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Ética Freudiana y Martiana: Apuntes para la Ética Psicológica Cubana Actual (página 2)


Partes: 1, 2

Fundamentación Teórica

1. Apuntes necesarios para la comprensión de la Ética y su implicación en la Psicología.

1.1 – Ética

El hombre desde sus inicios, al llevar una vida en sociedad, ha estado regido por determinadas normas y reglamentaciones. A través de ellas pretende alcanzar un control y orden específico, cuyo objetivo fundamental es lograr el bienestar individual y colectivo. La conducta moral que se expresa en las diversas épocas está en función de la ideología imperante y por tanto de la producción intelectual de diferentes corrientes filosóficas que conforman las regulaciones políticas, religiosas, etc.

Por lo general se concibe el bien y el mal, tomando en cuenta algunas conductas buenas en sí mismas, y otras buenas sólo porque se adaptan a un modelo moral específico.

El término proviene precisamente del griego ετhos que significa costumbre, comportamiento y por ello se ha definido con frecuencia como la doctrina de las costumbres. Tres tendencias fueron emergiendo entonces en la evolución de la Ética como disciplina: la alusión a la felicidad o el placer, a la virtud o la obligación y a la perfección.

Por tanto la cuestión de la ética ha estado relacionada con los intentos de definir qué es el "Bien" y la demarcación de los que deben ser buenos o malos actos humanos; es decir, la delimitación de un conjunto de principios morales que constituyen una dimensión práctica de la vida humana.

Como disciplina de la filosofía, la disposición a responder la pregunta sobre el bien y la felicidad humana se convierte en un punto de obligado encuentro con las ciencias particulares.

El progreso científico – técnico demuestra la dinámica que se establece entre la ética y la ciencia. Preguntas sobre la neutralidad ética de la ciencia, la responsabilidad social y política del científico y el profesional delimitan el mapa de esta relación.

La psicología por supuesto no elude este problema.

Las diferentes posiciones éticas de la filosofía son consonantes con una concepción normativa del hacer profesional y científico. A la problemática ética del científico y el profesional se le imponen las concepciones culturales e históricas en las que se desarrolla la ciencia. Por lo tanto no se puede hablar de ética o axiología sin su contexto. Las concepciones éticas están configuradas por el contexto cultural, político, religioso y/o todas las formas de conciencia social existentes, lo que demuestra que no podemos justificar neutralidad ética en las ciencias.

1.2 – Ética y Psicología

Existe un punto de encuentro entre ambas disciplinas científicas, cuando se denota que la Psicología se parece a la Ética en cuanto a que también estudia los actos humanos, pero ésta los explica en el aspecto del hecho y la Ética sólo se interesa en las normas de derecho de ese acto.

La Psicología sólo estudia el acto como objeto material, el por qué ocurre, la Ética en cambio se encarga del conjunto de principios y deberes que debe guiar la conducta de una persona.

En el campo de la Psicología se ha definido entonces a la Ética como el estudio de las suposiciones, paradigmas y perspectivas asumidas por la profesión, que se piensa, ayudarán a distinguir entre lo bueno y lo malo, y en última instancia, a realizar juicios morales. La característica principal que esta formulación ha provocado es el desarrollo y diseminación de los diversos códigos de ética en el mundo. (1)

Es pertinente definir Código de Ética como un "conjunto de principios, normas y exigencias morales adoptado en un medio profesional determinado, con el objetivo fundamental de regular la conducta moral de los distintos profesionales en su quehacer". (2)

Las diversas concepciones, corrientes o escuelas psicológicas plantean en sus cuerpos teóricos determinadas pautas y conjuntos de principios éticos y morales de actuación que delimitan una postura o dimensión ética a manifestar en la praxis.

J.B. Watson (1876-1958) en su propuesta conductista parte de la implementación del Esquema Estímulo-Respuesta (conocido un estímulo, anticipar la respuesta del sujeto; conocida la respuesta, determinar el estímulo que le dio lugar), brindando una predicción del comportamiento del sujeto. La posición epistemológica de Watson es la de un positivismo radical. (3)

En su concepción no se permitía hablar de pensamiento, memoria o sensación, sólo existía la conducta y sus variaciones: patológicas cuando resultaban inadecuadas y exitosas si suponían una ventaja adaptativa (4). Denota su manifestación y propuesta ética a partir de una manipulación del hombre desde lo externo sin tener en cuenta su autodeterminación y su autorrealización, lo cual deja "fuera" la debida apreciación del carácter creador del psiquismo humano. La utilidad para modular el comportamiento por parte del conductismo condujo a la posibilidad de readaptar a la persona sobre la que se tiene un fácil control y que es manipulable, mediante métodos no aversivos que no parezcan medios de dominación, el sujeto responde de modo prefijado ante determinados ambientes o situaciones. La terapia conductual constituye entonces "la representación psicológica más radical de la idea cultural prevalente de que la tecnología posee todas las herramientas para responder a las cuestiones éticas y morales". (5)

El Psicoanálisis de Freud (1856 – 1939) nació por su parte del real espíritu científico del mismo y ante su inconformidad con los resultados obtenidos en las neurosis. La teoría, el método y la práctica psicoanalítica (6) toman un camino genuino y sin precedentes tanto para la práctica médica como para la psicología de la época.

