve constantemente, terminan las largas temporadas con programas inamovibles. Los ciclos cambian de un canal a otro sin complejos. Los presupuestos son cada vez más ajustados.
A partir de 1947 algunos sostienen que las radios y varios diarios, con excepción de La Prensa, La Nación y Clarín, habían sido comprados por el Gobierno.
Muchos creen que esto no es verdad, que el gobierno de Perón no compró las radios. Que eran sociedades anónimas particulares, totalmente independientes del Gobierno. Sus titulares eran amigos de Perón. Eso lo hace cualquier gobierno. Ningún gobierno del mundo le da licencias al enemigo. La radio El Mundo y la cadena eran de Haynes. La cadena de Splendid era de Peralta Ramos, la gente de La Razón. En Radio Belgrano está Jorge Antonio. Eran todas cadenas privadas. El que estatiza las radios es la Revolución Libertadora.
La televisión argentina nació con una extraña mezcla de propiedad estatal y privada. Ni 100% estatal, ni 100% privada. La propiedad indiscutida de la señal es del Estado, no existen plazos de concesión, la legislación oscila entre inexistente y confusa.
A partir de 1974, poco tiempo había para pensar sobre la necesidad de televisión en color. Los contratos a los artistas eran por tiempo limitado, no se encaraba nada ambicioso, no se invertía en mantenimiento. Una lógica consecuencia era recurrir a los enlatados. Aunque sólo existían pocas series en horarios centrales (Ladrón sin destino, Dos tipos audaces, Kung Fu) en las noches se proyectan diversos ciclos de cine: Cine estelar y Los Oscar del Cine (C9), La segunda de la noche (C13), Premier 70 (C11) y Cine sin cortes (C7). Se iba desarrollando un lento pero inexorable desplazamiento de la producción nacional.
Es complejo analizar la programación del año; en el verano por los cortes los ciclos aparecían y desaparecían, rotaban de horario; los programas fuertes de la temporada, que comenzaban entre marzo y mayo, tuvieron suerte diversa: algunos duraron todo el año, otros fueron interrumpidos por las nuevas autoridades, algunos comenzaron con la televisión estatizada, figuras como Tato Bores y Mirtha Legrand desaparecieron abrupta y conflictivamente de las pantallas, comenzaban a aparecer nombres "no recomendados" en una nueva etapa de la televisión, tan íntimamente ligada a los avatares políticos. Algunos contratos se respetaban, otros no, algunos programas fueron levantados a cambio de mantener un prudencial silencio y cobrar todo el año (promesas en general incumplidas).
Un fenómeno que se desarrollaría fuertemente al final de la década comenzó este año: las miniseries. La emisión de QB VII, dentro del ciclo Antes que en el cine fue un suceso: 3.629.000 televidentes; sólo fue superado por transmisiones de fútbol internacional; el primer programa de ficción en audiencia (Porcelandia) tuvo 1.714.500 televidentes; entre los programas emitidos en el primer semestre le siguió Kung Fu, El chupete, La noche de los grandes, Hupumorpo y en 10° puesto Alguien como usted, con Irma Roy, una de las pocas actrices identificadas desde sus comienzos con el peronismo.
La tradicional telenovela de las tardes casi no tuvo representantes: Enséñame a quererte de Marcia Cerretani (enero a junio) y Juntos hoyŠ y aquí de Vito De Martini, el único nuevo encarado por las nuevas autoridades (desde setiembre).
Dos clásicos del género se mantuvieron muy activos: Abel Santa Cruz (hiperactivo diríamos), en un momento con cuatro ciclos semanales en el aire (y muy exitosos) y Alberto Migré, con el galardonado Dos a quererse y el no tan exitoso Mi hombre sin noche.
Otros programas unitarios fueron ¡Qué viudita es mi mamá! con Leonor Manso, Hay que vivir, producido por Eddie Williams y protagonizado por su esposa Iris Lainez (grabado originalmente para el extranjero), Cachilo (con un perro como protagonista y Betiana Blum trocando de sus roles de malvada a buena) y Mi hijo Damián (con Bisutti y Laplace), todos sin demasiada repercusión.
