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Lectura Funcional y Rendimiento Académico en Estudiantes de Educación de la Universidad del Zulia (página 2)




Partes: 1, 2, 3, 4, 5, 6

 

CAPÍTULO I

EL PROBLEMA

1. Planteamiento.

En un interesante artículo publicado por FUNDALECTURA en diciembre del 2000, (EDUCERE, N° 4, año 11) se sostiene que la escuela es una institución social cuya misión primordial es la de enseñar los usos sociales de la lengua escrita, pero sucede que es allí precisamente, en la escuela, donde se lee únicamente para cumplir con las mal llamadas actividades escolares. Partiendo de tal afirmación y observando las dificultades que hoy por hoy presentan los estudiantes, de cualquier grado, nivel y/o modalidad, bien puede afirmarse que tales debilidades son producto de la escasa conciencia que tiene el venezolano en general sobre la lectura y la poca promoción que de ella hace la escuela, por no decir ninguna.

Sean las razones antes mencionadas, y seguramente muchas otras que especialistas e investigadores en materia de lectura puedan citar, es preocupante no sólo los bajos índices de lectura del estudiantado venezolano en nuestras aulas, desde la escuela básica hasta nuestras máximas casas de estudio, sino que resulta más preocupante aún, que lo poco que leen no lo comprendan o sencillamente no decodifiquen los aspectos fundamentales de una información escrita dado que no poseen, en muchos casos, las herramientas básicas para una lectura, ya sea de estudio o de placer.

En esta era llamada de las comunicaciones, donde la información escrita es el puente fundamental del conocimiento y del quehacer diario, resulta inquietante que los estudiantes en general, y con mayor preocupación los universitarios, presenten debilidades significativas en cuanto a la lectura, más aún si se trata de estudiantes de educación, pues se supone que en sus manos estará la formación de las generaciones de relevo, bajo su responsabilidad quedará la posibilidad de diseñar y desarrollar, por ejemplo, las estrategias de aprendizaje más convenientes para garantizar el aprendizaje de sus futuros alumnos.

De allí la necesidad que estos docentes en formación cuenten con la debida preparación académica que les permita cumplir a cabalidad con su cometido, y obviamente, esa formación está estrechamente relacionada a su capacidad, entre otras, de decodificar, interpretar, analizar, debatir y cuestionar lo que lee, las informaciones contenidas en los diversos medios impresos, incluyendo los textos mismos que podrán utilizar para su labor docente. Sólo a través de la lectura se logran los primeros pasos en la redacción y composición de textos escritos. Sólo un buen lector estará en capacidad de expresarse con propiedad por escrito.

Sin entrar en debates sobre estas últimas afirmaciones, es innegable la relación existente entre la posibilidad de escribir correctamente y emplear el lenguaje escrito como vehículo para expresar ideas, opiniones, sentimientos, sin contar con la debida preparación y capacidad, a la cual se puede llegar, principalmente, gracias a la lectura. Por ello la escuela debe estimular, desde temprana edad, la lectura como medio para el enriquecimiento cultural, social, afectivo y académico del niño. Ha de ser el docente un modelo de lector que estimule a sus aprendices. Ya en la universidad queda en manos del estudiante potenciar sus capacidades y destrezas para garantizar su éxito académico.

No obstante, es comentario generalizado entre muchos docentes universitarios, en especial entre quienes laboran en las escuelas de educación, el gran número de alumnos carentes del hábito de la lectura, tan necesario para que éstos puedan desempeñarse con éxito en sus compromisos académicos; sin embargo, pareciera que no les falta la capacidad intelectual para el estudio, sino que no pueden enfrentar las demandas del discurso universitario ni del ritmo del trabajo. Cabe citar a William Rohwer (1984) quien sostiene que la relación entre las actividades del estudio y el rendimiento académico varía según las características del curso y las características del alumno. Es decir, el éxito académico depende en parte de características individuales como la habilidad intelectual, la motivación y las experiencias previas de estudio, pero por otra parte, depende también de los requisitos de la tarea en los diferentes cursos. En otras palabras, las características del alumno toman mayor importancia mientras más autonomía se requiere en la selección, organización, transformación e integración de la información.

Los alumnos que poseen hábitos de lectura tienen más facilidad para formular hipótesis, generar soluciones y comparar y analizar la información que se les presenta, que aquellos alumnos que se acostumbran a memorizar y reproducir detalles y, cuyos índices de lectura son bajos. El alumno con hábitos de lectura tiene también mayores posibilidades de obtener mejores calificaciones, un mejor rendimiento académico.

A lo anterior se puede agregar que el estudiantado venezolano en general está condicionado por sus creencias epistemológicas, (Greybeck, 2004), al creer, por ejemplo, que el conocimiento surge solamente de fuentes externas, confía plenamente en las informaciones que consigue en los libros básicos o más elementales de una asignatura, aun cuando estos no sean recomendados por su profesor, y que muchas veces son sustituidos por algún material mimeografiado o fotocopiado, o incluso tomado de internet, sin las respectivas fuentes bibliográficas. También cree el estudiando venezolano que los docentes, representan la verdad absoluta; esa creencia aunada a la comodidad que caracteriza a estos estudiantes, no les motivará a indagar o profundizar en otros textos, en nuevas fuentes, en diversos medios, sino que se limitan a sostener esa verdad y repetirla las veces que sea necesario, ya sea en una evaluación o sencillamente en una conversación.

No obstante, el estudiante podrá tener o presentar dificultades, pero también es cierto que en la actualidad se requiere estar mejor informado a la mayor brevedad posible, los lapsos de tiempo para presentar una evaluación y otra, redactar y discutir un informe o hacer una exposición oral, son reducidos, limitados; si a ello agregamos el número de asignaturas que debe cursar un alumno regular que desee seguir el ritmo de la carrera, hacen que la lectura sea necesariamente más rápida, más precisa en cuanto a la información a obtener, y de ser posible presentada de una manera mucho más digerible, más conveniente, más práctica.

De allí, por ejemplo, que muchos textos presenten al iniciar o concluir un capítulo, una síntesis del mismo, o presenten cuadros sinópticos, esquemas de información, diagramas de contenido, entre otros medios o recursos que sinteticen la información sin menoscabo de su contenido; mientras que el alumno por su parte recurre a sencillas tomas de notas, a subrayar párrafos de interés, o a elaborar mapas mentales, entre otras estrategias, que le permitan obtener de los libros, revistas y otras fuentes escritas la información pertinente a cada caso. Muchos docentes también conscientes de esta nueva realidad, recurren a diversas estrategias para presentar la información de manera más concisa y detallada a la vez, ya sea a través de mapas conceptuales, organigramas, esquemas, entre otras. Para estudiantes y docentes, la necesidad de información está estrechamente vinculada a la producción del conocimiento como medio para el desarrollo personal y profesional.

Cabe mencionar, que de acuerdo a una declaración del Banco Mundial (1999) en su informe sobre el desarrollo mundial titulado El conocimiento al servicio del desarrollo, aquello que diferencia realmente a los países ricos de los países pobres, no es el mayor ingreso per cápita de recursos, sino el acceso que tienen sus pobladores al conocimiento útil para el mejoramiento de la calidad de vida. […] pero no sólo en la relación mundial de países desarrollados versus países en vías de desarrollo, sino en el interior de los grupos poblacionales de estos últimos: las diferencias entre el acceso al conocimiento de los diferentes estratos sociales traza la diferencia entre la calidad de vida de unos y de otros. La lectura es fuente inagotable de conocimiento, tan necesario para la vida académica, como para el verdadero y sustentable desarrollo de las actuales sociedades.

