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Dentro de ellos tenemos diez sub-grupos, cuatro de los cuales corresponden al de mayoría-pluralidad:
Tres son sistemas semi-proporcionales:
Y los tres restantes de representación proporcional:
La forma más común de apreciar los sistemas electorales es la de agruparlos conforme al criterio de que tan estrecho es el margen de conversión de votos recibidos en escaños ganados, es decir, que tan proporcionales son. Para hacer esto, se necesita observar tanto la relación votos- escaños como el nivel de votos desperdiciados. Por ejemplo, Sudáfrica usó un sistema proporcional clásico para su primera elección democrática en 1994 y con 62.65% del voto popular, el Congreso Nacional Africano ganó 63% de los escaños nacionales
El sistema electoral fue altamente proporcional y el número de votos desperdiciados (v.gr. aquellos emitidos en favor de partidos que no obtuvieron escaños en la Asamblea) fue de sólo 0.8% del total. En contraste, el año previo en la vecina nación de Lesotho se empleo un sistema clásico de mayoría relativa y resulto que el Partido del Congreso de Basoto ganó los 65 asientos en juego con sólo el 75% del voto popular; no hubo oposición parlamentaria alguna y el 25% de los electores que votaron por partidos quedaron sin representación.. Este resultado se replicó en la elección de Djibouti en 1992, en donde se empleó el sistema de voto en bloque y los 65 asientos disponibles fueron ganados por el Rassemblement Populaire pour le Progres con 75% de los votos.
Sin embargo, bajo ciertas circunstancias, los sistemas electorales no-proporcionales (como el de mayoría relativa) pueden accidentalmente dar lugar a resultados generales relativamente proporcionales. Este fue el caso en un tercer país surafricano, Malawi en 1994. En esa elección el partido que encabezó la votación, el Frente Democrático Unido ganó 48% de los asientos con 46% de los votos, el Partido del Congreso de Malawi ganó 32% de los asientos con 34% de los votos y la Alianza para la Democracia ganó 20% de los asientos con 19% de los votos. El nivel general de proporcionalidad fue alto, pero la evidencia de que éste no era un sistema proporcional intrínseco y no podía ser categorizado como tal, estribó en el hecho de que la cantidad de votos desperdiciados representó casi un cuarto del total emitido.
Sistemas de Pluralidad-Mayoría
La característica más sobresaliente de estos sistemas es que siempre utilizan distritos uninominales. En el sistema de mayoría relativa, algunas veces conocido como sistema de pluralidad en distritos uninominales, el ganador es aquel que obtiene el mayor número de votos, aunque ello no implique necesariamente la mayoría absoluta, puede ser una Mayoría Relativa. Cuando se usa este sistema en distritos plurinominales (es decir, donde se eligen varios representantes), se convierte entonces en el sistema de voto en bloque. Los electores tienen tantos votos como escaños a asignar y los candidatos más votados van ocupando las posiciones sin importar el porcentaje que realmente alcancen. Los sistemas mayoritarios como el australiano de voto alternativo y el sistema francés de dos vueltas tratan de asegurar que el candidato ganador obtenga la mayoría absoluta (más del 50%). En esencia, el sistema de voto alternativo utiliza las segundas preferencias de los votantes para generar un ganador por mayoría, si ninguno resulta elegido en la primera vuelta.
Sistemas Semi-Proporcionales
Los sistemas semi-proporcionales son aquellos que convierten los votos en escaños en una forma que se ubica entre la proporcionalidad de los sistemas de RP y el mayoritarismo de los sistemas de mayoria-pluralidad. Los tres sistemas semiproprcionales usados para las elecciones legislativas son: el de voto único no transferible (VUNT), el paralelo (o mixto) y el de voto limitado (VL).
Los sistemas de VUNT
En los sistemas de VUNT, cada elector tiene un voto, pero hay varios escaños que cubrir en cada distrito y los candidatos con el número más alto de votos son quienes los obtienen. Esto significa que, por ejemplo, en un distrito de cuatro miembros, en promedio uno necesitaria solamente lograr apenas el 20% de la votación para ser elegido. Esto permite la elección de candidatos de partidos minoritarios y mejora la proporcionalidad parlamentaria en general.