Dos programas de jerarquía fueron Historias de medio pelo, con autores rotativos provenientes del teatro (Somigliana, Cossa, Halac) y Una mujer en la multitud, dirigido por María Herminia Avellaneda y protagonizado por Norma Aleandro, que se mantuvo en pantalla dos años. En el Teatro de Jorge Salcedo, con libretos de Adellach, Lizarraga y otros, el recio y limitado actor encarnaba semana a semana personajes con distinta profesión.
Un sketch y un par de personajes inolvidables se gestaron este año: Ricardo Espalter y Enrique Almada dando vida al Toto Paniagua y el profesor de buenos modales, acompañados por Katia Iaros, dentro de Hupumorpo. Además de los ciclos de los clásicos Sofovich y Cammarota, hubo otras ofertas en humor, aunque sin gran trascendencia: Revisterema, escrita por Golo, ex libretista de Pepe Biondi; una nueva temporada de La tuerca, con nuevos libretistas y por canal 9; dos ciclos con Juan Carlos Altavista (La pensión de Minguito y Las aventuras de Minguito Tinguitella), un fallido ciclo con Alberto Olmedo: Alberto Vilar el indomable, con libreto de Víctor Sueiro (años antes de resucitaciones y ángeles) y Humberto "Coquito" Ortiz; se evidenció que en una comedia lineal, con libretos que debían respetarse, sin posibilidades de improvisar, sin la presencia orientadora de los hermanos Sofovich, el genio del cómico rosarino no funcionaba a toda máquina; Monoblock con libretos de Meyrialle y De Cecco y El gran Marrone con libretos del "zar de la revista porteña", Carlos A. Petit. Un intento renovador fue Humor y nada más, creación de Ricardo Parrota (quien, como "Pepe Muleiro" años después venderá muchos libros de cuentos de gallegos); por las pantallas de canal 7, el nuevo director Juan Carlos Rousselot decidió levantarlo por "su humor procaz". Garrafa, Humor a toda máquina, Bienvenido humor, El mundo de Chirolita y El sangarropo completaron el año con muchos programas humorísticos y poco humor.
A título de reseña los ciclos de teatro adaptado para televisión: Teatro alegre, adaptaciones de Marcelo Devoto y Gregorio Santos Hernando; Teatro de verano, Teatro de humor y Humor a la italiana (ambas con Darío Vittori por el 9), Osvaldo Pacheco presenta: teatro en familia y Teatro de Pacheco (nuevos títulos por problemas de derechos), La comedia brillante con Taibo y Bredeston y Teatro para sonreír con puesta y protagónico de Javier Portales.
Ciclos con mayores pretensiones fueron: Gran teatro, Teatro argentino con puesta de Carlos Muñoz, El teatro popular de Teresa Blasco (textos escritos especialmente para televisión) y La Casa, el Teatro y usted, con puesta de Fernando Heredia, repertorio muy variado, intérpretes que cobraban el cachet mínimo y utilidades para la Casa del Teatro.
Los Circulares de Mancera, ahora los domingos por el 11, el resucitado Sábados continuados, conducido por Daniel Guerrero, Silvio Soldán y Leonardo Simmons, Feliz domingo con Orlando Marconi y Soldán demostraban que los programas ómnibus de fin de semana seguían dando batalla; una nueva temporada de Buenas tardes, mucho gusto, Odol pregunta con su conductor emblemático, Cacho Fontana, y en las tardes de lunes a viernes Estrellas al mediodía, Almorzando con las estrellas (conducido por el muy laborioso Orlando Marconi), Radio, cine y teatro en TV (nuevo título para una vieja idea, con Jorge Jacobson y Juan Alberto Mateyko), Teleshow (con un grupo de periodistas y conductores no muy conocidos por entonces: Hernán Rapela, Laly Cobas, Alfredo Garrido y Víctor Sueiro) y Siesta, con Sueiro, Perla Caron y Borocotó Junior, fueron lo más visto de un año no muy destacado.