Ahora bien, no podemos supeditar la lectura al ámbito meramente académico; ya sea una agenda de trabajo, un itinerario, un plan de clases, un menú en la cafetería, un flujograma de cualquier proceso, una tabla periódica o un anuncio en la prensa, la lectura comprende todos y cada uno de los ámbitos del quehacer humano; puede ser una simple frase, un eslogan, una noticia o unas instrucciones, todo ello está escrito, y se requiere de la habilidad necesaria, no sólo para leerlo, sino para comprenderlo y, más importante aún, para darle la debida utilidad. Para ello se requiere de un proceso cognitivo que permita comprender, utilizar y transformar la información presentada en textos escritos o en forma gráfica no convencional a la del texto. Es allí donde se requiere de la habilidad de una lectura funcional.

Bajo esta perspectiva, se define como lectura funcional a la que tiene como propósito permitir al lector acceder al contenido de mensajes elementales, mínimos, necesarios o imprescindibles para su propia utilidad, interés o seguridad, a partir, fundamentalmente pero no exclusivamente, de representaciones gráficas y visuales, recursos ampliamente difundidos en el ámbito educativo, sobre todo, universitario.

Otro aspecto a considerar es la posible correlación entre la lectura y el índice académico del estudiante, su rendimiento; se da por hecho que quien más lee obtendrá mayor información, la información conlleva a un mayor conocimiento y esto a su vez le conllevará a mejores calificaciones como evidencias de un mejor desempeño. Sin embargo, hay estudiantes que sostienen que "sin leer tanto obtienen buenas", e incluso, excelentes calificaciones; expresiones como: "con la clase es suficiente" o "con dar un repaso rapidito a lo que dieron en clase basta", se evidencia que hay alumnos que al parecer consideran que la lectura no es, necesariamente, un medio para alcanzar un óptimo desempeño académico.

Hay alumnos que afirman que para obtener una buena calificación ni siquiera es necesario leer, y que pese a ello mantienen promedios de calificaciones que bien pueden considerarse buenos en comparación con el resto de los estudiantes de educación. El tal sentido se percibe que los alumnos dejan a un lado la lectura completa del material de apoyo o texto recomendado por el profesor, para abocarse a repasar algunas líneas de apuntes tomados en clase, o a intercambiar ideas, conocimientos y experiencias sobre la asignatura a evaluar; más significativo aún, es que algunos docentes facilitan material en forma gráfica o esquemática, donde la información se encuentra condensada y los estudiantes pocas veces recurren a este tipo de material, al que por lo general encuentran poco comprensible.

Cabe preguntarse: ¿se puede, realmente, obtener una calificación sobresaliente sin necesidad de recurrir a la lectura como medio de estudio?, ¿es que los estudiantes no consideran necesario obtener una calificación sobresaliente y por ende no hay necesidad de leer? o ¿aquello que se lee debe memorizarse sin necesidad de interpretarlo, menos aún buscarle una aplicación válida? Sea como sea, en la mayoría de los artículos publicados y en las investigaciones realizadas sobre rendimiento académico, como las de Romero García (1985), Páez de Marín (1987), Irureta (1990), entre otras, en todas ellas, la lectura aparece como una variable necesaria a considerar. Suponer que los alumnos no ven la necesidad de lectura para mejorar su rendimiento académico bien puede considerarse una inquietante situación dentro de la educación actual.

1.1. Formulación.

¿Existe relación entre el índice de lectura funcional y el rendimiento académico de los estudiantes del primer semestre de educación, en las menciones Básica Integral y Matemática y Física, de la Universidad del Zulia?

2. Justificación.

El presente trabajo parte de algunos datos obtenidos e informaciones proporcionadas en investigaciones previas y en publicaciones hechas en diversas regiones e instituciones del país, donde abordan diversos puntos y aspectos estrechamente relacionados con el problema de la lectura, y en particular sobre el problema que representa la comprensión lectora en estudiantes y profesionales, quienes, tal como lo señala Morles (1992), presentan serias dificultades para lograr la comprensión de lo leído, lo que se evidencia en los niveles de interpretación, retención, organización permanente y atención.

Esa realidad constituye una significativa parte de la preocupación manifiesta por organismos e instituciones, en especial por las universidades, quienes con frecuencia abordan este importante tema a través de sus investigaciones o eventos, donde en reiteradas oportunidades se ha cuestionado los bajos niveles de expresión oral y escrita de los estudiantes, afectando así su rendimiento académico. Muchos coinciden en que gran parte del problema evidenciado en la expresión oral y escrita es precisamente la carencia del hábito de la lectura, y más aún de la nula, poca o indebida comprensión que éstos hacen de un texto.

Por otro lado está el uso, cada día más extendido, de los medios electrónicos, así como la asiduidad con la que docentes y estudiantes recurren a medios que permitan sintetizar información, como mapas mentales y/o conceptuales; otros medios que permiten sintetizar información son, por ejemplo, las infografías utilizadas por la prensa escrita y electrónica, las digitografías en la web y los flujogramas en las organizaciones, todos estos medios conllevan necesariamente a: primero, aceptar que el uso de las representaciones gráficas y visuales además de comunes y frecuentes, como formas de lectura de requieren de un debido proceso de identificación, ubicación y utilización de la información en ellas contenidas; y segundo, a preparar a alumnos, y lectores en general, para comprender y aplicar oportunamente la información que transmiten estos medios. De allí, en principio, la necesidad de diagnosticar cómo actualmente los alumnos universitarios interpretan la información que se ofrecen a través de textos y formas de representación esquemática o gráfica, y la incidencia que esta pueda tener en su desempeño académico; en síntesis, se percibe la necesidad de precisar los aspectos relacionados con el uso que dan los estudiantes universitarios a la lectura funcional.

Por último, cabe destacar también, que este tipo de investigación permitirá ofrecer datos e informaciones sobre uno de los aspectos más interesantes en la formación de todo profesional, en especial, quienes cursan la carrera de educación, como lo es su habilidad para la decodificación – y su aplicación - de información de carácter visual, más allá de los grafemas, palabras, frases y oraciones, aquella presentada en forma de textos o representaciones gráficas de distinto tipo, y con ello la obtención de información que es necesaria para orientarse y desenvolverse exitosamente en su ámbito académico, laboral o social en general.

3. Objetivos.

3.1. Objetivo General.

Determinar el grado de relación entre la Lectura Funcional y el Rendimiento Académico en estudiantes del primer semestre de Educación, menciones Básica Integral y Matemática y Física de La Universidad del Zulia durante el primer período 2005.

