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Segundo paso: Antecedentes y situación actual del sector agropecuario
El sector agropecuario es quizás el menos preparado para enfrentar el impacto del TLC, debido al desmantelamiento de la estructura estatal de incentivos y apoyos. En efecto:
Luego de revisar someramente los antecedentes y el contexto del sector agrícola, pasemos ahora enfocar el TLC por el fondo (el contenido) de lo negociado.
Tercer paso: Los contenidos (acuerdos) mal negociados
Las anteriores desventajas para el sector rural o campesino en general se agravan porque, hecho insólito, los negociadores nacionales aceptaron no excluir a ningún producto del agro de los efectos del TLC. Es falso lo que dijeron acerca de la exclusión de la papa y cebolla, ya que quedaron sujetas a cuotas de importación. Aprobaron rebajas unilaterales de aranceles para nuestra producción agropecuaria, pero le permitieron a los EEUU mantener intacta toda su estructura de subsidios, ayudas y protecciones para su sector agropecuario transnacionalizado.
Esto último sucede porque, para Costa Rica, el TLC es un tratado internacional que está por encima de todas las leyes vigentes y, por tanto, deroga todas las que lo contradigan, mientras EEUU -con la venia del COMEX- aprobó solo un simple "acuerdo comercial" de menor rango a un tratado, llamado Congressional-Executive Agreement; lo que le permite mantener y reforzar libremente todas sus leyes (nacionales o federales, estatales y municipales), incluyendo las leyes que protegen su economía y su agro de la libre competencia. Así nuestros agricultores jamás podrán competir y quedan –al igual que el país entero- como "burro amarrado frente a tigre suelto".
Esto hace a los productores de Costa Rica muy vulnerables, pues los deja casi en completa desprotección legal frente a tribunales internacionales (sean de la Organización Mundial del Comercio –OMC- o del Banco Mundial) y sin condiciones para poder competir adecuadamente con las grandes corporaciones agropecuarias de EEUU. No se les ha preparado (ni se les preparará) para soportar lo imposible: una apertura tan radical, con plazos cortos de desgravación, luego de los cuales no hay compromiso alguno de los EEUU de retirar subsidios y apoyos a sus productores. Esto alterará cada vez más los precios y términos del intercambio en contra de nuestras empresas, cuando ya no podremos interponer barreras arancelarias ni salvaguardas temporales. Por el contrario -como ya se dijo- últimamente EEUU aumentó sus subsidios y demás ayudas a niveles astronómicos.
Encima de lo anterior, el TLC implica la amenaza de eliminar, contra los intereses de nuestros agricultores, la llamada "salvaguarda agrícola especial" de la Organización Mundial del Comercio (OMC). La Defensoría de los Habitantes y varias organizaciones del sector agropecuario nacional, como UPANACIONAL, la Unión Nacional de Agricultores (UNAG), la Mesa Nacional Campesina y la Corporación Arrocera Nacional, entre otras, han denunciado que COMEX renunció -sin consultar- en el Capítulo 3, inciso 5 del TLC, al derecho de aplicar esa salvaguardia que se halla en el artículo 5 del tratado firmado con la OMC sobre agricultura. Se perdió de ese modo un arma contra importaciones lesivas que, por su volumen o calidad, dañan al sector.
Todo ello se hizo a espaldas de los productores. Así, de repente, los más débiles perderán un mecanismo de protección que hoy les sirve para atajar la competencia desleal de las importaciones subvencionadas provenientes de EEUU y otros países, ya que no podremos imponer alzas de aranceles por encima del mínimo acordado en el TLC. Es decir, no podremos superar el arancel que se tiene a la hora de aprobar el tratado. Por ejemplo, en el caso del arroz, el arancel sólo podría ser del 35%, mientras en años anteriores ha estado por encima del 50%, para defender a nuestros productores. Nada de esto se podrá hacer a futuro, ni con el arroz ni con otros productos que nos manden subsidiados desde EEUU.
Engañosamente, COMEX ha declarado que los productos subsidiados que se importarán de EEUU no se producen en Costa Rica (como la avena, el trigo o la cebada) y, por tanto, nos conviene recibirlos a precios subsidiados o por debajo de su costo. Esto es falso. Los productos que invadirán nuestro pequeño mercado serán, además de los granos básicos, muchos otros de origen agropecuario y llegan a un 40% de todos los importados de los EEUU. Nos referimos a algunos tan sensibles como frutas y hortalizas cuyos excedentes -frescos en ciertas épocas o procesados y empacados en cualquier momento- podrán importarse desde EEUU a mitad de precio o menos, dañando aún más a nuestros productores.