La introducción totalmente nueva para la Psicología del Inconsciente como objeto de estudio no sólo significó un "repensar" la constitución psíquica del individuo, sino el desarrollo de nuevas interpretaciones sobre el carácter represivo de la civilización y sus sistemas. Su método compuesto por el principio de neutralidad y abstinencia por parte del psicoanalista permitía al sujeto articular un discurso "libre", a la vez que cuestionaba la posición sobre los supuestos "saberes" del terapeuta, concibiendo que el cliente puede tomar la condición de intérprete de sí mismo. Sobre esta nueva condición comenta el doctor Roberto Corral: "En su sospecha de que todos somos alienados, cada persona puede encontrar el cuestionamiento de casi cualquier dimensión real: la conciencia, la razón, la sociedad, la cultura, la familia, las relaciones de producción capitalistas, el lenguaje, los fines altruistas, la utopía." (7)

La posición axiológica del Humanismo por su parte supone un respeto absoluto a la subjetividad en su expresión individual, la aceptación que los hombres tienen de sí mismos y el reconocimiento de su capacidad para tomar las decisiones adecuadas. Comprende al hombre como singularidad, a partir de tener como centro de atención a los valores y los significados que resultan aceptables y creíbles para él. También en el Humanismo, a diferencia del psicoanálisis, existen valores trascendentales comunes a todos los hombres y que se reproducen en todas las culturas y en los esquemas de interacción social, pero lo que realmente importa son los criterios personales del hombre común y corriente quien los asume.

Carl Rogers (1902 - 1987), como representante de esta corriente, en sus intentos de configurar un ideal ético, concibe una visión futurista del escenario humanista con la combinación del aumento de la autenticidad personal y el escepticismo y disminución de las instituciones, la autoridad y la importancia a las cosas materiales. Es evidente su protesta en medio de una sociedad capitalista, su propuesta coincide en este sentido con los ideales morales de la filosofía marxista y/o la izquierda política. Concibe que el humanismo (el ser humano no alienado y protagonista de sí y su entorno) y los valores éticos tienen que ser transformadores para alcanzar más libertad y menos dominación. (8)

La contemporaneidad impone nuevos retos e interrogantes a la Ética y a su manifestación en la práctica, pues la Globalización presupone la homogeneidad entre los individuos y culturas. Este propio fenómeno, de fijar un dominio sobre el sujeto por parte de la sociedad, entra en contradicción con las diferencias que se establecen entre los mismos, pues es inevitable que exista la diversidad entre los hombres.

Debido a la diversidad y la constante conmutación de la moral y los valores, el psicólogo se enfrenta a nuevos dilemas, lo que requiere no sólo promover la participación adaptativa de los grupos e individuos en la sociedad, sino también la no alienación y/o acriticidad que puede gestarse en los sujetos "adaptados" a sistemas totalizadores y globalizadores.

En este sentido el profesional de la psicología (junto con los códigos de ética) corre el riesgo de erigirse como un instrumento más del discurso dominante: el individuo debe (9) proclamarse como un sujeto estable, organizado y equilibrado; debe de adaptarse a los medios de producción, reglamentación, entre otros pedidos exigidos por la civilización. La función de ayuda que ofrece la Psicología se puede limitar a sujetar el orden establecido y por tanto negarle al individuo su papel como agente de cambio social y personal.

Figueroa; psicólogo puertorriqueño reconoce en la propuesta postmoderna el interés de "recuperar al sujeto que no es víctima de las acciones enajenantes y divisorias propias de las formas de poder, saber y sexualidad articuladas por la modernidad". (10)

Es una necesidad ineludible situar tal problemática (la declaración ética en la Psicología) en el centro de los estudios teóricos y prácticos de la profesión (D´Angelo O., 1999; Vázquez.O., 1999; Prilleltensky I., 1997; Prilleltensky I., Walsh – Bowers R., Rossiter A., 2002; García J.C., 2002; Calviño M., 2003; González Serra D., 2000, Zaldívar D., 1997). (11)

En nuestro país, se observan varios puntos de partida para las reflexiones éticas de la profesión y su praxis. Los diversos autores, aunque difieren en la forma de aplicar sus sustentos teóricos a la práctica, plantean puntos de coincidencia.

Sus propuestas convergen en la importancia del contexto histórico-social y cultural, en la determinación de una manifestación o comportamiento ético basado en las normas que la sociedad impone, y en la forma que el sujeto sea capaz de interiorizarlas aplicándolas a la práctica.

Dionisio F. Zaldívar Pérez (1997) y Manuel Calviño (1999) proponen la manifestación de una dimensión ética a partir de las relaciones que se establecen entre los individuos en el quehacer profesional, en el caso del segundo basado en una Ética Humanista de las relaciones interpersonales.

Zaldívar (12) presupone que el dilema de la ética profesional y de lo moral, traspone la totalidad de la praxis humana y se inscribe en el marco de la contradicción entre lo social y lo individual, siendo precisamente en el examen de esta contradicción donde irrumpe la psicología como ciencia que intenta brindar respuestas sobre lo singular.

Manifiesta que las normas morales se desarrollan y surgen en un contexto histórico – social determinado lo que conduce a que estas normas sean efectivas. En el plano individual las normas morales (13) se reflejan a través de los intereses, valores y orientaciones motivacionales de los sujetos.

Manuel Calviño (14) por su parte en su propuesta de Ética Humanista de las relaciones interpersonales, resalta que es necesario tener en cuenta que la existencia de la dimensión o una declaración ética existe fuera e independientemente del sujeto, el cual la puede convertir en un instrumento de disociación y de hipocresía. En el caso de la práctica clínica el elemento constitutivo de la dimensión ética es el sistema vincular de las personas que entran en interacción.

Se detiene en la relación no sólo entre sujeto y terapeuta (aunque no la aborda de forma explícita), sino entre terapeuta – terapeuta(s) y el terapeuta consigo mismo. Planteando la necesidad de observar y estudiar el sujeto en interrelación. Los elementos que conforman entonces esta ética de las relaciones interpersonales son: Respeto (al derecho ajeno, a la individualidad, a las diferencias, opinión y la decisión); Honestidad (humildad y sensibilidad); la expresión de los Compromisos.