3.1.1. Objetivos Específicos.

  • Identificar el índice promedio de Rendimiento Académico en estudiantes del primer semestre de Educación, menciones Básica Integral y Matemática y Física de La Universidad del Zulia durante el primer período 2005.
  • Describir el actual Proceso Cognitivo de Lectura Funcional en estudiantes del primer semestre de Educación, menciones Básica Integral y Matemática y Física de La Universidad del Zulia durante el primer período 2005.
  • Detectar el nivel de habilidad en el uso de la lectura funcional presente en estudiantes del primer semestre de Educación, menciones Básica Integral y Matemática y Física de La Universidad del Zulia durante el primer período 2005.
  • Analizar las posibles correlaciones entre el nivel de lectura funcional y el rendimiento académico de los estudiantes del primer semestre de Educación, menciones Básica Integral y Matemática y Física de La Universidad del Zulia durante el primer período 2005.

4. Delimitación.

Desde el punto de vista espacial y temporal, la presente investigación se centró geográficamente en el Municipio Maracaibo, específicamente en la escuela de Educación, de la Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad del Zulia; en el tiempo comprendido entre enero y octubre de 2005.

En cuanto a la delimitación poblacional o universo, éste estuvo conformado por sesenta (60) estudiantes de la Escuela de Educación, de la ya mencionada universidad y facultad, específicamente, treinta (30) alumnos de la mención Educación Básica Integral y otros treinta (30) estudiantes de la mención Matemática y Física.

En relación a la delimitación conceptual, este estudio se sustentan en los postulados y planteamientos que sobre lectura funcional sostienen Salvia y Hughes (1990), y Feliú y Rodríguez (1994).

CAPÍTULO II

FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA

  1. 1. 1. Sobre Lectura.

    Zambrano (2003), con la investigación: "Estrategias de Estudio y Comprensión Lectora y su relación con el Desempeño del Futuro Docente" determinó, en un grupo de estudiantes del noveno y décimo semestre de Educación Básica Integral de La Universidad del Zulia, la relación existente entre las estrategias de estudio y la comprensión lectora, y cómo ambos aspectos influyen en el desempeño del futuro maestro. Dicho trabajo, de tipo descriptivo, en la modalidad de campo y con diseño no experimental y correlacional, utilizó como instrumento un cuestionario cerrado con escala Lickert, diseñado por la investigadora, lo cual le permitió concluir, en relación con la lectura, que en materia de organización del pensamiento se evidenció un uso favorable de estrategias de comprensión lectora, conjuntamente se destacan las fortalezas en cuanto a secuencia, discriminación, diferenciación y asociación , mostradas por el grupo.

    En dicha búsqueda de información, partiendo de la lectura, también se evidenciaron debilidades relacionadas con el surgimiento de ideas espontáneas, desarrollo de esquemas de contenido, toma de notas de ideas importantes y selección de textos según el índice de contenidos. Como resultados, la autora afirma que la investigación determinó una correlación significativamente alta/positiva entre las variables objeto de estudio, en particular la relación existente entre las estrategias de estudio y la comprensión lectora.

    Torres de Márquez (2002), en su trabajo titulado: "Bases Teóricas para la Comprensión Lectora Eficaz, Creativa y Autónoma", plantea la preocupante situación de los estudiantes ingresados a la Escuela de Educación, quienes evidencian dificultades en dicha comprensión lectora, por lo cual se permite asegurar que uno de los problemas más preocupantes del sistema educativo venezolano, en todos sus niveles, estriba en la dificultad tenida por los estudiantes para comprender textos escritos.

    En cuanto al tipo de investigación realizada por Torres de Márquez, ésta es de carácter experimental con estudios de caso. En una evaluación diagnóstica efectuada a 38 alumnos del taller de lengua, que equivale a un 75% de la población estudiada, se presentaron dificultades para construir significados, no definían esquemas de representación y evidenciaron disociación del signo. A lo largo del taller la investigadora aplicó estrategias basadas en la teoría de los esquemas, considerando éstos como estructuras abstractas, las cuales representan lo que uno piensa acerca del mundo, Sustentando estos postulados teóricos en Shallert (1982), Rumelhar y Norman (1978) y Palmer (1975). Al finalizar el taller, que permitió a la investigadora realizar su análisis, un 86.8% de los estudiantes demostró que, a partir de la definición de los esquemas de representación, se logra una óptima comprensión de la lectura; el 10.5% logró una comprensión considerada buena y sólo el 2,6% logró una comprensión regular de la lectura. Concluye su investigación estableciendo la relación de asociación y conocimiento previo del signo lingüístico (dualidad y síntesis informativa), la operatividad con los signos al definirlos como esquemas de representación e integración del signo en sus elementos constitutivos, lo cual proporciona los elementos básicos, iniciales y operativos del lector, permitiendo el análisis, la relación y combinación de los signos, pues estos conforman el texto al extraer significados que conlleven a la comprensión del mismo.

    Olivares (2000), llevó a cabo una investigación titulada "Dominio del Lenguaje en Estudiantes de Biología de la Universidad del Zulia", con el objetivo de detectar el dominio y manejo que los estudiantes universitarios poseen de su lengua escrita. A través de esta investigación se han recopilado casos concretos, los cuales evidencian dificultades presentadas por un grupo de bachilleres para producir textos coherentes. Para ello se diseñó y aplicó un instrumento, el cual permitió recolectar la información deseada; dicho instrumento estuvo orientado a la elaboración de un resumen sobre un texto escrito, ejercicios de puntuación y acentuación y realización de una redacción sobre un tema dado.

    Este proyecto permitió detectar que las dificultades más frecuentes presentadas por los estudiantes fueron: desconocimiento de las reglas de puntuación y acentuación, incoherencia discursiva, deficiente manejo de la ortografía, uso excesivo de muletillas y expresiones coloquiales, bajos niveles de comprensión lectora, deficiente manejo de la ortografía y dificultades en la redacción. Tales resultados ponen de manifiesto que las concepciones tradicionales sobre la enseñanza del español como lengua materna haciendo énfasis en lo reiterativo y memorístico, está descuidando el fin último de su función, enseñar lengua.

    Castillo (2000), realizó una investigación titulada: "Procesamiento Sintáctico en Estudiantes Universitarios", basada en el principio de que durante la lectura concurren cuatro (4) subprocesos en la comprensión del texto: procesos perceptivos, léxicos, sintácticos y semánticos, pero específicamente el procesamiento sintáctico permite agrupar las palabras de la oración en unidades jerarquizadas para posibilitar la asignación de significados, como fin último de la lectura. Para este estudio se tomó como muestra un número de veintisiete (27) estudiantes del tercer semestre de ingeniería del Instituto Universitario Politécnico "Santiago Mariño", extensión Valencia. Para la obtención de datos e informaciones, se elaboró un instrumento cuyo propósito fue establecer cómo estos estudiantes empleaban diferentes claves sintácticas en la comprensión de oraciones sintácticamente ambiguas.

    Los resultados de la investigación permitieron precisar, en lectura y redacción, que las respuestas emitidas por los estudiantes privilegian los grupos de claves sintácticas como: orden de las palabras y significado de las mismas, aun cuando ello conduzca a frecuentes interpretaciones erróneas. Los altos porcentajes de error relacionados con el uso de estas claves, así como los bajos porcentajes de otras, hacen necesario determinar si estos datos están estrechamente relacionados con las deficiencias en la comprensión de textos, independientemente de la presentación de los mismos.

