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Nefropatía en el embarazo



Partes: 1, 2

    1. Cambios fisiológicos
      maternos durante el embarazo en el
      riñón
    2. Otros
      trastornos renales
    3. Diagnóstico
      diferencial entre preeclampsia y nefropatía
      crónica
    4. Conclusión
    5. Bibliografía

    INTRODUCCIÓN

    El embarazo es un
    suceso fisiológico de la mujer que
    tiene repercusión sobre múltiples órganos y
    sistemas y los
    riñones no están exentos de esos cambios. En el
    presente trabajo se
    hace una revisión del tema que incluye las
    neuropatías gestósicas, nefritis aguda y
    crónica, neuropatía por lupus, diabética y
    tuberculosis
    renal y el síndrome
    urémico hemolítico posparto, entre otras
    enfermedades
    renales.

    Las estructuras
    renales sufren una serie de modificaciones que muchas veces
    alteran su normal funcionamiento. Para nadie es una
    incógnita que el crecimiento de un útero
    grávido y el desequilibrio normal producido durante la
    gestación actúan sobre las diferentes funciones y crean
    alteraciones en el riñón o agravan la función de
    un riñón dañado previamente.

    Aunque la mayor parte del tiempo el
    obstetra atiende a mujeres sanas, es conveniente señalar
    que diversas patologías crónicas, como las
    nefropatías, pueden agudizarse o descompensarse durante el
    embarazo. En los padecimientos renales se debe conocer su
    naturaleza,
    pero sobre todo su grado de deterioro funcional para valorar la
    continuación o la interrupción de la
    gestación.

    El médico general debe reconocer cuando se
    encuentre ante un paciente con embarazo de alto riesgo
    basándose en la historia clínica,
    para tener la facultad de remitir a sus pacientes al medico
    especialista, por eso la importancia del conocimiento
    de las diversas patologías en obstetricia. Incluyendo las
    que se plantean en este trabajo nefropatías en la mujer
    embarazada.

    CAPÍTULO I

    1. CAMBIOS FISIOLÓGICOS MATERNOS DURANTE EL
      EMBARAZO EN EL RIÑÓN.

    Los riñones crecen alrededor de 1 cm de largo
    durante el embarazo. Este aumento de tamaño y
    también de peso es debido a un incremento del volumen vascular
    e intersticial.

    El flujo plasmático renal aumenta hasta un 75%
    sobre los niveles de la mujer no embarazada, alcanza un promedio
    de 840 ml/min a las 16 semanas de gestación, y disminuye
    discreta pero significativamente al término del tercer
    trimestre (Dunlop, 1981).

    La dilatación de los uréteres y de la
    pelvis renal comienza al segundo mes de embarazo y alcanza su
    máximo en la mitad del segundo trimestre.

    El uréter derecho se presenta casi siempre
    más dilatado que el izquierdo. Las causas mecánicas
    y la relajación muscular por efecto de la progesterona son
    las responsables de estos cambios anatómicos (Rubi &
    Sala, 1968; Hytten & Lind, 1973).

    La filtración glomerular, medida por el clearance
    de insulina, aumenta precozmente en el embarazo, desde las 5-7
    semanas, alcanza un 50% más sobre el clearance de la mujer
    no embarazada y así se mantiene hasta el término de
    la gestación (Cruikshank & Hays, 1986).

    Clínicamente, la filtración glomerular se
    mide por el clearance de creatinina, aunque éste es un
    poco menos preciso que el de insulina, ya que la creatinina es
    secretada por los túbulos, aparte de ser filtrada por el
    glomérulo. Por este motivo el clearance de creatinina es
    generalmente un poco más elevado que la filtración
    glomerular real. El clearance de creatinina aumenta en forma
    considerable durante el embarazo. Se han encontrado valores de
    150-200 ml/min (como cifras normales) desde la 5ª a la
    7ª semana hasta el término de la gestación
    (Lind y cols., 1984).

    Otro efecto que se observa como resultado del aumento de
    filtración glomerular es la disminución de la
    concentración de urea y creatinina. El nitrógeno
    ureico disminuye en un 25% y se observan valores de 8-9 mg/dl al
    término del primer trimestre, los que se mantienen hasta
    después del parto. La
    creatinina plasmática disminuye de 0,8 mg/dl en el estado no
    gestante a 0,5-0,6 mg/dl al término del
    embarazo.

