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"Rusos" en la Argentina (página 4)


Partes: 1, 2, 3, 4

Notas

  1. Fingueret, Manuela: Hija del silencio. Buenos Aires, Planeta, 1999.
  2. Suez, Perla: Complot, en Trilogía de Entre Ríos. Buenos Aires, Editorial Norma, 2006. (Colección La otra orilla).
  3. S/F: "Complot, de Perla Suez", en www.perlasuez.com.ar.
  4. Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna, 2001.
  5. Vázquez-Rial, Horacio: El camino del norte. Norma, 2006. 216 pp.
  6. Requeni, Antonio: "Pasado, presente y realidad", en La Nación, Buenos Aires, 24 de diciembre de 2006.
  7. Weisz, José Martín: ...mientras los violines tocaban csárdás. Un viaje a Hungría. Buenos Aires, Milà, 2002.
  8. S/F: en Wernicke, Enrique: El agua. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo)
  9. Wernicke, Enrique: El agua. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo).
  10. Isaac, Jorge: Una ciudad junto al río. Buenos Aires, Marymar, 1986.
  11. S/F: en La Capital, Rosario
  12. Issac, Jorge E.: op. cit.
  13. Shua, Ana María: El Libro de los Recuerdos. Buenos Aires, Sudamericana, 1994. (contratapa).
  14. Shua, Ana María: El Libro de los Recuerdos. Buenos Aires, Sudamericana, 1994.
  15. Grinbaum, Carolina de: La isla se expande. Buenos Aires, ig, 1992.
  16. Feierstein, Ricardo: Mestizo. Buenos Aires, Planeta, 1994.
  17. Díaz Mindurry, Liliana: Pequeña música nocturna. Buenos Aires, Emecé, 1998.
  18. Báñez, Gabriel: op. cit.
  19. Lojo, María Rosa: Las libres del Sur Una novela sobre Victoria Ocampo. Buenos Aires, Sudamericana, 2004.
  20. Goldberg, Mauricio: Kadish para el hombre de la valija. Buenos Aires, Galerna, 2005.
  21. "Kadish para el hombre de la valija", Mauricio Goldberg, Galerna, 2005 El Día, La Plata. 23 de Abril de 2005
  22. Drucaroff, Elsa: El infierno prometido Una prostituta de la Zwi Migdal. Buenos Aires, Sudamericana, 2006. 336 pp. (Narrativas históricas)
  23. Plager, Silvia: La rabina. Buenos Aires, Planeta, 2006.
  24. Verbitsky, Bernardo: Hermana y Sombra. Buenos Aires, Editorial Planeta Argentina, 1977.
  25. Luna, Félix: Soy Roca. Buenos Aires, Sudamericana, 1991, pp. 322-3
  26. Ares, Daniel: Popper. La Patagonia del Oro. Buenos Aires, Alfaguara, 1999.
  27. S/F: "A 110 AÑOS DE LA MUERTE DEL RUMANO SE DESCONOCE DÓNDE ESTÁN SUS RESTOS Julio Popper, el primer desaparecido", en Tiempo Fueguino, Ushuaia, 8 junio de 2003.
  28. Verbitsky, Bernardo: op. cit.
  29. S/F: en "Bernardo Verbitsky Nagasaki mon amour", en Abanico de la Biblioteca Nacional, Mayo de 2005, .
  30. Orgambide, Pedro: Hacer la América. Bruguera, 1984.
  31. Orgambide, Pedro: "La literatura en tiempos de intolerancia. Identidad y narración", en Feierstein, Ricardo y Sadow, Stephen A. (comp.): Recreando la cultura judeoargentina / 2 Literatura y artes plásticas. Buenos Aires, Editorial Milá, 2004.
  32. ibídem
  33. Orgambide, Pedro: Aventuras de Edmund Ziller. Buenos Aires, Editorial Abril, 1984.
  34. Goldberg, Mauricio: Donde sopla la nostalgia. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1985.
  35. Kornberger, Reiner: "Construir y reconstruirse: la experiencia kibutziana en la literatura judeoargentina", en Feierstein, Ricardo y Sadow, Stephen A. (comp.): Recreando la cultura judeoargentina/2 Literatura y artes plásticas Tomo 2. Buenos Aires, AMIA/ Editorial Milá, 2004.
  36. Giardinelli, Mempo: Santo Oficio de la Memoria. Buenos Aires, Seix Barral, 1991.
  37. Dujovne Oriz, Alicia: El árbol de la gitana. Buenos Aires, Alfaguara, 1997.
  38. Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna, 2001.
  39. Krimer, María Inés: La hija de Singer.
  40. Tabarovsky, Damián: "La hija de Singer, por María Inés Krimer", en Clarín, Buenos Aires, 29 de junio de 2002.
  41. Gover de Nasatsky, Miryam E.: La pasión de un visionario Theodor Herzl. Buenos Aires, Milá, 2004. 163 pp. (Imaginaria).
  42. Suez, Perla: Trilogía de Entre Ríos. Buenos Aires, Editorial Norma, 2006. (La otra orilla)
  43. S/F: en www.perlasuez.com.ar
  44. ibídem
  45. ibídem
  46. Buchanan, Rhonda Dahl: "La madriguera de la memoria en ‘Letargo’ de Perla Suez", en Feierstein, Ricardo y Sadow, Stephen A. (comp.): Recreando la cultura judeoargentina / 2 Literatura y artes plásticas. Buenos Aires, Editorial Milá, 2004.
  47. Steimberg, Alicia: Músicos y relojeros. Buenos Aires, CEAL, 1983.
  48. Dujovne Ortiz, Alicia: El árbol de la gitana. Buenos Aires, Alfaguara, 1997.
  49. Dujovne Ortiz, Alicia: op. cit.
  50. Güiraldes, Ricardo: Don Segundo Sombra. Buenos Aires, CEAL, 1979. 216 pp. (Capítulo).
  51. Gache, Belén: Lunas eléctricas para las noches sin luna. Buenos Aires, Sudamericana, 2004.
  52. Garasa, Delfín Leocadio: La otra Buenos Aires. Paseos literarios por barrios y calles de la ciudad. Buenos Aires, Sudamericana-Planeta, 1987.
  53. Marechal, Leopoldo: Adán Buenosayres. Buenos Aires, Sudamericana.
  54. Delaney, Juan José: Moira Sullivan. Buenos Aires, Corregidor, 1999.
  55. Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna, 2001.
  56. Vazquéz-Rial, Horacio: op. cit.
  57. Nudel Pensión "La Rosales". Buenos Aires, Editorial Milá, 2002.
  58. Andruetto, María Teresa: Stéfano. Buenos Aires, Sudamericana, 2001.
  59. Suez, Perla: Memorias de Vladimir. Buenos Aires, Editorial Colihue, 1993. (Libros del malabarista)
  60. Suez, Perla: en www.perlasuez.com.ar.
  61. Suez, Perla: Dimitri en la tormenta. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1997. (Primera Sudamericana)
  62. S/F: en www.perlasuez.com.ar

En cuentos

Checoslovacos

Abelardo Castillo evoca, en "El candelabro de plata", a Franta, un pordiosero checoslovaco. Recuerda el narrador. "El viejo, cohibido al principio, de pronto empezó a hablar. Tenía un acento raro, dulce. Se llamaba Franta, y creo no haberme sorprendido al darme cuenta de que no era un hombre vulgar: hablaba con soltura, casi con corrección. Acaso yo le había preguntado algo, o acaso, rota la frialdad del primer momento (para esa hora ya estábamos bastante borrachos), la confesión surgió por sí misma" (1).