    Romero (1999), en su trabajo de grado titulado: "Incidencia de la Producción de Textos en el Desarrollo de la Comprensión Lectora en alumnos de 5° de Educación Básica", demostró que la producción de textos como medio o estrategia incide significativamente en el sentido de la comprensión lectora de los sujetos participantes favoreciendo de igual manera la espontaneidad, imaginación, creatividad, análisis y expresión verbal, capacidades todas necesarias para el proceso de socialización e integración de los niños hacia sus similares.

    Para la obtención de los resultados, el autor mencionado aplicó la prueba de lectura, diseñada por la Dirección de Educación Especial y la Organización de Estados Americanos (OEA) en su estudio de "Niveles de Lectura y Escritura en Niños Alfabetizados" (1983-1985) a treinta (30) niños, escolares, de ambos sexos y cuyas edades oscilaban entre los nueve (9) y catorce (14) años, todos cursantes del 5° de la Escuela Básica "Amanda Jesús Bravo" de Maracaibo. Con este estudio se evidenció la relación existente entre la capacidad creadora y de producción de textos como mecanismo que permite la comprensión de los mismos, favoreciendo la opinión de quienes sostienen que solo se aprende a leer en la medida del desarrollo de la propia escritura.

    Lozada (1999), presentó una propuesta constructivista llamada "Estrategias Metacognitivas en Lectoescritura". Dicho trabajo determinó el uso de estrategias metacognitivas en la lectura y escritura de un grupo de cincuenta y siete (57) estudiantes de la asignatura Lectoescritura, del tercer semestre de la carrera de educación Integral, Universidad Pedagógica El Libertador (UPEL), extensión Sabana de Mendoza, estado Trujillo. Para ello empleo tres (3) cuestionarios, los cuales le permitieron concluir que este grupo de estudiantes universitarios no emplean estrategias metacognitivas en la lectura ni en la escritura, es decir, no tienen control ni uso consciente de sus capacidades, lo cual repercute directamente en su rendimiento académico.

    González de Bauza (1999), presentó una investigación titulada: "Estrategias de Autoaprendizaje para Desarrollar Habilidades en la Redacción". Consciente de la estrecha relación entre la expresión escrita y la lectura, la investigadora comenzó por determinar los niveles de comprensión lectora de la población objeto de estudio, conformada por ochenta y seis (86) estudiantes de Educación Integral, cursantes del Programa de Profesionalización Docente (PPD) de la Universidad Nacional Experimental "Rafael María Baralt".

    Entre los resultados obtenidos, al aplicar un pretest destaca que la estimación del índice de comprensión lectora en los estudiantes apenas alcanzó un 27,33%, lo cual mejoró significativamente tras la aplicación de su propuesta de autoaprendizaje. Los resultados del post-test señalaron que este grupo mejoró un 65,12%, significativo avance pero aún evidenciaban determinadas limitaciones en cuanto a la lectura, incidiendo significativamente en la redacción dentro del grupo.

    Por último, resulta conveniente señalar una publicación realizada por Salazar y Ponce (1999), "Hábitos de Lectura", producto de una exhaustiva investigación, y cuyo propósito fue caracterizar las condiciones y prácticas de lectura en los niños de sexto grado de los centros educativos estatales en Cajamarca, Perú. Dicha investigación arrojó, que un 65% de escolares poseen una tendencia de valoración, la cual hace considerar al libro como un objeto de utilidad práctica (realización de tareas escolares), y a la lectura como un acto que debe generar resultados productivos (conocer cosas nuevas); este grupo respondió también que un libro sirve para entretenerse.

    El estudio muestra la importancia que están dando los niños a la lectura funcional; es decir, leer, no para sí, para expresarse y disfrutar, sino para otros – el maestro, los padres - y para obtener calificaciones aprobatorias. Ésta es una contribución directa de la escuela, cuyo esfuerzo por asegurar el aprendizaje de la lectura, una vez que ésta se ha logrado, se transforma en exigencia, generando la enajenación del valor afectivo que toda lectura pueda propiciar. Sumado a ello la escasa disponibilidad de textos y materiales que respondan a las expectativas y tendencias naturales de los niños.

    1. 2. Sobre Rendimiento Académico.

    Bustamante (1.981), en la investigación "Necesidad de Logro, Locus de Control y Rendimiento Académico", inició una serie de estudios orientados a la motivación a través de un análisis descriptivo y el impacto a ocasionar en la educación; en esta investigación abordó a cuarenta y dos (42) estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Salud de la U.L.A., quienes fueron seleccionados sobre la base de los puntajes extremos obtenidos a partir de una combinación de dos medidas: el Test de Apercepción Temática (TAT), para medir fantasías con respecto al logro y la Escala de Ansiedad Sarason, la cual mide temor al fracaso.

    Cabe destacar que todos los sujetos fueron equivalentes en cuanto a su edad, status socio-económico y cociente intelectual. Los resultados obtenidos señalaron que los sujetos con alta necesidad de logro difieren de los estudiantes con baja necesidad de logro en cuanto a su percepción del control conductual y en su rendimiento académico, siendo los primeros significativamente más orientados a la internalidad y presentando promedios de calificaciones parciales más altos.

    Pico y Bustamante (1.985) realizaron un importante trabajo titulado "Necesidad de Logro, Rendimiento Académico y Autoestima" con el objetivo de determinar el posible grado de relación entre las variables mencionadas. Para esta investigación, se emplearon las Escalas MEHRABIAN y AESTIGE para medir Necesidad de Logro y Autoestima, respectivamente, y fueron aplicadas a ciento treinta y nueve (139) estudiantes del Instituto Universitario Pedagógico Experimental de Maracay, Estado Aragua, hoy Universidad Pedagógica El Libertador (U.P.E.L.), de los cuales ochenta (80) eran de sexo femenino y el resto masculino.

    En cuanto al análisis estadístico, este se realizó a través de la "t" de Student para muestras independientes. Se encontró que los estudiantes con alta necesidad de logro, quienes obtuvieron mayores puntajes en la Escala AESTIGE, con un promedio de calificaciones mayor que los estudiantes con baja necesidad de logro y bajo puntaje en dicha escala. Las autoras indican, sobre las calificaciones de los estudiantes, tanto con alto como bajo rendimiento académico, fueron equivalentes en AESTIGE.

    En relación a los resultados, estos fueron interpretados en términos de la pobreza motivacional característica del estudiantado venezolano, lo cual evidencia, que la necesidad de logro (factor motivacional) tiene poder discriminador para diferenciar los estudiantes con alto y bajo rendimiento académico y con alta y baja autoestima, pues ésta última no se ve afectada por el fracaso, actuando esta variable como un mecanismo de protección (o mecanismo de defensa del yo), permitiendo al estudiante venezolano sentirse bien a pesar de su bajo rendimiento académico, quien tiende a ser conformista, e incluso en oportunidades, justifica su pobre desempeño académico.

    Para Romero (1.985), los estudios y las diversas investigaciones llevadas a cabo por el Centro de Investigaciones Psicológicas (C.I.P.) de la Universidad de los Andes (U.L.A.), en Mérida, le permitieron participar en una Conferencia llevada a cabo en el Instituto Politécnico de Barquisimeto, hoy Universidad Nacional Experimental Politécnica "Antonio José de Sucre", Núcleo Lara, que luego publicase bajo el título de "Motivación y Rendimiento del Estudiante y Evaluación al Profesor", exponiendo la necesidad de identificar los patrones motivacionales prevalecientes tanto en el profesorado como en los estudiantes venezolanos, con la finalidad de evaluar el impacto sobre sus propias ejecuciones y actuaciones.

