La técnica de solarización consiste en cubrir el suelo húmedo con plástico transparente delgado durante el verano, a fin de incrementar las temperaturas que permitan destruir a la mayoría de los fitopatógenos, insectos y malas hierbas. La radiación solar pasa a través del plástico transparente, se convierte en calor, e induce cambios físicos, químicos y biológicos en el suelo. El período de tratamiento debe ser mayor de cuatro semanas para ejercer control efectivo en las capas más profundas del suelo. La profundidad del suelo hasta donde se puede tener control satisfactorio, depende fundamentalmente de la duración del tratamiento, intensidad de la radiación solar y conductividad térmica del suelo. La efectividad de la solarización se debe principalmente al incremento de las temperaturas del suelo a niveles letales para los organismos que ahí viven. La viabilidad de los patógenos y las malas hierbas se reduce en la medida que las temperaturas exceden la máxima para su desarrollo.
El efecto letal del calor se incrementa exponencialmente por la temperatura. Por ello, la velocidad de mortandad de una población de organismos depende de los siguientes factores: nivel de la temperatura, humedad, tiempo de exposición, condición fisiológica del organismo, tipo de propágulo, edad, y de los factores físicos y químicos del suelo. Comúnmente las poblaciones de patógenos se reducen de manera significativa a temperaturas de 40-50 ° C, con tiempos de exposición que fluctúan de minutos a horas para las temperaturas más altas, y hasta días para las temperaturas más bajas. El calor húmedo es más efectivo que el calor seco para matar los organismos, por esta razón, el suelo debe mantenerse húmedo durante el período de tratamiento para incrementar la sensibilidad de los patógenos y también para mejorar la conductividad térmica del mismo.
La absorción de la radiación solar varía de acuerdo al color, humedad y textura del suelo. En general, el suelo tiene alta capacidad térmica y es pobre conductor del calor. Las ondas caloríficas viajan en el suelo a una velocidad de 2-3 cm/hora. En la medida que se incrementa la profundidad del suelo, las temperaturas máximas disminuyen, por lo que el período de tratamiento debe ser lo suficientemente prolongado para lograr el control de patógenos y malas hierbas en todas las profundidades deseadas.
En algunos casos, el control de patógenos ha durado más de un año; en otros, se han logrado efectos sinergísticos cuando se ha combinado la solarización con residuos de plantas o fumigantes de suelo. Su efectividad también se ha incrementado mediante el uso de plástico avejentado o con la utilización de dos capas de película de polietileno. Sin embargo, no en todas las ocasiones se ha tenido éxito con la solarización. Hay reportes en donde el control de fitopatógenos ha sido negativo o controversial. En California, Arizona y México se encontró que la solarización no es efectiva para controlar al hongo Macrophomina phaseolina.
En la agricultura, las enfermedades causadas por microorganismos del suelo pueden representar pérdidas que oscilan del 10 al 40% del costo total de la producción agrícola, mientras que en malezas representan el 25%. La práctica del monocultivo en hortalizas es un factor que favorece concentraciones altas de inóculo de patógenos y plagas del suelo, así como también de malezas, orillando al productor a cambiar de terreno o cultivo.
Las fumigaciones al suelo son efectivas para controlar patógenos y malas hierbas, sin embargo, requieren fuertes inversiones, equipo y personal especializados. Por ello, la técnica de solarización del suelo es una buena alternativa, en aquellos lugares en donde prevalecen temperaturas altas y radiación solar intensa durante el verano.
La técnica de solarización consiste en cubrir el suelo húmedo con plástico transparente delgado (Foto 1) durante el verano, a fin de incrementar las temperaturas (Gráfica 1, 2) que permitan destruir a la mayoría de los fitopatógenos, insectos y malas hierbas (41, 45,75.77-79). La radiación solar pasa a través del plástico transparente, se convierte en calor, e induce cambios físicos (20), químicos y biológicos en el suelo (41, 45,75.78, 79). El tratamiento dura más de cuatro semanas, tiempo necesario para ejercer un control en las capas profundas del suelo (41,76.78). Un manejo satisfactorio depende de la duración del tratamiento, intensidad de la radiación solar y de la conductividad térmica del suelo (19, 39, 41, 44,45.75, 77.84).
La solarización no requiere transportar el calor desde la fuente de producción hasta el campo. Por esta razón, se puede efectuar en superficies muy extensas. Las temperaturas son relativamente bajas, en comparación con el calentamiento artificial mediante vapor de agua caliente (Foto 2 y 3), por lo que los efectos sobre los componentes biológicos son menos drásticos. Además, los efectos negativos observados en suelos tratados con vapor de agua caliente, como son la fitotoxicidad por la liberación de manganeso y otros productos tóxicos (23), así como la rápida reinfestación del suelo, debido a la creación de un vacío biológico (9,23,l12), no ocurren después del proceso de solarización (29,30,41).
Las recomendaciones para llevar a cabo la técnica de solarización, siempre y cuando las condiciones climáticas lo permitan, son las siguientes (35, 41, 75,79-81):
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