Para los chicos el debut de "la" conductora de la década: Julieta Magaña y Este es mi mundo. Muy pobre la oferta musical, con Los consagrados, con músicos de diversos géneros. El Tango Club conducido por Héctor Larrea, Luna de tango con Antonio Carrizo, Ventana a Buenos Aires y Tangueado conformaban el póker tanguero. La oferta de folklore se reducía a Argentinísima y Folklorísimo. Café con Parry y Séptimo piso representaban a los tradicionales shows, muy venidos a menos comparando con su glorioso pasado (desde Tropicana hasta Casino).
El deporte se circunscribía a la emisión de partidos en diferido, los lunes a la noche y a Coche a la vista. El mundial de fútbol disputado en Alemania Federal fue cubierto por Canal 7 con un equipo encabezado por su sobrio relator, Mauro Viale (la gente cambia en cuanto a sobriedad se refiere) y Enrique Macaya Márquez.
El 20 de julio de 1974 varias entidades sindicales firmaban una solicitada apoyado la estatización de los canales: Sindicato Argentino de Televisión, Asociación Argentina de Actores, Sindicato de Prensa (Capital Federal), Sindicato Argentino de Músicos, Asociación Argentina de Telegrafistas, Radiotelegrafistas y Afines, Sindicato Unico de Trabajadores del Espectáculo Público, Sindicato Unico de la Publicidad, Unión Argentina de Artistas de Variedades y Sociedad Argentina de Locutores.
El 23 de julio de 1974 los canales 9 y 11 fueron copados transitoriamente por pequeños grupos armados pertenecientes al Sindicato Argentino de Televisión, mientras el personal, ajeno a los hechos, deliberaba.
El 30 de julio los propietarios se comprometieron a vender los bienes muebles e inmuebles de los canales 9, 11 y 13 y de las productoras Telecenter (proveedora de contenidos del 9) y Proartel (proveedora del 13).
Al día siguiente varios sindicatos se reunieron con el líder radical Ricardo Balbín; a dicha reunión no concurrió el Sindicato Argentino de Televisión, muy cuestionado por la toma inconsulta de los canales una semana antes.
Para finalizar este apartado cabe destacar que sin Tato Bores ni Mirtha Legrand no se podría escribir la historia de la televisión argentina. Una palabra los unificó en 1974: "elitismo". Tal el término utilizado "off the record" por las nuevas autoridades de los canales para disponer el levantamiento de Dele crédito a Tato y Almorzando con Mirtha Legrand.
Según Mariela Chain y Silvina Perez
En general no se reconoce que en lazos fuertes o profundos con su audiencia, si bien se da una gran proyección e identificación con estrellas y personalidades concretas. En cuanto a su localización social, es menos localizada y más internacional que la radio, pero más nacional que el cine. Organizativamente, retiene una imagen de "alta tecnología", que probablemente perdurará hasta que la televisión hecha en casa sea tan habitual como películas caseras

Según Graciela Paula Caldeiro
6.1.4 Ficción y Telenovela:
La telenovela es un género televisivo de la mayor complejidad, por lo cual su producción constante marca el acceso a un umbral de madurez como industria televisiva, en especial cuando es elaborada siguiendo su carácter oral, es decir tomando en cuenta las reacciones de la audiencia. Además, es un género de exportación en su doble sentido; como exportación con un valor económico que ingresa a la región una importante suma de divisas para ayudar a financiar una industria con creciente demanda de inversión; y como una obra comunicacional que exporta una cierta identidad cultural regional, por más que ella sea debatida, incomprendida, o estigmatizada por ciertos sectores. En el hecho, es en la telenovela donde comparece una importante imagen visual de Brasil, Colombia y Chile, países que deliberadamente han emprendido varias superproducciones con marcas de identidad visual, y es en esas obras donde masivamente los públicos nacionales e internacionales reconocen identidades paisajísticas, rostros, maneras de ser, lenguajes, historia, costumbres, y algunos temas culturales propios.