    Arapé y Guillén (1.992), evidenciaron que aquellos alumnos cuyos maestros les motivaban frecuentemente a través de palabras y expresiones consideradas motivacionales y estimuladoras obtenían promedios de calificaciones significativamente más altos con respecto aquellos cuyos docentes no estimulaban a sus alumnos a través del diálogo diario en el aula. Ambos autores, de la Escuela de Psicología de la U.C.V., presentaron un trabajo titulado "Importancia de las Palabras Estimuladoras e Incentivantes en el Discurso Diario de los Docentes en relación al Rendimiento Académico en Niños de Sexto Grado".

    Las mencionadas investigadoras, aplicaron el Programa de Atención al Niño (P.A.N.) diseñado por el extinto Consejo Venezolano del Niño (C.V.N.) y promovido por el Ministerio de la Familia durante el Gobierno de Luis Herrera Campins (1.979), donde se capacita a los docentes en el manejo del vocabulario utilizando palabras y expresiones alentadoras, motivantes, gratificantes, las cuales de una u otra manera incentiven el trabajo en el aula, lo cual implica mayor y mejor rendimiento académico.

    Asimismo, el programa fue aplicado a tres docentes de una escuela de Maracay, Estado Aragua, quienes durante el segundo lapso pusieron en práctica las estrategias sugeridas. El promedio académico aumentó significativamente: de 13.6 a 14.9, de 14.2 a 15.3 y de 13.8 a 16.4, en los tres cursos respectivamente. En cuanto a los postulados para el manejo de la variable motivación, estos se centraron en los planteamientos de Maslow (1970).

    Barboza (1.992), de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello (U.C.A.B.), Caracas, presentó un trabajo titulado "Necesidad de Logro, Necesidad de Poder y Rasgos de la Personalidad", con la intención de descubrir si es atribuible o no al rendimiento académico, la relación existente entre necesidad de poder, necesidad de logro y rasgos de la personalidad. Dicha investigación estudió una población de 199 estudiantes de la Escuela Militar de Venezuela, cursantes del 2do. y 3er. Año, cuyas edades oscilaban entre 19 y 25 años, de sexo masculino, solteros, venezolanos y bachilleres.

    Debido a este trabajo, el investigador concluyó que las necesidades de logro, poder y rasgos de la personalidad no pueden ser considerados como predictores del rendimiento académico; no obstante, cabe señalar de estos estudiantes, que en los ítems del instrumento aplicado, el Cuestionario Mogollón y Pérez (1.975), medidores de las motivaciones intrínsecas como autorrealización y expectativas, obtuvieron puntajes levemente mayores, coincidencialmente, el 56% de ellos tienen un rendimiento académico ligeramente superior al promedio. Sin embargo, este hecho no comprueba ni demuestra que, en este caso, la necesidad de logro pueda considerarse como un elemento clave en el rendimiento académico del estudiantado. Esta investigación centró sus bases teóricas en los postulados de McClelland.

    Walter (1986), realizó una investigación titulada "Influencia de la Disposición Positiva hacia la Lectura y la destreza en la misma en el Rendimiento Académico", para lo cual se tomó una muestra de 231 estudiantes cursantes de la asignatura Estudio y Comprensión del Hombre, del ciclo general del Núcleo Cabimas, de la Universidad del Zulia. Este estudio destacó, a pesar de no tener suficientes evidencias, las cuales permitieran sostener, la inexistencia de una disposición positiva hacia la lectura, se demostró que los alumnos "leen más" por exigencias internas que por motivación propia.

    En conclusión, la disposición positiva hacia la lectura y la destreza hacia la misma influyen en el rendimiento de los estudiantes. Para corroborar este punto la investigadora conformó dos grupos a partir de una evaluación diagnóstica: un primer grupo de 133 alumnos cuyos resultados en el test inicial respondieron correctamente en término promedio el 83% de los ítemes propuestos; el segundo grupo constituido por 98 estudiantes obtuvieron en la misma evaluación un promedio del 42% de respuestas correctas. A partir de estas primeras identificaciones se prosiguieron con las actividades planificadas para la asignatura, y llevando debido registros de las evaluaciones de cada grupo.

    Por último, es conveniente mencionar las conclusiones presentadas por Schiefelbein, Valenzuela y Vélez (2001) en su informe sobre los Factores que Afectan el Rendimiento Académico en la Educación Primaria; si bien es cierto que este informe no abordó el nivel superior de la educación, tanto este nivel como la educación primaria en América Latina, son un reflejo de las sociedades actuales y de sus respectivos sistemas socio-políticos, de allí que se considere pertinente en esta parte de la investigación citar ese estudio. En palabras de los autores mencionados, las conclusiones específicas, en términos de los doce factores alterables relacionados con el rendimiento, son las siguientes:

    1. Los métodos de enseñanza activos son más efectivos que los métodos pasivos.

    2. El acceso a libros de texto y otro material instruccional es importante para incrementar el rendimiento académico.

    3. La educación formal que recibe el maestro, previa a su incorporación al servicio profesional, es más efectiva que la capacitación y/o actualización tradicional de profesores en servicio.

    4. La provisión de infraestructura básica (por ejemplo, electricidad, agua y mobiliario) está asociada con el rendimiento, en un tercio de los estudios revisados.

    5. La experiencia de los profesores y el conocimiento de los temas de la materia están relacionados positivamente con el rendimiento.

    6. El período escolar y la cobertura del currículo están asociados positivamente con el rendimiento, mientras que el ausentismo de los profesores está relacionado negativamente.

    7. Las actitudes de los estudiantes hacia los estudios son importantes para incrementar el rendimiento.

    8. La atención preescolar está asociada positivamente con el rendimiento.

    9. La repetición de grado escolar y el ser de mayor edad están relacionados negativamente con el rendimiento.

    10. La distancia entre el lugar de residencia y la escuela está asociada con el rendimiento, entre más cerca mayor rendimiento.

    11. El tamaño del grupo parece no tener efecto en el aprendizaje, pero el tamaño de la escuela está relacionado positivamente con el rendimiento.

    12. La práctica de tareas en casa que incluye la participación de los padres está relacionada con el rendimiento.

    El segundo de los factores mencionados por Schiefelbein, Valenzuela y Vélez (2001), están vinculados a la lectura, y las limitaciones que representa para el estudiante el acceso al material bibliográfico necesario para su formación.

    Sin duda alguna, existen innumerables factores que pueden incidir en el rendimiento académico de cualquier grupo de estudiantes, las primeras investigaciones citadas se orientaron a descubrir los factores intrínsecos e inherentes al estudiante, mientras el último estudio abordó los factores exógenos y relacionados al medio o contexto, fuera de la realidad del estudiante; en este sentido, la presente investigación trata sobre la lectura funcional, un aspecto estrechamente relacionado con el estudiante, dada la necesidad de comprensión lectora del alumno, cuyo objeto de análisis parte de su mundo exterior: el texto.