Para este autor nuestro proceder ético existe y se contextualiza en el lugar real del vivir de todos nosotros. El hecho de que aparezcan diversas formas de malestar en las consultas conduce a la necesidad de un reforzamiento de los sustentos éticos de nuestras prácticas profesionales cotidianas, a partir del hecho de que la ética o el desarrollo de la dimensión ética es un proceso escalonado y en espiral, que facilita y favorece el proceder profesional ante el enfrentamiento de la realidad.

Estas propuestas, sin embargo, centran su atención en el terapeuta y su relación consigo mismo y con los demás, en vez de referirse a una delimitación mucho más amplia de la relación terapeuta – sujeto, esto es a un sistema de relaciones que incluya de una manera más explícita la dimensión social de la misma.

Por otro lado González Serra (2000) y Ovidio D´Angelo (1999) proponen espacios reflexivos, desde dos perspectivas diferentes, que tratan de forma más precisa los dilemas éticos que tienen lugar en la relación entre el psicólogo y el sujeto que demanda su servicio. Esta problemática es identificada a partir de dos concepciones teóricas que en su desarrollo resultan diferentes, pero en su integración contienen aspectos comunes a partir de la delimitación de una tendencia reflexiva ética para la práctica.

El Doctor Diego J. González Serra (15) parte de un estudio de estrecha interrelación entre la dimensión ética y la psicología tomando en cuenta dos aspectos: la concepción científica y la concepción moral del mundo.

La primera de ellas ofrece una imagen cosmovisiva basada en los hechos de la ciencia y la práctica cognoscitiva y transformadora de la realidad: su tarea fundamental. Es decir, cómo debe actuar el ser humano para lograr las metas que persigue; la segunda ofrece una imagen valorativa del mundo que no está basada necesariamente en los hechos de la ciencia ni en la práctica transformadora, sino de forma más directa en la práctica moral valorativa de la humanidad que tiene como tarea suprema orientar al ser humano hacia el cumplimiento con los valores morales y a la vez favorecer su equilibrio emocional.

Ovidio D´Angelo (16) parte de la problemática de que tanto en nuestra profesión como en otras disciplinas de la Ciencia, han sido poco favorecidos los intentos de analizar e investigar los procesos profundos que conforman la trama de la experiencia humana, desde lo imaginario social y desde su cotidianeidad. Es por ello que concibe el enfoque psicoanalítico desde la integración de sus diferentes vertientes, por aportar elementos claves de comprensión de la trama de relaciones y expresiones preconscientes e inconscientes en el campo de lo imaginario social, en su articulación dialéctica y contradicción con las elaboraciones sistematizadas de la cultura y de la ideología.

Por lo tanto, para él se debía penetrar en la profundidad comprensiva de las determinaciones de las condiciones de vida materiales y la estructura social, articulándola con la interpretación de los mecanismos psicológicos – sociales, ideológicos y culturales que explicarían las manifestaciones sociales complejas. Discute el problema de la Ética, considerada a partir de las normas y valores conducentes a que el hombre logre personal y socialmente la realización de sí mismo y sus potencialidades para la experimentación rica y múltiple de todas sus potencialidades humanas.

El campo de valores de los cuales es portador el sujeto es visto como expresión de racionalizaciones de contenidos culturales o ideológicos con una carga prohibitiva, por otro lado también en su condición de criterios valorativos principales que determinen nuestras acciones sociales. Sin embargo, este campo de valores puede no corresponder con los intereses, necesidades y expectativas de un grupo social o sujeto en particular, lo que toda norma podría implicar un carácter prohibitivo que conduce a la aparición en el sujeto de mecanismos de represión psicológicos y generar inhibiciones y sentimientos contradictorios o de culpabilidad, cuando la carga de compulsión para su cumplimiento es fuerte y presenta matices de irracionalidad o desajuste a las condiciones actuales percibidas.

Estas dos propuestas tanto de Serra como de D´Angelo, plantean la necesidad de actuar sobre el ser humano no sólo al tener en cuenta sus determinantes socio-históricos sino sus factores internos-subjetivos, lo cual contribuye a que este sujeto asuma un rol autónomo, activo y creador en la construcción de la sociedad. Ambos se asemejan en la declaración de una ética integradora a partir de una hermenéutica crítica humanista, aunque D´Angelo propone también tomar el psicoanálisis y el marxismo; mientras que Serra propone, además de la integración de la concepción científica con respecto a la moral, los valores que debe poseer el hombre a partir del ideario martiano.

2. Freud y Martí: convergencias y divergencias entre sus concepciones éticas.

No se puede afirmar que Martí y Freud, a pesar de ser contemporáneos durante la época del siglo XIX, tuvieron referentes históricos – culturales semejantes. Sin embargo, en sus concepciones del hombre y su naturaleza se pueden dilucidar puntos donde convergen y otros donde difieren.

Martí a partir de la herencia obtenida del pensamiento más avanzado de su época, tanto en Cuba como en el decursar por varios países, es portador de una nueva delimitación del comportamiento, basado en una esencia netamente humanista que exige al hombre a actuar y rebelarse contra las cadenas que lo oprimen. Le brinda a la nacionalidad cubana y otros países un sello personal, que está enmarcado a partir de un grupo de valores que defienden la autodeterminación del hombre y la búsqueda del bien como alternativa ante los males a los cuales se enfrenta.

Freud como fundador de una nueva corriente psicológica que rompió con las concepciones existentes hasta este momento con respecto a la naturaleza de los actos humanos, propone una nueva vía de interpretación de los procesos del contenido psíquico del inconsciente humano y revela una "verdad problemática" sobre los actos fallidos y reprimidos. Brindó desde el punto de vista filosófico un golpe anti-antropocéntrico y un giro en la epistemología contemporánea.

La relación de convergencia entre Freud y Martí con respecto a los valores parte de que coinciden en sus apreciaciones sobre el origen de los mismos y el papel de la autoridad, el derecho que se ejerce, el poder en las relaciones individuo – individuo e individuo – sociedad.