    El nivel de ácido úrico desciende desde el
    inicio del embarazo y alcanza los valores
    más bajos, 2,0 – 3,0 mg/dl, a las 24 semanas de
    gestación. Desde este momento sube nuevamente en forma
    progresiva y logra los niveles del estado no
    grávido al término del embarazo. Esto se debe a que
    en los túbulos aumentaría la reabsorción de
    ácido úrico, por razones que aún se
    desconocen (Lind y cols., 1984).

    La osmolaridad plasmática comienza a disminuir a
    la 2ª semana después de la concepción y llega
    a valores de 270-280 mosmol/kg ya a la 5ª semana de
    gestación. Esto se debe principalmente a una
    reducción en la concentración plasmática de
    sodio y sus electrolitos asociados.

    Entre los factores que favorecen la pérdida de
    sodio en el embarazo están el aumento de la
    filtración glomerular y la acción
    natriurética de la progesterona. Para contrarrestar estos
    efectos, los túbulos renales deben aumentar la
    reabsorción de sodio por los túbulos renales
    representan el cambio
    fisiológico más importante del sistema renal
    durante el embarazo.

    La reabsorción de sodio es favorecida por la
    aldosterona, los estrógenos y la desoxicorticosterona,
    cuyas concentraciones están elevadas durante el embarazo.
    El aumento importante de aldosterona es el factor más
    decisivo para prevenir la natriuresis masiva que ocurriría
    por la filtración glomerular elevada. La aldosterona
    plasmática eleva sus concentraciones de 100-200 ng/l en la
    no embarazada, a 200-700 ng/l durante la gestación (Hytten
    & Lind, 1973).

    Durante el embarazo, el sistema renina-angiotensina
    aumenta su actividad entre cinco y diez veces. Asimismo, los
    valores de angiotensinógeno aumentan cuatro a cinco veces
    sus niveles. Sin embargo, la embarazada normal tiene poca
    sensibilidad al efecto hipertensivo de este sustrato, por el
    efecto homeostático de la aldosterona.

    La excreción de glucosa en la
    embarazada también está elevada (Banon &
    Lindheimer, 1983). Algunas pacientes con función renal
    normal, excretan entre 1 a 10 g de glucosa al día (Devison
    & Hytten, 1975). La causa más importante del aumento
    de excreción de glucosa es el aumento de la
    filtración glomerular. Algunos autores postulan que existe
    también una disminución en la capacidad de
    reabsorción a nivel de los túbulos proximales
    (Kuntzman & Pillay, 1973; Devison & Hytten,
    1975).

    La Excreción de proteínas
    no se ve alterada durante la gestación normal. Los valores
    de 100-30 mg/24h son similares a los de la mujer no
    embarazada.

    Pielografía ascendente realizada en el
    séptimo mes de embarazo, mostrando hidronefrosis e
    hidrouréter. Este grado de dilatación es
    frecuente.

    CAPÍTULO II

    2.
    NEFROPATÍAS GESTÓSICAS

    Son las alteraciones renales que aparecen por primera
    vez en la gestación y que es muy difícil su
    separación de las gestaciones puras.

    Frecuencias se dice que 1 x 1000 pacientes. Pero en
    realidad es que un 30% de las preeclampsias son
    nefropatías de este tipo.

    2.1. PIELONEFRITIS AGUDA.

    Se trata de una infección del tracto urinario que
    compromete al parénquima renal, cuya sintomatología
    clínica se manifiesta en algún momento de la
    gestación. Se presenta en el 2 al 4% de las
    gestantes.

    2.1.1. ANATOMÍA PATOLÓGICA.- Las
    lesiones dependerán de la intensidad de la
    infección, de su distribución en el parénquima renal,
    de la duración de la enfermedad y de la concomitancia o no
    con otros procesos
    renales.

    En las formas graves, macroscópicamente se
    observan riñones grandes con pequeños abscesos
    amarillentos en su superficie. Microscópicamente se trata
    de una infección focal, en que zonas del
    riñón sano alternan con otras lesionadas. Existe
    destrucción del parénquima a nivel de los abscesos,
    con intensa infiltración polimorfonuclear y
    plasmolinfocitaria y destrucción de los túbulos,
    cuya luz se encuentra
    ocupada por detritos, piocitos, etc. Los glomérulos, en
    general, están poco comprometidos.