    Para finalizar es conveniente señalar, que en la revisión de antecedentes realizada para la presente investigación, no se hallaron estudios directamente vinculados con la lectura funcional, lo que permite afirmar que este tipo de lectura no ha sido debidamente abordada, ya sea por desconocimiento, desinterés o desinformación, por tratarse sólo de un tipo específico de lectura, mientras que existen numerosos proyectos e investigaciones cuyo alcance, en relación a la lectura, es mayor, al abordar otros importantes aspectos de este tema.

  2. Antecedentes.
  3. Bases Teóricas.

2.1. Lectura. Definiciones y Tipos.

Para Freinet, cuyos estudios y teorías se consolidan en 1957, y hoy por hoy continúan vigentes, leer es buscar el sentido de lo leído, de allí su interés en indagar y profundizar sobre las técnicas y las teorías de Decroly (1963), para quien la percepción del texto no es sintética, es decir, letra tras letra, sino global, como lo establece la psicología de la forma. Por consiguiente, en el aprendizaje de la lectura es preciso utilizar la propiedad natural de ésta percepción; el aprendizaje que va de las palabras, percibidas y reconocidas globalmente, a la sílabas, producto de la descomposición de las palabras mediante el reconocimiento de las similitudes, hasta llegar a los sonidos descubiertos de la misma manera analítica.

A partir de ésta percepción de la lectura, llamada global en palabras de Freinet, puede pasarse a la composición de palabras nuevas y a la escritura. Definiéndose el método analítico-sintético que Freinet descubre y en el cual se inspiró, superando la perspectiva original. El acceso al texto escrito debe ser, ante todo, la búsqueda de su sentido. Siguiendo en esto las intuiciones de Rousseau, Freinet considera que el texto es ante todo el producto de una voluntad de comunicación. Y éste es precisamente el punto de consenso de los mencionados autores: la lectura es un acto comunicativo entre el texto y su lector.

En este sentido, la lectura se hace inseparable de la escritura, siempre y cuando este escrito de palabras y frases tenga un significado y no sonidos abstractos. Por esta razón, Freinet y posteriormente Rousseau, utilizaron el método global desde su propia perspectiva, donde el texto libre o funcional figura, de manera más primitiva, como expresión oral libre: los niños cuentan y el maestro escribe de manera sencilla lo contado, en la pizarra se lee la narración, la cual se copia y se resume en fichas que se guardan para ser utilizadas al preparar otras narraciones. En este caso aparece también la oposición fundamental que Freinet hacía entre el aprendizaje sistemático construido abstractamente y el aprendizaje espontáneo, práctico y funcional a base de pruebas, ensayos y errores rectificados para alcanzar el objetivo.

Si bien Freinet empleó el término funcional, hay que destacar que no lo hizo bajo la perspectiva de esta investigación; quise acuñar con ese término la propiedad que tiene la lectura de ser transferible al medio, de la practicidad de la misma, e incluso, de la aplicación que el lector puede hacer de la lectura y, sobre todo, la importancia que debe dársele a estos aspectos al momento de iniciar al niño en la lectura, que él sienta y perciba la lectura como un medio que funciona para satisfacer, entre otras, sus necesidades comunicativas y afectivas.

Considerando los principios antes señalados, Eveline Charmeux (1992), en su libro titulado "Cómo fomentar los hábitos de lectura", distingue dos tipos o clases de lectura: una, denominada lectura funcional y, otra denominada lectura de placer. De acuerdo a tal clasificación, mediante la primera, los lectores obtienen información, solventan situaciones. Es la lectura necesaria para resolver un problema, para conocer las reglas de un juego o un deporte, o para saber cómo se instala, por ejemplo, una máquina, estrechamente relacionada a la practicidad y funcionalidad de las cosas. Mediante la segunda, se lee para entretenerse o divertirse, para pasar el rato, para explorar nuevos mundos. Es el tipo de lectura en la que el lector se deja llevar por las palabras, sin ningún tipo de propósito concreto que no sea el puro placer de sumergirse en un libro, disfrutar del carácter o sentido estético del texto y de la lectura misma.

Ahora bien, en cuanto a los tipos de lectura, existe diversidad de clasificaciones, muchas de ellas dependen, obviamente, de la posición teórico-conceptual, del contexto, e incluso de los intereses que cada autor desea expresar. Para la presente investigación se consideró la clasificación presentada en el Foro Mundial de Alfabetización celebrado en Montevideo, Uruguay, en marzo de 1996, pues ésta resume la clasificación que hacen varios autores.

  • Lectura funcional.

Es aquella que tiene, como objetivo básico, permitir al sujeto acceder al contenido de mensajes elementales, mínimos, necesarios o imprescindibles para su propia utilidad, interés o seguridad. Existe una lectura de estas características cuando la persona lectora sólo es capaz de llegar a la interpretación de palabras o cortas frases de uso común en señales y letreros colocados en la vía o lugares públicos. Estos mensajes, además, suelen estar representados por caracteres sencillos, de grandes dimensiones y de fácil lectura, sin las complicaciones, como es obvio, de estructuras gramaticales. También está presente en cuadros, esquemas, mapas conceptuales. Se estima que aún en personas con poca destreza lectora, este tipo de mensajes, a la larga, resultan rápida y fácilmente descifrables por su estructura, ubicación y proximidad a iconos referidos al contenido de los mismos. Algunos autores sostienen que la lectura funcional conlleva un cierto aspecto de "pasividad", puesto que los mensajes se muestran al lector sin que este tenga una intencionalidad de buscarlos.

  • Lectura consultiva.

Representa un modo de leer más activo e intencional, tendiente a buscar mensajes cuyos contenidos son puntualmente necesarios o conllevan un cierto interés o curiosidad, y por medio de los cuales el lector intenta recabar una información mayor que la que posee sobre algo. Sin embargo, la consulta, casi siempre, precisar  sólo frases cortas, mensajes escuetos, datos sencillos y un tiempo de dedicación generalmente corto. Ejemplos de este tipo de lectura se pueden encontrar en la consulta de saldos bancarios, tarjetas de visita, definiciones en el Diccionario, etc. El lector precisa un nivel mayor de destrezas lectoras que en el apartado anterior.

  • Lectura complementaria o de ampliación.

Se lleva a cabo cuando en el desenvolvimiento ordinario, en el trabajo o en el estudio, se precisa buscar fuentes adicionales o aclaratorias de alguna información. Generalmente, tiene lugar siempre que se hace uso de citas, referencias bibliográficas, listados, relaciones, etc. No representa la lectura habitual ni en el tiempo que se le dedica ni en la extensión de los textos que se leen. Dentro de las denominaciones empleadas, podría catalogarse de lectura intensiva, aunque no extensiva.

  • Lectura habitual.

Podríamos calificarla de extensiva o prolongada. Es aquella con la que accedernos de manera rápida, fácil y cómoda al contenido de textos y mensajes amplios. Como algunas opiniones afirman, en la lectura habitual todos los esfuerzos se encaminan no para el descifrado de los signos, sino para la comprensión de los mensajes. Precisa, por tanto, una velocidad adecuada. Otros autores señalan que, una vez adquiridas las habilidades y destrezas necesarias, la lectura habitual puede llegar a considerarse lectura  natural.