Consideran a los valores como descubrimientos individuales, personales; la imposición de unos por encima de otros como muestras de poder en una comunidad solo conllevaría a la reducción "agresiva" de la libertad del individuo. Aunque también hacen una pauta en estos argumentos, ya que tal "libertad" no puede dirigir al hombre al exceso: Martí lo resuelve cuando comenta sobre la "conciencia del acto" y el crecimiento espiritual y moral: "Son una la verdad, que es la hermosura del juicio". (17) Freud considera por su parte que sólo se logra un equilibrio entre las necesidades colectivas y la necesidad de satisfacción del individuo, pues se podría concebir una Civilización e individuos más sanos: "– cualquiera sea el sentido que se dé al concepto de cultura – es innegable que todos los recursos con los cuales intentamos defendernos contra los sufrimientos amenazantes proceden precisamente de esa cultura." (18)

Se puede inferir que ambos enmarcan un respeto a la Individualidad; Martí lo hace desde el punto de vista de la autodeterminación del hombre, pues éste tiene que realizar su propia naturaleza partiendo del conocimiento que adquiera del mundo y Freud cuando reconoce la no existencia de vías únicas para adaptarse al mundo: cada sujeto es responsable de su proceder en dependencia de la "realidad", a partir de la regulación de su conducta.

Constatan la diversidad que conforma el mundo, tanto desde el punto de vista económico, político y social, aunque Martí enfatiza más la diversidad cultural. Establecen una filosofía de la relación, con lo diverso en lo uno, los hombres se diferencian entre sí pero se identifican al devenir como seres humanos y en el establecimiento de las relaciones entre estos.

Para ambos la justicia se basa esencialmente en la posibilidad de que todos tengan los mismos derechos, de un equilibrio que busca entre los hombres, a partir de las desigualdades que en los sistemas políticos dominantes conducían (y conducen) a que unos tengan privilegios por encima de otros.

La orientación del hombre en la búsqueda de la belleza aparece conceptualizada tanto en Freud como Martí como el goce de la misma en todos los elementos: en la naturaleza, en el arte, en los gestos y formas humanas, así como en las creaciones científicas.

La relación de congruencia respecto a los supuestos que hemos tratado (específicamente en este caso la Buena Sociedad, Buena Vida y relaciones de poder) se toman a partir de sus concepciones de la Cultura y su papel para con el sujeto.

Martí declara el efecto de la misma en la determinación del "espíritu" del hombre y como portadora de una influencia negativa en el mismo, pues desea su "dominación", dígase desde el punto de vista de la implementación de normas y pautas de conducta. Arguye: "So pretexto de contemplar al ser humano, lo interrumpen. No bien nace, ya están en pie junto a su cuna con grandes y fuertes vendas preparadas en las manos, las filosofías, las religiones, las pasiones de los padres, los sistemas políticos. Y lo atan y lo enfajan; y el hombre es ya por todas su vida en la tierra un caballo embridado." (19)

He aquí un lugar de interesante coincidencia con la teoría freudiana. Para su autor existe también una ineludible influencia por parte de la Cultura en la determinación de la naturaleza humana.

Si cierto es que ambos hicieron énfasis en lo negativo: Martí lo expresa cuando usa el término "dominación", Freud cuando se refiere a la Cultura como la modeladora de las relaciones sociales y sus valores – supuestos, como "a la que más nos rebelamos", no se puede afirmar que sus visiones o planteamientos eran totalmente críticos o desesperanzadores. Por el contrario, constataban los beneficios que podía "entregarle" al ser humano como la belleza, el orden, el arte, entre otros.

Es en esta dominación martiana y/o modelación freudiana donde se expresa otra aproximación, específicamente referido a sus interpretaciones sobre el por qué de la necesidad de la Cultura a "regular" las relaciones entre los hombres. Desde aquí podemos observar también sus posiciones frente a la práctica.

Tienden a coincidir en la necesidad de la búsqueda de la libertad ante los fenómenos de la cultura y la realidad que subyugan al ser humano y le impide la satisfacción de sus deseos, sin embargo Martí la toma en cuenta más en el sentido de la libertad del sistema político dominante.(20)

Aprecian la naturaleza del ser humano desde dos perspectivas semejantes, pues Martí al igual que Freud consideraba al hombre agresivo por naturaleza innata.

Posee según su obra un instinto agresivo, por lo cual denomina al hombre como una fiera educada (es en 1882 que realiza esta afirmación en su texto "España").(21)

Por lo que delimita al hombre - fiera y hombre- ala, como dos polaridades que forman parte del ente individual.

Según Martí este hombre se enfrenta consigo mismo y con los demás, pues en ocasiones este hombre- fiera se encuentra presente: apenas el hombre puede oprimiroprime, e incluso pasar fácilmente de oprimido a opresor (1883). Sin embargo, esta cuestión instintiva de agresividad puede ser menor cuando al ala llega a dominar a su antagonista, es cuando para Martí el ente individual se convierte en un reflejo de lo que él llama Ser Universal. Esta dominación del hombre – ala sobre el hombre – fiera ocurre al ser incorporado el Bien al yo, o cuando esta unidad indisoluble entre hombre-ala y hombre-fiera acaba cuando el hombre deja de existir.

Freud también se detiene, prácticamente en toda su obra luego de reconocida la pulsión de "agresión" o "muerte", a explicar la relación entre Eros y Tanatos. Aunque su concepción de estas dos pulsiones no pueden semejarse con el hombre – ala u hombre - fiera de Martí, debido al carácter más profundo y complicado de las relaciones que Freud concibió, sí constata la "tortuosa" influencia que tenían ambas en la naturaleza del hombre. Incluso al final de su obra El Malestar en la Cultura deja en interrogación el futuro de ambas pulsiones: "Sólo nos queda esperar que la otra de ambas ¨potencias celestes¨, el eterno Eros, despliegue sus fuerzas para vencer en la lucha con su no menos inmortal adversario. Mas, ¿quién podría augurar el desenlace final?" (22)

Prosiguiendo con nuestro análisis, se observa que Martí considera el sufrimiento del hombre necesario. Este dolor ocurre cuando nos sentimos inconformes con la existencia real, la inconformidad de la existencia del sujeto con respecto a lo que desea lograr, pues la realidad le impide realizar lo que realmente desea hacer instintivamente.