En "La golem", Horacio Vázquez-Rial relata que "en la Patagonia, cerca del mar", vivían Raquel Grein y su padre: "Alrededor de mil novecientos diez, Raquel Grein había puesto ahí su propia casa de putas, junto a un poblado transitoriamente próspero cuyo nombre es preferible olvidar, tan helado como la miserable aldea judía del este de Chequia en la que ella había visto su primera luz, una luz espesa y perturbadora, de lámpara de aceite, que en nada se parecía a la del sol".

Húngaros

Escribe Marta Lynch: "A Rosa le gustaba el Carnaval. Había en la fiesta, una alegría y un misterio que le hacían tanto bien como disfrazarse de aldeana húngara o de mascota, con muchas rosas de paño distribuidas en el pelo y en el ruedo del vestido y una gran cofia almidonada que hacía resaltar su áspera piel oscura" (2).

Polacos

En "Permiso, maestro", Isidoro Blaisten presenta a "La Colorada", "una polaca llamada Vlasta, es la prima de la pollera" (3).

En "Carroza y reina", escribe: "Ya se ven las guirnaldas en la laca restallante, las guardas, las cenefas y las volutas de color de fuego, las letras en alegre novecientos en la madera calada, y los lises, las rosas, los tréboles, las fustas con diamantes, los escudos argentinos, las amapolas de cinco pétalos, las guitarras encintadas, los facones con chispitas y el bandoneón desplegado que el maestro filetero León Untroib ha pintado en las cuatro barandas de la carroza, en seis días desde el alba al crepúsculo" (4).

Los inmigrantes padecen las secuelas de la guerra. En un cuento de Sebastián Jorgi, un hombre dice a su mujer: "A la semana de vivir juntos, mamá Freda se largaba a llorar todas las noches en la habitación contigua. Vos me explicaste que estuvo en el Ghetto de Varsovia y no quiere dormir sola porque tiene mucho miedo de sólo pensar que los nazis la llevarán a la casona del fondo del campo" (5).

En "El hijo de Butch Cassidy", escribe Osvaldo Soriano: "La guerra en Europa había interrumpido los mundiales. Los dos últimos, en 1934 y 1938, los había ganado Italia y los obreros piamonteses y emilianos que construían la represa de Barda del Medio en la Argentina y las rutas de Villarrica en Chile se sentían campeones para siempre. Entre los obreros que trabajaban de sol a sol también había indios mapuches conocidos por sus artes de ilusionismo y magia y sobre todo europeos escapados de la guerra. Había españoles que monopolizaban los almacenes de comida, italianos de Génova, Calabria y Sicilia, polacos, franceses, algunos ingleses que alargaban los ferrocarriles de Su Majestad, unos pocos guaraníes del Paraguay y los argentinos que avanzaban hacia la lejana Tierra del Fuego. Todos estaban allí porque aún no había llegado el telégrafo y se sentían a salvo del terrible mundo donde habían nacido" (6).

Weronicka, la protagonista de un cuento de Natalia Kohen, manifiesta: "vinimos a la tierra elegida por nosotros, a la Argentina, donde rehice mi vida y tuve a mi hija. A pesar de eso, a veces añoro mi tierra natal. En Polonia, cuando tenía dieciocho años, soñaba con ser médica. Aquí soy masajista, hice masajes a todos los que me llamaban, a las gentes más dispares. Ahora, gracias a Dios me doy el lujo de poder elegir..." (7).

En "Gratitud" (8) -cuento de Leonel Giacometto distinguido con la Tercera Mención en el Concurso Internacional de Cuentos de Temática Judía, convocado por la AMIA-, la narradora recuerda a su abuela inmigrante: "Abuela había nacido en Polonia, y muy joven llegó, en barco, a la Argentina, más precisamente a la ciudad de Rosario. Era lo único, en mis tardes de siete años, que sabía sobre la vida de abuela, que se llamaba Hanna, y no Anna, así, como decía madre que se escribía, con dos enes".

En "1994 Treblinka: 52 años despues; la carta del abuelo", de Alberto Mazor, el antepasado le escribe: "Es triste pensar que voy a ser asesinado a sangre fría, es por eso que prefiero no aceptarlo y vivir en funcion del desentendimiento" (9).

Rusos

"La siesta" (10) se titula uno de los cuentos que Alberto Gerchunoff incluyó en Los gauchos judíos. Así comienza: "Sábado, día del santo reposo, día bendecido por los escritos rabínicos y saludado en las oraciones de Yehuda Halevi, el poeta. La colonia duerme en una tibia modorra. Blancas las paredes y amarillos los techos de paja, las casuchas lucen al sol, sol benigno de la primavera campestre. Del cielo, lavado por la lluvia de la víspera, desciende una paz religiosa, y de la tierra se elevan rumores apacibles".

Alberto Gerchunoff dejó, en el cuento "El día de las grandes ganancias", testimonio de su época de vendedor ambulante, durante la adolescencia. "Necesitaba poco para abandonar el comercio a que me dedicaba. Era yo entonces alumno del colegio nacional. Había dado examen de primer año, encontrándome imposibilitado para continuar los cursos. Me faltaba el dinero para la matrícula, carecía de libros, del traje de cierta apariencia, a fin de que los camaradas de aula no se burlasen demasiado de mi aspecto gringo" (11).

En "Mate amargo", escribe Samuel Glusberg: "Las alpargatas criollas y el mate amargo fueron los primeros síntomas de adaptación del tío Petacovsky. Pero la prueba definitiva, la evidenció dos meses más tarde, concurriendo al entierro del general Mitre. Aquella imponente manifestación de duelo popular, lo conmovió hasta las lágrimas, y durante muchos años la recordó como la expresión más alta de una multitud acongojada por la muerte de un patriarca".

Glusberg evoca en ese cuento, a propósito de la circuncisión del hijo del inmigrante llegado a la Argentina en 1905, un hecho luctuoso: "Sabido es que: de cien judíos que llegan a juntar algunos miles de pesos, noventa y nueve gustan instalarse como verdaderos ricos. De ahí que el tío Petacovsky, que no era de la excepción, amueblara regiamente su casa, comprara piano a la pequeña Elisa, y con motivo del nacimiento de un hijo argentino, celebrara la circuncisión en una digna fiesta a la manera clásica. Era justo. Desde el asesinato del primogénito, en Rusia, el tío Petacovsky esperaba tamaño acontecimiento. Igual que Jane Guitel, él había soñado siempre un hijo varón que a su muerte dijera en su recuerdo esa oración del huérfano judío, que el mismo Heine recordaba en su tumba de lana: Nadie ha de cantarme misa,/ Nadie ‘cádish’ me dirá,/ Sin cantos y sin plegarias/ Mi aniversario fatal..." (12).