Cabe señalar que esta clasificación obedece, fundamentalmente a los tipos de lectura de acuerdo al propósito del lector, no obstante si se hiciera un recorrido por la diversidad de definiciones que aparecen en innumerables publicaciones de diferentes autores, podría concluirse que, "tras aquellas que definen la lectoescritura como un proceso de simbolización, de representación y de expresión-comprensión, casi todas ellas podrían coincidir en que significa un eslabón importante en las relaciones sociales, a través de la comunicación" (Foro Mundial de Alfabetización). Es decir, los símbolos gráficos, los grafemas, los sonidos articulados, todos los aspectos inherentes al proceso lector sólo justifican su existencia en la medida que éste sirven para intercambiar mensajes comprensibles y, por lo consiguiente, para establecer pautas de relación en el comportamiento y desarrollo humanos, bajo esta perspectiva la función social del lenguaje es la más importante. Sin embrago para efectos del presente estudio, este relevante aspecto queda en un segundo plano considerando que se ha de estudiar la lectura como medio o vehículo de aprendizaje por parte del lector, en este caso, estudiantes universitarios.

Ahora bien, la presente investigación se centra en la lectura funcional, dado que ésta permite al estudiante captar toda aquella información que se presenta de una manera menos convencional que la palabra escrita, y considerando, el uso cada día más recurrente que hacen los medios y los docentes a la hora de exponer algunas ideas por escrito, deseando a su vez, sintetizar gran parte de la información, o condensar la misma para su utilidad práctica.

2. 2. Lectura Funcional

Es necesario, en primer término, mencionar a Célestin Freinet, cuyos postulados inician en gran parte de lo que hoy se define como lectura funcional. La definición de lectura funcional, en su concepción actual mantiene las aportaciones originales de este pedagogo francés, destacando que si bien Freinet no establece el término de lectura funcional, fueron sus investigaciones y planteamientos la base que hoy por hoy permite conocer tal término.

Es indudable la importancia de la lectura funcional y su aplicación en el medio escolar y fuera de él, señalan Rodríguez Trujillo y Salazar; desde luego, las técnicas de lectura rápida y las aportaciones de la psicolingüística, al destacar, por ejemplo, la importancia del movimiento ocular como vector de la anticipación semántica, han permitido profundizar las intuiciones del ya antes mencionado Decroly, médico, psicólogo y pedagogo belga, padre de la llamada escuela racionalista que inspiró a Freinet; pero la idea de situar la lectura, desde el momento de su aprendizaje, en un flujo de comunicación, al igual que la idea de utilizar la lectura documental en todos los actos de la vida escolar, se deben directamente a Freinet, quien sostenía que con ello hacía de la lectura una realidad funcional.

Josefina Peña de Barboza (1993), define la lectura, en general, como un "proceso que debe comenzar con un texto en forma gráfica; el texto debe ser procesado como lenguaje, y el proceso debe terminar con la construcción del significado. Sin significado no hay lectura, y los lectores no pueden lograr significados sin utilizar el proceso." Pese a que la definición de Peña de Barboza, no pretende esbozar una definición específica de lectura funcional, es indudable como bajo su perspectiva un concepto de forma gráfica, va más allá de los grafemas, pues plantea el texto como una forma gráfica en general.

Más recientemente, Salvia, J. y Hughes, Ch. (1990) definieron a la lectura como el proceso de transición de símbolos escritos a palabras y obtener significado de la secuencia de esas palabras. Los mismos autores afirman que la lectura funcional ha sido reconocida como un objetivo educativo por todas las organizaciones que han promulgado objetivos de educación, y que es considerada como la más importante área curricular. En tal sentido, la ejecución académica de un alumno dependerá en gran medida de sus capacidades para la lectura, similarmente, la eficiencia social de cada persona estará determinada por su nivel funcional de lectura. Esa ejecución académica se ve reflejada, entre otros aspectos, por la modificación de la conducta del estudiante y en particular por su rendimiento académico. Ambos autores conciben a la lectura, en general, como un proceso interactivo que, sin embargo requiere analizarse en tres aspectos centrales: la habilidad de formar palabras a través del uso de las letras, el reconocimiento de palabras y la comprensión de la lectura. Para cada aspecto brindan guías de análisis de errores y destrezas, que permiten decidir si la lectura es funcional en cada estudiante y si un currículum determinado está logrando sus objetivos en esta área.

La lectura, entonces, considerando lo expuesto por Salvia y Huhges está –obviamente- supeditada a los procesos cognitivos o cognoscitivos de cada lector, no puede existir una lectura sin el lector y sin los debidos procesos mentales que implica la decodificación y ubicación, comprensión, interpretación y transformación de la información, aspectos considerados por Rodríguez Trujillo y Salazar al elaborar el la Prueba de Lectura Funcional (PLF12) empleada en este trabajo. La secuencia y/o combinación de tales procesos, definida como metacognición, supone el logro del lector al leer, es decir, en la medida que el lector construye su propia esquema de información partiendo de lo leído, habrá entonces una completa información o un verdadero aprendizaje a través de la lectura.

2. 2. 1. Proceso Cognitivo de Lectura Funcional.

Ahora bien, tanto Salvia y Hugges (1990), como Trujillo y Salazar (1995), consideran que las etapas del proceso cognitivo involucrado directamente con la lectura funcional, son las siguientes:

  • Ubicación de la Información.

Proceso que implica precisar los datos, dígitos, palabras claves, números, códigos, entre otros elementos que puedan o no estar contenidos en un texto, en especial, en una ilustración gráfico-visual, son los aspectos básicos que definen este proceso cognitivo; para ello se requiere evidenciar rapidez en la obtención de la información, así como certeza en la misma; una estrechamente relacionada con la otra, pues de nada vale una información rápida e imprecisa, o una que es precisa pero que demoro mucho en obtenerse.

El principal aspecto a considerar en la lectura funcional es precisamente la ubicación de la información contenida y el medio empleado para ello; la ubicación de la información opera como un interruptor que inicia la secuencia de análisis y procesamiento de la información. La ubicación de la información está vinculada estrechamente a la ejecución del lector, la ejecución de la lectura funcional.

  • Comprensión de la Información.

La comprensión de la lectura por si, para el lector, no resulta un reto, lo que realmente puede constituir un verdadero reto es el uso de la información que se lee, pues ello constituye la evidencia clara de que lo leído fue realmente comprendido. En la medida que los estudiantes, por ejemplo, progresan en sus carreras, los requerimientos sobre el lenguaje tienden a incrementarse significativamente, surgen mas abstracciones y también mucha mas información, tanto del texto mismo como de otros medios y fuentes, y la necesidad de depender mas en destrezas de orden metalingüísticos, que permitan analizar y aplicar la información que el medio o contexto nos ofrece, crece. La comprensión se percibe en la medida que el sujeto lector no solo infiere y predice determinada información, sino como también logra transferirla a otras situaciones, logra confrontarla, debatirla, reconstruirla; para lo cual es necesario utilizar los conocimientos y las experiencias de las que se dispone anteriormente, y que conllevarán a entender aún mejor lo leído. Comprender la información es, obviamente, que haya comprensión lectora por parte del sujeto lector.

  • Interpretación de la Información.