Este sufrimiento o dolor ante la realidad o lo "real" y la imposibilidad de satisfacción del individuo se asemeja, por no decir se iguala, a lo pensado por Freud sobre el "sometimiento" del principio de realidad al principio del placer. (23)

A pesar de las convergencias encontradas durante nuestro análisis se hace necesario resaltar las diversas divergencias manifestadas por ambos autores.

Con respecto a los valores encontramos la primera disyuntiva en la definición de la compasión, pues Martí la concibe como el hecho de sufrir por el infeliz y el hombre humilde. Consideraba la presencia de la compasión como necesaria entre la relación que se establece entre los hombres, pues todo ser humano debe ser portador de este valor. Esta delimitación martiana parte de su profunda educación cristiana.

Con respecto a las reflexiones de Sigmund Freud sobre este valor no se puede concebir sus apreciaciones de la importancia del mismo sino en cuanto tenga utilidad para la práctica psicológica; la compasión (puede observarse una posible similitud con la concepción Nietzcheriana de tal valor) podría "quitarle" al terapeuta la capacidad para comprender la economía subjetiva del cliente y por lo tanto subordinarlo a un supuesto Bien Universal o inclusive al suyo propio.

La concepción de ambos con respecto al Amor difieren a partir de que Martí lo aprecia como la solución (junto a la incorporación del Bien) a los sufrimientos del hombre y en el hecho de alcanzar la felicidad: "el amor es el lazo de los hombres, el modo de enseñar y el centro del mundo" (24). Freud a pesar de definir al Amor – el acto de amar en sí - como otra de las posibles soluciones ante el sufrimiento agrega rápidamente el punto débil de esta tesis: "En efecto: jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado a su amor." (25)

Sus concepciones acerca de los supuestos se alejan además a partir de la definición del Bien, la felicidad y de la manera de cómo el hombre adquiere el conocimiento.

Para Martí la incorporación del Bien al yo (como categoría el Bien junto a la Belleza) constituye la solución frente al dolor y el sufrimiento, o ante la inconformidad con la realidad. El hecho del propio Bien hacia los demás (26) como método de alcanzar la felicidad. Sin embargo, para Freud el Bien resulta tener un carácter ambiguo e indefinible a partir de los contextos y significaciones que posee para los individuos, instituciones y sociedad.

Muy relacionado con esta divergencia existente en la concepción de la categoría Bien se encuentra sus definiciones acerca de la felicidad, pues Martí plantea el cumplimiento del Bien como forma de alcanzar la felicidad, lo cual define como el hecho de alcanzar la hermosura (1882). Supone que la felicidad existe y se alcanza mediante lo bueno de nuestras acciones, el bien a todos los demás. Sin embargo, el propio hecho de la incorporación del Bien resulta indeterminado por la indefinición freudiana acerca de esta categoría. Para Freud efectivamente la felicidad era el objeto de búsqueda de los seres humanos; inalcanzable para el individuo por su propia constitución psíquica y ante la realidad externa.

El hecho de que el sujeto adquiera un conocimiento con respecto a los valores morales conduce a que Martí plantee una concepción del conocimiento basada en una profunda relación entre el yo y el objeto, los cuales se hayan en vínculo directo con la Naturaleza, llega al descubrimiento de esta relación mediante la observación y la reflexión, es pues, gracias al ejercicio de estas funciones que alcanza el hombre el conocimiento pleno de los móviles morales. Este es otro punto irreconciliable con la teoría freudiana. Freud no rechazaba el valor de la observación y la reflexión, reconocía además el papel que tenía la relación entre el yo y el objeto para la misma, pero arribó a otra conclusión, en el "fallo" del sujeto se encuentra la posible vía de entrada al real conocimiento del mismo: ahí donde "obra" el inconsciente.

Tanto Martí con el acto "transformador" como Freud con el reconocimiento del carácter personal de los valores en el individuo nunca dejan de preguntarse cómo vivir con el Otro, cómo entender al Otro. Y aunque Martí al igual que Freud reconoce el carácter represivo de la Cultura y el papel que ésta juega en su malestar la mayor distancia o divergencia entre ambos se observa cuando proyecta o le adjudica a sus concepciones un acento más político (27), religioso, convirtiéndose en un evidente exponente de la Ilustración de su época.

3. Ética Psicológica Cubana Actual

La ética psicológica cubana es tratada en la actualidad por diversos autores como se ha visto en el capítulo 1. Uno de los últimos estudios realizados de carácter empírico de los que se tiene referencia, lo constituye la investigación realizada por I. Prilleltensky en 1997 (28). Esta investigación tuvo como objetivo fundamental conceptualizar y problematizar la manifestación de la ética psicológica en Cuba (valores, dilemas, recursos éticos e impedimentos y recomendaciones).

Obtuvo interesantes resultados con una muestra de 28 profesionales de la Ciudad de La Habana y Santiago de Cuba. Los dilemas éticos encontrados estuvieron definidos en cuatro categorías fundamentales:

  • Conflicto en los valores personales (referidos a la doble moral, a la decisión profesional de competir o compartir, y a los pocos espacios que permitan diálogos abiertos sobre los dilemas y contradicciones sociales)
  • Conflicto con otros profesionales (respecto a las contradicciones encontradas en las posturas éticas y científicas de otras profesiones, ej.: con la medicina)
  • Conflicto con el cliente (respecto a la promoción de la responsabilidad personal o absolución de los clientes de los deberes y en cuanto al reconocimiento o no de sus creencias religiosas u otras orientaciones)
  • Conflicto con las organizaciones (respecto al hecho de ceder o resistir a las presiones de las mismas)

Frente a estos dilemas el profesional se encuentra desprovisto de los conocimientos teóricos que contribuyan a una adecuada resolución de los mismos.