Igualmente COMEX ha negado que el TLC afecte el agua, el principal insumo de producción para el agro. La verdad es que ese Tratado la considera como un bien comercial, no un bien social ni de dominio público. Tampoco la considera un derecho ligado a la vida misma. Por tanto, el agua podrá ser explotada, vendida localmente y exportada para uso humano, de acuerdo a la normativa sobre bienes y empresas privadas del TLC, sin restricciones efectivas al libre comercio, que no aparecen en el TLC. Recordemos, además, que la legislación nacional sobre el agua tendría rango legal inferior al Tratado, incluida la Ley del Recurso Hídrico en discusión, si se llega a aprobar.
Pero eso no es todo. El TLC traería otros perniciosos efectos sobre la agricultura y los productores. Por eso debe verse en conjunto y no sólo en lo relativo a la materia de acceso a mercados o comercio de mercadería, como se explica en el paso siguiente.
Cuarto paso: Algunos impactos directos en la producción agrícola con la entrada en vigencia del TLC
FRIJOLES: Al frijol importado de EEUU se le irá reduciendo el impuesto a razón de 1,25% cada año, pero llegará a cero después de 12 años de vigencia del TLC. En ese momento entrará libre, aunque subsidiado y terminará por eliminar del mercado a los últimos productores nacionales. Y esto, o algo parecido, se repetirá en el caso de otros productos.
ARROZ: Al entrar en vigencia el TLC, los EEUU podrán vender en Costa Rica anualmente 50 mil TM de arroz en granza y 5.250 TM de arroz pilado, sin pagar impuestos. En los siguientes años estas cuotas de arroz se irán elevando. El arancel del arroz pilado es ahora de 35% y se mantiene por 10 años, pero del año 11 al 15 se baja un 40% y entre el 16 y el 20 un 60% hasta quedar en 0, sin que EEUU nos garantice que eliminará sus subsidios para tener competencia leal. Otro producto local a la ruina.
LECHE: Tiene aranceles de protección de 65%. Con el TLC se eliminarían progresivamente entre los años 11 y 20. Este sector es el más subsidiado en los Estados Unidos y lo seguirá siendo con o sin TLC, por lo que difícilmente se podrá competir allí y menos en el mercado de Centroamérica; un mercado en el cual, al entrar los productos subsidiados de EEUU, perderemos un 40%, según estudios de la economista norteamericana, Amy Angel. Esto traerá una enorme desocupación en el agro y la industria.
AZÚCAR: La desgravación arancelaria sería en 15 años y se aumentaría la cuota actual de 15 mil TM, con un crecimiento del 2% anual hasta llegar a 28 mil toneladas. Pero Estados, Unidos que no elimina su arancel, sólo para la cuota, sí podrá exportar a Costa Rica su azúcar de remolacha y otros, después del año 15, sin impuestos.
CARNE DE RES: La eliminación de impuestos a la carne de res será en 15 años, y algunos tipos de carne entrarán sin pagar impuestos desde el primer día de vigencia del TLC. Esto prácticamente acabará con el sector nacional.
CARNE DE CERDO: Durante los primeros 5 años los productores de Estados Unidos podrán vender 1.100 TM sin impuestos. Después, este volumen irá creciendo hasta llegar en el año 15 al libre comercio.
CARNE DE POLLO: El pollo entrará a EEUU libre de impuestos desde el inicio, mientras el pollo norteamericano tendrá una cuota libre de aranceles inicial de 330 TM, que irá creciendo a un 10% anual hasta el año 17, cuando quedará libre. En el futuro, entonces, el pollo de EEUU desplazará al nacional. El precio de los muslos de pollo en Centroamérica varía entre 0.75 y 1 dólar por libra, mientras Estados Unidos puede exportar estas partes a 0.20 centavos por libra. Con estos precios se quebraría al productor nacional.
PAPA Y CEBOLLA: Se planteó durante la negociación que estos productos quedaban excluidos del TLC. Pero no es cierto, pues en el "Anexo de Contingentes" se lee que Estados Unidos tendrá acceso libre de aranceles para un volumen de 300 TM desde el primer año, hasta llegar a un máximo de 384 TM en el año 15 y después podrá aumentar el exceso de las 384 TM a un ritmo del 2% anual, hasta sacar del mercado a nuestros productores.
Según criterio de varias organizaciones de Agricultores, las grandes pérdidas para nuestros productores tendrán las siguientes consecuencias:
Y agrega la UNAG, que "el Instituto Nacional de Seguros no podrá financiar con sus utilidades, el Fideicomiso Agropecuario que en los últimos tres años aportó ¢16,569 millones para pagar deudas de pequeños y medianos productores."