Como conjunto regional, todavía América Latina produce solo un 46.5% del total de su programación televisiva en TV Abierta e importa el 53.5% restante, del cual la mitad – un 25.5% - procede de USA (SGG, 1999 p 5). Pero en los últimos 25 años, es decir, a partir de fines de la década del ‘70, la telenovela latinoamericana ha ido compitiendo exitosamente con el cine norteamericano como principal fuente proveedora de relatos ficcionales para la televisión abierta regional. Adicionalmente, la estructura del gasto de Iberoamérica (América Latina, con España y Portugal) en importaciones de material audiovisual muestra un incremento del gasto en compra de señales de cable.
(...)
El crecimiento de la producción de telenovelas ha sido de enorme importancia tanto desde un punto de vista de fortalecimiento de la industria televisiva regional como desde un punto de vista cultural (Mazziotti, 1993; Dia-logos de la Comunicación, 1996). La exhibición local de telenovelas se complementa con su exportación, especialmente por las redes Globo, Televisa, y Venevisión; según Marques de Mello (1988; 1996), a fines de los ‘80 la red Globo exportaba telenovelas a 128 países, y la región latinoamericana en conjunto obtenía por este concepto ingresos anuales por unos 100 millones de dólares; hoy se considera que la base del crecimiento de esas cadenas ha sido justamente su consolidación como grandes productores y exportadores de este género. El género ha llegado a constituir el principal producto cultural de exportación tanto dentro de la región como hacia USA y Europa.
(...)
6.1.5 La Telenovela como Identidad Cultural
Si la telenovela tiene esa anterior promisoria faz industrial, su otra cara, inextricablemente unida, es una faz de identidad cultural - la cual es mucho más enigmática y sujeta a especulaciones. En efecto, para muchos críticos culturales es una amarga aberración que millones de latinoamericanos se reconozcan en la telenovela regional. Ello rompe el sueño de una identidad cultural definida por las elites intelectuales y establecida desde las políticas oficiales.
Y sin embargo, millones de latinoamericanos se han reconocido culturalmente tanto en la alta cultura de la novela como en la cultura popular de la telenovela. Ninguno de estos dos hechos culturales pudo ser ni previsto ni dirigido por planificadores culturales. Pero si la novela - en tanto producto de Alta Cultura - ha sido un producto cultural prestigiado, y objeto de hermenéutica interpretativa e internalizadora, la telenovela aparece mucho más como un enigma que suscita grandes contradicciones con relación a su valor y significado cultural.
En efecto, tanto las apreciaciones cotidianas como las primeras aproximaciones académicas al estudio de la telenovela latinoamericana la descalificaron brutalmente. Se decía que era un género embotador de la conciencia y políticamente alienante; desde los parámetros de la literatura era estigmatizado como un subproducto degradado; desde el punto de vista de la estética aparecía como una producción seriada en el tiempo, incompatible con la dignidad artística, atribuible solo a la obra unitaria. Económicamente era un producto "barato", pues como producto seriado, la telenovela puede tener una excelente relación costo-beneficio, especialmente cuando es exitosa en la sintonía; pero si su rentabilidad podía explicar que fuese un material deseado por algunos programadores, no explicaba, sin embargo, su atractivo en la audiencia.
La década de los ‘80 ha visto emerger una nueva consideración acerca del significado de la telenovela. No es que se haya logrado un consenso acerca de su significado cultural; pero ha cambiado la óptica de abordaje de la telenovela y ha aparecido una nueva sensibilidad que busca interrogar desprejuiciadamente acerca de su sentido cultural, de su popularidad masiva, de su valor económico-industrial, sin partir de descalificaciones previas o basadas en parámetros externos a la TV.
Según Valerio Fuenzalida Fernández
6.1.6 Producción y Realización Televisiva
Si acudimos a un diccionario en busca de la definición de Producción encontramos: "Etapa de la preparación de una película, programa o emisión listos para emitirse…", esto bajo la acepción mediática; en cuanto al significado económico del termino: "Actividad mediante la cual determinados bienes se transforman en otros de mayor utilidad". Buscamos también la definición de Productor: "Empresario o entidad que financia la producción de películas, programas o emisiones".