Prilleltensky señala algunas de las limitaciones que impiden tales resoluciones: la existencia de comités de ética que no propician el debate entre colegas acerca de los dilemas morales, la poca preparación que se recibe sobre la Ética profesional durante el proceso de estudio de la Universidad, así como la falta de experiencia profesional, de tolerancia a las críticas y el no conocimiento de la existencia misma de un código de ética cubano.

Algunos de los autores cubanos que Prilleltensky cita han tratado el problema de la Ética y su declaración en la práctica para la psicología cubana. Enfocan sus apreciaciones y/o estudios hacia la importancia del contexto histórico – social y cultural que tiene en la determinación de valores, asunciones o supuestos y para el proceder ético en la praxis.

Es decir, que la manifestación de una dimensión ética por parte del individuo (29) tiene que estar en correspondencia con el contexto con el cual interacciona o en el cual se desarrolla.

De forma general coinciden en el sujeto como portador de valores tales como: humanismo, colectivismo, autodeterminación y respeto a las diferencias. (30)

La postura que toman con respecto a los supuestos o asunciones es la de reconocer la primordialidad de "nutrirse" de cuerpos teóricos (tanto filosóficos y psicológicos) variados que permita que el conocimiento y la concepción del mundo favorezca la orientación hacia una ciencia y práctica más transformadora de la realidad objetiva.

Los conceptos de Buena vida y Buena sociedad generalmente los definen sobre la base del sacrificio por el Otro y las obligaciones sociales.

Por el mismo hecho de considerar el papel del contexto histórico – social y cultural para el sujeto con respecto al poder en las relaciones señalan la acción de suprimir todos aquellos principios "paternalistas" en la práctica, en función de promover valores tales como: autodeterminación participación democrática entre otros.

En cuanto a la práctica coinciden en que es en ella misma donde se evidencian y entran en contradicción los valores y supuestos que porta el sujeto y el profesional, sin embargo, es en este aspecto donde más denotamos un alejamiento en sus enfoques pues por una parte algunos de ellos le dan un acento mayor al rol del cliente y a la influencia negativa que pueden tener en el mismo las instituciones, la ideología y los sistemas sociales; por otro lado ocurre una mayor demarcación en el rol del profesional y su papel con respecto al malestar del sujeto.

Las reflexiones de estos autores con respecto a la necesidad de lograr una mejor contextualización del proceder ético en la psicología y en la búsqueda de una mayor integración entre la teoría y la práctica conllevan a un análisis del Código de Ética Profesional de los Psicólogos Cubanos. (31)

El código vigente en la actualidad fue elaborado en el año 1986, en él se pretende enfocar específicamente los principios y normas que rigen la conducta de los profesionales de la Psicología.

Parte de la idea de tener en cuenta el contexto en el cual se desenvuelve el profesional de la psicología y cómo este debe responder a una necesidad social, promoviendo una imagen positiva que aparece determinada por un grupo de preceptos basados en la moral comunista (Código de Ética, 1986), pero ¿qué es la moral comunista? Aparecen delimitados de forma precisa valores los cuales debe portar o ser portador el profesional, dígase humanismo, colectivismo y honestidad; mas, ¿cómo implementarlos en los dilemas éticos que tienen lugar en la práctica? Se hace imprescindible la presencia de una serie de valores sin que aparezcan superpuestos unos sobre otros que le brinden al profesional mayores vías de actuación manteniendo la dignidad, autodeterminación e identidad del sujeto.

El código centra su atención en la imagen que brinda o debe brindar el psicólogo ante la sociedad y como responder a las necesidades y exigencias de la misma. Todo se traduce en un devenir de cómo debe dirigir su conducta desde todos los ámbitos de las diversas esferas, dígase desde el punto de vista legal, en relación con sus colegas, de lucha por la superación y por una posición notablemente científica, del porte y aspecto, secretos profesionales entre otros; solamente aparece delimitado un artículo relacionado con el respeto a la integridad personal de los sujetos con los cuales interactúa.

El psicólogo responde a una determinada obligación o deber social y a la ideología política – moral comunista del país, sin embargo ¿no se trata precisamente el código de ética de una relación Profesión – Profesional - Individuo? Ecuación que resuelve o resolvería entonces este deber social. En este código se trabaja por lo tanto la fórmula: profesión – profesional – deber social, significando una limitante ante la posibilidad de que los sujetos tengan más libertad de expresión y expansión de sus posibilidades de autodeterminación.

No sólo se evidencia esta postura dogmática para la práctica psicológica y sino también para la teoría, pues el código limita el carácter evolutivo – dinámico y transformador de la profesión ya que la misma no se puede posicionar sobre la base de un modelo único que no ofrezca apertura a otras fuentes filosóficas e ideológicas. González Serra al respecto afirma: "Debemos superar las tendencias dogmáticas y sectarias que lastraron a la Psicología Marxista y en especial a la soviética. El pensamiento científico requiere libertad y que cada uno piense con su cerebro y exponga las ideas que se le ocurran aunque coincidan o no con la filosofía y la psicología marxista. Si en la política impera la unidad de los revolucionarios para defender su sistema, en la Ciencia y sus aspectos filosóficos, ha de imperar la libertad del científico para pensar con su cabeza y afiliarse a la posición teórica que en Psicología le parezca más adecuada. En este sentido vale la afirmación de que la Ciencia es una y de que es posible aprender de sistemas y teorías muy distantes a nuestras concepciones filosóficas e ideológicas y utilizarlas con éxito en la práctica". (32)

Esto no implica la implementación rígida de otras concepciones o corrientes psicológicas al desarrollo y evolución de la psicología, sino la integración científica de las mismas aplicándolas al contexto actual, permitiendo un mejor desarrollo evolutivo de la disciplina y favoreciendo a su vez una mayor diversidad teórica y posiciones menos directivas por parte del psicólogo en la práctica. (33)

En cuanta a la práctica este código "fija" las posiciones del psicólogo y el sujeto. Queda como punto primordial el hecho de que la autoridad está de parte del profesional como portador del poder, lo cual limita la búsqueda de la verdad y contribuye a que sea éste el que determina lo que se debe hacer y como.