En "Las noches de Goliadkin", H. Bustos Domecq –seudónimo de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares- evoca el exilio argentino de una princesa rusa. Goliadkin relata su historia: "pretendió haber sido caballerizo, y después amante, de la princesa Clavdia Fiodorovna; con un cinismo que me recordó las páginas más atrevidas de Gil Blas de Santillana, declaró que, burlando la confianza de la princesa y de su confesor, el padre Abramowicz, le había sustraído un gran diamante de roca antigua, un nonpareil que, por un simple defecto de talla, no era el más valioso del mundo. Veinte años lo separaban de esa noche de pasión, de robo y de fuga; en el interín, la ola roja había expulsado del Imperio de los Zares a la gran dama despojada y al caballerizo infidente".

"En la frontera misma empezó la triple odisea: la de la princesa, en busca del pan cotidiano; la de Goliadkin, en busca de la princesa, para restituirle el diamante; la de una banda de ladrones internacionales en busca del diamante robado –en implacable persecución de Goliadkin. Este, en las minas del Africa del Sur, en los laboratorios de Brasil y en los bazares de Bolivia, había conocido los rigores de la aventura y de la miseria; pero jamás quiso vender el diamante, que era su remordimiento y su esperanza. Con el tiempo, la princesa Clavdia fue para Goliadkin el símbolo de esa Rusia amable y fastuosa, pisoteada por los palafreneros y los utopistas. A fuerza de no encontrar a la princesa, cada día la quería más; hace poco supo que estaba en la República Argentina, regenteando, sin abdicar su morgue de aristócrata, un sólido establecimiento en Avellaneda. Sólo a último momento, sacó el diamante del secreto rincón donde yacía escondido; ahora, que sabía el paradero de la princesa, hubiera preferido morir a perderlo" (13).

En "Permiso, maestro", de Isidoro Blaisten, el narrador cuenta: "Estaba cortando un kilo de colita para la Raquel porque era viernes. (...) La Raquelita, maestro, la de la tiendita, la hija del ruso Mauricio. Todos los viernes me compra colita. La religión de ellos. Los jueves compran marucha, los miércoles entraña de adentro o tortuguita, o entraña finita. Los otros días no compran nada. Le dan al pescado. La religión de ellos" (14).

En "Carroza y reina", Blaisten escribe: "conseguí que el ruso Kaminski donase las banderas y los banderines" (15).

En "El baile", Sebastián Jorgi relata: "Había sido Mariuska, hija de una princesa rusa con veleidades de artista plástica, la que lo inició en pormenores del arte. Con tal de conquistarla al fin, le siguió el tren. Después de haberla conocido –recién finalizada la Segunda Guerra Mundial- en un bailongo de la Boca, simuló interesarse por la pintura" (16).

El bisabuelo de Zahira Juana Ketzelman llegó a Azul con su familia, pero, molesto por la actitud de unos lugareños para con sus hijas casaderas, se fue de esa localidad: "Desde atrás de unos árboles, varios hombres observaban. Los ojos renegridos les ardían al ver a las rusitas, apetecibles como frutas pulposas y brillantes, blanqueadas de leche y miel. De improviso, el paisano más audaz se adelantó, asió a la rusita mayor por la cintura, se la echó al hombro y salió corriendo a campo traviesa. El bisabuelo era fuerte como un buen labrador; logró recuperar a su hija. A pesar de ello, la decisión fue tan súbita como el rapto. Subió a las tres (¿o cuatro?) hijas al carro, miró fijamente a la bisabuela, y sin decir palabra, del carro al tren con bultos y samovar, regresó a la capital. En la lejanía de los imposibles se habían diluido para siempre los campos de Azul" (17).

En uno de sus relatos, narra Hilel Resnizky: "En 1870 su abuelo, José Molinas, era el propietario de grandes estancias, de casas de comercio, e incluso de buques y astilleros en la Patagonia. En 1870 apareció un judío ruso, Jacobo Alter Grun, quien se convirtió y casó a su hijo Marcos con la hija de Molinas" (18).

Ucranios

En "Lotz no contesta" (19), el narrador, Pecheny, tiene el apellido de algunos inmigrantes llegados de Ucrania.

Natalia Kohen evoca, en "El gran sueño" (20), la festividad de Pesaj. Relata la narradora, refiriéndose a su abuela llegada desde Ucrania: "Me pide que la ayude ‘aunque sea un poquito’: estamos en Pesaj (1) y me transformo en su ayudante de cocina. Colaboro con el guefilte fish (2), con los farfalaj (3) para la goldene iuj (4), y con los kneidlaj (5). Con qué fruición hundo mis manitas en la harina de matze (6) húmeda, para moldear los bocadillos. Qué trabajo me da pronunciar esas palabras en idisch, la abuela me ayuda, y también a percibir los aromas apetitosos con que se va saturando nuestro entorno". (1) conmemoración de la salida triunfal del pueblo judío de su cautiverio en Egipto / (2) pescado relleno / (3) masa cortada en trocitos para acompañar sopas y guisos / (4) caldo de gallina / (5) bocadillos de harina de matze / (6) pan ácimo.

Sin mención de origen

En "Lotz no contesta", cuento de Isidoro Blaisten que integra Carroza y reina, volumen distinguido con el Premio Fortabat, aparece una alusión a los gringos: "Pecheny (...) dio vuelta varias veces el sobre del papel, lo abrió, leyó todo lo que decía: Papel de fumar – 75 hojas. El Surubí . Marca registrada. Tírese suavemente de la hoja. Selecta SAIC – Goya. Corrientes Papel engomado. Lotz se reía: ¿Cuándo piensa comprar los cigarrillos hechos, Pecheny? Ya ni los gringos de las colonias" (21).

En "Papá", Susana Goldemberg relata una despedida: "Argentina. El nombre raro. Otro país. Del otro lado del mar. Papá trató de explicarme: -Es un país grande, rico, generoso. Allí respetan a todos los hombres del mundo que quieran trabajar sus tierras. No importa en qué templo o en qué idioma le hablen a Dios. Enseguida papá me alzó en sus brazos. Con torpes manos, recorrió mi cara: los rulos sobre la frente, las cejas, el dibujo de mi nariz, la línea de los labios. Y pellizcó mi mentón, como siempre lo hacía cuando me daba el beso de las buenas noches" (22).

En "Esperanza", escribe Santiago Korovsky: "Un 27 de Abril partió de su casa. En el viaje, la mitad de los días se los pasó en la borda, con la cara verde, el estómago revuelto, mirando cómo lo poco que había comido caía al mar. Cuando se sentía mejor lo obligaban a entrar de nuevo a una bodega, sin ventanas, donde había unas cuatrocientas personas más. Ahí era peor, el movimiento del barco se sufría más, y el aire no circulaba bien" (23).

En su cuento "El cardenal", Márgara Averbach escribe: "Yo siempre habìa querido un cardenal. En ese entonces, habìa muchos en los àrboles de la casa de las tìas, como flores rojas màs ràpidas que las otras. Y el abuelo, -que había nacido en una ciudad de Europa y después se había visto obligado a convertirse en gaucho judío, una conjunción inimaginable para él, supongo- me habìa prometido cazar uno para mì ese verano" (24).

De otro agricultor judío, "Aarón", y su esposa, dice María Inés Krimer: "Aarón cerró la Biblia y se puso de pie para apagar la hornalla de la cocina. Dio unos golpecitos al mate para asentar la yerba y empezó a cebar. Vivía en un campito con su mujer, Clara. Nadie pudo explicar por qué terminaron ahí, perdidos en el medio de la pampa, cuando parientes y amigos se habían dirigido a las colonias de Santa Fe, Entre Rios y Chaco" (25).