Sistemas paralelos (SP)
Los sistemas paralelos usan tanto las listas de RP como los distritos uninominales de mayoría relativa (el ganador se lleva todo). Sin embargo, a diferencia del sistema de RPP, las lista de RP no compensan la desproporcionalidad generada en los distritos uninominales por mayoría. Los sistemas paralelos han sido ampliamente adoptados por las nuevas democracias en África y por los antiguos estados soviéticos.
Sistemas de voto limitado (VL)
Estos sistemas se ubican entre los de VUNT y los de voto en bloque, ya que se basan en distritos plurinominales y los candidatos ganadores son simplemente aquellos que logran más votos. Los electores tinen más de un voto, pero menos votos que el número de escaño a ocupar.
Sistemas de Representación Proporcional
La lógica que guía a los sistemas de RP es la de reducir deliberadamente las disparidades entre el porcentaje de la votación nacional obtenida por un partido y los escaños parlamentarios que le corresponden: sí un partido grande gana el 40% de los votos debería obtener aproximadamente 40% de los escaños, y si un partido pequeño gana 10% de los votos debería también conquistar aproximadamente el 10% de los escaños parlamentarios.
Con frecuencia se considera que el uso de listas de partidos a nivel nacional o regional es la mejor forma de conseguir esa proporcionalidad, pero ese objetivo también se puede lograr con facilidad si el componente proporcional de un sistema de RPP compensa cualquier desproporcionalidad que se derive de los resultados en los distritos uninominales mayoritarios. El voto preferencial también puede cumplir con ese propósito: el Voto Unico Tranferible, donde los votantes ordenan a los candidatos en distritos plurinominales, es otro sistema proporcional bien establecido.
Muchas democracias nuevas han escogido sistemas de RP. Más de 20 democracias establecidas y casi la mitad de todas las democracias "libres" usan alguna variante de la RP. Los sistemas de RP son predominantes en América Latina y en Europa Occidental y representan un tercio de todos los sistemas en África. Si bien los escaños son a menudo distribuidos en de distritos plurinominales regionales, en algunos países (como Alemania, Namibia, Israel, Holanda, Dinamarca, Sudáfrica y Nueva Zelanda), la distribución de escaños es efectivamente determinada por el voto a nivel nacional.
La fórmula utilizada para calcular la distribución de escaños, una vez que los votos han sido contados, puede tener un efecto marginal en los resultados electorales de RP. Las fórmulas pueden basarse en el "promedio más alto" o en el "residuo mayor". Sin embargo, la magnitud de los distritos y los umbrales de representación tienen mayor importancia para los resultados generales de RP. Entre más grande sea el número de representantes a ser elegidos en un distrito y más bajo sea el umbral requerido para la representación en la legislatura, más proporcional será el sistema electoral y más grande será la oportunidad de que los pequeños partidos minoritarios obtengan representación parlamentaria.
Sistemas Combinados
Por lo general, los sistemas combinados o mixtos requieren que los votantes tomen por lo menos dos decisiones diferentes - por un partido y por un candidato. Por consiguiente, dichos sistemas requieren una explicación general sobre los sistemas de pluralidad o mayoría relativa y de representación proporcional mediante listas, al igual que una explicación sobre la forma en que son combinados `para determinar la mezcla de escaños correspondiente.
Los educadores tendrán que explicar la racionalidad detrás de los sistemas combinados, como por ejemplo la combinación de la rendición de cuentas y la continuidad de los partidos o la relación individual con el votante y con el electorado. También tendrán que resolver la posible dificultad que tendrán los votantes para entender las funciones y la igualdad de los distintos miembros de los órganos representativos elegidos.
Optar por un determinado sistema electoral es una de las decisiones institucionales más importantes en una democracia, pero pocas veces es seleccionado a conciencia y después de una profunda deliberación. Por lo general, la selección se realiza accidentalmente y resulta de una inusual combinación de circunstancias, de una tendencia pasajera o de una situación históricamente peculiar. Los efectos derivados del colonialismo y la proximidad de vecinos influyentes, son a menudo razones persuasivas en la selección de los sistemas electorales.