Debemos definir el concepto de Realización: "Obra realizada por alguien", por ende Realizar es "Dirigir una película o emisión de TV" (...)
La producción y la realización televisivas se basan, sobre todo, en la interacción y la comunicación entre varios elementos, tanto técnicos como humanos.
Según Profesor Javier Bellver
6.1.7 Pasos de una producción audiovisual
Las tres personas claves en este proceso son el jefe de producción, el director y el director de casting. El jefe de producción debe, en primer lugar, hacer un presupuesto provisional, contratar un manager de localizaciones y jefes para los distintos departamentos. Las primeras decisiones esenciales para la producción son la localización para el rodaje y la fecha de comienzo de éste. El director revisa el guión y hace los cambios que considera necesarios, empieza el proceso de selección de actores o casting y elige a sus asistentes y operadores de cámara. Desde este momento todas las decisiones relacionadas con el reparto, personal creativo, localizaciones, horarios o componentes visuales debe contar con la aprobación del director.

El proceso de preproducción termina con una reunión final a la que asisten todos los componentes del equipo, los productores, el director y a menudo también el guionista. El equipo de preproducción, conducido por el director, revisa detalladamente cada escena del guión. Se analiza cada elemento de la producción y se responden las preguntas que puedan surgir. La duración de la reunión puede variar, según la complejidad de la producción, de dos horas a un día entero.
El método de una sola cámara es casi idéntico al utilizado en películas teatrales. Se divide el guión en escenas y cada escena se graba desde una serie de ángulos. Se llama plano maestro o de situación al más amplio, el que incluye toda la acción. También se ruedan otros planos con tomas más cercanas de los actores, algunas veces en grupos y casi siempre una toma de cada actor solo. Esa toma puede ser un plano medio (de la cintura a los hombros), un plano medio corto (cabeza y hombros) o un primer plano (sólo la cara). Muchas veces se incluyen tomas insertadas (como el primer plano de un reloj o una pistola) o cortes (una toma del cielo, un árbol o cualquier otra cosa relacionada con la escena). El orden de grabación de las escenas no se corresponde con el de la progresión de la historia, sino que se organiza según su conveniencia, para hacer la producción más eficiente. La película se monta durante la post-producción: El método de varias cámaras es más adecuado para grabar en estudio. Se colocan tres o cuatro cámaras de vídeo alrededor de la acción que tiene lugar en el decorado y las escenas se graban en secuencia. Cada operador trabaja según una lista de posiciones de la cámara y encuadres. Todas las cámaras juntas cubren los ángulos necesarios para la escena.
Gracias a los auriculares, el director se comunica con el equipo de cámaras para ordenar ajustes durante el rodaje e indicar al director técnico que cámara utilizar en cada momento. El director técnico se asegura de que la toma quede grabada en una cinta máster. El resultado es un programa completo, que ya sólo necesita efectos de sonido, música, efectos ópticos y títulos sobreimpresionados.
La edición puede comenzar durante la producción. En las tomas con una sola cámara la filmación de cada día es revisada más tarde por el director, el productor y la cadena en el orden de grabación, después los editores cortan las distintas tomas y las montan en escenas. El director ve el primer montaje completo y lo modifica a su gusto; en el montaje final intervienen el productor y la cadena.
El montaje definitivo se entrega al departamento de sonido, que se encarga de preparar las pistas de sonido, efectos de sonido y diálogos y mezclarlas en una sola pista para tener la mezcla final (dubbing). Durante este periodo los ingenieros de sonido seleccionan los puntos en los que debe insertarse la música, que los músicos componen y graban. Los ingenieros también ajustan la grabación del diálogo hasta que tenga la calidad suficiente y re-graban algunos diálogos mediante un procedimiento llamado doblaje; también añaden los efectos de sonido. La mezcla de sonido, que puede llevar varios días en una película o sólo unas horas en programas grabados con varias cámaras, se hace a partir de entre 5 y 25 pistas.