Hilel Resnizky dedica Peregrinación entre patrias a la memoria de sus padres y su hermano, "como homenaje a la judería argentina, que supo unir valores". El volumen consta de tres partes, cada una de las cuales muestra "características distintas que van de un realismo sentimental a un surrealismo –o metarrealismo- de mirada alerta". La primera, "Argentino y Judío a mucha honra pretende presentar esbozos, aunque sean aislados, de la epopeya de la colonización judía en la Argentina". Aparecen entonces los gauchos judíos, los conservadores y radicales, la discriminación, el tesón, la victoria y la desazón que caracterizaron a toda una época (26).

Varios

En "Una patada", escribe Samuel Glusberg, bajo el seudónimo de Enrique Espinoza: "es necesario estar al tanto de las crueles trabas impuestas en Rusia y Polonia por los secuaces zaristas, para impedir a los jóvenes judíos llegar a las profesiones liberales; y conocer los sacrificios heroicos de aquellos estudiantes de toda la vida, para explicarse el valor que una madre judía concede a su diploma universitario" (27).

En "Carroza y reina", relata Isidoro Blaisten: "La señora Zúñiga, subiendo la pollera de su largo sari turquesa, corre por el medio de la calle y sus altos tacones repiquetean como un eco. Detrás el padre Agustino del Mónaco y el maestro filetero León Untroib hablan mientras corren. En la vereda del Banco Popular, el vocal Cavalcanti ha abierto una brecha por donde pasan el representante de Sadaic, la viuda de Borsini y el presidente del Hogar Croata. Enredadas en los ruedos de sus vestidos, las esposas de los vocales suplentes corren detrás de sus esposos" (28).

El protagonista de "Esperanza", de Santiago Korovsky, "Con la gente del conventillo se había ido encariñando, había cinco polacos, una pareja de gallegos, una pareja de judíos con un hijo, tres italianos y dos alemanes. Era gente humilde, cariñosa, generosa y solidaria. Algunos habían probado suerte como él, pero, también, habían perdido" (29).

En cuentos infantiles y juveniles

Rusos

El pequeño protagonista de "Historia con tango y misterio", de Oche Califa, pregunta por qué sus abuelos emigraron de Rusia. El padre le contesta: "Por el ejército del zar. Cada vez que aparecían por la aldea donde vivía era para llevarse a los jóvenes a pelear en alguna guerra en la otra punta del país" (30).

Sin mención de origen

Marcelo Birmajer evoca su experiencia en la primaria. A propósito de un hecho que está relatando, dice: "La historia transcurre en el colegio Doctor Hertzl, una institución judío-laica donde cursé hasta el cuarto grado de la escuela primaria. No pasé de cuarto grado porque el estudio simultáneo del inglés, el hebreo y el castellano, sumado a una confusa situación familiar, me dejó varado en una dislexia consistente en escribir el castellano de derecha a izquierda, como el hebreo; y el hebreo de izquierda a derecha, como el castellano. Sin duda podría haberme presentado como atracción en un circo grafológico, pero no era la habilidad más indicada para cursar regularmente el cuarto grado" (31).

Varios

Había inmigrantes entre los personajes de "No hagan olas", de Elsa Bornemann: "En aquel conventillo de Buenos Aires, cercano al puerto y donde vivían hace muchos años, los inquilinos argentinos tenían la costumbre de poner apodos a los extranjeros que –también- alquilaban alguna pieza allí. No eran nada originales los motes, y errados la mayoría de las veces, ya que –para inventarlos- se basaban en el supuesto país o región de procedencia de cada uno. Tan supuesto que –así, por ejemplo- don José era llamado ‘el Ruso’, aunque hubiera nacido en Ucrania... A Sabadell, Berenguer y sus esposas les decían ‘los gallegos’, si bien habían llegado de Barcelona sin siquiera pisar Galicia... Apodaban ‘los turcos’ al matrimonio de sirilibaneses; ‘los tanos’, a la pareja de jóvenes italianos de Piamonte que jamás habían conocido Nápoles e –invariablemente- ‘el Chino’, a cualquier japonés que diera en fijar allí su transitorio domicilio. Sin embargo, podríamos deducir un poco más de conocimientos geográficos, de información y hasta cierto trabajo imaginativo por parte de aquellos pensionistas argentinos, de acuerdo con los sobrenombres que les habían adjudicado a la dueña de la casona y a su hijo. Ambos eran griegos. Por lo tanto ‘la Homera’ y ‘el Homerito’, en clara alusión al autor de La Ilíada y La Odisea, el genial Homero. Por supuesto, a todas las criaturas que habitaban esa construcción tipo ‘chorizo’ (cuartos en hilera, cocina y bañitos ídem, abiertos a ambos lados de un patio), los `rebautizaban’ con los mismos motes que sus padres, sólo que en diminutivo" (32).