En casi todos los casos, su selección tiene profundas consecuencias en la vida política futura del país. En la mayoría de los casos, los sistemas electorales suelen conservarse de manera duradera una vez establecidos; a diferencia de los intereses políticos inmediatos, que se congelan alrededor de las causas que los motivaron.
Es raro que los sistemas electorales sean seleccionados después de profundas deliberaciones y, lo es más todavía, que sean diseñados tomando en consideración las condiciones históricas y sociales específicas del país. Toda nueva democracia debe escoger (o heredar) un sistema electoral para elegir su parlamento, pero esa decisión es a menudo condicionada por una de las dos circunstancias siguientes:
En cualquier caso, puede ser que las opciones asumidas no sean las mejores para el bienestar político del país en el largo plazo y que, en ocasiones, provoquen consecuencias desastrosas para sus expectativas democráticas.
El marco de referencia en la selección de un sistema electoral puede entonces ser tan importante como la selección misma. No se debe tener la ilusión de que tales decisiones son hechas dentro de un vacío político. De hecho, la consideración de las ventajas políticas es casi siempre el factor determinante en la elección de los sistemas electorales, cuando no el único. Al mismo tiempo, las opciones disponibles para la selección de los sistemas electorales son a menudo relativamente pocas.
De la misma forma, los cálculos políticos para satisfacer intereses en el corto plazo pueden con frecuencia pasar por alto las consecuencias a largo plazo de un sistema electoral en particular, así como los intereses generales de todo el sistema político.
Cuando se diseña un sistema electoral, es mejor comenzar con una lista de criterios que resuma lo que se quiere lograr, lo que se quiere evitar y, en sentido amplio, lo que se quiere que el gobierno y el parlamento parezcan. El criterio dado en ASEGURAR UN PARLAMENTO REPRESENTATIVO Y PROMOVER LA OPOSICION PARLAMENTARIA cubre la mayoría de estas áreas. También es cierto que algunos de los criterios descritos puedan parecer contradictorios. Esto se debe a que frecuentemente, dada la naturaleza del diseño institucional, que los ajustes deben hacerse buscando el punto medio entre lo que se desea y lo que son los objetivos.
La representación puede tomar por lo menos tres formas:
Un gobierno efectivo depende no solo de quienes están en el poder, sino además de quienes están representados en el parlamento pero no forman parte del gobierno. El sistema electoral debe ayudar a asegurar la presencia de una oposición parlamentaria viable, que pueda evaluar críticamente la legislación, salvaguardar los derechos de las minorías y representar efectivamente los intereses de sus electores. Los grupos opositores deben tener suficientes miembros para ser efectivos, asumiendo que los han obtenido por su desempeño en las urnas y, deben ser capaces presentar una alternativa viable a la administración actual.
Desde luego, la fuerza de la oposición parlamentaria depende de muchos factores además de la selección del sistema electoral, pero si el sistema mismo vuelve impotente a la oposición parlamentaria, la gobernabilidad democrática se debilita. Al mismo tiempo, el sistema electoral debe impedir que se desarrollen actitudes del tipo "el ganador se lleva todo", que obnubila a los gobernantes frente a otros puntos de vista y a las necesidades y deseos de los votantes de la oposición, y en el que tanto las elecciones como el gobierno mismo son vistos como juegos de "suma-cero".
En esencia, lo que hacen los sistemas electorales es traducir los votos en escaños ganados por partidos y candidatos. Las variables claves son:
El diseño del sistema electoral, también afecta otras áreas de la legislación electoral:
Avances en el Estudio comparativo de los Sistemas Electorales.
Arenda Lijphants -1991
Código Electoral de la República de Panamá y Normas complementarias
Constitución de la República de Panamá
Sistemas Electorales del Mundo
Dieter Nohler – Centro de estudios constitucionales, Madrid 1981
Acontecer Electoral Panameño
Eduardo Valdés Escoffery
2006
Construyendo Democracia
Dennis Allen Frias
2005
Profesor:
Abdiel A. Abrego
2003
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