El paso final de la posproducción es la adición de efectos ópticos, fundidos o virados por ejemplo, títulos de crédito y efectos especiales, como las animaciones, y la corrección del color.
El proceso de posproducción puede durar hasta ocho semanas en el caso de una película o sólo tres días si se trata de una comedia de situación. En la producción de culebrones, programas de debate y concursos, los efectos ópticos, títulos y música suelen incluirse durante la producción, lo que reduce mucho el tiempo de posproducción.
6.2 El cine
No resulta difícil emparentar la suerte del cine
argentino con el de Hollywood por aquellos años. La etapa
dorada del cine local, con las divas de los teléfonos
blancos copiada de Hollywood, con el star system importado
y Mirtha Legrand, Zully Moreno y Dios se lo pague (1948), dio
lugar a las comedias de otra estrella, como Niní Marshall,
con sus personajes de Cándida y Catita que ya
venían conquistando al público. La Argentina de
Perón era feliz viendo y lagrimeando con estrellas como
Luis Sandrini en La casa grande (1953) y Cuando los duendes cazan
perdices (1955). Lucas Demare hace Pampa Bárbara y luego
Los isleros, ya con Tita Merello, quien brillaría de nuevo
con él en Mercado de
Abasto. Son filmes de una narración sencilla,
fáciles de seguir en su historia y con momentos de fuerte
raigambre popular.
El star system fue muy útil en los '50, aunque
luego el público también comienza a seguir a
determinados directores, al margen de los actores que trabajen en
las películas. Pero en los '70 Graciela Borges,
Héctor Alterio y Norma Aleandro serían tan
imprescindibles como Federico Luppi y Víctor Laplace,
figuritas repetidas en el cine de los '80. Hoy, Ricardo
Darín es el sinónimo del actor de cine nacional,
que (re)descubrieron Juan José Campanella y Fabián
Bielinsky.
Los '60 estuvieron marcados por la nouvelle vague en Francia, con
Truffaut y Godard a la cabeza, y tuvo su correlato local con
Manuel Antín y
Alberto Fischerman. Aquí, fue un cine que no llevó
público pero sí litros de tinta para explicar un
fenómeno, de nuevo, importado, que reflejaba lo que se
veía de afuera. Es la época en que Fernando Solanas
expone la rebelión en La hora de los hornos, que por
problemas de censura recién se estrenaría
comercialmente en 1973.
En otra vereda, Leopoldo Torre Nilsson fue la figura que supo
combinar un cine artístico con el comercial. Así,
dirigió a Alfredo Alcón tanto en Un guapo del 900 y
Los siete locos, pero también en su Martín
Fierro, El Santo de la espada y Güemes, la tierra en
armas. O sea: cine para adultos y para sacar a los chicos y
llevarlos al cine en horario de escuela.
Leonardo Favio conjugó, como actor y director, un cine de
raíces populares, amén de haber trabajado con Torre
Nilsson y debuta do como realizador con Crónica de un
niño solo. Favio actúa en Fin de fiesta y La mano
en la trampa como en Fuiste mía un verano y Simplemente
una rosa y, en los '70, dirigió éxitos que aunaron
la opinión del público y la prensa, como Juan
Moreira y Nazareno Cruz y el lobo.
Los cambios de gobierno —de uno militar a uno elegido
democráticamente— han sido, también en
materia
cinematográfica, más que bienvenidos. En 1974 se
produce el extraño fenómeno de que el
aluvión de estrenos nacionales —y el éxito en
boletería— obliga a frenar varias
películas norteamericanas. Es el año en que se
estrenan La Mary, La Patagonia
rebelde, Quebracho, Boquitas pintadas, La Madre María, y
también Papá Corazón se
quiere casar, Yo tengo fe, Operación Rosa Rosa, y La gran
aventura, primera de la saga de diez películas con los
superagentes. La tregua, presentada sin bombos ni platillos, se
transformaría en la primera película argentina
candidata al Oscar al mejor filme hablado en idioma extranjero,
premio que ese año se llevaría Federico Fellini por
Amarcord.