Quinto paso: Impactos colaterales del TLC sobre el agro desde otros sectores
Los sectores más débiles del agro quedaron en orfandad debido a que COMEX negoció un TLC contrario a los intereses nacionales, en materias estrictamente agrarias y también en las siguientes:
a) Inversiones y servicios: las normas de los Caps. 10 y 11 se aplicarán por igual a la agricultura y a actividades complementarias, como los servicios agropecuarios, los ambientales y la bioprospección, que deberán desarrollarse en sistema de competencia de mercado abierto y global.
Esto no toma en cuenta el carácter particular de la agricultura, que no permite a los agricultores reaccionar positivamente ante los mercados inestables, donde cuentan sólo la oferta y la demanda para la formación de precios y oportunidades. Otros sectores más versátiles (como la industria o la banca) sí pueden adaptarse en plazos más cortos y por eso tienen mejores posibilidades de sobrevivir a los embates de la competencia global.
b) Propiedad intelectual (Cap. 15): Desde hace varias décadas las grandes transnacionales farmacéuticas -a la vez las grandes firmas productoras de agroquímicos- han venido haciendo ingentes esfuerzos por apropiarse y patentar sus productos, para mantener elevadísimos precios monopólicos por períodos de 20 años o más. Con el TLC se anotaron un triunfo, pues consiguieron ampliar los plazos para la protección de medicinas e insumos agropecuarios claves de 20 a 25 y 30 años, respectivamente. En consecuencia, se denegará el acceso de insumos y tecnologías avanzadas, o se encarecerá enormemente, a los agricultores locales. Al no disponer de los productos genéricos, tendrán que pagar a veces hasta 7 o 10 veces más por los de marca.
Junto con lo anterior, en el TLC las farmacéuticas - entendiéndose con COMEX- obtuvieron normas a favor del patentamiento de las semillas, la biodiversidad y el conocimiento humano por medios y plazos muy abusivos, que nos dejan en manos de la biopiratería. Igualmente, se mercantilizan los bancos de genes y el patrimonio natural y cultural del agro.
Esto se ve reforzado por la aprobación forzosa del Convenio UPOV 2001 sobre obtenciones vegetales como parte del TLC. Ambos someterán a nuestros agricultores a barreras de precio y oportunidad que les impedirán desarrollar sus propias semillas (monopolización de las semillas por transnacionales contra fitomejoramiento local) y disfrutar libremente de otros medios de vida y producción generados por la naturaleza, la sociedad y los sectores públicos, como las universidades e institutos de investigación. Hay cultivos, como el algodón, donde la monopolización de las semillas por firmas como Monsanto llega a un 85%, aparte de la necesidad de comprarlas junto con los abonos, herbicidas y otros insumos industriales. Afirma la investigadora Silvia Rodríguez: "En resumen, la UPOV y las patentes sobre formas de vida, sí favorecen, es cierto, a un tipo de agricultura: la comercial, especialmente la corporativa, y sí favorecen a quienes lucran con el monopolio que otorgan los certificados de obtentor y de patentes, incluyendo algunas universidades públicas; pero NO favorece al sector campesino o indígena, a los agricultores sin tierra, al medio ambiente, ni a la sociedad en general." En María E. Trejos y otros, Tratado de Libre Comercio: estrategia de tierra arrasada, San José: Euned, 2005, p. 368).
c) Telecomunicaciones, seguros, servicios profesionales, ambientales y transportes (Caps 12, 13,15 y Anexos 1 y 2): los precios de todos estos servicios aumentarían bajo un sistema de libre competencia formado por unos pocos operadores privados, capaces de presionar a entes reguladores (incluida ARESEP) para que aprueben tarifas que generen sustanciales ganancias. Dichos entes obligarán a los proveedores públicos a eliminar subsidios a favor de los consumidores nacionales de menores ingresos. Tampoco podrán cobrar tarifas más altas a los ricos para ofrecerlas a menos precio a los pobres, especialmente a los de zonas rurales. Sin duda, los agricultores de menores ingresos se verán perjudicados.
d) Ferias del agricultor y afines: a pesar de que se regulan mediante ley y no por reglamento, el TLC estará por encima de cualquier medida interna que las favorezca. En efecto, los importadores y grandes comerciantes ligados al sector transnacional (como Wal Mart que es ahora la transnacional de EEUU dueña de Más X Menos, Hipermás y maximercados) podrán definirlas como una actividad que atenta contra el libre comercio y la afecta negativamente en sus ventas y ganancias. Wal-Mart podría pedir, bajo la norma del TLC llamada "trato nacional" y la de "expropiación indirecta" (Art. 10.7), que el gobierno elimine las ferias o que permita que la firma pueda vender allí sus productos comprados a más bajos precios en los EEUU o en Centroamérica. En cualquier caso, un atentado contra nuestra población de menores recursos.