Notas

  1. A. Castillo, D. Sáenz, H. Conti y otros: El cuento argentino 1959-1970. Selección, prólogo y notas por el Seminario de Crítica Literaria Raúl Scalabrini Ortiz.. Buenos Aires, CEAL, 1980. Pág. 48. (Capítulo).
  2. Lynch, Marta: "Entierro de Carnaval", en Los cuentos tristes. Buenos Aires, CEAL, 1967, p. 129.
  3. Blaisten, Isidoro: "Permiso, maestro", en Carroza y reina. Buenos Aires, Emecé, 1986. 219 pp.
  4. Blaisten, Isidoro: "Carroza y reina", en Carroza y reina. Buenos Aires, Emecé, 1986. 219 pp.
  5. Jorgi, Sebastiàn Antonio: "Tardes del Lorraine", en Tardes del Lorraine. Buenos Aires, Ediciones del Valle, 1996.
  6. Soriano, Osvaldo: "El hijo de Butch Cassidy", publicado originalmente en el diario Página/12, forma parte de "Cuentos de los años felices", Editorial Sudamericana, 1993. Incluido en Letrópolis (www.letropolis.com.ar), Diciembre de 2006.
  7. Kohen, Natalia: "Weronicka, la masajista polaca", en Todas las máscaras. Buenos Aires, Temas Grupo Editorial, 1997.
  8. Giacometto, Leonel: "Gratitud", en León, Luis et al.: Rostros de una identidad. Relatos premiados del Concurso Internacional de Cuentos de Temática Judía. Buenos Aires, Editorial Milá, 2004. 96 pp.
  9. Mazor, Alberto: Sobre encuentros y despedidas. Buenos Aires, Milá, 2006. 88 pp. (Imaginaria)
  10. Gerchunoff, Alberto: "La siesta", en Los gauchos judíos. Incluido en R.J.Payró, J.C.Dávalos, R.Mariani y otros: El cuento argentino 1900-1930 antología. Selección y prólogo por Eduardo Romano, notas por Alberto Ascione. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo, vol. 60).
  11. Gerchunoff, Alberto: "El día de las grandes ganancias", en Cuentos de ayer. Buenos Aires, Ediciones Selectas Amèrica, Tomo I, Nº 8, 1919.
  12. Espinoza, Enrique (Samuel Glusberg): "Mate amargo", en La levita gris Cuentos judíos de ambiente porteño. Buenos Aires, BABEL.
  13. Bustos Domecq, H.: "Las noches de Goliadkin", en H. H. Bustos Domecq, A. Pérez Zelaschi y otros: El cuento policial. Selección de Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Capítulo, vol. 104).
  14. Blaisten, Isidoro: "Permiso, maestro", en Carroza y reina. Buenos Aires, Emecé, 1986.
  15. Blaisten, isidoro: "Carroza y reina", en Carroza y reina. Buenos Aires, Emecé, 1986.
  16. Jorgi, Sebastián: "El baile", en Fuga y vigilia. Buenos Aires, Ediciones del Valle, 1996.
  17. Ketzelman, Zahira Juana: en el grillo, Suplemento: Gabinete de Letras y Arte. N° 9, 2000.
  18. Resnizky, Hilel: Peregrinación entre patrias. Buenos Aires, Milá, 2001.
  19. Blaisten, Isidoro: "Lotz no contesta", en Carroza y reina. Buenos Aires, Emecé, 1986. 219 pp.
  20. Kohen, Natalia: "El gran sueño", en Todas las máscaras. Buenos Aires, Temas Grupo Editorial, 1997.
  21. Blaisten, Isidoro: "Lotz no contesta", en Carroza y reina. Buenos Aires, Emecé, 1986. 219 pp.
  22. Goldemberg, Susana: en Cuentos de la bobe. Buenos Aires, Sudamericana.
  23. Korovsky, Santiago: "Esperanza", en El Jardín de la Esquina / ÆQUALIS /
  24. Averbach, Màrgara: "El cardenal", en Aquì donde estoy parada. Còrdoba, Alciòn, 2002.
  25. Krimer, Marìa Inès: en El Tiempo, Azul, 9 de febrero de 1997.
  26. Resnizky, Hilel: Puentes de papel. Buenos Aires, Milá, 2004.
  27. Espinoza, Enrique (Samuel Glusberg): "Una patada", en La levita gris Cuentos judíos de ambiente porteño. Buenos Aires, BABEL.
  28. Blaisten, Isidoro: "Carroza y reina", en Carroza y reina. Buenos Aires, Emecé, 1986.
  29. Korovsky, Santiago: "Esperanza", en "Bienvenidos al Concurso Literario 1997", El Jardín de la Esquina / Aequalis.
  30. Califa, Oche: "Historia con tango y misterio", en Un bandoneón vivo. Buenos Aires, Sudamericana, 2002.
  31. Birmajer, Marcelo: No es la mariposa negra. Buenos Aires, Sudamericana, 2000.
  32. Bornemann, Elsa: No hagan olas (Segundo pavotario ilustrado. 12 cuentos). Ilustraciones: O´Kif. Buenos Aires, Alfaguara, 1998.

En poesías

Búlgaros

Paulina Vinderman habla a su padre en un poema (1):

-Anoche soñé que sacaba un pasaje para Bulgaria-

quiero decirle.

Llego a una ciudad amplia y resuelta, apoyada en un

mar interior (un mar de manual, con muchos barcos enhiestos.)

Inexplicablemente la ciudad está callada

y resuenan mis pasos sobre las calles.

Lituanos

En su poemario Las huecos de tu cuerpo (2), Manuela Fingueret dice a su madre:

tus pies se arrastran

en la noche

como una alucinación

que se desliza

por las paredes

del hotel de inmigrantes y

tu cuerpo se estremece

hija entre tantas

en una aldea

de Lituania.

Polacos

La madre de Susana Szwarc, nacida en Polonia, vivió en Siberia. En "Declive" (3), la poeta expresa:

Por el ojo de la cerradura vemos

cómo deja la palangana en el suelo: tiene agua. Ahora

no se ve. Hasta que levanta la mano

blanca, la misma con que la prisionera (jovencita

en Siberia) llevaba maderos hacia el barco.

En "Corrientes esquina gueto" (4), Manuela Fingueret evoca la realidad del inmigrante polaco:

Una tierra prometida

untada sobre pan Goldstein

entre pastrom caliente

y el mar rojo atravesado

por Corrientes

o por Serrano

a la espera de Moisés

que no sabe idish

para descifrar los mandamientos.

En "La última carga de los jinetes polacos"(5), poema incluido en Las Edades/ The Ages, Ricardo Feierstein se refiere al doloroso desarraigo del abuelo que emigra a la Argentina:

Esto contó, hace años, Moishe Búrej

judío orgulloso y

polaco de veinte generaciones

que huyó hacia América, desde esa

tierra bordada por antisemitas.

Y él, mi abuelo, hacia su final

Adivinó el momento en que iba a irse.

Rusos

Leopoldo Lugones, en "la ‘Oda a los ganados y las mieses’ muestra una expansión jubilosa en la exaltación de la tierra, los hombres y los frutos, sin rehuir prosaísmos certeros de cordial resonancia. Desde el diálogo pintoresco que sitúa con felicidad en su medio al criollo o al extranjero hasta el cuadro familiar a veces íntimo y conmovido de recuerdos, Lugones hace explícita una convivencia con el mundo humano, animal o de humildad biológica que sorprende por la extrema y sutil observación. Hay ternura y gracia en el diminutivo y las imágenes justas multiplican ante el lector la hirviente variedad de ese vivo universo" (6).

En esa oda, Lugones canta al ruso Elìas, que vive en paz en la nueva tierra:

Pasa por el camino el ruso Elías

Con su gabán eslavo y con sus botas,

En la yegua cebruna que ha vendido

Al cartero rural de la colonia,

Manso vecino que fielmente guarda

Su sábado y sus raras ceremonias,

Con sencillez sumisa que respetan

Porque es trabajador y a nadie estorba.

En su poema "En el día de la recolección de los frutos" (7), Alfredo Bufano homenajea a los rusos con estos versos:

Salud, hijos del Volga y de Siberia,

y de todas las tierras que ayer fueron del Zar;

salud, mas no al que viene

haciendo tremolar

banderas empapadas de sangre, fuego y muerte

sino al que viene a amar y a trabajar,

y al que llega con sed de justicia

o fatigado en busca de un regazo cordial;

porque esta tierra nuestra, grande, sagrada y bella,

también la damos para descansar.

De Rusia parte Jacobo Fijman, a los cuatro años de edad, en 1898. Mucho tiempo después escribiría (8):

¡Ah! Yo soy uno de esos caminantes

Que aún no han encontrado su camino;

Pero he gustado un luminoso vino

en huertos generosos y fragantes.

Kehos Kliguer escribió "Las cenizas de mi hermanita" (9), texto incluido en un poemario referido por completo a la Shoá:

Tráeme viento las cenizas de mi hermanita,

quiero enterrarlas en mi corazón;

búscalas bien, están mezcladas

con cenizas de ancianos y ancianas.

Voy a guardar esas cenizas como un talismán,

hasta el fin de mis días.

Después voy a dárselas

al Señor del mundo como obsequio.

César Tiempo manifiesta su sentimiento en un poema (10):

¡Yo nací en Dniepropetrovsk!

No me importan los desaires

con que me trata la suerte.

¡Argentino hasta la muerte!

Yo nací en Dnepropetrovsk.