    La pielonefritis, que es más común
    después del segundo trimestre, es unilateral y derecha en
    más de la mitad de los casos y es bilateral en una cuarta
    parte.

    En la mayoría de las mujeres la infección
    del parénquima renal es causada por bacterias que
    ascienden desde las vías urinarias bajas. Entre el 75 y el
    90% de las infecciones renales son causadas por bacterias que
    tienen adhesiones de fimbrias.

    2.1.2. HALLAZGOS CLÍNICOS. El comienzo de
    la pielonefritis en general es bastante brusco. Los
    síntomas incluyen fiebre,
    escalofríos y dolor en una o ambas regiones lumbares.
    Puede haber anorexia,
    náuseas y vómitos. El
    curso de la enfermedad puede variar en forma notable con fiebre
    de hasta 40°C o más e hipotermia tan baja como de
    34°C. Puede provocarse dolor con la percusión de uno o
    ambos ángulos costovertebrales. El sedimento urinario con
    frecuencia contiene muchos leucocitos, a menudo en racimos, y
    numerosas bacterias. En un estudio del 2000 en 190 mujeres
    internadas en el Parkland Hospital se aisló E. coli de la
    orina en el 77%, Klebsiella pneumoniae en el 11% y Enterobacter o
    Proteus en un 4% cada uno. Los resultados de los cultivos fueron
    similares en 120 mujeres con pielonefritis anteparto tratadas en
    el Los Angeles Country-University of Southern California Medical
    Center. Es importante señalar que aproximadamente el 15%
    de las mujeres con pielonefritis aguda también tienen
    bacteriemia.

    Si bien el diagnóstico por lo común es
    evidente, la pielonefritis puede confundirse con el trabajo de
    parto, una corioamnionitis, una apendicitis, una abruptio
    placentae o un mioma infartado y durante el puerperio con una
    metritis con celutitis pelviana.

    Casi todos los hallazgos clínicos en estas
    mujeres son causados por una endotoxemia y también lo son
    las severas complicaciones de la pielonefritis aguda. En el
    cuadro 1-1 se presentan algunos de estos hallazgos. Un hallazgo
    frecuente y algunas veces dramático es la inestabilidad
    termorreguladora caracterizada por fiebre alta en espigas seguida
    de hipotermia. Por lo común la temperatura
    fluctúa de tan baja como 34°C hasta tan alta como
    42°C.

    Cuadro 1-1. Fallo multiparenquimatoso asociado con
    pielonefritis aguda durante el embarazo.

    Twickler y col. (199) han demostrado una resistencia
    vascular sistémica significativamente disminuida y un
    volumen minuto aumentado en las mujeres con una infección
    aguda. Estas condiciones están mediadas por citoquinas que
    son elaboradas por los macrófagos en respuesta a las
    endotoxinas; incluyen la interleuquina-1, previamente denominada
    pirógeno endógeno, y el factor de necrosis
    tumoral.

    En algunas mujeres embarazadas la pielonefritis aguda
    causa una considerable reducción del índice de
    filtración glomerular que revierte con un tratamiento
    eficaz y la recuperación.

    La hemólisis inducida por endotoxinas
    también es común y en aproximadamente una tercera
    parte de las pacientes se produce una anemia aguda
    (Cox y col., 1999). Evidencias
    recientes indican que la pielonefritis aguda no afecta la
    producción de eritropoyetina en forma
    aguda, ni durante los siguientes días de infección
    (Cavenee y col., 1999).

    2.1.3. MANEJO. En el cuadro 1-2 se presenta un
    esquema para el manejo de la mujer embarazada con pielonefritis
    aguda. La hidratación intravenosa para asegurar un volumen
    urinario adecuado es esencial. Dado que el 5% de estas mujeres
    tienen bacteriemia, deben ser observadas cuidadosamente durante
    el primer día de tratamiento o más para detectar
    síntomas de shock por endotoxinas o sus secuelas. Se
    monitorea en forma minuciosa el volumen urinario, la presión
    arterial y la temperatura. Debe tratarse la fiebre
    alta.

    Partes: 1, 2

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