Lo mismo sucedería con la nueva Ley sobre Agricultura Orgánica aprobada este año, respecto de la cual ya temen con razón muchos productores y exportadores nacionales que termine siendo denunciada y anulada por los extranjeros si se ratifica el TLC, pues contiene exenciones y otros beneficios especiales que el libre comercio. El TLC permite derogar, ahora o más adelante, cualquier protección dada por ley a los agricultores locales. Con el TLC el país renuncia a dar incentivos a sus productores, a no ser que los extienda por igual a los extranjeros bajo la norma de "trato nacional".
e) Sector cooperativo y de economía social: un caso especial lo constituye este sector, en vista de que hay numerosas empresas cooperativas y asociativas en el sector agropecuario, que se verían afectadas por el TLC. Tanto el Sr. Félix Cristiá, director ejecutivo de la Confederación de Cooperativas del Caribe y Centroamérica como el Sr. Harys Regidor, presidente del Consejo Nacional de Cooperativas, han reconocido que son vulnerables. Este último declaró: Prácticamente no vislumbramos en ninguna parte del Tratado una salvaguarda para las empresas de economía social, ya lo dijimos en la Comisión de Internacionales; se nos pone a competir en igualdad de condiciones sin tomar nunca en cuenta las asimetrías (Semanario Universidad, 23/11/2006, pág. 10). Se reporta desde Guatemala la posibilidad de que el 75% de las 1.600 cooperativas de ese país quiebre por competencia desleal derivada de la aprobación del TLC en los sectores agrícola, vivienda y financiero (Idem).
7. Sexto paso: El impacto de nuevas regulaciones imparables como barreras no-arancelarias
Sobre este tema ha llamado la atención el XII Informe del Estado de la Nación al señalar, mediante un estudio de la especialista Susan Rodríguez, que se percibe una tendencia a renovar obstáculos arancelarios al comercio agropecuario, pero seguido eso de la introducción de otros no-arancelarios, derivados de regulaciones especiales que EEUU, Europa y otros países poderosos han venido imponiendo unilateralmente; lo cual invalida la llamada liberalización de los mercados y establece un sistema de comercio administrado con altos costos en nuestra contra, que los agricultores deben absorber sin remedio, entre ellos mejoras en bodegas, equipos y sistemas de almacenamiento, registros de costos, controles especiales, y capacitación.
Dos claros ejemplos son la Ley contra el Bioterrorismo de EEUU y la normativa EurepGap de la UE. Ambas establecen requisitos de inocuidad, calidad, empaque y distribución, control, numeración y codificación, así como de "buenas prácticas agrícolas" (BPA) que obligan a recurrir a carísimos y complejos procesos de certificación y cambio tecnológico, muy fuera del alcance de medianos y pequeños productores, inasistidos por el sector público y obligados a competir globalmente con los otros países que se disputan el acceso a los mercados del norte. Evidentemente, EEUU y la UE aman y protegen a sus campesinos, Costa Rica algunos quieren que desaparezcan y lo esta logrando, a menos que recuperemos la solidaridad activa y propositiva.
LA BASE SOCIAL DE LA IGLESIA CATÓLICA
En la PRIMERA PARTE se demostró, con acopio de datos e información no rebatida por los defensores del TLC, que aprobarlo acarrearía la disgregación del campesinado costarricense, forzado a competir con agricultores subsidiados por el gobierno de EEUU con sumas galácticas. Las empresas agropecuarias, pequeñas, medianas, grandes, al igual que las cooperativas, ahora en manos costarricenses, pasarían a ser propiedad de transnacionales. Se cerraría el último eslabón de una cadena de hierro que comenzó con el primer Programa de Ajuste Estructural (PAE), en 1983. Las transnacionales agrícolas no siembran para satisfacer las necesidades de nuestra población. Producen frutas, plantas ornamentales y verduras para mercados extranjeros. La pérdida de la soberanía alimentaria sería total.