Tamara Kamenszain, descendiente de rusos, es la autora de El ghetto. Ese libro, dedicado a su padre, incluye el poema "Arbol de la vida" (11), en el que expresa:

Mi duelo, lo que estoy viendo

es el Gran Buenos Aires desde un cementerio judío.

(...)

Mi duelo, lo que estoy viendo

será de aquí en más este verdor que te dedico.

Hoy florecen en las copas de los árboles todas mis raíces.

Guiora (Jorge) Reichler, en uno de sus poemas (12) se refiere a su condición de descendiente de inmigrantes:

Doy gracias, Argentina

por tu marco social, único

pese a que de vez en cuando éramos rusos

que en argentino era decir judíos,

Ucranios

En un poema inédito (13), Griselda García evoca a los ucranios de su barrio:

Hacia mediodía el aire se agita,

olor a carne asada desde casas vecinas,

niños llorando,

familias de Ucrania discutiendo a gritos,

Sin mención de origen

En "Llanto por un niño exilado" (14), escribe Germán Berdiales:

El tipo, el modo, el traje

y ¡ay!, sobre todo, algo

-de que quiero aliviarme

llorándolo al cantarlo-,

su condición decía

de pequeño exilado:

-yo no sé si sajón,

yo no sé si germano,

yo no sé si judío,

yo no sé si cristiano-,

una manga, la izquierda,

vacía a medio brazo.

Enrique Novick describe, en "Balada para un padre ausente" (15), el efecto que la música de su tierra tenía en el padre enfermo de Alzheimer:

Cuando le

cantaba,

próximo

a su lecho,

canciones

antiguas,

sin nombre

ni dueño,

que hablan

de una aldea

con hornos

de piedra,

cerca de las

casas,

sus pisos

de tierra,

Mónica Sifrim (16) escribe:

No señor. En mis antepasados no hay diabéticos, hipertensos,

cardíacos ¿Cómo explicarle? De cada diez antepasados míos,

uno moría en las revoluciones, otro en las cámaras de gas

y cuatro o cinco de melancolía.

Ya sé que no se heredan tales males. La mandrágora deja

ese letargo de naranjas agrias. Luego talco, y a mover los

genes fresquecitos.

Pero cuando llegan oleajes de dolor oleajes de dolor oleajes

se descubre un vago parecido: ¡Mire qué bonita!

Mete el brazo en el horno como lo hacía su tatarabuela.

En "Los ojos de la noche" (17), poema de Marcos Silber, se evoca la amargura de los que, en la nueva tierra, sabían que los suyos eran víctimas de la persecución. Desde la Argentina, quienes emigraron observan impotentes el genocidio. La angustia y la desolación son presentadas por medio de imágenes de los adultos, a los que un niño comprende desde su infinita sabiduría:

Mamá llorándole toda la cabeza al pequeño. Regándole

el sueño, todo el juego. Mamá que regresa con papeles.

Cartas, papeles de adiós y tormento. Avisos de nuevos

silencios. 1940.

Varios

En su poema "En el conventillo" (18), Jevel Katz alude a los inmigrantes.

Cuartitos, cuartitos, cuartitos,

y nunca falta algo de barro.

Hay gente allí de todo el mundo

árabes, españoles, turcos, italianos,

todos apiñados en un mismo patio;

y no faltan judíos de Lituania,

y polacos, y galitzianos.

Carlos Paoli es el autor de estos versos (19):

Me procuro primero un compadrito

un ruso, un francés, un cocoliche,

una vieja chismosa, un garabito,

un conventillo, una calle y un boliche.

Con estos elementos y una mina

que la va de cascarrienta y coqueta

que se cree gran señora y es una rea,

un taita que afila y un obrero,

que atrás de ella con el taita la camina

y se charla por la paica y es cabrero.

Ya con eso tiene bastante el sainetero

En "Canción a Berisso" (20), Matilde Alba Swann recuerda las escuelas de esa localidad:

Yo le canto a tus niñas saliendo de la escuela:

alemanas, rusitas, italianas, armenias,

distintas lenguas todas e idéntico candor;

y canto a las pequeñas hijas de mi tierra

"made in argentina" levadura extrajera,

raíces que se prenden a un destino mejor.

Le canto al influjo de tus academias

alimentando el sueño de tu adolescencia

por salir del hollín;

y canto a tus escuelas nocturnas para adultos

donde padres y abuelos aprenden a escribir.

Notas

1. Vinderman, Paulina: "Bulgaria", en Bulgaria. Biblioteca Virtual Beat 57.

2. Fingueret, Manuela: Los huecos de tu cuerpo. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1992. Págs. 11-4.

3. Szwarc, Susana: "Declive", en Bailen las estepas. Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1999.

4. Fingueret, Manuela: "Corrientes esquina gueto", en Esquinas. Catálogos. Buenos Aires, 2001.

5. Feierstein, Ricardo: "La última carga de los jinetes polacos/ The Last Charge of the Polish Cavalry", en Las Edades/ The Ages. Traducido del español por Jim Kates y Stephen A. Sadow. Buenos Aires, Milá, 2004. 240 pp. (Poesía).

6. Lugones, Leopoldo: "Oda a los ganados y las mieses", en Antología Poética. Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1965.

7. Bufano, Alfredo R.: "En el día de la recolección de los frutos", en Para todos los hombres que quieran habitar el suelo argentino, Buenos Aires, Clarín.

8. Fijman, Jacobo: "Caminante" (poema inédito) en Clarín, Buenos Aires, 14 de diciembre de 2002.

9. Kliguer, Kehos: "Las cenizas de mi hermanita", en Weinstein, Ana E. y Toker, Eliahu: "La rama argentina de la literatura ídish, y rama ídish de la liteatura argentina", en Weinstein, Ana E. y Toker, Eliahu: La letra ídish en tierra argentina Bío-bibliografía de sus autores literarios. Buenos Aires, Milá, 2004. Traducción de Eliahu Toker.

10. Koremblit, Bernardo Ezequiel: "La bohemia cultural judeoargentina en las décadas del ’30, ’40 y ‘50", en Feierstein, Ricardo y Sadow, Stephen A. (comp.): Recreando la cultura judeoargentina / 2 Literatura y artes plásticas. Buenos Aires, Editorial Milá, 2004.

11. Kamenszain, Tamara: "El árbol de la vida", en El ghetto. Buenos Aires, Sudamericana, 2003.

12. Reichler, Guiora: "Doy gracias, Argentina", en Reichler, Guiora: En nombre de todas las soledades. Buenos Aires, Milá, 2005. 80 pp. (Poesía).Notas

13. García, Griselda. Poema inédito.

14. Berdiales, Germán: Cantan los pueblos americanos. Ediciones Peuser, Buenos Aires, 1957. Citado por Sylvia Oyenard de Puentes en "Un viaje al corazón de América latina", 2006.

15. Novick, Enrique: "Balada para un padre ausente", en La Prensa, Buenos Aires, 10 de enero de 1999.

16. Sifrim, Mónica: "XXXI", en Novela familiar. Buenos Aires, Ediciones Ultimo Reino, 1990. Pág. 27.

17. Silber, Marcos: "Los ojos de la noche", en Doloratas. Buenos Aires, Milá, 2001. (en colaboración con Carlos Levy).

18. Katz, Jevel: "En el conventillo", en Weinstein, Ana E. y Toker, Eliahu: "La rama argentina de la literatura ídish, y rama ídish de la liteatura argentina", en Weinstein, Ana E. y Toker, Eliahu: La letra ídish en tierra argentina Bío-bibliografía de sus autores literarios. Buenos Aires, Milá, 2004. Traducción de Eliahu Toker.