La interpretación de cualquier lectura, ya sea comprensiva o funcional, implica un análisis de la misma, es decir, el lector ha de ser capaz de ir más allá del registro de la información, ya sea que se concrete a través de la observación directa o a través de materiales específicos. Comprender una realidad a partir de un texto y de su lectura implica la construcción de un modo de elaborar esa realidad. Esto significa utilizar la información de manera que se pueda distinguir entre, por ejemplo, un dato objetivo, un juicio de valor, una opinión y/o un prejuicio. Para la debida interpretación de la información, debe considerarse la actividad lectora como medio o vehículo que permite la transferencia de la información del texto al cerebro, a través de mecanismos perceptivos y sensoriales que se dan durante la lectura.

En cuanto a la lectura funcional, y particularmente a la lectura que puede hacerse a textos que parten de una representación gráfica, puede afirmarse que tales representaciones constituyen una de las herramientas más útiles en el estudio de la mayoría de las disciplinas, ya que permite una visión de conjunto del fenómeno sometido a investigación, más rápidamente perceptible que la observación directa de los datos numéricos o simbólicos. No sólo es conveniente o necesario ubicar y comprender la información, el paso más significativo en la lectura funcional lo representa, precisamente, la interpretación dada por el lector a la misma, pues este tipo de lectura trata de transmitir un unívoco mensaje, una interpretación de carácter prácticamente lineal, unidireccional, y conveniente al momento de estandarizar la información.

  • Transformación de la Información.

Adquirir y generar conocimientos son en realidad aspectos inherentes a la información, no se puede dar ninguna de estas dos situaciones si no se tiene un acceso fluido a la información, pero más allá de la adquisición y/o generación del conocimiento, está al aplicación del mismo, y con él, el de la información obtenida. La transformación como proceso cognitivo en el individuo se percibe cuando éste logra modificar, cambiar, adaptar conocimientos ya adquiridos y/o experiencias ya desarrolladas, en conocimientos útiles y prácticos. Para ello requiere la capacidad que le permita, por ejemplo, no producir (repetir) conocimientos ya existentes, sino más bien tomarlos y adecuarlos a determinadas necesidades específicas y a los requerimientos que le surgen bajo determinadas circunstancias. La capacidad lectora se evidencia o se manifiesta a través de la transformación que el lector hace de la información, dándole utilidad y practicidad a la misma.

Transformar la información equivale a procesar la información obtenida, discriminar lo útil y lo que no lo es, y aplicar a una situación ese mismo conocimiento, esa información, esa experiencia. Como afirma Jarbas Novelino "los aprendizajes significativos sólo ocurren cuando los alumnos transforman informaciones disponibles en conocimiento adecuado para la solución de un problema o la creación de un nuevo producto".

Finalmente, plantean Salvia, J. y Hughes, Ch. (1990) que la lectura funcional brinda la posibilidad, no solo de capacitar al estudiante para el contexto actual, si no que éste logra potenciar sus habilidades comunicativas, a partir de la integración mental de los elementos que componen o integran una representación constituida en unidad informativa y, aplicar, la información allí contenida. La debida aplicación de la información en aquellos ámbitos que el lector considere necesarios, evidencian la comprensión de lo leído, fin último de la lectura.

En este sentido se define como lectura funcional aquella que tiene, como propósito permitir al lector acceder al contenido de mensajes elementales, mínimos, necesarios y/o imprescindibles para su propia utilidad, interés o seguridad. Existe una lectura con estas características cuando la persona lectora sólo es capaz de llegar a la interpretación de palabras o cortas frases de uso común en señales y letreros colocados en la vía o lugares públicos. Pero también incluye esta definición a aquellos mensajes, que suelen estar representados por caracteres sencillos, de grandes dimensiones y de fácil lectura, sin las complicaciones, como es obvio, de estructuras gramaticales. También está presente en cuadros, esquemas, mapas conceptuales, flujogramas, tablas, y otras representaciones gráficas y visuales que requieren de complejos procesos metacognitivos para una acertada, adecuada y provechosa comprensión de los mismos.

Al procesar la información, partiendo de la definición dada a la lectura funcional, el lector debe poner en práctica una serie de conductas, que incluyen:

a) La percepción de la simbología impresa, y con ella la interpretación de un determinado código.

b) Dicha interpretación se ejecuta sobre la base de conocimientos previos y de esquemas cognoscitivos.

c) La integración a la matriz conceptual.

d) La transformación del mensaje en una nueva forma de información.

e) La determinación de su aplicación inmediata o no a la solución de un problema o a una situación potencialmente conflictiva cuya evitación o resolución depende de la oportuna aplicación de lo leído.

Rodríguez Trujillo y Salazar (1995), investigadores y autores del instrumento utilizado en la presente investigación, afirman que tales conductas implican a su vez una serie de procesos metacognitivos, dichos procesos exigen, como es natural, una serie de habilidades, que no son obvias de manera inmediata; por ejemplo, interpretar la información contenida en una tabla de doble entrada, exige que el lector analice, en principio, un estímulo visual, gráfico, y posterior a ello, pero inmediato, establezca bajo qué condiciones se encuentra organizada la información en cada una de las variables y en el cuerpo completo de la tabla; luego debe ponderar lo que significa esa organización para aplicarla a una determinada situación. Para que la lectura sea práctica, útil y funcional debe permitirle al lector ubicar, comprender, interpretar y transformar la información que en sí contiene, dando por obvio que tales procesos son inherentes al sujeto lector.

Kaufman y Rodríguez (1993) elaboraron una clasificación sobre los textos de mayor circulación social considerando, a partir del tipo de texto, dos (2) aspectos básicos de los mismos: función del lenguaje predominante y trama discursiva predominante; consideran a la primera, a la función del lenguaje, la principal finalidad comunicativa del texto, dicha finalidad puede ser informativa, expresiva, literaria o apelativa; mientras que la segunda, la trama discursiva, se refiere a la forma en que se haya organizado el discurso, destacando sus características lingüísticas dominantes, a saber: descriptiva, narrativa, argumentativa y conversacional. (Ver Anexo 1).

Esta clasificación presenta siete (7) tipos de textos: literarios, periodísticos, de información científica, instruccionales, epistolares, humorísticos y publicitarios.

Cabe preguntarse ¿qué relación puede haber entre la mencionada tipología de textos y la lectura funcional? Dadas las definiciones anteriores y considerando los aspectos antes tratados, toda lectura funcional está estrechamente relacionada a la función informativa y apelativa del lenguaje, independientemente de la trama discursiva, que en el caso de la lectura funcional tiende a ser narrativa y descriptiva, coincidiendo con las definiciones utilizadas por Kaufman y Rodríguez (1993) en su clasificación del texto.

De acuerdo a esta afirmación los textos de mayor circulación social son los textos de información científica, los literarios y los periodísticos; del material impreso, los textos de información científica y los periodísticos, representan el 41,6% de la producción (Kaufman y Rodríguez, 1993), que si a ello sumamos el porcentaje que representan los textos instruccionales, será entonces un 54.16%, es decir, que más de la mitad de la producción impresa de textos está orientada a satisfacer las necesidades específicas del lector en cuanto a contenidos de carácter científico y/o técnico, noticioso o de estudio, y seguramente este porcentaje será mucho mayor si se considerase el medio electrónico, la internet.

Sobre estos datos, la presente investigación, no sólo se justifica una vez más, sino que permite abrir y explorar nuevas posibilidades sobre la lectura, los tipos de lectura, el material disponible en los mercados, y muchos otros aspectos de sumo interés para quienes laboran y se desenvuelven en el medio académico particularmente.


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