Es fácil decir la palabra campesinado, pero ese sonido representa miles de mujeres y hombres. Con el TLC se verían obligados a emigrar, sea a las ciudades del país, sea a los EEUU y otros países. Los EEUU no desean más emigrantes, a juzgar por el muro que se construye en la frontera con México. Las consecuencias del TLC EEUU-México son aleccionadoras: miles de campesinos se quedaron sin trabajo, pero ahora en EEUU les rechaza como indeseables. Los cereales se importan de los EEUU a precios realmente bajos, pero el pueblo mexicano no come tortillas más baratas, la diferencia de precio es ganancia para las transnacionales.
La migración conlleva desintegración familiar, resquebrajamiento de proyectos de vida. Pero no son solo sufrimientos personales. La migración forzada, masiva y acelerada implica la destrucción de la cultura campesina. Todo un elenco de valores forjado por la evangelización de la Iglesia entra en riesgo mortal. La cultura de los forzados a migrar se pulveriza, caen en la anomia, es decir, la pérdida de orientación, de sentido de la vida. En los últimos once años, la población de la Gran Área Metropolitana se duplicó (La Nación 29 nov. 2006), debido fundamentalmente a la desintegración del agro. Es la llamada descampesinizacion del agro, con el agravante que ahora el campesino desarraigado no tiene otro lugar a donde ir. Esta tendencia se aceleraría de aprobarse el TLC. Eso significa amplios anillos de miseria, hacinamiento en tugurios, más prostitución, mendicidad y drogas, servicios públicos educativos, de salud, de comunicaciones y telecomunicaciones saturados. Desaparece la Costa Rica solidaria y se abre paso la Costa Rica de la competencia, con su ya engrosado saldo de exclusión y pobreza.
En situaciones humanas de migración forzada y acelerada, pierden vigencia los valores y preceptos éticos tradicionales, fuente de dignidad. Las costumbres rurales se desvanecen, excepto las que poseen interés turístico, que sobreviven pero deformadas ahora como remedos culturales. La religiosidad popular se esfuma, la práctica sacramental disminuye. Hay grave peligro de caer en la degradación sin vuelta de hoja.
El campesino, que sabe ganarse la vida en labores agropecuarias, se siente inútil e inadaptado en la gran ciudad, donde pierde muchas de sus seguridades y puede ser fácil presa de las nuevas tentaciones. Así, desarraigado de su ámbito comunitario y destruido su vínculo con la tierra, es fácil víctima de la cultura homogenizante global. Peón en la tierra que antes fue suya, como ya sucede en los latifundios de banano, cítricos, piña o melón. La familia campesina será extranjera en su propia tierra.
Para la iglesia este planeado agrocidio se expresará en eucaristías con los templos vacíos, ferias o turnos sin voluntarios ni comunidad reunida, sacramentos sin presencia comunitaria, filiales despobladas. El TLC que ahora está en la Asamblea Legislativa destruye la base social tradicional de la Iglesia. Los pastores tienen la obligación de impedir, como el Buen Pastor, que se disperse su rebaño.
La confusión y pérdida del sentido de la vida incita a los campesinos y campesinas a buscar alternativas religiosas. Entonces asoma aprovechador el mercadeo religioso de las sectas fundamentalistas, de cuño pentecostal. La Iglesia Católica, que se esfuerza por formar a sus presbíteros con todo rigor, difícilmente compite con los improvisados lanzados a la calle, luego de cursos cortos e insuficientes, pero dispuestos a hacerse de una feligresía para cobrar el diezmo. Todo eso ya se sufre en la Gran Área Metropolitana, con consecuencias nefastas.
El TLC sería la gota que derrama el vaso ya colmado por la aplicación de la política de apertura que generó la pobreza y la enorme y creciente inequidad social. La Costa Rica democrática y solidaria, en buena mediada creación de la Iglesia, corre grave peligro de ser sustituida por la Costa Rica de la competencia, de los ganadores y perdedores anunciados de antemano, donde el Credo Católico es sustituido por el credo neoliberal.
No nos oponemos a un TLC sino a este TLC como fue negociado. Panamá está renegociando su tratado, ¿por qué Costa Rica debe ser parte del montón si siempre ha sido original?
"La Iglesia costarricense, acogiendo las orientaciones del Magisterio Social, y ante las políticas estatales orientadas a favorecer a las grandes empresas, responde al clamor de los campesinos e indígenas, se solidariza con ellos y le recuerda al Estado su función de garantizar el bien común de toda la sociedad, lo cual significa el bien de todos y el bien de cada uno". Mensaje de los Obispos de Costa Rica sobre la situación de los campesinos y los indígenas, 2 de agosto de 1994.
Miguel Picado G., Pbro
Coordinador Comisión redactora
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