19. Paoli, Carlos: "Sainetes argentinos"

20. Swann, Matilde Alba: "Canción a Berisso", en Canción y grito, 1955. Incluido en www.matildealbaswann.com.ar

Letras de milongas

A los inmigrantes judíos canta Pedro Orgambide, en la "Milonga del barrio Once" (1), que comienza así:

Milonga del barrio Once

milonga de gente hebrea,

de quien trajo la tristeza

que en la milonga se esconde.

Perseguidos, gente pobre,

vieron nacer otra estrella,

que brilla en estas veredas,

en las veredas del Once.

Notas

1. Orgambide, Pedro: "Milonga del barrio Once", citado en Feierstein, Ricardo: Historia de los judios argentinos. Buenos Aires. Galerna, 2006. 464 pp. Tercera edición revisada, ampliada y con cuadro cronológico desplegable. Prólogos de Marcos Aguinis y Héctor Schmucler.

En teatro

"La urbe no consigue absorber del todo el aluvión tumultuoso que avanza desde el puerto –afirma Luis Ordaz-, y si bien el inmigrante se va incorporando al medio que habita e integra. Éste (el medio) se conforma, asimismo, con dicha participación e incidencia. El inmigrante se adapta o no, pero, a la vez, impone un nuevo sentido a las cosas y hasta las nombra y condimenta con vocablos y giros que componen una nueva jerga de frontera. Italianos y españoles, particularmente, pero también ‘turcos’, polacos, ‘rusos’ (judíos de variadas procedencias), animan una población pintoresca por el enfrentamiento, habitualmente apacible y sin prejuicios de ninguna índole, de todas las nacionalidades, razas y credos. Todo esto resalta, de manera natural, en el ‘sainete porteño’ " (1).

"En Mustafá, sainete que Armando Discépolo y Rafael José De Rosa escriben en colaboración, y estrenan en 1921, don Gaetano (tano típico del género) se entusiasma ante la fusión, la ‘mescolanza’, que se logra en las bulliciosas casas de vecindad porteñas" (2).

Conversando con el turco que da nombre a la obra destaca el clima amistoso del conventillo: "E lo lindo ese que en medio de esto batifondo nel conventillo todo ese armonía, todo se entiéndano: ruso co japonese; francese con tedesco; italiano co africano; gallego co marrueco. ¿A qué parte del mondo se entiéndono como acá: catalane co españole, andaluce co madrileño, napoletano co genovese, romañolo co calabrese? A nenguna parte. Este e no paraíso. Ese ne jauja. ¡Ne queremo todo!" (3).

A criterio de Ordaz, "Don Gaetano se refiere, efusivo, a una parte verdadera e importante del conventillo, mientras la otra parte, que sirve para completar la visión, queda soslayada: ¿quiénes habitan las enormes casonas, cómo se vive en un conventillo?" (4).

La Madonnita, obra que Mauricio Kartun escribió con la Beca para Personalidades Destacadas, otorgada por el Instituto Nacional del Teatro, fue distinguida con numerosos premios. En esa pieza teatral se alude a gringos, polacas, un lituano y un uruguayo, a quienes no se ve sobre el escenario (5).

Entrevistado por Hilda Cabrera, manifestó el autor: "Cuando empecé a escribir esta obra, la imaginé en el siglo XVII o XVIII. Después, pensé que podía ubicarla en la Semana Trágica. Cuando me inicié en la escritura teatral, mi primer impulso fue crear una historia que transcurriera en esa semana, pero dejé ese proyecto. Es una deuda que tengo conmigo. En algún momento el fotógrafo Hertz se refiere al desabastecimiento de pintura, y ahí apareció en mi cabeza la visión de la Primera Guerra, pero cuando tuve que dirigir me encontré con un dilema. Si quería utilizar la luz eléctrica de manera verosímil, debía trasladar la obra a una época más cercana, porque esto en 1914 no era creíble. Releyendo lo escrito, sentí que no traicionaba mi propio material si lo acercaba a la década de 1930. (...) Basilio "vende fotografías pornográficas en el baño de una fonda a los que están esclavizados por el trabajo, a los inmigrantes, porque aquélla era una sociedad de hombres solos. Son personajes que tienen alguna relación con esas zonas desesperadas que revelan los textos de Arlt. Esta gente necesita ganar plata de cualquier modo y encontrar algo que se parezca a la salvación. Este aspecto siniestro se compensa en La Madonnita con las actuaciones que tienen encanto, seducción y hasta ingenuidad. Esto, creo, equilibra la atmósfera y le da otro tono a la tragedia a la que es conducida la mujer" (6).

En Volvió una noche, de Eduardo Rovner, "Fanny hará todos los cambios posibles en su personalidad y sus convicciones, de modo que su transformación interior la lleve al amor y unión con su hijo, quien se casará con una ‘gallega’ " (7).

Andrea Bauab "ha sido la creadora e impulsora de la ‘Compañía de Teatro Judío Contemporáneo’, con el incentivo y el apoyo del Departamento de Cultura de AMIA donde seis elencos representan dichas obras. Cabe destacar que las cuatro obras publicadas en este libro fueron dirigidas por el talentoso Eduardo Vigovsky". "Es nuestro deseo –continúa Moshé Korin- que se difundan, que otros directores y actores las interpreten y hagan llegar sus interrogantes, reflexiones y mensajes a provincias de la Argentina y a otros países de Latinoamérica".

A punto de irnos (8) refleja el conflicto, las dudas, los intereses disímiles de los integrantes de una familia que emigrará a Israel. Los integrantes de esa familia no están del todo de acuerdo: es una decisión muy dura, y cuesta tomarla. El padre, hasta último momento, intentará quedarse en la Argentina, dando un nuevo voto de confianza a la realidad de nuestro país, pero recapacitará a tiempo.

Desde la cuna (9) plantea algunas de las posturas posibles con respecto a la religión, la tradición, y el respeto por los ideales de la comunidad. Varios personajes encarnan esos puntos de vista, que los llevarán a plantear aspectos de una situación acerca de la cual todos ellos tienen algo valioso para decir.

Nunca es demasiado tarde (10) relata la historia de una mujer mayor, que decide casarse. Muestra la oposición de los hijos y la aceptación de los nietos, acercando a dos generaciones que, casualmente, son las que se acercan al buscar la historia de cada familia. Se sostiene que, entre los inmigrantes de diversos orígenes, quienes buscan las raíces son los más jóvenes, los que no ha sufrido directamente las consecuencias del desarraigo de los inmigrantes. En esa misma obra, un personaje se refiere a los refugiados nazis que vivieron en Bariloche.

El sueño de Theodor (11) es una obra diferente, aunque relacionada con las anteriores por la confrontación entre el ideal y la realidad. En ella, Theodor Herzl dialoga con Itzhak Rabin; de ese diálogo, imaginado por la autora, surgirán interesantes conceptos.