En este sentido se puede decir que el profesional es ya portador de una determinada "batería" o "tabla" de valores y normas que delimitan la relación entre ambos, los cuales podrían provocar una actitud moralizante por parte del mismo al aspirar reajustar al individuo a la sociedad, sin lograr brindarle una adecuada interpretación a la demanda que trae el sujeto.

El psicólogo queda entonces desprovisto del uso de la capacidad transformadora de la profesión lo cual significa un alejamiento ético del intento de provocar en el sujeto su reconocimiento como posible agente de cambio social. Amordaza tanto al profesional como al sujeto a las instituciones y sus normas, a la imposición de valores y supuestos rígidos e inalterables.

El código de ética deberá basarse en el cotidiano análisis y reflexión de sus principios y normas comprometiendo por consiguiente la relación entre la teoría y la práctica. Priorizar valores por encima de otros y proponer la toma de la ética en su aspecto normativo, descontextualiza, y aleja al profesional de los dilemas éticos "vivos" a los cuales deberá enfrentarse.

La integración de dos concepciones diferentes: la ética martiana como fundante de la identidad y la cultura nacional y la freudiana como corriente psicológica que revoluciona la concepción de la relación profesional en la Psicología, delimita una propuesta que contiene elementos constitutivos de una dimensión ética aplicable a la práctica psicológica cubana actual. Brinda al profesional nuevas alternativas de enfrentamiento ante los dilemas éticos que surgen en la praxis.

En la relación profesional se cuestiona el rol del psicólogo como ser omnipotente y eje portador de la "verdad", que responde a la demanda de una institución idealizada. Conlleva a concebir un sujeto activo y creador, agente de cambio social, en una relación de ayuda y servicio donde se sea consciente y responsable del malestar que viene aparejado a vivir en y gracias a la cultura. Es un rescate de la autodeterminación del sujeto frente a las obligaciones e ideales sociales, que en aras de promover la comunión pierden de vista el respeto a la individualidad y la autonomía del sujeto.

La herencia martiana y freudiana inspira a concebir la violencia de la cultura, no sólo como un hecho interpersonal sino constituyente de la condición humana. Esto no significa asumir una actitud pesimista o una apología al individualismo sino una defensa a la individualidad. La toma en consideración de que sólo es posible concebir lo humano dentro del marco social y cultural implica reconocer las relaciones donde se gesta este hecho esencialmente humano como "ser de la cultura". Por lo tanto no se trata de la enemistad individuo - sociedad sino de la promoción de una actitud crítica y la emergencia de la relación conflictiva existente en el individuo como ser social. Se trata de reconocer valores que impliquen al "otro" sin el cual es imposible la existencia y a la vez el rechazo de una "otredad" aplastante y/o victimizada.

Las diferencias en cuanto a los ideales y supuestos como el Bien y la felicidad, (Martí los tomaba como centro de sus concepciones mientras que Freud advertía sobre la ficción de ellos), suponen perspectivas que aunque diferentes la Ética profesional de la Psicología cubana pudiera sustentarse. Esto es, el posicionamiento de la profesión en una dimensión dilemática y transformadora, ante los ideales, de manera que le hace la contra a la alienación acrítica del sujeto a los discursos sociales.

Esta contienda contra la dominación del "bien propuesto", que no sólo es individual sino grupal, comunitaria y nacional (como lo evidencian los grupos de izquierda que se oponen al "mandato alienante capitalista" de consumir) puede superarse a través de la Belleza y el Amor. Esta redención no es metafísica sino actuante. En la ética psicológica implica cuestionar la actitud tecnicista y de confianza total en la ciencia como gestora de bienestar, ya que realmente puede convertirse en agente de dominación y perpetuación de situaciones de injusticia a nivel familiar por ejemplo o económico, comunitario y social.

Sin embargo, asumir una práctica del "acto" incluye la transformación no sólo del sujeto sino también el cuestionamiento de las instituciones y discursos que oprimen. Implica ampliar la concepción de lo que significa un problema psicológico y atravesar los niveles (individual, familiar, económico, político) que conforman la condición humana. Por supuesto esto sólo sería posible si en la práctica no se reproducen las relaciones de poder que irresponsabilizan al individuo y/o las comunidades con sus situaciones de existencia.

Si Martí defiende los ideales integrando el patriotismo, la ética, el cristianismo, el arte y la ciencia, Freud reconoce de innegable valor el papel estas formas de sublimación sin dejar de alertar que también pueden desprotegernos ante el sufrimiento. Esto nos lleva a la necesidad de una configuración ética donde se establezca la contradicción y el conflicto, donde se evadan las moralizaciones y dogmatismos para dar lugar a la diversidad teórica transformadora. El alcance que la toma en consideración de estas perspectivas éticas tiene también para la formación del profesional exige suspender los valores de los programas y rehacerlos en las aulas por el alumnado.