Con el arribo de la censura, y Miguel Paulino Tato como
referente, bien puede afirmarse que el cine argentino
debió contar sus historias desde un silencio que hablaba
más que las palabras y las imágenes
que cortaba el nefasto Ente de Calificación. Tal vez Pedro
Bengoa, el personaje de Federico Luppi en Tiempo de revancha, de
Adolfo Aristarain, simbolice esa época: es un trabajador
que simula ser mudo para ganarle al establishment. Las
películas de Olmedo y Porcel, campeonas en Lavalle y los
cines de barrio de todo el país, tenían una
versión local y otra más osada —algún
pezón, un desnudo veloz— para el exterior. Y con lo
que recaudaban, el sello Aries producía Desde el abismo y
el otro cine "serio" que llegaba a las pantallas, igualmente
recortado.
El fenómeno de las estrellas de la TV que saltaron al cine
—como antes había sido del teatro a la pantalla
grande—, no se detiene hasta hoy. Porcel y Olmedo, con
Susana, Moria o la vedette de turno, hacían
películas juntos, por separado y, además, para
chicos. El fenómeno llega hoy hasta Adrián Suar.
También la música, del Rey Palito Ortega a Soledad,
pasando por Sandro y el ya mencionado Favio.
Por 1984 reaparece Solanas y su cine mutará a una forma
menos contestataria, lo que le permitirá masividad y ser
premiado en cuanto festival clase A
europeo se presente. El regreso de la democracia
traerá emparentado para el cine argentino un poco de todo:
tras años de censura, el destape fue una válvula de
escape, y desde entonces la revisión del pasado reciente
fue una constante. Nadie esperaba que Camila, de María
Luisa Bemberg, se convertiría en el fenómeno de
público que fue, acercándose a las cifras de
Nazareno Cruz y el lobo. La película fue la segunda
argentina en ser candidata al Oscar, premio que alcanzó el
cine argentino por única vez con La historia oficial, de
Luis Puenzo, un —vaya paradoja— 24 de marzo de
1986.
Uno de los productores de la película, sobre una pareja
que adopta una niña, hija de desaparecidos,
debutaría en la dirección con otro filme que
marcaría un nuevo mojón para el cine local. Tango
feroz, de Marcelo Piñeyro, atraería un público
que el cine nacional no tenía: el joven. Y sería
ese mismo público el que llenaría los cines para
ver Comodines, la primera película que se atrevió a
hacerle frente a los tanques norteamericanos, como con El mundo
perdido, la secuela de Jurassic Park, de Spielberg.
Ninguna de las dos iban a revolucionar la manera de contar del
cine argentino, pero marcarían una tendencia aún en
vigencia: ya no es el espectador adulto el que más se
acerca a las salas, sino la franja comprendida entre los 13 y los
30 años.
El quiebre se da apenas despunta el '98. Pizza, birra, faso
muestra una manera de narrar una historia diferente. Arián
Caetano y Bruno Stagnaro —primeros ganadores del Premio
Clarín Espectáculos— abren una brecha con su
película seca y personajes tomados de la vida real, un
camino que aún hoy se transita. Un año
después, Pablo Trapero presenta Mundo grúa, que
incluye actores y no actores. Son los egresados de las escuelas
de cine, con su nueva mirada, lo que se busca, desde entonces, en
los festivales de cine más importantes del mundo. Hoy hay
presencia asegurada en Cannes todos los años, y por
distintas secciones de Venecia y Berlín pasan
películas del nuevo cine argentino.
El Festival de Mar del Plata, tan glamoroso en los '60,
renació en los '90 menemistas, y recién ahora
respira un aire renovado. La aparición del Festival de
Cine Independiente de Bs. As. sirvió para que un cine
independiente y local tuviera su canal de expresión. Y
así conviven, hoy, distintas maneras de reflejar momentos
del país, para ganarse a un público usualmente
exigente.
Según Pablo O. Scholz
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