Representativo para los judíos, este libro es importante asimismo para quienes no lo somos, porque evoca la desazón siempre vigente de quien ha dejado su tierra, de quien ve que sus hijos no continúan las tradiciones en el nuevo país, de quien comprueba apesadumbrado que debe emigrar. Refiriéndose a los judíos, las obras de Bauab nos hablan, en definitiva, de la diáspora de todos los inmigrantes, que encontraron aquí una nueva tierra, en la que tuvieron variada suerte.

Notas

1. Ordaz, Luis: "Armando Discépolo o el ‘grotesco criollo’ ", en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.

2. ibídem

3. Discépolo, Armando y De Rosa, Rafael: Mustafá, citado por Páez, Mario, en El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1990.

4. Ordaz, Luis: op. cit.

5. Kartun, Mauricio: La madonnita. Buenos Aires, Editorial Atuel, 2005. 128 pp. (Biblioteca del Espectador)

6. Cabrera, Hilda: "MAURICIO KARTUN HABLA DE "LA MADONNITA", SU NUEVA OBRA "El hombre idealiza a las mujeres" ", en Página 12, 18 de octubre de 2003. www.pagina12.com.ar

7. Holte, Matilde Raquel: Teatro Contemporáneo Judeoargentino Una perspectiva feminista bíblica. Buenos Aires, Milá, 2004. (Ensayos).

8. Bauab, Andrea: A punto de irnos, en Bauab, Andrea: Cuatro Obras de Teatro Judío Moderno. Buenos Aires, Milá, 2005. 160 pp.

9. Bauab, Andrea: Desde la cuna, en Bauab, Andrea: op. cit.

10. Bauab, Andrea: Nunca es demasiado tarde, en Bauab, Andrea: op. cit.

11. Bauab, Andrea: El sueño de Theodor, en Bauab, Andrea: op. cit.

En cine

Alberto Gerchunoff escribió Los gauchos judíos en 1910, para celebrar un momento culminante de nuestra historia. Décadas más tarde, el libro fue llevado al cine.

Al respecto, Jorge Miguel Couselo afirma que "La briosa versión de Los gauchos judíos (Jusid, 1975), con la originalidad de una interrelación folclórica nunca tocada por el cine argentino, sufrió el torpe tronchamiento de la censura, que no admitió en imágenes pasajes que cuatro generaciones de estudiantes leyeron en la prosa de Alberto Gerchunoff" (1). Sobre el film escribe Ricardo Manetti: "La pantalla también devuelve (...) el retrato nostálgico y épico de la gesta de los inmigrantes" (2).

En abril de 2001 se estrenó Un amor en Moisésville (3), film dirigido por Antonio Ottone –que también escribió el guión- y protagonizado por Víctor Laplace y Cipe Lincovsky.

Sobre esa película se afirmó: "Antonio Ottone regresa al cine de la mano de una historia ambientada en tiempos en los que un contingente de la colectividad judía procedente de Europa desembarcaba a principios de siglo en la provincia de Santa Fe. Víctor Laplace y Cipe Lincovsky hacen un homenaje desde sus personajes" (4).

Notas

1. Couselo, Jorge Miguel: en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980.

2. Manetti, Ricardo: "El cine de la digresión", en Cien años de cine. Buenos Aires, La Nación Revista, Tomo II.

3. Ottone, Antonio, dir.: Un amor en Moisés Ville. Abril de 2001.

4. S/F: "Un amor en Moisés Ville", en Película Cinemark archivos/Cinemark-Ottone.htm

En televisión

En 2006 se vio en la Argentina la miniserie Vientos de agua, una coproducción del canal Telecinco de España, Pol-Ka y Cien bares (la sociedad de Campanella y el autor Eduardo Blanco. La dirigen Juan José Campanella, Sebastián Pivotto, Paula Hernández y Bruno Stagnaro (1).

Sandra Russo entrevistó a Campanella: "La coproducción argentino-española, una historia de exilios cruzados entre inmigrantes de las primeras décadas del siglo XX y los argentinos que huyeron en el 2001 admite, según Campanella, una clara connotación: "Tenemos la fantasía de ser ‘apolíticos’, pero hacemos política permanentemente, hasta cuando miramos televisión".(...) Cuenta Campanella que para los trece capítulos de Vientos de agua trabajaron dos años y medio. "Escribimos los dos primeros guiones cuatro autores juntos: Aída (Bortnik), Juan Pablo (Domenech), Aurea (Martínez) y yo. Fueron ocho meses. No sólo había que recrear la génesis de los personajes, sino el modelo de estructura sobre el que descansaría la historia. Mucho ida y vuelta, mucha reescritura. El resto de los guiones se llevó adelante desde marzo de 2004." La idea de entrecruzar a un inmigrante asturiano analfabeto que abandona su tierra natal perseguido por la Guardia Civil con la de su propio hijo, un arquitecto que en 2001 cruza el Atlántico hacia España buscando cómo rearmar su vida y mantener a su familia, se le ocurrió al director mientras vivía en EEUU, donde residió 18 años. "Un día, en Nueva York, me desperté a las cinco de la mañana para leer todos los diarios argentinos antes de ir a filmar, y pensé ‘pobre el abuelo, que no podía hacer esto’, pero después, destruido por la realidad argentina, me dije: ‘bueno, qué suerte que el abuelo pudo olvidarse de todo y empezar de cero’. O sea, el desarraigo, antes y ahora, es tremendo." Y sobre el desarraigo cabalga Vientos de agua, porque tanto en el barco "Aquitaine", que trae al asturiano Andrés Olalla a la Argentina, como en el piso madrileño en el que se hospeda muchas décadas más tarde su hijo, hay cubanos, húngaros, franceses, italianos, gente que por un motivo u otro tuvo que dejar su tierra y se hace mutuamente una compañía precaria pero al mismo tiempo férrea: la compañía que se hacen los desesperados. Allí nacen esas amistades que se mantendrán de por vida y los roces inevitables de los que intentan permanentemente mantener algún tipo de equilibrio" (2).

Notas

1 Lamazares, Silvina: "DETRÁS DE ESCENA DE LA GRABACION DE ‘VIENTOS DE AGUA’ Una historia de inmigrantes en dos tiempos", en Clarín, Buenos Aires, 2 de setiembre de 2005.

2 Russo, Sandra: "Vientos de agua", la miniserie dirigida por Juan Jose Campanella "Antes y ahora, el desarraigo es tremendo", en www.pagina12.com.ar, 11 de Junio de 2006.

En historietas

En Caras y Caretas, "en 1927 Hersfield publicó a ‘Abraham Kancha, experto en Uper’ un personaje mitad criollo, mitad judío, que lo presentaba así: ‘¿Romperme una hoieso? Ni vos, ni la negro Kin Charol, ni Firpo, ni nadie mi dieja groggy’ " (1).

Notas

1. S/F: "Caras y Caretas" de Adrián Ignacio Pignatelli. Publicado en Historia de Revistas Argentinas. Tomo II . AAER

.....

Procedentes de diversas naciones, los inmigrantes que en la Argentina fueron llamados "rusos" contribuyeron al engrandecimiento de la nueva tierra.

 

Trabajo enviado por

María González Rouco

Licenciada en Letras UNBA / Periodista


Partes: 1, 2, 3, 4


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