Conclusiones

  1. La ética martiana y la freudiana poseen valores semejantes como la autodeterminación, la justicia, la diversidad, la belleza difiriendo en la manera de abordarlos.
  2. Existen coincidencias respecto a la concepción de cultura, naturaleza del hombre, relaciones de poder y la concepción de una práctica transformadora del individuo en el caso freudiano y de la nación en el caso martiano.
  3. Existen diferencias respecto a la manera de abordar el amor y la compasión como valores, la concepción del bien y la felicidad.
  4. La ética psicológica cubana converge con la perspectiva freudiana y martiana en establecer importancia a valores sociales tales como el humanismo, colectivismo y autodeterminación del sujeto.
  5. La ética psicológica cubana, incluyendo de manera importante el código de ética, podría ser concebida a partir de las ideas de Freud y Martí como una ética del conflicto; no del dogma.
  6. La herencia de estos pensadores promueve repensar la ética psicológica constantemente a partir de los dilemas vivos de la profesión que ocurren dentro de nuestro contexto cultural, político y económico. Se trata de introducir elementos martianos que constituyen nuestra identidad cultural (la belleza, la diversidad por ejemplo) y la "sospecha" freudiana como camino hacia el mejoramiento humano.

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  2. Luis Bombino en: La Ética del científico: mínimo enfoque de un gran problema. Problemas sociales de la Ciencia y la Tecnología. Editorial Félix Varela, La Habana; 1994. p.168.
  3. Más tarde la de Skinner se basa en un positivismo instrumental.
  4. Una de sus ventajas era que podía adaptar o readaptar el sujeto a la sociedad.
  5. Isaac Prilleltensky en: Astral Arias A. Hacia una Psicología Social del Conocimiento Científico: el caso del conocimiento psicoterapéutico. Tesis Doctoral. Madrid: Facultad de Psicología: 2000.
  6. Ninguna de ellas tenía el papel principal en la relación analista – analizante o terapeuta – cliente.
  7. Roberto Corral Ruso. Historia de la Psicología. Apuntes para su estudio. p.175.
  8. En los 80 Carl Rogers hace una importante crítica a George Bush citando una entrevista en Los Angeles Times, donde Bush justifica una guerra nuclear con posibilidades de que exista un ganador, y que por supuesto es E.U. Rogers, Carl. A way of Being. New York. 1995, p. 340 – 348.
  9. Subrayado por los autores.
  10. Cita tomada en: Figueroa Sarriera H. Ética, Psicología y Postmodernismo:
    Un ciberespacio para la reflexión. [en línea] 2000 [fecha de acceso 24 de abril de 2005]. URL disponible en: http://www.angelfire.com/tx5/eticapomo/
  11. Según la revisión bibliográfica realizada por los autores en la búsqueda de estudios acerca de la Ética y su declaración en la Psicología cubana en la Universidad de Oriente se comprobó la inexistencia de trabajos e investigaciones sobre la temática, al menos a partir de la implementación de la carrera (período 1991 – 2005).
  12. Dionisio Zaldívar Pérez. "La Ética Profesional". Revista Cubana de Psicología. Vol. 14. No. 2. 1997. p. 161-165.
  13. Estas normas no se convierten automáticamente en factores reguladores del comportamiento, sólo cobran valor autorregulador cuando son personalizados y guardan estrecha relación con sus orientaciones motivacionales principales.
  14. Manuel Calviño. La Ética de las relaciones interpersonales: el sustento axiológico de la ética clínica. (Material Impreso).
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  18. Sigmund Freud. El Malestar en la Cultura. (Material Impreso).p.17.
  19. Cintio Vitier. Cuaderno Martiano IV.p. 168.
  20. Su concepción de libertad desde el punto de vista filosófico sufre un giro al centrar su atención en la libertad del hombre del sistema político dominante, dígase a partir de la preparación del reinicio de las luchas por la libertad de Cuba del yugo español
  21. José Martí. Obras Completas. Tomo 14. p. 347.
  22. Sigmund Freud. El Malestar en la Cultura. (Material Impreso).p.59.
  23. La sustitución del principio del placer por el principio de la realidad es el gran suceso traumático en el desarrollo del hombre. El ajustamiento del primero hacia el último implica la subyugación/desviación de las fuerzas destructivas de la gratificación instintiva, de su incompatibilidad con las normas y las relaciones sociales
  24. José Martí. Obras Completas. Tomo 13. p. 187.
  25. Sigmund Freud. El Malestar en la Cultura. (Material Impreso).p.14.
  26. Martí plantea la categoría del Bien como un valor universal e inherente al hombre que define una concepción moral del mundo. Considera a la práctica como transformadora y la que conduce a una posible "auto-superación" de los valores del hombre (Bien y la Belleza), en la búsqueda de una satisfacción plena o quizás la felicidad; pero ¿qué es el Bien para Martí? ¿se reduce al hecho de realizar una acción que lleve o conlleve un bienestar para el Otro?, recordemos su profunda religiosidad y carácter humanista, lo que podría determinar una definición acerca de esta categoría.
  27. Si la ética se vincula o responde a la política, pues tiene entonces una inevitable relación con el poder.
  28. Compuesto en dos partes: Applied Ethics in Mental Health in Cuba: Guiding Concepts and Values (1) y Dilemmas, Resources and Limitations (2).
  29. Tanto del profesional como del sujeto.
  30. Consideramos que en este respeto a las diferencias más que lograr reconocer a la diversidad humana podría generar por las mismas diferencias relaciones de poder.
  31. En el estudio realizado por los autores no se obtuvo referentes sobre algún tipo de transformaciones o cambios al mismo desde su realización en el año 1986.
  32. Diego González Serra. Lógica y Psicología. Revista Cubana de Psicología. Vol.20, No. 1; 2003. p. 60.
  33. Se debe hacer la aclaración de que el papel directivo del psicólogo debe ser mayor o menor en dependencia de la demanda del sujeto.

 

 

 

Autor:

Lic. Angel Olider Rojas Vistorte

Profesor del Centro Universitario de Las Tunas, Departamento de Psicología. Cuba.

Lic. Karel Fernández Blanco

Profesor de la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba, Departamento de Psicología. Cuba.

2006


Partes: 1, 2


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